martes, julio 08, 2008

COMO UNA GRAN JAULA SIN PÁJAROS...



*Foto de Valeria Marioni y Florencia Soler Abbate. hijasdelviento@hotmail.com


Questionamiento*




El amor ya está hecho
y quién lo habrá hecho
tan simple, tan ingenuo, tan espléndido
quién lo habrá hecho

quién pudiera a pesar del romanticismo
contrariar la lógica, los lenguajes, la sintaxis
quién lo habrá hecho

así,
sencillo y sin notarlo
sólo esa espina
ése temor a partir
esa nostalgia que se le parece tanto
pero no debiera ser importante
no tan definitivo ni imperioso
algo pasajero y circunstancial
una necesidad fisiológica
un cepillarse los dientes
que de pronto ocupó todos los espacios.

Quién lo habrá hecho.




*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar
http://remontandosoles.blogspot.com






COMO UNA GRAN JAULA SIN PÁJAROS...












El minuto*





Era relojero lo mismo que su padre y que su abuelo. Conocía la maquinaria de todo tipo de relojes y su experiencia, acumulada con el paso de los años, le permitía reparar cualquier avería con plenas garantías de éxito.

Estaba efectuando una reparación en un Plumkier Cronos Sportive, cuando vio que caía un minuto sobre la mesa con un "cloc" sordo. Se lo quedó mirando perplejo y sorprendido pues nunca le había ocurrido algo semejante. Tomó el minuto con las pinzas y lo observó atentamente. Lo midió, lo pesó y le hizo una analítica constatando que se trataba de un minuto sano.

Preocupado al no entender porque un minuto sano salía del reloj, lo guardó delicadamente envuelto en una gamuza, decidiendo que era mejor esperar al día siguiente y, con el minuto descansado, ya vería que había que hacer.

No pasó muy buena noche debido al nerviosismo, así que, más temprano que de costumbre, se sentó delante de su mesa de trabajo y consultó con el minuto el motivo de su acto.

Quedó anonadado al saber que se trataba de una fuga. El minuto huía de un amor imposible con la aguja larga. La minutera le acariciaba cada hora, estando sesenta segundos con él y después le abandonaba. Al cabo de una hora volvía a su lado y se marchaba de nuevo dejándolo solo. Al cabo de tantos años se sufrir ese vaivén, ese "me acerco, pero de abandono", entendió que era un coqueteo y vio que su amor era imposible. Decidió huir en busca de algún reloj digital que le acogiera y no tuviera que sufrir nunca más las veleidades de otra minutera casquivana.





*Joan Mateu. joan@cimat.es











D.T*







Al abrir la puerta que daba al exterior una oleada de calor le anunció que estaba “sondeando”

Salía como era su hábito a las 6 de la mañana para realizar su caminata habitual. Se dejó impregnar por el amarillo rojizo del este que anunciaba que pronto saldría el sol, como de costumbre aspiró intensamente para gozar del olor de la mañana sintió una sensación rara como que le costase respirar y un olor que no identificó.

.Pisó una sustancia resbaladiza por lo que se bamboleo y perdió el equilibrio. Logró manejar su cuerpo y evitar la caída. Puteó por dentro diciéndose:

- Este perro de mierda otra vez ensucio el umbral.-

Cuando miró lo que había pisado quedo pasmado, una mancha carmín se extendía por el umbral y lo qué había pisado era un coágulo casi negro de gran tamaño. Sintió que lo acometía un temblor incontrolable y percibió nuevamente el olor, que ahora reconoció a sangre. El zumbido de las moscas se sumó al de sus oídos. Caminó unos pasos guiándose por el reguero de sangre y entre medio de los yuyos del descuidado jardín se topó con otro impedimento: Una cabeza humana yacía boca para abajo. Se quedo paralizado por el horror, pero se sobrepuso y con el pié dio vuelta la cabeza. Se encontró con el cráneo rapado del viejo farmacéutico que los miraba con sus grandes ojos celestes .Primero pensó en correr pidiendo ayuda, pero pensó que su mujer no le creería pensó en llamar a la Policía y allí se hizo la luz, era una embocada, querían adjudicarle algo que no cometió para quedarse con sus pertenencias .Se dirigió al garaje sacó varias bolsas de consorcio y volvió al lugar. En el trayecto observo que no se había percatado que el cuerpo estaba un poco más allá.



Colocó la cabeza en una bolsa y le costó colocar el resto por lo que volvió al garaje y sacando unas viejas cortinas lo envolvió en el. Volvió nuevamente al garaje tomó una lata herrumbrada de un alto estante. Era una lata de galletitas que venían antes. Fondo y tapa se latón y en los costados unos orificios redondos que semejaban un ojo de buey .A través de los vidrios polvorientos se observaban clavos, tornillos .etc. Se dedicó a sacar el auto del garaje.

-La puta, otra vez no arranca-

Intento varias veces hasta que el ruido familiar del motor lo tranquilizó. Se trasladó con el auto hacia el lugar, abrió el baúl primero coloco la cabeza y luego el cuerpo que le costo un horror levantar pese a la fragilidad del cuerpo.

Salio por el portón al que dejo abierto y se dirigió con el Falcon a un lugar que el bien conocía. Manejó y manejó. Se le había pasado el pánico y sintió que tenía que conservar la calma. Pensar. Siempre temió que el pasado regresara pero nunca pensó que de esta forma. Colocaría el cuerpo en un lugar seguro: Le consta que es seguro. No volvería a su casa. Se felicito por no haber confiado en nadie, en su mujer, en el cura, en los bancos, en nadie. Preso de un presagio terrible detuvo el auto en la banquina y sacó la lata. La abrió débilmente. Desparramo por todas partes clavos, tornillos, tuercas. Revolvió frenéticamente. Respiró aliviado cuando su mano sintió el contacto de plástico. Lo tomó con cuidado y aparentemente todo estaba como el lo había ubicado .Extrajo de la bolsa el fajo con billetes y separó tres billetes.

Tengo que ser cauto, mantener la mente fría...

Volvió a colocar la lata en el baúl, al lado de la caja de herramientas y cubrió ambas con una carpa. Evitó mirar el bulto del lado.

Entró de nuevo al auto y allí volvió a sentir el sonido, sutil. Insidioso.

-Me siguieron estas moscas hijas de puta-

Intentó con un ademán espantar los insectos que revoloteaban a su alrededor.

Arrancó, puso primera y el auto dio un salto al intentar elevar la velocidad, mientras manejaba un moscardón azul verdoso se posó en su mano derecha, simultáneamente tres moscas se pegaron a su mano izquierda, hizo un movimiento brusco con las manos por lo cual casi pierde el control del volante

-Esto no puede pasar, no me puede estar sucediendo esto no es real.-

Paró nuevamente y con una gamuza espantó los bichos, hasta que no dejó ni uno.

Se tranquilizó y empezó a conducir despacio, mientras se repetía

-Cabeza fría, cabeza fría-

Sintió una incontrolable sensación de sed. Necesitaba beber, imaginaba el líquido ardiente refrescando su garganta, sus ideas. No se veía ningún negocio alrededor y se dispuso a esperar la próxima estación de servicio lo lejos alcanzó a leer: Súper. Especial. Fangio Se sintió mas tranquilo.

La tranquilidad duró poco: las dos percepciones fueron simultáneas, una, se dio cuenta que un insecto se había introducido en su oído derecho y otra era comprobar con pavor que las moscas habían vuelto, esta vez por fuera...Se posaban en los vidrios de las ventanas, en el vidrio trasero, en el parabrisas. hasta tal punto de dificultarle la visión, prendió el limpia parabrisas y el movimiento arrastró las moscas, pero estas se multiplicaban de modo que el parabrisas dejó de funcionar. Perdió el control de vehículo... Retiró las manos del volante y sintió que los objetos y se iban alejando. Una sensación de vértigo llevaba su cuerpo a un hacia atrás profundo.

Las moscas volvieron a atacar, esta vez con furia. Una piadosa inconsciencia se apoderó de él





Quietud. En el parque todo es quietud. No hay una brisa, ni soles., ni amores.

Quietud en el parque y en el cuerpo amado de Gonza. Quietud en la tierra que lo cubre.

Quietud en sus manos que yacen .laxas en su regazo como palomas heridas.

Clara todavía no se recupera de la sorpresa.

Venían tan bien las cosas, estaban tan contentos.

El había dejado lo único que preocupaba a Clara. : La bebida.

Y no era porque el se pusiera mal o agresivo con ella...Al contrario siempre fue atento y colaborador.

Bebía, cada vez más por cierto, pero cuando tuvo ese problema grave y el médico dijo que ese hígado no daba más y que corría peligro su vida, ella llorando le suplico que dejara la bebida. El la miro serio .paso la mano por su cabeza y dijo

-He hecho cosa mas difíciles en mi vida, desde hoy, te prometo no bebo una gota mas -

Y así lo hizo.

El no hablaba muchas cosas de su vida ni ella preguntaba, por lo tanto no sabía cuando empezó a beber. Recuerda una noche que en un asado compartido con Emilio y habiéndose bajado varias botellas se reía de sus andanzas. Parece ser que habían coincidido en un operativo y con varios Wiskis de más los agarró la madrugada en el monte tucumano. Tenían hambre y Emilio con su pistola reglamentaria bajó una gallina de una rama de un árbol. Con grandes risotadas recordaban la cara de susto y de dormida de la mujer qué salió del rancho. También recuerda que no pudo sumarse a las risas de los hombres imaginaba la cara de la mujer y no supo porque le recordó a su tía Elvira que vivía solita en el Monte chaqueño



Hacía tres días que no probaba una gota, ella feliz porque pensó que ese era el remate de su camino a la felicidad .Al finalizar el día salieron a dar vuelta la manzana, el estaba muy pálido y cuando se, se encontrón con el farmacéutico que lo saludó como siempre con un:

Adiós don Pocho

Le preocupo que el dijera

¿Y este quien es?

Primero creyó que estaba bromeando, pero la preocupación creció cuando vio su rostro serio y contraído. Ella lo tranquilizo recordándole quien era ese buen señor.

Tomaron una tisana y se acostaron. A la medianoche, Clara se despierta y como tantas otras noches él no estaba a su lado, cuando recordó la nueva situación se incorporó bruscamente y se dirigió al patiecito del fondo, lugar que el hombre elegía para sus solitarias ingesta. Allí lo encontró. Respiró aliviada cuando vio que no estaba bebiendo, le comentó que sentía un fuerte dolor de cabeza por lo cual no podía dormir. La tranquilizó y la mando a la cama. Al día siguiente lo encontró durmiendo, no quiso despertarlo y se fue a pagar unos impuestos, cuando volvió al mediodía el hombre aun dormía. Lo despertó pero no quiso comer, se lo veía fatigado y le hizo cerrar la ventana porque el sol le molestaba.

Al segundo día se quejó de dolor toráxico y se le habían alterado los ritmos del sueño: dormía de día y de noche no podía pegar un ojo según decía.

Al tercer día tuvo fiebre y temblores, Clara quiso llamar al médico pero la tranquilizó diciendo que parecía que estaba incubando una gripe. A la noche el calor y la preocupación la habían cansado por lo que se durmió profundamente. No supo definir la hora en que los gritos y manotazos del hombre la despertaron. Nunca lo había visto así...Llamó a urgencias y los gritos, temblores y sacudidas continuaron. Lo medicaron pero el médico le dijo moviendo la cabeza

-Resignación señora-

Lo retiró de la clínica muerto .Cuando firmó unos papeles no preguntó nada ni le llamó la atención la inscripción que figuraba en el diagnostico D: T:

Ahora sentada en la soledad del cementerio parque recuerda su hombre y le gusta acariciar la frase que le dijo el Capitán

-Su marido era un héroe leal a las fuerzas armadas-

Se habían conocido muy jóvenes. Compartieron una historia muy bonita y no se separaron mas.El era soldado de custodia de un general y ella, una de las domésticas.Siempre sintió admiración por él. Era tan seguro parecía tener las ideas tan claras: Ambos venían de un hogar humilde, pero él ingresó en la Escuela Militar y pudo llegar a ser una figura reconocida y necesitada en el ejército.

Estaba tan orgullosa de ser la Señora de Gonzáles que con el tiempo perdió su propio apellido y empezó a ser Clara Gonzáles. Ella sentía que él había podido cumplir sus dos grandes sueños servir a Dios y a La Patria. Incluso jamás sintió la ausencia del hijo, solía decir a menudo.

- Los pendejos de esta generación tienen la cabeza llena de mierda-

Le tocó una época difícil al Gonza ella jamás le preguntaba las cosa de su trabajo como el decía. Jamás lo cuestionó , al contrario coincidía con sus opiniones

A este país lo que le falta es una mano dura: Aquí se necesita un Pinochet.

Tan encendidamente lo defendía que cuando estaba pensativo, con gesto adusto y sus bigotes cada vez más canos, le decía

¿Que le pasa a mi Pinochetito?

Lo que causaba indefectiblemente una sonrisa en su rostro y en sus ojos achinados.

A veces pasaban días o semanas que no aparecía, ella lo esperaba tranquila sabiendo que estaba puliendo con su deber. A la casa venían personas a hablar con él, ella sabía que tenia que dejarlos solos.

Tenía un solo amigo que frecuentaba la casa cuando falleció , casi no salía de la casa y era común verlo beber, hasta acabar con el contenido de la botella ,fuera wisky, cerveza ,vino o ginebra, también en esos momentos ella sabía que tenía que dejarlo solo

Lo que mas le escuchó decir de su trabajo era que le habían tocado tiempo de guerra y que el país se salvaba ahora o no se salvaba nunca.

La admiración que Clara tenía por el hombre era rayana a la devoción a tal punto que jamas pudo llamarle por su nombre, cuando lo conoció le llamaban Gonzáles y así siguió, lo más cercano que había llegado era a llamarlo Gonza.

En el barrio era un vecino respetado le llamaban Pocho, el apelativo lo trajo un amigo de la infancia, Emilio y contaba que le llamaron así porque cuando era joven a su motoneta le llamaba Pochoneta y usaba un gorrito como el del General.

Pobre Emilio, que destino que tuvo, Gonza siempre decía

¡Lo cago esa zurda hija de puta!

En cambio ellos siguieron juntos y progresando .Clara había aprendido por sus patrones el organizar los espacios y mobiliarios con sentido estético y gustos caros. Gonsa jamás le negó nada, hasta se había permitido el lujo de tener una lámpara de cristal de Murano. También por el tuvo la posibilidad de conectarse con otra clase social. Supo lo que es la seda. Los zapatos y cartera de cuero. El caviar y el champagne. No obstante esto, en la casa continuaba con sus hábitos sencillos y solitarios.



La negra noche avanza y va cubriendo el parque y oscureciendo a Clara. No sabe donde ir, no tiene amigos, hijos, nada. Se levanta como una autómata, se acerca a la cruz que sobresale de la tierra y musita como si estuviera rezando

-Adiós mi Pinochetito-




*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar






LA OCTAVA MARAVILLA*




*De Vlady Kociancich.



47


-Te lo dije -le reproche a Safet.
Yo ya sabía que la pensión de Frieda Preutz no figuraba en el registro hotelero y acepté sin sorpresa la respuesta negativa del director de turismo de Berlín cuando lo interrogamos.
-¿Calle? ¿Número? ¿Distrito?
Nos miraba con esa expresión de respeto y de solidaridad que parece impresa por un único sello de goma en los alemanes educados. La imposibilidad de imaginar por qué estos dos personajes algo ridículos (un argentino, un turco), buscaban una pensión barata en los suburbios cuando Berlín los había alojado en el Kempinski, hacía titilar la luz de sus buenas maneras. En ningún momento dejó de mostrarse respetuoso y solidario, pero yo sentí que desconfiaba porque no entendía, y que empezaba a enojarse porque lo obligábamos a transponer los confortables límites de una abstracción.
-¿Frieda Preutz?
Una palabra más, pensé, un tirón hacia el lado confuso y torpe de las cosas, y el pobre ya no podrá esconder su desprecio.
-Ya lo viste, es inútil.
-Nada se perdió con probar -dijo Safet tranquilamente. Lloviznaba. Me levanté las solapas del impermeable y empecé a caminar por la Kudam, en dirección al café más cercano. Safet no se movió. Tuve que volver sobre mis pasos.
-¿Y ahora qué?
Antes que pudiera impedirlo paró un taxi, abrió la portezuela y me empujó al interior. Em alemán dio una orden al chofer.
-¿Adónde vamos?
-Dijiste unos diez minutos por la Kudam y luego a la derecha. Una calle de tierra, un puente...
-Por Dios, Safet, es como la aguja en un pajar.
-No lo es. Algunas personas tienen un buen sentido para medir la distancia con el tiempo. Tal vez seas una de ellas. Y los europeos lo hacen con naturalidad, todos los días.
-Miran el reloj. Nunca se me ocurrió calcular cuánto duraba cada tramo.
-Tal vez lo hizo tu memoria. Hay un modo.
Me instruyó. Cuando llegáramos a la catedral debía cerrar los ojos y contar mentalmente hasta que me pareciera llegar al punto de desvío.
Cerré los ojos. Asombrado, descubrí que Safet tenía razón, que si no veía los edificios tal vez pudiera dar en ese blanco difícil.
Mi respiración se acomodó a la suave marcha del automóvil.
-¡Aquí!
-No abras los ojos.
No los abrí. Me oía palpitar mientras el coche avanzaba por la calle de tierra como un barco en un mar intranquilo, hundiéndose y emergiendo de baches y de charcos. Luego oí un trueno.
-Es el tren.
-Hay un puente, sí -dijo la voz serena de Safet, desde una nebulosa de puntos amarillos.
Esperé, conteniendo el aliento.
-Ahora.
El taxi frenó. Yo bajé primero.
-Esta es la casa -dijo Safet, un segundo después.
-No.
Lo era y no lo era. La había encontrado y la perdía.
los árboles y la vereda de balsosas amarillas y acanaladas, la puerta y las cortinas de la planta baja, pertenecían al dibujo de mi memoria. Pero no había ningún balcón redondo en el centro de la fachada y al lado de la puerta tampoco había ningún cartel con letras rojas que indicara que esa era la pensión de Frieda Preutz. Nunca volvería a verme, cara a cara, con Juan Pablo Miller.
Safet tocó el timbre. Durante un instante tuve miedo (un miedo cargado de esperanza), de oír el ruido del pasador y la cadena y cuando lo oí me estremecí. Pero no se asomó el casco de bigudíes de Frieda Preutz sino una mujer joven, de pelo corto y rizado. Safet habló con ella. La mujer sacudía la cabeza, enfática y sonriente. La puerta se cerró.
Con los ojos clavados en el toldo a rayas del restaurante que había a unos treinta pasos de la puerta cerrada, dije, porque no se me ocurrió otra cosa:
-Vieras cómo este barrio se parece a Villa del Parque.
Los árboles, la esquina en ochava, todo me dolía de familiaridad. Pero nunca había estado ahí y no quería seguir buscando.
Safet me obligó. Caminábamos bajo la lluvia. El taxi, con el chofer sobornado y perplejo, nos seguía el paso, el motor ronroneando y deteniéndose.
De ese barrio caprichosamente corregido se alzaban mudos gritos de saludo. El olor de las calles, porque ninguna huele igual a otra y éstas olían a eucaliptos; un absurdo cerco de palos alrededor de un tronco ya maduro; un zócalo de mayólicas azules y amarillas, con un hueco en la punta, donde le faltaba un pedazo; una media de mujer calzada en una pierna de yeso; una pérgola en un jardín, como una gran jaula sin pájaros; un piano detrás de una ventana, cubierto por una carpeta blanca. Pero también lo ajeno, lo extranjero. Un edificio de varios pisos, incongruentemente moderno, con destellos de cristal y de acero, que cortaba el gris poroso de la lluvia; una playa de estacionamiento subterránea y sobre ella una dura plazoleta de césped; un supermercado gigantesco y al lado, la arquitectura sombría, pesada de mármoles, de un cine.
-Voy a perderme -pensé.
Sentí un temblor similar al que produce el vértigo. Y me detuve.
Estaba delante de las grandes ventanas enrejadas, mirando las guinaldas negras y ocres de óxido, frente a la puerta desgajada del marco, que me mostraba el patio de una casa en ruinas.
La mano de Safet apretó mi brazo.
-El Estudio A.
-Una casa abandonada -dije rápidamente.
Pero entré, seguido por Safet, a la desolación de ese patio abierto al cielo.
No había ningún reloj de hierro pendiendo de una viga, ni habitación alguna que pudiera insinuar la previa existencia de un semicírculo de habitaciones al fondo. La casa o las ruinas de la casa eran una simple fachada de escenografía, de solamente dos dimensiones. Di unos pasos. Y contuve el aliento.
Hubiera reconocido el piso roto de ese patio, los agujeros llenos de agua, entre todos los patios del mundo.
Cuando pude hablar, la voz me salió ronca.
-Si se trata de un sueño, es un sueño muy raro. Algunas cosas faltan, otras están, a otras las veo por primera vez.
Safet callaba. Yo tiritaba de cansancio y de frío.
-Vamos -dije.
-Todavía no.
Su obstinación me desesperó.
-¿Por qué? La explicación no puede ser más sencilla. Estuve enfermo, imaginé, soñé.
Safet señaló el patio abandonado con su boquilla de marfil.
-No, Safet. Pura coincidencia. Nunca tomé el avión a Berlín. Estaba enfermo y habré querido refugierme en Viena. Tal vez encontré a un argentino que hacía cine. Luego, la imaginación y la fiebre multiplicaron, desarrollaron una conversación de viaje, la conviertieron en una historia.
Una vez más miré a mi alrededor.
-Patios y casas abandonadas, barrios como éste, debe haber a montones en el mundo. Berlín es grande, el mundo es grande.
El lugar me gritaba que mentía. La mirada de Safet también.
Supliqué.
-¿Acaso no me viste enfermo en el Rainer? ¿No callaste cuidadosamente la confusión de fechas? ¿No estabas seguro de que me había vuelto loco o deliraba?
-No -dijo con firmeza-. Ni Berlín ni el mundo son tan grandes. Depende de la posición del espectador.
Con asombro, vi que esa cara siempre imperturbable se había alterado.
-No. Nunca pensé que te hubieras vuelto loco. Es cierto que en el Rainer te oí hablar en sueños. Pero muchas veces esos sueños contienen la verdad que no aparece cuando una está despierto porque es mejor negarla. Tu historia me intrigó. No la que me contaste al despertarte, sino la que contaste dormido.
-No entiendo.
La perturbación de Safet me atemorizaba.
-No entiendo -repetí.
-Y yo no encuentro las palabras que te lo explicarían. Pero aunque las encontrara, no me entenderías.
-¿Pero por qué?
-Porque tratarías de filtrarlas por la razón.
Se miraba la mano que adornaba el anillo como si la viera por primera vez. La miraba con admiración y repugnancia, como si el rubí fuera una mancha de sangre y la sangre brotara de una herida imposible.
-Hay conocimientos de apariencia ligera como el agua, pero de consistencia tan espesa que no atraviesan el fino tamiz de la razón. Debajo de ese filtro, esperando que caiga una gota, te morirías de sed. Y si lo quitaras, tu incapacidad de beber sin él te ahogaría, como si el mar te entrase en la garganta.
Hablaba sentenciosamente, con un tono amargo que se asimilaba al rencor.
-Yo mismo fui insensato. Supuse que ese hombre, el director de cine, te llamaría al Kempinski, que veríamos la película, que esos hechos anularían la verdad. Luego tuve esperanzas de que no encontraras el barrio, la casa, este patio. Otra manera de borrar la verdad. He sido estúpido.
Acercó su cara a la mía, bajó la voz como si fuera a confesarme un secreto delito.
-Oh, sí, yo mismo, yo Safet -dijo con rabia-, calculando, revisando tus papeles mientras dormías, leyendo una y otra vez la fecha de tu pasaje, la fecha de tu partida de Buenos aires. Sumando y restando los días de más o de menos desde la salida, los días en blanco. ¿Y dónde los buscó Safet? Los buscó en el calendario. Los buscó minuciosamente en la nada. Desde tu salida, esos días no tienen importancia.
Se apartó de mí y miró a su alrededor como si siguiera buscando, pero ya no los días ni los números sino otra cosa, con ojos de hombre acorralado.
-¿Por qué olvidé? ¿Por amistad? ¿Por qué la inocencia es una carga? ¿Por la patética confianza en un dios algebraico? ¿Por simple curiosidad humana? Ah, me dejé arrastrar hacia tu viaje. Ahora lo lamento y es tarde, es tarde.
-¿Qué es de lamentar? -dije cansadamente-. Si lo soñe, estás atestiguando la confusión de un estúpido que perdió la dirección de un barrio, que se dejó engañar por otro más vivo que él. ¿Te duele ser ese testigo?
Safet me miró rectamente a los ojos. Vi en esa mirada, ahora más calma, el viejo afecto, y la triste sonrisa, una resignación burlona.
-No, mi pobre amigo, no.
Apoyó una mano sobre mi hombro. Suspiró.
-No me duele ser ese testigo. Me duele no saber si lo soy.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-








Mapas*



Durante muchos años mi padre se esmero en contar una y otra vez de sus viajes en camión por las rutas italianas. Contaba ciudad por ciudad y pueblo por pueblo por donde había pasado manejando un camión con provisiones en la última etapa de la guerra, con los alemanes en retroceso y esa extraña fauna de tropas aliadas que incluía indios de la India, ingleses, africanos y norteamericanos a los que solo escuchaba decir "I love you girl" a las italianas.
Faltaba comida pero había abundancia de chocolates y cigarrillos para las tropas, mi padre trocaba los cigarrillos y chocolates por comida. Era -según cuenta- un gran chofer en esos caminos de montaña.
No recuerdo sus rutas, aunque las repitió mientras tuvo memoria y vida, y no logro reconstruirlas ni con mapas encontrados en Internet.

Pero siempre voy a recordar ese esquema de ciudades que hicimos juntos en una madrugada de octubre del 2000, él había estado internado en terapia intensiva en una pequeña clínica de PAMI.
La terapia lo desoriento. Después de 24 horas estábamos en una habitación, el me conocía pero me decía que estábamos en Quequén, miraba al paciente de la cama contigua y decía "cuanta gente viene a este hotel", no intenté hacerle notar su equivoco. En la noche , desvelados, tratamos de reconstruir la ubicación de izquierda a derecha y de arriba abajo de los pueblos cercanos a su pueblo italiano.
Es el reverso de un folleto de propaganda de la clínica donde anuncian un plan social de salud al alcance de todos, una hoja pequeña y veo mi letra mezclada con la suya, son puntos de birome trazados en espiral con los nombres de las ciudades, a pesar de todo su esfuerzo sigo sin poder descifrar esas huellas invisibles.
Los recuerdos mi padre en sus caminos italianos, como huellas en el pasto, se han borrado detrás de sus pisadas, derretidas como la nieve que cubría los caminos y obligaba a cruzar cadenas en las cubiertas del Guerrero a gas que manejaba.
Paterno Di lucania, su pueblo, atravesado por la ruta, apenas un descanso breve entre las montañas, ahí nomás el camino a Raia, donde vive uno de sus sobrinos. Al otro extremo del pueblo la ruta a Marsiconuovo, el pueblo donde nació mi padre, a la izquierda subiendo montañas por bosques de castaños y lobos salvajes por esta Padula y después Montesano.... más arriba esta Atana y aquí no quedo ningún imaginario trazo que pueda decirme como se llega o se va.. A la derecha de Marsiconuovo - Paterno y Raia se termina el papel .
Después están Pedale y Viggiano, mi papá pronunciaba "villano" y hay un "1º" escrito con mi letra..... seguramente el me contó que primero estaba villano arriba más alto y más alto todavía la Madonna de Viggiano a la que visitaba llevando a sus fieles en el camión, el tenía también fe en la Virgen y cuando le desesperaba y enojaba el mundo y la gente decía "Madonna mía". Camino a Pedale hay alguien que le dio trabajo y albergue, mi padre lo recuerda con gratitud, me dice el nombre y apellido, en esa noche de octubre donde en la penumbra de esa habitación nos creemos hospedados y refugiados del frío del mar y podemos ,por última vez creo, tratar de reconstruir algunas de sus rutas conocidas. Bien a la izquierda están listadas con mi letra imprenta de industrial casi cursiva: Bari-Brindisi-Lecce, luego una B que quedo allí desairada como un objeto o un botón irrecuperable que perdió hace años su lugar en el traje.
Sé que sus ojos claros se hacían vivaces e iluminaban esa penumbra cuando hablaba de sus caminos de infancia y juventud, de alguna manera él seguía viviendo allí y una parte de él no quería dejar morir ese tesoro, aun en la enfermedad y el olvido de los años. Siempre pense que se vive para defender una memoria viva que se lleva hasta el último minuto y mi viejo siempre me lo demostró con sus mapas contados en el aire, repetidos hasta el desinterés o la frustración de su oyente. Muchos habrán dicho antes que yo, que la muerte es cesar la lucha por la propia memoria hundida en el cuerpo, poro por poro erizado al detonante del recuerdo-palabra-imagen y gestos. En estos mapas del aire pensaba hoy, cuando abriendo el libro de Antonio Dal Masetto La tierra incomparable apareció como señalador el mapa que hicimos aquella noche resistiendo olvidos y dolores mi padre y yo.


-Año 2002-

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com





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viernes, julio 04, 2008

EDICIÓN JULIO.




INVENTIVASocial
Edición JULIO 2008

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Mis amigos poetas*



Mis amigos poetas
no están con los famosos en las antologías.

Mis amigos poetas odian la hipocresía,
le cantan a los duendes
y se mueren de pena por la muerte de un niño.

Mis amigos poetas apoyan las huelgas
y reciben balas
cuando disparan versos a la policía.

Mis amigos poetas están en las marchas
y cargan estandartes del Cristo de La Higuera.
Se oponen a las guerras y a las oligarquías.

Mis amigos poetas
jamás tendrán un Nobel.



*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@cubarte.cult.cu








Revolviendo la maleta*




Revolviendo la maleta salió tu verso.
Entre calcetines, pañuelos y ropa
aparecieron tus besos

No sabía lo que era
y los tomé con las manos
en silencio
los miré despacio
y los puse en mi boca
un momento

Vi que eran tus besos
y con ellos, tu aliento
que pusiste en mi equipaje
para seguirme queriendo.



*Joan Mateu. joan@cimat.es













La dama del sombrero rojo*







¿Qué será

la dama del sombrero rojo

bajo el velo?



¿Ave del paraíso?



¿Será de dragón

su fuego camuflado

entre puntillas?



¿Será la suma voraz de todo miedo?



¿Sólo madre,

y sus ubres

cándidos surtidores de nácar?



¿Será loba?

Padecerá su hambre

debajo de la luna?





¿Será gorrión?

¿Mariposa nocturna

amanecida entre dos hojas de cuaderno?







Mujer que velas

de rojo



¿te apagarás con la luz

tú también,

como los pájaros?









*de Martha Valiente. puertopegaso@gmail.com









Un nido de abrazos*



1

Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.



2


Levantan la vista
ven al árbol dormitorio
florecido en pájaros de la noche.
No caen a pétalos.

Sólo se acompañan en soledad
de hoja en hoja.

Ella se pregunta
porque no hacen nido.

Mirando al cielo vedado
por hojas y pájaros.
Se abrazan.

Y hacen del abrazo,
un nido.


*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com






Querreque*



*de la canción popular mexicana
(que en nada se parece a este escrito)
y en memoria de José Guadalupe Posada.




Calaveras bailan en medio de la plaza,
Cantan y se entonan
Al son de la Muerte Alegre.

Calaveras empresarias
Y calaveras obreras;
Terratenientes
Y trabajadoras agropecuarias
Ahora comparten juntas la mesa
Con tan solo los huesos
Para mostrar.

Nosotros,
Simples mortales,
Podemos hacer que caigan del techo
Calaveras de azúcar y pan,
Que caigan entonando rimas
Que toman de frases de "El Capital".

Algunas con zarape,
Otras tantas con sombrero de palma
Y comiendo un agusanado tamal…

Cuentan historias de terror
Que han dejado para los vivos:
Hablan de deuda externa,
Democracia representativa,
Desregulación
Y apertura al mercado mundial.

Brindan haciendo buches
Con tierrardiente y gas metano
Mientras guardan los chistes
Entre canto y canto
Para gritar que no importa
Quién empiece la guerra,
Aquí todos llegamos igual.

Yo por eso cuando sea grande
Quiero ser calavera,
Para que todos vean que tenía razón:
Que todos nacemos y morimos iguales.

El pobre y el rico solo son momentáneos
Mientras se mantengan las clases en esta sociedad.
Pero al final de cuentas,
Quieran o no lo quieran,
A la misma tierra van.



*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com








El destino es insondable*




El hombre lee en su asiento una carta escrita sobre papel verde. Se inclina un poco tratando que el sol que ingresa por la ventanilla ilumine de lleno en esas letras de birome azul. Tiene sus ojos cansados y la presbicia lo obliga a distanciar bastante la carta, a punto de temer con incomodar con la extensión de su brazo a la señora sentada enfrente en la que puede ver una mirada curiosa detrás de esos anteojos redondos con bastante aumento.
En realidad, no le importa que esa señora de mediana edad y pelo rubio enmarañado se interese por su carta. Ella solo podría haber leído la fecha y el lugar que están en letra visible e imprenta, arriba a la derecha de la primera hoja. Luego viene la letra manuscrita, pequeña y encriptada de Cecilia que se hace imposible de descifrar si la persona no esta familiarizada con ella.
Y además, que importancia tiene que esa señora de algo menos de cuarenta años sepa de su felicidad, de su ir y venir con el amor y la distancia.

Ella iba y venía, en su trabajo por los aires, en sus ensueños o en sus amores fugaces de cada aeropuerto que no lograban desplazarlo a él. Su hombre. Él, que iba y venia todos los fines de semana para compartir su lecho, sus labios. Para caminar con ella de la manito o en el abrazo de hombro de ella a cadera de él que tanto les gustaba, como a los eternos amantes, novios o compañeros de vida, aunque nunca supieron definirse, no les interesaba otra cosa más que llevarse de la mano o del abrazo por la
vida que era una sucesión de instantes o una eternidad bajo una misma luz, pisándose a veces con mutua torpeza los pies en aquellas estrechas veredas del centro antiguo de la ciudad, para luego retornar al departamento de ella y fundirse en un solo cuerpo a luz de luna o estrellas, a sol que entibia la piel o a cielos de acero sin grietas. Aun parece sentir el ruido de la lluvia cayendo a gotones de sonido persistente por los techos, mientras adentro los cuerpos se encendían bajo cobijas del frío invierno.
Sentados en la cama, los domingos a la tarde él le leía a ella cuentos de Dal Masetto y ella a él a Borges o Cortázar. Más de una vez, le leyó "Romance" y él sabía, que era apenas un pretexto para llegar a la frase final que tanto lo oprimía como presagio, como un destino acechante a la vuelta de la esquina, o en cada ir y venir a la estación de trenes, para llegar o partir de los brazos de ella, su amor, su compañera.
Recuerda haberle leído esa frase que ahora ronda frecuentemente en su cabeza: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.

Pero él recuerda cada encuentro y cada despedida como si fueran una sola, una misma imagen superpuesta de ese intento imperfecto de volver una y otra vez al placer, o al contacto de la piel, la fusión de los cuerpos, el orgasmo de cada cual a su tiempo y modo, la sonrisa del después y el dormir
abrazados para entrar en la noche del sueño bien juntitos.
Su piel lo enloquecía. Su blanca piel casi transparente en la que podía ver rutas celestes que no parecían venas sino mapas de cielo como los que ella surcaba primero en Aerolíneas Argentinas y más tarde en Lufthansa.

Vuelve a doblar en dos las tres o cuatro hojas de la carta sin dejar de echar una última mirada con los ojos húmedos sobre el encabezado, que seguramente la señora que esta allí enfrente ya ha leído, aun fingiendo desinterés y con la mirada perdida en algún punto de la estación que de una vez y quizá para siempre están por dejar cuando la fuerza de la máquina logre romper la inercia y el viaje se desate sin atenuantes en un movimiento externo a esa relativa quietud de gente sentada e indiferente a los otros seres sentados que parten desde sus propios mundos y asuntos.

No importa que esa señora sentada enfrente haya leído la fecha: Hamburgo, 15 de abril de 1992.
Y más abajo el Querido Julio: y luego parte del contenido que conoce de memoria y ha leído una y otra vez durante estos años, en sus viajes a bordo del tren.

Entonces el tren arranca y el hombre rompe la carta en cuatro con expresión de angustia marcada en el rostro, aunque ya maldice su impulso, su inútil esfuerzo por doblegar ese pequeño hilo de ilusión que lo mantiene ahí, no queriendo preguntarse sin respuesta, y entonces guarda esos grandes pedazos en el bolsillo derecho de su campera verdeagua, quizá ya mismo piensa en pegarlos con cinta transparente al llegar a su casa de Buenos Aires.
Intenta disimular su rostro desencajado. Se levanta y se va al otro vagón, no quiere testigos, que nadie sospeche ni se pregunte por que él sigue yendo y viniendo en ese tren. Ahora que ella, no esta más para esperarlo.




*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com








Nosotros, no*





No hemos sido nosotros

quienes entre 1600 y 1850 hemos asesinado

sistemáticamente a más de 30 millones de indígenas

durante la colonización de Norteamérica

ni quienes a partir de 1619

legitimamos y establecimos el uso de prisioneros africanos como esclavos

situación que jurídicamente sólo vino a terminar en 1995;

no hemos sido nosotros quienes nos apoderamos

de Texas, California y Nuevo México entre 1846 y 1848

tras promover y financiar un movimiento de secesión en estos territorios mexicanos

ni quienes anexionamos a Hawai en 1898 e intervinimos

en la política de los países centroamericanos, anexionando

también a Filipinas, Guam y Puerto Rico;

no hemos sido nosotros quienes, por supuesto, innecesariamente

atacamos con bombas atómicas

a ciudades de Japón, como muchos recuerdan, en 1945

ni quienes una y otra vez

nos involucramos en guerras foráneas

y conquistando nuevos territorios

o áreas de influencia

declaramos la guerra a Corea

intervinimos en la política sudamericana

y a tantos masacramos en la guerra de Vietnam;

tampoco hemos sido nosotros

quienes invadimos a la República Dominicana en 1965

y reiteramos la experiencia en Panamá y Granada,

Afganistán e Irak

ni quienes en los primeros años del siglo veintiuno

mostramos abierta y sangrientamente la pretensión de dominar

a todas las razas y culturas;

de ningún modo somos nosotros

los que devoramos cerca del 40% de toda la Energía

incluyendo combustibles, alimentos y agua

ni quienes apostamos al sustento del mayor arsenal operativo nuclear de todo el Planeta.



Repudiamos nosotros, no sin énfasis

que se nos endilguen estos dichos, y aun otros, y otros

con esa liviandad, animosidad manifiesta

y afán estigmatizante que a ustedes los caracteriza

al tiempo que denegamos

haber ido deviniendo en el Supremo

Energuménico

Enemigo de la Humanidad.



(a Ernesto Guevara)



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar








Sin maquillaje‏*




En soledad
Y también en la noche
Quizás con las dos juntas
He descubierto la profundidad
Del abismo,
La pesadilla de ser yo
No me animo a mirar
En el espejo
No quiero asustar a mi rostro
Él aunque esté triste
No puede transmitir
Esa la pura soledad
De estar con uno mismo
Y sin maquillaje.-




*de Azul. azulaki@hotmail.com











SE HAN ABIERTO LAS BARRANCAS DE LA NOCHE*







Se han abierto las barrancas de la noche.

Aquellos que se han ido, han vuelto.

Silenciosamente, así como han partido.



Está la repudiada, con su sexo abierto y su boca cerrada.

Esta el hombre estallado en el espejo del amor

Está el niño que no llegó a la lluvia.

Esta la adolescente pálida ahorcada con sus trenzas azules-

Está la bestia, aun sin rostro.

Está el preceptor de primer grado con su índice erecto y su pene flácido

Está el hombre que murió en defensa propia.

Están los muertos ilustres envueltos en banderas.

Están los “muertos de mierda” y la mierda de los muertos.

Está el condenado por los dioses arrojado al Río de la Plata.

Están erguidas las ratas militantes de la peste negra.

Está Medea y los hijos de Medea.

Está el hombre de las cuencas vacías.

Está la infamia anónima escondida tras pétalos de lepra

Está Magdalena enamorada eterna del eterno hombre.

Está María con mirada cándida y piernas varicosas.

Está el padre del padre de la madre con su espada rota.

Está el poeta condenado a la muerte y la vida de la rosa.

Están deudos y deudores de la fetidez globalizada.

Está el hombre de sombrero bizarro.

Está el labriego con las callosas manos mutiladas

Esta la dueña de los pantanos invisibles

Está el vate chileno de la generación muerta.



Están todos. Ninguno falta.



Tampoco yo.




*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar










Una mañana*









Silencio al sol de media mañana. El hombre percibe con su nariz cerrada por el resfrío como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales. Un olor a hogar inunda el aire quieto de la habitación.

Él, ahora, puede respirar bien, bastante mejor que ayer a la noche. Se abren sus sentidos y el gusto a sopa le trae bien cerquita la voz de anoche, con su compañera cantando en la cocina...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Y algo más abajo de su voz de blanca negra que por momentos se eleva en catedrales, el hombre alcanza a oír la percusión, un ritmo espontáneo que surge del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.

Pedacitos y pedacitos que serán bien pronto aroma y alimento.

Recién en la mañana, con la cama bañada de sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa, y también del sonido que bien evaporado y mezclado en los sabores vegetales flota en la habitación...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Tiene razón la letra. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando su nariz recibió como un golpe del recuerdo, ese aroma y esa voz. Una sencilla muestra de la dicha de amor y hogar que llegaba desde la cocina.







*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com











3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“




BASES DEL CONCURSO:

ÁREAS:
a. Composición para piano solo
b. Composición para piano y electrónica
c. Composición para piano y trío de cuerdas

v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente.
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental.
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos.
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.

ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.

Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@yahoo.de . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.

Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS:
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO: 500 Euros

* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.

* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).

Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: euroyage@yahoo.de

más informaciones encontrará en: www.euroyage.com

EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)

El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v El Gobierno del Estado de Salzburgo
v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v La Asociación Música en el Museo (MiM)
v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE





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jueves, julio 03, 2008

SIN ALFILES, SIN REY, SIN REINA...




*Foto de Florencia Soler Abbate. florencia_soler_77@hotmail.com



EL SATIRO DE LA CARCAJADA*



El sátiro de la carcajada trae su alforja rota.
Asoma un barrilete de infancia color abandono,
Una corbata con rayas paralelas.
Una hoja seca de lo que alguna una vez fue roble.
Trae en sus zapatos un hueco y atada de un cordel, una esfera de piedra.
El sátiro de la carcajada ríe, de noche y de día.
Ríe la mueca amarga, desdentada.
En un bolsillo lleva una bolita azul ostracismo de jade.
En su manos una gaita, una llave y una vara de junco.
Su mirada de niño mira la lontananza.
Las montañas azules le acompañan en verde.
Vuelve.
El sátiro de la carcajada solo encuentra un tablero de ajedrez
Sin alfiles, sin rey, sin reina,
Solo hay peones y un matungo rengo.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar







SIN ALFILES, SIN REY, SIN REINA...






La Capilla Sixtina*



Nadie debía enterarse que estaba perdiendo visión. Cuando el Papa le encargó unos cuadros de la creación, Miguel Ángel se trasladó al Vaticano para pintarlos. Allí se le proporcionó un lugar tranquilo para que el maestro pudiera realizar su obra: La Capilla Sixtina.

El pintor se recluyó en su interior y durante varios meses estuvo dedicado a pintar, venciendo la soledad y la precariedad de la luz. El día que dio por concluido el encargo la curia de cardenales en pleno entró en la Capilla Sixtina a contemplar lo que había hecho. Ante la sorpresa general se encontraron con los lienzos en blanco y las paredes y en techo pintados.
Miguel Ángel nunca confesó que no veía donde pintaba, ni que había creído hacerlo sobre los lienzos. El muy fresco, inventó los frescos.



*Joan Mateu. joan@cimat.es







ACERCA DEL PREJUICIO Y LA DISCRIMINACION EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Sobre vocablos necesarios pero insuficientes*


El autor examina las particularidades del "discurso políticamente correcto", en relación con el prejuicio y la discriminación y "en sociedades desacopladas del tren de la modernidad, como la nuestra".



Por Alejandro Kaufman *


Prejuicio y discriminación son términos instalados en diversas tramas normativas. Forman parte del orden político, social y cultural y tienen variadas inscripciones en las prácticas socioculturales. Suponen la disposición de ciertas distinciones y normas apropiadas para una convivencialidad compatible con principios de igualdad y reciprocidad. Tales normas limitarían las acciones de exclusión o violencia sustentadas por distinciones o categorías susceptibles de estigmatizar a las personas, en la medida en que las acciones individuales o los rasgos singulares fueran considerados indiferentes por sus propios méritos, sólo calificables en función del estigma.
Un problema que suscita la confianza en el poder de palabras como prejuicio y discriminación reside en que permiten describir simplificaciones extremas de acontecimientos y acciones humanas, en tanto destinadas a legitimar y reproducir la opresión sobre la base de criterios asimétricos sistematizados. La delimitación de tales simplificaciones emerge en el transcurso de las luchas por la igualdad, ya sea que se trate de confrontaciones con regímenes políticos como el del apartheid sudafricano, o de prácticas culturales ancestrales como la opresión de género. En este contexto se instalan múltiples circunstancias emancipatorias, que van desde la abolición de la esclavitud hasta el voto femenino, desde el cambio voluntario de sexo hasta el acceso universal a la educación, desde la lucha contra el antisemitismo hasta la instauración de los derechos de los niños.
Por abreviada que sea una enunciación de esa diversidad, no resulta difícil señalar el carácter múltiple de aquello que se subsume bajo una denominación unívoca como la de "discriminación". El término contiene una apelación valorativa indeterminada: discriminar es seleccionar y excluir al mismo tiempo. Seleccionar denota preferencia y segregación. Solamente la segunda acepción de la RAE señala una significación peyorativa, porque implica "dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.". Ese "etcétera" nos remite a la multiplicidad mencionada.
"Segregar" aparece como un acto divisorio, tajante, simple, pero aquello que se "segrega" supone una diversidad inabarcable y heterogénea. En esa diferencia radica una tensión inherente a la temática de la discriminación, así como la cifra de sus limitaciones para asegurarnos de manera eficaz la realización emancipatoria que prometen las acciones contra la discriminación, tal como suelen estar inscriptas de manera generalizada en las prácticas sociales contemporáneas instituidas. La tensión referida entre
la simplificación reductora de las palabras analizadas y la diversidad multiforme de los ejemplares a los que las palabras refieren remite en definitiva a la naturaleza misma del nombre.
Cuando designamos un caso o un individuo con un nombre que no pertenece exclusivamente al designado, estamos "prejuzgando" porque reducimos su multiplicidad a un segmento del discurso compartido por todos los casos o individuos así denominados. Esta generalización conceptual que antecede tiene como finalidad distinguir entre la denominación, la categorización, la designación, todas ellas formas de "discriminación" y las acciones que se alegan como consecutivas a dichas distinciones. Si la esclavitud fue argumentativamente fundamentada sobre la inferioridad de quienes eran distinguibles por el color de su piel, y si la memoria no cesa de recordarnos la huella de la ignominia implicada por la distinción del color, no por ello la inversión de los términos en sus contrarios nos garantizará una protección contra la opresión o la crueldad, aunque es probable que el uso del color como parte de la argumentación se vea inhibido. En ello consiste el problema que atañe a la "corrección política". Se sustituyen unas distinciones por otras, en tanto que se procura la institucionalización de términos exentos de toda memoria ignominiosa para describir emancipatoriamente a quienes fueron o son aún perseguidos, oprimidos o mortificados. Se legitima de esta manera un estatuto jurídico cuyas consecuencias sobre los derechos y las condiciones de vida de los afectados no podrían dejar de reconocerse, pero a la vez se provocan consecuencias culturales fuera de proporción con los beneficios obtenidos. Hoy en día es
difícil no sonreír ante esos lenguajes, aunque hay perspectivas muy diferenciadas al respecto, y en ello radica un problema principal. Es diferente la significación de esa sonrisa en los ámbitos en que las
conquistas emancipatorias fueron realizadas, que en aquellos en que sólo se convierte en un remedo estólido de una risa injustificada. En los ámbitos en que las conquistas emancipatorias han tenido lugar -aunque no estén exentos por ello de eventuales regresiones- la sátira convive con la juridicidad de
un modo conceptualmente desgarrador, pero pacíficamente convivencial.
Tomemos el ejemplo de South Park, reciente modalidad satírica de noble linaje. La crudeza y la agresividad que caracterizan a ese dibujo animado norteamericano sólo pueden comunicarse en sociedades liberales, en las que numerosos grupos históricamente discriminados han alcanzado significativas conquistas en sus condiciones de existencia, sin perjuicio, hay que insistir en ello, de eventuales regresiones o contradicciones y limitaciones de diferente índole.
Lo curioso es lo que sucede cuando una serie como South Park se difunde en un ámbito cultural al que resulta ajena la problemática en toda su plenitud, y se da lugar en consecuencia a la circulación de un discurso burlón sobre la corrección política allí donde la corrección política ni siquiera se insinuó en práctica social alguna. Al mismo tiempo, y sin dejar de transitar algunas paradojas, estas mismas tensiones pueden contribuir a su manera a facilitar trayectorias emancipatorias.
South Park fue emitida durante un breve lapso en la TV de aire de Buenos Aires, tal vez hasta que los programadores advirtieron la inconveniencia de una difusión tan liberal dirigida a una audiencia culturalmente distante.
Este tipo de desajustes, anacronismos y falsos encuentros son característicos de la globalización comunicacional y dan lugar a los procesos de censura que acontecen en muchos países, así como al surgimiento de movimientos culturales y religiosos antimodernistas que, ante la historia de los cambios culturales de "Occidente", plantean la supresión, la censura y la represión incluso violenta y hasta terrorista de las prácticas emancipatorias. Para ello, no sólo emplean argumentos y pretextos
dogmáticos, sino a veces las propias enunciaciones emancipatorias. Así, podemos encontrar movimientos de mujeres que reivindican el uso de indumentarias que simbolizan la subordinación de género, y lo hacen desde una alegada perspectiva de género.
Explorar este territorio desde una mirada informada intelectualmente demanda inquirir en debates filosóficos, culturales y políticos sobre el multiculturalismo, el relativismo y el universalismo, en tanto tramas conceptuales que fundamenten o hagan inteligibles estos problemas. Sin embargo, como sucede desde siempre en la historia cultural, "el Búho de Minerva levanta vuelo al atardecer", sentencia que alude al retraso estructural con que el pensamiento crítico acude a la conciencia después de los acontecimientos.
Una forma en que hoy en día es comprobable esta dilación en relación con la problemática del prejuicio y la discriminación es que la opresión, la crueldad y la subordinación -en palabras más adecuadas: las relaciones de poder- estructuran tramas discursivas que renuevan condiciones asimétricas eludiendo los debates intelectuales conocidos, así como los dispositivos jurídicos conquistados. No fue otra cosa lo que sucedió con los procesos de emancipación moderna respecto de la explotación, la alienación y el consumo. No se persistió en las formas que millones padecieron, sino que esas formas fueron transformándose para, primero, cambiar los padecimientos y, finalmente, trocar los padecimientos mismos por modalidades felices de subordinación y dependencia; de modo que los viejos lenguajes emancipatorios sólo se pueden emplear al precio del lecho de Procusto de los ideologemas de museo, repetidos como letanías inocuas. Es lo que sucede con algunos de los lenguajes de los progresismos, las izquierdas y los democratismos.
Los asuntos que identificamos como articulables con "prejuicio" y "discriminación" atraviesan diversos procesos de mutación, transformación y cambio que neutralizan los lenguajes disponibles y crean nuevas situaciones que no son inmediatamente reconocibles ni caracterizables como opresivas o asimétricas.
Los cambios radicales que experimentaron en innumerables sentidos las nociones de pobreza y riqueza, necesidades esenciales o consumos suntuarios, lesionaron también la conflictiva dicotomía histórica entre "socialismo" en el sentido de la adhesión filosófico política al valor de la igualdad, y reconocimiento de la "diferencia" como adquisición de un registro sin el cual el valor de la igualdad se ha limitado a cimentar las bases de aquellos totalitarismos que fueron definidos como dictaduras de las necesidades.
Aquellas que sacrificaron la libertad en el altar de una equidad entendida como equivalencia distributiva.
Habíamos mencionado un icono del ironismo que satiriza la corrección política, significativo por su amplia difusión mediática. Para proseguir, y sin el menor atisbo de extensión, ya que no de exhaustividad, es necesario señalar la denigración satírica de la corrección política como tópico
hegemónico en buena parte de la crítica cultural contemporánea. En los últimos años se ha ido volviendo evidentemente insostenible la confianza progresista en los paradigmas jurídicos de la lucha contra la
discriminación, dado el auge de nuevas modalidades de violencia segregatoria en innumerables variables. Sin abundar y sólo para ejemplificar: los límites en las luchas por la emancipación de género en algunas partes y los brutales retrocesos antimodernos en otras; el neorracismo perseguidor y represor de
inmigrantes, muchas veces imbricado con la estigmatización de los árabes y del Islam; la intangibilidad de la meritocracia, cuestionada en otras épocas y hoy en día endiosada y enaltecida más allá del terreno del conocimiento y las destrezas y el cultivo de las formas corporales y los desempeños libidinales.
Es precisamente la impotencia del discurso políticamente correcto para cambiar las condiciones reales de la existencia de la mayoría de la humanidad aquello que aporta un riquísimo material al arte, la literatura, el cine y la televisión, y no solamente en clave abiertamente satírica. Sin ningún esfuerzo taxonómico, pensemos en forma sucinta en Tod Solondz, Lars von Trier, Jim Jarmush, Ettore Scola, Abbas Kiarostami, Mohsen Majmalbaf, o tomemos ejemplos tempranos de la literatura argentina como Lamborghini, Copi, o el propio Borges.
Desde luego, se trata de dar por sentado que no hay un real debate sobre la igualdad y la lucha contra la segregación si no se aplica una mirada crítica sobre las "identidades" como modalidades de amparo y afirmación de la otredad. (...) Las publicidades sobre "capacidades diferentes" nos interrogan sobre si necesitamos que una telefonista sea vidente o camine sobre sus propias extremidades y las de trasplantes de órganos comparan la espera del transporte público con la de los órganos donantes. El mundo de las identidades y sus transformaciones se ha vuelto caótico, y la instrumentalidad de los discursos de la corrección política ha pasado de ser una gran promesa cuasi utópica a la completa falta de encanto de los discursos de las reivindicaciones gremiales. Hacemos empleo de ellos y los necesitamos, pero no nos hablan de otros mundos, ni de horizontes abiertos.
Buscamos experiencias estéticas y espirituales en el ironismo y la sátira, que nos garantizan un compromiso implícito con los valores igualitarios y emancipatorios del legado ético de la historia cultural de un modo aún desinteresado y negligente, sin apologías y, sobre todo, sin la presunción
de construcciones institucionales y políticas que siguen las reglas de las relaciones de poder hegemónicas.
Estas reglas dictaminan el dominio de la eficiencia instrumental en la producción y el trabajo, y de la eficiencia libidinal en el consumo, el entretenimiento y la realización placentera y feliz de los sentidos. Es un mundo idealmente indoloro, donde el aparato jurídico protege no sólo de la humillación segregatoria, sino también de otras formas de violencia que acontecen en forma microscópica y aleatoria en la vida cotidiana, sea familiar, de género, acoso laboral o mobbing, acoso escolar o bullying.
La paradoja que se nos presenta es que en sociedades desacopladas del tren de la modernidad como la nuestra, ciertos avances o transformaciones que son emancipatorios en relación a relaciones de poder más violentas y crueles de épocas pasadas, se instalan desde afuera, importados, y en forma tardía,
cuando ya han perdido su vigor como promesas. Entre nosotros conviven con nuestra homogeneidad identitaria, implicada en el mito del "crisol de razas", gran dispositivo de dominación fundado en algunos rasgos impuestos en forma universal sobre la base del relato identitario de la argentinidad. Como
corolario se registra la deprivación del reconocimiento de las modalidades segregatorias y prejuiciosas realmente existentes, más allá de lo que se dice y acepta en forma explícita (tres inmensos genocidios que vertebran nuestra historia, el de los pueblos originarios, el de la guerra del Paraguay y el de la dictadura del Proceso de 1976, aún están lejos de constituirse en sentido común en nuestra sociedad).
En tercer lugar se verifican subculturas ironistas sobre la corrección política, pero también movimientos sociales pequeños y vigorosos que han logrado importantes conquistas emancipatorias en la lucha por la igualdad, fundamento vigente de la condición humana en tiempos de incertidumbre.
La conclusión de estas observaciones apunta a que no podemos confiar en las modalidades estereotipadas y binarias que asume la corrección política, aunque no sería prudente tirarlas por la borda, como desgraciadamente suele apreciarse entre nosotros. En cambio, se trata de desenvolver sensibilidades
y apreciaciones atentas, antes que a los dilemas de las categorías y segmentaciones previsibles, a los dramas que acontecen en forma singular en los avatares humanos. Aquello que el teatro, la literatura y el arte ya sabían desde la Grecia clásica en sus formas culminantes, no superadas aún por ninguna obra posterior, sino siempre reinterpretadas, recreadas por todas ellas. Esto, que se sabe en el propio terreno de las narrativas dramáticas, permanece aún dolorosamente divorciado de los discursos que
anteponen la palabra "ciencia" a cualquiera de las modalidades cognitivas vigentes. Conservamos la deuda modernista entre el saber como conocimiento objetual y la sensibilidad como devenir ficcional subordinado. La lucha por la emancipación es también una lucha por los relatos.


* Extraído de Vertex, Revista Argentina de Psiquiatría, 2007, vol. XVIII.


-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-107109-2008-07-03.html










Crónicas Marcianas*







Ella Desnuda. Apoya su espalda contra el respaldo de la cama. Abre sus piernas.

Deja sus piernas dobladas y las rodillas quedan como una cima curva y perfecta. Un haz de luz que se filtra de los postigos entornados les da un aspecto irreal, son la superficie de un planeta mágico.

Ella Desnuda. Con sus piernas abiertas y el sexo expuesto, trémulo, recibe al hombre.

El hombre apoya su espalda en los pechos de ella. De forma tal que los pezones se sientan claramente a la altura de sus pulmones.

Ella lo contiene en sillón de mullida ternura humana. Con sabor a piel. En un aire pleno de aromas a hembra y fresias.

Ella abre un libro, recorre en silencio las páginas.

Cada vuelta de hoja genera una brisa o un huracán en la piel de sus mejillas.

El se concentra en la respiración. Los pulmones son una caja perfecta de resonancia. Siente al latido del corazón de ella como doble latido del propio corazón.



Ella comienza a leer. Su voz se eleva en catedrales.

El hombre cierra los ojos. No esta del todo allí.



Hay una niña que canta en latín. Cuando su voz vuela, se despega del coro y los fieles se giran, dejan de ver hacia el pulpito y buscan el origen a ese desgarro del aire que llega a los oídos.

Afuera, probablemente esta nevando, el reloj de la iglesia esta congelado como en una postal sepia a las 10 y 5 minutos de una mañana de domingo. Los tejados rojos cubiertos en algodones de nieve. El río D'Orba hace espuma al chocar contra los pilotes del puente de hierro y madera, y más allá el horizonte se eleva como en una visión de piernas que culminan en cimas nevadas de luz matinal.



Ella lee Crónicas Marcianas. En su voz que eleva en catedrales hay un eco de la voz dormida en el texto.

El hombre, que hace un momento pudo oír a través de ella al canto de su abuela.

Ahora, abre los ojos y puede ver algo del cielo, también piel, al alcance de sus manos.







*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com










LA OCTAVA MARAVILLA*



*De Vlady Kociancich.


44



Estaba de pie, junto a la ventana.
Más que otras veces, su habitual postura 8el cuerpo lánguidamente recostado contra la pared, los brazos cruzados en el pecho, la morena cabeza ladeada), y el traje que vestía, uno de esos trajes de primera que encargaba a un sastre de Londres, la camisa y la corbata de seda, los finos zapatos italianos, una elegancia ultrajada por el oro y los brillantes de estrafalarios gemelos, por el gran anillo con un enorme rubí en la mano de dedos gruesos, por la larga boquilla de marfil entre los dientes, bajo un bigote de cosaco. Era el agente de viajes de Estambul. Era un amigo.
-Safet.
-No hables todavía.
Safet ahí, en mi cuarto del Rainer.
-Dios. ¿Qué pasó?
Arrastró una silla hacia la cama y se sentó a horcajadas, cruzando los brazos sobre el respaldo y mirándome con su imperturbable aplomo.
-Una gripe feroz, amigo mío. Complicada, según el médico que te atendió, con un feroz estado de agotamiento.
-¿Qué médico? No me acuerdo de nada.
-Mejor. Lo hubieras visto a Peter. Estaba aterrado. Pero se ocupó de llamar al médico, de comprar los remedios. Nos turnamos para vigilarte. No tanto por la enfermedad. Quizá la fiebre... En fin, tenías malos sueños.
-¿Se turnaron? Pero Safet, habrás dejado tus negocios para cuidarme. Te he hecho perder tiempo...
Se encogió de hombros y me dio unos golpecitos en la frente con el rubí.
-A este buen musulmán nada lo complace más que perder hospitalariamente el tiempo.
Me reí con ganas. Ese buen musulmán, con aspecto de gangster de alto vuelo, encubría a uno de los empresarios más activos que conocí. Detrás de esos ojos muy negros, muy pesados, que parecían los de un hombre dormido o a punto de dormirse, había alguien que jamás perdía el tiempo.
-Y te doy un consejo -agregó, arrastrando las palabras como lo hacía cuando hablaba inglés, fingiendo una inseguridad de la lengua que desmentía la perfecta sintaxis- hay que seguir descansando. Dormir un poco más. Orden del médico.
Protesté. Y me dormí inmediatamente.
Fue un largo y tranquilo sueño. A veces despertaba y veía a Safet a mi lado, con un whisky en la mano, bebiendo un trago parsimoniosamente, saludándome con el vaso en el que tintineaba el hielo. A veces veía la ansiosa cara de Peter inclinada sobre mí. A veces, una muchacha que alisaba el edredón tratando de no despertarme o me obligaba a tomar una pastilla.
Una de esas veces desperté del todo.
-Cómo he dormido.
Safet, desde su puesto de vigía junto a la ventana, dijo que se me veía mejor. Me preguntó si quería comer.
Descubrí que tenía algo que podría calificarse, de un modo vago, de apetito. Safet tomó el teléfono y habló con Peter en alemán.
-Yo también voy a tomar un bocado -dijo.
La mesa que Peter hizo poner al lado de la cama, el delicioso olor de un caldo, el pan fresco y crujiente, la opulenta comida servida a Safet y la botella de vino que no me estaba destinada, me recordaron una vez más que estaba a salvo.
Comimos como si estuviéramos en uno de esos restaurantes donde solíamos refugiarnos del congreso. Nuestra conversación tenía la serenidad de los que saben que los junta el azar y que también el azar los separa. Intercambiamos noticias de gente conocida, algunas bromas gastadas sobre los congresos y el turismo. Sólo cuando concluimos el almuerzo se me ocurrió, estimulado por la comida y la desaparición de la fiebre, hablar de cosas personales.
Paso por paso le conté a Safet mi experiencia de berlín. Mordiendo su larga boquilla, los párpados pesados cubriendo a medias esos oscuros ojos sin lumbre, Safet escuchaba.
Yo no podía parar. Una o dos veces me pareció que Safet quería interrumpirme, pero no lo hizo.
-Así que una historia inventada para unir imágenes. Y no preguntes qué resultado espero. Una mala película. Pero tocar esa película fue para mí como tocar el cine. Y el cine tiene hechizo. Tal vez sea la única magia que nos queda en este mundo tan previsible.
safet se quitó la boquilla de los labios y la sacudió con aire pensativo.
-Es verdad.
-Te aseguro, Safet, que no me importa cómo es la película. Sólo pienso en el cine, pienso que voy a volver a Berlín y ver esa copia y mi nombre en ella. Ni un milagro haría de ese film un buen film, pero es un hecho mágico y estar en él me parece mágico.
-Sí -dijo lacónicamente Safet.
-Por ahí no te gusta el cine y me ves como a un loco.
Me echó una larga mirada.
-Nosotros lo llamamos la Octava Maravilla.
¿Nosotros era Estambul, Turquía, la aldea de anatolia donde había nacido Safet, los amigos que yo no le conocía, una sociedad secreta, un club de cine?
¿O todo el oriente agazapado en ese hombre de tantas maneras y lenguas occidentales? Me pareció una grosería preguntar y no lo hice.
-También hay gente que lo llama El Viaje Y otros como yo dicen que la Octava Maravilla es las dos cosas, porque el cine es un viaje y el viaje es el hecho del cine. Los dos ocupan el tiempo y el espacio, pero fuera del momento en que son no tienen realidad alguna.
sonreí.
-¿Y qué hay de las máquinas que trasladan, los hoteles que albergan, los lugares que se visitan, los proyectores que proyectan, los kilómetros de película que recorren el mundo?
Safet sacudió la ceniza de su cigarrillo.
-No me gusta ir al cine, no me gusta viajar. hago las dos cosas cuando no tengo más remedio. Pero las dos me inquietan. Sabemos tan poco de este mundo, mi querido amigo. Muchas veces me pregunto qué absurda pero necesaria locura hace que nuestro paso por él esté tan leno de confianza.
Aún me sentía demasiado débil para seguir a Safet por este rumbo. Quise frenar la conversación.
-De acuerdo, el cine es la Octava Maravilla.
Safet suspiró.
-No comprendiste. La Octava Maravilla es el viaje.
-Está bien, está bien -me reí- hablemos de viajes. La ITB, por ejemplo. ¿por qué no vamos juntos, si es que vas?
-¿Ir? Es una de esas cosas que no tiene remedio. Por supuesto.
-Si salimos juntos, tendrás que esperarme por lo menos un día. Tengo que hacer en Viena. Y me he pasado el día durmiendo.
safet estudiaba la roja piedra de su anillo. Otra vez suspiró.
-No un día. Dos días.
-¿Qué?
Casi salté en la cama. Safet me observaba ahora con mal disimulada preocupación.
-Dormiste durante dos días seguidos. Necesitarás otro para estar en condiciones de viajar.
Una semana de postergación en Berlín, dos días en sueños, uno para la convalescencia. ¿Y mis entrevistas en Viena? Confundido, pregunté:
-¿Qué día es hoy?
Me lo dijo. No le creí. Lo repitió una y otra vez. Con paciencia infinita.
-Hoy es 25 de febrero.
Y en un susurro, finalmente agregó:
-Alberto, amigo mío, la ITB nunca fue postergada.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-







*





El dinero finge

la felicidad.







*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar










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martes, julio 01, 2008

EL AMOR NO PERTENECE A LOS INTELIGENTES...





*Dibujo de FREYJA freyja_walkyrien@hotmail.com


*

Enredados al verbo
van de tu mano
el poema
y mi plegaria...


*de Ana Lia Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar








EL AMOR NO PERTENECE A LOS INTELIGENTES...





Gotas de amor*

A Iola.


Viajamos en un micro de larga distancia que esta lanzado por una ruta cuyos bordes están limitados por la niebla. Mi acompañante es la encuestadora más antigua de la empresa, esta jubilada pero sigue trabajando. Vamos a trabajar a un pueblo del centro de la provincia de Buenos aires.
En sus ojos se ve tristeza, quizá es la profundidad o el abismo que deja una larga tristeza.
En realidad no importa lo que yo sé o intuyo de su mirada. Ella es una persona reconocida por todos como sabia. También es tan luchadora como sufrida
Hablamos. Me cuenta como en este momento de su vida la asaltan recuerdos e imágenes muy antiguas, de sus primeros años de trabajo.
Trae tres o cuatro historias, pero yo elijo quedarme con una, que me impacta particularmente. Quizá por esa sensación de verme en mi vida sentimental atravesando un desierto, con necesidad incluida de construirme frágiles oasis-ilusiones. Buscando un ratito de cariño, o sediento de esa gota de humana ternura a la que alude el protagonista de "La Octava Maravilla" de Vlady Kociancich.
La escena ocurre en una casilla de chapa ubicada en una villa y ella administra un cuestionario con una mujer embarazada.
Solo tiene dos sillas y le ofrece la mejor. No quiere mirar demasiado, no poner un acento del ojo en esa evidente miseria material donde transcurre la vida de una familia.
De pronto comienza a llover y la mujer se desespera por correr sus pocas pertenencias de las goteras que inundan en pocos minutos por aquí y por allá la casilla y hacen que el piso de tierra se convierta en una especie de chocolate líquido.
Después de subir todo a la cama, y tapar con un mantel de plástico la cómoda y correr casi todo de lugar, la mujer vuelve a sentarse, le ofrece un mate amargo y habla con amor de su marido.
Ella se conmueve hasta el día de hoy. Lo resume en una frase, en una iluminación que ella lleva adentro suyo desde aquel momento: "El amor no pertenece a los inteligentes" . -dijo.
Y la frase abrió su camino hasta mi pecho como una estocada de dolor.




*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com







LA OCTAVA MARAVILLA*



*De Vlady Kociancich.


42



Las exigencias del presente distraen.
Absorto en el relato de mi pequeña historia, he creído que nada se modifica aquí, hoy en mi estudio de la calle México, en los sofocantes, pesados días de verano. Pero esta mañana hubo un cambio. Alicia Martínez se ha instalado en mi casa.
De hecho ¿alguna vez se fue? Recuerdo haberla acompañado a la estación Retiro. ¿Eso es cierto? Importa poco. A lo largo de mi exploración, he aprendido a desechar preguntas secundarias.
-Me quedo aquí -dijo sencillamente esta mañana.
La miré con asombro. Desde el encuentro en la estación de Villa del Parque, parece que no se hubiera movido de mi lado. Tiene esa callada manera de estar que impide que se noten las separaciones. Como un gato. El gato se va y uno tarda en advertir su falta. Son los perros, con su constante manifestación de estados de ánimo, los que se hacen notar, porque a su modo hablan.
Bella, felina, silenciosa, deposita su vida en esta casa. Le pregunté:
-¿Has traído tus cosas?
La cabeza dorada asintió.
-Todo lo que necesito.
Todo, he visto, es el vestido celeste, el collar de plata y la cartera.
Bien. ¿Qué hombre no desea una mujer así? Victoria, que era el paradigma de la femineidad, jamás pasó de un lugar a otro sin llevarse todo lo que le pertenecía -mejor dicho, todo que declaraba suyo. Conmigo hizo una triste excepción, pero no dudo que Victoria, tan mujer, suspirara de pena al tener que dejarme atrás.
Cuando entendí que Alicia se quedaba, me pregunté si tendría que casarme con ella.
¿Y por qué no? Soy un hombre libre, la muchacha me gusta y la necesito.
-Hay que festejar -sonreí-. Bajo a comprar una botella de champagne antes que cierren el almacén.
En el pasillo, barriendo desganadamente, encontré al portero.
El cambio en casa me había perturbado. Minutos antes, yo era un hombre solo escribiendo. ahora era un hombre al borde del casamiento, compartiendo su vida con una muchacha de la que ni siquiera estaba enamorado. Tenía necesidad de hablar con alguien. Y ahí estaba el portero. Lo saludé. Sin levantar los ojos del escobillón, murmuró un saludo.
-Tiempo que no nos vemos -dije.
-Sí.
Pero siguió barriendo.
-He estado mucho tiempo encerrado -insistí.
Ahora alzó la vista y me miró, lo juraría, con alarma.
-Es por el trabajo que tengo.
-Yo también tengo mucho trabajo -gruñó, barriendo vigorosamente mientras se alejaba.
El alma´cen estaba lleno de gente. Pero quizá don Francisco me vio cara de cansado porque hizo señas de que me acercara al mostrador. Misteriosamente, nadie protestó.
-¿Señor?
Avergonzado de robarle el turno a los vecinos, no intenté conversar como otras veces.
-Champagne -dije.
-¿Champagne?
Su voz tenía una cuidadosa dulzura.
-Ah, no, disculpe usted, señor, pero champagne no tengo.
Se había hecho un silencio pesado. Me pareció que me miraban con exagerada atención. Sin duda mi pedido, en ese barrio, en ese almacén, era insolente.
-Entiendo -dije.
Salí entre gente muy callada que se hizo a un lado para abrirme paso.
Hay otro almacén a dos cuadras de casa y ahí me dirigí, fastidiado por mi torpeza. No me gusta enojarme con el portero e involuntariamente, algunos de los días previos, me habría ganado su enemistad. También había ofendido a don francisco haciendo ostentación de lujo en barrio pobre. Un sabor desagradable en la boca (el amargo de errores sucesivos), me empujó a buscar consuelo en el chico de la playa de estacionamiento, que leía una revista de historietas.
-¿Cómo te va? ¿Tomando el fresco?
Abrió la boca, no dijo nada. Luego, con visible esfuerzo, a medias sonrió, a medias contestó:
-¿Qué tal?
-Yo bien, y vos, ¿cuándo salís de viaje?
Nuestra broma privada.
-¿Yo? ¿De viaje?
Con dedos nerviosos pasó una página de la revista.
-Bueno, veo que te interrumpo la lectura.
Asintió varias veces con la cabeza, como si necesitara convencerme rápidamente.
-Entonces, chau -dije, con tristeza.
-Chau.
Dijo chau. No chau, doctor. No me permitía corregirlo, no pedía consejo, "qué le parece, doctor, ¿Mar Chiquita o lobos?", no. Simplemente chau.
nunca había comprado en el otro almacén, que es mucho más limpio y está mejor surtido que el de don Francisco. Pero la cordialidad del vendedor, la adquirida (sin escándalo), botella de Baron B, subrayaron la indiferencia de mis vecinos. "Es el calor que nos tiene locos", pensé. Y sólo porque uno se encapricha buscando reciprocidad en el otro pasan estas cosas. al fin y al cabo, la gente no está ahí para apuntalar nuestra vida en el momento en que uno lo necesita. Tienen la suya. ¿Y cuánto tiempo hacía que yo no les prestaba atención, ensimismado en ordenar mis recuerdos?
Alicia Martínez esperaba acodada en la baranda del balcón. Parecía estudiar cuidadosamente las plantas del jardín.
-Con todo ese sol y vos ahí. ¿Qué estás mirando?
-Te buscaba.
-¿En el jardín? Fui a comprar el champagne.
Sonrió lentamente.
-Yo te vi en el jardín.
La tomé de la cintura y la aparté suavemente de la ventana.
-No estaba en el jardín, Alicia.
La abracé con delicadeza, hundí la cara en su cuello, desnudo, tibio, blanco. Oí mi voz un poco ronca.
-Fui al almacén a comprar champagne. No podía estar ahí, sabés.
-Yo te vi.
Casi sin voluntad, abrazándola, la llevé a la cama, ambos envueltos en caricias mutuas y en un murmullo que se apagaba gradualmente a medida.
-No estaba.
-Pero yo te vi.
-No estaba.
-Pero yo te vi.
Y la absurda discusión se convirtió en el rumor amoroso de la intimidad, era ya arrullo, queja, una hablada respiración de dos, mis labios aplastando las palabras contra su piel, "yo no estaba", su voz ahogada bajo mi boca, "pero yo te vi", hasta rescatarme de la lucidez y del terror, suspendiendo hasta ahora, hasta este momento en que lo escribo, el recuerdo del consejo de un loco:
-No dependa demasiado de sus testigos. Le va a doler.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-








Ajusticiamiento*



Su vida había estado llena de fechorías. Asesinatos, violaciones, estafas y toda clase de delitos. Sin duda el hecho de haber nacido en aquel barrio y tener una madre ladrona y borracha, no había ayudado. A pesar de no conocer a su padre sabía que había sido una buena pieza por lo que le había contado su madre en los pocos momentos que tuvo de lucidez.

La policía lo había perseguido toda la vida, desde aquella primera vez a los 16 años que lo había atrapado. Entonces se dijo: "Nunca más me pillarán" y llevaba más de 30 años consiguiendo cumplir la promesa.

Hoy, atado en aquella silla, lo iban a ajusticiar por un robo menor. Por la nimiedad de destrozar y robar un "Banco de Sangre", esa mísera caravana de extracción en la que encontró 23 miserables euros. ¿No era ridículo?

Se le acercó un personaje completamente vestido de negro con una tez pálida, espectral, y supo sería su verdugo. Le entró un ataque de pánico cuando vio que se inclinaba sobre él y recordó la sentencia: "Se le declara culpable de destrozar los alimentos y se le condena a muerte". El verdugo acabó con su vida de un certero mordisco en la carótida.



*Joan Mateu. joan@cimat.es








Hermanos futbolistas*



*Por Jorge Isaias. jisaias46@yahoo.com.ar

Para Hugo y Miguel Angel Correa y Luis Mitre.
A la memoria de "Tarugo"



Cuando pienso en aquel pueblo polvoriento acosado por las heladas duras y los veranos estrafalarios, casi me parece cuento, como escribió el maestro para siempre.
El pueblo antiguo a menudo se me aparece sepia en la memoria, pero en esa humildad lejana fue siempre vivo y lleno de movimiento, de colorido, de esperanzas modestas, y fabulaciones que no excedían las manzanas del casco urbano, como quien dice.
¿Qué fue de Roque Vázquez, aquel fugaz compañerito de primaria, cuyo rostro me trató de describir Oscarcito Blanco, de impecable memoria, viviendo en España ahora, y frustrándome por eso arrimarme a la verdad que se vuelve más escurridiza y la realidad más esquiva?
Sin embargo, un niño que ya nada tiene que ver con uno recorre implacable los caminos de la memoria insuficiente, la memoria que no me cambió la realidad sino que la ahuyenta y distorsiona.
Ese niño fuimos. Ese niño dormía aterrado por las sombras y que al sol del otro día se olvidaba de todos esos miedos y salía a correr, libre, en los callejones con ese perro cuzco que permanece intacto en las retinas.
Si pienso en aquel tiempo de intereses pequeños, de intereses inmediatos pero tal vez teñidos de un sabor a gloria futura. Entonces pienso en mi barrio.
Mi barrio no sé si era el más futbolísticamente dotado de entonces, pero se cansó de proveer jugadores a los equipos del pueblo. Claro, uno optaba, o jugaba en uno y nunca en el otro, aunque hubo excepciones y hay una que tengo registrada en mi memoria, porque eran de mi barrio y con dos de ellos prácticamente me crié desde mi primitiva y desprotegida infancia, y cuando digo que yo era un desolado chico que no tenía hermanos mayores que lo defendieran no estoy faltando a la verdad sino marcando una carencia.
El caso que voy a relatar tiene nombres y apellidos concretos.
Se trata de los hermanos Correa y de los hermanos Mitre.
Dos por una familia y dos por la otra, que vistieron alternativamente la casa roja de Huracán o la albiazul de los gringos de Federación.
Entonces Hugo y Miguel Correa, Luis y Edgar Mitre cumplieron ese anómalo destino en ese entonces y en mi pueblo.
Con los Correa, en especial con Miguel, al menos virtualmente, me crié porque vivían a la vuelta de mi casa, con los Mitre tuve una relación más tardía, ya que en mi niñez, el padre, es decir, don Luis Mitre y su esposa, doña Elba Zapata, eran cuidadores del cementerio. La familia la completaba un hermanito menor, Guillermito o "El Guille" como todos lo conocían.
Cuando Doña Elba compró la pensión del gordo Aranci, a sólo tres cuadras de mi casa, la cosa cambió, por que mudados allí, Luisito y Edgar compartieron conmigo y el resto de la barra "jazminera", un sinfín de partidos y picados y aún en los "desafíos" contra otro barrio, donde el esfuerzo de los dos hermanos se notaba, ya que ambos eran muy buenos. Con un estilo distinto Luisito, el mayor, era un delantero dueño de una gambeta elegante y llena de "firulete", como decía mi viejo, esa elegancia que usaba en todo, desde la ropa hasta los gestos, el caminar y el fumar, y hasta para jugar al truco y sobre todo al billar cuando fue más grande.
En cambio, Edgar, casi de mi edad, era más reo. Podía jugar arriba, de siete tirado sobre la línea o ser un buen marcador de punta, tipo "perro de presa" como se decía entonces. Usaba un sentido del humor infatigable, que buscaba la aceptación de la carcajada o la sonrisa. Con él fuimos más compinches hacia la adolescencia en que visitábamos los bailes de los pueblos vecinos y de donde guardo algunas anécdotas risueñas que algún día contaré. Murió joven y lejos a los 35 años y en una provincia desolada del Sur más Sur, es decir en la Patagonia.
Ambos empezaron jugando en el Club Atlético Federación y luego se pasaron a los rojos del globo, es decir, Huracán.
Ambos compartían una extremada pulcritud en sus equipos de futbolistas, que llamaba la atención. Tal vez, obsesión de doña Elba, pero estaban siempre impecables con sus pantaloncitos y sus medias y sus botines brillantes y sus casacas planchaditas.
En carácter eran distintos, Luis muy reservado y Edgar un extrovertido total. El mayor era y es alto y delgado, Edgar un poco retacón, lo cual le valió el mote de "El Tarugo" como se lo recuerda hoy en el pueblo.
Ambos eran hinchas de Racing, pero ignoro a qué equipo local seguían en ese tiempo, ni siquiera sé si tuvieron una pertenencia. Ya que de grandes jugaron para ambos, pero es casi seguro que cuando se retiraron ambos militaban en las huestas huracanistas.
Con los Correa, como dije más arriba, me crié. El menor, Miguel Angel, a quien llamábamos "El Chajá" (y nunca sabré por que, ni quién le puso el mote), fue mi compañero de toda la primaria y pese a que tenía y tiene un año más que yo, esta circunstancia se dio porque él había repetido primer grado, me confesó cuando nos vimos, este año, luego de cuarenta y cinco años sin vernos ya que se mudó a Lanús, y yo a Rosario. Fue, de la pibada de entonces, con el que pasé más días juntos. Ya en la escuela, ya en la
cortada de gramilla jugando interminables partidos (¡había que quitarle la pelota a esa zurda endiablada que tenía!), por la cancha de Huracán de la cual éramos vecinos. Formó junto al Toto Míguez, lo que podíamos llamar sin exagerar "el núcleo duro del Jazmín", barrio popular de entonces.
Esta última vez que nos vimos, cambiamos algunas anécdotas amables. Tiene el mismo caminar y la misma mirada triste de aquel pibe de entonces, pero todo el pelo blanco y su cuerpo, que los años engrosaron.
Su hermano Hugo, tres o cuatro años mayor que yo, está en mi recuerdo más distante y Omar, el mayor, más lejano aún, porque se fue muy joven a Buenos Aires, y sólo lo veía en las vacaciones cuando venía a visitar a la familia.
Hicieron lo mismo que los Mitre empezaron con el otro Club y luego vinieron al nuestro. Eran, como los Mitre y como casi todos los pibes de entonces, hinchas del Racing Club, pero en el pueblo, casi diría que eran huracanistas. Claro esto no se puede decir sin temeridad, porque cómo es eso que no se sabe "a ciencia cierta" de quién es hincha uno.
A mí me suena a escándalo, francamente.
Lo real es que esos cuatros chicos (y luego muchachos) que transitaron conmigo un breve pero fundamental fragmento de mi propia vida, hoy son un recuerdo afectuoso y amable.
Los veo todavía con la ilusión de ser tapa del Gráfico, como yo, en aquellos tiempos que los tiempos arrasaron.
El único que se quedó en el pueblo es Luis Mitre (Luisito para mí desde aquel tiempo y hasta hoy) a quien cruzo por las calles desoladas de mi pueblo y saludo con efusión, hasta dejarlo irse, y sin dejar de mirar ese cuerpo flaco, que mantiene aquella lejana elegancia, la misma que le permitía entrar en el área adversaria no como un jugador con el instinto del gol de siempre, sino como si fuera un eficaz bailarín que salta un campo de flores, y no los desesperados "guadañazos" de una defensa desesperada que no
sabe cómo parar a este jugador que no parece émulo de Omar Sívori sino del mismísimo Fred Astaire, que veíamos en las gastadas películas del cine La Perla en los atardeceres en que silbaba el viento peinando los pastos de las afueras del pueblo.


*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14161-2008-07-01.html








Interiorismo*



En una de mis vidas
me consagré
al interiorismo

Sólo yo sé cuánto sufrí
abandonándome

a aquello.






*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar
















"El coloso" y los robots*




*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona




UNO Escribo -comienzo a escribir- esta contratapa una luminosa y estival mañana de domingo. La ventana está abierta y afuera cantan los pájaros y, en la primera plana de El País, José Luis Rodríguez Zapatero afirma: "Es opinable si hay crisis". Y agrega: "Conceptos como recesión, desaceleración
o crisis pertenecen al ámbito académico". Y admite: "Hay dificultades". Yo estoy corrigiendo un texto sobre el escritor irlandés John Banville (maestro en el tema de la mecánica de la realidad y de lo auténtico) y desde mi equipo de sonido brota la voz triste y las felices orquestaciones de Dennis
Wilson en su legendario y recién reeditado Pacific Ocean Blue. Me duele un poco el pie izquierdo y muerdo un croissant y bebo un café. Y los motivos para abrir con esta detallada descripción de lo que hago y de lo que me rodea aquí es un rebelde pero también vano intento, con modales de antihéroe de Philip K. Dick, de mantener en pie la realidad -o al menos mi realidad- como forma de resistencia a la otra realidad. La realidad de casi todos los demás. La realidad que empieza justo donde termina el lugar donde vivo y existo. La realidad que señala y ordena que lo único que ocurre hoy, lo trascendente y atendible, no es otra cosa que el hecho de que la selección española de fútbol juega y se juega, a las 20.45 hora local, la final de la Eurocopa 2008 frente a la selección de fútbol alemana.




DOS Y, de acuerdo, se entiende la felicidad y el entusiasmo. A diferencia de lo que ocurre en el fútbol argentino -con dos mundiales ganados, alguna final perdida y por siempre campeones morales con un patológico poder de afirmación y negación-, el fútbol español lleva décadas sin ganar nada. Por lo que cada victoria es celebrada como un triunfo histórico. Y jugar una final no es casi un milagro: es un milagro. De ahí que, día a día, las transmisiones del Canal Cuatro hayan ido creciendo en extensión y delirio.
Así, repeticiones hasta el hartazgo de los partidos, rescate de partidos de otras eras, presentación de hasta el último cámara acreditado como si fuera un amigo de toda la vida, seguimiento a las abuelas de los futbolistas (seres aullantes que parecen escapados de una pesadilla de Almodóvar) mientras preparan los platillos favoritos de sus nietos, estampas biográficas del DT Luis Aragonés (quien, mágicamente, pasó de ser considerado un cavernícola de bar a melancólico genio estratega paseando por
el Prater con música clásica de fondo), declaraciones de absurdos fans vestidos de toreros por las calles de Viena, comentarios de especialista del alguna vez DT Camacho (sonando igualito a Torrente), y examen a fondo de la manera en que los reyes y los príncipes festejan los goles desde la tribuna VIP, donde cada vez que se enfoca a una celebridad, ésta aparece enviando mensajitos por el móvil y no mirando el partido. Y cuestiones un poco reprochables y hooliganescas como utilizar a la mascota del canal -llamada Otto, un muñequito que recuerda un poco a los dibujos de Tim Burton y que se ha agotado en quioscos y afines- para vestirlo con la camisetita del equipo rival, clavarle en cámara alfileres vudú antes del partido y, luego de la victoria, ahorcarlo en ceremonia pública en la Plaza Colón de Madrid para alegría de todos los que allí concurren a ver las batallas en pantalla gigante bajo un sol de justicia. Y por encima de todo la musiquita de ese "Podemos" que le tomaron "prestado" a Obama para sonorizarlo como el "Go West" en versión Pet Shop Boys. Pero esto -que es mucho- no es todo. En los
últimos días, hasta los políticos se han contagiado del virus y utilizan analogías y metáforas futboleras para lo que venga: el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, declaró ayer mismo que el lehendakari Ibarretxe "se metió un gol en propia puerta y se lo ha metido a los vascos" y... otro día les explico de qué va todo esto. Hoy no. Hoy no se puede. Hoy es opinable si hay crisis. Y lo demás -el futuro- depende de cómo lleguen los robots ibéricos al final de la final. Y esto sí que es inquietante: no
hay locutor televisivo u opinador célebre que no diga que España ya ganó la Eurocopa. Zapatero y Rajoy van a viajar a Austria para ver la final. Si España cae, va a ser difícil sacudirse la fama de gafe, de yeta, de aguafiestas. Pero todavía falta un poco y en la televisión desfilan los rostros de los seleccionados mientras el locutor agrega -luego de cada apellido- un "Hoy pasará a la Historia". El problema es que hay dos modos de pasar a la Historia. Ganando o perdiendo. Y los últimos no pasan a la
Historia: es la Historia la que les pasa por encima.




TRES Pero a mí lo que más me interesaba leer en el diario del domingo (y no lo encontré) no era sobre los robots metegol (ya lo comenté: la promo de Cuatro donde Casillas y los suyos aparecen mutando en
terminators/transformers aniquilando todo lo que se les cruza), sino acerca de El coloso. El cuadro de Goya. Una alegoría antinapoleónica pintada entre 1808 y 1812 que siempre fue uno de mis favoritos entre los suyos. Esa figura gigantesca desplazándose entre las brumas de un mundo pequeño y caótico. Y
ahora parece que no es de Goya, sino de un aprendiz suyo. Un valenciano de obra irregular llamado Asensio Juliá. Al menos eso casi aseguran los estudiosos del Prado a partir del examen con rayos X, ciertas torpezas anatómicas, deficiencias en la perspectiva y el un tanto desprolijo tratamiento del paisaje y de las nubes. Curioso: lo que antes era magistral rareza ahora es burdo ejercicio de segundón. Otros especialistas en Goya & Co. -siguiendo el estilo Zapatero- dicen que es materia "opinable". Como la autenticidad de la crisis del país. O la crisis interna en el PP; que tampoco es crisis, sino "sana discusión de ideas", mientras Rajoy esquiva puñales de los suyos y busca ese centro que el PSOE espera -aunque no lo admita, aunque diga lo contrario- que no encuentren nunca. Porque no hay nada políticamente más redituable que un rival retrógrado funcionando como malo malísimo. En cualquier caso, parece, El coloso pasa a la Historia o, al menos, a una sala peor iluminada del Prado.
Pero quién le quita lo colgado.




CUATRO Y al final, en la final, pudieron nomás. Y -hasta donde yo sé, sé tan poco- me parece que fue justo y merecido. La gente está contenta, los locutores dicen cosas raras y exaltadas, y España se siente un poco más europea por motivos un tanto más nobles que la nueva ley de inmigración y todo eso. Ahora es lunes por la mañana y para la tarde se anuncian multitudinarios festejos en Madrid. En lo personal, se acabó la distracción: veo fútbol para vaciar mi cabeza, para no pensar. El fútbol como meditación
trascendental. ¿Qué hacer ahora? Por suerte ya empieza la transmisión de los Sanfermines. Y siempre están esos debates en el Congreso y Zapatero será interrogado este miércoles acerca de la crisis que no es crisis, pero que se parece bastante a una crisis.
Mientras tanto, los robots victoriosos vuelven a casa y -a reimprimir catálogos y a corregir estudios- El coloso ha encontrado a su verdadero padre.
El resto -la realidad- es, ya se sabe, materia opinable.







*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106985-2008-07-01.html








Correo:

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Envío la invitación a la presentación de una Antología de poemas de la que formo parte.
Pariticipan excelentes poetas y escritores: Oscar Agú, Beatriz Bolsi, Gladys Frutos Faloni, Teresa Guzzonato, Elsa Hufschmid, Mónica Laurencena, Zulma Molaro y nuestro querido amigo y genio de las palabras, Horacio Rossi -siendo éste, el último libro en que participó y, bueno, como les he dicho, estoy también, en proceso de escribir...
Además nos regalará sus canciones Nilda Godoy

Es el próximo viernes 4 de julio, a las 19,30 en el centro cultural municipal de Santa Fe, (entre Rivadavia y 25 de mayo)

La entrada es libre y gratuita y al finalizar acompañaremos con algo para brindar

muchos saludos


*Susana. homenajemujer@yahoo.com.ar




*

Queridas amigas, apreciados amigos:



El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!



ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!



REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





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