*Foto de Maria Rapela. @maria_rapela_artviewer
-Retrato de Esther Andradi en su libro de microficciones LUCES DEL CENTRO. Macedonia Ediciones 2026.
A DESALAMBRAR*
La ardilla siembra y yo cosecho, podría ser
el título.
La ardilla entierra semillas que encuentra
por ahí, y al final del invierno germina un roble, germina un arce, germina una
gramilla.
Mis plantas, señoras de buena familia,
desprecian a estas recién llegadas, nómadas, pibas en tránsito, busconas de la
mejor tierra del mundo, arañando - asilo -comprensión – nutrición - casa -
comida, en este orden de propiedad privada.
La tierra de quien la hereda- afirman las
chicas burguesas engordando el espacio.
Pero no: la tierra es de la semilla, dice
la ardilla.
Y siembra.
*Esther Andradi. esther@andradi.de
-De LUCES
DEL CENTRO. Macedonia Ediciones. 2026
UNA FUERZA QUE PERSISTE COMO LA GRAMA.
-Textos de
Esther Andradi.
DEL TOMATE*
Cuando desperté, la planta de tomate estaba aplastada, los gajos por el suelo, sus hojas fruncidas, en estado de shock. La tierra reseca, el sol de punta. La tomé en mis brazos y la llevé al reparo mientras regaba frescas gotas de agua sobre su cabeza. La dejé a la sombra y al rato volvió a sus bríos, verde y lozana. Me parece mentira. Hace dos meses nomás eran tomates deliciosos que probé un mediodía de primavera.
Sequé las semillas sobre una hoja de papel, después las puse en tierra. Y ellas comenzaron a garabatear su historia, lentamente, emergiendo desde una dicotiledónea que hizo sus primeras letras hace unos cuántos siglos en algún lugar de México.
Xitomatl la bautizaron en nahuatl. Desde entonces anda por el mundo con su identidad redonda y roja, sus dulces jugos, su increíble capacidad de sobreviviencia frente a injertos, clones, manipulaciones genéticas, jardines artificiales. Nada de reducciones, ella disfruta de su diversidad.
Mis reverencias para vos, madre tomate.
*de LUCES
DEL CENTRO. Macedonia Ediciones. 2026
AL
ESTE DEL PARAÍSO*
Argentina es el lugar del paraíso.
No uno sino muchos paraísos. Durante mi
infancia los veía florecer en las calles de mi pueblo marcando el inicio de la
primavera.
Años más tarde, cuando vivía en la calle
Carbajal en Buenos Aires, enfrente de la casa había un paraíso moribundo.
Miserable pero verde.
Agonizaba entre el cariño de los gatos
vagabundos del barrio, y la poca o nada agua en tiempos de sequía. Cuando llegaba
la primavera se alborotaba con nuevos brotes, como una vieja dama digna.
Una tarde de verano salí a la calle y el
paraíso estaba envuelto en llamas. No lo pensé ni un momento y comencé a cargar
baldes de agua, que arrojaba uno tras otro sobre el paraíso ardiente.
Los de la mansión venida a menos, a quien
pertenecía el árbol, se asomaron al balcón para mirarme. Y yo seguía cargando
baldes hasta que no pude más.
El paraíso quedó chamuscado.
Alguien lo arrancó por la noche y al día
siguiente en su lugar sólo había un hueco. Como una muela removida, en esa
esquina sin raíces, murió el paraíso.
Mi voluntad no alcanzó para salvarlo.
-De Microcósmicas,
Macedonia Ediciones, Argentina 2015, 2017
ON THE ROCKS*
El dolor se tragó mis
ideas, mis proyectos, mis locuras.
En su lugar quedó un hueco, una cala donde el mar se acomoda por las noches, despacio. Cuando hay luna, descontrolado, sube a buscarla.
Entonces, me despierta
una sirena.
*de LUCES
DEL CENTRO. Macedonia Ediciones. 2026
MIGRANTES*
Tenía un rocoto en la heladera, ya
comenzado.
Cuando corto un trozo para echarle al guiso
que estoy haciendo, salta una arañita. Pequeña. Muy lista, valiente, y me hace
frente. Es decir, no corre ni se hace la muerta, no huye, está ahí, sobre la
mesada de la cocina, mirándome, como si me conociera. Interpelándome con sus
bracitos en jarra: - “Esta era mi casa, ¿adónde te creés que voy a vivir ahora?”
La entiendo perfectamente. Si estaba en la
heladera es porque le gusta el frío. Entonces tomo un gajo del abeto que está
en el tiesto de la ventana. Ella lee mi intención.
Y se cuelga de la rama nevada.
Ella también está en el aire.
*De LUCES
DEL CENTRO. Macedonia Ediciones. 2026
AGUA VA*
En el mar del vientre, todos somos viajeros
y migrantes. Del útero al
mundo, del mundo a la tierra, vamos pasando
las estaciones de
elemento en elemento. Del agua al aire, del
aire al fuego, de ahí a la
tierra y viceversa. Así infinitamente.
Desterrados, desuterados, con la
nostalgia de un mar que nos contuvo en la
cuna, vamos por el mundo
añorando raíces. Pero el agua no tiene donde aferrarse: hay que
dejarse llevar con su devaneo.
*De Microcósmicas.
Macedonia Ediciones, 2015, 2017)
RAÍZ
DICKINSON*
La guerra, otra vez la guerra.
Cuántas van, y siempre el mismo esquema.
Un país invade, otro que se defiende,
soldados y coroneles por la patria, madres que lloran, niños que mueren, bombas
que estallan, escombros por donde mires, dolor sin límites.
La muerte está de cosecha.
Y yo me hundo en el Herbario de Emily.
Crece vida, crece.
*de LUCES
DEL CENTRO. Macedonia Ediciones. 2026
FRONTERIZA*
Bésame, bésame mucho…
Corro, de un lado para el otro y estoy
siempre en el mismo lugar.
Me siento al escritorio y no puedo estarme
quieta.
Mis glándulas gritan, se ensanchan,
muerden.
Mis pies se agitan, mis manos se paralizan.
Sonido de grillos en los oídos, la lengua
pesada adherida al paladar
bloquea la palabra.
Todo el cuerpo bajo presión:
una locomotora se asienta en los tobillos,
empeñada en tomar el
control. En pocos minutos voy a evaporarme.
Morirá esa criatura célebre por sus
extravagancias y su aire pretencioso.
En su lugar nacerá una hiena, un sapo, una
medusa, que guay con mirarla.
-De Microcósmicas,
Macedonia Ediciones. 2015, 2017
REQUIEM
POR RIOBAMBA*
Esa casa de la calle Riobamba era
prefabricada, una miniatura.
En esa casa escribía en el armario. Un
espacio entre el baño, la cocina y el dormitorio, que se abría para escribir y
se cerraba para guardar.
Era el antecedente del archivo digital,
pero entonces yo no lo sabía.
Tipeaba por las noches, culpable por
molestar, por no compartir el lecho, por la luz encendida. En esa casa me
embaracé, sufrí mi primera pérdida, y los espasmos se fueron sólo cuando
permití que la sangre arrasara con todo.
En esa casa pinté lila y blanco los muebles
del dormitorio, la alacena verde y amarilla, los muros rosados.
En esa casa fui joven y tuve tres perros:
Violeta, Zorba, Bakunin.
A Violeta la atropellaron y debí entregarla
al veterinario para su sacrificio. Todavía hoy, cuando siento pena, me
acarician sus ojos dulces.
Zorba huyó del estruendo del año nuevo.
Bakunín se quedó hasta la muerte.
Cuidando el lugar de quien no volvería.
Yo.
Miedos, utopías, nacimiento y muerte, la
revolución, el amor:
la ascensión del Chimborazo.
Todo permaneció intacto en esa casa que
esta noche me visitó en sueños, envuelta en celofán, como un regalo de Christo,
anexada a mi vida hasta el fin del mundo.
*Hispamérica Nro 137, 2017
METAMORFOSIS*
Ahora soy una hierba doméstica. Pero supe ser salvaje. Orgías fueron aquellas: no te puedo explicar la de bichos que entonces se balancearon entre mis lianas.
Nada que ver con el perejil en que me he convertido.
-De "Microcósmicas",
Macedonia Ediciones, 2015, 2017
LA
GRAMA ENCUBIERTA*
O una versión personal
del "pastito interior"
Mi abuelo el árabe llegó a Argentina sin
conocer una palabra de castellano. Dicen las lenguas familiares que en Buenos
Aires sus paisanos le dieron una maleta con artículos para vender, que él tiró
por ahí, porque le avergonzaba su español insuficiente, y siguiendo las vías
del ferrocarril llegó a una colonia de inmigrantes donde iba a conocer a mi
abuela. La colonia se llamaba Nuevo Torino, de modo que el castellano por
cierto tampoco era su fuerte. Mi abuelo se bastó con una mandolina para
enamorar a las mujeres, y todavía hoy no hay hombres en la colonia que no hayan
oído hablar del lenguaje de sus brazos, sea para la dura faena del campo o para
la pelea, que ganas no le faltaban al árabe, ni susto le daban ni una ni otra.
De esa mixtura piamontesa y árabe, dialecto de Oms, nació mi padre y sus diez
hermanos, a la sazón los tíos de mi infancia, de las fiestas de la yerra y de
los chistes verdes en piamontés. Porque fue la abuela quien legó su lengua a la
familia, mientras el abuelo relegaba su idioma y enterraba la nostalgia.
Mi abuelo el anarco-sindicalista llegó de
Turín siendo un niño, y la leyenda familiar cuenta que todos servían al rey, y
habla de caballos blancos y negros ornados para los desfiles de una pompa, que
en las pampas argentinas de esos años, sin asfalto ni agua corriente ni
electricidad, sonaban como a historias de aparecidos de cualquier otro planeta.
Lo conocí poco, con su altura desorbitante, su blancura casi lunar y sus
anteojos de hombre que parecía destinado a actividades del espíritu.
Murió cuando yo todavía era una niña, pero
me legó su olor. En los fondos de la casa de la abuela, que hoy ya no existe,
estaba la piecita del tesoro que yo visitaba a la hora de la siesta: la abuela
guardaba allí los recuerdos de su esposo. En medio de alcanfor y naftalina
sobresalía el olor de las revistas, a papel viejo y fotos de colores, que en
una época sin televisión acaso alguien pueda comprender la fascinación que
ejercían en una niña. Revistas políticas, fotos de los compañeros en el
sindicato, recortes de periódicos antiguos, todo se remozaba en los cajones de
la cómoda de la piecita, donde también se guardaba el yunque de mi abuelo, que
era metalúrgico y como tal, comandó más de una huelga y uno que otro sindicato.
La relación entre la abuela con ínfulas aristocráticas y el abuelo anarco
provocó la ira patriarcal y la expulsión de la bella Teresa del paraíso
familiar. De esa catástrofe nacería mamá y los seis tíos por vía materna. Con
todo, la desheredada y el político legaron a sus hijos el dialecto italiano
dizque del rey.
Ni qué decir que con esta historia de
mezclas y de pérdidas, siendo niña me cuidaba muy bien de pronunciar cualquier
palabra que no fuera típicamente “argentina”, si es que algo así existe. El
sistema de lenguaje familiar de la infancia era precopernicano: el
castellano-argentino era el centro del mundo y aquel que no lo hablase
correctamente, merecía el destierro, y la repetición del año escolar, para más
humillación. Los demás mundos eran satélites imperfectos cuya vida dependía del
idioma oficial. Sin embargo, este idioma era una suerte de castillo, que por
acción de los puentes levadizos de los demás idiomas, podía quedar protegido
como también aislado de la vida. En otras palabras, cuando mis padres
comentaban sus secretos hablaban el idioma periférico. Igual que mi abuelo el
árabe, que de tanto en tanto se refugiaba en el jeroglífico con sus paisanos
condenando a la abuela María al silencio. El idioma entonces era puente y puerta,
así como la periferia podía ser a la vez centro y viceversa, en un movimiento
continuo de relaciones, atracciones y oposiciones. Pero eso se me iba a revelar
mucho más tarde.
Porque ese universo de mi infancia
permaneció encubierto durante años, hasta el encuentro con el idioma alemán.
Idioma que, como se sabe, nada tiene que ver con el árabe ni con el piamontés y
tampoco con el castellano. En Alemania no sólo el idioma hablado era diferente.
Hasta las interjecciones, el idioma gutural de la infancia, venía en otro
envase. Así, por ejemplo, los amigos alemanes decían "Ajjj" para
expresar la belleza, cuando todo el mundo sabe que en castellano argentino
"ajco" -asco- se "dice" con jota. Pero "asco",
según el idioma del nuevo mundo se expresaba con una interjección que suena más
o menos así:
"iii-guet-iii-guet"... algo que a
mí no me decía nada. Y en cuestiones de vida o muerte, si yo decía
"ay", para expresar mi dolor, el otro pensaba que se trataba de un
juego, porque el "ay" de ellos es "aua", y así hasta el
infinito.
¿Qué hacer frente a tamaña diferencia?
¿Refugiarme en el exilio interior o dejar que me lavasen el cerebro? Como mi
abuelo el árabe, abrí mis puertas al nuevo sistema solar que se me ofrecía, y
me metí de lleno a aprender el idioma, a disfrutar de su sonido, a irritarme
con sus incontinencias, a rebelarme con sus diferencias. El riesgo que ofrecía
tamaña aventura no me era desconocido. En cualquier momento corría el peligro
de ser tragada por el agujero negro teutón, y adiós pampa mía. Pero también
tenía la posibilidad de ganar un universo que se conjugara con el mío, y que en
el espacio sideral ambos pudiesen convergir y moverse con la distancia que
permite la atracción pero no la deglución. Juntos pero no mezclados, como se
dice en criollo.
De esa relación contradictoria, tortuosa y
por cierto alterada por no pocas desesperaciones y dolores, he ido ganando poco
a poco profundidad en el universo de mi mundo de idiomas maternos, los
hablados, los callados, los gestuales, y podría decir que a la larga el
resultado no deja de ser satisfactorio, aunque de vez en cuando suele
arrebatarme la tentación de refugiarme en el castillo y levantar los puentes.
¡Como si el aceptar el nuevo universo fuese cosa a estas alturas de mi
voluntad!
Lo único inquietante de toda esta historia
es, que mientras gano en profundidad, mientras me sumerjo en el origen y el
nombre de las cosas en mi idioma original, buscando la raíz y dejando de lado
la espontaneidad y la presunta inocencia del idioma materno, me suele asaltar
la nostalgia por la extensión, privilegio que conservan los que viven en el
idioma. Quiero decir, que mientras estoy en el castillo alemán, el castellano
se me manifiesta con la contundencia del nombre, con la fuerza de lo esencial,
de lo originario/original, con la insistencia con que suelen expresarse las
periferias. Y por cierto, la nostalgia de perderse en la infinita pampa del
lenguaje colectivo, coloquial, vital, permanente, en el que nadan los que están
allá, se hace especialmente patente, apenas me rozo con ese lenguaje, sea en el
encuentro con el viajero recién llegado de aquellas tierras o en un viaje hacia
allá, donde me alcanzan las nuevas palabras. Entonces, por un instante, me baño
en el mar del idioma vivo de esos días. Y gracias a la exaltación, se refuerzan
en mi alma los giros oídos en la niñez, las risas paternas, los chistes verdes
en piamontés, las protestas y ordenanzas e inventos de palabras de esa familia,
que un día asumió el castellano-argentino. Pero que a la vez, en un pacto
secreto, en sus valijas deshechas, en sus bártulos desarmados, en la nostalgia
de un universo que no se resignaba a perder, guardó sus vocales e
interjecciones, sus ayes y sus peros, por si alguno de sus descendientes,
estimulado por el dolor de la opción, las recuperase algún día. Entonces,
descubriría que no hay centro ni periferia que dure cien años, ni gramática y
corazón que lo resista. Que hay una fuerza que persiste como la grama, que
sigue creciendo bajo la tierra recién removida.
*1993. En
antologías español, alemán, inglés.
CABRAS*
Rompieron las cercas, derrumbaron los muros, desmontaron las jaulas, transgredieron el orden y huyeron hacia el monte. Zumbando por los potreros descubrieron que no todo campo es orégano.
Qué dicha.
-De Microcósmicas.
Macedonia Ediciones, 2015, 2017
Esther Andradi*
http://www.andradi.de/es/startseite/
-Nació en Ataliva, Argentina, y en 1975
emigró al Perú, donde publicó su primer libro sobre la situación de las
mujeres. En 1983 se radicó en Berlín (Occidental), en 1995 se mudó a Buenos
Aires y desde 2003 vive y escribe entre ambas ciudades. Publicó crónica,
ensayo, poesía, microficción, cuento y novela. Sus relatos forman parte de
numerosas antologías en diferentes países y lenguas. Sus crónicas sobre
cultura, memoria y migración se publican en diversos medios de América, España
y Alemania. Tradujo la poesía de la poeta alemana negra May Ayim al español. Editó la antología Vivir en otra lengua, pionera en la construcción de un espacio para
la literatura latinoamericana que se escribe fuera de las fronteras de los
países de origen.
Ha sido traducida a otros idiomas,
últimamente al griego. Sus ensayos reunidos en La lengua de viaje completan su trilogía berlinesa, junto con la
novela Berlín es un cuento y el
reportaje literario Mi Berlín. Crónicas
de una ciudad mutante. (Mirada Malva, Granada, 2015)
La editorial Equidistancias acaba de
publicar ANDANTE, una antología
personal de su poesía. Luces del centro,
su más reciente libro de microficciones, es novedad literaria de Macedonia
Ediciones, la editorial argentina especializada en la brevedad.
*Fuente bio: https://www.omni-bus.com/n82/Esther%20Andradi.html
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
L *
Llegué a la estación
cuando estaba cayendo el sol. Restos de comida esparcidos por el piso, paquetes
de basura, botellas de plástico vacías testimoniaban que antes alguien había
estado allí. ¿Fue acaso muy concurrida? ¿Hubo una feria? ¿Autitos de juguete?
¿Una niña corriendo a los brazos de su madre? ¿Castillos en el aire?
Todo eso hubo y más,
que no vi, porque llegué cuando el tren había partido. Lo adiviné diluyéndose
en el horizonte, mientras el andén se volvía gris, el monte se hacía cargo de
los rieles, las vías eran lentamente abrazadas por la maleza. Y dejé que la
hierba creciera en mí.
*De Esther
Andradi. esther@andradi.de
-De su libro Sobre Vivientes
-Simurg Buenos Aires 2001.
-teamArt Zurich 2004.
-Próxima
estación:
LOMA VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
InventivaSocial
Plaza virtual de
escritura
-Editor
responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog histórico
& archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

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