miércoles, junio 08, 2011

EL BRILLO DE LOS CABALLOS GALOPANDO SU NOCHE...



-Dibujo: Ray Respall Rojas.



El Plan*


Los 47 habitantes del pueblo organizaron una batida. Era la tercera vez que el hombre lobo había atacado al ganado y de seguir así, pronto comenzaría a atacar a las personas.

El hombre lobo, acosado y perseguido, sin comer en cuatro días, corría ocultándose de la hilera de hombres que con linternas, radios y GPS iban tras él. No era la primera vez que era perseguido pero sabía que debido a que cada vez usaban mejor tecnología, acabarían capturándolo.

Se ocultó bajo los matojos y dejó pasar la marea humana que le perseguía.
Eso no podía continuar. De no actuar sabía con seguridad que se acercaba el final de sus días como hombre lobo. Tenía que urdir un plan.

Se preparó concienzudamente, se entrenó y estuvo un mes sin comer, hizo gimnasia y pesas. La noche escogida se dirigió al pueblo dando un amplio rodeo. Todo estaba tranquilo. Parecía que no le esperaban. Con precisión militar empezó a ir casa por casa ejecutando el plan. Al alba ya había mordido a la totalidad de los habitantes del pueblo.


*De Joan Mateu. joan@cimat.es












Escena de playa*



Erguida, mirando al infinito, va la yegua.
Trotando en la arena junto a su potrillo. Demuestra a su crío como dominar el aire con su estampa briosa, su mágica hermosura.
La dorada y húmeda pelambre irisa la luz del sol.
Dejan las marcas de sus cascos en la arena, que apaga los ritmos de sus trotes.
El mar, muy cerca, levanta sus olas encrespadas para admirar la pareja.
El sol del mediodía ilumina a pleno dejando que sus sombras los acompañe, pisoteada y salpicada de arena.
De pronto algo los asusta y allá van, a todo galope, colas y crines flameantes, rojizos banderines de libertad.
Sentada en una piedra de la playa los miro alejarse con envidia.
Si pudiese largar las muletas y correr en la arena, saltar la espuma, esquivar olas, que también flameen mis cabellos, mi sangre... si tan solo pudiese.



*De Elsa Hufschmid. elsahuf@yahoo.com.ar







EL EXAMEN*


Desensambló pieza por pieza, anotando en su cuaderno la localización. Procedió a reensamblarlas.

Algo no marchaba. Lo desarmó de nuevo y volvió a acoplarlo.

El robot se rascó la cabeza… Tal vez cuando el profesor les entregó el ejemplar vivo para el examen de anatomía humana, no estaba haciendo alusión a un análisis tan exhaustivo.


*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.





La función del cuentista*



El Bajo, madrugada. En el Bar Verde me encuentro con Tusitala, el moreno tamborilero que hace años supo ser cocinero jefe de una tribu de antropófagos reflexivos, en Africa.
-Tengo una historia para usted -me dice Tusitala-. Me la relató un misionero que capturamos en la selva, un tal Spencer Holst, tipo curioso, había aprendido el idioma de los gatos y hablaba con ellos como si fueran personas. La cuestión es que ya estaba por tirarlo a la olla (pensaba prepararlo a la cazadora con papas) cuando dijo que quería contarnos una historia. A la gente de aquella tribu le enloquecían los cuentos. Así que suspendimos todo y lo rodeamos para escucharlo.
-Usted tiene la virtud de despertar inmediatamente mi interés, Tusitala -le digo.
-Resulta que en un tiempo el misionero había andado por Bali. Usted sabe que Bali es un lugar maravilloso, siempre es primavera, todo es verde esmeralda, las mujeres son hermosas y andan con los pechos desnudos y adornadas con colgantes de oro, jade y laca púrpura, y se la pasan bailando al compás del gamelán.
-Siempre logra asombrarme con sus conocimientos, Tusitala.
-Me limito a repetir lo narrado por el misionero. El Radja de Klunckung, príncipe y señor del lugar, había sufrido terribles heridas en la cara, hacía muchos años, a raíz de un incendio en el puri, o sea, el palacio. Sus cicatrices fueron cubiertas con maquillajes y pinturas indelebles. Con el tiempo ya nadie se acordaba de cuál era su verdadero rostro. Rodeaban al principe siete ayudantes cuyas funciones eran dirigir, administrar y alabar.
-¿Alabar a quién?
-Cada día de la semana, por turno, uno de ellos se quedaba junto al príncipe y se dedicaba a halagarle la vanidad. A esa tarea se la llamaba kupiunga, ceremonia de la alabanza. Los consejeros también se encargaban de organizarle diversiones, proveerle los manjares más exquisitos, las mejores bebidas y las mujeres más hermosas.
-¿Mujeres jóvenes?
-Sin duda. Los agasajos mayores los recibía el Radja durante la Galunga, fiesta que comenzaba al sonar de kulkul, duraba quince días y en la cual participaban todos los súbditos. Imagínese que cada ofrenda medía dos metros de altura y se necesitaban tres hombres para levantarla y colocarla sobre las cabezas de las mujeres, que eran las encargadas de transportarlas.
-¿En qué consistían las ofrendas?
-Todo lo que usted se pueda imaginar.
-Piedras preciosas, telas, artesanías, pájaros embalsamados, trofeos, dinero.
-Dinero, no. Porque las kopong, antiguas monedas con su característico agujero cuadrado en el centro, prácticamente habían desaparecido de circulación. Se decía que, en realidad, todas habían ido a parar al bolsillo de los siete consejeros. Una de sus tareas era analizar las ofrendas y parece que acostumbraban ir quedándose con lo más sustancioso para certificar la calidad. Les correspondía a ellos, por ejemplo, comprobar si las niñas destinadas al Radja eran vírgenes.
-No eran tontos esos tipos.
-Resulta que andaba por ahí un actor de mala muerte, que comía salteado y que un día decidió sustituir al Radja. Durante la Galunga, aprovechando que la guardia se había emborrachado por el exceso de tuak, que es un vino de palma, se introdujo en el puri, clavó un kris en el corazón del Radja, lo arrojó a un pozo profundo, después se maquilló adecuadamente y lo reemplazó. Y así comenzó a gozar de la buena vida: comidas de primera, bellas mujeres, regalos y honores.
-¿Nadie lo descubrió?
-Imposible, por lo de la cara deforme.
-¿Y cuando hablaba?
-El Radja siempre había dicho sólo tonterias, así que el actor simplemente se dedicó a imitarlo. Aunque en realidad este asunto del reemplazo venía ocurriendo con bastante frecuencia. Dos por tres surgía algún ambicioso con ingenio que mataba al falso príncipe de turno. Porque el verdadero había sido asesinado y sustituido hacía muchísimo tiempo, después del accidente del fuego. Así que los que le venían sucediendo eran todos impostores.
-¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta?
-Bueno, los siete consejeros si estaban enterados. Sabían de las sustituciones desde el principio.
-¿Y no desenmascaraban a los usurpadores?
-¿Para qué? Ellos, los consejeros, no cambiaban, eran siempre los mismos. La pasaban bárbaro estando donde estaban, digitaban todo y hacían muy buenos negocios. Por lo tanto, como les daba lo mismo quién estuviese en el trono, la cosa siguió así para siempre.
-Lo invito una copa, Tusitala, se la ganó, su relato acaba de iluminarme como una revelación.
-Esa es la función del cuentista, mi amigo.
-Una pregunta: ¿se lo comieron nomás a la cazadora con papas?
-No. Por decisión unánime de la tribu lo dejamos partir y lo despedimos con ovaciones. Ya le dije que a los antropófagos reflexivos les gustaban las buenas historias.



*de Antonio Dal Masetto.





La noche de los caballos como seda*



A la mujer a veces se le encabritaba la mirada.
Era como si un río de caballos negros y sedosos la traspasara en la búsqueda del mar.


Un día se dejó ir desnuda, con pequeños adornos de corales rojos y negros.

Llegó hasta la orilla.

No sabía si seguir o volver a la blandura del sueño.

El cazador de gestos sabe el final.

Sea como sea que termine la historia, a la mujer nadie le quitará de los ojos el brillo de los caballos galopando su noche.



*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar






La voz de Ray*



La voz de Ray Bradbury resuena como eco lejano. La voz de Ray. Recuerdo difuso que aparece en mi memoria, ¿Será un cuento de "El país de octubre”?
No estoy seguro. Mi mirada busca por un momento las calles. El ventanal comunica directamente con una enorme avenida por la que circulan vehículos con sus respectivas bestias clónicas de tiro.
No esta demas aclarar que en este mundo ya no hay combustible fósil, ni sólido ni líquido.
Pero la ciencia logro recrear genéticamente enormes bestias de tiro. Para construir aspecto exterior y propiedades se ha recurrido a formas y nombres de dinosaurios y a los monstruos de la mitología griega. Cada uno de ellos se ha constituido en marca registrada y logo de los grandes monopolios de la industria clónica. Los dinosaurios de mayor porte son utilizados por empresas parar tirar trenes y transportes colectivos. Minotauros para tirar coches individuales. Los Coelophysis conectan el sur y el norte de la ciudad sólo en horario de resplandor diurno.
La ciencia de la bioenergía clónica hizo posible estas bestias de tiro modificadas genéticamente para consumir solo el hidrogeno que extraen y separan del aire o el agua con sus propios organismos, filtrando el aire viciado con sus branquias y produciendo el oxigeno vital para nuestra especie mientras ellos se alimentan y beben de vientos huracanados, lluvias y mares.
El más grande Dinosaurio clónico disponible fue rebautizado como "Dueño del viento" por los habitantes de esta ciudad que producen poesía como principal ocupación globalmente reconocida.
Todos estos hallazgos se iniciaron hace muchos muchos años, cuando el Oil llegó a cotizarse a 6499 petroros por barril, entonces la bioenergia comenzó a ser económicamente viable. El costo de las guerras de ocupación por los recursos naturales se hizo imposible. Esos aviones que recuerdan a sus F18 de última generación no tenían suficiente combustible y el costo de operarlos empezó a ser imposible de obtener aun con guerras de aniquilamiento y colonización.
Atrás pasaron todas las guerras imaginables o no.
La guerra de los bosques y la amazonia.
La guerra de los hielos y el agua.
La guerra por la conquista del fondo del mar
La exploración y conquista de la energía dormida en la fuerza volcánica del centro de la Verne Terrae.

El cielo del ocaso esta definitivamente gris. Cielos grises y huracanados preceden a noches oscuras donde solo brillan los televisores que han sido arrojados encendidos a unas calles que no conducen a ninguna parte. Después de la hora del toque de queda lumínico, el caminante solo puede desprenderse de las penumbras con el brillo de los televisores y el fuego que se desprende de enormes tambores de 200 litros, los mismos que antes llevaban combustible fósil y en los que ahora -al antiguo modo haitiano de supervivencia- los Home Less queman rezagos de papel, ramas secas, sólo cenizas de fuegos del ayer.

Esto pasa, en este año, el 3623 cuando desde cierta confusión entre realidad y virtualidad, les escribo estas improvisadas líneas.



*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
-Copynigh. Permitida la copia y reproducción del presente texto sólo en horario nocturno.







Niebla de junio*



Desdibuja mi ciudad con el dorso
de su mano. Ceniza impalpable
que esfuma los contornos,
arrincona la pena en los zaguanes,
gotea en los aleros, se filtra
en la memoria...

Parece que debajo de esta bruma
nada existiera.
Ni en llovizna se resuelve
su peso de agua que sucede
esta noche de junio.

No tiene identidad ni huella,
semeja el humo final
luego de haber sido hoguera.

Niebla que borra un pueblo.
Cómplice que finalmente
arropa la pena con un vestido de gasa.

Sin duda, es una noche especial
para nostalgias
que llegan indefensas


*De Miryam Seia miryamseia@cablenet.com.ar







Ayer y mañana*


Hoy llueve
llueve desde ayer
desde ayer íntima la lluvia
desde la lluvia hasta quizá mañana
íntimos.


*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar







TU Y YO*



Cuando te veo me inspiras
sin frenos tanta pasión,
que quiero sentirme tuya
en toda la dimensión.
Presiento que con tus besos
y el contacto de tu piel
arderé en mil fuegos fatuos
bebiendo un panal de miel.
Me imagino en una playa
sintiendo el olor del mar
tirados sobre la arena
para querer y soñar.
Los dos solos en el mundo,
yo Eva y tú, mi Adán,
tus manos que me acarician,
y yo en entrega total.
Tener solo por testigo
el cielo, la playa , el mar,
mientras tu cuerpo y el mío
se fusionan para amar.


*De Norma Costanzo. normacostanzo@vocampo.com.ar





Correo:


Te invito a la presentación del libro de poemas

Entredistancias
de mates y habanos

*de Reynaldo García Blanco (Cuba) y Graciela Wider (Argentina)

en “ La Dama de Bollini ” Pje. Bollini 2281, esquina Melo
el viernes 1 de julio entre las 18.30 y las 20,30 hs.



“ … en qué lugar fresco tomaremos cerveza
por dónde caminaremos el río
a qué hora de este año agendo una flor
una escalada
una mirada al viento…”

Graciela



*


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lunes, junio 06, 2011

CON LA BOCA EN LLAMAS...



*ILUSTRACIÓN. RAY RESPALL ROJAS. LA HABANA - CUBA.



El caminar del río*


En su largo y pausado caminar
el río lleva
ruinas de bellezas isleras,
costras de ciudades
pobrezas de pacientes pescadores
remolinos de hojarasca y redes rotas.


Brillan en su cauce
algunas escamas de dorado
saltan plateadas mojarritas.
Ilusiones de oro y plata.
Remolca, en ondular ritmo
verdes camalotales.
Islas flotantes que dejan escapar,
en una curva,
uno de sus integrantes
para luego esperarlos, más abajo,
en un arroyo.
Cantan en sus orillas los poetas.
Rezan por buena pesca
en sus costeros rancheríos.
Usan su fuerza
maldicen sus invasiones.
Y él sigue
en su largo y pausado caminar.


*De Elsa Hufschmid. elsahuf@yahoo.com.ar











LA CASA DE JUAN BURKI*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar



A la casa la recuerdo poco, casi como en sueños, y su imagen es más que nada una sucesión que fui construyendo durante toda la vida.
Estaba al costado del canal hondo en Colonia “La Catalana”, creo. O tal vez no correspondiere exactamente a ella pero vamos –provisoriamente- a decir (si me lo permiten los correctores de recuerdos ajenos) que estaba allí.
Lo que recuerdo es que no tenía nada que ver con todas las construcciones a la que mis escasos años estaban acostumbrados. En las chacras de entonces se levantaban las casas de ladrillos asentados en barro, con techos de chapas, tal vez galería al frente y sobre el mismo techo una sobrecubierta de cañas o mero pasto, es decir alfalfa seca para defenderse de los soles machazos de la pampa.
Pero vi también casas más parecidas a ranchos, con paredes de barro que rodeaban un interior de cañas o palos secos. Y arriba chapa herrumbrosa. Lo demás lo arreglaban los árboles: paraísos, sauces, fresnos o algún sauce llorón para el mate posterior a la siesta.
En cambio esta casa que recuerdo es la última chacra de mi abuelo –la única que conocí ya que en las varias y sucesivas anteriores yo no habitaba este mundo- . Con mi tío “Pancho” diferimos en el recuerdo de esa casa, único testigo de ella que me queda, porque se la llevó un incendio.
Había sido edificada en los últimos años del siglo XIX por uno de los primeros pobladores de la colonia, el alemán don Juan Burki, de generosa y fiel memoria a todos los que conocieron su humanidad, su vocación de servicio.
La casa era maciza y se veía pronto, apenas uno se arrimaba a la tranquera de la cual la separaban un poco más de cien metros, aventuro hoy.
Una galería de arcadas amplias, una balaustrada de ladrillos y mármol y los grandes baldosones rojos del piso eran una invitación a la frescura, ya que en el frente, es decir delante de esa galería no recuerdo ningún árbol. Había y muchos, pero estaban en los patios traseros donde reinaba un inmenso molino que proveía de agua no sólo a la sed de la hacienda y la caballada (que era numerosa en ese tiempo porque no había llegado la mecanización rural) y tenía además cañerías de plomo que la proveían a toda la casa, en especial a la cocina y al baño.
Es probable que alguna vez nos hayamos quedado a dormir, porque recuerdo un alba luminosa y el ruido de un tropel desprolijo de caballos que uno de mis tíos había ido a los hondos potreros a buscarlos con el “nochero” que permanecía atado a un palanque para tal función.
Recuerdo o creo recordar mis pasos vacilantes de sueño que entraban a esa gran cocina donde dominaba esa inmensa “cocina económica” Nº 3 de hierro fundido donde ya la leche espumosa era entibiada por las manos hacendosas de mi abuela, quien me la serviría pronto en esos inmensos tazones sin asa que mi recuerdo retuvo como el utensilio usado en toda chacra que se preciara de tal. Unas cucharadas de cacao o café para acompañar el sabroso pan casero, esa generosa rodaja con esa manteca también casera que mi paladar extravió para siempre, ya que nunca más comí nada igual.
Para el tiempo de mi relato no sé si el campo pertenecía a don Juan Burki (que no conocí) o a su familia. Pero mi padre siempre se refería cuando hablaba de ese tiempo:”Cuando el viejo Isaías estaba en la chacra de Burki”. El viejo Isaías es obvio, era mi abuelo, pero él se refería como a un tercero, como si no fuese el padre.
Para el caso es lo mismo porque mi familia nunca tuvo un mísero palmo de tierra a su nombre. Al campo sólo lo sufrieron y todos debieron emigrar en busca de mejores horizontes.
Lo cierto que esa casa sobresale como un promontorio de mi memoria por su solidez y su belleza, y cuando la recuerdo viene a mi mente los comentarios de mi hermano: los alemanes adonde iban se procuraban las mínimas comodidades que traían de sus pueblos o lugares de origen.
Otra de las imágenes más remotas, que tengo, porque de ese campo mi abuelo se debió ir cuando yo no pasaba los cuatros años, es una tarde en que mis dos tíos menores –Eduardo y Aurelio- aún estaban con el viejo. Me llevaron a pasear por el campo, caminando (o tal vez me hayan llevado a cococho) pero yo me veo caminando con ellos por el canal, que estaba lejos de la casa y que desaguaba la inundaciones de la Colonia. Para el tiempo de mi relato estaba seco, podríamos andar cómodamente por su cauce.
De pronto, Aurelio, el “Rubio” como todos le decíamos, se fue hasta el costado barrancoso y metió una mano en una especie de hueco que él mismo había cavado allí y sacó una pelota de trapo, me la mostró y la volvió a guardar. Hoy colijo que la había escondido allí porque mi abuelo les destruía todo lo que fueran distracciones que los alejaran del trabajo. Y mis tíos menores eran en ese tiempo, dos machachones llenos de vida y de inocencia campesinas.
Cuando regresábamos vimos una muchacha morena, de vestido rojo, de grandes ojos negros que nos estaba mirando parada en la barranca.
Cambió algunas palabras con Aurelio y seguimos.
-Es la novia de aquél, dijo señalándolo con picardía.
El “Ñato” iba unos metros delante nuestro y no dijo nada.
Pero cuando llegamos al puente y estábamos subiendo le miré los ojos y los tenía turbados. Estaba con el rostro granate de vergüenza y mi otro tío, el más chico, el “Rubio” largó una gran carcajada que se perdió sin gloria entre los altos pastizales de los costados del camino.






LA LOTERÍA DE LOS MILLONES*


- Me parece que no juegan ni un poco limpio -empezó Alicia en tono quejumbroso -, y se pelean de un modo tan terrible que no hay quien se entienda, y no parece que haya reglas ningunas... Y, si las hay, nadie hace caso de ellas.

Alicia en el País de las Maravillas
Lewis Carroll



“La idea me surgió cuando comencé a recibir correos diciéndome que había sido ganadora de una misteriosa lotería sin siquiera haber participado en ella. Pregunté cómo era posible y me dijeron que seleccionaban una dirección al azar y la premiaban. Llegó un momento en que fui ganadora nada menos que de diez millones. ¿Se lo imaginan? ¡Diez millones!

¿Quién no se ilusiona con eso?

Pero estoy acostumbrada a desconfiar. Hice mi pequeña búsqueda y descubrí que hay foros de los timados por la famosa lotería, una especie de grupo de apoyo… Conocer a otros hace que duela menos. Esto fue lo que me explicaron: piden que abras una cuenta bancaria a su nombre, un depósito pequeño, entre 50 y 150 euros... ¿Qué es esto comparado con los millones que estás a punto de recibir? Caes en la trampa, depositas el dinero… y nunca más sabes de ellos.

Son incapturables, no hay robo, ¡no te forzaron a nada! No hay a quien denunciar, y la vergüenza de saberse víctimas de esa cruel inocentada hace que nadie desee siquiera mencionar el hecho. Si multiplican esa gotita de dinero por los timados de cada mes, verán qué negocio tan redondo tienen montado.

Ahí fue cuando pensé: Voy a vender boletos al paraíso… si funciona, me hago millonaria. Como soy una persona de principios, no timaré a nadie: les digo que Dios los ama y los espera con las puertas abiertas, que si son buenos, honrados, leales, si no dañan al prójimo, creen en lo mejor del hombre y luchan por ello… si lo ponen por escrito en un contrato que les enviaré a su buzón electrónico, les daré el derecho a comprarme el boleto. Una suma irrisoria si se tienen en cuenta los enormes beneficios... El contrato puede ser roto por incumplimiento de ambas partes, o por expresa voluntad del contrayente. Pero algo les puedo jurar, si lo siguen al pie de la letra: Cuando mueran irán al cielo.

No es un timo, Su Señoría, no sé por qué se me acusa. Otros lo hicieron antes que yo… Es cierto, aporté la idea de los boletos, pero el mundo cambia, ya no valen los milagros; si no vendemos algo, no nos creen”.

El Magistrado frunció el entrecejo, mirándola fijamente.

- ¿Algo más que alegar en su autodefensa?
- Pues sí – respondió ella tímidamente -, es cierto que me hice millonaria, no pensé que tantos fueran a responder, pero creo que todos los que firmaron están aquí, presenciando el juicio, ¡y eso es mucho más de lo que pudiera decir cualquier abogado a mi favor!

El Juez paseó la vista por la concurrida audiencia.

- No estoy a tu favor, pero tampoco puedo fallar en contra… ¡Hace milenios que no tenía tantas almas frescas en el Paraíso! – tuvo que echarse a reír – ¡Mis caminos son realmente inescrutables!

Miró de nuevo a la vendedora de boletos.

- Pero escúchame bien: Si renaces, ¡no se ocurra repetir la idea!



*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.




*


Jaguar en llamas,

en pez, en pájaro,

en seda, en batallas.

Felino, fauces, lana, telar, arabescos.

Hembra-macho.


fiesta oscuro-clara de América


desde el mar Maya hasta los Andes,

jaguar, vasija, arte

nace de la sangre de los torturados

de los muertos

serpiente con plumas que recorre la tierra

la alisa del dolor


le entrega entre sus dientes furiosos de humillado

los mitos, las historias.

Con la boca llena de flores y de peces
con la boca abierta

con la boca en llamas,

Contemos la insumisa

historia de América

que todavía cuenta.



*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar






Vida trágica de un anarquista*


En el ciclo Del Derecho y del Revés de las letras en tiempos de oscuridad, se hará el acto el próximo martes a las 20.


Por Laura Capella*


Nunca tan cierto el dicho referido a que la realidad supera la ficción. Esta es una de las fuertes impresiones que nos asaltan al leer el libro del médico psiquiatra y docente universitario Alfonso Carofile, ex alienista, como le gusta llamarse a él. El endemoniado Esteban Lucich, tal el título de su libro, habla de las peripecias trágicas de la vida de este hombre que nace en los confines de la Mittel Europa, frontera sur del Imperio Austro húngaro en 1887 y muere en Buenos Aires, Pabellón de Presos del Hospicio de las Mercedes (actual Hospital Borda) en 1955, tras haber pasado los últimos 35 años de su vida en cárceles y hospicios. De un extremo al otro del mundo Lucich padeció en su cuerpo y en su subjetividad ("torcidas" al decir del discurso médico de principios del siglo XX) los estigmas, las injusticias y los tormentos que los que ejercían el poder, tenían perfectamente preparado para practicar lo que Foucault tan bien definió en Vigilar y castigar.
Escrito en clave foucaultiana, entre el relato policial y el ensayo, El endemoniado nos conduce por una historia en la que se tejen crímenes y venganzas que nos dejan azorados.
Como en los mejores folletines, un obrero anarquista partícipe, cuando adolescente, de la Semana Trágica, enloquecido de amor y devenido asesino de un médico abusador de su amada, internado en el Hospicio de las Mercedes, se encuentra con Pérez Millán Temperley, integrante de la Liga Patriótica, asesino del "vengador de la Patagonia trágica": Kurt Wilckens. Millán Temperley primero estuvo preso y luego --con el mismo diagnostico que Lucich: "Delirio sistematizado de persecución de los degenerados"--, es derivado al mismo pabellón que el loco ácrata. Un par de movidas de piezas desemboca en otro asesinato, que no será el último de esta zaga.
Alfonso Carofile llega a esta estremecedora historia adentrándose en una jungla real, una maraña de yuyos que tapaban este viejo pabellón abandonado en el actual Hospital Neuropsiquiátrico Borda. Al despejar el camino y poder entrar a ese sitio se encontraron con las historias clínicas de aquella época. Investigaciones, diarios, etc. arman el relato que Carofile nos ofrece, en una edición de Milena Casserola, serie Leer y Psicoanalizar.
Como dice parte de su gacetilla de prensa: A lo largo de sus 160 páginas con referencias fotográficas de la época, el lector se adentra en la pato grafía del "temible" Lucich, descubriendo insólitas relaciones en su accionar delirante. Lógica delirante, lucidez, que hacen decir a un profesor que lo interroga: "Lucich, más que producto de la desgracia, es la Desgracia misma".
La obra puede servir de texto o referencia a los alumnos de las carreras de grado como para profesionales del campo de la salud mental y de otras disciplinas conexas. En un momento de crisis de la clínica y de las disciplinas culturales, donde el sufrimiento se ha transformado en un "sufrimiento nomenclado", a través de escalas y manuales planetarios, es bueno rescatar las pequeñas historias. Aunque sean, las de este criminal psicótico, las pequeñas historias que dejan el sabor amargo, la sospecha que en el subsuelo, de una época floreciente y almibarada, está latente una parte oscura, qué esconde el temible "huevo de la serpiente".
El próximo martes 7, a las 20, en el Ciclo "Del derecho y del revés de letras de tiempos de oscuridad", se presentará el libro con la presencia del autor y de Carlos Solero, docente de la Facultad y licenciado en Ciencias Políticas de la UNR.


*Psicoanalista, creadora y coordinadora del Ciclo Del derecho y del revés, declarado de Interés Municipal por el Honorable Concejo Deliberante.


-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-28933-2011-06-02.html






Los marxistas románticos*


*Por Laura Ramos. cuadernosprivados@gmail.com
Cuadernos privados


No reflexioné sobre el parecido físico entre León Trotsky y Walter Benjamin hasta hace unos días, en que encontré una foto de mi padre junto a la lápida de Trotsky en su casa de Coyoacán, en México (todas, todas las editoriales fracasadas de mis padres se llamaban Coyoacán). Entonces pensé en el rostro de Benjamin. Benjamin era un poco más grueso y apacible; Lev Davidovich tenía la delgadez propia de los temperamentos insomnes, pero ambos se parecían.
El asesinato de Trotsky, su exilio en Alma Ata y en la isla de Prinkipo, la genealogía trotskista en un sentido general formaba parte de mi propia genealogía, su épica era la figura misma de la tragedia para mi familia: él era mi medida de lo artístico, en cierta forma, porque su muerte fue más que nada literaria para mí. Nos gustaba referirnos a Trotsky haciendo juegos de palabras con el título de unos tomos que mi madre me dio para leer cuando yo tenía catorce años: El profeta armado, El profeta desarmado, El profeta desterrado (Isaac Deustscher).
El primer atentado contra su vida fue llevado a cabo por el infame y detestado y extraordinario muralista David Alfaro Siqueiros. En la madrugada del 24 de mayo de 1940, un comando de 20 hombres armados logró ingresar en la casa. Los asesinos tiraron cerca de cuatrocientos tiros; el propio Siqueiros disparó contra el lecho donde dormían Trotsky y Natasha Sedova, su mítica compañera (mi hermana lleva su nombre). Pero no lograron asesinarlos, porque ambos se pertrecharon en la oscuridad, junto a una pared, al lado de su cama. Yo misma vi los agujeros de bala en el dormitorio, esos boquetes que conforman el mural más político de Siqueiros.
Tres meses después, el joven Jacques Mornard (el sólo hecho de escribir su nombre me produce un rictus amargo en la boca, una repulsión física involuntaria cuyo origen se remota con toda evidencia a la infancia, como un caso clásico de histeria de Sigmund Freud) entró en el despacho de Trotsky a mostrarle unos escritos. Mornard, novio de una de las secretarias de Trotsky, Sylvia Ageloff, era el alias del agente estalinista Ramón Mercader del Río. Había logrado acceder al círculo de confianza de Trotsky luego de varios meses de una relación tejida como una araña teje su tela. El hecho de que el futuro asesino le haya regalado bombones a Natasha alimenta mi pesadilla de la ponzoña de la araña, como si esos bombones ya estuvieran anticipando el veneno. La decisión de Joseph Losey de colocar en el papel de Ramón Mercader a Alain Delon ( El asesinato de Trotsky , año 1972) me parece una decisión perversa e interesante: algo de la belleza de Delon esconde al traidor (me inquieta mucho la naturaleza de la belleza).
Pues bien, la policía secreta soviética le había ofrecido medio millón de dólares a Mercader. Esa mañana del 20 de agosto su madre, otra agente estalinista, lo esperaba dentro de un auto, en la puerta. Trotsky se acercó a la ventana para leer el manuscrito y en ese instante Mercader le descargó un golpe de pica en la cabeza. Mi profeta desarmado murió un hospital de la cruz verde doce horas más tarde. Esa pica, enrojecida por su sangre, modificó para siempre la iconografía del martillo y la hoz que yo tantas veces había dibujado en mi diario, junto a unas preciosas figuritas de rosas con brillantina.
Walter Benjamin, el marxista judío más peculiar de la historia según Hannah Arendt, murió en un hotel en el pueblo catalán de Portbou un mes después de la muerte de Trotsky. Había cruzado a pie los Pirineos desde Francia, junto con un grupo de refugiados que huían de la invasión nazi. Apenas llegaron al hotel, fueron arrestados por la Guardia Civil. A la mañana siguiente, cuando la guardia volvió para llevarlos al tren que los devolvería a Francia, lo encontró muerto. Según Henny Gurland, que formó parte del grupo, Benjamin se dio una sobredosis de morfina. Estaba preparado para quitarse la vida en caso de peligro desde mucho antes (le había obsequiado media ración de pastillas suicidas al escritor húngaro Arthur Koestler, cuyo libro La espuma de la tierra , que cuenta sus desventuras en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, también me regaló mi madre. Lo dejé por Una guirnalda de flores , de Louisa May Alcott).
El manuscrito que contenía los últimos trabajos de Benjamin se extravió en Portbou. Él era un marxista romántico. Su crítica a la noción de progreso del marxismo debía resultar insoportable para el estalinismo. ¿Qué contenía ese manuscrito perdido? De ese interrogante surgió la hipótesis que sugiere que pudo haber sido asesinado por agentes de la KGB. En su artículo “La misteriosa muerte de Walter Benjamin” en el Weekly Standard , el periodista Stephen Schwartz denuncia la acción de los agentes de la policía secreta soviética que se infiltraban en España para ejecutar a anarquistas disidentes. El artículo de Schwartz, increíblemente, reescribe las historias de agentes dobles, conspiraciones y crímenes estalinistas que mis padres me contaban cuando yo era una niña.



*Fuente: http://www.clarin.com/ciudades/marxistas-romanticos_0_493750764.html








Despegar*


Procediendo de la noche
tenue
la vida

Gasas
mortecinas
en rasgadas
hebras

Parpadea

Se agita.


*De Ana Romano. romano.ana2010@gmail.com






Correo:



CICLO: "Del derecho y del reves de letras en tiempos de oscuridad”*


CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA
San Martin 1080 –Plaza Montenegro- 2000 Rosario
CICLO 2011
Declarado de interes Municipal por el Honorable Concejo Deliberante


JUNIO

Vosotros, que surgireis del marasmo /en el que nosotros nos hemos hundido,
cuando hableis de nuestras debilidades, /pensad también en los tiempos sombrios
de los que os habeis escapado...
A los hombres futuros, Bertolt Brecht


Martes 07/06 /20:00

“El endemoniado Esteban Lucich”, o lo que se puede leerse en viejas historias clinicas.
Presentacion del libro.
Dr. Alfonso Carofile, medico psiquiatra y docente universitario, ex alienista Hospital Borda., autor del libro y Carlos Solero, Lic. en Ciencias Politicas, docente de la UNR
Escrito en clave foucoultiana, entre el relato policial y el ensayo, “El endemoniado…” nos conduce por una historia en la que se tejen crimenes y venganzas que nos dejan azorados.
Cómo en los mejores folletines un obrero anarquista participe, cuando adolescente, de la Semana Tragica, enloquecido de amor y devenido asesino de un médico presunto abusador de su amada, internado en el Hospicio de las Mercedes, se encuentra con Perez Millan Temperley, integrante de la Liga Patriotica, asesino del “vengador de la Patagonia tragica”: Kurt Wilckens. Millan Temperley primero preso y luego, con el mismo diagnostico que Lucich: “Delirio sistematizado de persecucion de los degenerados”, es derivado al mismo pabellon que el loco acrata. Un par de movidas de piezas desemboca en otro asesinato, que no sera el ultimo de esta zaga. Carofile llega a esta estremecedora historia adentrandose en una jungla real, una maraña de yuyos que tapaban este viejo pabellon abandonado en el actual Hospital Neuropsiquiatrico Borda. Al despejar el camino y entrar a ese sitio se encontraron con las historias clinicas de aquella epoca. Investigaciones, diarios, etc. arman el relato que Carofile nos ofrece, en una edicion de Milena Casserola, serie Leer y Psicoanalizar.


Martes 14 /06/20:00
“Las cartas paulinas de la cautividad: memoria y esperanza para un mundo en crisis. Las Cartas de la Cautividad : historia, exégesis y teología del pensamiento paulino”. Oscar Lupori: Profesor de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, de la Facultad de Derecho de la UNR y Coordinador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) – Regional Rosario.
Este día y el siguiente martes se pretendera recuperar mediante la reflexion comunitaria, la relevancia que tiene en la actualidad el pensamiento semitico en general y el paulino en particular, para pensar una nueva configuracion de la critica social y academica hacia el sistema-mundo existente, partiendo de la relectura teologica y filosofica de un segmento del corpus paulino en nuestro presente contexto economico, social y politico.


Martes 21/06 /20:00
“Las cartas paulinas de la cautividad: memoria y esperanza para un mundo en crisis. Liberacion y Alteridad: la teologia politica de San Pablo y su relevancia para America Latina hoy”. Luis Vasquez: Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Politica (UNR) y miembro del Movimiento Ecumenico por los Derechos Humanos (MEDH) – Regional Rosario.


Martes 28/06 /20:00
“Nazismo y el Caso Martin Heidegger. Correspondencias con Herbert Marcuse y Hannah Arendt”
Lic. Adriana Paloma, Licenciada en Filosofia, docente del Seminario de Pre-Grado del Ciclo Superior "Martìn Heidegger y Herbert Marcuse: controversias sobre el nazismo" y de las catedras Epistemologia, Filosofìa de la Facultad de Psicologia UNR y Nadia Davidovich, estudiante de psicologia.
Martin Heidegger fue, segun muchos, el más grande filosofo del siglo XX. Discipulo de Husserl, influyo desde su vasta produccion filosofica existencialista en Sartre, Lacan, Gadamer, Derrida y muchos otros. Hoy en dia su lectura es ineludible en el estudio de la filosofia contemporanea, a pesar de que, sin embargo, se silencia en general uno de los puntos mas controvertidos de su vida y de su obra: su adhesion al Nacionalsocialismo. ¿Podemos separar el “hombre Heidegger” del “filosofo Heidegger”, su filosofia de su politica? ¿Fue su experiencia en el Partido Nazi un simple “error”, como señala su discipula y amante Hannah Arendt, perseguida y exiliada por su origen judio? ¿Cómo entendemos el mutismo de Heidegger, hasta el final de sus dias, respecto del horror de los campos de exterminio? La intencion sera, al decir de Maurice Blanchot, “poner en cuestion” a este intelectual, rastrear las “complicidades mudas” sobre el “caso Martin Heidegger” desde las correspondencias del filosofo con Hannah Arendt y con Herbert Marcuse.


-Creacion y coordinacion del ciclo: Ps. Laura Capella, psicoanalista
Martes 20 hs. Sala “C”
Entrada libre y gratuita
Se entregan certificados con el 75% de asistencia
Consultas: delderechoreves@yahoo.com.ar
Blog: http://delderechoreves.com.ar
Cuenta facebook: Ciclo Delderechoreves
Auspician:
· Facultad de Psicología, UNR
· Colegio de Psicólogos de la Prov. de Santa Fe, 2da Circ. y su Foro en Defensa de los Derechos Humanos (FODEHUPSI)
· CEIDH (Centro de Estudios e Investigación en Derechos Humanos-Facultad de Derecho. UNR)
· IPF (Instituto de Investigaciones en Cs. Sociales, Ética y Prácticas alternativas "Paulo Freire" - Facultad de Derecho. UNR.)
CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA


*Laura Capella. elecapella@yahoo.com.ar
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sábado, junio 04, 2011

ESA PIEZA QUE OS FALTA...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




PEQUEÑA HISTORIA DE AMOR*




*Por Celso H Agretti celsoagr@trcnet.com.ar




I


Seguramente en los años cincuenta, Salta ya era “La Linda”, con sus cerros pintorescos tan vestidos de verde, rodeando la ciudad; sus caminos de cornisa donde uno suele humedecerse de nubes, ver los valles ondulados con aquellas vaquitas diminutas como pintadas, pastando; y saliendo de una curva angustiosa los reflejos de un prístino lago, con un dique de juguete.
Entonces ya, como siempre ha sido, el tierno corazón de una colegiala ensaya atropelladamente los primeros escarceos, de un galope estremecedor en un inmaculado pecho infantil, prendado de un primer amor. Amor que nace con la ilusión de ser amada, un amor que nace como un juego que casi no se puede ocultar, y al compartirlo parece que se agranda, que ocupa todo el mundo.
Eso le pasó a la pequeña Paola, aunque podría ser, o quizás era, a cualquiera de las demás de esa escuela, y de todas las escuelas del mundo; pero sucede que por esto que relato, aquello tan común e inevitable, pasó a trascender en el tiempo de este modo.
Podríamos decir que son cosas de chicos, que es un juego inocente que más o menos nos tocó a todos; pero para las monjas que regían el colegio de varones y niñas anexo a la basílica franciscana de la capital salteña, esas cosas eran censurables e impropias de niñas o niños de bien. Sería una travesura coquetear o presumir, y era posible que el objeto del deseo nunca llegara a enterarse, que no pasara de una sospecha pero aún así, no dejaba de henchir el pecho del elegido. Pero la aventura debía mantenerse sin que las celadoras lo advirtieran. Un caída de ojos, una mirada, una sonrisa; que a esa edad los varones, más lentos en estos lances, no terminaban de interpretar; por eso ellas en sus cabildeos, entre risas y secretitos se decían que los pobres eran unos “babiecas”.
Roberto, de quinto grado, no se daba por enterado, y Paola de cuarto, recurría a su grupito de íntimas para pergeñar nuevas estrategias, ya que al estar ellas en cuarto, sólo compartían el recreo, y siempre rigurosamente sobrevoladas por las miradas vigilantes; por lo que todo debía hacerse con el mayor disimulo.
Así que un día, en el aula, durante una aburridísima clase de historia, mientras el almirante Brown disparaba sus cañones en el Río de la Plata; Paola escribió una pequeña esquela de amor, arrebolada y temblorosa, muy lejos ella de la encendida batalla de nuestro máximo héroe naval, soñando más bien, en la hazaña que planeaban ellas: que una del grupito le alcanzara de sorpresa al desprevenido Roberto, aquellos dos renglones en los que confiaba que la advirtiera, que al fin él se avivara de una buena vez… y desde lejos, ver anhelante qué iría a hacer aquel encumbrado príncipe; seguramente la buscaría con la mirada hasta encontrarla, descubrirla, fijarse en ella, y seguramente, sonreírle amorosamente…




II


De esto y de lo que sigue lo conocimos mi mujer y ya por boca del antiguo sacristán de la esplendorosa basílica de San Francisco en la zona histórica de la ciudad, en una pletórica visita turística. Este hombre, no supimos nunca nosotros por qué estaba tan dispuesto aquella mañana, mientras nos guiaba por el suntuoso templo, uno de los verdaderos altares de nuestra historia; en la que se entrelaza con la campaña del general Belgrano, donde tras aquella gloriosa batalla, funden las campanas con el bronce de sus cañones, dejándole con fervor a Salta un legado y testimonio de su gran victoria. Campanas que suenan en el alto y pintoresco campanil, que tanto luce al frente en el conjunto barroco colonial del emblemático templo franciscano, de marcados tonos que remarcan sus elegantes líneas, volutas y ornamentos, propios de principios del siglo diecinueve.
En la sacristía, en el centro de una enorme sala, hay una mesa de grandes dimensiones, e inamovible, como enclavada; ya que luce un pesadísimo y grueso mármol que admitiría fácilmente veinte personas sentadas a su alrededor, traída de Europa durante la colonia y de Panamá bajada por el Alto Perú a lomo de mulas, y asentada en seis gruesas patas redondas, también de mármol…
Y este escenario, y por esta preciosa mesa, se desató el relato de la historia de la
notita de amor que Roberto nunca llegó a leer. O casi…
­_Ah..¡Sí! Ustedes no saben que pasó con aquel papelito que tenía grabados dos renglones de ansiosas palabras de amor inmaculado y juvenil…_
_¿En dónde habíamos quedado?..._



III

Roberto permanecía un poco retraído, casi apartado, ya que se sentía grandecito, como que ya ciertos juegos no le atraían tanto, y quizás un poco distinto a los demás. En eso una de las compañeritas de Paola se le acerca rozándolo y tratando de poner en su mano el mensaje. Como él no estaba atento, ella tuvo que insistir, haciéndolo más evidente… y ¡Zácate!... Cuando Dios no quiere… Una de las monjas estaba a pocos pasos y de reojo vio algo, y como si hubiera visto al mismísimo diablo, saltó como un resorte, gesticulando a voz en cuello, tratando de obtener aquel objeto que ya era al menos obsceno. Otras monjas corrieron en su auxilio, gritando también aunque no sabían qué ocurría… Pero Roberto, ya con el papelito se largó a correr, escurridizo como un mono por aquel patio de juegos, se metió en la sacristía y en dos segundos estaba escondido bajo la mesa. Sentía afuera el barullo del revuelo, donde todos se agitaban sin saber qué pasaba.
Vio que entre la pata y la mesada de grueso mármol había un intersticio, y apurado metió la notita tan doblada como se la dieron, y la introdujo hasta que desapareció allí escondido, el cuerpo del delito. Luego salió a enfrentar a la Santa Inquisición. Hubo amonestaciones, suspensiones y notas a los padres; las más severas a las niñas partícipes del delito. Salvo muy pocos aquel día, los demás imaginaron cosas, o las mal interpretaron; los colegiales llevaron el tema a sus casas y la cosa de pequeña pasó a crecer y a deformarse; las madres estaban horrorizadas, y la ciudad misma terminó escandalizándose de las vejaciones y quizás violaciones que impidieron las santas monjas del prestigioso colegio. La moral misma de algunas familias se mancillaba en voz baja en las tertulias y en las casas.
Tras aquel bochorno, Paola fue llevada por una tía a Córdoba, donde continuó sus estudios, fue desvinculándose de su ciudad natal, y casi no se supo más de ella.
Roberto pasado el revuelo volvió furtivamente bajo su mesa a buscar la nota, pero no pudo sacarla, por más que tratara. Otro día volvió con un estilete y otros enseres para recuperar la notita, pero al insistir sólo consiguió empujarla más profundamente en la ranura; y alzar la mesa, imposible, ni él ni diez como él… Más adelante también la vida lo llevó a él a vivir muy lejos de su Salta natal…
Pasaron décadas, al menos cinco; y Roberto pudo volver ya hecho un hombre grande y lleno de recuerdos. Nunca olvidó aquella esquela, y pensaba en que mientras envejecía con distintos logros, aquel papelito, quizá amarillento, estaría allí como esperándolo.
Tras los permisos de rigor, y con la ayuda suficiente pudo mover el pesado mármol, alzándolo tan sólo un par de centímetros, y él mismo con sus propios dedos obtuvo tras tanto tiempo, el pequeño trozo de papel, y leer por fin aquellas palabras de amor que tan ilusionada y temblorosa había escrito Paola, aquel lejano día, más de cincuenta años atrás…
Quienes estaban con él en la espaciosa sacristía, asistieron a la emocionada estampa de un rostro compungido, enmarcado por blancos cabellos, de blandas majillas, donde bajaron por un instante, dos gruesas y temblorosas lágrimas, y un hondo e imperceptible suspiro, fue el preludio de un largo y profundo silencio…
Yo me había transportado siguiendo el relato del afable sacristán, tan ensimismado, que también sentí mis ojos humedecidos y en el pecho el corazón como que se me derretía lentamente…
_¡Oh Dios!..._ exclamó, mirando alarmado su reloj, y llevándose una mano a la frente, como asustado…_¡Las doce y quince!..., ¡Y yo no toqué las campanas de las doce!..._ y agregó: _¡Sólo me había pasado una vez en treinta años!!!_
Y se fue presuroso a su repique de campanadas de aquel medio día, en que se retrasaron quince minutos… ¡Por una pequeña notita escrita por una jovencita enamorada, hace más de cincuentas años!



-Celso H Agretti
Avellaneda, Santa Fe; 31/05/2011









EL ANCHO MUNDO*


No duermas, la lluvia nunca cesa. No hay paz ni vuelo perfecto.

Breve Introducción a la Nada
José Luis Fariñas



La vieja señora trajo una avecilla nueva, en jaula nueva. La colgó en la sala, junto al perico. La recién llegada no cesaba de revolotear de un extremo a otro, intentando pasar la cabeza entre los barrotes.

- Deja de hacerlo – le aconsejó el perico -, no lograrás sino hacerte daño. Sólo lo salvajes pudieran tener semejante reacción y ya no lo eres, ahora eres un ave atendida por los humanos.
- ¿Humanos? – preguntó asustada el avecilla.

El perico señaló la puerta por donde había desaparecido la vieja señora.

- Son los que se encargan de alimentarnos, cambiarnos el agua, limpiarnos la casa, colocarnos bajo una bombilla cuando hay frío, cubrirnos con mantas para protegernos de las corrientes... ¡Qué fuera de nosotros sin ellos!... Excelentes sirvientes, con tal que no les picotees los dedos, eso lo aprendí de mis padres, pericos con pedigrí, en la tienda de mascotas donde rompí el huevo.

Su interlocutora no lo sabía, pero debería estar orgullosa de que el perico le dirigiera la palabra. Era un ave de alcurnia, con certificado de nacimiento, mientras ella era una vagabunda.

- ¡No quiero nada de eso! – insistió, golpeándose la cabeza contra los barrotes – ¡Tengo todo lo que necesito en el ancho mundo!
- ¿Más ancho que éste? – el perico señaló su jaula, algo más amplia.

Los ojos del avecilla comenzaron a mirar hacia dentro…

- En el ancho mundo, si tienes sed, vuelas hacia la cascada, no hay agua tan fresca y cantarina… Si hay corrientes de aire, tu árbol te abraza con sus ramas… Si tienes frío, buscas el sol; cuando se va, tenemos la luna… Nos cuidamos unos a otros, volamos a tierras lejanas, sobre el gran azul. Lo hermoso de ser libre es volar…
- ¿Vas a comparar ese sinsentido con nuestra cómoda vida? – el perico señaló su pozuelo - ¿Qué me dices de la alimentación?
- Si tienes hambre solo tienes que mirar a tu alrededor, siempre habrá semillas, frutas, insectos, gusanillos…
- ¡Puaf! – volteó el rostro el perico - ¡Eso último suena asqueroso! No seas malagradecida, vamos, bendice tu buena suerte.

El avecilla guardó la cabeza bajo el ala.

- ¡Qué mal educada es la plebe! – concluyó el perico y decidió no dirigirle más la palabra.

Amaneció muerta, no resistió el cautiverio.

- ¡Lástima de cena desperdiciada! – dijo su vecino cuando la humana arrojó al cesto las semillas sin tocar.

Pero la vieja señora no estaba tan sola como parecía, su única compañía no era el loro. Entre sus macetas anidaba una araña, se paseaba un caracol, se había acomodado una mosca y estaba posada una mariposita gris.

Todos habían escuchado el diálogo del día anterior. Y ¿qué decir? Todos ansiaban conocer “ese mundo”. A pesar de las protestas y consejos del perico, acordaron reencontrarse a una hora y partieron, con el alma llena de esperanzas. El ave los miraba con desdén, ni siquiera sentía curiosidad.

- ¡Pamplinas, puras pamplinas! – les gritó.

Pasadas varias horas regresaron los expedicionarios.

- ¡He visto el sol! – dijo la mariposita - Es soberbio, ejercía sobre mí una atracción hipnótica. Una de mi especie se me adelantó, voló hacia él y… fue algo indescriptible, ¡por unos instantes tuvo luz propia! De repente, el sol se apagó, esperé, pero no vi salir la luna; me hubiera gustado conocerla, mas se hacía tarde para la cita.

Había visto una simple bombilla, pero no lo sabía.

- Yo fui en busca del agua, ¡encontré la gran cascada! – dijo la mosca - Manaba desde lo alto, cantarina, transparente. Iba a probar su frescura, mas se agotaba mi tiempo y no quería dejarlos esperando.

Había volado hasta el grifo del lavamanos, para ello tuvo que cruzar la sala y el cuarto, fue quien más lejos llegó, pero no lo sabía.

- ¡Yo llegué hasta el fin del mundo! – dijo el caracol – Nada se le compara. Hubiera quedado sumergido en su contemplación, ¡era tan inaudita su mera existencia! Regresé porque había dado mi palabra.
- ¿Y cómo es, cómo, cómo? – preguntaron los otros viajeros.
- Tal como dijo el ave, ¡es el gran azul! Se alzaba ante mí, alto, recto, totalitario… Abarca lo que la vista puede alcanzar, no importa en qué dirección moviera mis ojos, ahí estaba.
- ¡Ah…! – suspiraron fascinados los demás.

Había llegado hasta la pared opuesta de la sala, pero no lo sabía. Habló entonces la araña.

- Pues yo logré balancearme hasta que llegué a un mundo paralelo.
- ¿Cómo? – dijo el caracol - ¿No termina el mundo en el gran azul?
- ¡Es posible que termine el mundo, pero no la realidad! – la araña, además de poeta, era filósofa – No estamos solos en el universo, hay otros mundos, infinitas realidades, hubiera dado cualquier cosa por contactarlos… Mas, estaba la promesa de regresar, siempre cumplo mis promesas.

Había viajado hasta la tendedera llena de ropa lavada, pero no lo sabía.

- ¡Tontos de remate! – se erizó el perico - ¡Eso es lo que sois! Vuestra vida es corta y la desperdiciáis en estúpidas aventuras.
- Tal vez no nos quede mucho tiempo – murmuró el caracol -, por esa misma razón, pienso regresar al confín, puesto que es lo más emocionante que me ha sucedido. ¡Y quiero volver a vivirlo!

Y echó a andar, sin saber si viviría lo suficiente para llegar. Tras él, la mariposa esperando fundirse con el sol, la mosca anhelando sumergirse en la gran cascada, la araña dispuesta a entablar contacto con civilizaciones paralelas…

- ¡Pamplinas! – dijo el perico enojado, viéndolos partir.

Y se sumergió de nuevo en la tarea de picotear las semillas sabrosas y aventar las amargas, porque ningún humano es perfecto: por mucho que vinieran sirviendo a su estirpe, generación tras generación. Aún así, valía la pena convivir por lo menos con uno de ellos, ¡por supuesto que valía la pena! Si se tiene todo al alcance del pico, ¿para qué soñar con otra vida, por buena que pueda ser?



*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.





YARAVÍ*

“Cuando el hombre calla frente a la injusticia,
se consume en su propia miseria.”
LUIS MACAYA MARQUES



No calles alma mía.
Deja que llegue el yaraví a tus playas vírgenes.
Cuéntales de los chonos y los cuncos.
De las madres que cantan nanas a sus guaguas ausentes.
Dile de las sangrientas guerras.
De las viejas armadas con semillas.
Cuéntales que el cobre no se cobra, ni se vende.
Como la Pachamama , la memoria, el olvido.
Cuéntales de tu Chile.
Recuérdales el pájaro con manchas amarillas en sus alas.
Diles de la araucaria y el pehuén.
Canta con los chiquillanes y pehuenches.
Llora con los mapuches.
Habla de tus amores y dolores.
De tus mujeres, del minero.
De San Martín de O’Higgins.
Del asesinato de Allende.
De la bestia innombrable.
Finalmente, alma mía, habla de tus amores.
Y canta, dulcemente, canta, la Justicia , no es un nombre.
La justicia.
Es un deber… y un hecho.



*De AMELIA ARELLANO. arellano.amelia@yahoo.com.ar
SAN LUIS - ARGENTINA






A J. Mario*



"Desarmad un reloj. Ahora armadlo de nuevo. Esa
pieza que os sobra, ¿la veis?, es el nadaísmo."
J. Mario


Desamad a vuestro objeto amoroso
Ahora amadlo de nuevo
Y buscad
esa pieza que os falta.


*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar







Historia de un retrato*



*Por Juan Forn


Año y medio antes de morir, el gran Alberto Giacometti aceptó hacerle un retrato a un bon vivant y aspirante a coleccionista de arte llamado James Lord. Como buen tilingo, el modelo pensó que alcanzaría la inmortalidad posando una o a lo sumo dos veces para el pintor, pero terminaron siendo dieciocho jornadas agotadoras, sentado rígidamente en una silla, en el lóbrego atelier parisino de Giacometti. Lord había llegado a la ciudad como soldado raso con las tropas aliadas que liberaron París al final de la
Segunda Guerra, y merced a sus encantos sedujo a Jean Cocteau, luego a Dora Maar (la ex amante de Picasso con quien tuvo un conveniente romance), luego a la pareja conformada por Gertrude Stein y Alice Toklas, y así accedió al círculo áulico de los artistas de Montparnasse. Pero Giacometti era un hueso duro de roer: no socializaba, no le interesaba triunfar en América (la herramienta que solía usar Lord para ganarse la confianza de quienes admiraba), no le importaba otra cosa que develar un enigma: "Sigo pintando sólo para saber por qué no puedo poner en el lienzo lo que veo".
Giacometti había sido el primero de los surrealistas en abrazar la abstracción y también en abandonarla. Su retorno a lo figurativo había sido fulgurante, con esas anónimas y espectrales esculturas esqueléticas, de hombres caminando solitarios y mujeres esperando en grupo pero igual de
solitarias, que se convertirían en su marca de fábrica y en la imagen por antonomasia de lo que había terminado siendo el hombre para el hombre a esa altura de la Historia. No es casualidad que la obra de Giacometti fascinara por igual a Sartre y a Samuel Beckett. No es casualidad que cualquiera que
camine contra el viento o espere en una esquina solitaria hasta el día de hoy se sienta irremediablemente una figura de Giacometti, un abandonado por su época. Después de contestar así la famosa pregunta de Theodor Adorno ("¿Puede haber poesía después de Auschwitz?"), Giacometti hizo otro viraje igual de fulgurante en su obra: la restringió al retrato. Del contorno de lo humano pasó a sus rasgos, en forma de retratos y de bustos. Una y otra vez trató de reproducir los rostros de su hermano Diego y de su amante Annette, obligándolos a posar durante infinitas jornadas. Annette fue la primera en rendirse ("Me sofocó la sensación de que toda mi vida se consumía en ese acto"). Diego, que trabajaba en la habitación de al lado del taller de Giacometti y era el encargado de realizar los moldes de las esculturas de su hermano, tuvo más paciencia pero también terminó pidiéndole que lo esculpiera de memoria y lo dejara trabajar en paz. El joven James Lord apareció providencialmente en ese momento y Giacometti no lo pensó dos veces: lo encadenó a la silla.
Lord escribía dos veces por semana a su madre al otro lado del océano acerca de sus actividades (mayormente chismes: cuando Gertrude Stein quería que algo se supiera en todo París, se lo contaba a Lord como confidencia). La noticia de que Giacometti iba a pintarlo era tan sabrosa que pidió permiso
al pintor para ir fotografiando el retrato en el estado en que quedaba al final de cada jornada, suponiendo (con razón) que Giacometti no le regalaría la tela y que su madre no podría verla nunca. Lo que no se imaginaba era el efecto que esas jornadas tendrían en su vida. Cuando Giacometti murió un año
después, Lord publicó tímidamente un librito en el que relataba aquellas dieciocho sesiones (antecedida, cada una, por la fotografía correspondiente del cambiante retrato). El resultado es hipnótico: un artista pinta un retrato y es retratado a su vez por el modelo que posa para él. El modelo no sólo registra cada palabra y cada gesto del artista; además, intenta por todos los medios que el artista no arruine el retrato que está pintando.
Giacometti era legendario por pulverizar y reconstruir una y otra vez sus piezas, fuesen cuadros o esculturas, hasta que lo conformaran mínimamente ("Nada de lo que he expuesto estaba acabado. Pero no atreverme a exponer habría sido una cobardía"). Igual de legendarios eran los comentarios que
hacía en voz alta para sí mismo mientras trabajaba ("Trabajo frente a la pieza como si tuviera la cara apretada contra una pared y no pudiera respirar"). Lord no sólo transcribió clandestinamente esos comentarios sino sus propias sensaciones desde el momento en que, finalizada la primera sesión, Giacometti le dijo: "Hemos ido demasiado lejos, no podemos parar ahora. Tienes que seguir viniendo". A lo largo de las sesiones siguientes, el pintor ruge, bufa, aplasta cigarrillos con el pie, vuelca trementina,
sale al patio a quemar dibujos viejos, se tumba en la cama y anuncia que no va a levantarse nunca más. "Cuanto más se trabaja un cuadro, más imposible resulta acabarlo", "Deberían encerrarme en un asilo", "Hay que acercarse un poco más al precipicio", "Ay, la venganza del pincel contra el pintor que no
sabe utilizarlo". El retrato irrumpe y desaparece en un magma de grises a lo largo de las sesiones, como si Giacometti no tuviera control sobre él.
Cuando a Lord le pica la cara y pide permiso para rascarse, Giacometti dice:
"Calla. Son las pinceladas que estoy dando a tus mejillas". Cuando Lord comenta que ya no se puede ver nada en la penumbra, Giacometti dice: "Con la última luz se alcanza a captar lo que no se ve el resto del día". Cuando Lord le pregunta cuántas sesiones más harán falta, porque lo esperan en Norteamérica, Giacometti contesta: "No dejes que este retrato interfiera en tu vida". Pero eso es imposible para Lord: "Era como si la pose en que me había colocado me hubiera paralizado para siempre".
Algo de eso ocurrió. Después de publicar su librito, Lord dedicó los quince años siguientes a escribir una biografía de Giacometti (que hasta el día de hoy es la más exhaustiva que existe) y una serie de libros posteriores que tuvieron a Giacometti como referencia ineludible. Su ambición era poder comprar alguna vez, con el dinero obtenido, aquel retrato que le hizo el pintor, pero Annette (la amante devenida esposa y luego viuda y celosa albacea) se lo impidió, enfurecida por las intimidades que, según ella (y un
manifiesto que pagó de su bolsillo, publicado en las revistas de arte más importantes a ambos lados del Atlántico, firmado por todos los galeristas de Giacometti) distorsionaban "irreparablemente" la imagen del pintor. No fue de la misma idea Diego, el fiel hermano de Giacometti, que no sólo aceptó firmar un prólogo al librito de Lord, sino que confiesa en él que varias veces ante sus páginas tuvo el impulso de trasladarse al estudio de al lado a leérselas en voz alta a su hermano. "Sólo alguien obsesionado por el
retrato como mi hermano habría sabido valorar esta semblanza. Cuando Alberto terminó el primer busto que hizo de mí, me llamó a gritos desde su estudio y me dijo: Mírate. Con ese mismo espíritu me hubiera gustado leerle a él este retrato que le hizo Lord."


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-169357-2011-06-03.html







LEGGERE*



Pequeños garabatos casi indescifrables en una libretita gris. Números circunstanciales, sin un nombre señal. Claves sin traducción. Letras del orden informático para resolver un problema.Cada inscripción lleva a un asunto cotidiano ¿Y esos días y esas horas y la tinta gastada y el papel? ¿la emoción, el enojo por el desperfecto, el precio, la necesidad? Y los dedos, los ojos, la personalísima arquitectura de lo mínimo¿Y la imposible reconstrucción? Y el trazo de las letras? ahora mudas, inexplicables teoremas, arañitas de ser, jeroglíficos sin su piedra roseta. Y el pulso, firmeza o levedad del trazo, el orden o la anarquía, lo no dicho, esa inexpugnable fortaleza, libretita gris.Y el cuadro que mirabas Leggere, palabras de Calvino de "Si una noche de invierno un viajero" y el día que en Roma lo compraste junto al Leggere de Petrarca y en Bs As buscarle un marco, y el clavo, y la gente que le dio su mirada, libretita gris y qué mientras anotabas un número de service, de suscripición, con esa letra aprendida en una escuela de un país que casi ya no existe, deseo de igualdad, guardapolvo blanco, mientras sube la Aurora y la letra cambia se hace joven escribe en las paredes la fiesta de la lucha y en los cuadernos de la facultad fórmulas que ya no sirven, no sólo porque no estás, ni siquiera está el lugar laboratorio, donde anotaciones y saberes se volvieron prácticas, análisis ahora llevados a otros, que acumulan, tercerizan, chupan ¿Y la igualdad y el guardapolvo y el país y lo que no se hizo mientras se escribían las fórmulas?¿y lo que no se pudo?. ¿A quién preguntarle ?. La letra crece, escribe números de parteros y pediatras en otras agendas que no están ¿Hay un cielo cubierto de hojas intrascendentes? Atravesando el tiempo, niñas crecidas, pediatra muerto, la letra apunta horarios de vuelo, llegadas a ciudades que quizás recuerdo sola y vagamente con mi memoria flotante. La letra, los dibujos de tinta con la misma mano que acaricia el pelo que adorna la cabeza llena de preguntas -dolores : Cuánto tiempo gastado en apuntar, comparar precios de aparatos, acaso inservibles, siempre mudos, absurdas esculturas plásticas ahora a lo mejor tiradas mientras el poster comprado en Feltrinelli, Calvino que no termina de leerse en nuestra casa - libro. Lectores que creaste, más que el jugo de naranja que al final se podía hacer igual sin el aparato, como no es igual la pared sin Calvino que cuenta acerca de los libros que producen una curiosidad, imprevista, frenética, no claramente justificable. Números escapados de un signo monetario inexistente, australes, dólares, dolores de no poder volver atrás a comprar nuevamente las palabras de Leggere en el ocre silencio del espacio italiano donde compartí tu familiaridad penetrante con los libros. Libreta gris, qué puedo yo, en este universo de ganchitos, cómo puedo sacarte del laberinto sin salida, pensaba cuando volvía del sanatorio sabiendo que ya nunca vos, pensaba en eso que hacer con la libretita apoyada en la mesa de la computadora, cerca de la pared, donde se lee acerca del leer, palabras de Calvino y de Petrarca, que los visitantes recitan en italiano. Ahora hay nuevos lectores (algunos que no te conocieron) ni saben de la libretita, tan chica, tan doméstica ¿Y si había alguna señal que se me pasó? un grito oscuro de despedida, letras, números, rizomas, perfume de papel. Y si hubiera un abrazo escondido que sale a la luz cuando se unen los puntos de estaciones de trenes, tus piernas adelantándose en alguna selva, en alguna vida, dejandome herida con tas pequeñas anotaciones sin sentido, plomero, presupuesto, se trata de abrazarte con la mirada en la libreta, al niño, al guardapolvo, al país, a los análisis transformados en números de vuelo para llegar a un lugar donde nos tocamos de letra a letra a piel, a piel.



*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar







Morada*


Luz
ciega
que desciende
En violeta
camina
( Silencio:
el rosa acompaña)
Acurrucada
es
por el dorado
El azul
suplica
Avanza
-dudoso-
el blanco
Vigente
el verde
la abraza
¿Y el rojo?
( Los miedos
cuchichean)
Y es en los rayos
donde
se cobija.


*De Ana Romano. romano.ana2010@gmail.com






Correo:


*

Queridos amigos:

Tengo el placer de invitarles a visitar mi nuevo blog, donde proyecto ir reuniendo las colaboraciones publicadas en diferentes revistas y boletines a lo largo y ancho de la red.
Espero sea de su agrado
y aprovecho la ocasión para mandar un saludo.


DESIERTOS QUE HABITÉ OASIS QUE ENTREVÍ



Porque volé una tarde
Posted: 31 May 2011 12:28 AM PDT

Porque volé una tarde, sediento de horizontes,
los dioses me encerraron en una oscura celda
donde no se percibe el rumor de las cascadas
ni puede olerse el alma de la nieve.

Porque osé ejercitar mis propias alas,
ángeles envidiosos me prendieron
(ángeles emboscados, sólo sombras
que jamás se asomaron al borde de unos ojos)

Porque aventuré mi rostro contra el viento
y canté bajo el temblor de las estrellas,
me encadenaron al martirio de la ausencia.

Porque violé las leyes de los náufragos
(se me acusó de alterar a las mareas
y del amotinamiento de las algas)
me condenaron a extrañar los cristalinos
reflejos del azul mediterráneo.

Porque traspuse umbrales precintados;
porque atravesé fronteras clausuradas;
porque aposté la sangre y la cordura
con un fervor de luz en las entrañas,
hoy habito esta celda ensombrecida
donde no llega el silbo de la nutria
ni el hálito amigable de las lilas
ni el fragoroso canto del torrente.


De Destierro
-Publicado en Inventiva social y en el libro electrónico Senda



*Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
http://sergioborao2011.blogspot.com/



*


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miércoles, junio 01, 2011

LA FÁBULA DE CHOCOLATE...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




OLIVOS*



Anoche, en sueños, ha venido mi padre.
Tenía cara de carpintero.
Aunque sus manos, siempre, fueron de tinta.
Mi mirada nubla mi corazón al ver sus ojos.
Tristemente indescifrables ojos moros.
Le pide a mi madre 30 monedas.
Mi madre se las entrega.
Treinta monedas, una fábula de amor y un ramo de olivos
Mi padre, quita el papel plateado y la besa.
Ella saborea la fábula de chocolate.


Yo barro el lugar mas sagrado de mi tierra.
Hay olivos y huesos de sus frutos.
Saboreo el mítico amor y las aceitunas.
Queda una hoja de olivo, una sola.
La levanto y la guardo.
Reverentemente.
Para noches de congojas claves y ángeles caídos.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar









OTOÑO*



Hojas muertas del otoño,
Livianas y volanderas,
Como una alfombra dorada
Se duermen en mi vereda.
Hermosas hojas de otoño
Arrugadas y amarillas,
Alguna vez fueron verdes,
Lisas y llenas de vida.
Hoy vuelan solas al viento
Como con miedo y angustia,
Formando sobre el camino
Puñado de hojas mustias.
Hojas muertas del otoño,
Livianas y volanderas,
Parecen locas alondras
O palomas mensajeras.



*De Norma Costanzo. normacostanzo@vocampo.com.ar







PORQUE SABES…*


…lluvia, descubriste mi sed
y cómplice llegaste con tu canto.
Sólo por mí envolviste la ciudad
con tu húmeda red.
Para ofrecérmela así;
burbuja,
abrigo,
talismán,
cántaro colmado.

Improvisaste ríos en las calles
y navegué contigo…
Por esos cauces fuimos
hasta la cumbre del encuentro
(descubrir el milagro de un momento
te hace parte del milagro…)
Desde ese día ya no pasas
sobre mí. Te quedas.

Empapada en tu olor y tu sabor
convertida estoy
en alga,
nave,
gaviota,
puerto.

Soy silencio con canción de agua.
Soledad con secretos y recuerdos.



*De Miryam Seia miryamseia@cablenet.com.ar






Tumbada desnuda*




Tumbada desnuda en la cama a mi lado
Notando el calor que desprende tu cuerpo
Me arrastro y te abrazo y me ofrezco
Abriendo mi alma del todo entregado

Siento tu calor y tu beso anhelado
Tu boca que se abre y me pone en barbecho
Tu tacto caliente
Mi mano en tu vientre
Tu dulce temblor
Y tu sexo en flor...

Tu monte de Venus pegado a mi pierna
Montando a caballo una noche eterna
Tus pelos cortados
Tus dulces costados
Tu mano en mi espalda
Buscando arquearla
Tus dulces gemidos
Sueños compartidos
Mi ansia final
Mi bien y mi mal
Ya nada rehuyo
Mi cuerpo es el tuyo



*de Joan Mateu. joan@cimat.es














El misterio de la alfombra






1*





En un diario matutino, apareció una noticia sorprendente.
Se busca alfombra perdida. Su nombre: mágica. Al que pueda encontrarla será gratificado con una valiosa recompensa. Remitir información a esta dirección, ciudad de las diagonales calle del silencio entre los tilos y las jacarandas. Mantener máxima discreción.
Intrigada por el aviso me puse a investigar de inmediato. Llame por teléfono a la persona que había realizado la solicitud y me dio detalles de su objeto perdido y/o robado.
Con voz deformada para que no la reconociera me dijo que esa moqueta había sido su testigo durante tantos años de pasión jugando a las escondidas. Entre llamadas en clave y mensajitos de texto, ella la alfombra había sostenido sus ardientes encuentros con su don Juan. Era suave, no muy limpia pero si mullida, por lo cual las escenas de amor se desarrollaban con gran habilidad y maestría.
Luego agregó casi llorando, que de no encontrar su tan codiciado fetiche, tendría que ir a visitar a un traumatólogo, porque le dolían todas las coyunturas, que los años no venían solos, que no quería quedar en silla de ruedas y qué explicación le iba a dar a sus familiares y amigos.
Me quedé en silencio, intentando darle una pista, un consuelo, no conocía el paradero de su objeto perdido.
Solo tenía una explicación sobre la desaparición del valorado tapiz: habría volado
Al país del nunca jamás.
Moraleja: “si han de disfrutar a escondidas, que les duelan los huesos”. Párrafo extraído del Manual del matrimonio perfecto, capitulo 3: Saber inconsciente de alguna parte engañada.






*de Azul. azulaki@hotmail.com






2*




El hombre añora. Extraña. Intuye que ya nada será lo mismo.
No es por un objeto en sí mismo, sino por esa oculta señal que a veces en la vida es previa a que se desencadenen hechos imprevisibles.
Por un momento, piensa si esto puede solucionarse con dinero.
-Compro otra y listo.
Quiere convencerse de que es posible, que nada va a cambiar.
Que todo seguirá siendo como fue hasta la última vez.
Ella llegando a última hora, cuando la recepcionista ya se había retirado.
Puede ver ahora mismo la imagen: esa desesperación que hace que se quiten sólo lo esencial de la ropa y se revuelquen en la alfombra hasta penetrarse y acabar furiosamente. Dichosamente al mismo tiempo.


Ese orgasmo es un lujo. –se dicen con una mirada.


Ni con su mujer, ni con otras amantes puede lograr eso.
Romina y él sobre la alfombra vuelan por el aire.
Esta alfombra es mágica –dice ella cada vez que tiene ocasión.
Pensar que era regalo de casamiento de mi suegra que la compro en una feria de El Cairo, si supiera los placeres que nos brinda. –dice el hombre buscando la sonrisa cómplice de Romina.


Pero de todo esto ya pasaron tres interminables meses.




Fue en el último vuelo y mientras se daba el orgasmo, cuando sintió que la alfombra los había llevado más allá de los límites estrechos del consultorio.
Quizá haya sido una venganza de su suegra –El hombre intuía que las coloradas como ella eran unas brujas-


Entonces sintió la caída.
La mano agitada en las alturas y ese grito de Romina alejándose.
Ese aterrizaje con suerte sobre la palmera. Las roturas. Los yesos.


El hombre espera que alguien venga a verlo en el horario de las visitas.
Y de Romina, ni noticias.




*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com
-En base a una idea original de Azul

















Fragmento amoroso de una mujer casada*





*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com




Punto I. El sexo de una mujer casada es una pequeña empresa criminal que consiste en no hacerse rica de golpe, sino en colmar el cáliz una y otra vez mientras los cielos se derrumban y el esposo descansa.




Punto II. La sexualidad femenina, lúdica y original se ha transformado en una devoción tan cultivada como la literatura, por lo tanto, esto quiere decir que como toda forma artística, no alcanza a ser disfrutada por la mayoría. Prospera a modo de un rito intrauterino, como una protección contra la ansiedad urbana, incluso, como una conmemoración de los logros obtenidos.




Punto III. Por la boca hundida de una mujer casada fuga un aliento impúdico.
Se encierra en el cuarto para sí misma y ni de eso está muy segura. Con arisco pudor indaga a solas en los untuosos colores del deseo, y llega a la memoria un eco de arenas humanas.




Punto IV. Caen los cielos en el hondo abismo del ombligo mientras la mujer casada desata los nudos del sueño. No es fácil rasgar la telilla que separa el día de la noche, pero nada es imposible para una mujer casada. A la velocidad del viento oculta la inquietud de sus manos antes de que los ángeles abran la boca y le pidan un beso.




Punto V. La mujer casada es altamente tibia, altamente remediativa, altamente girondeana: le importa un pito la delgadez del vecino o el abdomen prominente del amante: lo que realmente le interesa de un hombre, es que sepa volar. Que suba al colectivo como un pájaro. Que pague el boleto con su ala izquierda. Que suba por el ascensor con el pie izquierdo y que a la hora gruñir, píe. Y que a la hora de morir, se derrame.




Punto VI. Yendo, corriendo a veces, volviendo del infinito con una piedra ilegible sobre el hombro, una mujer casada no desatiende jamás los horarios de almuerzo y cena, aunque llegue al umbral de la casa consumida por otros fuegos.




Punto VII. La sexualidad de una mujer casada no es un fenómeno inédito, aunque se simplifica ignorantemente: todo lerdo y asmático.




Punto VIII. La soledad, sale muy favorecida cuando se examina la sexualidad de una mujer casada.
La soledad esplende su vaporosa mansedumbre de pared a pared, de espejo a espejo, mientras los labios exangües dicen que dice él, que ella dice, o que dice ella que él dice, que la sexualidad de una mujer casada huele a nacimiento de tulipanes.




Punto IX. Ella o la mitad de ella en su hondura, deslee las postales veraniegas. Ha generado un espacio silencioso para que el matrimonio trabaje sin molestar hasta diciembre. Enero tiene un destino de cordero pasmoso.




Punto X. Ciertas verdades atroces, en el contexto de la sexualidad de una mujer casada, resultan puro virtuosismo: el fin justifica los medios, por ejemplo.




Punto XI. A mitad del día toda mujer casada cuelga el hastío de la rama de un árbol interminable. Vacía los ojos para no mirarse y desagua la resina dulce de sus senos. Desde un punto de apoyo agrietado, toda mujer casada puede doblegar, con una sola mano, el dardo venenoso de la resignación que busca el centro azulino de su sexo.




Punto XII. Llega la hora en que la mujer casada apoya líquidamente el pie sobre la mesa de mimbre, en busca del esplendor y el aire, en el mínimo espacio en que se queda.




Punto XIII. El lenguaje de una mujer casada reina y vaga. El silencio de una mujer casada, reina y vaga. El sexo de una mujer casada reina y vaga. El corazón de una mujer casada reina y vaga. Enciende sus pezones como faros.
Ellos son el sol aunque no amanezcan.




Punto XIV. La policía no interroga a una mujer casada, traficante de locura.
Los bomberos no intervienen ante una mujer casada que va de extinción en extinción con sus incendios. Los sexólogos se abstienen ante una mujer casada con los temblores. Los espejos, en cambio, las reconocen y las reverencian.




Punto XV. Desde más infinito a menos infinito, la sexualidad de una mujer casada puede ser como páginas sueltas, o como un claro motivo de terror, o como un manuscrito genial que tiende a multiplicarse y reproducirse desde más infinito a menos infinito y viceversa.




*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-28853-2011-05-28.html








"Los fracasos del amor"*



I


Tienen los fracasos del amor
conquistada su fama
su implícita trascendencia

La intrascendencia de los fracasos
del "nunca nos amamos"
alcanzan a lo sumo alguna
popularidad de cuarto de hora

y la penosa eficacia
de lo explícito




II


No hay justa medida
para los fracasos del amor

y aunque para los fracasos
del "nunca nos amamos"
hay justa medida

lo que no hay
es consenso.



*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar






Correo:


CICLO DE MUSICA E INTERPRETES



TEATRO EL VICTORIAL
Piedras 722, CABA
0810-122-2011 - elvictorial.cultura@gmail.com


Auspician
FUNDACION IMAGEN
REVISTA DE ARTES


CICLO DE MUSICA E INTERPRETES
SABADO 4 DE JUNIO DE 2011 - 16 hs.
(se ruega puntualidad)
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA



PRIMERA PARTE

VIDEO: Evelyn Glennie: La percusionista más importante del planeta es sorda.
Obtuvo 15 doctorados de diversas universidades, un Premio Grammy en 1989, ea-realizó el documental "Touch Ihe Sound. A Sound Journey wíth Evelyn Glennie" y escribió el libro "Ensayo sobre la audición".
Comentarios: Dr. David Ghelman.




Intervalo



SEGUNDA PARTE


MÚSICA CONTEMPORÁNEA: NUEVOS INSTRUMENTOS Y TÉCNICAS EXTENDIDAS.
Charla ilustrada con ejemplos musicales e improvisaciones a cargo de:



Fernando Maglia: guitarra de 6 cuerdas (Director del Proyecto Alquimia)
Diploma de Profesor Superior en el Conservatorio estatal de Bahía Blanca.
- Primer Premio "Encargos" (Composición. 1990) Fondo Nacional de las Artes.
- Primer Premio "Edición" (Composición, 1991 F.N.A.)
- Distinción 'Trinac' International Society of Contemporary Music (composición, 1993/9612003/2006)
- Primer premio SADAIC (composición obra sinfónica. 1997)
- Primer Premio del Concurso Internacional de Composición Musical para Música de Cámara XICOATL, Yage, Estrella Errante (Salzburgo. Austria, 2004)
- 2° Premio Concurso Internacional de Composición K. Serocki (Varsovia. Potoma, 2009)



Alcides Larrosa: guitarra de 8 cuerdas sin trastes.
Guitarrista-Compositor-Improvisador.
Nació en Junin, provincia de Buenos Aires, República Argentina, en 1951.
Realizó performances de improvisación total e lntersección con otras artes como pintura, escultura, literatura y teatro. También realizó conferencias, seminarios. talleres y clínícas, sobre la Improvisación Libre Contemporánea y sobre su nuevo enfoque respecto de la teoría instrumental.
Ejecuta en sus conciertos dos guitarras españolas de ocho cuerdas: una cromática y otra microtonal.
Actualmente integra, junto a Fernando Maglia, un dúo especialmente dedicado a la Improvisación Libre Contemporánea. es decir, a la creación musical espontánea e instantánea. Frente al público y sin pautas predeterminadas específicas.


Sergio Merce: saxo contralto microtonal.
Intérprete de saxo tenor y electrónica, nació en 1973. Participa activamente en proyectos que nvolucran la interacción entre Improvisación libre y técnicas compositivas de la música contemporánea. En los últimos 15 años ha desarrollado su trabajo alrededor del uso de técnicas extendidas propias en el saxofón, asi como en el desarrollo de su música electroacústica.
Su set electrónico se basa en una portaestudio de 4 canales que el ejecuta sin cintas.
Ha desarrollado en el último año un saxofón que tiene la partículanoao de producir Microtonos y su forma de ejecución lo convierte en un Instrumento puramente sónico.


-Informes: drghelman@gmail.com - elviclorial.cultura@gmail.com




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Cuales son sus contenidos ?
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