sábado, septiembre 26, 2009

CADA EVIDENCIA DE PODERÍO NO HACE SINO REAFIRMAR LA MEDIDA DE UNA ESCLAVITUD...




POÉTICA*



Me escribo
lo que más puedo escribirme;
me escribo
lo que me habría de escribir
de cualquier modo;
me escribo
lo que en mí llevaba escrito.



*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar





CADA EVIDENCIA DE PODERÍO NO HACE SINO REAFIRMAR LA MEDIDA DE UNA ESCLAVITUD..





Algo*



Fue encontrarse de nuevo con la frase.
Ahora que indago en el origen de un dolor difuso. Como los del alma, pero estacionado en el cuerpo.
En eso estaba. Hasta encontrar el papel amarillo por el tiempo del único número impreso en el mimeógrafo prestado por el cura del barrio.

La imagen del cura que nos deja trabajar, mientras en el centro de la mesa le comenta un artículo de "Contracultura" a la catequista que es una joven hermosa.
Para nosotros, con 16 años y todas las ganas, era "la novia del cura".
El cura lee a Helder Camara. Nosotros intentamos hacer una revista de rock.

El tiempo disolvió otros recuerdos. Sólo quedo esto, y la frase de la portada que fue mi principal aporte. Nunca pude ni podre superar la perplejidad ante algo tan fuerte, tan dolorosamente contundente.

Leo. Trato de entenderla como si fuera una profesía que como toda profesía amenaza con ser autorrealizada a lo largo de una existencia.
Busco eludir en mi mente el peso temible de la palabra sufrimiento. Ni siquiera pensar en su relación con acontecimientos biográficos.
Pienso en el "algo más", en lo que me falta por tarea. En lo que creo que el futuro me adeuda y no debo resignar.

Pero la frase esta allí, y no puedo dejar de leerla y escribirla enterita:

"Nacimos para sufrir y para algo más".



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com








Daniel*


El autor de La tierra incomparable recrea la historia de aquel profeta bíblico cuya clarividencia le salva la vida cuando es llevado a la corte de un rey enemigo


*Por Antonio Dal Masetto


Había una vez un joven virtuoso y de corazón noble de nombre Daniel. Había tenido grandes maestros en todas las artes, en toda clase de literatura y ciencia. Había superado a sus maestros. Daniel tenía el don de descifrar cualquier visión o sueño.
El pueblo de Daniel fue asediado y luego tomado por un poderoso ejército y el rey enemigo ordenó a sus generales que eligieran a algunos jóvenes pertenecientes a la nobleza para servir en su corte. Debían ser jóvenes inteligentes y apuestos. Daniel estaba entre ellos y sin duda era el más apuesto y brillante de todos.
Cuando marchaba hacia su nuevo destino, mientras sus compañeros se lamentaban por la humillación de la derrota y el cautiverio, Daniel pensaba: "Después de todo, esto que me ocurre es bueno porque tendré oportunidad de servir en la corte del rey más poderoso del mundo y progresar y triunfar gracias a mi capacidad".
Y así fue. Había muchos magos, hechiceros, adivinos y astrólogos en el reino, pero eran tres los de mayor jerarquía y estaban instalados en la corte. Los magos leían la suerte de las batallas en las estrellas, en el vuelo de las aves, desentrañaban el sentido oculto de los sueños, pronosticaban el futuro. Pero muy pronto Daniel demostró que los aventajaba a todos.
Tanto se distinguió con sus cualidades extraordinarias que fue nombrado por el rey en cargos cada vez más importantes. Esto preocupó a los magos, hechiceros, adivinos y astrólogos, especialmente a los tres magos mayores. Que se alarmaron por la presencia de este extraño que amenazaba con desplazarlos de sus lugares de privilegio, y comenzaron a confabular.
Acusaron a Daniel de blasfemar contra los dioses adorados por el rey y contra el rey mismo, aportaron pruebas falsas y testigos falsos.
Daniel fue condenado y arrojado al foso de los leones. El rey mismo selló con su anillo la piedra que tapaba la entrada. Al día siguiente encontraron que Daniel seguía vivo y salió del foso sin un rasguño. Este milagro causó gran asombro general. Nadie podía saber que entre las múltiples virtudes de
Daniel estaba la de ser un inigualable domador de leones.
El rey interpretó el hecho de que saliera ileso de aquel foso como una prueba de la inocencia de Daniel, mandó traer a los que falsamente lo habían acusado y ordenó que se los arrojara a los leones. Y no solamente a ellos sino también a sus familias.
Y Daniel pensó: "Después de todo, esto que me ocurre es bueno porque disminuye el número de mis enemigos y mis competidores".
El rey siempre había sido implacable con los errores de sus magos y cuando sus respuestas no le satisfacían los mandaba ejecutar. Con el transcurrir del tiempo sus visiones y sueños fueron más frecuentes y enigmáticos, hacía comparecer a cualquier mago, hechicero, adivino, astrólogo elegido al azar y si los pronósticos no eran de su agrado, levantaba el dedo índice de la mano derecha y los guardias ya sabían lo que significaba esa señal: foso de leones.
Así que llegó un día en que cierto mago, al ser requerido por el rey para descifrar una de sus visiones nocturnas, antes de ir a verlo visitó en secreto a Daniel para solicitarle ayuda. Enfrentado a Daniel, depositó una bolsa de monedas de oro sobre la mesa y le pidió protección con su magia poderosa.
Daniel se mantuvo en silencio. Miró la bolsa, miró al mago a los ojos y nuevamente la bolsa. El mago creyó comprender que la oferta no era suficiente y depositó una segunda bolsa de monedas de oro sobre la mesa.
Daniel miró las dos bolsas, miró al mago y de nuevo las bolsas. El mago depositó una tercera bolsa. Esta vez Daniel solamente permaneció con la mirada fija en las tres bolsas sin que su rostro denotara expresión alguna.
El mago dedujo que ahora la suma era considerada suficiente, que el trato estaba aceptado, respetuosamente se retiró caminando hacia atrás y fue a enfrentar su compromiso con el rey y fracasó y terminó en el foso de los leones con todos los integrantes de su familia, de donde no regresaron.
Tiempo después fue otro mago el que acudió a Daniel ofreciéndole monedas de oro y piedras preciosas. También terminó en el foso de los leones. Y luego hubo otro y otro y otro más.
Y Daniel pensó: "Después de todo, esto que me está ocurriendo es bueno porque mis riquezas aumentan y el número de mis competidores sigue disminuyendo".
En cuanto a Daniel, cuando su presencia era solicitada, sus interpretaciones siempre satisfacían al monarca. A esta altura había alcanzado el cargo más alto en la corte y vivía en una gran casa con muchos esclavos y hermosas esclavas.
Hasta que llegó el día en que el rey consideró que a un ser tan absolutamente perfecto como Daniel le correspondía un ámbito también absolutamente perfecto, y el único ámbito sobre la Tierra que se le
equiparaba en perfección era el desierto. Así que aligeró a Daniel de todos sus bienes y lo envió a las infinitas extensiones de arena.
Y pasaron los años que pudieron ser siglos y en tanta luz y tanto espacio la cabeza de Daniel se fue vaciando de memoria y ya no supo quién era ni de dónde venía y ni siquiera le quedó el recuerdo de su nombre.
Y deambulaba y repetía continuamente su lamento:
"Ay de mí, ay de mí, éste es mi hogar, una llanura sin fin donde se arrastran sin pausa días y noches de silencio. Nada hay acá que no me pertenezca. Nada que suscite mi deseo. Si me desplazo en una u otra
dirección, no habré por eso de alejarme de sus confines. Siempre me rodeará un amplio círculo cuyo centro soy yo, único y absoluto señor de este reino estéril y preciso. Hacia todas partes se extienden límites que nunca agotaré, todo amanecer es portador de una jornada que ya he vivido. Cada evidencia de mi poderío no hace sino reafirmar la medida de una esclavitud.
Y sin embargo, una sola mínima alteración, un solo accidente insignificante, serían suficientes para sembrar el desconcierto.
"Entonces nacería una tregua en este orden, existirían también otros centros, otras distancias, el equilibrio se habría roto y el horizonte ya no tendría su perfección inviolable. A veces sueño, creo que sueño. Pero nada conservo de esos sueños. Existe en el despertar una fracción de segundo en que imágenes fugitivas cruzan por mi mente, pero de inmediato se esfuman. Si lograra conservar una, solamente una de esas imágenes, todo cambiaría porque yo tendría un recuerdo. Cuando un nuevo sol asoma solamente mi sombra me hace compañía. Ángel del Señor, dame una mano."



*Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1177725






La solidaridad no se rinde*




*Por Osvaldo Bayer


A pesar de ese pasado del espanto, la vida no se rinde. Vimos cómo en estos días se recordó, por ejemplo, el "Cordobazo" con aquel Agustín Tosco, grito de piedra pero sensible como pocos a la palabra solidaridad; vimos cómo se recordó a esos adolescentes increíbles de "La Noche de los Lápices" (a pesar de la pequeñez más que mezquina de esa directora del colegio que quiso amonestar a los adolescentes que salieron del colegio a recordarlos la semana pasada). Pero sí, se los recordó, con todo el dolor y la vergüenza de que argentinos hayan cometido esos crímenes tan cobardes y de una perversidad que nunca podrá superarse en la historia de la iniquidad humana.
Y podemos seguir: que por fin se discuta la ley de medios de la dictadura que ningún gobierno elegido se atrevió a tocar desde 1983. (Sí, increíble, pensando que cuando cayó el nazismo alemán, todos aquellos medios que lo habían apoyado fueron callados para siempre, mientras que aquí no se tocó para nada a todos aquellos que alabaron en la peor rufianería a los criminales de la desaparición de personas con el argumento que emplearon esos gobiernos posteriores de "hay que mirar para adelante" o todo fue por
la "obediencia debida" y pongámosle el "punto final".)
Pero no nos detengamos en ello. Hay otras fuerzas que van surgiendo cada vez más. La auténtica democracia, la que surge del llamado espontaneísmo de las bases. Me tocó ver en la escuela secundaria de la Villa 31, así, ahí, la de Retiro, cuando los alumnos pidieron saber algo más de las huelgas patagónicas del año '21 y, luego del debate, un conjunto folklórico de pibes tocaron canciones criollas y resolvieron ponerle a su conjunto el nombre de "Facón Grande", aquel gaucho entrerriano que en la Patagonia marchó al frente de las peonadas a pedir más justicia y dignidad y fue fusilado por el Ejército Argentino en el gobierno radical de Yrigoyen. O cuando, apenas hace unas horas, el Concejo Deliberante del partido de San Martín resolvió apoyar el proyecto del monumento a la mujer originaria, que se hará con las llaves de bronce en desuso que donen todas las manos generosas. O cuando el club
socialista alemán Vorwärts llevó a cabo un acto en homenaje al escritor más popular de la época, nuestro tan querido Osvaldo Soriano, por su amor por el pueblo y el llevar al protagonismo siempre hombres sencillos salidos de los recovecos de una sociedad injusta. O cuando justamente el jueves pasado, en
Corral de Bustos -busque el lector en el mapa para saber dónde queda-, se llevó a cabo un debate acerca de los derechos de los pueblos originarios para que se los respete y que se enseñe la historia del genocidio y la esclavitud venida de Europa y continuada por los descendientes occidentales y cristianos. O, por ejemplo, siguen los ecos por el triunfo de los cooperativistas de Zanon, con el logro de la expropiación de la misma por la provincia, que termina con la incongruencia irracional de que la fábrica
siguiera perteneciendo a los capitalistas que la abandonaron a costa de sus trabajadores. O la organización "Central Popular de Lucha" que comenzará el lunes 28, al mediodía, con una huelga de hambre frente al Congreso, con el lema: "Para acabar con la pobreza y la desigualdad hay que empezar a terminar con los privilegios".
No, no todo es lo superfluo de la televisión lo que domina, ni Maradona es el único tema de nuestras calles y nuestras inmensas llanuras. Por ejemplo, el caso Terrabusi debe pasar al primer plano del debate y no conformarnos con las opiniones de los burócratas situacionistas. El tema de las empresas
que dejan cesantes a decenas de trabajadores debe pasar a ser el centro de la información. Debe pasar a debatirse en los medios, en las aulas universitarias, en las organizaciones barriales, sí, claro, y también en los templos, que para ese fin fundamental debieran existir: la paz, la solidaridad, la sonrisa eterna de la felicidad en el rostro de quienes promueven la producción y el bienestar con sus cuerpos y cerebros.
Y aquí no podemos dejar de señalar a los defensores de la naturaleza a ultranza. He leído hace poco el informe "Proyecto Verde 2009", justo para el Día del Arbol, redactado por la Sociedad Alihuen, de Santa Rosa, La Pampa.
Alihuen es una palabra mapuche que significa "Arbol en pie". El nombre lo dice todo y habla ya, desde el título, de una tradición de los pueblos originarios que hay que defender: el cuidado de la naturaleza y uno de sus principales soportes, el árbol. Recuerdo que, siendo niño, presencié en Tucumán una ceremonia donde, justo, la gente originaria de esas latitudes realizaba una ceremonia en la cual acariciaban a los árboles, a sus hojas y sus troncos. Y luego recordaban el despojo de sus tierras que sufrieron los indios quilmes, desalojados por los conquistadores españoles y trasladados a lo que hoy es el Quilmes bonaerense. Me impresionó el texto del "Proyecto Verde 2009", que partió con una encuesta de barrio por barrio en la capital pampeana con preguntas a todos los habitantes acerca de los espacios verdes, para que se interesen sobre los árboles de sus veredas, de sus rutas, como un problema sustancial de vida. Enseñar ese deber ciudadano. Y proponer soluciones para luego llevarlas a cabo, empujar a sus representantes a mirar lo verde para que no se vuelva todo amarillo. Que el ciudadano protagonice la defensa de la naturaleza y no que todo quede en manos de quienes, desde el dinero, permiten una explotación minera perniciosa y fatal para el futuro. Eso es sentirse protagonista, es ser verdaderamente democrático y no conformarse sólo con poner un papelito con nombres en una urna cuando lo convocan a votar candidatos. Y hermoso el nombre de Alihuen, justo un concepto usado por los pueblos nativos. Por eso también me pareció un paso adelante lo que ha llevado a cabo la Universidad Nacional de Rosario: la creación de una cátedra llamada "Pueblos originarios", para aprender de su
cultura, profundizarla, revisar la historia y sus principios de "progreso".
El debate. La inclusión de todo lo bueno que pueda significar verdadero progreso. Que no puede significar otra cosa que defensa de la vida.
Por eso me gustó el coraje civil de los miembros del Concejo Deliberante de Salto, que resolvieron terminar con el nombre de una calle dedicada al genocida coronel Rauch, contratado por Rivadavia para exterminar a los ranqueles, habitantes de las pampas bonaerenses que -según Mansilla- "eran más buenos con sus mujeres que nosotros, los de origen europeo". Rauch, el europeo mercenario, ganó dinero por matar. Aquí en la Capital, la diagonal entre Corrientes y Riobamba que llevaba ese nombre pasó a tener el digno y popular nombre de Discépolo, el poeta del pueblo. Pero muy pronto, los correveidiles del poder de turno le pusieron el nombre del asesino Rauch a una calle allí nomás, entre Salguero y Medrano. Pero ciudadanos conscientes me han comunicado que siguen la lucha, a pesar de Macri.
También en el arte vemos que la gente generosa no se rinde: hemos podido ver que en el Bauen, ese antiguo hotel de lujo convertido en un lugar del pueblo por los trabajadores del mismo, se exhibe en su sala teatral una versión ejemplar del Sacco y Vanzetti. Con actores y actrices platenses que enaltecen con su capacidad esa tragedia de los trabajadores italianos condenados a la silla eléctrica por el poder omnímodo del sistema de Washington, sólo por ser luchadores del pueblo. Cuarenta años después de ese
asesinato "legal", la Justicia norteamericana pedía disculpas al mundo por haberse "equivocado". El cinismo a veces no tiene límites. Sí, y todo en nombre de la "democracia". O por ejemplo, otra obra teatral, las Memorias del agua, de Jorge Gómez, donde justamente se trata con soberana ironía el sistema que destruye la vida al convertir los torrentes de agua del mundo natural en gotitas tratadas con instrumentos y la lucha del hombre para detener la destrucción de la naturaleza que ese sistema realiza sin escrúpulos. Una obra penetrante, terrible, que refleja el sistema egoísta que nos está destruyendo. Y desde allí, al teatro Cervantes, donde esa increíble Cecilia Rosetto nos pasea por la canción, el amor, el canto a los sentimientos de la hermosa humildad de los paisajes latinoamericanos y nos devuelve a la infancia con el color de las melodías de aquellos barrios porteños. El arte que defiende los verdaderos valores que un sistema y la cobardía del poder que domina al mundo trata de quitarnos allí donde la palabra "ganancia" y "réditos" atropella diariamente lo que tiene que ser la esencia del ser humano: la paz, la mano abierta, la sonrisa eterna de nuestros niños. Por eso, lo repetiremos por enésima vez: no hay verdadera democracia donde hay niños con hambre, no hay verdadera democracia donde hay
villas miseria, no hay verdadera democracia donde hay desocupados.



*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-132435-2009-09-26.html







Un contrato colonial: Renovaron la concesión al F.C. Nuevo Central Argentino del senador Urquía*




*Por Juan Carlos Cena ferrocena2003@yahoo.com.ar
(especial para ARGENPRESS.info) VIERNES 25 DE SEPTIEMBRE DE 2009



Es extraña la ligereza con que los malvados
creen que todo les saldrá bien
Víctor Hugo



Otra vez la desvergüenza
"La ley (de Medios) que se está discutiendo en el Congreso es muy importante, pero no puede haber ninguna discusión que olvide que la lucha contra la pobreza y la exclusión es la problemática fundamental en la vida de los argentinos", expresó el obispo Bergoglio al inaugurar las XII Jornadas de Pastoral Social en el colegio San Cayetano del barrio porteño de Liniers.
Más tarde, el titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, obispo Jorge Casaretto, volvió a insistir sobre la pobreza, a la que calificó como: "escandalosa la exclusión social en el país. Afirmó además: "La Iglesia asegura que la pobreza en Argentina ronda el 40 por ciento, mientras que el
INDEC registra apenas un 15,6 por ciento". (DyN)


Agrego: no únicamente la pobreza y el hambre, hay que complementar otras demandas graves que existen y ocurren como el aumento de la desocupación, la desnutrición infantil, el jolgorio de las multinacionales del petróleo, el gas, la minería, la adquisición de nuestras tierras por extranjeros en zonas vitales, lugar donde viven nuestros paisanos y comunidades originarias, mismos que son contabilizados como objetos inanimados o como ganado de la zona. Ubicaciones que tienen que ver con la defensa nacional. Además, hay que contabilizar el veto presidencial a la ley sobre la protección de los glaciares, la gravedad de la instalación de la corrupción que se ha institucionalizado como un sujeto natural en la sociedad para doblegar voluntades, la profundidad de la penetración de la droga y otras obediencias graves pasan en nuestra querida patria.

La oposición obnubilada y desorientada trajina a los manotazos buscando aferrarse a algo, sin poder construir su propio eje político, bailan al ritmo de la línea argumental y discursiva que les propone el gobierno, olvidando antiguas esencias. Podemos inferir o suponer que se olvidan, o no lo saben, o no les interesa, o están de acuerdo con el gobierno en algunas situaciones. ¿O son acaso ellos los derrotados?

La mediocridad es un manto de tinieblas que cubre todo la geografía política nacional. Vemos además que al gobierno y a la oposición, en forma integral, los ataca, un narcisismo feroz, abrochando a ambos. ¿Es parte de su misma naturaleza?

Sobre el sector progresista, llamado de la nueva izquierda, diría pacato, con una historia coherente: la de huir siempre para adelante, padecen entre otras cosas de un fuerte eclecticismo. A ello también los abrocha un narcisismo militante, miden su sombra como si esta fuera la medida de su ego, solo aburren, no saben donde están, son parte de las tinieblas, no articulan ni una sola idea, mascullan denuncias, bailan al ritmo del gobierno y de la otra oposición y sus diferentes variantes, no tienen ni un tarareo, son sólo rezongos, plagados de vacilaciones.

Es decir, las cuestiones nacionales no están en la agenda de ninguno de los mencionados, como aludo más arriba, el hambre, la desocupación, el aumento de la pobreza, la inseguridad social, el envenenamiento de los ríos por efectos del cianuro por la impía explotación minera, la corrupción como herramienta política para doblegar voluntades, el genocidio silencioso a través de la mafia de los remedios, y la instalación de la mentira con un valor de verdad verdadero.

La otra izquierda, la que dice estar más a la izquierda de la izquierda llena de pureza y sin contradicciones, legitima siempre las contiendas electorales preñadas de fraudes y de engaños, denunciadas por ellos mismos, no dan señales creíbles de vida, sólo se sabe que se multiplican en la división, toda una paradoja matemática.

En medio de toda esta parafernalia de dimes y diretes sobre el proyecto de ley de los medios de radio difusión, ocurren otros asuntos sobre las cuestiones nacionales, pero un mutismo militante los agarrota.

En silencio y sin estridencias se acaban de implementar otras desvergüenzas por parte del gobierno y la mudez de las oposiciones.

A través del Decreto 1039/09, el Gobierno nacional le ha renovado el contrato de concesión a la empresa ferroviaria Nuevo Central Argentino Sociedad Anónima, cuyo propietario es el senador Nacional por el Partido Justicialista - Córdoba Urquía, dueño, asimismo, de la aceitera General
Deheza.

Esta renegociación del contrato del NCA no fue la única ventaja que el aceitero Senador Urquía obtuvo del gobierno de los K. Historiemos, no bien asume en el 2008 con el cargo de senador de la nación este, se postula, acuerda, gana y luego asume como presidente de Comisión de Economía del Senado. El senador Urquía, influyente acopiador de granos, es parte del mundo K. Cómo será que influyó para que a través de una ley le autorizaran la instalación de una "aduana seca" en General Deheza, Córdoba, pueblo-ciudad donde está instalada la aceitera. Violando la Constitución Nacional en su artículo 9, donde dice; "En todo el territorio Nacional no habrá más Aduanas que las nacionales, en las cuales regirán las tarifas que sancione el congreso".
Por el dominio de las Aduanas, en nuestro país, se consumaron guerras civiles, en este caso no, el dedo discrecional del Poder Ejecutivo otorgó, al acopiador y especulador Senador de la Nación el vil dominio de una aduana seca, con fines de lucro.
Con la suma de la aduana seca, más el F.C. Nuevo Central Argentino, este senador Urquía, justicialista por Córdoba, interviene y fija pautas en toda la cadena del mercado de oleaginosas, establece precios (deber del congreso) implanta el valor en la producción primaria, el acopio, industrialización,
transporte y exportación. Es decir, el gobierno le otorga facilidades para que se transforme en un monopolio, al que dice combatir.
Permitiéndome una digresión, digo, ya que este gobierno proclama su lucha contra los monopolios ¿Que hacemos con la Warren Buffet, patronal de Kraft?, que no ha respetado ni una sola Ley, ni acatado ninguna resolución del Ministerio de Trabajo que solo atina tibiamente a multar a esta empresa, mientras el gobierno de Scioli le garantiza la infantería para reprimir a los trabajadores, despidiendo a 160 trabajadores. Esta multinacional yanqui que financia golpes de estado como en Honduras. Con la complicidad de la burocracia sindical, viola todos los derechos laborales en Argentina.

En los hechos, este gobierno, alienta al monopolio ya que el NCA, en ese funcionar tiene cooptadas a las cooperativas de la zona, mismas que tienen que recurrir en forma ineludible a las fauces de la Aceitera General Deheza.
Aceitera que actúa como si fuera la Junta Nacional de Granos Privada, zonal.
Fijando además, precios en los fletes del transporte ferroviario, como también el valor de las oleaginosas y la comercialización. Actividad que realiza a través de su puerto privado Terminal 6, en sociedad con Bunge (ex Bunge y Born). Asociada con los carteles de siembra y las grandes exportadoras de granos donde las retenciones ni los rozan.

Además, por si esto fuera poco, el gobierno nacional le está financiando al ferrocarril NCA, en este momento, dos importante obras ferroviarias en Rosario sobre el acceso al puerto Terminal 6, que contemplan una duplicación de vía entre Rosario y San Lorenzo, y el trazado de una variante entre San
Lorenzo y la estación Cerana. El costo total de esas obras asciende a 202 millones de pesos, según las resoluciones 19/08 y 20/08 firmadas por el entonces secretario Ricardo Jaime.

Como si esto fuera poco, por medio del decreto 1039/09, firmado por Cristina Kirchner, rubricado por el jefe de ministros, el de economía y el de planeamiento, condona deudas a la empresa ferroviaria Nuevo Central Argentino, redujo el canon, amplió sus servicios y habilitó la posibilidad de acceder a subsidios del Estado.

El decreto 1039/09, mediante el cual la Presidente aprueba la renegociación del contrato con la empresa ferroviaria Nuevo Central Argentino (NCA), propiedad del senador Urquía, marca la culminación de una renegociación, que NCA venía exigiendo desde hace 15 años. Misma que estipula una cadena de beneficios para el NCA, que este ha previsto facturar 316 millones de pesos.
A través de ese mismo decreto, el Poder Ejecutivo, les perdona la deuda al F.C. NCA. Adeudaba 107 millones de pesos por inversiones no realizadas: no pago de canon y multas. En notas anteriores habíamos denunciado como este gobierno le transformaba la deuda por promesas de inversión, que nunca realizaron El Gobierno había pesificado la deuda, la redujo de 107 a 60 millones de pesos. Finalmente, el gobierno K estableció que estos 60 millones, NCA los pague en un plazo de 18 años, con inversiones en infraestructura y material rodante, sin ninguna indexación.
Hay que recordar, que al tiempo de obtener la concesión, NCA dejó de pagar el canon por la explotación de 4.750 kilómetros de vías. Por ello acumuló una deuda con el Estado de 20 millones de pesos. El decreto firmado por CFK estipuló que el canon, a partir de ahora, será del 3% de su facturación (unos 10 millones de pesos), de los cuales la empresa sólo pagará en efectivo el 30%. Ese saldo, dice el NCA, que lo destinará a financiar obras de infraestructura ferroviaria y material rodante en su propia línea. Todo queda en casa.

Con esta renegociación, el Gobierno ratificó además a NCA como empresa operadora de servicios interurbanos de pasajeros. Es de hacer notar que en el contrato original la empresa del Senador Urquía no podía brindar este tipo de servicios como a los otros concesionarios de cargas. Pero fue autorizada en 2004, sin llamado a licitación, por el ministro de Planificación Julio de Vido.

El contrato original establecía que el Estado no podía otorgar ningún tipo de subsidio al NCA ni a ningún concesionario de carga. Ahora el Estado Nacional, con el dictado del decreto 1039/09, le otorga 195 millones de pesos para el "fortalecimiento de la infraestructura de los corredores interurbanos de pasajeros".
Al mismo tiempo, en este renegociación se trasfirieron a NCA nuevos ramales e inmuebles, que no estaban en el contrato original. La concesión fue de 4.750 kilómetros de vías y ahora se extenderá a 5.123 kilómetros.
Pero esto si que es grave: el uso sin control del patrimonio del estado, en decir el patrimonio de la empresa de Ferrocarriles Argentinos. El decreto de marras firmado autoriza a NCA a explotar y suscribir contratos sobre los bienes e inmuebles que tiene bajo su concesión, incluyendo espacio aéreo y subsuelo, algo que venía reclamando desde hace años Urquía, y que el contrato original prohibía. Darle la autorización de explotar el espacio aéreo y el subsuelo es una cuestión que atenta y viola los articulados constitucionales. Ni tan siquiera los gobiernos conservadores le otorgaron ese beneficio a los ingleses. La genuflexión del poder ejecutivo supera, ante esta firma y otras, como las mineras, toda inclinación conocida de un colonizado a un colonialista criollo o extranjero. El colonialismo genera conductas colonialistas en el colonizado.

M. Fragueiro, economista de J. José de Urquiza cuando renuncia a su cargo porque Urquiza hipoteca parte del patrimonio a la banca extranjera dice entre otras cosas: que ninguna vía navegable, ningún camino, ni siquiera un sendero podría ser concesionado a cualquier oferente privado, sea extranjero o nacional. Que el estado es el único concesionario de todos los caminos y rutas navegables. El Ferrocidio - Pág. 68 -2da edición - del autor.

Concesión falaz dada por este decreto, si las hay, el gobierno le otorga esa aquiescencia a la empresa del Senador Urquía-NCA. a pesar de que había argumentos suficientes para rescindirle el contrato. Este Decreto fue avalado por la Sindicatura General de la Nación, la Unidad de Renegociación y Análisis de Contratos de Servicios Públicos, la Procuración General del Tesoro, entre otros organismos del Poder Ejecutivo. Ninguno balbuceó nada, obediencia debida y a otra cosa.

Debemos recordar que el contrato original fue aprobado por Menem y Domingo Cavallo -intimo amigo de Urquía- en 1992, basados en la ley de Reforma del Estado 23.636, aún vigente, que ni el gobierno ni la oposición en sus diferentes formatos la mencionan, ni piden su revisión, siendo que esta es la llave de todas las cerraduras, cuyo ideólogo fue Dromi. A fines de década de los 90 la Auditoria General de la Nación comprobó que Urquía, entre otros incumplimientos, no había pagado el canon correspondiente, incumplió en un 73% las inversiones comprometidas, además no permitió la participación accionaria de los trabajadores en la empresa, no reparó los kilómetros de vías comprometidos; descuartizaba una locomotora sacando repuestos, concedidas por el Estado, como fuente de repuestos para reparar otras, ahorrando en esa destrucción dinero en la compra de repuestos. Pese a ello, la familia Urquía seguirá teniendo bajo su poder este estratégico tren. Los ramales concesionados se extienden sobre la
cuenca de oleaginosa más grande del país, llamado el cuadrilátero o nudo de cuyo. Como broche el NCA recibió un subsidio de 195 millones de pesos para aplicar a infraestructura.
El Poder Ejecutivo dispone, en forma prepotente, a través de este decreto otorgar beneficios al NCA-Urquía como si los bienes y dineros nacionales fueran de su propiedad. La neblina de la mediocridad mental impide a la oposición mirar otros lugares fuera de la Ley de Radiodifusión. Son unidireccionales. No esbozan un proyecto de país. Ya vendrán vientos que despejarán el territorio nacional de tanta penumbra.
Por ahora, como dice el General San martín: "Una derrota peleada vale más que una victoria casual". Como decimos los ferroviarios: A pesar de la resistencia y derrota, no fuimos vencidos, continuamos en la lucha para recuperar el ferrocarril, que vuelva hacer un servicio público que beneficie a la nación y al pueblo, integre de nuevo la geografía enrielada, vuelva a vertebrar las economías regionales y restablezca la comunicación perdida entre pueblos y regiones. Para eso, este debe ser estatal, monopólico, eficiente, moderno. Cuestión que tiene que ver con la defensa de la soberanía territorial y por la recuperación de la dignidad y la ética pérdida, sin ellas nada podrá alcanzarse. Todo enmarcado en un proyecto de país libre y soberano. Tener o no Ferrocarriles Estatales es una definición de Estado de carácter estratégico, que tiene que ver con la soberanía nacional.

Argentina es el único país que su territorio es invadido y surcado por empresas extranjeras, violentando la soberanía nacional.

Termino con el maestro Scalabrini Ortiz, de quien, este año, se cumple el cincuentenario de su muerte: Reconquistar el dominio político y económico de nuestra propia tierra es nuestro deber para con nosotros mismos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. No es una acción fácil pero tampoco es una acción inabordable. Los revolucionarios de 1810, de donde provenimos, nos dieron el ejemplo de que nada resiste la voluntad del hombre puesta al servicio de una gran causa.
A 50 Años de la desaparición de Raúl Scalabrini Ortiz
A 60 años de la nacionalización de los ferrocarriles


*Autor de:
* El Guardapalabras, memoria de un ferroviario (agotado)
* El Cordobazo, una rebelión popular (agotado)
* El Ferrocidio 1º edición (agotado)
* El Ferrocidio 2a edición (ampliada y corregida)
* Crónicas del Terraplén (cuentos)
* Ferroviarios, sinfonía de acero y lucha - 1ra edición
* ex - Secretario General del Organismo Central Capital Federal del Personal
Técnico de los Ferrocarriles Argentinos (APDFA) (1984-1989)
* Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA - Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinas.






Pase en sucio o indaga la daga*



Para el más azul de los príncipes
la nieve más blanca

La salpicada de estrellas le ofrecía al cristiano
vagina gaucha:
quince para una escoba:
deshacerse de las trenzas y deshacerse
[de las enaguas

¿Por qué pues entonces desnudez por desnudez
me quedo de smoking bailando con la más fea?

Tautología con todo mi amorcito
y besos de salva:
confiar en el pasado mañana
o sucumbir ayer cobardemente
Sinceramente no entiendo:
¿agoniza la burla?





Schritt im Unreinen oder der Dolch forscht nach*



Für den schönsten aller Prinzen
den wei?este Schnee

Das Sternengesprenkel bot dem Christen
die Vagina des leichten Mädchens an,
fünfzehn für einen Besen:
Die Zöpfe öffnen und die Unterhose ausziehen

Und warum dann Nacktheit für Nacktheit
bleibe ich im Smoking mit der Ha?lichsten tanzend?

Tautologie mit all meiner kleinen Liebe
und Willkommensküsse
morgen in das Vergangene vertrauen
oder dem Gestern feige erliegen
Ich verstehe einfach nicht:
Stirbt der Spott langsam aus?




*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-Traducido al alemán por Undine Berger






*

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Este domingo 27 de septiembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Agustín Castilla-Ávila. Las poesías que leeremos
pertenecen a Marcelo Marcolín (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar
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REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

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*

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viernes, septiembre 25, 2009

FABRICANDO OTRO SUEÑO A CADA SUEÑO ROTO...


Italia*


a mis viejos



nadie supo ser más libre
entre sus miedos
ni el ignorante y solitario miedo
a no sé qué
pudo anegar la marca de ser libre
ni todos los destierros
ni la ausencia
ni la muerte inminente
y la miseria
ni el noble sacrificio depredador de tiempo
a la espera de un después inalcanzable


vi escurrir cada sueño
entre sus manos
deshacerse en el instante mismo
del ya estaba listo
los vi esperar callar desesperar
pude verlos bordeando los ocasos
en cada corte repentino de la escala
así los vi vivir desde su tierra errante
sellando paso firme en el vacío
quedándose vacíos a cada rato
fabricando otro sueño
a cada sueño roto
esperando en silencio
el famoso tributo a cada esfuerzo
la vuelta de la vida que te paga
la redención de todos los pecados


vi iluminar sus rostros
en el momento mismo de cada alumbramiento
disolviéndome en abrazos más seguros
que el sol que me gobierna
yo deshice su dios y sus esquemas
yo desandé sus sueños y sus mitos
para crecer mis alas
y empezar de nuevo
me enojé con su amor y sus misterios
les negué más placeres que fracasos
y ellos lo saben
porque saben del miedo
y ahí siguen impasibles secos quietos
esperando un regocijo de alto vuelo
el júbilo y la risa a carcajadas
que todavía llevo
embutida en mis huecos



*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com
-abril del 1998.





FABRICANDO OTRO SUEÑO A CADA SUEÑO ROTO...







FRESNOS DE OTOÑO*



A mi hermano y a su pasión por los árboles.




Los fresnos- me dice mi hermano- en este tiempo, tienen las hojas doradas.
Y yo me imagino a los que están frente a la casa y que plantó mi padre.
Hay dos o tres más, en el terreno, que plantó mi hermano, aunque son muy chicos, pero un día serán señores árboles.
Pero hoy, cuando escribo fresnos, pienso de inmediato en esos otros, muy añosos.
Dos, que antes fueron tres, pero –siempre según mi hermano- que entiende de árboles, el del medio no crecía lo suficiente y molestaba los espacios a los otros dos, por lo cual en un momento lo que hizo fue arrancarlo, no sin dolor.
Mi padre no tenía mucha noción del futuro, al menos con los árboles. Cerca de la parrilla plantó los sauces, que hoy están inmensos, pero se molestan entre sí, con sus ramas.
Con los sauces no se pude hacer nada, pero con los fresnos que crecen más lentos, sí.
Con ser el otoño la estación más bella, me enteré tarde de su existencia.
Antes de entrar a la escuela primaria, casi con seguridad, me veo conversando en la chacra de familia Milani, con un viejecito italiano que haría las livianas tareas de quinta y gallinero, como era usual en esa época.
Me veo interrogado, tal vez de diversos temas, pero retengo esta pregunta:
-¿Cuántas estaciones hay?
-Primavera, verano, invierno
Contesto tomándome los dedos de a uno hasta contar tres
- Te olvidaste de uno, me dijo, paciente.
Y ante mi insistencia, el mismo fue contando con sus dedos gastados de trabajar la tierra y concluyó:
-Te falta el “outono”
Cuando volví a mi casa y pregunté a mi madre, me respondió:
-Otoño
Y siguió en el minuciosos zurcido de una media con la cual precisamente había rodeado un mate calabacita en desuso..
Si bien yo tenía en ese tiempo el oído afinado para reconocer y aún entender esos dialectos itálicos, de los más variados y entonces, aunque predominaban abruzzeses en la zona, no pude reconocer esa palabra. Por una simple razón: nunca la había escuchado antes.
De este remotísimo recuerdo, casi de mi prehistoria, infiero que me enteré tardíamente de la existencia de las más bella estación, la que tanto le gustaba a Neruda y a tantos grandes poetas y de entre ellos recuerdo al más grande entre los nuestros, claro que nombro a Juan Laurentino Ortiz, a quien sus amigos llamaban Juanele.
Entonces, cuando visito mi casa paterna, y piso ese espesor dorado de fresnos que en el suelo se pone alfombra para recibirme, doy razón a mi padre y celebro esos árboles, que como nunca enseñorean con sus hojas doradas de otoño.
El fresno es el primero que pierde las hojas y las pierde rápidamente, cosa que siempre enfatizaba mi padre.
Lo cierto es que cuando uno traspone la humilde puertita de tejido esos fresnos lo reciben como a un Dios o un caballero, mientras el verdor esplendente de sus hojas lo permita. Pero cuando los fresnos se nos muestran sin hojas, en su elementalidad más vegetal, más excluyente de ternura, es “como una mujer desnuda arrojada al camino”, dice Pedroni en un magnifico verso que quiere expresar al desamparo más terrible. Eso es lo que son los fresnos hoy, en este tiempo.
Ya dejó todo su ropaje vistoso en el suelo, ya nos ofrece ese piso dorado como si fueramos reyes, como para que uno se olvide la pobreza ritual de esas ramas, de ese tronco ya indiferente a las hormigas, a las calandrias y a las más humilde torcacita.
Esto en cuanto a los dos que plantó mi padre, hace décadas, pero los otros que plantó mi hermano hace poco, son fresnos de hojas verdísimas. ¿Qué pasa entonces con esta naturaleza tan sabia que destruye el cartesianismo grosero de uno? ¿Por qué los fresnos más jóvenes no muestran la amarillez de sus hojas? ¿Por qué siguen tan verdes, como si fuera verano rabioso y no este otoño tristón, que se arrastra por nuestros pies como una culebra de fuego dorado?
Hay preguntas que uno se hace y que no encuentra respuestas, pero importa poco porque en su lugar encuentra belleza.
Y es, en este mundo, más que suficiente.
Aunque no le encontremos razón, en este caso, da lo mismo.
Otro de los árboles que comparten ese espacio con fresnos, ceibos, aromitos, siempreverdes, moras y lapachos, es este apaleado aguaribay “juanelesco” y sobre todos ese palo borracho que se vino adulto muy pronto y prominente, será un árbol machazo, por ahora protegido por esas tuyas que lo salvan de los vientos del sur y ese tunal en que se convirtió la penca que hace tres décadas puso mi madre, seguramente con amor, como siempre ella trataba la cosas que la ataban a la tierra que amaba.
Muchas veces pensé, qué cosas diría si viera cómo le ganamos los lugares donde estuvieron la quinta y el gallinero con árboles de distintas variedad y espesura.
Seguramente aprobaría sin chistar, este berretín de sus hijos, con una alegre sonrisa en su cara morena.


*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar







Momento Irrepetible.*



*Por Eduardo Pérsico. epersic@ciudad.com.ar



Del silencio a la sombra la luz teje su trama
prolija, minuciosa, sin dejar una hilacha.
A bullicio los pibes van cubriendo la escena
y al abrirse la escuela, ya entonces entra el día.


Convención de torcazas, vaivenes, revoleos
y atávico misterio a perderse lejano.
Cada instante protege su perfil más oculto,
con ecos y sonidos de rumor callejero.


El momento es flamante,
único, recién hecho,
con cielo más opaco y verdor melancólico.


Ahí cruza la vecina que ni siquiera mira
y ya se desmelenan las ansias por el barrio.
Eso sí que es la vida, no jodamos.


Sin respuesta probable me abruma el universo
y hoy quizá necesite imaginarme dioses
que certeros acierten tanto enigma y mis ojos.
Pero ninguno de ellos, aún, me ha convocado.



-Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
(setiembre del 2009)







EL DUELO, LA LITERATURA Y EL PSICOANALISIS
La segunda muerte*


Un anticipo del próximo libro del psicoanalista Jean Allouch se detiene en la cuestión de la "segunda muerte", esa que el sujeto sólo acepta cuando admite que su legado, su obra, su contribución, su rastro, eso también morirá.


Por Jean Allouch *


La muerte física de un cuerpo no señala el final del difunto, tan sólo su desaparición; en cambio, dicho final lo efectúa su "segunda muerte", cuando ya no subsistirá nada suyo que le sea atribuible o atribuido. La religión y la erudición hindúes, sin duda más intensamente que otras (en especial: las
religiones monoteístas), están reguladas en base a esta segunda muerte (moksha). Por desgracia sin haberse interesado en ello detalladamente, Lacan se apropió sin embargo de esa referencia fuera de la cual ningún problema de orden analítico puede ser tratado seriamente. Y Freud no había dejado de
abordarlo, pues no pudo responder a determinadas dificultades de su práctica sino inventando el mito de un antagonismo entre pulsión de vida/pulsión de muerte, y, luego, su "principio de Nirvana", en el que justamente se ha visto una influencia de Schopenhauer, primer filósofo de Occidente que prestó atención al pensamiento hindú. El hombre de letras (para usar en este caso una denominación en desuso y ya políticamente incorrecta) se revela de tal modo singularmente expuesto. Su mismo éxito, e incluso su acceso al rango de "clásico", al ofrecerle algo que se asemeja a una eternidad (ya se sabe que la vida en la tierra tendrá un fin. No obstante, el imaginario ampara y le saca lustre al blasón de la eternidad, y esta certeza reciente y decisiva no tiene más eficacia que las explicaciones dadas a los niños y que
se supone reducen sus teorías sexuales), ¿acaso no lo priva de su segunda muerte? ¿Qué relación establece con la muerte al escribir, publicar, ser reconocido por un amplio público? Aunque igualmente: ¿qué realiza en ese aspecto el científico que marca con su nombre una disciplina? ¿O bien el artista cuya obra es celebrada? Novelistas, poetas, científicos, artistas se distinguen del común, del individuo cualquiera que parece contentarse por su parte con una breve prolongación de su propia vida en sus hijos, en lo que su dedicación a un oficio le habrá permitido realizar, en una acción política, en la construcción de una casa, en el sencillo hecho de plantar un árbol. Ejemplares al respecto parecieran ser los casos intermedios donde, después de haber conocido un éxito resonante, una obra se ve sumida en un
definitivo olvido (cf. Paul Collins, La locura de Banvard. Trece relatos de mala suerte, de oscura celebridad y de espléndido anonimato). ¿Acaso su autor no obtiene de ese modo aquello que la eternización vislumbrada de la obra y del nombre habría obstaculizado: un acceso posible a su segunda
muerte? Porque una cosa parece estar fuera de duda: el éxito literario fracasa en todo caso en un punto, fracasa en fracasar. ¿Forzaríamos aquí la nota si usamos de una manera demasiado brusca el principio de no contradicción? No, porque sorprenderemos a Mallarmé, por ejemplo, enfrentado al fracaso del fracaso, peleándose con él, lo cual signa claramente la obra y la ausencia de obra.
Mejor que otros, tal vez, el literato ofrece medios para explorar la cuestión. Verificaremos en cada oportunidad que, lejos de suscribir la teoría de la obra puesta al servicio de un duelo, incluyendo el duelo por uno mismo que exige en cualquiera el acontecimiento de su segunda muerte, se trata más bien de soportar la pregunta que importa: ¿cómo hacer una obra sin ser capturado por ello en la maldición de la eternidad?
Desde Freud, el psicoanálisis mantiene un estrecho vínculo con la literatura. Al menos tres hilos lo traman. Freud, casi a pesar suyo, debió admitir que su escritura de los casos los hacía parecerse a novelas. Como otros después de él (especialmente Lacan) habrían sabido no aplicar el psicoanálisis a la literatura -este lugar común sin ningún valor heurístico fue un fiasco; cf. Pierre Bayard, ¿Se puede aplicar la literatura al psicoanálisis?-, sino prestar atención a ciertas obras de tal manera que no
le quedaba otra que modificar su teoría. El segundo hilo se enlaza con el primero: sus pacientes también lo conducían a veces a tales transformaciones. Sus pacientes o, mejor dicho, sus fracasos, de los que
supo tomar nota. De modo que se admitirá que entre discurso literario y discurso analizante existe una determinada comunidad. Es lo que hizo Freud, tercer hilo, al señalar como una de las fuentes de la asociación libre un breve texto de un autor actualmente al borde del olvido -Ludwig Börne- que
generosamente le ofrecía a cualquiera que se volviera "un escritor original en tres días". Börne fue el primer contacto de Freud con la literatura, cuando tenía catorce años, y su Obra, "el único libro que le quedaba de su juventud". Estas son las últimas líneas del texto que en Freud fue objeto de una criptomnesia: "Tomen unas hojas de papel y escriban durante tres días seguidos, sin falsificación ni hipocresía, todo lo que les pase por la cabeza. Escriban [...], y una vez pasados los tres días estarán extasiados de asombro por las nuevas ideas inauditas que habrán tenido. ¡Ese es el arte de convertirse en un escritor original en tres días!".
No se trata, pues, sencillamente de un punto de cruce entre literatura y psicoanálisis, sino de un rasgo de método completamente común y que Freud, rectificando su criptomnesia, encuentra también en Schiller cuando éste recomienda a quien quiera ser productivo que se entregue al libre surgimiento de la idea. No obstante, el analizante no hace una obra literaria, ni el escritor se analiza. Nunca nadie pudo aprovechar el malicioso consejo de Börne hasta el punto de adquirir el estatuto de hombre de letras; y el mismo Freud no vuelve al tema sino para sustraerse a la acusación de uno de sus detractores, Havelock Ellis, quien procuraba situar fuera del campo científico sus presentaciones analíticas de casos: no, no era un artista (el elogio asesino con que lo abrumaba Ellis).
Conocemos la obsesión que afecta a ciertos escritores: por miedo a perder sus capacidades creativas renuncian al análisis, sin por ello dejar de desearlo. Algunas experiencias desmienten dicho temor, las de Raymond Queneau, Georges Perec, Woody Allen y muchos más. No obstante, esa obsesión se basa en un punto original, generador, común a la literatura y al psicoanálisis, y se dirige hacia él: una mente librada a su propia invención mediante el ejercicio de una suspensión de toda veleidad de pensar estrictamente por sí misma y con toda conciencia: "No pienso demasiado, luego soy", soy aquel que deja que llegue la idea por sí misma, relaja su dominio del pensar, aun de pensar que piensa, y se encuentra dividido como
agente de esa relajación, por una parte, y por otra parte como ese lugar extraño, si no extranjero, abierto a la alteridad y de donde surge la idea inesperada.
Como un espacio "irradiado", el pensamiento es erotizado. Por abstracto que sea, nadie piensa fuera del campo de Eros. De modo que incluso un pensamiento completamente controlado (que se cree tal) puede dejar entrever que allí está actuando una pulsión; su adecuación al sentido (sens, en francés) es -según el juego de palabras de Lacan- jouisens (de jouissance: "goce"), por lo cual, como contrapartida, notamos que se trata en verdad de una ascesis, desde el momento en que la elección del renunciamiento creativo
al control exige una pérdida parcial, pero decisiva, de joui-sens.
A quienquiera que encuentre en la lectura de poemas, relatos, novelas, un alimento tan necesario para la vida como el agua y el aire, le parecerá inconveniente que una indagación de las relaciones respectivas, cercanas, próximas y diferenciables que el psicoanálisis y la literatura mantienen con la muerte se exima de aludir al amor. Abordado así, el amor es invitado a someterse a algo más fuerte que él (contrariamente al dicho que lo declara "más fuerte que la muerte"), a esa segunda muerte que aguarda a todos, a pesar de que no todos la aguarden y con lo cual ya no podría tener la menor consistencia. ¿Qué figura del amor podría no desatender la segunda muerte?
¿Cómo se presenta el amado desde el momento en que el amor ya no es vivido como eterno, en que ya no rima con "siempre", en que amour no rima ya con toujours?



*Fragmento de Contra la eternidad. Ogaza, Mallarmé, Lacan, de próxima aparición (ed. El Cuenco de Plata).

-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-132287-2009-09-24.html







Ley de Murphy*



Cuando las leyó por primera vez le hicieron gracia, sobre todo aquellas dos primeras:

1 - Si algo puede salir mal, saldrá mal.
2 - Si algo no puede salir mal, saldrá mal.

Sonrió presuponiendo que era una cosa jocosa, pero ahora, al cabo del tiempo, le dan rabia las Leyes de Murphy, porque con su mala suerte todas se cumplen en él.

"Si algo va mal, seguro que puede ir peor" se cumple con él invariablemente, hasta tal punto que sólo tiene que pensar lo mal que puede salir una cosa para que salga aún peor. Últimamente, está tan condicionado por estas Leyes que si quiere que alguien le llame por teléfono, sigue la Ley "Para que suene el teléfono: Entre en la ducha y enjabónese bien la cabeza". No falla.

Sin embargo, la que más le molesta es la de "La tostada siempre cae al suelo del lado de la mantequilla". Esta le da una rabia especial.

Pero, deja de pensar en eso, alza los hombros y suspira resignado. Muerde la tostada decididamente. Le disgusta el fuerte sabor a lana de alfombra, pero sabe que es irremediable y que, de no aceptarlo, podría morir de hambre.




*de Joan Mateu. joan@cimat.es








Bienaventurados los pobres*



*Martín Caparrós
25.09.2009

Lo que no entiendo es que se dejen correr por izquierda por la institución más derechista del planeta. Señores presidentes, de verdad me sorprenden. Dicen que persiguen la justicia social o algo por el estilo; dicen que les importa la redistribución de la riqueza o una cosa así; dicen que les preocupa que haya pobres –tanto que empiezan por simular que hay muchos menos. Mientras ustedes nos mienten y se mienten, tapan el sol con un dedo anillado, entierran en el barro las cabezas, bajo cúpulas antiguas y doradas la iglesia Católica Apostólica Romana habla y habla del combate contra el flagelo de la pobreza y, en síntesis, se presenta como la institución que sí se hace cargo del problema más grave de la Argentina actual. ¿No les da, algunas noches, señores presidentes, una leve cosquilla de vergüenza?

Ustedes tienen una técnica probada: truchar números. Probada está: ya se ha visto que no da ningún resultado, pero ustedes –¿por eso mismo?– la mantienen. Ahora dijeron otra vez que bajó la pobreza cuando todos sabemos que no es cierto. La adulteración de las cifras es, para empezar, una maniobra idiota. Trata de ser una manipulación de los ciudadanos, un modo de llevarnos a pensar lo que ustedes precisan, y es el peor error que puede cometer alguien con un poder: la estupidez de creernos demasiado estúpidos.

–Mamá, me prometiste que íbamos al zoológico.

–Y sí, nene, acá estamos.

–Pero mamá, esto es el obelisco.

–No, nene, es el zoológico.

–¿Y dónde hay elefantes y leones?

–Mirá, ahí tenés un león.

–Mamá, eso es un gato.

–Eso es un león.

–Mamá…

–¿Quién es el que sabe, nene, vos o yo?

Pero el problema principal no es ése. La adulteración de las cifras tiene efectos materiales aún más graves: su influencia en la asignación de recursos. Si dicen que hay menos pobres el dinero que el Estado debe destinarles va a ser menos, y la situación de los pobres reales va a ser cada vez más dura: menos atención, menos comida; desechan planes, cierran comedores, desabastecen hospitales. (Hace dos días anunciaron que el presupuesto de salud pública para 2010 bajará unos 450 millones de pesos; un poco menos que lo que se van a gastar en fútbol para todos. Allí sí que hay una doctrina que puede triunfar en el mundo: el derecho al fútbol priorizado sobre el derecho a la salud.) El miércoles, en este diario, Cynthia Pok, ex funcionaria del Indec, lo sintetizaba: “la estadística trucha también mata”.

Ustedes, presidentes, lanzados a la política-ficción, decididos a convencernos de que la luna es una provoleta, le dejan a la derecha social el único terreno que la derecha política no puede ocupar: ni Macri ni Narváez ni sus amigos y entenados tienen la menor legitimidad frente a los pobres, así que la iglesia romana les hace el favor de ocuparse por ellos. La iglesia les sermonea, señores presidentes, que hay más pobres que los que ustedes dicen y que hay que hacer algo ya –los corre por izquierda. La conclusión mayoritaria es obvia: si un gobierno que se dice zurdito no hace lo que lo diferenciaría de uno de la derecha, ¿para qué sirven los zurditos?

–Pero estimado, derecha e izquierda ya no significan nada.

–¿Ah, no? Doble para aquel lado y va a ver cómo se rompe la nariz.

–No sea nabo, Caparrós, usted me entiende. Y menos hablando de la iglesia. En la iglesia hay gente de izquierda y gente de derecha.

Es el viejo truco peronista: el movimiento donde caben todos. Pero no por eso la iglesia romana deja de ser conservadora y arcaizante –derechista– por su organización interna y por su actividad externa. La iglesia católica está basada en la fe ciega, montada a imagen y semejanza del Imperio Romano: una estructura teocrática hiperjerárquica, donde las mujeres están excluidas de cualquier cargo importante, donde cada estrato debe obedecer a ojos cerrados la autoridad del estrato superior hasta acabar en el mando supremo, la representación de esa forma de poder que el mundo dejó atrás hace siglos: el monarca absoluto que ellos llaman papa. Si en Honduras o Uganda unos militares golpistas quisieran imponer un soberano vitalicio cuya palabra nadie pudiera cuestionar porque un dios se la dicta, los libres del mundo gritarían y la ONU debatiría cómo mandar tropas. Pero si es La Iglesia todo bien, son tradiciones.

Y su intervención externa sigue el mismo modelo retrógrado: son la punta de lanza contra las libertades individuales, contra los cambios cientificos y técnicos; ahora están contra la investigación con células madre o los métodos anticonceptivos o las parejas homosexuales como antes estuvieron contra el divorcio, antes contra el voto femenino, antes contra la democracia o la igualdad y más antes contra la idea, por ejemplo, de que la tierra es redonda y gira alrededor del sol –y siempre contra cualquier intento de pensar.

La iglesia romana, por supuesto, sabe de pobres: siempre se ha ocupado de que hubiera muchos. Allí estaría, muy grosso modo, la famosa diferencia inexistente entre derecha e izquierda: unos quieren, a veces, “ayudar a los pobres”; los otros, que no haya. Y la opción de la iglesia está muy clara. No digo que no existan curas obreros, curas tercermundistas, curas honestos y entusiastas; digo que como institución siempre sirvió para que los pobres sigan siendo pobres: que sean, si acaso, pobres con sopa, pero que no dejen de ser pobres –porque los reyes los necesitaban, los necesitan los patrones. En eso consiste la beneficencia en cualquiera de sus formas –sociedad de damas caritativas, oenegés de jóvenes preocupados, megaorgas de curas compasivos–; en eso consiste también su versión estatal contemporánea, el asistencialismo clientelista. Son tan parecidos: la iglesia romana siempre se ocupó de los pobres –y de que no dejaran de ser pobres– para mantener una base más o menos manejable, más o menos crédula, que pudiera seguir controlando. ¿Les suena a algo? Entre lo mucho que se le puede reprochar al peronismo no figura, sin duda, no aprender de los ejemplos útiles.

Pero a veces se atontan y le entregan su terreno a la iglesia romana. Que ahora se ha lanzado agresiva, y discute las cifras truchadas. Aunque haga lo mismo que reprocha: “Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón,/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpáis”. Esta mañana se me ocurrió chequear la publicidad de la campaña “Más por menos”, donde la iglesia ofrecía sus cifras de pobreza. Son las pequeñas delicias de internet –algo muy parecido al purgatorio, donde todo lo turbio permanece y dura–: buscando el aviso descubrí que eran dos. El primero, se ve, fue una versión inicial que alguien, apresurado o malevolente, subió a la red. El segundo es el definitivo, el que pasaron hasta el hartazgo las emisoras libres.

Lo recordarán: un spot bien hechito, tan humano, casi blanco y negro, donde personas pobres dicen, tonos varios, “no soy una estadística, soy una persona” –tratando de defenderse, supongo, porque saben que las estadísticas se manipulan aún más que las personas. En su primera versión, la iglesia informaba, a través de un cartel sobreimpreso, que “2 de cada 10 argentinos viven en la indigencia” y que “4 de cada 10 argentinos viven en condición de pobreza”. Pero se ve que alguien lo vio y no le gustó y hubo alguna negociación –rápida, eficiente– con dios o con el diablo y las televisiones terminaron por mostrar otra versión, donde las mismas imágenes soportaban carteles iguales y distintos: “1 de cada 10 argentinos vive en la indigencia” y “3 de cada 10 argentinos viven en condición de pobreza”. Fue, sin duda, un milagro: en unos pocos días, la fuerza de la fe había reducido la indigencia a la mitad y la pobreza en un 50 por ciento. Más confuso fue lo que hizo con el desempleo: en la primera versión, el cartel decía que “3 de cada 10 jefes de familia están desocupados”; en la final, “1 de cada 10 argentinos está desocupado”. Las dos cifras pueden ser ciertas pero quien elige cuál usa sabe que el impacto va a ser más fuerte si dice 3 de cada 10 jefes de familia que si dice 1 de cada 10 argentinos. Y, claramente, en la versión final, se trató de bajar el impacto, aún si para eso había que reducir bruscamente la indigencia a la mitad en unos días.

Es un pequeño ejemplo de manipulación. No es sorprendente que la institución más reaccionaria y más retrógrada falsee unos números: ¿qué es cambiar dos indigentes por uno comparado con convencer a millones de que si marchan a Luján van a conseguir un trabajo en Cañuelas o un novio en Mar del Plata, o que un hombre nació de una virgen o que resucitó a los muertos? Lo que sí parece tonto es que un gobierno como éste se deje correr por izquierda –se deje arrebatar lo que debería ser su tema central– por la gran institución de la derecha. O quizá lo tonto sea creer que este gobierno no aprendió la lección de la iglesia romana; tal vez lo tonto es suponer que quiere, realmente, atacar la pobreza.



*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=31296






*


Cuando digo esperanza
no digo de una señora con trenzas
Ni hablo de una esperanza desganada
aguachenta
Hablo de una esperanza porfiada
con piernas de escalera
y ceremonia de tigres

No una esperanza ingenua

No un esperanza interina


Yo hablo
de una esperanza de trinchera
con fiebre y con pezuñas
con ovarios
y en pollera



*de ADRIANA DIAZ CROSTA
(Santo Tomé. 1960/95)

-Enviado para compartir por Oscar Agú. cachoagu@yahoo.com.ar






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miércoles, septiembre 23, 2009

EN LA SOMBRA CORDIAL QUE SE DERRAMA...


CREDO*



Creo en la luz, que es pura, y en la tierra,
y en el agua, que es casta, y en el sol,
y en la sombra cordial que se derrama
con la dulzura de tu corazón.



*de José Pedroni.
-Fuente: Poesías escogidas. Ediciones Botella al Mar. Buenos Aires. 2009






EN LA SOMBRA CORDIAL QUE SE DERRAMA...






DESCANSO*

“Nada se compara a esa leyenda de semillas
que deja tu presencia”

VICENTE HUIDOBRO



Cansa el viento zonda, amor,
Tu ausencia mucho más.
Languidece la luna desteñida,
Jazmín del aire, en aire marchitado.
Tenuemente ilumina
El relincho cansado del caballo.


Cansa la sequía, amor,
Tu ausencia mucho más.
Magullados los cardos,
Siguen las huellas vacilantes
De los perros flacos.


Cansa la vigilia del carancho,
Tu ausencia mucho más.
Las penumbras vacilantes de la noche
Huyen, tras un lagarto azul.
Mi corazón muere de sed.


Cansa la soledad, amor.
Despojados, la rosa y el espejo
De presencias errantes,
Buscan la plenitud del aire.
Las semillas.
Del agua, del fuego y de la tierra.


Cansa el olvido, amor
Tu ausencia, mucho más.
El caldén, tan callado,
Con destino de poste,
Con sus vainas preñadas de agorera savia.
Camina lentamente sumándose
A mis pasos.
Enciende la lámpara y la luna.
Trayéndome el descanso
Profundo de tus ojos.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar








LAS HORAS FELICES*




Como es temprano el bar del Club está en penumbras, el conserje el famosísimo “Negro” Peraffán mantiene esa luz natural, con los grandes ventanales que dan a calle o al patio, con las cortinas sin correr. Querrá, supongo, porque habla poco y siempre con un sesgo irónico, mantener cierta frescura, para que los habitúes que pronto empezarán a trasponer esa enorme puerta vaivén de vidrios muy gruesos, reciban un poco de fresco Que la canícula afuera les niega como una furia empecinada y ciega.
Primero vendrán los mayores, esos hombres que holgadamente pasaron la barrera de los sesenta o setenta años, que ven pasar la vida con una jubilación honrosa y que se toman un café en el bar o un cortado y esperan hacer número para un juego “del chancho”, que requiere seis jugadores. Si alguno se hace esperar demasiado lo llaman por teléfono. Si falla o no puede venir por cualquier motivo llaman al suplente, cuyo nombre lleva uno de ellos apuntado prolijamente en una libretita ad hoc.
Cuando están todos, luego del saludo, casi sin hablar se encaminan de a uno o dos hacia una habitación que está entre la barra del bar y la biblioteca.
Actúan como si estuvieran representando un libreto que han estudiado a la perfección. Esa habitación tiene dos mesas octogonales, un baño en una punta y en la otra una puerta que da hacia la biblioteca, un lugar cálido y acogedor que tiene entrada independiente. En ese lugar, comencé a leer bajo la guía de la dulce bibliotecaria de entonces: doña Julia García de Baud Naly, esposa del inefable antecesor mío llamado popularmente “El Flaco” Naly, quien un día partió con una mujer como quien dice “para siempre” y se perdió todo rastro de él.
Luego aparecerá el decano de todos ellos, el vecino casi desde la fundación del club, y que vive casi enfrente. Se trata de don Zimo Callegaris, quien se toma un cortado amargo y lee el diario con una minucia obsesiva. Se puede pasar horas allí. Con sus pantalones cortos, sus ojotas de cuero y sus grandes anteojos cuadrados en su redonda cara italiana.
Al atardecer sí, ya vendrán los más jóvenes y la emprenderán al “pool” en las dos mesas habilitadas donde además de exhibir sus habilidades, podrán anotarse en los campeonatos que ese deporte hace furor en este tiempo.
En general, el primero que viene y empieza a probar los tacos es “Calefón”, el hijo de “Fedeo” D´onofrio. Cuando llegan los otros está bastante afilado.
Entonces, sin solución de continuidad aparecen ”Fito” Aichino, el “Gallo”, Serafini, el “Pitoto” Sandrigo, “Pepe” Bacheli, José Farina, “Josecito” Fantasía, “Carita” Urbitza y su hermano “Chinchi”, los “Cavagnitas” que también son hermanos, Marito Compañy y el improbable “Galeanito”, quien contra todos los pronóstico se alzó con la primera copa del primer campeonato organizado por el club, también con un monto de dinero, no tan importante, tal vez, pero él mismo dice: “Lo importante es competir”
Nosotros esperamos un rato hasta que entre un hombre delgado, que exhibe su simpatía casi como una ostentación, se mueve con la naturalidad con que lo hace el dueño de un lugar y en cuanto tiene la más mínima posibilidad de exhibir sus galones, lo hace.
-Desde los trece años que vengo a cenar aquí-, se ufana.
Si está Miguel presente, le contesta rápido:
-Y, si nunca moviste una silla en el club, no te sirve de nada.
“El Nene” Croato, que de él se trata, lo mira con una cara que lo dice todo. Es conmiseración, es pena, es también la forma más piadosa de la amistad.
Si Miguel está en la mesa quiere decir que terminó su partida de naipes y tal vez también se arrime Raúl Rodini, viejo amigo y compañero de salidas bailables por los pueblos vecinos en la enterrada adolescencia.
Raúl me comenta que ha dejado de fumar y cuando me asombro por su estado atlético me confiesa que no cena: no va a la casa hasta muy tarde y si de noche el hambre lo despierta, se levanta, va a la heladera y se toma un vaso de agua helada. No puedo sino manifestarle mi asombrada admiración por su tenacidad y disciplina.
Seguramente ahora llegará el rato más amable de la charla, en especial cuando se sienta a tomar su cortado “Toto” Míguez, que con sus ironías finas convertirá esa reunión en una fiesta de la renovable amistad que mantienen de toda la vida. A veces, cuando la coyuntura agota su interés y hablar del tiempo se transforme en un tedio, volvemos al tiempo antiguo. El que estaba poblado de mariposas y torcazas, de calles polvorientas, en las cuales él, “Toto”, otros amigos y yo nos ganábamos el mundo con esa entera libertad que nos daban las casas chatas con patios de parras donde gorjeaban golondrinas y las tacuaritas.
El recuerdo casi nunca coincide, salvo cuando la travesura fue demasiado grande y quedó en los anales de la historia oficiosa del pueblo. Cuando “Tago” Sánchez y “Oreja” González, asustaron a Ethel Joan con el cuento del lobisón. Se escondieron en los cañaverales de don Pedro Silva y una noche oscura vieron que alguien venía y quisieron gastarle una broma. Saltar de improviso, salidos de cualquier lugar, de la nada, con la poca luz y la leyenda de un animal que asolaba los pueblos vecinos dio un conjunto de cosas que terminó haciendo su trabajo. Ella llorando, histérica, asustada; ellos escapándose del piquete de hombres armados que salió a perseguirlos. Cada vez que nos reencontramos con el “Tago” me lo recuerda, mejor dicho, me repone el recuerdo que no tengo, porque a la altura de esa anécdota que sobrevive en la memoria oral, yo ya no estaba en el pueblo, yo me había transformado en un viajero privilegiado, pero que de vez en cuando recibe malas noticias, como por ejemplo la muerte de Juan Carlos González, que se cansó de hacer bromas a la gente con esa cara de Buster Keaton para siempre.
El mismo que había perdido su nombre y era llamado cariñosamente por todos, “El Oreja”.


*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar






Marie Louise*



*Fernanda Sández
23.09.2009


Se llamaba Marie Louise Strauss. O Strausz, porque los empleados de Migraciones siempre han sido impacientes y una “sz”, en 1920 y recién bajada de un barco, sería para ellos demasiada complicación. Era húngara. Era hermosa. Es hermosa. Asoma desde su cielo sepia como de entre una nube. O eso creo. No sonríe. Pero me mira, que es mucho peor porque no sé qué decirle, ni cómo llamarla. ¿Abuela? ¿A ella, que es más linda y dentro de poco hasta más joven que yo? No, imposible. Ella para mí fue y será Marie Louise, una especie de hada personal, privadísima, para pedirle protección en los exámenes y en la vida. Y en los exámenes de la vida, sobre todo. Nunca sabré si le habrá gustado tener una nieta así. Tan oscura, tan quieta. Porque Marie Louise era una mujer de brillo y de movimiento, o eso me dicen. O eso creo yo o eso me invento sobre esa abuela sin manos y sin cuerpo que me mira desde una foto. Y me pregunta, sin preguntar, qué pienso hacer con lo que me queda de vida, quizá porque a ella la suya se le pasó muy rápido. Adivino que no todo habrá sido tan dorado ni tan movido como prefiero, necesito imaginar. Porque era húngara y hermosa, eso es verdad. También que se llamaba Marie Louise Strauss. O Strausz. Pero de todo lo demás nunca se supo nada. O tal vez sí, pero nadie quiso hablar porque, claro, ella para la familia sigue siendo “la abuela” y las abuelas pueden ser cualquier cosa. Menos putas. Y Marie Louise, en la Buenos Aires de 1920, fue precisamente eso: una puta. “Pura”, corrige pudorosamente la computadora en la que escribo. Pero no: era Strausz con “sz” y puta con “t” es lo que escribí, y lo que ella fue alguna vez. Y también lo que prefiero, antes que la “pura” que proponen las máquinas y las familias. Una “polaca” fue Marie Louise entonces, una cabaretera de pelo rojo y ojos grises que hablaba en alemán y que vino al país casada por poder con un supuesto noble que terminó siendo en realidad un cafisho de la Zwi Migdal, que es como decir la aristocracia de los vividores. A poco de bajar en el puerto –dicen, parece, creí escuchar– el falso conde/marido la vendió al dueño de un burdel de la calle 25 de Mayo. O algo por el estilo, porque con los secretos de familia nunca se sabe y a veces es mejor así. Que no se sepa. Que se imagine. Que una pueda ver a su abuela-hada vestida de reina, toda entre tules del color de la sangre, con su corte de cara perfecto y su pelo incendiado refulgiendo en la noche obligatoria del puticlub. Esperando sin esperar. Imaginando también ella sus cosas, su otra vida posible. Hubo –no pudo no haber– muchos que le se enamoraron por esos días. Tan linda, tan rara, tan de otro mundo era. O eso parece. Pero, sin dudas, hubo uno que la quiso mucho más, y le tomó la foto. No, no fue mi abuelo. Él solamente la sacó del cabaret, se casó con ella, le dio tres hijos y seis años después la internó por el resto de su vida en un hospital psiquiátrico. Yo hablo del otro. El del retrato. Ese para el que siento que Marie Louise quiso ser, por primera y última vez, la verdadera. La real. Entonces dejó caer por un instante la cara de cabaret, que siempre es de mentira, y se quedó desnuda. Con su cuello infinito más largo que nunca, la barbilla en alto, los ojos grises escurriéndose mejilla abajo. Ése, de ese hombre hablo. Ése en el que ella estaba pensando en esa foto. El único y último testigo del relumbrón. Hay un instante, uno solo, en el que la máscara se raja al medio y uno pare su verdadero rostro. Ese hombre vio eso: vio a Marie Louise recién nacida, iluminándose toda entera. Algo me dice que fue un escultor pobre, casi seguro italiano, encandilado desde el vamos por aquella mujer como de mármol que un día se encontró sentada en su silla de esperar. Y la vio tan perfecta, tan irreal, que desde entonces su vida se redujo a dos cosas: volver al cabaret y repetirla. Poner la cara de Marie Louise –coronada de flores o de hojas de parra– en el frente de cuanta casa le pidieron que hiciera. Buenos Aires era rica en esos años y todos querían su frente bien alto y con cariátide. En mi barrio todavía hay varias casas así, coronadas por mujeres aéreas que miran a los que pasan, como bendiciéndolos. Nadie me lo dijo, pero yo sé que la modelo es siempre la misma y que se llama Marie Louise Strauss. Siento entonces que, a su modo, ella me sobrevuela. Me protege. Le agradezco, entonces, que me haya dejado nada más que una foto. Y todo el tiempo del mundo para imaginar lo demás.

A la memoria de Marie Louise, abuela y hada, y a los millones de mujeres a quienes las redes de trata les siguen robando la vida y la historia, en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y desde un país cuya ley al respecto sigue sin ser reglamentada.



*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=31197






*


La Plata, 20 de setiembre de 2001


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla,
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Antonio Machado


Hoy es 20 de setiembre de 2001 y cumplo 54 años. Ignoro por qué se me ocurrió relatar los años de mi primera juventud... nostalgias, revival, el paso del tiempo... no sé. Se lo dedico a mis hijos que hoy tienen Celina 23, Pablo 19 y Lucía 17 años. Yo soy clase ’47 o sea de los años de la postguerra (1938/1945). Lo voy a hacer alternando la primera con la segunda persona, como si hablara conmigo al tiempo que con ustedes, mis queridos pibes.

Quizás me mueva al relato un par de cuestiones. La primera es las tantas veces en que no nos hemos puesto de acuerdo en la consideración de algunas situaciones que han cambiado mucho. La segunda es mi permanente sorpresa al ver –hoy en día- un paisaje urbano tan pero tan diferente al que me tocó vivir a mi. Les aseguro que el paisaje de mi niñez era muy otro, ni mejor ni peor pero bien distinto al de ustedes.

Como decía, nací en setiembre del año 1947 en la entonces llamada Capital Federal, hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Mis padres vivían en Avellaneda, en un departamentito a un par de cuadras del viejo Puente Pueyrredón, puente hoy en desuso.

Al cumplir yo seis meses nos mudamos a WILDE donde papá había comprado una casa con amplio terreno, a tres cuadras de la Av. Mitre y calle Las Flores, vale decir cerquita del centro. Ahí, en ese suburbio del Partido de Avellaneda aprendí a caminar la vida y me crié. Era la década del 50 y viví en Wilde durante 24 años, hasta 1972, cuando recalé en La Plata para cursar estudios universitarios.

Los recuerdos que les voy a contar son básicamente de los ’50, una época que hoy parece acaecida trescientos años atrás, tanto han cambiado las cosas en apenas 40 años. Debo empezar diciendo que todo el contexto de la vida cotidiana de mi infancia y niñez era casi absolutamente distinto al que es hoy y en cualquier plano que se lo mire, ya van a ver. Empiezo entonces tal como me salga, voy a chequear mi memoria.

La zona donde yo vivía está hoy totalmente poblada y se ha convertido en un algo caro y elegante barrio con todos los servicios y arquitectura moderna. No era así en la década del 50. Por aquel entonces había en Wilde más terrenos baldíos que casas y más calles de tierra que asfaltadas, la Av. Mitre era empedrada con adoquines lo mismo que la mayoría de las pocas calles; tenía una muy ancha rambla en el medio por la cual circulaba el tranvía. Las casas eran de ladrillo, sin tejas, cuadradas, estilo antiguo y algunas sin revocar; muchas eran de madera y chapa. Cuando llovía se embarraba todo. La mayoría de ellas tenían agua de bomba, no agua corriente. No había edificios.

Los inviernos eran bien cojonudos y no teníamos con qué darle como no fuera con los pullovers que tejían mamá y la abuela. Debido a las pocas casas y predominancia de baldíos no había el microclima que hay ahora, entonces las heladas congelaban todo y pintaban de blanco el paisaje matinal. Los baldes que quedaban en el patio amanecían con una capa de cinco cmts. de hielo y el goteo de la canilla del fondo con la columna hecha una estalactita. Eso en la ciudad ya no se ve más. A los chicos nos ponían guantes de lana, bufanda y pasamontaña ¡Ay los sabañones en los dedos y las orejas!

Al haber pocas casas y muchos árboles en Wilde estaba lleno de pajaritos: palomas, torcazas, gorriones, mixtos, ratoneras, calandrias, chingolos, horneros, cotorras, benteveos, lechuzas, teros, colibríes, urracas, cabecitas negras, golondrinas, tordos, tijeretas, y hasta jilgueros y cardenales.

Cumplí tres años el 20 de setiembre de 1950 y trece en 1960. Juro que durante la década del 50 jamás escuché las siguientes palabras: diu - marketing - preescolar - jardín de infantes - guardería - 7º grado - merchandising - alzheimer - anorexia - diet - light - aerobismo - turbo - climatizado - halógeno - poliuretano - multiprocesadora - clonación - alunizaje - pasteurizado - transgénico - genoma - postmoderno - tercera edad - tupper ware - wash and wear - transa - trucho - trolo - fifar - quartz - rayo laser - teflón - Care Free - lavilisto – guerrilla urbana - catering - globalización - geriátrico - grill – pack - tetra brik – poliamida – windsurf – AFJP -parapente – new age – fax – osteoporosis – Banelco – deuda externa.

Los autos eran muy distintos a los de ahora, por empezar estaban todos pintados de negro y las marcas eran otras: Chevrolet, Buick, Chrysler, De Soto, Studebaker, Playmouth, Vauxhall, Morris. Cuando salió el Kaiser Carabela fue el oh! de todo el mundo y ni les cuento del Valiant I que parecía un avión y daba más de 120 kmts./hora. La velocidad crucero era de 70 kmts. y el viaje a Mar del Plata duraba siete regulares horas. No había semáforos y para doblar se sacaba la mano por la ventanilla; si se transportaba a un enfermo o herido había que atar un pañuelo blanco en la antena o llevarlo con la mano alzada por fuera de la ventanilla. Muy pocos tenían auto y no había problemas de estacionamiento en ningún lado; las calles eran todas mano y contramano. Mi padre era uno de los únicos dos que tenían auto en la cuadra, un Morris Ten modelo 47 cero km. ... un potentado mi viejo!

Las mujeres no manejaban. Al no haber semáforos, en las principales esquinas estaba la garita del vigilante desde donde el cana dirigía el tránsito con unas mangas blancas en el antebrazo y tocando el silbato. Me contó mi viejo que cuando él aprendió a manejar chocó contra una y la tiró abajo en la avenida Montes de Oca de Barracas (qué boludo!).

Había muchos carros tirados a caballo, por todos lados, era tan usual como ver un auto y la mayoría de los vendedores pasaban en carro. Es obvio imaginar el olor habitual de las calles a causa de la bosta de los caballos pisada por carros y autos, un aroma al que uno estaba bien acostumbrado y no ofendía al olfato.

Por las calles y de mañana pasaba el carro del lechero, el sifonero, el papero, la panificadora, el pescador, el verdulero, el escobero, el basurero, etc. Era una romería de carros y relinchos. Debido a que poca gente tenía heladera había uno que vendía hielo en barra: el yelero, también con carro y caballo por supuesto; cortaba el bloque con un golpe de serrucho y lo cargaba al hombro con una bolsa de alpillera. Otro personaje típico era el afilador de cuchillos y tijeras, un gallego que pasaba en bicicleta, de boina y tocando la flauta. Había uno que era francamente detestable: el carro jaulón de la perrera.

Muy poca gente tenía teléfono particular, agatas si uno por cuadra y entonces se lo prestaban a los vecinos. No había teléfonos públicos y mucho menos locutorios, para hablar había que ir a la empresa telefónica donde la comunicación la hacía la operadora conectando cables de dos colores en unos enchufes. No se pagaba por pulsos sino por llamada y existían muchos aparatos que se accionaban a manija y por operadora. Las estaciones del FFCC se manejaban con telégrafo mediante código Morse. Los teléfonos eran de color negro. Esto que cuento de los teléfonos tenía una implicancia que es ahora casi impensable: la gente se visitaba sin previo aviso, directamente caía en la casa de uno y golpeaba la puerta.

Los medios de transporte público eran tres: el colectivo –modelos muy antiguos, marcas Chevrolet, Ford, Leyland, Mercedes Benz o Bedford-, el troley, que era un colectivo enorme con dos fierros arriba conectados a la línea eléctrica, y el tranvía, del cual había infinidad de líneas que barrían toda la Capital y suburbios. Yo hice toda mi escuela primaria viajando de Wilde a Bernal en tranvía; el estrepitoso ruido que metían era muy típico y hacía a la música urbana de esos años. Conducía el tranvía o tranguay el "motorman", y el "guarda" te cortaba los boletos. Los asientos eran de madera y en invierno se colaba el frío en esas carrindangas que daba calambre.

Por supuesto que también estaba el tren pero con locomotoras a carbón (oh! la máquina a vapor...), recién empezaban a llegar las Diesel. Imaginar el tren iba unido al humo de la locomotora y el silbido de la máquina. Chucu chucu chucu chucu chucu chucu...

En la década del 50 el planeta estaba habitado por 2 mil millones de personas; hoy somos 6 mil los millones. Argentina tenía 20 millones y hoy 40. El año 2000 quedaba como el 3000... allá lejos y hace tiempo, en la estratósfera, era para las novelas de ciencia ficción. Las Twin Towers -que desde hace 9 días no existen más- tampoco existían y el edificio más alto del mundo era el indiscutido Empire State Building con sus orgullosos 381 mts. de altura.

Esta otra tanda de palabras tampoco figuraba en el diccionario de la vida cotidiana: Dolina – Arafat - Pinti – ortodoncia – prestobarba - frecuencia modulada -membrana asfáltica - kiwi - dolby - sida - unisex - realidad virtual - sensación térmica - mall - capa de ozono - chip - multimedia - lipoaspiración - plastificado - compact disc - biodegradable - Chapulín Colorado - contestador automático - www -
bytes - digital - delivery - management - soporte magnético - trabex - e mail - by pass - parking - caloventor - default - lluvia ácida -Carrefour - catering - tenedor libre - made in Taiwan - Dow Jones - CEE - Mercosur - Maradona - spa - prestobarba - DVD - fecundación asistida - masterizado - papanicolau - mamografía - Brasilia – sachet - hipoacúsico – discapacitado – Serrat - inalámbrico – pet - fun.

El documento de identidad de los hombres se llamaba "Libreta de Enrolamiento" y el de las mujeres "Libreta Cívica". Ir a la colimba era "ir a servir a la Patria" o a "hacerse hombre": si te tocaba Marina tardabas dos años en hacerte hombre (yo me salvé de la colimba por número bajo, me tocó el 017). Argentina todavía no era una colonia yanqui y el concepto de Patria se llevaba muy adentro. En el 47 autorizaron a votar a las mujeres. Había una señora -La Eva- que se mandaba unos discursos de hostias por la radio; creo que después se enfermó y se murió, mi papá estaba contento.

Ahora voy a algo que me resulta tan gracioso y sorprendente como necesario para agregar al presente cuadro una de sus pinceladas fundamentales: en la década del 50 recién se empezaba a usar el plástico, casi no había cosas de ese material. Recuerdo haber asistido a la aparición de las primeras medias de nylon para mujeres, eran muy pero muy caras y por supuesto el último grito de la moda.

Uno de ustedes se puede preguntar tranquilamente cómo es un mundo sin plástico y estoy seguro le va a costar hacerse a la idea ya que hoy casi todo es de alguna variante de ese material. ¿Y de qué eran los objetos antes del plástico? Pues es muy simple, casi tonto: de vidrio, papel, cartón, hule, chapa, zinc, lata, madera, calabaza, mimbre, caña, cobre, alpaca, tela, lona, lino, lana, hilo, algodón, cuero, amianto, loza, cerámica, plata, antimonio, corcho, niquel, goma, yeso, arcilla, cebo, baquelita, aluminio, acero, bronce, ladrillo, piedra, barro y adobe, cemento y fibrocemento.

Hoy día basta contar las cosas de plástico que hay arriba de la mesa a la hora de almorzar para darse uno cuenta que una mesa de hoy es muy distinta a las de antes. Todos los envases de bebidas eran de vidrio y retornables, y dicho sea de paso no existía la Coca Cola de litro, todas la gaseosas venían en botella chiquita y no era usual verlas en la mesa cotidiana. Los chicos tomábamos un concentrado (jarabe) para diluir llamado Granadina y otro de bebida cola, la Refrescola. En los bares además de Coca vendían Pomona, Indian Tonic Cunnington y Bidú Cola. La Pepsi llegó más tarde.

El vino era común de mesa y el reserva para ocasiones especiales, ni qué decir del fino. Las marcas eran media docena, que ya no vienen: Tomba, Tupungato, Gargantini, Toro, Pángaro y algún otro. El mantel de la mesa era de hule y si domingos o feriados entonces de hilo, sin dudas que bordado a mano.

La vestimenta del hombre era muy otra, por empezar era más elegante y se usaban gemelos para las mangas de camisa, chaleco, moñito en vez de corbata, sombrero, trabacorbata, ligas para las medias (claro! porque no eran de nylon, entonces no ajustaban y se caían, había que sostenerlas con algo), traje, tiradores en vez de cinturón, pañuelito pintón en el bolsillo de arriba del saco, anillos grandes y guantes. La terminación era con peinado raya al medio y Glostora o gomina Brancato... una afeitada con brocha y Gillette, un poquito de colonia y a romper la noche muchachos!

La mayoría de las cosas que uno hoy compra envasadas se vendían sueltas y además por precio, no por peso. Ejemplo: ir al almacenero y traer 10 ctvs. de azucar, otros 10 de fideos y 5 de manteca, garbanzos, porotos o lo que sea. No había super ni hipermercados, agatas si mercados chiquitos y ferias francas, para las compras diarias estaba el almacén del barrio, la verdulería, vinerías, forrajerías, zapaterías, etc. Muchos de esos rubros hoy ya no existen más. El vino se estilaba comprarlo suelto llevando la damajuana; el aceite también se compraba suelto. Las gallinas se vendían vivas o se sacaban del gallinero y había que cortarles el gañote y desplumarlas con agua hirviendo. No había fábricas de pastas frescas.

La leche no venía en sachet y se compraba suelta por litro llevando la jarrita. También venía en botellas de vidrio marcas La Martona y La Vascongada. No había "larga duración" ni ninguna de las marcas actuales. Los menores tomábamos leche con Toddy, cacao o cascarilla.

La población de Wilde estaba compuesta en su mayoría por inmigrantes tanos, gallegos y turcos. Había mucha gente de otros países que venía huyendo de las guerras y entonces uno aprendía idiomas y dialectos casi sin querer; a mi me daba risa oir hablar a los tanos en su media lengua y mi viejo los imitaba muy bien. Mi abuela era gallega y solía hablarme en su idioma. Esos inmigrantes instalaron aquí sus costumbres de origen y algo muy común era la quinta; casi todas las casas tenían quinta y gallinero. Entonces la gallega me mandaba a la forrajería a comprar afrecho y rabacillo para las gallinas, también maíz. Yo tenía que agarrar un balde, ponerle agua hasta la mitad y echarle afrecho, revolver hasta que espese y darle a las gallinas.

Los almaceneros, dueños de restaurants y mozos eran todos gallegos, los albañiles y carpinteros italianos, los tintoreros japoneses, los vendedores ambulantes de ropa turcos y los lecheros vascos. Eso era invariable.

Había pocas instituciones bancarias, muy tradicionales, sucursales del Provincia y el Nación, también el Hipotecario y la Caja Nacional de Ahorro Postal. Los conceptos de inflación, indexación, devaluación, corrupción, terrorismo, etc. no existían; tampoco existían las tarjetas de crédito ni los plazos fijos. Se usaba el cheque, el pagaré y la cuenta corriente; también la palabra y sellar el trato con un fuerte apretón de manos. Nadie compraba dólares.

Al no haber inflación las cosas costaban siempre lo mismo por años y años. Recuerdo que para ir a la primaria viajaba de Wilde a Bernal y el boleto del tranvía era de 0,50 ctvs. “Peso Moneda Nacional”. El colectivo 0,70. En el 58 mi viejo compró unos lotes en Mar de Ajo con un crédito del Banco Hipotecario a 20 años, al final terminó pagando chaucha y palitos. Los impuestos se pagaban anualmente y no bimestral o mensualmente como ahora.

Los elementos de aseo eran mucho más restringidos que los de ahora, no había sido inventado el champú ni la crema de enjuague. Mi madre y mis tias juntaban agua de lluvia para lavarse el cabello con algún jabón fino Palmolive. No recuerdo si ya había desodorantes axilares pero los primeros fueron de barra, en envase de vidrio con tapa de lata, marca Polyana. El desague del inodoro era a cadena, no a botón, con la pesada mochila de hierro expuesta allá arriba.

El servicio de la luz se pagaba en el domicilio; pasaba un cobrador, leía el medidor y cobraba según el consumo registrado. No llevaban custodia ni iban armados y eran siempre los mismos tal como era siempre el mismo el cartero, durante años y años. De noche la Policía patrullaba las calles a caballo –de a dos- y constataba que los picaportes de las casas estuvieran con llave. También estaba el sereno que indicaba su paso golpeando la puerta cancel con un bastón. La luz blanca no existía, había sólo de la amarillenta, en casas, calles y autos.

Todos los vecinos se conocían y se visitaban, que uno le llevaba ciruelas al otro y ese retrucaba con uvas de su parral, empanadas o alguna que otra cosa. Se vivía a un ritmo más tranquilo que el de ahora; es un dato ostensible que al mismo tiempo que fue aumentando la velocidad de los autos, aumentó la velocidad de la gente (o mejor a la inversa). Qué era el "stress"...? -Ni idea.

En la década del 50 no había internet - countries - lentes de contacto - torturadores - lavaderos automáticos - ninjas - tampones - moratorias - desaparecidos - trasplantes de órganos - drugstores - locutorios - freezers - misiles - cajeros automáticos - tarjetas de crédito - reality shows - celulitis - psicólogos - neumáticos radiales - shoppings - aliscafos - cybercafés - alimentos balanceados - coches bomba - tractorazos - piqueteros - hackers - autopistas - secuestros - comercio de órganos - Brigadas Rojas – Prode – Loto – Quini 6.

Los colchones y las almohadas eran de lana, pluma o algodón, no existían la gomaespuma ni el polyester. Había un oficio que era el de cardador; el hombre venía a casa, descosía el colchón, lo cardaba o sea despelmazaba la lana, y lo volvía a armar; se lo llamaba anualmente en primavera. En relación a este tema teníamos dos animalitos bien jodidos y colchoneros que prácticamente desaparecieron: la chinche y la pulga; fueron desplazados por los piojos y las liendres. Siempre es así, se vence una peste y aparece otra que la reemplaza ocupando su lugar.

Casi no existía la electrónica, no existía, entonces no había televisión ni equipos de audio, grabadores, pasacasetes, videocaseteras, walkmans, guitarras eléctricas, microondas, acondicionadores de aire, celulares ni computadoras. Sí pibes y aunque no me lo crean: cuando yo era chico –y ojo que no tengo 180 años- no había TV ni PC, agatas si radio eléctrica y a válvulas, las de transistores vinieron después. Recién el tocadisco había desplazado a la vitrola y los pudientes tenían un “combinado” que era un enorme cajón de madera con radio y tocadiscos (discos de pasta 78 rpm, por supuesto). La sigla PC quería decir Partido Comunista.

Nos enterábamos de las noticias por el diario y la radio. Yo seguía la serie de Tarzán que iba por Splendid todos los días de 17 a 17,15 hs. y mi madre escuchaba las radionovelas con Oscar Casco y otras voces engoladas célebres por aquellos años. También había radioteatro, óperas y zarzuelas, y el domingo al mediodía todo el mundo escuchaba "La Revista Dislocada" con Delfor a la cabeza; por la tarde los hombres se prendían con el partido. Cuando había golpe de estado buscábamos Radio Colonia en el 5.5 del dial con la inconfundible voz de Ariel Delgado (“haaay mááás informacioooones para este boletííín!!!”). Otra radionovela que me gustaba era "Lindor Covas El Cimarrón".

La TV apareció cuando yo tenía unos 8 o 9 años, en 1956 aprox., en blanco y negro y con un solo canal -el 7- que transmitía dos o tres horas por día; los locutores eran el negro Brizuela Mendez y Pinky. Pronto llegaron Pepitito Marrone (cheeee!!!), el Capitán Piluso y Coquito, Balá, el padre Gardella y las series La Patrulla del Camino con Broderick Crawford, 77 Sunset Streep, Perry Mason, Bonanza y El Zorro. También La Familia Falcón con Pedrito Quartucci. Muy poca gente tenía televisor, eran carísimos.

Los primeros grabadores fueron marca Geloso y eran a cinta (no a casete). El Winco y los long plays llegaron después, en mi adolescencia. Los Beatles todavía no existían pero se empezaba a escuchar a Bob Dylan, Joan Baez y Elvis Presley.

No había artefactos a pila excepto las linternas, eran pocos y todos eléctricos. Los encendedores eran a bencina. Las velas y fósforos de cera marca Ranchera y las pilas marca Eveready, grandes, de las chiquitas y medianas no había. Todos los chiches que se movían eran a cuerda.

No existían la informática ni la semiótica, tampoco la ecología y mucho menos el psicoanálisis y los psicólogos. Había muy pocas especialidades médicas y mil veces menos medicamentos que ahora. No había medicina de alta complejidad ni la impresionante aparatología actual; se usaba mucho la medicina casera utilizando el vinagre, la barrita de azufre, las ventosas, las purgas laxantes de aceite de castor (puaj!), las píldoras Ross para regularizar el intestino, el ajo con leche para sacar la lombriz solitaria, el alcanfor contra la polio, las enemas cuando te atrancabas, el aceite de hígado de bacalao, la ruda contra la mala suerte, el carbón para cortar la diarrea, el Geniol para el dolor de cabeza, alcohol fino, árnica para los machucones, etc. El hospital público, que era gratuito y de calidad, atendía al 90% de la población; había muy pocas instituciones privadas.

Los chicos nos enfermábamos de sarampión, viruela, poliomelitis, escarlatina, lombríz solitaria, tuberculosis, tos convulsa, gripe, varicela, y alguna otra típica de esos años. Casi no había vacunas excepto la Sabín oral contra la polio (oral, sin inyección). Por cualquier cosa te daban una inyección en el culo que te dejaba a la miseria. Ir al dentista era dramático, la sala de torturas, lo peor de lo peor, con ese gigantesco e infernal torno a cuerdas.

Después te arreglaban con caramelos: Sugus, Media Hora, Fruna, Chucola, Chuenga, chicles Adams o Bazooka, confites y pastillas DRF de menta; en el mejor de los casos te llevaban a tomar un helado de palito y listo el pollo. Un dicho clásico de aquellos años: "A golpes se hacen los hombres y a patadas las mujeres".

De chico me tuvieron que operar de la garganta (amígdalas) y me llevaron al Hospital Argerich de La Boca. Recuerdo que me agarró una enfermera de sorpresa por atrás, me sujetó fuerte, me encajó una sábana y al toque apareció el médico con unas pinzas enoooormes. Me obligó a abrir la boca de prepo, metió las pinzas y tiró para afuera; quedamos él, la enfermera y yo bañados en sangre. Listo, ya estaba. (¿y la anestesia Doctor...?). Así fue como accedí a la castración.

De cada cosa había muy pocas marcas y eran siempre las mismas, entonces comprar era fácil. Por ejemplo había una sola marca de zapatillas –Alpargatas- con cuatro modelos: las comunes, blancas o azules, y las de basquet, blancas o azules. Hoy día para comprar zapatillas hay que ser especialista en marcas, modelos y mil chiches... total para qué si un par de zapatillas es un par de zapatillas. De igual manera ibas a la ferretería a comprar pintura para madera o metal y había dos marcas -Alba y Colorín- con sólo dos variedades: sintético (brillante) o mate (opaco), nada más que eso. La ropa era de algodón o hilo -no de polyester- y necesitaba plancha y almidón.

No había delivery ni comidas preparadas, prepizzas ni tapas de empanadas, casi todo lo hacía el ama de casa con elementos caseros; se pasaban la mañana entera cocinando entre ollas y nubes de vapor de agua hirviendo. La calefacción era mayormente a carbón -braseros- y a kerosene que había que ir a comprar a la estación de servicio. Las estufas eran a vela y había que darles bomba. El calentador marca Bram-Metal se usaba tanto para cocinar como de calefactor. El carbón se compraba en la carbonería, también la leña, papas y cebollas en bolsa y kerosene. Había heladeras pero no freezers.

Tampoco había de lo siguiente: luncheon tickets - indexación - Favaloro - Montoneros - Merval - cable coaxil - riesgo país - Hubble - sommier - holograma - hipoalergénico - Concorde - fórmica - ADN - policarbonato - call money - combo - promo - neonazi - e mail - página web - telgoporn - fundamentalismo - Benetton - Ulster - videocable - contaminación ambiental - peaje - corlock - tender - día del amigo - día del niño - premium - ingeniería genética - cinerama - listas sábana - empleados ñoquis - demo - unplugged - ETA - Neil Armstrong - Che - tomografía computada - resonancia magnética - chatear - on line – flexibilización laboral – Bin Laden.

Mis distracciones consistían en andar en bicicleta, jugar con mis amigos a las bolitas (uy! cuando aparecieron las japonesas!) o las figuritas, el ajedrez, el ludo y las damas, la lotería de cartones, los autitos, el remo, los patines, pasear a mi perro, hablar en jeringozo, hacer cosas con maderas, serrucho, martillo y clavos. Entre mis amigos nos tratábamos de "che", no de "boludo". A la gente grande -de más de 20 años- se la trataba de riguroso "usted".

También leer los libros de la colección Robin Hood, manejar el aro, remontar barriletes, cazar pajaritos con la gomera, tocar el timbre y salir corriendo, jugar a la escondida y la mancha, el rango y la rayuela. Me encantaba ir con la bici a pescar a Quilmes o a la lagunita de Sarandí. Coleccionaba estampillas y leía Patoruzú, Billiken y las revistas mejicanas. Mis héroes eran Tarzán y el Llanero Solitario. Me había fabricado un palomar en el fondo y tenía como 40 palomas, de las comunes, buchonas y cola de abanico.

Otros juegos infantiles eran el monopatín, el carrito con rulemanes, el tinenti (o payana) con las piedritas, el balero, el yoyó, las palabras cruzadas y el estanciero. Los barriletes los hacíamos caseros, con filetes de caña, pegados con engrudo y destripando una sábana vieja para ponerla de cola. El ladrón y el vigilante, jugar a la pelota en el potrero y la cerbatana. Cuando llovía y se inundaba la calle hacíamos barquitos de papel.

Las plazas tenían una configuración distinta a las actuales, con algunos personajes que han desaparecido. En casi todas había un guardián o cuidador municipal que la mantenía limpia y arregladita; también estaba el barquillero que vendía rosquitas, pirulines, gofio, manzana acaramelada, maníes calentitos, lupines y pochoclo. Pero la palma se la llevaba el calesitero con la algarabía de los caballitos que suben y bajan y la magia de la sortija. En ninguna faltaban hamacas ni toboganes. Otro era el heladero que también pasaba en las tardes de verano por el barrio en un triciclo-bicicleta... "palitos, bombón, heladoooo!!" y despachaba una de dos marcas: Noel o Laponia. Alcancé a conocer al organillero con el lorito que te sacaba la tarjeta de la suerte (... las ruedas embarradas del último organito... vendrán desde el suburbio buscando el arrabal...).

Era la época de la categoría Turismo Carretera con Fangio -quintuple campeón mundial-, los Galvez y los Emiliozzi; y en boxeo Gatica, Lausse y Pascualito Pérez. En catch Karadagián y en fútbol como siempre unos cuantos, recuerdo a Musimessi -el arquero de Boca-, Labruna en River, Erico en Independiente y Ratín y Mauriño en Boca. Los partidos los transmitían por radio Fioravanti, Muñoz y Luis Elías Sojit.

Iba al cine semanalmente a ver las de cowboys con Alan Ladd y John Wayne matando apaches (oh! Gary Cooper, oh! Kirk Douglas). Daban tres películas y mi vieja llevaba la canasta con sánguches de milanesa, mandarinas, bananas y Coca Cola. Cada vez que se quemaba la película se armaba un griterío infernal y revoleábamos las cáscaras de banana; nada muy distinto a lo que se ve en “Cinema Paradiso”.

Las de terror estaban a cargo de Boris Karloff que metía un miedo de aquellos. En la siguiente década apareció Narciso Ibañez Menta con "El Fantasma de La Opera". Las películas eran casi todas en blanco y negro aunque algunas de Hollywood comenzaban a llegar en technicolor. Otro que metía miedo era Hitchcock y para reírnos teníamos de sobra: Los Tres Chiflados, El Gordo y El Flaco, Chaplin, y Los Cinco Grandes del Buen Humor, sin contar los dibujos animados de Walt Disney.

Una vez un sábado a la noche mis viejos se empilcharon porque iban a salir con una pareja de vecinos al cine a ver una porno PM18. Intrigado quise saber cuál era pero no me lo quisieron decir (muy bien no sabía qué quería decir "porno"). Después me enteré que era "La Cigarra no es un bicho", nacional, con Luis Sandrini y gran elenco. Ya de mayor la fui a ver de pura curiosidad... qué poco hacía falta para ratonearse (hoy es para los chicos, hasta uno de 8 la puede ver).

Las fuerzas armadas de mi país –poderosamente equipadas- tenían tanques de guerra Sherman, fusiles Mauser, jeep Willys y aviones Gloster Meteor. Hoy todo eso se puede ver en los museos. Casi no existía la energía atómica y no había centrales nucleares. Argentina tenía una flota naviera estatal -ELMA- de primera línea que surcaba todos los mares del mundo; exportaba productos agropecuarios y tenía un futuro de grandeza. Los servicios públicos eran todos nacionales, Perón se los había expropiado a los ingleses.

Un amigo de mi viejo lo quiso entusiasmar para irnos a vivir las dos familias a EEUU, yo asistí a la conversación. El Sr. Estancich decía que aquel era un país pujante (recuerdo esa palabra porque no la entendía y fui corriendo a buscarla al diccionario); mi viejo le dijo que no, que Argentina también era un país pujante y se quedaba aquí. Sin comentarios.

Avellaneda era un maremagnum de fábricas trabajando a pleno con sus chimeneas humeando día y noche. Hoy es un triste monumento a la desocupación. La Boca y todo el puerto de Buenos Aires eran un enjambre de vapores cargados hasta la línea de flotación con los productos del país (ver los cuadros de Quinquela). Eran miles los estibadores y obreros que llenaban las calles desde temprana hora. Todo eso -que yo alcancé a ver- se terminó hace rato.

Wilde era un barrio tranquilo y los vecinos se conocían todos, entonces no había mayores problemas de seguridad. Nadie enrejaba la casa ni ponía alarmas, para eso estaba el perro. Casi no había robos y recuerdo que cuando había algún asesinato truculento salía en la tapa de La Razón, en la famosa edición quinta de la tarde. Los canillitas voceaban los titulares -ahora ya no lo hacen-. Mis padres no me dejaban leer las noticias "policiales" porque eso no era para los chicos (tenía que pasar de largo la página 5).

Los pocos ladrones saltaban las tapias a puro coraje, todavía no habían nacido Rambo ni Terminator. No mataban a nadie; una cosa era el ladrón y otra el asesino, diferencia sustancial que las épocas dejaron totalmente perimida. Decía que las casas no estaban enrejadas ni monitoreadas, apenas si culos de botella rotos en las tapias y a veces alambrados de púa. Se solía usar el cerco vivo de ligustrina.

Cuando yo era chico no había drogas, me refiero a las actuales y no al alcohol y el tabaco, con quinientos años el último y miles el primero. Teníamos sólo dos variedades de coca: la Coca-Cola y la Coca Sarli, de la marihuana ni noticias y la primera que causó estupor fue el LSD pero recién en la década del 60. La gente no consumía ansiolíticos a pasto como ahora, hacerlo era signo inequívoco de estar colifato; había pocos y eran recetados por los médicos psiquiatras, no por los clínicos.

Por las tardes de verano la gente salía a la vereda a tomar mate y leer La Razón, conversar con los vecinos y ver pasar la vida. Para fin de año se iba a saludar casa por casa con una sidra bajo el brazo. En carnavales salían todos con los tachos a la calle y se armaba la farra. A mi me fascinaban las fogatas de la noche de San Juan. Esta historia moderna de la gente que vive en edificios y no conoce al del depto. de al lado solamente pasaba en New York.

Los cigarrillos eran sin filtro y lo más común era armarlos comprando por separado el papel y el tabaco, en general negro. Los primeros rubios con filtro fueron los Hawai, LM y Saratoga. Fumar era asunto de hombres, no de mujeres. Los encendedores eran marca Monopol, Zippo y Carusita, todos mecánicos y a bencina. Los viejos fumaban pipa, habanos o cigarros de chala. Se podía fumar en cualquier lado, incluso en los colectivos.

El bolígrafo recién empezaba a llegar, para escribir usábamos lápiz y lapicera fuente. Yo también usé pluma cucharita y cucharón mojando en el tintero (la de ganso ya estaba superada). La única tinta era Pelikan y había algo que ya no se usa más pero era necesario para evitar los manchones: el papel secante. La fotocopiadora no estaba inventada pero había papel carbónico que te ensuciaba los dedos; cuando estaba en quinto grado apareció el Simulcoop que fue como decir la octava maravilla del mundo, nos facilitaba tener que dejar de hacer los mapas a mano. Otro gran avance de la ciencia fue el tintero involcable. Ja!

También estaba el mimeógrafo (había que picar el extensil), y las máquinas de escribir mecánicas marcas Olivetti, Remington y Underwood. Las primeras calculadoras fueron a manija y hacían las cuatro operaciones básicas, el porciento y poca cosa más; eran unos aparatos Olivetti muy pesados y grandotes con la carcaza de hierro. Los comerciantes usaban la máquina registradora, unas enormes máquinas plateadas manuales con teclas de colores.

No había viajes de egresados como ahora; cuando terminabas la primaria o el secundario, el colegio -por supuesto- hacía una fiesta de graduados, y había que portarse bien... Los periódicos zonales sacaban la foto de la nueva promoción. Todos aprendíamos a leer con el libro Upa creo que de Constancio C. Vigil. En la escuela en cada grado teníamos que comprar El Manual del Alumno Bonaerense que venía con todas las materias en un sólo libro; en Capital estaba el manual de Kapelusz.

En casa papá había comprado un juego de tres diccionarios que yo usaba a menudo (y sigo usando): la Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana -Sapiens- Editorial Sopena Argentina, tapa de cartón duro, edición 1951. También teníamos la Historia de América de Levene, 15 tomos, edición 1946. Los libros y cuadernos se forraban con papel araña y los chicos teníamos "libreta de ahorro postal" con estampillas, y el chanchito alcancía. El único pegamento para el colegio era el "pegalotodo", no había otro (la Plasticola es de los '70).

El diariero traía todos los días La Prensa, años más adelante mi viejo lo cambió por Clarín. Los lunes llegaba el Billiken y yo por mi parte iba al kiosko a comprar Patoruzú y El Pato Donald con unas monedas que me tiraba mi abuela.

La fotografía era en blanco y negro y muy pocos tenían máquina de fotos (eran grandotas y cuadradas). Había que ir a la casa de fotografía o al retratista a hacer un dibujo a carbonilla; otra posibilidad era el infaltable fotógrafo de cada plaza. Ni pensar en las filmadoras actuales, fotómetros, telémetros, zoom ni cámaras digitales, eso no figuraba ni en las novelas de Julio Verne.

Viajar en avión era cosa de empresarios, funcionarios, militares y pudientes (eran cuatrimotores a hélice). Nadie nacido por acá conocía USA ni Europa. Mis abuelos habían llegado al país en barco trás veinte y pico de días de viaje; nunca más pudieron regresar. Se usaba mucho lo único que había: el correo postal con la estampilla. En muchas esquinas había un objeto cilíndrico pintado de rojo emblemático de aquellos años: el buzón.

Cuando se almorzaba o cenaba había una consigna extendida, al menos en mi casa y casas de vecinos y amigos de mis padres: en la mesa los chicos no hablan. En verdad los chicos teníamos pocos derechos comparado con el hoy, sería tal vez por que no había psicólogos... no lo sé pero ya tampoco me importa. En Pehuajó todavía no había nacido Manuelita. Cuando se te rompía la ropa no la tiraban como se hace ahora, tu mamá te la zurcía o le ponía un remiendo y se seguía usando. Había que verla a la vieja o a la abuela meta darle al huevo de madera, la aguja y el dedal zurciendo las papas de las medias o la entrepierna de los pantalones cortos.

Al no haber un gran desarrollo de la industria química no existían los aerosoles, aunque parezca mentira no había de esa parafernalia. Pero entonces... ¿cómo se eliminaban las moscas? -Con la paleta matamoscas y de a una, o echándoles flit; después apareció el Tugón de Bayer que era un disco como de goma que se ponía en un plato con agua, la mosca picaba y caía envenenada. En los bares colocaban unos aparatos aéreos con luz azul y varillas electrocutadas. En muchas casas tenían fiambreras, unos jaulones colgantes con malla de alambre anti moscas.

¿Y las cucarachas? -Con el zapato. Los mosquitos con espirales Caracol, la única marca del mercado. Las lauchas y ratas con trampera y quesito, y si no con "Ratax", unos granitos raticidas que no les hacían nada. Mi viejo explotaba los hormigueros echándole agua con cianuro y un fósforo; otras veces les ponía "Formitox" pero no le daba resultado y las hormigas le comían toda la quinta (mama mía! cómo puteaba...). También estaba el DDT que después fue totalmente prohibido porque el remedio era peor que la enfermedad. Para desinfectar la casa se usaba la lavandina, el fluido Manchester y la acaroína.

Cuando yo tendría unos 10 u 11 años empezaron a aparecer los pantalones vaqueros, los primeros fueron los Lee e hicieron furor entre los adolescentes. Hasta bien entrada la pubertad los chicos usábamos pantalón corto; ponerse "los largos" era signo inequívoco de haber crecido. Recuerdo que la entrada a la adolescencia se significaba con tres blasones: los largos, la llave de la casa y el reloj pulsera; era usual que a los 17 o los 18 el padre le regalara al hijo un reloj (no, no, en esa época no eran digitales ni a pila, a cuerda y costaban bastante). Las mujeres no usaban pantalones, a ninguna edad, usaban polleras por debajo de las rodillas. Cuando llegó la minifalda a principios de los ’60 se armó un lio de aquellos y hasta discusiones teológicas hubo (ni que hablar de la bikini... uy! Dio!).

Existían las malas palabras y decirlas te hacía merecedor de una fuerte reprimenda (tirón de orejas, paliza o castañazo). Ahora que soy grande las puedo mencionar: hijo de puta, la reconcha de tu madre, boludo, pelotudo, andate a la mierda, pija, te cago a patadas, carajo, chupame un guevo, cabecita negra, quilombo, puto, cornudo, coger. "Estúpido" estaba a medio camino.

Había varios personajes de ficción que servían para asustar a los chicos cuando nos portábamos mal, uno era el diablo: "te vas a ir al infierno!". Otro "el hombre de la bolsa" que tenía su asidero en la figura del linyera, y otro "la gitana" que se llevaba a los chicos malos que no querían tomar la sopa. Cuidado que viene “el cuco”.

Mi madre no tenía lavarropas, eso lo compraron después y me acuerdo de su alborozo frente a semejante adelanto mecánico; las vecinas tampoco tenían. La ropa se lavaba en una enorme pileta de lavar de cemento armado refregando contra una tabla de madera, a mano, en verano y en invierno. Luego iba a la soga que era un alambre que cruzaba el patio de punta a punta y se levantaba con un palo largo. Para que quedara más limpia se usaba azul para blanquear y antes de la aparición del jabón en polvo lo único que había era el "jabón blanco para lavar la ropa" marca Cañadenzo o Federal.

Papá siempre fue un pionero en los adelantos y uno de los primeros del barrio en traer a casa el gas. Hubo que hacer el tendido de las cañerías de agua caliente y junto comprar el calefón, marca Orbis o Domec, ya no me acuerdo (el termotanque es contemporáneo de ustedes). Cuando yo era chiquito en la casa de Wilde no teníamos agua caliente y en invierno había que calentar ollas para bañarse; se lo hacía en la "cocina económica" de hierro fundido marca Istilart, a leña. En razón de lo anterior no era usual que nos bañáramos todos los días. El gas envasado fue un adelanto tecnológico al que saludamos: dos enormes cilindros de hierro con una escafandra... eso sí que era ir para adelante a toda máquina!!!

Pensando en lo que es hoy una casa con todos los aparatos eléctricos y electrónicos, las comidas preelaboradas, los alimentos envasados, freezer, microondas, etc. se me hace por comparación que ahora es bastante más fácil ser ama de casa. Mi vieja estaba todo el santo día dándole a la fragua... que lavar la ropa, hacer la comida, la quinta, el gallinero, coser, zurcir, tejer, bordar, planchar, ayudar a los chicos, ir a hacer los mandados, etc. -Es obvio entonces que por aquella época lo usual era que las mujeres no estudiaran ni salieran a trabajar, para lo primero no daba el tiempo ni el marco cultural y lo segundo era tarea del hombre. Casi no había mujeres profesionales.

Un tema aparte (ésto es para vos Pablo) era el de la música. Cuando yo empecé la primaria recién se empezaba a escuchar por estas pampas a Elvis Presley. Los Beatles no existían, vinieron varios años después. Lo que hoy se llama "banda" (de música de rock) antes era la banda de la Policía o la de los pistoleros, no había otras; lo que sí había eran las orquestas, en general de tango, jazz, "típicas" y las de música clásica. Antes del rock estaba el mambo, el bolero, el tango y el folklore; el rock que vos escuchás y tocás no nació en la época de Jesucristo... El primer conjunto de esa música que vi tocar en vivo fue a The Wonderfulls en el club Juventud de Wilde y también a Sandro y Los de Fuego (o sea que ahora Sandro debe tener como 300 años de edad). También lo solían traer a Antonio Prieto, Yupanqui, Alberto Castillo y Los Chalchaleros.

Mi viejo compraba discos RCA Victor (de pasta, ojo! no confundir con el CD... venía una sóla canción por disco) y tenía una colección de tangos y boleros además de otros como Lolita Torres, Benny Goodman, Bing Crosby, Glenn Miller, etc. Se los escuchaba los domingos a la mañana y cada tanto yo le rompía alguno; ahí se armaba y ponía el grito en el cielo (... te dije que no tocaras los discos!!!).

A los niños los traía la cigueña de París (la mentirosa historia de la semillita vino después). No se había inventado la ecografía ni se podía saber el sexo antes de nacer. El padre no podía presenciar el parto. Las leches maternizadas no existían, leche de vaca entera y común para todo el mundo (las descremadas sin nata son de esta época diet). Tampoco había pañales descartables. El único método anticonceptivo era el profiláctico -"Velo Rosado"- y recién empezaban a aparecer las pastillas. A los bares entraban solamente los hombres, no era bien visto una mujer en un bar.

No había saunas sino prostíbulos y lo habitual era debutar con una puta, a la novia no se la tocaba. En mi adolescencia solía frecuentar con amigos los burdeles de Isla Maciel (ayyy!!! las ladillas!!!). Como no había sida a lo sumo te agarrabas una blenorragia y en el peor de los casos la sífilis, que se curaba con inyecciones de penicilina. No había divorcio legal y la palabra separación no figuraba en el diccionario. Tampoco había el análisis de ADN para determinar certeramente quién era el padre (a veces el chico se parecía un poco al lechero o al sifonero).

Los velatorios se estilaba hacerlos en las casas y los deudos guardaban luto hasta que terminara el duelo: brazalete negro los hombres y vestimentas oscuras las mujeres. La gente usaba medallitas al cuello. Casi no había cultos extra católicos con excepción de los espiritistas de la Escuela Científica Basilio y los de las comunidades extranjeras: judíos, ortodoxos, protestantes, etc.

Para ir de Wilde a la Ciudad Eva Perón (La Plata) se lo hacía por la Calchaquí y el cno. Gral. Belgrano -ambos empedrados-, el Centenario no existía y el distribuidor de entrada tampoco. El Parque Pereyra se llamaba Parque de la Ancianidad. Para ir a la Capital se iba por la Av. Eva Perón (Mitre) y se entraba por el Viejo Puente Pueyrredón que es como decir el puente de Brooklyn. El arroyo de Villa Domínico no estaba entubado y el parque se llamaba Parque de Los Derechos del Trabajador.

Los puentes de Varela y Etcheverry todavía no estaban y para ir a Mar de Ajo, de Dolores en adelante la ruta era de tierra hasta Santa Teresita (200 kilómetros), luego había que seguir por la playa; cuando llovía era toda una travesía, el safarí de Camel... otra que "turismo aventura"! (una vez tardamos tres días en llegar a Mar de Ajo).

La carrera espacial recién empezaba, el Sputnik I se lanzó en octubre de 1957 y mucha pero mucha gente decía que eran mentiras, que Rusia nos estaba engañando. Recuerdo mi emoción una noche del 60 y pico cuando pasó sobre el cielo estrellado de Wilde el Vanguard I llevando a bordo al astronauta Gordon. No se hablaba de especies animales en extinción ni tala indiscriminada de árboles. Había indios salvajes y zonas del planeta inexploradas. Los mares no estaban contaminados y todavía no había aparecido Jacques Cousteau, no era necesario.

Salvo Hiroshima aún no habían empezado las pruebas nucleares y vivíamos libres de contaminación radiactiva; no había basura atómica en el espacio ni residuos nucleares. Recién allá por el 66 aprox. -yo 19- explotó el atolón de Mururoa en el Pacífico ante la consternación mundial y su debida amonestación a la República Francesa (Chernobyl iba a llegar en el 86).

Yo me entusiasmaba con los proyectos Mercury, Mariner, Géminis y Vanguard, que hoy se pueden ver por TV en el "History Channel". Esas noticias eran a toda tapa de los diarios de todo el mundo. La hazaña de Gagarín fue en abril del 61; tenía 14 años y ni yo ni nadie podíamos creer que un hombre orbitara el planeta... ¿Quién le pisaba el poncho a los rusos?.

Hoy la existencia es (o parece...?) inimaginable sin automóviles y teléfonos, plástico y aluminio, televisión y jets, electrónica e informática, y sin embargo hoy no somos más ni menos felices que
hace 40 años atrás. Es digno de ser notado que la tecnología y el consumismo no tengan nada que ver con la felicidad.

Los únicos cuatro made in que yo conocí fueron los Made in USA, England, Germany y Japan. La mayoría de los países del Africa eran colonias británicas, francesas, belgas o lusitanas. Asia quedaba allá lejos. En el año de mi nacimiento la Corte Suprema de EEUU autorizó a los negros a compartir el transporte público con los blancos.

En 1947 gobernaba el país el General Perón. El Papa era Pio XII y el presidente de EEUU Harry Truman. En España estaba Franco, en Francia el Gral. De Gaulle, en Rusia Stalin, en Japón Hirohito, en China creo que Chang Kai Shek y en Cuba Batista. En la RFA estaba el canciller Konrad Adenauer. Dos años antes había finalizado la Segunda Guerra Mundial con la bomba de Hiroshima (6/8/45) y la inmediata capitulación de Japón (tengamos confianza en Argentina y si no vean lo que le pasó a Japón hace pocos 56 años). La Europa arrasada se empezaba a reconstruir con el Plan Marshall.

La ONU fue creada el 24 de octubre de 1945. El premio Nobel de literatura del 47 se lo dieron a André Guide (Francia) y el de medicina al argentino Bernardo Houssay. Exáctamente cuatro meses después de mi nacimiento lo mataron a Ghandi (20/1/48) y el 14 de mayo del 48 (...yo agatas si ocho meses) se creó el Estado de Israel. En el 54 Boca salió campeón y mi viejo me llevó a los festejos, tenía 7 años. El muro de Berlín es del 61. Cuando lo mataron a John Kennedy (22/11/63) yo tenía 16 años. La guerra de los Seis Días (Israel contra los países Arabes) ocurrió en el 67 a mis 20, todavía faltaban 10 años para que naciera Celina.

Otra guerra que fue tapa obligada y diaria de los periódicos durante toda mi adolescencia fue la de Vietnam que arrancó en 1962 a mis 15 y terminó a mis 27 con la caída de Saigón (abril del 75). En el 53 fue el asalto al cuartel de Moncada con Fidel Castro a la cabeza y en el 56 el desembarco del Gramma; Fidel derrocó a Batista en 1959 a mis 12.

En muy apretada síntesis ésto era más o menos lo que les quería contar, dibujarles la época en la cual yo me crié, cómo era el mundo por aquellos años. Si leyeron atentamente habrán notado que las cosas parecen sacadas de un antiguo libro de historia, y sin embargo no es así, yo fui coetáneo de toda esa historia, era mi infancia, niñez y adolescencia. La distancia entre mis padres y yo no llegó nunca a alcanzar tamaña diferencia, ni por asomo (papá era del 17 y mamá del 20 o sea que ellos fueron testigos de la década del 30).

Queridos chicos: han pasado sólo 40 y pico de años y parece que hubieran sido como 1000. Los de mi generación hemos tenido que irnos adaptando a la acelerada modificación de todos esos parámetros básicos antes mencionados. Hemos visto pasar muchas pero muchas cosas y por momentos parecía que todo se acababa, sin embargo seguimos en pie. Cuando la crisis de los misiles en Cuba el planeta estuvo al borde de la guerra nuclear y hubo mucho miedo, fue en octubre del 62 a mis 15 años. Confieso haber estado aterrado.

Algunos cambios fueron para bien, otros no, pero no voy a eso. Voy al costo personal de tan impresionantes modificaciones, quiero decir que a veces no da la estructura mental para mantener el ritmo y en algunas cosas uno se va quedando atrás.

En mi caso -por ejemplo- cada vez que suena el teléfono me maravillo de ese invento (Graham Bell, USA, 1876) al que ustedes no tuvieron que adaptarse ni asistieron a su masificación. Ni qué decir de la computadora y el correo electrónico que me siguen pareciendo cosa e mandinga aunque los use a diario.

Sepan disculparme entonces si en algunas cosas -poquitas- me ven medio chapado a la antigua. Es que todo no se puede. Algunas veces y muy en el fondo me siento un sobreviviente pero enseguida se me pasa; si hasta me están empezando a gustar Los Redonditos de Ricota...

Hoy -20 de setiembre de 2001- cumplo 54 años y quise escribirles ésto a ustedes mis muchachos. A vos Celi que naciste en la época de la dictadura, a vos Pablo que sos de Malvinas y a vos Lu que sos de la democracia, los tres muy nuevitos. Yo soy de la post guerra, para ustedes una suerte de dinosaurio de Spielberg; ya murieron mis abuelos y mis padres y la década del 50 quedó allá atrás en la historia, bien lejos.

Bien, les digo que no soy un dinosaurio, es sólo que los tiempos han corrido al galope y mal que bien aquí me tienen, sentado frente a una computadora usando el correo electrónico. Pero la tecnología no importa, jamás se engañen con eso, lo único que vale más allá de los tiempos es el amor que nos tenemos y poder dormir tranquilos.

Bueno pibes, eso les quería contar este papá que les lleva más de treinta años, pocos o muchos según la vara que se use. Por momentos parecen un montón y en otros un soplo. Las dos décadas en las cuales mi arbolito se modeló y tomó su forma casi definitiva fueron muy distintas a las que les tocó vivir a Ustedes. No obstante aquí estamos todos juntos bajo el cielo de Argentina viajando en el veloz tren del tercer milenio.

No me animo ni a pensar en lo que va a ser el planeta dentro de 50, 100 o 200 años. No hay ninguna garantía de que vaya a estar mejor que ahora, nadie lo sabe. Basta imaginar el promisorio campo de la ingeniería genética para entrar en el terreno de la ciencia ficción, y sin embargo tal vez tenga más de ciencia que de lo otro.

Las guerras y la destrucción no van a terminar; esperemos que tampoco termine nunca la esperanza y el deseo de ir para adelante. Pero de una cosa podemos estar seguros: no es por la tecnología que se va adelante en serio, no es por la electrónica o la informática, es por otro lado, sin duda que es otra la via. No hay que desmerecer a la ciencia pero una ciencia sin ética es como un mono con revolver.

En este tembladeral de los años y las épocas me quedaron pocas cosas en pie pero hay una en la que sigo creyendo con absoluta firmeza: no hay salvación, no hay progreso, no hay nada si no es con todos y para todos. La cosa no es de a uno, es de a dos, y quien dice dos dice mil. Aunque sea una idea romántica, aunque digan que no se puede y aunque vengan degollando, si los adelantos tecnológicos no están al alcance y al servicio de toda la comunidad entonces no sirven para nada.

Basta ya de lata y a festejar que hoy el viejo vizcacha cumple sus primeros 54 tacos. Espero me hagan una torta y no se olviden de los regalos eh!


Los quiero mucho
Un beso
Papá



*de Mario Vidal mario.vidal@speedy.com.ar








DON FRANCISCO FUE UN TITAN*




*Por Adrián Abonizio. abonizio@hotmail.com



El árbitro era Hanz Aguila. El Dr. Karate contra El Comendatore Benito Durante. La Momia Blanca antes de la perversa Momia Negra versus Peucelle y la ignomioniosa terna arbitral mientras que sobre el cuero tensado rodaba el gordo William Boo. El hombre de la barra de hielo entraba al bar por un
pasillito lateral, arpillera al hombro y oliente a sudores caballunos, la chata hirviente como advertencia que lo que se rozara apenas fuera ardido por el troley que tenía que torcer la cornamenta para ni hacerle sombra siquiera. Chichita de Erquiaga traicionaba a Doña Petrona de Gandulfo, moviéndole el espacio. Pavita a la York. Juanita, la esclava alcanza cosas.
¿Qué significaría la "C" metida como cuña antes de Gandulfo?. Carrizo, el nombre del arquero de River. Y Colomba presentando una momia indígena en La Campana de Cristal.
Arriba, entre flores, el televisor entre el mármol, y la madera y con ese plástico delante para ver en colores. El padre de Carlos era albañil, luego se hizo contratista y era muy petizo y le gustaba estar con nosotros los pibes, los amigos de sus hijos. Fumaba mucho, Clifton creo y echaba el humo mirando la tevé con la mano apoyada en la barbilla, entre melancólico y cansado. Siempre andaba de blanco, oreado por el sol y con manchas eternas de pintura o de mezcla a bordo de un jeep y nos llevaba al campo, a La
Carolina, un campito vaya a saberse de quien era y nos hablaba de "Titanes en el Ring" con un entusiasmo infantil. Creía en lo que propalaba el aparato y el mismo era un actor secundario, un héroe de la clase trabajadora, esmirriado y fuerte, con ojitos de laucha feliz, allá arriba entre los andamios y el cielo. Un semidios sin físico de atleta pero con ángel. Cuando no estaba allí, en la altura, se metía en el traje de astronauta porque cultivaba abejas. "Cultivar" se decía a eso que tenía en una entrada
perteneciente a la familia por la calle de enfrente y espiar desde fuera, porque se nos estaba prohibida la entrada, él andaba con su disfraz entre las celdas de madera, entre flores de un verdín que hacía de telón de fondo y las abejas como otras florecitas moviéndose al silbido de él, su amo.
El Caballero Rojo perdió su primer pelea y Don Francisco abandonó su entusiasmo, porque según su credo, los buenos no perdían, Central no se iba nunca al descenso y sus hijos solo serían artilleros del equipo. Uno fue bailarín y el otro se perdió con atorrantas que lo único que hacían era sacarle el dinero que ganaba en la pinturería. Un día enfermó de un cáncer al pulmón y lo lloramos retroactivamente, mientras Karadagian en la próxima pelea que antecedió a su partida, casi pone de espaldas al oso que le habían tirado como rival.
Vino por última vez al Estoril a tomarse un fernet, pero ya la muerte lo seguía y él sabía y todos los sabíamos pero, en el fondo, esperábamos, como cualquier héroe cualunque, que la Muerte le temiese y no se lo llevara. Se despidió de mi tocándome la cabeza y augurándome iba a salir bueno y se subió al jeep por última vez antes de entrar al Hospital y perder la batalla que ni se televisó porque ya el rating elegía que era lo que vendía más o menos. Luego, en un tiempo que no pude medir se supo que tenía una hija en un pueblo, una hija de otra, una tal Florencia cuya mamá había muerto antes que él y que la viuda, la mamá de Carlos fue y deshizo la tumba a palazos y lo vedó del descanso final, traspasándolo al panteón de los hermanos. La tal Florencia fue, durante un verano tema de conversación en todo el barrio, pero luego, con el vértigo de las clases ella misma desapareció de la escena donde se había colado y nunca le pudimos ver la cara. Mi amigo Carlos una vez nos habló y dijo querer conocerla. Es mi hermana al fin y al cabo, pero, nunca a los chicos se les abre la puerta de la verdad y quedó la historia trunca, sin encuentros, ni regalos ni película. Allí en los altos andamios debe andar bebiendo grapa don Francisco, que así se llamaba el hombre. Dejó su ropa salpicada entre un montón de cosas, el traje de astronauta enlutado y las abejas que se mudaron de barrio. Carlos viajó a Europa a encontrarse
con su destino, cambió de sexo y se perdió en los canales de Venecia para reaparecer en postales. El otro hermano progresó, adquirió un lote y puso un bazar enorme que luego fundió por culpa de las putas.
Don Francisco, a pesar que no compitió nunca en las luchas, fue sin dudas mi mejor Titán.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20317-2009-09-23.html








"EL DOCTOR FISCHER DE GINEBRA"*



La nieve
¿y quién o qué le pone
el revólver en la mano al millonario?
¿quién o qué lo incita
a desmoronarse sobre la nieve
la pasta dental
el chocolate?...




"IL DOTTOR FISCHER DI GINEVRA"*



La neve
e chi o cosa mette
in mano il revolver al miliardario?
chi o cosa lo incita
a dissolversi nella neve
il dentifricio
la cioccolata?...




*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
-Traducido al italiano por Jerome Seregni








Los árboles*



aquietan morosamente, tiernamente los pensamientos.

Desde su altura no compiten: están.

Acompañan los ciclos y adormecen los vientos;
persisten sin apetecer.

Son compañeros de viaje hacia el sosiego
maestros en el juego de la luz
y no desean más que lo dado.




*de Oscar Agú. cachoagu@yahoo.com.ar
(Reside en Santo Tomé/Santa Fe)
-Fuente: LUZAZUL Nº 106. Septiembre/2009.





Correo:


Ciclo de Cine-Debate y Psicoanálisis
“La subjetividad de la época y sus avatares”



Ciclo de Cine-Debate organizado por ESPACIO PSICOANALÍTICO PAMPEANO
y Grupo de Estudiantes de Humanas de la UNLPAM



Espacio Psicoanalítico Pampeano continúa realizando actividades de extensión para quienes se interesan en los temas relativos al ser humano.
Este año, acuciados por los acontecimientos nacionales y mundiales, nos interrogamos por la subjetividad de nuestra época. Nos servimos nuevamente del arte cinematográfico como disparador y apuntalador para identificar los paradigmas socioculturales por los cuales nos encontramos atravesados como sujetos. Invitamos a quienes quieran reflexionar sobre los acontecimientos contemporáneos, sus avatares e implicancias subjetivas.
Proponemos una selección de films que, gracias a su riqueza, posibilitan un análisis fecundo para el debate. Intentaremos, con el aporte de todos, ubicar los emergentes sociales de una subjetividad que padece las marcas del discurso contemporáneo y el malestar actual en la cultura.




> 2.10.09 Capitalismo y consumo >
“El ciudadano”
Director: Orson Welles Año: 1941
Sinopsis: El magnate de la prensa Charles Foster Kane (Orson Welles) fallece, acompañado solamente por sirvientes, en su gran mansión pronunciando una única palabra: "Rosebud". Con la intención de averiguar su significado un periodista comienza una investigación con las personas que vivieron y trabajaron con Kane. Las entrevistas se suceden y con cada persona afloran vivencias y recuerdos que ayudan a modelar la compleja imagen del fallecido millonario, pero, que no aportan datos sobre la misteriosa palabra. Solo el espectador conocerá su origen y significado que engloba temas como el anhelo de las cosas perdidas y los valores realmente importantes.



> 9.10.09 Holocausto >
“El noveno día”
Dirección: Volker Schlondorff, Año: 2004
Sinopsis: El filme narra la historia del sacerdote católico Henri Kremer, prisionero en un campo de concentración por no seguir las leyes racistas de Hitler y amenazado con la muerte de su familia y compañeros si no convence al influyente obispo de Luxemburgo para que se comprometa con el régimen nazi.



> 16.10.09 Violencia y Racismo >
“La naranja mecánica”
Dirección: Stanley Kubrick Año: 1971
Sinopsis: Gran Bretaña, el futuro. Alex es un joven hiperagresivo con dos pasiones: la ultraviolencia y Beethoven. Al frente de su banda, los drugos, los jóvenes descargan sus instintos más violentos pegando, violando y aterrorizando a la población.



> 23.10.09 Adicciones >
“Réquiem para un sueño”
Dirección: Darren Aronofsky Año: 2000
Sinopsis: Harry vive con su atormentada madre Sara y mientras él sueña con una vida mejor, ella está permanentemente a dieta para el día que pueda cumplir su mayor ilusión: aparecer en su concurso televisivo preferido. La ambición de Harry y su novia Marion es hacerse ricos vendiendo droga con su amigo Tyrone, y utilizar las ganancias para abrir un negocio propio, pero nunca llega el dinero suficiente para iniciar su plan. A pesar de todo, Harry y Marion no se resignan a vivir una existencia que consideran despreciable, por lo que harán lo impensable para conseguir la vida que anhelan.


Viernes 30 de Octubre Ciclo suspendido por Semana de Cine Nacional


> 06.11.09 Interculturalidad >

“Al otro lado”
Dirección: Fatih Akin Año: 2007
Sinopsis: A través de una serie de encuentros, relaciones e incluso muertes, las frágiles vidas de seis personas se cruzan durante sus viajes emocionales hacia el perdón y la reconciliación en Alemania y Turquía.




TODAS LA FUNCIONES COMIENZAN 20 hs
Al comienzo de cada película se proyectarán cortos de Gabriel González Carreño (director pampeano).



Dirigido al Público en General
Entrada Libre y Gratuita

Hall de Cine Amadeus, Coronel Gil 31
-Enviado para compartir por Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com






*

Queridas amigas, apreciados amigos:


Este domingo 27 de septiembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Agustín Castilla-Ávila. Las poesías que leeremos
pertenecen a Marcelo Marcolín (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar
http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



*

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