Thursday, November 24, 2016

UNA ETERNIDAD A CORTO PLAZO...



*Dibujo de Erika Kuhn.
http://obraerikakuhn.blogspot.mx/










VIVIR PARA SENTIR*




Te escribí como te viví.

Cada noche de ausencia

y cada mañana de pena.

Te siento tan distante

y te tengo como estandarte.

Cada silencio que guarde

y cada palabra que pensé.

Me ofreciste una eternidad a corto plazo,

Un vivir para sentir y

un sentir para escribir.

Oyente de tus penas.

Causante de tu dolor de cabeza.

Me arrebataste la melancolía

y la adornaste de cursivas.

Cada noche resucitaba de tu interior,

recuerdos de pasado

Almas rotas y olvidos desahuciados.

Con tus tristezas causabas alegrías

la más incurable de las heridas.

El día que marchaste, prometiste regresar

por el puente de letras en altamar.

Aquella carta, sinónimo de esperanza

escrita de angustias del pasado y

felicidades del feriado.

Te observe cerrar los ojos lentamente

escuchando cómodamente el final de nuestra historia.

Sé que no leerás las cartas.

Ni observaras el mapa que escribimos

Aquel día ausente de frío.

Siento la necesidad de decirte

que yo contigo he sido

más feliz de que en los libros

Se dice que se puede.

Me ofreciste una eternidad a corto plazo.

Un vivir para sentir y un sentir

para escribir.



*De María Magdalena Zuviría. dlzuviria@yahoo.com.ar

-SEGUNDO PREMIO POESÍA CERTAMEN PARA ADOLESCENTES “EL PUENTE 2016”-









UNA ETERNIDAD A CORTO PLAZO…









DOS MANCHAS DE CAFÉ*





Jadeando, el joven logró sacarse la pierna enterrada en el suelo y retomó el rumbo. Se le reflejaba en el rostro palidecido por la baja temperatura su rencor a los días lluviosos, a la humedad. Pero si se seguía lamentando por tener que obedecer las órdenes del patrón, se quedaba sin pan para calmar la panza rugiente.
A cada par de minutos se le quedaba fieramente enterrado algún miembro en el suelo fangoso, en el cual acostumbraba a caminar descalzo en compañía del sol. “Tengo que llegar ya”, se decía una y otra vez. De todas formas, chacra asquerosa la que lo esperaba, desalentadora; con ese colchón de paja deprimente e infecto en el que no podía apenas pegar los ojos pero que era de ensueño en comparación a una lucha interminable contra el diluvio.
Tras de sí iba el viento nomás, en medio de los caminos entre los campos. Tan solo se puso nervioso, inevitablemente; mientras se preocupaba en salvaguardar del hostil clima la preciosa carta que el patrón le había mandado buscar.
Siguió derecho al llegar a un cruce. Incontable la cantidad de campos que lo rodeaban, igual que las horas que llevaba caminando sin probar bocado. Cuando el vientre le empezó a temblequear, el joven tomó la decisión de comer el par de gajos de naranja, seguramente embadurnados ya de mugre, que llevaba consigo. Más no pudo siquiera meterse un miserable pedazo en la boca porque la tempestad que lo venía persiguiendo había ablandado la tierra a tal punto que se fue recto al zanjón gracias a un brusco resbalón.
Tobillo doblado, cuerpo semienterrado y con el agua al cuello. “Como no odiar los días lluviosos”, se decía. “¿Cómo carajo me salgo de acá ahora?”; la idea de ahogarse de manera tan estúpida le taladraba la cabeza al igual que el chapoteo de las gotas cada vez más pesadas. Lo que más lo desesperanzaba era la soledad. ¿A quién pediría ayuda en un desierto inundado?
Pibe firme era, tanto; que se levantó decidido a reemprender el andar. Ni mitad de minuto había pasado que ya estaba cojeando sobre el recién concebido pantanal, en dirección a la chacra.
La desventura de cuarenta minutos que le restaba se convirtió en una odisea de dos largas horas. Ya ni se acordaba qué le habían exigido hacer; solo se limitaba a recuperar el aliento e ignorar el dolor.
Al momento de partir, no sentía aun el ligero abrazo del gran astro alboreo. Ahora que por fin volvía tampoco lo recibió la luna, puesto que se la taparon las nubes, violentas.
En la entrada de la chacra, del lado de adentro, había un pequeño tinglado donde dormía y hacía guardia el sereno. El muchacho vislumbró allí, ya muerto de cansancio, que se encontraban unos cuatro hombres adultos. Apenas procesó correctamente el avistamiento, canalizó la energía que le quedaba en un extinto grito de auxilio que no recibió más que unas miradas en su dirección.
Lo atendieron ya bajo techo su patrón y tres peones más, quienes, preocupados, armaron una partida para ir a buscarlo si no volvía para la medianoche.
-¿Dónde mierda estabas, mocoso idiota?- Lo reprochó el patrón, lo cual sus empleados miraron con cierta desaprobación.
-Por favor, Ricardo; no sea así con el chico. No fue culpa suya este clima.
-Bien podrías callarte, porque lo que le encargué buscar les puede dejar sin trabajo a ustedes- amenazó, - ahora decime, ¿A qué se debe tanta impuntualidad?
Un poco desorientado, el muchacho le señaló su tobillo izquierdo y alcanzó a murmurar “me caí por acá cerca”. Al patrón le bastó con apenas observar levemente la dirección de su índice para concluir que el mensajero estaba fuera de peligro.
Dada por finalizada la conversación (si es que se le puede llamar de esta manera), al joven se lo “invitó amablemente” a dejar la carta en la cocina, para que luego de desocuparse, su patrón pudiese leerla tras la cena. Fue así como, acatando la orden, el novato posó el pequeño manuscrito sobre la mesada; justo donde había habido desde hacía por lo menos siglos dos manchas circulares de café secantes, y luego se ameritó una siesta.
A altas horas de la madrugada lo despertó, a él y a la mayoría de los peones, el sobrecogedor grito del patrón, que irrumpió fuera de sí en el dormitorio; y dirigiéndose derecho hacia él, lo tomó por el cuello y apretando los dientes chilló:
-¡¿Cómo vas a ser tan inútil de dejar esto donde el sereno apoya su café todas las noches?!- señalando un papel que se aparentaba como blanco a la tenue luz de la vela.
-¡¿Te cabe en la cabeza lo que provocaste, mocoso?!
Con los ojos inyectados en sangre, Don Ricardo atentó bruscamente contra el joven, mientras en uno de sus puños llevaba un papel amarronado, en el que se alcanzaban a leer unas palabras con cruda dificultad:

TITULO DE PROPIEDAD



*De Valentín Sabatté. valentinsabatte@hotmail.com

-PRIMER PREMIO CUENTO CERTAMEN PARA ADOLESCENTES “EL PUENTE 2016”-
















RETRATO JUVENIL*


Solía pensar
Que lo divertido era solo un pasatiempo
Que a las palabras se las llevaba el viento
Que siempre todo confluye
O Siempre todo se destruye.

Que en todo momento
Debía ser sincera y amable
Debía ser honesta y coherente
Que no importaba quien este enfrente
Tenía que ser prudente.

A menudo me preguntaba
Y aun ahora lo sigo haciendo
No con tanta frecuencia
Pero con la misma convicción
¿Qué deseo ser yo?

No encontraba respuesta
No hallaba solución
No había tiempo suficiente
Y no podía seguir dudando
Me encontraba sola con mi temor al mando.

Me reflejaba en muchos
Me sentía como pocos
Fingía como la mayoría
Y aunque me dolía
Sabía muy bien lo que hacía.

Solía fallar
Pelearme, gritar y llorar
Perdonar y volver a remontar
Dejaba huellas en las personas
Buenas o malas, con o sin intenciones.

Y hoy aunque no hayan pasado muchos años
Pero con la edad suficiente
Me di cuenta que el tiempo no cambia
Lo que cambia es la gente.



*De Ana Belén Lovato. alejandratibaldo@hotmail.com

-PRIMER PREMIO POESÍA CERTAMEN PARA ADOLESCENTES “EL PUENTE 2016”-









AMARILLO OCÉANO*

Otro día náufrago
Espero, espero y espero
Pero solo pasan a mi lado
Los crudos oleajes de acero

Espero, espero y espero
Ensordecido por el derredor;
Por la marea de fierros
Que va derecho al horizonte

Tarjeta aguada en mano, allá viene
Color sol radiante
Ensombrecido por el polvo
Casi me lleva puesto por delante

Miro tras el espejo
En el cual no hallo reflejos,
Solo un par de pendejos
Que sueñan redondo en el baldío

Me aburro por la espera
Porque espero, espero y espero
Así que me tiro al reposo que quiero;
“Nomas un rato” es lo que opino

Casi se me pasa el camino
Más alcanzo a teñir el aire de ruido.
Ya estamos frenando
Me agarro; aprovecho y me deslizo

Pfff, otro rato más carajo
Espero, espero y espero.
No aguanto más los desánimos
Si el calor, empero

Al fin lo miro allí
Con tonada áurea incandescente
Como bien creo que esos
Deben presentarse ardientes

Espero, espero y espero;
Al rato anclamos a destino
Y los que bajamos miramos con desdén
Como se funde el colectivo entre los ríos

*De Valentín Sabatté. valentinsabatte@hotmail.com

-TERCER PREMIO POESÍA CERTAMEN PARA ADOLESCENTES “EL PUENTE 2016”-








CERTAMEN LITERARIO PARA ADOLESCENTES “EL PUENTE 2016”



La Asociación Cultural El Puente, de la ciudad de Santa Fe, viene organizando desde el año 2000 un certamen literario para adolescentes. Dicho concurso tiene alcance provincial y permite la participación de jóvenes autores de entre 13 y 18 años. Más de un centenar de escritores noveles ha resultado premiado a lo largo de sus 17 ediciones. Para varios de ellos, el premio otorgado por El Puente ha sido el primer paso de una auspiciosa carrera literaria.




POESÍA


-Primer Premio: "Retrato juvenil" Ana Belén Lovato (Llambi Campbell)

-Segundo Premio: "Vivir para sentir", María Magdalena Zuviría (Santo Tomé)

-Tercer Premio: “Amarillo océano”, Valentín Sabatté (Sauce Viejo)


-Mención: “¿Quién soy yo?”, Gastón  Leonel Quiroga (Sauce Viejo)




CUENTO


-Primer Premio: "Dos manchas de café", Valentín Sabatté (Sauce Viejo)

-Segundo Premio: "¿Qué va a ser de mí?", Belén Ramos (Llambi Campbell)

-Tercer Premio: "Quemar los kinotos", Violeta Lucía Vignatti (Santa Fe)


Menciones:

-"De infiernos y prisiones", Leticia Chillemi (Santo Tomé)

-“Recuerdos", Candela Louteiro (Santa Fe)

-"Hojas secas", María Magdalena Zuviría (Santo Tomé)



El jurado de Poesía estuvo integrado por Julia Ruiz, Diego Suárez y María Alejandra Tiraboschi. El jurado de Cuento estuvo integrado por Mónica Laurencena , Leonardo Pez y Mónica Russomanno. Actuó como coordinadora del Jurado Virginia Agretti.



***




InvenTREN






PARADA KM 79*



De estación en estación, y todas las estaciones vacías, y todas con lluvia, y todas con este olor a campo y algunos papeles mojados en los andenes. El campo apenas adivinado detrás de las ventanillas que no cierran bien y dejan entrar el frío, las gotas de agua en el vidrio que tiemblan y trazan recorridos oblicuos.
Y yo, finalmente, yo en este tren que se mueve irremediablemente hacia adelante y más adelante, y a medida que las estaciones se suceden se va acercando a mi apeadero, en donde detendré el viaje que para el tren continúa más y más allá, siempre más adelante y más lejos en esta noche interminable.
El viaje como una continuidad, un largo camino de aquí hasta allá, y yo que no voy de aquí hasta allá sino que me bajo antes, en un intersticio, yo que detengo mi viaje en este tren que va a continuar sin variar casi el peso, sin extrañarme. Yo que voy descontando paradas, un latido en falso en cada estación, un retorcijón en el vientre cada vez que tacho en el espacio otro nombre que me acerca a destino.
Llueve, siento humedad en el aire, abrigo mojado, pelo húmedo, ronquidos desde otro vagón. El paisaje que se va, que queda atrás, y más atrás, y fuera de alcance. No hay luna. No hay cielo hoy, sólo una negrura espesa y una lluvia inevitable.
Lluvia, lluvia y trenes, y estaciones. Y una mujer sola en un vagón con el abrigo húmedo y una sola maleta y la mano apretada contra la boca cerrada sobre los dientes apretados. Yo.
Ya casi, falta poco. Tomo mi maleta para tener algo en la mano, para convencerme de que es cierto que me voy a bajar. Me convenzo tomando la maleta y arreglándome un poco el peinado arruinado por la lluvia. Me aferro a mi maleta porque si esto no es un sueño el tren va a detenerse y en vez de seguir sentada en un viaje infinito me voy a bajar. Me voy a poner de pie con mi maleta, voy a llegar hasta la puerta, voy a bajar al andén y voy a encontrarme con Pedro después de esta larga, larguísima semana.
Va a estar ahí esperándome, ya nos pusimos de acuerdo. Con las manos en los bolsillos, seguramente. Terminando un cigarrillo o mirándome de frente con los brazos cruzados. Va a estar ahí esta noche, nos vamos a subir al auto, vamos a llegar a casa y no sé si vamos a decir algo. No lo sé.
Siento ya su cuerpo sentado al lado del mío en el automóvil, la sensación del tapizado del asiento, mis ojos fijos en el rosario que cuelga del espejito para no mirarlo a él, silencioso, a mi lado.
Ya me imagino en casa, dejando la culpable maleta en el ropero, metiéndonos rápido en la cama para dormir al menos unas horas hasta que suene el despertador. Veo el desayuno con el mate y yo otra vez usando las pantuflas y el pullover rojo que quedó en el ropero.
Otra estación, ya casi. Si fuese de día seguramente podría comenzar a reconocer parajes y alguna casita rodeada de árboles. Pero no veo nada. Nada de nada.
Mamá me dijo que una se casa para siempre y que los hombres tienen sus cosas y que la mujer tiene que aprender a manejarlos. Y dijo mamá que cada esposa con su esposo y cada carancho a su rancho y que la vida es esto y no cuentitos de princesas y zapatos de cristal. Le dio vergüenza que yo haya escapado de mi matrimonio y haya vuelto al pueblo. Se reía con las vecinas pero a mí me congeló con los ojos fríos cuando me abrió la puerta. Ella habló con Pedro por teléfono y que si, que claro, que me mandaba de vuelta que las cosas se arreglan entre marido y mujer y basta de pavadas.
Es la próxima ahora, Pedro con las manos en los bolsillos seguro, y elevo el cuello de la campera que no me tapa el moretón pero lo subo igual, no quiero que Pedro vea el moretón que es como acusarlo y recordar que me escapé.
Ahora sí, en medio de estaciones y estaciones y estaciones está la parada en el kilómetro 79, ni nombre tiene mi parada, es apenas un intersticio por donde me voy a caer para siempre para siempre. Y me veo desapareciendo por ese hueco entre campos, esa grieta entre paredes. Me veo alejándome con Pedro y el rosario colgando y el color azulado en mi cara que ya no se ve porque se aleja. Se aleja de este tren que acaba de detenerse.
Me pongo de pie, tomo la maleta, me subo de nuevo el cuello del abrigo y camino hasta la puerta del vagón. Estoy caminando en sueños, lo sé. No siento el suelo duro bajo los pies ni el olor ni los sonidos ni siento mi propio cuerpo. Esto ocurre despacio y de forma borrosa. Alguien camina con una maleta y es mujer y se acerca a una puerta del vagón de un tren detenido en una casi estación para dejarla junto a un casi hombre para que vaya a un casi hogar.
Me quedo. Me quedo y el miedo desborda, rompe, me hace transpirar en una oleada roja de pánico salvaje. Aprieto la manija de mi maleta. Me quedo.
Cuando el tren vuelve a ponerse en movimiento y se sacude, y después se empieza a apurar y al fin corre sobre sus rieles brillantes de lluvia yo, una mujer con una maleta, me pongo a alisar los pocos billetes que tengo en el bolsillo, me acomodo en el asiento e, infinitamente desamparada, sola, sin saber cuál será el futuro, duermo en una calma de feroz alegría.


*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com





***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

ÁLVAREZ DE TOLEDO

POLVAREDAS.  JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


InventivaSocial
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos escribir a: inventivasocial@yahoo.com.ar

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