Saturday, December 27, 2008

SOBRE LA TRAZA DE PASOS QUE EVITABAN LAS COSAS...



ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL ROJAS.


SER LA SERPIENTE*



Si pudiera regresar al Edén
A pesar de los ángeles y sus espadas de fuego
Y se me diera a escoger qué personaje encarnar en la tragedia,
Quisiera ser la serpiente.



Conocedora de los secretos de la fruta prohibida,
Lasciva en su mansa postura de espectadora del pecado,
Prefiero ser la serpiente,
Que probó a Aquel que no nos atrevemos a nombrar,
Que todos somos falibles,
Cuando hizo al hombre poseer el objeto de su deseo
Fundido a la medida de sus más umbrosas fantasías.



Quiero, sí, ser la sabia serpiente,
Porque sin ella no habría historia que contar,
Más allá de un jardín abúlico,
Semejante a una pecera de peces aburridos.



Sería, definitivamente, ese monstruo antiguo,
Retador del Alquimista,
Que vio partir, cabizbajos, a los amantes,
Y a Dios marchar al celestial exilio
Tratando de olvidar los labios de su Eva.



Porque, no sé si lo recuerdan
-estos detalles pasan inadvertidos- :
Ella quedó, sonriente,
Viéndolos retirarse de la escena,
Eternamente invasora,
Propietaria definitiva,
Del Jardín que todos añoramos.



*De Marié Rojas.





SOBRE LA TRAZA DE PASOS QUE EVITABAN LAS COSAS...






Ángeles caídos*



Es el tercer ángel que cae del cielo en una semana. El primero cayó en un parterre de tulipanes, el segundo en el puerto y éste ha caído en el campo de fútbol en la media parte del partido.

El Consistorio está preocupado por estos sucesos y ha constituido un Gabinete de Investigación para esclarecer los motivos de tan extraño fenómeno, pero la investigación se demora y los interrogatorios a los ángeles no aportan nada concluyente.

"Estaba tranquilamente en mi nube y sin darme cuenta me vi rodeado de tulipanes" , "Tomaba café sobre un estrato y caí al mar" , "No sé decir qué pasó, yo paseaba por un jardín de nubes y me escurrí cayendo al campo de fútbol".

El denominador común de las declaraciones eran las nubes por lo que se incluyó un equipo de meteorólogos en la investigación. Éstos, concluyeron en la teoría de que el fenómeno se había producido por la mala calidad de las mismas. Como había tanta escasez de agua estaban muy mal formadas, débiles y con baja densidad por lo que eran incapaces de mantener a nadie encima.

El Consistorio no comunicó estas conclusiones al pueblo aduciendo que no podía probarse. Por otra parte, tampoco creyó prudente hacerlo ya que los ciudadanos pasaban sed y cada día caían más ángeles sobre la ciudad.

Se ha iniciado un turno de rogativas para la lluvia con romerías a todas las ermitas que hay alrededor de la ciudad y se ha prohibido caminar por espacios abiertos mientras dure la sequía.



*Joan Mateu. joan@cimat.es








El Año Nuevo y las diferencias*



*Por Sandra Russo


Feliz Año Nuevo, dicen, decimos. Muchas veces. Felicidades, decimos y nos dicen también. En estos días del año, los últimos, así nos saludamos. Con Feliz Año Nuevo o Felicidades reemplazamos el buen día o el buenas noches.
En esta semana de pasaje, todos andamos con el presente y el futuro encimados. Esta semana es la de las expectativas y poco podemos hacer por evitarlo.
Aunque mucha gente quizá disfrute pero también padezca a su familia y esté muy lejos de querer saludar a todos los que los conocen por TN, en esta semana la soledad se vuelve un estado de situación personal amenazante. Los que están juntos, antes de juntarse, compadecen al que la pasará solo. Pasar
un fin de año completamente solo es, la mayoría de las veces, más que algo inevitable. Es una emperrada afirmación de la soledad. Una vez se me ocurrió hacerlo. Todo iba bien hasta las doce menos cuarto, cuando empecé a intentar descorchar la botella de champán con la que tenía pensado emborracharme
sanamente. Ese intento de redundancia autocompasiva fue abortado por mi incapacidad para descorchar una botella. No había pensado en eso. Me agarraron las doce tironeando del corcho. Estuve a punto de ir a tocarle el timbre de los vecinos. Imagínense estar brindando con la familia justo a las doce de la noche del 31 y que les toque el timbre una mujer con el rimel corrido y una botella de champán en la mano que se les larga a llorar en el hombro. Lo descarté enseguida. Así que me tomé un vaso de soda y me fui a
dormir, en una de esas Noches Patéticas que lamentablemente nunca se olvidan.
La doble faz de estos días es increíblemente narrativa. Los narradores suelen buscar esa doble faz que subyace en lo que se ve y se dice, y los mejores de ellos encuentran el modo de transmitirnos qué es lo que está pasando cuando parece que pasa otra cosa o que no pasa nada. Si se pudieran grabar, desgrabar y leer las conversaciones familiares de las cenas de Año Nuevo, nos haríamos un festival con los subtextos, las indirectas, los matices en los tonos de voz. Esa es la doble faz de la familia que promueven estos días: la de una familia con mamá y papá y abuelos y tíos y cuñados y consuegros y primos y cónyuges que forman una coreografía ambientada con ensalada rusa, matambre y tomates cherry. Una familia, además, por encima de la línea de pobreza, esto es: una familia con copas. En esa familia imaginaria que, sin embargo, funciona como el molde en el que muchos no encajan, hubo casamientos como Dios manda. Heterosexuales y con fiesta en un salón. Me viene a la cabeza la propaganda de los saborizadores Alicante. Esa nuera insegura que llama a la suegra para preguntarle cómo le tiene que hacer las milanesas al marido. "¡Probé de todo, pero tu hijo dice que las
mejores milanesas son las tuyas!", le grita por teléfono. "Polvo saborizador Alicante de albahaca y ajo en el pan rallado. ¡Eso es todo!", le contesta una señora orgullosa de haber hecho las cosas como es debido.
El problema con ese tipo de familia es que existe, y en abundancia. Pero existen también muchísimos otros tipos de familias que no salen en las publicidades de desodorizantes de ambientes ni de jabón en polvo. Hay cantidad de madres que disfrutan de que sus hijos sean los que usan las medias más blancas. Y hay cantidad de madres a las que jamás se les pasó por la cabeza qué tan limpias deben estar las medias de sus hijos como para que ellas se sientan "verdaderas" madres. Y el problema con estas fechas es que,
en materia de afectos, la que se impone es la norma y sus menúes habilitados de vínculos. Quiero decir: son días en los que mucha gente siente que es diferente y días en los que mucha gente vive esa diferencia como un déficit.
Como fuere, es inútil sustraerse a algo que tenemos grabado ancestralmente cada vez que termina un ciclo y empieza otro. Frente a estos acontecimientos volvemos a ser adoradores de señales, buscadores de las buenas estrellas, criaturas que comen uvas o ubican el muérdago en lugares energéticos para
protegerse del azar. Esta semana es la de dar vuelta la página, soñar con empezar de nuevo, ponerse metas, hacer balances o planes, tener deseos para uno mismo y para los otros. Y si uno logra perforar esta escena plastificada en la que sólo circulan frases hechas y pecetos agridulces, si uno logra
encontrar un eje en el que esos deseos emerjan de alguna fuente genuina, de algún país emancipado dentro nuestro, esta semana tiene eso de bueno: es el tiempo propicio para desear, un buen deseo es siempre actuar en consecuencia a los deseos.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-117375-2008-12-27.html






Toño*


Toño tenía diecisiete años y seguía virgen. En un pueblo de campo donde a los catorce las muchachas son madres, era una rareza. Como si fuera poco, el padre lo encontró deshojando una margarita… decidió llevarlo esa misma noche a un burdel para que conociera el amor de mujer. No había luchado tanto por tener un hijo macho para que al final le saliera rarillo.

Buscó a Milú, la prostituta de más experiencia, y la llamó aparte. “No solo me preocupa que sea mariquita, tengo miedo de alguna enfermedad cerebral… estaba haciendo cosas románticas con flores”.

Sin decir palabra, Milú se lo llevó para el cuarto. Al día siguiente no hubo manera de sacarlo del burdel, había probado el dulce y aún tenía hambre. “Tranquilo, está fuerte como un toro y con el empuje de los de su raza”, comentó Milú al padre, aceptándole una nueva propina, “tan saludable de abajo y tan cuerdo de arriba que se lo haría de gratis”’… Dos noches después, Toño era sacado a lágrima viva del cuarto de la prostituta, que lo despedía entre suspiros.

A la mañana siguiente, los sorprendió anunciando que se quería casar con Milú.

- ¿Con ese trasto viejo? – dijo la madre, olvidando que eran contemporáneas.
- No tan vieja como para no amar o ser amada – respondió él.
- Pero hijo – meneó la cabeza el padre -, ella es una prostituta, ha estado con todos los hombres del pueblo, te la busqué por la experiencia…
- Para mí es perfecta – terció el muchacho.
- Habrá miles de mujeres en tu vida hasta que encuentres la adecuada – insistió la mayor de las hermanas – hay que probar y probar, hasta que sepas que ha llegado “la que es”.
- Pueden pasarme miles por delante, yo hice mi elección, ¡esa, o ninguna!

Y dio por terminada la conversación calándose el sombrero hasta las orejas, tomando el machete y partiendo para el corte de caña.

Los padres, ayudados por las hermanas mayores, por los tíos y hasta por los amigos, hicieron todo lo que estaba a su alcance para borrarle la idea. Toño transitó pacientemente por presentaciones de solteras, viudas y divorciadas, conoció a cada mujer disponible de los alrededores. No lo llevaron al psiquiatra porque en el campo nadie está tan loco como para pagar para que le recompongan el seso, pero sí lo llevaron al brujo haitiano para ver si Milú le había dado a beber algún tipo de poción, si tenía enterrado algún muñequito con su nombre… “El hechizo es de otro género”, les dijo el brujo devolviéndoselo entre carcajadas, “no lo intenten más, ¡aunque le den a probar cien pozuelos de miel, él va a querer el mismo!”

Un año después de aquella noche que el padre consideraba fatídica y Toño un símbolo de su entrada al paraíso, el muchacho daba por terminada la casita de madera y se iba a buscar a Milú… El pueblo entero le estaba siguiendo los pasos. Antes de sacarla del burdel desenvainó el machete y lo plantó en la puerta, sus músculos endurecidos por el trabajo brillaban al sol:

- ¡Óiganme todos para que quede bien claro! – vociferó - ¡Esta que ven aquí es mi mujer y el que no la trate como una señora va a conocer el gusto de mi machete!

Se alejaron en silencio, tomados de la mano, nadie se atrevió a murmurar, hasta las hojitas tiernas de los álamos dejaron de moverse mientras la pareja caminaba rumbo a su hogar.

Jamás han vuelto la vista para mirar el camino recorrido, prefieren contemplar el que les queda por delante. Los conocí cuando llevaban diez años de vivir juntos. Se les veía tan felices como si acabaran de ganarse una rifa.



*de Marié Rojas.
-Basado en una historia real (se han cambiado los nombres)







POEMA DES-MURADO*



Ya no quiero más muros, corazón
Pircas, de ideas, de silencios
¡Tantos muros, tantos!
Condenada al muro de lamentos:
A un campo santo de ausencias
y distancias.
A una horda de olvidos. A manos separadas,
a un pañuelo blanco.
A la esquizofrenia. A un basilisco
multicéfalo.
A la placidez embriagada
de la adormidera verde.
A un yacuzi sin agua, con algas babosas
y ojos de pescado.
A un galeote. Sin remos. Sin rumbo.
Sin bandera.
A un buitre con cara de rectángulo.
Convidada a comer entre los muertos:
A un viejo verso aprendido en mi infancia
"Piden pan, no le dan; piden queso, les dan hueso
y les cortan el pescuezo"
A una torre de Babel.
Ignorado. Ignorante. Ignoto.
A un feroz león domesticado,
con su lacia melena peinada por Giordano.
A una vaca cansina con sus ubres repletas
y el ternero muerto.
A una actual Sodoma en el mar muerto.
Sin Viagra. Sin Champagne. Sin siliconas.
A un pastor sin rebaño. A una noche sin luna.
A un poeta sin versos.
Cansada de los muros, corazón.
Vida me diste y vida te devuelvo.
Desmuremos mi sol.
Desmuramos.


*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar











Pensamiento 950*


El rico come cuando tiene ganas
y el pobre cuando tiene que.



*Joan Mateu. joan@cimat.es






SOBRE UN TRINEO DE AIRE REVOLOTEABA...*




*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com




Estaba concentrada en cosas nunca ocurridas, mientras esperaba la K, como cada atardecer, cuando luego de un imperceptible pestañeo, uno común y corriente, de esos que cualquiera puede pergeñar, ejecutar y concluir, infinitas veces a lo largo de su vida, los párpados se me quedaron soldados.
Hermosa como aquella no habrá jamás hermosa sombra. No podía decir que realmente me había quedado ciega, sino que por una cuestión de mecánica muscular, ajena a mi voluntad, estaba imposibilitada de abrir los ojos.
Por entonces, mi sentido del oído no estaba lo suficientemente desarrollado, puesto que tenía en el cerebro una predisposición natural para escuchar lo que nadie decía, y una facilidad patológica para ensordecer ante la queja.
Las campanas sonaban sin razón y yo también. Podría decir que gozaba de un oído selectivo pero esos episodios de autismo no me privaban de transitar por el mismo territorio real de los seres y las cosas. Incluso tenía grandes responsabilidades adquiridas, como toda estatua. Por entonces estaba en todo
derecho de ostentar un rostro duro y quejumbroso, porque cuando una es importante y principal, no anda sonriendo a tontas y a locas por la vida.
El olfato era el único sentido que tenía altamente desarrollado. Al principio fue un talento que me distinguía entre todas las demás. Yo podía oler a varios pies de distancia el perfume del eureka en el nido de calandrias. Durante la condensación de transeúntes, en la hora pico, divisaba la fragancia inconfundible de la casada infiel que venía de consumar el beso negro en el abismo concupiscente. Obsequios de dulzura contra los peces amargos. Pero también olía ciertas verdades que debían
permanecer ocultas. Por eso, la principal virtud se convirtió en el peor de los defectos.
Volviendo al episodio de la ceguera súbita, lo único que mi habilidad auditiva lograba reconocer en aquella esquina populosa, en la que dejé de mirar el mundo al que pertenecía, eran los berrinches de los automovilistas, las corridas de los que regresaban o huían de su casa, la maraña conversacional.
Creo que aquella primera vez me dejaron ciega las luces de navidad, y sé que sobre un trineo de aire revoloteaba la idea imprudente. Al cabo de enviarle repetidas veces la orden al cerebro para que por fin recordara el acto instintivo de pegar y despegar párpados, con mucho esfuerzo, recuperé el
sentido de la visión, y para entonces, tres o cuatro K, ya habían pasado.
Abundantes venganzas iban y venían contrariadas por el espíritu redentor de diciembre.
Pero no voy a acusar a las luces de navidad por semejante trastorno, porque no fueron ellas, con su intermitencia de luciérnagas fatuas, las que provocaron alguna anomalía física o ciudadana. No tendría caso mentir en una noche hermosa como una mujer hermosa que en el fruto que madura se tiene toda encarnada.
En general diciembre, desde hacía algunos años, me generaba un cierto malestar porque irremediablemente me obligaba a pensar en enero. Y enero era el momento de las vacaciones en el seno de la ampolla familiar. Por entonces, yo no sabía más que vestir groseras veladas inanimadas.
A esa altura de la experiencia, intuía que no era apropiado sugerir que saliéramos en grupos diferenciados. No luciría bien entre los que no huelen el sexo extremo de las mariposas. Mucho viento sopla sobre la santidad del mundo en tiempos navideños. La idea imprudente conducía el trineo sin
reconocer que no habría cuñadas, ni amigas, ni vecinos, ni suegras, ni maridos, ni esposas que avalaran la modalidad de las vacaciones disociadas.
Hay palabras que no llegan a apoderarse de los hechos.
Al llegar a casa, aquella noche de ojos cerrados, no encontré el momento para hablar sobre el repentino amotinamiento de los párpados, porque los momentos hacía años que se habían ido por el desagüe cloacal. Al llegar al techo de la connivencia, lo personal disimulaba generosamente su irreverente potestad.
En aquella época, lo que tenía diciembre de funesto, era que llegaba el momento de la cena y el tema que respetábamos se nos imponía como un catecismo estival: las vacaciones. Por entonces, en enero había que sacar de la ciudad al marido, o a la esposa, aunque el marido o la esposa tuvieran ciertas dificultades para disfrutar de nuestra espléndida compañía. Así, de un relámpago a otro, la felicidad tendía a zozobrar, pero la apuntalábamos.
La segunda ocasión en que de súbito los ojos se me cerraron fue, pocos días después, en el ascensor. Habría podido llegar a la puerta transitando los pasos de memoria, olfateando la falta de deseo, tanteando primero las llaves en la cartera, luego la puerta. Pero no podía entrar al inmarcesible seno de
la ampolla ni con una mínima inquietud emocional. Si algo me tranquilizaba era que adentro del mundo había un paisaje que combinaba con los almohadones.
Quedé a oscuras en el pasillo, enviándole al cerebro el mensaje, suplicándole que no me hiciera parecer desvalida ante los vecinos del A y del B, ante el marido de cristal, ante la realidad de vidrio. Nada escapaba al llamado del relámpago que llamaba. Al escuchar el ruido de una puerta que se abría, fingí estar revisando algo en la cartera. Respondí al saludo de la vecina sin levantar la cabeza y con un tono que impidiera todo contacto verbal, deseé, paz y prosperidad y memoria sin audacia para toda la
humanidad.
En el trance de esperar que la mecánica muscular se recuperara, supe que los párpados no cerraban herméticamente, porque las lágrimas filtraban entre las comisuras, y entonces tuve esperanza de que el agua salada me diera una ayuda técnica al lubricar las membranas ya que de ningún modo el cerebro
estaba dispuesto a colaborar. Aún en las peores situaciones no me privaba de pensar en lubricaciones y membranas. Aquella era una época de poca originalidad.
De pronto, por el líquido deslizante o por la intensidad de la súplica, los párpados se despegaron y finalmente entré a casa para ver toda aquella tranquilidad sempiterna, inalterable. Otra vez se repitió el ritual de la cena en silencio, las conversaciones inteligentes que evitaban todo atisbo de espeluznante sinceridad. En medio de las pastas rellenas con ricota, se definió el destino para el tan merecido descanso familiar. El entusiasmo nos ganó a todos, aunque debimos convencer al hijo mayor para que nos
acompañara. Su aceptación nos llenó de alegría y brindamos con coca-cola y reímos con un alivio revestido de felicidad.
Los ojos siguieron cerrándose sobre la traza de pasos que evitaban las cosas. Estar sorda y ciega se me volvió un hábito saludable y natural. Hasta que una rara noche para ciegos tomé la estrangulada decisión de abrir los ojos y.



*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-16611-2008-12-27.html







Donde alguna vez fuera feliz...*



A Cristina nunca se le hubiera ocurrido, un par de años antes, por esos avatares del destino, que terminaría trabajando como azafata de una importante aerolínea internacional. Sin embargo, y aunque resultase anacrónico al compararlo con la excelsa técnica aeronáutica en que desempeñaba sus tareas actuales, toda su vida había sentido profunda y emotiva admiración por los trenes.
Varias veces la asaltaba el recuerdo, así, de improviso, evocándole aquellas tardes de su infancia, en las que iba a contemplar esas poderosas locomotoras que pasaban tan cerca del alambrado, atronando con sus bramidos en aquel extremo de calle muerta del barrio de Monte Grande, donde su tío abuelo la llevaba de la mano, después de comprarle un pirulín verde rojo y amarillo, tan dulce como sus ojos de niña, gratamente sorprendida por un mundo que cada día se le develaba asombroso.
Beto… Aquel hermano de su abuela era el hombre de la sonrisa más angelical que hubiera conocido en su vida. La emoción sentida hacia él era tan intensa que, por momentos, olvidaba que hacía ya varios años que había fallecido, tal como había vivido: plácidamente, acostado en su cama, con un semblante sereno y descansado, soñando quizá con alguna tierna imagen de su infancia, allá en las playas de Calabria.
En dichas evocaciones, las escenas de aquellas tardes estivales, abrasadoras con sus soles rojos, la acongojaban sin dolor. Salía a pasear con Beto acompañada por Pancha, su muñeca de trapo, heredada de una prima lejana a quien apenas recordaba haber visto. Pancha tenía unas trenzas muy amarillas, y además de no separarse nunca de su lado, ya sea tomando la merienda con una sabrosa chocolatada o yéndose a dormir juntas por las noches, a veces, la madre de Cristina jugaba con peinarla en forma parecida a la de su muñeca, a fin de parecer mellizas, aunque la tonalidad rubia de Cristina fuese bastante más oscura que los chillones colores artificiales de Pancha.
No siempre Beto conseguía durante sus paseos comprarle pirulines. A veces, éstos podían ser gratamente reemplazados por alfajores "Capitán del Espacio", de sabor chocolate o dulce de leche, verdadero manjar durante sus años infantiles. Lo que permanecía inmutable era el flamante paso del expreso de las 18hs., procedente de Mar del Plata, majestuoso con sus plateados coches de la sección pullman, que volaban sobre las vías como una súbita exhalación. La magia no sólo radicaba en aquella metálica tromba que pasaba a su lado, a escaso metro de distancia, más allá de alambrado, sino en su procedencia: Mar del Plata… Lugar, para ella, misterioso si lo hubiera, tan extraño como Tumbuctú, Tánger o La Quiaca, al que nunca habían podido ir, aunque sus tíos lo prometieran una y otra vez, pero que sólo llegara a conocer en la adultez, y con un sabor muy diferente al que hubiera podido experimentar a los siete u ocho años. La referencia al nombre del "Capitán del Espacio", le motivaba impulsos muy raros a su edad, como el de subirse a un cohete y atravesar las galaxias, bailando a carcajadas entre las estrellas, volando por el aire como cuando se subía al "Twister" del Ital Park, mientras los motores debajo de sus pies vibraban tanto como aquella poderosa locomotora de las 18hs…
Tales recuerdos solían aparecer mientras tomaba el módico trencito que habían reflotado, por iniciativa privada de varias empresas aéreas, a fin de transportar al personal, y realizar una feroz competencia con Manuel Tienda León, fenicio acaparador del mercado de transportes de la zona. Un trencito tan práctico como singular, que le suscitaba reflexiones como ésta: era harto singular que para poder volar, ya no en el cohete de su imaginación, sino ahora en sofisticados 737 que remontaban el cielo hasta alturas considerables, tuviese que tomarse antes un tren que la dejaba en la recientemente inaugurada Estación Aeropuerto de Ezeiza, desde donde luego combinara con la vetusta línea 306 de colectivos, que la dejaba dentro del mismo Aeropuerto, luego de un breve recorrido, más simbólico que efectivo. A la vuelta de los años, trenes y cohetes volvían a unirse, aunque de otra manera, más concreta y menos soñadora…
Y a veces, en días tan nostálgicos como éste, imaginaba que al despegar rumbo a los cielos del mundo, mientras iban ganando altura, perforando esos densos muros de algodón que los circundaban, le fuera posible alcanzar a ver a Beto, saludándola con su mejor sonrisa desde una nube solitaria, mientras debajo suyo se extendían las vastas extensiones del municipio de Esteban Echeverría, donde alguna vez estuviera su casa, muy cercana de aquel extremo de calle muerta del barrio de Monte Grande; donde alguna vez fuera feliz…



*De Aldima. licaldima@yahoo.com.ar









Convocatoria*


El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,



*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


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