viernes, octubre 19, 2012

PERO EN EL FONDO, REINA EL VACÍO...


*Foto de Verónica Abdala. http://www.lecturasenelaltillo.blogspot.com.ar
              




FURGÓN DE CARGA*



En el oscuro furgón de carga,
       repleto
de bicicletas viejas y triciclos,
       viajan
los cansados y los desolados
       del tren.
Hablan a media lengua, en
       un lunfardo
duro, en voz alta, mientras
       sube
un espeso olor a yerba, que
       comparten.
Pero en el fondo, reina el
       vacío,
que el país de estos años
       inventó.
Hay momentos en que crece
       el silencio,
que se hace de piedra en los
       rostros,
mientras las estaciones van
       pasando,
y es como si todos dijeran
       algo
íntimo y muy triste a la vez,
       que nadie escucha.



*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar







PERO EN EL FONDO, REINA EL VACÍO....






Lo Inevitable*


El grupo era tan diverso que no se animaba a intervenir en la conversación. Sonreía como afirmando o permanecía inexpresivo según le parecía más adecuado. No negaba nunca a menos que la mayoría lo hiciera. En el fondo se sentía atemorizado. Eran demasiado diversos y peculiares y él no lograba integrarse. Sentía rechazo por sus caras. Una de las mujeres se parecía tanto a un pájaro agresivo que se negaba a enfrentarla. El hombre que hablaba en voz más alta tenía facciones atigradas. Se censuró a si mismo por sus comparaciones, pero no lograba superar su rechazo. La charla era caótica. Hablaban al unísono o se increpaban mutuamente con grandes ademanes y voces rudas. Pero todos parecían disfrutar de la reunión, salvo él que  se sentía tan ajeno, tan confuso, tan fuera de lugar. Después de unos gritos especialmente desagradables de la mujer pájaro, se levantó y manifestó con voz temerosa que se retiraba a su habitación porque se sentía cansado. Vaciló al contemplar las caras que se habían vuelto hacia él. Todos habían callado y lo observaban fijamente. Algunos ojos tenían un brillo de burla. Otros lo evaluaban con cuidado. Casi huyó escaleras arriba. No miraba hacia atrás. Más rápido se decía, más rápido y se apresuraba. Ya estaba en el último tramo y se sintió aliviado. No vió detrás suyo al grupo ávido que le  seguía sin ruido.


*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy
-INEVITABLE ( I)






*


Voy a intentar no distraerme
En las cosas del pasado y del presente
En una esfera de cristal voy caminando
Con las tibias palabras de consuelo de una amiga


Hay flores multicolores un gato atigrado
Huelo a perfumes de miel y vainillas
Con mis parpados bien abiertos
Miraré solo con la frente alta a la aventura
Tomaré solamente los buenos recuerdos


En ese circular del tiempo que paso
No me distraeré con mis errores
No dejaré que susurren mis rencores
Solo buscaré la armonía de pensarme
Con una paz interior y silenciosa


No derramaré lágrimas de desconsuelo
Ni tiraré mis logros por el piso
Me dejaré llevar por los aires del poema
En petardos de flores encendidas
Dejare de lado el desaliento y la tristeza
Que se irán flotando por el río


En la magia de mis amores viviré
Intentando protegerlos con esmero.


Sólo así te prometo vida mía
Que transitaré orgullosa las diagonales
Sin dejar que la suerte me abandone
Sin tener que abandonarme a la suerte.


Así entonces amada vida
Podré decirte que te quiero


No habrá más rincones nebulosos
Ni pegajosas lianas que me aprieten
El aire que respiro será infinito
Si logro el milagro de no distraerme.-


*De Azul. azulaki@hotmail.com








 El Pájaro*



*de Carlos Alberto Parodíz Márquez. parodizlaunion@gmail.com



Fabián descendió sus largas pestañas, como un telón, sobre el fondo de los ojos verdes.
El atardecer en Pinamar, en un otoño dorado, le devolvió ilusorias sensaciones.
Fumó, ahuecando las manos y en cuclillas, forzando la reflexión y el tono, monocorde, de la confesión.
Susana lo escuchaba en silencio, hacia horas.
Luego de una caminata agotadora y descartable.
A ella le fascinó el aire desamparado, que la delgada figura de Fabián, desprendía.
Guardó silencios flamantes, para aliviar la profundidad de la pena.
Ella pensó en un café fuerte y solidario, para pausar el relato.
Ambos parecían contenerse en las líneas de la frontera, difusa, donde la confidencia borraba brumosas certezas de lo imposible.
La magnitud del nunca más.
La loca danza del protagonismo irrelevante y final.
Fabián pareció confiar en ella, desde siempre, tal vez  por la sonrisa animada, prudente y capaz de fortalecer.
El,  desorientado, vagó durante un tiempo, sin atreverse.
Tampoco se supo explicar porque debía hablar aunque, secretamente,
aceptaba que alguna vez tendría que hacerlo.
Ambos fundieron un gesto cómplice para proseguir el camino.
La soledad anima cuando alguien necesita compartir el peso de una verdad oculta.
Las dunas jugaron un papel hipnótico para el relato de Fabián.
Susana sabía que podía completar la historia, pero él lo ignoraba, como tantas cosas que ella omitía.
Los veranos escalonados, fueron soldando la relación fraternal.
Ella intuyó, la primera vez, lo difícil que para él, resultaba cada temporada, cuando ”El Pájaro”, líder, protagonista excluyente, exultante, seductor y encantador de mujeres, se le escurría entre muslos dorados, senos turgentes, pezones duros y bocas ávidas.
Susana lo vio morder la impotencia y una suerte de odio pasivo, hacia cada mujer que se lo arrebataba.
Pero “El Pájaro”, era hijo de su fama y ésta, la construía cada verano, sin descanso, como un orfebre.
El consuelo fecundo de Fabián, se alimentaba de los repliegues del invierno, cuando “El Pájaro” era suyo.
Cuando advertía que la soledad desbordaba a “El Pájaro”, de alas descendentes, humedecidas, que le impedían volar y lo abrigaba en
sus brazos.
Amó los climas que él nunca respetó.
Pero la templanza suya nacía de la declinación de él.
Y los dos no se lo perdonaban.
Así Fabián combatía en temporada, los fantasmas del acoso cotidiano que rodeaba a “El Pájaro”.
Su parador tenía el sutil encanto de la discreción, a la que no era afecto, pero la gente y el sitio, oculto y próximo al mar, multiplicaba la fascinación y misterio, que cada pasajero, ansioso de placer, renovaba.
Los secretos códigos que “El Pájaro” nunca había escrito, eran respetados,  tolerados o aceptados por quienes, durante tres meses, entendían, que "todo pasaba por allí"; que nadie podía estar ausente.
Era de mal gusto desconocerlos o, tal vez mucho peor, no ser tenido en cuenta.
Ser ajeno, resultaba precio demasiado caro, en ese lugar y para esa gente.
Un riesgo que nadie aceptaba correr.
La arena receptaba el sol e irradiaba oro encandilante.
No era suficiente.
El mar rumoreaba descontento, como siempre.
El viento, arrachado, encorvó a los paseantes.
Levantaron los cuellos de sus abrigos.
Susana, con una delgada vara de mimbre, parecía buscar, con su extremo,  alguna respuesta; detectar razones; guiarse por su intuición.
Comprendieron que la cuerda, leve, que los mantenía unidos podría cortarse.
Disfrutaron la fortuna de tropezar, a una distancia razonable, con las líneas, insinuadas entre las dunas, de un refugio, donde se  albergan peregrinos o fugitivos, en busca de alcohol, calor y compania. 
Coincidieron en un sitio alejado, que les permitiese contemplar la sobrecogedora belleza que alguien pinta, cada vez que el sol decide irse, inexorable, indiferente.
El mar parece beberlo  rojo y se contiene la respiración en el momento final.
Compartían el deleite, desde hacía un tiempo.
Hay coincidencias mágicas que unen a las personas, en preferencias estéticas, sin importar la condición de cada uno.
Se arrellanaron en la tibieza de dos sillones, frente a un fuego de leños, que les entibiaba el alma.
Susana aumentó la apuesta, a la temperatura interior y pidió un cognac que sumó al café, para multiplicar el amparo confortable.
Un dulce adormecimiento laxó los minutos siguientes.
Susana viajó hacia atrás en el tiempo.
En busca del calor perdido y la historia peregrina que los tenía reunidos.


Un verano mas, o quizás de menos,
tu saludo breve arrebata un sueño,
viajo con la prisa de urgencias desnudas,
abro tus piernas,
te hago el amor y
tu ... me saludas.

Soy la fiesta, una ansiedad,
el lucero de tus pasos,
luz en la oscuridad,
la tibieza arrebatada,
tu pasión desesperada,
un reclamo de canción,
la pausa de la razón.


Susana apoyó la nota contra el cristal y miró las dunas, desde el amigable ventanal que disfrutaba.
Había interceptado casualmente, el texto, en una curiosa confusión que la tuvo de protagonista.
Al principio, ignoró su contenido, junto con el destinatario.
Esa media tarde, cuando el almuerzo confunde los horarios, la levedad que viste cada acto de frivolidad, la había rozado.
Supo de Carina, delgada,  menuda, de ojos y miradas expresivas, por haberla visto, fugazmente, junto a “El Pájaro”, en las puestas de sol confidentes.
Advirtió, rápidamente, un trato distinto, deferente, por parte de él.
Ese seductor compulsivo, obligado, que tanto divertía a Susana y hacía agitar su  cabeza, a “El Pájaro”, como renegando, en silencio de su irreverencia.
“El Pájaro”, concedía a Susana ciertas indulgencias, intransferibles.
Sabía, que Susana no le disculpaba tanta liviandad y promiscuidad.
Sólo que el tono de ella  no era crítico.
Al tiempo, “El Pájaro” supo revelarle el significado de la presencia  de Carina.
Presencia furtiva, episódica, necesaria para “El Pájaro”.
Carina, dueña de silencios inviolables, había ganado en “El Pájaro”, un lugar diferente.
Una suerte de capilla secreta, donde confiaba y se confiaba.
Trabajar y vivir de ganador, era demoledor y  “El Pájaro”, a veces, estaba exhausto.
Carina adquirió el hábito, intermitente, como todo lo que sucede en verano, de acompañar algunas fatigas espirituales, que ”El Pájaro” no se permitía exhibir ante el resto.
La fiesta de esa noche, sería brillante, pensó Susana.
No había ninguna razón para suponer lo contrario.
“El Pájaro” hacía brillar la mas trivial reunión, dotándola de una magia especial, que en cualquier otro sitio y con los mismos invitados, seria un fracaso.
El encanto, obvio, era “El Pájaro” mismo.
Inventaba todo el tiempo.
Sorprendía, mérito que progresaba, cuanto más avanzaba la modernidad y el desencanto.
Su candorosa alegría, graduada sabiamente, lo relevaba de la culpa.
Así, por lo menos, pensaba Susana quien, desde su  condición de espectadora, tenía primera fila, para los devaneos de visitantes y
protagonista.
Carina, esa media tarde caliente, en una pausa fugaz, junto a su mesa, olvidó aquel texto que Susana, cuando partía en busca de su familia, se sintió obligada a recoger.
Con la frente apoyada contra el ventanal, procuraba reponerse.
La nota no tenía firma. Para ella, no la necesitaba.
Sabía que Raquel, también, integraba esa red que se tendía alrededor de “El Pájaro”.
No lo podía creer. No debía saber. Ni siquiera preguntar. Tampoco averiguar.
Sus familias compartían todos los juegos del verano, las tertulias del invierno. Las cruzadas de los fines de semana. Las excursiones
procesionales que sus maridos organizaban. Las cacerías que ellas proponían, cuando decidían salir de compras,  sometiendo al grupo.
Ese verano, con ellos, había llegado Fabián por primera vez, con aquel aire de ave herida.
Susana participó del impacto que “El Pájaro”, produjo en el chico.
La batalla que dentro de él se libraba, para tomar distancias de él.
Pero Susana nunca creyó serio que Raquel hubiera, por su cuenta, abordado A “El Pájaro”.
Sólo recordó una reunión, en la finca que aquella había arrendado, esa temporada; una desaparición, ahora sugestiva de los dos, durante un tiempo prolongado.En aquel momento Susana no prestó atención al episodio.
Ahora, tuvo la certeza del significado.
Tembló por todos.
Raquel y Fabián, pujando por lo mismo; ignorando los sentimientos del otro.
Porque Fabián, Susana estaba segura de ello, conocía el infranqueable muro de cristal que lo separaba de Raquel, en cuanto a la confidencia. Raquel era demasiado protagonista, como para escuchar a alguien por más de un minuto.
Su dedicación a sí, era absoluta.
Un narcisismo bien alimentado, por ella y quienes la acompañaban, cortejándola a espaldas y, a veces, de frente a su marido.
Fabián, integraba el entorno familiar de Raquel y, aunque bajo el mismo techo, estaban a años luz de la comunicación.
Susana, con la nota en la mano, caviló sobre la conveniencia de intervenir o tomar una decisión.
Intuyó que estaba acorralada y que se iba a equivocar.
Era cierto.
Toda una certeza y se equivoco.
La fiesta, espléndida y cargada de la sensualidad que todos, excedidos de tibiezas, aportaban, vagaba del sonido policromo, a los platos y bebidas, organizados, dosificados, con una precisión superlativa.
“El Pájaro”, sabía juntar a la gente mas linda.
Competían en la rigurosidad de la belleza, que daba un tono excluyente.
Susana, a favor del arrullo sonoro y copa en mano como arma próxima, acodó a Raquel en un remanso de luna.
Es que el lugar disponía, de la invitación no escrita, donde lo mágico, era sin cargo.
Adivinó cierta rigidez en la espalda desnuda de Raquel.
Todo un cuadro de líneas perfectas.
Susana guardaba, más allá del afecto, una secreta admiración por la figura impecable de ella.
Una de esas mujeres imposible de ser sorprendidas desaliñadas.
No había hora, donde una sola línea desentonara.
Todo en ella era armonioso, exquisito.
Esa noche descollaba.
Susana decidió ir sin vueltas.

- Raquel ... quería devolverte esto ... dijo y la nota cambió de mano.
El ceño de ella se frunció, levemente.
Una ligera molestia que la situación incómoda le ofrecía.
Dudó si aceptar la tutoría.
Terminó por admitir que Susana no merecía un desgaste absurdo.

- ... ¿como llegó a tu poder? ... interrogó a su vez, con tono lejano y cierto resabio de altivez.
El tono que se usa para admitir, sin confesar, pero sin irritación.
Con la soberbia galanura de su porte.
Raquel manejaba, como nadie, la distinción en cada gesto. Podía hacer sentir a los demás, un indefinible dejo de incertidumbre e inferioridad, no confesa.

- ... Carina estuvo sentada conmigo y de paso tomamos algo... fuimos dos silencios juntos ... pero suficientes ... resumió Susana divertida.

- ... ¿Carina? ... eso no me gusta... el tono cortante de Raquel, daba por sentado que Susana sabia todo o, tal vez, que desde ese momento su complicidad la convertía en protagonista.

- ... “El Pájaro”... parece diluirse a veces ... es un tipo formidable ... pero vulnerable ... agregó, reflexiva.
- ... creo que pudo más mi curiosidad que su encanto... se admitió.
Susana sumaba silencios estimulantes.
- ... pero sigo sin entender algunas dependencias inviolables que tiene ... prosiguió, en su monólogo compartido.
- ... hay algo que lo perturba profundamente y no resiste... me parece ... pero no se que es ... me puede su ternura y termino por no reclamar ni  aclarar...
El espejo al que se hablaba permaneció en la sombra de la galería.
- ... seguro que es algo así... grave profundo o excesivo para él... ¿no te parece? ...
Susana se estremeció, sorprendida, no esperaba tener que opinar.
No le gustaba estar bajo la luz de la interrogación.
Prefería los medios tonos y conducir, desde la penumbra, el curso de los hechos.
Era más seguro.
Más control y le permitía, sobre todo, la sorpresa.
 - ... es posible... alcanzó a responder, para salir del paso, brevemente, pero Raquel no se lo iba a permitir tan fácilmente.
- ... demasiadas mujeres en demasiado corto tiempo... monologó Raquel.
- ... todas parecemos tenerlo anotado... como trofeo íntimo...
- ... debí contártelo antes... pero fue sorpresivo...
- ... un ciclón en la noche...
- ... y no pude... luego no tuve ... y ahora siento que no debo, compartir demasiadas cosas...
- ... lo acepto ... añadió Susana.
-... pero tienes otros riesgos, tan próximos, que ni siquiera, pareces advertir ... multiplicó rítmica.
- ... Raquel hay algo... hay alguien ... que no sabe ...
- ... hay alguien que de saberlo podría destruirse... enfatizó, ligeramente.
- ... ¿quién ... Daniel? ...
- ... mi marido nunca llegaría a una crisis... afirmó enérgica.
- ... además... el resto quedó trunco.
Susana no tuvo más remedio, inspiró profundamente antes de develar.
- ... Fabián... Raquel ... Fabián es quien se destruiría ... el golpe fue letal.
Ella se volvió bruscamente.
El impacto de la revelación la sorprendió.
Algo se desencajó dentro suyo.


Susana parpadeó. El último latigazo rojo, del sol, azotó su vista. La devolvió a la realidad. Al sitio. A Fabián, acurrucado con su dolor. Las delicadas pestañas, adiestradas por la vigilancia serena, insomne, corrieron un telón a las emociones del recuerdo.
Desfilaron rápido, como el tiempo inexorable, cada uno de los momentos que habitaron con Raquel. La revelación sacudió toda su relación de una vida, hasta allí placentera, algodonada, cómoda y distante. Ambas pasaban por la realidad cotidiana, lejanas, a las situaciones límites del común de las gentes, sin aproximarse lo suficiente, por lo menos para enterarse, para ellas era higiénico. Duro, pero necesario. No comprendían demasiado, tampoco les interesaba. Sin embargo, tropezaron con “El Pájaro” y todos, de alguna manera, cambiaron.
Susana se lo aceptó, Raquel tuvo un silencio elocuente. En ella era todo un signo. La revelación supo ser demoledora y sólo ellas, podían asimilarla magnitud. Sus maridos, espectadores del otro lado del espejo, compartían un paisaje desconocido. Los excluyeron de lo importante, hacía tiempo. Ellos atendían sólo, lo urgente.
Raquel, una mañana y sin aviso, la interceptó bajo la curva oscura de la carpa. Ese toque feudal, que disfrutaban con exclusivismo superior a cubierto de supuestos avatares.
- ... Pequeños asesinatos cotidianos... supo admitirse Susana, alguna vez.
- ... Voy a verlo a Fabián... tengo que hablar con él ... no intentes disuadirme... afirmaciones en voz alta y para sí, aunque Susana era la destinataria. Esta, ajedrecista del alma de Raquel, estrenó un silencio.
- ... Tiene que saberlo por mí... ya pensaré la forma ... volveré a las cinco, para almorzar ... ordenó, sin admitir cambios o deliberaciones.
Era su estilo. Raquel no sabía retroceder. Las cornisas eran sus citas preferidas. Allí, la adrenalina, le daba respuesta. Sobre esta actitud había construido su vida. Así, la conocía. Así, la adivinaba. Así, la  moldeaba, impersonal, Susana.
- ... Sólo piensa ... antes de hablar ... sabía que era un imposible.
Pero sintió necesario recordárselo.
- ... Agitar gusanos en el agua, no te hace amiga de los peces ...
advirtió suave pero enérgica. Graduaba el tono. Su voz siempre fue el instrumento preferido. Elegido. Su arma. Su herramienta.
Lo sabía y era una especialista, en su manejo.
- ... Raquel ... el cristal, cuando se rompe, no tiene arreglo ...cuidado.
No era para ella, finalmente, el mensaje. Lo sabían. Sus códigos fueron alimentados por fértiles complicidades. Raquel hacía. Era frontal. Era, también, su destino. Ella obedecía su impulso vital.
Susana operaba desde el costado de la escena; la conducía; muy a su pesar a veces, o a su fatiga, pero ambas estaban profundamente ligadas, sobre todo en las decisiones de la intimidad, su territorio.
Raquel partió rauda, elegante, elástica; su aroma era un rastro.
Una llamada. Susana, esa mañana, cerró los ojos antes de lo acostumbrado y decidió sumergirse en la pausa perceptiva.
un ligero roce, en su muñeca derecha, la devolvió a la playa. “El Pájaro”, casual y transitorio, trajinaba su bronceado perfecto. Venía de viajar por la piel tersa, fresca y excitante de Majo, esa mañana. El fuego sereno,  que se activaba a un soplo. “El Pájaro” la descubrió, no hacía mucho, cuando la última línea de luz, todavía no decidía su mudanza. La vió erguida, alta, soberbia, y espléndida, dibujada contra la tarde, con su cabello claro y largo, deslizado y negligente. Detalle fascinante para “El Pájaro”. Abrió el arcón de las seducciones, para exhibir sus tesoros. No fue necesario, Majo de una mirada, compró ese tiempo.
Cómo orfebres, fueron modelando la cita, que llegó aquella mañana. Majo tuvo tiempo, entonces, de saber quien era “El Pájaro”. La leyenda, alimentada en los pasadizos; regada en los arenales; surcos de historia; rumor de histerias y paisajes eróticos. Las protagonistas, alineadas,  conmovían. Firmeza de formas, fiesta para los ojos y los sentidos. Abrían, en otros, heridas producidas por astillas de cristal, dolorosas y que calaban hondo.
El pequeño gran asesinato estaba por cometerse. Homicidio involuntario, tal vez. La cita, convenida para antes de su chequeo médico, puntual, inflexible, que su marido agendaba, le daba horas de libertad, que decidió pasar con los fastos de una fiesta total. Una mañana donde “El Pájaro” precisó, con la yema de los dedos, cada centímetro de su piel. Marcó ese territorio, para hacerlo suyo, lentamente, gozando con la levedad. Ella enloquecía y crecía. Sinuosa y mortal. Una trampa escondida en la profundidad de los sentidos. Estallaba como fuegos de artificio. Se acoplaba a él con la exactitud del todo. Resultaron viajeros insaciables.
Sus cuerpos dibujaban figuras de máxima tensión, para derivar en el placer supremo. Llegaban a límites inciertos. A fronteras imprecisas. Resistiendo la culminación. Prolongaban el goce, como si fuera la única vez. En Realidad, la última vez.
Susana intuyó en ese leve roce, parte de la historia. Sonrió, comprensiva Y silenciosa. “El Pájaro” agradeció con el gesto cansado, pero feliz y cómplice. Dibujó en la arena. Una sombra buscando su sombra.
- ... ¿Dónde anda Raquel? ... su tono era ligero y vano...
- ... salió... tenía que hacer unas visitas antes del almuerzo... abundó Susana. No supo preguntarse por su mentira.
- ... Volverá cerca de las cinco, quedamos en compartir... su voz se extinguió; se disculpó, por tener la verdad. El seguía los arabescos del dibujo, enfrascado, como tratando de salir de un tunel, donde había  ingresado sin saber por donde. Pero era un perfeccionista de la absolución, sobre todo cuando armaba su sonrisa encantadora ...
- ... ni lo intentes conmigo... advirtió Susana. Tan sola como siempre.
Tan inalcanzable como nunca. “El Pájaro” y ella, a su manera, construyeron una  terraza para contemplar, sin preguntarse, el derivar de sus vidas ...
- ... en estos días voy a Madariaga, tengo cosas que vengo postergando...
- ... quería charlar con vos y con ella... antes de irme ... por si demoro y no nos vemos  ...
El tiempo, ese deslizador reiterado, amarró una vez más, las tribulaciones de los personajes costeros. Silencioso, como llegara, “El Pájaro” partió, furtivo y dispuesto a regresar, a la hora apuntada. Susana volvió a cerrar los ojos, teloneando a los silencios imprudentes y a las confesiones no debidas. En la carpa de al lado, alguien rescataba “El Alpha” de Vangelis, haciendo saltar su emoción, con la cuerda del más antiguo de los juegos.

Desde ese almuerzo, donde los silencios anudaron, como cuentas de collar la comprensión, los días se deslizaron, raudos, para todos. Largos ocasos sin “El Pájaro”, intermitente y difuso y una sensación de pérdida creciente, como cuando la naturaleza abandona las tibiezas de la arena, altiva y sin sentir, que deja atrás, invadió a los habitantes de la villa.
Desasosegados, algunos nunca supieron que y cuanto les ocurrió, la temporada aquella. Era una víspera. Velaban expectativas sin certezas.

Un rápido taconeo, inesperado en el salón, donde la penumbra abrazaba a los contempladores, rescató a Susana y a Fabián. Ambos, por caminos distintos y misteriosos, recorrieron el mismo, sin verse. Pero ahí estaban, en el peldaño de la revelación.
- ... no encienda las luces ... el tono suave, pero firme, disuadió del servicio que se intentaba brindar. Susana manejaba los timbres y los momentos ...
- ... una mañana de abril, no hace tanto, “El Pájaro”, repentino, me confió el diagnóstico ... Fabián ...; ella había resuelto apurar motivos.
Las urgencias no latían al mismo compás. Se metalizaban los tonos ...
- ... sólo Carina estaba al tanto ... que extraño ... sólo ella, la que menos lo frecuenta, en todo sentido ... Carina depositaria de  la
verdad ... curioso, conmovedor, terrible, injusto ... no se que decirte ...; Fabián crecía y el discurso, aluvional, se deslizaba sobre
Susana, impregnado de las frustraciones, el dolor y el amor desbordado, de Fabián por “El Pájaro”...
- ... nunca confió primero en mí...; pareció interrogarse...
-          ...y cuando lo hizo, era tarde, para todos ...
-          - ... la impotencia que provoca la revelación, me detuvo ... hasta que llegó el final ...; concluyó, descargado.
Susana recordó el veloz deterioro de “El Pájaro”; ese espléndido aniquilamiento del personaje mimético de la villa. No midió el tiempo.
Compartió el dolor de algunos, la indiferencia de otros, el gozo secreto Y perverso de quienes envidiaron y la simulación de la mayoría, que esperaba un pronto final y olvido, para esa historia de todos.
Lo decidió de súbito. Tomó del brazo a Fabián y lo irguió ...
- ... salgamos ...; dijo. Su tono no admitía réplicas. Dócil, Fabián la siguió, luego de hacerse cargo de los gastos ...
me voy ¡ya! ... Fabián ...; notificó, perentoria ...
- ... ¿quieres venir conmigo? ...; dulcificó allí, la invitación. Fabián vaciló ...
-  ... me gustaría ... no tengo ganas de estar sólo, hoy ... pero tengo algo que hacer en Madariaga ... ¿viniste en auto? ...; informó y se
informó ...
- ... no ... ¡me voy en micro, o en lo que sea! ... ¡pero me voy ahora! ...
¡no quiero esperar! ...
Fabián volvió a vacilar. Las decisiones eran un territorio dificultoso para él ...
- ... “Su” ... me voy primero a Madariaga ... si postergás unas horas te encuentro y ... ; ella lo atajó con un gesto ...
- ... no lo sé Fabián ... si hay una posibilidad se hará ... no te lo prometo ...
Se despidieron apurados, vacíos de cargas o transferidos de culpas. Susana ordenó sus cosas, en la casa, que había venido a inspeccionar. No midió el tiempo ni los horarios. Sus usos eran erráticos y lo sabía bien. Aprendió a convivir consigo, con lo mejor y lo peor de ella.
No quiso explorar la urgencia repentina.
Subió al micro, confortable y con las estrellas necesarias, capaces de aventar cualquier incomodidad, sólo un detalle impensado, una parada alternativa: Madariaga. Susana pensó en Fabián. En las horas que separaban su última imagen, de ese momento. Mientras el lento ascenso de los viajeros consumaba el peaje de los destinos, se adormeció. Su hábito de preferencia.
El mundo algodonal, donde marchaba más cómoda.
La detención, la parada en el pueblo de Madariaga, la devolvieron a la hora, al tiempo, a la mirada circular, al paisaje exterior, a la calle a las sombras ... a la figura familiar ... a ... ¡Fabián!, algo extraño, pero a Fabián. Aguzó la mirada. Profundizó el foco. Se alarmó. Por su andar parecía sobrellevar más que una tribulación, limitaciones físicas.
El, no advirtió al micro; ese micro; ni a ella. Bajó apurada, preocupada y enérgica, en procura de un reclamo fortuito.
Fabián, asustado, volvió la cabeza al oírse nombrar, respiró con cierto alivio al descubrirla. Las lágrimas comenzaron, lentas a surcarlo. Susana permitió que apoyara la cabeza en su pecho, sin alzar la mirada, vencido por el peso de la humillación. Le confió su llegada a Madariaga, los trámites, el patrullero imprevisto, los tres policías dubitativos, por su pelo largo, por la hippísima luz, que su andar desmañado mostraba y, por las formas y fascinación de su belleza. Fabián no era lindo.
Fabián era bello.
El interrogatorio de la calle, su acceso, violento, al patrullero, el ingreso a la comisaría y las complicidades sumadas, de los dos que velaban la guardia y sus grados. La codicia que avanzaba, a medida que el equipaje, con algunos efectos y algo de dinero, alimentaba lo que se venía.
El calabozo, los interrogatorios estúpidos e innecesarios. La ausencia de resistencia, no tenía nada que ocultar, fortificaron los golpes, las vejaciones y por último, ante su silencio, las violaciones que se fueron organizando, entre los cinco.
Cada uno quiso y pudo gozarlo, humillarlo, disfrutarlo, obligarlo, provocando la excitación del resto. Un carnaval de sexo y alcohol, sudor, golpes, más golpes, más vejaciones, más violaciones, hasta que el agotamiento y los excesos, pudieron sobre el grupo. La cumbre del desprecio, fue liberarlo.
- ...¡ Pero lo logré ... Susana .... lo logré ...; ella conmovida y final, como un acorde, no entendía.
- ... Resistí en silencio, nunca dije nada, nunca conté, nunca se enteraron y nunca se enterarán, porque tampoco preguntaron ...; el tono
era feroz. Se alzaba como un aullido que vibró en la tarde noche de Madariaga.
- ... ¡Me voy ... ahora me voy ... no viajo con vos ... podés peligrar ... me voy! ...
- ... pero recuérdalo, nunca lo dije ... nunca dije ... que estoy contagiado ...
Violento, se apartó. Corrió. Trepó al micro lindero. Susana subió al suyo.
Cerró los ojos. Descendió sus sedosas, arqueadas y largas pestañas. Marchó hacia el sueño. Sabía que alguien la estaba esperando.


-Un cuento de Carlos Alberto Parodíz Márquez. 05-12-1995







No morir hasta haberlo visto todo* 


Mi mujer cantando Alfonsina a las diez de la noche
Unas muchachas recostadas a los médanos
Un poeta robándose las obras completas de Severo Sarduy
Tres prostitutas en Medellín que me confunden con un nicaragüense
Un ciego de espaldas al mar
Fayad Jamis leyendo El ahorcado del Café Bonaparte
Una librería con todo Borges y Los alimentos terrestres de Gide
Un pingüino muerto en las costas de Talcahuano
Otra vez mi mujer haciendo pajaritas de papel
Mi madre tendiendo unas sábanas blanquísimas
Un policía leyendo a Rainer María Rilke
Thiago de Melo y María de Aparecida preguntándome por Cuba
Mi padre a punto de morir bebiendo té con bergamota
Una mesa llena de uvas negras y otras ambrosías desconocidas por mí
Tres mendigos sonrientes en la Avenida paulista
Dos revistas Orígenes en la Librería Renacimiento
Unas vacas nadando en el mar de Manzanillo
Un tren francés roto en las llanuras de Camagüey
Un vendedor de agujas con poemas publicados
Un ciervo herido que busca en el zoológico amparo
Mi hermana a la salida de un quirófano
La Plaza de la Revolución vacía y oscura
Los muros del Moncada a las tres de la tarde y en agosto
Esto he visto yo y espero no morir hasta haberlo visto todo.



*De REYNALDO GARCÍA BLANCO.  regabla@cultstgo.cult.cu








Cuarenta días de 1936*



*Por Juan Forn


Las dos personas que resumen como ninguna otra, para mí, la Guerra Civil española son el anarquista Buenaventura Durruti y Simone Weil, la mística judeofrancesa que quería ser católica. Sus vidas se cruzaron sólo cuarenta días y apenas tuvieron trato. Nada habría cambiado si se hubieran conocido más porque fueron, en vida, demasiado viscerales los dos. El único diálogo posible entre ambos tendría que haberse dado después de muertos, y levante la mano quien sepa qué nos ocurre después de morir. Llovía cuando los enterraron, a uno en Barcelona, a la otra en Londres. Pero si se empieza por sus muertes, por la desesperante manera en que murieron los dos, no hay
manera de remontarla, así que probemos por otro lado.
A Simone Weil le repugnaban las guerras. Pero en julio de 1936 descubrió que estaba participando moralmente en una, incluso contra su voluntad.
Participar moralmente significaba estar pendiente de cada cosa que sucedía en aquel conflicto, anhelar la victoria de un bando y desear con igual fervor la derrota del otro. En cuanto comprendió eso, la joven Simone Weil hizo lo mismo que un sinfín de jóvenes idealistas del mundo: abandonó todo y se subió a un tren, con el propósito de sumergirse de cabeza en la Guerra Civil española. El epicentro de la guerra en agosto de 1936 era Zaragoza.
Durruti había llegado marchando con su Columna hasta las puertas de la ciudad y pedía desesperadamente armas y municiones a Barcelona: sabía que podía tomar perfectamente Zaragoza. Si lo hacía, nada lo frenaría hasta Bilbao y, con las dos urbes industriales de España bajo bandera, la guerra estaba ganada. Pero desde Barcelona no le mandaban ni las ametralladoras ni los cañones que pedía: los políticos republicanos temían al fascismo, pero temían más que Durruti fuera creando comunas anarquistas en cada lugar por
donde pasaba en su caótico avance: lo primero que hacía la Columna Durruti al entrar en cada pueblo era abolir el dinero, destruir todas las actas de la alcaldía, del juzgado y de catastro, quemar las iglesias y abrir las cárceles. Durruti combatía al poder como si estuviera en el siglo diecinueve, porque el poder ("los dueños de todo y sus cómplices, los curas", en palabras de Simone Weil) seguía matando de hambre al pueblo como en el siglo diecinueve.
La central obrera que Durruti armó en Barcelona (la ciudad más industrial de España y, por eso mismo, la más proletaria también) llegó a tener más de un millón de afiliados, y casi no había comunistas en sus filas, eran todos de la hermandad anarquista: el sueño de Bakunin hecho realidad. Habían sido ellos quienes salvaron a Barcelona de caer en manos fascistas; el gobierno mismo debió agradecerles públicamente. El gobierno sabía que nadie en las filas republicanas tenía el efecto de Durruti sobre la moral colectiva. Por eso no le dieron las armas, por eso no se tomó Zaragoza, por eso lo tuvieron a Durruti esperando inútilmente hasta noviembre, cuando se le rogó que fuera a defender Madrid, y en Madrid salió mal todo lo que podía salir mal: en menos de una semana, Durruti estaba muerto y comenzaba el derrumbe republicano. Simone Weil estaba en París cuando lo supo. Se recuperaba de una fea quemadura en las piernas para poder volver a España, pero ya no era moralmente su guerra. Ya no le parecía un enfrentamiento entre los desposeídos y los todopoderosos, sino una confrontación más de potencias europeas: Rusia, Alemania, Italia, más Inglaterra y Francia en abyecto segundo plano. Durruti pensaba casi lo mismo en sus días finales: que las filas republicanas estaban infiltradas de comunistas de Moscú y que Moscú no quería ganar la guerra civil porque eso hubiera desatado una guerra mundial para la que la URSS no estaba preparada. Por eso se dijo que la bala que mató a Durruti en las calles de Madrid fue disparada por un comunista. En el
departamento de París de los padres de Simone Weil, donde organizó a los ponchazos la Cuarta Internacional a fines de 1933, Trotski había hecho callar fastidiado a la joven hija de los dueños de casa decretando que los anarquistas españoles eran contrarrevolucionarios. Tres años después, esos mismos anarquistas eran acusados de trotskistas y retirados de sus puestos
en la lucha, por los comunistas de Moscú que habían copado el gobierno republicano, los mismos que ya estaban tramando el asesinato de Trotski.
Lo que había desencantado a Simone Weil en su breve experiencia española fue descubrir que toda guerra sólo se hace "para conservar o aumentar los medios para hacerla" y que a eso se había reducido Europa. Antes de ir a España había interrumpido sus estudios de filosofía para probar en carne propia la naturaleza de la opresión obrera. Luego de un año "como esclava" en los talleres Renault en las afueras de París, dijo que no le quedaba sino convertirse a "la religión de los esclavos" y abrazó el cristianismo (aunque sin bautizarse: su confidente, el abate de Naurois, diría después que no estaba lista, por falta de humildad). Con ese espíritu fue a España, y volvió emocionalmente quebrada, y escribió a partir de entonces sus alucinantes libros (que se publicaron todos después de su muerte). Sus padres la arrastraron a Vichy, donde tuvieron que frenarla para que no fuese al comando de asuntos raciales a explicar por qué era un despropósito considerarla judía (hasta a ellos, que la habían educado atea, les estremecía ese rechazo de su hija a la sangre hebrea). Lograron por fin subirla en un barco que los llevó a Nueva York. Ella insistió en dormir en el suelo, ya que no podía viajar en cuarta clase. Meses después cruzó sola a Londres, donde pidió en vano a De Gaulle ser arrojada en paracaídas sobre la
Francia ocupada. Víctima de tuberculosis, internada en un hospital, se negó a alimentarse para compartir el hambre que padecían sus compatriotas bajo la Ocupación. Se dejó morir por lo que hoy se conoce como anorexia mística. Fue enterrada en la sección católica del cementerio de Ashberry. Llovía a cántaros. El sacerdote que iba a oficiar la ceremonia tomó el tren equivocado desde Londres y nunca llegó.
También llovía en el funeral de Durruti en Barcelona. Quinientas mil personas esperaron en las calles el arribo de su cadáver desde Madrid. La camisa que llevaba puesta al morir, con el agujero de bala en el pecho, fue exhibida junto a la bandera anarquista y el féretro, en el enorme salón donde lo velaron. Sólo se hablaba de una cosa, en voz baja: si la bala había sido fascista o comunista. Recién después de la muerte de Franco, cuarenta años después, los testigos presenciales y los íntimos de Durruti aceptaron
contar la verdad que era imposible de confesar en 1936: a Durruti se le había disparado solo el naranjero que llevaba en la mano al bajar del auto; la bala que acabó con él no había sido ni fascista ni comunista. Si hay algo esperándonos del otro lado de la muerte, puede que algún día lleguemos a saber qué se dicen uno al otro Buenaventura Durruti y Simone Weil cuando contemplan desde lejos sus propias vidas y todo lo que pasó después.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-205884-2012-10-19.html







*


y vienen a buscarme
los espectros azules
de un quijote sin sancho
caballos sin párpados
y sus ojos de crines
...
en monturas de sueños
estribos de nostalgia
y vienen a buscarme
son los muertos sin culpa
los espero sin miedo
con esa dignidad
de saberme inocente
soy cordero sin nombre
el que buscó su rostro
en el fondo del pozo
sobre espalda de errores
los espero sin prisa
soy lo que muestro
un hueso arrodillado
sin espejos

y sin dios


*De alba estrella gutiérrez. alba.estrella@gmail.com






***


Juan Carlos Cena (*)
presenta su nuevo libro


FERROCARRILES
                 ARGENTINOS

DESTRUCCIÓN/
          RECUPERACIÓN


Viernes 2 de noviembre - 18 hs


en la Estación del FFCC Provincial, CC Meridiano V.
17 y 71 , La Plata.


Acompañan al autor:

Centro Cultural Meridiano V
Los Okupas de Andén

(*) sus libros anteriores: Memorias de un Ferroviario; El Cordobazo, una Rebelión Popular; El Guardapalabras; El Ferrocidio;
Crónicas del Terraplen; Sinfonía de Acero y Lucha.





***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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martes, octubre 16, 2012

ESTACIÓN ARAUJO.


Inventren
 
 
 
 
 
PAPELES EN LA NOCHE*Dos poemas
 
 
I
Hay algo que no entiendo,
       me dije.
Una tabla, o un retazo de
       memoria,
quedó en algún lugar, o
       bajo tierra.
Un viento, a veces, alguna
       hora,
dan indicios de esa
       pérdida
o ese pozo; como si una
       raíz extendida
hubiera cesado en algún
       tiempo
(y en mí mismo); una raíz
       arrancada
y puesta a secar lejos;
       lejos
de la vida y de las cosas.

II
 
En los pasillos del tren
       rápido,
compañeros de viaje, todos
       hablan
sin saber ya qué decir,
       mientras
traquetean los vagones,
       estación
por estación. Las luces
       de las calles
entran como flechas por
       las ventanillas,
y los rostros cansados
       quedan,
por un instante, tocados,
       relumbrados.
Pero es sólo un efecto
       como de cine,
cuando cada uno, callado
       o en palabras,
va con lo suyo, de regreso,
       solo,
y sin más. 


              
*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
ESTACIÓN ARAUJO.
 
 
 

EL MITO*

Vendrá el día en que un gran Salvador llegue.


Y llegó con boleto de tercera clase,
En un viejo vagón del tren,
A la olvidada estación Araujo.


Y allí multiplicó sus ganancias,
Tiró los árboles,
Secó la poca agua,
Abandonó a quienes llegaron con él.


Vendrá de la estación Araujo
Aquel gran Salvador.


Tiembla la siguiente estación,
Aunque abandonada ya,
Teme a la nueva vida,
Y la nueva muerte
Que pueda otorgarle
El gran Salvador.


En la olvidada estación Araujo,
Habita un gran Salvador.
Se dice
Que llegó a multiplicar sus ganancias,
Subió al mismo viejo tren que lo trajo,
Y hundió en un largo abandono a la estación,
Que ya nadie recuerda.


Nos llegó el gran Salvador
A nuestras tierras,
Proveniente de la mítica estación Araujo,
Que todos nos preguntamos
En dónde queda,
Y si es que alguna vez existió.


*De hugo ivan cruz-rosas.
quetzal.hi@gmail.com
 
 
 
 
 
 
Un tren algo lento *
                    
      
    
Aún faltaban diez cuadras para llegar a la estación. La calle de tierra, reseca y polvorienta por la falta de lluvia, hacia más pesado el andar. Poca gente, muchos perros y ese calor sofocante que le impedía caminar más rápidamente.
     La valija demasiado pesada para ella, llegaba casi hasta el suelo, haciéndole doblar el cuerpo en sentido opuesto para no arrastrarla.
     Margarita había salido de su casa dando un portazo. La ira le estallaba por los ojos y con desesperación intentaba mantener cerrada la boca, apretando los dientes hasta el dolor. Cuando llegó a la estación, compró un boleto a la capital y luego se sentó en un banco de madera para esperar a que llegara el tren.
     En ese momento la vio, hubiera jurado conocerla, sobre todo porque ella también la miró y hasta esbozó una sonrisa suave, tranquila, que sugirió confianza. Era una niña con un atadito de ropas y un paquete envuelto en papel ordinario, que en silencio se acomodó a su lado.
     Desde lejos se escuchaban las campanas de la iglesia que daban las diez de la noche. Ya faltaba apenas medio hora para que pasara el tren que la llevaría a la capital. El jefe de estación se asomaba cada tanto, mirando sin disimulo a las pasajeras que partirían por fin de ese alejado pueblucho.
     Por fin llegó el ansiado convoy. Margarita y la niña subieron, buscando donde acomodarse y debieron compartir el único asiento doble que estaba desocupado. Los rostros de los pasajeros que venían del norte se notaban sudorosos y cansados. La mayoría dormitaba.
     - Parece que seguiremos juntas – le dijo sin siquiera mirar a la jovencita. Ésta la miró de reojo mientras se acomodaba los pliegues de la pollera azul tableada y sólo dijo:
     - ¡La noche está hermosa y yo estoy tan contenta!-
El tren tardaba en salir, pero a nadie parecía que le importara, sólo a Margarita la angustia parecía querer ahogarla. Aún dudaba de que hiciese lo correcto.
     Por más que se esforzaba, no podía quitarse de su cabeza, la incredulidad y luego la pena de Guillermo, cuando le arrojó en la cara que se iba para siempre. Sin embargo, ahora que ya estaba por concretar el ansiado viaje, el corazón se le estrujaba y las lágrimas luchaban por no caer, hasta que no aguantó más y estalló en llanto. La ira e impotencia retenidas por tanto tiempo, aflojaron su boca. Habló de incomprensiones, de palabras hirientes que creía no merecer y de la carencia de pequeños detalles que le indicaran que la amaban todavía.
     La niña mientras tanto, la miraba con grandes ojos de asombro, y ella agradeció que no dijera nada. Parecía maravilloso que alguien la escuchara y no retrucara cada palabra, que no respondieran a cada recriminación con otra y que no intentaran humillarla con argumentos mejores que los de ella.
     Cuando por fin se calmó, miró a su compañera de viaje que muy seria apretaba sus pobres pertenencias. Era tan parecida a alguien, pero no podía recordar. Hasta las ropas eran conocidas. Ella también supo tener una pollerita
azul  tableada, que acariciaba al sentarse para que no se arrugara. Viajaba en ese mismo tren al comienzo de las clases para cursar como pupila en la Escuela Normal de las monjas y volvía a fin de año, con la alegría del deber cumplido y las ansias de reencontrarse con las cosas queridas.
     Volver al pueblo era toda una fiesta. Las casas bajas unas al lado de la otra, con sus angostos pasillos por donde paseaba en bicicleta con los primos y amigos. Los vecinos que con alegría recibían a los jóvenes estudiantes, tal vez imaginaban  un futuro mejor para todos. Pero los años pasaron, los estudiantes dejaron de serlo y luego partieron a la capital, buscando una mejor vida  lejos de su pequeño poblado que seguía igual, sin cambiar en nada en tantísimos años.
     Margarita sin embargo se había quedado, tragándose sueños y frustraciones, hasta que luego de muchas noches sin dormir decidió romper con todo lo que la sujetaba a ese lugar y huir.
     Hacía mucho tiempo que el tren esperaba la orden de partido. Los demás pasajeros estaban en una quietud extraña, aunque no le llamó la atención, dada las altas horas de la noche, por eso, cuando sonó  el silbato respiró aliviada. A medida que se alejaban lentamente de la estación, Margarita se dedicó a observar a la niña intentando recordar desde cuando estaba triste. Ya casi había olvidado como reir a carcajadas cuando algo la divertía. Sólo esbozaba alguna que otra sonrisa amarga. ¿Por qué? ¿Acaso no había intentado miles de veces decirle que no era feliz?
     ¡Eso era! Lo había intentado, pero no lo había dicho nunca.¡Por timidez? ¿Orgullo?
     El tren tardaba en tomar velocidad, como sintiendo pereza, dándole tiempo a las incertidumbres. De pronto la niña se levantó del asiento, con su atadito de ropa y el paquete, saltando al andén, mientras la saludaba con la mano,. Parecía feliz, contenta, igual que ella cuando llegó a este pueblo con sus padres y hermanos, igual a cuando regresaba del  internado luego de muchos meses de estudios. En esos momentos no se imaginó que la vida a veces parece  injusta y que los deseos no siempre se cumplen. Tampoco se le ocurrió pensar que las personas cambian y que se debe hacer muchos esfuerzos para que todo salga bien. Mientras recordaba todas estas cosas intentó detener a la niña, pero únicamente pudo verla desaparecer en una extraña bruma que envolvía el paraje en esa cerrada y sofocante noche.
     Quiso llamar la atención de los demás pasajeros, pero éstos inmóviles como suspendidos en el tiempo no reaccionaban.
     El silbato del guarda anunció la partida y Margarita se sobresaltó. No podía evitar pensar en esa niña que con su inocencia tenía fe en el futuro y le bastaba para ser feliz. Por eso mientras el tren partía lentamente, Margarita saltó al andén tras la niña feliz que alguna vez fue.
 
 
*De Mirta Alicia Gisondimirtagisondi@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
 
TRES ESTACIONES Y UNA VIDA **
 
 
 
Estación de las mujeres ciegas
 
Una habitación ciega. Alucinada.
Tres mujeres y una cuarta.
“Que llueva que llueva
La vieja está en la cueva”
Estación de la crucifixión
 
Una niña, pétalo ingrávido.
Una mujer de roble desahuciado.
La otra de rodillas le reza al hombre.
La cuarta se deshace en tristezas.
Estación de las violetas de agua.
 
 
La niña ríe y juega con su gato.
Llora por un rasguño imaginado.
Las violetas en los ojos de su madre.
Inmóviles…como piedra o lágrima.
 

 
Estación de los renaceres
 
 
Que llueva que llueva…
Nadie entrará en la cueva.
Las mujeres siguen el precepto.
El sol es un vendaval de oro.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
** DE LA SERIE TIEMPO DE LAS ESTACIONES
 
 
 
 
 
 
*
 
 
Llego al vagón del cineclub, y al atravesar la puerta me recibe la  dolorosa melodía de Nusrat Fateh Ali Khan que se extiende, se estrangula, tiembla y dibuja cristales quebrados sobre la sala en sombras.
     Las imágenes son confusas e inabarcables, en ese bosque de pesadilla donde dos adolescentes son asesinados. La brutalidad se muestra documentalmente; la vemos desde lejos, la acción está semioculta por los troncos de los árboles. Si la violación de la adolescente nos fuese mostrada en detalle, quizás no nos conmovería de mayor manera que esta situación de testigo real; alcanzamos a ver pero somos impotentes, es el puro horror.
     Después, uno de los asesinos; que comprendemos bestial pero reconocemos humano y fruto de un entorno social que no puede producir otra cosa que esta "white trush", basura blanca. Todo su pasado, su familia, el desprecio del gran país por sus desheredados desembocan en ese bosque, esa violación, esos asesinatos.
     La monja se espanta, comprende, se vuelve a espantar. Trata de ayudarlo y a la vez se entera de los pormenores, lo mira, aprende a reconocer gestos y fanfarronerías. Nosotros seguimos su camino y nos espantamos, y comprendemos, y nos volvemos a espantar. Cómo decir a los padres de los chicos que el asesino es un ser humano, cómo ponerse en el lugar de quien ha perdido su hijo, y con él el futuro, las ganas de ver cómo sigue la vida, el deseo o la simple expectativa de felicidad.
     Y la pena de muerte que sobrevuela las conciencias, la pena de muerte que nos interroga. No, digo. Y digo sí, admito que digo sí cuando me calzo los vertiginosos zapatos de los padres de las víctimas.
     La pena de muerte sobrevuela la película como las melodías de minarete que profiere Nusrat, dulces y apocalípticas.
     Hay primeros planos, palabras a media voz, rostros, más que nada rostros. La despedida de la familia es indudable, no saben qué decirse, se aburren, el hermano menor hace sonar sus zapatillas contra el piso encerado.
No pueden sostener la tragedia, deben esperar al último minuto para desencadenar el drama. Mientras tanto, sentados, esperan que el tiempo pase como quien visita a un enfermo y mira el reloj con disimulo.
     La congoja es insoportable. Me voy. Sé que en un momento alguien dirá "death man walking", y que esta es la frase que indica que el condenado inicia el camino hacia la inyección letal. Esa horrible frase que ya toma como muerto a un ser que puede escuchar las palabras, que tiene miedo y tiembla. Lo peor no será la muerte sino la calmosa premeditación, la frialdad quirúrgica. No quiero verlo. Me voy.
     En la primera fila, Oliver Reed se da vuelta y me grita en inglés "prefiero las comedias". Mientras cierro la puerta siento el chistido puntilloso y unánime de los otros cinco o seis espectadores, las carcajadas sofocadas de Oliver, que no se si sabe que está muerto.


*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
 
 
 
 
 
 
 
Estación Araujo*
 
 
 
La Estación Araujo, otrora propiedad del ferrocarril Midland, se ha convertido desde hace tiempo en escenario de lo
paranormal. O mejor habría que decir: el lugar físico donde esta estación se hallaba emplazada. Ya que la construcción, las señales, hasta el tendido de las vías, han desaparecido de la noche a la mañana, quizá para siempre.
Ocurrió que Don Tobías Mureño, peón encargado del puesto "Las araucarias", denunció en la comisaría del pueblo, hace ya unos meses, haber visto unas luces extrañas por la zona donde se encontraba la estación.
Dichas luces, según el hombre, brillaban en el cielo con gran intensidad, mucho más que la de la luna llena, y se desplazaban a gran velocidad a través de la noche. La denuncia quedó en ascuas, ya que la credibilidad del testigo fue puesta en duda desde el inicio, teniendo en cuenta su proclive tendencia a la bebida.
Un segundo comentario llegó a la cantina del pueblo, antigua pulpería campestre, donde José Arrueda, labriego de ley, hombre recto y
padre de familia, admitió haber visto, por la luz que lo alumbra y la vida de sus propios hijos, no sólo esas luces brillantes de las que se mofaron los oficiales de la Bonaerense, sino también la presencia de personas extrañas en torno a las ruinas de la estación. A pesar del inicial desinterés de la concurrencia, Arrueda describió a estas personas como de estatura muy baja, de contextura delgada, y con unas cabezas prominentes y puntudas. No faltó el gracioso que lo tildó de haberse insolado por pasarse tantas horas con la espalda curvada sobre el surco de la huerta.
En medio de un coro de risas y burlas inmerecidas, José Arrueda se alejó de la cantina y ya no volvió más. A nadie se le ocurrió que su testimonio podría ser de ayuda en una posterior investigación. Y por más que después se lo buscó para que atestiguara, José Arrueda parecía haberse extinguido de la misma manera que la estación desaparecida. Algunos dijeron que, incapaz de soportar el escarnio de los vecinos, avergonzado por sus dichos, se había marchado con su familia a probar suerte en otra provincia. Otros, hasta
llegaron a arriesgar que su contacto con aquellos seres podía ser sospechoso, como si formara parte de la Gran Familia Misteriosa, oriunda del resbaladizo terreno de Lo Oculto; pero quienes afirmaban esto ya estaban demasiado bebidos como para que su testimonio fuera tomado seriamente.
Hasta que Don Esteban Irigoyen, hacendado del lugar, afirmó en una reunión de la Sociedad Rural de 25 de Mayo haber visto, mientras recorría sus campos, huellas extrañas en las inmediaciones de la Laguna Todos Los Santos, lindante con sus cultivos cerealeros, hoy semi inundados. En el escaso terreno elevado que se había preservado del avance de las aguas, Don Irigoyen pudo apreciar marcas oscuras de aspecto circular, distribuidas en el lugar a distancias extremadamente regulares, como si una enorme máquina se hubiera posado en
las inmediaciones, y el terreno hubiese sido sometido a temperaturas en extremo elevadas, calcinando la tierra y los pastizales. Nadie podía dudar de la palabra de Don Irigoyen, por lo que ese mismo día se organizó una partida para acercarse al lugar e investigar el asunto.
Lamentablemente, esa misma tarde arreció la tormenta que se venía descargando sobre la zona desde hacía ya varios días, y la densa
precipitación elevó el nivel de las aguas, por lo que las supuestas marcas quedaron veladas bajo una oscura capa de inundación.
El relato del avistamiento de luces extrañas se mantuvo durante un par de semanas, manifestado por parte de los lugareños como así también por los camioneros o fugaces automovilistas que se detenían en la estación de la YPF situada a la vera de la ruta provincial 46, y comentaban con extrañeza lo ocurrido. Muy pronto circuló la versión en el pueblo, algunos pocos reconsideraron las burlas proferidas tiempo atrás hacia Don Tobías Mureño o -sobre todo- José Arrueda, y como no podía ser de otra forma, llegaron los medios televisivos, oliendo el escándalo como la abeja al polen.
Hasta allí llegó Damián Adonis, animador estrella de la TV, aún vapuleado por la opinión pública ante el estrepitoso fracaso acaecido junto a la antigua estación Comodoro Py. El pueblo se conmocionó durante días, invadido por la frivolidad, y los opinadores poblaron las pantallas de TV, transmitiendo desde el mismo lugar de los hechos, afirmando que los
OVNIS -porque no cabía duda que se trataba de una visita extraterrestre- se acercaban a la zona en busca de agua potable para alimentar sus naves. Y si había algo que abundaba en la zona, era agua estancada. Aunque no tan pestilente como los personajes que se acercaron al pueblo munidos de sus respectivas cámaras de video.
Precavido, descollando toda su personalidad pero reservándose el derecho de corroborar cualquier información que pudiera hundirlo en el descrédito, Damián Adonis recogía datos de los pobladores, grabador en mano, ideando posibles notas para transmitir en su propio bloque del programa. Hasta que, desbordado por los recurrentes comentarios, decidió que la mejor opción era crear algo por su cuenta, como había sido su costumbre; para ello, debía pernoctar en el lugar de los hechos, a fin de inspirarse. A diferencia de la
experiencia anterior en Comodoro Py, decidió ir solo, sin el equipo del canal, apenas llevando una cámara manual y su grabador, escabulléndose del hotel en medio de la noche a la manera de un anónimo ladrón de gallinas.
Al arribar al lugar, con los faros del auto apagados, notó que aquel espectáculo referido por tantos testigos -presenciales o no- era cierto.
Tres o cuatro luces giraban sobre los restos de la estación ferroviaria, a la manera de luminosas bochitas de Árbol de Navidad, describiendo giros regulares. Adonis, con cierta precaución, aunque anonadado ante su primer avistamiento, apagó el motor del auto y comenzó a filmar la escena a través de la ventanilla, rogando que la película de alta sensibilidad que consiguiera encontrar en el móvil del canal no estuviese vencida ni en mal estado.
Hasta que por fin, luego de unos minutos de monótona navegación aérea, las luces se reunieron en un solo punto en el cenit de la ruinosa estación, conformando una misma esencia, revelando la inconfundible silueta de una nave espacial, o como suelen decir los legos, un "plato volador". Adonis profirió un grito de júbilo, sin apartar el ojo del visor de su camarita, mientras continuaba filmando, imaginando las mayores posibilidades de satisfacción ante el supuesto rédito que podría extraer del material.
Entonces, del vientre de la nave emergió un potente haz de luz que cubrió la totalidad de la estación, así como el derruido cartel con el nombre de Araujo, algunas señales ferroviarias que aún se mantenían en pie. Adonis contuvo la respiración, a punto de aullar de alegría, cuando de pronto la camarita dejó de filmar.
-¡La reputa madre que los parió! -vociferó. -¡Estas pilas de mierda!
Pero no eran las pilas, porque quiso grabar el relato de lo que allí ocurría, y su grabador tampoco funcionaba. Miró la hora en el tablero del auto: el reloj digital se había apagado. Su propio reloj de pulsera estaba detenido. El teléfono celular había perdido la señal. Quiso darle encendido al coche, en un desesperado intento por huir de allí, pero el motor se negó a responder. Adonis, de pronto, se sintió completamente solo, y lo que es peor, aterrado.
La potencia del rayo lumínico del OVNI aumentó considerablemente, generando un molesto sonido de estática en el ambiente, así como una momentánea ceguera en Adonis a causa del brillo. Y de pronto, aunque el notero estrella -aunque de imagen devaluada- de lo paranormal hubiera escuchado hablar de las abducciones de personas por parte de los extraterrestres, jamás hubiese pensado que algo así podría suceder. Hasta llegó a pensar si no habría abusado de las pastillas de éxtasis en la gigantesca "rave" a la que acudiera el pasado fin de semana.
El rayo hizo vibrar a la estación, la extrajo de raíz entre sus cimentos, la elevó en el aire, y se la tragó completa, junto al cartel, las señales y los fragmentos de vía, como si se llevara de paseo un fragmento del paisaje ferroviario, una especie de maqueta en tamaño natural de la tecnología humana.
Una vez desaparecida la estación dentro del vientre del OVNI, el rayo se extinguió, la nave volvió a fragmentarse en varias luces que se agitaron en círculos concéntricos en medio de la noche, y un segundo después desaparecieron a una velocidad imposible rumbo al horizonte estrellado.
La camarita se encendió sola y continuó flmando, los números del reloj digital parpadearon en el tablero del auto, se oyó la señal del teléfono celular al ser recuperada, pero la atención conciente de Damián Adonis estaba muy lejos de allí.
Tal vez, fuera el momento de dedicarse a otra cosa.
 
 

 
 
 
 
 
 
*
 
 
hay lugares
con historias de aciertos
tan prolijos tan solos
tan absueltos de culpas y miedos
hay lugares
...
 
de muertos que lastiman
y de viejos relojes
estaciones sin trenes
que desmandan el tiempo
hay lugares
que pasan a buscarte
te cosen los ojos por dentro
y el corazón de lejos
se juega en sístole de apuesta
hacia el abrazo o la costumbre
hay lugares
de cristales y humo

pequeños como lágrimas
 
 
*De alba estrella gutiérrez. alba.estrella@gmail.com
 
 
 
 
 


Viajando por la patria*



Amanece en el vagón de clase única.
El aire es dulzón sobre padres e hijos dormidos.
Afuera transcurre el fresco paraíso de la llanura
como una eternidad que incluye a los viajeros.
No he dormido en toda la noche,
oí que alguien cantaba en algún lugar del país
y no por ello soy un elegido.
El tabaco y el insomnio han instalado
una fatiga ácida en mi cerebro. Pero creo en todo esto;
como la gente, las cosas salen de la oscuridad
limpias de culpa y pesadilla.
El tren corre en paz,
no hay amenazas en nuestros sueños,
no somos fugitivos ni refugiados de guerra.
Hay pan, frutas y vino entre nosotros
y excelentes razones para vivir.
Yo trazo algunos signos distraídos en el polvo de la ventana
como si quisiera inventarme un lenguaje personal.
Pero todos aquí viajamos por amor,
por verdades que justifican la marcha y el día que comienza.


*de Joaquín O. Giannuzzi.
Obra Poética. EMECÉ. Buenos Aires, edición del año 2000.






***


Juan Carlos Cena (*)
presenta su nuevo libro


FERROCARRILES
                 ARGENTINOS

DESTRUCCIÓN/
          RECUPERACIÓN

 
Viernes 2 de noviembre - 18 hs


en la Estación del FFCC Provincial, CC Meridiano V.
17 y 71 , La Plata.


Acompañan al autor:

Centro Cultural Meridiano V
Los Okupas de Andén
(*) sus libros anteriores: Memorias de un Ferroviario; El Cordobazo, una Rebelión Popular; El Guardapalabras; El Ferrocidio;
Crónicas del Terraplen; Sinfonía de Acero y Lucha.
 
 
 
***

Inventren Próximas estaciones: 
 
BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-
 
 
BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-
 
Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.
 
 
-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:
 

  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD. 
 MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  
JUSTO VILLEGAS. 
JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. 
ALDO BONZI. 
 
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE. 
 
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  
 
PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.
 
 
 
-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:
 
 
 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.
 
SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.
 
JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
 
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
 
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
 
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
 
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 
D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
 
  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
 
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.
 
 
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