jueves, marzo 02, 2023

EDICIÓN MARZO 2023

 


*Obra de Walkala.

Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010).

-En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam

http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=1367%3Awalkala&catid=94%3Apintura&Itemid=160

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hombre que viene del futuro. *

 

 

Mi amado

niño del sol y el polvo

La Madre Tierra

Tómate un momento

y escuchar al pájaro llorando

dentro de tu corazón

Escucha el viento baja

desde las montañas más altas

advirtiéndote de los días más oscuros

cuando el amor será desterrado.

 

Mi amado

hijo e hija de la música

de todos los idiomas hermosos

Escuchen a este viejo ciego

que viene del futuro

para advertirte

de odio y ceguera

porque ambas son las fuentes

de la miseria humana.

 

Mi amado

Escucha al pájaro llorando

Escucha el viento baja

desde las montañas más altas

Escucha, escucha, escucha

Mi amado!

 

 

*De Daniel Montoly.

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

PROTOCOLO DE PROGRESO*

 

 

La llegada a ese planeta fue como siempre, primero la observación desde lejos, la preparación del informe, la espera de las evaluaciones, toda la burocracia que se pone en marcha en cada ocasión en que contactamos un ambiente propicio para la vida.

Hemos descubierto bastantes planetas habitados a lo largo de los siglos, pocos con vida y un escasísimo número de civilizaciones. Por esto es que no fue indiferente la noticia de que en éste no solamente hay vida inteligente sino organizada.

La primera observación fue que los seres inteligentes se encontraban en todo el planeta en el mismo estadio de evolución, compartían una cultura común y no se observaban conflictos en ninguna de las regiones. La homogeneidad era lo más destacado y sorprendente, algo que hasta ahora no tiene paralelo en ningún otro de los planetas conocidos.

Antes de realizar contacto y siguiendo el protocolo se fue elaborando un informe completo en todos los aspectos, desde la conformación mineral y geológica del planeta a una detallada y enciclopédica descripción de fauna y vegetación, dejando para la culminación el estudio de los seres inteligentes con su lenguaje, arte, historia, saberes de todo tipo.

Es en esta etapa final en la que fui enviado para hacer contacto.

Estuve orbitando un largo tiempo mientras me familiarizaba con vocablos, pronunciación y gestos. Fui escogido entre otras causas debido a que mi raza es la más parecida a esta. Soy un poco más oscuro y la distancia entre los ojos es diferente, pero en general puedo pasar por uno de ellos que hubiese tenido alguna deformación de nacimiento.

Cuando bajé a la superficie escogí una zona que para ellos es fría pero que para mi percepción de la temperatura es la más benigna, y con suplementos médicos logré compensar el oxígeno.

A los primeros días los pasé en una zona rural, aclimatándome y acostumbrando mis músculos a la gravedad. Ya conocía bastante bien sus costumbres y llevo por supuesto un sistema de ordenador incorporado que me proporciona la información que pueda requerir.

El primer contacto en la campiña fue con un hombre que pasó llevando leña y me miró con el rabillo del ojo, como se observa disimuladamente a los minusválidos o a los seres de otra raza. Nos saludamos cortésmente y me dirigí al poblado.

La evolución de estas gentes se encontraba en el estadio de vida campesina, con granjas y pequeños pueblos donde se agrupaban los artesanos y se realizaba la actividad política. No había ciudades ni un centro mundial, sólo poblados rodeados de establecimientos rurales, y la misma extendida cultura. Lo más inexplicable es que esta etapa de su civilización abarcase todo el planeta, y durase milenios.

Nuestras investigaciones previas habían demostrado que la cultura única se había formado hacía miles de años (tiempo terrestre) y desde entonces no había sufrido ningún cambio significativo. Esto era intrigante, ya que no habíamos hallado algo similar en ninguna galaxia.

Me presenté en el pueblo en un comercio de insumos, saludé al dueño en la forma ceremonial y le pregunté si había trabajo para un hombre saludable. Se conmocionó visiblemente, y con muestras de respeto inquirió el porqué de mi necesidad de trabajo, el porqué de mi soledad, como quien sabe que responder será doloroso, y ya excusándose con el gesto.

Le mentí un incendio en la granja de mis padres y expuse la historia ya preparada para integrarme en la comunidad.

La enorme pena que le provocó el que yo hubiese quedado solo me conmovió. Son unos seres muy emotivos y para ellos, profundamente gregarios, la desgracia que se había abatido sobre mí era inimaginable.

Me mostré afectado. Atento a mis sentimientos, no me interrogó más y me indicó una granja donde podrían adoptarme.

Puede parecer inútil, pero estas observaciones de campo son parte del protocolo de acercamiento a las civilizaciones descubiertas. Es posible que este paso se obvie en el futuro, pues algunos sociólogos han muerto o sufrido violencia en algunas misiones, y los científicos últimamente no tienen demasiado en cuenta nuestros relatos, pero yo disfruté de ser el primero en pisar suelo virgen.

Después de llegar a la granja y llamar a la puerta hube de esperar a ser atendido por el padre. La organización es familiar con una cabeza masculina que funciona como consejero, patrón, educador y sacerdote de dioses lares. A veces conviven dos o más familias, pero el varón principal es el mayor en edad y toma a su cargo a los hermanos con sus hembras y sus hijos.

En esta granja había solamente un grupo familiar, por lo que contaban con habitaciones vacías y la posibilidad de acoger otro integrante.

Desde el primer momento me trataron como uno más. Tuve mi lugar en la mesa, me proporcionaron algunos vestidos evidentemente confeccionados por ellos mismos, pusieron elementos de limpieza a mi alcance.

La vida era perfectamente planificada desde el amanecer al anochecer según las necesidades del trabajo, que estaba distribuido con justicia entre todos los integrantes de la familia. No había peleas, nadie se quejaba, los niños aprendían de los mayores todo lo necesario para la vida cotidiana. Mi personalidad me ha hecho participar de algunas riñas en mi juventud, pero el mecanismo vital de estos seres limaba cualquier aspereza que pudiese dar lugar a una disputa.

No habían tenido guerras desde miles de años atrás, la misma palabra “guerra” no existe aunque puede evocarse el significado al referirse a la quita de malezas, a la limpieza de ciertos parásitos que anidan en los techos y circunstancias de ese tipo.

Anoté las peculiaridades de su cultura, que se van revelando en la convivencia. En líneas generales todo era conocido por el estudio previo, pero mi visión proporcionaba un registro para el futuro de situaciones vitales aún sin influencia de otra cultura como la nuestra.

Estos seres eran vegetarianos, aunque poseen colmillos que evidencian un remoto pasado en el que fueron carnívoros. Buena señal, pues tenemos mucha existencia de ganado pasible de ser comercializada. Su medicina es muy rudimentaria, y nosotros somos productores de un amplio abanico de medicamentos. Utilizan metal pero los yacimientos son casi vírgenes. En suma, era un mercado inexplorado con gran potencial de intercambio.

Yo pertenezco al planeta tierra, donde mi especie inteligente en pleno estadio de formación logró exterminar a otros homínidos que pudiesen presentar batalla por territorio o alimentos. Poseemos una violencia que logró acortar considerablemente las etapas evolutivas, de sociedades primitivas como la de este planeta a una economía feroz de aprovechamiento extenso de recursos. Como en otros planetas, hubo un apocalipsis de guerras internas que acabó con la mayoría de las especies animales y vegetales, dejando relativamente pocos habitantes, un gran nivel tecnológico y la puerta abierta a ser contactados por otra especie inteligente para iniciar el comercio interestelar.

Mientras compartía la mesa de la granja con individuos serenos y afectuosos, imaginaba mi próximo trabajo, consistente en sembrar la semilla de la evolución social. Sería relativamente sencillo pero dadas las condiciones la germinación seguramente tomará más tiempo del estándar.

Según las características de cada especie tenemos diversos protocolos. Aquí la estabilidad se encuentra fundada en la homogeneidad de la cultura, la inexistencia de una religión dependiente de poderes centrales, la atomización de las sociedades en aldeas regidas por una democracia real, la naturaleza pacífica de los individuos. En suma, la absoluta falta de competencia que actúe de movilizador de la historia. Como en algunas antiguas sociedades de mi planeta, carecían de la noción de progreso adhiriendo a un pensamiento cíclico y circular ligado a las estaciones y las cosechas.

Tuve unos días de trabajo quitando malezas, algunas pequeñas felicidades en charlas breves e inocentes con criaturas atávicas, me distraje observando horizontes limpios y un cielo carente de tóxicos, puro y dilatado.

Uno se ablanda un poco y se suele sentir el impulso de dejar el planeta intocado y testigo de una era de la ingenuidad, pero tengo detrás toda una organización de la cual soy apenas una minúscula partícula, y mi plan de acción fue prefigurado de antemano.

Podía introducir la cápsula de veneno de muchas formas. En un equilibrio aparentemente tan firme un solo cambio inclina el plano y todo comienza a rodar y a entrechocarse.

Habría que provocar ese desequilibrio, y ello era posible introduciendo el concepto de progreso, avance con respecto a otros, superación de otras comunidades, recelo por estos otros, envidia de las condiciones distintas y mejores de esos otros, lucha por la consecución de esos bienes o forma de vida envidiable.

Tomé la comunidad que me acogió, les revelé que yo soy de otro planeta y les aseguré que mejoraría su existencia con conocimientos insospechados. En poco tiempo los convencí con algunos prototipos para encantar ingenuos, para lo cual debieron aprender a utilizar algunas herramientas, y para hacer esas herramientas debieron buscar materiales en otras regiones. Esos materiales, como minerales, se encontraban debajo de los cultivos de otras comunidades, por lo que debieron comerciar con ellos, compartir saberes, especializarse.

Sé que pronto surgirán las disputas por el precio de materiales, cosechas, saberes. Habrá escaramuzas, luego guerras, y en unos cuantos siglos el paisaje estará devastado, y las condiciones serán las adecuadas para entrar en el comercio intergaláctico. Los que queden ya no serán ingenuos y tendrán el anhelo de progresar infinitamente.

Miro el campo que ondula en pastizales, respiro el aire puro. Me llevo una imagen preapocalíptica, suspiro y vuelvo a mi nave.

 

*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

LA LUNA EN EL ESPEJO*

 

 

No borres nuestros rostros de la heredad terrestre.

Están. Estarán, grabados en la piedra.

Arraigados, en un ceibal, un camalote, un sauce.

Y te nutren, Y te nombran. Y te llaman.

No necesitas buscar en espejo de aguas.

Busca el camaleón, las algas, la bruma ardiente.

Sabes por ellos que tu huerto huele a mar.

No necesitas saber quién es el hombre que te llama.

Búscalo en el gemido del viento.

En los cartones y en los basurales.

Y te duele la puerta cerrada.

Tapiada de cerrazón y adioses.

De mujeres solas y niños tristes.

Y el pecho se desgarra y el miedo.

Solo tú has de abrirla.

La llave está oxidada y tus manos tiemblan.

Y buscas una señal, una bengala un beso.

Todo se deshace, como un sueño,

La miga del pan. El deseo, Las bridas.

Y cruzas ciegamente el vacío y el abismo.

Y la bestia te persigue con sus fauces abiertas.

Un terror del que ignoras su nombre.

Y te ahogas una y otra vez y otra.

Hasta que abres la puerta de tus miedos.

Y vuelves a la hormiga y la cigarra,

 Y encuentras la cuna y el milagro.

La rosa de los vientos y el molino.

Y entiendes.

Hay que mirar el revés de la luna en el espejo.

La luna en el espejo, al revés.

 

*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@gmail.com

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Desde las profundidades de la noche*

 

 

Desde las profundidades de la noche

surgimos como un sueño sin banderas.

Resucitados y anhelantes

resolvimos prendernos en el viento

y atravesar las nubes tormentosas

que amenazaban, negras, nuestro sueño.

A un horizonte inmenso nuestros ojos volaron;

como locas gaviotas errantes planeábamos,

pero eran nuestros títeres los que se arracimaban

en la alegre cubierta de un barco que zarpaba.

Toda costa escondía una sorda presencia.

Siempre creímos que el mar nos salvaría

pero el mar resultó una pantomima,

una niebla poblada de fantasmas

que a nadie revelaron su secreto.

Y llegaremos, si llegamos algún día,

a ese horizonte que nos prometieron,

sólo para descubrir, horrorizados,

una tierra en tinieblas, una vasta penumbra,

un hostil territorio que a nadie da cobijo,

una noche terrible sin velas ni azucenas,

un pábilo extinguido sin ventanas ni estrellas.

 

 

*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com

-De Destierro

 

 

 

 

 





 

 

 

 

EL CAMINO INEVITABLE*

 

 

Puede ser que sea ésta una situación injusta, probablemente seamos todos humanos y debiésemos tener todos las mismas oportunidades, pero ya es tarde, definitiva e irremediablemente tarde.

Consideramos que el tiempo y la evolución condujeron a esta situación, que la cadena de acontecimientos era un destino, que con la modernidad se disparó una fatal aceleración histórica que cumplió etapas que vistas desde aquí se presentan como inevitables. Algunos piensan que todo estaba prefigurado desde mucho antes, que quizás e inclusive nuestra propia genética no permitía otra cosa que este desenlace. No lo sé, y las disquisiciones al respecto son totalmente inútiles.

A lo largo de las centurias se fue creando una notoria división entre privilegiados y plebe. Esta separación no era tan clara cuando existían diferentes países, distintas etnias. Muchos siglos hubo de convivencia donde ricos y pobres se mezclaban, fluctuaban, eran culturalmente distintos pero de alguna forma intercambiables.

Fue después de la irrupción de la descontrolada tecnología cuando empezamos a diferir de forma tan radical que físicamente no somos ya la misma raza. Existió mucho tiempo el error de considerar como razas de seres humanos a la gente agrupándolos según el color de piel; la amarilla, negra, la blanca. Claro está que el ser humano es una sola raza, o lo era.

Sólo los ricos pudieron manejar la genética de sus hijos, y acabamos siendo todos perfectos. Todos los ricos, que no solamente fuimos incrementando nuestra inteligencia sino nuestra excelencia física, y con estas invaluables ventajas la brecha entre nosotros y ellos se fue haciendo desmedida e infranqueable. Luego vino la conexión entre nosotros a través de un sistema intracorporal, con la constante posibilidad de recurrir a la red instalada en nuestros cerebros. Todos los saberes aquí, cada cuerpo bello y sano parte de un saber totalizado.

Hubo que organizar grandes purgas en los últimos años de la convivencia. Sé que fue muy discutido y que algunos de nosotros no estuvieron de acuerdo, pero finalmente se hizo. Las guerras impulsadas con el solo fin de reducir poblaciones, algunas enfermedades que se cebaron en las barriadas miserables, y finalmente la esterilización para dejar un número manejable y útil de sirvientes. No los llamamos así, eso sería despectivo. Les decimos ayudantes o trabajadores.

En este momento ya hemos recuperado el ecosistema del planeta casi a niveles prehumanos, y la población se reduce cada vez más pues no tenemos necesidad de grandes comunidades. La tecnologización de todas las actividades no requiere de demasiados trabajadores. No alentamos entonces tampoco la natalidad de los ayudantes.

Yo vivo en mi propio espacio desde hace cien años. Me mantengo en contacto con otros humanos a través de la red, pero contando con toda la música, toda la literatura y toda la ciencia en la propia cabeza, no utilizo demasiado la comunicación con otras personas, sino la interconexión de datos.

Me da miedo la muerte, todavía puedo vivir un buen número de años pero morir es inevitable. Creo que ese pensamiento se me ha ido instalando últimamente, y me ha producido el extraño deseo de encontrarme con otro ser humano. Reunirme con otra persona, realmente qué extraño deseo ya que puedo contactar a cualquiera instantáneamente. Pero algo me insta a moverme físicamente a través del espacio natural en una especie de aventura.

Mi perfección física será puesta a prueba nuevamente. Recuerdo que antes nadaba en mi piscina, trotaba por los extensos jardines, danzaba con la música que sonaba clara y gozosa en mi cerebro. Hace mucho, hace cuánto.

Ahora que lo pienso, las últimas décadas fui cayendo en una introspección y reduje todas mis actividades a lo virtual. Me dediqué bastante a la filosofía y la música, recostado en este lecho donde vivo alimentado por fluidos. Hace mucho que no como con mis dientes, saboreando con mi lengua y oliendo con mi nariz. He recreado sabores y olores virtualmente, gustando todo lo almacenado en la red. Hace cuánto que no toco con mis dedos reales un trozo de comida. Hace mucho, pero cuánto.

Me fui confinando a la virtualidad, transcurriendo mis jornadas dentro de mi propio cerebro, viajando por las conexiones etéreas de una red invisible de datos. 

Abro los ojos. Veo el cuarto donde me encuentro y es igual al que veo con las cámaras de la red en mi mente. Me tranquilizo. No puedo levantarme.

He perdido toda a musculatura, me duele cualquier intento de movimiento. He sido descuidado. Me espera una larga recuperación.

Llamo por la red un ayudante. Destrabo las cerraduras. Tengo todos los conocimientos médicos necesarios para rehabilitarme, pero necesito un trabajador que realice algunas acciones por mí.

Lo veo entrar por el parque, es un hombre joven vestido de azul. Escucho sus pasos que se acercan por la casa hasta el cuarto donde me encuentro. Llega junto a mí, me mira y ya puedo seguirlo con mis propios ojos. Es tan extraño sentir cómo huele a animal, a humedad, a algo como grasa o aceite.

No puedo usar la garganta aún, mis labios se han pegado, así que uso los altavoces conectados a la red y le doy las primeras órdenes. Le digo que me desconecte de la máquina de alimentación y se prepare para llevarme a la habitación médica.

Olvido la estupidez de estos seres. El trabajador me mira sin comprender mis órdenes. Ha desconectado la máquina de alimentación, pero allí se queda, mirándome yacente en mi lecho.

Le hablo desde el equipo sonoro con paciencia, utilizando palabras sencillas y con lentitud. Lo veo desde abajo, con mis ojos, pero a la vez lo veo de atrás parado frente a mí y la imagen de mí mismo acostado utilizando la camarita del techo.

Me comunico con el resto de las personas perfectas, de los reales humanos que estamos en nuestras casas distribuidos por el mundo. Todos yacen en sus lechos, todos han pasado los últimos años en la somnolienta vida de la red.

El trabajador, lo veo por la camarita del techo, sostiene un tubo de hierro con las manos en la espalda. Alcanzo a pensar que quizás estamos cumpliendo el destino humano y que es tarde, irremediablemente tarde.

 

 *De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

 

 








 

 

 

Poesía en el lado oscuro de la luna*

 

 

Cuando llegué a la luna, abrí mi valija y saqué las pocas cosas

que necesitaba para pasar esos días

creyendo que podían convertirse

en una buena oportunidad para hacer cosas postergadas:

el libro de Chéjov sin terminar

el álbum de fotos que no miraba hace tiempo

el avioncito para armar que mi padre me había traído

de uno de sus viajes

y yo dejé sin tocar desde mi niñez, el cubo de Rubik

para intentar resolverlo y un cuaderno para escribir poesía.

 

Ahora que volví a la tierra veo a todos estos objetos

junto a mí, en el banco de siempre en la plaza

el libro de Chéjov, el álbum de fotos, el avioncito armado

y el cubo de Rubik sin resolver.

 

Estaban todos, salvo el cuaderno que olvidé

en su única página escrita hay un poema

que ahora gravita sobre un cráter

en el lado oscuro de la luna.

 

 

*De Andrés Bohoslavsky. vladimirbeat@yahoo.com.ar

-Medianoche en la plaza de los sueños y otros poemas, Buenos Aires, Leviatán, 2021.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA INTEMPERIE REGADA DE ESTRELLAS*

 

“No saber de uno mismo; eso es vivir. Saber mal de uno mismo, eso es pensar.”

Fernando Pessoa

-Del Libro del desasosiego. -

 

Caminábamos de la mano por la calle peatonal de su ciudad, hoy lejana para mí. Era invierno y de madrugada, íbamos como suspendidos en el aire. La noche estaba estrellada y limpia, por momentos parecía que el cielo se derrumbaba y las estrellas estaban ahí nomás, como al alcance de una mano extendida.

Estábamos solos en la calle o al menos sentíamos que éramos los únicos seres presentes en ese momento tan único y tan frágil a la vez. Una pareja que buscaba una casa, para resguardarse de un frío polar.

Y ahí aparecieron las preguntas sin respuesta sencilla. ¿Qué hacía allí lejos de mi pueblo con ella? ¿Qué era aquello tan fuerte que nos unía? ¿Era el amor o la devastación de la vida antigua la que nos dejaba unidos en esa intemperie regada de estrellas?

Pensé en la intemperie como algo primitivo: una pareja se refugia de temores y amenazas bien reales. Buscar una caverna. Encender el fuego. Abrazarse. Cubrirse con pieles. El mundo era ese ínfimo presente, la idea de la presencia del pasado en sus vidas no tenía sentido. El futuro por definición no existía. Solo ese presente.

Después llegaron trabajosamente los descubrimientos. Los seres que viven su realidad en un escenario interno que llevan consigo, en una neurosis que los protege y limita a la vez. Su propia caverna con el rugido de sus ancestros dinosaurios por si no alcanzara con los miedos reales de la jungla social.

En eso estaba, bien perdido en pensamientos sin solución, cuando llegamos a su casa.

Y antes o después del cariño físico, Laura trajo las pantuflas de su ex marido para que no se enfriaran mis pies en el camino al baño.

 

*De Eduardo Francisco Coiro.

https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar

 

 

 



 

 

 

*

 

“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio”.

 

*Alejandra Pizarnik.

 

 

 

 

 

Inventren

https://inventren.blogspot.com.ar/

 

 


 

El Reynoso*

 

 

El arquitecto Jerome Klepka es un hombre viejo. Ha dirigido muchas obras. Ha visto desfilar delante de su mirada a verdaderos personajes entre los albañiles y gremios que trabajaban en sus obras.

Mira el recorrido del ferrocarril Provincial, buscando el principio del hilo del cual tira la memoria para recuperar lo remoto. Se detiene en la Estación Emiliano Reynoso.

 “El Reynoso”. Reynoso era el apellido del peón que se convirtió en una leyenda que circuló por años en las obras. Cada tanto cuando le tocaba compartir un almuerzo con los obreros, alguien contaba la historia, modificada con el suspenso que les imprimen los Cuentacuentos a sus narraciones.

Los albañiles son excelentes narradores de historias propias y ajenas. 

“Fuimos un pueblo alegre” –se dice sin profundizar. 

Aquella obra era una casa de campo que quedaba en el medio del campo y no era una metáfora. El campito quedaba a un par de kilómetros de la ruta y a unos 300 metros del apeadero del ferrocarril, se llegaba por una huella que se hacía intransitable con una lluvia copiosa. Unas pocas casas perdidas. Un solo vecino con el que se compartía el alambrado y una línea de eucaliptos altos a los fondos.

Para comprar cigarrillos o comida había que ir hasta la ruta. Un solo corralón de materiales “El cóndor” atendido por hermanos del apellido inolvidable, los “Cucurulo”.

Costó encontrar un equipo de albañiles que estuvieran dispuestos a viajar horas en tren para llegar hasta el fin del mundo.

Los albañiles trajeron al Reynoso, un correntino fuerte que además de peonar en la jornada laboral acepto quedarse como sereno en el medio de la nada.

Armamos un obrador con chapas bastante grande, una parte se dividió para que sea el dormitorio del Reynoso. Además del catre, ropa y unas pocas cosas el hombre había traído un pequeño altar caserito del gauchito Gil. 

El Reynoso hacía las compras para el asado. Llevaba los pedidos de materiales al corralón donde teníamos cuenta corriente. En esa época no existían los teléfonos celulares. Un día, Reynoso avisó que le regalaron una mascota.

-Le puse “Tingui” dijo. Del gato de Reynoso nos olvidamos enseguida, al hombre se lo vio comprar botellas de leche, juntar los huesos del asado o comprar hueso con carne para el animalito. La mascota se quedaba dentro de un sector bien alambrado pero agreste que ni siquiera fue desmalezado. La única entrada era la puerta del fondo del obrador – casa del sereno.

Esa zona del campito en la que no trabajábamos era de unas tres hectáreas. El proyecto contemplaba más adelante construir allí una amplia pileta de natación, un quincho, parquizar.

En esa mañana de enero había un calor demencial. Era una visita de rutina a una obra que ya estaba en etapa de terminación, estaban los pintores, los albañiles y el Reynoso que recién había vuelto de comprar las provisiones para el mediodía en los comercios de la ruta.

Fue todo muy rápido, como suele ser con los hechos que marcan la memoria para siempre. Escuchamos tiros. Algunos nos silbaron por encima de nuestras cabezas. Uno de los pintores se tiró desde la escalera al piso. Se escuchó un lamento de animal grande, un ronquido doloroso desde el pastizal. Luego escuchamos el grito que pretendía emular al del Tarzán de Johnny Weissmüller. Ahí ubicamos al tipo trepado al eucalipto blandiendo una carabina con gesto triunfal. No habíamos salido de la sorpresa cuando vimos al Reynoso trepar como un gato al árbol. Sujetó al hombre, lo bajó. Desde el piso con el Reynoso golpeándolo ese hombre ya no gritaba como Tarzán sino que pedía auxilio, perdón… 

Los albañiles salieron disparados, cruzaron el alambrado, lograron sacarle al Reynoso el cuchillo antes que lo sacara del cinto, creo que lo iba a degollar como a un cordero.

Fue por esto que supimos que ese vecino era el cuatrero furtivo que asolaba varios campos de Saladillo. La noticia podría haber salido en los diarios, pero no fue así: el dueño del campo que construía su casa era un empresario exportador de lana que compró un acuerdo de silencio: nadie diría ni una palabra, no habría denuncias policiales. Supe que el acuerdo incluía comprarle la chacra al imitador de Tarzán un precio increíble con tal de no tener a un delincuente chiflado cerca. Reynoso iría a una obra recién empezada que teníamos en Barracas.

A la mascota la enterramos en los fondos del terreno. Reynoso que era un hombre grande lloraba como un niño. Se había puesto las mejores ropas con un pañuelo colorado anudado al cuello. Le habían matado a la única compañía que había tenido durante casi dos años en la soledad de ese paraje perdido en la pampa. Ahí nos enteramos de una habilidad de su mascota: como un perrito amaestrado traía en su boca una piedra que colocaba sobre su alpargata, El Reynoso daba la patada con fuerza, Tingui atrapaba la piedra en el aire o la buscaba entre los pastos hasta traerla de vuelta a los pies del hombre.

20 años después en una obra ubicada en el barrio de Núñez. Cuando todavía existía el asado. En una sobremesa, el capataz santiagueño volvió a contar una historia del Reynoso que había escuchado tiempo atrás en otra obra. Esta versión era diferente que aquellos hechos de los que fue testigo en su obra. El vecino –ya no era cuatrero sino un drogadicto- había ahorcado al gato del sereno. El Reynoso trenzado en lucha lo había degollado sin piedad.

 

No dijo nada. Se limitó a escuchar.

Lo del tigre de Bengala jamás lo hubieran creído.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial.

-Próxima estación:

 

 

FUNKE.

 

 

LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO. 

LOMA VERDE.    ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.

GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.

ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA. 

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.

 INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA. GOBERNADOR GARCIA.

 

LA PLATA.

 

 

 

 

 

InventivaSocial

Plaza virtual de escritura

-Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog histórico & archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/


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