Thursday, February 09, 2017

EDICIÓN FEBRERO 2017


*Obra de © Claudio Uzal.








Marina 1923*


*De Natalia Litvinova. litvinova25@hotmail.com



La primavera de Praga

me tienta y no importa quién fui

antes del amanecer.

No sé adorar la noche,

faroles de otros tiempos

iluminan la calle Švédská,

el cordón de la acera

pintado de blanco y negro

parece un tablero de ajedrez

y yo una pieza que da saltos

sin advertir qué me mueve.

El recuerdo de Irina**

me persigue por el puente Karluv,

no sé si estoy perdida

o si vivir es esto:

andar desenredando

las trenzas de mi hija,

que es de aire.



**Irina Efron (1917), hija de Marina Tsvietáieva que murió de hambre en 1920.

(Poema inédito)


-Natalia Litvinova (Gómel – 1986) Escritora argentina de origen bielorruso, dedicada al campo de la poesía y de la traducción. Publicó: Esteparia (Ediciones del Dock, 2010), reeditado en España y en Uruguay, Balbuceo de la noche (Melón editora, 2012), Grieta (Gog y Magog ediciones, 2012) reeditado en España y en Costa Rica, Todo ajeno (Vaso roto, 2013) y Cuerpos textualizados (Letra viva, 2014). Compiló y tradujo varias antologías de poetas rusos. Siguiente vitalidad (Audisea, 2015) es su reciente poemario, publicado en Argentina y reeditado en Chile, México y España.














Bienvenido, Onetti*



*Por Alejandro Badillo. badillo.alejandro@gmail.com




Uno


Onetti es un fantasma acobardado, vestido con gabardina gris y sombrero de lona, que caminaba por las calles del centro de Puebla. A veces parece dirigirse a la Catedral. A veces, simplemente, se queda inmóvil en una esquina, las manos tiesas en los bolsillos y el gesto inmóvil, un poco confuso entre el vaivén de transeúntes y las luces brillantes de los aparadores. Recuerdo la fotografía de él en un documental: los ojos que miran hacia arriba, como si esperaran la lluvia o como si delinearan en secreto una imprevisible venganza. También puedo recordar los ojos aceitosos y extraños; una ordenada y paciente orfandad que parece escarbar dentro de sí mismo. Después, aquel hombre que es Onetti o el hombre que me empeño en que lo sea, sigue su camino por las calles adoquinadas, mirando los anuncios, sacando un cigarrillo que aprieta, apresuradamente, entre los labios.




Dos


Yo, hace algún tiempo, descreído del amor, me dedicaba a crear ilusiones en mujeres, muchas de ellas muy jóvenes. Las enamoraba y, después, dejaba que la rutina fuera ahogando cualquier intento de familiaridad. Me dedicaba, tenaz y enfermo, a borrar los rastros que dejaban en mi casa: un olor, una nota escrita en una libreta. Entonces, ellas, al principio inconformes, un poco rabiosas, dejaban de buscarme hasta que, finalmente, no nos veíamos más. Cuando el contacto se interrumpía las evocaba en silencio, todas las noches, y disfrutaba la sensación de enfermedad, de feliz desdicha que, de alguna forma, me mantenían solo y aún vivo.



Tres


Caminaba a casa después del trabajo. Era octubre. Miré las luces tristes de un centro comercial. Entonces descubrí a Onetti. Estaba inmóvil en la banqueta, mirando los autos que transitaban con pereza por la avenida 5 de Mayo. Tenía una gabardina gris y un sombrero de lona; el gesto abrumado y, al mismo tiempo, tranquilo. Algunos camiones se detenían y enturbiaban el aire con el humo de sus escapes. La luna creaba un halo que se estancaba en los techos de las casas y las cúpulas de las iglesias. Pensé en sus cuentos. Lo miré como si mirara a uno de sus personajes. Entonces, como si hubiera presentido mi presencia, como si la fatiga y la abulia hubieran desaparecido por un momento, echó a andar por una de las calles laterales. Lo seguí sintiéndome un poco tonto. Era fácil distinguir su silueta entre la gente. Las calles, en un par de horas, estarían despobladas.




Cuatro


Es difícil precisar lo que sucedió después. Onetti caminó en dirección a la catedral. Lo seguí por un par de cuadras hasta un callejón. Varias tiendas estaban a punto de cerrar. Los escaparates empezaban a apagar sus luces. Onetti se detuvo junto a un local que estaba a punto de cerrar su cortina y entró por una puerta pequeña de metal. Después de una breve vacilación lo imité y pronto estuve frente a un letrero que decía “El puerto de Veracruz”. Entré. Olía a tragos caldeados, a noche metiéndose en todas partes. El bar cobijaba a algunos parroquianos. Recuerdo paredes verdes, llenas de humedad. Recuerdo, también, mesas blancas y redondas. Onetti estaba ahí, en una mesa del rincón, ordenando un trago al único mesero del negocio. Después de hablar con él contempló la mesa, se encorvó un poco y buscó ansioso en los bolsillos de su gabardina. No se quitó el sombrero. Comenzó a fumar displicente pero constante. Por un momento me convencí de que no era él. Era un hombre, simplemente, muy parecido. Pero conforme indagaba a la distancia veía algo antiguo en él: las manos de dedos un poco largos, el lustre opaco de la camisa blanca sobre la que destacaba el perfil oscuro de la corbata un poco chueca; el pesado armazón de los lentes ocultando sus ojos. Quizás si se arrimara un poco más a la luz que se metía lenta entre sus ropas podría llegar a una conclusión. Fui a la barra por inercia. Pedí un trago de vodka. Me sentí un poco enfermo mientras llegaba el vaso, como si estuviera ejecutando en secreto una venganza. Pidió un trago de whisky. No lo tenía de frente, sin embargo, mi perspectiva me permitía indagar su figura y la penumbra que proyectaba su sombrero. El único sonido era el de una televisión que estaba empotrada en una esquina. Pasaban un partido de futbol. Imaginé a Onetti saliendo del bar, llegando a un pequeño departamento en el centro de Puebla, mirando por un balcón las luces de la ciudad. En una pequeña mesa tendría una máquina de escribir y, a un lado, además de una pila de hojas, una botella de vino. Recordé a los aburridos imaginantes de empresas imposibles. Seguí bebiendo, testarudo, empeñado en olvidar mi obsesión y, entre la bruma, rescatar los rostros de las mujeres que había poseído con una irremediable sensación de derrota. Estaban ahí, todas ellas, con sus cuerpos salobres y sus voces anónimas entre las sábanas. Pedí un segundo y un tercer trago de vodka. La noche enfriaba mi cara, entumía los dedos de mis manos. Onetti seguía fumando y bebiendo. Alrededor de él se disponía una nube que hacía más impenetrable su rostro. Pensé que, antes de pedir la siguiente copa, se acercaría a mi mesa, y me encararía con un rencor amable y decidido. Tal vez me diría, como en una de sus historias: “Pero usted es un hombre hecho, es decir deshecho, como todos los hombres a su edad cuando no son extraordinarios”. Y quizás ahí estaríamos, mano a mano, como dos completos desconocidos que han esperado toda la vida conocerse, echándose en cara su pequeñez, su falta de voluntad, sus odios inconclusos y soterrados. Sin embargo no ocurrió nada durante los siguientes minutos. La barra me parecía un territorio desierto, inmenso. Quise pedir algo para comer, pero el cantinero me dijo que se habían acabado los cacahuates. El alcohol subía en lentas marejadas. Mi mente empezaba a pesar. Mis pensamientos eran una sonda que descendía, entre vaivenes, a mis recuerdos. Cuando mi mano vaciló al empuñar el vaso comprendí que él seguiría ahí, en ese lugar, enterrado en la memoria de las cosas, como las estampillas y libros viejos que venden en los bazares los fines de semana. Yo seguiría varado en la búsqueda del amor, saboteándome con disciplina, con ordenada paciencia. Cuando la madrugada llegó y el bar lucía casi despoblado, Onetti se levantó y pagó la cuenta. Yo, sumido en la borrasca del alcohol, un poco náufrago de mí mismo, apenas distinguí su figura. Me cuesta recordar su mirada, aunque aún puedo ver, ocultos tras los gruesos lentes, los ojos caldeados por el insomnio. Onetti se acercó a mí y, con una voz que imagino perezosa, susurró algo que pudo haber sido una injuria, una invitación o una fraternal condena. No lo puedo precisar.




-Alejandro Badillo
(Ciudad de México, 1977)

Es autor de los libros de cuento Ella sigue dormida (Tierra Adentro), La herrumbre y las huellas (Eeyc), Vidas volátiles (BUAP), Tolvaneras (SC Puebla), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana. Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela) y las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta) y Por una cabeza (Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo). Ha participado en publicaciones como Luvina, GQ, Letras Libres y el suplemento “Confabulario” de El Universal. Colaborador de la revista Crítica y exbecario del Fonca. Ha sido antologado en diversas compilaciones de minificción.














Cuerpo de maíz*


A Gabriela Mistral


Hombre de maíz, vuelve tus ojos aborígenes:
Tu ombligo salió de la milpa
de la tierra. Tu sangre
es un viejo secreto uniforme
que maduró con lúgubres balbuceos
de violencia y abandono.
Tus risas quedaron mutiladas
por traficantes de ilusiones
enganchadas en los hombros de los cactus,
y tu sudor, de fríjoles y tortillas
alimenta coyotes
que crecen como huestes amparadas
en el silencio nocturno.
Eres una palabra pródiga
tus ojos profetizan las rocas desnudas
y ardientes que coronan tu horizonte.
Son las ruinas solitarias y sombrías
que te reducen a sustancia del oprobio,
ya no hablará palabra antigua,
sino sollozos largos y negros en la noche.
Hombre de maíz, despierta de tu ceguera:
Rompe la avidez del precio.
Echa al viento tus escamas subterráneas
para transformarte en nube de cuarzos elegíacos;
alas de Viracocha y plumas de Quetzalcóatl
baldeando las laderas del olvido.
A ti, que en tu espalda llevas vértebras de tomates,
y en tus huellas crecen pepinos agridulces,
deja que oscurezca…
Levántate del costado del águila
y une con argamasa de acentos terrosos,
la hilaridad del presente, con las costillas
de tu pasado guerrero.
Hombre de maíz: No flaquees.



*De Daniel Montoly. danielmontoly@yahoo.es










Deseo*



Exploraría qué cosas
destilan esas glándulas sudoríparas.

Porque el deseo lleva.

Un recuerdo insistente bajo sus ojos.

Un recuerdo insistente en sus sienes
quiero.

Sin otro objetivo de incrustar como al pasar
sobre el lóbulo temporal de él
un recuerdo perenne.

Sin otro objetivo que sentir
-Según dicen-
el gozo de los sentidos de ellas.

Pero como
mi ADN
está lejos de la selva que las engendra
una noche
quién sabe
(tal vez pueda ser una noche de estas.)

aprovecharé el instante
en que la luna mida
cinco mares de anchura
para entonces colgar
en sus bordes
en ángulo obtuso y en sombras
las piernas.

Sin otro propósito que él
susurre un tanto hechizado
y
en moribundo estribillo

Ay mi negra
ay mi negra.

Sin otro objetivo
que mi gozo sea
mímesis de gozo de una morena.

Tal vez

por fin

reconozca

que por ósmosis entre planicie
y selva siempre en riesgo de incendio
haya en mí
moléculas morenas de tibiezas extremas .

Aprovecharé
que la luna mida cinco mares de anchura
para colgar en sus bordes
en ángulo obtuso y en sombras
las piernas.

Sin otro objetivo
que mi gozo sea
mimesis de gozo de una morena.



*De Adriana Saliche. adrianasaliche@hotmail.com
Chivilcoy.













Solitaria.*



En las líneas de la mano traigo

mi historia escrita

en esotérico lenguaje

de rectas, paralelas,

curvas, intersecciones

confluencias.... el cuerpo todo

una red de infinitos desafíos.


Pero no es sólo eso, afiné el oído

en el líquido rojo que fluye

con acompasada sinfonía

y la encontré


el alma,

una barcaza

arrastrada aguas adentro.


Solitaria.


*De Miryam Colombotto Seia. miryamseia@cablenet.com.ar












Algo que parecía amor *



Observé en esa tarde tranquila
Cuando estaba tendida al sol a
Unas mariposas naranjas que se acercaban silenciosamente a unas flores del mismo color
Percibí el aroma del cálido sonido de sus alas
La brisa de azul celeste me transportaba
En una rueda multicolor y
Comencé a soñar que era la única dueña de ese maravilloso paisaje de luces y perfumes

Luego vi la sonrisa amable que cubría al señor
Que me despedía
Sintiendo que el camino de vuelta al hogar
Se hacía más liviano y fresco

Llegué a la entrada del garaje
Y me topé con un guiño simpático
Y seductor de un vecino que ni se su nombre

Entré a casa en un estado de expansión
Y risueña sentí
Algo que parecía amor.-











*


un niño acaricia

la cabeza de un pájaro

debajo de un árbol el niño

le canta una canción de arrullo

el pájaro entorna los ojos y sueña

que en su regazo tiene al niño dormido

que le acaricia la cabeza humana

y que el niño sonríe y cierra los ojos

y sueña que entre sus manos

tiene la cabeza pequeña de un pájaro

al que acaricia hasta que ambos

cansados del olor a tierra y a viento

deciden echar al aire los brazos

y atravesar las horas del día

silbando una canción

que habla de ríos

y de árboles que ríen bajo la lluvia

y de hombres que comparten el pan

y de mujeres que dibujan caminos

por donde pasan caballos

que sueñan con niños

que acarician las cabezas de los pájaros/


*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar












Conversación*




Es agradable recorrer el pueblo vacío en la hora anónima de la siesta, llegar hasta la ruta y seguir pedaleando parejo como quien tiene un destino preciso. No hay tránsito en esta ruta, a los costados sólo campo y campo, y la luz se devora todo. Nace una figura allá adelante, desdibujada primero, más precisa después: otro ciclista. Avanza y se detiene cuando estamos a punto de cruzarnos, me detengo también, hay un saludo y hablamos un poco, cada cual sobre su bicicleta, un pie en el suelo y otro en el pedal.
-Es raro encontrar a alguien pedaleando en este camino- dice el desconocido.
-Es cierto, hace rato que vengo andando y no he visto a nadie- digo.
-¿Sale seguido a pedalear?
- No muy seguido, casi nunca en realidad.
-Los primeros quince minutos son los más duros, después la bicicleta va sola.
-Entonces hace por lo menos sesenta minutos que estoy en los primeros quince minutos.
-¿Se dirige a alguna parte en especial?
-Solamente pedaleo.
-Eso es bueno. Pedaleando se descubren cosas. Uno llega silenciosamente y toma las cosas por sorpresa.
-Algo de eso percibí.
-No quisiera parecer pretencioso, pero andar por la ruta en bicicleta es una forma de sorprender el mundo.
-Es una buena definición.
-¿Cómo describiría todo esto?
-Es muy grande y hay mucha quietud.
-¿Le gusta la palabra quietud?
-Me gustan todas las palabras.
-¿Vio muchas cosas pedaleando?
-Vi insectos. Vi nubes de mariposas amarillas y negras, y también una blanca, voló delante de mi bicicleta durante un trecho largo y era como si me guiara. También vi una mariposa muerta sobre el asfalto. Evité pisarla con la rueda.
-¿Qué más vio?
-Vi un animalito bastante grande parado al borde del camino. Yo avanzaba hacia él y el animal no se movía. Me esperó hasta que estuve bien cerca, a un par de metros, recién entonces me miró y se fue.
-¿Dice que lo esperó? ¿Está seguro que lo esperó?
-Me dio toda la impresión.
-A esta hora hay mucho silencio, pero si uno presta atención también hay muchos sonidos.
-Tiene razón, hay muchos sonidos en el silencio.
-Al principio son difíciles de captar, uno ni se da cuenta, hasta que empieza a detectarlos y entonces es como un tejido uniforme de sonidos rodeándolo, sonidos lejanos y tenues, son miles.
-Hay pájaros.
-Cantidades de pájaros, una red de trinos en sordina.
-Me pregunto si no serán todos esos sonidos los que hacen el silencio.
-Es la luz la que hace el silencio. Los pájaros se esconden en la luz. La luz esconde todo.
-Empiezo a darme cuenta.
-También hay voces en el silencio, susurros. Dicen que es el lenguaje de las almas de los muertos.
-No sabría identificarlas. Nunca me tocó escuchar las voces de las almas de los muertos.
-Debería prestar atención.
-A veces pasa un coche y el silencio se rompe.
-Cuando el coche pasa junto a uno es como un chocar de agua y después es como un agua que se aleja. También el coche sirve para evidenciar el silencio y los sonidos que se esconden en el silencio.
-Cuando la ruta cruza a través de una arboleda todo cambia.
-Meterse entre árboles es igual que zambullirse en la frescura de un arroyo y buscar el fondo. Hay otros sonidos y otro silencio.
-Venía pensando en esas experiencias, pero todavía no había conseguido ponerles palabras. ¿Usted va a alguna parte en especial?
-¿Ve aquella masa de árboles azules que tienen forma de ballena?
-La veo.
-Me propongo llegar hasta ahí.
-¿Y después?
-Después elijo otra meta. Y después otra. Y sigo.
-¿Hasta cuándo?
-La ruta no se acaba nunca.
Nos despedimos y cada uno se va por su lado. Cuando encaro por la ruta vacía y vibrante de luz elijo también yo mi próxima meta: un árbol solitario, muy lejos, muy alto, muy fino, y con la cima curvada como un anzuelo o un signo de interrogación.




*De Antonio Dal Masetto.
(Intra, 14 de febrero de 1938 - Buenos Aires, 2 de noviembre de 2015)











*


En la cabeza estamos llenos de archivos que repetimos mecánicamente, vivimos en piloto automático. Se pulsa una tecla y nos sale un cartelito que nos hace actuar de forma x. Hasta que no empecemos a limpiarnos de ese automatismo, seremos cosas manipulables.


*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com









InvenTREN







Si no tenés sueños, estas muerto*



*Por Urbano Powell.


El hombre camina por su barrio con su mochila de frustraciones antiguas.
Al dar vuelta la esquina reconoce a un compañero de la ahora lejana escuela secundaria. No lo ha visto en décadas.
Alejandro esta tirado en el piso debajo de un antiguo camión que parece haber sido fabricado durante la segunda guerra mundial.
"Lo compre por unos pocos pesos". -Explica. "Lo estoy reparando para que sea casa rodante. Voy a recorrer la argentina con el".
El hombre mira a su amigo con una expresión intraducible. El camión es una ruina con su chasis sostenido por troncos de madera.
El amigo debe haber percibido una mirada escepticismo, o esa piedad que se tiene ante un delirio impracticable.
-"Si no tenés sueños, estas muerto". Dijo con un sentido justificatorio.
Al hombre la frase le pareció un flechazo en el pecho de su propia existencia.
Cambiaron de tema. Que sabían de los compañeros de entonces.
¿Sabes algo de Huber? -Preguntó el hombre-
Con Huber eran un trío inseparable en el primer año del industrial.
-Se fue a trabajar a un pueblo de campo en un centro de investigación. Le cambio la vida. Acá no tenia nada y a los 50 años nadie te da un trabajo estable. Hay que trabajar 12 horas arriba de un remis completó el hombre el cuadro de situación.
Antes de despedirse el hombre pide las direcciones de correo de Huber y  Alejandro el portador de ese sueño de acercar distancias que ha intuido como inalcanzable.

El hombre siguió su camino acunado en angustias. Son años de sentirse fracasado y por más que haga enormes esfuerzos mentales no logra ver la mitad del vaso lleno. Solo gotas. Y se evaporan.

Esa misma noche le escribió a Huber.
Le contó su situación. Una vida horrible. El trabajo un espanto. Ni hablar de la soledad.
Huber le contesto rápido. Leyó su correo en la mañana siguiente.

-"Negrito, que alegría me das, salvo de Alejandro hace años que no se nada de los compañeros de la escuela.
-"Lamento que no estés del lado de los integrados al modelo. Esta sociedad casi no da segundas oportunidades a nuestra edad. He tenido un golpe de suerte después de años de golpear puertas. Esta noche, cuando vuelva a casa te cuento la historia de como llegue aquí."

El hombre responde: Dale, contame. Quiero saber una buena entre tantas calamidades que escucho en el día.

Al amanecer, cuando el calor insoportable apenas ha aflojado durante la noche, el hombre lee la carta Huber. Es una historia larga y no parece sencilla.

Había tenido un año peor que malo. Le extirparon un testículo, cuando salió de esa se quebró una pierna.
Su hija lo dibujaba: "Es papá en su burbuja" y lo representaba: La angustia lo aislaba cada vez más. Imposible ver futuro. El futuro era el día siguiente o la semana a lo sumo.
Un día recibió un llamado de un primo que vive en el campo, justo en el límite de los partidos de Yrigoyen y Bolívar.
"Se viene el ferrocarril de nuevo y va a haber trabajo en cada pueblo. Hasta posibilidad de radicar industrias y empleados"
Huber hizo un bolsito y se fue a ver a su primo. Fue por un par de días y volvió a la semana con otra cara.
Ese título que le dieron a leer era más que prometedor: "La reinvención del ferrocarril. Un proyecto comunitario de articulación social"
El tren volvía, pero cada pueblo debía formular proyectos que se respalden en el tren y den sustentabilidad a largo plazo.
Ahí tomo contacto con la gente de Herrera Vegas, 150 habitantes que tuvieron el criterio de no aceptar cualquier cosa.
Tomaron el asunto del proyecto para refundar su pueblo con el ferrocarril en serio. Armaron un concurso de ideas internacional y lograron el respaldo de la UNESCO.
En asambleas descartaron alternativas: ni planes de vivienda sin trabajo para quien llegue a vivir, ni la instalación de una cárcel -el Estado vive buscando lugares para ampliar su capacidad de encerrar en celdas-.
Tampoco industrias que contaminen más aún el agua.
Fue unánime. El proyecto ganador fue la radicación de un centro de investigación avanzada, al que se bautizo como "Alfonso Luis Herrera" en homenaje a un destacado científico mexicano. Un segundo proyecto también fue aprobado: un polo de microempresas que fabriquen alimentos.

Huber consiguió empleo en el centro de investigación como administrativo, a la espera de que lo asignen a un proyecto de investigación específico. Se levantaba bien temprano, caminaba hasta la estación Libertad y se subía al tren hasta Herrera Vegas. Trabajaba 8 horas y tenia casi 6 de viaje entre ida y vuelta.
Cuando lo designaron como empleado contable en el proyecto NOGXA. Huber se animo a llevar a su familia a vivir a Herrera Vegas. "Ahora los chicos pueden jugar en la calle" (....) "dejas la bicicleta o la motito o lo que sea en la puerta de calle y nadie toca nada". (....) "No se si es el paraíso pero se le parece bastante..."

Así como el proceso que lo llevo a conseguir trabajo estable e irse a vivir a ese pequeño pueblo revoluciono su existencia. Huber habla maravillas del proyecto donde trabaja. Aunque el no entiende demasiado de lo que hace ese equipo de científicos, sostiene que el fin es noble, que van a terminar de dar vuelta el modo de pensar la relación entre mente y cuerpo.

"Negrito, no se lo digas a nadie pero esta gente esta experimentando con una máquina que puede grabar todo lo que la mente de un sujeto almacena durante su vida. (....) todo, absolutamente todo: imágenes, frases propias y de la gente querida. Lo políticamente correcto y lo traumático fijado en la memoria. (...) Además y esto es lo mas decisivo: puede registrar el efecto de emociones y recuerdos pasados sobre el cuerpo en el aquí y ahora..."

Una vez hablo fuera del horario laboral con el director de NOGXA.
Huber se despreocupo por hablar un lenguaje de códigos y conceptos. Simplemente pregunto: Che, Javi, ¿como se te ocurrió todo esto?

Gracias a Carl Kolchak*, por el capítulo del hombre obligado a dormir en un laboratorio. Ese hombre que en sus sueños materializa al hombre musgo, el "Peremalfait", un cuco mítico de su infancia que mata a quienes intentan despertar a su soñante creador.
Era un niño y ese capítulo me impresiono y dejo su huella en el tiempo. Desde ahí, para decirlo mal y breve me obstine por hacer visible, materializar de alguna forma los recuerdos y la actividad cerebral del ser humano.

¿Viste, negrito? Que asombrosas suelen ser las cosas...

-Te felicito hermano, le contestó el hombre. Era hora que te tocara un trabajo decente.

(...) No lo voy a pensar ni un día más. Voy a visitarte a Herrera Vegas. Buscare un trabajo. No importa en que oficio. Sino estar allí y vivir en un pueblo que se recrea. Que brinda la ilusión de reinventar la vida de quien pise su suelo.
Allá va el hombre a sacar su pasaje para viajar desde Merlo Gómez, la estación más cercana a su casa. En el camino ve un cartel de publicidad que dice: "Es hora de ser quién queres ser"
No es mala idea, -piensa el hombre-, quizás fuese tarde para ser el que hubiera querido ser a los 25 años. Pero el intento bien va a valer para demostrarse a si mismo que no esta derrotado.




(*) Carl Kolchak, personaje de la serie de The Night Stalker.









***
Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.  MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO. ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.   KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

POLVAREDAS. 

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.  FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.  ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.  
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY. GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY. ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.



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