jueves, enero 26, 2017

ESTACIÓN ÁLVAREZ DE TOLEDO.



*Foto de Jorge Enrique Soria.








*


Hay un tren en la montaña que me vio nacer. Antes lo tomaba para pasear o mirar el paisaje del valle desde la cima. Era emocionante la rutina de prepararme para pasear en tren. Y era hipnótico su monocorde ritmo que solía adormecerme.
Una vez viajé lejos. Me alejé de mi familia con determinación porque no querían que me fuera de la montaña.
En el trayecto de regreso al pueblo luego de un viaje distinto durante años, luego de recorrer lugares nuevos y conocer gente diferente, noté desde mi visión lejana, que las vías del tren dibujaban sobre la montaña una línea paralela al valle. No había ascenso, solo una leve inclinación hacia un pico aledaño, que nada tenía que ver con el pico de la montaña que creí, desde siempre, visitar cada vez.
Noté ese rasgo y no dije nada, tampoco avancé en el razonamiento, ni calculé motivos, ni desconfié abiertamente de la inocencia de todos. Tuve como una de esas imágenes, esos pensamientos inconexos que es mejor no pronunciar porque, seguramente, provocarían desilusión, tristeza.
Nunca más sentí el deseo de subirme a ese tren. Tampoco volví a viajar tan lejos.
Por ahora prefiero sentarme, apartada, en la misma piedra que me sostenía cuando era chica, para cerrar los ojos y visitar los destinos reales que guardo en mi memoria, repasar las conversaciones en otros idiomas, los recorridos de trenes agitados,  prefiero sentirme extranjera, no ser parte de este tren que se traslada sobre el mismo paralelo y vuelve a abordar al mismo pueblo, una y otra vez, una y otra vez, monocorde como su ritmo.



*De Lorena Suez. lorenarsuez@gmail.com
-Publicó Intemperie.  
-Por Viajera Editorial.  







ESTACIÓN ÁLVAREZ DE TOLEDO.









Reflejo en la niebla*




*Por ©Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com



Yo era un buen tío. Lo que coloquialmente se entiende por un buen tío. Siempre ayudaba a mis amigos. Hacía buenas obras… Ya sabe: Dar limosna, indicaciones a desconocidos para encontrar tal o cual sitio, consejo a quien lo necesitase. Nunca volví la espalda a nadie. Nunca me faltó una sonrisa o una palabra de aliento. Igualmente fui generoso en el esfuerzo. No es por jactarme, pero fui el mejor en lo mío. En mi oficio, quiero decir. Hubo un tiempo en que no dejaba de recibir ofertas para cambiar de empresa. Acepté unas y rechacé otras, siempre en busca de algo mejor, en el más amplio de los sentidos. Pero ocurrió como tantas veces: Llegó el cambio de siglo y mi oficio empezó a desvanecerse. Hoy apenas quedan unas pocas empresas del gremio, en las que, como es natural, importan mucho más los resultados económicos que la calidad del trabajo en sí. Por eso un día amanecí desempleado y pobre. Y, para peor, viejo. Otros venden su cuerpo o venden su alma. Quizá ni siquiera aprecian la diferencia entre una cosa u otra. Pero yo no sirvo para eso. De haber servido, otro hubiera sido sin duda mi destino. Oportunidades no me faltaron. Pero hace falta un talante especial para mirarse en el espejo la mañana siguiente y no arrojarse de cabeza contra el propio reflejo. Sé que usted me comprende. Y sabe que sólo por eso  le estoy apuntando con esta pistola, instándole a que me dé su dinero y objetos de valor. No hay nada personal en ello. Son negocios, como suele decirse.
Me cuenta todo esto mientras me mira con unos ojos que no delatan a un criminal, sino, más bien, a una persona atrapada en un pantano o encerrada en una prisión de barrotes invisibles. Así que le doy cuanto me pide (no todo lo que llevo, sino más o menos la mitad, siguiendo sus instrucciones: Un poco de dinero y un reloj de escaso valor) y el tipo me agradece, guarda la pistola, dice que ha sido un placer tratar conmigo, que no me mueva de ahí hasta que él haya desaparecido por la esquina de la plaza.
Miro en la dirección que señala. De allí viene un eco sordo: el estrépito lejano de un tren a poca velocidad, tal vez entrando en la estación, sonido que irremediablemente me recuerda “Bailando en la oscuridad”, la estremecedora película de Lars Von Trier.
Todavía estoy atontado por el sobresalto de verle aparecer frente a mí con el arma en la mano. Quizá por eso me pregunto qué tren, qué estación. No recuerdo que haya una cercana. Él sigue hablando, con la misma calma. Me aconseja no denunciarle. No por posibles represalias suyas, que desde ese momento se compromete a que no las haya en cualquier caso, sino por la conocida inefectividad de la policía. "Perderá usted una mañana entera poniendo la denuncia y no recuperará nada de esto. Y no se le ocurra preguntar por la causa de tanta espera. Si lo hiciera, lo mismo termina usted investigado o algo peor", me dice. Luego se disculpa, hace un gesto que podría significar cualquier cosa y se aleja hacia la estatua medio oculta entre la bruma.
Al principio me sentí enfadado. No mucho, pero lo bastante como para haberle dado un buen mamporro al tipo si no hubiese sido por el contundente detalle de la pistola. Pero mientras lo veía alejarse, me invadió una especie de nostalgia inexplicable y pensé que tal vez, en el fondo, ambos éramos la misma luz descuartizada por el tiempo y las circunstancias. Pensé que, en un país como éste, repleto de desempleados y azotado por la injusticia social y la corrupción del poder, casi era una suerte haber topado con este individuo y no con otro más violento, o peor: Una multinacional dispuesta a extraerme hasta la última gota de sangre para venderla en el mercado y después arrojar mi cadáver a las alcantarillas de la miseria.
Comencé a frecuentar el parque todos los días, me habitué al ruido de los trenes -había una estación, después de todo-, me convertí en una presencia habitual, como tantas otras irreconocibles al otro lado de la niebla, acaso esperando repetir el encuentro, tener la oportunidad de explicar con detalle -y ser escuchado- las circunstancias de mi propia deriva, de la resaca que me va llevando, lentamente, hacia lo tenebroso.



- Sergio Borao Llop publicó “El alba sin espejos”












CANCION OSCURA*


“Es que la muerte esta tan segura de vencer, que nos da toda una vida de ventaja...”
Cuando Vendrán - La Renga



Yo, la primogénita de Cronos.
Hija de las penumbras. Oscuramente oscura.
Mezcla de ángel caído y lucero de la aurora.
Yo, la tenebrosa. Rosa morada y lirios negros.
Sombría. Aciaga. Ominosa. Ojos ciegos.
Amante en pasadizos oscuros y secretos.
Inclemente. Riguroso. Mi pubis sonámbulo.

Ya se anuncia con sus huestes. Implacable.

Si he esquivado dos veces porque no tres.
Refulgente. Insurrecta. Rugiendo en carne viva.
En carne viva, como la vez primera.
Lunas blancas sobre mi corazón de adobe.
Boca rosa vino y amapolas.
Intangible mirada. Hipnótica. Anónima.
Gruta de esplendorosos vértigos.
Tren de sueños que siempre espera.
Como al descuido, el viento, levará mi pollera

Ella vendrá. Siempre viene. Vendrá y pasará de largo.
No me reconocerá. Estoy segura. Pasará.
“Aun le queda toda una vida de ventaja”


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@hotmail.com












LA REPARACIÓN*



He soñado una y otra vez en tantos años con el tren que debía tomar y no tome a mediados de 1978.
No tenía un buen minuto. Hacía una semana que me habían liberado de un campo de concentración de la dictadura. Caminaba aterrado de que me volvieran a meter adentro.
Sabía de memoria que tenía que tomar el tren en La Plata y el nombre de la estación en la que debía bajar. En un bollo de papel tenía la dirección de la casa de los viejos de Eleonora. No tenía un buen minuto, si me paraban en la estación los milicos solo por la cara de miedo o preguntaban porque iba a ir a un lugar en medio del campo llamado Álvarez de Toledo no sabía ni que decirles. Mi casi novia esta secuestrada y voy a avisarles a los padres que sigue adentro en tal campo no era muy acorde a la época.
Sólo tenía decidido tirar el bollo de papel si veía tipos de uniformes pidiendo documentos, el resto era la mente en blanco o peor aún: llevar las imágenes y el olor de la mazmorra que seguía impregnado en mi cuerpo.
Pero no fui. Apenas vi el edificio de la terminal del Provincial con un Falcón verde estacionado pegue la vuelta. Me quede en casa encerrado durante meses. Como un buen niño de casi 18 años obedecí el ruego de mis padres de estar bajo su mirada protectora.
Después pasó la universidad; la beca para irme a Estados Unidos. Allá estoy. Establecido en Bonita un pequeño pueblo de California y con un buen trabajo.
Supe años más adelante que Eleonora estaba viva, que había egresado de su carrera. También se había ido del país. Trabajaba para un organismo internacional para un programa para el rescate y protección del orangután en Tailandia.

Pero es como si el tiempo no hubiera pasado. Es Eleonora y su rostro de niña riéndose de cualquier pavada incluso de mis chistes malos.
Un día, -de la nada- me dijo: -vos sos pasto para las histéricas.
No hubo otra explicación de ella ni preguntas de mi parte -solo un pequeño silencio- luego seguimos leyendo el texto de Pitirim Sorokin cuyo nombre y apellido nos generaba risueños malentendidos.
Pero lo de "pasto para las histéricas" quedo inamovible, tantas otras cosas fueron a parar al abismo o al olvido, pero aquella frase no. Como un gran enigma sin solución o una profecía que se corroboro con los años en mi propia vida.
Una vez, ya instalado en el centro de investigación y desarrollo genético, propuse la idea de modificar el pasto para lograr una leche vacuna con propiedades para cambiar o suavizar la histeria tanto de hombres como de mujeres.
Mis colegas se rieron largamente, estaban acostumbrados a mis chistes, ni consideraron la posibilidad de que sea un delirio.
-No hay conexión entre perfiles genéticos e histeria.
Además con tantos desafíos por delante quien iba a respaldar que se incluyera un tema como la histeria que parece bien claro de la psicología.

Sin embargo cada tanto y contra casi toda la evidencia disponible vuelvo a insistir con trabajar esa línea. Por esa fe que me quedo en Eleonora a quien le otorgo una lucidez maravillosa o porque creo en las ocurrencias imaginativas y delirantes como fuente de inspiración del conocimiento científico.

Ahora voy a intentar reparar esa parte de mi historia que sigue clavada como una astilla de dolorosa culpa en mi cuerpo. Y verla a Eleonora, dando una charla sobre su experiencia en la preservación del orangután. Sucederá en la ciudad cabecera cercana a su pueblo natal.
Tengo una disculpa para darle y -si puedo- le preguntare por lo de "pasto para las histéricas".
Ya saque el ticket, el tren sale en 30 minutos de la terminal del Provincial en La Plata con el curioso nombre de "El amante ingenuo y sentimental"



*De Eduardo Francisco Coiro.










*

detrás de aquellos paredones

el cementerio de trenes

asomo la cabeza

puedo verlos

¡y dan tanta tristeza los titanes olvidados!

los cíclopes con óxido en sus narices.

así, me digo, estaré también yo

como ya están mis padres hace tiempo oxidados,

entre los trenes y nosotros no hay tanta distancia

como vagones son nuestras almas

donde suben y bajan tantas pretensiones

tantas maletas y bolsos y adioses irresolutos.

un buen día la vía se cansa

la carrocería se cansa

se cansan de girar en el paisaje

nuestras piernas de girasoles.

y cerramos los ojos como los trenes

y vamos del otro lado de los paredones

a beber silencio

a esperar -quien sabe- nuevos itinerarios

metafísicas estaciones.



*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar

-A mi amigo Eduardo Francisco Coiro, que ama los trenes.









LOS BUSCADORES*


“…Me gustan las nubes… las nubes que pasan…
allá abajo… Las maravillosas nubes!”
CHARLES BAUDELAIRE



Ellos, los eternos buscadores.
No se conocen. Se presagian.
Acaso nunca el espejo de uno se refleje en el otro.
Comparten, día a día.
Una canción en una lengua extraña y conocida.
No saben las formas de cada calendario.
Banales. Sustanciales.
Como respira. Como gime.
De que color son sus jadeos
El sabor de sus manos.
El color de sus albas.
El olor de sus furias.
Como camina.
Adonde va cuando viene.


Llegan al límite que les permite el otro.
Son los buscadores.


El no lo sabe.
La casa que la habita, tiene grandes ventanales.
Enrejados de miedo.
Puertos. Secretos puertos.
Un cuadro de Dalí, almendros. Durazneros.
No sabe.
Que sorbe brumas y colecciona cajas.
Que tiene la manía –peligrosa- de ser niña.


Ella no lo sabe. Lo presiente.
Que por su casa han pasado golondrinas.
Cartas no leídas.
Qué colecciona vientos. Colibríes.
Que tiraría murallas y cercados.
Que toma té color amargo.
Que su mirada ríe o brama, antes que sus ojos.


Son los buscadores.
De la caricia nueva. De la unidad y el caos.
Comparten saudades, tormentas.
Retozos animales.
Rituales… ansias, golondrinas .Vuelo de golondrinas… lejanías
Juegos.
Peligrosos juegos.
Tiernos.
Salvajes, feroces, brutales, insensatos. Vitales.
Pasión encerrada en una almendra.
Navegan desnudos en la costa.
Empeñados en el temblor y el goce.
Nacen .Enfrentan juntos las tristísimas muertes.
Se buscan… se encuentran…se extrañan…se nostalgian.
¿Qué buscan estos locos, preguntan los membrillos de cielo?

Nubes. Solo queremos nubes.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@hotmail.com









BLACK MIRROR*




Llegué tarde para "El amante ingenuo y sentimental".
Siempre llego tarde...no solo a tomar un tren. Pero esta vez no me cerraron el ferrocarril como décadas atrás. El siguiente Tren se denomina "Black Mirror" y sale dentro de dos horas.

Dedique una buena parte del tiempo de espera a preguntar y entender.
Los trenes dependen del ministerio de Cultura. Las líneas de trenes recuperadas como el Provincial, el Midlands y el Compañía General -entre otras- son consideradas como trenes de fomento. Son un bien social. Tienen el objetivo de la difusión cultural en un plano de igualdad al  aporte benéfico a la economía de pueblos que recorren.

El Black Mirror es un tren temático dedicado a la serie, lo que incluye ver sus capítulos en el vagón de cine club con un rato posterior de debate moderado.
Como "El Amante ingenuo y sentimental" los trenes llevan como nombre el título de un libro, una serie de culto o un autor.
Pregunté lo obvio: si existía el "Jorge Luis Borges", me contestaron que desde luego, pero no en esta línea sino en el Midlands, un tren nocturno que corre los fines de semana desde Puente Alsina, bien cerca del Riachuelo –nuestro espejo negro- que día y noche hace su espejo de luces y sombras entre ambas Riberas, hasta la terminal en Carhue ciudad cabecera del partido de Adolfo Alsina.


Letizia, de informes y turismo me da otro dato:
Algunos pasajeros relacionan a la serie Black Mirror con textos de Borges...  hay una curiosa coincidencia geográfico - temporal: los sábados y domingos ambos trenes se cruzan en la estación triangular de Ingeniero De Madrid y los pasajeros pueden hacer combinación: bajarse del provincial e ir a Carhue con parada en sus intermedias, o bajar del Midland e ir hasta Mirapampa o cualquiera de sus estaciones intermedias.


-Me dio cierta felicidad adolescente la idea de bajar del Black  y subir al Borges.

Puede que después de ver un par de capítulos de Black Mirror siga de largo hasta Ingeniero de Madrid y allí suba al Borges con ánimo de releer en el viaje "El Jardín de los senderos que se bifurcan" o "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius".

De Álvarez de Toledo, solo veré un cartel con el nombre. Una estación a la medianoche. Más allá, en sus calles se verán luminarias orbitadas por insectos.



*De Urbano Powell.











Pero he aquí que, en un recodo inofensivo*



Pero he aquí que, en un recodo inofensivo,
se alzarán las barricadas del desánimo.

Esos serán los días de la desolación.

Todos los trinos del mundo habrán cesado
y te verás cercado por amenazantes nubarrones
prestos a descargar torrentes de decepción
sobre tus espantados ojos.

Entonces el camino te parecerá insoportablemente estrecho.
Podrás sentir el frío ciñéndose a tu carne,
el viento de los páramos azotando tu rostro,
la noche agigantándose sobre el valle desnudo.

Acaso en esa hora de lánguida derrota
añores las falsas caricias de esa vieja prostituta
cuyos labios de colores se entreabren en la distancia.

Ángeles de alquitrán vendrán a rescatarte,
te hablarán de noches cálidas, de vasos humeantes,
de aromas embriagadores y confortables lechos.

Mirarás el sendero repleto de guijarros,
mirarás tus pies descalzos, tu piel enrojecida.

Y así, por un momento, te sentirás perdido,
notarás que toda convicción va abandonándote,
y tal vez llegues a empuñar la pluma de la renuncia.

Pero la sangre del Caminante se agolpará en tus venas,
se detendrá tu mano en el instante exacto de la firma,
se entornarán tus ojos y escucharás de nuevo tu voz verdadera
recitando el poema nunca escrito
de las calles sin luces,
de prados y vergeles y niños harapientos sin consuelo.

Sabrás entonces
que el país al que te diriges queda demasiado lejos
y que nada ni nadie puede trasponer sus murallas
sin haber recorrido, palmo a palmo, el camino.

Luego, tu pie se moverá iniciando un nuevo paso,
quizá el más doloroso,
y esos ángeles falsos se hundirán en el barro
dejando apenas su horrible pestilencia a tus espaldas.


-De Nómadas

*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com




***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.  MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO. ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



***
Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

POLVAREDAS 

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.    FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.  ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.  
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.  GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.




InventivaSocial
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Para compartir escritos escribir a: inventivasocial@yahoo.com.ar

lunes, enero 16, 2017

EDICIÓN ENERO 2017.


*Foto de Mónica Russomanno.











XXV

Tercera mujer cerca del fuego*



Que simules

ver una mujer cerca del fuego y que su vida sea un cuento

para dormir. Una mujer con la lengua

llena de lastimaduras,

ésas que producen las palabras

deformes. Que simules ver el Aqueronte

cerca, a sólo un paso, el inestable color del vino en tu mirada

y en la mujer con frío. Que simules

ver una mujer cualquiera como las otras,

y que se te agote la vista

ante esa cosa oscura de los perros

que ladran a la luna,

como si supieran

como si la mujer supiera

el salto del instante. Que simules

la secreta unción que une al fuego y las mujeres,

el cielo verde y los hielos, o que simules

ver a la pobre mujer de Brueghel

como virgen etérea que apresa al unicornio.

Es tarde ya para simulaciones,

para soñar paraísos:

cualquier hecho es el primero de la serie

o el último. Y cualquier hecho

mirarlo o no mirarlo

revela

siempre lo mismo:

la vocación de abismo de las cosas.



*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com

-Del libro “Cazadores en la nieve”.
Buenos Aires, La Letra Eme Ediciones, 2014.
















RITO*



Celebramos nuestro rito cada día
adorando a nuestro dios rectangular.
Rendimos culto a una pantalla
o a las fugaces sombras que la habitan.


Reímos a la hora de la risa,
lloramos cuando el llanto es la consigna,
nos postramos ante el último profeta
salido de las entrañas de un showtime
y adoramos sin mesura la sublime palabra
de modernos predicadores con corbata
que nos hablan de los muertos convenientes,
de los que son noticia, de aquellos que no mueren
en oscuras callejas o al borde de una idea,
de aquellos que no caen de un andamio
ni llenan sus pulmones de inmundicia
en el oscuro fondo de una fábrica
o en los túneles ciegos de una mina.


Pero también esos cadáveres anónimos
que mueren día a día sin violencia
en el turbio corazón de la metrópoli
son una herida en el alma de las nubes.


Yo canto por los muertos que se miran
el rostro cada día en los espejos;
canto sus ojos graves, resignados,
su desencanto crónico, su antiguo
cansancio que no cesa.
Yo canto por los muertos
de los que nadie habla, los anónimos
silenciosos fantasmas ambulantes
que no siembran estelas ni levantan
murmullos a su paso, los que venden
su tiempo en una esquina, los que callan
y dejan que la vida les aplaste
sin un grito ni un gesto ni una lágrima.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
- Publicó “El alba sin espejos”








*

Nos parece mentira.
Y no.
Son tus ojos
asomando en color sepia,
inmóviles
frente al paso de los años,
con una felicidad montada entre los dientes
acabada de estrenar.

¿Son tus ojos?
¿Qué mirabas,
hacia dónde,
qué buscabas
con los ojos ardidos de inocencia?
¿De qué reías,
ingenua,
qué mundos
merecías conocer por el privilegio
de ser buena?

Quema mirar atrás.
Quema
como si fuera a hacerme de sal.

Nos parece mentira.
Y no.
Ojalá lo fuera.

*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com













DESAUTORREALIZACIÓN*



A punto de ser yo mismo
sentí un miedo atroz.
Desde entonces
pretendo ser el yo
del otro que no cuestiona.



*De Daniel Montoly. danielmontoly@yahoo.es












*


Me pregunto si sos
una suma de recuerdos,
de pasado sobre pasado de manera continua
hasta llegar al presente
como punta del iceberg de todo lo vivido
o si más bien sos
la irrupción en mi memoria
de ciertos momentos puntuales
que surgen sin avisar
pero que están escondidos siempre,
como pequeñas piedritas
que sostienen todo un mundo.

(De Seres pequeños)



*De Valeria Cervero.

valecervero@hotmail.com














A Leteo*


*de Melisa Mauriño.


Ciertas noches de luna oscura
deslizo una cuchilla sin filo
a través de la fría piel
de un río cuyo nombre
he olvidado

cuando llego
al otro lado de la serpiente
de agua imperturbable
afilo mi cuchilla sin filo
contra una piedra
tan lisa
como una lápida fresca
hasta que saltan chispas
o insectos o lágrimas

hundo mis dedos
en carne tibia y digo
“los animales
de la oscuridad
no deben buscar la luz
aunque a todos
nos sienta bien morir
abrasados, una vez”

cuando la lumbre calla
o el aleteo
se hunde crepitando
en la oscuridad
oigo el murmullo de los sauces
como si supieran
que me hamaqué en sus ramas
y me acaricié
con sus hojas la pena

tomo el filo cegador
entre las manos, sangro
apenas un signo sobre la piedra
los insectos estrellados
en mi almohada
o mi nuca
que golpea contra ella
hasta estallar
en sueños breves

para cuando amanece
estoy tan blanca
a orillas del saucedal
con las alas mojadas
las uñas rotas
la mirada perpleja
de haber estado envuelta
por muchos siglos
en la placenta de la noche

despierto y soy temblor
debajo de la mano abierta
del sol
que descubre a un paso
la piedra partida, la almohada
cortada en dos hemisferios
y el espanto
en la corriente que fluye
mientras los peces
anclados al lecho
un sueño de muerte
donde no hay puertas
ni ventanas


*Poema incluido en La piel de la oruga (Viajero Insomne, 2016)



-Melisa Mauriño nació en la provincia de Buenos Aires el 13 de diciembre de 1985. Es Licenciada en Psicología egresada de la UBA. Hizo su Residencia en Psicología Clínica en el PRIM Hurlingham y actualmente es residente de la Residencia post-básica interdisciplinaria en Cuidados Paliativos en el hospital “Dr. Enrique Tornú” y docente en la Universidad Favaloro. Escribe poesía y narrativa. Ganó el primer premio del 1er. Concurso Nacional de Poesía Viajero Insomne 2015 con su primer libro “La piel de la oruga” (Viajero Insomne, 2016).
















LA ESCRIBIENTE*




La Leo es la viejita siempre niña, una ancianita que las convulsiones infantiles fijaron eternamente en unos siete años inmóviles de picardía en los ojitos pequeños, siete años de cabecita rizada y risa y llanto fácil.
Llora cuando recuerda a la mamá, que la acompañó en el geriátrico hasta los cien años pero se fue un día, el año pasado, y la dejó solita. Se ríe cuando alguna cosa le hace gracia, y entonces gorjea y cloquea y se dice a sí misma “esta Leo, esta Leo”, la frase que otros le prodigaron a lo largo de sus más de siete décadas de vida.
Y la Leo escribe. Escribe, trabajosa y concentradamente. Escribe en su mesa, ajena a las visitas de los otros, o a los compañeros de vejez, tan próximos y a la vez tan lejanos, que se marchitan a su alrededor y ya renunciaron a la esperanza. Ella escribe porque la niñez no renuncia a la esperanza. La Leo escribe con las manitas de dedos cortos, y cada tanto se levanta con pasos bamboleantes a mostrar cómo escribió allá debajo del punto cruz con lapicera “Leonor Taborda”. A veces copia palabras de libros o revistas. Y esconde las letras debajo de enmarañadas líneas en negro, azul, verde. Otras veces, escribe cartas. Cartas donde cuenta que se murió la mamá, que se murió el hermano, que en su cumpleaños esperó que fuesen a visitarla para tomar té o mate con bombilla, y no fueron. Son cartas de palabras inconexas en las que alguna vez se adivinan frases pero en las que siempre se comprende el llamado, la esperanza de que sirvan de señal luminosa para que algún lejano barco se acerque a su naufragio.
Las cartas ocupan carillas de papeles doblados torpemente. Cuántas cartas, me pregunto, cuántas cartas a esos destinatarios que hace sesenta años fueron niños que su mamá recibía como alumnos particulares en la casa. Y que ahora son también ancianos o que han muerto en lejanas camas y ciudades distantes.
Ella recuerda bíblicas genealogías, recita los nombres de los ausentes, el nombre de los padres y de sus hijos. En su universo infantil siempre se han de nombrar padres e hijos, y los recuerda a todos. La dirección que indica es “Calchaquí”, “Santo Tomé”, alguna vez el nombre de una calle o el lugar preciso: enfrente de la farmacia, justo en la esquina.
Padres e hijos en una topografía de peatón o de vecino. La vida sencilla, los mapas de la infancia, las décadas superpuestas y las cartas que nunca llegarán a los difuntos o los que hace mil años tomaron otros rumbos o se diluyeron en una Historia que sepulta las historias.
La Leo escribe, y entre las palabras indescifrables anota bien clarito “Salta 3534”, para intentar forzar al destino de soledad con su correcto remitente en “Las diamelas”. “Mamá murió”, y otra vez recuadrado en un trazo temblequeante mamá murió. Hay que contar la noticia. Vengan, escriban. Estoy sola. Los niños del segundo grado de hace sesenta años, los fantasmas, los médicos que la atendieron cuando era pequeña y aprendió a cocinar carbonada. Vengan.
Y escribe las cartas para la legión de ausentes que pueblan su memoria exacta con precisiones ingenuas “fue a las cuatro de la tarde, un jueves”. “Llovía”.
Escribe y agota lapiceras, gasta lápices de colores, alegra los renglones con fibras. La Leo escribe al universo, tiende puentes de papel y tiempo elástico. Tiene fe en esos emisarios que dejamos las cartas en cajones, sobre las repisas, cree en la eficiencia de esos extraños devenidos en correos que finalmente desechan las misivas con los residuos cotidianos y los objetos inútiles.
Y yo escribo sobre la Leo para tender puentes de palabras en un universo indiferente, para darle pelea al tiempo, para enviar una señal luminosa que atraiga barcos a su naufragio, a mi naufragio. Pero yo, ingenua Leonor, yo no tengo fe en emisarios ni en misivas. Yo, afortunada Leonor, yo desde mi adulta tristeza percibo la ferocidad de las distancias y la temible ausencia de los destinatarios. Yo, mientras escribo, te veo en tu silla afanándote en tus cartas y, como siempre, envidio la pueril, maravillosa felicidad de los creyentes.


*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com









*


Definitivo
el Otoño
gira hacia el rincón
de los árboles
hacia esa gramilla
incendiada
ese inminente silencio
que seguirá
a los bramantes insectos.

Nada quedará
apenas la luna asome
su cara de queso redondo
tras las hojas del pino más alto.

Y yo, caminaré
de regreso a la casa
pensando
en la inquietud
de tu ausencia.



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Un inédito-















LUCIA LOPEZ*


“Si no son como niños, no entraran en el reino de los cielos”.



Historia de vida




5 de Junio de 2011: ha fallecido Lucia López, residente de una institución para personas con discapacidad de la Iglesia Católica, y a mucha gente aunque parezca raro, no le está resultando fácil imaginarse cómo vivir en un mundo sin ella. Había ingresado a los 12 años de edad. Cuando murió tenía 78.

¿Cómo transmitir a los que no la conocieron, quien era Lucia y cómo era Lucia?  Mi conocimiento de ella, personalmente, tuvo varias etapas.


Primera Etapa: Lucia tenía una discapacidad que le impedía mover sus brazos y sus piernas. Cuando pequeña, en su casa del Tigre, se arrastraba sentada en una lona de arpillera. Lo primero que uno percibía cuando se acercaba a  ella., era una amable  señorita ya entrada en la tercera edad, cordial, medida, de sonrisa muy fácil, casi jovial, de mirada chispeante, alegre.

Era una persona sumamente sociable, muy solidaria con sus compañeras y auxiliares,

siempre activa a través de sus posibilidades (pintaba mantelitos con la boca), generadora  constante de climas agradables, siempre disfrutando del encuentro con los demás, atenta a las necesidades del otro, muy cuidadosa en el trato, caía rápidamente simpática. .Siempre era agradable estar a su lado. Pese a  sus años y su rostro arrugado, había en ella algo de un porte juvenil, optimista, alegre, que llamaba la atención. Era, entre sus compañeras de rosario, mate y trabajo, la líder que las organizaba y armonizaba. Ellas siempre la seguían, y cuando Lucia estaba enferma, su pieza era el punto de reunión donde todas iban a tomar mate. Un sacerdote amigo le hacía bromas siempre diciéndoles “Lucia y su pandilla“. Era muy buena con sus compañeras, y, como es sabido, no hacia diferencias entre ellas. Era un persona autentica y genuinamente religiosa.   Siempre colaboraba en las tareas del Hogar, que conocía en detalle, y en el suministro de medicación, y era la mano derecha de las hermanas nuevas, a quienes guiaba y orientaba.

Nunca la vimos de mal humor, nunca con el ceño fruncido ni enojada.

Yo, personalmente, nunca la vi triste, aunque con el tiempo me entere de que tenía sus grandes  tristezas, que la habían hecho sufrir mucho.

Una auxiliar que la conoció durante 30 años, nos dice con honda nostalgia pero también  con fresca y actual emoción: “la extrañé, y la sigo extrañando”.  Un señor cuya familia siempre la llevaba a su casa, nos dice: “Vamos al hogar, y falta ella,…falta, falta, es como si faltara la mano derecha del hogar”. Otro: “Lo que siempre me ponía bien, es que Lucia siempre decía que nosotros éramos su familia”.


Siempre la vimos serena, incluso en una ocasión en que una hermana inexperta la acuso injustamente de algo, situación nada fácil, ella se mantuvo equilibrada, mansa y pacífica. Tuve la oportunidad  de poder conocerla más a fondo a partir de que armamos un grupo de lectura y escritura, por un pedido suyo. El grupo se mantuvo durante más de 12 años, cohesionado, activo, siempre interesante y alegre. Ella, rara vez se olvidó de darme un regalo en su nombre y en el de sus compañeras cuando era mi cumpleaños.

Mi conocimiento de Lucia se profundizo de un modo un tanto sorprendente, y aconteció luego de su velatorio. (2 etapa) Iban caminando delante mío dos señores de clase media, y de pronto, uno le dice al otro: “A mi, Lucia me transformó la vida”. Y el otro le responde para mi sorpresa, “A nosotros también”. Eran miembros de dos familias que solían sacar a Lucia a pasear. Me quede impactado. Todos queríamos a Lucia., pero no me hubiera imaginado, lo confieso, que Lucia pudiera tener una influencia tan poderosa  sobre gente ya madura, hecha y derecha en la vida, y de quienes la separaba un abismo educativo y cultural. Cómo hacía Lucia. ? Qué hacía Lucia? Repetí esta experiencia  varias veces hablando con gente que la había conocido. Cualquiera  hubiera pensado que en realidad, la  beneficiada era ella, por un “acto de caridad” de esa gente, pero algo decía a las claras que la situación era un poco más compleja. Como pudo Lucia con su estilo sencillísimo y modesto, con sus límites sociales, culturales, de lenguaje incluso, conmover la vida  de estas personas?  David derribando a Goliat? Pero, donde escondía Lucia su honda? (Uno no puede evitar pensar instantáneamente en la historia de San Antonio María Vianney, el santo cura de Ars., también limitado intelectualmente, lo cual no fue obstáculo para su santidad).


Mi conocimiento de Lucia como profesional continuó profundizándose con la aparición providencial de tres libretitas que la encargada de su hogar encontró entre su ropa. (3 etapa) Aquí me encontré con una faceta de Lucia que no me había imaginado. Lo que estaba allí escrito me permitió conocerla desde una dimensión impensada. Fue como ver detrás de un hermoso tapiz, el complejo entramado de hilos que producían su belleza.


Leo entre sus pensamientos: (transcribo la redacción tal como ella la escribió).

“En el año 1984 más o menos por la mitad del año me sentí muy mal, yo no sé si el señor me está probando o soy yo la soberbia, tal vez prueba mi amor por Jesús y la Virgen, así que aunque se me venga un ejército yo no tengo que fallar, tengo que seguir adelante. (Lucia en este momento tenía 51 años).


”A principios del año 1985 lo pase otra vez mal, pero muy mal, yo no sabía qué hacer, ya no quería vivir más, quería irme del Hogar, para dar catequesis a los niños pobres y mostrar a Dios a quienes no lo conocen.”

“Querido Jesús: estoy triste, desanimada por completo,….siempre estoy sola….sufro mucho”. ( sin fecha).

Otro: “Hoy estuve muy triste, y me dolió pensar qué triste es mi vida, pero también tengo días lindos, con alegría, y otros tristes, pero debo estar siempre contenta, porque a pesar de que estoy enferma , tengo la gracia de Dios, y ahora que estoy grande siento la vocación de entregarme a los demás”.


12 abril 1986: (“Para mi hacer los votos fue un cambio total, una gracia enorme. Yo como enferma pensaba que era una cosa imposible,  pero me di cuenta de que para Dios no hay nada imposible”.)

“Jesús mío, yo quiero estar junto a vos para colmarte los dolores que sufrís por nuestras faltas. Mis dolores no son nada”. (Sin fecha).

Sus reflexiones van pasando del querer cuidar y amar “a los pobres” en general, a querer atender a sus compañeras discapacitadas, Siente que Jesús está en ellas, siente que su misión y sentido de la vida está allí. Pasa de una suerte de “idealismo adolescente” a un realismo adulto y maduro.

Continúa: “Cuando tenemos una enfermita difícil no sabemos cómo sacárnosla de encima, y decimos “Es loca, es para el manicomio”, pero nosotras, rezamos por esa persona? Tal vez Dios nos quiere probar por medio de esa persona, para ver si sabemos practicar la paciencia, si podemos mejorarla por medio de nuestro cariño y amor y  hacernos así santas”.



Resulta sorprendente leer todo esto. Vemos como Lucia va adquiriendo a medida que madura, una mirada sobre el mundo, sobre la vida, y sobre Dios, que la va transformando.

Aquí la pregunta es: ¿Cómo se produjo un cambio tan grande en ella?  Que misterioso puente unió a la Lucia  sufriente, con la Lucia serena, entregada y atenta  al sufrimiento de los demás, olvidada de si misma, tranquila y feliz? Que une a  la Lucia enferma, (según ella se nombra) con la Lucia consagrada a la enfermedad de los demás? Como logró recorrer tan accidentado y difícil camino, encontrando en él fuerzas y claridad?  Pensamos que se fue identificando con el amor genuino de muchos de los que la rodeaban y cuidaban, y que fue absorbiendo desde su nivel de comprensión, las verdades de su Religión. (“Yo de la hermana Margarita puedo decir que fue una madre, y con su dulzura me corregía, Yo veía la paciencia que me tenía, era muy amable y caritativa. Ella parecía muy severa, pero era porque yo no la conocía bien. Con su dulzura hacía que se me pasaran todas las angustias”).


Una anécdota de sus comienzos en la institución, que ella misma nos contó, nos permite  dimensionar la magnitud del cambio: cuando venían visitas, ella, avergonzada, huía hacia el fondo, hacia los baños, y se escondía allí, dispuesta a no salir, hasta que esa visita se fuera. El peso de su cuerpo dañado, distinto, le resultaba aplastante, inaceptable, imposible de abordar, ni de pensar. Un sacerdote que acostumbraba  a sacar a pasear a los residentes, hacía lo siguiente: Se paraba en la otra punta, y le decía “Lucia !!! si no salís, yo me voy a quedar parado acá toda la tarde hasta que vos salgas !” Y así lograba que Lucia fuera de paseo con todos los demás.


Años después, vemos operado en ella, un giro copernicano, su cuerpo ya no le pesa, no se queja ni está deprimida, se siente valiosa y cómoda, adquiere vínculos, los cultiva y conserva, atiende a los que están más necesitados que ella, se maneja con una gran fluidez social.


Lucia había realizado un profundo y genuino camino espiritual, con absoluta seriedad  y absoluta y confiada entrega. Y a la par,  una valiosa elaboración psíquica de sus carencias. Vemos aquí parte del hondo entramado entre lo psíquico y lo espiritual. En el silencio de su modestísima condición, asumió y aceptó el dolor, y se lanzó, firme y decidida, con los brazos abiertos hacia Dios y hacia los demás. Comprendió el sentido del dolor en la vida humana sin necesidad de profundas conceptualizaciones,  y descubrió la forma de superarlo: ir hacia los demás, encontrarle un sentido. Lo que muchas personas más inteligentes que ella no logran, naufragando en el dolor, o en el sin sentido, o en el miedo o las dudas, ella lo concretó ejemplarmente. Entregándose con total generosidad y confianza, transformó, no solo la realidad de los demás a su alrededor, siendo un profundo factor de bienestar y de calidad de vida para los otros, (no sólo pares, sino también empleadas, hermanas, profesionales, etc.) sino también su propia realidad, y así, encontró la Paz y un mayor bienestar ella misma. Aunque parezca una paradoja, Lucia creyó en su fe.


Finalizo con el comentario de un residente que conocía bastante a Lucia “Que como era lucia ?....Lucia era… (Vacila)……….era como un niño,………en el sentido de que era una persona muy ingenua,….. quiero decir….tenía el candor y la inocencia de un niño……uno no se podía imaginar a Lucia haciéndole daño a nadie


”Si no son  como niños, no entraran en el reino de los cielos”, nos  resuena  enseguida en la mente. Creo que con pocas palabras,  no se podría haber dicho algo más rico y bello sobre Lucia. El candor y la inocencia son el patrimonio esencial de las almas puras, así como la distancia respecto al mal.



*Lic. Marcelo Trebucq. marcelo.trebucq@gmail.com
-Psicoanalista-















Una casa sin espejos*



Habitábamos en el silencio infausto
de las endebles siluetas de la aurora.
Y en la fatal indiferencia cotidiana
de una envejecida casa sin espejos.

En el devenir de la incierta mañana,
descubrí la presencia de tus manos.
Los rayos del sol lamian tu cuerpo,
y levemente se vertían en tu interior.

Residíamos en el vértice desgastado
de un enorme y vacío reloj de arena,
y en el prólogo de los libros nuevos
olvidados en el ensueño de las sillas.

Observé a cierta jornada de tu boca,
hiedras impropias y cangrejos rojos
y unos pasos más allá de tu sonrisa
unas ramas muertas o raíces viejas.

Fuimos pasajeros de otras memorias
otras caricias devolvíamos al tiempo.
En la incorrecta indolencia rutinaria
de una envejecida casa sin espejos.


*De Jorge Lacuadra. jorgelacuadra@hotmail.com
- 2017-









*



Las orillas aparecen para dejar registro. Como si no hubiera caminos detrás de nosotros. Como si la muerte no se llevara todo límite y toda apuesta. Pero persisten. Orillas para decir qué hay del otro lado del artificio. Orillas para dejar fecha sin partirnos en dos.


*De Valeria Cervero. valecervero@hotmail.com








InvenTREN






PRIMER ÚLTIMO TREN. EL TREN*




El tren no se detiene jamás, por el fuera las cosas carecen de realidad. Sólo hay aquí el ritmo de los sacudones constantes que ya no se sienten, el ruido que forma un continuo, el olor de los vagones y la gente sentada eternamente, comiendo de envoltorios que terminan arrugados en los pasillos.
Yo camino buscando ese cine móvil, que se mueve porque el tren se mueve y se mueve porque sorprendentemente aparece a diferentes distancias de la locomotora, que, como el vagón de cola, son los hitos inmóviles que a la vez se desplazan.
Encuentro la puerta que comunica con la oscuridad. La película de ahora es japonesa. Ya ha comenzado, jamás logro ver los títulos de inicio, siempre los finales.
Hay gente en un enorme edificio rodeado por el otoño. Los jardines son memorables, tienen esa sutileza oriental en el dibujo de las ramas tenues sobre cielos blancos.
Las personas, lo adivino después, están muertas. Han llegado a un lugar de tránsito donde deben escoger un instante, el instante más feliz que hayan vivido, para pasar en él la eternidad. Tienen un tiempo para hacerlo.
Los vemos recordar, buscar, debatirse entre instantes afortunados. Hay quien fue un mujeriego desapegado, pero decide que la eternidad será un momento con su familia. Hay el joven desdichado que no puede recordar un solo momento de felicidad plena, pero descubre que puede pasar la eternidad en el recuerdo dichoso de otra persona, esa otra afortunada persona que fue feliz gracias a él. Y hay una ancianita.
Hay una ancianita, una viejita que no escucha lo que le dicen, que no responde, que en un momento hace callar a su instructor para poder oír el bello canto de un pájaro que llega por la ventana. Ancianita japonesa, minúscula viejita de manos de niña, levanta el dedito y señala la ventana, para que el joven calle y se dibuje en amarillo el trino que llega de afuera. Recoge piedritas en el jardín, y las coloca sobre el escritorio notando la belleza de esas simples piedras tan poco valiosas para la mirada del hombre que la estudia con aire preocupado.
Y el hombre estudia a la ancianita, a la minúscula viejita de rostro de muñeca cuarteada, hasta que descubre lo evidente. Dice que pensó que sería la más difícil, y es, en cambio, la más simple. Ella ya ha escogido en qué lugar pasar la eternidad. Lo ha escogido desde antes de morir. Como casi todos, se ha vuelto a la infancia, donde la absoluta y plena felicidad es posible.
Y dónde, me pregunto, adónde elegiría, yo, detener el tiempo para siempre. En qué lugar, me pregunto, pasaría yo la eternidad. Cuándo fue el momento de felicidad que desearía proyectar en el presente absoluto, futuro y pasado fundidos en un único instante continuo.
El tren se aleja, o se acerca. El tren sigue su marcha traqueteante por la llanura mientras pienso esto, sentada yo en una butaca de un vagón en penumbras.
Me sobresalta la carcajada de Oliver Reed, que ha muerto; la sonora carcajada de Oliver Reed que ha vuelto hacia atrás la cabeza, me mira con fijeza y súbitamente, bruscamente, brinda por mí bebiendo del pico de su eterna botella siempre llena.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com








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Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

ÁLVAREZ DE TOLEDO

POLVAREDAS.  JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


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