jueves, enero 10, 2008

EN LA OXITOCINA DE ARBATÁN...


EN LA OXITOCINA DE ARBATÁN...




Galería y záfiro*



el viento regalaba hojas
caducifolias...
es un viento de tarde de mar
sobre la tierra fértil
un viento de velas hinchadas
y blancas proas afiladas
un viento de llegada partida
de temidos virus
un viento de verano
como fuelle de mil naves vikingas
un soplo de cíclope
un canto de acecho vecino
una vibración de desembarco y multitudes
de un estadio en olimpíadas
un espíritu tosco juguetón
que derriba tendederos ramas secas
y adversarios imaginarios
gladiadores de otrora
un viento que eleva y sumerge
tus cabellos de oro y
arrastra a la deriva diosa vecina.



*de Víctor Falco vittoriofa9@hotmail.com






Jueves, 10 de Enero de 2008
ENTREVISTA AL INVESTIGADOR CANADIENSE LAURENT MOTTRON
"Yo apuesto a la inteligencia del autista"*


El autismo no es una enfermedad, sino un modo diferente de procesar la información: así lo sostiene, luego de una experiencia de 20 años, el canadiense Laurent Mottron. En diálogo con Página/12, el prestigioso investigador explicó por qué "es central convencer a la familia y a los maestros de que un niño autista puede lograr el más fino nivel de desarrollo".


*Por Carolina Duek


"Cuando nos enfrentamos a un niño autista tenemos que apostar a su inteligencia", sostiene Laurent Mottron, quien desde hace más de 20 años investiga el tema en el Hospital Rivière des Prairies de Montreal, Canadá, que fundó y dirige. Sus investigaciones sobre percepción, memoria e inteligencia en el autismo lo condujeron a un nuevo enfoque. Sostiene que los niños autistas poseen habilidades especiales, que la familia y el entorno deben fomentar. "Lo que nos interesa es convencer a la familia y a los maestros de que se puede intentar lograr el nivel de adaptación más fino, desarrollar sus potenciales", sostiene Mottron. El destacado especialista visitó la Argentina, donde dictó una serie de conferencias.
-¿Cuál es el enfoque de sus estudios sobre el autismo infantil?
-La mayoría de mis trabajos se refiere al procesamiento de la información en el autismo. Lo hacemos a través de la observación de sus conductas en lo visual, lo auditivo, lo verbal y también lo no verbal, como por ejemplo la discriminación de sonidos o las dimensiones físicas del espacio y objetos que rodean a la persona. Otra manera de ver cómo procesan la información es a través de las interacciones sociales, como el reconocimiento de rostros y voces familiares, y la relación con sus pares. Esto último es de interés especial porque el autismo suele ser definido como una dificultad primaria en el procesamiento de la información social. Sin embargo, desde hace 20 años, la mayoría de mis trabajos están dirigidos a demostrar que el autismo no es un problema primario en el procesamiento de la información social, sino que su conducta social es el resultado de un modo distinto de procesar la información.
-¿De qué modo la conducta social puede derivar del procesamiento de la información?
-Nuestras primeras investigaciones mostraron que los autistas funcionan de manera diferente en varias áreas cognitivas no sociales. Teniendo en cuenta que los seres humanos somos seres sociales, las pequeñas diferencias que pueda haber en el procesamiento se hacen muy visibles en la interacción social. Lo que encontramos es que esta diferencia en el procesamiento va generando una cadena, y lo que uno ve en el comportamiento social es un efecto -subraya Mottron- de esta cadena. Así como, por ejemplo, en la
diabetes existe un gen que altera el primer funcionamiento y lo que uno ve como resultado, al final de la cadena, es la enfermedad, en el autismo pasa algo similar. La conducta de los autistas es el resultado de las diferencias en el funcionamiento de la cadena, generadas por una forma diferente de procesar la información inicial. Así planteada, mi investigación llegó a un punto complejo, donde tuve que asociarme con otros grupos de investigación para ver los correlatos físicos o neurofisiológicos de los hallazgos en el procesamiento. Estos hallazgos me ayudaron a encontrar conocimientos sobre la base de la inteligencia en general.
-¿Qué entiende por inteligencia?
-Para responder sobre esto, hay que tener muchos recaudos. Considerando que el 75 por ciento de los autistas tiene retraso mental, en la mayoría de las investigaciones científicas que se han hecho sobre autistas de alto funcionamiento se estudiaba el 25 por ciento restante; se consideraba que aquel 75 por ciento era muy difícil de estudiar. Nosotros utilizamos un tipo de test de inteligencia no basado en el lenguaje, el test de Raven, justamente para evaluar a autistas que habían sido considerados con retraso
mental según el test de Wechsler: esto nos permitió medir la inteligencia en otras áreas, sin que los resultados sobre el nivel de inteligencia se viesen reducidos por las grandes dificultades verbales que tenían muchos de ellos.
Pudimos encontrar que sus habilidades se elevaban, daban muy por encima de lo que hubiéramos pensado. El personaje de la película Mi pie izquierdo no podía escribir con la mano, pero cuando lo hacía con el pie demostraba su real nivel de inteligencia.
-¿Cómo prosiguió la investigación?
-Esos hallazgos están siendo replicados en grupos de autistas puros, es decir, sin otros problemas neurológicos. Los resultados muestran que, cuando se sobrepasan las dificultades verbales, los niveles son más altos en aquellos autistas que no tienen enfermedades neurológicas, los cuales representan el grupo más importante. Es fascinante, porque tratamos de trasladar los resultados de los tests a estudios de resonancia magnética funcional y de encontrar los correlatos de inteligencia en este modo diferente de procesar que tienen. En la elección del modo de medición es muy importante tener en cuenta que son personas; uno no puede ignorar sus particulares formas de procesar o sus destrezas. Desde el punto de vista ético, es importante desarrollar los trabajos sobre inteligencia tomando en cuenta que las personas no pueden ser jerarquizadas en base a un prototipo.
Por mi parte traté de estudiar, en los distintos subgrupos de autistas, cómo era su inteligencia. Dejando de lado por un momento al grupo de autistas con enfermedades neurológicas, hay otra proporción, sin compromiso neurológico, en quienes evaluamos su forma diferente de funcionar.
-¿Cómo es, de acuerdo con estas investigaciones, su propuesta de trabajo?
-Cuando nos enfrentamos a un niño autista tenemos que apostar a su inteligencia. Al observar las conductas repetitivas y las grandes dificultades para comunicarse que tiene un niño autista de dos a cuatro años, uno tiene que tener en cuenta que, sin embargo, puede estar realizando un procesamiento lateral. Mientras demuestra una conducta que parece meramente repetitiva, puede estar atendiendo a un cuento que se les presente: pero no nos pueden demostrar ese procesamiento. Y su forma de jugar puede parecer totalmente diferente de la de los niños típicos: no parece interesarse en lo novedoso, lo cual es habitual en los niños, sino en las formas de utilizar cada objeto. Por ejemplo, si a un chico que no es
autista le damos una varilla, puede quebrarla, pegarnos con ella, esconderla en algún lugar. El chico autista, si está interesado, por ejemplo, en lo que da vueltas, la hará girar, y de este modo va a filtrar su visión: clasificará las posibles formas de dar vueltas en distintas maneras y hará girar todos los objetos que pueda, también esa varilla. Un chico típico también puede estar interesado en esas cosas, pero jugará en una perspectiva más social; hará girar el objeto para que uno lo mire. Las formas de jugar
son diferentes en el sentido que los autistas eligen primero una dimensión determinada de juego y éste es otro modo de aprender. El chico autista utiliza categorizaciones o perspectivas que señalan otro modo de procesar.
Será exitoso en procesar de esa manera el mundo, en la dimensión en la cual es sistemático.
-¿Cómo es el trabajo con el entorno del niño?
-El trabajo principal es convencer a la familia de que el chico está haciendo efectivamente todo ese trabajo. Lo que nos interesa es convencer a la familia y a los maestros de que se puede intentar lograr el nivel de adaptación más fino, desarrollar sus potenciales; enseñarles que no sirve romper sus formas de ver las cosas sino aprovechar la forma de procesar para llevarlos para adelante.
-¿Cómo es la devolución a la familia?
-Les decimos a los padres que no tienen que asustarse por el hecho de que los chicos autistas no entiendan el modo en que ellos les expresan sus emociones. Es mejor que los abracen lentamente, que no se les tiren encima, y quizá ser menos expresivos, para que de a poco ellos puedan comprender la
emoción y acercarse. La mayoría de los padres de un hijo autista, como ven que funciona diferente, terminan dejando de hacer todo lo que harían con un chico típico. Por ejemplo, cuando alguien besa a su hijo, espera que devuelva el abrazo, que sea recíproco. En los niños autistas, cuando son chiquitos, eso no sucede y muchos padres se desalientan porque creen que no tienen emociones, que no sienten. Es similar a lo que pasa cuando uno habla con un sordo y éste no contesta; no es que no sienta, sino que no puede
codificar lo que uno le está diciendo. En el caso de los autistas, a ellos les cuesta codificar los modos que tenemos nosotros de expresar las emociones.
-¿Hay rastro orgánico en el autismo?
-Hay consenso en la ciencia en cuanto a que el autismo tiene origen genético. Estas atipicidades genéticas son de dos tipos fundamentalmente que resultan de la misma expresión. En un grupo existe una predisposición familiar; éste no es el grupo más grande; uno en veinte chicos autistas puede tener un hermano o hermana con autismo. Y, a raíz de las mutaciones genéticas, puede suceder también que el autista que uno vea sea el primero en la genealogía familiar. El grupo de autismo primario, sin enfermedad neurológica, tiene un origen genético.
-¿Qué futuras investigaciones tiene previstas?
-El trabajo de los próximos cinco años será sobre los correlatos neurofisiológicos y de neuroimágenes que tiene ese modo diferente de procesar, hallado en los estudios previos. Incorporamos en esto una gran cantidad de colaboradores especializados en autismo, particularmente a personas autistas como investigadores. Esto es porque los autistas tienen un modo de procesar más sistemático y estructurado, por lo cual son buenos científicos. Recientemente se le otorgó un Premio Nobel de Economía a un
autista. En matemáticas, dos personas autistas recibieron premios equivalentes al Nobel. En este momento, integran nuestro equipo cuatro personas con distinto grado de autismo; lo que aportan a las investigaciones tiene un valor incalculable. Una de ellas, Michelle Dawson, proviene a su vez de una familia de científicos. Claro que es buena, no simplemente por ser autista, sino que su autismo, combinado con su gran inteligencia, la lleva a procesar la información de una manera que está por fuera de las normas. Ella sola multiplica la producción del laboratorio.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-97261-2008-01-10.html





MOTTRON, EN BUENOS AIRES, POLEMIZO CON LA PSIQUIATRIA OFICIAL


“La persona con autismo no es ‘deficitaria’” *



*Por Pedro Lipcovich


El célebre investigador canadiense Laurent Mottron, en su visita a la Argentina, criticó fuertemente la caracterización del autismo que sostiene la psiquiatría oficial, tal como la precisa el Manual Diagnóstico de los Desórdenes Mentales (DSM-IV). Esa caracterización sería “normocéntrica”, centrada en una norma prejuiciosa o ideológica, y “defectológica”, al rechazar, como “déficit”, las diferencias con los comportamientos priorizados por una sociedad o grupo de poder. Para Mottron, el autismo no es una enfermedad, sino una manera diferente de procesar la información. Claro que las consecuencias de ese procesamiento diferente merecen ser atendidas, mediante abordajes que resaltan el trabajo con la familia. En Buenos Aires, Mottron tuvo a su cargo la Conferencia Magistral Inaugural del X Congreso Latinoamericano de Neuropsicología,
En los principios de su investigación, Mo-ttron advirtió el hecho de que, en niños diagnosticados como autistas, eran muy distintos los resultados cuando se les aplicaban dos reconocidas pruebas de inteligencia: el Test de Wechsler y el Test de Raven: los autistas medían más bajo en el de Wechsler –cuya evaluación apela sobre todo a la inteligencia verbal– que en el de Raven (ver nota principal). Los chicos no autistas, en cambio, suelen obtener resultados similares en ambas pruebas. La disparidad registrada en los chicos autistas, el hecho de que chicos que rendían bien en un test no lo hicieran en el otro, le sugirió a Mottron la idea de que su procesamiento cognitivo fuese, no ya deficitario, sino distinto del de los no autistas.
Un paso siguiente fue sistematizar, en autistas, una serie de funciones cognitivas que se desarrollan mejor que en los no autistas. Por de pronto, personas autistas son capaces de hacer cálculos matemáticos con increíble rapidez. También, suelen ser mejores para la categorización y discriminación de los tonos auditivos –por ejemplo, distinguir un la de un la bemol o de otro un sonido a menor distancia tonal–. También pueden ser mucho más veloces que los no autistas para discernir palabras en las “ensaladas de letras”. Si se les presenta una figura humana descompuesta en los rasgos que la conforman, son más rápidos que los no autistas para recomponerla.
Los autistas también suelen ser mejores en la “memoria semántica”, que permite adquirir conceptos nuevos; y en ellos esta memoria es menos susceptible a las falsas memorias introducidas por elementos distractores. Un ejemplo clásico en el estudio de estas falsas memorias es el de la joven de, supongamos, 15 años, a quien se le pregunta qué vestido tenía puesto cuando cumplió 10: ella no se acuerda; veinte días después, un familiar cercano (a requerimiento del investigador) le dice a la chica, como por casualidad, que aquella vez tenía puesto tal o cual vestido; veinte días después, el investigador vuelve a interrogarla y, ahora, ella “recuerda” que tenía puesto el vestido aquel. Bien, los autistas son menos susceptibles a las falsas memorias.
En esta fase de su investigación, Mottron ya planteaba la necesidad de diferenciar claramente el autismo del retraso mental. Hay autistas con retraso mental, como hay personas no autistas con retardo mental. Pero el autismo y el retraso con cosas distintas; y Mottron desarrolló su teoría a partir del trabajo con personas autistas de alto rendimiento intelectual. Por lo demás, suele suceder que personas con autismo y sin retardo mental no sean (afortunadamente) catalogadas como autistas, sino, a lo sumo, como tipos un poco raros.
A esa altura de su trabajo, Mottron pasó a enfrentarse decididamente con las definiciones de autismo que él denomina “normocéntricas” o “defectológicas”. Así considera las que ofrece el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales (DSM-IV), publicado por la Asociación de Psiquiatras de Estados Unidos y tomado como referencia por la psiquiatría oficial en el mundo. Para el DSM-IV –criticó Mottron en Buenos Aires–, tratándose de personas diagnosticadas como autistas, “si un comportamiento no está presente, quiere decir que es ‘deficitario’; si un comportamiento sólo está presente en ellas, quiere decir que ‘está en lugar de otros comportamientos, socialmente aceptables’”.
En cambio, de acuerdo con Mottron, los altos rendimientos encontrados en personas autistas, al igual que sus innegables dificultades en el lazo social, obedecen a que sus modalidades de aprendizaje siguen estrategias diferentes; procesan la información de manera distinta. En especial, su estrategia de aprendizaje apela a la repetición: hacen lecturas repetidas de cada fenómeno a fin de obtener las reglas que lo rigen.
En rigor, también para la población no autista se han señalado diversos estilos en el procesamiento de la información: por ejemplo, estudios de resonancia magnética señalaron diferencias, registrables por mapeo cerebral, entre estilos predominantes en hombres y en mujeres. En un orden similar se ha señalado la existencia de “inteligencias múltiples”, de las cuales una u otra puede predominar en cada persona. En el caso del autismo, la diferencia con el resto de la población iría más allá de los estilos, para constituirse como una variante cognitiva. Así lo plantea Mottron, para quien, así, el autismo no es, en sí mismo y centralmente, una patología, sin perjuicio de que sus consecuencias deban ser atendidas mediante abordajes que incluyen la orientación a la familia.
Esa diferencia cognitiva sería lo que puede hacer imposible, para el autista, la función del que se ha denominado “cerebro social”: la capacidad para inferir el estado mental del interlocutor. Las personas no autistas –sin reparar en ello y con mayor o menor eficacia–, disciernen si su interlocutor está alegre o está furioso, si escucha o si sólo quiere irse; habitualmente, en cualquier diálogo, cada interlocutor se está formulando hipótesis sobre los contenidos mentales del otro. La falta de esta función en la persona autista suele percibirse como distanciamiento afectivo.
La hipótesis de Mottron, con todo lo que tiene de polémico, se ubica en la corriente que predomina ampliamente entre los investigadores del autismo: reconocerle una base biológica, de origen genético y con compromiso cerebral. Estudios con resonancia magnética funcional han mostrado, en las personas autistas, patrones de actividad cerebral diferentes de las no autistas. Admitiendo estos principios, la hipótesis de Mottron es que esas diferencias deben entenderse como variantes, no como patologías. En cambio, por ejemplo, otra respetada corriente, en la que se ubica el investigador francés Simon Baron-Cohen, refiere el autismo a alteraciones del “cerebro social”, que en sí mismas considera patológicas.


* Con asesoramiento de Aldo Ferreres, director de la Carrera Interdisciplinaria de Especialización en Neuropsicología Clínica de la Facultad de Psicología de la UBA.


-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/subnotas/97261-30749-2008-01-10.html








NUEVO ESTUDIO DE UNA UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA SOBRE LA OXITOCINA


La hormona del enamoramiento es también la de la generosidad*



La investigación mostró que el nivel de generosidad hacia otras personas puede aumentar hasta 80%.
Una hormona llamada oxitocina, conocida hasta ahora por tener un papel decisivo en el enamoramiento, el orgasmo o el amor por los hijos, contribuye además a potenciar la generosidad de las personas, según ha demostrado un estudio de la Universidad de Claremont (California). Los resultados del estudio, presentados en la revista científica electrónica PLoS ONE, indican que la oxitocina puede incrementar en un 80% la generosidad hacia otras personas.
Cuando sentimos empatía hacia una persona en apuros, nuestro cerebro segrega oxitocina de manera natural y esta incrementa el sentimiento de generosidad, explica Paul Zak, fundador del campo de investigación de la Neuroeconomía y director del estudio.
"Es la experiencia de proporcionar cuidado y compasión la que nos hace más propensos a liberar oxitocina cuando alguien nos necesita", declara el científico por correo electrónico.
"Tiene menor incidencia en los cerebros de los niños, que están en desarrollo. Pero la oxitocina puede incrementarse en la edad adulta, lo que se podría interpretar como un aumento de la empatía a medida que nos hacemos mayores".
El nuevo estudio es la continuación de un trabajo pionero que publicó el equipo de Paul Zak hace dos años en la revista Nature, y que demostró que hay una relación entre los niveles de oxitocina y el sentimiento de confianza hacia otras personas.
Aquel estudio demostró que la hormona facilita que personas que no se conocen se relacionen entre ellas.
En el nuevo estudio han participado 68 voluntarios -todos hombres, para evitar que los altibajos de la oxitocina a lo largo del ciclo menstrual pudieran alterar los resultados-, a la mitad de los cuales se administró la hormona en forma de spray nasal, mientras la otra mitad recibió placebo.
Para medir su generosidad, se les propusieron dos juegos.
En uno, se daban diez dólares a la mitad de los participantes y se les pedía que los compartieran con otra persona. Si esta persona aceptaba la oferta, ambos se quedaban con el dinero. Pero si consideraba que la oferta era injusta y la rechazaba, se quedaban sin nada. El segundo juego era casi igual, con la diferencia de que el receptor no tenía opción de rechazar la oferta: debía aceptar lo que le daban.
Los resultados muestran que, cuando los voluntarios que habían inhalado oxitocina repartían el dinero, solían superar las expectativas de las personas que lo recibían. Este efecto no se observó entre quienes no habían inhalado oxitocina, que se mostraron más avaros. En conjunto, la hormona incrementó en un 80 por ciento la generosidad.
La oxitocina es una hormona estimulante, explica Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universitat Autónoma (UAB), quien advierte que "su efecto puede ser muy diferente en función del grado de reactividad de cada persona".


*Fuente: Clarín

http://www.clarin.com/diario/2008/01/10/sociedad/s-03101.htm







Jueves, 10 de Enero de 2008

Fin de fiestas*



*Por Rodrigo Fresán
desde Barcelona


UNO Ahora es el momento en que los camellos y los tres reyes magos enfilan hacia el horizonte del año que viene y la gente comienza a preguntarse qué pasó. "Vamos subiendo la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta", dice una canción refiriéndose a otra época del año -la noche de San Juan-; pero el verso del final es igualmente aplicable a estos días. Porque ahora es la llamada cuesta de enero, la hora de sacar cuentas y pagar las facturas y la resaca de la euforia se levanta como un manto de niebla y el panorama no es lo que se dice auspicioso. Y no sólo es enero; también es 2008. Y todo parece indicar que éste va a ser un año de aquellos en el que sólo los muy resistentes llegarán enteros para alzar las copas las próximas Navidades, el próximo 31, el 6 de enero del 2009. Mientras tanto y hasta entonces, por
estas partes, todos están tan expuestos como el cuarto rey mago.


DOS Me enteré de la existencia del cuarto rey mago Arbatán -nombre más digno de monstruo radiactivo de película japonesa- cortesía de un documental del History Channel. Parece que a Arbatán todo le salió mal. Salió tarde para el pesebre, ayudó a demasiada gente por el camino, perdió el rastro de la estrella nova de Belén, fue preso durante más de tres décadas y recién liberado justo para la crucifixión de Cristo. Entonces -cuando el Mesías resucitó provocando un modesto pero atendible sismo- a Arbatán, subiendo hacia el Gólgota, lo mató un balcón que se le vino encima. Eso sí: mientras
agonizaba, Arbatán escuchó la proverbial voz del Salvador que le prometía un dulce Más Allá, Más Adelante. Pero nada bueno para el aquí y el ahora. Más o menos así -como el sufrido Arbatán- se siente hoy buena parte de los españoles.


TRES Y es que la llegada del 2008 trajo varios pequeños terremotos, varios golpes y dolores de cabeza: anuncios de fallos en la economía del país, desaceleración del crecimiento, desempleo subiendo al 5,27 por ciento, inflación alcanzando el 4,3, aumento del agua y la luz y el gas y el transporte público por encima de ese índice (de acuerdo, para cualquier apocalíptico marine argentino entrenado en cosas como el riesgo país y con varios Vietnam encima, éstas son cifras casi risibles, pero aún así...) y
todavía falta sentir de cerca los hasta ahora distantes pero audibles ecos de la crisis hipotecaria en EE.UU. Sumarle a esto la virulenta campaña política por las elecciones de marzo, los arranques de la cada vez más belicosa Iglesia y sus cruzados purpurados, los paros en las clínicas de abortos, los destrozos y percances varios -en Barcelona- por la cada vez más lenta llegada del tren de alta velocidad y -también en Barcelona- los aullidos de turistas alcoholizados -cada vez más parecidos a esos vampiros de Soy leyenda- corriendo por las calles y la "detención violenta" de un par de etarras y... Pero lo que de verdad importa y preocupa es la economía. El principio del fin del boom español y toda una sociedad endeudada por cuestiones de ladrillos en edificios como esos que sepultaron a Arbatán o
por el peligroso pacto plástico con las tarjetas de crédito. La otra noche el programa de televisión Callejeros salió a los mercados a registrar el aumento en los precios de los alimentos y en el enojo de los que se alimentan. Gente protestando frente a carnes y verduras y frutas. Vendedores persignándose y clientes de rodillas. "La culpa de todo la tiene la llegada del euro", gemía alguien demasiados años tarde. Y yo todavía me acuerdo, sí, de esa noche epifánica, cuando llegó la gran moneda europea: todos tan
contentos, todos corriendo a los cajeros automáticos para extraer los flamantes y perfumados papelitos sin darse cuenta de que todo cambiaba para siempre, que la vigorosa nueva divisa no sacaba músculos en los viejos y peseteros sueldos y que, de pronto, todo era más caro.


CUATRO El pasado domingo, El País reveló que en el gobierno se lo veían venir y que el verano pasado un ex ministro socialista le aconsejó a Zapatero que adelantara las elecciones a otoño, antes de que cambiara el ciclo económico y que hubiera que ponerse a hablar en público de números. El presidente de gobierno no le hizo caso y argumentó que no quería por cuestiones de "pedagogía política": había que agotar la legislatura porque así lo dicen los manuales y los calendarios. Y, tal vez, porque lo mismo le
sugirieron en su momento a Aznar quien en 1999 desoyó las voces agoreras de los oráculos y aún así arrasó en marzo del 2000 consiguiendo mayoría absoluta. Lo mismo -aunque con mayoría simple- le pasó a González en 1993. Así que allá va y allá vamos y más de uno se pregunta si la obsesión de Zapatero con Don Quijote... eh... bueno... Una cosa es cierta aquí y ahora: el PSOE apenas aventaja al PP en las encuestas.
Y, para marzo, todo será todavía un poquito más caro.


CINCO Por eso, a comprar que se acaba el mundo. No importa lo ya gastado o las deudas contraídas en Navidad y Fin de Año y Reyes. Aquí llega -un año más- el rito pagano de las rebajas. Otra vez, en los noticieros, la misma perturbadora postal: la apertura de las puertas de alguna mega-tienda (El Corte Inglés suele ser la que mejor fotografía) y las multitudes entrando a lo bestia, como orcos de Saurón, dispuestas a luchar a muerte por una falda o un pantalón o lo que sea y después correr hacia las cajas registradoras con el botín y de vuelta a casa. Y ahí nomás, supongo, el súbito horror de la encandilante iluminación: ¿para qué compré esto? ¿Lo compré nada más porque estaba con un 50 por ciento de descuento? ¿Cuál era el porcentaje de interés de mi Visa? ¿Dónde enseñan pedagogía consumista? ¿Hace frío o soy yo el que tiembla?


SEIS Y el Departamento de Salud advierte que para dentro de dos semanas caerá sobre nosotros una epidemia de gripe. ¿Hay que creerles? ¿Serán tan "eficientes" como los encargados del servicio meteorológico? ¿Pedagogía virósica? Quién sabe. Por lo pronto, la televisión no deja de emitir avisos
de remedios y el problema es que no entiendo la nueva publicidad de Frenadol, mi antigripal de cabecera. ¿Significa esto que debo dejar de consumirlo? También es verdad que la gripe, con medicamentos, se cura en siete días. Y que sin medicamentos se cura en una semana... Lo cierto es que
los hospitales ya trabajan a full -11.000 pacientes diarios- y la cosa ni siquiera ha comenzado, parece. Se viene un tsunami de estornudos. Y todos seremos mocosos y flemáticos. Y los que supuestamente saben precisan que -a la hora de evitar el contagio- es más seguro besarse que darse la mano. Pero
vaya uno a saber si es cierto: se dice cada cosa cuando se acabaron las fiestas.


SIETE Descansa en paz, Arbatán. Pero no creo que puedas.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-97263-2008-01-10.html








Galería y patio*


y febo templó temprano
el domingo entre el plantío
perenne y no perenne
follaje reblandecido
enero y el sol temprano
sofocaban un gentío

la ratonera en la parra
parecía afilar su pico
mientras observaba atenta
un insecto sin prejuicio
la torcaza vaina de aromo
llevaba para su nido

trasplantado algo tardío
el pomelo rendía siesta
pocos frutos hojas mustias
parecía decir su orquesta
un chorro pidiendo caudal
se volcaba en la pileta

la sombra de la mimosa
un picaflor detentaba
poca sombra poca flor
prometía la jornada
una montera en el piso
picoteaba y jineteaba.

el zorzal entre hojarascas
y fuente cercana de agua
se bañaba ora o bicheaba
gusanitos tras sus patas
el ligustro y el fresno daban alivio
al hornero con su "lata".



*de Víctor Falco vittoriofa9@hotmail.com






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sábado, enero 05, 2008

EN EL INTERIOR DE UNA OSTRA SILENCIOSA...



A M O R I N C A*

(leyenda)



El Inca enamorado tiene a su amor enferma.
Su gente se acongoja, decae, trabaja triste.
El hechizo rebusca remedio en sol y en luna.
Y el universo ayuda con todo lo que existe…

La hierba presentida está cerca del frío:
Establece su sitio sobre una tierra plana.
Se afianza en tintineos que hablan de imposibles:
Pero no hay imposible que no muera mañana…

Los augures señalan el punto: es en la Pampa:
Queda pasande el Chaku… queda pasando el Kuyu…
No se oye allí el bramido que llaman Yguazú:
Queda fuera del límite del gran Tahuantisuyu…

Y alla se lanza el Inca. Va solo y va desnudo:
No es nada más que un hombre que loco va de amor.
Y va sin atributos. También va desarmado:
Porque en su impulso lleva el primordial furor

Que tienen las vertientes desde los ventisqueros,
Que tienen oro y plata en panza del crisol,
Y que tiene el gran Cóndor, que es estirpe y prosapia
De este hombre puro y solo, encarnación del Sol…

Más probable es por Kuyu, través las piedras grandes:
Y piedras grandes cruza: va blanqueado de nieve,
Y va envuelto en guanaco: poncho, chamal, ojotas.
Cuando canta, el sol brilla. Y, cuando llora, llueve…

Porque canta en el brío de ir llegando a destino:
Un viaje de mil cielos comienza por un paso…
Porque llorando explora su condición de hombre
Que no domina lo que no alcanza con su brazo…

Chile, atrás…más piedras, más grandes… adelanta…
Las lunas y los soles, las nubes y los fríos…
En las grutas pintadas lee la ruta precisa.
Y en un socavón halla aguas guardando estío…

Y fue un hombre de tántos que atravesó la piedra
Por los secretos lechos de recóndito estiaje…
Y fue una joya más, en su tumba, el secreto
Sobre dónde se encuentran los plácidos pasajes…

Era eco impresionante del solo Amor su vida.
Su esfuerzo era el perfecto modelo del actuar
Que todo hombre se debe, si se sabe en camino:
Pura, simple y sencilla consecuencia de Amar…

Y ya del otro lado – a un paso, la planicie –
La ribera del río se le torna escabrosa:
La piedra, que en camino de amor le ha acompañado,
Al llegar a este punto se torna veleidosa…

El amor no entorpece al amor, y, allá abajo,
Ruge el cariño enorme del río, destrabado…
Materia incompatible son el hombre y el agua:
Y la alegría se ocluye en canto acobardado…

Humano hasta el delirio, este Sol devenido
En mero mortal hombre, siente contraer su carne…
Y dice, con voz queda, entorpecidamente:
“Si debo dar mi cuerpo, no temo suicidarme”…

Por toda rogativa, erguido se endereza:
Tiene en su ser la urgencia de un plan insatisfecho...
Y, erguido, se encomienda, en petición y ofrenda…
Y, en el último instante, clama por un derecho

Que, como Dios, le toca, que , como hombre, merece…
Y así, directamente, toda linde transpuesta,
Clama al cielo infinito, el sumo sacerdote…
Y la montaña fuerza, también, una respuesta…

Exigida hasta el límite su conducta de Hombre
Y probada hasta el tope su condición de Dios:
El uno, ha proseguido, contra toda esperanza…
El otro, alzó su hacha en nombre de los dos….

Mérito suficiente, abocarse a tarea
Inménsamente ardua, dificultad mayor,
Y no negar desgaste ni derrochar poderes,
Y, aún al último instante, desechar el temor…

En forma de borrasca se decidió en el cielo
Lo que procedería al magno apelamiento:
Lluvia aterrorizante lo iluminó en sus lampos.
Inmune al viento blanco. De pie, ante el firmamento…

Bandera del amor. Parado. Erguido. Incólumne.
Hombre reconquistando su condición de Dios,
Que, en actitud mayúscula, une el cielo y la tierra
Que, congregada en coro, le sostiene la voz…

Decidir es rasgar un velo con la idea
Que, rauda, avanza hacia su concresión:
Así rasgó la nube sus negras vestiduras:
La ultimísima gota fue donada en canción…

En un cántico bravo de amores deslindados,
En fántástico evite de las contradicciones,
La magna arquitectura dispuso un voladizo
Que sobreviviría a humanas construcciones…

Y fue así: cayendo, estando, rebotándose…
Sonora nebulosa se estableció en el aire…
Y el hombre, al sentirse en algo así ocurriendo,
Dejó fluir sus brazos y manos al desgaire…

Su corazón fiestero le danza agradecido,
Y así carnavalea al pie del gran talud…
En su paso camina cón él toda su raza…
Bajo sus pies le nace la certeza del sud…

La luz, como al principio, parió la piedra madre,
Recorrida en calores por amarillas aguas…
Consolidó su imperio avanzando hacia el centro…
Y el beso fue un eléctrico choque de piraguas…

Inventando instrumentos musicales, enormes:
Tambores y sonajas y flautas esplendieron…
La luz, desmigajada, giraba en sus colores…
Y, así, se repetían los tiempos que se fueron….

Y, tras la más fantástica mineral orgía,
El que se trajo un puente desde el cielo, lo cruza,
Y, al hacerlo, regala al pastor un camino
Que deriva, al naciente, ramaje de medusa…

A un paso, la planicie. A otro paso, la Pampa…
Se le rinde serrana la feroz cordillera…
Y ya vislumbra al yuyo que recorta su estampa,
Porque bravo y erguido, como él, ya le espera…

Lo arranca. Y es un triunfo cómo atruena el silencio…
Lo enarbola. Y le crece con él su áurea estatura…
Un azul victorioso, a su vera, da el cielo…
Indecibles obsequios en su alto oído murmura…

Los hijos de la tierra que le escoltan el paso
Le marcan, con su misma majestad, el regreso:
Su poncho se iza y se alza envuelto en viento Zonda,
Que en vilo le levanta su enamorado peso…

Emocionado, corre hacia las grandes piedras…
De un magnifico salto sortea el vario talud…
Y, un día, allá en su tierra de sol y luna y cielo,
El Waskarán lo abraza, en grito de salud…

(coda)

Cierta invasión, un día, rompe la paz. Y avanza…

Sangre del Inca corre por la gran carretera…

Se empluma y alza vuelo, a la Luz, vuelto cóndor…

Hasta que, con él, vuelva, la Vida, un día cualquiera…




*de Horacio C. Rossi. terrazio@ciudad.com.ar
(1975 – 2008)





EN EL INTERIOR DE UNA OSTRA SILENCIOSA...





Sábado, 05 de Enero de 2008
PANORAMA ECONOMICO
El caparazón*




*Por Alfredo Zaiat. azaiat@pagina12.com.ar



Las crónicas exhiben una temporada exuberante, con playas colmadas, ocupación hotelera y alquileres de vivienda a pleno, comercios llenos de consumidores ávidos por gastar y una movida de verano a lo largo y ancho del país camino a romper record de facturación y de turistas. Durante las fiestas las imágenes también se presentaron de excepción, con shoppings y locales en los principales centros comerciales urbanos atendiendo un frenesí de consumo extraordinario. En las sociedades de consumo, las modernas y
occidentales, estos meses de excesos son habituales y decodificados como síntomas de vitalidad. Incluso son indicadores que esperan ansiosos los operadores y analistas bursátiles para auscultar la salud de la economía y así decidir apuestas especulativas sobre activos financieros. Frente al antecedente de muchos fines de año traumáticos y crisis recurrentes a lo largo de varias décadas, ese tipo de expresiones de una comunidad opulenta genera en algunos una distorsión sobre el cuadro general de bienestar de la cofradía, mientras que en otros les provoca cierto rechazo al no comprender cómo es posible semejante exposición de prosperidad. Resulta más sencillo alejarse de ambas posiciones prejuiciosas y descubrir que así funciona una sociedad dual, que se exterioriza con vigor por el escenario de estabilidad y crecimiento, ya que en períodos de crisis ese festín de consumo precipitado es reprimido u ocultado. En momentos de auge, además, en un bienvenido proceso de reparación de bienestar, se van sumando pasajeros a ese tranvía de satisfacción que brinda el trueque de dinero por bienes y diversión pasajera.
La política se va construyendo con símbolos y actos que los van convalidando. La presencia de Cristina Fernández de Kirchner, después de Navidad y antes de Fin de Año, en la villa La Cava, de San Isidro, rescató la existencia de esa sociedad dual. En un pequeño espacio territorial convive, en palabras suyas, "la inmensa riqueza y la infinita pobreza". En San Isidro se desarrolló en décadas de políticas económicas del ajuste el suntuoso barrio La Horqueta y la miserable villa La Cava, constituyéndose
así en un distrito emblemático de una sociedad dual. La Presidenta prometió que buscará medidas para quebrar ese caparazón que divide dos mundos, uno pegado al lado de otro, con el objetivo de desterrar a una sociedad a la que no le ahorró definiciones: dual, injusta, hiriente e injuriante.
Plantear ese objetivo resulta un importante avance, tanto por su enunciación como por el lugar elegido para hacerlo. De esa forma se va edificando consenso social para abordar esa asignatura pendiente, que para ciertas clases medias adormecidas por la recuperación económica y en un clima relajado y de entusiasmo veraniego se generan condiciones que orientan a minimizar esa tarea. En esa construcción, el discurso y la vocación son un potente movilizador y factor de ruptura, aspectos necesarios y que merecen aprobación. Pero lo más difícil de esa meta no es la palabra, sino el diseño de un modelo que permita rescatar de la pobreza a millones y, fundamentalmente, disminuir la vulnerabilidad que tiene un amplio sector de la población de regresar a ese estado de exclusión social, por ejemplo con un golpe inflacionario en los alimentos.
El proceso de crecimiento a tasas chinas como estrategia para disminuir la pobreza que caracterizó al gobierno de Néstor Kirchner tuvo relativo éxito, al descender del record de 57,5 al umbral del 30,0 por ciento de las personas con ingresos insuficientes para comprar una canasta básica de alimentos y servicios. Esos porcentajes permiten observar la magnitud de la crisis por la que atravesó el país, pero a la vez revelan que el espectacular comportamiento de las principales variables macroeconómicas no
ha podido regresar a niveles previos a la convertibilidad al indicador de pobreza. Apostar a una estrategia similar en la gestión de Cristina Fernández de Kirchner se presenta con elevadas probabilidades de concluir con resultados decepcionantes. Se requiere de políticas un poco más complejas, lo que no implica sofisticación tecnocrática. Acciones focalizadas en cuestiones que se han convertido en nudos de generación y consolidación de pobreza.
El interesante blog homoeconomicus propone la lectura de un documento que colabora para analizar esos problemas. En Reducción de la pobreza y mercado de trabajo en Argentina post-convertibilidad se afirma que "la continuidad en el proceso de mejoramiento de las condiciones del mercado de trabajo
resulta una condición necesaria para seguir avanzando en la reducción de los niveles de pobreza que viene experimentando el país desde 2003". Sin embargo, las investigadoras Roxana Maurizio, Bárbara Perrot y Soledad Villafañe responsables de ese paper señalan que "si bien dicha reducción ha sido muy significativa, los niveles de privación continúan siendo elevados".
Apuntan que, además de un régimen macroeconómico que continúe generando un volumen importante de empleos y, especialmente, de calidad, "es necesario continuar y profundizar la política de ingresos y la política social por parte del gobierno nacional". Esa troika de expertas propone "continuar con el apuntalamiento del crecimiento de los salarios a través de la mejora del salario mínimo y de las jubilaciones". Pero a la vez destacan que "es necesario reforzar la política de transferencia hacia los hogares más necesitados dado que las mejoras que se vienen registrando en materia laboral probablemente no sean suficientes".
En relación con un posible diseño de políticas sociales, Maurizio, Perrot y Villafañe definen, en base a la evidencia obtenida del análisis de la Encuesta Permanente de Hogares, que la mayor incidencia de la pobreza y dificultad para salir de esa situación se encuentra en los hogares con presencia de menores, con jefe desocupado o con una persona inactiva mayor de 65 años que no percibe jubilación. Sugieren, entonces, para abordar cada uno de esos casos un paquete que incluya un aporte monetario a los hogares
con hijos menores que no perciben asignaciones familiares, un subsidio por desempleo y una asignación no contributiva a los mayores sin jubilación ni pensión.
Además de esa estrategia focalizada a los grupos más vulnerables, una de las claves en la actual etapa para abordar la cuestión de la pobreza se juega en dos frentes dentro del mercado laboral. Con la continuidad de la estabilidad económica, fuerte crecimiento del Producto y, fundamentalmente, precios de alimentos contenidos, la discusión salarial y la informalidad laboral pasan a ser centrales. En un voluminoso informe del Banco Interamericano de Desarrollo, ¿Los de afuera? Patrones cambiantes de exclusión en América Latina y el Caribe, se confirma no sólo para Argentina, sino para toda la
región, la elevada correlación entre los empleos de baja remuneración (en negro) y las personas afectadas por la pobreza. "La evolución de la pobreza responde, en gran medida, al desempeño del mercado laboral y, en particular, a la evolución de los salarios".
Por ese motivo, cuando se discuten salarios con la pretensión de ponerles límites, o cuando se despide o se amenaza con echar alegremente a miles de trabajadores del Estado con contratos precarios (en este caso, en la ciudad de Buenos Aires), o cuando el empleo en negro sigue en niveles elevadísimos pese a los anuncios de fiscalización y de crecimiento del empleo en blanco, o cuando el salario del informal se ubica varios escalones por debajo del formal creando así la categoría de trabajador pobre, se está interviniendo en la problemática de la pobreza. Y no precisamente para romper el duro caparazón de la sociedad dual.



*Fuente: Página/12.
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-97072-2008-01-05.html







Empantanado*




En 1984, seguramente en apuros, Gabriel García Márquez publicó un artículo en el que se preguntaba cómo se escribe una novela. Su testimonio dejaba entrever un trasfondo de angustia: no hay escritor -al menos de cuantos se tenga noticia- que no se haya encontrado alguna vez con la temible sospecha
de que ha perdido el don de la palabra.
Mientras escribía las primeras páginas de A sus plantas rendido un león, me hice mil veces la misma pregunta: ¿Cómo demonios se hace para escribir algo que merezca llamarse literatura?
Los pánicos revelados por García Márquez me daban vueltas en la cabeza.
Entonces me di cuenta de que en mi desasosiego yo estaba haciendo lo mismo que hacen todos los escritores ( aunque uno cree ser el único y se avergüenza ) cuando la novela -o simplemente una idea- se empantana: correr a la biblioteca y buscar el auxilio del libro más amado. El escritor impotente saca, por ejemplo, Tifón, de Conrad, y empieza a recorrer al azar las páginas del capitán MacWhirr. Pero, claro, Conrad fue marino y ha vivido todo lo que cuenta. No sirve como modelo. Entonces uno toma a Simenon, La escalera de hierro, sin ir más lejos, y al cabo de unos pocos capítulos se da cuenta de que no pasa gran cosa, de que la historia fluye y se acumula como la arena de los relojes. El personaje es un pobre tipo, seguramente uno de los más estupendos pobres tipos descritos en este siglo, pero tampoco eso es lo que uno está intentando hacer.
A ver, probemos con uno nuestro, Julio Cortázar, Rayuela, o más simplemente, Final de juego. No, nada que hacer: el hombre tiene una música propia, intransferible, tan mezcla de jazz y de tango que uno se queda atrapado en el relato y olvida su propia novela trunca. No hay caso. No hay libro ajeno que sirva.
Entonces el escritor vacío va y prueba con los libros propios, si es que ya tiene alguno.
Peor todavía. Cada vez que uno repasa algo ya publicado se tropieza con la dificultad de reconocer que alguna vez fue mejor, o bien de que nunca fue lo suficientemente bueno como para que valga la pena seguir adelante.
Conozco muchos escritores -en realidad la mayoría- que trabajan con un plan previo. Manuel Puig me contó un día que nunca se sentaba a escribir hasta que no sabía lo que iba a ocurrir en la novela paso a paso, capítulo a capítulo, con un comienzo y un final insustituibles. Otros toman apuntes. En servilletas de papel, en blocks que esconden en los bolsillos del saco, al dorso de la última carta de la amante, o sobre un rollo de papel higiénico.
En general, me dice Antonio Dal Masetto, los apuntes sirven. Como yo estaba impresionado por la precisión del montaje de Siempre es difícil volver a casa, le pregunté cómo había trabajado para lograrlo.
Fue así: una noche se sentó a la mesa con una damajuana de vino y una caja de zapatós vacía. Sacó o copió todos los apuntes que había juntado en los fondos de los bolsillos, en los bordes de las sábanas y hasta en las paredes del departamento y dispuso cuatro pilas, como si fueran naipes. En una puso
todos los apuntes que, se le ocurría, cabrían al personaje A; en otra los del B, en la siguiente los del C y en la última los del D. Planchó pacientemente los papeles con el dorso de la mano, los enrolló como un
matambre y ató cada uno con un trozo de piolín. Después los metió en la caja de zapatos y la guardó en un armario hasta que le vinieran ganas de escribir. El día que la pereza lo abandonó, metió la mano en la caja y empezó a sacar los rollos al azar. Personaje que salía, personaje que entraba en acción. "Es un método como cualquier otro", me dijo al final y sacó del bolsillo los arrugados apuntes que está juntando para su próximo libro.
Scott Fitzgerald, en cambio, era un hombre meticuloso y la prueba está en el apéndice de El último magnate. Como Raymond Chandler, el gran Scott reescribía cada capítulo hasta el hartazgo y supongo que ésa fue una de las causas para que los dos se dieran a la bebida con tanto fervor.
En cambio, Erskine Caldwell, a quien me acerqué en París para agradecerle algunos de mis mejores momentos de soledad, era bastante desprolijo y los más inolvidables momentos de El camino del tabaco se deben al fino olfato con el que captaba el idioma y los gestos de los granjeros del sur.
De joven, Scott Fitzgerald despreciaba lo que Caldwell hacía, pero terminó admirándolo. Lo cierto es que el autor de La chacrita de Dios nunca tuvo problemas para sentarse a trabajar y allí quedan más de cincuenta libros -de lo mejor a lo peor- que lo prueban.
Quien resultó un verdadero caso de empantanamiento fue Samuel Dashiell Hammett. Ya en 1931 tuvo que encerrarse en el hotel que regenteaba Nathanael West para poder entregar a tiempo El hombre flaco, que le habían pagado por anticipado. Después se empacó como una mula y en treinta años sólo
consiguió escribir una docena de páginas.
Yo no sé si a Juan Rulfo le pasó algo similar. Escribió un libro de cuentos, El llano en llamas, y una novela, Pedro Páramo, que son obras maestras. Luego, durante tres décadas guardó silencio. En un bar de Berlín, hacia 1980, Rulfo me dijo que estaba escribiendo algunos cuentos. Pero muchos sospechábamos que se burlaba de nosotros y sobre todo de Octavio Paz, su blanco preferido.
Rulfo no creaba expectativas sobre obras futuras y esto fue aprovechado por los editores que se hacían un deber en no pagarle sus derechos de autor. Yo le propuse en otro bar, el Suárez de Buenos Aires, que hiciéramos circular la voz de que estaba terminando una novela. Automáticamente, sus editores del mundo entero correrían a pagarle los derechos atrasados para tener alguna posibilidad de publicar la nueva novela que, sin duda, sería un acontecimiento para las letras del continente. Sin embargo, Juan Rulfo sólo parecía preocupado, ese día, por comprar toneladas de aspirinas fabricadas en la Argentina, porque, me decía, las de México son malas y escasas.
Creo que he leído Pedro Páramo veinte veces y mi admiración por Rulfo no tiene límites. Sé que él gustaba de mis novelas, pero cada vez que me pongo a escribir pienso que si Rulfo había dejado de hacerlo debía ser porque creía que no valía la pena. Y si pensaba eso, ¿qué diablos hago yo frente a
la máquina de escribir?
Más tarde, sentado frente a doscientas páginas llenas de ruidosos guerrilleros que parecían ir al fracaso, ante un cónsul argentino que la cancillería olvidó en un lugar perdido del África, me preguntaba cada día qué hacer ahora, de qué manera seguir mañana, cómo terminaría esa historia que escribía a ciegas llevado de la mano de un puñado de personajes que parecían divertirse como si vivieran por su cuenta.
Tarde o temprano, a casi todos los escritores nos persigue el síndrome de Dashiell Hammett. Salvo que no se tenga el menor sentido autocrítico y uno decida que todo lo escrito bien escrito está, van a parar a la basura decenas o cientos de páginas que uno sabe irrescatables aun para los amigos más fieles. Y con cada página se va un pedazo de corazón. No porque la literatura esté perdiendo algo: simplemente porque para escribir cualquier cosa que tenga algún sentido hay que encorvar la espalda y entabacarse,
y vomitar el café recalentado de la madrugada. Y cada vez que algo va al cesto de los papeles y uno puso en la máquina otra página en blanco con la esperanza de que el ángel iluminador pase ante sus ojos, vuelve a aparecer el fantasma de Dashiell Hammett.
Por supuesto, hay escritores que no se empantanan jamás. Son, casi siempre, los más prolíficos y vanidosos. No hay en ellos la menor duda sobre las bondades de lo que acaban de enviar a su editor. Conozco a varios. En general, le entregan a uno el original de una novela (o de un cuento, o de un poema), con un gesto severo y esta frase en los labios: "Estoy seguro de que te va a gustar."
Sin embargo, mi breve experiencia de novelista me dice que no hay manera de convencer a todo el mundo de que lo que uno hace está destinado a la posteridad.
Cuando le envié Triste, solitario y final a Julio Cortázar, recibí una de las más bellas cartas de elogio que he tenido en mi vida. Al mismo tiempo la leyó Juan Carlos Onetti, quien me la devolvió con el gesto adusto que siempre llevaba puesto y mientras viajábamos en un ascensor, me comentó, despectivo: "Esa cosa va a andar muy bien en Estados Unidos."
Onetti fue uno de los más grandes escritores de este continente y una de las personas menos sociables del oficio. En 1979, en Barcelona, presentó esa obra cumbre que es Dejemos hablar al viento. El salón estaba colmado de público que asistía a una mesa redonda para oír hablar al maestro. Era hora de salir a hacer cada uno un discurso sobre ya no recuerdo qué tema, cuando nos informaron que estaba prohibido fumar en la sala. Allí nomás, Onetti se plantó. Sin un cigarrillo en los labios él no podía hablar. Como a mí me sucedía algo similar, apoyé su rebeldía y estuvimos media hora negociando en vano mientras la gente batía palmas para recordarnos que estaban allí.
El bombero de la sala, como buen catalán, no quiso dar el brazo a torcer y entonces yo disimulé un cenicero entre el saco y la camisa y le avisé a Onetti -que se había atrincherado en un rincón- que bien podíamos desafiar a la fuerza pública. El asunto lo entusiasmó y cuando apareció en la sala la
gente lo aplaudió tanto que encendimos diez cigarrillos cada uno sin que el bombero pudiera impedirlo. Lo que más turbaba al catalán era que alguien hubiera colocado un cenicero sobre la mesa y con ello legitimara nuestra transgresión. Desde entonces, Onetti aceptaba tomar el teléfono cuando lo llamaba, una vez por año, o cuando estaba de paso por Madrid. A veces pienso que hasta me tenía alguna simpatía porque habíamos bebido juntos y compartimos el amor por Chandler y por los diluidos suburbios de
Montevideo y Buenos Aires.
Pues bien, Juan Carlos Onetti era de esos escritores que se empacan pero insisten. En aquel 1979 me dijo que estaba escribiendo una novela de cien capítulos cortos y que nunca el trabajo le había salido tan rápido y tan bueno; sin embargo, esa novela se quedó empantanada en alguna parte y Onetti la cambió por Cuando entonces, esa maravilla. Como él tenía una envidiable capacidad para matar personajes y resucitarlos cuando se le da la gana, no hay manera de tomarlo como modelo. Igual que a Borges, sólo se puede admirarlo, nunca usarlo de referencia.
Jorge Musto, otro uruguayo, me reprochó por carta que yo, como jurado, no hubiera votado por su novela en un concurso que ganó en La Habana en 1977.
Luego trabamos relación y me contó su manera de escribir: Musto nunca pasa a otra página antes de haber dejado terminada, impecable, la que está escribiendo. Si comete un error de máquina tira el papel y vuelve a empezar.
Entonces entendí por qué su novela no me había invitado a premiarla. Tengo para mí que la escritura tiene un ritmo y una respiración que sólo se sostienen cuando el autor se desliza por ella como por sobre una correntada.
Es imposible detenerse a contemplar el río sin que a uno se lo lleve el agua. Hay que nadar sin pausa y corregir la dirección a medida que se dan brazadas. Por supuesto, hay que ir hacia la costa sin perder el estilo: "Deben pelearse los personajes, no las palabras", ha dicho García Márquez y tiene razón.
Ese maravilloso mecanismo de relojería que es Crónica de una muerte anunciada fue escrito a una página por día, sudando, metiéndose en la piel de Santiago Nasar y en los odios de sus asesinos. Es posible que el "mierda", al final de El coronel no tiene quien le escriba, haya demandado años de maduración.
Lo cierto es que cuando García Márquez se quedó empantanado, me di un susto mayúsculo y me gustó leer aquel artículo en el que pedía auxilio cuando él sabía, como sabemos todos, que no hay Dios ni poderoso señor sobre la tierra capaz de sacarlo a uno de semejante atolladero.
Es frecuente, también, que el escritor se sienta acabado después de cada libro. Le pasaba a Scott y creo que le pasaba a Italo Calvino como también me pasa a mí.
Cuando lo conocí, Calvino acababa de terminar Si una noche de invierno un viajero, y aún no sabía que había hecho un libro magistral. Recuerdo que me animé a preguntarle si estaba conforme con la novela, e hizo un gesto de duda sincera. Como Calvino era de poco hablar y yo tenía veneración por él, siempre que lo visitaba me guardaba las preguntas que hubiera querido hacerle. Me pasa lo mismo con casi toda la gente que hace lo que yo soy incapaz de hacer. Creo que con Juan Gelman he hablado muy poco de
poesía porque me intimidaba su talento. Lo mismo me ha ocurrido con Bioy Casares.
Con Giovanni Arpino hemos visto fútbol y hemos tomado copas sin mencionar su novela La monja joven. Cuando me animé a decirle al brasileño Joao Ubaldo Ribeiro todo el placer que me había dado leer Sargento Getulio me contestó que en Brasil hay otro escritor joven mejor que él y que se llama Mario
Souza, el autor de Mad María.
Los brasileños son un capítulo aparte. Se quieren mucho entre ellos y eso los distingue del resto de los mortales, pero sobre todo de los argentinos.
Cuando conocí a Souza, me dijo que Ribeiro es el mejor de todos ellos y hasta Jorge Amado y Nélida Piñón proclaman que lo suyo es tan bueno como lo que hacía Guimaraes Rosa. Tengo para mí que los brasileños no se empantanan nunca. Porque de eso se trataba al principio, de los escritores que alguna vez nos hemos quedado mirando por la ventana esperando a que Dios provea. En mi caso son siempre los gatos quienes me traen las buenas noticias. Es una constante y una certeza en mi vida y algún día escribiré sobre ellos.
Así como Triste, solitario y final existe gracias a un gato, otro -blanco y negro- llegó ese año a sacarme del apuro cuando no sabía dónde ir con el cónsul que Pasquini Durán me había revelado en una charla de madrugada.
El verano de 1985, mientras estaba en aprietos, dejaba a cada rato la máquina para ir a darle de comer a la araña que vive en el resquicio de la puerta de mi escritorio. Eso me distraía de mi empantanamiento y me gustaba verla salir a buscar su alimento deslizándose sobre la transparente tela que rodea su cueva. A cada momento me decía que iba a aplastarla, pero algo, una burda superstición, me detenía.
Luego, en pleno invierno, salía a pasear por el marco de la puerta, satisfecha porque le sobraba comida para llegar a la primavera. En ese momento, yo estaba escribiendo la página doscientos de mi historia y ya me llevaba bien con los personajes. Entonces les avisé a los gatos que esa araña no se tocaba, porque tenía que acompañarme en ese cuarto hasta que la novela estuviera terminada y le encontráramos un buen título.



*de Osvaldo Soriano.
"Piratas, fantasmas y dinosaurios" Editorial Norma. Bs As. 1996.







Sábado, 05 de Enero de 2008
2001: odisea del futuro
Von Däniken*



*Por Pablo Capanna


Si bien para los argentinos la sola mención del 2001 trae pésimos recuerdos, hay que pensar que alguna vez ese año estuvo en el futuro y cargó con todas las esperanzas que encerraba el mítico 2000.
También fue el título de una gran película de Stanley Kubrick: 2001. Odisea del espacio. Para muchos es casi un paradigma, y si alguien lo duda basta ver cómo todos desde entonces copiaron su escenografía, limitándose a añadirle apenas algunos truquitos tecnológicos.
Es probable que todos la hayan visto. Si no, podemos confiar en los canales de cable, que cada tanto la pasan tres veces por día, y luego la archivan durante años. En los videoclubes, está entre los "clásicos", pero es mucho más que una película vieja.
2001 se basaba en un cuento de Arthur Clarke escrito unos veinte años antes, pero nos sacudía desde el comienzo con una escena que parecía impugnar a Darwin y a la Biblia por igual. Nuestros remotos antepasados, que se veían mucho más simiescos que cualquier australopiteco conocido, se topaban con un
misterioso monolito negro. Las radiaciones que emitía los volvían súbitamente inteligentes, aunque su primera invención era un palo, para partirles la cabeza a sus adversarios. De ahí, el film saltaba a un futuro imaginario donde se suponía que seguirían estando la URSS y Panam.
Aunque al público no le importara saberlo, la fórmula no era original: mucho de teosofía, un toque de Robert Ardrey, un guiño a Nietzsche y un refrito de ciencia ficción bastante antigua.
Eran las ideas que había puesto en circulación Planète, una exitosa revista francesa que había crecido a la zaga de un best-seller, El retorno de los brujos (1960).
La película de Kubrick se estrenó en 1968, un año atípico. En mayo los estudiantes habían hecho arder París con la primera revolución posmoderna y la guerra en Vietnam ya no tenía retorno. El film de Kubrick no salía de la nada; explotaba estéticamente algunas ideas que flotaban en el ambiente, a
un lado y otro de la Cortina de Hierro.
Ese mismo año, el hotelero suizo Erich von Däniken logró publicar, no sin dificultad, un libro que luego sería el eje de un enorme negocio y el inicio de una moda irresistible. Recuerdos del futuro pasó por el mundo como un ciclón, creció hasta mover fortunas y agotó sus fuerzas sólo para pasarle la posta a la New Age.
En perspectiva histórica, el fenómeno aparece como la avanzada de un movimiento que trivializó e instaló las creencias "ocultas" en el favor popular, gracias a un formidable marketing que supo encontrar el momento más propicio.
Podría haber sido una moda como el cubo de Rubik, el aro hawaiano o la manía por los dinosaurios. Pero tenía algo más, que se ha encargado de investigar el antropólogo francés Viktor Stoczkowski. Su libro (Hombres, dioses y extraterrestres, 1999) excede el tema estrictamente histórico, para plantear algunas provocativas tesis sobre ciencia, seudociencia e ideología.

LOS DIOSES DEL ESPACIO
El mito ("teoría", para sus adeptos) de los astronautas del pasado es un conspicuo fenómeno cultural que creció vigorosamente a mediados del siglo pasado de la mano de las obras de von Däniken y sus epígonos. A diferencia de modas más efímeras como El código Da Vinci, logró mantenerse vigente durante varias décadas, y sería ingenuo pensar que se haya extinguido.
Simplemente ha sido metabolizado junto con el mito ovni y otros efectos no deseados de la ciencia ficción, para ingresar en el imaginario colectivo.
Muchos creen que es una teoría científica.
Stoczkowski resume su evolución en una clásica curva de campana, en la cual se limita a graficar los títulos originales publicados cada año, sin incluir las reediciones, traducciones y piraterías, que son legión.
La moda arranca en 1954, con el libro de un tal G.H. Williamson. En 1960, cuando ya aparecen cuatro libros más, recibe el empujón decisivo de Planète.
En 1963 hay cuatro nuevas obras, y para 1968, cuando hace su irrupción Von Däniken, ya se publican once. En 1974 alcanza un pico de 25 novedades, que fueron decreciendo desde entonces (18 en 1975 y cinco en 1980) y se mantiene con las reediciones.
Recuerdos del futuro, el primer libro de Von Däniken, apareció en alemán y en seguida fue traducido a varios idiomas. Llegó a ser popular en la India, Turquía e Irán, para no hablar de la Argentina. En 1973 cuando la televisión norteamericana adelantó escenas del documental, en dos días se vendieron 250.000 libros. Hubo 44 reediciones en Estados Unidos, seguidas por otros 20 textos que el suizo escribió entre 1968 y 1997. No hay estadísticas confiables sobre las ventas, que los editores ocultaban al fisco, pero el propio Von Däniken admitía en 1997 que llevaba vendidos 54.000.000 de ejemplares. El éxito del suizo fue compartido por el italiano Peter Kolosimo y el francés Robert Charroux (1909-1978). Se cree que Charroux, un empleado de correos que había comenzado escribiendo cuentos policiales y novelas "del
corazón", fue plagiado por Von Däniken. De hecho, un tercio de las tesis del suizo ya estaban en los libros publicados por Charroux entre 1963 y 1967, pero éste alcanzó a escribir veinte más.

LA RESACA DEL FUTURO
Es probable que la clave de este éxito fuera la promoción que hizo Planète de la "teoría de los astronautas prehistóricos" unos años antes de que Von Däniken la sistematizara y comenzara a facturar. Planète fue fundada en 1961 por el novelista Louis Pauwels y Jacques Bergier, un experto en la ciencia
ficción que se presentaba como "físico".
Llegó a tener un éxito increíble para cualquier revista cultural: en su mejor momento alcanzó a vender cien mil ejemplares. Fue una de las primeras "revistas de biblioteca", con una notable calidad gráfica, firmas prestigiosas, muy buen nivel periodístico y un formato muy imitado. Se editó en varios países, incluyendo la Argentina, y en pocos años llegó a montar un negocio que incluía turismo y educación. Produjo colecciones de libros de historia, religión y literatura. Organizó multitudinarias conferencias, paseos a la India o la NASA y costosos paquetes turísticos en las playas mediterráneas. Cuando ya estaba planeando fundar una universidad, en 1972 el público se cansó.
Planète puso en circulación todos los temas que luego explotarían Charroux y Von Däniken. Lo más curioso es que muchos de ellos los había tomado Bergier de fuentes rusas.
En esos años, los soviéticos auspiciaban esa literatura, en el marco de una campaña antirreligiosa dirigida al frente interno. Como se sabía muy poco de lo que pasaba en la URSS, en Occidente se le dio una importancia que no merecían. En esos años, el astrónomo Shklovskii explicaba en Komsomolskaia
Pravda que los satélites de Marte eran artificiales, el físico Agrest sostenía en Literatúrnaia Gazeta que en el Líbano prehistórico habían ocurrido explosiones nucleares, y el periodista Alexander Kazantzev hablaba de una nave espacial que se había estrellado en Siberia en 1908.
La "teoría" de los visitantes extraterrestres se apoyaba en una galería de "pruebas arqueológicas": las ruinas de Tiahuanaco y las pistas de Nazca, la isla de Pascua, las pinturas prehistóricas de Tassili, Sodoma y Gomorra, el "astronauta" de una pintura maya. También se hablaba de objetos de aluminio
en la China prehistórica, de naves espaciales en la India védica, de pilas eléctricas y lentes ópticas en el Irán medieval. Todo venía a demostrar que la Tierra había sido visitada por extraterrestres en el pasado más remoto y que el hombre había sido creado por ellos; en algunas versiones, lo habían creado por error.
Nada de esto era nuevo, salvo que ahora se explicaba por una tecnología superior, en lugar de la magia. Ya estaba casi todo en los libros de Madame Blavatski, de fines del siglo XIX. La idea de los perversos demiurgos que habían engendrado al hombre era mucho más antigua: estaba en los textos de los gnósticos, escritos allá por el siglo II.
A todos estos temas Von Däniken no vaciló en añadirles algunos probados fraudes, como las famosas "piedras de Ica", falsos grabados preincaicos donde aparecían dinosaurios, telescopios y trasplantes de órganos. La teoría se construía como una pirámide inversa. Partiendo de dos o tres tesis aceptadas sin vacilación, se acumulaban infinitas "pruebas" de origen inverificable. Si algo podía explicarse de otro modo, era apenas una excepción a la teoría. Curiosamente (o no tanto) Planète y Von Däniken despreciaban abiertamente a quienes creían en los ovnis. Eran otro target.
EL HOMBRE DE PALENQUE, MEXICO. GRABADO EN PIEDRA QUE SE REMONTA A 12 MIL
AÑOS ATRAS, DONDE LOS AFICIONADOS A LO ESOTERICO VEN UN ASTRONAUTA.

LOS REFUTADORES FRUSTRADOS
Por supuesto, no todos sucumbieron a la moda, pero la palabra de arqueólogos, historiadores, escépticos y racionalistas no alcanzó a contenerla: es sabido que los libros de astrología se venden más que los de
astronomía, por más amenos que sean éstos. El público veía a los refutadores como aguafiestas, sobre todo desde que los editores comenzaron a hablar de "dioses" en los títulos. Era algo que ni siquiera se le había ocurrido a Von Däniken.
Los expertos explicaron que Tiahuanaco había sido construida en tiempos del Imperio Romano; que la nave espacial del "astronauta" de Palenque era una mazorca estilizada y su casco era un quetzal; que los megalitos de la isla de Pascua ya estaban en una historieta de Oesterheld; que las pistas de Nazca habían sido trazadas con fines rituales.
Algunos fundaron una anti Planète llamada Janus, pero no hicieron más que imitar su formato. El escritor John Sladek recurrió al humor y en Los nuevos apócrifos (1973) anunció que los asirios ya conocían el timbre, como lo demostraban los pezones de una diosa.
El mundo académico se movilizó. Entre 1973 y 1980 la "teoría" fue objeto de trabajos colectivos y exhaustivos análisis de especialistas (Peter White, Henry Broch, Jean-Pierre Adam) y periodistas como Ronald Story. Ninguno de ellos logró conmover al lector. Quienes compraban esos libros eran
precisamente aquellos que ya estaban contra Von Däniken.
Para medir la magnitud del impacto cultural que tuvo el fenómeno, basta ver el prestigio de las firmas que movilizó. El historiador de las religiones Mircea Eliade y el filósofo Edgar Morin se vieron en el compromiso de juzgar el fenómeno sin irritar demasiado a los lectores. Eliade (que tenía un pasado esotérico) lo vio con optimismo y quiso explicarlo por el hartazgo que había provocado el pesimismo existencialista. Pero de hecho, el público que veía las películas más negras de Bergman y Antonioni era a veces el mismo que compraba los libros de Von Däniken. En esos años, hasta daban algún toque de progresismo.
Edgar Morin, que en algún momento terminó por escribir en Planète, bosquejó una explicación sociológica. Destacó el poder del marketing, la atractiva presentación y la fácil lectura. Identificó a un lector que aquí se hubiera llamado "mediopelo", a mitad de camino entre la universidad y la televisión.
La situación volvió a repetirse hace muy poco tiempo con El código Da Vinci, un negocio armado sobre la ignorancia histórica y bastante paranoia conspirativa. Muchos se preguntaron si valía la pena el esfuerzo que ponían los historiadores y hasta los guías de turismo por refutarlo, ante gente que
estaba dispuesta a creer ciegamente en algo que su propio autor presentaba como una novela.
El caso Von Däniken, siendo uno de los más duraderos, se volvió ejemplar porque logró hacerles perder la calma a los propios escépticos. Algunos esgrimieron un informe donde se acusaba al suizo de mitomanía y exhumaron causas penales por estafa. Aunque hubiera mucho de cierto en todo eso,
atribuirlo todo a la irracionalidad, la ignorancia o la locura es una explicación bastante simplista. Ni los autores ni los lectores de la "teoría" eran ignorantes, irracionales ni locos. Más de un gerente de
ventas con pocos escrúpulos envidiaría su astucia.
Stoczkowski aporta un factor más inquietante cuando señala la abundancia de contenidos racistas y antisemitas que hay en muchos de esos textos, especialmente los de Charroux, que se siguen reeditando hasta hoy. Para el antropólogo, estamos ante un suerte de "racionalidad restringida", que razona lógicamente a partir de premisas que solo satisfacen el deseo, y suele ser inmune aun a las refutaciones más contundentes.
Chesterton decía que los locos no son aquellos que han perdido la razón. Son esos que tienen uso de razón, pero como han perdido el criterio de realidad se sienten capaces de construir delirios sistemáticos. O de consumirlos, como en este caso.


*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-1845-2008-01-05.html






Sábado, 05 de Enero de 2008
Pabellón de tinieblas*




*Por Miriam Cairo cairo367@hotmail.com




FIESTA, FIESTA
Se descolgó el mundo. Sus débiles membranas de pájaro sobreviviente de un diluvio, se desprendieron en una maniobra inepta de los ángeles, que con sus boquitas de murciélagos blancos llenaron el cielo de exclamaciones espantosas. Inmersos en los festejos de rigor, nosotros pensábamos que eran fuegos artificiales. Dios delegó la responsabilidad de los sermones a los que estaban más borrachos, pero la ebria locuacidad de los creyentes apenas alcanzaba para repetir una y otra vez "feliz año", "feliz año". Al diablo se le torcieron las mandíbulas comiendo nueces y retraído en la penumbra, él también nos dejaba caer, pero nosotros pensábamos que ese ardor en el estómago era porque el vitel thoné estaba vencido. En la caída, el mundo rasgaba con las uñas el telón del universo. En los oídos somnolientos de
dios, el derrumbe terreno era un pequeño rumor, apenas un acorde que se convierte en silencio. Sus murciélagos blancos jugaban a las escondidas.
Ninfas y sátiros celebraban orgías en honor al imperio pero nosotros pensábamos que era un happy hours de último momento.


KITSCH-KITSCH, BANG, BANG
Claudia Médicci, con un vestido de tul negro, surcado por una franja de encaje que no mostraba plenamente las aureolas tutelares de sus senos, me sorprendió en plena noche, jubilosa, mientras mis viejos vecinos partían en dos un enorme pan dulce, sobre la mesa improvisada en la vereda. Ella estaba
radiante, como toda estrella de televisión, sonriente y excitada convencida de que allí también, en mis sueños, había cámaras y espectadores detrás de la pantalla. Los químicos que suelen servirse en estas fiestas, fermentaron mi fárrago onírico y en el revoltijo de figuras, la mano bienhechora del sueño, intoxicada con lemon?champ agarró a la Médicci al voleo, que flotaba en su propia zona alucinada, con un baby-doll negro y tanga al tono. Yo no podía echarla, porque nunca he echado a nadie de mis sueños y menos aun en navidad, cuando una tiene la dicha de caer en una promiscuidad tan bien venida. La sonriente rubia fue interceptada en plena fantasía con galán de nombre Cacho y de apellido Castaña. Ella se mostraba nerviosa, mientras me describía el modelito que llevaba puesto. El atrás de la rosarina se expandía hacia los costados como un gran plato carnal del que podían comer los hombres y las mujeres de todo mi vecindario. El viento de la noche de los sueños, se comportaba como una ráfaga fílmica, precisa, que le sacudía el largo cabello de amazona tratado por Sanders y coloreado por Silkey.
Cuando ella se levantó el tul y dio la espalda, mostró a Cacho, en toda su plenitud, el universo postrero, excretador de flores, el cual meneaba al ritmo de una música que ella misma se provocaba. El viento jugaba con las extensiones que mutaban a un color rojizo a medida que el sueño avanzaba. El viento certero, dirigido a veces por Polaco, a veces por Armando Bo, le sostenía el vestidito impresentable enrollado en la cintura. Cacho y yo estábamos fascinados con ese jueguito de porno-inocencia. El redondo paquete de la mujer que antes conducía La Pavada, se revolvía bajo los tules del baby-doll, y Cacho, subyugado, fue tras ella, guiado por el hechizo de sus nalgas. El balance de fin de año es altamente positivo: mi capacidad alucinada va en ascenso. A mi fauna onírica he incorporado rutilantes seres de farándula. Pero mi fidelidad no se altera: el viejo desnudo que me esperaba fumando pacientemente en una azotea flotante, sin edificio, era como siempre Ezra Pound.


EL SILENCIO EROTICO
En sus rostros, la vocación de amor se anunciaba inminente. Tal como lo dijera el libro que leo todas las noches, la transparencia de esa vocación los hacía amados. Al igual que el narrador del libro que leo siempre, yo tampoco me sentí bastante autora para describir el modo en que esos dos se aferraban a la vida ni para transmitirle a mi lector por dónde eligieron éstos, canalizar sus solturas. Mientras ella buscaba el gel en la cartera, era fácil para mí seguir sus movimientos de mujer que dejaba de ser buena,
pero eso no duró mucho tiempo. Cuando ella volcó generosamente un borbotón de ungüento en la mano derecha y sobó la panoja cristalina, mis ojos de bestia relatora iban y venían, desesperados, por cada rincón de la selva. La transparente vocación de amor se acumuló en la mazorca nítida de él, desde
donde salía el nítido rumor de la nítida simiente. Ella, con un gesto insensible, despreocupado, pasó lo mano por la línea de su horizonte, delineó varias veces con el dedo la ranura gozadora. El transparente empuñó su nave ungida y como si fuera un crayón descomunal, dibujó con ella el surco de abajo hacia arriba primero, de arriba hacia abajo después, hasta que la aeronave halló la brecha resbaladiza y entró de lleno en la abertura del sol profundo. Ella con su dedo y él con su nave bien me habrían podido
señalar como impotente narradora porque en ese momento todo mi universo narrado desaparecía en el interior de una ostra silenciosa.



*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-11808-2008-01-05.html



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jueves, enero 03, 2008

TIERRA DE MONSTRUOS...



"Kafka"*




¿Nos involucraría en sus historias
hasta las últimas consecuencias
suyas y nuestras?
¿Nos incorporaría investigándolo?
¿Y al servicio de arrebatarle a usted
qué bienes?

Terror al mono
y casi un hombre
el suyo.



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-"KAFKA", filme dirigido por Steven Soderbergh.




TIERRA DE MONSTRUOS...





ACERCA DE "EL MONSTRUO", EN LA LITERATURA Y EN LA SUBJETIVIDAD


Frankenstein el poeta*

Aquel terror de nuestra infancia, el monstruo, "amasijo de tejidos anónimos", como tantas criaturas, busca diferenciarse de su creador: "desde el dolordel rechazo" busca su singularidad en la violencia; sin embargo, "habla como escriben los poetas".

El monstruo de Frankenstein, encarnado por Boris Karloff. En 2008 se cumplen 190 años del libro.



Por Pablo Fuentes *


"Es como si no hubiese nacido definitivamente, como si siempre estuviese viniendo al mundo de esta vida oscura" (Franz Kafka)
"Un poeta es la cosa más antipoética que existe, porque no tiene identidad, se hace a sí mismo continuamente con distintos cuerpos" (John Keats)

El relato Frankenstein, de Mary Shelley, participa de la modalidad de la literatura narrativa llamada fantástica. En esto coincide casi toda la crítica literaria. Todo cuento fantástico, y el de Mary Shelley es un excelente ejemplo, habla de los límites, de los bordes de lo representable, se pone al borde de otra cosa y enrarece este mundo. Lo fantástico define en términos negativos su relación con las categorías realistas: im-posible, in-forme, in-visible, in-decible, des-conocido, i-rreal. En esta oposición
negativa, resuena claramente lo siniestro (Lo siniestro, S. Freud, 1919): se descubre lo que está oculto, y en esta revelación se produce el inquietante deslizamiento de lo conocido en desconocido. Lo uno se transforma en lo otro. Lo siniestro es lo que siempre aparece en un borde, es lo que sólo habita en el umbral. Existe solamente en atención a lo normal y conocido.
Toma elementos de lo conocido y los vacía de significación, deja solamente signos vacíos que se empiezan a llenar de otras extrañas sustancias.
Varias bibliotecas de trabajos críticos se nos ponen delante de la lectura de la novela de Mary Shelley. En ese muro de palabras que ha levantado la crítica, podemos leer algunas frases repetidas que hacen referencia a viejos tópicos: novela sobre la inmortalidad, sobre la fragmentación, la omnipotencia de la ciencia, alegoría sobre la derrota de la Revolución Francesa, parodia del gótico, tratado sobre los límites del Iluminismo, documento de un frustrado amor filial, testimonio secreto sobre el incesto,
primera novela de cienciaficción, y así. Quizás esta novela sea también todo eso, pero sobre todo, es un cuento de horror. Lo que esas lecturas ponen en evidencia es un eje ineludible: se trata de un texto sobre la disolución de un orden cultural, un orden enmarcado por un fuerte entramado de ideales, un
rígido orden simbólico. Y esto se hace mediante un incesante juego de duplicaciones, donde nada se nombra directamente. En el libro todo se duplica y, en cada duplicación, ese orden se degrada y distorsiona hasta la aniquilación.
Y el monstruo pertenece, por origen, a lo más elemental de este mundo: collage de cadáveres (aunque esto no sea explícito en el libro, está sugerido). El monstruo está fabricado con tejidos humanos diversos, materias carnales despojadas de historia y singularidad, los desechos (literalmente) muertos de una sociedad, retazos que no forman unidad. Víctor, al fabricar su monstruo, se guió por un artesanal principio de practicidad (por eso la criatura mide casi dos metros y medio). El producto final, en su imagen, apenas puede disimular su origen fragmentario: de allí su horror visual y el espanto de su aspecto desnaturalizado. Lo que debería estar muerto, vive.
Esta criatura fabricada es una figura de una espesa materialidad, destinada a la trascendencia o a la inmortalidad de su creador, pero resulta sólo una sátira grotesca, producto de un egocéntrico dios menor. Fracaso de un ideal positivo, angélico, asexuado y celestial en su belleza, la criatura no es más que un ángel caído de una mesa de disección, primera víctima de la razón instrumental, mezcla de optimismo iluminista y fundamentalismo ocultista, encarnada por Víctor en sus iniciales entusiasmos.
La animación del monstruo es producto de la ciencia del padre, sí, pero más bien es producida por otro, encarnado por la heterogénea biblioteca de Víctor, donde se entreveran filosofía natural, medicina, galvanismo y alquimia. El monstruo es hijo de los libros, antes que de las torpes manos de su presunto creador. Víctor es presentado como mejor lector que anatomista. Y esta biblioteca se duplica y confronta con la biblioteca de los De Lacey, donde están los textos que forman al monstruo como sujeto, con autores como Plutarco, Goethe y Milton. Lista de libros que forman el manual de obstetricia del monstruo y que también está en el núcleo de su origen como sujeto: inverosímilmente, el monstruo aprende la humanidad escuchando y leyendo libros. Aprende demasiado rápido, porque es un prodigio, es un monstruo, y está ávido.
El Frankenstein de Mary Shelley es, en definitiva, un texto materialista sobre la infiltración de una materia extraña en un mundo perfecto, gobernado por ideales de orden. Pero la materia emerge no del exterior, sino del propio interior de ese pulcro mundo, organizado en torno de un entrelazado de novelas familiares intachables (los Frankenstein, los De Lacey), que se corroen y disuelven.
Desde su educación, en su aventura, el monstruo también busca la desemejanza respecto de su creador. Desde el dolor de la anonimia y el rechazo, descubre que su propia singularidad pasa por romper espejos. Y a eso se dedica; en estado permanente de tensión irresuelta, busca liquidar y perpetuar, a la
vez, el juego de duplicaciones, quebrar y seguir soldando el tegumento que lo liga a su hacedor. Y lo hace con la violencia de su acto: mata al mejor amigo de Víctor, a su hermano, a su hermana-novia en la noche de bodas.
Todos, dobles metaforizados de su hacedor. El monstruo se encarga quizá del deseo de transgresión de su propio creador, en el intento escapar de la captura imaginaria que le niega un nombre y una historia.
Sin nadie que lo nombre, que le done un linaje, el monstruo busca la significación de su existencia a través del verbo, pero capturado como una paloma: desde la oscuridad, en el mero lugar de espectador de la plácida vida de los De Lacey, la criatura ve la escena del sentido enmarcada en una ventana; la vida se transforma, entonces, en una escena, y su propia historia -como lo sabrá Walton después- en un cuento que tiene también como objeto seducir a su creador para que él mismo conceda fabricarle una
esposa-hermana, como la propia Elisabeth, para procurarse luego la gestación de un nuevo mundo que no sería más que la reproducción paródica y grotesca del mundo gobernado por el ideal y el símbolo de Víctor. La negativa de éste a prolongar mediante una nueva y monstruosa creación la propia endogamia no hace más que precipitar el acto criminal del monstruo, el intento desesperado de soltar de cualquier forma la atadura del juego de dobles. Le propone entonces a Víctor un pacto para que se haga Padre de una vez, le propone la creación de una hembra monstruosa como él. Cumplido ese acuerdo, ambos se reconocerán como Padre e Hijo. Cumplido su derecho, el hijo liberará al padre de su condena. Este pacto tiene entonces estatuto de contrato. Víctor, sin embargo, rompe ese contrato y precipita en el monstruo
el otro acto, el letal, el que termina en un literal y extremo acto de justicia ante el derecho negado. El monstruo corrige y reescribe la novela familiar de Víctor con sus crímenes. En su novela, Mary Shelley hace realidad anticipadamente el sueño de Rimbaud, yo es otro, pero literalmente, y en una ceremonia interminable, de puro travestismo y horror.
Y ya se sabe: el fin del doble es el propio fin, no se existe sin ese otro de pesadilla. Lo verdaderamente transgresivo de Frankenstein es mostrar ese irresistible derivar hacia un goce de fusión y de disolución de los límites, anterior a todo posible goce sexual. El juego de duplicaciones nunca se cancela en la novela. El fracaso pasa por una imposibilidad: Víctor quiere, pero no puede matar a su demonio; el monstruo tampoco puede acabar con él.
Ambos terminan en un trágico acto final, en la soledad y el frío de una región estéril y se unen finalmente en la muerte. Víctor muere y el monstruo se prepara enseguida para inmolarse en el fuego, hará su bautismo en las llamas, que le darán finalmente su nombre.
Piedra que habla
Se nos presenta una piedra con la incuestionable presencia de su materialidad, pero esta piedra habla. Nada más temible que una piedra parlante, porque entonces desea. ¿Y cuáles son los anhelos de una piedra? ¿En qué piensan, con qué sueñan los minerales? ¿Queremos realmente saberlo?
El libro de Mary Shelley pone en evidencia la impotencia del espíritu para trascender la materia. "Lo real es el cuerpo que habla", recuerda Lacan, pero ya no una palabra sostenida por un cuerpo, sino más bien unos tejidos que parlotean y que, por lo tanto, crean una forma de escritura disruptiva, artificial. Un cuerpo bestial que no puede dejar de hablar, y cuando no habla, mata. Frankenstein es el relato de la escritura de un cuerpo, de su incesante y fracasada reescritura, de cómo la materia adviene, literalmente, sujeto.
La criatura de Víctor habla como si estuviera escribiendo (en el original inglés, emplea el anacrónico thou, en lugar del coloquial you), su lengua es un artefacto creado por palabras de otros, con fragmentos de escucha.
Enmarcada por la experiencia del dolor, su lengua ya es una jerga separada.
No puede comunicar, Víctor no lo entiende, los De Lacey lo rechazan. El engendro habla como si escribiera, habla como poeta. El monstruo, amasijo de tejidos anónimos, en busca de nominarse termina siendo una voz escrita que apenas puede dar cuenta de sí. Palabra de poeta, mirada plana de cadáver, el
monstruo no puede ligar mirada con enunciación. Nadie puede escuchar lo que es ahora una pura palabra. O eso, o la mirada de los otros que quedan fascinados por el horror de ese cuerpo.
El monstruo habla como poeta. Si atendemos el largo relato que la criatura hace a Frankenstein sobre sus desventuras y su ingreso al universo de lo humano, verificamos eso. Su lengua artificiosa, hecha más en la escucha de libros que en la conversación, remite necesariamente a una suerte de texto sonoro que tiene la forma de una gramática especial: su relato es una pura invención, el monstruo cuenta cómo se creó a sí mismo y en el proceso de referir esto a su supuesto creador, termina de constituir la obra de sí mismo.
De su cuerpo hecho de fragmentos enajenados en la ciencia, en los textos de un padre-madre reticente y destructor, el monstruo re-crea un nuevo texto, reescribe su cuerpo y lo vuelve a engendrar, se fabrica un cuerpo nuevo que es, de alguna forma, otra vez una versión duplicada y paródica. Ya no el cuerpo de un científico, sino el de un artista. El es su propia creación.
El arte suele trabajar el tema del cuerpo desde la perspectiva de una erótica del dolor, pero no como el cuerpo legislado de las instituciones, ni el cuerpo mensurado de la ciencia, sino como el cuerpo en reescritura permanente de la poesía. El dolor como lo real del cuerpo que habla, como lo real de la pulsión que regresa como resto de la operación sublimatoria. Los bordes de la representación, que los artistas siempre merodean, balbucean, en este grito del cuerpo que duele sin palabras: gritos de Guernica, de Munch, de Bacon.
Los artistas, los poetas, crean nuevos objetos que lanzan al mundo y que viven más allá de ellos. Del lado de los monstruos, los artistas escriben o dibujan en una superficie corporal el trazo de un nuevo sujeto. Los ejemplos abundan respecto de aquellos que han sido creados por su propia obra: desde el Joyce de Lacan, el fugaz Rimbaud, Artaud y su invención de una nueva lengua que se filtra en sus últimos textos, Alejandra Pizarnik y su llamado vano a la obediencia del lenguaje: "Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos".
Como recuerda la frase de Keats, en el epígrafe de este trabajo, el cuerpo del poeta es todos los cuerpos. En la carta a la que hace referencia la cita, John Keats, el poeta romántico inglés cercano en afecto e influencia al círculo de Mary Shelley, Percy y Byron, y el mejor y más grande de todos ellos, recuerda cómo la escritura poética desliza al poeta de su propio cuerpo y lo hace entrar en otros cuerpos, quizás usurparlos, y, por lo tanto, entrar en otros mundos. Por su escritura, el poeta se convierte en lo todo lo existente y, en su mismo trazo, deviene en lo que aún no existe. En definitiva, se transforma en monstruo: crea y se crea a sí mismo, para horror de un mundo gobernado por el símbolo.



* Extractado del trabajo "Lección de tinieblas. Frankenstein o la poética de lo monstruoso", presentado en el ciclo "Frankenstein: la ciencia del padre, la invención del hijo" de Nota Azul.


*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-96937-2008-01-03.html





Infancia es la Tierra de los Monstruos*


*Por P. F.


En cualquier parte, siempre hay monstruos. Quizás, en la oscuridad que parece respirar, o en el trazo deforme de la luz en el piso, o detrás del leve rechinar de una puerta. O, mejor, afuera, entre el leve movimiento de esos árboles que parecen un desfile de sombras, o al final de una calle gris que humea de soledad, o en el fondo oscuro de un lago, quieto como un espejo muerto. En cualquier tiempo, en toda noche, en todo libro, soñamos con monstruos. Sabemos, siempre lo supimos, que ese país interminable llamado Infancia es la Tierra de los Monstruos. Viven allí, entre nuestras risas, participan en nuestros juegos, sus caras inolvidables se reflejan en nuestras lágrimas, sus gruñidos atroces se mezclan con nuestros cantos. Y siempre cantamos canciones de monstruos.
Ese posible encuentro con los monstruos es nuestro pasaje gratis a la infancia. Porque están siempre allí: nos asustan, nos corren, nos hamacan, nos acunan. Escamas como piel, garras, dientes grises, colmillos, ojos rojos, voces de abismo: el monstruo trae la promesa de sacarnos de esta vida esclavizada por la palabra. Nos promete otra existencia donde el cuerpo, flotando sobre su sombra como un papel vacío, en el flujo aéreo del miedo, ya no pese nada y el alma entonces liberada pueda, por fin, callar. El monstruo nos promete la felicidad del silencio.
Pero no aspiramos a la felicidad, queremos la verdad. Entonces nos alejamos, escapamos, ponemos al monstruo en los libros, en una pantalla muda, lo encerramos en una broma y corremos tan rápido que volamos sobre nuestros gritos, empezamos la danza loca, sin música, de la fuga. Y ahora, ¿qué es esta agitación? ¿Y esta inquietud? ¿Cómo entró en mí esto que siento? ¿Este es mi cuerpo? ¿Y qué es ese reflejo en el fondo del pasillo? ¿Y esa cara asustada que me mira? ¿Ese alarido que no puede crecer? ¿Y esas manos, garras, que se acercan? ¿Son éstas mis propias manos contra esa figura bestial que se acerca? ¿Qué es esto que toco, tan frío, liso, duro? ¿Y este estallido? ¿Qué es este ruido de espejos rotos a mis pies?


*FUENTE:
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/subnotas/96937-30614-2008-01-03.html







"The silence of the lambs"*




Crisálidas
importadas de Asia:
próximas damas
de la talla catorce

Perfeccionándose
en la envidia
asesinos en serie

Exhaustivos
versos
en volumen que lee
el caníbal

No hay nombre para los gemidos
de esos corderos.



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

-"THE SILENCE OF THE LAMBS" ("El silencio de los inocentes"), filme dirigido por Jonathan Demme.






Jueves, 03 de Enero de 2008
A PARTIR DEL CASO DE UNA PRISIONERA DE LAS FARC

Todos hemos nacido en Estocolmo*



*Por Sergio Zabalza


"Y se convierte inmediatamente en La Cautiva, los caciques le hacen un enema, le abren el c... para sacarle el chico... el marido se queda con la nena /pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada,/de un camarín donde.../ Hay Cadáveres." (Néstor Perlongher, fragmento del poema "Cadáveres".
A propósito de la eventual liberación de Clara Rojas -la rehén colombiana que concibió un hijo con uno de sus captores de las FARC-, vuelven a escucharse referencias al denominado síndrome de Estocolmo. Esta supuesta entidad vio la luz luego de que una mujer cautiva de los asaltantes a un banco en esa ciudad apareció en los diarios de la época concediendo -antes de ser liberada- un beso apasionado a uno de sus cancerberos. Se conformó entonces un presunto cuadro clínico, sumamente incorporado al discurso cotidiano y coloquial de políticos y formadores de opinión, que engloba toda actitud tierna -tal como Freud gustaba calificar a los gestos amorosos- de un sujeto a su supuesto victimario, con el consabido peligro de estigmatizar desde la más hueca liviandad imaginaria cualquier conducta como enfermedad.
Lo cierto es que, si no se precisan las coordenadas simbólicas de aquellas supuestas alteraciones psíquicas, corremos el disparatado riesgo de poner en la misma bolsa a personajes tan disímiles como Natasha Kampush -la joven austríaca secuestrada durante toda su adolescencia-, Luis Vergottini -el
abogado defensor de Musa Azar, que a su vez fue víctima de sus atropellos- o Dorotea Bazán, esa criolla capturada por el malón, que Mercedes Sosa inmortalizó al cantar en "Mujeres argentinas" la letra de Félix Luna: "Yo no soy huinca capitán, india soy, por amor, capitán".
(Un párrafo aparte merecen los supuestos amores que la tortura despierta. Hasta ahora desconocemos el fehaciente testimonio de un sujeto que haya elegido como objeto de amor al verdugo que efectivamente le aplicara el tormento. Por otra parte, si bien lejos estamos de intentar un juicio moral para los que en la atroz noche del terrorismo de Estado entablaron relaciones con represores, ¿no estaríamos arrasando la responsabilidad subjetiva de los involucrados al poner una etiqueta de enfermedad a lo que quizá fue una decisión, radical y terrible, pero decisión al fin?)
Lo cierto es que de ninguna manera es necesario estar secuestrado para que emerja una de las más complejas y conflictivas realidades humanas: el masoquismo. Aquel que leyó "Pegan a un niño", de Freud, sabe que el episodio de seducción infantil es un hecho que tiene realidad psíquica, aunque no necesariamente histórica: en su eficaz fantasía, el sujeto padece el goce proveniente de someterse a la sexualidad del Otro.
En efecto, en virtud del desamparo con que llegamos al mundo, es el Otro quien, al hablar, nos demanda primero: somos objetos de esa demanda; así nuestra preciada condición de sujetos supone, previamente, la de objeto. La demanda del Otro impone que habitemos como objeto de goce. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a reconocer esta inquietante realidad? La respuesta concierne a la diferencia entre quien se hace cargo de la oscura satisfacción que lo habita y la hipocresía de quienes depositan en un otro el lugar de objeto que su moral no tolera.
Por eso, y teniendo en cuenta que no se necesita estar plantado en una posición masoquista para seguir adelante cuando la propia vida está en manos de otro, convendría formular la pregunta que el denominado síndrome de Estocolmo invisibiliza al soslayar la responsabilidad subjetiva de los involucrados. Para este caso, ¿cuándo estaría demostrando más abiertamente Clara Rojas su supuesto sometimiento: al engendrar un niño con un miembro de las FARC o cuando se prestó a acompañar por propia voluntad a su amiga -y jefa- Ingrid Betancourt, en la prisión de la selva colombiana?


*FUENTE:
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-96938-2008-01-03.html




"A Sense of Freedom"*



Acompañado por mis gritos
le oí decir al personaje
aunque no fue eso lo que dijo

Acompañado por mis gritos
le oí decir a ese actor, inglés
o acaso escocés
en el personaje ése del filme por cable

Monologaba en otra escena
y lloraba
en su aislamiento

Le oí decir que sus gritos
lo maniataban.


*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

-"A SENSE OF FREEDOM" ("Sentido de libertad"), filme dirigido por John Mackenzie.







Jueves, 03 de Enero de 2008
CUANDO LA POLITICA SE CONVIRTIO EN TRAGEDIA

Una respuesta a la barbarie*


En un intento más de simbolizar lo impensable de una época en que los derechos humanos fueron conculcados durante la dictadura militar, Rosario/12 publica el siguiente artículo.

Massera dijo en una nota que él tenía a Dios sentado sobre su hombro. El dios del infierno escapa a los alcances de la ley jurídica.


Por Graciela Kait *


La dictadura militar que tomó el poder a partir del año 1976 en la República Argentina puede ser encuadrada dentro de lo que M. Foucault llamó en "la voluntad de saber", biopoder, biopolítica, esa forma que adopta la política cuando en sus cálculos y mecanismos se incluye la vida humana, cuando el
cuerpo viviente se convierte en el objetivo de la estrategia política marcando esto "el umbral de la modernidad biológica".
Foucault entiende que este biopoder fue un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo que se afirmó sobre la base del control de los cuerpos produciéndose de este modo, un giro en la vieja caracterización de Aristóteles para quien el hombre era un animal viviente y además, capaz de una existencia política a diferencia de la modernidad en la que el hombre es un animal en cuya política está en entredicho su vida de ser viviente en la medida en que su cuerpo entra en los objetivos estratégicos de la política.
G. Agamben retoma, despliega y completa el planteo de Foucault afirmando que los lugares por excelencia de la biopolítica moderna son el campo de concentración y los estados totalitarios del Siglo XX: siglo del crimen, siglo feroz, siglo liberal, siglo en el que la política se convirtió en tragedia, siglo de la pesadilla, de la barbarie, de las depuraciones tal como lo caracteriza Badiou, siglo de la pasión de lo real, es decir, del horror destructivo que está más allá del bien y del mal.
Agamben entiende que ubicar la vida biológica en el centro de los cálculos del Estado vuelve a poner a descubierto el viejo vínculo entre el poder y la nuda vida, vínculo que se hace patente en los estados de excepción que se sirven de la suspensión de los derechos y garantías constitucionales para imponer su terror. Así, decretar el estado de sitio fue, hace más de treinta años en nuestro país, la antesala del terrorismo de Estado que hizo de la excepción, la regla.
La nuda vida es solidaria de una arcaica figura del derecho romano llamada homo sacer. Se trata de un hombre juzgado por un delito, considerado malo e impuro cuya vida, nuda vida, cualquiera puede dar muerte impunemente siendo, a la vez, insacrificable, es decir, no pudiendo recibir la muerte según las
normas del rito religioso.
Este hombre sagrado -homo sacer- no puede recibir la muerte según el ritual religioso establecido porque ya está en manos de los dioses infernales. De este modo, Agamben concluye que el homo sacer estaba tanto por fuera del derecho humano -muere impunemente- como del derecho divino y esto debe ser considerado como el primer paradigma del espacio biopolítico de Occidente: la vida humana por fuera del derecho y en manos de los dioses del infierno, es decir, en manos de la crueldad desenfrenada.
Al respecto, quisiéramos traer a colación la aseveración de Massera en un reportaje que le hiciera un semanario por el año 1995, reportaje que fue retomado en un artículo del 27 de julio de ese mismo año por el diario Página/12; afirmó allí, como final de la nota, que él tenía a Dios sentado sobre su hombro. Seguramente, se trata del dios del infierno -esos dioses oscuros para retomar a Lacan en Kant con Sade-, amos y señores de la vida que como dijimos, en el estado de excepción, escapan a los alcances de la ley jurídica. Esta declaración también, solo puede ser pensada políticamente hablando, cuando la excepción es la norma.
Estrategia represiva de la dictadura militar "La doctrina del paralelismo global", es el trabajo que Emilio Mignone y Augusto Conte Mac Donnell presentaron en el Coloquio de París en 1981 organizado por un grupo de abogados exiliados en Francia para, entre otras cosas, abonar a la elaboración de una convención internacional contra las desapariciones forzadas de personas. El trabajo contiene un análisis integral del método criminal utilizado por la dictadura con una parte visible, pública y otra invisible, secreta.
La visible, el conjunto de normas, legislación de excepción, que se sancionó para enmarcar la acción a desarrollar otorgando un poder absoluto sin precedentes en el país. La secreta, que según los autores, pudo ser reconstruida por aquellos años en base a testimonios, datos y el examen de las operaciones y textos disponibles caracterizando al accionar como propio del totalitarismo.
La política de desaparición de personas en la que se incluyó la desaparición de niños caracterizada fundamentalmente, por la pérdida de su identidad, fue heredada del ejército francés que asesoró desde 1957 al ejército argentino según su modo de operar en Indochina y en Argelia; asimismo, más tarde
fueron los norteamericanos quienes influenciaron en este tipo de acciones.
Todo esto -dice Camps en un artículo publicado en La Prensa en enero de 1981- hasta que llegó el momento en el que asumimos nuestra mayoría de edad y aplicamos nuestra propia doctrina.
En la misma vía en la que Foucault se refiere a la biopolíca como la política sobre los cuerpos funcional al capitalismo, podemos leer en el trabajo de Mignone y Conte Mac Donnell: "El célebre economista
norteamericano Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía, en una conferencia que pronunció en México a fines de septiembre de 1980, ha calificado al actual sistema político argentino como "fascismo de mercado" o, con más claridad, un régimen fascista destinado a promover, una economía de libre empresa sin consideraciones sociales de ningún tipo". En coincidencia con este punto de vista, el Secretario de Estado, Guillermo Walter Klein, el colaborador más próximo a Martinez de Hoz, ha declarado según informa el diario Clarín del 5/10/80 que el programa económico aplicado desde marzo de 1976 "es incompatible con cualquier sistema democrático y solo aplicable si lo respalda un gobierno de facto".
Es decir que, esa modernidad que se gestó a la luz del Iluminismo desembocando en la Revolución Francesa con grandes ideales de libertad, igualdad, fraternidad, bienestar y progreso para todos, mostró durante el Siglo XX su cara más feroz y cruenta, esa que escapa a la razón y actúa desde lo que los griegos llamaron hybris: la desmesura, el exceso, la transgresión a la norma, la barbarie.
También, es de los griegos de quienes nos llega la etimología de bárbaro; bárbaros eran los pueblos que no hablaban griego, los extranjeros dentro de los que se incluían tanto las tribus salvajes que los rodeaban como los pueblos más cultos de oriente, siendo en definitiva considerados bárbaros aquellos que no vivían ni pensaban como griegos, aquellos que pertenecían a otras culturas.
Pero, ¿a qué cultura pertenecerían quienes desde posiciones mesiánicas más o menos delirantes se arrogaron durante el Siglo XX el derecho a la vida o la muerte, quienes creyeron, por ejemplo, que podían apropiarse de niños rompiendo con su cadena filiatoria para insertarlos en otras adulterando
documentos públicos y prolongando así, la lógica concentracionaria?, quienes creyeron que no habría consecuencias ni respuestas para el trauma que introdujeron con su accionar, trauma que aconteció como todo trauma en la mayor inermidad, en la indefensión absoluta.


* Psicoanalista

*FUENTE: ROSARIO-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-11786-2008-01-03.html






"Der Amerikanische Freund"*



Por lo que parece
hoy mataré
en el ferrocarril
a uno más

¿Si a mí mismo?

Esparcir
mi pie en la tumba.



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

-"DER AMERIKANISCHE FREUND" ("El amigo americano"), filme dirigido por Wim Wenders.






"Escuchaba ruido de trenes, olor a Celulosa y sonidos de aviones"*


María Rubinelli fue secuestrada en el 78. Su testimonio puede llegar a echar luz sobre otros centros de detención que aún no fueron descubiertos como el caso de la Quinta Canut.

La Calamita fue un centro de detención clandestino en Granadero Baigorria.
"No sé exactamente en qué lugar estuve con los ojos vendados", dijo la sobreviviente.



*Por José Maggi


María Luisa Rubinelli fue secuestrada el 28 de febrero de 1978 junto a su esposo Aníbal Artemio Mocarbel, en el departamento de calle Ituzaingó 71. Su nombre figura entre los sobrevivientes que podrían haber pasado por La Calamita o algún centro clandestino cercano. Su testimonio puede llegar a
echar luz sobre otros centros de detención que aún no fueron descubiertos tal como la Quinta Canut, cuyo predio corre riesgo de ser vendido de no mediar un freno del Concejo Municipal de Granadero Baigorria. Rubinelli vive en Jujuy desde hace 25 años, donde es docente de antropología filosófica,
trabaja en la Secretaría de Educación provincial. Su testimonio es claro: estuvo detenida en una casa de campo, escuchaba ruidos de trenes y aviones, en la que además "olía a Celulosa". Ayer habló ayer por primera vez en el programa Trascendental por LT 8.
"No sé exactamente en qué lugar estuve con los ojos vendados, en donde aparentemente tenía acceso la luz del día. Allí escuché gritos de dolor de quienes torturaban, pero con los que no tuve contacto. Lo que recuerdo son algunas coincidencias en el ruido de aviones y de trenes que se escuchaban.
Y también con el relato de varios detenidos que recuperaron su libertad tiempo después", relató la ex detenida.
-¿Cómo fue secuestrada?
-En horas de la madrugada ingresó un grupo armado, todos de civil, que nos pidió armas que no teníamos. Y también nos increparon y nos llevaron a mi y a mi marido, que nunca más apareció. Pero luego de mi secuestro mi padre se movió con el arzobispado, y me liberaron 35 días después. Sin embargo no tuvimos noticias nunca más de mi esposo, quien militaba en Montoneros.
-¿Cuál es el camino que siguieron?
-Me tiraron en el asiento de atrás del auto, y como era de noche no podía ver nada, pero calculo por los indicios que tuvimos que podríamos haber ido a parar a alguno de los dos lugares (La Calamita o la Quinta Canut) porque coinciden algunas cosas. Primero pensé en Fisherton, pero relaciono el lugar donde me liberaron en Alberdi con otros casos y pienso que es el lugar.
Escuchaba ruido de trenes, y olor a Celulosa y sonidos de aviones. También recuerdo un camino de ripio en el ingreso, sobre todo cuando me liberaron cuando camine sobre ripio antes de subir al auto.
-¿Qué características tenía la propiedad en la que estuviste 35 días detenida?
-Estaba cerca de un baño y una cocina. Siempre pensé que era planta baja pero como tuve una pérdida de sangre se preocuparon por mi salud y me subieron un piso. Por eso digo que era un casa de dos plantas, con un cocina al lado de la cual estuve. Era una especie de depósito en una casa de campo.
-¿Alguna vez declaraste ante la justicia?
-No, no recuerdo que me hayan citado a declarar en Rosario. Lo que si hice es prestar testimonio vía exhorto de la justicia rosarina en Jujuy por que mi nombre surgió en una declaración. Pero no recuerdo en verdad en qué causa fue.



*FUENTE: ROSARIO-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/9-11794-2008-01-03.html








"House of Games"*



A salvo de mis lapsus linguae
a salvo de placeres
a salvo de la incontinencia de una pistola de agua
a salvo de otros timadores
a salvo del realismo de los sueños
y a salvo de los sueños que no son un sueño solamente
a salvo de mí
y de mi crimen
a salvo de mi furor curandis.



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

-"HOUSE OF GAMES" ("Casa de juegos"), filme dirigido por David Mamet.





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