domingo, enero 23, 2011

EN LA REDONDEZ DEL TIEMPO...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu






EN LA REDONDEZ DEL TIEMPO



-Poemario de Miguel Crispín Sotomayor arcomar@cubarte.cult.cu






Para Ana Gabriela y Diego Manuel, mis nietos.





“andá a saber cuántos mundos hay dentro del mundo, y cuántos tiempos dentro del tiempo.”
Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo.





EN LA REDONDEZ DEL TIEMPO



En este andar del tiempo por el tiempo
las bocas gritan, enmudecen, gritan, enmudecen.
Mientras
la Tierra gira y gira y gira
alrededor del tiempo
y el hombre y la naturaleza vuelven
del final a sus inicios y viceversa.
¡Canta! Y el tiempo vuela.
¡Calla! Y se detendrá.
Pasa el tiempo o regresa, ya ni sé.
Solo veo, siento y saludo su redondez.






EL VIEJO CARRETÓN SIGUE SU TRÁNSITO



En el viejo reloj suenan las 12
un año queda atrás
otro que nace
y sigo sin creer
que es año nuevo.
Sólo cambia la fecha.
Las palabras
con rostros inmutables
cubren la redondez del tiempo.






MONOTONÍA



Amanece contando ovejas.
Unas son blancas
otras con manchas.
Pierde la cuenta
y vuelve atrás.
Ya contó miles
y no termina:
despunta el Sol.
Sale a la calle.
Un perro pasa.
Pasa un anciano con un periódico.
Saluda.
Sale un vecino para el trabajo.
Saluda.
Pasan las madres
Con sus zunzunes y sus tojosas
para el colegio.
Regresa a casa.
Así repite cada mañana.
Un día del año… y los demás.





LOS DE AYER…



Ya no suenan
las palmas idolátricas
ni se alza el dedo inquisitorial.
Sólo queda la artritis,
los recuerdos,
el entonces
y el sabor agridulce
de la lengua, cansada
de mencionar el era y criticar el hoy.
Los de ayer sólo eso, solos hoy.






CARRUSEL



Estos pájaros
aferrados a la jaula
no quieren empollar.
Sólo cantan y cantan
las mismas notas.


Este tren
que gira y gira
sobre las mismas vías.
Los mismos maquinistas.
Los mismos pasajeros.
Cotidiano
hasta el aburrimiento.


Este tiempo
que viaja y nunca llega.








NO ES TU CULPA, LO SÉ…



He golpeado como cántaro en tu frente
y mis pedazos
te han servido de camino,
han sostenido tus pies,
han sido tu pedestal.
He vaciado mis cuencas
y llenado mis oídos con tus palabras
para seguirte, cuando has ido delante.
Mas
¿Cuáles serán los caminos que andaré?
¿Qué distancia habré de recorrer?
Apenas tú lo sabes.
No es tu culpa, lo sé, pero eso
no alivia mi desencanto.






POR ESE MAL HÁBITO…



Por ese mal hábito
de la idolatría,
de vitorear quimeras,
de cantar a ciegas.
De olvidar las pérdidas.

Por ese mal hábito
de digerir palabras,
nacidas
en cerebro ajeno;
de enmudecer por fe
o enmudecer por miedo.
De donar derechos.

Estoy aquí de pie
hurgando el horizonte,
entre nubes grises
y rayos de sol.






PALABRAS, SON PALABRAS



Mis palabras no valen.
Y no es que yo lo crea,
me lo hacen saber mis acreedores.

No valen.

Y no es que falte seriedad
en lo que digo
ni mi moral sea inferior a la de otros
o mi empeño no alcance las alturas.

No valen.

Porque cuanto digo ya se sabe
o porque mi verbo no es gracioso
a los que deben escuchar
y no me escuchan.

Mis palabras no valen
porque nací muy tarde
o muy temprano.





CONSEJO PARA VIDENTE.




Si un ciego
dos ciegos
o varios ciegos
no pueden ver
no quieren ver
o dicen no ver:
retírele el bastón. Los golpes enseñan,
dice el refrán.
No permita que uno
dos
o varios ciegos
con sus golpes derrumben
la obra construida
por ciegos y videntes.






LAMENTO DE UN PORDIOSERO.




¡Ay, amiga!

Estoy harto de vivir de ensueños,
de buscar sonidos en campanas secas
y de volar con alas cada vez más cortas.

Harto
de alimentar la fe con verdades huecas,
de alzar estandartes con mentiras santas
y de agitar la lengua, cuando nadie escucha.

Harto
del vuelo continuo de los gavilanes
y de las palomas, cada día más dóciles.

Harto
de escuchar que aún vivo
y creerme muerto.







AQUÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO




Cada frase es más fango a la garganta.
Cada paso alimenta con excreta alguna fosa.

Sépalo o no, quiéralo o no,
el sendero lo señala algún Mesías.

Cae un rayo, suena un trueno
y cualquier sitio se convierte en pesebre.

¡Dios! ¡Dioses!
¿De dónde salen tantos dioses voluntarios?
Aquí en la tierra como en el cielo.

Algunos mirlos creen
que su plumaje es blanco.







SUFRO E INVOCO.

A Celia



En una época fue la cruz,
el velo y el rosario.
En otra,
fue la hoz
y fue el martillo.
Ahora,
descarrilado el tiempo,
es vestimenta blanca
y cuentas de colores,
en collares y pulsos:
es cruz y velo.
Amellada la hoz
y débil el martillo:
sufro e invoco
la redondez del tiempo.







A PROPÓSITO DE…



No nací para figurar en la prensa
y menos
para ostentar título nobiliario
o vitalicio.
No soy semilla de héroe
ni de un dios generoso
que limpie mi camino:
para llegar bien lejos,
para volar bien alto.
Pero,
tampoco quiero.
Es mejor, mucho mejor,
ser un mortal común.






IGUALDAD



El Sol
que me levanta.
Un día ardiente.
La Luna
que me acuesta.
Siempre fría.
Este día
igual que ayer
igual a mañana.





RENCOR Y TRISTEZA


…/los odiantes se roen a sí mismos/…
Mario Benedetti.


A veces siento un rencor
que me recorre
de la cabeza a los pies
y lo suelto
soltando un puntapié.
Porque en otras ocasiones
lo he alimentado
y le he permitido
andar por todas mis partes,
hasta que ha decidido por su cuenta partir
y me ha dejado
un dolor intenso en el alma, si así
se le puede llamar a la tristeza.






DIABLILLOS Y ÁNGELES



Mi celda de castigo
está rugiendo
nuevos diablillos
y ángeles combaten. Aquéllos
se dan la retirada:
la conciencia vence. Es luz,
alumbra y quema.






AL CALOR DEL TIEMPO



Al calor
de la luz
o de la espera,
del fuego fatuo
o de la piedra recogida del camino.

Al golpe
de la espada
o la impaciencia,
de la lengua
que acusa
o del brazo
guardián de la virtud.

El viejo sueño,
el afán oculto: resplandece.






DECISIÓN



Escogí ese camino y me equivoque.
Tomé por aquél y lo perdí.
Insisto.
Me decido por éste,
el de los hondos baches
y las piedras al labio.
El de las cercas altas
y las púas más largas.







RUPTURA



Rompo la puerta
que me enmudece
y me olvida.

Rompo la cuerda
el lazo
y la rama que lo sostiene.

Rompo el rayo
que alumbra
cuando apetece.

Rompo la fe
y las imágenes.

Rompo el reloj.







NOSTALGIA




Hubo una época
en que todas las flores
fueron verdes y luego fueron rojas,
blancas y azules:
era la primavera de los tiempos.
En ese entonces,
muchos,
éramos felices.







NO DEJARÉ DE SOÑAR



¡Cuánto duele pensar, recordar cosas!
Lamentar lo que pudo haber sido.
La osadía congelada por el miedo
trocó los anhelos por quimeras.

¡Cuánto soñar, creerse cosas!
Atracarse a la fe, idealizar los tiempos venideros.

¿Para qué volver por el camino andado
y tropezar nuevamente con las culpas,
si no puede regresar la circunstancia, el tiempo?

¿Para qué soñar cuando falta la fuerza
que convierte en realidad las utopías?

Sin embargo, hasta Hiroshima vive.





*

“preciso que me digan algo mágico al menos placentero/ inesperado.”
Mario Benedetti, poeta y narrador uruguayo.







¡TANTO ME GUSTARÍA!


A las victimas de los criminales bombardeos
del ejército israelí a la martirizada Gaza.



Me gustaría escribir de tantas cosas.
De la mecedora que entretenía a mi abuela,
del bastón de mi abuelo,
del portal de mi casa,
del carruaje con imaginarias princesas.
De las primas
que de amor me ahogaban
con nueces y avellanas en cada Navidad
o de la perra Cuqui, siempre tan fiel y cariñosa
o del gato que mordisqueaba flores.
Recordar en letras a Torito, aquel burro
indisciplinado, independiente. Tan libre
y soberbio hasta la mala voluntad del jinete.
Escribir, además, con porte de alma celestial.
¡Cuánto me gustaría!
Pero estos malditos desastres naturales
y estas terribles injusticias y guerras
roban mi libertad de pensar
en otras cosas.






APOCALIPSIS

A los damnificados del huracán “Gustav”. Agosto/08.



Las rosas y los girasoles
están muriendo,
los pájaros y los peces
son menos cada día.
Los glaciares se derriten
y la tierra se seca o se inunda.
Los huracanes matan y empobrecen aún más.
Crece el hambre y las muertes evitables.
Los del Norte gritan que la culpa es nuestra.
Nos acusan de intentar sobrevivir
y de entretener la miseria copulando, sin condón.
Los del Sur sabemos, que es el egoísmo y la avaricia de ellos
la que viste de luto al Planeta.

Dicen que veremos caer a los ángeles
porque el cielo está lleno de huecos.






MIS AMIGOS POETAS



Mis amigos poetas
no están con los famosos en las antologías.

Mis amigos poetas odian la hipocresía,
le cantan a los duendes
y se mueren de pena por la muerte de un niño.

Mis amigos poetas apoyan las huelgas
y reciben balas
cuando disparan versos a la policía.

Mis amigos poetas están en las marchas
y cargan estandartes del Cristo de La Higuera.
Se oponen a las guerras y a las oligarquías.

Mis amigos poetas
jamás tendrán el Nobel.







ARMADO DE UN DOLOR CASI PERFECTO.


Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡yo no sé!
César Vallejo.



Trato de que bajes la mirada,
de que pongas los pies sobre la tierra,
para hacerte más suave la caída
y te olvidas
de que el tiempo gira y gira
y sigues empeñado en descubrir nuevas estrellas.
Te invito a escoger las utopías,
a abrir de par en par las puertas y ventanas;
a disfrutar el Sol, aun con eclipse
y sigues empeñado en lagrimear bajo la Luna.
Trato de consolarte y no hay consuelo
que te lance de nuevo a los caminos.
Tú te empeñas, amigo,
en continuar paseando las veredas
armado de un dolor casi perfecto.

Sé que hay dolores tan fuertes en la vida,
que la fe se pierde así, así de golpe.





UN RECUERDO EN CADA ROSA MUERTA



Para los que están, pero no se ven.

Salta de piedra en piedra
buscando tierra firme
y en ese intento
por parecer mortal
la muerte anda con zapatos nuevos
y oculta un recuerdo
en cada rosa muerta.






AMIGOS



Es noche
y hay tiempo suficiente para rastrear caminos olvidados
o casi olvidados. Caminos
en los se perdieron aquellos amigos
que involuntariamente fertilizan la tierra
o se empinaron hasta alcanzar el cielo.
Pero si en una noche no se pueden encontrar
y regresar,
definitivamente hay que seguir rastreando
porque en estos tiempos los amigos,
como la lealtad y la solidaridad, escasean.






LA PRUEBA

Para Pablo Armando Fernández,
en sus 80 cumpleaños.



La Prueba, no es Delicias:
con humo en chimeneas,
olor a miel de caña y a cachaza.
La Prueba no es poeta,
no tiene a un Pablo Armando
que la ventile al mundo,
con su luz y lealtad.
La Prueba es un pueblo
de caballos y espuelas,
de polvo tras las ancas y casas empolvadas.
De bares y machetes,
de circo y de tiovivo.
La Prueba son tres calles.

La Prueba fue rebelde,
lo cuentan sus caminos,
sus vivos y sus muertos.








¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Miguel Hernández, poeta español.

LA LISTA

A Cristina Villanueva.



Era un nuevo siglo
y un nuevo milenio
y todo parecía
que el Mundo cambiaría,
pero no:
los heraldos de la muerte
continuaron soplando sus trompetas.

Hordas criminales llegaron al Oriente:
Afganistán, Irak y prosiguieron
su vuelo de vampiros insatisfechos.

Miles, cientos de miles
de muertos y mutilados.
Cientos de miles, millones
de gargantas reclamando paz.
Pero a esos señores de la codicia,
de la guerra,
no les importan ni las muertes
ni las voces.

Roban, torturan, asesinan,
en nombre de los dioses y los imperios
y regresan a la paz de sus remansos.

Los elefantes pasan por el ojo de la aguja.

Nombres
de niños y adolescentes asesinados en Gaza.
¿Con qué honor se lavará esa sangre?
¿Cuántos niños y adolescentes más
serán sacrificados en el altar de la diosa de la guerra?
¿Cuántos más en el altar del hambre y la miseria?

Tú, que todo lo ves, según me dicen,
¿Cuántos rezos y ruegos cuesta
el castigo a sus verdugos?
no respondes. Pero llega la respuesta:
¡La justicia tendrá que cargarse a nuestra cuenta!







SI CREYERA…



Si creyera en Dios
no dudaría en creer
que cruzando los brazos
apretando los labios
o mirando a otro lado
el mundo cambiaría.







CAMILO


En memoria del Comandante Camilo Cienfuegos
fallecido en accidente de aviación en 1959.



Desapareció.
En el mar.
Estás.
Nadando en tu sombrero.
En las olas que mojan las estrellas.
En cien delfines y gaviotas.
En el fuego que calienta el Caribe.






EXILIADOS



La celda y la tortura
le trozaron la lengua.
El tiempo y la distancia
le zanjaron la frente,
le platearon el pelo.
Regresan
cargados con la esperanza
del que alimenta con su dolor
al Ave Fénix.





HOMENAJE A NICOLA


Para Nicola Tommasoli,
joven asesinado en el 2008 por neofascistas italianos.



No lo sabías Nicola.
No podías saberlo.
Ni siquiera imaginar
que en la Ciudad del Amor
encontrarías el odio
y la muerte.
-Y qué muerte-
Cinco tus torturadores, cinco
fueron tus verdugos.
Tu sangre, Nicola,
cubre a Verona.
Cubre a Romeo y a Julieta.
Verona, ahora es Nicola.







“… y soy consecuente con mis creencias, muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.”
Ernesto “Ché” Guevara.


DINOSAURIOS



Un sillón donde acunar las nalgas,
un par de zapatillas que descansen los pies.
Un diario para saber del mundo,
conocer que en tal parte se mueren
de hambre
y que en tal otra ocurrió una masacre;
que hay guerra por un poco de tierra
y pozos de petróleo .Para saber del cine,
el teatro, el ballet.
Un poco de tertulia sobre un mundo mejor,
sobre la nueva izquierda
y la izquierda más vieja.
Esperar que los años se lleven las ideas,
las entierren,
las pudran.
Y conservarse,
hasta que la muerte los traslade al paraíso,
con su sillón y su filosofía.






… YA LO TENGO Y NO LO CAMBIO



Cuando alguien se preocupa por mi libertad,
mi democracia,
y mis derechos humanos,
y a cambio me ofrece lo suyo,
pregunto a vuelo de pájaro
desde mi “in liberta ingenuidad”:
¿Cuál libertad?
¿La de los criminales de la “Operación Cóndor”?
¿La que gozan asesinos, corruptos y terroristas en Miami?
¿La de torturadores y desaparecedores
o la de los torturados y desaparecidos?
¿La de la obediencia debida
o la de las Madres de La Plaza de Mayo?
¿La de invadir
a cualquier “lugar oscuro”
o la de resistir al agresor?
¿Cuál democracia?
¿La imperial democracia romana,
con césares, cónsules y patricios?
¿La de los políticos corruptos?
¿La de Collor de Mello, Alemán, Fujimori, Toledo,
Moscoso, Menem y tantos otros?
¿La que ha asesinado a más de un millón de iraquíes y afganos?

¿Cuales derechos humanos?
¿El de ser pordiosero o estar desempleado?
¿El de morir de hambre
o por falta de asistencia médica?
¿El de borrar en el parabrisas de un auto
el derecho de todos a la enseñanza?
¿El que eleva a las mujeres a la plena igualdad con el hombre
o el que obliga a muchas a vender el alma, para salvar el cuerpo?

¿Cuál libertad, democracia y derechos humanos?
Ya tengo el Derecho a la Vida
y no lo cambio.





FRATERNO



¿Dos tablas
dos clavos
y un martillo
para tu cruz?

No tengo.

¿Un herrero?
No tienes con qué pagarlo.

Pero
no te preocupes:
compartiré la mía.







ME VOY A DAR DE ANTOJOS


Me voy a dar de antojos
a rellenarme el gusto
con sabor a luna
y ponientes de sol.
Con ríos turbulentos
y vientos de huracán.
Me voy a dar de antojos
y nadie crea
que será fácil.
En tan terrible realidad
que me circunda
es difícil,
muy difícil,
dificilísimo
reencontrar las utopías.






DÉJAME CON MIS SUEÑOS.




Déjame con mis sueños
y mis cosas ocultas,
mis misterios.
Tómate la libertad
de forjarte otros recuerdos.
¿Por qué no acabas de entender
que después de ti y de mí
la vida sigue?
y si se acaba
siempre habrá alguien para contarla.






EL RÍO SEGUÍA CORRIENDO AL MAR…



En esta orilla estabas tú,
silencioso,
como liebre que aguarda
el despiste de los perros.
Angustiado,
porque el miedo a morir
no es pasajero y el ansia de vivir
tiene alas cortas.

En aquélla
atizaban el fuego.
Esperaban tu regreso, colgado
a la cintura de algún diestro cazador.

Mientras,
el río seguía corriendo al mar
sin importarle el destino de los peces.







DESPECHO




Ya no estás
y el viento sopla en la ventana y la lluvia
nubla el cristal, igual
que cuando estabas.
Sólo pocos recuerdos sobreviven.

Ya no estás
y apenas me conmuevo.

Sin embargo,
cada día al desnudarme
veo la cicatriz, y aún sangra.







ADVERTENCIA



Cuando ves la luna
en noche de estrellas
con el mar de tina
y los brazos de él sobre tu cintura
muchacha
no es lo que crees.
Cuando un rostro hermoso
una sonrisa blanca
unos labios bravos
arden en tu nuca
levantan tu falda
incitan tu pubis
no es lo que crees.
Es lo que es.






QUIMERA


Ella era distinta.
Lo era por su estampa
de gladiolo fresco
y azabachados ojos.
En su rítmico andar
de hembra que nutre.
En su mirada alegre, en el hablar pausado.

Era distinta.
Al alfombrar con besos a su amado,
en su apetito de cabalgadura.
En los sueños
y utopías que trenzaba.

No sé si la inventé o ella existió.
Pero acabó,
como toda quimera,
acabó.






LA PALOMA Y LA LIEBRE

A las dos las amé.


Una me esperaba en su celda
aunque las campanas repicaran
toda la noche.

La otra la amé
porque era tan libre
como un perro callejero.

Aquélla, rompió los barrotes y voló
no sé a donde.

La otra descubrió otros caminos
y se desvaneció en otras manos.

A ambas las perdí.

Algunos días
no soporto ni mirarme en el espejo.






NUNCA DEBIMOS…



Mañana será un día como otro.
Yo me levantaré casi dormido
y tú
te quejarás de dolores en la espalda,
yo también los tendré y sufriré callado,
¿para qué agregar maldiciones a nuestros huesos?
Simplemente diré: es el colchón,
hace mucho que sus muelles nos soportan.
Y tú responderás igual que ayer:
es verdad, mi amor,
nunca debimos confiar a un colchón
los recuerdos felices
que guardan nuestros cuerpos.






¿QUÉ PASARÁ SIN TI?



¿Qué pasará sin ti?
cuando tus alas de mariposa
ya no ventilen este rosal.
Cuando tu silueta no interrumpa
la luz de esta ventana
ni tu perfume desplace
otros olores.
¿Qué pasará sin ti?
cuando tu “buen día, amor”
no rebote en mis paredes
ni ocupe el silencio en mis oídos.






INTENTO, PERO NO PUEDO


Intento darte la mano,
pero no puedo;
decirte : ¡Hola!
y tampoco.
Intento una sonrisa cuando pasas
o fingir que no te veo,
pero no puedo.
Has vuelto
y se abren nuevamente las heridas,
aquéllas
que dejaste con tu adiós.







POR CULPA DEL CURRO “EL PALMO”



Estábamos abrazados.
Sentí deseos
y dije:
¡Ay, amor!
Quién fuese abrigo
pa´andar contigo.
¡Ay, mi amor!
Sin ti no siento el despertar.
¡Ay, mi amor!
Sin ti mi cama es ancha…
No me dejó seguir,
se liberó bruscamente de mis brazos
y me miró, de los ojos a los pies.
Volvió la espalda y se marchó.
No entendí nada,
parece que mis frases fueron cursi
o descubrió indecorosas sugerencias.
Yo, seguí acompañando a Serrat
en el “Romance del Curro El Palmo”.







EN EL PURGATORIO




Volveré
a los caminos que ya he andado,
a rescatar novias abandonadas
por flacas
por gordas.
Por cómodo.
Amigos desechados
por francos.
Por terco.
Anhelos perdidos.
Por cobarde.
Alegrías disueltas en amarguras.
A sepultar fariseos,
amantes de bárbaros Mesías.







LOS PÁJAROS


Para Ana Gabriela y Diego Manuel



Los pájaros son cada día más atrevidos:
no respetan el viento ni fronteras,
se elevan y con miradas indiscretas
escudriñan por rincones y ventanas.

Disfrutan de la brisa del verano,
se cobijan del sol y de la lluvia
y abandonan la patria en el invierno.

Son ladrones de frutas y de granos
y riegan por doquier su blanca excreta.

Animales salvajes y sin alma:
no devuelven nunca los afectos
y tampoco agradecen mi protesta
cuando su vuelo lo interrumpe una escopeta.

La prisión es mordaza, es su muerte.
La libertad es su canto a la alegría.






INSOMNIO




Silencio.
Soledad.
Una estrella fugaz
o algún satélite.
Una luna que se desvanece.

Pasa el carro de la basura.
Pita un auto indebidamente.
Un bebé llora.
Una gata clama piedad en su disfrute.

Mis parpados caen, cuando amanece.






LA MADRUGADA ES LARGA…



La madrugada es larga
si no miras al cielo
si los grillos enmudecen
y la lluvia es copiosa.
Es larga, si hay vacío de recuerdos.
Sin nadie que te espere.
Sin nadie que comparta pesadillas y sueños.
Sin alguien que te ayude a levantar el alba.





ALGÚN DÍA LAS PALOMAS…




Algún día las palomas se posarán,
cansadas de volar
sobre sepulcros sin nombres,
sin lágrimas, sin todo
lo que sembró la muerte y su verdugo.
Llegará a tiempo la justicia
y sólo entonces
Caín tendrá castigo
y Teresa saldrá desde Calcuta
a calmar el dolor de un tiempo injusto.

Algún día los oligarcas y sus esbirros
pagarán su deuda en el infierno
y no habrá religión que nos obligue
a voltear el rostro ante los golpes
ni a cambiar la rebelión por la obediencia.
Inútiles serán ya los sermones.

Algún día alzarán vuelo las palomas
y pasará la luz del sol entre sus alas.






PEQUEÑA PROFECÍA



La primavera se ha ido consumiendo
y llegará el verano en arco iris.
Alguien vendrá mañana
a describir el tiempo que pasó,
a señalar el rumbo,
perdido en su momento
y a reventar los libros
con fábulas contadas como reales.
Despertarán de los cantos y las loas.
Regresarán los llantos
por aquello que fue, y olvidarán
los martirios y las tarjas.
Regresará el otoño y los pájaros
emigrarán en busca del olvido.







REGRESO



Regreso de la memoria y del silencio.
Del viento de los árboles caídos.

Regreso del sueño que perdido
retorna en desvelada madrugada,
de las cenizas que del fuego queda
y del opaco andar de las mañanas.

Regreso a levantar
de nuevo la esperanza
y dejaré detrás, sin gloria alguna,
las desveladas madrugadas
y el opaco andar de las mañanas.






CONFESIÓN


¡Recordar, recordar! recordar siempre
como si el tiempo se hubiera detenido
y sin embargo corre. Corre sobre anchas avenidas
donde la multitud es soledad,
donde la realidad es un tropiezo
y la amplitud: más soledad.
Los años pasan, sin golpear, se acumulan y entonces
caen y golpean.
Recuerdo los caminos recorridos paso a paso
y las veces que brindé en soledad.
Recuerdo los años de silencio,
de las “cosas que nunca hablo / que nunca pienso”.
Recuerdo cuando creía que las palomas
cuando volaban al pan
estaban equivocadas.
Recuerdo mucho a los muertos
que pavimentan caminos
y alimentan a los peces.
Y odio si se aparece
en mi recuerdo un traidor.
Recuerdo lo que he sentido
que es igual a lo que siento.
Tal vez pudo ser mejor
pero
de nada yo me arrepiento.





*Miguel Crispín Sotomayor. Cuba. Reside en La Habana. Graduado de Ingeniero Agrónomo Pecuario en la Universidad de La Habana. Ha escrito los poemarios: “En la Distancia” (África 1978-80), “Fantasmas de Quijote” (2006) y “En la redondez del tiempo” (2008-09). . También ha escrito cuentos, testimonios y artículos.
Colabora habitualmente con las revistas literarias digitales “Inventiva Social”, “Poemas en Añil”, “Misioletras”, “La Buhardilla”, “Territorio de Encuentros”, ”Con Voz Propia”, “La Máquina de escribir”, “La Iguana”, ”Mapuche”. “Revista Poeta”, “Novedades de la Cultura”, “Fragua Universal” y otras, editadas desde Argentina, así como “Letralia” (Venezuela); “Termita Caribe” (Colombia); “Comunidad Poética (Chile); “Letras Uruguay”; “Artesanía Literaria” (Israel), “Isla Negra” (Italia); “Palabra diversas”, “Rincón de Poesía” y otras de España. Además, colabora con las publicaciones “Apia Virtual” y “Machetearte” de México. Poemas suyos han sido publicados en “La Jiribilla” de Cuba y en otras revistas y blogs de poetas de Argentina, Brasil, México, Perú, Colombia, Venezuela, España y EE.UU. Sus poemas han sido y son leídos ocasionalmente en programas radiales de tres emisoras argentinas, una de Perú, una de EE.UU. Y otra de Francia.
El 1ro. de enero del 2009 fue también publicado en Galicia su poemario “Fantasmas de Quijote” por la editorial Taller del Poeta (www.eltallerdelpoeta.com). El 20 de febrero del 2010 salió publicado por la Editorial Alebrijes, Argentina, su poemario “En la redondez del tiempo” (http://redondezdeltiempo.blogspot.com/) Es Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), de Poetas del Mundo y de la Sociedad Mundial de Poetas. Poeta Fundador del Primer Museo de la Poesía Manuscrita, San Luís, Argentina. Director del Movimiento Cultural del Proyecto de Contra información ArgosIs-Internacional en la Red…



*


Inventren Próxima estación: HORTENSIA



Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/


InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/



Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por
Yahoo, enviar un correo en blanco a:
inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar




INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a:
inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar


Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.

Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.

La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor.

Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

viernes, enero 21, 2011

HASTA AGOTAR EL PROPIO GRITO...




-Dibujo: "Navegantes" de Ray Respall Rojas.






El Pescador*



Ella sabía conjurar vientos del noroeste,
los más benignos para mi barca.
Con signos en la piedras me hacía saber
del tiempo y las mareas.

En los días de mucha lluvia, yo no podía remar,
jugábamos entonces a disfrazar el bosque
con caracolas,
mutándolo en océano.
Nos dejábamos arrastrar por la barca
entre las hojas de pino eterno,
entre las piñas saladas,
y los ecos...

Sabía tantas cosas,
que quise guardarla de Ellos,
por eso le rogué que me diera su anillo,
el de los conjuros y la risa.

Ese día no hubo viento, ni mar pintado con sal,
ni anguilas haciendo surcos entre los pinos.
Cambié mi nombre por Legión.
Y por ello fui alimento de la hoguera.
Con el mismo dolor ardiente de saberme sin Ella y sin mi barca.



*de Yordán Rey Oliva. cartasylibelulas@gmail.com
Del poemario "El martillo de plata"
La Habana, Cuba





HASTA AGOTAR EL PROPIO GRITO...






LAGARTIJA Y LITERATURAS*


Una forma extraña flota en el balde rojo que lleno de agua. No es una hoja seca, ni una pelusa, algo de mi instinto me avisa que atención que esto que flota no es ni una hoja marchita ni una nada sin más datos curiosos.
Flota. Tiene cuatro patas minúsculas. Tiene la forma de una lagartija. No se mueve la minúscula lagartija transparente sobre la película invisible del agua. Tan liviana, tan Jesús caminando sobre el agua pero sin Galilea ni discípulos. Una lagartija que se mantiene ahí, cuerpecito ahusado y patitas de dedos microscópicos.
Con cuidado busco la pala de recoger el polvo después del escobillón, y saco al animalito que presupongo muerto. No se mueve; así como lo pesqué así queda en la pala rosada. Lo pongo a la altura de mis ojos para poder distinguir los finísimos dibujitos en la piel película de plasticola seca sobre el dorso de la mano, la piel micrón y microscopio y crueldad absurda de clase de biología "hoy disecamos al batracio". Miro apenas al animalito inmóvil y es la extrañeza de las cloacas que de pronto abstrajo Kundera, y la ciudad desapareció y sólo quedó una horrible red inmunda de caños que se entrecruzan, bajan, suben, se abren en temibles inodoros como bocas hambrientas. ¿Por allí vino?

Miro a la lagartija que a pesar de parecer enteramente muerta tiene la cabecita erguida. La cabeza es una cabeza de alfiler con dos insondables oscuridades, dos brillantes estrellas negras en la carita que no es de piedra, que no es rosada, que no es el axolotl de Cortázar pero quién sabe.
De la familia al fin y al cabo, me digo, una especie de axolotl de entrecasa, de los que aquí podemos conseguir para pensar en algo más lejano y extraño y abismal.
La miro, pequeña lagartija junto al balde rojo sobre la pala rosada, ojos negros cabecita en cuarenta y cinco grados, transparencias de velo de tul de danzarina desvergonzada por qué no árabe, aún mejor, por qué no Salomé y al fin y al cabo está el rojo del balde y al fin y al cabo la lagartija sobre la pala muy bien podría ser la cabeza de Juan el Bautista con esa cara de nada que tienen las cabezas de los degollados.
Y entre medio de Juanes y bautismos y agua de ondas concéntricas, el animalito abre una boca sorprendentemente enorme, y le brota una burbuja perfecta. La he mirado con tanta atención que pasa lo de siempre, ahora bajo el escrutinio se ha agrandado, y en la cabecita que sí, es de alfiler, en la
cabecita de alfiler las fauces que revelan la vida y la ferocidad (siempre la vida y la ferocidad tan emparejadas), las fauces que revelan animación y rapacidad son enormes a mi atención extática. Bosteza un dragón, aquí sobre mi palita rosada. Y tanta heráldica, diría Borges, y tanto animal majestuoso
diría Borges, en los escudos, y el león que al fin y al cabo es pariente de los perros y come lo que le trae la hembra.
Llevo con cuidado la palita escaleras abajo. Escaleras abajo, qué linda frase. A los franceses se les ocurren las mejores réplicas, las frases más ingeniosas cuando descienden las escaleras, es la manera de decir que lo mejor se formula cuando finaliza la discusión y ya es tarde, y es la manera de decir que todos viven en departamentos con escaleras. Y quién lo dijo, no recuerdo, pero siempre me fascinó esa frase, desde pequeña, en esta ciudad en que nadie tenía escaleras, en esta ciudad plana de casitas bajas que se fue transformando en esta otra ciudad con gente en cajas de cartón, gentes de balcón cerrado y piso de parqué falso. Y claro que Ítalo Calvino a este punto, esto de bajar la escalera en medio de una ciudad que crece concéntricamente, que bien podría ser relatada por algún viajero que se entrevistase, pongamos por caso, con el Gran Khan.
Y dejo a la lagartija en el césped como quien con cariño cede parte de su herencia. Debajo de las plantas de las que desconozco nombres y pertenencias deposito al bichito que de vuelta es tan pequeño aquí, tan liliputiense y yo tan Gulliver. Vuelvo a subir peldaño por peldaño la escalera de hierro, vuelvo a mis libros y al falso crepúsculo de entre paredes donde las voces de los escritores me narran el mundo, sus mundos, me soplan ráfagas de vidas pasadas y ajenas obsesiones sobre el simple episodio
de exiliar a una pequeña lagartija.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com










NO ESCRIBAS CARTAS EN LA NOCHE*


No, no escribas cartas en la noche.
Menos aun si canta la paloma adormecida.
Si las mandíbulas de la mandrágora te acechan.
Si la muerte se mece en tus caderas.
Si la sed es un látigo en tu espalda.

No, no escribas cartas en la noche.
Menos aun, carta de amores.
No volverán los dragones de escarcha.
No partirán los diminutos saurios.
La noche es una aldeana ciega.
La luna solo existe en los cuentos de hadas.
El viento es un buzón que engulle vientos.
Los dientes son pendientes colgantes.
Las rodillas, camafeos de cristal, trizados.
Las bocas, armónicas calladas.

No, no escribas cartas en la noche.
Menos aun, en aguas de los trópicos
Las ballenas azules no gimen en invierno.
El mar es un invento.
La naranja, un ornamento amargo.
El lobo, es una constelación del hemisferio austral.
Los pechos, son calabazas huecas.

No, no escribas cartas en la noche.
Menos aun, si la vida es un soplo, en tu agónico cuerpo.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar








Amor FILIBUSTERO*




Mi amado hoy es de estrellas,
Es de esferas, sol, incienso,
Riscos, campanarios, alas…
Mi amado es un marinero.

Como efluvio de mareas,
Como seda son sus dedos;
Es un nido de alcatraces
El lecho en el que me tiendo.

Abro, por mirarle, el cofre
Donde oculto nuestro espejo;
Versos, caracoles, pasos,
Arpegios de ese mar nuestro.

Huracanes me lo acechan…
Arco iris lo hacen lejos,
Cielo triste de gaviotas,
Plumón de ave, primer vuelo.

De nube, ocasos, violines,
De rosas en el desierto,
De sutiles llamaradas
Es el puente que le tiendo.

Mi juglar, el de otras vidas,
El peregrino hechicero,
Perdió, al cruzarlo, el mapa
De la isla en que lo sueño.



*De Marié Rojas
La Habana, Cuba
Del poemario “Memorias del pescador”, 2006








Propiedades*


*De Esther Andradi.
www.andradi.de



A OLGA HERNÁNDEZ



A los bienes que no pueden transportarse se les llama bienes raíces. Como casas o terrenos. De ahí que alguna gente identifique su propia raíz con bienes raíces. A quién se le ocurriría una raíz móvil? No quiero hacer aquí un catálogo de bienes raíces, de los cuales jamás dispuse, pero sí del papel que desempeñan ciertos espacios en el desarrollo personal, y en particular la significación de la casa en la vida de las personas. En mi familia nunca fuimos propietarios, de ahí la categoría de mueble que una va adquiriendo por el mundo. Junto con la movilidad llegan las palabras, porque una no puede andar de aquí para allá sin tratar de hacerse entender, mientras que sí puede quedarse en casa calladita su alma y no me molestes compadre. Por eso a veces las formas de las letras se apropian de las formas de las casas. Pero a diferencia de las casas, las letras son muebles. Ocurre que hay casas y casas, y así como hay gente que vive en una oración completa, otros viven en la mera letra. Apenas la lisa y llana letra para albergar un cuerpo presente completo, haciendo honor a aquello que "de esencias están hechos los arduos caminos del espíritu". También hay quien vive en bibliotecas, es decir, en espacios donde los forasteros se pasean casi permanentemente por la sala de estar, lo que sería una forma de los hoteles, las posadas y aún casas de inquilinato -aunque no se puede comparar un ambiente con otro, por supuesto. Hay muchos que viven en terrenos prestados. Y otros que usurpan terrenos, una forma ciertamente menos sólida de ser propietario, porque una se encuentra siempre entre la acción y el efecto de apropiarse, lo que no deja de tener sus riesgos en la sociedad moderna. Pero como también hay "leasing" mal que mal una se defiende. Y por último tampoco falta la letra muerta, un extendido abanico que abarca desde el famoso Père Lachaise hasta la soledad de cualquier camposanto de pueblo, inmensos y también modestos territorios para refugio de guiones, más o menos ilustres, pero guiones al fin.



II



La casa que me vio nacer era de modestísima construcción, una sola planta en forma de L acostada, como la mayoría de las casas de campo de aquel entonces. A lo largo de esta L se distendían la cocina, el comedor y el dormitorio de las niñas -en ese orden- y doblando por la L, la alcoba de los padres, que cerraba la construcción. Debajo del comedor o sala de estar -que entre nosotros sólo se usaba como corredor para ir de la cocina hacia uno u otro dormitorio y viceversa-, se encontraba el ingreso al sótano. Su penumbra dio lugar a más de una fantasía, pero más allá de ellas, lo decisivo es que después de las grandes lluvias que asolaron la región, el sótano se llenó de agua y no pudimos volver a usarlo. Una L con sótano en el medio y algo de imaginación letrística puede llegar a convertirse en un "lo", nada más ni nada menos que el artículo neutro del idioma castellano. Así comienza la escritura de los primeros años de mi vida: Con un "Lo" colgando en la desmesurada página en blanco de la pampa.
De aquella casa original mi familia pasó a otra algo más compleja, con dos plantas, una verdadera H. A esta casa prefiero adosarle el inmenso patio arbolado que le pone sonido a la primera letra muda de mi historia. Eran seis robustos ejemplares, alineados de dos en dos como en un tablero de damas, pero no eran damas sino tipas, Tipuana Tipu para los expertos, que así se llaman estos frondosísimos árboles que se dan con profusión en la llanura santafesina. Gracias a este patio con proporcionales ínfulas, la H aparecía flanqueada por una E. Las Tipuana Tipu me acompañaron hasta la adolescencia con sus flores amarillas y sus chicharras del verano escritas en el paisaje del pequeño pueblo de provincia adónde nos habíamos mudado. El fragmento de la pampa que comenzaba con "lo" dejaba paso ahora a los balbuceos del pretérito perfecto HE, que me vio crecer. Claro que no escribí muchas páginas más a partir de HE, porque como dije al comienzo, formamos parte de la gran mayoría de la humanidad que no dispone de casa propia, de un bien raíz donde quedarse, de una casa adónde volver cuando uno se ausenta, sea para venderla o solazarse en la nostalgia o ambas cosas, de modo que después de un tiempo de permanecer en un ambiente letrístico, página o libro, había que salir en busca de otras páginas, otras bibliotecas, otros estantes vacíos. Partíamos, eso sí, llevándonos lo que teníamos puesto, es decir, los bienes muebles. La letra era uno de ellos.



III



Las letras son una suerte de caparazón de tortuga o caracol que se arrastra con el cuerpo, con lo cual quienes vamos por la vida moviéndonos de aquí para allá solemos justificar nuestro parsimonioso andar en general y nuestra exasperante lentitud en la producción en particular. El caparazón que nos protege pero a la vez nos acompaña es nuestra identidad móvil. Acaso lo que vamos viviendo se va grabando de alguna manera en esta suerte de coraza, que, movibles y todo como somos, pasa a ser finalmente lo más sólido de nuestra mínima historia. Siempre y cuando no nos aplaste un camión al cruzar la autopista.



IV



Hubo por cierto, una casa que concentró mis raíces en la infancia y que guardo en el jardín de la memoria. No por propia decisión, sino por los avatares del movimiento, que no siempre es cauteloso y que puede arrasar también con lo mejor de nosotros. En la casa del abuelo, el padre de papá, los nogales flanqueaban el ingreso al visitante, los rosales se disputaban un lugar bajo el sol marcados de cerca por los granados que reventaban en rojo cada otoño mientras ciruelos, damascos y durazneros se cubrían de frutos no sin antes dejar algunas ramas al alcance de la mano para que trepáramos los nietos. Fresas y buganvilias, mandarinos, naranjos y legumbres parecían complacerse por igual hundiendo sus raíces en el surco húmedo de aquella parcela. La casa en sí no valía nada, hay que ser sinceros. Era una I mayúscula, los despojos de una columna dórica donde se sucedían en el más precario estado una cocina humeante -abuela tenía todavía una cocina a leña-, un comedor, una sala que sólo se usaba en especiales ocasiones y el dormitorio, donde la última vez que estuve allí fue para velar al abuelo. En los escasos rincones donde las paredes habían logrado defender su pintura de la voracidad del tiempo, era posible entrever en alguna orla decorada la dignidad de antaño. El suelo en cambio, permanecía cubierto sólo por una capa de cemento, ya que el dinero nunca llegó a alcanzar para baldosas. Y a mí que me importaba? Si esta casa recostada sobre el vientre embarazado de la huerta, enmarcada por el cerco frondoso de los árboles, amortiguados sus ángulos por mullidas enredaderas que protegían la mutación de los insectos parecía la escritura en sí misma: Una I de tiempo, custodiada por la eternidad de los olivos. El abuelo, que había dejado sus raíces en el desierto para buscar fortuna en el Nuevo Mundo, construyó esta casa con sus propias manos, con las mismas manos arañó la tierra abriéndole surcos, echó las cimientes, plantó los olivos, dio de comer a sus aves y caballos, protegió el canto de canarios y asiló los pájaros que se acercaban a este vergel a medio camino de la pampa y del pueblo que me vio crecer. En esta I del abuelo se escribía diariamente la historia. Dejó la casa a sus hijos con un ruego: No la vendan. No es un bien transportable, quiso decir el viejo: Es nuestra raíz en varios tomos.



V



Desde aquella partida de la HE paterna varias letras fueron mi refugio transitorio a lo largo del abecedario. La primera de todas fue aquella casita en el puerto, una humilde P a la que se arribaba por un largo pasillo que conducía a una única habitación milagrosamente compartimentada en cocina, baño, sala de estar y de dormir, además de un mínimo ángulo que hacía las veces de escritorio. Mi perro Bakunin se subía a los tapiales que marcaban el perímetro de P y solía atrapar con precisión de felino a las gallinas de los patios adyacentes provocándome horrores ortográficos. Sin embargo este clima bucólico no fue roto en ninguna medida por los vecinos, habitantes a su vez de precarias letras, sino por la gramática misma. Partir, como parir, se escribe con P en castellano. Y yo soy de las que tuvieron que partir, no por nada, sino porque ahí ya no se podía más vivir.



VI



De aquella letra cursiva -impresa en una participación matrimonial que se agotó- a la gótica remedando el sello de denegación del permiso de estadía de la policía de extranjeros- fui escribiendo una que otra página con los caracteres que se me iban dando. No me faltó por cierto una residencia en tipo florido, como aquella casita de Barranco que tenía todo el encanto de la bohemia con los rezongos del mar y su tejido de jazmines. Tampoco puedo olvidar una breve estadía de letras cortesanas en aquel palacio encantado de Jaipur donde un jardín bordado de cedros y fuentes cobijara mis acrobacias en las noches. A veces sin embargo, me agobiaron los caracteres capitales de Udine, con su frialdad grandilocuente. Tanto como los crepúsculos en Puerto Santa María, donde meses enteros fui acosada por bastardillas. Aunque pocas mayúsculas fueron comparables a aquella C invertida del portal de Idris desde donde sobreviví a Beirut en llamas. De estos achaques me resarciría una larga estadía en Berlín: Un día en la calle de Hohenstaufen el destino se cruzó de vereda y por una milésima de segundo fui testigo de su código cifrado. Desde allí asistí estremecida a aquella payada entre Oriente y Occidente cuando le crecieron tanto los ojos al muro que acabaron por perforarlo. Y aún cuando hasta el momento la cosa no haya dado más que para estirar la larga lengua de una factura, a mí, nadie me quita lo bailado.




VII



Porque hay letras y letras. Varios alfabetos con sus reglas y sus cifras y un montón de tipos que impregnan los espacios según sus caracteres: letras gótica, inglesa, capitales y dóricas, cortesanas o redondas, y aquellas emergidas de la computadora, compuestas de tan mínimos punteados haciendo las veces de paredes, que nos obligan a los usuarios a disponer cada vez de menos materia, si queremos refugiarnos en ellas. Incluso daría la impresión que, ciertos caracteres alfabéticos influencian no solamente a quienes los utilizan, sino que su espectro se vislumbra en la arquitectura de ciertos espacios míticos. El lamento del mundo, no escribe y borra al mismo tiempo la lágrima en hebreo y árabe sobre el muro gris de Jerusalén? No se percibe acaso un parentesco entre el alfabeto Indi y aquel templo de Vishnu en Delhi? Y no se asemejan los caracteres chinos a algunas pagodas mientras los signos del parsí parecieran ondular en las mezquitas? La clara y fría tipología inglesa, en cambio, recuerda la sólida arquitectura de los bancos tanto como la itálica evoca los palazzos renacentistas. Y los caracteres del alfabeto japonés, serán el chip que sintetiza el lenguaje electrónico y zen en las calles de Tokio?




VIII



Pasar de letra en letra no sólo no es fácil sino que puede ocurrir que una se quede colgada a mitad de camino sin llegar a ninguna otra, puros puntos suspensivos, la página en blanco, el colmo del nihilismo o la soledad. Es así que, animada por una profunda nostalgia en torno a aquel "lo" original sucumbí a la tentación del regreso: Veinte veces hube de pasar delante de aquella modesta "L" para reconocerla. Estaba pintada de blanco, la habitación de los padres había sido derrumbada, y como la herrería se había adosado al jardín, aquel "LO" de mi infancia se había convertido en un JE irónico. En cuanto a la HE, la Hache había enmudecido. Las constantes lluvias elevaron la napa de agua y debieron extirpar las Tipuana Tipu antes que se derrumbaran como una muela podrida aplastando con su corpulencia a cualquier desprevenido. La casucha del puerto explotó en pedazos, demolida por una bomba. Fue una equivocación, dice que se disculparon frente a los escombros. La I del abuelo había sido vendida. Los nuevos dueños aportaron sus ideas renovadoras en restauración, cercaron el ingreso con imponentes rejas de hierro forjado, podaron los frutales, el nogal se secó, y los olivos... Ya no tuve fuerzas para ver dónde habían quedado los olivos.



IX



El único territorio que permanece intacto a nuestro retorno es la X. La eterna X, la incógnita, el estado especial, la vieja recurrente de la historia. La X intacta con sus cuatro puntas, con los cuatro vientos convocados por la encrucijada central, nos está esperando en el recodo del futuro que comienza hoy por la tarde. No somos nosotros quienes decidimos la próxima letra que cubrirá nuestra página abierta. Incluso la misma letra austera que ayer dejamos reluciente, hoy cubierta de polvo es capaz de volverse cortesana o capital. Lo único que permanece es el movimiento, la articulación con sus infinitos giros. Ninguno parecido a otro. Acaso ésta sea la única fortuna al alcance de todos: La Escritura de la página en blanco hasta agotar el propio grito. Desde la calle, en tránsito, frente a miles y miles de XXX que vienen y van.




Esther Andradi nació en Argentina, estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 se fue al Perú. En Lima ejerció el periodismo escrito y publicó su primer libro. En 1980 viajó a Europa y se radicó en Berlín donde escribió guiones y reportajes para radio y la televisión alemana. En 1995 regresó a Argentina y vivió en Buenos Aires siete años. Desde el año 2002 reside nuevamente en Berlín. Publicó libros de cuentos, novela y testimonio en Argentina (Come, éste es mi cuerpo, Tanta Vida, Sobre Vivientes) y en Perú (Chau Pinela, Ser mujer en el Perú). Ha compilado las antologías Vivir en otra lengua. Literatura latinoamericana escrita en Europa (2007-2010), Comer con la mirada (2008) y Miradas sobre América I. Crónicas de viaje, exilio y migración (2010). Su novela más reciente se titula Berlín es un cuento.



-Se reproduce en Inventiva Social con autorización de la autora.

-El artículo Propiedades de la escritora Esther Andradi enviado a Aurora Boreal® por Esther Andradi

*Fuente: http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=666:propiedades&catid=84:ensayo&Itemid=201







ACASO, LA MISMA*


Es otra, acaso es otra la que va recobrando su pelo, su vestido, su manera, la que ahora retoma su vertical, su peso...,se sale por la puerta, entera y pura y no busca saber, no necesita, y no quiere saber nada de nadie....
IDEA VILLARINO


Dentro de mi cuerpo, mora una mujer que no soy yo.
Dentro de mi carne, se desangra una mujer que no soy yo.
Sentada en mi sillón de mimbre sostiene el cuerpo que no me pertenece.
La que habita mi casa y habla con mi voz, no soy yo.


Me asustan, en la noche bestias hambrientas.
Una mujer, que no soy yo, se deshace en gritos


En mi corazón, retumban, sus latidos.
Siento el terror de animal maniatado.
Esa mujer, que no soy yo, huye con mis pies.


Unas manos, que no son mías, borran mi autorretrato.
Mira el precipicio de La Garganta Azul.
El vértigo, las nauseas y el sudor, lo siento yo.
Parada y quieta en el umbral del tiempo, veo, mi cuerpo que salta al abismo de la noche.


La sombra que reflejan mis pasos es de una mujer que me es ajena.
A esa mujer que no soy yo, le besas y le muerdes la boca.
La mujer se desnuda. Se quita los vestidos y los deja en el suelo.
También mi corazón.
Yo, restaño la sangre de mi herida.
Un mujer que no soy yo, extiende mis manos y alimenta lo pájaros.
Los pájaros comen, de sus manos, mis propias migajas.


Una niña que no soy yo, mira con mis ojos la amante de mi padre.
En unos ojos que no son míos, queda suspendida una lágrima ajena.
La niña que no soy, escucha con mi oído el tango “Sur”
Quedan cicatrices en mi piel de la fábula que no es la mía.


Una mujer que no soy yo, con mi luz, enciende una vela.
Iluminados jirones de infancia, en fosforescencia de retamas, encienden el día.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar







El desconocido*


“Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.”
Pablo Neruda


Estaba sentada, absorta, cegada por sus pensamientos. Toda aquella gente alrededor, mezclados, sin rabia, sin diferencias… Ningún rostro conocido, mejor aún: nadie notaría el abandono de sus ojos, ni la tristeza en el rostro; nadie escucharía el rumor de sus olas, ni sentiría sus puertas abiertas golpeadas por el viento; nadie vería los jarrones quebrados, ni las flores marchitas, ni sus versos volando. Nadie sabría del violento huracán que le destruía el alma, sin saber cuándo podría recomponerlo todo: recoger los abrazos rotos, limpiar tristezas, secar lágrimas, echar restos de ternura caducada, devolver al mar la furia que había dejado en su puerta…
De repente, apareció un rostro conocido: hubiera sido mejor evitar el encuentro, pero ya era tarde. Comentar trivialidades y fingir una sonrisa no resultó tan difícil como esperaba. Pudo volver a su mundo, a su soledad acompañada. Y siguió haciendo su viaje eterno, pidiendo a Dios que la oyera de nuevo - como tantas veces -, que le mostrara el camino, que le ayudara a encontrar la paz, a actuar bien, que le devolviera la luz que el huracán había apagado.
No se preocupe, señora, todo saldrá bien. Oyó decir a su lado.
No podía comprender, ¿quién hablaba con ella? Era alguien que estaba sentado a su lado, uno de aquellos rostros desconocidos, desgastado por la inclemencia del tiempo, no podría decirse que fuera más joven que ella, aunque lo era. Fingió no entender de qué se trataba, a qué aludía aquella persona que nada sabía de su vida. Le interrogó con la mirada.
Su problema, esa tristeza, todo pasará, se lo aseguro. Dios lo da todo en el momento que debe ser, no se desespere. Él sabe lo que hace, y sabrá darle lo que usted quiere cuando esté preparada para ello.
Seguía sin comprender, intentó mostrar indiferencia, pero la voz era insistente y segura.
Se lo digo yo, que he estado en las calles, que lo he tenido todo y lo he perdido, que he caído en el abismo y he salido de nuevo, que he vuelto de la muerte. Solo tiene que seguir pidiéndole y agradeciéndole, por lo que le ha dado y por lo que aun le dará. Él la está oyendo, no tiene que ir a rezar, solo saber que está a su lado ahora, y estará siempre.
Solo pudo balbucear algo parecido a “lo sé”, tímidamente, dudando de que realmente Dios la estuviera escuchando sin darle muestras de su comprensión y su humildad.
El hombre se levantó, pidió permiso para salir y dijo:
Debo seguir encontrando almas en pena, reconociendo dolores, alentando a otra gente… Dios la bendice. No dude nunca de ello.
El autobús se había detenido cuando dijo la última frase. El desconocido saltó a la acera sin mirar atrás. Ella quedó pensando que, realmente, Dios había estado sentado a su lado. Y dio las gracias.



*De Viola Cárdenas. vcr1961@yahoo.com
La Habana, Cuba
16 de enero de 2011







La carta vendida*




*Por Eduardo Berti


Las dos familias -que, en el fondo, constituían una sola- se habían resignado ya a ese ritmo de vida. De una década a esta parte, los dos hombres partían de abril a septiembre, a una remota cantera del sur. Muy raras veces se les unía un compañero, otro empleado golondrina. Dos mañanas por semana recibían la visita breve y eufórica de Ramírez, que en un camión tembloroso y destartalado se llevaba lo recogido y de paso verificaba el estado general de las cosas; pero casi siempre se encontraban solos, sin más consuelo que la radio, audible en las noches de nubes bajas, o las cartas que traía el mismo Ramírez, medio sucias y abolladas en las puntas. Era como si con las piedras le pagasen al bueno del camionero por unas pocas palabras emborronadas.
Diez años de esta vida habían bastado para endurecerlos, casi tanto como la materia con que lidiaban. El más viejo de ambos, Lurueña, rumiaba que la actual sería su última temporada en el sur. ¿No le había dicho el médico, hacía algunos días, que era hora de cuidarse, que se hiciese unos estudios?
El otro, Castro, no se planteaba nada por el estilo. Mientras fuese capaz de alzar una piedra, seguiría trabajando allí.
Porque no había mayores alternativas, constantemente hacían lo mismo: trabajar, dormir, charlar, jugarse bromas y volver a trabajar, hasta perder la noción exacta del tiempo. En cierto modo, sentían que durante esos meses el mundo no existía fuera de aquella triste zona pedregosa. La labor era tan
monótona y tan poco interesante que podían hacerla con la mente en blanco.
Nadie les había explicado con qué fin juntaban las piedras. Saberlo no les quitaba el sueño, tampoco. Pero por supuesto que había algún propósito; por supuesto que con esas piedras se construían murallas, se conformaban viviendas, caminos, muelles... Toda una serie de cosas, todo un mundo de piedra domesticada.
Cuatro montículos rodeaban o incluso estrangulaban la casa en que dormían: un barracón, en realidad, con cuatro paredes de lata y con un techo inclinado, hecho del mismo material, que en las frecuentes noches de lluvia se volvía, más que ruidoso, escandaloso. Si un día en que el cielo estaba azul se trepaban al montículo de piedra más elevado (Castro le decía "montaña"), alcanzaban a ver, bien lejos, la silueta alborotada de un puerto. Era lo único ajeno al trabajo que ofrecía el horizonte y, aun así, se trataba de una imagen laboral.
Cada año que volvían a la cantera, les parecía -aunque era imposible, sí- que las piedras se habían multiplicado, como una selva que volviese a crecer. Ocurría más bien que los seis meses en su hogar, desde noviembre hasta marzo, agigantaban la impresión de lo extraído y empequeñecían, a la vez, lo restante.
De las temporadas pasadas recordaban muy pocos hechos que hubiesen alterado la rutina. Apenas un accidente del que Lurueña había escapado de milagro.
Apenas unas tormentas, pero ninguna tan fuerte ni pertinaz como la de ese año.
A principios de junio, cosa inédita, habían debido interrumpir su faena por doce días. Ni Ramírez apareció en aquel lapso. Lo hizo tan sólo al menguar la tempestad, trayéndoles en un caja de cartón (una caja de zapatos, se diría) toda la correspondencia acumulada.
No era infrecuente que Castro recibiese más cartas que Lurueña. Así ocurría desde un inicio. Sólo que esta vez la desproporción parecía exagerada: quince o más cartas para uno y ninguna para el otro.
En julio no volvió a llover, excepción hecha de algún chaparrón aislado, pero Lurueña siguió sin recibir cartas. Poco a poco comenzó a envidiar a Castro. Con la antena de la radio no captaba nada que le interesase, como si la tormenta hubiera enrarecido el aire al punto de llevarse las canciones y las voces que a él le gustaban.
Sería el 2 o 3 de agosto cuando, viendo que Ramírez seguía sin traerle noticias, Lurueña le pidió a su amigo que le prestase una carta, una cualquiera. Necesitaba leer, enterarse de lo que ocurría ahí afuera, más allá de esa muralla rasa que los envolvía. "De ningún modo", exclamó Castro, poco menos que indignado ante la idea.
Una semana después, Lurueña volvió a la carga con la propuesta siguiente: si la próxima visita del camión no ponía fin a su larga espera, iba a pagar por una de las tantas cartas para Castro. "¿Pagar?", repitió el otro como corrigiéndolo. Pero acabó por aceptar, aun cuando primero adoptó el mismo tono escandalizado que en la conversación anterior.
Ramírez se hizo presente dos días más tarde. Cargó el camión, como solía hacerlo, con el motor en marcha. Se disculpó porque seguía sin conseguirles el tabaco que le habían encomendado y ya estaba por retirarse cuando se tocó la frente con la palma de una mano. Murmuró "ay, casi se me olvida" y le
entregó a Castro una bolsa negra que contenía dos cartas en total. "Son para vos", explicó.
Tan pronto como se fue el camión, Castro le propuso a Lurueña que eligiese un sobre al azar. Lurueña metió una mano en la bolsa negra, arrebató el sobre más grande sin dejarle ver a Castro ni siquiera la caligrafía exterior y, a cambio, extendió unos billetes. Trabajaron el resto de la mañana, comieron excepcionalmente separados porque cada cual quería leer sin sentir ni la respiración del otro ni el crepitar molesto de la carta ajena.
Continuaron trabajando por la tarde sin cruzar sino unas frases de circunstancia y, al llegar la cena, Castro no supo aguantarse más y le preguntó a su amigo qué decía la carta vendida.
"Algo que no te importa", contestó Lurueña de mal modo.
"Por lo menos podrías decirme quién escribe."
Lurueña se negó con vehemencia a dar esa información. La noche terminó a los gritos, con los dos hombres peleados.
Castro se dijo al despertar que el otro le dejaría leer, tarde o temprano, esa carta que en rigor le pertenecía. Por el contrario, Lurueña pasó la semana entera sin hablarle. La actitud era desmedida, incomprensible. Ya habían tenido otras discusiones violentas, pero ninguna había concluido de este modo. Estaba claro para Castro que, lejos de animarse gracias a la compra de esa carta, Lurueña se veía opacado, casi un retrato vivo de la amargura. ¿Y si en la carta se hallaba, precisamente, la razón de su
malhumor?
Lleno de intriga, ansioso por recobrar la carta vendida, ofreció el doble del dinero abonado en su momento. "¿Volvértela a vender? Ni loco", respondió Lurueña, burlón.
Aparte de amigos, los dos eran cuñados desde que Lurueña había esposado a la única hermana de Castro. Por la diferencia de edad (Castro era trece años menor), su vínculo no excluía un trasfondo filial. Por experiencia, Castro sabía que Lurueña, toda vez que le decía no, se volvía obstinado e imposible de convencer. Así que planeó apoderarse de la carta por medios menos diplomáticos.
Al cabo de otras cuatro visitas del camión (porque con esos hechos pautaban su tiempo), Castro pasó a la ofensiva. Tras dedicar unas noches a escudriñar el rincón donde dormía el otro, había advertido una bolsa, la misma bolsa negra traída por Ramírez, en la que Lurueña guardaba con certeza los objetos
que estimaba de mayor valor.
Ya que Lurueña era de dormir de un tirón, proyectó quitarle la carta por la noche, leerla de prisa y ponerla nuevamente en su lugar sin que él fuera a darse cuenta. La maniobra resultó más complicada. Su compañero, precavido, había sellado aquella bolsa con cinta adhesiva y dispuesto una cuerda fina o
un hilo que corría hasta el pulgar de algún pie, de modo que, no bien Castro quiso quitarle su tesoro, una especie de alarma se activó y despertó a Lurueña.
Lo que siguió no fue una discusión tranquila, sino una pelea salvaje.
Lurueña saltó de la cama y aferró el cogote de Castro, al tiempo que lo insultaba.
De las trompadas que se dieron, una sonó diferente. Castro vio que Lurueña se desmoronaba, como si su cuerpo se hubiera hecho pedazos, disgregándose en mil piedras. Enseguida, con una frialdad que le causaba horror, concluyó que su amigo estaba muerto.
Por un instante se olvidó completamente de la carta. Repitió el nombre de Lurueña, le roció la cara, presionó su pecho... Nada de nada. A las cuatro de la mañana abrió por fin la bolsa y se puso a leer. Reconoció la letra de su hermana. La carta se dirigía a él, pero se refería a Lurueña. Es más: no
hablaba de ninguna otra cosa.
"Tiene una grave enfermedad, pero no hay que decírselo. No quiero que lo sepa. Solamente quiero que le ahorres disgustos y esfuerzos." Apartó la vista y la posó en las piernas desparramadas de su amigo. El dedo gordo del pie izquierdo aún llevaba atado el hilo del extraño dispositivo de alarma.
Sin pensarlo, se echó en el suelo y lo desató. Luego regresó a la carta, releyó dos o tres frases como si ahora entendiera mejor, salteó otras y al final supo: "Tiene, a lo sumo, para seis meses de vida".
Afuera se había levantado un viento que preparaba el amanecer. En unas horas, cuando llegase Ramírez, hallaría el cadáver al sol, al pie del mayor montículo. "Un accidente", le diría. La misma cosa con su hermana. "Se cayó de pronto. Estaba débil, sin dudas." ¿Para qué hablar de la carta vendida,
de la pelea o del mal golpe? Había matado, en un sentido, a alguien ya muerto.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/23-160680-2011-01-18.html






El cuento por su autor*



Tengo especial debilidad por los cuadernos de notas. No me refiero tanto a la agenda social del escritor (hoy comí con A, hoy viajé a X, hoy vi a B), como a la práctica constante del apunte: observación, reflexión, laboratorio. Traduje hace años los Cuadernos norteamericanos de Nathaniel Hawthorne, que resultan toda una usina de ideas. Me pareció necesario que se tradujeran los de Chejov (La Compañía). Vuelvo a menudo a los de Henry James o a los de Jules Renard, un escritor subvalorado. Y a los de Somerset Maugham: A Writer's Notebook.
Los cuadernos de Maugham son un pozo inagotable: desde páginas acerca de la literatura rusa cuyo boom ocurrió a su juicio en un momento especial ("el mundo estaba desilusionado con la ciencia... Schopenhauer y Nietzsche habían perdido su novedad y había una gran masa de personas educadas que se interesaban en asuntos metafísicos") hasta reflexiones agudas ("el amor que dura más es el amor nunca correspondido") o esbozos y gérmenes de historias, como el caso de dos hermanos, uno que es pintor y el otro médico.
"El pintor estaba convencido de su talento. Era arrogante, irascible y vanidoso, y despreciaba a su hermano tratándolo de filisteo y de sentimentalista. Pero ganaba muy mal y se habría muerto de hambre a no ser por el dinero que su hermano le daba. Lo más curioso de todo es que, por más extraño que fuesen su temperamento y su apariencia, pintaba unos cuadros realmente muy bonitos. De vez en cuando se las arreglaba para exponer y siempre vendía un par de óleos. No más que eso. Al fin el médico tomó
conciencia de que su hermano no era realmente un genio, sino un pintor de segunda categoría. Fue muy duro para él, después de tantos sacrificios hechos. Mantuvo el descubrimiento en secreto. Al morir, le legó todo a su hermano. El pintor halló en la casa del médico todos los cuadros que durante veinticinco años había vendido a compradores anónimos. En un comienzo no entendió lo que pasaba. Después de pensar un poco tropezó con la explicación: el muy astuto había querido hacer una buena inversión."
En la página 226 de la edición en inglés del Cuaderno de notas de Maugham -que obtuve usada y por monedas en la avenida Corrientes- está el origen de mi cuento "La carta vendida", que sólo debe a Edgar Allan Poe una parte del título y que forma parte de mi nuevo libro de relatos, Lo inolvidable, editado en diciembre pasado en España (por Páginas de Espuma) y a editarse en Argentina en abril de este año.
"Dos hombres jóvenes trabajan en una plantación de té en las colinas y deben ir a buscar el correo lejos de allí, de modo que lo reciben en intervalos más bien largos. Uno de ellos, llamémoslo A, suele recibir más cartas, diez o doce, a veces más, mientras que el otro, B, jamás recibe ninguna y suele
mirar con envidia a A, hasta que un día, yendo a buscar el correo, le propone: 'Te daré cinco libras si me dejas leer una carta'. 'De acuerdo', dice B y, cuando llega el momento, A escoge una de las cartas para B. De noche, mientras beben whisky con soda, A pregunta qué noticia traía esa carta. 'Asunto mío', responde B. Discuten, se pelean. A hace todo lo posible porque B le muestre la carta, pero B sigue negándose. A la larga, muy ansioso, A le propone B: 'Acá están las cinco libras, dame de nuevo la carta'.
'Ni loco', contesta B. 'Yo pagué por ella, es mía.' Eso es todo", dice la entrada que data de 1938. Y nada más. El resto es silencio de Maugham y culpa enteramente mía.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/subnotas/160680-51535-2011-01-18.html






*


Inventren Próxima estación: HORTENSIA


Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/


InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/



Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por
Yahoo, enviar un correo en blanco a:
inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar




INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a:
inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar


Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.

Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.

La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor.

Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

miércoles, enero 19, 2011

ESTACIÓN HERRERA VEGAS



InvenTren.



SOLO UN CAFÉ…*


A Silvio


Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto.
El Sur
Jorge Luis Borges



La vio acercarse, con el mismo sombrerito que usó en la televisión…

Se hallaba a punto de partir a provincias a una gira promocional de su más reciente disco, encendió el televisor para no sentir tanto silencio – o para acallar los gritos de sus pensamientos – y vio que estaban pasando una entrevista a enfermos terminales. Una idea un poco cruel, pensó, sin darle demasiada importancia.

De pronto escuchó su nombre. El entrevistador le preguntaba de nuevo a una de las pacientes – vaya ensañamiento – si ese era su último deseo.

- Sí - respondió una mujer con un sombrerito de terciopelo verde oscuro, apenas para intentar cubrir la calvicie a la que la condenaba su enfermedad -, de niña y adolescente fue mi ídolo, mi primer y gran amor, compraba sus discos, iba a sus conciertos, perseguía sus entrevistas, me sé sus canciones, sus poemas... Jamás pude siquiera tenerlo cerca… Ahora que estoy tan próxima a partir, desearía poder tomarme un café con él.
- ¿Y que le dedique una canción, tal vez? – insistió el periodista.
- Solo un café – dijo ella, mirando fijamente a la cámara.

Le pareció que los ojos de la mujer, de un azul casi transparente, se clavaban en los suyos. Aquello lo impresionó. ¿Sería una señal? Su religiosidad personal, conformada por lo que había ido eligiendo de varios credos, era muy profunda.

Si, a pesar de nunca ver televisión, de estar apenas prestando oídos, una mujer a punto de morir decía su nombre, y vivía en una ciudad donde harían una corta estancia… Era un llamado.

Logró localizarla a través del hospital donde se realizó la entrevista. Ella, muy emocionada, le dijo que no vivía en la ciudad, sino en un pueblo cercano, pero podía tomar un tren y coincidir con su apretado horario, una hora antes de partir. Para ayudar al encuentro, fue él quien propuso que fuera en el café de la terminal, un sitio agradable. No era primera vez que hacían esta parada, ahí vivía la madre de uno de sus músicos. El resto hacía cualquier cosa, hasta que se reunían en el punto acordado.

Se levantó, saludó con una inclinación de cabeza que ella respondió del mismo modo. La ayudó a sentarse y esperaron, sonriendo en silencio, que viniera la camarera para ordenar, él un café expreso, ella un capuchino.

Tenía la nariz levantada y las mejillas tersas, muy pálidas. En contraste, las pecas que salpicaban su rostro eran casi rojas. “Parece una niña que se resistió a crecer, tiene rostro de bebé”, pensó y se le heló la sangre al recordar que estaba frente a una persona a la que le quedaban, con suerte, unos meses de vida. Su antiguo miedo a la muerte estaba sentado frente a él.

Ella adivinó sus pensamientos.

- Conozco esa mirada, no te preocupes, no es tan terrible como parece... Todos venimos al mundo con fecha de vencimiento, la diferencia es que yo conozco la mía.

No sabía qué responder, mas, al verla echar a reír, aflojó la tensión y rió también. Había tenido sus temores, a última hora casi se retracta del encuentro. Las fans lo ponían nervioso, esperaban de él algo más de lo que era, como si tuviera que hablar todo el tiempo en el idioma de sus canciones, tener salidas geniales ante cada frase, tararear lo que ellas le pidieran. Hubo una que le reprochó su estatura… y hasta su edad, comentándole que “en la portada de los discos se veía más joven y más alto”.

- No espero nada trascendental de este momento – sonrió ella, leyendo su mente de nuevo -, debes estar hastiado de todo tipo de acosos, preguntas fuera de sitio, indiscreciones y comportamientos extremos. Mi deseo era éste, compartir un café contigo, nada más.

La hora discurrió tan rápidamente que quien los contemplara hubiera dicho que eran dos amigos que se reencuentran luego de una larga pausa y tienen mucho que contarse. Rieron, comentaron sucesos del pasado, eventos que conmovieron a muchos, otros casi olvidados… No tuvo que mirar el reloj, ella lo hizo por él.

- Llevo medida del tiempo, sé que estás en una breve parada. Mi agradecimiento no tiene límites y sé que te pondrá nervioso escuchar todo lo que ha significado para mí este encuentro. Solo quería, antes de despedirnos, hacerte un regalo, algo especial que solo yo puedo darte…

De nuevo sus nervios se dispararon: Lo dicho, con los fans todo es de esperar. Pero ella no parecía tener impulsos de besarlo, ni de dispararle con un arma oculta, pedirle su reloj, ni siquiera un autógrafo en algún sitio extraño de su geografía. En vez de esto sacó una agenda y un bolígrafo.

- Como sabes, estoy a las puertas de un viaje sin retorno – lo miró, sabiendo que acaparaba su atención -. Cuántos no habrás perdido, cuántos adioses inesperados, cuántas largas despedidas, cuántos “hasta pronto” que se transforman de golpe en “hasta siempre”.

Guardaron silencio por unos segundos.

- Siempre que esto sucede, pensamos que algo esencial faltó, más allá de la ausencia. Rezamos por una hora, por un minuto, así sea por saber que nos escuchan – continuó ella, extendiéndole ambos objetos -. Elije una de estas personas, la que darías cualquier cosa por ver una vez más. Escribe lo que quedó por decir. Te prometo que, si la otra vida existe, la buscaré y se lo diré, así me tome el resto de la eternidad.
- ¿Y es necesario ponerlo por escrito? – le dijo, con los ojos húmedos, llenos de remembranzas y agradecimiento.
- Sí, para poder aprendérmelo de memoria en el tiempo que me queda y transmitirlo, con tus palabras exactas, a ese alguien que amaste tanto y el destino te llevó antes de que pudieras decírselo.

Comenzó a escribir, entendiendo que el mensaje captado aquel día frente al televisor había sido para él, pero no del modo en que lo entendió.

Dejó gotear su dolor en el papel que iba cubriendo de renglones, sin saber si se hallaba en una estación de trenes, frente a una mujer aún joven y bella a pesar de los estragos de la enfermedad, o si se hallaban ambos en una estación de tránsito de un género distinto, y frente a él tenía un ángel que adivinaba sus deseos, sus memorias, sus temores y hasta lo que había pretendido sepultar en los rincones más hondos del olvido.



*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.






La reinvención*



*Por Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar




El hombre camina por su barrio con su mochila de frustraciones antiguas.
Al dar vuelta la esquina reconoce a un compañero de la -ahora lejana- escuela secundaria. No lo ha visto en décadas.
Alejandro esta tirado en el piso debajo de un antiguo camión que parece haber sido fabricado durante la segunda guerra mundial.
"Lo compre por unos pocos pesos". -Explica. "Lo estoy reparando para que sea casa rodante. Voy a recorrer la argentina con el".
El hombre mira a su amigo con una expresión intraducible. El camión es una ruina con su chasis sostenido por troncos de madera.
El amigo debe haber percibido una mirada escepticismo, o esa piedad que se tiene ante un delirio impracticable.
-"Si no tenés sueños, estas muerto". Dijo con un sentido justificatorio.
Al hombre la frase le pareció un flechazo en el pecho de su propia existencia.
Cambiaron de tema. Que sabían de los compañeros de entonces.
¿Sabes algo de Huber? -Preguntó el hombre-
Con Huber eran un trío inseparable en el primer año del industrial.
-Se fue a trabajar a un pueblo de campo en un centro de investigación. Le cambio la vida. Acá no tenia nada y a los 50 años nadie te da un trabajo estable. Hay que trabajar 12 horas arriba de un remis completo el hombre el cuadro de situación.
Antes de despedirse el hombre pide las direcciones de correo de Huber, y la de Alejandro el portador de ese sueño de acercar distancias que ha intuido como inalcanzable.


El hombre siguió su camino acunado en angustias. Son años de sentirse fracasado y por más que haga enormes esfuerzos mentales no logra ver la mitad del vaso lleno. Solo gotas. Y se evaporan.

Esa misma noche le escribió a Huber.
Le contó su situación. Una vida horrible. El trabajo un espanto. Ni hablar de la soledad.
Huber le contesto rápido. Leyó su correo en la mañana siguiente.

-"Negrito, que alegría me das, salvo de Alejandro hace años que no se nada de los compañeros de la escuela.
-"Lamento que no estés del lado de los integrados al modelo. Esta sociedad casi no da segundas oportunidades a nuestra edad. He tenido un golpe de suerte después de años de golpear puertas.
Esta noche, cuando vuelva a casa te cuento la historia de como llegue aquí."

El hombre responde: Dale, contame. Quiero saber una buena entre tantas calamidades que escucho en el día.



Al amanecer, cuando el calor insoportable apenas ha aflojado durante la noche, el hombre lee la carta Huber. Es una historia larga y no parece sencilla.

Había tenido un año peor que malo. Le extirparon un testículo, cuando salió de esa se quebró una pierna.
Su hija lo dibujaba: "Es papá en su burbuja" y lo representaba: La angustia lo aislaba cada vez más. Imposible ver futuro. El futuro era el día siguiente o la semana a lo sumo.
Un día recibió un llamado de un primo que vive en el campo, justo en el límite de los partidos de Yrigoyen y Bolívar.
"Se viene el ferrocarril de nuevo y va a haber trabajo en cada pueblo. Hasta posibilidad de radicar industrias y empleados"
Huber hizo un bolsito y se fue a ver a su primo. Fue por un par de días y volvió a la semana con otra cara.
Ese título que le dieron a leer era más que prometedor: "La reinvención del ferrocarril. Un proyecto comunitario de articulación social"
El tren volvía, pero cada pueblo debía formular proyectos que se respalden en el tren y den sustentabilidad a largo plazo.
Ahí tomo contacto con la gente de Herrera Vegas, 150 habitantes que tuvieron el criterio de no aceptar cualquier cosa.
Tomaron el asunto del proyecto para refundar su pueblo con el ferrocarril en serio. Armaron un concurso de ideas internacional y lograron el respaldo de la UNESCO.
En asambleas descartaron alternativas: ni planes de vivienda sin trabajo para quien llegue a vivir, ni la instalación de una cárcel -el Estado vive buscando lugares para ampliar su capacidad de encerrar en celdas-.
Tampoco industrias que contaminen más aún el agua.
Fue unánime. El proyecto ganador fue la radicación de un centro de investigación avanzada, al que se bautizo como "Alfonso Luis Herrera" en homenaje a un destacado científico mexicano. Un segundo proyecto también fue aprobado: un polo de microempresas que fabriquen alimentos.

Huber consiguió empleo en el centro de investigación como administrativo, a la espera de que lo asignen a un proyecto de investigación específico. Se levantaba bien temprano, caminaba hasta la estación Libertad y se subía al tren hasta Herrera Vegas. Trabajaba 8 horas y tenia casi 6 de viaje entre ida y vuelta.
Cuando lo designaron como empleado contable en el proyecto NOGXA. Huber se animo a llevar a su familia a vivir a Herrera Vegas. "Ahora los chicos pueden jugar en la calle" (....) "dejas la bicicleta o la motito o lo que sea en la puerta de calle y nadie toca nada". (....) "No se si es el paraíso pero se le parece bastante..."

Así como el proceso que lo llevo a conseguir trabajo estable e irse a vivir a ese pequeño pueblo revoluciono su existencia. Huber habla maravillas del proyecto donde trabaja. Aunque el no entiende demasiado de lo que hace ese equipo de científicos, sostiene que el fin es noble, que van a terminar de dar vuelta el modo de pensar la relación entre mente y cuerpo.




"Negrito, no se lo digas a nadie pero esta gente esta experimentando con una máquina que puede grabar todo lo que la mente de un sujeto almacena durante su vida. (....) todo, absolutamente todo: imágenes, frases propias y de la gente querida. Lo políticamente correcto y lo traumático fijado en la memoria. (...) Además y esto es lo mas decisivo: puede registrar el efecto de emociones y recuerdos pasados sobre el cuerpo en el aquí y ahora..."

Una vez hablo fuera del horario laboral con el director de NOGXA.
Huber se despreocupo por hablar un lenguaje de códigos y conceptos. Simplemente pregunto: Che, Javi, ¿como se te ocurrió todo esto?
Gracias a Carl Kolchak, por el capítulo del hombre obligado a dormir en un laboratorio. Ese hombre que en sus sueños materializa al hombre musgo, el "Peremalfait", un cuco mítico de su infancia que mata a quienes quieran despertar a su creador.
Era un niño y ese capítulo me impresiono y dejo su huella en el tiempo. Desde ahí, para decirlo mal y breve me obstine por hacer visible, materializar de alguna forma los recuerdos y la actividad cerebral del ser humano.

¿Viste, negrito? Que asombrosas suelen ser las cosas...

-Te felicito hermano, le contestó el hombre. Era hora que te tocara un trabajo decente.

(...) No lo voy a pensar ni un día más. Voy a visitarte a Herrera Vegas. Buscare un trabajo. No importa en que oficio. Sino estar allí y vivir en un pueblo que se recrea. Que brinda la ilusión de reinventar la vida de quien pise su suelo.

Allá va el hombre a sacar su pasaje para viajar desde Merlo Gómez, la estación más cercana a su casa. En el camino ve un cartel de publicidad que dice: "Es hora de ser quién queres ser"

No es mala idea, -piensa el hombre-, quizás fuese tarde para ser el que hubiera querido ser a los 25 años. Pero el intento bien va a valer para demostrarse a si mismo que no esta derrotado.







La crisis del chocolate*


*Por Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Y hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com



¿Por qué íbamos a preveer errores, si avanzábamos sobre teorías sólidas?... La crisis del chocolate se extendía a nivel mundial. Parecía que las plantas de cacao se hubiesen puesto en huelga hasta que las especies transgénicas, introducidas a cada país con tratados de libre comercio, renunciaran a sus patentes en el mercado.



Eran esos tiempos futuros, o arcaicos (nadie lo sabe bien), en que el chocolate era valorado más que el oro u el cobre en estos días. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se vieron obligados a intervenir para rescatar al país de lo que los expertos ya llamaban "La Crisis del Chocolate", elaborando un oportuno plan, como en casos similares suelen ser elaborados.



Las ya tradicionales opciones fueron consideradas: instaurar una dictadura militar, despidos masivos, privatizaciones, permitir que una potencia invada al país para rescatarlo, incrementar la deuda externa... Incluso la opción de dejar al mercado nacional sin protección del Estado, para que por un milagro del mercado mundial se estabilizara el país y lo sacara de esta terrible crisis; algo así como cuando los extraterrestres secuestran a las personas (principalmente mujeres, aunque luego suele haber equivocaciones), y usando técnicas de inseminación artificial les dejan preñadas, solo que en este caso: usando dinero y países para los experimentos.



La crisis avanzaba rápidamente, y el plan debía ser definido; pero la experiencia histórica frenaba cada opción al recordar que ninguna de ellas, ni todas implementadas al mismo tiempo, resolvían crisis alguna y sólo protegía los intereses de los grandes capitalistas. Fue entonces que la respuesta que se buscaba, aquella que aportaría la evidencia rotunda de lo acertado de las doctrinas neoliberales, apareció para salvar al país: se adoptarían todas las opciones tradicionales, pero además, y ésta fue la gran respuesta, se construiría una fábrica de chocolate.



Y así fue: la construcción se inició un par de horas después de consumado el golpe militar. La localidad elegida fue el pueblito de Herrera Vegas, junto a la vieja estación abandonada del ferrocarril. Su construcción traería desarrollo y empleos a la localidad, además de chocolate a la nación.



Lo que causó la primera sorpresa fue el gran letrero a la entrada de la fábrica, que anunciaba el nombre: "Alfonso Luis Herrera"; que hacía recordar esos tiempos de la revolución mexicana de 1910, donde el tercer mundo había intentado definir una ciencia que se distinguiera del resto por haberse originado en un país llamado "subdesarrollado", y por haber intentado unificar la experiencia y expectativas del pueblo con las explicaciones naturales del Universo:



FÁBRICA DE CHOCOLATE "ALFONSO LUIS HERRERA"

Auspiciada por el Banco Mundial.

Herrera Vegas, Buenos Aires. República Argentina.



"El patriotismo tiene una base química, pues nuestras cenizas irán a formar parte de nuestros descendientes; estamos formados con detritus de nuestros antecesores y otros seres y minerales de nuestra patria. Después de una guerra, las sales de los muertos, por medio de los vegetales, el trigo, el pan, etc., nutrirán los futuros pobladores de la región en que se dieron las batallas, lo que significa una reconciliación química profunda de las razas combatientes" (Alfonso L. Herrera)



Al poco tiempo, las cosas marchaban como era de esperarse: la crisis poco o nada se había resuelto, las medidas adoptadas sólo habían logrado dar estabilidad a los grandes capitalistas, los pobres trabajaban más y comían menos, y la deuda externa se había incrementado en algunos millones de dólares. Todos llegaban a la estación Herrera Vegas con la curiosidad de saber qué se hacía en la fábrica, pero quienes lograban entrar salían siendo personas completamente distintas, aún cuando seguían siendo los mismos (algo por demás extraño de explicar).



Los rumores comenzaron a causar desconfianza, pues nadie había visto por la región algún chocolate de los producidos por la fábrica, y regularmente eran observados cargamentos que llegaban al ferrocarril, transportando equipos de laboratorio, secuenciadores de genes, sustancias químicas y demás cosas que pasarían inadvertidas, si a donde eran llevadas no fuera una fábrica de chocolate.



Y es que dentro de ésta, colocado inmediatamente en la entrada, se encontraba un espejo que tenía la curiosa propiedad de invertir la simetría de las moléculas en todo aquello que se reflejara en él. Este espejo era utilizado con el fin de invertir la simetría quiral en los seres vivos, pues una propiedad de todos ellos es que los elementos moleculares que los constituyen, en cuanto a los aminoácidos que forman parte de las proteínas y los azúcares que componen el material genético (ADN y ARN), se orientan a un lado en particular: los aminoácidos en los sistemas biológicos son izquierdos (levógiros), y los azúcares son derechos (dextrógiros). Bien, el espejo invertía esta simetría (esta quiralidad), en todo ser vivo que se reflejaba en él.



A poco de andar, nos dimos cuenta con Astrid que el proyecto real no iba a ser aceptado ni entendido. Aún en ese mismo Centro de Investigación Avanzada, donde se desarrollaban ideas muy audaces.



¿Cómo podíamos aceptar ser auditados por los organismos que financiaran las obras y el equipamiento? Tuvimos que fabricar chocolate -el oro de la época- para poder sostener la investigación básica.



¿Como explicar que el proyecto contaba con la colaboración de una civilización extraterrena? ¿O que nuestras creaciones genéticas estaban poblando el planeta incubadora Gl 581 C?



Nosotros trabajábamos en la inversión y/o modificación genética de la vida. No imaginábamos que nuestros procedimientos alteraran la ideología de los sujetos. El marco teórico nos llevaba a suponer que la ideología de los sujetos es más dura e inmutable que su genética.



Así pensábamos hasta poco tiempo atrás, cuando en el marco de la visita de un economista, jefe del Banco Mundial, ocurrió un acontecimiento imprevisto: Mientras el hombre recorría la línea de producción de monedas de chocolate -las cuales pueden ser consumidas o utilizadas como medio de pago hasta la fecha de vencimiento, pues vale aclarar que en nuestra época, el dinero es comestible y tiene fecha de vencimiento en su utilización- fue entonces cuando notamos que el espejo inversor había quedado descubierto por una esquina, y sin poder evitarlo, el economista se reflejó en él. Cruzamos miradas de pánico pero no ocurrió nada, todo siguió aparentemente igual.



Al final de la visita, Astrid acompañó al hombre hasta la estación. Para el horario de llegada del tren faltaban unos 20 minutos. Al rato de llegar, el hombre se disculpó un momento para ir al baño de la estación. Caminó hasta el muro lateral -pintado impecablemente de color arena- y allí, a la vista de muchos pasajeros que aguardaban el tren al igual que él. Extrajo de sus ropas un aerosol de pintura. ¿Lo había robado de nuestra fábrica, en la sección donde rotulan la producción embalada en cajones?



Astrid saco fotos con la cámara de su teléfono celular mientras pintaba el muro, y otras al graffiti finalizado:



"La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados"

-Marx y Engels-



"El capitalismo es una mafia"



"Lea El Capital y El Manifiesto Comunista".



Ya ha pasado algún tiempo y todavía no tenemos una explicación confiable a este suceso.












EL CAMAROTE OCUPADO*


-Quinta parte-



Abrumada por la sorpresa, mientras escuchaba el chasquido de un picaporte cerrándose en seco, Claudia cayó al suelo del camarote en una densa semipenumbra que apenas le permitía registrar difusas siluetas. Tardó un par de segundos -caída de bruces, con ambas manos sosteniendo en alto sus hombros- en advertir que, además de la escasa visibilidad del lugar, la situación se complicaba al haber perdido sus gruesos lentes, que quizás habían saltado de su rostro en la caída, rebotando sobre la goma del suelo y extraviándose en algún remoto rincón de la habitación, abandonándola en el peor de sus temores: la ceguera –circunstancial o no, la imposibilidad de ver la ponía en extremo susceptible-.
-¿Qué pasa? -, exclamó, con voz trémula pero imperante. -¿Qué quiere conmigo?
Nadie le respondió, pero experimentó una ráfaga de aire helado sobre el rostro, más algunas gotas, posiblemente de agua, provenientes de algún punto delante suyo. Y luego, un par de manos, silenciosas y reptantes, que comenzaron a levantarle con decisión la cintura del pulóver hasta el pecho.
-¡No! -, protestó ella, girando y sentándose sobre la cola, con respiración agitada. -¿Qué pasa?… ¿Quién es?… -, interrogó a la oscuridad.
Silencio. Sólo el silbido del viento, ahora a sus espaldas. Y una forma, inquietante, avasallante, delante suyo.
-No… -, murmuró, presa del temor. –No me haga nada… Por favor…
La borrosa silueta avanzó muy lentamente hacia ella, como si emergiera entre las densas nubes de un sueño. Claudia sintió que el temor inicial se transformaba velozmente en una sensación terrorífica, imposible de eludir. “Es el fantasma del camarote”, pensó una parte de su mente, dominada por la emoción. Aunque la otra mitad, aún manteniendo la fría cordura, le recomendó: “No te sugestiones más con cuentos de hadas”.
Pero el miedo pudo más, inmovilizándola, sin poder evitar quedar a merced de lo innombrable.
Una respiración se agitó delante de su rostro, mientras unas manos volvían a levantarle el pulóver, acariciándole los pechos con un roce sutil pero en extremo sensual. Claudia levantó uno de sus brazos, intentando zafarse.
-¡No! -, exclamó, quizá con escasa convicción. Y desató la tormenta.
Una feroz descarga de besos arreció sobre su rostro, buscando con ansia sus labios, chupándolos, lamiendo su rostro con una lengua voraz. El impulso le impidió pensar, al tiempo que un cuerpo la empujaba hacia atrás, derramándose sobre ella, rodeándole las piernas. Claudia intentó defenderse, aunque sin éxito; sólo consiguió acariciar retazos de otra piel, tersa y suave, probablemente perteneciente a la pasajera del camarote. La agradable sensación la distendió por espacio de un segundo, agradecida de no estar palpando una superficie fría y viscosa, o como quiera que fuesen las texturas fantasmales o de ultratumba. Pero al segundo siguiente, una ráfaga de aire helado se coló por entre ambos cuerpos, estremeciéndola en la oscuridad.
-Por favor… Basta… Esto no me gusta… -, balbuceaba ella, incapaz de detener el salvaje impulso amatorio que se abatía sobre su cuerpo.
La piel le era femeninamente familiar. Sin embargo, la intensidad seductora de aquella ¿persona? se le antojaba muy masculina, lo que convertía a su partenaire en un ser en extremo ambiguo, en algo demasiado… histérico. La situación le resultó tan perturbadora como fascinante.
Ávidas manos reptaban por debajo de su pulóver, aferrándose con ansia sobre sus pechos, mientras un muslo se contraía sobre su entrepierna, provocándole un cosquilleo inquietantemente sugestivo. Y esa boca, que no dejaba de besarla, mediante un embate pasional desconocido hasta entonces, le hizo rememorar sus pasadas experiencias amorosas. Ninguno de sus antiguos noviecitos, menos aún su actual pareja –que bastante desabrido había resultado en la intimidad-, le habían ofrecido un placer semejante, con tal fortaleza, con tamaña entrega. Al parecer, su partenaire no tenía nada que perder…
Y ella, parecía que tampoco.
Lorena ya no podía pensar, ni sabía exactamente dónde estaba ni quién era esta mujer que había encontrado. ¿Ella la había hecho pasar? ¿Por qué todo estaba tan oscuro? No lo recordaba. Sólo conseguía tener presente un intenso placer anal y vaginal ofrendado por alguien desconocidamente viril que había hecho maravillas sobre su cuerpo, transformando todo cuanto ella conociera al respecto, convirtiéndola en una especie de peligrosa larva amatoria, un ser lascivo y poderoso en plena mutación hacia una instancia sexual superior. Algo que la dominaba por completo, llevándola a tocar, acariciar, besar y chupar a esta mujercita tan dulce y tierna, que parecía recién salida del nidito de mamá, y yacía inerme debajo suyo, pero que quizás comenzara dentro de poco a participar en forma activa en el juego, hábilmente inducida por una pasajera tan fogosa como impredecible…
Entonces, segura de los pasos a seguir, alzó la cadera que oprimía a la jovencita contra el suelo de goma y desplazó velozmente una de sus manos hacia la cintura, por debajo de una sus propias piernas, buscando el cinturón del pantalón de Claudia, luchando contra la hebilla, luego desabotonando y bajando con cierto esfuerzo la bragueta, para finalmente desplazar la yema de sus dedos sobre la tenue bombachita de volados que lucía la muchacha, quien comenzó a gemir –quizá contra su voluntad- al ser estimulada allí debajo, con tanta suavidad como firmeza.
-Bien que te gusta, putita… -, masculló Lorena entre dientes.
Aunque la voz que brotó de sus labios le sonó por completo ajena a la suya. Como si perteneciese a alguna otra persona.
Y esa voz fuese –increíble pero cierto- muy masculina…


*

-¡Claudia! ¿Estás bien? -, volvió a llamar Ernesto, azotando la puerta del camarote. Pero una vez más, le contestó el silencio.
-¿Vio eso? -, insistió Heriberto Fort, poseído por un nuevo acceso evangélico. -¡Es el Maligno, recaudando más y más víctimas para saciar su inagotable sed de Mal!!! ¡Déjeme cumplir con mi ilustre misión!!!
-¡Cállese! -, le ordenó Ernesto, mientras aferraba el picaporte. Lo giró decidido, pero nada. Trabado nuevamente. Entonces resolvió, sin mirar a nadie, con la vista fija sobre la puerta y una seguridad que no había experimentado antes: -Hay que tirar la puerta abajo.
El filoso semblante de Heriberto pareció insuflarse con llamas ígneas.
-¡Sí!!! -, exclamó. -¡Arrasemos con las huestes demoníacas que nos acosan en toda hora y lugar! ¡Démosle fiera lucha al Maligno! ¡Que sus malsanas poseídas ardan sin piedad en la hoguera, aullando un perdón que nunca llegará, en medio de brillantes explosiones de azufre infernal!!!
-¿Cómo??? -, se exaltó Ernesto. -¿Qué piensa hacer, pichón de inquisidor??? ¿Prenderle fuego a esas dos mujeres? Quemar a la psicóloga le gustaría, ¿no? -. Y de pronto comprendió, a medida que continuaba hablando, cuáles eran los ocultos motivos que atesoraba el contemporáneo sucesor de Torquemada. –Eliminaría a la competencia, y eso lo haría sentir seguro de su propia fe, ¿no es así?
-No, mi amigo… Ud. no entiende… -, balbuceó Heriberto, con los ojos muy abiertos, mutando con violencia de la exaltación religiosa más virulenta al más atemorizado estupor.
-Ni se le ocurra pensar que yo pueda ser amigo suyo -, le retrucó el barman. –La verdad, creí que buscando un sacerdote podríamos ayudar a esta mujer, pero veo que me equivoqué. En el seminario los deben seguir instruyendo con esas locas ideas de consumir en el fuego a los infieles, sin aceptar ninguna clase de perdón.
-¡Claro que aguardamos el perdón! -, se defendió el seminarista. –Pero no el perdón humano, sino el divino. Y nadie sería tan soberbio como para otorgar un don tal, arrogándose el privilegio único del Altísimo.
-¿Eso es lo que busca, padre? ¿El perdón de esta pasajera perturbada, y el rescate de una estudiante que acudió generosa ante un pedido del personal ferroviario, sin saber cuál podría ser el resultado?
-Yo sólo quiero ayudar a mis semejantes a través de la transmisión de la fe… -, balbuceó Heriberto.
-Me da asco, padre. Hace apenas una hora creí que un sacerdote sí sabría qué hacer en una situación como ésta, actuando de manera eficaz, y no como podría hacerlo un pobre ignorante como yo. Pero Ud. está tan en pelotas como nosotros. O mejor dicho… -, y el estilo en que las ideas afloraron dentro de su mente lo satisfizo enormemente, ganado seguridad. Como si a partir de ese instante hablase consigo mismo, pensando en voz alta: -…en pelotas le gustaría estar a Ud., ¿no? Y despertar al Maligno que vive dentro suyo.
-¡Pero qué dice!!! -, vociferó el seminarista, alzando un brazo delante de su rostro en señal defensiva, aunque Ernesto no se movió de su lugar.
-Encender el fuego de la hoguera, y que esas dos mujeres queden bien calentitas, ardientes, fogosas, tocándose entre ellas, mientras Ud. empieza a tocarse por ahí, debajo de la sotana, y las chicas se van sacando la ropa…
-¡Cállese, impuro!!! -, chilló Heriberto.
-Y quedan en bolas, fregándose una contra la otra, gimiendo como animales en celo, transpirando sexo, mientras Ud. se hace una bruta paja, porque el ganso le ha crecido de una manera increíble, y está durísimo, padre. Durísimo…
-¡Basta, basta!!!
-Pero no le dura mucho, claro. Porque todo lo que tenga que ver con lo sexual le despierta un cagazo bárbaro. Se siente un pecador irredimible, el delincuente más hijo de puta que pueda haber conocido el Seminario donde estudia. Y para eso necesita azotarse, para expiar la Culpa. ¿O me equivoco?
-¡Hereje!!! – aulló Heriberto, alzando la cruz de plata delante de sus ojos, a punto de aplastarla contra la frente de Ernesto, como si se hallase delante del propio Maligno y tuviese que freírlo en su propio caldo de azufre sulfuroso.
Ernesto, con una mirada colérica, que asustaría hasta al más valiente, apartó el brazo en alto del seminarista mediante un violento manotazo, aunque la cruz de plata siguió aferrada a la mano de Fort.
-Váyase -, le ordenó entre dientes. –Lárguese de una vez antes de que me enoje en serio y lo cague a trompadas, por cagón y por inepto.
Heriberto Fort, seminarista, padecía de accesos místicos pero no era ningún gil. Así que escondió la cruz de plata y el frasquito de agua bendita en uno de los enormes bolsillos de la sotana y comenzó a retroceder, sin darle la espalda, temeroso de que lo atacara a traición.
-Algún día se arrepentirá de sus palabras -, sentenció.
-¡Chaaauuu!!! -, exclamó Ernesto, y Heriberto apuró el paso, desapareciendo por el pasillo hacia su asiento en la clase Turista.
El barman respiró hondo, intentando controlar la ansiedad, su pulso acelerado, la presión por las nubes. Entonces volvió a fijar la mirada sobre la puerta del camarote Nº 6, y sin pensarlo siquiera, arremetió contra ella, golpeando con su hombro derecho. Nada. Se alejó, tomó carrera y se lanzó otra vez. Nada. Pateó una, dos, tres veces, descargando la suela completa de su zapato. La madera temblaba bajo los impactos, estremeciéndose en los goznes. Hasta que volvió a intentar un empujón, retrocedió en el reducido pasillo y se lanzó contra la antigua puerta de principios de siglo.
Se escuchó un crujido de madera, junto al chasquido de la cerradura al romperse, y Ernesto se vio proyectado hacia la más densa oscuridad.
“Sophrosyne” hizo sonar nuevamente el agudo pitido de su sirena. La tormenta había pasado, pero el viento helado que se había levantado luego de la lluvia era tan helado como el aliento de un resucitado en la tumba…



-Continuará-


*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar
-Capítulos anteriores en http://inventren.blogspot.com/







El Universo es de Trigo*



Somos un viaje continuo,
Orbitando entre los límites
De la calle pavimentada
Y la terracería.


En algunos casos tenemos la fortuna
De escuchar a alguien más
Que viaja en el mismo camión que nosotros,
Y somos capaces de romper
El duro armamento que el aire
Construye a su alrededor;
Pero llega tan rápido al lugar planeado
Que baja en la siguiente esquina.


Seguimos en el camión
Hasta que el costo de transporte
Iguale al valor,
En moneditas de acero,
Que hemos pagado.


Si subimos,
Por descuido o voluntad,
En un camión equivocado,
Terminamos en un lugar también equivocado
Y preguntando cómo regresar.


Viajamos entre guajolotes y frutas,
De pie o sentados,
Esperando que el camión nos lleve a algún lado
O, por lo menos,
Que choque contra otro camión
Para no sentirnos tan solos.


Somos un viaje continuo,
Y una espera,
Que a veces termina en calles pavimentadas
Y otras tantas en medio de los caminos rurales.



*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com







No solo de pan...*



"No sólo de pan vive el hombre..también come carne", ironizaba Julián Bustos mientras el último ternero culminaba de trepar al último vagón jaula de "FÉNIX". El cargamento debía llegar esa misma noche a Valentin Alsina, ya que desde allí partirían con rumbo urgente, aunque desconocido para Bustos. Más allá de donde finalizara su misión, el destino del ganado en pie sólo era determinado por los responsables del frigorífico "Santa Anita", quienes aguardaban con ansia aquel lote de vacunos desde hacía ya tres infinitos días.
Los terneros se agitaban inquietos a bordo de los tres vagones jaula, pero con el correr del tiempo Bustos ya se había acostumbrado a ese detalle. Con lo que no se podía familiarizar era con expresiones taciturnas y distantes como las que esa tarde presentaba el maquinista titular de
"FÉNIX", un Leandro Benítez apagado y acaso rencoroso. Bustos había oído como al pasar que Benítez la "venía piloteando" bastante mal desde hacía un par de meses, cuando comenzaron a investigarlo por un crimen que parecía no haber cometido, vinculado con su trabajo.. pero que nunca se aclaró del todo.
Sus compañeros habían ido apartándose de su lado, y Bustos sentía hasta cierta piedad por el pobre tipo. Sin embargo, ello no impedía que su talante sombrío le inspirara cierto temor, que crecía a medida que compartían las horas transcurridas durante los transportes.
Eran pasadas las siete cuando la formación reanudó la marcha hacia Valentin Alsina, luego de una breve parada en Estación Herrera Vegas. La tarde tenía un neto corte primaveral. Y Bustos disfrutaba en silencio del paisaje, mientras cebaba unos regios mates, que Benítez aceptaba sin despegar los ojos de la vía, ni acotar palabra alguna.

Lo hechos que se sucedieron a partir de la mitad del trayecto le evocaron a Leandro Benítez la siniestra repetición de una escena traumática, que lo obligó a renunciar a su puesto sin titubeos, y a Julián Bustos lo embargaron de un miedo y una indignación que -a pesar de haberlo intentado
infructuosamente- no se le borraron durante lo que le quedó de vida.

Lo primero que vieron, al doblar una curva, fue un par de vetustas y oxidadas camionetas Dodge que apenas si podían moverse, cruzadas sobre los rieles. Benítez movió la palanca con destreza, deteniendo a tiempo a "FÉNIX", haciendo chirriar los frenos con un estallido de chispas. La locomotora se quejó en un último estertor al detenerse, rozando apenas con su enorme parachoques uno de los abollados flancos de las camionetas.

-¿Pero quién mierda..? -, estalló Benítez, despertando de su letargo.

No consiguió terminar la frase. Una impensada horda de indigentes, entre quienes se hallaban varias decenas de infiltrados, evidentes punteros políticos que comandaban su errático y famélico accionar, surgió de la densa arboleda que se erigía sobre una de las cunetas y saltó hacia la formación
armada de filosos cuchillos, trepando hacia los vagones jaula en medio de un colosal griterío de guerra, algunos con increíble agilidad, otros con notorias dificultades en la locomoción, producto de una vida plena de privaciones y falta de atención médica. Rostros desencajados, pieles escamadas, bocas desdentadas, miradas alucinadas. Todos ellos parecían vampiros, aunque sin la menor cuota de palidez, ávidos de sangre..y de carne, a fin de llevarse codiciosos hacia la olla o la parrilla. El ganado olfateó el peligro en el ambiente y comenzó a mugir desesperado, pataleando contra los flancos de los vagones y haciendo vibrar la formación, que al ser abordada por la horda amenazó con volcarse y descarrilar, arrastrando a "FÉNIX" consigo.
Bustos se asomó a la ventanilla de la locomotora sin conseguir articular palabra, estupefacto, dejando caer el mate recién cebado al piso de la cabina de "FÉNIX", intimidado ante tamaña aparición espectral. Sabía que su misión era proteger el cargamento vacuno de cualquier contratiempo, pero jamás lo habían preparado para repeler un ataque como aquél, y menos aún había podido imaginar por su cuenta algo por el estilo. Así como nunca se había sentido tan impotente frente a una situación de peligro como en aquél momento. Benítez, por su cuenta, reaccionó de manera inversa; con el pavoroso recuerdo del frustrado asalto de la caja fuerte británica del siglo pasado delante de sus ojos, se desbordó de furia, no tanto frente a la injusticia de aquel acto -su responsabilidad lo limitaba exclusivamente a conducir la formación hasta destino-, como ante su propia frustración, y el funesto panorama que inconscientemente avecinaba para sí mismo.

-¡Loco!!! ¿Qué mierda se creen que están haciendo!!! -, chilló desde uno de los balcones laterales de "FÉNIX", dando un par de pasos hacia la multitud, que ni siquiera lo oyó.

-Quedate piola, chabón, que la cosa no es con vos -, le indicó a escasos cinco metros sobre la cuneta un tipo grueso, con una visera de la Municipalidad de La Matanza calzada hasta las cejas, mientras sopesaba un enorme palo entre sus manos, a manera de garrote.

-¡Pero me están cagando el laburo!!! -, protestó Benítez, deseoso de sacarse de encima con sólo chasquear sus dedos a toda aquella gentuza.

El tipo no le contestó, ni dejó de izar y dejar caer el garrote sobre su palma izquierda, mientras contemplaba parsimonioso el vibrante y efusivo accionar de la gente que habían trasladado hacia allí desde territorios no tan vecinos. La emboscada había sido todo un éxito. Quizá, todo respondiese a un brutal política asistencialista suscripta por el municipio -o por la provincia toda, quién sabe.-; sólo que esta vez no les regalaban empaquetada la carne para el guiso o el asado, sino que se la tenían que procurar de inmediato por sus propios medios.

Los chillidos de los animales, así como de los hombres y las mujeres que asestaban cuchilladas a diestra y siniestra, parecían similares.
La ferocidad de aquel ataque parecía denotar algo más que hambre; se asemejaba más a una venganza muda, cuyo destinatario principal ni siquiera era una persona o una corporación. El tren no hacía más que vibrar; varios terneros agonizantes trastabillaban y caían sobre el suelo irregular, cruzado por las vigas de acero de todo vagón jaula, generando temblores y estruendos que le ponían al maquinista y al encargado del frigorífico los nervios de punta. Luego de unos minutos, comprobaron que varias mujeres
ensangrentadas se alejaban de la escena munidas por toscos trozos de carne faenada, aún con el peludo cuero pegado sobre sus costados. La sangre vacuna se derramaba indolente sobre los enrejados flancos de los vagones jaula, cayendo sobre los cantos rodados de la vía con un sello ciertamente horroroso.

Entonces, cuando la masacre parecía haber alcanzado su punto de mayor fragor, con el primaveral aire de la tarde impregnado por el fétido olor de la muerte -coronado por el de la sangre, el miedo y la bosta-, una abominación mayor tuvo lugar ante los incrédulos ojos de Julián Bustos y Leandro Benítez.

Los ángeles vengadores del sistema surgieron casi de la nada, sin que nadie reparase en su existencia, sobre la explanada opuesta a la arboleda. Cubiertos por el más cómplice de los silencios, habían llegado a bordo de sus patrulleros blancos y azules sin encender ninguna sirena o baliza, sabedores de su impunidad. Se habían apostado en hilera, protegidos detrás de sus vehículos, todos ellos enfundados en sus uniformes oficiales, sin pronunciar palabra, ejecutando órdenes tan precisas como los punteros que minutos antes comandaran el asalto. Como dos ejércitos enfrentados -uno de ellos probablemente financiado por el frigorífico "Santa Anita", encargado de hacer un seguimiento muy próximo al cargamento, ante los reiterados rumores de un ataque de cuatreros, según los rumores de pasillo que Bustos consiguió milagrosamente evocar en aquel instante-, aunque ambos bandos sostuvieran en alto la misma bandera de la pobreza.

Alguien gritó, de pie sobre el techo de uno de los camiones jaula, queriendo alertar a sus compañeros en el último segundo. Aunque pocos lo supieran, en la barrabrava de Boca Juniors y en su barrio de Rafael Castillo lo conocían como el Gordo Nacho, muchacho dispuesto como pocos para
el desorden y el beneficio sin esfuerzo alguno; extraña clase de gato salvaje que siempre caía de pie, cualquiera fuese la situación que le tocase enfrentar. Sólo unos pocos consiguieron escucharlo, demasiado tarde para reaccionar.

En aquel último instante, lo único que consiguieron distinguir el maquinista y el encargado del frigorífico, en medio del caos y la confusión generados por el griterío humano y animal -aunque ya casi no pudiesen diferenciarse entre sí-, fue el sostenido pero breve pitido de un silbato, iniciando las maniobras consistentes en repeler a los invasores. Sólo que, evocando por su ausencia a las oscuras y anchas bocas de los lanza-gases antimotines, las decenas de cañones de pistolas y escopetas que se
parapetaban detrás de los patrulleros, sumados a igual número de ojos fijos a través de sus miras sobre blancos móviles precisos, presagiaban mucho más que lo peor.

Las últimas luces de la tarde agonizaron en medio de un ensordecedor y sincopado estruendo de disparos, que vomitaron fuego y muerte a discreción sobre aquel malogrado convoy ferroviario. Cápsulas y cartuchos servidos volaron por doquier alrededor de las fuerzas del orden, impregnando el espacio de la cuneta de las vías por el acre aroma de la pólvora. Fue un fusilamiento casi a quemarropa, sin contemplaciones. Nadie preguntó ni se cuestionó nada; todos obedecieron en bloque, disparando y recargando sin pensar. Mientras sus víctimas, humanas y -por desgracia, en el fragor de la contienda- también animales, caían al suelo entre alaridos de sorpresa y de dolor, cubiertos de sangre de pies a cabeza, tajeados por las cuchilladas, agujerados por los balazos, con los brazos en alto en un inútil y postrero intento de rendición, derramando vísceras sobre cada camión jaula y los cantos rodados de las vías, implorando en vano como sus congéneres entre los desolados muros del matadero.

Bustos se arrojó al suelo de la cabina ni bien sonaron los primeros disparos, que derribaron al tipo del garrote y la visera casi de espaldas, sin que se diese cuenta que estaba muriendo, mientras Benítez se zambullía detrás del encargado del frigorífico desde el balconcito lateral de "FÉNIX".
Desesperados reptaron sobre sus vientres hasta alcanzar la puerta del otro lateral, abriéndola hacia la arboleda, donde parecían querer escapar los últimos asaltantes -entre ellos, un aterrado Gordo Nacho-, seguidos de cerca por el silbido de los proyectiles. Las balas arrancaban fragmentos de corteza de los árboles en busca de los recién fugados, mientras las fuerzas policiales avanzaban en bloque, abandonando la protección de los patrulleros sin dejar de apuntar hacia la ya abatida multitud, yendo a la caza de los escasos heridos y moribundos..y de todo aquel que pudiese oficiar como solitario pero peligroso testigo del hecho.

Varios cañones los apuntaron cuando ambos se arrojaban desde "FÉNIX" hacia la cuneta de la arboleda. Sólo una milagrosa orden del oficial a cargo consiguió salvarles el pellejo, al reconocer en el último segundo a Julián Bustos como uno de los empleados del frigorífico "Santa Anita". Algunos uniformados se adentraron entre los árboles disparando a ciegas, mientras la mayoría de los demás se encargaban de rematar a los caídos, y los pocos restantes se ocupaban de levantar a los empujones al
maquinista y al encargado, apoyarlos de cara contra el costado de la locomotora, y esposarlos, a pesar de las vacilantes y quejumbrosas quejas de Benítez, sin apartar de sus cabezas los humeantes cañones de las armas.

Bustos se apoyó de espaldas contra la locomotora, dejándose caer al suelo hasta quedar sentado sobre el canto rodado, y vomitó hacia un costado, orinándose al mismo tiempo en los pantalones. Benítez temblaba, manteniéndose apenas en pie, con la mirada perdida a fin de evitar contemplar el rostro del horror, y el semblante desolado frente a su incierto futuro. Más allá, los últimos terneros mugían en estridente agonía, erizándoles la piel. Y decenas de cadáveres teñían de rojo la pampa húmeda.

Los orificios de bala de distintos calibres permanecieran sobre el lateral de "FÉNIX" durante el resto de su campaña ferroviaria, como cruel y mudo testimonio de aquella tarde de masacre. Sus eventos jamás se dieron a conocer en los medios de prensa, y sólo un par de aterrorizados testigos recordaron por siempre, aunque incapaces de relatarlos ante auditorio alguno.

"No sólo de pan vive el hombre..también come carne", recordó -muchos meses después, con unas cuantas copas encima- haber pensado aquella misma tarde, como en un sueño, antes de emprender el viaje, el empleado Julián Bustos.
"Carne de res faenada", musitó con un inconfundible vaho etílico, sobre una anónima mesa del almacen de ramos generales "La Frontera", antiguo boliche de los que se apeaban en la Estación Herrera Vegas, dos o tres décadas antes; "carne que nos alimenta a todos, y que nos acostumbramos a comer desde bien chicos".

Aunque, claro, rara vez esa carne faenada con la que se alimenta una nación... termine siendo humana.



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar





*


Inventren Próxima estación: HORTENSIA



Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/

El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:


ORDOQUI.

CORBETT. / SANTOS UNZUÉ. / MOREA. / ORTIZ DE ROSAS. / ARAUJO.

BAUDRIX. / EMITA. / INDACOCHEA. / LA RICA. / SAN SEBASTIÁN.

/ J.J. ALMEYRA. / INGENIERO WILLIAMS. / GONZÁLEZ RISOS. / PARADA KM 79.

ENRIQUE FYNN. / PLOMER. / KM. 55. / ELÍAS ROMERO. / KM. 38.

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO. / LIBERTAD. / MERLO GÓMEZ.

RAFAEL CASTILLO. / ISIDRO CASANOVA. / JUSTO VILLEGAS. / JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. / ALDO BONZI. / KM 12.

LA SALADA. / INGENIERO BUDGE. / VILLA FIORITO. / VILLA CARAZA.

VILLA DIAMANTE. / PUENTE ALSINA. / INTERCAMBIO MIDLAND.

InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/



Edición Mensual de Inventiva.
Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por
Yahoo, enviar un correo en blanco a:
inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar




INVENTREN
Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a:
inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar


Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.

Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.

La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor.

Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.