martes, julio 20, 2021

LOS ANTIGUOS.

 


*Foto de Eduardo Francisco Coiro.

 

 

 

 

 

 

 

Alimento de sonrisas*

 

El perenne gusto de la tristeza en su boca retrocede por un rato con ese billete que le brinda una curiosa alegría privada que no necesita espejo ni testigos.

Ya llego a una edad donde se escurren precisiones y fechas.

Puede verse en la caja del supermercado para pagar e irse a su casa con alimentos para que la heladera no se vea generosa en vacíos. Reconstruye su asombro al descubrir el sistema de tubo aspiradora por el cual desde la línea de cajas envían dinero dentro de un recipiente similar a una lata a un lugar invisible.

Imagen rara que da para pensar en la velocidad de circulación del dinero que inquieta a los economistas.

Que el hombre haya decidido quitar de circulación tiempo antes que lo haga la inflación un billete de 2 pesos y lo haya incorporado como un objeto portador de significado, justifica la historia.

El hombre toma ese objeto inerte: observa cara de un Bartolomé Mitre anciano que parece percibir con mirada preocupada hacia el futuro.

Lee la numeración: 12836859 J.

Lo gira y lee el mensaje escrito en birome azul.

Puede ver como si fuera ahora mismo a la morena de la caja que demuestra una amabilidad poco usual.

Recuerda la sonrisa enorme mientras el hombre colocaba las cosas en la cinta que acerca los productos a la lectora de códigos que serán precios a pagar.

El hombre recibió la sonrisa de la chica y dijo "gracias".

Vio una tenue expresión de desconcierto y se sintió obligado a explicarse:

"Gracias, porque a esta altura de mi vida me alimento de sonrisas"

La cajera le volvió a regalar una sonrisa grande de luna llena.

El hombre pagó. Colocó los productos en bolsas.

Mientras ella le daba el cambio, tomó un billete de dos pesos y escribió en él un mensaje veloz.

El hombre guardo el vuelto y la cuenta como un manojo en el bolsillo.

Le dio un beso en la mejilla a la chica y se fue con sus cosas.

Cuando caminaba hacia la calle -que él percibe como un desierto urbano o una isla perdida en el océano- se ilusionaba con que ese billete no fuese una ínfima promesa de pago que pasa de mano en mano con indiferencia sino un puente hacia una gota de ternura compartida.

Cuando llego a su casa lo leyó. Sin expresar desencanto decidió quedarse con el billete para no olvidar leer de vez en cuando el mensaje escrito:

"Nunca te des por vencido"

 

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

LOS ANTIGUOS…

-Textos de Eduardo Francisco Coiro.

 

 

 

 

 

 

 

*

 

 

Contaba mi abuela que en Silvano. Su pueblo natal a orillas del río D'Orba el hombre lobo era fácilmente ubicable. Llevaba atada de una de sus patas traseras a la luna llena. Por eso su andar era torpe y siempre estaba delatado por la luminosidad. Como quien camina seguido por la luz de un farol sobre su cabeza. Los hombres del pueblo no querían cazarlo porque era demasiado sencillo. Además, creían que era uno de ellos. Un vecino que saltaba de su cama para cumplir un designio tan repetido como la neurosis, claro que mi abuela no decía neurosis. Decía que llevaría la misma repetida maldición aquel que matara a un vecino que tenía la desgracia de tirar de la luna vestido de lobo.

 

 

 

 

 

 

 

 

LO VERDADERAMENTE HEROICO

 

 

 

Le dejo a su sobrino sus cuadernos de notas por legado. Le llegaron embalados en una caja atados con hilo de yute. Son cuadernos comunes de hojas rayadas y espiral que vienen con su título en la tapa. El hombre elige abrir el que dice “Amor”.

Son frases sueltas. Según parece muchas eran propias, del propio saber del tío gestado en años de andar por la vida. Otras escuchadas. A veces frases subrayadas con resaltador en un recorte de diario.

Todo prolijamente anotado con su letra cursiva grande y clara, que le elogiaban tanto en su empleo de revisor de cuentas.

El hombre va al final del cuaderno. Es la última frase. Tiene una aclaración:

“Me dicen en el bar que lo dijo la Rosa Montero en un reportaje. No es textual, la escribo con mi memoria no tan buena…"

Lo verdaderamente heroico es querer al otro tal cual es.

"Tal cual el otro es" -Escribe para dar énfasis a la frase.

Luego sigue una reflexión:

“Cada vez seremos más los viejos solitarios. Hasta que lleguemos por suerte o desgracia de estar vivos a pasar las horas sentados en el geriátrico mirando un Potus.

Con suerte habrá una ventana para ver el movimiento de la calle.

En una mañana cualquiera, una viejita se sentará a nuestro lado. Nos tomara la mano.

Y será tarde para casi todo, menos para sonreír”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*

 

 

Ahí va mi padre silbando en la noche. Es primavera. No alcanza con el canto cíclico de los zorzales. Mi padre se acompaña silbando. Es una melodía que alguna vez le escuche cantar en italiano, habla del amor perdido por una napolitana. Para mí cada vez que lo escuchaba silbar aquella melodía era como si hablara en él la tristeza de lo irremediable que tenía adentro.

 

Mi padre un hombre de silencio. De pocas palabras, las justas y necesarias.

Ahora que volvió la primavera los zorzales cantan un enamorado insomnio. Mi padre vuelve a caminar a la madrugada hasta la avenida bajo estrellas o tempestad para ir a trabajar a la fábrica. Está sólo. Se acompaña silbando el amor perdido por una napolitana.

 

 

 

 

 

 

 

 

Postal de una despedida

 

 

Salimos de la iglesia un sábado a la tarde. En los últimos meses de su vida el tío venía caminando sosteniéndose con su mano izquierda en mi antebrazo derecho casi llegando a la muñeca, todavía me parece sentir la fuerza con la que su mano se aferraba. Con la mano derecha se aferraba al bastón. Al llegar a la parada del colectivo que lo llevaba a su casa el tío vio pasar en bicicleta a la mujer de ajustadas calzas. Ahí nomás soltó su piropo con rima:

"Como quisiera ser asiento para llevar ese flor de pensamiento".

Nos reímos. Pero mi risa apenas podía disimular la amargura de una despedida a cada paso. No podía siquiera aceptar la épica del viejo de 89 años por mantener su picardía intacta.

Llegó el colectivo. Lo sostuve con una mano en su espalda para que superara los dos primeros escalones. Pude ver cuando se sentó en el primer asiento. Saludó desde la ventanilla levantando el bastón mientras el colectivo se ponía en marcha.

 

 

 

 

 

*

 

 

Es medianoche. Han apagado las luces del vagón para que la gente duerma.

Afuera hay cielo estrellado. Una luna llena ilumina al interior del vagón creando sombras fantásticas mientras el tren obstinado en su recorrido las ignora.

El hombre lee a Saramago gracias a una débil luz individual. Encuentra una frase que lo sacude: “La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre”. Piensa en su padre, nacido en un hogar campesino en la Italia de 1923. Ese sueño que lo sacudió ya anciano: los lobos se comían a sus ovejas y él no podía hacer nada para evitarlo. Así se despertó, de esa cara de espanto de su padre, el hombre no se olvida. Piensa en su padre, en él mismo, en sus hijos. En otros padres con sus hijos. Todos acechados y finalmente devorados por la culpa. El espanto no lo deja abandonarse al aullido de los sueños.

 

 

 

 

 

Un viejo capitán*

 

 

Cuando el sol pasaba por la ventana del living de su departamento, el hombre se sentaba a fumar su pipa mirando al este. La vista fija. Una estatua que apenas cobraba vida por debajo del movimiento del humo.

Para Padre e hijo que lo veíamos desde nuestra ventana era un viejo capitán. Quizá por su pipa y aquella blanca barba enrulada.

Era invierno cuando llevaba una gorra gris de abrigo igual a la que usaba mi padre.

Un loro grande del color de los loros se paraba sobre el hombro derecho a tomar sol con su dueño. A su izquierda se veía un canario naranja en su jaula.

Loro y canario parecían ser las únicas compañías.

No podíamos ver la figura completa de ese hombre al que sólo veíamos sentado. Imaginábamos que tenía una pata de palo. Nos parecía oír el lejano eco del golpeteo cuando se alejaba del timón por la cubierta.

Sólo eso. La imagen de un hombre viejo viendo desde su soledad por la ventana hacia donde kilómetros más allá el Río de la Plata inunda las costas en las sudestadas. Durante la hora en que el sol bañaba de luz y calor su ventana. Luego, en su camino al oeste el sol quedaba oculto por la altura del edificio.

 

Unas semanas fueron de frío y lluvia. No tuvimos abrigos de sol.

Cuando volvimos a buscarlo con la mirada atenta al ventanal del 4° piso, la persiana estaba baja.

Así días. Meses también, hasta que ya no esperamos encontrarlo en su puesto de lucha.

Se habrá muerto, -dijo mi hijo.

No sé. Quizás volvió a navegar. Y está en su nave persiguiendo al horizonte. –intente decir con mi habitual negación a la muerte-. 

 Hasta descubrir con sus propios ojos el nacimiento del sol emergiendo desde el fondo del mar.

Lo cierto, es que también desapareció el bote colgado a la altura del alféizar de la ventana.

 

 

 

 

 

*

 

 

 

En el cajón de las fotos sin presente quedo una carta escrita a letra cursiva en italiano. Sobre el papel liviano que se usaba para correo internacional. Pudo traducir apenas el núcleo del mensaje "murió nuestra princesa" pues esta ilegible por partes.  ¿Salió llorada desde Paterno Di Lucania? ¿Su padre la lloró al recibirla?

 

 

 

 

 

 

*

 

-Eduardo Francisco Coiro. Argentina, Lomas de Zamora, 1958. Licenciado en Sociología de Universidad de Buenos Aires. Escritor.

-Editor de la publicación Inventiva Social.

https://incoiroencias.blogspot.com/

 

 

 

 

Inventren

https://inventren.blogspot.com.ar/

 

 

 

 

 

Crónicas terrestres*

 


La gente de antes no hablaba mucho o casi nada de su vida pasada, estaba demasiado ocupada en vivir el día a día. A mi edad ya soy parte de la gente de antes, de aquellos que están “más cerca del arpa que de la guitarra”. Aunque los hechos tal cual ocurrieron son imposibles de reconstruir para mí. Siempre quise saber porque llegamos con mis padres desde Tucumán a Elías Romero.

Ya no hay testigos vivos. Ni mis padres ni parientes de aquel entonces en Tucumán.

Nací en Campo Rouges. Mis padres eran cañeros. Todo el mundo era cañero, se vivía de la zafra. Antes y después de la zafra había que cultivar la parcela, criar gallinas. La familia que tenía un caballo con carro para moverse podía sentirse rica. Era muy chico cuando Evita bendijo con su visita al ingenio Santa Rosa. Lo guarde con mis ojitos mientras me acompañen la memoria y la vida. Las dos juntas porque la vida sin memoria no sirve.

Por Estación León Rouges pasaba el provincial de Tucumán que se perdía hacia el sur hasta terminar en estaciones que no conocí ni de nombre. Mi madre era de La Cocha. Ella cuando se juntó con mi padre se vino a vivir a Campo Rouges. Hasta La Cocha viajábamos en tren cada tanto a visitar familia. La gente tenía muchos hijos. Mi madre solo quería dos. decía que traer más hijos a casa de pobre era hacerlos pasar necesidad. Mi hermano menor murió a poco de cumplir un año de una enfermedad repentina. Fue esa desesperación o esa tristeza irreparable la que empujo a mis padres a venirse conmigo a Elías Romero.

El abuelo de mi madre estaba establecido en este descampado, puro campo, pero sin cañaverales a la vista ni montañas cercanas. Les mando decir –él no sabía leer ni escribir- que aquí había futuro. Trabajo asegurado. hospital cercano para atenderse.

No mintió. En Marcos Paz -a pocos km de aquí- había trabajo. Mi madre limpiaba casas. Mi padre aprendió el oficio de albañil. Yo tuve una buena escuela. Había médicos, lugares donde atenderse.

 

Un día intente escribir en un papel el recorrido que hicimos los tres hasta llegar hasta aquí. Cambiamos cuatro veces de tren. El que llegaba desde San Miguel hasta Retiro tenía la vía ancha. Y no viajamos hasta Elías Romero en el Midland que ya se llamaba Belgrano. Se conoce que no tenía frecuencias, así que el bisabuelo nos esperó con su jardinera tirada por la fiel petisa en la estación del Sarmiento.

 

Crecí. Aprendí el oficio de carpintero. Trabajé por mi cuenta mientras pude. Hasta el Rodrigazo se podía trabajar en el oficio de cada cual. El trabajador era un señor, no una pieza descartable.

Voy a evitar relatar como el país acompaño mi recorrido desde carpintero especializado y lustrador de muebles al viejo de 70 años que junta latas de aluminio mientras espera una pensión.

La calle de tierra que pasa por la estación muerta del Midland se llama Discépolo. Ese hombre sí que la vio venir. La vida fue nomas “Cambalache”.

 

Aquella vez –por el 2001 o 2002- cuando todavía tenía trabajo vi a un hombre viejo sentado en la vereda de la calle comercial. Vendía sus libros para poder comer -me dijo.

Le compre dos libros que me acompañan en esta soledad. Los releo seguido: “El corazón de las tinieblas” de Conrad. Y “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury.

Los dos libros hablan a su modo del triste mundo de la explotación que alguna vez saldrá de nuestro pobre planeta a Marte y mucho, mucho más allá.

Vivir en Elías Romero es como vivir en Marte, quizás peor porque hay a poco de este lugar abandonado a la mano de Dios una sociedad de la indiferencia. Abismos siderales separan a las personas.

De Hataway comprendí que la soledad es universal. No es una maldición personal inexplicable. Por donde vaya el ser humano llevará su soledad o su soledad acompañada que suele ser aún peor.

No tengo la capacidad del personaje de Ray para recrear robóticamente lo perdido. En Los largos años, Hataway esperó noche por noche mirando al cielo.

Tengo las herramientas mínimas para que mi casa de ladrillos asentados en barro no se derrumbe conmigo adentro. Sé que ser pobre incluye no poder arreglar lo que no puedas hacer con tus propias manos. Por eso quisiera ser el ingenioso Hataway.

Y no “Don Pere” un hombre viejo que hasta ha perdido su primer nombre y la z de su apellido.

 

 

*De Eduardo Francisco Coiro.

https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar

 

 

 

 

-Próxima estación.

 

En el recorrido del tren literario por el Ferrocarril Provincial:

 

 

CARLOS BEGUERIE. 

 

 

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

 

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.  

 

LOMA VERDE.    ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.

 

GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

 

GOBERNADOR OBLIGADO.

 

ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.  

 

 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

 

ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.

 

 INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA. 

 

GOBERNADOR GARCIA.

 

LA PLATA.

 

 

 

 

*

 

-Siguiente estación

En el recorrido del tren literario por el Ferrocarril Midland:

 

 

KM. 38.  

 

 

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.   LIBERTAD.

 

MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.    ISIDRO CASANOVA. 

 

JUSTO VILLEGAS.    JOSÉ INGENIEROS.  

 

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.   ALDO BONZI.   KM 12.

 

LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.

 

 VILLA CARAZA.    VILLA DIAMANTE.  PUENTE ALSINA. 

 

INTERCAMBIO MIDLAND.

 

 

 

InventivaSocial

Plaza virtual de escritura

 

-Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

https://twitter.com/INVENTIVASOCIAL

 

 

 


miércoles, julio 14, 2021

HASTA QUE DEJEMOS DE SER INVISIBLES...

 


*Foto de Martina Arnol.

 

 

 

 

 

*

 

 

Vengo

desde la sombra,

oscura

como un jirón

desprendido

de la noche.

Traigo,

apenas,

el asombro

apretado

en una mano:

un rastro

de ceniza

robado

a las estrellas.

En mí

vive

la luz.

 

 

*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com

 

 


 

 

 


 

 

Mirar la lluvia en invierno*


I

 

Llueve, a pesar de la tala y la quema irracional del Mato Grosso y el Amazonas, aún llueve, y aunque la bajante actual del Paraná ha llegado a niveles históricos, podemos decir que es culpa de un fenómeno inconstante llamado: “la niña”, y cuando a pesar de todas las señales rojas nos creemos a salvo e inocentes, pero la naturaleza le pone ganas a la vida a pesar de nosotros y de que es invierno, sin embargo, adentro, detrás de los cristales sentimos que la piel del frío nos arrincona, miramos el afuera diluirse tras el denso hilado de lluvia desmadejado en el piso, y comprobamos como el mundo cotidiano se nos borra parcialmente, algo intimidante cuya intensidad no nos incomoda ni nos apena ni nos asusta, sabemos que abajo y detrás del manto de agua los restos invisibles permanecen, que de alguna manera nos pertenecen y qué, a pesar de no verlos, podemos reconstruirlos sin esfuerzo con solo hacer memoria, que su disolución es imposible y apenas alcanza con esperar a que pare de llover, pero adentro de la piel del frío no es lo mismo, apenas respiramos temblando y buscamos sentir en el interior de nosotros el recuerdo de latidos pasados, aquellos que, plenos de deseo y de ira, nos impedían mirar la lluvia detrás de los cristales muertos de frío como ahora lo hacemos, porque entonces no había mundo reconocible que desapareciera, no había nada que nos hubiera ocupado para recrear de memoria, porque sólo nos pertenecía y habitábamos la amable intemperie de lo posible.

 



 

II

 

Aunque ahora, a salvo de la lluvia tenaz que no cesa y que, a pesar del esfuerzo de limpiar la miseria de lo cotidiano y reubicar los detritus en lugares que sirvan de abono, no logra lavar y disipar la peste que, aunque no lloviera, nos arrincona a solas detrás de los ventanales y de los barbijos, y nos hunde en el abismo negro que nos habita al acecho, y caemos en la cuenta de que todo nos ha llegado muy tarde, de que hemos debido luchar demasiado por esa parte de la vida cotidiana que ahora yace anulada, en parte o toda, por la lluvia o la peste, la que creemos poder recuperar con solo ejercitar la memoria, y nos damos cuenta de que no era eso lo que en realidad buscábamos, no era eso que por el momento se oculta y creemos que nos pertenece, y que tiene un valor que no se justifica por el tiempo invertido en asirlo, porque nada de eso que existe y que por el momento está invisible y oculto por la lluvia nos hizo feliz ni lo disfrutamos nunca, porque no era eso lo que buscábamos ni deseábamos, y recién lo descubrimos ahora que está invisible o borroso, ahora que nos aburre la lluvia y nos duele el frío en los huesos, y todo se debe a la ausencia de aquellos latidos potentes que derretían el frío y secaban la lluvia como entonces lo hacían.

 

 

 

 

 

III


Entonces vamos desde la ventana a las redes sociales y vemos destellos de aquello que en verdad deseábamos desde que tenemos memoria, y que algo torcido en nosotros lo mantuvo invisible y oculto sin lluvia, y, resulta que, de manera tortuosa, hemos elegido contactos afines que están en la ruta de aquello que en verdad deseábamos, pero sucede que en las redes sociales no llueve, y, por lo tanto, no tenemos el alivio de ignorar lo que no se ve de aquello que deseábamos, que, en lo relativo a esa ficción momentánea que a veces ocurre y es tan necesaria, y a la cual perseguimos en forma ilusoria sabiendo que es inalcanzable como el horizonte, y que muchos dan en llamar felicidad, no era gran cosa, pero nada nos libra de la ansiedad de ver a quienes buscan la misma veta encontrar pequeñas pepitas de sueños que les inducen latidos potentes y los mantienen distante de las ventanas y ajenos a la lluvia y al frío, sabemos que puede que encuentren algo sustancial o terminen vacíos y frustrados mirando la lluvia, y aunque logren tener la visión completa de lo atrapado, puede que, ellos, que nunca se han confundido en priorizar sus deseos, y con algo de oro de la veta para mostrar sientan, igual que nosotros, que no ha valido la pena, que no era eso lo que en realidad buscaban y que, al encontrarlo, poco o mucho, no lo disfrutaron como esperaban, y se encuentran, quizás como nosotros, deseando volver atrás en el tiempo, y cambiar el rumbo elegido que nosotros nunca encontramos ni elegimos, porque la cobardía nos impidió admitir nuestros deseos verdaderos, o tal vez aún no lo saben, y exhiben, con cierta impudicia malsana, las muestras mezquinas y contingentes de sus sueños verdaderos, nosotros sabemos y ellos también saben que eso que muestran no son indicios certeros de la veta completa que quizás no alcancen nunca, pero algo nos incomoda por doloroso e indesmentible y nos altera, son jóvenes y aún tienen mucho tiempo de buscar lo que desean y sentimos en la piel del frío que están en la ruta correcta, y que, esas muestras mezquinas e insuficientes, no prueban en modo alguno que tienen la capacidad, el bagaje o el talento necesario, sumado a la intuición y la fuerza, de encontrar la veta madre, pero tienen para exhibir muestras reales de lo que han deseado y buscado y eso es la prueba lacerante de que la lluvia y el frío no los arrincona y las sienes les laten con fuerza.

 

 

 

IV


De que ellos todavía no miran hacia el costado buscando el botón de reinicio, eso que los chinos parecen haber encontrado cuando diseñaron el virus en un laboratorio militar y que, en la más deseable de las posibilidades, con gran voluntad de nuestra parte, podemos creer que se les ha escapado, algo improbable y pasajero como la tormenta cuando ya ha pasado, cuando las cosas recuperan la contundencia ilusoria que la lluvia oculta y  desfigura, algo que también es relativo, porque lo recuperable de lo que la lluvia  oculta, lo es sólo con respecto a nosotros que lo creamos y le dimos una pertinencia frágil, pero puede ocurrir que, en una lluvia cualquiera, sea necesario detenerse a pensar, y nos asalte la duda de que en verdad sea posible que, con hacer memoria o esperar a que la lluvia pare, las cosas ahora invisibles se puedan recuperar en el estado en que las perdimos o como las recordamos o eran.

 

 

 


V

 

Vivimos en una interrupción con respecto a nuestra voluntad y nuestros deseos, algo que, nos dicen que, es un aparente armisticio que nos contiene y nos salva, pero la máquina destructiva, apropiadora y enajenante no se detiene, y lo único que nos queda es recoger los restos de sueños y tratar con ellos de sentir algún leve latido, cómo si fuera posible recuperar lo perdido, como si lo perdido tan sólo hubiera sido oculto y deformado por la lluvia, como si la lluvia se hubiera detenido, y las cosas volvieran a ser lo que eran, como si la lluvia fuera un recuerdo y no se repitiera, o no fuera la lluvia lo que siempre se repite, como si lo que se repite todavía latiera, y al latir recuperara la fuerza y el deseo, como si los deseos todavía fueran posibles, como si, aunque fueran posibles los deseos, pudiéramos soñar aquellos latidos sin frío que nos alejen de las ventanas y las redes sociales y nos concedan el alivio de un indicio falso de que encontrar la veta madre todavía es posible, algo para mostrar y mostrarnos y creer que haber vivido valió la pena, y que vivir lo que aún nos resta, todavía vale la pena vivirlo.

 

*De Horacio Rodio. horaciorodio@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

El hombre invisible*

 

Más allá

del río

encontré

a un hombre

mirando

el agua.

“¿Ha oído hablar

de Trapalanda?”,

pregunté.

“Sí,

pero no la verá

nunca

hasta que

dejemos

de ser

invisibles.”

 

*De Robert Edward Gurney.

 

 

 

 



 

 

UNICIDAD EN LOS RASPADOS O GRANIZADOS DE GROSELLA, ROMPOPE Y TAMARINDO*


Criatura a la que convoco con inocultable desprecio: pon atención, pues mi voz [1] se nutre del sedimento de la roca que poseé más espíritu que tú.

¿Qué cobarde necesidad tienes por mandar sobre las tormentas que iluminan con fuerza tu existencia? ¿Acaso eres incapaz de decidir ante el batir de las alas vestigiales que no gobiernas? ¿Qué te hace creer que al portar un estúpido amuleto, controlas el devenir aún no escrito que tanto te aterra?

Cuando te vi vacilante, dudar, inseguro de tomar una decisión, llegó un ser aún más despreciable que tú a ofrecerte una mentira a todas luces inverosímil: tu cobardía y debilidad de carácter te hicieron abrazarla con todas tus fuerzas… A eso le llamaste fe…

Bestia que detesto [2], te he observado postrada frente a un símbolo y no he podido disimular mi risa al mirar tu grotesca esperanza en lo inexistente, deseando incidir sobre el mundo que te rodea y cuando todas tus fantasías te fallan, encuentras una patética salvación en otras realidades, otras vidas que serían dignas de burla si no me causara pena el verte llenar tu existencia con esas supersticiones vacías.

Incapaz de afrontar la falta de control sobre lo que converge en tu vida, has tomado toda tu miseria intelectual para darle el ridículo nombre de destino, suerte, dios, creador, cosa que tiene que suceder, misión por cumplir, todo pasa por algo, conjunción de los astros, poder de los cuarzos o insensatez semejante.

No comprendes, repulsivo animal, que tus padecimientos tienen más explicación económica, política, histórica, que la intervención irreal de un demonio que solo asusta a idiotas que no comprenden que en la noche simplemente habita el cauce de la oscuridad… Y aun cuando la veracidad de tus supersticiones es cuestionada en cada piel mudada por las serpientes, te aferras absurdamente a tu fanática mentira: ante espantosa exhibición de ineptitud no pude contenerme y te llamé imbécil con tanta fuerza, que el viento se movió: tú quisiste interpretarlo como una señal.

Tanta es tu cobardía que me pedirás respeto para quienes han pasado por situaciones difíciles y es verdad: hay sucesos que son humanamente insoportables y solo allí, cuando se está al borde de la demencia, comprendo un poco la necesidad de abrazar falacias incoherentes, mas no lo acepto: tu fe, con sus más complicados y elaborados mitos no es más milagrosa que un caldo de gallina, un canto para matar culebras [3] o una danza para hacer resplandecer al Sol [4].

 

 

- - -

[1] Bryophyta sensu stricto. Plantas no vasculares. Presentan alternancia de generaciones. El individuo haploide suele tener ideas con diversos grados de herejía.

[2] En voz del demonio poeta, se leé: “¡Muéstrame a un hombre que sea bueno!… Pero que tu gracia multiplique mis fuerzas naturales, pues ante el espectáculo de semejante monstruo puedo morir de asombro; por menos se ha muerto”. Isidore Ducasse (Conde de Lautreamont); Los cantos de Maldoror.

[3] “¡Mayombe-bombe-mayombé!”. Nicolás Guillén; Sensemayá.

[4] Toda estrella termina por devorar a sus planetas. Es su peculiar modo de decir que hay cosas que pudieron ser, pero que ya nunca serán.

 

*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

 





 

 

*

 

Cuando la palabra

se duerme

en el silencio

se hace piedra.

Piedra

que debió ser ave,

arena

que debió ser mar.

Y es apenas

este afilado

barranco

en la garganta.

 

*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com

 

- Mariana nació en General Belgrano, Provincia de Buenos Aires. Actualmente vive en City Bell. Publicó: Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena 2014). Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú, 2015) La hija del pescador (La Magdalena, 2016).  Piedras de colores (Proyecto Hybris 2018) Su último libro publicado es El orden del agua, GPU Ediciones (2019)

-Coordina Microversos, talleres de exploración literaria.

 






 

INSOMNIO*

 

En mi ojo ciego

veo sangrar los crepúsculos

sobre árboles desnudos,

imagino que los Dioses han muerto

desde que flamea un fragmento de mi piel

al aire frío

como prueba de existencia.

No sé si te has enterado que la última estrella

se ahogó en el mar,

y se ve triste tu sonrisa

entre bestial y cómica.

Nadie es cómplice del tiempo

cuando éste seduce

las agujas del reloj

durante el insomnio.

La creación de los sueños

en ojos cerrados

no significan recuerdos.

A veces, sólo a veces

evoco tu nombre,

cerca de mí navegan

mis sombras

divididas en mil sombras

que el ojo ciego

catan sin premura

en sabores dulces y amargos.

instantáneas al fin en blanco y negro

borroneadas en algunas partes

y en otras invisibles.

No puedo memorar si alguna vez

amé tus ojos verdes,

aunque aún puedo ver en tus pupilas

el purpúreo del ocaso

de tu última entrega.

Lejos se oye el silbar del viento,

y quiero correr tras sus alas

subir a sus plumas frías,

y escribir los poemas

que jamás hice por vos.

 

*De Patricia Dajruch.

 

 

 

 

 

 

*

 

Con el alma en las manos

La caricia busca una oculta almohada para acunar los sueños

El regazo perdido,

ese oscuro saber vuelto perfume


*De Cristina Villanueva.

In memoriam

 


 

 

Inventren

https://inventren.blogspot.com.ar/

 

 

 

 

 

EL SÉPTIMO DÍA DEL SÉPTIMO MES*

 

 

Cada tanto huyen a una vida anónima. Con ropa sencilla y anteojos oscuros.

Ella oculta pudorosamente sus múltiples tatuajes.

Cumplen un deseo: viajar en un tren de época reciclado. Un tren con vagones renovados tirado por una locomotora Garrat -fabricada originalmente por Beyer Peacock- Que tiene 116 toneladas. La más pesada de la dotación original Midland.

El tren corta la llanura pampeana rumbo a Carhué. A los dos les gusta hacer el amor en ese camarote estrecho que los obliga a dormir acurrucados. En ese tren de trocha angosta cuyo andar se convierte en un suave vaivén de barco.

Van al pequeño pueblo de San Fermín.

Donde se anuncia una corrida de toros, sin toro.

Muchachos y muchachas vestidos con sus ropas blancas correrán por las vías.

El toro será un gigante negro y humeante que ha sido caracterizado a partir de una locomotora North British recientemente puesta a nuevo.

En una de las fotos que puede verse El toro tiene una boca gigante de utilería que raspa los durmientes de madera y debe devorar a varios de los corredores en los casi 1000 metros que dura la carrera.

El tren llega a San Fermín envuelto en sus nubes de humo y atravesando una densa niebla. Bajan. Ven partir presurosos a los recién llegados que son recibidos por parientes o amigos. A los solitarios que corren a ponerse en la fila de espera para tomar alguno de los pocos taxis disponibles en este pequeño pueblo.

No tienen apuro. Caminan el andén. Se acercan a observar una locomotora que no quisiera partir. Ni hundirse en la densa niebla que no deja ver el más allá del final de la estación.

Es un amanecer. Ese es el primer tren del día que llega antes de que los rayos del sol se impongan a la niebla.

El tren se va. Los envuelve la soledad. Son una pareja de turistas que no tiene demasiado interés en salir de ese espacio mágico del andén de un pueblo perdido en la llanura.

Del tren queda apenas un sonido que se aleja irremediable.

Ellos siguen allí viendo las fotos que revisten las paredes del andén. Un pueblo viejo que se extinguió y volvió a refundarse con la vuelta del tren.

Están las fotos de las celebraciones previas del San Fermín hechas aquí.

Caminan de la mano. Mano derecha de él a mano izquierda de ella.

Están bastante ajenos al mundo.

Hasta que la tensión en el cuerpo de ella los puso en guardia, como en esas acechanzas que se perciben en la piel antes que en la conciencia.

Una voz les hablaba en inglés norteamericano.

"Know your Rights"

La voz era de una gitana que se acercaba.

-Hola Brad Pitt.

-Hola Angelina Jolie.

Ahora ambos se sobresaltaron por igual.

-Quiero que se cuiden, hay mucha envidia alrededor de ustedes.

-hay gente mala que asedia la dicha.

Ella giro bruscamente. le dio la espalda a esa voz a la que no quería reunir con el cuerpo que se acercaba.

Él se quedó enfrentando con su mirada fija en los ojos de la gitana.

Su presencia era la actualización de una antigua pregunta: ¿Hasta qué punto lo real está construido por malos sueños? ¿Cuál es el día en que las pesadillas alcanzan a lo real presente? Fueron instantes. Apenas instantes.

La gitana siguió hablándole a ella, como si el hombre fuese apenas una sombra.

-No te vayas. No te escapes.

-Que no te voy a violar.

Ella volvió a estremecerse.

-A vos ya te violaron hace rato… -Remató la gitana.

-Porque no te cortas la lengua. –Gritó el hombre con furia, mientras vio la imagen de la espada de Aquiles en el aire. Lo inundo el deseo de verla decapitada. De llevarse esa cabeza. Que jamás sería de un mártir como Fermín de Amiens.

Pero la gitana eludió el corte corriendo hacia el umbral de la estación.

Después, se desvaneció en la niebla.

Ellos se miraron. Descubrieron que fácil es ser desconocidos darse cuenta a un solo golpe del destino. Él no quiso decirle que aquella gitana habitaba en pesadillas desde niño. Que la había visto una y otra vez -Hasta ese día a prudencial distancia- en distintos lugares del mundo.

Ella sintió el corte en su propia memoria de piel.

Se preguntó si aquel suceso tan encapsulado en olvidos, había ocurrido un séptimo día del séptimo mes.

De la gitana misma quedaron dudas. Hasta que vieron ese goteo de sangre, que desaparecía al atravesar el umbral de la estación.

 

*De Eduardo Francisco Coiro.

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Próxima estación.

 

En el recorrido del tren literario por el Ferrocarril Provincial:

 

 

CARLOS BEGUERIE. 

 

 

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

 

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.  

 

LOMA VERDE.    ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.

 

GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

 

GOBERNADOR OBLIGADO.

 

ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.  

 

 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

 

ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.

 

 INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA. 

 

GOBERNADOR GARCIA.

 

LA PLATA.

 

 

 

 

*

 

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En el recorrido del tren literario por el Ferrocarril Midland:

 

 

KM. 38.  

 

 

MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.   LIBERTAD.

 

MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.    ISIDRO CASANOVA. 

 

JUSTO VILLEGAS.    JOSÉ INGENIEROS.  

 

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.   ALDO BONZI.   KM 12.

 

LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.

 

 VILLA CARAZA.    VILLA DIAMANTE.  PUENTE ALSINA. 

 

INTERCAMBIO MIDLAND.


 

 

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