miércoles, noviembre 14, 2012

¿DE QUÉ SE HABLA AHORA?


*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.




La desmesura*


Ange plein de gaieté , connaissez- vous l’ angoisse ?
Charles Baudelaire


*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com


El hombre se hace humano al crearse (mal-decirse) en el lenguaje: se vuelve metáfora, para salvar la distancia que lo separa del mundo y desde ese momento lo acecha la desmesura. Todo su desmesurado accionar es transformar la irrealidad de una...
cosa en la realidad de un lenguaje. Quien ve a Dios muere. No queda más que una palabra monstruosa en su enconada voluntad de ser. Como diría Lacan el símbolo lo hace hombre y el sostén de la función simbólica se hace en el Nombre del Padre o el de la Ley. El mito luciferino es el de la negación del Silencio Divino vuelto negación exacerbada, desmesura y caos, o si se prefiere literatura. Si bien Adán ha dado nombres a las cosas para separarlas (la razón es separación y a la vez unidad), de repente las cosas se vuelven múltiples por ese mismo lenguaje que le hacía creer que un perro era un perro, que no podía ser perro y no perro y que se era perro o no se era perro y no había ninguna tercera posibilidad: Ante semejante de palabras que diversifican esa separación de cosas y que son ambiguas la desmesura y la ajenidad están a la puerta de entrada.
Los griegos odiaban la desmesura. No envenenan nada, diría Camus con sarcasmo. La desmesura prosigue Camus: azotar el mar, locura de bárbaro.


***

En los albores de la tragedia y de la poesía épica griega se habla de un héroe que es mediador entre el cosmos y el mundo humano. Es víctima casi fatal de la hybris que es el pecado de desmesura. El griego se maneja en la legalidad cósmica, a la que llama justicia (inhumana en el sentido de no humana y también combativa de lo terrestre y lo divino), es decir, la armonía, la mesura. Lo otro, y así por ejemplo la demencia o todo lo que sale de la Ley cósmica, contagia el universo entero como una peste. Es merecedor de la maldición, pero al resignarse, al aceptar el castigo, produce el restablecimiento de la armonía y la catarsis del espectador, la purga, a partir de la identificación. Según Anaximandro las cosas expían sus propios excesos, se trata de un universo en tensión: donde el orden es categoría de ser. Estamos frente a un héroe que devuelve el caos, es decir que exhibe la desnudez del mundo (o sus vísceras, si se prefiere) como un artista. Como hombre es maldecido por una legalidad cósmica inentendible que más bien recuerda a la fatalidad (el misterio, lo inentendible del Destino, aún por encima de los dioses): como artista extrema el Mal- Decir, muestra el caos oculto disfrazado de orden y legalidad cósmica, desenmascara la oculta maldición. Es ya imagen del escritor que utiliza todo el poder destructor de la palabra, su potencia de malentendido, de mentira, de paradoja. El lenguaje común ya mal-dicho, queda aquí sin su túnica de orden ficticio, de racionalidad inventada y muestra el sustrato de locura (locura como desnudez) que es su esencia. De eso se trata la desmesura, de mostrar la mentira del lenguaje, como expresión de organización, razón, sensatez y mesura. ¿Participa la voluntad del hombre, por ejemplo en Esquilo? ¿No se queja Prometeo de la injusticia (maldición) de su destino? ¿Orestes matando a la madre quiebra el orden cósmico y a la vez lo restablece? ¿No se trata de esa categoría de lo demoníaco en Kierkegaard que habla de lo reservado e involuntariamente revelado? (Recordemos que lo literario siempre es una extrañeza irreductible para su autor, es ajeno, y en el héroe griego el destino, el Hado, es esa misma extrañeza irreductible, como su misma acción donde participa una voluntad casi ajena, por tratarse, precisamente de la desmesura.) ¿No se trata de la categoría de un vacío que salta súbitamente y muestra la nadería del orden? ¿No se trata de angustia ante una presunta legalidad cósmica, llamada Bien, compendio y resumen de lo demoníaco en Kierkegaard?
La tragedia es ceremonia religiosa con sacrificio de chivo ante un Dionisos, donde se representa la maldición y presunta bendición del héroe después de su inmolación. La maldición se vuelve a través de la belleza y la representación en Bien-Decir, bendición. El coro podrá decir a Edipo: los dioses que te hirieron, te levantarán de nuevo. Por esos héroes que redimen la naturaleza no vuelve al caos, pero el caos es mostrado antes de la formación del nuevo orden hecho de la belleza del Mal- Decir y de su carácter expiatorio.
Eurípides se pregunta sobre la justicia de la legalidad cósmica y abre aún más la brecha del Mal- Decir. Ahora sí queda desinstalado el lenguaje que pretende ordenar las cosas, o crear la Ley cósmica. El caos regresa, una vez más y sólo queda el estoicismo. El hombre maldecido, resulta inocente, su lenguaje es el que no es inocente y el que muestra los pozos, las aberturas a través de los trágicos.
El hombre griego sabe de sus límites (geometría, lógica), pero también sabe el caos debajo de las cosas. La mostrarán sus héroes y la tragedia será la bendición del Mal-Decir.


(Fragmento de "La maldición de la literatura", ensayo de mi autoría que será presentado el 23 de noviembre a las 18 horas en Orsai, Humberto Primo 471, Editorial Ruinas Circulares.)








¿DE QUÉ SE HABLA AHORA?





NOVIEMBRE*

Una carta breve a Eduardo Coiro.


Oh querido amigo, te escribo en horas de este lunes
de noviembre, mes que se recordará en el país por mucho
tiempo, eso creo, no para hablarte de algo en especial,
algo que no sepamos o al que le debamos dar una palabra,
en momentos en que pareciera que todo está dicho y oído,
más serio o menos grave, más obviado o más al borde,
sino para extenderte el curso de mi voz, estas palabras,
en días en que siempre será propicio reenviar mensajes
de amistad como quien vuelve a saludar cada mañana.

                                                              
*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar









Del libro del Hada Cartuja*



El tiempo fue  pasando entre libros y actos donde se reunían extraños gnomos, elfos y hadas. El hadita había comprendido que lo más conveniente era ocultar sus colores, sus habilidades y poderes cuando los demás se encontraban cerca. Si se acercaban demasiado podía volverse invisible sin esfuerzo, sólo necesitaba tirar de su trenza izquierda. Si le hablaban de cosas que no le importaban, podía volar a otro lugar tirando de su trenza derecha. Igual aunque volara lejos, los demás la seguían viendo allí pese a que se había ido. En realidad no era demasiado difícil para el hada seguir estando cuando no estaba, o no estando cuando estaba. Lo practicó algunas veces para no equivocarse, especialmente en la escuela donde la maestra Margarita quería que el hadita recitara largos poemas que ella, Margarita había escrito. Aprendió a ser invisible casi todo el tiempo, aunque todos creían verla volar estando muy quieta. Cuando dejaba de volar entre las nubes rosadas que eran las únicas que le gustaban porque eran más divertidas que las blancas, que siempre estaban posando por si las veía un pintor o las grises que sólo se ocupaban de llover o las verdes, que se hacían las nunca vistas.
A  veces iba a la escuela, donde había muchos extraños llamados niños, que gritaban y practicaban luchas tribales, También había maestras que enseñaban cosas que el hadita ya sabía con lo cual se aburría mucho.  A veces se divertía cuando la maestra ponía un deber que se llamaba composiciónlaprimavera y el hadita escribía cosas que ya habían sido escritas por viejos magos llamados escritores. Entonces copiaba al mago Neruda y la maestra lo corregía y le encontraba muchos defectos al mago Neruda. Otra vez escribió muchas cosas del mago Juanramón que tenía un burropequeñopeludosuave y la maestra le encontró muchos errores a Juan Ramón. El hadita se divertía con esas cosas y con los coros del maestro de música que le ponía horribles letras a las danzas húngaras . También tenía que recitar en las fiestas en casadeespañademocrática en las fiestas por la república que ya no existía.


*De SONIA  ARISMENDI. soniaris@adinet.com.uy








PRECIOS*



Por sobre el precio de
toneladas,
partidas y sudores,
creció y crece
el hambre, nombrada,
renombrada,
a razón de tantos
olvidos,
sombras y trizas por
palabra
(y un signo abismal
ahí abierto).
Crece como un río
que enloda
más allá de razones
y de barrios,
libre, libre, y más
allá,
como un frío azul
inexplicable,
que traspasa hasta
los huesos
y el mapa oscuro
del país;
y tiene nombre propio,
encierro propio,
tiene alma mordida
y tiene boca
seca, que masticó y
comió
y come historia, esta
historia.


Gran Buenos Aires, junio, 2008


*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
-Cuatro momentos. Ediciones del Nuevo Cántaro.







Fragmento de "La voz múltiple"*



*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com



"En muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto. Jesús le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” El contestó: “Legión”. Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.
Lucas 8, 29-31


A todos (hablo con cierta exageración, claro) nos hablaron en algún momento de nuestra adolescencia de una ecuación subjetiva. Y todos lo escuchamos la primera vez, fascinados e incrédulos. Sería bueno (tal vez no sea bueno) preguntarse si hay algo en el mundo que no tenga esta carga desastrosa o fantástica de sometimiento al “sujeto”, lo cual ya es una redundancia. Por algo Derrida conversaba sutilmente de la “différance” El significado de un significante no es el referente sino otro significante. Las palabras no re-presentan lo ya presente y se confunde ciencia y ficción. Las cosas no están antes del discurso sino al revés. Eso que llamamos el mundo es una interpretación metafórica. Mundo como fábula, aseguraba Nietzsche y aquí sentíamos placer y tristeza.
Lo muy obvio tiene sus encantos, pero prefiero detenerme en algo mucho más perturbador. En definitiva, la única materia de la literatura (y yo deseo hablar de literatura) es lo que perturba. Siempre lo múltiple produce este efecto de alterar, desarreglar, trastornar la calma que reside en la esquemática Orden del Uno. La posibilidad de una interpretación incesante que todo el tiempo se niega a sí misma: interpretación sin núcleo. Aquí entramos en la “incómoda magia”, si vamos a utilizar el decir tan fino de Borges. Uno tiende a esperar que las magias solucionen y más en esta era de lo eficaz y de la comodidad. Pero la literatura no parece ser de nuestro tiempo, aunque hoy se necesite de ella como contrapeso a tanto facilismo hartante. La literatura es o debiera ser eso: una magia que incomoda, desinstala, porque hace pensar. Y aquí oigo a Camus que susurra: comenzar a pensar es comenzar a ser minado.
La literatura es un desvío, separa de aquello que otros trazaron como camino recto.
Ya Heidegger había insinuado que “Logos” era un sustantivo formado a partir del verbo legein (reunir una multiplicidad), raíz donde resulta en castellano el sustantivo “legión”. Es decir, la reunión de lo fragmentario, de lo discontinuo, de los vasos sin comunicación. Leemos el testimonio de Lucas refiriéndose al nombre de la multiplicidad de malos espíritus del endemoniado de Gerasa : “Legión”.
Lo más importante: ¿es posible reunir esta “Legión”? Por supuesto, en esta comedia, reside la característica del pensamiento. Reunir lo que ya se sabe que no se puede reunir. Es la base de toda ciencia o pretensión de ciencia, de cualquier crítica, incluso del lenguaje. Es la única tarea de ese lenguaje que usamos, con el malentendido que ello supone.
¿Y la literatura?
Lo que a la literatura le importa del Sujeto son sus traiciones, no sus lealtades. En la lengua que utiliza se patentizan las traiciones: las ambigüedades infinitas de las palabras y sus contextos, como las ambigüedades del Sujeto Creador. Ninguna ley que vincule dentro del Sujeto: cada mirada son miles de miradas que dicen y desdicen. La literatura es paradoja, en la paradoja no hay ley, o mejor, no hay identidad. Se trata de la no comunicación de lo contiguo. Es la “Muralla China” de Kafka que ha sabido golpearnos en la mandíbula.
¿Sabe de esa pluralidad anárquica el que escribe? No importa si lo intuye o si lo ignora. Algunos como Proust vislumbran la anarquía o como Pessoa la proclaman con ese tono desafiante de los travestidos. El creador imaginará dar una especie de unidad a la obra y el crítico necesitará de esa unidad para estudiarla. Porque como ya lo he dicho en otros libros, la creación literaria no ordena ningún caos sino muestra en el tejido textual precisamente las aberturas del caos, redundancia, claro, porque caos es abertura. Y una de ellas es la voz múltiple del Sujeto, sus universos descontextualizados, sus pedazos saltados como de un estallido donde nada se conecta de un modo lógico y descifrable. Por ello, la multiplicidad de lecturas, porque cada texto ha sido redactado por Legión de espíritus. Ya la metáfora hace resonar lo lejano y lo que no se une: el resultado es, precisamente, la armonía de la disonancia. Octavio Paz se refería al “esto es aquello” de la poesía en oposición al “esto es esto” de las tautologías. Es que el Sujeto Metaforizador nunca es uno: sólo el crítico se interna en la maraña de un texto de un autor determinado buscando una clave, y cuando analiza los otros textos del mismo autor, intenta que parezca notarse una sola mirada (el punto de vista), y hasta a veces investiga en la vida de ese autor, constantes que le indiquen un camino de búsqueda, como si fuera un acertijo. Se escribe en muchos momentos desde muchas máscaras: la unidad textual es un juego y el lector la percibe desde los muchos lectores que lo contienen. La unidad dice Deleuze, refiriéndose a Proust, nace del efecto. Corrijo: el efecto que una obra produce en un momento del Sujeto Lector, o el efecto necesario donde la crítica que busca desesperadamente la ilusión de unidad imagina haber encontrado la llave de una obra. Y no está mal hacerlo: aunque es otra ficción (un cuento sobre el cuento, un juego de muñecas rusas) y como tal se llena de contradicciones.
Claro que es imposible todo trabajo que aliente la multiplicidad de miradas contradictorias, hechas de esos miles de universos dentro del universo llamado Sujeto Escritor. Ningún análisis por su esquematismo, puede internarse en fragmentos discontinuos. Si lo hace, hablará de cabos sueltos, o preferirá no aterrarse aceptando estos caminos equívocos. Si Deleuze analiza a Proust, imaginará que si bien Proust busca este camino Anti-Logos conseguirá una adecuada y perfecta máquina de efectos resonantes, con lo que habrá eludido el tema imposible. O hablará de ese barniz: el estilo. Y sí, el tipo de modulación o combinatoria de palabras dará esa sensación de hablar un idioma propio.
Claro que existe ese barniz. ¿Cómo negarlo? Pero nada más que eso. El efecto de la obra literaria siempre será y lo repito hasta que pueda aceptarse: la perturbación. Los demonios del hombre de Gerasa no están hechos para calmar a nadie. En cambio una obra científica, por más interrogantes que abra, intenta producir un universo único con sus leyes y sus modos de domesticarlo en la técnica. Pero la literatura (o cualquier arte, pero ahora nos importa la literatura especialmente porque elige las palabras, o sea que se trata de la paradoja perfecta) es salvaje porque no domestica nada, o se disfraza de entretenimiento. (En esos casos de literatura sólo estará el nombre: como comparar a Klimt con Rembrandt y ya sé que las comparaciones fastidian). Literatura es un modo de enrevesar, de subvertir, de confundir, de malentender, de disgregar, de fragmentar, de aceptar a Heráclito el Oscuro. Ese perpetuo fluir, esa nada que permanece. Esa transmutación, eso que se disuelve continuamente. Por algo los panfletos políticos temen cualquier proceso de disolución. Todo es en cuanto cambia, es decir desde el no ser, dirían los discípulos del Oscuro. La literatura sigue esa dialéctica de contradicción y cualquiera de sus obras muestra un proceso de agujero. ¿Qué es una paradoja sino eso?
La poesía es el género donde esa multiplicidad se hace presente de una forma donde ni hace falta el disfraz. La narrativa y el teatro pretenden dar sólo un efecto de disolución del sentido final, pero como si siempre estuvieran brotando de una fuente pura y no es así. Un lectura desprejuiciada (y un poco suicida) de un texto nos muestra, no sólo un efecto final de agujero, sino múltiples agujeros en un texto o tejido donde están los diferentes momentos del Sujeto, sus personalidades contrarias, sus ideas que luchan entre sí, sus miradas que se chocan. Creo que la literatura, especialmente por estar además hecha de la peor materia (las palabras), muestra el artificio de creer en un Único Sujeto con su estilo y su mirada propia y peor aún, sus ideas, creencias, valores.
¿Y las antiguas Musas? ¿Y de qué hablaban los románticos cuando se referían a la inspiración? ¿De dónde salía esa otredad? Los surrealistas ¿no estaban en lo cierto? ¿De qué oscuridad salían las voces de la Doncella de Orleans?
Hubo escritores que captaron cierto murmullo intraducible que parecía estallar en trozos. Joyce fue un campeón de esa escritura. Proust lo sugería todo el tiempo. Kafka lo sufría. Faulkner lo señalaba. Ni siquiera había una memoria ni un tiempo.
Los trozos de Proust no forman parte de ninguna unidad previa, de la cual fueron arrancados y expuestos en forma desordenada. Su recuperación del tiempo es una muestra acabada de lo imposible del deseo. El deseo intenta parecer uno y es una mezcla donde nada es seguro. ¿Debemos decir que la materia o el terreno de la literatura, es, de hecho, un tembladeral? A veces lo que es obvio, se enmascara, en virtud de la realidad del autoengaño. La lógica forma parte de las muchas negaciones que nos hacemos y que también ayudan (en un sentido) a vivir sin sobresaltos.
¿Qué pretende este Sujeto que percibe sensaciones contrarias, aquejado de múltiples demonios llamados Legión, que los escribe, como para fijarlos en una escritura, aún contando con la indefinición y lo definitivamente perverso de las palabras? Un exorcismo, claro. Lo que anule la Legión y la vuelva un Espíritu. Por algo llama Dios al Verbo y pretende una salvación literaria y textual.
Cualquier religión, cualquier re-ligamiento es siempre con lo Uno, llámese vientre materno o Dios. Por eso Platón soñaba con Arquetipos. Pero el Platón Escritor (y finalmente su obra es literaria) produce la tiniebla múltiple, muestra las aberturas del caos. Si la filosofía nace como interpretación de las palabras de la Sibila, la literatura es ese grito donde todos los espíritus en confusión pugnan por salir. El psicoanálisis hablará de inconsciente y Lacan hará suya la voz de Rimbaud: Yo es otro. Sería un facilismo que me detuviera en el psicoanálisis.
Yo es otro.


(Fragmento de "La voz múltiple" ensayo de mi autoría que se presentará el 23 de noviembre a las 18.00 horas en Orsai, Humberto Primo 471, Editorial Ruinas Circulares)








OTOÑO PAÍS*




En medio de tanta
inequidad
bárbara, tanta
postergación,
niebla,
y tanto doble,
triple,
cuádruple discurso,
y tanto
recambio de plumas,
triza,
hueso expuesto, y
vacío,
¿de qué se habla
ahora?


*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
-Cuatro momentos. Ediciones del Nuevo Cántaro.








*


Juan Carlos Cena
presenta su nuevo libro


FERROCARRILES
                 ARGENTINOS

DESTRUCCIÓN/
          RECUPERACIÓN


 "Abjurar del nombre Ferrocarriles Argentinos es como entregar
 la bandera de nuestra identidad al colonialismo"


Sábado 17  de noviembre - 12 hs

Av. Rivadavia 16591 Haedo
(A 5 cuadras de la Estación Haedo)

Invitan:
Monarefa.
Agrupación Ferroviaria 29 de mayo



***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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domingo, noviembre 11, 2012

A LA VERA DEL MUNDO, EL PEREGRINO...

*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.





EL PEREGRINO*



“Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo, grave.”
CESAR VALLEJOS



Herida rosa madre de los vientos
El árbol patriarcal, deglute. Trinca. Traga.
Esta noche he sentido más que nunca su furia.
Crujen los huesos de mis hijos, ay, como crujen.
En la gruta escondida, crece el odio paralelo al vástago.
He odiado salvajemente al padre y tan salvajemente
He amado al hombre.
Restos calcinados de incesto, llanto recién nacido,
Despojos de cabellos, de uñas, de vestidos impuros.
Corales bocas, prostitutas del alba
Cambian de lecho.
Cicatrices amargas del olvido.
Nostalgias enredadas entre las medusas del sexo.
Refugio.
Axilas apretadas, flacidez de los pechos sin leche.
Huida, fragor de pájaros.
Mierda tristeza de algas.
Esqueletos buques fantasmales.
Juegos fatuos.
Descendí hasta el Tártaro. Allí lo he encontrado
Y me he encontrado
El exilio de hoy.
No es de hoy, ni siquiera de ayer.
En mi está el animal que me habita y me devora.
Me posee en secretísimos claustros.
Despojos de lo que fue morada de los Dioses.
Persecución.
Precarios espacios nauseabundos.
Se metamorfosea, me confunde.
Huyo, pero siempre vuelvo.
Lejos ha quedado el padre y en el nido hay sangre.
Esquivo, voy y vengo, él espera, siempre espera.
Al encontrarnos, las fauces y garras se confunden.
Jadean en do mayor los huesos.
Piedra pan hecha de miel y greda.
La brecha se fragmenta.
Casa vidrio cerrada.
Puerta piedra sacra silenciosa.
Llave umbral de las mareas.
Faro apagado.
A la vera del mundo, el peregrino.
Por fuera el Ruido.
Conchas marinas, cráneos petrificados
Adentro, silenciosa la soledad aguarda.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar





           

 
A LA VERA DEL MUNDO, EL PEREGRINO...






 NAVIDADES*



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

          
 Los primos nos reíamos en esos tiempos porque cuando se acercaba la Navidad , la nona Elisa comenzaba dos meses antes a preparar una batería de exquisiteces.
Haciendo obviedad del clima, en esa industria donde ponía sus afanes se podía pasar uno tranquilamente la vida en los lejanos Apeninos, que seguramente extrañaba.
Con mi hermano tratamos de recordar esos nombres de  esas frituras dulces  tan familiares en aquel dialecto que entonces entendíamos, pero hoy se nos van alejando como esos sueños que aún persisten en el alba de todo devenir.
Y se pasaba horas metidas en ese galponcito donde reinaba un antiquísimo fogón y ella cocinaba esas inolvidables pizzellas con un molde sobre la llama. Hacía muchísimas y las hacía ¡una a una!
Esto pasaba cuando ya vivía en Rosario. En la calle Madre Cabrini Nº  2734, que antes se había llamado Palermo y antes aun: Caburé. Esto es en el Barrio Las Delicias, en el sur. Pero antes del año cincuenta, cuando vivía con mis tíos en el pueblo, seguramente lo haría en ese caserón que tuvo un piso de tierra, un  aljibe que recibía agua de lluvia desde su techo de chapa y estaba camino al matadero nuevo, a cien metros de la casa de Domingo Fusco y enfrente de los Spizzo. Esa casa tenía entrada para sulkys o autos por una calle y por la otra tenía una puertita de tejido romboide y una enredadera que acompañaba al patio, hasta donde el abrazo umbrío de los paraísos
esperaba al viandante cansado y le ofrecía un descanso propicio.
Volviendo a las Navidades, a mí siempre me resultaron un poco tristes, porque mi padre se tomaba íntegro el mes de diciembre y a veces hasta Reyes en sus tareas de obrero golondrina (jornalero, se los llamaba) y se subía a un tren que lo depositaba en González Chaves donde no perdían una hora de trabajo y trillaban el trigo hasta  el veinticinco de diciembre y aún el treinta y uno. No se podía perder tiempo porque el cereal tenía que ser cortado por si alguna lluvia traidora arruinaba la tarea.
Muchas Nochebuenas la pasamos solos con mi madre, cenábamos, y ella hacía con seguridad un pan dulce y con algunos turrones y una sidra festejábamos.
También recuerdo el pan dulce y la sidra que en tiempos del primer peronismo íbamos a buscar al correo, previo el retiro de uno o dos bonos los días previos. Eso era para los pobres, porque las familias ricas lo vivirían como una afrenta o una limosna indigna.
El día de Navidad venía el tío Roque Ciccarelli en sulky desde la chacrita que arrendaba cercano al canal, enfrente de la casa de don Luis Burki, con su campo que mi abuelo Isaías arrendó muchos años. Allí se reunía la gringada. Sus hijos Tito, Cholo, Ñata y Hugo, quien tenía algunos pocos años más que yo y me incitaba a tirar cohetes encendidos bajo la mesa donde todos estábamos reunidos. Venían también algunos parientes de tía Argía, esposa de Roque, quien era el hermano menor de mi abuela y un tipo jovial, muy hincha de Fangio y seguía sus carreras desde esa radio tipo catedral que sintonizaba a duras penas conectada a una batería que se recargaba con un molinillo a viento y nunca supe porqué. Es uno de los misterios que circundaban mi infancia.
Luego vendrían las Navidades tristes en las pensiones estudiantiles de mis primeros tiempos aquí, en Rosario. Recuerdo particularmente una, vecina del antiguo bar El Cairo y donde yo me dormía con la música del reloj del Palacio Fuentes, en años de hambrunas pero de sueños firmes, grandiosos, que nosotros creíamos sin fin.
Pero de todas las imágenes de las Navidades que pasan como en una película y que fueron pocas veces felices en mi infancia, rescato la pasión de mis tías y en especial de mi abuela por mantener aquellas sus tradiciones que habían traído de su pequeña aldea de Italia, aunque no coincidiera mucho con la realidad del país adoptivo y que a fuer de ser sincero también rescataré que no faltaba un buen lechón o cordero a las brasas como compete a este país amante de las carnes. Había en estas fiestas una mezcla de tradiciones, porque los más jóvenes ya habían nacido aquí, y no se iban a  amedrentar ante un lechón humeante o una ristra de chorizos de cerdo a las brasas. También comían todo lo que mi abuela con tanto amor hacía, en aquellos años que la ceniza del tiempo arreció contra  todo  lo  era calmo y bucólico.
Eran tiempos en que el arrullo amoroso de algún casal de torcacitas, ponía a tono el verano latiendo en cada gota de sangre que corría en nuestras venas.
           








BESA LAS LETRAS DE TU NOMBRE*


“..Mientras tanto
adentro mío tu mirada vive, muy intensa,
amorosa y cada vez mas pura, la beso y me despiertas...”
MARTA ZABALETA


Si sientes que el mundo te ha mareado.
Y si te sientes rara . O que no cabes en el mundo.
Y que el mundo gira en tus campos desiertos.
Y no cruzan calandrias, ni sauces, ni rebaños.
Y ha partido el jardín y el jardinero.
Si sientes, como Fausto, que viven dos almas en tu pecho.
Y una tira hacia el simio y otra al homo sapiens.
Si no puedes contar, y cuentas hasta dos, acaso tres.
Y la pena no es una, ni tres, ni mil, ni cien.
Son infinitas penas. Innumerables penas.
Cáscaras de cebolla. Compleja trama.
Ovillos de serpientes. Encarnaciones.
Mortal angustia. Vidrio molido. Crucifixión.
Entonces, lirio mío. Paloma, ojo de tigre.
Mareáte con polen fecundado. Bebe.
Respira en amarillo. Vuelve.
A la cigarra, a la hormiga, a la retama.
Sé fogata. Limonero en flor. Narciso.
Párate en el brillo del puñal del miedo.
Transforma en bermellón la ansiedad de cartas que no llegan.
Deja, que te acaricie el aura de tu madera noble.
Piratea la risa, los besos y los soles.
Besa tu nombre.
Besa. Una por una, las letras de tu nombre.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar









La empleada municipal y sus cuatro dragones*



*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com



Atesora.

La vecina de enfrente ha criado cuatro dragones azules. Ahora encontró trabajo pero no los ha abandonado. Los deja encerrados bajo cuatro llaves cuando se va a trabajar, sea de día, sea de noche.
En la oficina, tiene que hacer toda clase de memorias e informes, y tomar los reclamos de las ciudadanas y los ciudadanos comunes que no saben cómo criar dragones.


Trabaja.

La vecina trabaja, trabaja como una máquina hasta que se tilda. Los ciudadanos y las ciudadanas que van a la oficina de reclamos son incapaces de darse cuenta en lo que ella anda cuando no anda en sus reclamos.
Alejándose de presumir si volar alto o más alto, si aspirar la más transparente tensión de aire, no duda en meter en un dedal los desvaríos de las quejas, a la vez que distrae las mermas de confianza en su intendente recordando los abusos afectivos de sus dragones que no quieren dormir si no les pone un dedo en la boca.


Rememora.

La vecina tiene un vestido color lavanda, hecho con sus propias manos de criar dragones. Lo ha bordado con pequeños corazones vivientes y cristales blandos. Una emoción inmensa crece en todas las cosas que la rodean cuando se va al cine o a la costanera con su vestido bordado.
A veces regresa sola a su casa y a veces también. Entonces se pregunta si es cierto que está criando cuatro dragones azules. Trata de recordarlos porque sabe que si no lo logra le esperan largas noches de búsqueda entre las fotografías de un álbum prohibido.
Cuando no recuerda se pregunta por infinitésima vez cómo son de azules sus cuatro dragones. Hasta que unas briznas marinas comienzan a flotar por sus ojos. Así pueden ocurrir algunas cosas. A veces, no sabe qué hacer con esos dragones que no recuerda, ausentes por completo en su memoria. A veces, escucha el rumor azul en el interior de las paredes, a veces sólo recuerda
ocho ojos que la miran, luego un rugido ensordecedor y un golpe seco de pezuñas contra el piso le devuelve las cuatro crías dulcísimas y
espeluznantes.



Alboroza.

Su confusa idea sobre los días y las noches no la deja dormir, o duerme cuando los otros no, o duerme cuando nadie diría que eso es dormir. Antes miraba fotos de sus futuros dragones, ahora mira fotos de los dragones que no recuerda para alborozar el olvido. Ha escondido algunas entre los expedientes de la oficina, para distraerse mirándolas a la hora del almuerzo
Son reales, suele decirse a la hora del almuerzo, cuando todos los ciudadanos detrás del mostrador se quejan porque las empleadas vayan a comer
Siempre lo mismo dicen los ciudadanos. Pagamos los impuestos para que ellas se vayan a comer. Algunos ciudadanos pagan demasiados impuestos entonces empujan el mostrador y aparece el guardia de seguridad, con su uniforme azul oscuro, más oscuro que el átomo, y se pone él mismo a recibir quejas que no irán a ninguna parte. Los ciudadanos comunes no saben que mi vecina es una ciudadana común aunque críe dragones.



Concibe.

Lo cierto es que esos cuatro dragones le parecen caídos del cielo. Basta solamente que levante los ojos hacia el cielorraso para ver cuatro mosquitos grises que le hacen pensar en sus cuatro dragones azules caídos del cielo.
Cuatro dragones mordiendo los pétalos de su rosa. Basta que escuche las quejas del vecino que paga demasiados impuestos para recordar la pesadilla en la que un hombre cae al suelo con convulsiones y ella piensa que se va a morir en su propio sueño, pero, sin embargo, de la boca le sale un huevo blanco, primero, y luego otro y otro y otro. No puede contarle a nadie ese sueño porque para cualquiera sería un vómito lo que en verdad fue una límpida parición multípara de cuatro huevos blancos de color azul.



Alumbra.

Consulta su reloj que se abre y hace aparecer una hermosa niña con dientes de lobo y cola de sirena. La niña le muestra los quince dedos de los diez minutos que pasaron de su horario de almuerzo. Vuelve al trabajo. Vuelve a registrar una queja por minuto. Si fuera más veloz entrarían dos quejas por minuto y las estadísticas se irían al diablo.
Es un trabajo estremecedor. La señora de falda larga hecha de colas de cocodrilos hace un reclamo que va en la columna derecha. El hombre con sonrisa hecha de caparazones de cangrejos hace un reclamo que va en la columna del medio. La dama con un vestido de escamas de pescado hace la queja que va en la columna de la izquierda. Un polvillo de azúcar invisible sobre las frentes de los ciudadanos y las ciudadanas les da una blancura cándida a los gestos ariscos. Las cabezas de sus dragones son nubes, sus bramidos, música. Sus patas de plomo casi vuelan. Sus colas emplumadas alumbran en la oscuridad.



Flota.

Ella borra las huellas de los dragones azules cuando los saca a la vereda y los sienta a la orillita del cordón para que cuelguen las patas. La gente que pasa no dice nada porque los dragones no existen y si no existen creen que no los pueden ver. Pero, por si acaso, ella borra las huellas, para evitar posibles rumores.
Mi vecina, montada en sus cuatro dragones azules ha dado varias vueltas alrededor del sol y pasa sus vacaciones de enero, incluso cuando se las dan en noviembre o cuando no se las dan porque no le corresponden, en los mares de la luna, donde la arena no le entra en los ojos y puede flotar a toda hora, dentro o fuera del mar, dentro o fuera de la memoria. Mi vecina ha hecho lo que hiciera yo teniendo cuatro dragones.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-36375-2012-11-10.html








SUDESTADA*


ES TAN MISTERIOSO EL PAIS DE LAS LÁGRIMAS….
-De “EL PRINCIPITO”



Dicen que está lloviendo en Buenos Aires.
“Viento de Este lluvia como peste”
Estoy mojada. Toda. Afuera brilla el sol.
La rotación del viento es rápida y el aire frío.
Mi corazón y mi cabeza. Mis pies, escarcha.
La circulación atmosférica incrementa la intensidad.
Intensa cuando duerme o en vigilia.
Intensas mareas terrestres.
Soles negros, pálidas lunas.
Sizigia: Los planetas del amor se han alineado.
Una mujer grita. Un niño llora.
Un hombre aprieta los dientes.
Un adolescente pálido consume poco a paco su vida.

Dicen que está lloviendo en Buenos Aires.
Yo, desde aquí lloro contigo, en vino.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
-Inédito para Inventiva Social








Los pocillos*



*De Mario Benedetti.


Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos. Habían llegado como regalo de Enriqueta, en el último cumpleaños de Mariana, y desde ese día el comentario de cajón había sido que podía combinarse la taza de un color con el platillo de otro.
“Negro con rojo queda fenomenal”, había sido el consejo estético de Enriqueta.
Pero Mariana, en un discreto rasgo de independencia, había decidido que cada pocillo sería usado con su plato del mismo color.
“El café ya está pronto. ¿Lo sirvo?”, preguntó Mariana.
La voz se dirigía al marido, pero los ojos estaban fijos en el cuñado. Este parpadeó y no dijo nada, pero José Claudio contestó: “Todavía no. Esperá un ratito. Antes quiero fumar un cigarrillo.” Ahora sí ella miró a José Claudio y pensó, por milésima vez, que aquellos ojos no parecían de ciego.
La mano de José Claudio empezó a moverse, tanteando el sofá. “¿Qué buscás?”, preguntó ella. “El encendedor.” “A tu derecha.” La mano corrigió el rumbo y halló el encendedor. Con ese temblor que da el continuado afán de búsqueda, el pulgar hizo girar varias veces la ruedita, pero la llama no apareció. A una distancia ya calculada, la mano izquierda trataba infructuosamente de registrar la aparición del calor. Entonces Alberto encendió un fósforo y vino en su ayuda. “¿Por qué no lo tirás?” dijo, con una sonrisa que, como toda sonrisa para ciegos, impregnaba también las modulaciones de la voz. “No lo tiro porque le tengo cariño. Es un regalo de Mariana.”
Ella abrió apenas la boca y recorrió el labio inferior con la punta de la lengua. Un modo como cualquier otro de empezar a recordar. Fue en marzo de 1953, cuando él cumplió 35 años y todavía veía. Habían almorzado en casa de los padres de José Claudio, en Punta Gorda, habían comido arroz con mejillones, y después se habían ido a caminar por la playa. El le había pasado un brazo por los hombros y ella se había sentido protegida, probablemente feliz o algo semejante. Habían regresado al apartamento y él
la había besado lentamente, morosamente, como besaba antes. Habían inaugurado en encendedor con un cigarrillo que fumaron a medias.
Ahora el encendedor ya no servía. Ella tenía poca confianza en los conglomerados simbólicos, pero, después de todo, ¿qué servía aún de aquella época?
“Este mes tampoco fuiste al médico”, dijo Alberto.
“No.”
“¿Querés que te sea sincero?”
“Claro.”
“Me parece una idiotez de tu parte.”
“¿Y para qué voy a ir? ¿Para oirle decir que tengo una salud de roble, que mi hígado funciona admirablemente, que mi corazón golpea con el ritmo debido que mis intestinos son una maravilla? ¿Para eso querés que vaya? Estoy podrido de mi notable salud sin ojos.”
En la época anterior a la ceguera, José Claudio nunca había sido un especialista en la exteriorización de sus emociones, pero Mariana no se ha olvidado de cómo era ese rostro antes de adquirir esta tensión, este resentimiento. Su matrimonio había tenido buenos momentos, eso no podía ni quería ocultarlo. Pero cuando estalló el infortunio, él se había negado a valorar su amparo, a refugiarse en ella. Todo su orgullo se concentró en un silencio terrible, testarudo, un silencio que seguía siendo tal, aún cuando se rodeara de palabras. José Claudio había dejado de hablar de sí.
“De todos modos debería ir”, apoyó Mariana. “Acordate de lo que siempre te decía Menéndez.”
“Cómo no, que me acuerdo: Para Usted No Está Todo Perdido. Ah, y otra frase famosa: La Ciencia No Cree En Milagros. Yo tampoco creo en milagros.”
“¿Y por qué no aferrarte a una esperanza? Es humano.”
“¿De veras?” Habló por el costado del cigarrillo.
Se había escondido en sí mismo. Pero Mariana no estaba hecha para asistir, simplemente para asistir, a un reconcentrado. Mariana reclamaba otra cosa.
Una mujercita para ser exigida con mucho tacto, eso era. Con todo, había bastante margen para esa exigencia; ella era dúctil. Toda una calamidad que él no pudiese ver; pero esa no era la peor desgracia. La peor desgracia era que estuviese dispuesto a evitar, por todos los medios a su alcance, la ayuda de Mariana. El menospreciaba su protección. Y Mariana hubiera querido —sinceramente, cariñosamente, piadosamente— protegerlo.
Bueno, eso era antes; ahora no. El cambio se había operado con lentitud.
Primero fue un decaimiento de la ternura. El cuidado, la atención, el apoyo, que desde el comienzo estuvieron rodeados de un halo constante de cariño, ahora se habían vuelto mecánicos. Ella seguía siendo eficiente, de eso no cabía duda, pero no disfrutaba manteniéndose solícita. Después fue u temor horrible frente a la posibilidad de una discusión cualquiera. El estaba agresivo, dispuesto siempre a herir, a decir lo más duro, a establecer su crueldad sin posible retroceso. Era increíble cómo hallaba a menudo, aún en
las ocasiones menos propicias, la injuria refinadamente certera, la palabra que llegaba hasta el fondo, el comentario que marcaba a fuego. Y siempre desde lejos, desde muy atrás de su ceguera, como si ésta oficiara de muro de contención para el incómodo estupor de los otros.
Alberto se levantó del sofá y se acercó al ventanal.
“Que otoño desgraciado”, dijo, “¿Te fijaste?” La pregunta era para ella.
“No”, respondió José Claudio. “Fijate vos por mí.”
Alberto la miró. Durante el silencio, se sonrieron. Al margen de José Claudio, y sin embargo, a propósito de él. De pronto Mariana supo que se había puesto linda.
Siempre que miraba a Alberto se ponía linda. El se lo había dicho por primera vez la noche del 23 de abril del año pasado, hacía exactamente un año y ocho días: una noche en que José Claudio le había gritado cosas muy feas, y ella había llorado, desalentada, torpemente triste, durante horas y horas, es decir, hasta que había encontrado el hombro de Alberto y se había sentido comprendida y segura. ¿De dónde extraería Alberto esa capacidad para entender a la gente? Ella estaba con él, o simplemente lo miraba, y sabía de
inmediato que él la estaba sacando del apuro. “Gracias”, había dicho entonces. Y todavía ahora la palabra llegaba a sus labios directamente desde su corazón, sin razonamientos intermediarios, sin usura. Su amor hacia Alberto había sido en sus comienzos gratitud, pero eso (que ella veía con toda nitidez) no alcanzaba a depreciarlo. Para ella, querer había sido siempre un poco agradecer y otro poco provocar la gratitud. A José Claudio, en los buenos tiempos, le había agradecido que él, tan brillante, tan lúcido tan sagaz, se hubiera fijado en ella, tan insignificante. Había fallado en lo otro, en eso de provocar la gratitud, y había fallado tan luego en la
ocasión más absurdamente favorable, es decir, cuando él parecía necesitarla más.
A Alberto, en cambio, le agradecía el impulso inicial, la generosidad de ese primer socorro que la había salvado de su propio caos, y, sobre todo, ayudado a ser fuerte. Por su parte, ella había provocado su gratitud, claro que sí. Porque Alberto era un alma tranquila, un respetuoso de su hermano, un fanático del equilibrio, pero también, y en definitiva, un solitario.
Durante años y años, Alberto y ella habían mantenido una relación superficialmente cariñosa, que se detenía con espontánea discreción en los umbrales del tuteo y sólo en contadas ocasiones dejaba entrever una solidaridad algo más profunda. Acaso Alberto envidiara un poco la aparente felicidad de su hermano, la buena suerte de haber dado con una mujer que él consideraba encantadora. En realidad, no hacía mucho que Mariana había obtenido a confesión de que la imperturbable soltería de Alberto se debía a que toda posible candidata era sometida a una imaginaria y desventajosa comparación.
“Y ayer estuvo Trelles”, estaba diciendo José Claudio, “a hacerme la clásica visita adulona que el personal de la fábrica me consagra una vez por trimestre. Me imagino que lo echarán a la suerte y el que pierde se embroma y viene a verme.”
“También puede ser que te aprecien”, dijo Alberto, “que conserven un buen recuerdo del tiempo en que los dirigías, que realmente estén preocupados por tu salud. No siempre la gente es tan miserable como te parece de un tiempo a esta parte.”
“Qué bien. Todos los días se aprende algo nuevo.” La sonrisa fue acompañada de un breve resoplido, destinado a inscribirse en otro nivel de ironía.
Cuando Mariana había recurrido a Alberto en busca de protección, de consejo, de cariño, había tenido de inmediato la certidumbre de que a su vez estaba protegiendo a su protector, de que él se hallaba tan necesitado de amparo como ella misma, de que allí, todavía tensa de escrúpulos y quizás de pudor, había una razonable desesperación de la que ella comenzó a sentirse responsable. Por eso, justamente, había provocado su gratitud, por no decírselo con todas las letras, por simplemente dejar que él la envolviera
en su ternura acumulada de tanto tiempo atrás, por sólo permitir que él ajustara a la imprevista realidad aquellas imágenes de ella misma que había hecho transcurrir, sin hacerse ilusiones, por el desfiladero de sus melancólicos insomnios. Pero la gratitud pronto fue desbordada. Como si todo hubiera estado dispuesto para la mutua revelación, como si sólo hubiera faltado que se miraran a los ojos para confrontar y compensar sus afanes, a los pocos días lo más importante estuvo dicho y los encuentros furtivos menudearon. Mariana sintió de pronto que su corazón se había ensanchado y que el mundo era nada más que eso: Alberto y ella.
“Ahora sí podés calentar el café”, dijo José Claudio, y Mariana se inclinó sobre la mesita ratona para encender el mecherito. Por un momento se distrajo contemplando los pocillos. Sólo había traído tres, uno de cada color. Le gustaba verlos así, formando un triángulo.
Después se echó hacia atrás en el sofá y su nuca encontró lo que esperaba: la mano cálida de Alberto, ya ahuecada para recibirla. Qué delicia, Dios mío.
La mano empezó a moverse suavemente y los dedos largos, afilados, se introdujeron por entre el pelo. La primera vez que Alberto se había animado a hacerlo, Mariana se había sentido terriblemente inquieta, con los músculos anudados en una dolorosa contracción que le había impedido disfrutar de la caricia.
Ahora no. Ahora estaba tranquila y podía disfrutar. Le parecía que la ceguera de José Claudio era una especie de protección divina.
Sentado frente a ellos, José Claudio respiraba normalmente, casi con beatitud. Con el tiempo, la caricia de Alberto se había convertido en una especie de rito y, ahora mismo, Mariana estaba en condiciones de aguardar el movimiento próximo y previsto. Como todas las tardes, la mano acarició el pescuezo, rozó apenas la oreja derecha, recorrió lentamente la mejilla y el mentón. Finalmente se detuvo sobre los labios entreabiertos. Entonces ella, como todas las tardes, besó silenciosamente aquella palma y cerró por un
instante los ojos. Cuando los abrió, el rostro de José Claudio era el mismo.
Ajeno, reservado, distante. Para ella, sin embargo, ese momento incluía siempre un poco de temor. Un temor que no tenía razón de ser, ya que en el ejercicio de esa caricia púdica, riesgosa, insolente, ambos habían llegado a una técnica tan perfecta como silenciosa.
“No lo dejes hervir”, dijo José Claudio.
La mano de Alberto se retiró y Mariana volvió a inclinarse sobre la mesita.
Retiró el mechero, apagó la llamita con la tapa de vidrio, llenó los pocillos directamente desde la cafetera.
Todos los días cambiaba la distribución de los colores. Hoy sería el verde para José Claudio, el negro para Alberto, el rojo para ella. Tomó el pocillo verde para alcanzárselo a su marido, pero antes de dejarlo en sus manos, se encontró con la extraña, apretada sonrisa. Se encontró además, con unas palabras que sonaban más o menos así: “No, querida. Hoy quiero tomar en el pocillo rojo.”


(Montevideanos, 1959)

*Fuente: http://www.literatura.us/benedetti/pocillos.html







LA ESCUELA REALISTA*

Se esforzó toda su vida para conseguir que su pintura fuera realista. Estuvo en todas las academias que aportaban novedades en este estilo. Se esmeró, estudió y practicó.
Cuando se sintió totalmente preparado se encerró en el desván y no dejó entrar a nadie salvo a la señora que le traía la comida. Tenía allí todo lo que precisaba: una cama, un pequeño cuarto de baño, un infiernillo para hacer café y sus lienzos y pinturas.

...

La familia preguntaba a la única persona que tenía acceso al desván qué era lo que estaba haciendo. Ella les comentaba que llevaba cuatro meses pintando un león, retocándolo y retocándolo y que de vez en cuando le oía murmurar algo refiriéndose a que tenía que ser más real.

El día que no abrió a la llamada de la comida se sobresaltaron y después de llamar infinidad de veces decidieron echar la puerta abajo. Cuando entraron  en la habitación, encontraron unos pedazos de carne mordisqueada y mucha  sangre. En el cuadro únicamente se veía una cueva.



*De Joan Mateu I Marti. joan@cimat.es





***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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miércoles, noviembre 07, 2012

EDICIÓN NOVIEMBRE 2012.

*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.






EL CRUCE*


Ligeramente doblado hacia delante y apoyando el peso sobre el bastón espera que cambie el semáforo por cuarta vez. Lleva cuatro minutos esperando para cruzar la calle y cada vez que se detiene el tráfico, calcula el tiempo de que dispone. Es consciente de que es insuficiente para cruzar aquella ancha avenida.

Los seis carriles se llenan de coches en cuanto cambia el semáforo y pasan veloces haciendo roncar sus potentes motores, como conminándole a no aventurarse a cruzar.

...

Es consciente de que sus piernas no son lo que eran y sabe que no puede caminar más deprisa por lo que está seguro de que, caso de decidirse a cruzar, no alcanzará la otra acera antes de que cambie la luz… Y eso es un riesgo enorme porque está seguro de que los coches no le van a respetar.

A los diez minutos, inicia una cuenta atrás para iniciar la travesía en el mismo momento que cambie el semáforo, con el fin de disponer de más tiempo, pero una vez alcanzado el segundo carril da la vuelta y regresa todo lo deprisa que puede y aún y así alcanza la acera en el momento que un bocinazo le avisa de que los coches no van a parar. ¡Ha estado en peligro de muerte!.

Debe buscar una solución, un recurso que le permita cruzar la calle. Él, que ha sido un estratega toda su vida, no puede dejar que un burdo semáforo le barre el camino.



Quizás no haya sido la mejor idea de su vida. Por supuesto ha podido cruzar la calle, pero no ha tenido en cuenta las consecuencias de su decisión.
Pensar que si se desnudaba y pasaba en cueros por el paso de peatones los vehículos le cederían el paso y así fue, pero al llegar a la otra acera no tenía ropa que ponerse, por lo que tuvo que ir hasta su casa con las vergüenzas al aire y por si eso no fuera suficiente, ahora su mujer, al verlo llegar como Dios le trajo al mundo le recriminaba a voz en grito. ¿Qué semáforo, ni que cuentos? ¡Tu has tenido que salir de la cama de una vecina a toda prisa! ¡Parece mentira a tu edad! ¡Lo poco que tienes lo podrías dejar en casa!
¡Crápula, más que crápula!



*De Joan Mateu I Marti. joan@cimat.es









El Hada Cartuja*


Al tiempo que aprendía a volar con diferentes estilos, estilo mariposa, deteniéndose en la luz para lucir sus colores, estilo abeja, agregando sonido, estilo nube, con colores impresionistas, estilo avión, con grandes figuras y diferentes picadas, estilo cortazar, volando rauda a la vereda de enfrente, el hadita aprendió a leer. Entonces se metía en un caparazón llamado libro, en el cual se pasaba mucho tiempo conversando con la gente que estaba dentro, porque todos vivían allí para siempre, prisioneros por toda la eternidad junto a sus alegrías y tristezas, Todo esto era muy emocionante para el hadita, que se estaba tan quieta que nadie se acordaba
de ella por mucho tiempo. El rey rojo porque tenía siempre muchas cosas que atender y estudiar y la reina porque tenia que atender su propio reino que se llamaba Universidad. La Universidad era un reino muy especial y sagrado. La reina le dedicaba toda su vida con devoción admirable. El hadita se pasaba dentro de los libros tanto tiempo, que el pelo rojo le llegaba ya hasta el suelo. A veces la reina distraída mientras pensaba en su reino, movía sus manos entre el pelo rojo y lo ataba en trenzas muy largas que se movían solas por la casa como serpientes o subían hasta las estrellas para saber que cosas pasaban allí. Un día el rey rojo se fue a la guerra y vino a
vivir a la casa del hada un nuevo guerrero que había estado en la guerra de España, una guerra muy sentida por los elfos y las hadas. Fue muy tremendo para todos cuando se perdió esta guerra contra los malvados y horribles mueralarepública, que así se llamaban los enemigos. El guerrero estaba algo loco, porque había comido tantos caracoles y ratas que tenía delirios y pesadillas que ni las canciones de tilo de las hadas, ni las melodías del laúd del sueño de los elfos, lograron calmarlo nunca. El hadita le tenía un poco de miedo, pero también sentía curiosidad. A veces el guerrero leía en voz alta, mientras caminaba por toda la casa, grandes libros de historia o
hacía ejercicios mnemotécnicos con un señor llamado Martín Fierro que nunca se veía. Por la noche, el hadita no podía dormir más adentro de sus libros, porque el guerrero y la reina iban por la noche a otro reino que se llamaba españademocrática. Allí trabajaban toda la noche haciendo una pócima que se llamaba periódico. El hadita entonces dormía en un banquito de tres patas y las trenzas bailaban en el suelo o se levantaban y salían por las ventanas buscando las estrellas o la luna.


*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy







MI CASA*



No cabe duda. Ésta es mi casa /aquí sucedo, aquí /me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.
Mario Benedetti


Dicen que mi casa es sucia.
Indecente no, no obscena. Solo sucia.
Porque hay polvo, heces de ácaros y hollín en polvo.
Grandes telararañas cuelgan  de sus techos.
La Pacha    duerme  en todos los rincones.
A veces, una brisa de amante  la despierta.
Y en bardas, cubre la casa, como niebla.
Niebla áspera y dulce.

Mi casa es pura. Es una crisálida dormida.
Un niño con caricias de barro en las rodillas.
Una mujer dormida en el cansancio de la hierba,.
Un ladrillero. Un caballo de capa negra.

Mi casa es impoluta. Es una mujer amamantando.
Como una rosa. Como un infante.
Es inofensiva mi casa.
Como un muerto. Como una naranja partida.

En mi casa tiene lecho la Historia.
Nunca mas, nunca.Nunca.
Las pisadas  van y  vienen, dejan huellas.
Se conjugan los tiempos de los verbos.

Mi casa es crédula. Incauta. Ingenua.
Como el día de la Raza. Como los mandamientos.
Como papá Noel y la cigüeña de París.
No sabe que hay gente que tiene nariz de Pinocho

Mi casa es sucia, dicen.
Pero te espero, la cama deshecha.
La mesa puesta.
Y el amor colgado en el tendal.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar








ALMA CASCABELERA*


A mi hija Sarah, por sus dos años



Inquietos deditos
Siempre trabados en las puertas.
Cabellos perseguidos por el cepillo.
Cejas fruncidas
En perenne mohín de "no quiero".
Frente perseguida por los muebles.

Pies escaladores
De cuanto quede por encima del suelo.
Ojos de pájaro
Que atisben el mundo tras la verja del silencio.
Mirada que habla lo que no dice.

Tras ella, invariablemente:
Restos de papeles que fueron trascendentes.
Aguas derramadas de sus vasos.
Flores arrancadas de sus tallos.
Dibujos en las paredes.
Tazas rotas...

Y, para concluir,
Echó el Creador en la redoma
Donde se forjaba su alma cascabelera
El último ingrediente:

Sonrisa de pilluela,
Que obligue a quererla
sin preguntar razones.




*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba
(2001)








  ALJIBES*
           
           

*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar



La cuestión al escribir es simple: hay que llegar a creer que uno está usando una historia verdadera. Pero además lograr que el que la lea crea que eso es así. Esto según Joseph Brodsky. 
¿Sería como un artefacto que funciona? - preguntaba el inquieto Víctor Humberto Sánchez, mejor conocido por su apodo, El Tago, y por el rasguido estricto de su guitarra, por las calles argentinas de mi pueblo.
Cuando digo mi pueblo quiero decir aquel de los frescos tomatales de diciembre, que mi padre recomendaba regar de madrugada porque los que lo hacían al anochecer corrían el riesgo de arruinar la cosecha porque había tenido solazo macho durante todo el día. Y cuando se le inquiría más precisión, mi padre respondía con un dejo zumbón de sentido común.
-Porque la tierra húmeda protege todo lo que está sembrado o plantado. Mejor al amanecer: tirar mucha agua.
Un verano, mientras mi padre estaba en los campos de Albino Trentini, en  González  Cháves, hicimos la prueba con mi madre, yo, adolescente empeñoso iba sacando baldes tras balde de un pozo que estaba al final del terreno, y mi madre rebalsaba los surcos con agua fresquísima.
Ese año vinieron los tomates más grandes y jugosos. Con lo que sobraron de esa cosecha para consumo familiar, mi madre puso en botellones con sal y albahaca los que dejó madurar mucho y lo usaba como salsa. También hacía conserva pero no recuerdo qué método se había traído de su pequeña y perdida aldea italiana.
De ese pozo sacábamos el agua para beber y a juzgar por el vecindario era muy dulce. Negrita y Delia Campos, doña Emilia Peralta y la tía Anécdota venían diariamente a sacar el agua para beber. Nunca entendí que si ellos eran vecinos tan cercanos no  pudieran beber de su propio pozo, o la napa de nuestro terreno había sido tocada por la varita mágica de un hada buena.
A este pozo que estaba en la quinta me estoy refiriendo hoy como el único  (y el último) que recuerdo. Sé que hubo otros, y que cuando fuimos a vivir allí siendo yo muy pequeño había un aljibe junto a la casa, donde ahora se eleva un fresno. Pero no sé si lo vi o son los relatos de mi padre, que siempre empezaba así:
 -Teníamos un aljibe que daba un agua dulcísima, pero lo tuve que tapar porque estaba muy cerca de la casa y podía hacerle ceder los cimientos.
Es decir que cuando yo le cuento a mi hermano que nació mucho después, el lugar que supuesta o realmente ocupó el aljibe, muy seguro le señalo el lugar con el dedo. Casi como si hubiera sido contemporáneo mío, como si el aljibe y yo hubiéramos crecido juntos.
El aljibe que si recuerdo es el de mis abuelos, que estaba calzado con ladrillos y cuando alguno de mis tíos me levantaba y me hacía asomar por ese redondel yo veía allá al fondo una moneda oscura que se movía de a poco.
            El aljibe estaba en el patio de la parte familiar que tuvo el almacén Las Colonias.
Cuando fallecieron los abuelos, don Rogelio Nievas que compró casa y negocio a mi familia, usó un tiempo largo ese aljibe. Pero un día, lo tapó con tierra. Y cuando le pregunté qué había pasado me dijo que se llenaba de hormigas y que ya los pozos no se usaban más.
Los habitantes del pueblo van a comprar la fruta y toda legumbre a las verdulerías, como si estuvieran en una gran ciudad.
En la década del sesenta, cuando los chacareros se empezaron a mudar  al pueblo, tampoco tomábamos la leche de sus vacas que se compraba a los lecheros y el gran sachet fue rey. Se modernizaron, digo. Y todos muy contentos en perder las tradiciones que producen el trabajo. Es decir que todas las quintas  de mi pueblo han desaparecido.
No quedan las que yo recuerdo como las mejores: la de Pocho Jeremías, de Altamirano, de Manuel Gómez y don Manolo González.
Era una delicia caminar por esas calles hondas que a sus costados exhalaban ese olor increíble a albahaca que nos llenaba nuestras almitas, llenas de avidez gozosa por los duraznos del Turco Alé, como conté cabal, la anécdota del hurto frustrado, una noche que  las sombras habían caído como un tropel de yeguas locas sobre el pueblo.
            Y esa carrera nos hizo olvidar que la noche era  magnífica y era un enero que los tiempos que siguieron no pudieron superar.








Una herida en mi paisaje*



Estoy escuchando, con un cierto dolor, las ramas del Ficus que caen. Esas hojas que alguno en no se qué reunión me preguntaba si lustro, las que se plateaban en la noche. Uno está solo con lo que pierde, pero puede compartirlo. Uno además no sabe casi nunca la verdad de la tristeza, lo cierto es que es una herida en mi paisaje. Una punta de mirada se va en ellas. Tendré más luz y pasto, aunque se perderá algo de selva indomable en un pedacito pequeño de ciudad. Recuerdo a  Marisa de Giorgo con sus jardines locos. El jardinero me lleva hacia la cordura, pero lo que está, insiste, vuelve a aparecer.



*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com







TRANSFORMACIONES*



Trabajaba con intensidad, concentrado como siempre en lo que hacía, pero sin placer. Estaba de mal humor. Sus ojos fijos en la pantalla luminosa, donde se mostraba un mapa coloreado por sectores, tenían un brillo tenso. Los dedos golpeaban las teclas con precisión, pero con demasiada fuerza. La boca se contraía mostrando el brillo de los dientes en una mueca irónica. Hacía todo con perfección natural, sin esfuerzo, pero hoy no se encontraba bien. Sentía una furia contenida hacia los directores del proyecto. Era la tercera modificación que le pedían, sin razones válidas para hacerlo. Se detuvo un momento y se dirigió a la pequeña cocina anexa al estudio. Se sirvió una copa de vino y tomó un sorbo todavía apoyado en la mesada,. Pensó que esto no era su estilo. Cuando bebía una copa de vino lo hacía en la atmósfera adecuada, la música sonando suavemente, la copa apoyada con cuidado en la mesa redonda al lado del sillón rojo. Pequeños rituales que llenaban sus espacios, siempre jugados en el ambiente perfecto. Se molestó consigo mismo y se dirigió de nuevo al estudio, pero no siguió trabajando. Se sentó despacio en el sillón con la copa en la mano, la mirada recorriendo sus libros ordenados con cuidado. Sonrió. Eran demasiados. Quizás tendría que dejarles la casa para ellos. Luego se fijó en el ordenador con el mapa desplegado dentro de él como una pintura primitiva. Se sintió agotado, pero con un deseo incontrolable de cambio, de movimiento, de reversión total. Pensó con una mueca en las veces que había soñado con mutaciones totales. Estoy harto, se dijo. Bebió el resto del vino y se adormeció en el sillón, las manos laxas apoyadas a los lados, la cabeza erguida contra el alto respaldo con los ojos cerrados. Mucho más tarde, los abrió, mirando fijamente, hacia la luz que lo atraía. Luego los entrecerró como ranuras, comenzó a mover su cuerpo con suavidad, despacioso y silente. Se movió hacia la luz del ordenador. Se apoyó en el suelo con sus brazos elásticos cubiertos de pelos dorados, las garras ocultas, el lomo estirándose con sus manchas negras, las patas apoyadas con firmeza. Reconoció el lugar lentamente, deteniéndose en la contemplación de cosas que lo llamaban., pero no lograba identificar. Se movió hacia la luz del ordenador con un impulso de ira. Trepó de un salto a la silla y aplastó el vidrio con furia. La luz se apagó. Todavía inquieto, siguió su recorrida. Lo detuvo la figura de madera de un muñeco articulado y un pájaro de lata que picoteaba el piso sin parar. Los husmeó y gruñó amenazador. Se sentó frente a  ellos preguntando con los ojos. Algo parecía surgir en su memoria, pero desapareció. Con un golpe rápido aplastó al pájaro. Moviéndose despacio se desplazó a lo largo de las bibliotecas atestadas. Algo allí era importante para él. Husmeó los libros con placer,  oliendo especialmente algunos estantes. Algo le molestaba como un dolor. Se revolvió nervioso, sentándose luego totalmente inmóvil con los ojos fijos en los libros. Pero fue inútil. Se levantó sintiéndose cansado y se dirigió hacia el otro ambiente. En el dormitorio el tatami lo esperaba y él lo aceptó como propio. Se sentó encima afirmando su posesión. Se sentía agotado. Se estiró con suavidad, colocó la pesada cabeza entre las patas y se durmió con la luna llena en el vidrio de la ventana.



*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy







De cabeza*



Estaba yo en alguna cosa
al querer tocar tus palabras
y un ascensor me llevó
al lugar donde nacieron

Pensé en tu nombre
y la pintura del techo
comenzó a desplazarse
alrededor de mis pies

Desde una corbata
a un sobre
al papel de un caramelo
te encuentro ahi
y te pongo coronitas
que me invento con los ojos.

Estaba yo en alguna cosa
entre relojes que se pisan
sobre el orden extranjero

Empecé a contar mis dedos
para buscar la hora
en que la luna
está brillando las persianas
de tus pesadillas


*De Marcela Lokdos lokdos1@yahoo.com.ar






Cuando el velero azul*


a Horacio C. Rossi.



Cuando el velero azul levó anclas
estabas con tus sandalias prestas a subir el crujiente maderamen
que hace de escalera. Y sé que no dudaste.
Ya falta poco, decías en tu largo poema de Cachi. Y así fue.
Tal vez  en tus remezones de la vida, lo azul se había presentado disfrazado
de palabra y tu único ademán fue escribirla.
Por ello el "ya falta poco".
Y te fuiste sin nada en los bolsillos o quizás, con migas de ensaimada
o con tu espalda cubierta de abrazos, de esos que los amigos extrañan,
o con poemas  aún volátiles   en tus manos.

Presente aún está
esa imagen de parar el auto /en la banquina/ para ver el atardecer
            a mitad camino de Rafaela
y fijar los matices en algunas fotos de principiantes.
O de verte caminar con lentitud los canteros de boulevard, rumbo a tu
trabajo
anotando lo que acontece en la calle
o regalando poemas a los que iban por trámites.
Supongo que se preguntarán ¿dónde está ese hombre que nos acariciaba el día?
Esa irreprochable manera de gozar los momentos
            alimento sutil para un poeta
para continuar, luego, con el aquí y ahora, saludando a las cosas y a los
hombres.

Y más presente está esa hidalguía de tender lazos entre la gente
sembrando la amistad, modo muy tuyo de habitar el mundo. Hoy
en este hoy con tu ausencia presente, en ronda de amigos, lo sabemos
si, lo sabemos sin nombrarte. Y agradecidos estamos.



*De Cacho Agú. oscarcachoagu@yahoo.com.ar
/2012









III*



yo: Escribo solo fines de semana
voz interna: de algo hay que vivir decía Egon Wolff.
Yo: No entiendo a quienes lo tienen todo y llegan solo hasta la línea del Ecuador.
Voz Interna: ¡ Tampoco el descariño me gusta!
yo: pero ha sido escuela y me hace identificar compatriotas.
Voz interna: existe un camino, mas ninguna meta.
yo : dijo Franz Kafka.






IV*



no hay mucho,
la angustia me tiene de espía otra vez,
aprendí el truco de vivir con poco
pero transmitirla alguna vez
de manera fecunda llena eres de gracia.
y la codicia no es pecado.
el lado de la vereda donde se pone el sol,
es la que descubres
 como próxima guarida sin el mínimo esfuerzo.
buena escuela la tuya,
la mía es el refugio intacto donde ningún rayo
atreve a asomarse.



*Poemas de Daniela Wallffiguer. danielawallffiguer@gmail.com






***


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BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
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MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

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PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


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FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

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sábado, noviembre 03, 2012

ALGUIEN HA DEJADO DIAMANTES EN EL INFIERNO...


*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.





BODA DE UN ARCO CONVERGENTE CON LA VARIABLE PURA Y DEFINIDA*


Asomaba el sol por el eje de las X cuando los numerosos habitantes de Pitágoras se disponen a acudir a la boda del Arco Convergente, con la Variable Independiente.

El padre de la novia, el ilustre parámetro, era el jefe del partido de incrementos finitos y la madre, una teoría que pasa más tarde a tesis, para degenerar en hipótesis. El día de la ceremonia, salió el cortejo formado por un radical tirado por cuatro hiperboloides, dentro del cual iban los novios detrás venían los logaritmos y diferenciales tocados con la típica mantisa.
También venían las integrales para asistir a la fiesta.
...
En esto, salió el juez, y como primera medida, cogió al novio entre corchetes y lo encerró bajo llaves. Después, cogiendo a la novia por el punto de inflexión la llevó a la sombra de un vector donde se dedicó a la grata tarea de derivarla, con gran asombro y espanto de los asistentes por aquella permutación.
La variable independiente, con la combinación despejada, los senos desarrollados, y las parábolas abiertas hasta el máximo, dejando ver el punto de inflexión, empavorecida, veía como el juez sacaba el factor común entre paréntesis que iba tomando valores crecientes.

La variable independiente quedó diferenciada y con la matriz cuadrada. El público indignado cogió al juez y lo mandó a tomar límites.
Mientras tanto, el novio, cansado de vagar de fracción en fracción y de logaritmo en logaritmo, ingresó en la orden de los neperianos, acogiendo la nueva regla de Cramer.


*De Joan Mateu I Marti. joan@cimat.es







ALGUIEN HA DEJADO DIAMANTES EN EL INFIERNO...




Coro de sonrisas*


Y un coro de sonrisas, satisfechas y amables,
te acogerá en su seno (serás uno de ellos).

Será la hora de los brindis, de la Ceremonia iniciática,
la hora de las palabras de consuelo
y las palmadas en la espalda,
la hora de las alabanzas, la turbia hora
de la comprensión y la derrota.

Ahora todos te abrazan, te elogian, te celebran,
todos los ojos te buscan esperando
tu gesto definitivo.

Pero en el horizonte la senda continúa,
hay un camino que fluye, repta, se despeña,
se abisma en hondonadas de misterio,
se yergue hacia montañas invioladas,
se retuerce, se corta, recomienza,
gira sobre sí mismo, a veces se bifurca,
poco a poco se estrecha, danza, asciende,
se pierde en la distancia reclamándote.


De La estrecha senda inexcusable.


*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
http://sergioborao2011.blogspot.com/







Fragmento del ensayo "La maldición de la literatura"*


*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com


"La ironía no es consentimiento sino ruptura. El reverso del mundo está ante los ojos y es agujero. Un movimiento puede ser la sonrisa desencantada que es violencia con apariencias de mesura. Nunca la ironía es mesura porque la base es trágica.
Falsamente fría, la ironía esconde la mirada aguda y obsesiva y el dolor por un lenguaje imposible. Existe sí el deseo. El poeta fuerte es puro deseo, pura... energía libidinal, o si se prefiere, pasión. En el decir de Bloom el poeta fuerte malinterpreta a sus precursores. Y es obviamente por la fuerza del deseo.
De esto se hace el Poeta Fuerte: de Mal-Decir, de Mal-Interpretar, de ironía trágica. La Metamorfosis o Hamlet o Edipo Rey o cualquier poema de Rimbaud están hechos de esa sustancia irónica. Controvertidos o no los Evangelios tienen avasalladora ironía: por momentos son tan imposibles que resultan irónicos. ¿Amar a los enemigos? ¿Los últimos serán los primeros? ¿El que quiera ganar su vida la perderá? Cualquier obra literaria o mística tiene una lectura irónica. El hombre de fe creerá en lo imposible con una fuerza
pasional de tal envergadura que la ironía y el propio Mal- Decir pueden temblar. Pero el Decir en tanto conciencia del Mal-Decir, trágico o cómico es siempre irónico y siempre está atravesado de la pasión del sufrimiento o hasta de un secreto y callado entusiasmo.
Una moneda de veinte centavos puede ser espejo y microcosmos en manos de la obsesión. La ironía es la máscara pudorosa de la pasión y su mesura es puro engaño. Detrás hay dolor y furia.
La pasión es sobre todo idea recurrente, obsesión ilimitada. La burla es la tristeza del Mal-Decir, la sorpresa de no entender el mundo y de hacer participar de un escepticismo por el orden del lenguaje que es claramente el orden de las cosas.
En la ironía hay cierta arquitectura del desprecio, una autopiedad, y la tristeza sin bordes que parece escepticismo y es conciencia trágica de lo imposible de un lenguaje figurado, de un lenguaje que nunca quiere decir lo que dice y todo el tiempo se enfrenta con la nada y con la muerte o la injusticia. Y allí se esconde la pasión con un antifaz donde no sea tan fácil reconocerla.
No nos hacen reír ni Edipo Rey ni seguramente El proceso. La ironía sólo hace reír cuando se une al humor y provoca una descarga de carcajadas como la mejor defensa ante la condición humana. Se trata de celebrar entonces el Mal- Decir y volverlo gozo puro. El gozo puro no es exactamente el placer.
El placer lo produce la belleza: lleve a las lágrimas o a la risa o al encanto intelectual.
La ironía nace de la incertidumbre, como la pasión. Como el Mal- Decir es la plenitud de la incertidumbre no queda más que apasionarse de esa misma incertidumbre o demostrarla con la ironía.
Hay cierta cualidad que está sí en las antípodas de la ironía y es la sensualidad. El Mal-Decir quiere expresar todo lo que no es pensamiento y son los sentidos, ésos que no saben palabras. Transmitir el goce o el horror de la percepción: para ello las palabras también señalan el mismo Mal- Decir, no puede decirse lo que se siente porque lo que se siente no tiene lenguaje, es silencio puro. Las palabras lo distorsionan pero el cumplimiento literario es perfecto. Lo que se dice no es lo que se siente ni puede expresar el sentir de nadie. Aparece la imagen, la multiplicidad, lo otro. El extrañamiento ¿tiene algo que ver con la sensualidad? Y el extrañamiento es la literatura misma."


-Fragmento del ensayo "La maldición de la literatura" editado por RUINAS CIRCULARES.
-Se presenta el viernes 23 de noviembre a las 18 hs en ORSAI, Humberto Primo 471, CABA. Hablarán Jorge Aulicino, Marcelo Leites y Paulina Vinderman. Música José Antonio Cadórniga.







El HADA CARTUJA*


Un día como todos los días se cansó de ser diferente y quiso ser como todos los demás. Ver con los mismos colores y proporciones, no ver a través sino sólo en superficie, mirarse en los espejos y ver lo que ven todos, no lagos azules con estrellas que cantaban el avemaría, ni racimos de uvas que se transformaban en mariposas rosadas, ni peces que volaban entre las nubes, ni pájaros que nadaban en el fondo del mar entre corales. Lo primero que hizo fue consultar a la gran tortuga anciana. Le costó mucho que le contestara,
porque hacía casi una vida que estaba dormida, pero cuando abrió los ojos la miró con paciencia y le preguntó que deseaba.. Quiero ver lo mismo que ven los otros, anciana, dijo el hadita. Quiero ser igual, no diferente. La tortuga sonrió y casi vuelve a dormirse, pero después de bostezar largamente, le dijo: antes debes quitarte el ojo de la frente. Después serás tan tonta como quieras ser. Volvió a dormirse tan rápido que se olvidó de cerrar la boca y el ojo derecho, que quedaron suspendidos en el aire, interrogando. El hadita se fue derecho al espejo de plata del bosque, que era para uso de todos los que podían verlo. Se miró fijo el ojo que tenía en la frente. Los otros no lo veían porque ella se lo tapaba con cintas de colores. Lo tomó cuidadosamente  entre los dedos sin hacer caso de las
protestas del ojo indignado. Lo envolvió con dos pétalos de rosa y lo guardó en una cajita de hojas de eneldo,con mucho cuidado para no lastimarlo. Desde dentro de la caja se sentían las protestas del defenestrado. Pero ella no le hizo caso alguno y lo dejó al cuidado de la cigüeña vigilante. Después se acomodó el pelo para que le tapara el hueco que tenia en la frente y corrió a ver todo lo que los demás
veían.


*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy








La poesía será inútil pero no cobarde*



*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

A Miryam Pirsch, Flavia Porto y Angeles Durini


La poesía no te da de comer, no asfalta las calles, no paga el boleto de colectivo. Con un verso no abonás los impuestos. Un poema escrito en una hoja de papel no sirve para abrigarte en las noches de invierno. La metáfora no entra en el mercado cambiario. Nadie pensaría en hacerle un cepo a la metáfora. Es más, la poesía ni siquiera nos salva de los preconceptos.
Cualquiera que quisiera escuchar poesía, por ejemplo, iría a los grandes salones de la zona céntrica de las grandes o pequeñas ciudades, o bien, a los tugurios y fumaderos de la poesía under, también ubicados en las mismas zonas céntricas de las mismas grandes o pequeñas ciudades. Sin embargo, la poesía es un animal difícil de dominar. Un bicho escurridizo. Un perro sin dueño. En ocasiones, no he encontrado poesía en los lugares donde se suponía debía estar, y sin embargo, ella apareció en el patio trasero de las grandes
o pequeñas ciudades, de la mano de poetas insospechados:

Gabriel tiene 15 años, fracasó en una escuela del centro y volvió a la delbarrio. Puede escribir estos versos: "La mano/ distraída/ juega con mi dolor.


*

Nico, del mismo barrio y de la misma edad, dice: "El pánico/ dulcemente/llena de gritos/ las rosas".


*

Marcos tiene diecisiete años. No encuentra un espacio para él en el aula.
Prefiere leer a escribir. Le gustan los poemas de León Felipe y Atahualpa.


*

Matías, vecino de Gabriel, por su parte, escribe: "El vino es/ la sangre indefensa/ que beben/ fácil".


*


Franco, "Ananá" para los amigos, dice: "Los pechos/ caían/ pensándose hacia el mar".


*


Mailén hacía dos meses que no venía a la escuela. Ahora ha vuelto con los ojos delineados, el cabello renovado con mechas de colores, y sin ningún deseo de enterarse sobre nada que no sea "esos cuentos raros" que leíamos.
Su fuerte es la lectura en voz alta.


*

Tami, la risueña, es modelo y escribe: "Los versos/ indefensos/ comienzan a extrañarte".


*

Nilce, 15 años, poetisa de extensa producción y compañera generosa, es capaz de decir cosas como éstas: "La oscuridad del universo/ regresa/ a gran velocidad/ desde la luna".


*

Roberto, 17 años, no tiene carpeta porque dice que todo le queda en la cabeza. Es verdad. Sólo vino un par de meses a la escuela y todo lo que leemos ahora lo relaciona con los bestiarios de Arreola, leídos por entonces. Es un gran narrador oral.



*


Angel va a la escuela porque lo obligan. Tal vez este año pueda pasar a cuarto, mientras tanto escribe versos como éstos: "Desearía que fueras/ como una estrella/ hermosa/ brillante/ perfecta".


*

Lucila es la niña más silenciosa que conozco, y he descubierto que desde su silencio pueden salir versos inquietantes: "Alguien/ ha dejado diamantes/ en el infierno".



*

Alberto, presidente del centro de estudiantes, es el vocero de la escuela y dice: "El mar/ se perdía/ en la torturada noche".


*

Marquitos sueña con ser ingeniero, pero eso no lo priva de soltar el pulso poético: "Las voces/ oscuras/ apagan la noche".


*


Martín dice de sí mismo que es un matemático natural (su profesora de matemáticas no opina lo mismo), sin embargo nadie lo iguala a la hora de inventar historias de terror.


*


Elda escribe acrósticos y cuentos de amor.


*


Dana quisiera que lo único que hiciéramos en el aula fuera leer a Silvina Ocampo. Yo también, por eso la consiento a menudo.


*


Mariana escribe cuentos. Tamara escribe cartas de amor. Estefanía tuvo un bebé y escribe relatos de aventuras.



*

Miqueas espera un trasplante de riñón y se inspira con los cuentos de Silvina. Su último relato se titula "Pez puñal".


*

Carlos escribió un cuento sobre un niño triste que luego encontró un amigo y ya no estuvo solo.


*


Nahuel vive bastante lejos de la escuela, cuando llueve se le complica llegar porque en las calles de los barrios no hay asfalto. Su último relato se titula "Cuento con muñeco".

Como vemos, la poesía será inútil pero no cobarde. No dará de comer, pero propaga belleza. No pagará el boleto de colectivo, pero transporta a lugares a los que ninguna nave espacial, transatlántico o colectivo llegará jamás.
La poesía no tendrá la facultad de abrigarnos en invierno pero nos enciende una llama.
Es cierto que en el mundo hace más falta un plomero, un carpintero, una enfermera, una taxidermista que un poeta. Pero, ¿qué sería del mundo sin poesía? Más aún, ¿qué sería de la poesía sin estos chispazos de vitalidad?


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-36272-2012-11-03.html






*



El beso que no fue

    Un gusto desconocido entreabierto, avizorado. Una lengua de mar, un barco que no sale, la orilla de lo que falta



Lo que no se consumó

No es lo que no se hizo, es algo a tientas , esbozado, un intento, más que nada, menos que todo o a lo mejor  de un orden distinto al de la nada o el todo, el a veces y el por poco. Perteneciente quizas no al ordén, tampoco al desorden, algo que puede florecer en otro espacio. Debe haber una latitud  donde laten los recuerdos de lo que no pasó.



*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com






Sentencia de muerte en 16 versos*




*Por Juan Forn


Todo empezó con aquella foto de Stalin mostrando su amor por la lectura, una sesión de rutina con el retratista Nappelbaum que pasó insólitamente todos los filtros y, cuando estuvo colgada en cada aula soviética, desató risas por lo bajo: el Gran Educador necesitaba seguir con el dedo las líneas que leía. El poeta Ossip Mandelstam dio entonces su famoso paso en falso.
Compuso un epigrama que recitó en una reunión de amigos, para espanto de Boris Pasternak, que le dijo: "Eso no es un poema. Es un acto suicida, una sentencia de muerte en dieciséis versos. Tú no me has recitado nada y ese poema no existe". El poema en cuestión era el "Epigrama contra Stalin" ("Tus bigotes de cucaracha, tus dedos como gordos gusanos") y, aunque el propio Mandelstam reconocería que eran versos facilones comparados con su excelso promedio habitual, no pudo resistir la tentación de recitarlos de nuevo en
los días siguientes, hasta que alguien le fue con el cuento a Stalin y, en medio de la noche, se presentaron tres agentes del NKVD en su departamento.
Se tomaron su tiempo para revisarle todos los papeles. Anna Ajmátova estaba ahí, junto a Mandelstam y su esposa Nadezda. Había ido de visita sin avisar y sus anfitriones no tenían nada que ofrecerle. Con unos pocos kopeks en el bolsillo, Mandelstam bajó a conseguir algo y sólo logró agenciarse un huevo duro, que seguía sobre la mesa cuando los agentes del NKVD dieron por terminada su búsqueda cerca del amanecer, sin haber hallado el epigrama (Mandelstam había tenido al menos la prevención de no ponerlo por escrito), y se llevaron el poeta a la Lubianka. Ajmátova puso en su mano aquel huevo duro cuando se despidió de él. Dice la leyenda que lo quebraron sin tortura física ("Usted mismo ha reconocido que es bueno para un poeta experimentar el miedo. Se lo haremos experimentar con plenitud"). Dice la leyenda que fue el propio Mandelstam quien les dio de puño y letra la única transcripción que lograron tener del poema.
En el ínterin, Bujarin había intercedido ante Stalin ("Hay que ser cautelosos con los poetas; la historia está siempre de su lado") y tiene lugar la famosa llamada telefónica nocturna de Stalin a Pasternak. El Padrecito de los Pueblos le pregunta a quemarropa a Pasternak si Mandelstam muestra o no maestría en el poema en cuestión. Ese no es el punto, dice Pasternak. Cuál es el punto entonces, pregunta Stalin. Estamos hablando de la vida y de la muerte, dice Pasternak. Stalin le contesta con sorna que él hubiera sabido defender mejor a un amigo y cuelga. Pero la sentencia fue "vegetariana", para los tiempos que corrían: tres años de destierro, primero
en Cherdyn y luego en Voronezh. La orden de Stalin había sido: "Aísleselo pero presérveselo". Nadezda recibió permiso para acompañar a su marido y lo alojaron en un pequeño dispensario rural (un médico, una enfermera) donde el desterrado intentó suicidarse tirándose por la ventana de un segundo piso.
Oía voces, creía que Ajmátova había sido arrestada por su testimonio, no lograba recordar qué había confesado, a cuántos había incriminado. Después pasó a creer que aquella caída del segundo piso le había devuelto la cordura ("Me quebré un brazo y recuperé la razón").
Mandelstam escribió entonces su "Oda a Stalin". La leyenda se bifurca en este punto: hay quienes creen que lo hizo para congraciarse con el tirano y hay quienes dicen que Stalin se lo ordenó. Joseph Brodsky dice que da igual: lo que importa es el desequilibrio inquietante de esos versos, que los censores no supieron cómo tomar ("Si me despojan del derecho a respirar y a abrir las puertas / Si me tratan como un animal y me dan de comer en el suelo / Yo anudaré diez cabellos en mi voz y en la profunda noche /
Susurrará Lenin en medio de la tormenta / Y en la tierra que huye de la putrefacción / Stalin despertará la razón y la vida"). Esa es la función de la poesía, según Brodsky: moverle el piso a quien lee. Eso pasó con los censores, que terminaron pidiendo a la todopoderosa NKVD "una solución al caso Mandelstam". La solución fue expeditiva: cinco años de condena en Siberia.
No llegaron a ser ni seis meses. Cuenta Varlam Shalamov en los Relatos de Kolymá: "Sus compañeros de barraca ocultaron su muerte dos días para quedarse con su ración de pan, de modo que sepan los futuros biógrafos que el poeta murió dos días antes de su muerte". En su libro Contra toda esperanza, Nadezda Mandelstam cuenta que a su marido le gustaba repetir en el destierro dos frases que ella detestaba por igual. Una decía: "No hay que quejarse; vivimos en el único país que respeta la poesía; matan por ella".
La otra era: "La muerte de un artista no es su fin sino su último acto creador". Más de medio siglo después, cuando aquella hoja redactada en letra temblorosa por Mandelstam fue exhumada de los archivos de la KGB, se descubrió que la memoria colectiva había ido deformando para mejor el epigrama, año a año, a medida que pasaba de boca en boca, para preservarlo del olvido.



*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-206929-2012-11-02.html







*


Tu ausencia es el borde
de una pared que detiene al viento
y fabrica con él dos largos túneles
de cuyo fondo volverán tus ojos.
Tu ausencia me suelta
una piel imposible,
que sólo viviría
en la temperatura que se fue con tus manos.
Y en cambio me ata
esta piel que me aprieta los tobillos
y me desemboca locamente
en el costado fiel del corazón.

Tu ausencia me hace llover encima mío
el espacio que queda entre la lluvia.



*De Roberto Juarroz.
(1925-1995)
Poesía Vertical [II - 51]
-Fuente: http://www.robertojuarroz.com





***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
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SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


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SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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