sábado, enero 21, 2012

CUANDO TE VAYA BIEN LLÉVAME CONTIGO...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu





“PARADOJA DE GEMELOS” *



“Cuando te vaya bien llévame contigo, cuando te vaya mal no me defraudes."
BOB MARLEY



Hoy, por vez primera él le ha llamado estrella.
Y ha sido alfa centauro. Y ha cabalgado noches.
Y en un S.O.S. desesperado se ha hallado.
(Eres lo que soy)


Y los recuerdos, de pronto, los lapidan.
Y juntos entierran los duelos y los muertos.
Y vibran. Se estremecen. Palpitan. Ceremonias secretas.
(Hoy es ayer)


Y permanecen. Paradoja de gemelos. Perfecta.
Y la muerte pasa, inadvertidamente.
Y regresan los amados muertos.
(Pedí un deseo)


Y son “amados inmortales.”
Y conjugan los verbos de la infancia.
El pretérito pasado, es perfecto.
(Ayer es hoy)


Y se abrazan Se abrasan. Se enardecen.
Y arden, fieles a la especie. Lejanía y estrellas.
Y el beso llega, obsecuente, consecuente.
(Soy lo que eres)


“Cuando te vaya bien llévame contigo,
Cuando te vaya mal, no me defraudes”


*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar













DAGOBERTO*


Dagoberto es un perro. En esta vida no se llama Dagoberto, al nacer le pusieron Motita y lo adornan con lazos color rosa, a pesar de que no es afeminado, y lo que tiene no es mota, sino más bien antifaz: una mancha negra que le cubre los ojos.

En una vida anterior fue hombre y fue tratado como un perro, estuvo barriendo calles desde que tuvo edad laboral, calle arriba, calle abajo con el escobillón y el carrito. Llegó a envidiar a la perra que vivía en la casa amarilla del barrio alto, propiedad de una viuda rubia, cuyos enormes senos eran su admiración... los de la rubia, claro está… la perra era una labradora dorada, premiada en eventos caninos, a quien sacaba a pasear en las tardes. “Pensar que ese animalito vive en casa con piscina y come carne... solía pensar con franca envidia cuando se enfrentaba al pan con café y a su catre, “en este mundo vale más ser perro, con tal que se nazca en colchón de lujo”.

Así vivió y así murió. Cuando le llegó la hora de reencarnar, se enteró de que aquella perra, estaba a punto de dar a luz. Tan arrepentido estaba de ser humano que eligió descender en la escala evolutiva para ganar autoestima y recibir el afecto del que se creía merecedor. Y se halló de pronto, con todos sus recuerdos de hombre, emergiendo a empujones por un útero canino.

Pero resultó que la perra había tenido una aventura, fruto de una escapada nocturna que habían creído sin mayores consecuencias que una garrapata en la oreja izquierda, anterior al cruce con un perro de su abolengo. Dagoberto fue el hijo único de tan oscura unión. “¡Horror!”, gritó la dueña al veterinario, “¡deshágase de ese engendro, que mis ojos lo no vean más, que no lo sepa nadie! ¡Qué vergüenza!” y corrió a buscar sus sales.

Lo colocaron en una esquina del patio, mientras asistían a la parturienta. Cualquier cachorro de fina estirpe hubiera sucumbido a las dos horas expuesto a la intemperie, pero Dagoberto sumaba genes de perros callejeros que retrocedían desde el registro akásico de siglos durmiendo en la selva, en el desierto, en las calles, hasta la memoria kármica de sus luchas por aferrarse a la vida cuando era hombre.

Estaba destinado a no conocer a su madre. En su vida humana fue abandonado en el hospital… ahora, que había elegido el mejor vientre perruno posible, la madre moría de parto. Lo que en una existencia anterior marcó su desgracia, en ésta fue su suerte. Su ama rubia, con los ojos hinchados de tanto llorar, fue a recogerlo, arropándolo en su fabuloso seno. “Angelito mío”, le dijo al oído, “eres todo lo que me queda de ella, mi preciosa Motita”. Después se supo que era macho, pero ya estaba nombrado. Los lazos rosa con que lo adornan no tienen que ver con este error, fueron heredados de su madre… por fortuna entre los perros no se da importancia a estos detalles.

De este modo Dagoberto, que por la correría de su progenitora iba a regresar de vuelta al infinito, vive una vida de aristócrata. Cada día saborea las mejores costillas, con algo de hueso, para que sus potentes jugos gástricos puedan trabajar a gusto. Por las tardes devora pastelitos de salmón junto a la piscina y menea el rabo a su ama, se reclina en su regazo y duerme la siesta mientras ella acaricia sus orejas... ¡Cómo le hubiera gustado esto cuando barría la calle donde se asienta la casa en que ahora vive!

Dicen que La Esperanza, postrer habitante de La Caja de Pandora, no fue un bien ni un remedio, sino el último de los males enviados al hombre. Quien vive de esperanzas no asume el destino, que vuelve y se repite infinitamente hasta que hemos aprendido lo que vinimos a aprender: Dagoberto esperaba una vida larga y feliz, rodeada de comodidades. Un futuro matrimonio perruno con los descendientes jugando a su alrededor, una vejez tranquila…

Todo marchó de maravillas hasta que una noche escuchó a su ama hablando con su mejor amiga. “Lo he decidido, es lo mejor para que no siga los pasos de mi difunta Mimí, mañana a primera hora viene el veterinario y lo castramos, ¡esta tarde lo vi husmeando a esa perra sin raza que los hijos del vecino siempre tienen suelta! ¡Qué vergüenza!”

Sumido en la desesperación, esperó a que la señora se volteara, decidido a huir de su vida llena de acomodos y mimos con tal de no renunciar a su virilidad… tal vez la puerta trasera estuviera aún abierta. Echó una última mirada a su ama, cuánto le dolería dejarla... palabra de perro, lo de olisquear a la perrita no había sido su culpa, ella se le había encimado cuando lo sacaron a pasear. ¡A lo que pretendían hacerle renunciar por tan pequeño desliz!

A los tres pasos descubrió que los pies le pesaban como plomo, su energía se estaba desvaneciendo, un sueño inexplicable lo invadía. Un intento más y cayó, imposibilitado de seguir adelante. “Te lo dije”, escuchó a su dueña al teléfono, “cuando se ponen así pierden el sentido. ¡Menos mal que se me ocurrió echarle el sedante en el agua! No me lo vas a creer: ¡con lo bien que está aquí y se estaba escapando ahora mismo detrás de esa cualquiera!”.

“Resignación”, pensó Dagoberto-Motita antes de sumirse en la inconciencia, aprendiendo al fin la lección que lo había devuelto a este mundo, “la vida puede ser bella, pero no tiene por qué ser perfecta”.



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba.







DE LOS ESCOMBROS*




Pensamientos decrépitos
La soledad arañando paredes
Perfilando deshielos
en el ártico de la existencia sin nombre.


Los años penitentes
anegados en la borrasca del alma,
los sueños inconclusos
vagan reincidentes en la cárcel del recuerdo.


Cada resquicio inundado de llanto
y de las sombras resucita la silueta:
años adormecida, años mutilada.
La fuerza de la vida domina
La incorpora y la lanza al baile incrédulo del destino
y sosegada canta.


Son imágenes de un viejo cuadro.



*De Ruth Ana López Calderón. anilopez20032000@yahoo.es
23-11-2011









HUNDIMIENTO DEL CRUCERO
COSTA CONCORDIA*



Todo era una fiesta. La cena misma del primer día de viaje. El jolgorio de la parte del pasaje que aún no cenaba, saludaba en cubierta a los lugareños de la pequeña isla italiana de Giglio, mientras sonaba la profunda sirena del barco engalanado. Todo cerca, muy cerca de la costa; demasiado peligrosa por sus rocas amenazantes y semi escondidas…. De pronto la nave choca con el fondo del casco, y abre una vía que hiere gravemente al navío.
Desconcierto, confusión, caos… Miles pugnan por salvarse, primero sin tomar casi conciencia, algunos bajan con sus bolsos, luego con desesperación cuando el barco se ladea y vuelca sobre sí, y hay quienes se caen, otros se tiran, otros quedan atrapados en una trampa inclinada; unos nadan a la orilla cercana, otro se ahogan o desaparecen….
El capitán también…, o se cae cuando el barco se vuelca. Abandona el barco…
Hay quienes dicen que estaba “enfiestado”, descuidándolo.
Tenemos un culpable. Todo está bien.
Un error humano.
Si es así la cosa, es bastante precaria. Siempre va a haber capitanes que se toman un tiempo para cenar, a veces la misma etiqueta les exige que sociabilice con el pasaje. Incluso habrá momentos que el capitán tendrá que dormir, y un día quizás un capitán se emborrache; y siempre puede haber una roca escondida que ni siquiera está en las cartas. Suele ser así.
Pero los barcos no deberían hundirse.
Al menos no tan fácil.
Del “Titánic” aprendimos que el casco se rompió contra el témpano, porque el acero de aquel tiempo era demasiado rígido, que más bien no era acero sino casi hierro fundido y se quebraba como un vidrio. Hoy los aceros de los cascos de los barcos son cien veces más resistentes.
También aprendimos que no tenía “Compartimentos estancos”, lo que evitaría que una vía inunde toda la sentina, hundiendo la nave. Desde aquella vez la ingeniería naval en grandes naves usa ese diseño a fin de evitar que el agua inunde la nave, sólo el compartimento dañado; haciendo que el resto no dañado la mantenga a flote, por más grave que sea la avería. En último caso dará el tiempo suficiente para que se haga el salvamento del pasaje sin pérdidas humanas.
Aquí vimos que el Barco toma agua por babor y luego se recuesta a estribor, lo que muestra que el agua se movió sin contención alguna de un lado para el otro, y eso tumbó la nave. Por lo que se ve no tenía compartimentos estancos de ninguna naturaleza.
Estas naves han ido creciendo en altura, como altos hoteles, manteniendo su manga, o sea su anchura, por lo que su base pasa a ser menor en relación; y podríamos concluir criteriosamente que, en consecuencia, ponen en riesgo su estabilidad. Eso lo enseñó la trágica crónica de tantos ferris del Mar del Norte, que en tiempos bastante recientes dieron vueltas de campana y se hundieron por el peso de su superestructura sumada al común sobrecarga de pasaje y automóviles. Hubo muchísimos de casos. Todos tenían en común, la relación crítica de la nave con su propia base.
El error humano es circunstancial.
Las naves deberían ser más seguras, existe la tecnología.
Y el mar es implacable.
El derrumbe del Las Torres Gemelas, demuestra que la ingeniería puede cometer excesos al avanzar a costa de mermar sus márgenes de seguridad, confiando en la alta tecnología utilizada. Se explicó que el fuego “fue demasiado”, había fundido el núcleo que sostenía cada edificio. Miles de litros de combustibles de los aviones incendiados fundieron los metales de su construcción. Cuando se construyó eran una de las maravillas del mundo. Ni el choque de cien aviones podría afectarlas. Era ineludible remarcar esto en aquel momento, ya que no muchos años antes, en el año cuarenta y cinco, un avión bimotor de bombardeo se estrelló en un piso setenta del edificio más alto de New York y provocó un incendio que provocó algunos daños en un par de pisos.
Claro que eran del viejo cemento con acero, aún no se disponía de los avances tecnológicos, de materiales y sistemas de alta tecnología; ni la morfología, ni las estructuras de avanzada, que permiten las más audaces creaciones de hoy en día.
Barcos como gigantescos y confortables hoteles de lujo.
Edificios que llegan casi a mil metros de altura. Ligeras y audaces formas y estructuras de metales livianos, fibras, vidrios; con jardines y piscinas en el cielo, girando sobre si mismos, inclinados, desafiantes.
Pero aún grandes naves se hunden al tropezar con una roca, o modernísimos aeropuertos estallan bajo una tormenta, y torres caen como castillos de naipes por el choque de un avión; todo nos deja pasmados, como que son cosas que no deberían estar pasando…
O al menos no de este modo.


*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
18/01/2012
Avellaneda, Santa Fe; Argentina.








Distancia*


Vivir a cada instante padeciendo
la maldición innata
de saberse incompleto;

mirarse cada día en el espejo
y no saber si el reflejo es la respuesta
y no poder siquiera descubrirse
en esos gestos, esas distracciones,
en ese pelo casi encanecido
o en las facciones grises;
y tan solo los ojos,
muy lejos, en el fondo,
como el vivo fulgor de una fogata
ardiendo en otro sitio
o quizá en otro tiempo,
ardiendo acaso sin motivo
en una dimensión desconocida
o al final de un callejón desierto
en el confín del barrio más humilde
de una ciudad lejana... ¡tan lejana!




*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
De Por si mañana no amanece
http://sergioborao2011.blogspot.com/







Bebedero de pájaros*



*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com



Bloody Mary


Las mesas del bar que me gusta están ocupadas. Camino pensando en el encanto de los golfos y las penínsulas. Recuerdo aquel verso: "él duerme en un lecho de paramecios". En un charco poblado de protozoos ciliados. La bío-metáfora dañina me zumba en los pies y en los oídos. Doblo a la izquierda por una calle oscura que no conozco. Desde los acantilados barullentos de este laberinto orgánico e inorgánico llega el tambor y las trompetas de una fiesta. Subo siguiendo la calle empedrada. Mascullo estrofas de Perlongher.
Las traiciono. Al masculino lo hago femenino. Al primer verso lo hago último. En un recodo, perros blancos corren tras una perra azul arrojada al asombro. Escucho tambores. Es mismo y otro el amor de hombre con hombre. La calle sigue subiendo hacia la luna. Los perros encorvan el lomo esperando su
momento con la hembra azul que se peina con la lengua. Es mismo y otro el amor de perra con perro. Dos marineros corren cuesta arriba. Dos muchachas ríen cuesta abajo. Una mujer de pelo amarillo se asoma por la ventana. Suena más fuerte su corazón que los tambores. Los perros retroceden cuando la perra azul retrocede. La jauría atraviesa de lado a lado la gran noche asfixiada. Pero lo que llena el mundo no es la asfixia, ni el turismo, ni los paramecios, ni los perros, ni los hombres, lo que llena el mundo es el
tambor de la mujer que se acorazona junto a la ventana, irrigada por hilos brillantes de Bloody Mary. Lo que llena la noche son los versos carnosos de Perlongher.


Cuatro escritores

Retorna un rumor de versos que por razones de memoria no se comparten. Somos cuatro dentro del coche moviéndonos de un sitio a otro a gran velocidad por una ruta tropical. Las casas son pequeñas. Alguien cree que vamos a estrellarnos contra un camión que viene de frente. Alguien confía en sus
reflejos. Alguien rememora rutas argentinas. Alguien recobra sus miedos infantiles. Los cuatro, dentro del auto andamos en líneas de punto por la memoria. Uno de nosotros recuerda una vieja canción de la infancia. Todas las puertas de las pequeñas casas están abiertas. Uno de nosotros canta La vie en rose. A gran velocidad los pozos nos mueven en una danza africana.
Uno de nosotros mira de adentro hacia fuera, luego de afuera hacia adentro.
Los sacudones mezclan los puntos suspensivos. Bebemos agua. Los cuatro escritores bebemos agua. Cada cual sacia a su propio animal sediento. La luz del sol baja entre los bananeros. Uno de nosotros suspira. Uno de nosotros ve subir a Dios por una pequeña escalera hacia el cielo. Uno de nosotros no confía en lo que ve con sus propios ojos. Uno de nosotros cree que Dios sube para demostrar que existe. Los cuatro escritores tenemos piedad de ese Dios que sufre de vértigo. Dios sube los últimos escalones en cuatro patas y el universo le da vueltas. Cuando Dios intenta ponerse de pie cae sobre las plantaciones de banano. Verlo es un espectáculo escéptico. Los cuatro escritores nos hundimos en un maremágnum de puntos suspensivos.


Angel sin patas

Una de tus nubes merodea mi casa. Me quedo de pie, en el patio, un largo rato y escucho el viento y los pájaros (tu viento y tus pájaros). Escucho los versos de Billy Collins descender desde tu nube. Reconozco su fórmula íntima y musical. La refrendo como si fuera mía. Los versos y la nube se
desvanecen y vuelven a aparecer. Apenas apoyados en sus patas se me acercan cabeza abajo y se repiten como todo lo que no puede tocarse con las manos.
Tu viento y tus pájaros, vuelvo a decir, como si fueran míos. Tu nube peregrina cambia de formas. No sé qué hacer con mis manos, con mi boca devorándose a sí misma. Del vientre de la nube salen tus pájaros. Y los árboles de toda la ciudad podrían irse volando. Uno de ellos toma con su pico un trozo de tu nube y me la entrega. La coloco en una jaula sin barrotes. La alimento con semillas invisibles. Le doy de beber gotitas púrpuras de un ron imaginario. La nube se hamaca, la nube canta tu canción, la nube duerme, la nube habla con palabras que otros no entienden. La nube es un ángel sin patas. La nube pulsa las distancias para que mi boca y la palabra se unan furiosamente.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-32171-2012-01-21.html






Pelada la bombita*



Pelada la bombita pendiendo
de un cable denodado
y equidistante

Y en mi primera vez
el deseo
de una mujer joven toda
desnuda maravillosamente.


*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar






UNO ENTRE 7.000 MILLONES*

(Meditaciones en momentos personales de transición existencial)



Última parte


*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar47@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/



Nos dá la impresión que al efecto de la presente comunicación, hemos dicho casi todo lo que queriamos transmitir.
Hace un tiempo estibamos en nuestro holon, un pensamiento de Jaspers: “En las situaciones límites está el origen de todo filosofar”. A propósito del concepto de “límite”, de antes nos venía el “siempre hay que tener las fuerzas necesarias para romper todos los límites”, del Marqués de Sade; y en fecha más cercana al presente incorporamos el presente de Edington en el sentido que: “el límite de nuestro lenguaje es el límite de nuestro mundo”. Y no sé porque asocio estos pensamientos a uno de Julio Verne, que leí hace mucho tiempo en un cartel: “Todo lo que un hombre pueda imaginar otro podrá realizarlo”.
Hay estudios que señalan que el retiro laboral o jubilación es una situación límite. Y ha de reiterarse, que en el principio de esta ya larga comunicación, apuntábamos que estamos en los prolegómenos de nuestra salida del sistema laboral formal.
Sin perjuicio que formulemos alguna comunicación específica, nuestra salida del servicio público federal argentino, nos resulta una ocasión, digamos una “situación límite”, como para discurrir acerca de todo lo vivido.
La vida, aun durmiendo y soñando, es indivisible. Más allá de las múltiples convenciones, cada existencia concreta es indesglosable; desde el principio al fin.
Por nuestras sensibilidad ha pasado lo que hemos vivenciado en nuestro entorno desde que vinimos al mundo.
A veces cuesta, y mucho, ponderar, aquellos primeros seis años de vida sobre los que - hay consenso científico - se modelan las respectivas personalidades.
Por una extraña suerte de vocación y de destino, hemos podido bucear hasta donde hemos podido en esos primeros años y hasta nos hemos remontado hacia nuestros ancestros, que resulta indudable algo han aportado con la carga genética luego sometida a intensos estímulos formales e informales, que eso al fin de cuentas somos cada uno de nosotros.
Mas un desencadenante para formular una comunicación como la presente, ha sido un concepto que abrevamos en una de esas oportunidades de capacitación que se han habilitado para los servidores públicos federales argentinos, por iniciativa el entonces Ministro Beliz hacia 1992 . En un curso sobre Gestión del Conocimiento (KM), allá por el 2006, nos enteramos de la existencia de la institución del “EXIT QUESTIONAIRE”, tal como se da en el Estado canadiense de CALGARY. Este instituto de origen inglés y que también se aplica en Estados Unidos, consiste, en que cuando un servidor público permanente se jubila, existe el requisito de que deje por escrito una suerte de memoria de aquello que puede servir a la organización que deja. La verdad es que anoticiados de esta noción, la misma nos viene resultando altamente estimulante y nos induce no solo a hacer un “formulario de salida”, de nuestra vida laboral, sino extenderlo a todo lo que hemos aprendido dentro de los ámbitos laborales o concomitantemente con ellos, fuera de los horarios de trabajo.
No nos parece ocioso reiterar que el servicio público es una formidable oportunidad de aprendizaje, para quien tenga avidez de conocimientos (y estimamos que ese ha sido nuestro caso).
Además por múltiples motivos; nuestra condición de corredor pedestre no ha sido la menos significativa(tampoco nuestras excursiones a pie), hemos recorrido el país, tomando nota de todo lo que veíamos ello fue aún antes de enterarnos ese pensamiento de Hernández arriba consignado acerca que : “ todo el mundo es escuela”.
Deliberadamente hemos querido hacer una suerte de actualización (upgrade) de nuestra visión del mundo circundante, en un punto de inflexión de nuestra parábola existencial.
No hay pretensión de imposibles asepsias ideológicas, o similares enmascaramientos. Solo hemos pretendidos decir más lo que venimos sintiendo que lo que venimos pensando aparentemente fríamente.
Motores de búsqueda mediante, colocando entre comillas nuestros nombres y apellido completo, se puede acceder a gran parte de las comunicaciones que venimos formulando o al listado completo de las mismas.
Aunque formen parte de un único discurso sujeto a las periódicas actualizaciones que el entorno viene induciendo a nuestro holon; hasta donde nos es posible hemos intentado compartir cosas que tal vez estaban subyacente en nuestras comunicaciones, y que deseamos compartirlas mas explícitamente.
Nos animamos a decir que queremos transitar en un planeta donde primen las relaciones interpersonales “cara a cara”; donde uno se pueda desplazar con nuestras propias fuerzas físicas, o con ayuda de animales, o del sol o del viento; y donde los bienes se produzcan hasta donde sea posible con nuestras propias manos.
Suena a utópico.
Por suerte gracias a las TICs, nos venimos enterando que no estamos solos en la utopía. El final queda abierto. No sabemos por nuestra parte si podemos decir algo mas al respecto...Por ahora...

(Buenos Aires 16 de enero de 2012)





*

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miércoles, enero 18, 2012

UNA MITAD DE PIEDRA, OTRA DE AGUA...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




UNA CASA CON MANTRAS AZULES*



Insoportable lentitud de hojas cuando caen.
Resuenan como gotas de un tango ensangrentado.
Filones borrachos de la noche,
Fantasmagórica, aparece la casa.
Una casa hecha de arena blanca.
Una mitad de piedra, otra de agua.
Una casa intacta que nadie habita ni habitará jamás
Una casa con mantras azules que se niega a partir.
Se deshace con el canto del gallo.
Una telaraña descubre su vocación de orate.
La asfixia, dulce, como la muerte.
Una casa que se deshace como lágrima en un ojo impuro.

Amanecer. “Gayatrí al sol”
Pura, sin mácula. Toda una llama ella.
En la magnífica lentitud, avanza.


*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar









JACINTO*


¿quién se atreverá a
condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona?
Casi Juicio Final
Jorge Luis Borges



Había llegado la hora de clavar la tapa del humilde féretro. Los vecinos, la prima centenaria que no tenía idea de a quién estaban velando, la sobrina de la capital, el médico del pueblo que por sentido del deber no faltaba a velatorio alguno y el cura, que rezaba porque se acabara la costumbre de velar a los muertos en sus casas... Un par de mocetones, ayudantes del carpintero, se acercaron herramientas en mano.

“Para mí que el viejo se murió de aburrimiento; ni televisor, ni radio... esta es la casa más pobre en que nos ha tocado trabajar”, dijo uno de ellos a su compañero, “no más mírale la expresión”. El interpelado dirigió su vista al cadáver y, agrandando los ojos más allá del límite, profirió un aullido. El grito hizo a todas las miradas congregarse en un brazo que se levantaba, en una mano huesuda que se abría y en los ayudantes que a trompicones huían hacia la puerta. Con un sonoro bostezo Jacinto se sentó en su ataúd. “¡Dios mío, qué cansancio!”, suspiró.
Huyeron los vecinos en desbandada; la sobrina de la capital saltó por la ventana; el carpintero cargó a la anciana quien, preguntando qué estaban celebrando que había tanto alboroto, se dejó llevar... Quedaron el cura, sanado de espantos después de tantos años escuchando confesiones de pueblo chico, cuyos únicos entretenimientos eran la gula, la lotería y las infidelidades, y el doctor, que por la carga de años no había conseguido la velocidad necesaria para seguir a la multitud. Jacinto se estiró de nuevo.
“Estoy agotado”, repitió. “¿Agotado de qué?”, preguntó el galeno haciéndole una seña al cura para que lo ayudara a llevar al resucitado al astroso lecho. “¿De qué va a ser? ¡De caminar!” respondió, sumiéndose en un sueño casi tan profundo como aquel del que acababa de despertar. Reposo no compartido por los acompañantes, que se creyeron en el deber de permanecer en vela hasta que, al día siguiente, Jacinto dio señales de permanencia.
“Ahora sí me repuse, en mi vida he estado tan cansado”, dijo mientras disfrutaba un café que el cura había preparado para los tres. La noticia de que Jacinto había despertado, regada por un muchacho que se había asomado a la ventana, hizo que se reuniera en el cuarto la misma multitud del día anterior, preguntando al anciano dónde había pasado aquellas horas, al menos dónde había estado su alma, porque el cuerpo no había salido del féretro.
“Calma, les cuento. Estaba desgranando maíz cuando de repente me vi en un sitio precioso. Una voz desde las alturas me dijo que no me asustara, que pronto me vendrían a buscar, que aquello era un lugar de tránsito”. El silencio pesaba más que la humedad y el calor imperantes en el cuartucho. Los ojos se centraban en el viejo y en su descripción de la antesala del otro mundo... “Y ahí me dio por dar una vueltecita. Había árboles con frutas maduras, enormes, flores bellísimas. Una paz tremenda, ¡la brisa te cantaba al oído! Daban ganas de quedarse ahí para toda la eternidad”.

“Entonces”, inquirió el médico, “¿qué hace aquí, mi querido amigo?”

“Pues… por más que anduve no encontré un alma. A lo mejor el que vino a buscarme no me vio, ¡esa condenada manía que tengo de no quedarme quieto! Al final sólo trataba de encontrar a alguien que me orientara, pero por todo aquello no se veía siquiera una finquita... Viendo que no sucedía nada, decidí regresar, mal que bien, aquí tengo mi casa. ¡No hay lugar como el hogar!”



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba.






El Iceberg*



Aquella mata de pelo negro azabache, ensortijado y largo, que se movía a favor del viento y contrastaba con el blanco casi azulado de aquella masa de hielo enorme pertenecía a la amante. Una belleza pura, que se encontraba montada en lo más alto del iceberg y dirigía sus miradas al mar infinito que se extendía a sus pies.
Los ojos verdes, entornados para paliar el sol del ocaso, pertenecían al amante, que estaba un poco más abajo que la mujer y que mantenía su mirada sobre ella, como intentando acariciarla, protegerla, poseerla.



Los amantes, navegando sobre el buque de hielo, se miraron tiernamente y se juraron amor eterno. Por desgracia el iceberg no duró tanto.




*De Joan Mateu. joan@cimat.es







Alicia*


*Por Angela Pradelli


El maniquí estaba tirado en la vereda junto a unas cajas vacías. Antonio lo vio una tarde cuando salió del banco. Dudó y decidió finalmente que se lo llevaría a su casa. Cuando llegó a Constitución se dio cuenta de que casi todos lo miraban, pero era imposible disimular un maniquí. Ya en el tren que lo llevaría a Temperley le sorprendió pensar que en realidad le faltaba un boleto para el maniquí y se incomodó al darle uno solo al guarda, como si en realidad le faltara un boleto. El guarda miró al maniquí pero no hizo ningún comentario. Era un hombre muy alto y el maniquí era tan alto como el guarda. “Tan alta”, pensó Antonio, porque el maniquí tenía cuerpo de mujer. En Lanús se desocupó un asiento doble. Antonio sentó al maniquí al lado de la ventanilla y él se sentó en el asiento del pasillo. Las piernas del maniquí chocaron con las rodillas del pasajero de enfrente. Era un señor mayor que se molestó por la situación y miró a Antonio casi con desprecio. Antonio giró el maniquí hacia él, apoyó esas piernas rígidas sobre las suyas y viajó hasta Banfield así, con sus manos cubriendo los pies descalzos de ella. En Banfield subió una mujer con un bebé en brazos y Antonio no tuvo más remedio que dejarle el asiento. Hizo ese último trayecto hasta Temperley con el maniquí en brazos tratando de acomodarlo para no molestar al pasajero de enfrente. Vio que la mujer se desa-brochaba la blusa para amamantar a su hijo y clavó sus ojos en el paisaje descampado que atravesaba el tren. La noche empezaba a asomarse por la ventanilla cuando llegó a Temperley.
Cruzó la calle y escuchó las risas de un grupo de muchachos. Antonio los conocía, eran siempre los mismos, andaban casi todo el día juntos, tomaban cerveza en la plaza y molestaban a la gente del barrio. Muchas mañanas Antonio encontraba las latas de cerveza vacías tiradas en su jardín. Algunos vecinos decían que se drogaban, pero él no sabía. El brazo de Antonio rodeaba la cintura de ella. Cuando estaba llegando a su casa uno de los muchachos le gritó:
–Tiene buenas tetas.
Los otros se rieron y él sintió pudor por esos pechos desnudos. Ya en su casa la vistió con una camisa suya y la sentó en el living. El nombre lo pensó al otro día mientras se bañaba: la llamó Alicia.
Antonio se descubrió mirando vidrieras de ropa de mujer en los negocios de la avenida Santa Fe. Una tarde compró una pollera marrón y una blusa rosa. Tardó en decidirse. Había elegido un pantalón pero lo cambió a último momento, cuando pensó en las piernas de Alicia, unas piernas demasiado perfectas para no lucirlas. Otro día se decidió y entró en una casa de ropa interior, frente a la estación de Temperley:
–¿Qué talle? –preguntó la vendedora.
–No sé –dijo Antonio.
–Más o menos –insistió la vendedora–. ¿Qué medida tiene? ¿Cómo es?
Dibujó la cintura de Alicia con las manos y sostuvo ese dibujo en el aire por unos segundos:
–Así –dijo.
También compró un esmalte para uñas y una mañana de domingo, después de leer el diario, se sentaron en los sillones del patio y Antonio le pintó las uñas. Parecían otras manos, Alicia se veía como una mujer hermosa, y cambió más cuando Antonio le compró esa peluca rubia.
Pensó que tenía que llevarla a conocer la plaza de Temperley. Le gustaba esa plaza los sábados por la mañana cuando se llenaba de chicos y todos los días, de la semana por las tardes, cuando la gente bajaba del tren y la cruzaba. Pero la llevó de noche y se sentaron en un banco, detrás del Monumento a la Bandera. Empezaba a llover y Antonio sintió la humedad en la piel de Alicia.
–Se llama lluvia –le dijo Antonio–, pero es agua.
Terminaron corriendo para guarecerse debajo de la glorieta y esperaron allí a que parara la lluvia.
Al día siguiente apareció una inscripción obscena escrita con pintura roja en el frente de su casa. Antonio se ocupó el sábado por la tarde de pintar esa pared. Estaba seguro de que habían sido esos muchachos del barrio, pero no dijo nada.
–Listo –le dijo Antonio a Alicia cuando terminó de pintar.
Limpió el pincel con aguarrás y se sentaron en la mesa de la cocina a tomar mate. Fue la única inscripción que tapó. Ignoró las que aparecieron después y se fueron superponiendo unas a otras.
Le gustaban las películas italianas y casi todas las semanas alquilaba una en el video.
–Pero no es lo mismo –le decía Antonio a Alicia después de comentar la película–. El cine es otra cosa.
Y un día la llevó al cine. Daban una de Mastroianni. Hacía más diez minutos que había empezado la película cuando llegaron. Antonio calculó que todos hubieran entrado y que el hall estuviera despejado. Pidió dos entradas en la boletería. El boletero ni levantó la vista. Cortó dos entradas del talonario, recibió el dinero que Antonio le daba, abrió la caja y le dio el vuelto. El acomodador, en cambio, recibió las dos entradas y preguntó:
–¿Dos?
–Dos.
–¿Va a esperar a alguien?
–No –dijo Antonio–. Somos nosotros dos.
–¿Sacó una entrada para el maniquí?
–Sí –dijo Antonio.
Le molestaba que le dijeran maniquí a Alicia.
–No hacía falta –dijo el acomodador con una entrada en la mano.
Los tres se encaminaron por el pasillo oscuro de la sala. Antonio y Alicia seguían al acomodador que los guiaba con la linterna. Se sentaron en la fila quince, en un extremo. Antes de irse, el acomodador se acercó a Antonio y le preguntó si quería que le guardara el maniquí en la boletería, pero Antonio se negó.
Cuando la película terminó salieron rápido de la sala. En el hall el acomodador le sonrió a Antonio. Antonio creyó que la gente los miraba, que la miraban a Alicia. Fueron hasta la esquina y se subieron a un taxi que los llevó hasta su casa.
Antonio iba algunos domingos a comer a casa de Altamirano. Altamirano y él trabajaban en la misma sucursal desde hacía casi diez años y muchos domingos Altamirano lo invitaba a su casa; su mujer preparaba pastas o él hacía un asado, Antonio llevaba el postre y se volvía antes de que anocheciera. Aunque aceptó, Antonio hubiera preferido quedarse con Alicia en su casa ese domingo. Y no pudo evitarlo: se pasó la tarde comparando a la mujer de Altamirano con Alicia.
–Es una mujer insoportable –le comentó a Alicia ya en su casa por la noche–. Por algo Altamirano está siempre invitando gente a su casa y armando programas para los fines de semana.
En cambio, él no veía la hora de llegar a su casa para ver a Alicia, para encontrarse con ella.
Miraban el noticiero de las nueve mientras preparaban la cena y ponían la mesa. A veces mientras él preparaba algo para picar, hablaban de cosas del barrio o de algunos programas de televisión.
Las fotos las sacó con la pocket un sábado, en el jardín de su casa. Pensaba elegir la mejor de todas, hacer una ampliación y ponerla en un portarretrato sobre la mesa de luz. Fue al mediodía. Igual le puso el flash a la máquina. Se lo había dicho el dueño de una casa de revelado de Temperley. “Salen perfectas”, le había dicho. “La mejor hora para sacar fotos es al mediodía y con flash porque hace un efecto especial con la luz.” Hasta sacó fotos de Alicia tendida sobre el pasto con un fondo de malvones rojos. Tenía una de esas máquinas que esperan unos segundos después del encendido, así que corrió a ubicarse al lado de Alicia y sonrió junto a ella.
El martes por la tarde, cuando volvía del banco, pasó a retirar las fotos reveladas. Le gustaron las fotos en que estaban juntos, eran cuatro o cinco. Las otras no. Le pareció que Alicia no había salido bien. Ni siquiera se las mostró. Cortó las fotos con la tijera y tiró todas las tiritas a la basura. Sin embargo, el rojo de los malvones había salido bien, seguramente por el efecto aquel del flash al mediodía. Hizo varios portarretratos con las fotos en donde estaban juntos y los distribuyó por la casa. Le gustaban los marcos de madera oscuros pero gastó un poco más y compró uno con aplicaciones de bronce que puso en la mesita del living.
Fijó un día en la semana para que Alicia se bañara: los viernes. El le llenaba la bañera y le agregaba al agua caliente unas sales y una espuma de baño. Después la envolvía con una bata suya de toalla. El pelo se lo lavaba aparte. Había probado lavárselo con la espuma de baño pero le quedaba mal, muy seco. Compró un champú de almendras y le ponía una crema de enjuague de jojoba que le daba un brillo especial. O tal vez el brillo era por ese reparador de puntas que le había comprado a una compañera del banco que vendía cosméticos. Tenía un cajoncito en el botiquín del baño lleno de hebillas y peinetas para peinarla. Le recogía el pelo, le hacía trenzas. Pero nunca le quedaban bien los peinados. Terminaba soltándole el pelo y guardando las hebillas. A veces le ponía una vincha de carey que le gustaba mucho porque le despejaba la cara.
Un día vio en una lencería unos corpiños armados. La vendedora le explicó que estaban rellenos de guata, un material blando pero que daba volumen. Pero no lo compró porque Alicia no necesitaba eso. Sí compró unas medibachas transparentes negras con un dibujo que hacía una figura de rombos. Estaba seguro de que a Alicia le gustarían.
Escuchaban jazz cuando él volvía del banco:
–Anímate, Alicia –le dijo un día–. Bailemos.
Puso una música suave y bailaron. Cuando la tuvo cerca olió el perfume de lavandas que él le había regalado y le gustó.
–¿Sabés qué es, Alicia? –le preguntó Antonio–. “Savoy Blues”, por Louis Armstrong. Es uno de mis preferidos.
Después se sentaron en el sillón. Ya era de noche y estaba más fresco. Antonio trajo un saco de hilo blanco para los hombros de Alicia. La voz pastosa de Louis Armstrong llenaba la sala con “Blues in the South”.
Y también tenía proyectos para el futuro. Quería ir de vacaciones con Alicia a Necochea el próximo verano. Llevarla a cenar, probablemente a comer mariscos a la taberna vasca. Soñaba con que Alicia alguna vez lo esperara en el bar de Benito, el que está enfrente de la estación de Temperley. El bajaría del tren, cruzaría la plaza y tomarían café. Le contaría historias sobre sus compañeros del banco, hablarían de cosas comunes. Y algún domingo irían juntos a almorzar a la casa de los Altamirano.
Llegó una tarde a su casa y vio que Alicia no estaba en el sillón del living. Solía quedarse ahí cuando él se iba porque era el lugar más cómodo de la casa. Encontró la cerradura de la puerta del patio forzada, habían entrado por atrás y se habían llevado a Alicia. También habían estado comiendo y habían vaciado la heladera. Había restos de comida por el piso y manchas de salsa de tomate por todas partes. El sabía quiénes eran. Había latas vacías de cerveza tiradas por toda la casa y encontró una inscripción obscena en la pared del baño. Fue inútil que saliera a buscarla por las calles del barrio. Recorrió la estación, la plaza, algunos bares. No volvió a verla.
Ahora, por las noches, cuando lo gana el insomnio, da vueltas por la casa, abatido. Prefiere levantarse porque no soporta las imágenes que se le cruzan en la cama: Alicia tirada en un baldío que él no conoce, sin la peluca rubia, desnuda. Alicia sin brazos. Alicia con los pechos cercenados. El torso de Alicia sin cabeza, sin brazos, sin piernas, sólo el torso, y él por momentos duda, no sabe si ese torso es el de Alicia o el de cualquier otra. Y tiene otra visión. La cabeza de Alicia con la peluca rubia pero sin el cuerpo y dos huecos en el espacio de sus ojos. Y otra: Alicia boca abajo, desnuda también, flotando en un río sucio.
A veces llama por teléfono a su casa desde el banco con la ilusión de que ella lo atienda, espera a que el teléfono suene dos o tres veces y corta. Sus compañeros lo ven volverse a su escritorio cabizbajo, pensativo. Ni siquiera habla con Altamirano, que es el único que se acerca a su escritorio. Dice Altamirano que hace unos dibujos raros en un papel cualquiera, que no contesta.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/23-185608-2012-01-17.html






El cuento por su autor*



*Por Angela Pradelli


A veces escribimos cuentos de historias que ya sucedieron.
Para resumirlo salvajemente, “Alicia” es un relato en el que un hombre encuentra en la calle un maniquí, se lo lleva a su casa y llega a creer que es una mujer y que esa mujer es su pareja. La tarde en que por fin terminé de corregir el cuento, salí a caminar para cambiar el aire. Era julio, sábado, hacía mucho frío y empezaba ya a atardecer. Por esos días yo buscaba un escritorio antiguo, así que fui hasta el negocio de compraventa de Antonio. No es un local, es más bien un predio con galerías semiabiertas que bordean todo el lote. Con frecuencia una se encuentra allí con verdaderas perlas que sobrevivieron a las garras de los anticuarios de modacuyos dueños suelen venirse hasta Adrogué a en busca de piezas bellas.
Ese día, como decía, buscaba un escritorio.
–Acompáñeme –me dijo Antonio.
Empezamos a internarnos en las galerías atiborradas de muebles, porcelanas, valijas, estantes con copas, sombreros y relojes antiguos. Bastante oscuro ya, caminábamos iluminados por lamparitas que desde los techos altos irradiaban una luz amarilla y bastante tenue. Es cierto, yo buscaba un escritorio pero me fui retrasando por el camino, atraída aquí y allá por algunos cuadros, una cocina económica, y tantas cosas que aparecían a medida que nos dirigíamos a la zona de los escritorios. Ya habíamos pasado dos o tres tramos de galerías cuando vi, a mi izquierda, sobre el ángulo de la pared, un maniquí con cuerpo de mujer sentada (o sentado) sobre una chiffonnier. Me detuve. Antonio había seguido caminando y estaba cada vez más lejos. Se dio vuelta y desde allá me gritó que avanzara. Después de unos minutos, Antonio se resignó y vino hacia mí. Me encontró mirando el maniquí.
–Y ahora qué pasa –preguntó.
El maniquí tenía los mismos ojos, el mismo pelo, la misma medida que la protagonista del cuento.
–¿Tanto lío por un maniquí?
–No, es que…
–¿Sabe lo que me pasó? –me preguntó él.
A veces se escriben cuentos de historias que sucedieron. Se toman los hechos y se los narra.
A veces no.
Lo mejor era irme en ese momento, antes de que Antonio me contara el cuento que yo acababa de escribir.
–Me la encontré en la calle, me dio tanta lástima dejarla ahí. Qué mujer, eh. Es muy linda. Cómo la iba a dejar en la calle, con este frío. Me la traje, le compré ropa, la vestí bien y ahora me acompaña todos los días en el trabajo.
Después él siguió caminando en dirección a la zona de los escritorios. Yo ya no pude seguirlo y preferí volver otro día.
–Pero por qué se va –me gritó él ya lejos–. Si es una linda historia.
A pesar de la temperatura, abrí la ventanilla del auto y dejé que entrara el aire frío.
Recién cuando bajé del auto reparé en el hecho de que el dueño de la compraventa y el personaje de mi relato tenían el mismo nombre.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/subnotas/185608-57409-2012-01-17.html






El lago*


He vuelto a ver el lago.

Después de tantos años no parece ya el mismo
aunque su forma exacta pueda ser la de entonces
y en la isla del centro perennes permanezcan
aquellos siete pinos, aquellos cuatro bancos,
testigos silenciosos de nuestra adolescencia.

He vuelto a ver el lago. También la pasarela,
las aguas estancadas, el césped, el paseo...
Todo igual y distinto.

Mas nada nuevo adorna este paisaje.

Tan solo son mis ojos, ayer quizá inocentes,
esperanzados, vírgenes... Hoy demasiado viejos.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
De Por si mañana no amanece
http://sergioborao2011.blogspot.com/





Era la novia de Osvaldo*


Era la novia de Osvaldo
rubia y bajita
Con él chapaba en el zaguán
y yo ahora la recreo en el diván
Me hice racinguista por influjo de su padre
y por ella

-que a veces
en mi florescencia
cómo me besaba-

onanista.


*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar




*
Inventren Próxima estación: Morea.
-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

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martes, enero 17, 2012

EN EL CAMPO DE LAS SEMILLAS...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




Trío*




Tres mujeres habitan mi cuerpo.
Una es bailarina.
Eleva los brazos, despliega sus manos,
quiebra su cintura, sigue el compás
y sonríe.
Otra es cocinera.
Ama las ollas, saltea blancas cebollas,
rojos tomates, verdes pimientos
y sonríe.
La tercera es abuela.
Goza acariciando manitas,
besa mofletes, engarza ojos con dulzura
y sonríe.
Las tres disputan un lugar.
Y mi cuerpo las cobija, las mima
y se sonríe.



*De Elsa Hufschmid. elsahuf@yahoo.com.ar








MIRANDITA*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar



El hombre flaco y moreno, sin una cana, que tengo frente a mí no es otro que el gran Lorenzo Miranda, crack en los campeonatos que ganaba El Jazmín o en las tenidas gloriosas de Huracán en los sesenta.

A “Mirandita” como todos lo recuerdan allá, puedo decir que lo conozco de toda la vida.

Era el único hijo varón –entre cinco mujeres- de don Arturo, un sufrido trabajador que se ingeniaba para darle de comer a su prole con el fruto de su quinta no muy holgada en tierra, pero que él, don Arturo hacía producir con esfuerzo e ingenio. Vivían en la calle que hoy se llama Pacto Federal, pero que yo llamo de Hugo Ruiz, frente al campo de la familia Terré, a quien Rogelio Compañy, al que llamaban “el gordo” compró esas ochenta hectáreas, con sus veinte inundables, que formaban esa mítica cañada tan visitada en busca de refrescante baño en verano y de pesca el año entero.

Según me cuenta, a él de chico lo único que le interesaba era jugar al fútbol, como a todos, pero él tenía una ventaja adicional porque al jugar tan bien no había quien no lo quisiera en su equipo.

El único que no estaba muy de acuerdo era su padre, que lo necesitaba para que lo ayude en su trabajo en la huerta, el precio que debía pagar por ser el único hijo varón provocaba esporádica rebeldía en Lorenzo quien tiraba la azada en el surco de tomate o maíz, donde estaba desmalezando y corría, raudo como el viento, con la conciencia de los cintazos que recibiría en su espalda cuando regresara, sudoroso y feliz. Ese precio debía pagar por su pasión futbolera, pero dice que lo hacía gustoso aunque ya sabía el desenlace de la historia.

Por sus recuerdos pasan todos los nombres de aquel tiempo remoto. Los muchachos humildes como él, también de familias que hicieron la historia del pueblo pero que hoy son recuerdo porque los horizontes en un pequeño pueblo de la pampa agraria no es lugar donde los jóvenes pueden abrirse camino. Y desgrana aquellos apellidos queridos por todos nosotros: Míguez, Balquinta, Escudero, Suárez, González, Sánchez, Contreras, Moreno, López, Montaldo y tantos otros que dejan en uno como unta estela agridulce en aquellas mañanas que hoy esconden las niebla o el fino polvillo que como una delicada cortina separa aquel pasado de nosotros, que no nos hace más infelices, al contrario, porque hoy somos lo que somos gracias a aquellos años de carencias materiales pero de grandes sueños que nos hicieron rodar por el mundo.

Lorenzo elige algunas anécdotas, como la que vivió con el inefable Armando Grillo, al que llamábamos ”El Negro” , un huracanista, fervoroso con quien compartí alguna vez la misma división del “Globo rojiblanco”.

Según “Mirandita” eran vecinos y muy compinches.

En las tardes de siestas calcinantes, iban con sus aparejos de pesca en los cañadones vecinos, y ya en el lugar elegido cortaban una cantidad de juncos con la cual armaban unas balsas individuales, se desnudaban y hacían un atadito con la ropa que aseguraban, junto a las alpargatas, con el cinto. Dejaban todo en la orilla y en estos improvisados flotadores, sin hacer ningún ruido, podían pescar –según la suerte- gran cantidad de mojarritas que irían a saltar la sartén en la fritanga nocturna.

De pronto divisaron cuatro jinetes que fueron aproximándose hacia donde ellos estaban, protegidos por espadañas y juncos, tal vez no los veían pero hacía ellos iban., y se metieron en el agua con el consiguiente estrépito y entonces huyeron .Pararon a descansar un poco cuando llegaron a una tranquera. Armando Grillo venía desnudo, los caballos habían pisoteado el lugar donde había dejado su ropa.

Esperaron hasta que oscureciera para entrar por la calle ancha de los Terré y Lorenzo pudo esconder a su amigo en un galpón donde su padre tenía su depósito de legumbres y hortalizas diversas, se cruzó hasta su casa y le proveyó de ropa al Negro que estaba escondido entre unas bolsas de papas.

Al otro día, su madre cruzó la calle con la ropa y unas alpargatas viejas, que salvaron a su hijo del bochorno si algún vecino lo hubiera visto.

Yo imagino la escena, en ese atardecer calmo del campo cuando ya las aves acuáticas se irían recluyendo en el sueño, y esos chicos pasando en silencio para no ser delatados por el fuego reptante el crepúsculo y antes que las luces de las esquinas se encendieran, para que luego pasaran muchas décadas y en una ciudad con cuarenta grados, él, Lorenzo Miranda recordara esta anécdota que me regala sacada del colchón de ceniza de su viva memoria.







*


En el campo de las semillas
Nuestros cuerpos se entremezclan
Como una mierda inmunda,
Vomitada por los autos.


En el campo de las semillas
Esta puta vida adquiere valor comercial,
Y con él obtiene un pendejo sentido:
Y dormimos tranquilos
De haberlo por fin hallado.


En el campo de las semillas
Hasta el Sol hace sus mamadas,
Y ayuda a que el concreto
Cumpla su amenaza de un secado rápido.


En el campo de las semillas,
Las pendejas semillas han sido olvidadas
Y germinan entre el dulce aroma del agua,
Nomás por pura jodedera.


En el campo de las semillas
Llueve a lo pendejo la gracia de dios,
Para los malditos cobardes
Que corremos a refugiar nuestros anhelos
Mirando el televisor,
O en nuestras estupidizantes redes sociales.


En el campo de las semillas,
Desalojaron y encarcelaron hace tiempo a las semillas.
Y ahora puede admirarse una linda chingadera,
Que nadie sabe para qué carajo nos sirve.


*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com








UNO ENTRE 7.000 MILLONES*


(Meditaciones en momentos personales de transición existencial)


*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar47@rocketmail.com
http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/


Somos partidarios de los preámbulos y desde ya adelantamos que nos esforzaremos en esta comunicación para expresarnos en tercera persona. Nos sentimos más cómodos expresándonos así que haciéndolo en primera persona. Deliberadamente transitaremos por lo autobiográfico y lo testimonial. Mezclaremos con todo lo que nuestra capacidad expresiva por escrito lo permite, lo que venimos aprendiendo a lo largo de nuestra existencia consciente, cuyos primeros recuerdos se remontan a mediados de 1951.
Dicen que uno de los momentos traumáticos de la vida de una persona (agregamos nosotros de una persona inserta en las formalidades de la cultura occidental o euroamericana) es el momento de la jubilación o salida de esa convención denominada "Población económicamente activa" (P.E.A.).
Nos apresuramos a consignar, que dadas las estructurales razones de desempleo no está tan generalizada ese tipo de vivencia traumática. Quieren las circunstancias que nos encontremos dentro de esa situación de traumático privilegio. Y desde esa atalaya, reiteramos privilegiada, es que nos
proponemos compartir estos contenidos, los que irán siendo actualizados, a medida que los vayamos desarrollando, ya que en este verano austral de 2012 del calendario gregoriano, contamos con las habilidades que nos permiten hacer uso creativo de las por ahora denominadas "Tecnologías de la
información y la comunicación" (TICs); herramientas que venimos frecuentando con intensidad y entusiasmo desde hace casi dos décadas.
Sería farragoso y hasta injusto, señalar como fuimos acumulando los contenidos que pretendemos compartir.
"Todo el mundo es escuela", escribió alguna vez José Hernández. Y ello sirva para poner en un mismo plano lo aprendido sistemáticamente como lo aprendido asistemáticamente. Y además para no cometer injusticias: respecto a un determinado nivel de instrucción (Pudimos completarlos casi todos); a una
determinada materia o asignatura o a un determinado docente.
Ingresamos al sistema laboral formal a principios de noviembre de 1968, y salvo una pausa de seis meses en 1976, hemos permanecido en dicho sistema hasta estos momentos, en que hemos llegado los prolegómenos de nuestra jubilación.
Nuestra carga de trabajo ha sido en gran parte en el servicio público y complementariamente en la docencia. Nuestra permanencia en los cuadros de la Administración Pública Nacional (federal) argentina ha constituido una oportunidad de aprendizaje que hemos procurado no desaprovechar. A fuerza de ser sinceros debemos consignar que ha sido poco lo que hemos podido aplicar de ese manantial de información en el mismo servicio público que nos lo posibilitó. De todos modos hemos podido compartir ese aprendizaje tanto en la docencia como en la comunicación escrita sea en medios impresos sea en la
Internet. Y deseamos consignar que la actividad comunicacional la hemos venido desarrollando a nivel de voluntariado.
La posibilidad de acceder a información actualizada, nos ha permitido resignificar y reinterpretar permanentemente las vivencias y los aprendizajes previos. Ello se nos ha hecho más patente, respecto a nuestra infancia y adolescencia. La acumulación de conocimientos nos ha permitido dicha resignificación y reinterpretación de vivencias, que acorde quienes nos vienen tratando, parecieran ser muestras de un singular nivel de recordación o remembranza. ( A bordo del "Atlantic II", 2 de enero de 2012).
Allá por nuestro primer año de la secundaria (1960), aprendimos aquello que "el orden de los factores no altera el producto". Principio matemático, que cuadra para el orden de presentación de nuestro discurso.
Hernán Benítez, en su "Aristocracia frente a la Revolución", de 1953, nos anotició que según la concepción de hombre que se tenga, será la concepción de sociedad y Estado correspondiente. Con el paso del tiempo, sobre la base de varias definiciones encontradas a lo largo del camino y debidamente
ponderadas, tenemos (ya asumida la cuestión de "genero"), que es la siguiente noción: Persona: es un animal lógico que se comunica cooperando u hostilizando para satisfacer sus necesidades inserta en su geocultura. Como toda conceptualización se la podrá compartir total o parcialmente, mas es la que manejamos como ingrediente de lo que aspiramos comunicar.
Hacia febrero de 1977, comenzamos a formular comunicaciones escritas. Desde entonces nos hemos preocupado por que los títulos de las mismas, de algún modo condensen o sinteticen los contenidos de las respectivas comunicaciones. Ello es aplicable a lo que pretendemos comunicar en este mensaje. La imaginada alegoría de un planeta unido de algún modo, cuyos atisbos se pueden rastrear en la obra del mallorquín Ramon Llull, hacia fines del Siglo Catorce, pareciera haberse inmiscuido en nuestra
cotidianeidad, a través de los múltiples y dinámicos desarrollos de las mencionadas TICs. El penúltimo capítulo ha sido la Internet y el actual sería el de la telefonía celular. Las Tics, cuya dinámica no se detiene y hasta resulta casi inimaginable sus futuras aplicaciones, constituyen una suerte de alegoría de la indistintamente denominada globalización o mundialización.
Con la perspectiva del tiempo, nos producen admiración aquellos anuncios que leíamos décadas atrás, donde uno podía hasta conjeturar que se estaba ante elaboraciones de personas con imaginación muy frondosa. Y era cierto, nomas lo que nos iban anticipando. Es más, lo que nos parecían alegorías eran más que eso. Esas percepciones, nos han llevado a modificar nuestra disposición a comunicaciones de ese tipo, y asumirlas como anticipaciones o pródromos que tiempos futuros cuya llegada se acelera. Ese dinámico frenesí, que resulta imposible procesar individualmente, y aun grupalmente, no nos hace perder de vista, una característica que hemos venido aprendiendo simultáneamente con las situaciones cambiantes caracterizadas por la velocidad creciente y la traumaticidad también creciente. Nos referimos a las invariantes de la condición humana. La globalización implementada por las Tics, genera realimentación permanente: de lo que cambia y de lo que permanece. Parece un lugar común aquello que lo moderno confirma lo clásico, refiriéndose que el pensamiento científico mas actualizado no hace más que
confirmar lo manifestado por las autores clásicos de la antigüedad, sea occidental u oriental.
Las TICs comportan la convergencia de por lo menos tres ingredientes: a) Altas velocidades de cálculo( se las denomina teraflops), ingente capacidad de almacenamiento (se las denomina terabyts) y velocidades de transmisión de la información a velocidades aproximadas a la de la luz (300.000 kilómetros por segundo ).
Como lo sosteníamos más arriba, es sumamente complejo interpretar todas las implicancias de estos fenómenos, que reiteramos se inmiscuyen en nuestras cotidianeidades. Ya hacia los finales de los setenta se sostenía que se habían globalizado los problemas y las soluciones. Y como que somos los humanos creadores de cultura, estamos condicionados con lo que nos legaron los que nos precedieron en nuestras respectivas parábolas vitales. El desarrollo científico nos entrega constantemente nuevos desarrollos. Tal vez la etapa que cubrió la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría (1939/1989), impidió por un lado que los descubrimientos de la nueva física, bajaran a nuestras cotidianeidades, pero paradojalmente ese traumático período (un capitulo histórico de la sempiterna lucha por la
preeminencia), incentivó por necesidades bélicas esos desarrollos y lo ensayado bélicamente, comenzaría a tener aplicación comercial cuando la paz.
Mencionamos a la sempiterna lucha por la preeminencia.
En la globalización una de las dimensiones de esa sempiterna lucha se da entre la dinámica globalizadora y las respuestas locales ante esas dinámicas, que no pasan precisamente por la aceptación acrítica de lo que pretende la dinámica globalizadora. Es obvio que no hay asepsia ideológica en la dinámica globalizadora, como en las dinámicas locales. De todos modos pareciera que hay un sesgo homogeneizador en lo global y un sesgo de diversificación en las réplicas o respuestas locales.
Alguien ha acuñado la noción de "glocalización" para significar una suerte de equilibrio entre ambos polos. Somos de la opinión que no es más que una expresión de deseos
Tampoco nosotros somos neutrales en esta disputa. Creemos que no se puede serlo. Apostamos al énfasis en lo local con asimilación crítica de lo global, lo que comporta la búsqueda de alternativas de democratización de las instancias globalizadoras. Aunque se propuso institucionalizar la globalización en un sistema cooperativo de gobierno mundial, los desarrollos concretos insinúan mas un gobierno estilo sociedad anónima con accionistas mayoritarios que hacen prevalecer su voluntad.
( 3 de enero de 2012).


Lo que intentamos comunicar, es acerca como uno se viene relacionado con los entornos inmediatos. A ello nos referimos cuando hablamos de la cotidianeidad.. Sería algo así como un matiz de nuestro posicionamiento en "lo local". El "día a día" de cada persona que viene habitando el planeta, se va desarrollando en aquellos espacios físicos concretos donde cada uno sin solución de continuidad ama, trabaja, juega, litiga, contamina y depreda ( acorde a la enumeración que alguna vez leímos en Eugenio Peccei.). La cotidianeidad nos acerca a lo autobiográfico."Pinta tu aldea y serás universal" (escribió Tolstoi). Rodolfo Kusch, sostenía que la característica de los sectores de algún modo reluctantes a la cultura euroamericana, eran la "fagocitación", el silencio y la negación. En uno de sus trabajos (hoy
felizmente disponibles en sus obras competas) Kusch afirmaba que el pueblo no sabrá lo que quiere, pero sabe bien lo que NO quiere.
Y al ser recurrentes a la temática TICs y al pensamiento de Kusch, no estamos postulando una importancia determinante al tema , ni un encuadramiento regido en las categorías de ese pensador. En plena euforia del materialismo que caracterizó a ese largo siglo que va desde la Revolución Francesa hasta el estallido de la Segunda Guerra mundial, una voces contestatarias como la de aquel Campoamor espetaba : "En mundo este traidor/Nada es verdad ni mentira/ Todo es según el color del cristal con
que se mira".
Pocos años antes José Hernández escribía en su "Vuelta del Martin Fierro", que "Hasta el pelo más delgado/hace su sombra en el suelo". Concepto que encontramos muy próximo a lo que sostuvo Einstein en el sentido que "La más pequeña gota de rocío caída desde el pétalo de una rosa al suelo, repercute
en la estrella más lejana".
Va de suyo que todo esto hace, a lo que algunos llaman el marco teórico, desde donde uno se posiciona, desde su respectivo lugar en el mundo, y decide en consecuencia. En cuantos animales lógicos, los seres humanos somos categorizadores y conceptualizadores. Francisco Romero decía que el "percibir objetos" era el fundamento de lo humano. No nos parece que haya grandes coincidencias entre postulados como el de Kusch, con el alineamiento de Romero con la cultura euroamericana (tal como gustaba etiquetar a
Herkowitz a la cultura occidental, a la que otros etiquetan como judeo cristiana).
Las distinciones, discriminaciones y discernimientos, son una constante en medio de la cual discurren nuestras respectivas cotidianeidades. Aunque a veces diera la impresión de lo contrario hay sutiles vasos comunicantes entre las formulaciones de los académicos y la vida de la gente, que no lo es, y que es la amplia mayoría. Nos daría la impresión que esos vínculos son asincrónicos. Es decir que la gente asimila las elaboraciones intelectuales mucho después de su emisión. A esto Wilfredo Pareto, le llamaba la "persistencia de los agregados". Y André Marshal aludía a los "vestigios" del pasado que existen en cada situación conviviendo con los "pródromos" o anticipos de lo que vendrá. Un permanente escenario de cambios y persistencias.
( 5 de enero de 2012).

Es nuestra opinión la de hacer necesarios puntos de partida para comunicar impresiones. Así, noa parece que podemos apoyamos en la reciente información acerca de que somos alrededor de siete mil millones los tripulantes de la nave Tierra. Desde nuestro lugar actual en el mundo, el área metropolitana de Buenos Aires, lo primero que se nos ocurre manifestar es que la República Argentina, según el más reciente Censo, alberga poco mas de 40 millones de habitantes. Desde allí uno escala, al comentario de las más altas autoridades argentinas en el sentido que el país, la sección del planeta, donde hemos nacido y venimos viviendo hasta el momento tiene una capacidad para producir alimentos para cuatrocientos millones de habitantes.
Consideramos que la crisis del dólar de 1972, la Conferencia de Medio Ambiente de Estocolmo de ese mismo año, y la crisis petrolera del año siguiente, fueron evidencias palmarias en el sentido que el planeta había entrado en una triple crisis energética, ecológica y alimentaria, tal como expresara la Carta de Machu Picchu de 1977.
Más arriba nos hemos referido a algunas periodizaciones como la del largo siglo transcurrido desde la Revolución Francesa al estallido de la guerra del 14; la del periodo transcurrido entre el comienzo de la guerra Mundial en 1939 y la caída del muro de Berlín en 1989. Podríamos hacer otras periodizaciones, o mencionar otros puntos de partida. Hay para todos los gustos.
Si algo hemos aprendido en nuestra ya dilatada parábola existencial, es que el arco de comportamientos humanos es amplio, pero no infinito (según Herkowitz).
También hemos aprendido que cada uno, dispuesto a estudiar y a comunicar, resulta poco novedoso, porque a poco que uno comienza a profundizar en cualquier tema, detecta que ya ha habido alguien antes que se había ocupado del mismo. Muchas veces acontece que uno no se entera, porque resulta imposible para un ser humano, aun con todas las facilidades respectivas, enterarse de todo lo que se ha dicho y hecho sobre un tema especifico.
Sea cual sea el punto de partida asumido y el bagaje de conocimientos con que se cuente, lo cierto es que estamos ante un traumático presente, del que inexorablemente participaremos activa o pasivamente. Al respecto, hemos abrevado del uruguayo VAZ FERREYRA en su Fermentario, una suerte de tipología que encuadra a los seres humanos en "almas liberales y en "almas tutelares. Estas últimas necesitadas de controlar o ser controladas, y las primeras sin esas necesidades.
Sin perjuicio de considerar una alternativa de mínima, ese potencial argentino para la producción de alimentos, no podemos dejar de cotejarlo, con estudios que afirman, demostrativos de la crisis alimentaria señalada, que la capacidad para alimentar en forma adecuada que tiene la Tierra es de
poco más de tres mil millones de habitantes. Tomando con pinzas (cum granu salis), estas apreciaciones, va de suyo que estamos ante delicados problemas, agravados por los efectos del cambio climático, que todo indica es de origen antrópico. Es decir generado por comportamientos humanos.
( 6 de enero de 2012).


No es descabellado conjeturar que lo que se ha desencadenado con epicentro en Wall Street hacia fines de 2008, no es más que una consecuencia de la triple crisis, arriba apuntada,y la que alguien agrego un cuarto ingrediente crítico: lo cosmovisional.
En realidad esta crisis cosmovisional, no es algo circunstancial sino algo endémico o estructural. Es por ello que Gaetano MOSCA, hablaba de "formula política" y Georges Bourdeau de "ideé de droit". Es decir que a la sempiterna lucha por el poder o la preeminencia protagonizada por las personas de vocación política o de poder, se catalizan cuando las concepciones son antagónicas. En el antagonismo entre la civilización euroamericana y las etnoculturas, llamadas "arcaicas" por otro uruguayo,
FLORES MORADOR, subyace esta crisis, más bien constante de antagonismo cosmovisional. En los últimos años se la ha denominado "Choque de Civilizaciones". Pero esto no es nuevo. Cada uno puede poner su punto de partida. Alejandro Magno, puede ser tomado como un punto de referencia al
respecto.
Atento esta es una comunicación elaborada con herramientas informáticas y para ser difundida telemáticamente (mas allá que alguno que tenga muy incorporado el invento de Gutenberg, desee imprimirlo...), haremos empleo de la noción de bucle o looping, para significar que nos comunicamos en forma no lineal haciendo uso de la recursividad.
En fecha relativamente reciente incorporamos a nuestro "holon" la noción de "sesgo heurístico", algo emparentada con la que ya contábamos de "deformación profesional". Se nos ocurre pensar que los conceptos que venimos incorporando provenientes de las distintas escuelas de la Antropología Cultural o Etnología y el Folklore, nos posibilitan categorizaciones y conceptualizaciones, de índole diferente a quienes no estén influenciados por contenidos de esa procedencia. Más esto no inhibe, teniendo en cuenta la noción de "holon", que esos conceptos se hayan subsumido en las previas y concomitantes nociones adquiridas por el estudio o la vivencia.
Cabe acotar que la noción de "holon" la hemos tomado de Bill ELLIS, a través de su sitio Autolearning Comunities. A Ellis hemos llegado a través de los puentes tendidos telemáticamente y con mucha generosidad por el ya mencionado FLORES MORADOR y por la emprendedora "Pachita "AUSTERLITZ, argentina, por estos tiempos, radicada, en Santa Cruz, California.
Según ELLIS, un seguidor heterodoxo de también heterodoxo Ivan ILLICH, y tomando en cuenta los estudios de las neurociencias y las ciencias cognitivas (particularmente los del premio "Nobel" Roger SPERRY), alude con el termino holon a la mente. Y dice que esta va asimilando todo lo que va conociendo y que cada conocimiento se incorpora al previo y lo modifica.
Va de suyo que este proceso es permanente en la vida de cada persona. Aunque superficial, se percibe que con estos supuestos aquel dicho popular, al menos en el lugar desde donde desarrollamos hasta ahora nuestra parábola vital, "me entra por un oído y me sale por el otro", queda invalidado científicamente. Esa invalidación no impide que siga formando parte de las creencias populares, que son las que dan soporte a la cotidianeidad de las personas.
Quienes nos abocamos al trabajo intelectual, dedicando una parte significativa de nuestro tiempo, no deberíamos soslayar que el permanente estudio o investigación, suele alejar de las modalidades de vida de la gente, que no está dedicada al trabajo intelectual.
Estos no lleva a ser, sin dejar de ser críticos, menos exigentes y mas indulgentes, con quienes dicho sea de paso son la inmensa mayoría de las personas.
Los micromundos suelen conducir al encapsulamiento o al ensimismamiento.
Vinculado con la reflexión formulada precedentemente, está una impresión, que forma parte de nuestra preocupaciones y perplejidades.
Nos da la impresión (reiteramos en termino "impresión", para poner en evidencia el sentido que asignamos al mismo), que al menos en nuestro entorno vital, es muy viscosa y densa la circulación de las ideas desde los círculos intelectuales al sistema educativo formal y también a las instituciones formales particularmente las burocracias gubernamentales.
Acabamos de deslizar el término "burocracia" y sobre el volveremos, atento tiene que ver y entendemos que demasiado con esta "impresión".
Venimos dedicando una cuota significativa de nuestro trabajo intelectual, al estudio de antecedentes de los temas que despiertan nuestro interés (los mismos, para no ser redundantes, se los puede buscar en la Red- mediante algún "search engine"- escribiendo nuestro nombre y apellido completos).
Esos antecedentes se refieren a temas vinculados a la Argentina, los que nos han inducido a extender búsquedas sobre los temas afines más allá de los límites argentinos. En cada uno de los sectores que venimos estudiando, se nota que se disponía de las elaboraciones y propuestas, de temas que parecieran haber sido neutralizados por las burocracias educativas consideradas parte de la burocracia gubernamental. Uno podría arriesgar que en realidad los neutralizadores eran los criterios sustentados por quienes dominaban directa o indirectamente a esas burocracias. No creemos que esta sea una característica argentina. Tal vez sea extrapolable a los países formados sobre la base de las colonias españolas en América. Habría que determinar en qué grado es extrapolable a Brasil, que previamente fue colonia Portuguesa.
Compartimos el concepto que alguna vez leímos en Ernst ENGEL, en el sentido que: "la historia es reinterpretable en cuanto sus consecuencias se proyecten al presente". Entendemos que este concepto resulta muy fecundo a la hora de comprender la fluencia o flujo vital latinoamericano.
El proceso de separación o emancipación de las colonias españolas en América, se dio como un fenómeno único para su época, y estuvo precedido por todo lo suscitado por los colonizadores, con particular protagonismo de la Iglesia Católica Apostólica Romana, desde que Colon, llegó a estas tierras.
En términos etnológicos y folklóricos, los procesos socioculturales resultantes del entrecruzamiento de los españoles, los esclavos negros africanos y las etnias preexistentes, serian el rasero común a estos
procesos, imbuidos de los conceptos plasmados en acontecimientos como la Revolución Industrial Inglesa, la Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. A la tensión implícita en el relacionamiento traumático entre españoles, esclavos negros y etnias aborígenes, se adicionarían el
criterio de imponer criterios, que pretendian introducir la "civilización", en medio de la "barbarie" y el "coloniaje".
Ese era el marco ideológico de personajes como Belgrano, Rivadavia, Sarmiento y Alberdi, y los que pensaban como ellos. Eso se replica en las otras ex colonias que se emanciparon. Y va de suyo las influencias mutuas de personajes como los mencionados a titulo meramente indicativo.
Esa es la dinámica sobre la cual hemos asomado a la existencia y con ese soporte sociocultural, venimos procesando desde nuestras cotidianeidades, en un tiempo signado por la irrupción también traumática de las TICS, la que en una primera aproximación permite ser más consciente de las cuatro crisis arriba apuntadas y a partir de ese "darse cuenta", barruntar como se procesan - somos reiterativos - nuestras respectivas cotidianeidades".
(7 de enero de 2012).


Y solo podemos comunicarnos desde esas nuestras cotidianeidades, en contrapunto con algo que nos permita diferenciarnos y identificarnos.
Via Alfons CORNELLAS, un intelectual catalán del que mucho venimos aprendiendo, receptamos la siguiente noción: "los conocimientos de una persona son el conjunto de distribuciones de probabilidades que reflejan su visión del mundo".
Admitimos que nuestra formación ha tenido algunos sesgos muy peculiares.
Anoticiados mas que otros en nuestros estudios universitarios, sobre el tema de las Relaciones Internacionales, diplomacia y yerbas anexas, tuvimos a lo largo de nuestra trayectoria en el servicio público, la posibilidad de tener experiencias concretas en este tema. El sólo poder participar en las
negociaciones conducentes a la concreción de convenios internacionales, es una vivencia muy didáctica. Tuvimos incluso la posibilidad de compartir esas vivencias en nuestro tramo final en la docencia superior.
Es tal vez por esas peculiares vivencias, que visualizamos como el polo a establecer contrapuntos con nuestras cotidianidad (situada en al area metropolitana de Buenos aires, banda occidental del Rio de la Plata) al polo del por ahora G - 8, que encarna la concentración del poder en esta globalización asimétrica e inequitativa.
Si bien el G-7, se creó en 1975, cuando la "Guerra Fria" estaba lejos de concluir, recién cobraría impulso luego de la "implosión" de la Unión Sovietica en 1989, anticipada por la "perestroika" y la "gladnost" de 1985.
Ya nos habíamos referido al impacto de la Conferencia de Medio Ambiente de 1972. Veinte años después se celebro la Eco 92, en Rio de Janeiro y allí se aprobó la "Agenda XXI", en nuestra opinión una suerte de Constitución de un nuevo orden mundial ambiental" que se iría incorporando a la legislación de los países.
En ese evento, se hizo paralelamente una "contracumbre", modalidad que se iría generalizando en adelante,en ese tipo de reuniones.
Teniendo como referencia la Agenda XXI, empezamos a prestar atención a los contenidos que habría de ir produciendo el G- 7, al que se habría de incorporar la Federación Rusa. Profundizamos ese aprendizaje a partir de la reunión de Okiwawa en 2000, que fue prolegómeno de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas,la que aprobó el documento "Nosotros los pueblos", y fijó "Objetivos del Milenio".
En estos pronunciamientos, se advierte que se van desplegando, los espacios contemplados por la Carta de las Naciones Unidas de 1945, los que habían sido neutralizados por la "guerra Fria". A este ingrediente político no puede dejar de agregársele el rol catalizador de las TICs.
Para no extendernos innecesariamente,resulta ostensible que el sistema que culmina en la Organizacion de las Naciones Unidas, va constituyendo una suerte de gobierno Mundial indirecto, donde priman los criterios del G-8 y donde comienzan a insinuarse también la influencia de China (que ya formaba
parte del singular consejo de seguridad de las Naciones Unidas), la India. Brasil y Sudafrica. Como se sabe China y la India son los dos países con mas población en el planeta y atraviesan acelerados procesos de crecimiento económico y tecnológico. A la fecha de redacción de esta comunicación, Brasil esta rankeado como la sexta potencia económica del mundo. Presentamos este panorama- que a veces nos parece es poco reconocido por la dirigencia y los intelectuales de nuestro habitat- porque entendemos que es el que mejor nos permite desarrollar nuestras respectivas personalidades desde las geoculturas donde estamos insertos: el vínculo entre nuestro barrio y nuestro planeta. Una dialéctica en la que si no participamos activamente, lo haremos pasivamente aun involuntariamente. (10 de enero de 2012)
Se viene hablando de la trasnformación del concepto de Estado, en cuanto a la forma organizativa que se han venido dando las distintas sociedades a partir de lo que se conoce como "la paz de Westfalia". Es más, actualmente se habla del "postwesfalianismo". Se trata de procesos muy lentos, que superan los ciclos vitales promedio de las personas. Así las cosas pareciera que esta mutación comenzó al finalizar de Primera Guerra Mundial, donde algunos autores empezaron a referirse a la "Decadencia de Occidente".
Recordamos haber leído un trabajo de Sampay, de 1945, titulado "la crisis del Estado de derecho liberal - burgués". También recordamos cuando en ocasión de la invasión soviética a Praga en 1968, el premier soviético, se refirió a la "soberanía limitada".
Si bien el proceso se aceleró al finalizar la Guerra Fría ( y a ello contribuyo la liberación de las TICs, desarrolladas como efecto de la mencionada contienda), lo cierto es que a medida que se iban desarrollando las instituciones vinculadas en distinto grado en el sistema de las Naciones Unidas, las políticas públicas de los Estados miembros,fueron en forma paulatina homogeneizándose a nivel conceptual,independientemente de carácter de los regímenes políticos imperantes en los países miembros. Es obvio que esto iba siendo aplicado al sistema institucional argentino,que padeció de
turbulencias múltiples y variadas entre 1930 y 1983.
Hay una suerte de coincidencia en el tiempo, con los prolegómenos del final de la "Guerra fría" y la restauración del estado de Derecho en la Argentina.
Esta suerte de homogeneización de las políticas publicas, es posible en la Argentina, por cuanto la ratificación de los tratados internacionales por el Congreso ( o los que se hicieron en las etapas de facto), otorgan jerarquía superior a estos tratados respecto a las leyes comunes. En la Convención
Nacional Constituyente de 1994, se disiparon las dudas al respecto.
No es temerario sostener que el sistema jurídico argentino y el sistema de gobierno están "acoplado" al gobierno mundial cada vez mas real y menos virtual de las Naciones Unidas. No debiera soslayarse que esta situación es legitimada en la medida que es ratificada por los legítimos representantes del pueblo.
Hay dos elementos que son previos a este proceso de homogeneización de las políticas publicas en otras palabras una dimensión de la globalización.
Un elemento es el accionar de las empresas trasnacionales y el otro es la influencia de la producción cinematográfica y televisiva norteamericana.
Respecto a este ultimo elemento resulta notoria la influencia que han venido teniendo los contenidos de las producciones cinematográficas primero y televisivas luego de origen estadounidense en cuanto irradiadores del llamado "American Way of life". En Argentina, esta influencia viene siendo muy ostensible en la llamada "clase media argentina" . En realidad pareciera ser una continuación de la permeabilidad de esta franja de la poblacion argentina a las pautas de moda, consumo y arte parisinos y londinenses.
Esta franja (estigmatizada muy acervamente por Jauretche en su libro "El Medio Pelo" y con menor ímpetu, por Kusch en su "Indios, porteños y dioses") está conformada mayormente por descendientes de la migración europea que vino a la Argentina en las cuatro ultimas décadas del siglo 19 y las dos primeras del 20, y un aporte final hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. Esa migración y sus descendencias adhirieron con las excepciones de caso en forma acrítica a los esquemas occidentalizantes promovidos por Sarmiento, Alberdi y sus seguidores. Esa franja se fue haciendo cargo de la operación de las instituciones formales publicas y privadas (el caso mas patente es el de las maestras) y ha tenido gran influencia para constituirse en el grupo de referencia para el resto de la población argentina , de
idiosincracia indoamericana ( con aportes africanos) algo invisibilizada que siempre fue mayoritaria en el país.
El otro elemento, cuya influencia se aceleraría a partir de la Administración Frondizi en 1958, fue el quehacer de las empresas trasnacionales, cuyas matrices se encontraban en forma mayoritaria en los Estados Unidos y minoritariamente en algunos países de la entonces Europa Occidental.
Entre la finalización de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión del 30, empezó a operarse el repliegue de los intereses ingleses en el mundo y también en la Argentina, donde es conocida su influencia. Paulatinamente la influencia inglesa fue reemplazada por Estados Unidos y sus industrias de
punta, particularmente la automotriz. A ese proceso no escapó en la Argentina, haciéndose muy traumático el reemplazo de la estructura ferro portuaria instalada por los ingleses, por el complejo automotor/camino pavimentado de impronta norteamericana.Pero la influencia creciente de las
empresas trasnacionales no se limitó al emblemático caso de la industria automotriz, sino a todos los sectores de la economía. Así, ya hacia mediados de los 70 , e inmersos en las turbulencia institucional, eran muy pocos los sectores de la economía argentina que no estaban controlados por empresas
trasnacionales. Solo restaban las grandes empresas de propiedad estatal, las que serian extranjerizadas a partir de la década del noventa.
Extranjerización que vale acotar fue implementada en el marco del estado de derecho. Estado de derecho que mantinene aún en vigencia el régimen de trato al capital extranjero que sancionó el gobierno de facto en 1980, en sustitución del régimen que al respecto había establecido en Congreso de la
Nación en 1973.
En síntesis que desde nuestras respectivas cotidianeidades, tenemos que procesar un estado de cosas signado por: la mundalización de las políticas públicas, por la trasnacionalizacion de la economía y por la fuerte influencia cultural del "american way of life" o alternativas tambien occidentalizantes de los sectores medios. Todo ello bajo la influencia crecientemente acelerada por las permanentes actualizaciones de las TICs, sobre cuya influencia somos reiterativos en señalar.
( 11 de enero de 2012).


La globalización, somos reiterativos en recordarlo, comporta una vinculación inevitable entre nuestras respectivas cotidianeidades y esos esquemas aparentemente todopoderosos que culminan formalmente en el sistema de las Naciones Unidas, conducidos por los aparatos formales del G - 8.
Mas como ya lo dijo HERNANDEZ: "Hasta el pelo mas delgado hace su sombra en el suelo".
Alguien ha sostenido en los últimos tiempos, y lo compartió en el cyberespacio,acerca que: "lo real es un océano de campos energéticos, interactuando aparentemente caóticamente".
Otro, por el mismo medio ha intentado caracterizar a un ser vivo ( ya que encuentra dificultoso definir a la vida), como " un fragmento de materia, que tiende a mantener su propia complejidad, independiente de la incertidumbre del entorno". Emparentado también por los diversos intentos de tender puentes entre los hallazgos de la física cuántica con las humanidades, está la sugerencia de la norteamericana Kilpatrick, de considerar como una buena referencia para internarse en estos tiempos caóticos, la lectura del libro "Jurassik Park", de Crichton, de 1993. Hemos leído en "Caos y creatividad
Cultural" de la venezolana Holanda Castro, en el sentido que la alegoría de estos tiempos es la "nube" y sus formas cambiantes e imprevisibles, en reemplazo de la alegoría del "reloj", que aun representa las estructuras y las mentalidades instaladas por el mecanicismo que con tanta contundencia pareció imponerse como una suerte de ideología única en el largo siglo, transcurrido entre 1789 y 1914. La alegoría de la nube no es de autoría de Castro, como luego lo hemos comprobado, pero nos llego a través
de su obra.
Como una síntesis provisional, como cuadra a estos tiempos, entendemos que el flujo o la fluencia vital de nuestras cotidianeidades, irrepetibles por donde se las quiera considerar, es un amasijo de: diversidad. complejidad, contradicción , incertidumbre, imprecisión y descontrol. Ante ese panorama, vamos concluyendo, también en forma precaria, que tan solo se pueden esbozar réplicas o respuestas dúctiles, flexibles, vivaces, maleables, plásticas y elásticas. Y esa aptitud de replica o respuesta darla desde
nuestras geoculturas , lo que comporta darlas desde nuestra edad. En otras palabras , y tomando como referencia superficial, el publicitado esquema "FODA", poner a prueba nuestras debilidades y nuestras fortalezas ante los desafios y las oportunidades de ese entorno aparentemente caótico.
(13 de enero de 2012).

Asumida la recursividad como recurso expresivo, recordamos que JUNG supo decir que "No se puede encerrar la vida en formula alguna".
Cuando aludimos a la cotidianeidad aludimos a la nuestra.
Con nuestra trayectoria inserta en nuestra geocultura.
Parece una obviedad pero aveces las obviedades y las perogrulladas encierran grandes cuotas de verdad, que quedan al margen a la hora de las siempre interesadas y sesgadas conceptualizaciones, teorizaciones y modelizaciones.
Lo mas grave es que a menudo se confunde el modelo o la teoria con el flujo o fluencia vital, de la que esos modelos o teorías son herramientas de interpretación. Aquí reasoma nuestro cuestionamiento a los sistemas educativos formales. Tenemos una impresión afianzada a lo largo del tiempo, en el sentido que hay como una depotenciación (al estilo de la reducción de los engranajes de los motores y sus respectivas lineas de transmisión), desde las formulaciones de los intelectuales, o sus reformulaciones, y las "bajadas" a los sistemas educativos formales. A medida que se desciende, la depotenciación se acentúa; se desactualiza y se convierte en una rutina.
Uno podría decir que esta describiendo una de las visualizaciones concretas de uno de los males estructurales de nuestro tiempo cual es la burocratización.
El racionalismo , creyó que el concepto de organización, un símil del reloj, digamos de los mecanismos, seria la solución a la irracionalidad. Por eso se habló de racionalización.
Las organizaciones en la realidad terminan como burocracias, que se encapsulan y sirven a quienes se apoderan de sus puestos formales de mando.
Y cumplen su función mas que por alcanzar sus objetivos para justificar su subsistencia. Parkinson, es solo una referencia de la pléyade de los que fundamentan esta postura. Las otras tres endemias,que pareciera también forman parte de las posibilidades humanas, son los monopolios, los caprichos y el consumismo. En otras palabras: los comportamientos burocráticos, los comportamientos monopólicos, los comportamientos caprichosos y los comportamientos consumistas. No estamos exentos de haber incurrido consecutiva o simultaneamente en esto que abominamos.
Estos comportamientos que desde nuestros valores actualizados consideramos condenables forman parte de nuestra cotidianeidad.
No está demás reiterar que formulamos esta comunicación frisando los 65 años de edad, desde la Banda Occidental del Rio de la Plata, en el área metropolitana de Buenos Aires, donde hemos vivido desde nuestro nacimiento y donde hemos recibido los aprendizajes formales e informales.
Confesamos que habiendo nacido en 1947, desde 1963 venimos recorriendo por distintas motivaciones y actividades el territorio argentino, con preferencia lo que se conoce como Pampa Humeda y "Pampa gringa". Pero siempre el punto de partida y llegada de nuestras travesías ha sido el Área
Metropolitana de Buenos Aires. Tenemos tras nuestro, una genealogía, que hasta nos permite remontarnos a la llegada de los españoles a estas tierras.
Sangre aborigen y africana corre por nuestras venas. Tenemos muy poco de "aquellos que vinieron de los barcos".
Tal vez esa carga genética y cultural, nos haya permitido apreciar las cosas de maneras alternativas.
Tal vez esa carga es la que nos ha generado problemas de adaptación con los aparatos formales, con los que venimos conviviendo no sin traumaticidad.
El general Sarobe, uno de los militares de mayor producción intelectual de la Argentina, en su ultimo libro "La edad del hombre", de 1945, aludía a las visiones que se tienen en distintas edades.
Recuerdo que escribo estas lineas en las vísperas de mi jubilación.
Al principio decíamos que nuestro primeros recuerdos se remontan a 1951, y también decíamos que a la luz de nuestros estudios, permanentemente resignificamos las cosas que hemos vivido. Tenemos para nosotros , y por eso nuestro "motto" de la cotidianeidad, que una cosas son las cosas tal cual uno las ve y otra tal cual nos la cuentan los medios de comunicación y aun los libros.
Sea que por ideología , por interés o por ambas cosas , lo cierto es que nos resulta frecuente, ver mucha diferencia entre lo que la gente cuenta, lo que hemos visto,lo que dicen documentos formales o memorias,y lo que dicen los medios o las publicaciones sostenidas por aparatos editoriales.
Tambien una cosa es lo que uno ha escuchado decir o relatar a la gente y otra la que esa misma gente ha escrito no se anima a decir adelante de una cámara, un grabador, o un escribano...
Por todo ello, y sin pretender agotar consideraciones es que apostamos a acentuar o enfatizar en nuestras respectivas cotidianeidades para abordar una globalización o mundializacion que asume visos de inevitabilidad, pero no de inexorabilidad en cuanto a sus resultados que nadie puede preveer.
Ese abordaje , para el que no hay recetas, siguiere que cada uno haga su propio camino.
(14 de enero de 2012)


Como señalamos mas arriba "nuestro lugar en el mundo" viene siendo el área metropolitana de Buenos Aires. Desde allí nuestra animalidad lógica se viene comunicando para satisfacer sus necesesidades. Ese nuestro lugar en el mundo es nuestra "geocultura". Este término lo abrevamos en Kusch (Gunther Rodolfo), una de nuestras referencias intelectuales. La obra de Kusch, como la de Saúl
Taborda, Imbelloni. Carlos Astrada, Canal Feijoó y Fernando Pagés Larraya, nos han ayudado a bucear en nuestra cotidianeidad.
Dejamos para el final de la lista, no porque sea mas relevante que los otros ( ya relativizamos o pusimos en un pie de igualdad a todos los que formal o informalmente han ido formateando nuestro "holon"); dejamos para el final a Carlos Molina Massey (1880 - 1964) un tan singular como casi ignoto pensador argentino, que hemos descubierto serendípicamente, y que de algún modo nos permite profundizar cosas que venimos leyendo en los autores mencionados en las lineas inmediatamente previas a esta.
Los mas avisados alguna vez supieron de la obra del teólogo Teilhard de Chardin. Él se refería a la "noosfera" para aludir a la capa de pensamiento que rodea al planeta. Pocos saben que varias décadas antes Molina Massey, aludía a algo parecido cuando decía que cada uno de los habitantes de la Tierra era una suerte de dendrita o neurona de toda la Tierra considerada como un gran cerebro. Las ediciones del diario "El orden" de Tucumán, recogen sus conferencias sobre "Cosmogenia" del año 1921. Esas conferencias con pretensión de un libro, cuya edición se incendió, conforman una obra
difícil de encontrar, pero apasionante para quien la pueda leer.
Tal vez la digresión anterior nos aleja o nos acerca de nuestra actualizacion respecto a la percepción que por estos tiempos estamos teniendo sobre nuestro "lugar en el mundo " o sea el Área metropolitana de Buenos Aires ( sinteticemosla con el acrónimo AMBA).
Justamente por aquello que hemos manifestado acerca de la reconfiguración permanente de nuestro "holon" a raíz de nuevos conocimientos que entran en él; hace poco tiempo hemos comenzado a revisar nuestras previas consideraciones acerca del Amba. Es mas, debemos reconocer que en alguna medida nos hemos acercado a quienes considerábamos que tenían apreciaciones muy encontradas con las nuestras sobre este tema.
Incorporados a nuestra batería de nociones conceptos como "sinergia " y "resiliencia", empezamos a barruntar, un poco al estilo oriental, que en los problemas del AMBA residen las eventuales soluciones. En algún momento comenzamos a sostener que no solo había que hablar de la pobreza del AMBA,
sino también de su riqueza.
Estimamos que nuestras andanzas por el AMBA como integrantes de la murga "Prisioneros del delirio", de Sarandí Este, en el ultimo quinquenio, pueden haber contribuido a reconsiderar a la masa de interacciones que vienen dando sentido a las existencia de quienes vivimos en el AMBA.
Esto importa ser coherentes con nuestra predica referente a la creciente visibilización de la "indoamericanización" de las Argentinas, fenómeno que pone muy nervioso a los sectores no indoamericanos, que aun vienen ocupando los aparatos formales de la Argentina y quienes compraron aquellas etiquetas como la que "los argentinos venimos de los barcos" o que los "argentinos somos italianos que hablamos español", marbetes formulados por ligeras afirmaciones de conocidas personalidades de relevancia mundial, de fugaz visita a la Argentina.
Por suerte hubo otros visitantes como Keyserling, que supieron ver los aspectos telúricos de nuestra gente y hacer escuela local de esos "findings".
La vivencias del AMBA, nos remiten a la Argentina como sociedad multiétnica y pluricultural.
Allá por 1984 (1984, como el titulo de la novela de anticipación de Owell) en el Coloquio de Segovia ya se hablaba de la pobreza en las metrópolis del Tercer Mundo. Los organismos internacionales trabajan sobre el supuesto que la población mundial continuara el fenómeno de crecimiento de las metrópolis, sean o no del "Tercer Mundo" (concepto que pareciera haber perimido la globalización).
Sin perjuicio que Argentina como sociedad deberá procesar su conjunción de vacío demográfico con su capacidad de producir alimentos (capacidad que estimamos es aún mayor que la calculada, en tanto se incorporen los espacios que le corresponden al Estado Argentino en el marco de la Convención de los
Derechos del Mar de las Naciones Unidas). Y sin perjuicio también, de los juicios de valor negativos hacia la suerte de colonialismo interno que el AMBA viene ejerciendo sobre el resto de la Argentina, juicio que compartimos y forma parte de nuestra predica; lo cierto es que el Amba, con la ciudad
de Buenos Aies incluida, es el "hinterland "de la Pampa Húmeda, y ejerce una suerte de atracción,que genera referencia a las otras metrópolis argentinas, pero de una escala menor. (Una suerte de "Puerto Madero", se esta erigiendo velozmente en la costanera de Rosario).
Es evidente que los procesos generados, pongamos una fecha de partida, a partir de la federalización de la ciudad de Buenos Aires en 1880, y medidas instrumentales como la ley Mitre de concesiones Ferroviarias de 1907, la ley de vialidad de 1932 y el "Plan Larkin",del que en pocas semanas mas se
cumplirá medio siglo. Es evidente que, los mencionados procesos de suyo acumulativos, han generado una dinámica, que ha calado tan hondo en la gente, que se ha generado este proceso de concentración de riqueza y de pobreza, que pareciera indetenible al menos en el mediano plazo en el AMBA.
Y ello sin perjucio de quienes problematizamos sobre dicha situación, se viene verificando como ciertas medidas de acompañamiento de las normas recién señaladas, se han cumplido -como estas- sin perjuicios de las turbulencias institucionales que experimentó el país entre 1930 y 1983. Tal
el caso del esquema director del Área metropolitana de 1969, que aunque escandalice a algunos se viene cumplimento casi inexorablemente.
Al comenzar este discurso,hicimos notar que lo hacíamos mientras cruzábamos el rió de la Plata desde la Colonia del Sacramento.
El panorama que se tiene entrando por barco al Puerto de Buenos Aires es muy singular.Tenemos vivencias al respecto desde al menos el año 1963. Recordamos a la ciudad cubierta por una suerte de campana grisácea, cuando no se habían sacado los incineradores de los edificios.
En nuestro ultimo arribo, nos impactó la velocidad de las construcciones realizadas en Puerto Madero y Catalinas Norte que han cambiado la fisonomía de la ciudad y evidencia que hay gente que ha invertido porque ve futuro en hacerlo allí y no en otro sitio.
En una de nuestras recientes comunicaciones nos hemos referido a la "cuarta corona" del AMBA ( tal vez un "pródromo" de nuestra reconsideración del tema) para aludir a la suerte de condominios, countries, minichacras y otros emprendimientos inmobiliarios de alta gama que están desarrollándose con suma velocidad a una distancia promedio de 60 kilómetros del centro "downtown" de Buenos Aires. La red de autopistas dispuesta por una ley de 1954, recién pudo completarse en la decada del 90.Su intención era conectar al AMBA con el resto de su hinterland. La sinergia generada (que pareciera hacer caso omiso, a un inminente petrocolapso, que induciaría a un traumático cambio de las modalidades de transporte), va produciendo estrangulamientos en esas vías rápidas que no pueden procesar los volúmenes de vehículos en circulación.
Paradógicamente, eso lo fueron experimentando los habitantes de los empredimientos inmobiliarios de alta gama localizados en la "cuarta corona".
Como respuesta, en fecha reciente se ha puesto en funcionamiento un servicio de lanchas que traen los pasajeros desde sus viviendas junto al río a sus oficinas en Puerto Madero o adyacencias.
Esto no pareciera ser un dato de peso cuantitativo, pero nos sugiere una alta carga simbólica.
Todo ello en medio de la creciente visibilización de gente cuya piel cobriza, demuestra que ni "bajaron de los barcos", ni son "italianos que hablan español". Las lanchas de traen ejecutivos desde Nordelta hasta las torres de Puerto Madero y la pléyade de cartoneros, manteros, piqueteros y wachiturros con su creativa resiliencia, conforman el proteico amasijo que da vida a nuestro lugar en el mundo.

(15 de enero de 2012)





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