Tuesday, April 26, 2016

TODA LA INFINITA NOCHE ATRAVESAR LOS CIELOS…







PROTOCOLO DE PROGRESO*



La llegada a ese planeta fue como siempre, primero la observación desde lejos, la preparación del informe, la espera de las evaluaciones, toda la burocracia que se pone en marcha en cada ocasión en que contactamos un ambiente propicio para la vida.
Hemos descubierto bastantes planetas habitados a lo largo de los siglos, pocos con vida y un escasísimo número de civilizaciones. Por esto es que no fue indiferente la noticia de que en éste no solamente hay vida inteligente sino organizada.
La primera observación fue que los seres inteligentes se encontraban en todo el planeta en el mismo estadio de evolución, compartían una cultura común y no se observaban conflictos en ninguna de las regiones. La homogeneidad era lo más destacado y sorprendente, algo que hasta ahora no tiene paralelo en ningún otro de los planetas conocidos.
Antes de realizar contacto y siguiendo el protocolo se fue elaborando un informe completo en todos los aspectos, desde la conformación mineral y geológica del planeta a una detallada y enciclopédica descripción de fauna y vegetación, dejando para la culminación el estudio de los seres inteligentes con su lenguaje, arte, historia, saberes de todo tipo.
Es en esta etapa final en la que fui enviado para hacer contacto.
Estuve orbitando un largo tiempo mientras me familiarizaba con vocablos, pronunciación y gestos. Fui escogido entre otras causas debido a que mi raza es la más parecida a esta. Soy un poco más oscuro y la distancia entre los ojos es diferente, pero en general puedo pasar por uno de ellos que hubiese tenido alguna deformación de nacimiento.
Cuando bajé a la superficie escogí una zona que para ellos es fría pero que para mi percepción de la temperatura es la más benigna, y con suplementos médicos logré compensar el oxígeno.
A los primeros días los pasé en una zona rural, aclimatándome y acostumbrando mis músculos a la gravedad. Ya conocía bastante bien sus costumbres y llevo por supuesto un sistema de ordenador incorporado que me proporciona la información que pueda requerir.
El primer contacto en la campiña fue con un hombre que pasó llevando leña y me miró con el rabillo del ojo, como se observa disimuladamente a los minusválidos o a los seres de otra raza. Nos saludamos cortésmente y me dirigí al poblado.
La evolución de estas gentes se encontraba en el estadio de vida campesina, con granjas y pequeños pueblos donde se agrupaban los artesanos y se realizaba la actividad política. No había ciudades ni un centro mundial, sólo poblados rodeados de establecimientos rurales, y la misma extendida cultura. Lo más inexplicable es que esta etapa de su civilización abarcase todo el planeta, y durase milenios.
Nuestras investigaciones previas habían demostrado que la cultura única se había formado hacía miles de años (tiempo terrestre) y desde entonces no había sufrido ningún cambio significativo. Esto era intrigante, ya que no habíamos hallado algo similar en ninguna galaxia.
Me presenté en el pueblo en un comercio de insumos, saludé al dueño en la forma ceremonial y le pregunté si había trabajo para un hombre saludable. Se conmocionó visiblemente, y con muestras de respeto inquirió el por qué de mi necesidad de trabajo, el por qué de mi soledad, como quien sabe que responder será doloroso, y ya excusándose con el gesto.
Le mentí un incendio en la granja de mis padres y expuse la historia ya preparada para integrarme en la comunidad.
La enorme pena que le provocó el que yo hubiese quedado solo me conmovió. Son unos seres muy emotivos y para ellos, profundamente gregarios, la desgracia que se había abatido sobre mí era inimaginable.
Me mostré afectado. Atento a mis sentimientos, no me interrogó más y me indicó una granja donde podrían adoptarme.
Puede parecer inútil, pero estas observaciones de campo son parte del protocolo de acercamiento a las civilizaciones descubiertas. Es posible que este paso se obvie en el futuro, pues algunos sociólogos han muerto o sufrido violencia en algunas misiones, y los científicos últimamente no tienen demasiado en cuenta nuestros relatos, pero yo disfruté de ser el primero en pisar suelo virgen.
Después de llegar a la granja y llamar a la puerta hube de esperar a ser atendido por el padre. La organización es familiar con una cabeza masculina que funciona como consejero, patrón, educador y sacerdote de dioses lares. A veces conviven dos o más familias, pero el varón principal es el mayor en edad y toma a su cargo a los hermanos con sus hembras y sus hijos.
En esta granja había solamente un grupo familiar, por lo que contaban con habitaciones vacías y la posibilidad de acoger otro integrante.
Desde el primer momento me trataron como uno más. Tuve mi lugar en la mesa, me proporcionaron algunos vestidos evidentemente confeccionados por ellos mismos, pusieron elementos de limpieza a mi alcance.
La vida era perfectamente planificada desde el amanecer al anochecer según las necesidades del trabajo, que estaba distribuido con justicia entre todos los integrantes de la familia. No había peleas, nadie se quejaba, los niños aprendían de los mayores todo lo necesario para la vida cotidiana. Mi personalidad me ha hecho participar de algunas riñas en mi juventud, pero el mecanismo vital de estos seres limaba cualquier aspereza que pudiese dar lugar a una disputa.
No habían tenido guerras desde miles de años atrás, la misma palabra “guerra” no existe aunque puede evocarse el significado al referirse a la quita de malezas, a la limpieza de ciertos parásitos que anidan en los techos y circunstancias de ese tipo.
Anoté las peculiaridades de su cultura, que se van revelando en la convivencia. En líneas generales todo era conocido por el estudio previo, pero mi visión proporcionaba un registro para el futuro de situaciones vitales aún sin influencia de otra cultura como la nuestra.
Estos seres eran vegetarianos, aunque poseen colmillos que evidencian un remoto pasado en el que fueron carnívoros. Buena señal, pues tenemos mucha existencia de ganado pasible de ser comercializada. Su medicina es muy rudimentaria, y nosotros somos productores de un amplio abanico de medicamentos. Utilizan metal pero los yacimientos son casi vírgenes. En suma, era un mercado inexplorado con gran potencial de intercambio.

Yo pertenezco al planeta tierra, donde mi especie inteligente en pleno estadio de formación logró exterminar a otros homínidos que pudiesen presentar batalla por territorio o alimentos. Poseemos una violencia que logró acortar considerablemente las etapas evolutivas, de sociedades primitivas como la de este planeta a una economía feroz de aprovechamiento extenso de recursos. Como en otros planetas, hubo un apocalipsis de guerras internas que acabó con la mayoría de las especies animales y vegetales, dejando relativamente pocos habitantes, un gran nivel tecnológico y la puerta abierta a ser contactados por otra especie inteligente para iniciar el comercio interestelar.

Mientras compartía la mesa de la granja con individuos serenos y afectuosos, imaginaba mi próximo trabajo, consistente en sembrar la semilla de la evolución social. Sería relativamente sencillo pero dadas las condiciones la germinación seguramente tomará más tiempo del estándar.
Según las características de cada especie tenemos diversos protocolos. Aquí la estabilidad se encuentra fundada en la homogeneidad de la cultura, la inexistencia de una religión dependiente de poderes centrales, la atomización de las sociedades en aldeas regidas por una democracia real, la naturaleza pacífica de los individuos. En suma, la absoluta falta de competencia que actúe de movilizador de la historia. Como en algunas antiguas sociedades de mi planeta, carecían de la noción de progreso adhiriendo a un pensamiento cíclico y circular ligado a las estaciones y las cosechas.
Tuve unos días de trabajo quitando malezas, algunas pequeñas felicidades en charlas breves e inocentes con criaturas atávicas, me distraje observando horizontes limpios y un cielo carente de tóxicos, puro y dilatado.
Uno se ablanda un poco y se suele sentir el impulso de dejar el planeta intocado y testigo de una era de la ingenuidad, pero tengo detrás toda una organización de la cual soy apenas una minúscula partícula, y mi plan de acción fue prefigurado de antemano.
Podía introducir la cápsula de veneno de muchas formas. En un equilibrio aparentemente tan firme un solo cambio inclina el plano y todo comienza a rodar y a entrechocarse.
Habría que provocar ese desequilibrio, y ello era posible introduciendo el concepto de progreso, avance con respecto a otros, superación de otras comunidades, recelo por estos otros, envidia de las condiciones distintas y mejores de esos otros, lucha por la consecución de esos bienes o forma de vida envidiable.

Tomé la comunidad que me acogió, les revelé que yo soy de otro planeta y les aseguré que mejoraría su existencia con conocimientos insospechados. En poco tiempo los convencí con algunos prototipos para encantar ingenuos, para lo cual debieron aprender a utilizar algunas herramientas, y para hacer esas herramientas debieron buscar materiales en otras regiones. Esos materiales, como minerales, se encontraban debajo de los cultivos de otras comunidades, por lo que debieron comerciar con ellos, compartir saberes, especializarse.
Sé que pronto surgirán las disputas por el precio de materiales, cosechas, saberes. Habrá escaramuzas, luego guerras, y en unos cuantos siglos el paisaje estará devastado, y las condiciones serán las adecuadas para entrar en el comercio intergaláctico. Los que queden ya no serán ingenuos y tendrán el anhelo de progresar infinitamente.

Miro el campo que ondula en pastizales, respiro el aire puro. Me llevo una imagen preapocalíptica, suspiro y vuelvo a mi nave.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com









TODA LA INFINITA NOCHE ATRAVESAR LOS CIELOS…









EXODO II*



Guarda esa congoja, amor. La rosa está de luto.
Ellos se han ido.
Quedan sus nombres y un territorio ausente.
No hay nada.
Ni siquiera el miedo en la pupila muerta de la tarde
No hay ancestros ni dioses,
solo adioses.
Está el sol, siempre el mismo, pero otro sol.
Es tibia caricia que desgrana el alba
pero también castigo que deshace la luna y la memoria.
Está el viento, otro viento, el mismo viento
Pero la brújula del tiempo ha enloquecido
y rota, gira, en un círculo sin edad,
y sopla el viento, piadosamente sopla.
Es en vano.
Para que las sendas caminen deben saber al menos
adonde van los pies.
Guarda esa congoja amor. Ellos ya no están.
Tampoco yo.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar










EL MALDITO BOTÓN ROJO*




Estoy frente al ordenador. Marte sigue intrigando a los científicos terrestres. Enviaron máquinas para que sobrevuelen la órbita y se desplacen por el planeta, en busca de señales que comprueben si existe algún tipo de vida.
La primera vez que nuestras naves fueron avistadas por los habitantes de la tierra, fue en tiempos remotos. La Biblia nos menciona y existen pruebas registradas en antiguas obras de arte. Por ejemplo, las encontradas por el científico Ruso Vicheslav Saisev en China. Datan de hace 2000 años. Representan a un ser extraterrestre y a una nave espacial ascendiendo. En uno de los detalles de la pintura la "crucifixión" de Visoki Decani, se observa una nave tripulada.
En la catedral, Nueva de la Asunción de la Virgen, Salamanca, España, una figura esculpida en piedra. La figura muestra a un viajero, vestido con un traje similar a los que utilizan los habitantes de ese planeta, en las excursiones de su incipiente carrera interestelar. Podríamos sumar innumerables ejemplos.
La noche del tres de Junio de 1947, medida de tiempo terrestre, en las afueras de Roswell, en Nuevo México, Estados Unidos, una unidad aviso que se encontraba efectuando tareas de reconocimiento cayó a tierra.
Fue sometida a meticulosas investigaciones por los círculos que entienden en el tema OVNI. No consiguieron develar ningún detalle que hiciera, siquiera suponer, el origen de la nave. Nació el mito de los “platos voladores”. Desde entonces, buscan probar la vida extraterrestre. En los cielos aparecen objetos que se desplazan, aterrizan y dejan huellas. Sucede con regularidad: descendemos a tierra y establecemos contacto con humanos sin dejar rastros suficientes que delaten nuestro origen.
En uno de esos descensos succionamos hacia nuestra rutilante y compleja nave, a aquella mujer. La adormecimos, le produjimos atonía muscular y falta de voluntad.
Cuando abrió los ojos, se encontró en la espaciosa sala- estudio, completamente esterilizada, desmoralizada y sin ropa. Maniatada a un plano horizontal que modificaba posiciones y giraba suavemente, mientras varios pares de pupilas inquisitivas la observábamos con detenimiento.
Comenzó a balbucear la palabra ma-má, ma-má, ma-ma-ma-mamá. Sus labios azulados apenas se movían.
-Bienvenida a la nave- transmití, pausado y tranquilizador. La mujer temblaba. Para poder realizar las incisiones programadas tenía, según lo requiere el protocolo, el cuerpo aterido.
-Ha pasado a formar parte de nuestro material de investigación pero no tema, no sufrirá. Mientras dure el período de estudios y concluyamos las etapas de nuestra rutina, vivirá un tiempo con nosotros y un tiempo con los suyos.
-¿Cómo podré hacer eso? ¿Vivir un tiempo con ustedes y un tiempo con los míos?
-No se asuste, antes de que usted comience su misión, lo solucionaremos. Cierre los ojos.
La inducción a la falta de voluntad pudo más y la mujer dejó caer los párpados.
Luego de abduccionarle el cerebro se procedió al reacomodamiento neuronal y a separar el alma del cuerpo, de modo que quedara suspendida, en el túnel luminoso que media entre su masa cerebral y los potentes focos que penden del techo del laboratorio. A continuación, efectuamos un corte en el pecho en forma de “Y”, con el objeto de examinar y manipular los órganos del cuello, tórax y abdomen y de instalar adminículos inherentes al cometido.
Resuelta la tarea, un efectivo rayo láser fundió la incisión. La volvimos a la vida y pasó a sala de recuperación. Después de algunas horas (tiempo humano) descendió a la superficie terrestre con la suavidad y la delicadeza, con que en el aire se mueve una pluma.
Basada en el temor de un inminente y peligroso conflicto, con una civilización tecnológicamente más avanzada, la noticia de la amenaza de una infiltración extraterrestre, evolucionó entre los humanos. Encontró su cenit, en la sospecha de que ya estábamos, sin que se dieran cuenta, entre ellos, secuestrándoles y utilizándolos para los más increíbles y extraordinarios experimentos.
La sonda Mariner 4, según cuenta la medición temporal de los hombres, en 1965, tomó las primeras fotos de Marte. Imágenes que alentaron las suposiciones sobre la existencia de agua y vida. Durante los años 70 continuaron las incursiones en el planeta rojo con las misiones Viking y los vehículos exploradores. Les siguió el robot Curiosity que recoge fragmentos rocosos y los analiza en sitio. Curiosity busca signos de habitabilidad. Su potente luz convierte piedras en bolas de fuego y determina los elementos que las componen.
Misión exitosa, de hecho, fue tan exacto el cálculo que, efectivamente, en el lugar donde aterrizó hubo, alguna vez, agua a temperatura adecuada, con niveles de acidez apropiados para la vida.
Situación que se modificó hace unos tres mil millones de años cuando el campo magnético de Marte se desvaneció, perdiéndose gran parte de la atmósfera.
Debajo del polvo superficial del planeta, la sonda Mars Express, ha descubierto hielo y encontró algo más peligroso y preocupante: metano. El metano es un hidrocarburo sencillo, se utiliza como combustible y en la elaboración de productos químicos. El programa europeo ExoMars lanzará en 2016 un satélite para examinar este gas. Próximamente, un robot se enviará a nuestro planeta. Será la primera misión que busque puntuales evidencias de vida. Nuestros espías no han conseguido averiguar, el lugar estratégico donde aterrizará el autómata. Los terrícolas buscan persuadirse sobre la existencia de algún tipo de sobrevivencia, hace unos 4.000 millones de años.
Los secretos de Marte se esconden en zonas prácticamente inaccesibles para la modesta tecnología terráquea. Sin embargo, los veloces progresos, llevarán a unir los fragmentos del enigma, obligándonos a preparar la aniquilación del invasor.
Quince años más tarde de tu primer ascenso a la nave, estoy apesadumbrado. Han llegado demasiado lejos: debo cumplir la orden. No tengo otra opción que estar aquí, impotente frente al ordenador. Espero, minuto a minuto, que aparezca la señal al lado de tu nombre. Manejo la certeza demoledora de que te veré por última vez: la última antes de apretar el botón, el maldito botón rojo, que obliga a convertir en deshechos espaciales, a tu planeta…y a ti.



*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
Villa Gesell















SIOFN*




El hombre lee su informe otra vez:


"He observado que hacemos el amor en la esperable indiferencia con la que un empleado administrativo lee, firma y sella un expediente. Para el cual lo verdaderamente importante es el control. Que el expediente este en el estante correcto, disponible para cuando sea necesario otra firma, otro sello, pasarlo a otro estante con cierta indiferencia como si fuera a otro abandono. (....)"

"Después de haber pasado varias veces por el planeta Siofn los seres tienen una vida sin pasión. Los supera saber que su nuevo cuerpo tiene fecha de vencimiento; ya no sienten estar en una vida verdadera con peligros y desafíos, incertidumbres, frustraciones.... se limitan a administrar su tiempo en redes psicofísicas a las que confirman su pertenencia con gestos tan automáticos, tan naturalizados en su inconsciencia (...)"

Por eso el hombre ruega que lo transfieran a un planeta de "sangre caliente" donde la vida merezca ser vivida. Donde pueda sentir de nuevo -como aquella remota vez- que cada instante es un principio y un final.



*De Eduardo Francisco Coiro.














Las religiones en el planeta Kepler*




Las religiones en el planeta Kepler-296f son una cosa muy seria.

Eso lo sabía muy bien el Capitán Collins, lo aprendió por las malas, estuvo un año perdido en la jungla, bebiendo solo Spram, se tardó su tiempo, pero lo aprendió.

El húmedo planeta extrasolar había sido descubierto en el año 2014 en la constelación del Cisne, a unos 400 años luz de distancia de la Tierra, durante un cansado barrido del telescopio orbital Kepler en una de las primigenias búsquedas de exoplanetas, pedruscos con posibilidades de habitabilidad en sistemas solares externos, el pasatiempo favorito de los astrónomos de oficina de comienzo del siglo XXI. Kepler-296f era uno de 715 candidatos posibles y se tardaron pocos días en obtener sus características principales, se observó que era dos veces más grande que nuestro planeta, que orbitaba alrededor de un sol más pequeño que el nuestro, que una gran capa de nubes cubría su superficie seguramente lluviosa y luego fue olvidado. Por algunos años figuró en catálogos y en publicaciones científicas de la Agencia, posteriormente, como muchos datos interesantes del universo, fue relegado a la oscuridad enciclopédica.

Hasta que el Capitán Andreas Collins tropezó con el planeta, su tripulación se comiera a Kra-Mambo y todo cambio, pero nos estamos adelantando 150 años y el relato empieza a no tener coherencia.

Todas las piedras, plantas y animales del planeta Kepler-296f son dioses, no se rían, es verdad, pero antes de que alguien ataque este imposible e irreverente panteón politeísta, este aparente caos de elementos disminuye estableciendo agrupaciones tales como: todos los peces son Aui, todos los insectos son Paku, todos las aves son Onui, los reptiles son Oric, todas las piedras con Ataku, todos los arboles con frutas son Kra, etc, etc, etc. Pero lejos de parecer improcedente, esta clasificación es de suma conveniencia para los habitantes de las desperdigadas aldeas del vegetal planeta.
Esta especie de panteísmo ateísta, donde la naturaleza de Kepler-296f es concebida como única realidad verdadera, en el que cada elemento es dios y a su vez la unión de todos esos pequeños eslabones conforma el mundo orgánico visible, está regido totalmente por la lectura al amanecer de tres versículos contiguos al azar de su libro sagrado, el Ohol. Estas “exaltadas” agrupaciones o triadas escogidas, son las que definió Francisco de Amberes, primer historiógrafo oficial de las religiones del planeta. Este cronólogo de los nuevos mundos, dijo, enunciándose sobre el dios Kra-Prutra, un ejemplar de Musa Paradisíaca, comúnmente llamada banana, pero de suave color violeta: “Dios puede ser sofisticado, pero no tan mal diseñador”
Este libro principal, su texto sagrado, el Ohol, consta de unos 10000 capítulos o suras a su vez divididos cada uno en 3 versículos o aleyas, comparativamente entonces, su enredado librito es entonces unas 500 veces más extenso que el antiguo Corán del viejo planeta Tierra. Cada aldea posee una única copia del Ohol, el cual a pesar de estar escrito en las finísimas hojas prensadas del divino árbol Kra-Ohol, del cual toma el nombre, es una importante bagatela de unos 180 kilogramos lo que dificulta su traslado e impone el ejercicio tal que el que desea consultar el ambiguo horóscopo y augurio debe apersonarse a la choza central de la aldea y solicitar al sacerdote o Okumm, su lectura, su paciencia y su obtusa sabiduría para interpretarlo.

Pero el Capitán Collins era un agnóstico discreto y apático, le tenían completamente sin cuidado las deidades de Kepler, sus múltiples formas o implicancias sagradas. Collins era un ignorante intelectual pero a la vez un profesional en lo suyo. La conquista espacial fue su trampolín desde una oscura academia militar hasta los confines de la galaxia. Decir que no tenía moral es no aceptar las reglas a las que se atenía, sus propias reglas. Tanto es así que al desembarcar en Kepler-296f y apreciar la fabulosa atmósfera y su vegetación circundante cargada en abundancia de Litras, frutas del aromático Kra-Litra (una especie de uva peluda pero del tamaño de melones), aplasto su habano de la buena suerte sobre la plataforma deslizante y dijo: - ¡Hermosa mañana, soldados! ¡A probar puntería, dos cargadores para desentumecer las armas! – Inútil decir que mereció la reprimenda oficial de la Agencia y la deshonrosa bienvenida de los nativos Oku.

La zoología y la botánica de Kepler no intentan enredar las cosas, pero la proliferación de las lluvias, el suelo rico en materiales pútridos, los minerales en abundancia y una caprichosa naturaleza dada a las mutaciones y permutaciones genéticas, dignas de un ilustrador de bestiarios medievales, hacen del planeta un catálogo rico en especies y herencia biológica. Estos cambios de fenotipos de forma extrema solo son posibles en los reinos animal y vegetal, en Kepler el reino mineral permanece inmutable, como desgraciadamente lo hace en todos los planetas, nunca esperaríamos que una roca saltara o volara sola por los aires.
Tomemos el caso del pez diurno Aui-Nuva, una bonita carpa tornasolada con dientes de unos cinco centímetros, durante la jornada larga es un Aui, un pez digamos normal y corriente, dios menor y genio tutelar de los ríos y arroyos (no de los pantanos, esos territorios corresponden al obeso dios Aui-Siapu, ni de los mares ya que estos pertenecen a dioses mayores) y por las noches se inmoviliza, pierde toda flexibilidad y su condición animal mutando en la bella planta Kra-Aui, cuyo segundo término aduce a su origen diurno, divinidad de las brisas frías. Pero, sumando complejidad al asunto, las noches en que alguna de las lunas de Kepler entra en plenilunio, el Aui muda a otra especie de animal, pierde sus dientes, extiende sus aletas y respira aire de las orillas tomando el nombre de Oric-Aui, sus terribles ojos escrutan la noche en busca de presas volátiles, convirtiéndose así en el odioso dios de los cazadores nocturnos. Al amanecer, por supuesto, los roles se invierten, y las cenicientas retornan a sus estados iniciales.
Un caso inverso o la muestra de una evolución diferente sería la del arbusto Kra-Tipra. Esta aromática de flores telescópicas de color rojo, en su esfuerzo diurno es la deidad de los sabores y de las salsas, por las noches y en una nunca documentada transformación pasa a ser Onui-Tipra el pájaro polinizador que propaga dicha especie y fecunda la fruta, dios de las cosas etéreas y volátiles. En las noches de luna llena, donde al parecer lo benéfico se trasmuta en maligno, el Kra-Tipra se convierte en otro tipo de planta, el Kra-Nicro, un pestilente cacto espinoso y reptante que todos evitan y que se enseñorea como dios de los sueños recursivos y las pesadillas.

La expedición del Capitán Andreas Collins fue llamada: “La Expedición a las Tierras de Maple White” en honor a una vieja geografía literaria descripta en un libro casi olvidado y era una buena broma de los teóricos de la Agencia, ya que en Kepler no existía nada de color blanco, sino más bien infinitos tonos de verde. A pesar de la información recabada durante los primeros años por los primeros biólogos y científicos, territorios muy lluviosos del planeta aún permanecían inexplorados, envueltos en la bruma enciclopédica y su naturaleza era una incógnita. Se suponía que todas las especies de Kepler estaban descriptas, o al menos nombradas, en el libro sagrado, el Ohol y de su interpretación surgían todas las vicisitudes o accidentes que podían suceder en el decurso de los acontecimientos. Si el libro estaba escrito, es que entonces no había sorpresas. Salvo la cuestión de lo que sucedía por las noches.
La expedición, gracias a los oficios de Collins y su equipo, avanzo con rapidez hacia el corazón oscuro del planeta, pero sin tener en cuenta el prolífico crecimiento vegetal debido a las eternas lluvias. Sonrieron, avanzaron, dispararon sus armas a blancos imaginarios y finalmente se dieron por perdidos. El instrumental arruinado por la humedad moría en destellos apagados. Collins no descuidó nunca la calma, analizo la situación, contó por enésima vez las municiones, recordó los aburridos cursos sobre las religiones en Kepler y llegó a la única conclusión lógica posible. En tres días se acabarían los alimentos sintéticos y no podrían dar caza a ningún dios.

Mambo no era ninguna excepción, compartía por supuesto las características mutantes de Kepler y además gozaba del privilegio de ser una deidad mayor. Durante las serenas horas del día, Mambo era una especie de carpincho o capibara feliz, un masticador tranquilo de pastos tiernos y dulces. Su olor a barro de los pantanos no desmentía su naturaleza pacifica, sus dientes teñidos de azul y su enorme y roja nariz le conferían un aspecto casi cómico y bonachón. Al anochecer Mambo emergía del barro primordial, remontaba las riberas y se anclaba con sus terribles uñas a la tierra cubierta de enredaderas y raíces. Su cuerpo se estiraba, sus brazos se ramificaban y se erguía hacia la luz irreal de las tres lunas.
Kra-Mambo florecía en fosforescencias azules y rápidamente alimentaba sus frutos con el agua recolectada llamada Spram. Bajo sus ramas entonces, se pendulaban enormes y suculentas cuasi naranjas transparentes con un reborde de miel o de azúcar, característica que le daban potestad como dios de la abundancia y de los aromas dulces. Del extenso panteón de los Oku era una de las deidades más antiguas y también una de las más desconocidas, dado el carácter tímido de su mitad diurna, Mambo, y la carencia de información del nocturno panorama de Kepler. La consulta o lectura arrojada por el Ohol al escrutar este arcano era para el día, felicidad y para la noche, dulce muerte.

Las rápidas sombras del atardecer cubrieron a los hombres del equipo del Capitán Collins, empeñados en la búsqueda de un río o arroyo que los guiara fuera de la inmensa jungla. Hambrientos, extremadamente cansados y con las pupilas dilatadas por la ansiedad, recibieron deslumbrados el espectáculo que ofrecía Kra-Mambo en las orillas barrosas de su reino. Collins se detuvo, encendió su último cigarro y desde su escepticismo trató de recordar que cosa era aquello y sus implicancias; la deducción, condicionada por su formación militar, fue rápida. Era primordial la supervivencia de la expedición a las charlatanerías de un libro y a los vaticinios dudosos de un dios vegetal. Mientras el Capitán Andreas Collins fumaba, dio la orden y sus hombres se comieron a Kra-Mambo a la luz de la luna.

Las lecturas de los suras del Ohol fueran consideradas durante las primeras décadas de la exploración planetaria, un completo sinsentido. Los inmutables nativos Oku fueron contemplados como incivilizados y su religión y variantes un compendio de simpáticas fantasías, desvaríos sumergidos todavía en el tiempo de los mitos. Rodrigo de Toledo, que elaboró su primer tratado de la teología comparada de Kepler-296f hacia el año 50 del descubrimiento, comparó la ambigüedad de las interpretaciones del sagrado Ohol con las desorientadoras lecturas del antiguo libro de los arcanos del Tarot de Thoth publicado por Aleister Crowley, un satánico iluminado de principio del siglo XX. Toledo refiriéndose al sagrado Ohol dijo: “No importa si esta religión fue creada por dioses u hombres, lo único seguro es que estaban locos”
Una rápida definición de su sistema de presciencia podría ser el descripto a continuación, dejando aclarado de antemano que no es el único método. El interesado (Oku), luego de un corto viaje o una fatigosa peregrinación, se apersonaba en la choza del Okumm y mediante los gestos preestablecidos (tirarse del labio hacia abajo, tocarse la oreja izquierda y salivar copiosamente sobre su pie derecho, símbolo de la humedad ritual) solicita al sacerdote la apertura del libro en una página al azar. El Okumm, que es ciego pero no es tonto, desliza la larga uña de su sexto dedo índice entre las páginas y abre el libro señalando un versículo cualquiera. El aprendiz de Okumm, siempre hay uno y que tampoco es tonto, aunque lo parece, emprende la lectura de esta aleya y de las dos siguientes, sobreviniendo luego la interpretación de su superior.
Entonces, el dictamen será bueno o providencial si las sagradas frases nombran dos plantas y un animal o dos animales y una planta, de lo contrario completamente nefasto en cualquiera de sus otras combinaciones, lo que se complica un poco dependiendo de que el interesado solicite el vaticinio para un accionar diurno o nocturno, se torne complejo si la noche corresponde a algún plenilunio de las inquietas lunas y ni hablar si es para salir de cacería o recolectar una cosecha. Todo esto, sumado a la mutabilidad cruzada de las deidades de Kepler, hace que el número de combinaciones de pronósticos se convierta en una terrible e indescifrable mezcolanza.

Siempre nos ha dejado estupefactos el mito de Circe y sus pociones mágicas, encantamientos que, lanzados sobre la hambrienta tripulación del divino Odiseo, los confino como animales a su servicio en la isla de Eea. Sepultado en el subconsciente del hombre se encuentra el arcaico temor a la bestialización, el retorno al rugido primario, el olvido de su parte civilizada. El Capitán Andreas Collins quedó boquiabierto al contemplar la trasformación de sus hombres, la degradación que inducida por la asimilación del organismo de Kra-Mambo alteraba la genética terrícola en casi todos sus detalles. Una cuasi planta-animal devorada en un horario nocturno alienándose con una animal de otro planeta. En menos de un minuto los quince soldados duros y entrenados del equipo de Collins quedaron reducidos a unos pequeños cerdos de color azul con enormes narices rojas, chillando y enredándose con los pertrechos y las correas de las armas desparramadas en el barro. La parte más inconveniente es que a pesar de la bestialidad, todos se reconocían entre sí, todos vomitaron a la vez y el Capitán Collins huyó aterrado para nuevamente perderse en la jungla lluviosa.

Collins estuvo un año perdido en la selva, tomando solo Spram, alimentándose de Spram, el agua recolectada en las hojas y otros recipientes vegetales, jamás hubiera osado masticar un pedacito de deidad o tragarse a un dios multicolor. No comprendió nunca las religiones de Kepler, pero aprendió a respetar su extravagante doctrina y que la cosa iba en serio. Desnutrido, alucinado, cubierto solo por harapos putrefactos, fue encontrado y rescatado por los miembros de la Primera Expedición Mormona de Vermont a Kepler-296f del año 152 K. Del destino de su equipo nunca se supo, pero no resulto extraño, para el Okumm Superior, la aparición de un versículo nuevo en el Ohol que por supuesto, nadie de la Agencia investigo. La flora y la fauna de Kepler continuaron sus mutaciones, los nativos inmutables y su doctrina un desatino aún después de que los científicos digitalizaran el Ohol y descubrieran que este no tenía ni patas ni cabeza y se asemejara más a un delirio creacionista que a una seria convicción religiosa.

En los lejanos comienzos del siglo XX, el último explorador de la era victoriana, el Coronel Percival Harrison Fawcett, desaparecía por siempre en territorio del Alto Xingú, un afluente del Río Amazonas, en su diario de apuntes y en cartas de anteriores expediciones hacía referencia a una jungla inquietante y misteriosa: boas gigantescas, nutrias ladradoras, parásitos ponzoñosos, delfines rosados, gatos-perros, tigres de dos narices, flores devoradoras, lianas paralizantes. Estos informes que la sociedad inglesa devoraba con avidez, sirvieron de base para que un genial escritor escocés, Arthur Conan Doyle, creara su famosa novela “El Mundo Perdido” donde el papel de Fawcett se lo adjudica a un adelantado aventurero llamado Maple White, artista y poeta que en póstumos bocetos y acuarelas revela al mundo la llamada Tierra de Maple White, un paraíso jurásico. En el año 2166, la llamada Expedición a las Tierras de Maple White, en el planeta Kepler-269f también desapareció, solo un hombre enloquecido volvió, contó historias que los científicos y biólogos no pudieron desentrañar y las religiones apenas mencionar. El universo aún deparaba al hombre, cosas maravillosas.



*De Jorge Lacuadra. jorgelacuadra@hotmail.com














Gliese 581*



Nuestra estrella Helio -G2, es una esfera de plasma en equilibrio hidrostático que, mediante reacciones termonucleares de fusión del hidrógeno, genera energía en su interior. Dicha energía se emite al espacio en forma de radiación electromagnética, neutrinos y viento estelar. La radiación ha permitido a nuestros Helio- científicos, idear una red espacial invisible en la oscuridad del universo, imposible siquiera de imaginar por parte de cuerpos celestes que no reúnan nuestras características físicas. La situación ha sido explotada por los creadores del proyecto, tan favorablemente, que hemos logrado vender la franquicia a lo largo y ancho del cosmos. “Tejimos” alrededor de nuestra estrella, la más brillante del Sistema, una red de partículas de captura en hilera y en forma de círculos concéntricos, portadoras de carga eléctrica que desarrollan comportamiento colectivo. Dichas hileras presentan focos de absorción periódicos. Esto permite que determinados cuerpos celestes que navegan por el espacio, a merced del viento estelar, sean captados y atrapados por la trama. Se trata del proyecto más afanoso que nuestros científicos, en el transcurso del tiempo espacial, han podido imaginar y llevar a cabo. Lo más importante es que, cada año galáctico que transcurre, este diseño se ve coronado con mayores éxitos al conseguir seleccionar y aprisionar, según nos interesen sus cualidades, millones de partículas interestelares. De acuerdo a las necesidades, ha sido especialmente habilitada para el servicio, una extensión de “caminos” intermedios no destinados a la captura sino al libre recorrido de nuestras naves, en pos de control y/o recolección de materia prima. Dependiendo de su proximidad a nuestro núcleo los cuerpos celestes apresados, en mayor o menor grado, también se ven beneficiados. Tenemos la capacidad de provocar en los distintos planetas, el fenómeno día noche, utilizando la traslación y rotación naturales de los mismos. Por otro lado, estamos tecnificados como para obligarles a girar a nuestro alrededor, mediante uno de nuestros más brillantes logros: la conocida fuerza de gravedad. Nuestro sistema está formado por nueve planetas y sus correspondientes satélites; asteroides, cometas, meteoritos, polvo y gas interplanetario. El material es, como dijimos, atrapado por la red de captura. Urdimbre que permanentemente, se encuentra abocada a la detección y reclutamiento de nuevos cuerpos celestes extra solares. El planeta Marte cuya superficie está cubierta de cráteres de impacto, campos de lava, volcanes, cauces de ríos secos y dunas de arena, proporciona a nuestra civilización, valiosas cantidades de basalto volcánico de alto contenido en óxidos de hierro. Mercurio por su parte, es el principal abastecedor de hierro. Después de billones de años, la mayoría del hidrógeno de nuestra superficie se “quema” y nuestra estrella corre el peligro de contraerse y convertirse en una gigante roja por lo cual, es necesario, mantener una reserva adecuada de “combustible”. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno nos proporcionan la provisión necesaria de Hidrógeno y de Helio así como de otros gases menores, imprescindibles para nuestra subsistencia estelar. Venus, cuyas nubes están formadas por ácido sulfúrico, compuestos de azufre y otros ácidos, es poseedor de una atmósfera rica en Dióxido de Carbono y Nitrógeno. Plutón, el planeta enano, se mantiene como repuesto de Nitrógeno, Monóxido de Carbono y Metano. En la Tierra, la energía irradiada por nuestra estrella, es aprovechada por seres fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, siendo así, la principal fuente de energía de la vida que existe en el planeta. También influimos en los procesos climáticos y condiciones meteorológicas en que se desenvuelve. Hace de doscientos a trescientos mil años terrestres, en un lugar al que ellos mismos llaman África, pusimos en funcionamiento el proyecto “Hombre” (Según algunas teorías que circulan por el planeta “Adán”) y a continuación el proyecto “Mujer” (Eva). No hemos conseguido pulir algunas imperfecciones que están llevando a sus descendientes a la autodestrucción. El proceso de crear civilizaciones útiles es complejo, por ese motivo cada planeta agotado es suplantado, en el transcurrir del Universo, por nuevos cuerpos celestes. El planeta Tierra nomenclado como “Granero”, está destinado, dentro de nuestro programa, al almacenamiento alimenticio dado que los habitantes, se auto eliminarán en breve ya que nuestra tecnología aún no ha conseguido la fórmula para evitarlo. Haremos uso de las riquezas naturales hasta la extinción y posterior descarte del astro. Nuestros radares han detectado para su eminente suplantación, un exoplaneta gemelo al denominado Tierra. Dicho astro se encuentra a sólo 20.5 años luz en la constelación Libra, nomenclado en los registros humanos como Gliese 581. Por encontrarse girando alrededor de uno de nuestros Helio clientes, hemos negociado el intercambio del astro por tecnología de avanzada. Por ser de calor excesivo para la vida del hombre, el programa prevé una grandiosa civilización similar a la terrestre pero con el perfeccionamiento adecuado. La enorme popularidad que ha cobrado nuestro invento, ha hecho que sin medir costos, se requieran franquicias desde las galaxias más alejadas. Con la proliferación de los Sistemas Solares, en pocos años luz, nos habremos convertido en los magnates del Universo.



*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
República Argentina











Pájaro en una tormenta*




*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com



Ese día, ese primer día de la naciente primavera
la embriagadora música amaneció sobre los montes.
La risa azul que irradiaba el firmamento
reverdecía las laderas y ensalzaba
los contrastes verdirrojos de los prados.

Ese día florecieron los años de destierro
reconstruyendo la antigua cúpula dorada
con columnas de esperanza y miradores
que se abrían sobre el valle de la dicha.

Así, ciego, con la daga de tu nombre entre mis labios,
creí haber escapado a las fauces del destino,
pero hoy las sombras cenicientas de twin peaks
nuevamente han descendido sobre mí
y no hay una hondonada sin fisuras
donde poder respirar un minuto de sosiego.

¿Qué despiadada venganza de los dioses
me condena al arbitrio de las nubes
inquietantes, plomizas, que me cubren?

¿Qué oscuro designio ha desencadenado
el furor del vendaval sobre mis alas rotas?

Dondequiera que el atardecer me lleve
la faz del firmamento está cerrada.

Un granizo triste azota las esquinas
de esta ciudad vencida, saqueada y moribunda
donde hasta los perros vagabundos se estremecen
cuando sus ojos caen en la oquedad del cielo
tapiado por un muro de silencio perpetuo.

No hay luna que brille en esta noche aciaga
y hasta el bosque resuena con un murmullo de amenaza
que confunde la vigilia de los búhos
y acalla las canciones de los árboles
como una divinidad incontestable.

Los ángeles blanden un estandarte de inclemencia
y el horror se va extendiendo en los zaguanes
como un torrente negro que va desdibujando
las huellas que dejaron nuestros pasos
en la alfombra de asfalto, en las baldosas
blanquinegras que adornan el recuerdo.

Todo es una sombra impenetrable,
todo un trueno aterrador que nunca cesa,
un relámpago atroz que incendia la cordura.

Y entre el caos volar, volar toda la noche,
toda la infinita noche atravesar los cielos
sabiendo que las tormentas nunca cesan
y que el amanecer es tan sólo una utopía
urdida con los frágiles cristales
del evasivo espejo que jamás se detiene.



-Sergio Borao Llop, publicó “El alba sin espejos”







UN AMOR ESPECIAL*



Apareció en el umbral de la puerta enfundado en aquel traje de una sola pieza y las botas enormes cuyas suelas de plomo dejaban marcas en el suelo de madera. Brillaba con los reflejos de la lámpara del salón cuando asustada vi como se adentraba en la habitación.

Levantó la visera de aquel casco parecido a una burbuja y me miró desde detrás del cristal con unos ojos lánguidos que denotaban el cansancio por el esfuerzo de arrastrar aquel traje tan pesado.

Estaba alucinada con la aparición. Un astronauta en mi puerta, en mi salón, en mi casa. El hombre con traje espacial, se acercó para abrazarme y yo me retiré asustada. Se detuvo sorprendido y me preguntó con la mirada el motivo de mi reacción.

Sus ojos se ensombrecieron cuando se aclaró la situación. Entiendo que se entristeciera porque creía haber encontrado el verdadero amor. Aquel que nos habíamos jurado en nuestras largas conversaciones en el chat. Dio media vuelta y se marchó con los hombros caídos y arrastrando los pies. Yo me senté aliviada haciendo el firme propósito de apuntarme a un curso de mecanografía. No quería que se repitiera el error y tener ilusiones vanas. Yo quería un amor especial - es-pe-cial - y sólo era mi culpa ya que tecleé equívocamente cuando se lo escribí en el chat.



*De Joan Mateu. joan@zarca.es





InvenTREN
http://inventren.blogspot.com/



EL TREN HACIA LA NADA*


Just a small town girl
Living in a lonely world
She took the midnight train
Going anywhere…

Don´t stop believing
Journey


En las noches, cuando los párpados se resisten a continuar la lectura de turno, abordo el tren hacia la nada.

He circulado en este tren desde que tengo recuerdos. A pesar de que el viaje es en un solo sentido, puedo recordar con nitidez de óleo y pincel fino sus múltiples paradas. Puedo verlas, si abro determinadas ventanas temporales: ahí está mi infancia en el castillo de hojas, mi adolescencia solitaria, el descubrimiento del amor, la primera visión del rostro de mis hijos, las emociones recibidas o entregadas, alegría, silencios, lágrimas, aquellos que han ido bajándose en diferentes estaciones, unos tras un largo viaje, otros tras un breve recorrido, suficiente para dejar su impronta en el resto de los viajeros.

A veces cambio de cubículo. Hacer el viaje en compañía solo vale la pena cuando es agradable, cuando del intercambio salimos ganando los ocupantes. No es triste, me da la oportunidad de conocer nuevos pasajeros, registrarlos en mis recuerdos, quedar en su memoria. Guardo una grata nostalgia de vagones anteriores, pero intento vivir intensamente el aquí y ahora de cada asiento que ocupo, aprender lo máximo que me brinda el momento. Es la esencia del viaje.

Puedo considerarme afortunada, he vivido experiencias extraordinarias. He logrado atisbar realidades cuyas reminiscencias me acompañan al despertar y dan vida a mis creaciones literarias. He viajado a mundos paralelos, donde mis almas gemelas se debaten en similares incertidumbres. He vislumbrado la presencia de seres que a otros pasan inadvertidos, peregrinos, mensajeros o simplemente extraviados en la grieta que separa los universos alternativos.

Pero lo mejor del tren, lo que más adoro y me hace aguardar con alegre paciencia el instante de abordarlo cada noche, es que, no importa si largo o corto el camino – aunque siempre ha de valer la pena -, si solos o en compañía, sea cual sea el destino, conocemos cuál ha de ser la última parada.


*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.




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Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

PARADA KM 79

ENRIQUE FYNN.  PLOMER.  
KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


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Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

ÁLVAREZ DE TOLEDO

POLVAREDAS.  JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   APEADERO DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.




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