domingo, abril 22, 2007

ALGO SE DETUVO EN PUNTO MUERTO...



MUERTE POR ENTREGAS*





La primera vez fue como si no fuese por propia decisión. Su vida se le
había hecho intolerable, y tuvo que escapar de ella.
Durante muchos años había rehuido el momento de quebrar lo sólido
cotidiano. Un día más, otra semana. Aguantar. Años de sorda furia y despojos
de conciencia desgarrados en jirones sobre los cables de la luz.
Vivía descontento con su mundo, hastiado de todos y de si mismo. No pudo
soportarlo.
Para obligarse a morir es que escribió las cartas. Los sobres ya con
nombres y domicilios quedaron en el cajón derecho del escritorio, bajo
llave, como el cáncer que roe desde la profundidad, y no se nota pero
socava y desgasta.
Sin haber escogido el momento, como ocurren los eventos, esas cosas que
suceden así sin más, que suceden así como la tormenta que gira en círculos y
de pronto se atreve a desatarse, así, una tarde cualquiera pasó por el
correo y envió por ventanilla una por una las píldoras de su suicidio.
Eran cartas ofensivas, hirientes, mezcla de verdades crudas y mentiras
viles. Para su mujer, para sus familiares, para su jefe, para su mejor
amigo, para el vecino. Cada una ejemplar en su bajeza, en su falta de
escrúpulos, en las intolerables e imperdonables injurias.
Sólo de esta forma, causando su propia exposición pudo abandonarlo todo,
sin la posibilidad de un retorno a lo que hasta entonces era su universo
opresivo y cóncavo. Se había asegurado de que no podría ser perdonado, y de
que aún la súplica sería vana para restituir lo destrozado irreparablemente.
Quedó en el vacío y los primeros meses fueron casi imposibles. Cambió de
ciudad y tuvo que conseguir un trabajo. Se inventó una historia para ofrecer
a los nuevos vecinos, nuevos compañeros. Se reinventó.
Y se liberó. A veces pensaba en su mujer o sus padres, pero como si ese
pasado le perteneciese a otro o como si se tratase de un film con personajes
extraños, casi desleídos en la memoria.
Fue haciendo relaciones, tejiendo redes, y estuvo solo hasta que
encontró una mujer con la que, después de un tiempo, compartió casa y
rutina.
Se habituó a la nueva existencia.
No fue hasta varios años después que se halló escribiendo las cartas.
Era razonablemente feliz por esos días; se dijo que era una locura, pero las
guardó en vez de tirarlas. Estaban como la sevillana en la mesa de luz,
aguardando alguna señal imprecisa. Y, un día cualquiera, las depositó en el
buzón como un sonámbulo.
La segunda vez no fue la última.
Una vez más y otra vez. Ya no pudo detenerse.
Inventó cada vez nuevas historias; acumuló muertes, escapes, ciudades y
heridas atroces a quienes lo apreciaron.
Cada suicidio escrito en letra inglesa, prolija, con birome azul. Y cada
suicidio ocurriendo sin aviso, con las cartas esperando esa tarde o esa
mañana fatal en la que, en vez de usar el revólver o tirarse desde el décimo
piso, ponía los sobres en su bolsillo y cerraba la puerta por última vez.
Yo lo conocí aquí en el geriátrico. Mira de soslayo y ya está bastante
perdido.
Cada tanto me pone en el bolsillo del delantal un papel arrugado con
garabatos incomprensibles. Hace quince años que trabajo aquí y nunca nadie
lo vino a visitar.


*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






Algo se detuvo en punto muerto...






Domingo, 22 de Abril de 2007
A tinellizar, a tinellizar*


Nina Peloso compitió en Showmatch y mostró la foto de Carlos Fuentealba. El
suceso, visto por una audiencia record, recrea los debates sobre la relación
entre política y tevé. Una reseña de la farandulización de la política, de
otros mensajes cotidianos. Y muchas preguntas.


*Por Mario Wainfeld


Nina Peloso bailó con Tinelli y contribuyó a su habitual hazaña de llegar al
rating tope. Una militante popular, de origen indiscutiblemente humilde, se
calzó la foto de Carlos Fuentealba sobre su ropa de competición. La imagen,
a los ojos del cronista, era chocante. La réplica imaginable dirá que esa
escena fue vista por más personas que las multitudes que se movilizaron en
repudio al asesinato del docente. La pregunta consiguiente es si esas dos
formas de "sumar" audiencia son congruentes, si no son ética y
cualitativamente diferentes.
El cronista no vio la performance en vivo, sino merced al sinfín de
repeticiones, sello de fábrica de una tevé autorreferencial. Muchas de esas
repeticiones se acompañan con discurso crítico respecto del propio medio.
¿Qué prevalece en la convivencia del discurso con la repetición de las
imágenes?

- - -
En una entrevista radial el licenciado Claudio Mangone, especialista en
Ciencias de la Comunicación, rememoró la ya larga cronología de la
frivolización de la política local, que no despuntó en esta semana. Evocó
que hace más de quince años que dirigentes clásicos, de saco y corbata,
enrolados en los partidos más populares, departían en la cama con Moria
Casán. Pocos se sustrajeron a la tentación de las tertulias con Susana
Giménez o con Mirtha Legrand que, a esta altura y por comparación con otros
entrevistadores-estrella de tevé de aire, es una émula de Larry King. Ni
Fernando de la Rúa, dirigente solemne y "clásico" si los hubo, se sustrajo a
la tentación de capturar a la audiencia de Tinelli. Le salió el tiro por la
culata, pero eso fue una consecuencia no querida... ni pactada.
La transmisión discursiva, la idea de que los medios electrónicos son una
variante de megáfono ¿es una ilusión medieval que se pierde en la noche de
la historia?

- - -

Otro especialista, Luis Alberto Quevedo, suele proponer que la tevé va
virando hacia un género único. Desde la pura intuición, el cronista diría
que ese género es un combo que aúna reality y melodrama. Los noticieros
serios no se sustraen a esa tendencia, cuando musicalizan la noticia, cuando
le dan contexto con los rostros adustos o alegres de los comentadores que
inducen cada vez más inequívocamente a la sensación del público.

- - -

La visibilidad masiva es una necesidad de políticos y militantes. Eso
condiciona sus modos de acción, sus horarios y sus formatos. Objetar que se
adecuen sería condenarlos a la inexistencia. La sumisión plena a una lógica
narrativa despolitizadora es un riesgo polar, muy inminente, difícil de
saltear.
Poner el cuerpo es una imposición para algunos, desprovistos de otros
recursos. Con plata, se pueden elegir otros modos de propaganda, más
convencionales. Las transmisiones de fútbol en directo reciben publicidad de
precandidatos a intendentes en la provincia de Buenos Aires, un semestre
(¡un semestre!) antes de las elecciones. Lomas de Zamora y La Plata son
semilleros de muchos aspirantes. Los anuncios mencionan un nombre, lo
acomodan al lado de la K y agregan una consigna brevísima, huérfana de
sustancia política. Hay algunos vocablos icono: "cambio" es uno de ellos.
Desde la constituyente de Misiones, la no reelección es una consigna que
está de moda.
Sin partido, sin una agrupación que lo avale, Francisco de Narváez se
propone como candidato a gobernador de la provincia más grande del país. Lo
hace con propaganda tradicional, abundante. También aparece en otros
registros. Durante los partidos más relevantes (el superclásico del domingo)
las cámaras que siguen el juego en vivo lo enfocan, los relatores lo
identifican. Millones de personas lo ven, de ese curioso modo que sugiere la
preexistencia de mediaciones diferentes al baile.
Menos se habló en estos días de esas apariciones, que también empobrecen el
mensaje político. Son funcionales, "instalan" arguyen los operadores, sin
adentrarse en qué es instalar o en qué es lo que se instala.

- - -

La joven Evangelina Carrozzo encarnó un tránsito fulmíneo en materia
mediática. Se hizo famosa, a nivel mundial, en tanto representante de una
ciudad movilizada, la de Gualeguaychú. Fue un bello rato, su frescura
aprovechada con astucia por Greenpeace (una ONG que juega en ligas
mundiales) le impuso una imagen plena de contenido a los medios y a los
gobernantes del mundo. De ese debut a su reconversión total al formato
Tinelli mediaron pocos meses y alguna cirugía.
Se supone que la intención de Peloso es más audaz que ese precedente
descorazonador. Se procura conservar la identidad y valerse de la fuerza del
medio para potenciar la acción.
¿Es posible sustraerse al contagio de la lógica del medio, a la
participación en un programa cuyo mensaje es banal, cuyos protagonistas son
elitistas, individualistas y frívolos?
Las alabanzas de Gerardo Sofovich y Graciela Alfano a la condición militante
y luchadora de Pelozo se entrecruzan con una brutal proclama machista de la
Hiena Barrios y con las querellas de vedettes que se cuestionan la talla, la
edad y el peso.

- - -

Esta nota no aspira a cerrar un debate complejo que cruza muchos saberes.
Eso admitido, tal vez no le sobren algunas preguntas más. ¿Es factible
evitar ser fagocitado por el clima de la oferta televisiva masiva, por su
ideología crasa pero no inexistente? La ecuación personal del espectador, su
potencial de resignificar el mensaje (que tantos especialistas respetados
rescatan) ¿no topan con un techo bajo impuesto por la calidad y la potencia
de lo transmitido? Ningún mensaje es unidireccional, vale. Pero tampoco es
tan polisémico, se intuye.
Los medios masivos no son obligatorios, nadie está forzado a prender la tele
o la radio. Pero, desde una óptica estrictamente costumbrista, se puede
intuir que tienen algo de adictivo. En la soledad propia de una sociedad de
masas con escasas mediaciones suelen funcionar como una compañía compulsiva.
A horas pico o adecuadas a las rutinas cotidianas se prenden la tele o la
radio y se escucha lo que hay.
La uniformidad creciente de la oferta ¿es neutral? ¿No restringe a niveles
formidables la teórica soberanía del espectador? El ya mencionado Mangone
subraya un hecho visible pero no tan trillado: los canales de tevé con más
audiencia no tienen ya un programa diario en sus horarios centrales. Se
inclinan por repetir el mismo, exitoso, de lunes a viernes. Todo un detalle.
En ese marasmo, predispuesto para otros fines y dominado por gentes cuya
escala de valores es patente y arrogante, la foto del maestro Fuentealba,
portada por Nina Peloso, fue vista por millones de espectadores.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-83880-2007-04-22.html




¿Cómo se escribe 'golosinas'?*



*Por Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar


Alguien que llegó a la Argentina después de muchos años de vivir afuera,
manifiesta sorpresa ante la indecisión con que variados carteles
artesanales, que anuncian el producto en kioscos o almacenes, muestran una
palabra de tres maneras diferentes: golosinas, golocinas y golozinas. O no
me había dado cuenta o nunca encontré uno de esos carteles. Sin embargo, no
hay motivo para desconfiar de mi interlocutor. Declaraciones de pasión
exhiben, en muchas paredes, deletreos semejantes, de modo que, si quienes
escriben en la adolescencia llegan a atender un maxikiosco poco después,
podrían pasar del graffiti erótico al cartel con la misma ausencia de
virtudes ortográficas. Por otra parte, cualquiera que haya corregido
exámenes escritos en la universidad sabe que la ortografía no es una
destreza distribuida igualitariamente entre los alumnos, aunque las cosas
varían de facultad en facultad. Aclaro que decir esto no supone voluntad de
desmerecer el esfuerzo ni la inte ligencia de los estudiantes. (Hay que
tener cuidado porque, ante la menor alusión que suene crítica, el que la
hace puede ser acusado de elitista o de despreciar el esfuerzo de maestros y
profesores o, más terrible aún, de pasar por alto los gigantescos esfuerzos
de las alumnos de la secundaria. Y no estoy inventando la acusación sino que
estos reproches fueron recibidos por el decano de una facultad de Medicina,
cuando atribuyó a la pésima preparación de la escuela media el 70 por ciento
de bochados en el examen de ingreso.)

El párrafo anterior está completamente fuera de moda. La cuestión de la
ortografía es de segundo orden si se la piensa en relación con la forma en
que se habla en los medios de comunicación, cuyos programas están al tope de
las tablas de audiencia. Y criticar esa forma de lengua oral también está
pasado de moda.
Desde hace décadas se privilegia la espontaneidad de la expresión y la
libertad total en el manejo del lenguaje. La Real Academia Española y sus
hermanas-hijas, las academias latinoamericanas, fueron incorporando nuevas
palabras, que muchas veces duran menos en el uso popular que la edición del
Diccionario donde se las admite. La Academia, que había sido un bastión del
conservadurismo y del
anti-latinoamericanismo, se convirtió en una especie de sociedad de
beneficencia de la lengua, donde todo, a su tiempo, y más vale rápido que
lentamente, va siendo recopilado. Hoy la Academia no le niega a nadie un
almuerzo gratis.
Si se piensa en la literatura, inmediatamente se afirma que grandes
escritores, como Roberto Arlt, escribieron con palabras que no estaban en
ningún diccionario. Eso es más o menos cierto y también es más o menos
falso. Roberto Arlt sintió como pocos los límites de la lengua; como pocos
experimentó la idea de que él era un excluido de la cultura alta; como pocos
se esforzó para responder no sólo con el lunfardo (que no usaba en cantidad
y, cuando lo usaba, siempre de modo perfecto) sino con decenas de palabras
raras que encontraba en traducciones, palabras muchas veces inutilizables
pero que lo fascinaban por su prestigio o por su halo de distancia.
Ningún gran escritor escribe con la lengua que habla. Ningún gran escritor
es espontáneo. Cuando se libera de la norma es siempre por un acto de
violencia estética consciente. Se dice que Arlt escribía con faltas de
ortografía. Esta leyenda, basada en lo que otros escritores dijeron sobre
Arlt, puede haber sido una parcial realidad. Lo que no se dice es que Arlt
escribía contra las faltas de ortografía, furioso por la ortografía o la
sintaxis o la puntuación que pensaba que no dominaba como otros. Arlt es un
escritor iracundo, no un ignorante resignado. Si hubiera sido lo segundo,
nunca habría sido grande.
Por tanto: señores burócratas, profesores y padres, el discurso de la
espontaneidad es un arma de fuego que, en todas las disciplinas, apunta al
centro del corazón. La espontaneidad es sospechosa cuando concierne a algo
que debe aprenderse con esfuerzo. La espontaneidad nos confirma en lo que
somos, en lugar de abrirnos. La espontaneidad es un instinto o un reflejo.
Aprender algo es justamente contradecir el reflejo, corregir lo que se creía
hasta ese momento, salirse de sí.
Golosinas se escribe con "s". Responde a una regla que puede ser explicada,
si llega el caso. Pero que también debe ser aprendida por la repetición. No
todo lo que aprendemos recorre el largo camino de la explicación razonada.
Aprendemos mucho a través de la copia (y si no lo creen, explíquenme cómo se
aprende a bailar los nuevos pasos de las músicas populares). La copia no es
algo nefasto en sí mismo; en los deportes, por ejemplo, aprendemos copiando
los movimientos más exitosos o eficientes. A nadie se le ocurriría decir que
eso coarta la libertad. Por el contrario, alguien se vuelve libre en un
deporte, o tocando un instrumento, cuando la copia se ha metido tanto en su
cuerpo que ya no sabe que está copiando.

Un verano del fin de mi infancia, me pidieron que copiara algunos textos,
para rescatar mi ortografía. Así leí por primera vez un poema de Machado. No
estuvo nada mal.

*Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/04/22/sociedad/s-01402213.htm





Domingo, 22 de Abril de 2007
adios a sol lewitt
Sobre el arte conceptual*


*Por Sol LeWitt

Una de las paredes de la Fundacion Proa (pedro de mendoza 1929, la boca),
sobre la que se encuentra una obra de LeWitt.

1 Los artistas conceptuales son místicos más que racionalistas. Llegan a
conclusiones a las que no llega la lógica.
2 Los juicios racionales repiten juicios racionales.
3 Los juicios irracionales llevan a nuevas experiencias.
4 El arte formal es esencialmente racional.
5 Los pensamientos irracionales deberían seguirse de manera absoluta y
lógica.
6 Si el artista cambia de opinión a mitad de camino en la ejecución de su
obra, pone en riesgo el resultado y repite resultados pasados.
7 La voluntad del artista es secundaria al proceso que va de la idea a la
concreción de la obra. Su voluntad bien puede ser puro ego.
8 Cuando se utilizan palabras como pintura y escultura, se connota toda una
tradición, y esto implica la aceptación de esta tradición, imponiendo así
sobre el artista una serie de limitaciones que lo llevarán a evitar hacer
arte que vaya más allá de esas limitaciones.
9 El concepto y la idea son diferentes. El primero implica una dirección
general mientras que el segundo es el componente. Las ideas ejecutan el
concepto.
10 Las ideas pueden ser obras de arte: se encuentran engarzadas en una
cadena de desarrollo que eventualmente puede encontrar alguna forma. No
todas las ideas necesitan materializarse.
11 Las ideas no proceden necesariamente en un orden lógico. Pueden enviarlo
a uno en direcciones inesperadas, pero cualquier idea debe, necesariamente,
completarse en la mente antes de que se forme la siguiente.
12 Por cada obra de arte que se materializa hay muchas variaciones que no.
13 Una obra de arte puede entenderse como el conducto que une la mente del
artista con la del espectador. Pero bien puede nunca llegar a la mente de
éste, o dejar siquiera la del artista.
14 Las palabras de un artista a otro pueden inducir una cadena de ideas, si
comparten el mismo concepto.
15 Dado que ninguna forma es intrínsecamente superior a otra, el artista
puede usar cualquier forma, desde una combinación de palabras (hablada o
escrita) hasta la realidad física.
16 Si se utilizan palabras, y provienen de ideas sobre el arte, entonces son
arte y no literatura; los números no son matemática.
17 Todas las ideas son arte si se preocupan por el arte, y caen dentro de
las convenciones del arte.
18 Por lo general, uno entiende el arte del pasado aplicándole las
convenciones del presente, malinterpretando así el arte del pasado.
19 Las convenciones del arte son alteradas por las obras de arte.
20 El arte exitoso cambia nuestro entendimiento de las convenciones al
alterar nuestras percepciones.
21 La percepción de ideas lleva a nuevas ideas.
22 El artista no puede imaginar su arte, como tampoco puede percibirlo hasta
que lo ha terminado.
23 El artista puede percibir erróneamente una obra (es decir, entenderla de
un modo diferente a su autor), pero este malentendido de todos puede dar
comienzo a su propia cadena de pensamiento.
24 La percepción es subjetiva.
25 El artista no necesariamente debe entender su propio arte. Su percepción
no es ni mejor ni peor que la de los demás.
26 Un artista puede percibir el arte de los otros mejor que el propio.
27 El concepto de una obra de arte puede involucrar la materia de la que
está hecha la obra o el proceso durante el que se realiza.
28 Una vez que la idea de la obra se establece en la mente del artista y su
forma final es decidida, el proceso se lleva a cabo a ciegas. Hay muchos
efectos secundarios que el artista no puede imaginar. Estos pueden
utilizarse como ideas para nuevas obras.
29 El proceso es mecánico y no debería interferirse en él. Debería seguir su
curso.
30 Hay muchos elementos involucrados en una obra de arte. Los más
importantes son los más obvios.
31 Si un artista utiliza la misma forma en un grupo de obras, y cambia el
material, uno debe asumir que el concepto del artista involucraba el
material.
32 Las ideas banales no pueden salvarse mediante bellas ejecuciones.
33 Es difícil arruinar una buena idea.
34 Cuando un artista aprende su oficio demasiado bien, hace arte demasiado
cool.
35 Estas frases son comentarios sobre arte, pero no son arte.


Sol LeWitt (1928-2007), uno de los padres fundadores del arte conceptual
norteamericano, murió la semana pasada. Estas Frases sobre el arte
conceptual fueron escritas y publicadas en 1969, cuando LeWitt se había
convertido en la figura más emblemática del conceptualismo.


*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3760-2007-04-22.html





La despedida*


*FITO PÁEZ.



Algo se detuvo en punto muerto
y fue tan grande ese silencio, fue tan grande el desamor
restos de un navío que encallaba
yo te quise, yo te amaba
no se bien lo qué pasó

Cuando los jazmines no perfuman
cuando sólo vemos bruma
cuando el cuento terminó

Todo nos parece intranscendente
no es cuestión de edad o de suerte
de esto se trata el amor
Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad
a toda velocidad ....

Veo tus pupilas descubriendo algún Chagall
en el invierno, creo del '83
yo estoy a tu lado revolviendo, ordenando libros viejos que leí pero olvidé

Besos de tu madre en el teléfono
y la lluvia es un espejo que me ayuda a verte bien
oigo tu sonrisa que ilumina el estudio y la cocina
entre las copas y el café
Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad
a toda velocidad ...

Sabe amargo el licor, de las cosas queridas
se acabó lo mejor, quién nos quita esta herida
tu me pierdes a mí yo te doy por perdida
es la hora de huir, la despedida,
la despedida ...

Tengo que correr, tienes que correr a toda velocidad
a toda velocidad ...




Buena estrella*

*FITO PÁEZ.


Ya ha corrido mucha agua debajo de este puente
me ha sobrado y me ha faltado inspiración
puede ser que suene muy desafinado
es que me desafina el corazón
vamos hoy a levantar la copa del amigo
necesito estar lo más cerca que pueda de ti
y fundirme con tu espíritu divino
y sentir que sí, se puede ser feliz

Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me

A todos algo ya nos ha golpeado duro
y vimos algo tras el velo del amor
pero es que ya no soy tan chico ni tan puro
que hasta me parece ingenuo el rock and roll
He perdido y encontrado mi cabeza
despertándome en el charco de la sangre del mezcal
con la cara un poco más desfigurada
ten cuidado con las mezclas y a no desanimar

Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me

Es genial por fin haber tocado fondo
porque ya no se puede bajar mucho más
ves ese hilo de luz que está ahí arriba
es tu buena estrella, te protegerá
Entonces cuando todo al fin se vuelve insoportable
cuando el mundo y el veneno dan dolor
todavía sigue allí tu buena estrella
buena estrella para todos, para vos
Times are changing
times are changing
times are still changing
they're changing for me

Yo también jugué muy sucio / times are changing
y en eso estoy de acuerdo / times are changing
cuando hable desde el sentido y la razón / times are still changing
pero es que existe una ley / they're changing for me
nadie es perfecto
vos también tendrás lo tuyo corazón

Nos veremos en la cárcel o en conciertos
yendo tras de algún perfume de mujer
ya nos vemos en el siglo veintiuno
una buena estrella también viene con él


*Fuente:
http://www.mundopaez.com/abrepaez/disco.htm#Torre%20de%20Cristal




*
Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 22 de abril del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg
(107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro
programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de las cantantes
argentinas Nilda Godoy y Micaela Piccirilli. Las poesías que leeremos
pertenecen a Flora Chavarry (Guatemala) y la música de fondo será de Machu
Picchu (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede
bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia
horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en
la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067


*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear
noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono
noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten
el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la
injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple.
Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable)
y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar


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viernes, abril 20, 2007

CUESTIONES DE PERSPECTIVA...




Cuestiones de perspectiva



¿A quién le interesa la verdad?*


Algo paso. Algo que me trajo a este presente una frase que muchos años atrás le escuche decir desde la radio a Carlos Rodari. “En Argentina, el poder es una enfermedad” me quedo grabada su voz de indignación, casi la misma que quisiera tener en este texto sin sonido.
Paso algo en la vida de una persona cercana a mi vida.

Una mujer que trabaja hace 19 años en su actividad.
Hace dos meses le ofrecieron participar en una lista opositora a la conducción oficial de su gremio.
La conducción actual lleva muchos años allí, 15, 18, 20, no importa en realidad el número justo.

Resulta que la mujer es escritora.
Uno que la conoce y la lee, sabe que tiene un talento natural para la escritura.
La publican en distintos medios y lugares geográficamente distantes.
Esta vez la publicaron en el principal diario de su ciudad.
Y faltan pocos días para las elecciones en su gremio.
Alguien de la conducción de su gremio lee –quizá casualmente- el suplemento
Del diario, el nombre y apellido de la autora, el tema: situación de los inundados que llegan a un refugio improvisado en una escuela.
Entre los recien llegados esta la señora que trabaja limpiando en su casa. La señora se refugia con dos hijas y un nieto de 3 o 4 años. Al segundo día llega y cuenta lo que vivió.
La mujer escucha junto a su madre el relato.
Escucha y escribe. Escribe una entre varias crónicas.
Mientras tanto a la señora que trabaja en su casa y que es casi de la familia le ofrecen una casita en el fondo de su propia casa. La casita esta sin terminar pero puede ser un hogar de emergencia solo para ellos y mejora la situación que vivieron en esos primeros dos días en el centro de evacuados.

Ella siguió escribiendo.

De allí en adelante los hechos se desarrollaron como en una pesadilla, pero bien real y diurna.
Los señores atornillados a sus escritorios, sus cargos, sus previsibles negociados, comenzarón a hacer campaña eligiendo a la mujer –sin ninguna trayectoria en militancia política y gremial, con una impecable historia laboral-, como “eje de campaña”, si así puede decirse.

Un día la mujer se encuentra en su trabajo con volantes anónimos que la acusan de hacerse pasar por inundada para atacar a una institución o una barbaridad similar.
Le avisan que una declaración del gremio aun más agraviante, fue enviado por correo electrónico a todos establecimientos de la provincia donde trabajan colegas afiliados o no.
Se entera como al pasar, que el secretario del gremio llama una y otra vez al diario, hasta logra que lo atiendan los dueños. Se enoja, se queja, las palabras justan se pierden, pero el hecho se cuenta en corrillos.
Aparece publicada una carta de lectores de quienes se dan por ofendidos en base al contenido de esos panfletos anónimos.
Y también recibe en su domicilio una carta documento de la institución que funcionó como centro de evacuados en la que le piden que se retracte de vaya a saber que cosa.

De testigo conmovido que escribe.
De actor social que ofrece lugar en su casa ropa y abrigo a una familia inundada.
Ella pasa a ser víctima de una infamia que nadie puede medir hoy en sus consecuencias.

Y estoy escribiendo con una indignación, con una rabia feroz.

Salgo a tomar un poco de fresco y me encuentro en la calle con un antiguo compañero de escuela. Hablamos de cada cual, del país, de pronto me escucho decirle: todo funciona con reglas que marginan a la buena gente de participar, que alejan a los honestos de tomar los problemas sociales en sus manos e intentar algo que se parezca a una solución. Y se que estoy pensando en esto.

Y uno que conoce un poco como son las cosas en este país, y la perspectiva con la que se suelen medir las cosas sabe que esto puede ser pensado como algo menor al lado de las barbaridades que ocurren.
Sabe también que estos canallas que se llaman a si mismos "dirigentes" ganaran previsiblemente “su” elección y preservaran su lugar de poder dando un nuevo ejemplo que confirme la “Ley de hierro de la oligarquía” enunciada hace casi un siglo por Robert Michels.

Imagino ahora a la mujer, y me parece verla preguntarse –casi en lágrimas- si a alguien le interesa la verdad.
A mi me interesa. Aunque no alcance para reparar tanto maltrato.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






Extraños privilegios*



*Por Valeria Sobel


Libertad. ¡Qué absurdo! Es el nombre de la calle en la que el 20 de abril de 1976 secuestraron a mi padre. Nunca más nadie lo vio libre (ni encarcelado...) después de esa vez en la calle Libertad. Fue hace poco tiempo que me di cuenta de lo “inapropiado” del nombre. Supongo que bastante más absurdo todavía es considerarme privilegiada por poder pensar que a mi papá seguramente lo mataron pronto, que no tuvo que pasar por largas y horribles horas de tortura o que probablemente no haya formado parte del grupo de los que fueron tirados al río en los vuelos de la muerte. Extraños privilegios, extraños lujos. Tener la suerte de no haber asistido a la violenta escena del secuestro, de que al menos haya una placa con su nombre (junto al de otros abogados desaparecidos) en la plaza de Tribunales. El lugar se presta bastante poco, pero igual se puede inventar alguna ceremonia, se pueden poner flores; es lo que hicimos con mis hijas cuando las llevé a conocer mi país.
Alegrarse por estar entre los que lograron conservar bastantes fotos, fotos de él, fotos cariñosas de él con nosotras, sus hijas. Y además, hace poco alguien bueno y generoso nos hizo llegar unos minutos de un video de la villa de Retiro y nos hizo saber que en la villa se acuerdan de Héctor Sobel. En este video se ve a mi papá, mi papá en colores y en movimiento (todas las fotos que tenemos son en blanco y negro). Muy impresionante verlo “aparecer” tan lindo en la pantalla de mi computadora después de 31 años, ver a mi hija menor mirándolo y diciendo “abuelo Héctor” y escuchar a mis hijas preocuparse por hacer copias, no vaya a ser que “desaparezcan” estas imágenes...
Alegrarse porque mi hermana y yo ya éramos bastante “grandes”, conocimos y disfrutamos a nuestro papá durante once y diez años respectivamente, un gran lujo. Muchos hijos de desaparecidos apenas conocieron a sus padres, por no hablar del drama de las apropiaciones de bebés... Y nosotras tenemos el lujo de tener recuerdos. Recuerdos lindos como cuando nos inventaba nuevas aventuras de los tres mosqueteros con un final que nos gustara, nos leía Mafalda divirtiéndose más que nosotras o nos cantaba “ay Esmeralda, ráscame la espalda”. Como el Citroën Pamperito, la torta de chocolinas que le hice para su cumple, los paseos en bici, la casita rodante, las vacaciones en el sur o en Sierra de la Ventana. Fue allí, descansando en medio de una caminata, donde nos mostró una montaña a la que no podíamos ir de excursión porque estaba permitido que una montaña tuviera dueño y nos explicó que él quería cambiar cosas como ésas.
Otro privilegio: “sólo” secuestraron a mi padre. Pudimos seguir creciendo con al menos uno de nuestros progenitores; en nuestro caso, una mamá fuerte, sólida, sensata y afectuosa que hizo todo lo imaginable para tratar de seguir educándonos lo más “normalmente” posible. Tuvimos también la suerte de que, al menos en casa, se hablara de mi padre y de lo que había pasado; no crecimos creyendo que estaba de viaje y que nos había abandonado o que iba a volver de un momento a otro. Tampoco crecimos creyendo que había hecho algo malo. ¡Qué horror el famoso “por algo será”! Y la Argentina siniestra, obscena, de “los argentinos somos derechos y humanos”, del gauchito del mundial, con las compañeritas de escuela a las que les gustaban los cadetes del liceo militar porque con los uniformes quedaban tan elegantes.
Eso sí, no tenemos la “suerte” por el momento de haber encontrado el cadáver, de saber cuándo y dónde murió nuestro padre, de saber quiénes fueron los asesinos. Tampoco tenemos la “suerte” de poder decirnos que al menos los culpables no andan por ahí paseando tranquilamente. La mayoría de ellos están vivos y en libertad, Libertad como la calle...
De los pocos que sí están están en la cárcel, muchos tienen regímenes especiales y hasta parece que hay quien los considera “presos políticos”. Otra broma negra, esos sí que son extraños, muy extraños privilegios.
Pero sí tenemos la suerte de no tener un día que afrontar, como les pasa a algunos hijos de militares y de otros personajes cómplices (seguramente de esos que defendían el orden y la mano dura), la crudeza de la verdad, al enterarse de que ese señor aparentemente tan respetable que les tocó como papá fue en realidad un torturador, un ladrón, un asesino, un cobarde.
¡Ah! Casi me olvido, como dije antes, mi hermana y yo ya éramos grandes y entonces ya nos habían enseñado a nadar. No ha sido fácil, no es fácil, pero logramos no hundirmos en un mar de lágrimas, en las aguas espesas y fangosas de la desesperanza, del sinsentido, del miedo o del resentimiento. Y no sólo flotamos, no; aunque estos textos tristes y graves puedan hacer pensar lo contrario, a veces, muchas, nos sale ser felices.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-83775-2007-04-20.html






Viernes, 20 de Abril de 2007
VIRGINIA TECH
¿Quién es responsable de la tragedia?*

Por Jorge Majfud*


La mayoría de las medicinas que se venden en forma de píldoras recubren una determinada droga, químico o compuesto con una capa de color atractivo y gusto dulce. En español, la sabiduría popular usa esta particularidad para construir una metáfora: "Tragarse la píldora" tiene una connotación negativa
y expresa la acción de consumir una cosa con la forma o el gusto de otra. Es decir, creer o aceptar una verdad como hecho incuestionable sin ser conscientes de las verdaderas implicaciones. En la tradición literaria, este fenómeno epistemológico se entendía con la metáfora del caballo de Troya, también usado hoy en día para designar virus informáticos. Un ideoléxico puede entenderse como una pastilla que el discurso hegemónico prescribe e impone con seductora violencia. Por ejemplo, el ideoléxico libertad viene recubierto de una plétora de lugares comunes y dulcemente positivos (la libertad, como precepto universal lo es). Sin embargo, dentro de este recubrimiento dulce y brillante se esconden las verdaderas razones de las acciones: la dominación, la opresión, la violencia de los intereses sectarios, etc. El recubrimiento dulce y brillante anula la percepción de sus opuestos: el contenido amargo y opaco.
La tarea del crítico consiste en romper la envoltura, es des-cubrir, en des-velar el contenido de la píldora, del ideoléxico. Claro que esta tarea tiene resultados amargos, como el centro de la píldora. Los adictos a una droga no renunciarán a ella sólo porque alguien descubra las graves implicaciones de su confort momentáneo. De hecho, se resistirán a esta operación de exposición.
Analicemos un ideoléxico común en el discurso dominante del capitalismo tardío: la responsabilidad personal. De entrada, vemos que su cobertura es del todo dulce y brillante. ¿Quién sería capaz de discutir el valor de la responsabilidad de cada individuo? Un posible cuestionamiento sería
rápidamente anulado por una falsa alternativa: la irresponsabilidad. Pero podemos comenzar problematizando el nuevo falso dilema observando que el mismo adjetivo -personal- de este ideoléxico compuesto anula o anestesia otro menos común y más difícil de apreciar por los sentidos: no se menciona
la posibilidad de la existencia de una "responsabilidad social". Tampoco se habla o se acepta -en base a una larga tradición religiosa- que puedan existir "pecados sociales".
Vayamos más al centro de un caso concreto: la trágica matanza ocurrida en la Universidad de Virginia Tech. Quienes pusieron el dedo acusador -tímidamente, como siempre- en la cultura de las armas en Estados Unidos fueron criticados en nombre del ideoléxico de la responsabilidad personal. "No son las armas las que matan gentes -comentó un amigo del rifle en un diario-, sino la gente misma. El problema está en los individuos, no en las armas." La píldora muestra un alto grado de obviedad, pero lleva
nuevamente otros problemas: nadie cuestionó cómo podría hacer un desquiciado para matar a treinta personas con una piedra, con un palo o, incluso, con un cuchillo.
Esta lógica se expresa cubriendo una contradicción interna del discurso.
Cuando se habla de drogas, se culpa a los productores, no a los consumidores. Pero cuando se habla de armas, se culpa del mal a los consumidores, no a los productores. La razón estriba, entiendo, en el lugar
que ocupa el poder. En el caso de las drogas, los productores son los otros, no "nosotros"; en el caso de las armas, los consumidores son los otros; "nosotros" nos limitamos a su producción. El discurso hegemónico nunca menciona que si no existiese el consumo de drogas en los países ricos no existiría la producción que satisface la demanda; si no existiera esta calamidad en la ilegalidad tampoco existirían las mafias de narcotraficantes. O su existencia sería raquítica en comparación con lo que es hoy. Pero como los otros (los productores de los países pobres) son los responsables individuales, "nosotros" (los productores de armas, los responsables administradores de la ley) estamos legitimados para producir
más armas que los otros deberán consumir, para respaldar la ley -y para quebrantarla-.
Si alguien, como el asesino de Virginia Tech, compra un par de armas (con más facilidad, y velocidad, que la necesaria para comprar un auto) y comete una masacre, toda la responsabilidad radica en el desquiciado. Entonces, se llega a una trágica paradoja: una sociedad armada hasta los dientes está a
la merced de los desquiciados que no saben ejercer correctamente su responsabilidad personal. Para corregir este problema, no se recurre a la responsabilidad social, combatiendo las armas y el sistema económico y moral que lo sustenta, sino vendiendo más armas a los individuos responsables, para que cada uno pueda ejercer con más fuerza su propia "responsabilidad personal". Hasta que vuelve a aparecer alguien excepcionalmente enfermo -en una sociedad de santos los demonios son excepciones muy frecuentes- y comete otra masacre, esta vez más grande, ya que el poder de destrucción de las armas siempre se perfecciona, gracias a la alta tecnología y a la moral de los individuos responsables.


* Escritor uruguayo. Profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Georgia, Estados Unidos. Entre otros libros publicó La reina de América y La narración de lo invisible.


-FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-83728-2007-04-20.html






La casa desaparecida*

*Fito Páez.


Madre ponme en la chaqueta las medallas
los zapatos ya no me los puedo poner
mis dos piernas se quedaron en Malvinas
el mal vino no me deja reponer de la nítida y oscura pesadilla
de Valeria Mazza besando al cordobés
que murió estaqueado solo entre los cuervos desangrado
en Resistencia aquí en los 2 de abriles brindamos por él

Argentinos, argentinos
que destino mi amigo, argentinos, nadie sabe responder,
argentinos, argentinos
caminando siempre al lado del camino, la ventaja de no pertenecer

Abrazada en la tribuna con cualquiera,
cuando Boca está en mi boca,
en mi boca de mujer,
entre el tetra hirviendo, el porro y las anfetas,
dale Boca, dale Boca, dale Boca,
dale Boca tenga fe
que la guerra está perdida y de esto ya hace tiempo,
y esto todos lo sabemos qué le vamos a hacer
te regalo la bombacha transpirada
si hoy ganamos la copa 4 a 3

Argentina, Argentina,
qué pasó en la Argentina, es la casa desaparecida
Argentina, Argentina,
bienvenidos a casa, Argentina, a la desaparecida

Soy paragua de la villa 21,
yo te la mamo, yo te hago todo lo que vos querés
el sargento Ibarra se me ha enamorado,
los domingos paga el whisky y el hotel,
y yo le robo la pistola cuando duerme
y me voy a Godoy Cruz, a Godoy Cruz y Santa Fe,
a cuidar de la Ramona y de los pibes
que te besan, te roban, te cuidan entre las vías del tren

Entre Rosas y Sarmiento, Don Segundo y Martín Fierro,
la barbarie y los modales europeos,
el país de los inventos, Maradona, los misterios del lenguaje metafísico del
gran resentimiento,
bienvenidos inmigrantes a este paraíso errante,
ya se sabe que el que no arriesga no gana
y esa casa que dejaron escapando entre las balas era el caldo del cultivo a
la nostalgia,
en el reino del silencio, cavernario de oropeles,
un concilio de miserias, de rodilla en los cuarteles
y hubo una fiesta de todos embriagada, delirante,
no te metas, algo habrá hecho ese maleante,
yo volví con Onganía y la cosa aún seguía,
aristócratas patricios y Patricias de Anchorena,
tan católicos mamones, protagonistas sin roles,
yendo tras de un socialismo patriotero, indicalista,
preparados todos para aterrizar en pista,
ya vacíos los aviones, transformarlos en camiones
de intereses, balas tristes
y vecinas que no entienden que ha pasado
en este barrio tan tranquilo, tan callado y quien dio la orden de cambiar el
mundo
de leer Antena en la peluquería
a jamás volver a sentir alegría,
madres muy desesperadas cocinaban y planchaban,
hoy sus hijos son caníbales fantasmas,
los cadáveres se guardan o se esconden en el rio,
en palacios de memoria ensangrentada
y tenemos pijas grandes, largas como mil facones
y anacrónicas arengas, melancólicas uniones,
la bandera enloquecida, maten a los maricones
que los hombres van de putas para sentirse varones,
siempre el padre omnipresente de mirada contundente
que escondía un seductor muy asexuado
gracias papi por las flores, por las reinvindicaciones,
vos sabés los hijos nunca te fallamos,
y si mami aún viviera, hoy sería jardinera
en el cementerio club de las pasiones,
yo que nunca anduve en nada, nunca me metí en política
simplemente fui un muchacho hedonista,
y chiquitos y chiquitas inocentes con un arma
por el odio más brutal descuartizadas
el más fuerte penaliza, pega duro, te hace trizas,
nada personal, naturaleza humana,
los poderes organizan cuál será la repartija de los bienes de la época
nadie se puede salvar, nadie se puede salvar,
sigo vivo, sigo atento y observando con el tiempo
esta extraña enfermedad inclasificada
que te afecta muy de prisa, que te quita la sonrisa
cuyo síntoma es que ya no importa nada,
argentino hasta la muerte, la patilla de Facundo recortada de la Gente, de
la Caras,
y seguir comiendo mierda, cada día, cada noche
y explicarle al mundo entero nuestra nada de la historia universal de la
Argentina ensimismada
que contiene enciclopedia de uno mismo
y encender con la birome palabritas en el cielo,
en el campo las espinas y en el centro de mi pecho hay un bicho que camina
hoy la casa de mi infancia, ya no existe ni hace falta,
yo la llevo bien adentro en mis entrañas,
toda llena de colores y de desapariciones,
muy tempranas, muy profundas, muy amargas

Nada ha desaparecido, ni la casa con 10 pinos
ni mi amor, ni la zamba de mi esperanza,
es que el mundo es muy cretino,
pero puede ser divino, si yo quiero porque nada en este mundo me hace falta,
nada más que algunos trucos, un conejo, una galera, un colchón, un tocadisco
y una mesa
y es posible que los hijos puedan cambiar lo que hicimos
y la casa nunca más desaparezca,
argentinos, argentinos,
qué destino mi amigo, argentinos nadie sabe responder
argentinos, argentinos,
caminando siempre al lado del camino,
la ventaja de no pertenecer
Argentina, Argentina,
qué pasó en Argentina, es la casa desaparecida
Argentina, Argentina,
donde todo es mentira, Argentina, la desaparecida,
bienvenidos a la casa de todos,
a la casa desaparecida,
bienvenidos a aparecer en este mundo, Argentina la desaparecida.


*Fuente: http://www.mundopaez.com/abrepaez/disco.htm



Correo:


LA PERSPECTIVA ESCANDINAVA*

¿Cuatro suecos en la Argentina, haciendo samba y bossanova? La propuesta sonaba -como mínimo- extravagante. Sobre todo porque la gacetilla informativa, lejos de contribuir a esclarecer el asunto, potenciaba la incertidumbre. Luego de mencionar que "el grupo aborda la música brasileña en su confluencia con el jazz y la música contemporánea", terminaba agregando un enigmático "...desde una perspectiva escandinava".
Poner rótulos en el arte, se sabe, suele ser una tarea tan resbaladiza como infructuosa. Después de todo, no hay etiqueta, por acertada que sea, capaz de garantizar o invalidar el disfrute de aquello que ha sido etiquetado. No obstante ello, reconozco que la frasecita en cuestión me resultaba irresistible. ¿Qué querría decir exactamente aquello de "la perspectiva escandinava"? A mí, debo confesarlo, me sonaba a título de cuento de Fontanarrosa. Y si dejaba volar la imaginación hacia los rumbos del delirio (ejercicio que me cuesta muy poco llevar adelante, convengamos), concluía mi viaje mental especulando con un improbable "ABBA canta a Jobim", que era a todas luces una idea muy poco seria.
La posibilidad concreta de resolver el misterio esa noche de viernes tenía un indudable atractivo, pero también un costo. Implicaba dejar a un lado el cansancio acumulado a lo largo de la semana, obviar la otoñal puntualidad de un molesto ataque de alergia, e incluso tener que recuperarse con premura de la tensión extrema causada por el partido de Colón que acababa de terminar. A decir verdad, la tentación de quedarme en mi casa y zambullirme gozosamente en un sueño reparador era enorme. Y sin embargo, ahí estaba el aguijón de la curiosidad, mezclado con la intuición de que el espectáculo iba a valer la pena.
Ganó la intuición.
Luego de una breve espera matizada con amigos, charla y algún trago reconstituyente, los músicos aparecieron sobre el escenario. Guitarra, saxo, bajo y batería, tal la formación instrumental del grupo. Tres suecos-suecos y un argentino residente en Suecia desde su infancia, tal la formación humana. Apenas empezaron a tocar, comprobé que la promoción no mentía: lo que se escuchaba tenía las señas particulares de la música de raíces brasileñas, con toda la carga contagiosa de sensualidad rítmica que ello supone, dibujadas con los trazos característicos del siempre energizante jazz latino. Y la delicada mixtura sonaba muy pero muy bien. Con base en un sólido trabajo de conjunto, afortunadamente alejados de la solemnidad tanto como del vicio del virtuosismo vacuo, los cuatro integrantes de "Latin the Mood" fueron entusiasmando al público a fuerza de bossanova, samba y baión.
Con comentarios de tono ameno, el guitarrista se encargó de ir intercalando anécdotas que explicaban el origen de algunos de los temas del repertorio. También habló -haciendo gala de una resignación filosófica bastante argentina, por cierto- de la sucesión de sobresaltos que les había generado la experiencia de toparse de golpe con las delicias del Tercer Mundo, empezando (o terminando) por enterarse, en pleno viaje, de que una de las ciudades donde iban a tocar se estaba inundando.
Así, entre música y palabras, se fue construyendo uno de esos microclimas que cancelan toda preocupación, toda tristeza. ¿Qué importa el resto en ese momento, qué importa la sucesión de injusticias y conflictos que uno ha presenciado o sufrido a lo largo del día, si el milagro de capturar un momento feliz está allí, al alcance del oido? El recital nos consuela, nos redime, nos pasa un brazo por el hombro y nos sonsaca esa sonrisa que, horas atrás, habíamos extraviado en algún minuto impreciso de la jornada laboral.
Si, valió la pena, nomás, el esfuerzo de la trasnochada.
Eso sí, no me pidan que intente definir lo que es "la perspectiva escandinava". Poner rótulos en el arte, se sabe, suele ser una tarea tan resbaladiza como infructuosa.

Nota: El grupo sueco "Latin the Mood" se presentó el viernes 13 de abril en el Centro Cultural La Urdimbre, de la ciudad de Santa Fe.


*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar



*
Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 22 de abril del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de las cantantes argentinas Nilda Godoy y Micaela Piccirilli. Las poesías que leeremos pertenecen a Flora Chavarry (Guatemala) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067


*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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martes, abril 17, 2007

EDICIÓN ABRIL

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Angel de bruma*

Vestido como en el mundo
ya no se me ven las alas
Rafael Alberti




Yo he visto los reflejos que la niebla
esparce en las cunetas y en el cielo;
fui testigo del fuego y de la escarcha;
vi la rebelión del alba en los tejados,
las danzas de los gatos, la partida
de esas nómadas aves que no vuelven,
el verde resplandor del horizonte
perdido entre montañas y jilgueros.

Yo vi caer la nieve sobre la tarde agonizante;
también anochecer en las orillas
de un arroyo que fluye hacia el olvido,
y el fleco de la lluvia en la distancia.

Pero los delirantes dioses me cegaron
por no acatar la fe de los horarios.

Fantasma de mí mismo, vago
por los interminables pasillos
de una realidad que no es la mía.

Sobrevivo
en este invierno largo
contra viento y arena sobrevivo
sin dios ni arma ni salvoconducto.

Sobrevivo
letra a letra, incoloro
epitafio, paredes desconchadas,
alas ensangrentadas, vertederos
de palabras antiguas, sobrevivo,
superviviente apenas, sobrevivo
como la sombra leve de un naufragio.



*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio





AGUA QUE CAE*


La tierra se puso patas arriba y se hundió en las nubes. Arriba es como abajo. Todo agua. El lecho del cielo se juntó con el del río y navega, al azar, nuestra existencia con un timón averiado.
Nada es ya igual. ¿O todo es igual? El 2003, su 29 de abril fatídico, se recicló, nos arrojó el eterno retorno con el río hecho cielo.
Perplejos, vemos el agua que cae aluvionalmente para, después, verla brotar como un vergel acuático que cubre los imprecisos horizontes, nuestros lugares, nuestros calzados. Lo que significa mi casa, mi trabajo, mis cosas.
Y otra vez con el agua al cuello, que sube porque cae.

- Me llega hasta acá, señalándose debajo del cuello, el agua en mi casa. Así se expresó Melisa mientras buscaba algo para su nena de tres años.

- Igualito a la otra vez. No sabemos cómo atajarla. No nos alcanzan las manos.

Pero no es el mismo río. Ya no somos los mismos nosotros. El albardón se jaló en una nube imprecisa y a ella no podemos montar para ponernos a salvo. El río se ha dado vuelta. Y en nosotros está aún brotando, de la abril herida, todo el dolor.
Entonces, vocifero contra alguien, aúllo a la luna ausente, convoco a todas las ánimas, me hago creyente, me convierto en mendigo extendiendo mis manos por un trozo de pan y una taza de mate cocido caliente; son el paraíso perdido. Son lo que fui. Son lo que quiero recuperar.
La caballada ocupa el paseo verde. Lo que queda de él. Lo que el agua cielar no cubrió.

- Son nuestros, me dice el jinete que cuida. Soy ciruja y estos animales son de otros cirujas y debemos alimentarlos. Que no se pudran sus cascos. Tenemos que seguir trabajando.

Un helicóptero cubría el cielo con su ronroneo. Pasó sobre mi cabeza. Como el agua. Como todo este surrealismo acuático.

¿O el surrealismo es la imprevisión del timonel?



*de Oscar Agú. cachoagu58@yahoo.com.ar





CRÓNICAS DEL AGUA*


I

La gente tiene todavía muy cerca de la piel del espíritu la inundación de 2003. Ya habían hecho los bolsitos hace rato en los barrios del oeste. Es así de exagerada la gente, se acuerda de lo malo. Pero acá tenemos la facultad de ingeniería hídrica, ¿Cómo va a ocurrir de nuevo? Es la gente ignorante que ve crecer el Salado y se asusta, que ve cómo el Paraná llena la laguna que se va trepando despacito por los pilares del puente colgante, y se asusta. Pero no va a pasar nada, eso decían los que saben, los que
observan las fotos satelitales y monitorean (les encanta decir "monitorean" las cotas de riachos y ríos).

Nadie podía saber que el cielo se nos caería sobre las espaldas, sobre las cabezas, sobre los techos de losa o de chapa. Pero se cayó. Y cómo, me preguntaba en el salón de clases semidesierto mientras por las ventanas caía el cielo, cómo es que el agua que es tan pesada adentro de un balde está flotando allá en el cielo. Cómo es que un océano viaja por los cielos y esas toneladas etéreas caen así, tan desde arriba, tan compactas. Pero el cielo cayó y cayó y anunciaba con luces eléctricas, con avisos de catástrofe luminosos que seguiría cayendo. Y siguió cayendo. Cinco metros de agua cayeron en cada pequeño espacio de la ciudad y de las ciudades vecinas, y sobre el campo extenso.
La temida inundación que nos cercaba por el este y por el oeste, retenida a fuerza de defensas, dio un salto y nos atacó desde arriba. Pero vino. La gente ignorante que la esperaba no se alegró por haber acertado contrariando los pronósticos de los catedráticos. A ellos les toca el dolor y la pérdida.

Otra vez los mismos relatos. Cuatro años después. Cuatro años de tiempo en el que el Comité de Crisis y Defensa Civil debiesen haber trazado los planes que se revelan, otra vez, inexistentes. Vayan aquí algunos aguafuertes. acuarelas, me temo:

Don Caballero y su mujer, en barrio Chalet. Ya tenían el bolsito preparado. La otra vez perdieron casi todo, él perdió, por mucho perder, hasta una pierna. Esta vez al menos prepararon los documentos y algo de ropa. Por la radio les dieron el lugar de concentración donde irían a buscarlos para la evacuación. Ese lugar estaba ya bajo agua. Y no fue nadie.
El presidente de la vecinal consiguió unas canoas y así llegaron a tierra firme. De ahí, cada cual adonde pudiera ir. Un amigo del sobrino los fue a buscar con una camioneta y los llevó con hijo, mujeres y nietos a la casita donde se apiñaron ocho. Allá están. Por obra y gracia de los vecinos y familiares y desconocidos solidarios.

Las artesanas en Esperanza sintieron un horrible zumbido que provenía del cielo. El sonido de las trompetas de los ángeles exterminadores, quizás.
Se pusieron debajo del dintel de una puerta aguardando un aterrador tornado.
Y el zumbido seguía intolerable, hasta que se inició el bombardeo atroz. Era granizo de un tamaño imposible, que destrozó todo.
Mary fue rescatada de su casa con el agua a la cintura. En canoa. No se llevó nada. Es empleada doméstica. En el 2003 perdió todo. Ahora, cuando llegó al centro de evacuados, estaba con la ropa mojada y sin comida. Otra vez, otra vez con la nada por delante, con la certeza de haber perdido todo
lo que pudo conseguir en estos cuatro años. Mojada y hambrienta, tan espantosamente sola.
Myriam en el extremo norte de la ciudad, en el barrio transformado en una isla. Un amigo fue a hacerles una provista al supermercado, no pudo llegar con la camioneta 4 por 4. Entonces un grupito de adolescentes salió en expedición a buscar víveres para varias familias. Tienen para hoy y para
mañana. Después se verá. La arena para frenar el agua que le entra a los Zanelli por el fondo se las dio una vecina que estaba construyendo. Y tienen ganas de reírse todavía, y cuando pasó Tito todo de amarillo el Rober dijo "vienen los Teletubis" y todos se reían. Y se reían cuando miraban con
apetito la bolsa de arroz de la perra. Y todavía tiene espíritu científico Myriam, que me contó que la tortuga en el patio estaba paradita en la pared a 45 grados, alejándose unos centímetros, lo poco que podía pobrecita, del suelo amenazante.
Y en los edificios de las Flores suben las cucarachas. Los alacranes salen en toda la ciudad de los sumideros. Los gorriones bajo la lluvia se comen las lombrices que afloran para no ahogarse en la tierra que está saturada de agua.
Ya no llueve, pero se viene el agua que busca el cauce del río. Desde lejos se viene, atravesando campos. Quienes sobrevolaron la zona hablaron para la radio con una voz donde se nota el temblor involuntario.
El caos se asienta, se decanta, va tomando la ciudad como la otra marea.
Están los que cobran peaje en las avenidas, los que saquean a los que huyen con sus cuatro cositas y los pesos ahorrados. Los que en las escuelas que funcionan de centro de evacuados amenazan a las maestras que no tienen nada que ofrecerles y no saben de dónde fabricar colchones, o ropa, o comida.
Pero los de Defensa Civil, los funcionarios de la municipalidad, deliberan. Les sale bien eso de deliberar. Mientras tanto cada uno hace lo que puede y ayuda si puede y le dan las ganas y el coraje. Como hace cuatro años, como siempre, socorre el buen samaritano y las fichas se acomodan según van cayendo. Después escucharemos explicaciones razonables. No me cabe duda.




II



Vino Mary del refugio improvisado en la escuela. Tiene los ojos rojos Mary, y va formando imágenes en el aire la Mary; cuenta y cuenta mientras toma leche con tostadas en la mesa de la cocina.
Dice que la buscaron en canoa, y cuando llegaron a la “San Cayetano” los encerraron con llave, y no los dejan salir por miedo a que se metan otros y rompan, o roben, o vaya a saber qué cosas que puede hacer la gente cuando es mala y se siente impune, y afuera está el caos. Dice la Mary que no comieron desde la noche que llegaron hasta la otra noche, un día entero estuvieron sin comer, y las tripas le hacían ruido y se le quejaban.
Cuenta la Mary que no les dan comida para los perritos, pero los perritos son la familia, también, así que de su ración come, y esconde un poco, y con eso le llena las tripitas al cuzquito que pobrecito, también es gente o al menos más gente que algunos.
Y cuenta que si tenían frazada no les daban colchón, a pesar de que a la noche se vino el frío, y eso de estar arriba de la frazada pero sin nada para taparse no abriga, y el suelo además de duro estaba helado. Así que lo peleó la Mary al hombre, y le dieron un colchón para los cinco de la familia que se juntaron allá en el refugio. Y adónde, pregunta la Mary, adónde van los colchones que quedaron en el camión ¿No? Y es la misma pregunta que hacía ella y que hacía tanta gente hace cuatro años.
Y dice la Mary, y le da un poco de vergüenza y le cambia la voz cuando lo dice, que tienen que mentir para que les den agua caliente. Tienen que decir que hay un bebé y una mamadera para que les den agua caliente. Pero cómo, cómo se aguanta sin el mate el hambre, el frío, la angustia; cómo se comparte y atenúa, sin mate, tanto sufrimiento. Le da vergüenza decir que tiene que mentir para que les den agua caliente.
Los baños bien, limpios, bien por suerte. Pero es una escuela, las escuelas no tienen calefón ni termotanque, hay que lavarse con el agua fría y de ducharse ni hablar, claro, lavarse un poco para ir tirando, y escuchar por ahí “estos negros mugrientos”.

A lo mejor la heladera vuelve a andar, si la sopletean con agua y compresor como la otra vez, eso si no estalla la puerta de entrada y las cosas se van flotando, se pierden en la calle donde se van a juntar todos los peces muertos de la resaca. Dice que la heladera a lo mejor ande, pero no puede imaginarse la casa y la heladera, tan pesada, que flotará extrañamente como los buques de hierro y toneladas excesivas. La heladera flotando por la casa es intolerable. Cambia de tema. Mejor hablar de ahora, de acá, al futuro todavía no tiene el coraje de enfrentarlo. Ya llegará con las aguas servidas, los cimientos que ceden, el olor y la podredumbre. Otra vez, un futuro que exuda pasado de pesadilla, esas pesadillas cíclicas que cambian las leves circunstancias pero no el terror de fondo que siempre es el mismo.
Cuenta que la Negrita se aburre, la nena encerrada en un gran dormitorio de colchones y gentes deprimidas. Me pide un mazo de cartas para la Negrita. Todos se aburren, con la desesperación del que siente que algo urgente lo requiere, pero tiene la pesada tarea de aguardar. Afuera tiene que bajar el agua.
Y la Mary cuenta, con los ojos rojos cuenta y cuenta, y no quiere más tostadas. Y mamá que le ofrece más tostadas porque qué se puede hacer sino ofrecer tostadas, y escuchar, y sentir. Y yo que salgo a comprar cosas. Cosas, a prepararle un bolso de cosas. Qué poco podemos hacer salvo ofrecer cosas que le faciliten un poco la jornada. Pero no está en mí el poder de hacer milagros. Le armamos con mamá unas bolsas de cosas y le deseamos buena suerte. Y nos quedamos con los relatos y los ojos rojos en la mente y en el corazón. Hasta pronto. Mejor suerte. Hasta pronto Mary.



III


El tiempo se ha detenido. Es el momento de mirar el agua y de comprobar que no baja; el tiempo de mirar el cielo nublado, ese compacto cielo amenazante. El tiempo suspendido de todas las esperas que convergen en un silencio de escala de grises.
Es el tiempo del nudo del relato, el tiempo de defenderse del hastío, el tiempo igual a si mismo cuando no quedan ya palabras nuevas. Cuando se repiten las historias que ya fueron contadas, cuando empieza a trabajar la ira desde abajo, desde el fondo. Cuando las manos no hallan reposo en el trabajo y comienza la calma preñada de monstruos.
No lo oigo, pero en el silencio de la ciudad parada hay un llanto, ladrido de perros en la oscuridad, fogonazos y detonaciones.
Es el tiempo en que el estupor y la agitación se velan por la luna que entre nubes fosforescentes recorre el rectángulo de la ventana. Velas entre muros húmedos. La vieja, la antigua caverna que nos protege del afuera hostil. Esa sensación de sitio, ese abismo.
La radio que pone en ondas la tragedia, que imparable destila nombres y lugares precisos poniendo en particular la generalidad de las urgencias. Las voces que se encienden y desaparecen recién brotadas, ese extraño silencio del tumulto, esa insensibilidad del extremo dolor.
Es, me lo digo, el tiempo en que las voces se confunden como en las tribunas, y surge la sola y única voz plural de un pueblo que grita, así como las calles y campos anegados han formado un único espejo líquido que refleja un cielo inclemente.
Asusta este silencio de masa sonora, este silencio de chicharras, esta aguda nota sostenida hasta que duele. Da miedo este silencio, da miedo este tiempo mudo de mirar el agua, de mirar la oscuridad allá afuera, de mirar las manos cerradas en puño.
Hay que dejar que la voz se desenrolle, decir de vuelta, otra vez, no importa cuántas veces decir lo que pasa y lo que pasó. Hay que escribir la sinfonía de los desesperados, dar a cada instrumento un espacio para elevar su motivo o bajarlo, o desentonar como la trompeta que se desbarranca desde las alturas conquistadas. Hay que permitir que se liberen las fuerzas agazapadas en los vientres crispados.
Es el tiempo muerto de la espera. No muramos.
En los centros de evacuados, en las casa secas, en los techos de la vigilia acecha la ferocidad de quien está obligado a esperar. Las garras dejarán surcos en el revoque desgranado, los colmillos se ensañarán con el compañero de celda. Estallará, uno por uno, cada miembro del clan que se revuelve en el lecho caótico del desastre. Y lo que fue en un principio solidaridad se tornará codicia y maledicencia, la simpatía se replegará bajo escamas aceradas, molestará el que hace, el que no hace, el que simplemente se interpone.
Habrá que superar este tiempo de caldera a presión, este tiempo de algodones sucios, de bocas negras. Habrá que superarlo mientras la luna se desplaza entre nubes fosforescentes. Silenciosa.




IV

Dos de abril, fecha de oprobio, de recordatorio de los muertos, fecha de los soldados que volvieron o quedaron en las Malvinas. Cuántos de ellos estarán ahora bajo el agua, como estuvieron bajo el agua en aquellas heladas trincheras. Cuántos, me pregunto, con la misma falta de atención que sufrieron allá. Este es un país duro que no cobija a sus hijos, demasiado pronto a diluir y disfrazar, con enorme capacidad de olvido y de perdón para los culpables.

A causa de la radio me sorprende una de esas carcajadas inesperadas.
Entre la madeja informe de quejas y reclamos y noticias de cortes y piquetes, un funcionario dice que se vieron superados por este fenómeno inédito de una segunda inundación. Me río y le digo a mi mamá que está colgando la ropa lavada a la luz del cielo blanco, "escuchá, escuchá, un fenómeno inédito que se repite" Y está buena la excusa; me los imagino dentro de un tiempo, sorprendidos en su buena fe por el fenómeno inédito de una décima inundación. Y todavía sin bombas de desagote, sin plan de evacuación, sin saber muy bien quién y cómo tienen que hacer qué cosa.

Otro fenómeno que se repite, que terrible y repugnantemente se repite, es el del abuso de los niños o las mujeres en los centros de evacuados. Esta vez y que yo sepa, detrás de la terminal de ómnibus, en los galpones que fueron del ferrocarril. Una nena esta vez, una nena de seis años esta vez, y mujeres que toman sus hijos, sus pobres bártulos y se van a su casa aunque todavía tengan agua. Madres, mujeres que huyen.

Y la ferocidad del sexo que brota en los centros, en las salas comunes, sobre el suelo. Reparten condones. No pasó un mes de evacuación, pasaron seis días. Entiendo la urgencia de los jóvenes acicateados por el desastre, pero me conmociona. Como en las guerras, como cada vez que los dioses o los elementos, o la Historia se desatan, los cuerpos se buscan en la obscuridad, entrelazan los anhelos, engendran para no morir. Lo entiendo, pero me aterra la bestia suelta en la noche. Huelo su aliento y no es dulce.
La ciudad mañana volverá en si, termina el fin de semana largo.
Prescindirá de los menos favorecidos, pero seguro que ni lo notaremos.
Apenas por los baños químicos que continúan ocupando algunas veredas, por esa gente en hojotas y con bolsitas exiguas que transitan con rostros inescrutables. Sólo los del oeste y suroeste seguirán dentro de la pesadilla. No se los extrañará en los bancos, en los negocios, en las tiendas ni en los cafés. No se los extrañará, simplemente. Al fin y al cabo, como hace cuatro años, volverán a sus extramuros y nos iremos olvidando de las paredes que se desgranan y de las fotografías ahogadas. Aunque digamos
que no, que esta vez si que los vamos a recordar, como a los veteranos de Malvinas.



V


Una película norteamericana no termina hasta que no haya habido una buena explosión, una novela de Agata Christie hasta que no se resuelva el misterio, y aquí las cosas no finalizan hasta que aparezca un paredón. A los que hacen piquetes, habría que llevarlos al paredón. Así son las soluciones que brotan, que emanan de la gente, y esa frase inevitable la escuché hoy.
Al paredón y listo. Solución final.
Los piquetes son como las huelgas, molestan. Son unos cuantos vecinos que cortan las avenidas, las calles, las rutas, para pedir cosas. Es la gente que no encuentra otra manera de que se oiga el reclamo, y son los maleantes que aprovechan la situación y enturbian ese reclamo.
Y a los piquetes lo sufren los que trabajan, los que se quedan sin provisiones, los que tienen que realizar una expedición para llegar al trabajo, los que no pueden acceder a los hospitales o centros de salud. Los sufrimos todos; caldean los ánimos, reducen la tolerancia y paralizan la solidaridad. Son, quizás, la mejor manera de hacerse odiar por los conciudadanos.
Pero, y esto es lo trágico, seguimos confirmando la letra de "Cambalache"; el que no llora no mama y el que no afana es un gil. El que no llora no mama, no hay ayuda hasta que no haya piquete, hace falta llorar a los gritos para conseguir alguna cosa, y que el reclamo sea justo hace que actuar contra los piquetes sea una canallada que el gobierno en pleno año electoral no está dispuesto a cargar en las espaldas. Por eso, no actúa para disolver los cortes, y tampoco actúa contra los ladrones que se disfrazan de piqueteros y cobran peaje en las calles. El que no afana es un gil, y más si la emergencia y el caos les otorgan impunidad.
Como el reo que se guarece en un jardín de infantes para que no le disparen, los ladrones que toman el nombre de piqueteros para el saqueo y la prepotencia, se mezclan con la pobre gente desesperada que, de otra manera, no sería oída. Confundidos todos para desgracia de quienes se encuentran urgidos por la necesidad y la falta de asistencia.
Si el plan de emergencia tuviese solidez o una mínima operatividad, si la gente confiase en los gobernantes, si la organización permitiera ayudar a todos en la misma medida y con la misma eficacia. Si todo esto se diese, no debería de haber piquetes. Si no hubiese piquetes, los ladrones serían simplemente eso, ladrones, y la policía no tendría que actuar dentro de esa zona borroneada que los ampara.
Pero son condicionales que no concuerdan con la realidad que soportamos.
Entonces, al paredón. Todos. Y la solidaridad que asomaba se vuelve al armario donde permanece guardada, hasta que encontremos personas necesitadas con quienes hacer caridad, siempre y cuando no molesten.



VI


La inundación pluvial lo mojó todo, desde las calles, casas, barrios completos, hasta las letras dibujadas con agua ahora, desdibujadas ahora, de mis ensayetes acuarelables. Nidia me escribió que desea lo imposible, un texto sin paredes mojadas ni trágicos paredones.
Y en esta hora en la cual la magia ocurre día a día, en esta hora precisa y repetida de cada atardecer, el sol inclina la cabeza por debajo de las nubes, y como un niño que se asomase por debajo de una mesa nos regala una sonrisa feliz. En esta hora maravillosa casi puedo decirle a Nidia que
no habrá, en este texto, paredes mojadas ni paredones.
Por debajo del cielo nublado amarillea la luz. Esta luz al ras, luz teatral, luz escénica, hace que las hojas de los árboles se transmuten en verde esperanzado, rejuvenece y limpia. El esplendor de las hojas tiernas y transparentes, de luz y savia, enciende el alma. Con sol podemos creer en el futuro. La luz disipa el medio tono de la derrota, nos hace caminar erguidos, nos permite descansar, unos pocos minutos quizás, pero descansar, de los terrores obscuros.
Entonces podemos ver que las plantas han florecido, que los gorriones no cejan en su empeño de vivir a los saltitos, ni los horneros abandonaron la reconstrucción eterna de sus hogares de barro.
La vida sigue. Lo sabemos gracias al sol; la luz lo dice, lo proclama por el aire la tenue dulzura en sepia de esta hora mágica. Un chico de un centro de evacuados juega concienzudamente a las bolitas en la vereda.
Alguien pasa en bicicleta y silba. Se escucha una risa detrás de una ventana cerrada.
La vida sigue.
Y habrá, claro, paredes mojadas. Pero ahora, en esta precisa hora enclavada en el centro del infortunio, ahora sabemos que esas paredes se secarán. Y sabemos también que luego de los preciosos minutos de la esperanza vendrá la larga noche. Pero sabemos, también, que mañana habremos de sacar las escobas y el detergente para poner orden en nuestros pequeños mundos.
Lo dice, lo asegura, la amarillenta luz del sol atardecido.



VII


En la escuela, en cuarto grado, los chicos escuchaban la explicación del dibujo que tendrían que realizar. Tenían que registrar gráficamente cómo los había impactado el agua en la ciudad. No eran chicos de los barrios afectados, pero todos escucharon relatos de familiares, amigos de los padres, vieron personalmente o por la televisión la catástrofe. Las voces agudas se entremezclaron en historias, postales, recuerdos.
Escucharon que un relato se puede hacer con palabras o con imágenes, y que un dibujo es más certero a veces que una fotografía, porque al dibujar no se plasma la totalidad sino que se escoge lo importante; lo más importante para el dibujante, y por eso quien realiza la imagen está contenido en ella a través de su mirada.
En el dibujo estaría la inundación, y estarían ellos detenidos, también, en este cuarto grado que se iría perdiendo en el tiempo extenso de su niñez. Esto vi, esto pasaba, allí estuve, así fue.
Y los chicos hablaron de los yacarés que aparecieron en Altos del Valle, de los botes, de la gente en los techos, de los helicópteros, de los tiroteos y de los piquetes.
El problema es que el agua marrón parece tierra, así que lo solucionaron mezclando los crayones marrones del agua verdadera, y los crayones celestes de esa agua esquemática, el agua celeste como debe de ser el agua en un dibujo infantil.
Alguno se sintió obligado a aclarar “pero yo no me inundé”, a lo que la respuesta “la ciudad se inundó, todos vivimos en ella”, los dejó tranquilos al entender que no usurpaban la calidad de víctima.
Todos dibujaban.
Todos menos uno.
Alguna cosa lo inquietaba. Finalmente preguntó si podía dibujarse en el patio, jugando con el hermano en la lluvia. ¿Eso es lo que más te impresionó de todo? Silencio, cara inexpresiva. Si, eso.
Y así recordará el final de marzo y el comienzo de abril del 2007. Para su dicha o desdicha, conservará la imagen de su hermanito y de él, jugando alegremente en el patio de su casa, bajo la lluvia.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com




CARTA ABIERTA A LOS MINISTROS
Y GOBERNADORES DE LA NACIÓN*


¿Qué país es éste que arma a quienes
son capaces
de golpear y asesinar desocupados y
maestros?
¿Quiénes se hacen (o no se hacen)
responsables del nuevo boquete que se
está abriendo
en el país llovido, inundado?, mientras
estremecen
las tormentas, y los pobres (o
jodidos)
habitantes (o ya clientes) del país
deben seguir
escuchando las palabras vaciadas de
vergüenza
que ruedan, cercan, ensordecen y
malhieren
--prepotencias, vallados, nuevos
latifundios, todo vale--,
cuando el pozo se ahonda, y se ve
que se ahonda,
y ya no se puede
tapar otro pozo más, otra hilacha más,
en el lugar
de la misma herida que late abierta
como un grito.


*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar





En el nombre de Carlos*



Carlos era nadie, anónima palabra de esperanza.
Una sombra más entre una multitud de sombras.
Un miembro más de una sociedad que se derrumba.

Fue tan sólo una voz disparada contra el cielo,
un vago gesto dispersándose en la tarde,
un grito unificado que había que acallar.

Acaso pague la mano que ejecutó el disparo
pero ¿dónde encerrarán a esas voces cobardes
que empuñan la represión contra los débiles?
¿Quién dictará sentencia contra los verdaderos
asesinos que han hecho una trinchera
del cargo, del poder, del privilegio?

A ellos no les importa. Tal vez duerman tranquilos
su sueño de pastillas sin gatos ni amapolas.
No sentirán la vergüenza del culpable.
No llevarán flores sinceras a su tumba.
Sería como reconocer su culpa. Sería
confesar que sus manos están llenas
de la sangre de Carlos, de la sangre
de todos los que enarbolan la palabra
como único fusil, como única bandera.

Carlos era nadie, pero un torpe disparo
ha lanzado su nombre contra todos los muros
sembrando por las calles la palabra de un pueblo,
clamor de muchas bocas con un solo destino,
la voz de los que luchan por un mundo habitable.



*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es

*Este poema es una re-composición de otro que escribí hace unos seis años ante un hecho semejante. El asesinado de entonces se llamaba Carlo Giuliani, la ciudad era Génova. Cambian los nombres y los lugares, pero la infamia permanece.





VEINTINUEVE ....*


Ser pobre,
definitivamente pobre en estas tierras,

sin destino, sin futuro,
condenado por todas las horas
de tu vida
a permanecer al margen,
afuera,
al costado.

Ser poder sin destino,
ser carne con precio
vil
para el mercado infinito
donde cotiza
la carne humana.

Ser pobre
y condenado a creer
una y otra vez
en las promesas y las luces
de las jornadas pasajeras
de los políticos perdurables.

Ser pobre
y con el agua a la cintura
cargar,
una y otra vez
irremediablemente,
los pocos bártulos,
la ropa vieja,
algún pedazo de la historia familiar
y caminar,
otra vez sin rumbo,
siguiendo la huella
de los otros pobres
que borra el agua.

Saber que otro pisó ahí
donde ahora no queda marca

saber que otro lloró ahí
donde no queda marca

saber que otro suplicó ahí
(tal vez yo mismo)
donde ya no queda marca.

La próxima lluvia,
el próximo río,
la próxima puesta en escena
de la obra
que todos parecemos condenados
a protagonizar.

Ser pobre,
ser carne con precio,
ser voto con nombre,
ser agua
transcurrir.



*de Carlos Guillermo Garibay. cjgaribay@gigared.com
Santa Fe, 29 de marzo de 2007.





Vidrios rotos*


La primera honda que tuve me la hizo en San Luís mi tío Eugenio, que trabajaba de detective en el casino de Mar del Plata. Era una joya: habíamos buscado la horqueta perfecta por todos los árboles del barrio y cuando la encontramos yo subí de rama en rama para cortar la que guardaba el tesoro. Mi tío la peló con un cuchillo y la pintó con un barniz amarronado. Los elásticos los cortó de una cámara que nos regalaron en la gomería y para alojar el proyectil buscó un cuero suave, como gamuza, que hacía juego con el color de la madera. Los amarres con firulete los hizo mi padre con un alambre de cobre bien pulido. Ese fue uno de los grandes días de mi vida. Poníamos tarros de conserva alineados en el fondo de un baldío y practicábamos hasta el anochecer. Mi tío era pura pasión pero acertaba pocas veces. Lo mismo le pasaba con los números del casino, donde dejó fortunas propias y ajenas. Hasta que pasó al otro lado del mostrador y aprendió la profesión de los escruchantes para agarrarlos con las manos en la masa. Para sorpresa de todos, el que se reveló muy bueno fue mi viejo, que había pasado por el Otto Krause y detrás de la máscara de hombre de ciencia conservaba la picardía de su abuelo, el pistolero de Valencia. Como todo zurdo contrariado a mí me costaba acomodarme para tirar. Todavía recuerdo con rencor a la maestra que alzaba la voz y me gritaba: "¡Niño Soriano, la lapicera se toma con la diestra!". Y yo la agarraba con la derecha y dibujaba una caligrafía imposible que todavía hoy me cuesta descifrar. Lo cierto es que me costaba acomodarme a la gomera. Una noche de verano salimos con mi padre en ronda de inspección para sorprender a los que derrochaban agua corriente. Caminamos sin apuro, después de cenar, hasta el barrio de chalés. Ahí había gente que tenía piscinas de veinticinco metros y mandaba lavar coches, veredas, frentes con el agua que les faltaba a los infelices que no tenían plata para pagarse tanques de reserva ni motores eléctricos.
Mi padre tocaba el timbre y se presentaba como un caballero, quitándose el sombrero ante las damas. Yo me quedaba unos pasos atrás a escuchar su discurso que cambiaba cada vez y derivaba en evocaciones poéticas y citas sarmientinas. Es verdad que a veces hacía demagogia. Ponía en la pluma de Sarmiento y en la boca de San Martín cosas que a mí en el colegio nunca me habían enseñado. Tenía fibra para golpear al hígado y llegar al corazón. Una vez, frente a un industrial con pinta de señorito consentido, que nos había mandado dos veces a la mierda, señaló un grueso y frondoso roble que tapaba la entrada de un potrero y le preguntó con voz serena y convencida: " ¿Sabe que el general Belgrano ató su caballo a ese árbol cuando volvía de la batalla de Tucumán?". El señoriíto se sorprendió y miro al baldío mientras en su patio seguía la fiesta y los invitados se zambullían en la pileta iluminada por grandes faroles. "A mí qué carajo me importa", contestó el tipo y nos cerró la puerta en las narices. Mi padre me puso la mano sobre la cabeza, se limpió el polvo de los zapatos y volvió a tocar timbre. El tipo apareció de nuevo, metió la mano al bolsillo y empezó a contar unos billetes arrugados. "Tomá -le dijo a mi viejo-, andá a comprarle un helado al pibe." Hacía tanto que no me compraban un helado que ahí no más se me aceleró la respiración. Los billetes eran marrones, nuevitos, y el tipo se los tendía a mi viejo con una sonrisa displicente y pacífica. Alcanzaba para dos kilos de chocolate, crema americana y frutilla. Desde el fondo llegaba la melosa voz de Lucho Gatica. A mí me latía fuerte el corazón mientras mi padre seguía parado ahí, bajo el alero del porche, con el traje todo raído y el sombrero en la mano. no le gustaba que lo tutearan. De pronto levantó el brazo y señalo de nuevo el árbol. "La tropa acampó atrás -dijo-. El general estaba muy enfermo y pasó la noche abajo de ese árbol. No tenían ni una gota de agua y todos se pusieron a rezar para que lloviera."
Hubo un largo silencio hasta que apareció un muchachón con un balde de agua y se paró bajo el marco de la puerta. "¿Y, llovió mucho?", preguntó el industrial, burlón, mientras contaba dos billetes más. "Ni una gota", contestó mi viejo y movió la cabeza, desconsolado por la triste suerte del general. "Mandó hacer un pozo para buscar agua y enterrar a los soldados que se le morían." Yo me di cuenta enseguida de que tampoco esa noche iba a tener helado. Mi viejo se calzó el sombrero con un gesto cansado mientras se escuchaban las risas de las mujeres y los arrumacos del trío Los Panchos. "No se conseguía agua metiendo la mano en el bolsillo, señor", dijo mi viejo. El tipo extendió el brazo con la plata y mi viejo dio un paso atrás. "Mirá -se empezó a cansar el otro-, el gobernador está adentro, así que tomatelás, ¿sabés? Rajá si no querés perder el empleo." Mi padre me tomó de un hombro y empezamos a salir. Entonces llegó el baldazo y sentí que a mí también me salpicaba el chapuzón de mi padre. Salí corriendo pero mi viejo hizo como si nada hubiera pasado. El industrial y el otro largaron la carcajada y la puerta se cerró de golpe. Ya tenían algo para contarle al gobernador y reírse toda la noche al borde de la pileta.
Cruzamos la calle en silencio. Al llegar a la esquina no pude contenerme y me eché a llorar como un tonto. Mi viejo caminaba cabizbajo pero imperturbable y fue a sentarse bajo el árbol donde según él había pasado la noche el general Belgrano. Prendió un cigarrillo, sacó el talonario y escribió la multa con una letra redonda y clara que siempre le envidié. El cielo estaba estrellado y hacía un calor de infierno. Justo para estar al lado de la pileta tomando un helado. "No le cuentes nada a mamá, ¿querés?", me dijo. Yo pensaba en los billetes marrones y en los días que faltaban para fin de mes, cuando traía su sueldo de morondanga. Por decir algo le pregunté cómo había hecho Belgrano para conseguir agua.
-No sé, hijo; en cada puerta que golpeaba le tiraban un balde con mierda.
Se puso de pie, se quitó el saco para escurrirlo y me pidió que le inventáramos a mi madre un accidente con el camión regador. Ya nos íbamos cuando de repente se paró a mirar la copa del árbol.
-¿Trajiste la gomera? - me preguntó.
Le dije que sí y se la pasé con la bolsita de piedras que llevaba bien agarrada al cinturón.
Dejó el saco sobre un arbusto y empezó a trepar por el tronco. No estaba para esos trotes pero alcanzó a ganar la primera rama y de ahí pasó a otra más alta hasta que empecé a perderlo de vista. Tenía miedo de que se cayera y se rompiera algo, como le había pasado otras veces. Empecé a imaginar a Belgrano encaramado al árbol, oteando el horizonte, enfermo y sucio, con el pantalón blanco, la chaqueta azul y el poncho colorado.
Entonces escuché un ruido de vidrios rotos y enseguida una lámpara hecha añicos y otra que reventaba. Me di vuelta y vi que la casa de la piscina se quedaba a oscuras. Busqué a mi padre entre el follaje del árbol y de pronto lo oí desplomarse a mi lado con la gomera en la mano. Esta vez cayó de pie y con la cara iluminada.
-Dale- me dijo en voz baja-. Vamos a tomar un helado.




*de Osvaldo Soriano "Cuentos de los años felices"
Editorial Sudamericana, Bs As, edición de 1994.



*

Clase Pública sobre los Ferrocarriles Argentinos*

En el marco del 150 aniversario de la puesta en marcha de los ferrocarriles en la Argentina, reafirmamos hoy más que nunca que El Ferrocarril una cuestión nacional.

El próximo jueves 19 de abril del corriente año, a las 17 horas en el Hall Central de la estación Constitución se realizará una Clase Pública a cargo del miembro fundador del MoNaReFA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos, el ferroviario Juan Carlos Cena, profesor escritor, y autor de El Ferrocidio (cuya primera edición está agotada, previendo que para julio estará la nueva edición); el cual ha obtenido diversas distinciones: Declarado de Interés Municipal en Tafí Viejo (Tucumán), mediante Decreto Nº 0561/2004, de fecha 13 de abril del 2004; de Interés Provincial por la Honorable Legislatura de la Provincia de Tucumán; de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación (Resolución 1915/2004) entre otros premios.

En esta jornada del 19 de abril habrá proyecciones de documentales sobre el pasado y presente del ferrocarril.
Estará el libro de quejas gigante para que los pasajeros firmen; estos petitorios serán entregados al Defensor del Pueblo de la Nación y a la CNRT Comisión Nacional de Regulación del Transporte.
Además harán uso de la palabra los trabajadores del Metropolitano S.A. y pasajeros.
Las consignas de dicho evento son por: Evitar un Cromagñon ferroviario.
Dejar de viajar como animales.
Por la libertad de Roberto Canteros, preso por los sucesos de Haedo, del 1º de noviembre del 2005.

Los organizadores del acto son: Pasajeros del Roca, Mejoremos el Tren, Grupo SUER - Sufridos Usuarios del ex Roca, Unidos en Recuperemos el Tren y el MoNaReFA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos. Adhieren el FUDESA (Frente de Usuarios Desesperados del Sarmiento), FOL, FTC, Red Libertaria, OSL.

Los contactos: pasajeros_del_roca@yahoo.com.ar
mejoremoseltren@yahoo.com.ar
recuperemoseltren@yahoo.com.ar

actividadesmonarefa@yahoo.com.ar

*Secretaría del MoNaReFA


*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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