Tuesday, January 21, 2020

EDICIÓN ENERO 2020.




*Foto de Mercedes Araujo.









*



Escribime en la punta de la lengua, mordeme la comisura del labio y debajo de la oreja, escribime en todo mi cuello y bajá hasta mis hombros, ahí escribí largamente, dando vueltas, arabescos de letras iluminadas, bajá por mis brazos, quiero sentir tu boca deslizarse, susurrando con la lengua húmeda lo que no puedo oír, pero siento, me hablás directo a los poros y entonces vas a todo lo que circula dentro de mí, directo a mi sangre y te siento en las plantas de mis pies y en la coronilla, desde ahí mi pelo se alborota, empieza a buscar el contacto de tu piel, se cuela por ahí, por allá, escribime, porque no sé todavía cómo decir que hay burbujas en mis oídos, como si una efervescencia me tomara, me llevara fuera del piso, no lo toco, solo estoy flotando, y nos movemos así, flotamos en una ciudad que es despiadada, pero la veo repleta de de rosas chinas, verde brillante, olor a jazmín y tilo. Escribime.




*De Karina Macció.
#km2020 #fragmento #poesia #escritura #amor




-Karina es licenciada y profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, especializada en Literatura Argentina y Latinoamericana. Enseña Semiología en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. Ha creado y dirige Siempre de Viaje Literatura en Progreso (2005), espacio de talleres de lectura y escritura, y Viajera (2008), editorial dedicada a la literatura contemporánea con especial énfasis en la poesía. Se desempeña como editora, traductora y gestora cultural, produciendo eventos literarios y artísticos en Buenos Aires y realizando intercambios en el país y el mundo.

Ha publicado Pupilas Estrelladas (Siesta, 1998), Ferina (La Bohemia, 2001), Lestrygonia (Aurelia Rivera, 2003), Impresos en rojo (Gog y Magog, 2006), La pérdida o La perdida (Viajera, 2008), Diario de la Transformación (Viajera, 2011), Mis Peores Poemas de Amor primero en español (Siempre de Viaje Ediciones, 2012), y luego en versión bilingüe My Worst Love Poems por Annie Mc Dermott (Viajera, 2014). En 2015 publicó el primer volumen del proyecto Amarillo (amar y yo), llamado Ocre, por Textos Intrusos, y una reedición ampliada en 2018 por Viajera. En 2016 apareció AmorAtada y se hallan en preparación el volumen tercero Amarr-a-Dos, y un bonus track llamado Dedicatorias.

Además de traducir a distintos poetas del francés y el inglés, hace tres años que junto a Fernanda Restivo y Nocturna Editora, trabaja en la traducción de la obra de Anne Dufourmantelle. En 2018 apareció por primera vez En caso de amor, y ahora se halla traduciendo La inteligencia del sueño.

Macció ha ganado premios y subsidios literarios con varios de sus libros. Sus poemas fueron traducidos al inglés, portugués e italiano, puestos en escena en varias ocasiones, y publicados en diversas antologías nacionales e internacionales. Ha participado de festivales en todo el mundo, como el de Medellín (Colombia), Lima (Perú), Encuentro de Poetas Mujeres (México), Horas de Junio en la Universidad de Sonora (México), Las dos orillas, Montevideo (Uruguay), La marché de la poésie de París (Francia), el encuentro de Poesía y Traducción en la Universidad de Texas A&M (Estados Unidos), y en la Universidad de Calabria, Cosenza (Italia).

La literatura como viaje, traducción y transformación es el corazón de todos sus proyectos.












EL DORADO*



Llego al pobre bar tal como le prometí por teléfono/ y la encuentro sentada frente a una cerveza/ yerta/ como una musa de piedras/ con la misma mirada
en seco/ que Silvia Platt tenía ése pesaroso día/ cuando la angustia tronó/ como tormenta de cristales rotos./ Hablamos sobre sus ángeles y acerca de mis demonios./ Reímos./ También lloramos juntos./ Salió para ir baño/ y volvió trayendo el silencio en sus ojos./



*De Daniel Montoly.











*



Siempre somos pequeños
frente al amor,
frente a la muerte.
Apenas
un asombro
de lado a lado del corazón.
El amor
y la muerte
nos dejan solos,
con las manos tendidas hacia las estrellas.

Nos confirman
eso que supimos siempre:
somos lo diminuto,
lo que se pierde, invisible, en la espesura,
lo bendecido por la mortalidad.



*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com






- Mariana nació en General Belgrano, Provincia de Buenos Aires. Actualmente vive en City Bell.
Publicó: Cuadernos de la breve ceguera  (La Magdalena 2014). Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú, 2015)
La hija del pescador  (La Magdalena, 2016).  Piedras de colores (Proyecto Hybris 2018)
Su último libro publicado es El orden del agua, GPU Ediciones (2019)

-Coordina Microversos, talleres de exploración literaria.



















INGRAVIDEZ*



Escribir pintando, con una paleta de colores en una mano, el pincel en la otra, el lienzo todavía sin trazo. Esa posibilidad absoluta de decir lo que jamás se dijo, lo que no figura en catálogos o lo que ha sido dicho miles de veces pero que necesita una nueva imagen más ajustada a nuestra percepción de época.
Y nada al fin de cuentas, si decir algo es resumir y recortar.
Y qué decir cuando afuera llueve, cuando el espejo es irremediable, cuando los cuandos son todos a contrapelo.
La belleza de los reflejos del agua en un vidrio de cien años, magnífico en sus colores netos, en la sutil complejidad de flores en relieve. Debería ser motivo de dicha. La seguridad de un ambiente cálido con las bruñidas superficies de la costumbre. Qué más requerir a la confusión de lo aleatorio. Nada alcanza hoy cuando la lluvia es el invierno y la absurda desazón de creer que hay una felicidad que podría estar pero se aleja, que debería estar pero a la vez es decepcionantemente ilusoria.
Todos han dejado por escrito y por cantado que la felicidad de uno es el reflejo de los vínculos felices con personas que nos atañen. Y quememos de una vez para siempre los librejos del ámate a ti mismo, que no funciona cuando el espacio está vacío y la puerta tiene llave. Quién soy cuando no ocupo lugar en ninguna vida. Puedo pesar ciento cuarenta kilos, no habrá gravedad que me retenga sobre el suelo.
Caminata sobre la luna.
Escafandras de buzos en la profundidad. Trajes neumáticos.
Esa imposibilidad de contacto con gente que parece estar ahí delante pero que también, esto es así, está protegida de mí por su propio traje de sospechas, entretejido de pasado y de palabras dichas y gestos supuestos y capa sobre capa de su propia atmósfera.
Hoy llueve, los cables hacen perceptible el viento, mi madre escucha abajo y detrás de ventanas cerradas su música compleja. Hoy es invierno y llueve. Hoy no hay remedio para los destinos divergentes fuera de esta vinculación monógama y única, lo poco seguro y estrecho dentro de un mundo absolutamente amenazador. Mi madre y yo, decididas a perdonarnos cualquier agravio, a presuponer buenas intenciones, a sostener las penas de la otra para darnos un respiro con el aire compartido.
Seguiremos intentando mañana o la semana que viene hacer esos esfuerzos por estrechar alguna mano sin guantes. Mientras tanto, la cocina con el trapito debajo de la mesa para la Gutxi es la cueva contra la intemperie, el mate tibio y la tostada cristalizan el punto de reunión a nivel del suelo, el lastre benigno que permite sentir peso y presencia.
Habrán sido demasiado débiles, será que las sogas que até a tantas amarras pecaban de fallas de elaboración. No es la humanidad toda un innumerable conjunto de seres conjurados en contra de una única buena persona. Mi ingravidez me pertenece y debo de haber elaborado constante y eficazmente mi propio traje de astronauta. Qué cosa rara, creo que no me gusta caminar en el aire y sin embargo parece un destino visceralmente propio.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com














SÓLO VIENTO Y CENIZAS.*





Algo ocurrió en la orilla de la angustia.
En el perfil desnudo de la magia.
Algo que engendró en mí una sed oscura.
Que estalló en un enjambre de tizones
y me encendió los sueños.
Como lámparas.
Algo que estableció en mis cicatrices
todo un abecedario de crepúsculos
y pájaros, y lunas hechizadas.
Fue cuando el corazón demente, ciego,
restauró el universo y las fogatas.
Cuando escogió tu risa entre otras risas,
y avasalló con ella la nostalgia.
Y empecinó tu nombre de arrecife
contra oleajes de antiguos espejismos
encabritando el miedo en las entrañas.
Es cierto que tus pieles no fingieron.
Que mis penas jamás te amordazaron.
Que no existieron pactos ni promesas
en tu henchido velamen de palabras.
Pero yo, militante de delirios.
Sobreviviente de íntimos naufragios.
Combatí cada duda. Cada grieta.
Cada asfixia de musgo. Cada lágrima.
Con todos los insomnios en racimo.
Con toda la indulgencia amotinada.
Entonces foresté, con mis colmenas,
tu territorio de guijarro y zarzas.
Diseminé mi polen en tus huellas.
Aluciné en las fauces del azogue,
un cálido follaje de reflejos
por las arquitecturas de las máscaras.
Así fue como obtuve este silencio.
Este botín de harapos, de migajas.
Este amor sin amor. Este sollozo
que saquea mis noches amarillas
y quiebra mi vergüenza a dentelladas.
Así fue como obtuve este despojo
en el que anidan vientos y cenizas.
Este azul simulacro de horizontes
que ha parido el olor de la distancia.
Y la certeza de saber que ahora,
a pesar del esfuerzo y las batallas,
esta torpe parodia de ternura
ya no nos sirve, amado,
para nada.



*De Norma Segades-Manias.
-Del libro El amor sin mordazas.
-Premio Edición Villa de Martorell (Barcelona-España-1992)














Ese árbol.*



Sí, ese árbol habló.
Habló con el murmullo de sus hojas,
-desvanecidas de amarillo-
mientras el otoño trepa en el aire.
Habló con todas las voces que lo habitan
invitando al sosiego de su ramaje extendido;
largos brazos buscando la luz, indicándola,
sugiriendo esa tenacidad que vislumbra un maestro.
Habló en el lenguaje maderamen,
que llena los fogones de quien fuere sin preguntar.
Habló desde la quilla de un bote pescador
desde el silencio creciente de sus raíces.

Habló desde el mirador fortinero de las pampas
desde los altares de los dioses diseminados en el hombre
desde todos los teatros del mundo
desde todas las mesas, cucharas, ruedas, cascos de roble
durmientes ferroviarios, barcazas, flechas cautivas, bancos de plaza y de
/los otros.

.....................................................................


El árbol habló.
Fui semilla, dijo.

Fui semilla, dijo el árbol.
Fui semilla adormecida y germinal.
Fui semilla de bolsillo, de agujerito, de pico de pájaro
y del viento, de la nube y de la hormiga.
Fui semilla rodando por doquier
adormecida en el tiempo, lo necesario, para que
esa preñez de árbol creciera en mí.
No soy más que esto. Y no es poco serlo.



*De Oscar A. Agú. oscarcachoagu@yahoo.com.ar













EL CABALLO*



En un árbol marchito
está el fantasma de un caballo
nunca se vio un caballo
cerca del árbol
pero el árbol nació
de una yegua
cabalgó con sus largas patas
sobre prados crujientes
paró las orejas
se encabritó y sacudió la cabeza
y de repente se quedó quieto
y empezó a recordar
mientras caían las hojas



*De William Stanley Merwin













MI RAMA VIRGEN (II)*



Mía soy señor. Mía. De piel desposeída.
Levante las sábanas que cubren mi cuerpo.
Desnúdeme de escamas.
Como a un lagarto, una víbora.
Ingrese al laberinto de mi cuerpo.
Cruce mis siete mares.
Levante mis uñas y escudriñe.
Despójeme de rostros que no me pertenecen.
Déme nombre, de su pupila, la más pura.
Mírese en la claridad de mis oscuros pozos.
Libéreme de ritos y conjuros.
Descifre el anagrama de viejas cicatrices.
Encuéntreme  en los senos caídos de su madre.
Busque en mi boca el testamento extranjero de su padre.
Abra mis oquedades como si fuera la casa de su infancia.
Sigilosamente, en puntillas, bese mi casta frente.
Llore sobre sus pobres huesos, y los míos.
Tenga piedad de sus antiguas bestias.
De las mías. De todos los que amó u odió.
Vístase con su  piel de simio, casi humano.

Mi señor, mía soy, de ley escrita.
Si puede entender:
Que en cada recoveco tengo un hueco.
Que no he sido, ni seré bautizada.
Si encuentra el prisma llamado corazón
Si entra en el laberinto del espejo.
Si puede acercarse con su agüita,
Consagrar  mi rama virgen.

Y renacerme. Reverdecerme. Purificarme.
Recién entonces, mi señor,  poséame.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@gmail.com













*


La poesía muestra la desnudez, lo que revela el cuerpo desnudo: estoy aquí, soy esto. Toda desnudez produce una sensación crispante, un malestar. Pero la desnudez también incita a la unión por lo que muestra de la debilidad y la incompletud. Unión es nuestro orden. Se ordena ficcionalmente en la poesía, se une ficcionalmente en el amor. Dos formas de erotismo.



*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com







Inventren







FANTASMAS EN UNA ESTACIÓN*




Sentado en el andén, veo acercarse al viejo Nicolás, con su maleta raída por el tiempo. Igual que ayer.
Cuando llegue hasta aquí, se dejará caer en este mismo banco, no demasiado cerca, pero sí lo suficiente para intercambiar unas palabras.
Preguntará, ignorando la evidencia mostrada por sus propios ojos, si el tren no llegó todavía. Yo le responderé que no, que todavía no, pero que ya no debe tardar.
Entonces él hará un gesto de resignación y acomodará la maleta a su lado, en el extremo del banco. Luego cerrará los ojos y cualquiera que lo viese pensaría que duerme. Pero no lo hace: Sólo piensa.
La primera vez que coincidimos, me contó su historia. Detalles al margen, supe que una mujer lo estaba esperando en alguna parte (no capté bien el nombre del sitio y después no me atreví a preguntar), o más bien que él albergaba esa esperanza, aunque, según deduje, no tenía la menor certeza al respecto. Ese día me quedé muy sorprendido cuando llegó el tren y el viejo, tras despedirse de mí con una breve frase y un gesto, agarró con fuerza la maleta, se dirigió hacia uno de los vagones, se detuvo antes de llegar, se quedó inmóvil, mirando algo que tal vez estaba más allá del tren y de la propia estación. Luego dejó la maleta en el suelo y se cruzó de brazos. Cuando el tren se puso en movimiento, lo miró alejarse durante un buen rato. Después, volvió a tomar la maleta y se fue caminando muy lentamente hasta perderse de vista. De más está decir que la escena descrita se ha venido repitiendo con regularidad desde entonces.
Lo sé porque, aparte de los funcionarios que trabajan en la estación, soy el único que está aquí siempre a esa hora. Lo veo cada día y me pregunto ¿hasta cuándo? Claro que esa pregunta también es aplicable a mí. Porque ¿qué hago yo todos los días sentado en ese gastado banco, mirando con impaciencia hacia el punto por el que ha de llegar el tren? No hay ningún misterio: Sólo espero. ¿Qué es lo que estoy esperando? En realidad, después de mucho pensarlo, he llegado a la conclusión de que sólo espero un instante. Me es imposible ver más allá de ese preciso y minúsculo punto en el tiempo. La escena la he contemplado miles de veces en mi imaginación: Isabel, radiante, se apea del tren, mira alrededor, me ve, sonríe y camina hacia mí. Yo voy a su encuentro. Sería el final perfecto para una de esas películas antiguas. Sólo que esto no es una película, sino una secuencia que, a estas alturas, juzgo imposible. Y a pesar de todo, contra toda lógica, sigo esperando.
Es sabido que la repetición incesante de los mismos rituales conduce, inexorable, a la locura; o a una suerte de locura que tendemos a confundir con la normalidad –lo cual es, en sí mismo, terrible.
Por eso, cabe preguntarse: ¿Qué obstinación es más patética, más trágica: La del viejo Nicolás esperando inútilmente reunir el valor para partir en busca de su sueño o la mía, anhelando un hecho que no sucederá?
En medio de esas reflexiones llega el tren. Ambos nos levantamos para cumplir con el protocolo habitual, ya casi un automatismo. Uno de los funcionarios nos contempla con tristeza -¿Tal vez también con algo de expectación?- desde su puesto. De fondo, sólo el sonido de la locomotora.



*©De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com







-Próxima estación:

Apeadero KM. 55.  

En el recorrido del tren literario por Ferrocarril Midland:

  ELÍAS ROMERO.    KM. 38.   MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.   LIBERTAD.  
MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.    ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS. 
JOSÉ INGENIEROS.   MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.   KM 12.   LA SALADA.   
INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.  VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



JUAN TRONCONI.

En el recorrido del tren literario por Ferrocarril Provincial:

CARLOS BEGUERIE.   FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.  
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN. GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY. GOBERNADOR OBLIGADO.  
ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.    D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.   
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA.  GOBERNADOR GARCIA. 
LA PLATA.

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