*Obra de Walkala. Luis Alfredo Duarte
Herrera (1958-2010).
-En Aurora
Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam
http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=1367%3Awalkala&catid=94%3Apintura&Itemid=160
La
dificultad de ser*
Mañana dijiste ayer y lo dirás de nuevo
hoy que es el mañana de ayer.
Nadie lo sabe aún, nadie lo sabrá ya.
Nadie lo supo en otras incontables veces.
Dignamente lo guardaste en el silencio
que sangra entre los crepúsculos del día.
Lo que no se nombró no fue nunca nada.
Lo que se ignora no existe ni existirá
nunca.
Sólo está el problema del insomnio.
Mal dormir le da forma a eso que siempre es
hoy.
Ese ahora posible siempre demorado.
Ansiedad, desesperación casi llanto.
La irritación de encontrar la voluntad
de ese primer paso que no inicia nada.
La pesadilla es despertar a este mañana de
ayer.
A este hoy que es el ayer vacío de mañana.
Al recuerdo de las formas nítidas del
insomnio.
A la claridad insoportable del silencio.
A estas imperfectas formas ajenas
que te impone el silencio.
*De Horacio
Martín Rodio. horaciorodio@hotmail.com
INFIMO Y SIDERAL*
*Por Miriam
Cairo.
Sé demasiado sobre mí misma.
Sé todo lo que no sé sobre mí misma. No
saber es lo que mejor hago, a veces.
Qué hermoso es este paisaje. Si una flor me
llamara por mi nombre, acudiría. Estas rocas nacaradas, este musgo blanco, esta
polución celeste, estas partículas estáticas, qué hermoso es este paisaje. En
los pozos se oyen croar las ranas de la luna a esta hora de la noche. Más de
una vez me ha parecido que flotaba, en el aire lunar, un olor a fieras
terrestres. Sé que si doy curso a mis lucubraciones la fiera me devorará. Sé
demasiado sobre los posibles de los imposibles.
Aquí hay muy poco ruido, muy poco aire y
mucho espacio.
Extiendo el brazo y acerco una estrella o
caracola. Abro el libro o la memoria mientras lucho con los mínimos remolinos
de atmósfera que me quitan las páginas de las manos. Acerco la estrella un poco
más como si fuera una lámpara. Me demoro un rato en esta ilusión. No se me
quitan los hábitos terrestres. Lejano como una invención veo el viejo planeta
flotando en una gigantesca y cósmica taza de café.
No hace ni un mes, ni un año, ni un minuto,
pensaba que jamás llegaría tan alto, o tan lejos, o tan adentro, hasta que vi
aquella mujer subiendo una escalera de hierro o lana. Cuando llegué, pensé que
la iba a encontrar aquí, pero no fue así. O mejor dicho, sé bien que esa mujer
fue producto de mi imaginación porque es imposible llegar a la luna desde una
escalera de lana, menos aún de hierro, por eso saqué un boleto en el Estrella
del Norte.
Al principio el paisaje del cielo ocupaba
toda mi atención, pero al cabo de unos días, minutos, o años, el paso de los
cometas resulta tan habitual como mariposas en el jardín. No menos bello que
mariposas en el jardín. Ni menos milagroso. Ni menos excitante.
Es cierto que el viaje en micro es muy
largo. Por ello lo elegí. No hubiera tenido ningún sentido tomar un avión o un
cohete espacial para llegar antes. Sé demasiado sobre mí misma, me gusta el
tiempo de llegar.
El viaje fue largísimo. Atravesamos rutas
desoladas, ciudades histéricas, valles apacibles, montañas crujientes, pueblos
remotos, selvas hervidas al vapor.
El micro se detuvo por primera vez en un
parador del desierto. La gente se agolpaba en el mostrador para sacar su ticket
de comida rápida. Sé demasiado sobre mí. Nunca comeré rápido la comida rápida.
Aquí, en la luna, puedo tardar dos o tres días en comer, mientras disfruto de
la vista del paisaje con su vegetación plateada, cubierta de un polvillo
estelar que al paso de los meteoritos desprende infinitos destellos dorados,
violetas, azules. Son las flores de la luna. No menos bellas que las flores de
mi jardín. Ni menos milagrosas. Ni menos excitantes.
Desde muy temprana edad mis pensamientos me
han llevado a los alrededores de la luna. Diría que para nadie fue una sorpresa
mi viaje. Por supuesto, todos coincidían en que era un recorrido demasiado
largo para hacerlo en micro.
El viaje a la luna fue como todo viaje en
colectivo. En cada pueblo, desierto, calabozo o ciudad, descendían los
pasajeros que llegaban a su destino y el coche se volvía cada vez más liviano y
aéreo.
Por las noches, en la luna hay luciérnagas
y grillos ensordecedores. No menos brillantes que las luciérnagas del bosque ni
menos bulliciosos que los grillos del estanque de mi memoria. Sobre los
altísimos árboles transparentes, duermen las grullas provenientes de las
llanuras de Rusia. Otra vez cometo el error de pensar que esas enormes flores
blancas son grullas procedentes de la llanura. Me conozco bien. No se me quitan
los hábitos terrestres.
A medida que el viaje se prolongaba, el
aire se volvía espeso. No hace falta que lo describa. No hace falta hablar de
ciertas cosas. Uno llega a la luna y nada más. Como una habita la tierra y nada
más. Lo cierto es que a cierta altura del viaje, cuando había pasado el tiempo
suficiente para llegar, el chofer se detuvo, en medio de una oscuridad nebulosa
y resplandeciente. Hasta aquí llegamos, dijo el guarda, y apretó el botón con
el que se abrió la compuerta del colectivo o nave espacial. Comencé a caminar.
A medida que avanzaba iba perdiendo peso. Rayos cósmicos iluminaban el camino.
El viento solar me agitaba el cabello. Caminar o flotar, eran lo mismo.
Al principio del camino me entretenía
haciendo comparaciones, entre el tiempo terrestre y el tiempo sideral. Entre el
ecuador terrestre y el ecuador lunar. Entre los mares de la luna y los ánimos
terrenos. Durante mucho tiempo, ya establecida en mi nuevo hogar, hice lo
mismo. Pero ahora me dedico a otras cosas. Pienso, por ejemplo, que sé
demasiado sobre mí misma. Que me basta una cabeza de alfiler para vivir. Que en
una cabeza de alfiler pueden entrar dos o tres universos, un jardín botánico,
un laberinto, una cordillera, dos minotauros, todos los colores, todos mis
libros, todas mis flores. De un tiempo a esta parte sospecho que la luna en la
que vivo y desvivo está dentro de uno de los universos que giran en la cabeza
de alfiler que desde siempre habito.
Rosario/12 sábado, 8 de diciembre de 2012
*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-36771-2012-12-08.html
JUGANDO
A LOS DADOS*
DIOS juega a la generala
con dados redondos.
El diablo juega
con dados de fuego.
El indiferente juega
con dados de hielo.
El olvidado juega
con dados de niebla.
El enamorado juega
con dados de colores.
El avaro juega
con dados invisibles.
El charlatán juega
con dados de saliva.
El poeta juega
con dados de eclipses.
El verdugo juega
con dados de sangre.
El recuerdo juega
con dados de sopas.
El niño juega
con dados imaginarios.
El egoísta No,
ese no juega.
*De Carlos
Norberto Carbone.
MINOTAUROS*
*Por Miriam
Cairo.
I.
Uno de nosotros es la pata de la silla que
se escapa para vivir su vida. El resto del mobiliario lo condena: dice que
destruyó el asiento tan necesario para que el mundo descanse de su propia
nulidad. Pero la silla no ha dejado de ser silla, sino que es silla de tres
patas. La pata que quiere vivir su vida, ha decidido no sostener más el pesado
trasero del mundo. Todo aquel que se siente sobre la butaca de tres patas
caerá, se fracturará el tronco y las monedas se le caerán de los bolsillos. Uno
de nosotros sentirá el alivio de no formar parte ya de ese living tapizado de
gris oscuro.
II.
Este cielo me desmiente, me obliga a
recordar al inocente amado fugitivo que se recostó más allá de cualquier zona
prohibida en la arena roja de mi alma.
III.
Una de nosotras raramente ve alguna cosa
sin experimentar ese sentimiento tan especial de haber sido alguna vez lo
mirado. Pero las experiencias no le sirven para nada, esa es la razón por la
cual a una de nosotras le gustan tanto las pinturas de Matisse.
IV.
Hay un espejo donde sabios animales
nostálgicos visitan nuestra flamante transparencia de cuerpos calientes,
doblados en una hoja nervada, donde los amantes comen lentamente su corazón de
medianoche hasta pulverizarse el sexo.
V.
Uno de nosotros ha de volver con sus huesos
a la memoria del cuerpo y dejará que su crepúsculo esté lleno de sudores. La
noche temblará llena decontentos. Nada de fotos íntimas en la portada del
diario. Uno de nosotros cree que debieran estar prohibidas las noticias y
entrega a la señora de al lado sus ahorros y su sangre. El alma humana es una
bomba de tiempo. Pero en tanto haya carne viva de uno de nosotros para que la
señora de al lado camine sobre el sangrado parquet y pague los impuestos, habrá
paz en el living de su casa aunque no haya amor en el mundo.
VI.
Doblemente iluminado ciega sus miembros con
en salmos de luz. Dice que abolirá la mañana ostentosa. Dice que las colosales
intimidades lo abrigan de las hogueras frías de sus noches. Dice que se ahogó,
como Sansón, en un rodete de su propio pelo. Dice que como una reina loca aulló
desnudo y solo. Dice que su fornicación de misántropo esposo no le trae ninguna
gestación humana. Dice que ya no es un espejo incendiado. Dice que sobre sus
hilos rígidos se duerme y se llora en sus propios funerales.
VII.
Una de nosotras podría morirse de una vez,
pero como siempre pasa, una de nosotras juzga que merece una vida nueva y no
obstante, una de nosotras no hace más que meter la pata y conducir la nueva
vida hacia la más deslumbrada perdición.
VIII.
En sus horas profanas de bestia eternamente
anónima, ejerce el oficio de sonámbulo y de transparente. Desacostumbrado ya
del aleteo que para su orgullo lo llevaba a sucumbir como un hombre, apenas si
logra rememorar aquellos momentos en que gozó a la luna tanto como quiso.
IX.
Uno de nosotros dijo vos y yo pero se
refería a un silencio perfecto. Qué broma cuando uno de nosotros dice vos y yo,
pero nunca se decide a hacerse hombre. Uno de nosotros tiene que ser sutil,
tiene que reservarse los calificativos porque de lo contrario uno de nosotros
sería tan ínfimo que ni siquiera podría emparentarse con el último aullido del
último lobo.
X.
Alguien lo come y lo bebe. Alguien es fiel
a un lecho malo en la nochebuena. Alguien es el oceánico amante solitario.
Alguien tiene miedo de ser el animal liberado del laberinto. Alguien trata de
despertar sus atontados sentidos. Alguien no quiere ver que la estrella lo
aguarda solitaria y móvil. Alguien es un barco que parte de sí llevándolo
dormido. Alguien está a punto de entrar por el umbral de la noche que cae sin
nombres.
XI.
Una de nosotras acepta trocarse siempre en
animal que duerme en el país del viento, y no habla. No es abortadora de
silencios, ni de niños, ni de esperanzas. Una de nosotras desapareció con
entusiasmo. Y cuando todo ya andaba dorándose al sol, se le ocurrió pensar que
la otra era una oveja encapuchada que da órdenes al carnero del rebaño. Aún
antes de pensar esto, una de nosotras, como quien no quiere la cosa,
desapareció con entusiasmo.
XII.
No entres dócilmente en mi memoria. Estos
recuerdos como piedras preciosas, como huesos que brillan en la oscuridad,
tienen que dejar de ensartarme relámpagos, tienen que dejarme dormir dentro del
cerebro de las flores pequeñas.
XIII.
Uno de nosotros está parado sobre un mundo
paralelo. Que el otro, pues, lance un suspiro de alivio. También hubiera podido
ser que uno de nosotros fuera un sonámbulo en pleno día. Eso explicaría por qué
uno de nosotros no ve que la jornada es un campo de maniobras donde los hombres
aprenden a estar muertos. Uno de nosotros está parado sobre su propia amargura.
¿Qué puede hacer el otro? ¿Pompones de urutaú? Uno de nosotros es blando, más
blando que el agua blanda y tiene un corazón de oro, una libación de oro, un
galope de oro, un chorreo de oro. Uno de nosotros no leyó a Krishnamurti o bien
lo leyó pero lo ha olvidado, o bien lo ejercita con matices raros. Para uno de
nosotros no hay espíritu más bello que un cuerpo desnudo.
XIV.
Por un minuto caerá la lluvia y borrará los
pesares conyugales. Ya que la luz relampagueó primero en la tormenta, estás a
tiempo de cuidarte de la sed y del silencio. A tiempo de ver la tristeza de lo
que no nace. Por un minuto tu hebra de agua, tu estrella polar, te traerá la
memoria de la puntual amazona iluminada por un sol de tu propio mundo. Por un
minuto tirarás de los rayos y distinguirás un enemigo entre muchos.
Rosario/12. sábado, 3 de abril de 2010
*Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-23004-2010-04-03.html
Escenografía*
Sentada
en la escalera
de la casa vacía
miro
cómo es que el agua
cae
Escucho
adormecida
cómo es que enuncian
las gotas dispersas
la tristeza del día
que se escurre
en el cenicero.
*De Ana
Romano. romano.ana2010@gmail.com
Retazos*
La mano engarza mostacillas
Resplandecen
espejadas alas de los pies
Arrastra retazos
la cacería.
*De Ana
Romano. romano.ana2010@gmail.com
Alguien
sostiene un suspiro*
*Por Miriam
Cairo
I. El tono de este texto no es recomendable.
Pero tampoco es una opción la intransigencia de aquellos que tienen el consentimiento
de una multitud.
II. La felicidad de ellos se transporta en un
carruaje tirado por linces, seguido de estruendosos tambores, pífanos y
panderos. Mi felicidad, en cambio, viene en taxi y con una tristeza a cuestas.
III. La felicidad de aquellos llega siempre a
la misma hora, todos los días de sus vidas. Por su parte, mi felicidad llega
cuando puede y es preciso asirla en ese instante, antes de que se evapore su
mínimo suspiro. No conoce a mis vecinos. No atiende el teléfono fijo. Sus pasos
dejan huellas invisibles en mi jardín y escondo su aliento en el aire que
respiro.
IV. El carruaje tirado por linces, conduce a
la felicidad de los otros, hasta que la muerte los separe, en cambio mi
felicidad dura hasta que el próximo taxi la retire. Aquel carruaje empuja una
felicidad tan absoluta, tan obvia, que ninguno de quienes la poseen atina a
verificar si está viva. Pueden pasar toda una vida durmiendo con su cadáver en
el costado de la cama porque en esa falta de vitalidad encuentran el alivio que
necesitan.
V. La felicidad de los otros ostenta una
impávida naturaleza de molusco. El recorrido de sus días es una línea recta. Su
atadura es un cordón umbilical inextinguible. En su territorio, nunca se hunden
los cielos ni emergen los abismos. No hay ni siquiera un pliegue en la
corriente inmóvil de sus días. La felicidad que poseen es tan inocua que no
necesita preservativos.
VI. A ellos, ningún sueño impúdico los
sobresalta. Jamás les ha hecho falta tampoco, apoyar los talones contra un
mueble para embestir con más fuerza un ano ceñido. Nunca han padecido un fuego
abrasador que les dilate las pupilas, ni han encontrado un motivo febril que
les haga perder el colectivo. Aclaro esto como una advertencia a muchas cosas
improbables que se nos pudieran ocurrir: la máquina perfecta de esa felicidad
no se masturba en las tardes de domingo.
VII. Por su parte, a mi felicidad le gusta la
música y el vino. En el mundo de los otros, esto es bien notorio, pero los
otros no saben hasta qué punto este placer puede convertirse en un
encantamiento. A mi felicidad urgente, la desvisto al son de la garganta de
Martirio. Mi felicidad me obsequia la imagen desnuda de su cuerpo y el olor
inflamado de sus ingles. En mis huecos mantecosos, ella derrama el jarabe del
olvido. Como una pluma flota en la punta de mi lengua. Bebemos lágrimas,
sudores y orines. En pocos segundos ya no quedan rastros de aquella cotidiana y
tranquilizadora necrofilia.
VIII. El duro esqueleto de la felicidad de los
otros es imperturbable. Nada lo rompe. Ni una tristeza lo derrumba. Ni una
sospecha de infidelidad lo resquebraja. Se sostiene a sí mismo como una
armadura mental. Quien posee esa clase de dicha forma parte del mundo. Tiene
los dos pies enterrados en el mundo. Todos los relojes giran en torno a sus horas.
Su poderío es extraordinario. Ni siquiera necesitan decir algo encantador,
lúbrico o festivo, porque las palabras que prefieren petrifican el glacé antes
de que se chorree por debajo del ombligo. Mi felicidad, en cambio, me quita los
pies del mundo y me hunde el enterito de modal hasta el abismo.
IX. Cuando llega a casa, mi felicidad se hace
fuerte. Se reconoce a sí misma. Se permite la propia luminiscencia. Bebe mi
vino, se desnuda y no tiembla. La pesada osamenta de la felicidad ajena se
vuelve fina y volátil. La felicidad de los otros es de arena. Y por más golpee
la pared con la cabeza, por más que chille detrás de la puerta y nos quiera
inhibir con el resplandor de su alianza perpetua, mi felicidad no se inmuta. No
profana el momento en que es reina.
X. La gran felicidad de los otros, que sea
para los otros. Yo sólo quiero la mía, la pequeña y resplandeciente mía, la que
inhala mis efluvios de amor y perdición, la que sofoca mis temblores finales
con nuevos comienzos. Hay un mundo que está donde está ella y un mundo fuera de
ella. Pero fuera de ella, el mundo con sus lloronas, sus consortes y sus bellas
durmientes, ni siquiera es una cosa fiable o valedera.
Rosario/12. martes, 18 de septiembre de
2007
*Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-10302-2007-09-18.html
En el espejo*
Alumbro huellas
y escarbo sombras
en el espejo
simulado
de un holograma.
*De Ana
Romano. romano.ana2010@gmail.com
Canción
de tulipanes*
*Por Miriam
Cairo.
--Arderás como tulipanes calientes, como
tulipanes calientes.
--No sé de dónde te viene esa seguridad.
--Me viene de los pájaros que van perdiendo
la luz, van perdiendo la luz, y porque siempre lo has hecho.
--Estuve quieta, hasta muy tarde, en la
punta de tus dedos, en la punta de tus dedos.
--No es la primera vez que te has quedado
quieta, que te has quedado quieta.
--En la punta de los dedos.
--Quince días quieta en la punta de mis
dedos.
Cómo vas a hacer para escribirme, para escribirme?
--
--Si es preciso dejaré de escribirte,
dejaré de escribirte.
--No juegues otra vez este juego de pájaro
que va perdiendo la luz, porque voy a darme cuenta de que soy una granada, de
que soy una granada.
--Sos la fruta del relato, la fruta del
relato que se para en dos patas sobre la lámpara verde.
--Soy esta granada en dos patas sobre la
lámpara verde.
--Vas a quemarte.
--Voy a quemarme con el tulipán caliente.
--Voy a quedarme quieto.
--Vas a quedarte quieto sobre la lengua de
la mariposa, de la mariposa.
--Voy a quedarme quieto en la lengua de tu
mariposa.
--Eso digo yo cuando hablo su lengua.
--Voz de fruta desgranada, desgranada.
--Los nudos en la garganta condenados a
desaparecer.
--Los ejércitos enemigos condenados a
desaparecer.
--Las damajuanas llenas de odio condenadas
a desaparecer.
--Los sembradores de desgracias condenados
a desaparecer.
--Los predicadores del miedo condenados a
desaparecer.
--Te daré el gusto.
--Te daré fuerzas.
--Te daré el gusto.
--Arriba, la luna intrincada con los
pájaros ciegos que van perdiendo la luz de tanto leer debajo del agua, debajo
del agua, el relato de los náufragos, el relato de los náufragos.
--Quince noches quieta en la punta de mis
dedos.
--Quince tulipanes calientes.
--Quince es el número infinito de los
tulipanes infinitos.
--A que no es posible.
--A que no es posible que no sea posible.
--Que no me imagino la noche si no es así.
--Que no sería noche la noche, si no fuera
así...
--Esta granada derrama sangre mezclada con
agua, mezclada con agua.
--La noche es un tulipán negro.
--Un tulipán negro es la noche rojiza
mezclada con agua.
--No te muevas de la punta de mis dedos.
--No me muevo del agua.
--Viene un temblor general, bajando por la
palma de la mano.
--Viene una oquedad, un siglo, un naufragio,
un relato debajo del agua.
--Mano izquierda muy clara y femenina,
agitando el cubilete de las constelaciones.
--Suavemente.
--Agitando el cubilete.
--El cubilete.
--De las constelaciones.
--Agitando.
--Suavemente.
--Y de pronto, o más bien poco a poco, no,
más bien súbitamente, quince tulipanes negros, repetidos, negros, repetidos,
quince tulipanes como quince salvaciones de repetidos naufragios, naufragios,
naufragios.
--Y los nudos en la garganta condenados a
desaparecer.
--Y los ejércitos enemigos condenados a
desaparecer.
--Y las damajuanas llenas de odio
condenadas a desaparecer.
--Y los sembradores de desgracias
condenados a desaparecer.
--Y los predicadores del miedo condenados a
desaparecer.
--Y te daré el gusto.
--Y te daré fuerzas.
--Y te daré ganas.
-Rosario/12. sábado, 17 de mayo de 2014
*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-44021-2014-05-17.html
Elevación*
Como notas
resbalan
barriletes
Un crisol
Y es que flotan
los cuerpos.
*De Ana
Romano. romano.ana2010@gmail.com
El
beso hondo cae*
*Por Miriam
Cairo.
Esencia. Yo elaboraba pensamientos
embriagadores, perforaba luceros hondísimos para extasiarte, para distraerte
del camino que te condujera a cualquier otra alma que no fuera la mía y sin
saberlo, le dictaba a mi vida su propósito.
Umbral. Hubiera sido más prudente, más seguro,
fundar mi motivación en un ser menos real, menos respirable. Me hubiera
ahorrado todas las tendencias a caer en la ensoñación de lo posible. Unas pocas
palabras me habrían dicho que temerle tanto al acostumbramiento es oscuro.
Con mis lentas piernas puedo dibujar un
trayecto en línea recta hacia el asombro. Un recorrido en espiral hacia la
calma. Un extravío hacia tus tierras temblorosas. Pero es cierto también que
esta inclinación por los distintos recorridos, traza en la conciencia un
designio circular: vuelve con toda su fuerza al origen y me estalla en las
manos.
Lobos. Tu mano hecha enfermedad deja huella
en mi muslo. Antes solías esconderla en cualquier cuerpo húmedo, como una
babosa, inofensiva. Ahora tu mano es una jauría, una ferocidad. Más te hubiera
valido no haberme estimulado.
Silencio. El hueso de tu flauta lo ha
tensado todo. Ha empenachado con silbidos el camino de mi soledad. Yo ya no sé
dónde han quedado mis fronteras. Hablo de tu cuerpo como si hablara de mi
corazón. ¿Qué provoca tus viajes hacia mis infiernos? ¿Por qué escucho tu voz
en todos mis silencios? ¿Por qué el hueso de tu flauta canta siempre mi
canción?
Desasosiego. Aclarámelo por mail o por
teléfono, cuando me hablás de la culona cuerpo de rana, de la tetona que te
muestra sus delicias por cam, de tus desnudas inclinaciones viriles ¿me ves
cómo al capitán del equipo de hockey? ¿cómo un eclipse de luna? ¿o cómo alguien
que se enciende con tu llama?
Me siento una manivela que gira como loca
en torno a sí misma. Yo estoy dispuesta a padecer mi amor por tus tropiezos. A
engrudarme con tus azúcares. A fabricar mi propio error. A verter sobre tu boca
mi tormento.
Pero vos, querido idealizado, inventado,
desconocido, no dejes de hacerme conocer tu espanto. Decíme, una y otra vez:
"estoy horriblemente inclinado hacia vos", y yo te aseguro que no te
dejaré caer porque desde que tengo uso de razón he fortalecido todo lo que he
tocado.
Sima. Un beso no existe así como se da. A
su alrededor se necesita tiempo, gente, historias y lo inesperado. A lo largo
de un beso hay un camino recorrido para que lo previo no deje de existir. Todos
los besos están habitados.
Durante mucho tiempo creí que un beso era
algo maquinal. Que había un lugar donde poner la cara, la lengua, el mordisco.
Lo reconocía como una conducta adquirida, como una señal de pertenencia, como
un acto de sumisión.
Cuando empecé a besar sólo a quién deseaba,
el beso obtuvo una razón renovadora. Un sabor a existencia. Se convirtió en un
pasaje directo hacia el eco de todos los besos soñados. Por la boca entraba y
salía el alma enloquecida. Y sobre todo, se destruían, en explosiones de
desolación, los peores recuerdos. Desde entonces, no malgastar besos se me hizo
una costumbre. El besar lleva a esto. Es inevitable. También se puede caer en
la sinrazón. Lo creo. La boca es una cueva oscura que puede tragar la noche
definitiva.
Razones. Si no fuera por esos rayos que
salen de tus ojos, las cosas no podrían ser tan mortales ni bellas.
Fulminación. Uno a uno vienen tus gestos a
entretejer mis dichas.
Ya te he dicho, en otras páginas, en otros
sueños, que mientras moría hice una proclamación terrible de lo que existe. Un
presente despacio y un después con humo. ¿Ardió el verso? ¿Quemó los labios?
Nombre o soplo, volví a nacer como sed
impura del agua que no he bebido.
Bajo el temblor de tu sexo nocturno,
edénico, incendiado, es fácil cerrar la memoria. Pero en el reposo, todas las
puertas se vuelven a abrir. Estoy luchando. Un corazón no es una cavidad
cerrada al puñal ni al relámpago.
Ergo. He aquí la paradoja. ¿Cómo podrías
ser parte de la realidad si estás armado de sueños?
Lámparas. Yo te voy a dar trajes lavados en
las orillas del río. Ahora que te vez cansado, suavemente voy a dejar que se
vuelque el chorro divino de mis dioses sobre tu prematura vejez. Hay un día,
una hora, en que nos volvemos irremediablemente lúcidos y viejos. Es el día en
que nos preguntamos qué será de nosotros, y si supiéramos volver a lo que hemos
sido, no volveríamos.
Voy a nadar hasta tu orilla, toda la noche,
con un puñal entre los dientes, aunque no haya monstruos marinos por matar. Iré
igual, amenazante, porque esta es mi noche para el heroísmo.
Esta es la noche del primer juramento. De
la primera vaharada del corazón.
Es el momento en que por fin somos viejos y
libres.
Si yo no pudiera, si algún antiguo temor me
atara las manos y no lograra atravesar la vida, entonces vos podrías traerme
vestidos recién lavados en la orilla del río. Podrías volcar sobre mí el chorro
divino de tus dioses.
El futuro no existe. El pasado está muerto.
La eternidad es una estúpida carcajada. Cada noche que nace soy una criatura
reciente.
Las lámparas de la calle están encendidas.
Nada humano les es ajeno. Estoy avanzando. La ciudad es un océano de asfalto.
Será muy fácil. Como sacarse los guantes. Como ver un niño flotando en la
dicha. Como llevar escondido dentro de la carne el latido que entregamos.
Teros. Escribo por tantas razones. Por
tantas sinrazones. ¿Qué otra cosa podría hacer? Los teros cantan para espantar
el miedo. Los teros cantan para confundir a los cazadores. Los teros cantan
para proteger sus crías. Los teros cantan.
Rosario/12. miércoles, 27 de septiembre de
2006
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-5484-2006-09-27.html
Magdalena*
Claudican cintas
en la maraña de rizos
En el pañuelo, pájaros
Pétalos multicolores
destacan el delantal
Magdalena se contonea
frente a las
hornallas.
*De Ana
Romano. romano.ana2010@gmail.com
Saudades*
*Por Miriam
Cairo.
Cuando fui amaneciendo, cuando me iba
alzando a la vez que la noche se cerraba con siete llaves, me recosté sobre el
muro. Metí los dedos entre las grietas y me quedé allí, tibiamente apoyada
sobre palabras irrepetibles. Luego, trepé hasta el árbol y descansé en un nido
o una cáscara de nuez esperando otro giro del mundo.
Cuando fui caracol tenía deseos de pasarme
la vida averiguando por qué el corazón de las flores me palpitaba en la
garganta y por qué la noche era la capital de mi cuerpo. Pero, sobre todo,
cuando fui caracol, me gustaba ir abajo por debajo, recorriendo las galerías
oscuras, al tacto, y construyendo el diagrama de la soledad y de las sombras.
Cuando fui libro, inventé un rumor que
siguió murmurándose de un modo tan hermoso que el viento se quedó sin alas. Las
palabras no creían que yo fuera libro porque tenía manos, labios, ojos,
piernas. Pero las palabras y los ojos, y las manos, y las piernas no
importaban. Yo era el libro que había creado su rumor de anémonas desnudas.
Cuando fui sueño acerado en el respaldar
del gladiolo, pude articular esa palabra desarticulada, y los poros se
dilataron en el parpadeo. Las cosas venían de todas partes, y si no venían yo
las buscaba en alguna página del libro que había inventado su rumor desnudo. En
algún lugar, allá arriba, las esferas de los relojes y los planetas abrían los
atajos por bruma, por amor y por sombra.
Cuando fui la figura del árbol, y no el
árbol, cuando me uní otra vez a las alturas, un color desmentido brotó de la
inspiración de las hojas como una constelación de soles. Un fugaz deseo de
tempestad azotó las ramas y dejó una mancha mojada en la tierra. Al borde de mi
figura se iban juntando los pájaros que eran figuras de otros pájaros, que se
sostenían en las ramas de mis dedos, que eran figuras de mis manos.
Cuando fui noche, algo acudía al centro de
la oscuridad y yo me ponía terrible de tanta calma y tanta dulzura. Siendo
noche estaba a punto de encontrar un pequeño lugar solitario propicio para que
los peces me cruzaran de lado a lado, pero fui sorprendida por el colmillo de
la luna que rasgó la madrugada y se fueron los peces.
Cuando fui atrás sentí entre las piernas lo
que había aprendido con el alma. No era por ahí, seguramente, por donde pasaba
la memoria pero ese lugar era tan imaginario como éste. Un pino caído obstruía
el paso de la noche cargada de fantasmas.
Cuando fui siempre el nunca me perdió de
vista y señaló los límites en vano. El tiempo surgía del fondo de un canasto
lleno de manzanas. El tiempo y yo nos parecíamos. Por entonces, habré tenido
más o menos diez años de edad, que es la edad en la que una se da cuenta de que
ha sido siempre.
Cuando fui dragón, habité detrás de un
cortinado de flores de fondo blanco porque todos creían que yo era un prodigio,
una realidad que nacía de los cuentos. De aquella época, no recuerdo nada más
que una lágrima y una canción muy suave que sonaba en la radio.
Cuando fui flor de pétalos satinados y me
colocaron dentro del libro, entre esas páginas, creí que nunca más volvería a
ver la luz del jardín, que la luna entristecería, que las violas y los
crisantemos soltarían lágrimas desde las corolas. Imaginé un fúnebre cortejo de
hormigas, un coro de abejas, un dolor de hierbas, pero nada de esto ocurrió.
Porque un libro no es una sepultura.
Cuando fui musa andaba por el mundo
encendiendo los cielos que acaban de apagarse. Guardaba entre las piernas el
lenguaje prohibido y una lámpara demasiado intensa. Noche tras noche cargaba mi
barca de sueños y los llevaba, irresistiblemente, de orilla en orilla. Hice
lluvias, amasé nubes, poblé el río de pájaros y el aire, de peces. Y todo muy
simplemente...
Rosario/12. sábado, 2 de junio de 2012.
*Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-34046-2012-06-02.html?
SIOFN*
"Después de haber
pasado varias veces por el planeta Siofn los seres tienen una vida sin pasión.
Los supera saber que su nuevo cuerpo tiene fecha de vencimiento; ya no sienten
estar en una vida verdadera con peligros y desafíos, incertidumbres, frustraciones....
se limitan a administrar su tiempo en redes psicofísicas en las que confirman
su pertenencia con gestos tan automáticos, tan naturalizados en su
inconsciencia (...)"
Por eso el hombre ruega que lo transfieran
a un planeta de "sangre caliente" donde la vida merezca ser vivida.
Donde pueda sentir de nuevo -como aquella remota vez- que cada instante es un
principio y un final.
*De Eduardo
Francisco Coiro.
https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar/
Rumbos*
*Por Miriam
Cairo.
Día 1
Hace apenas unos instantes, la mujer
gaviota desplegó el mapa o laberinto. Una hoja de higuera se desprendió de su
memoria y cayó en la palma de mi mano. De mi mano se desprendió convertida en
amapola. Como pájara del mar se hundió en el laberinto. Por los corredores rodó
como corsaria. Del extravío emergió perla. Como perla giró sobre su eje y cayó
otra vez en el mapa o laberinto fijando por rumbo el azar, o el azar por rumbo.
Día 2
A los nuevos tripulantes los recibimos
desnudos de repulgues, desnudos de ayer, de hoy y de mañana.
Los recibimos cubiertos de señales.
Los recibimos con lágrimas de júbilo.
A cada uno clavamos una magnolia en el
corazón para que el torrente de esperanzas no siguiera drenando hacia un mar
sin fondo.
Día 3
La mujer cabeza abajo, podría haberse
metido algo allá, un tentáculo de calamar, un rayo de este mismo sol, un acento
prosódico, pero optó por llenarlo de viento.
Día 4
Navegamos en un barco tembloroso.
Día 5
"Cada vez tenemos más problemas para
definir el espacio, para medir el tiempo", dije. Y la mujer con sombrero
me creyó. "Los tripulantes están ebrios de lluvias y naufragios",
dijo, y yo le creí.
Día 6
Por
obra del azar o del destino, por obra del deseo o de la bruma, llegamos al
Océano de las Tormentas. Nuestro fotógrafo a bordo registró el denso oleaje de
sodio, las finas correntadas de helio y argón. Retrató las medusas invisibles,
los peces incorpóreos, las algas sulfúricas. Captó el instante preciso en que
las tres mujeres desnudas corrieron en puntas de pie a los tórridos brazos de
Poseidón.
Día 7
Llegamos al Mar de la Humedad. Los
náufragos que recogimos en el camino, lloraron contra el suelo. Una
voluptuosidad cósmica se derramó en esas lágrimas color marfil. Cargamos
reposeras, capelinas, frutos celestes, sombrillas, protector y nos fuimos a La
Perla, la playa más popular y parrandera de la luna. La foto panorámica nos
tiene a todos con anteojos oscuros, abrazados a un monstruo marino de origen
lunar.
Día 8
A veces las penas se mezclan. Entonces, un
largo y desnudo grito desgarra el barco tembloroso, y cinco, diez, treinta, mil
estrellas se quedan mudas.
Día 9
La noche, no es la única alegría de estos
rellanos tormentosos. Alguien recién venido de su mundo trajo consigo el
tamborilear de los dedos y un murmullo profano de relatos brevísimos.
Día 10
Por el oeste o por las dudas, llegamos al
Mar de las Nubes. Orión atiende el camping, las canchas de tenis y la cantina.
Besa muchachas sin nombre. "No habría marido mejor que él", dicen las
que quedan con una espuma plateada en la boca.
Día 11
En la Bahía del Rocío, al norte del Océano
de las Tormentas, el ánima vital desplegó su rosa delicada y el jardinero de
los cuatro vientos recogió, con paciencia sideral, el almíbar de sus cuatro
pétalos.
Día 12
El barco es una hoja de papel negro
cruzando el Mar de las Lluvias.
Día 13
Una cordillera de más de 7000 metros,
sorteamos con nuestro bergantín todo terreno y llegamos al más famoso de los
centros lunares: el Mar de la Tranquilidad. Aquí, nuestro viaje tomó
inspiración épica: arrancamos la bandera imperial y emplazamos la bandera
pirata.
Día 14
El fotógrafo a bordo se pasa los días
cabeza abajo admirando el musgo gris con sus mínimas flores negras. Siente que
hace años viene cayendo, cayendo, cayendo como un vino negro en la garganta de
una mujer.
Día 15
Anoche, mientras paseaba por cubierta,
escuchaba el rumor callejero que subía desde el mundo.
Antes de dar mi discurso anduve
revoloteando con mi voz en torno a las palabras pronunciables. Intentaba
penetrar en sus aspectos. En sus brillos y tonalidades. Pero la mujer con
sombrero vino con un papel lleno de palabras mejores: "Llevamos mucho
tiempo transitando otros caminos y hemos perdido el camino de regreso, en caso
de que deseáramos regresar", dije, con el suspiro último.
-Rosario/12.
sábado, 26 de enero de 2013
*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-37410-2013-01-26.html
*
Cada uno tiene un
límite de cosas que puede afrontar. Pero ese límite uno está muy lejos de
conocerlo. Generalmente es más ancho ese límite que el imaginado.
*De Liliana
Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
Desconexiones*
¿Cómo he llegado aquí?
Y ¿Dónde es aquí?
El cartel dice Udaondo, pero eso no
significa nada para mí. A ver, esfuérzate. Trata de recordar.
Estaba… Eso es: Estaba en mi habitación,
leyendo una novela de Murakami, en esa página había algo sobre un gato… Y no
recuerdo más. Debí quedarme dormido. ¿Y he despertado aquí? Eso es imposible.
Piensa un poco más.
El sitio es, evidentemente, una estación de
tren. Pero no recuerdo haber tomado el tren. ¿O sí?
Sí. Ahora me acuerdo. Me había dormido. Y
luego desperté. En mi cama, claro. Y me levanté. Tomé una taza de té. Eso debió
de ser: El té. Tenía algo. Creo que me dormí otra vez.
Pregunto a alguien que tiene toda la pinta
de estar esperando el tren o a alguien que viene en él. Me dice que la estación
se llama Gobernador Udaondo, en honor de algún político de muchos años atrás.
Pero eso no me aclara nada. ¿Por qué estoy aquí?
Alguien vino a visitarme. Recuerdo el
sonido del timbre, la sensación de caminar pesadamente hacia la puerta… Y nada
más.
Sentado en este banco, medito acerca de la
posibilidad de haber sido secuestrado, pero me parece una idea descabellada.
¿Quién iba a querer secuestrarme y por qué? Soy pobre como una rata y no tengo
familia a quien poder pedir un rescate. Un gato (pero ¿es real?) se pasea en
las proximidades del banco y, de vez en cuando, me mira con sus ojos verdes y
ligeramente achinados.
Al abrir la puerta, Gutiérrez estaba allí,
con una sonrisa que se apagó nada más verme. ¿Cómo aún sin vestir?, dijo.
¿Vestirme? Sólo entonces me percaté de que estaba casi desnudo. Pero ¿qué hacía
allí Gutiérrez? ¿Yo le había invitado? Volví a perder la noción de las cosas.
Tal vez el tal Gutiérrez me ha traído aquí,
a Udaondo. Pero ¿con qué objeto? Por otra parte, no hay nadie más en el banco
conmigo. No. Estoy solo. Y el tren no aparece. ¿Por qué me importa eso? ¿Acaso
tengo intención de tomarlo?
Lo siguiente que recuerdo es estar vistiéndome ante el espejo del armario de dos puertas de mi habitación. ¡Qué aspecto tan desastroso! Debía asearme con urgencia. Y tomar algo, un analgésico, porque sentía un leve dolor de cabeza que por experiencia sabía que iría a más.
Una mujer, de unos cuarenta años, vestida
con una elegancia impropia de una estación como esta, camina arriba y abajo del
andén. No parece impaciente. Diríase que sólo está paseando, lo hace por la
zona soleada. Como si no tuviera otra cosa que hacer en el mundo. Me sorprendo
envidiándola.
Cuando salí del baño (ahí adentro debí de
quedarme dormido nuevamente), Gutiérrez había desaparecido. ¿Entonces? Me puse
la americana y me fui (aunque no supiera adónde). En la calle había poco ruido
y eso me sorprendió. Un mendigo se acercó a mí y… ¿qué pasó después?
El jefe de estación mira el reloj. Pienso
que ya debe de estar al llegar el tren. ¿Qué haré entonces? (Y ¿dónde he visto
antes a este gato o uno muy parecido?).
Lo que vino después es raro: Yo iba
caminando por una calle asfaltada y de pronto me vi en otra calle, de tierra.
Los edificios también habían cambiado. A lo lejos se adivinaba una gran ciudad,
pero donde yo estaba era un pueblecito rural, sin duda. Volví a extraviarme.
Escucho el traqueteo del tren, todavía no
se ve, pero ya está cerca. La mujer hace visera con la mano y mira hacia el
oeste. El jefe de estación se acerca a las vías. El gato, de repente, sube de
un salto al banco y me ofrece su cabecita para que lo acaricie. Lo hago y
maúlla, agradecido. Y ese maullido lo escucho más con el corazón que con los
oídos. ¡Ahora lo comprendo todo! Pero, al mismo tiempo, me doy cuenta, con
tristeza, de que tampoco esto importa.
*De Sergio
Borao Llop. sbllop@gmail.com
Zaragoza – España.
-Próxima
estación:
LOMA
VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
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responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
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