miércoles, julio 27, 2011

PARA QUE MIS RECUERDOS NO ME ALCANCEN...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




INTENTO*


Me vestiré de adiós
cada mañana
para que mis recuerdos
no me alcancen.
Colocaré el hoy
en una esfera
que pueda arrojar a vivir
el mínimo segundo.
Sé que soy, ahora,
que miro hacia abajo
y no veo el después
que amanezca,
por eso me despido
como si muriera
para volver a nacer
sin añoranzas...


*De Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar










Que te vuelva a encontrar*



A Pilar, por haber caminado junto a mí.



Que te vuelva a encontrar.
Tan sólo pido
que la vida me otorgue ese milagro.

En este día gris en que te siento
tan lejana cual si entre nosotros
mediase el manto acuoso de un océano
o la arena infinita de un desierto
sólo pido que llegue
el día del perdón o del olvido,
el día en que estas calles
que hoy dolorosamente nos separan
converjan en un punto,
en una plaza azul donde resulte
posible un nuevo encuentro
donde no sean precisas las palabras.

Sólo pido a la vida
que ese día amanezca:
Que te vuelva a encontrar
y de la nada crezca una mirada,
un puente que nos lleve hacia la aurora.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com






Juego de Magos*



Ese ahuecarse el corazón
Y hacerse magos...
Violín que desespera,
Hora que no devela su escondite.

Hora juega a acunarse entre la hierba,
Dibuja caracoles, se inventa un laberinto,
Deja asomar la aurora y parte
Dejando cenizas tras la escarcha de sus juegos.

Violín ha descifrado el enigma, pero es tarde,
Ya no es tiempo de danzar junto a la hoguera,
Solo rescoldos mudos lo contemplan.

Toma una brizna de viento y esparce
Entre sus alas una nueva melodía
De adiós y soledades.



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba





ALFONSINA Y EL BAR*


*Por Reynaldo García Blanco. regabla@cultstgo.cult.cu



No es posible que te llames así
y que vengas a este sitio

Los parroquianos cantan en desorden
y tú humedeces el cristal

¿Lágrimas
o escorpiones?

Esto ya lo contaré a mi regreso
por lo pronto lo escribo

Que te llames Alfonsina
y vengas en las noches a llorar
donde los hombres vienen a reírse de la muerte
de la muerte.



- Reynaldo García Blanco (Venegas, Cuba, 1962). Escribe para CMKC Radio Revolución los espacios Andar la librería y Comentarios de SuperShow. Ha obtenido los premios José María Heredia, América Bobia, Pinos Nuevos, Calendario y La Gaceta de Cuba, entre otros. En el 2006 apareció su poeario Campos de belleza armada ( Unión). Actualmente coordina el Centro de Promoción Literaria José Soler Puig y el Taller Literario Aula de Poesía.







Más o menos así*



*Por Javier E. Núñez


No recuerdo su nombre. Tampoco su cara. Sé, en cambio, que era atractiva, no muy alta y sabía conversar. Tenía el pelo lacio, castaño claro. Y poco más.
Los hoyuelos que se le hacían al sonreír, quizá; aunque tal vez no fuera ella sino otra y ahora, después de veinte años, la memoria se empeñe en fusionarlas.
Debería haber una forma lógica de contarlo: tal vez la haya y no se me ocurra. Pero cómo atenerse a una estructura, cómo seguir una línea coherente cuando tanto depende de esta memoria hostil e inconsecuente. Cómo, cuando no se sabe bien lo que se pretende contar ni se guardan más que jirones de
imágenes entremezcladas.
Tengo pocas precisiones: diciembre en Rosario, el alivio de una brisa leve después de una tarde sofocante, tres o cuatro amigos que aún conservo. Lo demás es confuso: un puñado de fotogramas revueltos de lo que alguna vez fue una escena de mi vida. Un momento en el departamento de Hernán, un salto atrás a una quinta en Funes, los pasos lentos hasta el kiosco en la madrugada, las luces de la calle vistas desde el balcón. Acaso si se pudiera contar así, saltando como conejo entre la noche temprana y la madrugada.
Pero tengo que intentar un orden, encadenar esos fragmentos sueltos en una cinta continua que empiece en la avenida Pellegrini y termine acaso en esos escalones del edificio, o en el balcón, o en el colectivo que ayer me trajo a casa.
Era el cumpleaños de Hernán. Podría empezar diciendo eso. Nos juntamos en un bar de la avenida Pellegrini. A mí me tocó caer entre dos chicas: Alicia y una petisa a la que no conocía. Cuando me dijeron el nombre me di cuenta: era la mina con la que Hernán andaba caliente. Linda, menuda, de ojos vivaces y unas tetitas duras que parecían caber justo en el hueco de una mano. Fumaba sosteniendo el cigarrillo cerca de la sien: el codo apoyado en la mesa, el cigarrillo atrapado entre el índice y el mayor, un movimiento leve de muñeca para acercarlo a los labios y pitar. Tal vez esa manera de fumar no fuera un gesto incorporado sino la posición más adecuada para acomodarse en la mesa, pero recuerdo esa pose y el reflejo de la brasa del cigarrillo en sus ojos.
Hablamos un rato entre todos, saltando de un tema a otro. La conversación, como siempre sucede en las mesas largas, empezó a fragmentarse. Algunos cambiaban de lugar, atraídos por una conversación lejana, pero en general cada uno se enfrascaba en un intercambio de ideas o anécdotas con los dos o tres que estaban más cerca. Yo me encontré, sin proponérmelo, conversando con ella. Habíamos empezado con las trivialidades de siempre: de dónde lo conocía a Hernán, qué hacía cada uno de su vida, algunos gustos. Yo hablaba mucho de él, con poco disimulo; como si así pudiera allanarle el camino.
Seleccionaba las anécdotas en las Hernán formara parte, lo buscaba para apoyar o refutar mis afirmaciones, hacía malabares con mis respuestas para relacionarlo todo con él. Pero de a ratos me dejaba llevar y sin darnos cuenta pasábamos a otros temas. La cerveza ayudaba. Hernán estaba cerca,
simulando atender a otra conversación pero con un ojo y el corazón atentos a ese rincón de la mesa donde ella y yo nos perdíamos en una charla interminable.
En algún momento me debo haber levantado: me veo de pie en la otra punta de la mesa, apoyado contra el capó de un auto estacionado, hablando con Nando y el Chacra. El salto de conejo, la memoria fragmentada y azarosa, me trae un momento posterior que pudo ser en el camino de regreso, tal vez frente al Colegio Latinoamericano. La mirada firme y divertida de Alicia. O acaso fue ahí mismo, en la vereda de la pizzería, cuando me dijo aquello de "dejá de hablarle de Hernán, no te das cuenta que está interesada en vos". Pero no sé cuándo fue; no sé cómo pasó porque sí recuerdo que me había alejado, que
hablaba con mis amigos de cualquier cosa para no hablar con ella.
La noche terminó en el departamento de Hernán, en el primer piso de un edificio que se alzaba en la esquina de Moreno y Jujuy. Tal vez no fuimos todos, tal vez algunos se habían vuelto pero éramos unos cuantos, amontonados en el pequeño living, entrechocando unos vasos de vidrio con otros de plástico porque la vajilla no alcanzaba para todos. Yo me quedé sin cigarrillos y pregunté en voz alta quién me acompañaba al kiosco. Creo que fue así. Pudo ser al revés: pudo ser ella la que se quedó sin cigarrillos.
Cuando Hernán me extendió el manojo de llaves evité mirarlo.
Caminamos por Moreno hasta Salta, donde sabía que podíamos encontrar un kiosco abierto. El kiosco de Flavia. Nunca supe por qué le decíamos así, quién era Flavia. Siempre que iba me atendían dos flacos de pelo oscuro y abultado; a veces uno y a veces otro. Nunca una mujer. Tal vez esa noche hablé de eso, de ese misterio absurdo e intrascendente. O tal vez caminamos en silencio, y yo pensaba eso para no pensar.
Compramos los cigarrillos y volvimos a paso lento. La noche aplastaba las casas oscuras y silenciosas que se alzaban hacia ambos lados. Por Salta pasó un auto: el rugido del motor acelerado y la música del estéreo crecieron hasta alcanzar el pico más alto cuando atravesó la intersección con Jujuy, después los ruidos cayeron como por una pendiente. Quedaron nuestras voces tenues y el rumor de los pies en la vereda. Ella se paró en el primer escalón y me miró, o yo la tomé de la mano y la detuve. Algo dijimos. Nos demoramos entre besos y susurros. De pronto alguien pasó por la vereda, pasos que repiquetearon y otra vez silencio. Ella dijo que mejor subiéramos; yo asentí en silencio y encendí un cigarrillo.
El resto de la noche es una sensación confusa, más fotogramas mezclados que no puedo terminar de ordenar. Recuerdo el momento en que entramos: las miradas curiosas o cómplices, las chicas que la rodeaban sin disimulo y los cuchicheos, un vaso que llené para ocuparme de algo y no mirarlo a Hernán.
Lo recuerdo a él en el balcón, los ojos fríos, mi cigarrillo y el silencio de la calle Jujuy. Y el papel que me pasó ella, un rectangulito plegado, los números dibujados con esmero. Pero eso tuvo que ser antes porque cuando Hernán me hablaba en el balcón ella se había ido. Porque cuando me encogí de hombros y traté de explicar que no lo había planeado ella ya no estaba y a mí solamente me había quedado ese número de teléfono como una promesa o una ilusión. Ese papelito que rompí frente a Hernán y tiré por el balcón, y vimos flotar los pedacitos de papel hasta la vereda.
No sé si Hernán la volvió a ver. Yo no la vi más. O acaso sí, acaso la haya cruzado algún día en la calle, en la calle o en un bar, y haya creído reconocerla sin poder precisar de dónde, sin saber que esa cara que me resultaba ligeramente familiar era de esta chica abstracta que a veces me empeño en evocar de manera tan absurda.
A Hernán, en cambio, cada tanto me lo cruzo. Sé que se casó y tuvo dos hijas. Me cuesta asociar, en ese breve instante en el medio de la peatonal o a bordo de un colectivo, al hombre que tengo enfrente con el pibe que yo recuerdo. Siempre hablamos poco y de manera superficial. A veces me dan ganas de preguntarle por esa noche en el balcón. Si fue tal como recuerdo y rompí ese papel frente a él o acaso lo guardé intacto y nunca llamé. No sé si tiene sentido saberlo. De cualquier modo me gusta pensarlo así, me gusta ese final de pedazos de papel flotando en el vacío, de promesas o ilusiones perdiéndose en la noche.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-29717-2011-07-27.html







¿Para qué Antes de Tiempo?*



Cuando todo termine así te he de recordar.
Solo hasta que esto termine:
Porque tiene que pasar.

Tu cuerpo hermoso y tibio junto a un corazón tranquilo.
Felices sueños y feliz realidad.

Solo hasta que esto termine:
Porque algún día tiene que pasar.

Contemplar tus ojos y encerrar para siempre tu mirada en un cristal.
Salir al campo y encontrar tu risa sumergida en un refrán.

Cuando todo esto termine y una lágrima quede en la eternidad.
Solo hasta que esto termine,
Y solo hasta entonces te he de extrañar.



*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
(4-junio-2006)







UNA LÁGRIMA*


Demasiados años sin verse no es beneficioso para una familia, en esta ocasión, acudían a un llamado especial de la madre. Ella tenía la certeza de lograrlo, sus cuatro hijos, nacidos de su vientre y, sin embargo, de carácter tan diferente... no los había vuelto a ver, pero la fe lo consigue todo. Ya estaban en camino, increíblemente. Venían juntos, como aquella vez.

Sentada en su butacón, permanecía con la vista inmóvil, fija en la mesita donde la contemplaban decenas de fotos familiares. “Faltan quince minutos para las doce”, pensó... El sonido del timbre hizo que su corazón diera un vuelco.

El mensajero entregó un sobre, recibió su pago y se retiró.

Rasgó el sobre y disfrutó el anhelado reencuentro. Tuvo que hacer un montaje de fotos independientes para lograrlo. Permitió dejar correr a una lágrima, la primera desde el día en que venían en un auto y tuvieron aquel terrible accidente: Los tenía de nuevo a su alrededor, al fin pudieron llegar a la cita.



*De Mario Quiroga Fernández. jossuexy56@yahoo.com
Cuba, residente en México








CUENTOS DE LA REALIDAD...




La pobreza y el coronel*



*Por Carlos Alberto Parodíz Márquez. parodizlaunion@gmail.com


Salí temprano en la mañana para ver que era de la vida del búho a quien he decidido llamar Juan, le pregunté como se llamaba pero parece que en Alejandro Korn, no se estilan este tipo de bautismos, se los han robado como me sucedió a mi el tercer día de mudado.


No fue como el reciclaje de Jesús, a mi me desplumaron de la peor manera y no sé para donde ir, él (Jesús) por lo menos sabía que su padre, en este tiempo de vísperas, le guardaba un lugar tibio para recuperarse después del ajetreo.


Lo cierto es que el búho ya no estaba y mis cavilaciones incluyeron las exclusiones del día anterior. El asunto era apuntar a cuanto de cierto hay en que el GPS, le iba a funcionar al vasco, quien un rato antes astilló mi sueño llamando al número de línea cuya estridencia es un sonido desajustado para mí.


Me anunciaba que, según su juicio, tenía algo importante para decirme. Por supuesto que mi consentimiento se fundaba en el hambre que había crecido desmesuradamente desde el atraco. Ni el tiro del final pudo salir.


El entrenamiento con el nuevo piar de los pájaros lo debí suspender cuando el ronroneo del Alfa gris se hizo sentir en la transparente mañana de Alejandro Korn. El vasco, todo de celeste, para hacer juego con sus ojos, bajó con la displicencia consecuente devenida de abordajes inesperados y nacidos en otras geografías. Para él parece tratarse de un día de campo por los aprestos con que parecía disponerse a ocupar la jornada.


Desenfundó un freezer de auto, bien cargado, con mollejas, chinchulines, tiras de asado y entrañas extra large que sólo él consigue, lo asombroso, por lo menos para mí, es que se trataba de un almuerzo para nosotros dos y trajo carne como para un regimiento, tal vez menos famélicos. No pude ni tuve tiempo de contarle que me despertó justo cuando estaba por alcanzar a la mujer dorada, pero ese era un secreto casi adivinado por el vasco, cuando mis silencios se le hacen pesados.

- Sinapo me dijo que… - lo interrumpí sin más trámite.


- ¿Quién? -, me miró condescendiente.


– Adrián, “el ambas márgenes” a cargo de tu diario, goza de legítimo prestigio en las dos orillas. Nunca tuvo un apodo. Casi un NN sin barrio. Algún malévolo, se sospecha de Carlos el hurón de Cañuelas, administrador de malarias varias, dice ser, con méritos sobrados, el autor del apodo para el sinapo (do).


- ¿Qué me mandó a decir Adrián? – refloté como pude la cuestión, casi como un bizcocho en la leche. Sucede que el espejismo de carne era imposible de resistir y las urgencias llamaban insistentes. Había que negociar una suerte de tregua. Mis tripas afinaban en Re.


- Me quedé mirando el diligente andar buscando leña, de Yon, quien como es tradición, no me concedió la menor atención. Nos refugiamos en la pared amarilla que da la espalda al sur, con perdón de Eladía, pero allí ni mi corazón ni nosotros podíamos acordar algo semejante. El frío muerde.


-Pues que en una junta de notables, se acordó dotar al acertijo de un carácter premonitorio ajustado a estos tiempos. Nadie muere antes de su hora, dijo sinapo, pero se considera que la resolución es que si se cruzan en una esquina la pobreza y el coronel, pasa primero la pobreza porque es general -.


Si él esperaba aunque más no fuera una sonrisa mía, se equivocó de medio a medio. No tenía ganas de cortejar su chascarrillo con la obsecuencia de otras veces, pero me cuidé de hostilizarlo. Quiso corregir – El pronóstico de porcentajes por la miseria, creció vertiginosamente y se asoman nubes negras anunciando más catástrofes naturales que se suman a los desplantes humanos del poder. Las lluvias en China, la cadena de terremotos, la inestabilidad climática, la explosión de tornados sucesivos, multiplican el retroceso alimentario y las migraciones por las guerras, van a multiplicarse exponencialmente – completó Yon en tono casi amigable.
La enumeración de razones me alejarían del chascarrillo, pero en realidad, leyendo informes de “sesudos” analistas, de economistas desarbolados, traté que mi incontinencia se llamara a silencio, no obstante refloté algún argumento que citara otrora, cuando esas suposiciones me rotularon como “teórico de la conspiración”, eran tiempos en que respondía, cuando me consultaban, algo que se fue diluyendo con ese otro tiempo.


Pero Suramérica, es un compendio de esas calamidades, algunas enmascaradas (Haití, Honduras), otras pergeñadas para que el gendarme universal esté cerca (Colombia, Perú, Paraguay), debilidad del Pentágono para tener una buena herramienta que permita la apropiación de recursos naturales, luego de reflotar golpes de estado, que parecían desaparecidos de la metodología corriente que se estilara en los ´80. Y se lo dije.

- Yon, - me miró interesado – quiero recordarte que la IV flota, no está para hacer el juego de la batalla naval, sino alerta si algo, narco-dólares, recursos, proyectos libertarios, amenazan al gendarme y su proyecto central de dominación. No sólo somos el patio trasero del Imperio, sino un feudo innegociable con miras al futuro, sobre todo si la Antártida y el vencimiento de su statu quo, permitirán desatar la última o penúltima batalla por el control. Porque, según los expertos, las reservas del sexto continente y ya lo dije, son infinitas – todo este parlamento fue sin inflexiones, casi absorto en el crepitar del quebracho colorado que templaba la cocción de la carne y las achuras. Mi mudanza a Alejandro Korn ha recuperado paisajes rupestres.


El vasco me miró con ojos celestes entrecerrados. No era buena señal. Pero yo seguía ensimismado, luego de reparar en los aprestos de una andanada bilbaína, en otra ensalada que Yon preparaba con un aceite Omega especial que no pienso revelar. El aroma a la carne asada, resultaba tan importante como el crepitar de la leña, casi la música que llevaré en mis oídos, como dijo el general, obvio, por motivos diferentes.


Aquel pensaba en una maravillosa música militante, yo en tanto militaba en el hambre que, pensé, estaba lejos de ese otro hambre feroz e irredimible que se viene encima.


¿Me vas a negar que el chascarrillo del hambre y el coronel no es bueno?-, me forreó socarrón, no obstante antes de pensar en el vino a temperatura de aljibe, un Montenot hospitalario, abusó de su ironía…


-En la lista ¿olvidaste a Uruguay y Chile, además de seguir con los intentos golpistas que crecerán en Venezuela y Bolivia, sin omitir teorías desmembrantes para Argentina?, sólo Brasil, por el momento y si crece su crecimiento, queda para negociar siempre que no pierda el tranvía de China, India, Rusia, el club de los emergentes, que no quieren irse a la B y el Pentágono neutraliza por esa misma condición que los hace vulnerables.


No podrás negar que la miseria tiene derechos, porque es general-. Yon suele darme motivos, pero ahora no me enojo, las mollejas verdeadas eran más importantes y en todo caso mi hambre me hacía olvidar el de otros… ¡que terrible ¿No?!


Meneé la cabeza antes de sentarme bajo el pino verde que sólo acompaña a las ocho palmeras, tratando de no olvidar que Obama se sintió Messi y Chou En Lai el legendario número dos de Mao Tse Tung dijera sólo una vez: “¿Qué es el poder?, si lo tienen ellos nos matan a todos. Si lo tenemos nosotros, los matamos a todos ellos”. Nunca la paz. Voy a beber para olvidar.






Polvos de un narrador*



Polvo de pastillas
será el título de la prosa
que integrará un volumen
que incluirás –con mis demás libros–
en la bibliotequita
contigua a tus colchones
retro / trayéndote por siempre
cuando ya no esté yo
grosamente cuando ya esté del otro lado
ese otro nuestro
lado al que accedimos
juntos
simultáneos, símiles
simios.



*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar





*


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martes, julio 26, 2011

QUE LAS HOJAS CAÍDAS ME ACOMPAÑEN...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




OLVIDO*


Quiso olvidarlo, anular su memoria, eclipsar toda idea que lo condujera una y otra vez de vuelta a él. Tomó el diario donde anotaba vivencias, sueños, castillos en el aire, temores, reminiscencias, sus dudas y sus más recónditas esperanzas. Corrió hacia atrás en el tiempo, página a página, borrando su nombre.
Echó una ojeada satisfecha al resultado de su acción.
Y rompió a llorar: ahí estaban los espacios en blanco, recuerdo inequívoco de su ausencia.



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba








LAS PALOMAS DORADAS*


Alrededor de los años 50 era común que las abuelas, que amasaban el pan, hicieran para los niños palomas de masa. Se asaban en el horno de barro calentado a jarilla.
(Referencia: Zona rural al Nordeste de San Luis- Rep Argentina)


Ninguna está pero en noches como en esta.
Regresan.
Oscuridad. Noche de luces malas
Cruz. Coraje. Rezo. Amparo
Recuerdo que disuelve en humo las volutas del miedo.
Universo de vida: agua, aire, tierra, fuego.
Solamente en sus manos las palomas vuelan.
Sus manos y un hueco en la greda blanca del trigal.
Agua y sal de su frente.
El aire sopla la argamasa, sus cabellos y el fuego.
Pan casero oloroso. Tan intenso.
Tan intenso que despierta el desvelo del búho.
Y vuelan las palomas doradas…
Y no hay lugar en el mundo.
Ay, no hay lugar en el mundo
Donde falte el pan para el hambre del niño.



*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar








HOY AMANECÍ SIN ENTUSIASMO*



*Por Reynaldo García Blanco. regabla@cultstgo.cult.cu



No puedo con el hervor de la calle
ni Borges
ni Fran Chopra
ni Mao Se Tung

Dicen que es luna llena
que vendrá el equinoccio
que regresan los presidentes

Me detengo en la guía telefónica
en un manual de Hata Yoga
en los pasos peatonales

Soy un cero a la izquierda
un patriota sin aviso
una cerveza caliente

Hoy amanecí sin entusiasmo
como si tuviera gripe
o fuera un pelotero
que disfruta del hastío en terreno impropio.



- Reynaldo García Blanco (Venegas, Cuba, 1962). Escribe para CMKC Radio Revolución los espacios Andar la librería y Comentarios de SuperShow. Ha obtenido los premios José María Heredia, América Bobia, Pinos Nuevos, Calendario y La Gaceta de Cuba, entre otros. En el 2006 apareció su poeario Campos de belleza armada ( Unión). Actualmente coordina el Centro de Promoción Literaria José Soler Puig y el Taller Literario Aula de Poesía.








Pasado lejano*


El verde intenso de la selva, sus ruidos, sus perfumes o su misterio, no los perturba. Nacieron y se multiplicaron allí desde tiempo inmemorial.
Son orangutanes.
Se miman, se cuidan y ayudan compartiendo la comida y la atención del hijo.
Hay una similitud en su forma de vida con el hombre que asusta.
¿Qué trastorno habrá sufrido el planeta para que una parte de ellos haya enderezado su espinazo? ¿Cómo aprendió a caminar en dos patas?
¿Quién nos condenó a dejar el paraíso de árboles, flores, riachos, húmedos amaneceres, noches cálidas bajo la lechosa luz de la luna?
¿Quién nos impuso la locura de las metrópolis, las lunas escondidas tras los rascacielos, los soles que no vemos nacer ni morir, solo achicharran los asfaltos del mediodía.
De aquel llamado a tambor batiente con los puños contra el pecho del jefe de tribu al sonido irritante de los celulares ha pasado demasiado agua debajo de los puentes,
Solo nos queda envidiar a los pocos sobrevivientes que solo conocemos por fotos o películas.
Y que gracias a que también nos impusieron crueldad y locura, están desapareciendo.



*De Elsa Hufschmid elsahuf@yahoo.com.ar







LA JUAN DE GARAY*


A los hermanos Compañy:
Silvia, Miguel, Alberto y Mario


*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


La calle que hoy se llama Juan de Garay comenzaba en aquel tiempo en la casita de la familia Peiretti, y, enfrente la familia Calderón, constituida por un viudo con sus tres hijos varones, todos dedicados a tareas de a caballo: domadores, vareadores de parejeros y ocasionalmente arreos entre las estancias de la zona. La de esta familia era un gran caserón, con una fornida galería que daba al norte y lo que había sido un jardín glamoroso en otra época, era un terreno duro donde siempre había uno o varios caballos amarrados a un palenque. Tanto esa casa como la de los Peiretti, habían sido –según los mayores y la leyenda popular- sendos prostíbulos hasta que habían sido clausurados en la década del treinta.
Esta calle moría en otra, transversal, donde vivía un variopinto y pintoresco agrupamiento de familias que hicieron fama allí por ese tiempo: los González, los Aguirre, los Fuentes, los Collére, y hasta en un tiempo vivió doña Paula, con su hijo Pirimpi y el inefable “Negro”Bazán que fungía de último marido o, como se diría hoy, pareja.
De esta doña Paula –tan famosa, como su hijo- me ocupé alguna vez resaltando que su presunto origen indígena era agresivamente rechazado por ella, pero si no lo era tenía todos los componentes faciales para merecer ese premio. De todos modos, este apodo, la India, siempre fue tomado como una grave ofensa por ella.
Esta calle terminaba -y termina- siete cuadra más al este, en el campo que era de la familia Terré y hoy es del “Tigre” Compañy. Casi podríamos –sin exagerar- decir que esta calle es el pequeño universo de mi infancia. Todas las calles que iban hacia el sur terminaban en campos sembrados a pocos metros de cortarla.
Si yo quisiera podría describir todas y cada una de esas casas, la que festoneaban la calle con ambas veredas de tierra, muy anchas, con altos, coposos paraísos que producían esas “bolitas” maduras cuando estaban verdes que era proyectiles certeros para usar con la gomera y estando ya duras se ponían muy amarillas, como uvas exprimidas y se iban cayendo de a una o un gajo entero y alfombraban las veredas, las zanjas y parte de la ancha calle solitaria.
Si yo quisiera podría describir esos amplios patios donde azahares exultantes arrebataban septiembres, corazones ansiosos de niñas casaderas y algún que otro sueño de un mozo que pasaba silbando “incontinenti” con un clavel en la oreja que había robado dos cuadras atrás y que arrojaría sobre el tejido, disimuladamente para que la niña que le había copado los sesos, lo recogiera.
En la cuadra de los Spagnolo, los Gigena y al lado donde vivió Domingo Ose, supo morar un cantor mentado largamente en la noche porteña: “el Negro” Belussi, de felicísima memoria como cantor de tangos, en las orquestas de los maestros Pugliese y Basso, entre otros próceres del tango.
Si yo venía del lado de los Calderón, pasadas las tres cuadras siguientes me iba a topar con la cancha del club, y que en verdad era casi como lo único que interesaba en aquellos tiempos a nuestras breves y despreocupadas vidas de entonces. Hoy está todo edificado y hay un barrio nuevo alrededor de la cancha pero en ese tiempo era una cuña hacia los hornos de ladrillos de Spizzo y el mismo campo que a su tiempo albergaba hectáreas de trigo, maíz o alfalfa.
Esa calle no era cualquier calle porque en el recuerdo se me aparece luminosa. Por esa calle pasaban los troperos con hacienda hacia las estancias de la zona, las carretas de los arroperos cuando venían de las lejanísimas provincias del Norte, con sus vinos y sus artesanías. Habrían atravesado distancias, ríos, puentes, campos sembrados bajo unos soles machazos porque siempre los recuerdo en verano. Iban en grupos de no más de cuatro carretones con sus toldos de lona, sus damajuanas atadas al pescante y paraban infaliblemente en la casa de don Pedro Silva, santiagueño, quien sacrificaba las vacas para la “Carnicería del Pueblo”,de su tío, el inefable y buenazo don Benicio Ardiles.
En esa calle se desarrolló la mitad exacta de mi infancia, cuando matábamos mariposas y pájaros inocentes, en el tiempo ancho como un día patrio cuando en las carreras de sortija, el “gordo” Rogelio Compañy o don Lorenzo Sotera se ganaban todos los premios y luego nosotros enfrente de la cancha del club jugaríamos a la suerte del “palo enjabonado” o la “rompepiñata” que nos dejaba más harina en la cabeza que el último premio consuelo, y éste, digo el consuelo me lo daba la abuela, porque la madre nos pegaba un chancletazo cuando nos veía volver blancos como un sueño, los ojos perdidos y entrecerrados de impotencia y harina.
Por esa calle también pasaba todas las tardes don Pedro Aimetti con su camioncito comunal regador, con su cara de gringo bondadoso perseguido por una nube de mariposas doradas.






Si tengo que olvidar*


Si tengo que olvidar, cerrad mis ojos
y apagad los susurros de la aurora
antes del despertar de las palabras.


Si tengo que olvidar, que sea otoño,
que las hojas caídas me acompañen
y un tañido lejano interminable
me adormezca despacio, mansamente.


-Ni una sola gaviota planeará en mis playas.
Verán, viejos, mis ojos, un cerrarse de nubes
y un solemne aguacero, un crepitar de gárgolas,
una mudez de cerros.-


Si tengo que olvidar, dejadme solo
en la mazmorra de las decepciones;
borrad todos los nombres, quemad todas las fotos,
arrasad las ciudades que me vieron
y las ciudades que soñé habitables,
sacrificad los versos que compuse
y las canciones que me emocionaron.


Si tengo que olvidar, que sea octubre
que me esconda la lluvia y me seduzca
el rumor de la noche, que no cese
el ladrido del viento, que suceda
una conversación intrascendente,
que la bruma descienda sin apremio
como el fulgor de una sonrisa cómplice.


Si tengo que olvidar, cerrad mis ojos
....y dejad que amanezca sin mi canto.


*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com







¿De qué invasión me hablan?*



*Por Carlos Alberto Parodíz Márquez. parodizlaunion@gmail.com


No hay peor malaria que una mudanza a destiempo. Eso me tiene ocupado muy a mi pesar. También las sospechas que en ese sentido abrigan mis dos perras, Olivia y Enriqueta, que miran los movimientos de la casa con una actitud acusadora.

La mañana, algo hay que defender, nunca es muy cierta para mis hábitos. Tengo un rosal en la ventana de la habitación que otea sobre el breve parque, de alguna forma hay que llamarlo, según la leve sombra del mismo, acuerdo entonces la decisión de levantarme.

La fragancia es una llamativa exclusividad que no siempre se tiene en cuenta. Hay gotas de rocío que refulgen con el sol que se bebe el esplendor natural y trato de no perder ese momento sublime.

El gitano del calor me visita desde el frente, y va, gradualmente, entibiando la casa. Esa es la hora en que la pareja de calandrias, inician su concierto matinal y debo, pese a todo, asumir esa mundana costumbre de iniciar el día. Parece un exceso, pero no lo es.

En realidad exceso es el de Yon que fustiga, a la hora que se le ocurre, amparando sus comentarios con una invitación oportuna a almorzar, seguro que no puedo resistir por hábito, escasez, o motivos similares.

Lo cierto es que debo darle algo de bola siempre y eso me martiriza lo suficiente, porque parece que el sonido del teléfono, señala su presencia, por sobre cualquier otra posibilidad, por ejemplo escuchar a la mujer dorada, que promete más que el sonido a resaca del vasco.

-Te propongo un almuerzo para felicitarte – fue su inopinada forma de saludar, estoy acostumbrado. No obstante debía contestarle.

¿Felicitarme, yo cumplo años en agosto? – fue mi respuesta más bien cáustica.

Bueno cuanto te pase a buscar me explico -, precisó sin dar detalles y cortó la comunicación. Si Yon se funde, no será por lo que gasta conmigo, en cuanto a llamadas telefónicas. Eso me tranquiliza provisionalmente.


--

El Alfa gris relucía más que otras veces. Podría ser que alguien se hubiera hecho cargo de lavarlo, Yon seguro que no. Silenciosa como pocas veces, la bestia mecánica se instaló mansamente debajo de los tilos.

El vasco vestido de celeste, se apeó luciendo presentable para la hora. Como siempre tuvo su encuentro personal con Olivia, quien le festeja su presencia con un doble salto mortal. La caída le suele doler, pero su alegría, por lo menos negociadora, parece auténtica.

Aceptó instalarse en la sala de comidas porque, dicen, cocina sería una menudencia tal vez difícil de explicar, siguió allí su ceremonia haciendo caso omiso de mi presencia y la de Enriqueta, quien subida a una silla, lo estudiaba anhelante, esperando su cuota de mimos y porqué no, algún souvenir comestible, bueno para cualquier hora del día.

Luego del interludio que muy bien un extraño no entendería, me apresuró porque conmigo se vuelve intratable. Decidí hacer silencio, porque discutir en tiempos de almuerzo, no resulta buena recomendación.

Claro que el riesgo acecha y a veces un menú inconveniente, se puede cruzar en el camino, para ser honesto; no me ocurrió con frecuencia, pero uno debe estar prevenido aunque mi heladera era un lamento borincano.

Vamos a Latitud Cero, que Lalo, entrega fotos y me trae un sobre, de esos que te gustan-, me informó antes de poner en marcha el Alfa, que obedeció como un killer debutante.

El lugar, está situado en un parque y en la parte superior de la loma. A la entrada y depositado sobre una pared pequeña, se encontraba sentado Lalo, el fotógrafo en cuestión, con su inseparable bolso negro, de equipaje. Un veterano de cien batallas, lo que no lo convertía en confiable porque rapiñaba en la redacción galletitas y caramelos a diestra y siniestra, un chacal del entremés.

Nos sentamos en la amplia sala que alberga las mesas dispuestas en zigzag, porque a esa hora todavía no hay comensales. Era temprano para los habitués, Yon pidió como siempre el servicio, omitiendo que nosotros pudiéramos elegir aunque sea el pan.

El visitante deslizó el sobre marrón engomado orlado con bandera, que Yon hizo desaparecer tan rápido como pudo.

Cochinillo en salsa de puerros, puré de manzanas, regado con Sauvignon y Sauvignon blanc, para luego casi antesala del mousse de chocolate, resultaron adecuados abrigos para famélicos profesionales, peticionó el vasco.

Luego del café y un guiño cómplice de Yon, Lalo marchó morosamente hacia la salida, acostumbrado por supuesto, a los desplantes de él, quien podría haberlo invitado a marchar, aunque más no sea una cuadra.

El tiempo de descuento que ocupamos, ahora llamado tiempo recuperado, se desmenuzó según su buen juicio. Reapareció el sobre marrón y el vasco, imaginé, quiso lograr mi expectativa, me mantuve lo más imperturbable que pude mientras él releía.

Vos hiciste una serie de informes, correlativos del 1 al 60 en muchos de los cuales explicabas la existencia del Cartel Petrolero, algo nunca admitido y mucho menos tratado periodísticamente por nadie -, yo seguí inmutable.

Quiero decirte que la Agencia ANSA, en un cable al que seguramente nadie le dio bola, da cuenta de una noticia periodística, originada en Londres, donde confirman reuniones con directivos de dos de las empresas carteleras, que nunca son noticia, eso motiva mi felicitación porque confirma en parte lo que desde hace años venís señalando -, fue el largo parlamento que me hizo temer por su salud, el vasco es algo más que cáustico, habitualmente.

- Leélo, y dame tu opinión -, me dijo normalizando su bocadillo.

Abrí el sobre donde el cable de ANSA en este inquieto mes de abril, consignaba: “Los planes para explotar las reservas de petróleo de Irak fueron discutidos por ministros del gobierno británico y las principales petroleras internacionales, un año antes que Gran Bretaña aceptó junto a Estados Unidos invadir suelo iraquí, según documentos oficiales dados a conocer.

Los memorandos, que publica el periódico inglés The Independent, ponen nuevamente en duda la participación militar británica en el conflicto para derrocar a Saddam Hussein por tener estas armas de destrucción masiva, que nunca fueron halladas.

En los documentos se detallan minutas de reuniones entre ministros británicos y altos ejecutivos de compañías petroleras.

Dichos papeles no fueron incluidos como evidencia en la pesquisa que el ex funcionario John Chilcott encabezó por la guerra de Irak.

En marzo de 2003, poco antes que Gran Bretaña aceptara invadir Irak, Shell denunció como "incorrectos" reportes en la prensa británica acerca de que había mantenido reuniones en Downing Street por las reservas petroleras iraquíes.

La petrolera BP también negó vínculos similares con el gobierno británico, en tanto que el por entonces premier Tony Blair calificó las teorías de conspiración por el petróleo de Irak como "totalmente absurdas".

Sin embargo, los documentos publicados en el The Independent, y que datan de octubre y noviembre de 2002, muestran una realidad opuesta.

Cinco meses antes de la invasión, la baronesa Elizabeth Symons, por entonces ministra de Comercio, le indicó a BP que el gobierno quería que las compañías energéticas británicas recibieran parte de los enormes beneficios petroleros y gasíferos de Irak como recompensa por la ayuda militar dada por Blair a Estados Unidos para un cambio de régimen iraquí”.- Guardé la copia del cable y me quedé un rato en silencio. El vasco me miraba.

Hay cuestiones que a veces llegan tarde y no confortan, esta es una gota de lluvia en el mar – le dije, - por lo menos aunque sin una gran precisión podemos estar de acuerdo en que esos protagonistas son parte de las corporaciones que forman el Cartel -, concedí.

Sólo que a veces, alguien debe darte un pequeño golpe en la espalda. Como estímulo digo, porque lo otro, persecuta tuviste a granel, me pareció útil traértelo, porque te lo merecés -, ahí me quedé duro.


Lo que sigue es más de lo mismo, pero las historias a veces pueden terminar mejor.






OCASO*



A su vida fue llegándole el ocaso,
lentamente, como las primeras nieves,
se cubrió su cabeza de brillante plata
y aminoró la ligereza de sus pasos.
La ensoñación de apoco fue perdiendo
en dormideras lentas de sus siestas
y fue dejando sus coquetas fiestas
en arrumbados recuerdos de su mente.
Todo fue cambiando con el tiempo,
la tersura de su piel y su belleza,
pero se hizo notoria y más profunda
la gran ternura de su alma, impresa.
En el silencio de esta lenta travesía
escucha melodías de celestes coros
mientras se dibuja una diáfana sonrisa
en el dulcísimo marco de su rostro.
Así es la vida, matizada de risas y de llantos,
de ilusiones y sueños compartidos
hasta que al llegar al final, en el ocaso,
se los guardan como tesoros escondidos.


*De Norma Costanzo. normacostanzo@vocampo.com.ar







Correo:


Todavía estoy temblando.*



*Por Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@fibertel.com.ar


Cuando anoche la televisión empezó a mostrar los primeros resultados de las elecciones pensé que esas cifras iniciales correspondían a mesas aisladas, que no respondían a una tendencia general. A medida que avanzaban las horas, comprobé que estaba en un error, y me quedé atónito viendo los sucesivos sobreimpresos que daban como ganador a Miguel. No pude digerir la imagen de un Macri eufórico hablando de una “nueva política” sabiendo que lo estaba diciendo a diez cuadras de mi casa. Apagué la tele, me fui a la cama y me quedé escuchando la radio sobresaltado, con la capacidad de asombro llevada al límite, con terror de averiguar quiénes eran los que estaban tirando esas bombas de estruendo que se escuchaban por ahí. El resultado definitivo, anunciado pasada la medianoche, disolvió mis temores pero no mi malestar. Confieso que no me pude dormir hasta una hora después.

Por supuesto, hoy la gran pregunta es: ¿por qué sacó tantos votos Miguel? ¿Por qué los santafesinos estuvimos a punto de confiarle la provincia a un candidato sin ninguna experiencia en gestión pública, que no presentó en campaña ningún proyecto concreto de gobierno? ¿Por qué estuvimos al borde de ver cómo Santa Fe pasaba de ser la primera provincia socialista de la historia argentina a ser la primera provincia argentina gobernada por el PRO?

Pese a las interpretaciones reduccionistas que –tendenciosamente- siempre se hacen después de toda elección, se sabe que los motivos que llevan a los ciudadanos a apoyar a un candidato son muchos y muy diversos, algunos de ellos, incluso, contradictorios entre sí. Hay motivos políticos en sentido estricto (ideológicos, si se quiere) y los hay también extrapolíticos. En el caso del voto miguelista, seguramente la mixtura de estos últimos involucra matices que van desde la adhesión afectiva y/o cholula que despiertan las figuras mediáticas, hasta el escepticismo recalcitrante de quienes no creen en la dirigencia política tradicional y aprovechan para castigarla apoyando a alguien que no es “del palo”. Creo, sin embargo, que estos motivos no han sido los más relevantes. Más decisivos –y por ende, más preocupantes- han sido los motivos políticos.

Algunos -Clarín entre ellos, por supuesto- dicen que el voto a Miguel fue un contudente voto anti-K. Me parece una explicación simplista e incompleta, por no decir ridícula. Un sencillo interrogante permite derrumbar la hipótesis: si era sabido que un triunfo de Bonfatti iba a ser leído el lunes a nivel nacional como una derrota del kirchnerismo, ¿por qué el 35 % de los santafesinos no sólo no votó a Bonfatti sino que hasta puso en riesgo su victoria? Respuesta obvia: porque ese 35 % prefiere lo qne Miguel representa antes que lo que representa Bonfatti. Nadie podría tildar al gobierno socialista de corrupto, de intolerante o de tener representantes adictos a la “crispación”, que son los vicios más enarbolados por los sectores críticos del gobierno nacional. Pero ese 35 % prefiere a Miguel. El voto miguelista, entonces, puede haber tenido un componente anti-K pero fue también –y a esto no habria que perderlo de vista- un voto contra el gobierno provincial. ¿Y cómo calificar un voto que va contra el progresismo K satanizado sistemáticamente por los medios monopólicos pero también contra el progresismo “no K”, que tantas veces ha sido presentado como ejemplo frente al primero? Muy simple: sea por ligereza o por convicción (y no sé cuál alternativa resulta más alarmante), a 612.000 santafesinos no les disgusta la idea de tener un gobierno de derecha. 612.000 santafesinos consagraron el nacimiento de una figura política “nueva” pretendiendo ignorar (¿o teniéndolo muy presente?) que llega apadrinado por el sector más reaccionario del arco ideológico nacional, por los gurúes vernáculos del neoliberalismo que nos llevó al colapso en el 2001 y hoy está despedazándose en Europa.

Estuvimos a punto de servirle la provincia en bandeja al macrismo, santafesinos. 612.000 comprovincianos están contentos. Yo todavía estoy temblando.



*


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domingo, julio 24, 2011

BAJO EL LIMONERO QUE EN LAS MAÑANAS DA LLUVIA SERENA...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




LA PRINCESA Y EL CABALLERO*


Era un mendigo muy conocido en la capital. Sus desandares por las calles habaneras eran parte de la vida cotidiana, pero ella no lo sabía. Cuando lo vio en la puerta de su casa, con la mano extendida, corrió a refugiarse entre las faldas de su madre. Ella la tomó de la mano y la llevó junto a él.

- No temas, Flor, es nuestro amigo El Caballero.

Él hizo una elegante reverencia y se sacó una flor de la manga, “como tu nombre”, le dijo obsequiándosela con una sonrisa. Ella sonrió, sin miedo, la amistad quedó sellada. El Caballero iba a verla a la escuela. Lo dejaban sentarse a su lado en el banco del patio, bajo un árbol, mientras la maestra buscaba alguna cosilla para obsequiarle, una golosina, un pan... Él nunca pedía, pero aceptaba gentilmente cualquier regalo, obsequiando a su vez flores silvestres o periódicos viejos.

Ella creció a su sombra, escuchando cómo vino de París, donde era “miembro de la corte, llegué navegando en una cascarita de nuez”; de la novia que dejó allá, con los ojos tan azules como ella, “eres princesa, por eso tienes los ojos color del cielo, a tu lado hay tres haditas que te protegen, son gorditas y pequeñas como duendes, pero tienen alas, ¿no las ves?”… Con un viejo mazo de barajas, le enseñaba a develar los enigmas ocultos en las imágenes.

Un día le llevó dos estilográficas con baño de oro, en estuche de lujo. Nunca robó, no se sabe de dónde sacó tan valioso objeto.

- Toma, Princesa, esto es para que nunca te falte el amor – señaló la mayor -, si eres amada y no correspondida, escribe una carta de amor con ésta. Cuando quieras olvidar, una carta de desamor con la otra. Nunca te desprendas de ellas.

Terminada su educación primaria, la familia se trasladó de municipio... Pasados los años, casada y madre de un hijo, leyó en la prensa que el Caballero había concluido sus pasos en el hospital psiquiátrico, donde lo habían despojado de su vieja capa y su larga trenza blanca. No lo pensó dos veces, fue a verlo.

Tuvo que pedir autorización al director del hospital, pues él no tenía familiares y, escudándolo de los curiosos, le habían prohibido las visitas. “Puedes pasar a verlo, pero no reconoce a nadie”. Lo distinguió con facilidad. Estaba sentado en un banco, a la sombra de un árbol. Se sentó a su lado, en silencio… Pasados unos minutos, elevó una mirada cansada, perdida, que se detuvo en ella.

- ¡Tú eres la niña de los ojos azules!

Y recomenzó la interrumpida historia de su navegación en cáscara de nuez, de la novia que dejó en las cortes… Ocultas entre las frondas, tres haditas sonreían.



(basado en una historia real)


*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba










MUNDO CIRCULAR*


“En el círculo se confunden el principio y el fin”.
HERÁCLITO DE EFESO



¿Sabes donde comienza el hielo y donde el fuego?
Comenzaban a prenderse las fogatas.
La fecha indica que ya explota el verano.
Y es julio, agosto, enero y es verano.


Una mujer cierra los ojos bajo el sol de la siesta.
Se enciende.
Un hombre, en un planeta de papel apoya su frente en la ventana.
Se apaga.

La serpiente se desliza entre las piedras en busca de agua.
El agua huye buscando la sed de los cañaverales.
Y el viejo río pasa con su memoria a cuestas.


El hombre camina hacia el crepúsculo.
La mujer, montonera del alba, madura en su sazón.


La serpiente, el agua y la memoria se encuentran.
Mundo circular de siete lunas mansas.
Patria de yerbatales y de lumbres.
El hombre apoya su cabeza en los pechos verdes.


Comienzan a prenderse las fogatas.


*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar






Bajo el Limonero que en las Mañanas da Lluvia Serena*



Me miro dentro de casa por vez primera:
Nunca había entrado,
Y esta parece ser una ocasión especial.


Todos me miran
Como esperando a que me acerque,
El calor que se siente es cada vez más bochornoso.


Me miro dentro de casa,
Y miro que mi cuerpo no es un cuerpo completo.


La tarde tiene un brillante olor de frutas cocidas:
Me adornan con ellas.


Me miran esperando a que me acerque,
Me llevan en platos
Y me dispersan por la mesa.


La tarde tiene aromas alegres
De corazones hervidos con sueño caliente,
Con manojos de hierbabuena.


Mis ojos me miran dentro de casa,
Servido dentro de platos de fiesta
De esos que sólo se usan los días de San Jacinto.


Me miran y les miro:
Mi cuerpo ha alcanzado para cada invitado.


Nos miramos y sabemos que es este un día de fiesta:
Se da el primer bocado,
La sensación extraña
De sentir cómo caigo a los estómagos
Me produce algo parecido a las cosquillas.


Me distraigo del tiempo
Pensando en que ha sido buena idea
La de dejarme entrar en la casa,
Lejos del polvo que hay afuera,
Para poder festejar juntos el día de San Jacinto.



*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com







PANTALONES CORTOS*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


Del estruendo pertinaz de las cigarras en aquellos veranos en que los callejones sombreaban con sus paraísos el paso de las iguanas y los cuises, vienen a veces nuestros más gratos recuerdos.
Decir gratos no es asegurar que fueran grandes o importantes, sólo desmesurados en la memoria, porque en aquel tiempo todo era mínimo, acotado y lo único realmente grande o muy grandes eran los sueños.
En las siestas entonces iríamos en bandita traviesa hacia las cañadas de la zona. En especial la del “Gordo” Compañy, que era la que teníamos más cerca. Allí íbamos, a meternos en esas aguas barrosas, festoneadas de juncos y espantillos y cortaderas, y al grito mezclado de las diversas aves acuáticas –entre la que sobresalían por su cantidad: garzas, gaviotas y bandurrias- para luego emprenderlas por las quintas vecinas a probar el sabor de las negadas y preciadas sandías. Un golpe en el suelo y se partían. Tratábamos de hurtar las que estaban debajo de las guías y las hojas, porque las que estaban al sol hervían, así que nos sonaba en los oídos las prevenciones de nuestras madres: no comer sandías calientes porque descomponen el estómago. Sabedoras que no nos podrían sacar esa costumbre de “distraer” alguna de ellas de las seductoras quintas de los alrededores.
De las cosas que recuerdo en ese tiempo está la ropa.
Mi madre me vestía, -fruto de su industria- con las ropas de trabajo que mi padre no usaba ya. O cualquier género mostrenco que apareciera por sus grandes bolsas de retazos que traían en sí tal vez irrecuperables historias muy difícil de precisar.
Los pantaloncitos que me cosía con la vieja máquina inglesa marca White –que permanece muda en la vieja casa paterna- tenían un solo bolsillo, para llevar el pañuelo, pero yo, como los otros chicos metíamos allí preciados tesoros: figuritas, bolitas queridas o simples recortes de hierro para la gomera que pedíamos en el taller de don “Pepe” Giuliano y que eran proyectiles mortíferos para tanto pájaro inocente. Esta costumbre de poner objetos allí nos traía un inconveniente mayor: cuando corríamos había que hacerlo con la mano derecha apretando ese bolsillito (por lo demás no muy generoso) para no andar regando nuestras cosas amadas.
Y oportunidades de correr había de sobra: cuando nos corría alguien más grande y había que tomar distancia, cuando robábamos las frutas de don Clemente Gerlo o por cualquier situación que nos presionara en acción inmediata. Cuando jugábamos al fútbol hacíamos un hoyo pequeño en la tierra y allí cada uno ponía su tesoro individual.
El “Juanca” López, tenía una forma de correr, muy cómica, lo hacía a los saltos, como si galopara, pero era el más rápido, con esa forma que nos producía tanta risa. El “Juanca” López fue el primero de nosotros que abandonó este mundo. No tenía treinta años y hoy, tal vez, yo sea el único que lo recuerda. Todavía saltan en mi memoria sus atajadas cuando se tiraba en los penales, sin miedo, con ese flequillo que doña Rosa, su madre, le cortaba de vez en cuando para que el pelo no le cubriera los ojos. Era hijo del “Boca de Bronce”.
Juan, ya te perdoné el medio piñón que me pegaste cuando nos peleamos por aquella bolita. Digo “medio” porque moví justo la cara para que no me dieras de plano.
Recuerdo que pasaste al arco cuando Roberto Vega se mudó de barrio, pero siguió llevando al “Jazmín” en el corazón, según siempre me reafirma.
¡Cuántos milagros produjo mi madre con esa máquina de coser!
Una vez leí que Eva Perón enfatizaba en aquella mítica “Fundación” para que cada mujer pobre tuviera “su máquina” de regalo. Doy fe que sabía el por qué.
Mi madre nos cosía a los tres: a mi padre, a mi hermano y a mí. Y también nos tejía primorosos pulóveres, ya cerrados, ya con botones y también bufandas para la helada de junio y gorros de lana, muy gruesos.
Los guardapolvos los heredaba de un primo segundo, Hugo Ciccarelli. Salvo en sexto grado cuando me cosió uno con tela nueva para recibir el diploma de finalización de primaria. Me hubiera gustado tenerlo, hoy, pero mi hermano lo usó hasta gastarlo.
Los que creen que escribo estas palabras con algo de tristeza se equivocan, porque nosotros nunca nos enteramos de que éramos pobres, digo, mis amigos y yo.
Si en esa humildad orgullosa no había carencias.
Y además teníamos todo a mano: el aire, el cielo, los árboles, todos los sueños que en nosotros cabían.
Y los mejores crepúsculos que tuvo el planeta, como hoy tengo el recuerdo de una madre amorosa aunque lamente que no pueda lagrimear leyendo este homenaje a sus manos, que eran las más hacendosas del mundo.







CALZÓN ROTO*


La idea de volver a la adolescencia, qué significativo sería, recuerdo cuando a los quince fui a la escuela en el campo, un periodo obligatorio del curso escolar en el cual debíamos trabajar en la agricultura. Estábamos cuarenta y cinco días en campamentos mixtos, hembras y varones... Puede parecer algo malo, pero en realidad, dada la soledad a tantas horas con el sexo opuesto, fuera de la vigilancia de los padres, ¡era de lo más emocionante!

En la noche nos reuníamos para bailar, hacer cuentos, haciendo todo lo posible por estar muy cerca de la chica que nos interesaba; pero aumentaba la emoción cuando, como en mi caso de adolescente criado en la ciudad, eran tres y no sabía cuál de ellas me quitaría la virginidad, que estábamos decididos a perder a toda costa. Entre el frío de las noches, los que aún no tenía compañía se hacían todo tipo de bromas de mal gusto, digamos que a la una de la mañana le vaciaran a un durmiente un tubo de dentrífico en la cara.

Pero así y todo, cada curso escolar, la historia se repetía y era como vivir una aventura… En años anteriores, ahora que me asaltan los recuerdos, lo más vil y erótico que vi, fue a Pachuco, un amigo del aula, intentar hacerle el amor a una vaca; sí, claro, vulgar y salvaje, pero Pachuco se veía muy feliz.

Ya que voy a contar, lo diré todo, sin penas ni remordimientos; ese año había cambiado el mundo, yo era feliz, tenía tres enamoradas: Marcia, Margarita e Inés… Estaba en una racha tremenda y todo era porque decían que mis ojos hablaban, ¡qué detalle! Por más que me paraba frente a un espejo, nunca sentí una sola voz.

Y no me decidía entre ellas: Marcia… muy hermosa, pero decía cada tontera, cosas como: “Trigueño, hazme sufrir, no te peines, pareces un diablo y me encanta tu infierno”. Lo cierto es que eso me desencantaba un poco.

Margarita, con su rostro angelical, me decía: “Quiero tus besos”; pero me le acercaba y se ponía roja como un tomate, llegué a asustarme pensando que le pasara algo si ahondábamos más la relación… ¡Parecía tan inocente!

También Inés me atraía, pero menos que las otras dos, tenía un defecto al caminar, sin embargo y aunque de pocas palabras, era muy segura de sí misma; lo que le faltaba de perfección física le sobraba de atrevida y zalamera.

Y así, la noche más fría y de lluvia que yo recuerde, Inés y yo, fuimos a una casa de tabaco. Mi primera vez… Tenía mis manos heladas y un miedo horrible; ella… muy serena, como si fuera algo común, más común para ella de lo que yo esperaba.

El sitio se encontraba muy oscuro, tenía una cajetilla de cerillas húmedas, pero tras muchos intentos, no logré encender una, ella me comentaba: “¿Para qué la luz?, no hace falta”. Y sí, me beneficiaba, si lo han de saber: llevaba puesto mi mejor calzón, aquel que apenas tenía dos agujeros.

Me apretaba las manos y me decía: “Estás frío, nervioso” y yo, reproduciendo voz de actor de moda, le comentaba: “No, todo es muy normal”.

¡Si supiera que era mi primera vez! Aun reprocho mis dudas, ahí entre la negrura me preguntaba, ¿en dónde estará el lugar exacto e íntimo de ella? ¿Abajo o arriba, horizontal o vertical? No era como ahora donde todo lo explican en las clases de primaria. En fin, para qué preocuparme: si yo venía en línea recta, el sitio aparecería por su cuenta.

Y llegó la hora, la chica se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme con furia. Logró lanzarme al suelo cubierto de hojas de tabaco y con fuerza inesperada consiguió inmovilizarme. Sorprendido, le pedí a Dios que no me hiciera quedar mal, si no, al otro día no hubiera podido dar la cara a mis amigos. El milagro sucedió, con ella llevando la iniciativa, ya no era virgen, solo santo fuera de lugar. Bendita experiencia donde fui alumno en vez de maestro.

Todo trascurrió muy bien… solo que al otro día, ya quería probar con Margarita y después con Marcia. Definitivamente, descubrí que era un pecador.




*De Mario Quiroga Fernández. jossuexy56@yahoo.com
Cuba, residente en México








CAÍDA CONTROLADA*


Vemos un laboratorio como imaginamos los lugares de creación científica; como las viejas películas de ciencia ficción imaginaban el desarrollo de la técnica: batas blancas, asepsia, ángulos ortogonales y aristas blancas. En el impoluto laboratorio, un robot que intenta dificultosamente hermanarse con los que nos desplazamos sobre dos extremidades. Sin éxito. El blanco robot en el blanco laboratorio una y otra vez se cae.
Pesado, no demasiado alto, las rodillas dobladas y un aspecto alarmantemente humano. Pero más que hombre, mujer o niño, se asemejaba a un astronauta enfermo con mareos invalidantes.
En la división de cibernética de la SONY intentaban que el autómata diese tres pasos sin acabar de costado sobre el piso. No lo lograban, y menos aun cuando un asistente le propinaba un empujoncito. Más motores en las articulaciones, sensores de gravedad, giróscopos. Nada. El robot, pobrecito, invariablemente terminaba de costado pataleando sobre el suelo del laboratorio.
Para lograr que camine un bípedo, es necesario estudiar cuadro por cuadro y con extremo detalle el desplazamiento de los humanos. De la imitación de la naturaleza se obtienen las maravillas y los monstruos tecnológicos. Precisamente observando videos de movimiento, uno de los ingenieros dio finalmente con la solución simple y obvia, como simple y obvia suele ser cada solución una vez que alguien ha dado con ella.
Nadie camina sin caer innumerables veces; la cosa no es evitar la caída sino intentar controlarla.
El cuerpo se inclina hacia adelante, comienza a caer, se adelanta una pierna que salva al peatón de quedar tendido en la vereda. La columna se tiende hacia el frente, la pierna se extiende con vigor, el atleta corre y equilibra con brazos y cintura la posibilidad de rodar en la pista.
Caminar, entonces, es frenar innumerables caídas en vez de evitarlas. Será que más importante que cuidar la indumentaria es aprender a zurcir las inevitables rasgaduras. Las heridas abren la piel pero se restañan, la red necesita de remiendo luego de cada pesca en alta mar.
Caminar es controlar cada pequeño abismo, poner cintura a las traiciones, manotear algo para asirse cuando se cae el amor, frenar un poco cuando la ira arrecia o la enfermedad desbalancea. Vivir es superar cada grande o pequeño revés hasta aquel que, por profundo o por final, sea el que nos deje tendidos para siempre. Mientras tanto, a extender la pierna hacia adelante muchachos, y a intentar mantener el paso airoso.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com








Cuentos de la realidad




La migración es por hambre... boludo*



*Por Carlos Alberto Parodíz Márquez. parodizlaunion@gmail.com


Un jardín no siempre es el de los senderos que se bifurcan, esta realidad inquieta a Olivia, la perra parida por una dogo de Bruselas y un ovejero alemán, que se rasca con entusiasmo, sentada para estudiar los escollos del jardín con el firme propósito de no dejar nada en pié.


Yo la acecho cuanto puedo, acompañado de Enriqueta, una perrita semejante a un hilo negro canoso, que adelgaza mientras la otra engorda en igual medida. Enriqueta administra los silencios con la elocuencia magistral de los mimos, ella pinta su cara con pelos erráticos que le otorgan cierto aire mefistofélico.


Constituimos un trío algo desarbolado pero, por lo menos parecemos estar de acuerdo para algunas circunstancias, por ejemplo comer. Una ceremonia plena de cuestiones bizantinas pero que a mí, por lo menos, me divierte.


Los menúes difieren y dependen de cuan famélicas se muestren. Por supuesto la negrita llega tarde o debe declinar, no siempre cortésmente los embates a que la somete la cachorra, pero los tres terminamos firmando una paz transitoria mientras nos acostumbramos a los horarios.


El teléfono, estrepitoso como nunca gracias a Yon, volvió a fastidiarme contra mi voluntad dispuesta a la permisividad. El vasco, en una mañana de resaca azarosa, por como sonaba, agriaba inmutable la mejor y mayor paciencia.


Me anunciaba que pasaba a buscarme en una hora para ir a almorzar, gratificante elemento para mi vida y darme una información que entendía necesario poner en mi conocimiento, por supuesto sin consultarme que opinaba, no suele considerar ese aspecto de la relación, pero estoy acostumbrado.


Ordené lo mejor que pude el acostumbrado desorden interno de la casa, algo para lo que no parezco dotado pese a la buena onda que le pongo. Pero yo ordeno y Olivia que viene detrás desordena o rompe, según su histeria.


El tiempo que se consume más rápido que la brasa de un cigarrillo, vicio que clausuré a cuenta de otros, se me volvió a escurrir como el agua entre los dedos.


¿Qué parte de las migraciones, que se hacen por hambre, se te escapó?, fue el saludo árido de Yon, apenas respondí con la celeridad disponible, aunque para él siempre demoro.


Menos mal que no le agregó el boludo pertinente. Fue una acotación diplomática. En realidad su pegunta me situó en una nebulosa impertinente, no sabía de que carajo hablaba. Por lo tanto me lo quedé mirando, como otras veces.


-Mirá-, arguyó, como si hubiera algo a la vista. -Hoy Africa, se dio vuelta en la cama y cuando eso pasa, las mantas se desordenan, y muchas veces, destapado te cagás de frío, por ejemplo en invierno – sumó didácticos conceptos, pero sin precisar, nada que me orientara.


- Si estudiás el mapa-, agregó - seguro entenderás como se puede dar vuelta la mano- , lo dijo en tono entusiasta, pareciendo como si yo siguiera el hilo de su pensamiento. Mientras me hundía en un espantoso fangal.


- Sucede que los ejemplos tientan, y la gente parece cansada de aportar trabajo, el que lo tiene y recibir el hambre como parte de pago, cuota de castigo o proyecto de vida y parece que los ejemplos cunden y se dispersan. Brotan, por lo menos hasta ahora, aunque lo de Kadafi, está por verse.


Lo tenés presente, cuando hace quince años hablamos de las uniones forzadas que llevan algunos pueblos, por citar a Yugoslavia y Libia, aquella estalló y hubo genocidios para todos los gustos. Ahora las tribus en esa parte de África, quieren abrirse y eso no parece aceptarlo el campo de los intereses.


Aquí hay petróleo en el juego, pero el hambre es igual, los dividendos fueron a parar a Europa, para reinvertir, dicen, pero parece que la gente ha perdido, entre otras cosas, la paciencia -, explicación que me resultó laboriosa, porque yo no recordaba nada de algo hablado hace quince años, y vaya a saber en que circunstancias. Preferí por lo tanto seguir inmutable.


- Quiero que recuerdes, porque para que puedas escribir con alguna coherencia, sería necesario citar lo que ya publicaste luego de nuestras charlas, viajes e investigaciones, es para que no te pierdas, con los detalles. Y por lo menos sigas un cierto orden en los acontecimientos, que nunca son ordenados -, lo dijo casi con aflicción. Pero ya necesitaba parar la lluvia y pregunté.


- Yon, los pueblos funcionan, pese a ellos mismos, con control remoto. Es duro, pero cierto. Los intereses se ocupan del control y, hasta ahora, siempre salen parados. Tienen los medios y el control. Eso te lo dije y lo escribí más de una vez, sobre todo cuando tuve que escribir sobre el petróleo y su inasible presencia en los sucesos que afectan a la humanidad.


- Ellos viven cincuenta años adelante del común, y los gobiernos, como dicen los norteamericanos, son “administraciones”, parcelas de poder. Pero ya que viniste con ese tema, quiero decirte que tengo hambre y la podríamos continuar en una mesa mejor provista que la mía- .Argui casi hosco, para esa hora del post mediodía.


Nos fuimos, como en otros viajes, a la latitud cero, un lugar que el vasco frecuenta y donde sigue sin pagar, desde siempre, es una latitud que parece agobiar con los detalles.


Cuidadoso servicio para esperar los mejores bocados y las bebidas oportunas, que nunca se rechazan al final de las respuestas.


Nadie da cuentas de las verdades, cuando la hostilidad avanza sobre nuestros vecinos y el mundo, que es un vecindario poco prometedor, se va poblando de intolerancias que nacen de otras algo leves y se multiplican al ritmo de las necesidades.


Las diferentes calamidades desatadas en el planeta movilizan en la huida a las migraciones que lo hacen buscando comida y agua-, alcancé a agregarle al vasco. Este, como muchas otras veces, seguía absorto las piernas de la camarera y el balanceo imparable de sus caderas que, debo convenir, era mucho más grato que divagar sobre cuestiones latosas. Lo cierto es que esta vez, por primera, estuvimos solos, porque los protagonistas, buscaban alinearse como alguna banda en fuga. En los tiempos por venir que serán los del cólera, aunque no resulte un vaticinio recomendable, se puede decir que es la vida que te alcanza. El vasco estaba ocupado en cuestiones de estado.






Hacete*



Hacete famoso y no te dejarán dormir:
así de minas

Si con todas
no con una

Pensá en tu viejita.



*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar




*

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viernes, julio 22, 2011

OJALÁ TE TOQUEN VIVIR TIEMPOS INTERESANTES...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu




UN DÍA COMO OTRO CUALQUIERA*



como si fuésemos niños que juegan en un jardín, conociendo y comprendiendo a los niños por lo que son.
Crónicas Marcianas
Ray Bradbury



El sonido del despertador obligó al niño a desperezarse. Comenzaba el día… Tomó la leche de la nevera. Abrió la alacena, cogió el paquete de cereales con formas de pelotitas, llenó un plato donde derramó un poco de leche. Luego de deleitarse con las pelotas infladas, decidió dejar el resto.

Abrió el closet donde lo esperaban los uniformes en sus perchas. Tomó una camiseta y un jean, podía darse el lujo de hacer novillos. Salió al portal donde lo esperaba su bicicleta. Pedaleó hasta que el sonido de su estómago lo devolvió al hogar, a las bandejas para microondas que le dejaban sus padres por si llegaban tarde. Masticó mientras escuchaba el CD de cantos gregorianos, sabiendo que a su madre le molestaría que lo hubiese tomado sin su permiso.

No saltaría el turno de la tarde. Era bueno mantener ciertas rutinas. Demasiada libertad puede hacer daño. Cambió el atuendo por un uniforme y caminó las cuadras que lo separaban de la escuela. Pasó junto al busto de Atenea y cruzó la puerta.

Se sentó en el pupitre, mirando el pizarrón, llenando una vez más el espacio que le correspondía en el aula, vacía desde que una insólita epidemia había arrasado con la especie humana, exceptuándolo a él, único poseedor de una misteriosa inmunidad.

Le preocupaba el momento en que llegara el corte de electricidad. Aunque, pensándolo bien, quedaban las conservas, y cuando estas arribaran a su fecha de vencimiento, habría árboles con frutos a su disposición. Incluso, si tomaba aquel arco que había visto en la vidriera, podría vivir de la caza... Los pájaros estaban proliferando a su gusto, ahora que no había humanos, y le había parecido ver en el barrio a algún ciervo escapado del zoo.

Quién sabe si hasta entrar en la tienda de armas y regalarse una escopeta de esas que sólo se pueden tener cuando se es mayor de edad. Con muchas municiones.

Sonrió. Era hora de recoger los libros y volver a casa, antes de que la oscuridad se enseñoreara de las calles.



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba









Renuncia*


He renunciado a nombrar los días que no vienen.
He renunciado a sorber la espuma de tus belfos.
He renunciado al obstinado silencio de tu cuerpo.
A ser huésped de los platos vacíos.
A lamer las manos furibundas del hambre.
A no mirar los calendarios tristes de la muerte.
A los retratos, a espejos que han caído.
Al jinete ruidoso del corcel oscuro.


No he renunciado, sin embargo a las ruedas de carro.
Al olor de la rosa té de china.
Al agua de las albas cenicientas.
A los desnudos faunos que me nombran.
Al ritual del silencio escondido en la parra.


He renunciado a ser mortal. Pedregal. Espectro del oeste.
A ser ritual de duelo de pañuelos.
A la umbría virgen que yace en la espesura.
Y a ser tu sombra. Tu puñal. Tu sombrero.
He renunciado a que me broten violetas de los ojos.


No he renunciado, sin embargo al grito.
Ni al rumor del aura que contesta, llorando.
Llorando. Que contesta llorando.


*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar






El viento de la Historia*



*Por Juan Forn


El niño Eric Hobsbawm pasea con su niñera por las calles de Alejandría en el año 1918. Un pordiosero chino les pide una moneda. La niñera se la niega. El chino ignora a la niñera, mira fijamente a la criatura y le dedica una exquisita maldición de su país milenario: "Ojalá te toquen vivir tiempos interesantes". Ochenta y cinco años después, cuando es un venerable historiador y se sienta a escribir sus memorias, sabe que ya tiene el título: Tiempos interesantes. En esas memorias, hace una breve enumeración de las cosas que presenció a lo largo del siglo que le tocó vivir y uno no puede dejar de pensar en aquel monólogo que recitaba el replicante en el final de Blade Runner, con la mirada perdida en la lluvia ácida que caía del cielo y el afán de dejar al menos ese testimonio de los inéditos fenómenos que habían contemplado sus ojos: "He visto atardeceres de dos lunas en Júpiter..." A los 86 años, Hobsbawm dice: "He visto cómo se extinguían de la faz de la tierra todos los imperios coloniales europeos, incluido aquel que llegó a ser el más vasto y poderoso de ellos durante mis años de infancia.
He visto grandes potencias mundiales relegadas a jugar en las ligas inferiores. He visto la irrupción y la caída de un estado alemán que esperaba durar mil años, y también el nacimiento y el final de un poder
revolucionario que amenazaba extenderse al mundo entero. He visto un tiempo en que la palabra capitalismo contaba con tan pocos votos como la palabra comunismo en la actualidad. Dudo de que llegue a ver el fin del imperio americano, pero puedo asegurar que algunos lectores de este libro habrán de
presenciarlo".
Como aquel replicante de Blade Runner, Eric Hobsbawm pertenece a una especie que debía ser eliminada (primero por mitteleuropeo, después por judío, después por marxista). Tuvo más suerte que el replicante de Blade Runner: sobrevivió largamente a la eliminación a sus compañeros de especie. Su inesperada longevidad terminó por darle status de venerable rara avis. El adjudica esa longevidad tan activa a que lo obligaron a arrancar tarde. Le cobraron peaje por sus "anomalías": ser judío pobre en la República de Weimar y en la Alemania de Hitler, inmigrante indeseado en la Inglaterra en guerra con el Reich, marxista durante toda la Guerra Fría, antisoviético y antichino dentro del PC, antiespecialista en un mundo de especialistas, políglota en un mundo cada vez más anglófono, intelectual desvelado por los
no intelectuales, anomalía dentro de anomalía dentro de anomalía. "Todo ello complicó mi vida como ser humano y paralizó mi carrera durante años, pero me ha representado una ventaja considerable como historiador", dice él.
Agnes Heller dice que la Historia habla de los hechos vistos desde afuera y las memorias hablan de los hechos vistos desde adentro. Dos hechos marcaron tempranamente la vida de Hobsbawm: aquella maldición china y el descubrimiento entre los papeles de su padre (que murió quebrado cuando él
tenía trece años, en plena hiperinflación berlinesa) de un cuestionario íntimo en donde el progenitor se preguntaba qué era la felicidad, esa entelequia que había perseguido sin éxito durante toda su corta vida, y se contestaba: la suerte de no tener mala suerte. Tiempos interesantes y mala suerte. De esa ecuación sale Hobsbawm. O, mejor dicho, de los inesperados beneficios de ambas cosas.
Por ser pelirrojo y de ojos azules, en Viena no le decían Jude sino Englander. En Inglaterra, en cambio, adonde lo enviaron cuando murió su madre (un año después que el padre), es simplemente "El Feo". Pero si se hubiera quedado en Viena, habría terminado gaseado en los campos. El joven Hobsbawm refugia su fealdad afiliándose al PC británico (donde cantan: "Hasta que llegue la revolución, el amor es un sentimiento antibolchevique"). Pero cuando estalla la guerra es el único de sus camaradas de estudios y de militancia al que no eligen para el servicio secreto: no por extranjero ni por marxista; es el único que no sabe hacer el crucigrama del Times. Eso lo alejará porvidencialmente del caso de los dobles espías Kim Philby y Guy Burgess, pero lo dejará sin trabajo durante años. Cuando condena en un plenario del PC la represión soviética en Hungría en 1956, cree que el partido va a expulsarlo, pero son tantas las bajas que no le hacen nada. Y a él le da vergüenza abandonar el barco cuando todos lo hacen, así que conserva el carnet. "Quitarme de encima el sambenito de pertenecer al PC habría mejorado mis perspectivas profesionales. Pero sencillamente no quise hacerlo. Yo quería alcanzar el reconocimiento como comunista confeso. No defiendo esta forma de orgullo, pero no puedo negar su fuerza."
Hobsbawm vio convertirse en pretérito casi todos los signos que definían y regían su presente, pero se descubrió providencialmente equipado para relatarlos porque, a diferencia de tantas otras víctimas de la Historia, él tuvo, como judío mitteleuropeo y como marxista anómalo, "tiempo de reflexionar acerca de la desintegración de un imperio y de una época, al ser una muerte largamente anunciada, en ambos casos". Cuando todos los historiadores de su generación se retiraban o se morían, él siguió publicando libros, cada vez más sabios. En pleno auge del pensamiento neoconservador, cuando se aseguraba que habíamos llegado al fin de la Historia, Hobsbawm dijo que lo que había terminado era el siglo veinte nomás y logró que se hiciera canónica su manera marxista de ver el siglo (cuyo inicio fijó en 1917, con la Revolución de Octubre y su cierre, en la caída de la URSS en 1989). Después de la caída de las Torres Gemelas en 2001, dijo algo que repitió cuando mataron a Bin Laden hace meses: "El mundo necesita
más que nunca a los historiadores, especialmente a los escépticos". Si el pasado es otro país, era de rigor que un expatriado múltiple como él se convirtiera en su historiador por antonomasia.
Hobsbawm usa el raro prisma de su experiencia personal para buscar la real dimensión de las cosas en el laberinto de la Historia. De ahí su anomalía, su heterodoxia, su excentricidad; de ahí su ecuanimidad por momentos exquisita y por momentos casi inverosímil. En sus memorias, en sus reportajes, en su Era de los extremos, Hobsbawm nos cuenta el siglo veinte como si el propio siglo hablara de sí mismo, en una de esas sobremesas de trasnoche en que de golpe llega la hora de la sinceridad más descarnada: el
siglo habla y todos sentimos que habla de nosotros. La única manera de que nos entre de verdad la Historia es entender que no es letra muerta, sino experiencia viva: que eso que pasó nos pasó a todos. Ese es el Efecto Hobsbawm para mí: alguien que sopla suavemente en nuestro oído y nos hace entender de golpe qué es el famoso viento de la Historia, cómo se vive en tiempos interesantes.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-172746-2011-07-22.html






CUENTOS DE LA REALIDAD



Los muertos que no quitan el sueño a los dueños del poder*




*Por Carlos Alberto Parodíz Márquez. parodizlaunion@gmail.com


El celular de Dios volvió a sonar. Está impertinente. Creo que ambos tenemos que aclarar los tantos, sin hacernos los tontos. Hace poco concluí que Dios me debe una, vamos a ver cómo me va.
"Chaco chico", el remisero "proveedor de datos" para Yon, viene de racha.
Hace una semana metió al Duna que manejaba, bajo un acoplado, en Larrea y Mentruyt, eso sí, con prolijidad.
No se olvidó de nada, al retroceder alisó el techo y "desencuadró" las puertas. Sergio, "el trompa", le perdonó la vida. Pero "Chaco chico" es ostentoso.
Creyó que la vida, que había salvado, estaba garantizada.
Salió despreocupado a hacer un viaje y como no retuvo la dirección donde debía recoger -con perdón de la palabra- al pasajero, se detuvo en el kiosco de la cuadra, previa al destino y tropezó con el suyo; se aprovisionó, total ya tenía veinte pesos ganados y a esa altura de la noche, para él, era buena plata.
Encendió "el pucho", antes de subir al auto que había dejado en marcha. Ahí se quedó.
"Los tres rápidos de Santa Marta", aparecidos de la nada, lo encañonaron, se llevaron el Duna y en diez minutos, ni uno más, "lo cortaron", cerca del arroyo del Rey, otro cementerio, pero este, de autos.
La "Brigada A" -a de apurados-, que laburan en la remisería banfileña, llegó exactamente diez minutos después del robo, para comprobar la eficiencia de los emprendedores chicos que creen en el futuro y por ello acunaron su frase de cabecera: "corto y me voy".
El hilo se corta por lo más delgado.
Un auto menos para Sergio.
Un laburo menos para "Chaco Chico" que ahora, sí, pasó a ser un desocupado más.
Postales de la Argentina discreta.


-Pasamos a las noticias del exterior-, fue la volanta oral de Yon

---


-En el cruce de acceso a Jeppener-, resultó lacónico el parte del "Nene". Había dejado los autos y decidido viajar en "bondi"; la SS (su seguridad) se lo aconsejaba. Su empresa y el personal también. Una horita de reposo es una horita, parece fue el argumento que lo convenció.

-¿Te dieron alguna indicación?- El Vasco interrogó como si supiera que se trataba. Tal vez su largo entrenamiento en la clandestinidad. Vaya uno a entender.

-No. Ninguna. Sólo que me entregarían el informe a las ... puntualmente-, se me escapó la hora de la cita cuando el legendario 543, cartel Bustos, que atraviesa como un estilete el paraje donde mora "la mujer dorada", atronó, ahumó y ensordeció a los parados en Boedo y la avenida.

Algunos pasajeros se zarandeaban, gozosos, en el interior y otros disputaban el estribo con entusiasmos propios de mejores momentos, por ejemplo cuando la gente iba a trabajar. En este caso, ese vicio ya desapareció. Otros no.

Lo acompañamos y convinimos la contraentrega.

El "nene" no sabe que le van a entregar, menos quien se lo va a entregar y mucho menos porque lo eligieron a él.

Pero así son las cosas en este suburbio del planeta.

Además, él no sabía que nosotros sabíamos, que Jeppener tiene una semana de fiesta y ocultamos la sonrisa, por el almuerzo campestre digno también de "mañanas campestres", que siempre frecuentamos en algún regreso. Además, el Alfa gris estaba a punto, el sol era generoso y un poco de aire oxigenaba el futuro.

Llevé una ración de chupetines para "Maca", porque, a veces, son necesarias las obsecuencias de vida.


---


"Pocos días después de los atentados del 11 de septiembre, dentro del establishment corporativo financiero globalizado, había quienes sabían que estaba por suceder lo que sucedió y que hubo sectores beneficiados.


Casi un año más tarde, la prensa norteamericana reveló que la Casa Blanca fue informada por los servicios de inteligencia respecto de la posibilidad de atentados similares a los que efectivamente sucedieron.


Ello demuestra que Bush & Ben Laden comparten sugestivas coincidencias si se desmenuzan las relaciones económicas y corporativas existentes entre las familias Bush y Ben Laden". Fue lo que alcancé a "pispear" del voluminoso documento que "El nene" tenía en sus manos temblorosas.


-¿Viste un fantasma?- Yon suele ser extremadamente riguroso en ciertas circunstancias. Es más. Estoy seguro que conocía las razones de la palidez que lucía, en las fronteras de sus mejillas rosadas, bajo la atribulada mirada gris verdosa que, ahora, acumulaba vientos de miedo.


-Esperé en el cruce, como me indicaron-, comenzó el relato.


-Fui puntual-, nadie es perfecto.


A la hora exacta y luego de distraerse con el camión verde oliva, techado por lona impermeable, advirtió que detrás se detuvo la limousina negra, silenciosa como un presagio. Los vidrios polarizados rebotaban, reverberando imágenes. Las puertas delantera y trasera, del lado derecho, según se mira desde Jeppener a Buenos Aires, se abrieron aún más silenciosamente.


El copiloto, rubio, alto, cabello corto -por razones de servicio-, sin perder de vista al "nene", se inclinó hacia el interior desde donde dos cuidadas manos blancas, algo pecosas, denunciando mediana edad, deslizaron el sobre marrón tamaño oficio pero de papel color "madera", impermeable, voluminoso contenido foliado y banderita de las estrellas, en el ángulo superior izquierdo.


-Como nadie le va a creer, difúndalo- fue el escueto parte de entrega que alcanzó a escuchar proveniente del invisible pasajero.


La mirada helada -casi de agosto- y penetrante del escudero, fue convincente, tanto como el gesto cortés para que se retirara.


"El nene" decidió -cosa extraña- que era más seguro darle la espalda a "la corporación de la oscuridad", que quedarse mirando desde el muelle verde y vegetal, la partida del silencio.


Con la espalda tiesa, su oído atento escuchó el súbito ronroneo potente que emergió desde el yuyal opuesto -como todo en esta vida- y el helicóptero artillado se elevó para proteger el vuelo, en este caso todo terreno, de la limousina insonora.


La sensación de que todo el tiempo estuvo bajo fuego, lo volvió parkinsoniano.


-¿Porque?- me pregunté por lo bajo. Yon miró fastidiado, cuando nó.


-Porque las dudas y reflexiones hablan de eso sobre lo que nadie quiere hablar: dicen que, aunque se declame y jure lo contrario, las muertes del 11 de septiembre, así como otras tantas muertes que vienen multiplicándose a lo largo de los años y las geografías, no le quitan el sueño a los dueños del poder mundial-, fue su extenso parlamento de medio tono, mientras recibía el sobre que, no se porque, "El nene" le entregó a Yon.


-Vos sabrás que hacer-, le dijo al vasco, algo más compuesto. Este, como siempre, propietario conspirativo del silencio, lo palmeó en el hombro antes de invitarlo a subir al Alfa y partir en dirección al pueblo y su fiesta. El asado estará a punto y las achuras más, pero a mí se me iban los ojos hacia el sobre marrón y lo poco que divisé del "descuido" con que Yon lo hizo descansar.


---


"Arabia Saudita sigue siendo el principal aliado de Estados Unidos en el mundo del Islam. Una de las familias mas ricas de ese país del Golfo, participa en las propiedades accionarías de seis empresas radicadas en los Estados Unidos y que aparecen en los registros de proveedores del Pentágono; una de esas empresas es "Iridium", especializada en telefonía satelital. Iridium, es proveedora también de la red de aeropuertos norteamericanos.


Los principales accionistas de Iridium son miembros de la familia ben Laden; su presidente es hermano del terrorista m s buscado por el gobierno de los Estados Unidos y su directorio contó con el apoyo de Washington cuando intentó ganar, en Brasil, una licitación para la compra de sistemas de radar y monitoreo informático del Amazonas.


A esta altura de los acontecimientos es lícito decir que los atentados de Nueva York y Washington podrían formar parte de una guerra que parece no ser otra cosa que un enfrentamiento intercorporativo financiero y económico global.


Las autoridades financieras alemanas, japonesas y norteamericanas investigaron extrañas operaciones bursátiles concretadas días antes de los ataques a las Torres.


La voz de alarma fue dada en Frankfurt, donde algunos operadores recordaron con sospecha, la caída en hasta un 15% del valor de las acciones de Munich-Re, la compañía aseguradora más grande del mundo, la semana anterior a la tragedia. Otros datos que intrigan son que la reaseguradora suiza Swiss Re y la francesa Axa, también hayan experimentado bruscas caídas en las jornadas previas a los atentados"(...).

---

Me quedé perplejo y prometí seguir el rastro al documento... justo antes de perderme ante las mollejas y rendirle honores al Cabernet que Yon sacó de algún misterioso estante, en el Club rutilante, como "Estrella".


(Agosto del 2010)










LAS MUJERES MUTANTES*


Las mujeres mutantes carecemos de espejos.
Nunca una sombra refleja nuestra sombra
Topo gris, la oscuridad socava.
Túneles de miedo anegan el costado izquierdo
Hemos buscado la luz. Obcecadamente.
Peces mutantes.



Destino de murciélago
Buscando la claridad de la flecha que no hiere.
Y hemos convocado al rayo,
A largos ríos y corrientes secretas.


…..y fue volcán de un día en la bahía de los sueños rotos….
Fugacidad de lluvia.
Luciérnaga que enciende los árboles noctámbulos.
Implosión en las entrañas de la roca.
Mariposa obcecada.
El polvo de alas se dispersa en jeroglíficos de ceniza.

Queda lo que quizás, alguna vez ha sido fuego.




*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar









Tesina sobre Mujeres del MIR de Mariel Torres (Chile, 2011)*







Este escrito fue redactado en señal de respeto por la memoria de las mujeres que en todo el mundo, ha sido básica y sistemáticamente ignorada, distorsionada y/o suprimida por siglos.





Dra. Marta R. Zabaleta

Honorary Senior Lecturer,

Middlesex University, Londres© 2011





-Entrevista a cargo de Mariel Torres, estudiante de Historia, Universidad Hurtado, Santiago, Chile



1 ¿En qué año ingresó al MIR? ¿Cuáles fueron sus motivaciones?



Ingresé en el movimiento casi en sus comienzos.

Las motivaciones para hacerlo fueron varias, como lo explico a continuación.

Como socialista, simpatizaba por entonces con las ideas económicas del Che Guevara, mi compatriota, que el había expuesto en Montevideo cuando era Ministro de Industria de Cuba. Y también, como él, estaba abiertamente en contra de la guerra americana contra Vietnam. Y creía firmemente en que deberíamos hacer algo para ayudar a pararla.

Como feminista, estaba conciente de los distintos niveles de discriminación existente en Chile contra todas las mujeres en general, si se comparaba su situación con la de los hombres de su estrato o clase social. Dicha discriminación la consideraba mucho más acentuada aun que en Argentina. Y en lo personal, me hacía sentir interiorizada como persona. Sabía que dicho problema tenía una raíz económica, y creía - como lo creo todavía - que era necesario cambiar radicalmente las estructuras social, económica, cultural y política que crean y refuerzan –aunque de diferente manera y en distinto grado - la subordinación social femenina a la dominación social masculina en todas las sociedades existentes. Por eso, y debido a mi formación profesional y a mis convicciones políticas, al egresar de la Escuela Latinoamericana para Graduados (ESCOLATINa) de la Universidad de Chile (1963-1965), procuré y conseguí trabajar como investigadora en el Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) de Naciones Unidas, en Santiago (1965).



Quería especializarme en estudiar la situación demográfica de las mujeres del continente. Desde que llegué a estudiar un postgrado a Chile (en marzo de 1963), ya graduada y procedente de Argentina, me mortificaba el comprobar que entre mis amistades y colegas, un escasísimo número de mujeres y hombres habían siquiera oído hablar del (y mucho menos leído...) El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir, que fuera publicado en Francia en 1949.

Pero ocurrió que en CELADE no había nada que aprender en aquella temática. Mis protestas por eso, unido al tratamiento abusivo que se les daba a las secretarias y bibliotecarias en su lugar de trabajo, me enfurecía, y decidí asumir su defensa. Poco me duro la lucha libertaria!... Un día a la llegada de mi trabajo vino la jefa del Centro a mi oficina a decirme que me fuera, que estaba despedida. O sea, me echaron del CELADE, debido a que me quejٞé reiteradamente del tratamiento que sufrían las funcionarias administrativas del Centro. Y ello a pesar de que, o porque, la Directora del Centro era una panameña graduada en la U de Oxford, la Srta. Carmen Miró. Su injusticia, apoyada por mi jefe inmediato, un empleado de UN y Subdirector del Centro, el Contador Nacional Elizaga, argentino como yo, pero unos 30 años más viejo y celoso de mi pujanza profesional, sumada a la ignorancia y desinterés dentro de UN en los temas específicos de mi interés, acrecentó mi conciencia de género y radicalizo mis opiniones políticas. Poco después, entré a pertenecer al MIR.



No elegí al MIR: el MIR me eligió a mí. Un miembro de su Comité Central (Genaro) aunque yo entonces no lo sabía, vino a mi casa a invitarme a entrar, y arguyó que me necesitaban y que mi vida iría a comenzar a tener otro contenido si me dedicase a la política revolucionaria. Y yo, que por entonces trabajaba en ICIRA, medio a regañadientes, medio agradecida por el interés, acepté el desafío.



2 ¿Qué frente o GPM integraba? (grupo político militar)



Como es lógico, participé en numerosos tipos de actividades y estructuras a lo largo de los 7 años que investigas. Hasta 1968 en Santiago, y desde abrid de ese año, en Concepción.



3 ¿Que actividad realizaba dentro de su militancia?



Todas (casi) que me eran requeridas, siempre como miembra de base, más algunas otras que inventaba y practicaba por iniciativa propia, pero siempre en nombre del Movimiento. Del cual, no obstante, creo que nunca me declaré públicamente como formando parte, excepto en mis tareas del FMR (Frente de Mujeres Revolucionarias), y sólo entre las mismas mujeres del Frente.



4 ¿Cómo veía la relación de la mujer con la política?



¿Dónde? ¿En la teoría marxista, en el marxismo - leninismo, en el existencialismo, en el feminismo? ¿O en la práctica? En esta última, y en Chile, como una aberración. La izquierda tradicional, especialmente el PC, promovía el modelo tradicional en las izquierdas de todo el mundo: la mujer sumisa, obediente al hombre o al padre (caso de las hijas de Allende) y al partido, maternal, esforzada trabajadora, sin ninguna apelación específica a su sexualidad, el control de su cuerpo, ni al derecho al aborto, etc. El MIR, a su vez, primero como movimiento y después como partido, en lo substantivo, ignoraba totalmente a este grupo humano que constituímos las mujeres en todo lo que no fuera un tema de clase. En suma, nada que fuera más allá de la ‘cuestión femenina’, como nada sobre las sexualidades, las razas ni las etnias, (las reivindicaciones de los mapuches que se escuchaban dentro del MIR y en el Movimento Campesino Revolucionairo (MCR) eran de contenido clasista, más que de etnia, y nunca de género.).



En corto, todo estaba en línea en Chile con lo poco que se escribía, leía y/o se oía sobre ‘la cuestión femenina’ a escala mundial. Había material escrito fuera de Chile, me decían las mujeres feministas venidas del exterior, pero no había traducción de ello en Chile. Recién creo que en 1971, cuando salió en Monthly Review, la excelente revista marxista americana que en su versión en castellano distribuía en Chile un miembro del PS, Tito Benado, y que leían miembro/as de la elite intelectual y partidista chilenas, apareció un artículo, muy bueno, de Isabel Larguía, una argentina pro cubanista, acerca del rol del trabajo doméstico ejercido por mujeres.



Como yo provenía de un país adonde entre 1949 hasta 1952 había existido un fuerte movimiento de mujeres asalariadas y amas de casa, del Partido Peronista Femenino, y por ser yo hija de una mujer peronista que apoyaba a esas mujeres como podía, me confundió al llegar a Chile el comprobar que las mujeres eran directamente manipuladas por la derecha, e ignoradas en cuanto mujeres por la izquierda, y que ni las unas ni las otras mostraran disconformidad masiva con ese estado de cosas, de frente a las elecciones presidenciales del 1964. Porque los Centros de Madre que propiciaba la DC y el clero más politizado que apoyaba a Eduardo Frei, no eran sino una extensión del hogar al servicio del partido, no de los cambios en la vida de las mujeres. La mayoría de los hombres de los distintos grupos y partidos de izquierda que yo frecuentaba por entonces, incluidos senadores y diputados del FRAP, como Altamirano Y Chadwick y después los dirigentes del MIR, me lo explicaban como si fuera una cosa lógica, casi natural, debido a que, me decían, como la mujer vive confinada al hogar y dedicada básicamente a la familia, es reaccionaria y como los campesinos, contraria al cambio. Y conservadora en política, por definición. Una excepción la constituían, por ejemplo, el Coco Paredes, tal vez por estar casado con una sueca, y el Dr. Mario Vidal Climent, por ser un psiquíatra educado. A las mujeres políticas las irías a encontrar, no obstante, a veces agrupadas en los departamentos femeninos de PC y del PS, un tipo de organización que actuaba como una rama secundaria del partido, (a veces con nombres más originales, como es el caso de la Federación de Mujeres Cubanas, o AMLAE en la Nicaragua en transición) que ha tipificado a un sinnúmero de partidos y gobiernos que dicen representar los intereses de las clases trabajadoras. Y de sus mujeres y hombres, por igual.



No obstante lo anterior, y por lo mismo, pensaba que había muchas mujeres chilenas urbanas en especial, que estaban preparadas para desarrollar una conciencia crítica acerca de su realidad, provisto que se las convocara a partir de experiencias socializadoras correctas y adecuadas, sugeridas por ellas mismas a partir de sus intereses específicos en cuanto mujeres.

Mi práctica política posterior me brindó, felizmente, muchos ejemplos de que en eso tenía razón. Pero en Chile en general, antes y durante el gobierno de la coalición de izquierda (UP), a la mujer las ideologías en boga le castraban la imaginación política, volviéndolas proclives a la apatía, la indiferencia, el fanatismo y/o el dogmatismo en política.

Y, al igual que a los hombres, actuaban las más de las veces, como si estuvieran defendiéndose detrás de una fe irracional, de tipo casi religioso, y en figuras de ‘héroes’ de distintas revoluciones, como Castro y el Che, o el mismo Allende.



5 ¿Cuál era su concepto de la revolución socialista?



Considero que esta pregunta no puede abarcarse seriamente aquí, en tan poco espacio.

No obstante, ojalá baste con decir que consideraba que una revolución socialista devolvería el control de los campos, las minas, las aguas y las fábricas a quienes los hacían producir y creaban riqueza social con su trabajo, y transferiría su propiedad privada a una comunitaria. Que en esa redistribución los sectores sociales más marginados, oprimidos y/o explotados, como los pueblos primitivos y las mujeres trabajadoras, deberían tener preferencia. Que dicha redistribución sería conducida por el pueblo mismo, que asumiría el control de todos los medios de producción, y que se debería evitar la formación de una nueva burocracia estatal, igualmente machista y privilegiada, a nivel nacional, regional y local; y que ningún partido político centralizado, jerarquizado y burocrático podría jamás liderar una transición socialista, que debía procurar derribar todo tipo de barreras sociales e intentar erradicar para siempre las jerarquías, los privilegios y otras injusticias nacidas de las desigualdades sociales creadas por el modo de producción capitalista dependiente en Chile, a través de su historia.



6 ¿Cómo vivió el proceso represivo del gobierno de Frei Montalva?



Perseguida por la CIA en mi oficina y por los comunistas en la calle…No obstante, amigas y amigos democratacristianas/os muy influyentes, así como miristas de ambos sexos, me ayudaron primero a sobrevivir, y a encontrar en 1966 trabajo en ICIRA (Instituto de Capacitación e Investigación en Reforma Agraria), pero allí, debido a lo que avancé en mi trabajo en desenmascarar la infiltración de la CIA en el campo, me cancelaron el contrato al fin del 1967. Más tarde postulé y obtuve trabajo como profesora, en la Escuela de Economía y Administración, Universidad de Concepción, adonde ingresé en abril de1968, como Instructor Docente.

Trabajé allí hasta el día del golpe (11/9/1973). Es decir, hasta que me echaron por tercera vez de un trabajo legalmente obtenido, en Chile!...Había ascendido por entonces, legalmente, a ser Profesora Titular y Subdirectora del Dpto. de Economía.



7 ¿Qué piensa de la estrategia armada adoptada por el MIR entre 1969 y 1970?



Si te refieres a la posible implementación de un foco guerrillero en la Cordillera de Nahuelbuta, proyecto que venía dando vueltas desde un poco tiempo atrás de mi llegada a Conce, me tocó discutirlo - entre otros, y de los más exaltados y paternalistas, con un colega economista, chileno por falta de pega devuelto de Cuba, el Pelado Moreno, y estuve totalmente en contra, al igual que todos los miembros de mi base – que incluía a Luis Vitale y de la cual yo era la única mujer. Era promovida básicamente desde el Regional Concepción, que era muy pro-viriatista. (Viriato era uno de los nombre de guerra usado por Miguel Enríquez, Secretario General del MIR, para esos menesteres).



Con respecto al plan de las acciones directas, nunca la discutí en mi base, ni militaba ya cuando fue puesta en práctica específicamente como manera de recabar fondos.

(NOTA BENE no has preguntado cuánto cotizábamos las/os militante del MI para apoyar La vida y el trabajo de las/os compañeras/os profesionalizadas/os, como se les dio en llamar a quienes trabajaban solamente para el partido. La idea se basada en el concepto de solidaridad y responsabilidades compartidas. Había una escala de cotizaciones; según eso, a mí me tocaba pagar 40 % de mi sueldo todos los meses. Y mi compañero, por entonces ya esposo, el 20% . El tesorero encargado de colectarlo todavía esta vivo, MA, pero que yo sepa, nadie más tiene noticia ni de que existía esa regla…ni que se nos decía que era la principal fuente de financiamiento de la organización).



Prosigo con el tema anterior. Por lo tanto, me salí del Movimiento, lo mismo que varias/os compañeras/os más, con quienes creamos un grupo disidente autónomo. Allí éramos dos tercios hombres, un tercio mujeres. De aquí salimos varias de las fundadoras del Frente de Mujeres Revolucionarias, luego de reintegrarnos al Partido. Pero valga aquí hacer una digresión. Lo más importante en mi vida no fue nunca el Movimiento, sino mi trabajo profesional y mi vida privada.



No estuve de acuerdo con el empiluchamiento del periodista Oses, ni con la utilización que se hizo para poder secuestrarlo de una mujer, estudiante y joven, sexista ella misma, usada como señuelo para atraparlo, ni con los robos a bancos y supermercados que lo siguieron cuando los lideres del MIR pasaron a la clandestinidad. Consideraba a esos jóvenes asaltantes muy serios y comprometidos con sus ideas, pero también muy individualistas, autoritarios y sexistas, porque usaban a las mujeres como peluqueras y maquilladoras, pero nunca como activas miembras de los asaltos. Más en general, esas acciones no obedecían a mi juicio a una propuesta política seria ni aprobada por las bases del Movimiento. Por ello, me alegré (ya desde fuera de la organización) cuando supe que Allende siendo ya Presidente, les había ofrecido dinero a esos compañeros a cambio de que pararan esas tareas de expropiación. No obstante ello, quiero dejar bien en claro que mis compañeros del MUI y del MIR en Concepción y sus alrededores, comprometidos en esas acciones tan en boga a final de los 60s, en México, Chile, Uruguay, etc., tales como Luciano Cruz y Bautista van Showen, siguieron contando con mi afecto y confianza personal, a través de ese infantilista período del MIR.





8 ¿Participó en la campaña electoral de Allende?



No, en absoluto, en la de 1970 no. (Pero sí en la de 1964). No recuerdo ni siquiera haber atendido a ninguna manifestación, antes o después del 4 de septiembre, pues estaba embarazada y debía guardar estricto reposo para tratar de preservar el embarazo... Ni tampoco apoyaba sino que muy críticamente, las 40 propuestas de su programa de gobierno, a la mayoría de las cuales juzgaba como no socialistas. Supe que el MIR apoyó críticamente esa campaña. Yo además, no voté, por ser extranjera. En ese momento, no militaba.

Cuando ya la UP había tomado el gobierno, y yo ya me había restituido al trabajo luego de perder el embarazo, un día cuando salía de dar clases en Escuela de Sociología, un dirigente medio el MIR, muy allegado a Luciano Cruz, Retamal, el Reta grande, me pidió que me reincorporara al MIR, pues, adujo, me necesitaban…Lo pensé y discutí bastante, y al final, lo hice.





9 ¿Qué le parece que dentro de su programa Allende no considerara de manera importante a la mujer? ¿Está de acuerdo con esta afirmación?



Si, estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación.

Eso no me extrañó, sino que me pareció indignante, aunque muy coherente a nivel personal, con su ideología socialista- masónica-cristiana. Y más aun, con todas las ideologías en que se apoyaban los siete partidos de su coalición en el gobierno. Ninguno de ellos (dos directamente católicos) tomaba a las mujeres como iguales a los hombres. Sino más bien, como una especie de apéndices, a lo sumo, políticamente hablando.

Eso fue una constante discursiva en todo el periodo de la UP, antes y durante su gobierno. Se ha escrito ya extensamente sobre eso, y aunque en Chile eso tienda a taparse, distorsionarse, olvidarse, etc., todo eso está documentado. Yo misma me incluyo entre las académicas que hemos denunciado esa verdad histórica que por más de cuatro décadas; sin embargo, la misma se ha continuado desfigurando por escritoras mujeres que se creo que se creen feministas. Una gran pena...



Por ello, estimo que la lamentable posición de los partidos chilenos durante toda su historia, incluidos los años 60 y los 70s, no debería ser un misterio para nadie en Chile. Pero su sociedad esta todavía oscurecida por el efecto de sucesivas capas de gobiernos que en materia de género y raza reivindican siempre la supremacía social masculina, blanca y cristiana.

Por tanto, si, claro, estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación, a pesar de que pensarlo aun me produce tremendo malestar.





10 ¿Qué le provocaba que se dijera que la mujer era un freno para la revolución?, ¿sintió que la mujer estaba preparada para enfrentar dicho proceso?



Asco, desprecio, tristeza. Es muy difícil para mí aceptar tanta ignorancia, y/o tanto interés creado. Tanto dogmatismo. Si lo creen así: ¿por qué no hacen quien lo dicen por concientizar a la mujer? Esa profunda ceguera ha servido para hacerme redoblar mis deseos de luchar por las otras mujeres y por mí misma; por mis ideas feministas y socialistas libertarias, como sea, tanto en Chile como en todas partes en donde he trabajado y/o vivido. Tanta injusticia me subleva.

Y mi respuesta, clara, directa y permanente por hace ya más de 55 años, me enorgullece y enriquece. Mi pasaje por el MIR fue una escala en ese continuo.





11 ¿Sintió algún tipo de discriminación por parte de sus compañeros de militancia, por el hecho de ser mujer?



No creo tanto que por ser mujer en si, cuanto como, tal vez, por ser muy honesta, abierta, franca, feminista, socialista, antijerarquía y clientelismo partidarios, contraria acérrima al estalinismo leninista machista partidario, anti- héroes, y revolucionaria: o sea, capaz de darlo todo por mis ideales cada hora de cada día de cada mes de cada año. Esa lucidez no era premiada, ni en hombres ni en mujeres, en el MIR.




12 ¿Qué costos personales y familiares implicó la militancia? ¿Cómo conjugó su labor de mujer y militante?



La militancia en sí misma sólo me benefició. Tal vez porque la asumí siendo ya una profesional y una persona madura. La mantuve (y terminé) libremente.

No tuve problema alguno con ser mujer y militante. Supongo que me ayudó en eso tener dinero para pagar a colaboradoras/es del hogar, y un marido también militante que compartía mis principios, a través de todo ese período. Notoriamente, pero no curiosamente, aunque siempre militamos en las mismas bases los dos, el fue siempre elegido por el Partido como el jefe de base…Yo era entonces la única mujer en las mismas… Y eso a pesar de que yo llevaba ya años de militancia cuando lo incorporamos a la organización y lo hicimos por sugerencia mía y del Trosko Fuentes.



Soy, según dice de mí Consuelo Rivera Fuentes (chilena también ex mirista), muy ‘femenina’. No sé si por eso, pero lo cierto es que supe gozar de mi sexualidad hasta donde me fue posible en todos esos años; pero vivíamos en una sociedad altamente polarizada, y estaba yo rodeada de gente altamente prejuiciosa; en un país bombardeado con tantas imágenes sexistas y discursos masculinizantes, con tantas represiones contra la mujer ( y el hombre) en materia, por ejemplo, de política sexual reproductiva, que había que cuidarse mucho del que dirán, especialmente del de los hombres...y no se podía gozar libremente del sexo, pues claro.

Por eso me alegra reflexionar acerca de haber sido capaz, a pesar de todo eso, y de trabajar a tiempo completo como profesora, además de mi total compromiso político, de desarrollar mi capacidad amatoria y maternal (no asumida esta última como maternidad para dar hijos a la Patria y a la revolución como rezaba la consigna, por ejemplo, de los Sandinistas en lo década de los 80s), y orientarlas en base a principios solidarios compartidos. Tengo una hija chilena Yanina Andrea, que junto con Tomás Alejo, mi hijo nacido en el exilio, son mis mayores amores, y ambos tambiٞén motivo de orgullo para mí. (Sea dicho de paso, aunque sea obvio, que no apruebo de la falsa modestia).





13 A nivel personal ¿qué significó para Ud. la militancia dentro del MIR?



Me dio la oportunidad de sentirme útil y hasta muchas veces, hasta necesaria para mi comunidad. Por ejemplo, cuando trabajaba fuera de las horas de oficina de ICIRA, con Paulo Freire formando líderes campesinos de Perú y Bolivia; cuando coordinaba el trabajo de las Juntas de Abastecimiento y Precios ( JAPs) en Concepción; o cuando asesoraba al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción; cuando apoyaba una toma de terrenos destinada a proveer de techo y atención médica a cientos de familias proletarias; cuando visitaba los fundos tomados en la zona de Chillán; si cooperaba en las tomas de fábricas estatizadas por el gobierno, dando clases de ética doméstica y disciplina laboral revolucionaria en las fábricas textiles estatizadas de Tomé, o discutía sus problemas domésticos con los líderes del carbón de Lota y Coronel; cuando luchaba por el derecho al aborto de las estudiantes de mi Universidad, etc..



Además, siempre me sentí muy respetada y querida dentro del partido. Muy querida. Aun recuerdo a esas amistades que hice por entonces especialmente entre la juventud; y revivo la memoria de quienes murieron asesinados/as. El día de mi último cumpleaños, el pasado mes de junio, me visitó una compañera chilena era ex mirista, ahora una gran amiga, que también fue mi alumna en 1969…quien vino con su marido y una comunista chilena. Esas cosas producen gran satisfacción. Son matices de una enorme hermandad que supimos labrarnos entre todas y todos… Y que alienta nuestra lucha, pues sirven para intercambiar ideas sobre política actual, dentro y fuera de Chile, con gente jugada.



Quisiera decir que considero una obligación moral recordar a las/os pocas/os miristas que sobrevivieron y a sus familias, si puedo; y más en particular, a aquellas/os de entre mis alumnas/os que murieron en las torturas, como el Trosko Fuentes, Muriel Dockendorf –y su madre y hermana- y Cesar Negrete y sus hermanas, sobrinos…en fin. Así como procuro olvidarme de unos pocos compañeros que cambiaron sus posiciones políticas después del golpe y se hicieron concertacionistas. O peor. En el MIR siempre logré sentirme parte de un colectivo que trabajaba haciendo lo mejor posible por la sociedad en que vivíamos y pienso que puse lo mejor de mí misma en formar a nuevas generaciones con conocimientos útiles, siempre en apoyo a un proyecto teóricamente capaz de producir mejoras substantivas en lo situación económica, social y cultural de algunos de los sectores más explotados y marginados de Chile, que eran los que representábamos, los y las pobres de la ciudad y del campo, y que lo siguen siendo ahora, como lo es el pueblo mapuche.



En el MIR conocí a un numero interminable de personas de ambos sexos y distintas de edades, razas, profesionales, ideologías y nacionalidades, y aprendí de ellas y su cultura, que compartieron conmigo generosamente.

Mi pertenencia a ese grupo humano con ideales, conductas y expectativas no siempre iguales, pero casi siempre parecidos a los míos, me hizo desarrollar un nivel de conciencia social mucho más profundo, crítico de la realidad que me rodeaba – requisito indispensable para transformarla- y tambiٞén de las experiencias que se han dado en el mundo a nombre del socialismo. Me incitó mas tarde, ya en el exilio, a reflexionar largamente acerca del por qué la enorme mayoría de las mujeres latinoamericanas de izquierda no poseemos clara conciencia de la subordinación social genérica a la que vivimos sometidas.

También, obviamente, condujo a que fuera violentamente reprimida por los agentes de la dictadura: las fuerzas armadas chilenas, sus grupos paramilitares, la CIA, y luego la operación Cóndor y sus tentáculos en Argentina.

A que perdiera en pocas horas trabajo, hogar, mi familia chilena; que tuviera que velar en ausencia a tantas compañeras y compañeros presos, torturadas/os, desparecidas/os, exiladas y exilados. A perder todos mis libros, mis estudiantes, mi carrera. En fin: múltiples castigos y/o torturas que aún no se borran.

A pesar de todo lo cual, volvería a hacer todo lo mismo y ojala mejor, por los pobres del campo y la ciudad de ese mi querido país por adopción, aquel gran Chile, mierda.







13 ¿Cuál considera que es la principal diferencia entre su militancia en el MIR con respecto a la militancia femenina de otros conglomerados de izquierda?



Hice pocos trabajos conjuntos con mujeres de otros partidos, pero en general no encontré muchas diferencias; tal vez lo que mas mi impresionó en algunas de las miembras de las JAPs de Concepción fue que dogmáticas y poco independientes eran las mujeres del Partido Comunista, a las que sin embargo siempre respeté mucho por su enorme sinceridad , tenacidad y disciplina al defender sus intereses de clase, pero no en cuanto mujeres, sino mas bien en sus roles adcriptivos de cohabitantes, esposas, novias, madres, madrinas, hijas, etc., de los hombres de su estrato social. Eso lo vi más marcadamente allí, y el MAPU., que en el PS y mujeres feministas independientes, por ejemplo.







14 ¿Como vivió el 11 de septiembre del 73?



Con profunda expectación, horror y cierta dignidad. Y recibí ese día temprano la orden del partido de irme inmediatamente del país. Cosa que no iría a lograr de motu propio!...

Por la tarde me visitaron varios estudiantes, y una de ellas me pidió que fuera a alojarme con la guagua a su casa. Y nos fuimos antes del toque de queda, antes de las 6.00pm.

Mi marido había partido con rumbo desconocido por mí, como lo habíamos arreglado con su padre en el evento de que se diera en Chile un golpe de estado sangriento.

El 12 me regrese a casa, luego de registrarme en la Cuarta Comisaría; de Concepción me fui a la casa de mis suegros, pues Don Ricardo Hinrichsen con infinito coraje se propuso buscarme y llevarme a su casa en Tomé con la guagüita de 8 meses. Días después, en vista de que me seguían llamando a través de los diarios, dejé a mi bebita en la casa de los abuelos paternos, en Tomé. Y Don Ricardo me llevó a Concepción.

Fui tomada presa cuando me presenté en la casa Central de la Universidad, y de allí conducida al Estadio Municipal de Futbol de Concepción, y luego expulsada junto con mi hija y marido, con un grupo de 8 extranjeros que trabajábamos en la Universidad de Concepción.

El 5 de octubre de 1973 miré Concepción por última vez, desde el bus de la caravana militar que nos llevaría hasta la frontera. Salimos por el Paso Pajarito, luego de horribles experiencias con los milicos y sus secuaces. Y con el viento blanco de la Cordillera.



Volví a Chile sola, y luego de 30 años después, en julio de 2003, a participar activamente por unos días en un Congreso Internacional de Americanistas, el 51º ICA, mi alma Mater, la U de Chile, en Santiago. Mi viaje, estadía y participación en ese Congreso académico que es muy caro, y que se realiza a partir del Siglo XIX con base en Europa, lo hicieron posible dos feministas, las Dras. Linda Birke y Consuelo Rivera Fuentes, ya citada, en un gesto magnifico de solidaridad humana.

Y respiré así entonces otra vez el aire con mis desaparecidas/os, amigas/os, excompañeros, y mi gran familia chilena.



Sobre el Frente Revolucionario de Mujeres

¿Que la incentivó a formar parte del frente revolucionario de mujeres?

¿Cuáles eran las principales demandas?

¿Cuál era la relación del MIR en general con respecto a su frente?

¿Por qué el frente revolucionario de mujeres no logró prosperar?



En realidad, estimo que esto da para mucho más de lo que se espera aquí de mí. Por tanto, me remito a mis escritos, y/o a una reciente entrevista que di a una periodista chilena, que creo has leído. Pienso que si la relees veras allí todo lo que necesitas.







*Dra. Marta Raquel Zabaleta. mzabaletagood@gmail.com

Londres, 20 de julio 2011






*

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