Monday, July 10, 2017

SOBRE LA LÍNEA DEL FIN DEL MUNDO…



*Dibujo de Erika Kuhn.











Camino hasta que el agua me tapa el cuello.*




El fondo del mar no es como pensaba.

Hay un castillo
un cielo
nubes doradas
y un jardín salvaje
hay un lago azul
y peces plateados
en cada nuevo comienzo
hay soles naranjas rodando
sobre la línea del fin del mundo
todo el tiempo verde amarillo.

Arranco mis collares de perla sin ostra
los arrojo lejos
veo colores soltándose de mi boca
sombras detrás de las cortinas de agua
veo las ganas de dormir
sobre el sendero más pedregoso
y una cama de arena negra
lunas rojas y aquel nosotros.

El fondo del mar no es como pensaba.

Sigo caminando
arrastrándome ahora
el techo líquido ya no trasluce el sol
ni las nubes
hay ecos
ya no veo el piso del océano
ni el cielo de mar
atravieso el espeso petróleo
(aquel que sentimos desde el muelle
una noche de viento)

Violeta negro
más negro
me acuesto a dormir
pienso en medusas.

El fondo del mar no es como pensaba.

Ahora
sola
en silencio
duermo
petróleo sobre mí.



*De Lorena Suez. lorenarsuez@gmail.com
-Publicó Intemperie por Viajera Editorial 2017










SOBRE LA LÍNEA DEL FIN DEL MUNDO…








3*

(del apartado Amado en septiembre)


El día que conocí la nieve habías hecho
un montoncito entre tus manos y dejaste
que el viento lo desparramara sobre mi pelo.
Yo estaba feliz por mis labios secos
por lo infantil de tu risa
mientras seguimos caminando un rato más
con ligereza
persiguiéndonos como hormigas.
Vos decías que querías matarme para llevarme en una bolsa
al país hacia el que vamos, fatigados, por la herida.

Si preguntan cómo nos matamos
contestaremos que nunca
nos habíamos querido tanto.


*De Noelia Palma.
-Del libro  Que la muerte nos ampare



-Noelia Palma. Nace en la provincia de Buenos Aires en octubre de 1984. Textos suyos han sido publicados en diversas antologías y revistas digitales como Digo.palabra.txt, Letralia, entre otras. Realizó talleres literarios con Alberto Ramponelli y Eduardo Espósito. Su primer libro de poemas, Que la muerte nos ampare fue editado por Francia Ediciones, 2017.
Su blog: noeliapalma.blogspot.com












El ruido*



Muchos creían oír el sonido de la vida
y nada oían
sino el sordo caer de la civilización,
Romualdo. Y a esto el encierro
nos conduce, pero no han puesto
todavía final a nuestra cabeza,
eso es lo mejor que podemos decir de ese eufemismo.
Ya no llueve como antes llovía, esto es lo cierto.
No
sobre adoquines como los de antes, felices,
aunque aquello fuera también ilusión.
El nombre de la verdad no era aquel
resplandor sobre unos techos de teja
después de la lluvia,
en el barrio cercano al Aeropuerto;
no los confusos truenos del cielo o los aviones
entre nubes gris y gualda.
Pero quizá tampoco esta confusión,
Romualdo,
sea la verdad: este sonido
que llamaste vida
y es para mí el de una rajadura que se extiende
por la totalidad de las cosas
y sólo oímos de noche,
vos, yo, otros imbéciles
que no tienen otra cosa que escuchar.



*De Jorge Aulicino, inédito.













Doña Saturnina*



*Por Jorge Isaías.  jisaias46@yahoo.com.ar



Hacía un frío insoportable y el hombre iba abrigado como si sus pasos no lo llevaran por las calles desoladas de un pequeño pueblo sino al mismísimo Polo Norte. Vestía un abrigo muy usado con un cuello de piel de cordero, unos jeans gastados y zapatones para caminar por la nieve.
En los pueblos muy pequeños como este, la gente filia a un forastero en el acto. La primera que lo vio fue doña Saturnina Díaz, una mujer criolla, de indefinible edad, pero es seguro que se acercaba al centenario como todos los pueblos de la redonda y éste mismo.
Vivía en la última calle cercana a la ruta y permanecía largas horas sentada en una silla de paja que posaba en la vereda de tierra apisonada, debajo de un paraíso añoso, casi tanto como ella.
Siendo su posición estratégica, examinaba e interrogaba a todo el mundo, conocido o desconocido. A los que habían sido del pueblo, les inquiría de frente por su partida, por ejemplo:
--Vos sos Jacinto Sosa, ¿y cuando te volves, che?
--Vine por dos días, doña Saturnina.
--Qué bueno -exclamaba sin variar la expresión, así fuera la estadía larga o corta.
Y se encargaba entonces de mandar a avisar a los amigos para que lo visitaran, porque se tomaba el trabajo de investigar donde pernoctaba el ocasional visitante, si no era que ya lo sabía, como es de todos conocido en las comunidades chicas.
En este caso que relatamos, el desconocido fue sorpresivamente detenido por el perentorio grito de la mujer:
--Señor, ¿adónde va?
Distraído como iba, se paró en seco, con su barba de varios días, su gorro de lana y su mochila al hombro. Satisfizo como pudo las preguntas de la mujer sin contar demasiado, y cuando tuvo un hueco en el policíaco interrogatorio, salió disparado.
Como hemos escrito al principio, el día era demasiado frío en ese pueblo que habitualmente poblaban los pájaros vagabundos, las abejas que libaban el polen de las flores, las cigarras que aserraban en rodajas los veranos y las glicinas y las enredaderas que suscitaban la emoción en las muchachas casaderas, que llenaban sus amplios pechos de palpitaciones que guardaban oculta una pasión escondida que no aparecía en las confesiones llevadas a los oídos atentos del cura párroco, un poco viejo y un poco sordo y un poco ciego.
Luego de un tiempo del encuentro del forastero con la señora anciana y como no fuera posible haber descubierto dónde estaba escondido, y era demasiado ir casa por casa con un agente como razonaba el comisario, y trataba de hacer pensar a las fuerzas vivas que él no se iba a "comer un sumario" por una paranoia colectiva cuyo origen era el cuento de una vieja.
Doña Saturnina hasta el último día de su vida se mantuvo firme:
--Era un hombre joven, con escasa barba y nunca había estado en el pueblo.
Otros le agregaban al relato que se fijó la vieja: el hombre llevaba en la mirada de sus ojos glaucos la pasión suicida de los alucinados.
Pero tal vez fuera el embeleco que se contaba en los boliches donde el vino corría generoso.













Plazas engalanadas*



Cuando apareció el Dragón, la princesa tenía la lapicera en la mano y se dijo, la uso como una espada y lo extermino. Todos los libros para niñas valientes con visión de género me van a incluir. La niña, que todavía no se había decidido entre ser escritora o aventurera, se preguntó ¿y la verosimilitud?
Ay qué hermosa palabra la dijo muchas veces junto con esdrújula que también le gustaba. Ensayaba discursos y se le caían palabras de la boca como besos, almohada, alhambra, hada, almíbar y pizza, pronunciando dos veces la z. Hacía historias, versos, encendidas defensas de la justicia y de la libertad, una oradora, oral, oralidad, encanto del lenguaje. Juegos de la boca abierta para hablar, juegos que atraían a muchas personas. Una gran multitud se juntó, tantos, tantos eran abriéndoles la puerta al pensamiento. y a la creación. Ella se dio cuenta que estar entre muchos, era un abrazo, de luces, de colores, sabores, sentidos. Las plazas se engalanaron. Tanto que hasta se asustó el Dragón y se fue.
Elegía ser escritora.
Sobre todo por cómo la enamoraba la palabra verosimilitud y esto era muy verosímil, más verosímil que con la lapicera se mataba al dragón ¿o al revés?


*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar












32*



Como la gota
que horada
mi lengua.

Como la niebla
que cubre
el camino.

Como el silencio
que aturde
en tu ausencia.

Como el otoño
que empaña
mi ventana.

Como la turba
empantanada.

Impotente
ante los otros
que son otros muy lejanos,
muy distantes
muy distintos.



*De Paula Novoa.
-Poema incluido en Hija de mala madre.



-Paula Novoa nació un 08 de marzo de 1976 en San Antonio de Padua. Es profesora en Lengua, Literatura y Latín (I.S.F.D. N°45, Haedo) y Licenciada en Lengua y Literatura con orientación en análisis del discurso (UNLaM). Escritora de poesía.

Publicó: El año que fui homeless, Cave Librum Editorial (2014) e Hija de mala madre, Cave Librum Editorial (2016).

Actualmente trabaja como profesora de Lengua y Literatura en escuelas secundarias del municipio de Moreno.














El puente*



-Chist-chist…¡Alfie!- Alfie miró a su alrededor.
-Pensé que estaba solo, ¿¡quién chista!?
- Acá arriba, amigo, míreme y no, no está solo. Estoy aquí desde temprano, oyéndolo reflexionar en voz alta.
-¿Quién lo autorizó a invadir mi intimidad?- ¡¿Quién es usted?!
-¡¡JAJAJAJAJA!!- Mire si será infantil… el planteo que está haciendo:
el Diablo… ¿quién va a ser?, soy el Diablo.
El olor a azufre se tornó insoportable y una figura encarnada y humeante apareció en la penumbra, haciendo que el joven caiga de rodillas de la impresión.
-Tranquilo no soy más malo de lo que me pintan y no debe dudar de mi inteligencia. Si le hiciera daño (a no ser que usted lo merezca), perdería su alma, desperdiciando de ese modo, el esfuerzo que he invertido en ganarla para mis dominios.
El muchacho lo miró estupefacto.
-Tranquilícese y libérese de esa postura humillante, eso es para los de Dios. Los que me siguen nunca se degradan ni son pusilánimes.
-¿Qué sucede Alfie?- ¿Ya se olvidó de que existo? Deje de pensar pavadas, ¿¡qué es eso de pedir tranquilidad mental!? ¿Acaso no sabe que no es compatible con su elección?
Lo elegí para que sea mi protegido. El Altísimo le ha otorgado, mientras dure su vida, el libre albedrío y yo, la libertad absoluta y he cumplido mi parte del trato. Le he dado todo lo que un ser humano pretende y puede desear de lo terreno. Así debía haber seguido por un tiempo pero veo que ha llegado el momento de traerlo a la realidad. No entiendo su disconformidad. A otro en su lugar no le alcanzarían las palabras para agradecer. El mundo debería ser maravilloso para quien lo tiene todo: juventud, carisma, dinero, mujeres y aún así ¿sale con semejante planteo?
-¿¡Me estoy volviendo loco!?- ¡Nunca hice un trato con usted!- balbuceó espantado Alfie- ¡¡Es la primera vez que hablamos!!
-Mi querido, los tratos se establecen de distintas maneras. No es necesario firmar un documento. La vida es blanco o negro. Permítame recordarle que omitió seguir los preceptos Divinos y ahora, con que frescura, pretende tranquilidad mental…¡si será ridículo! Usted y nadie más que usted ha elegido este camino.
-He puesto a sus pies a todas las mujeres que ha deseado, bien dicen- “Dios (o el Diablo) da pan a quien no tiene dientes”- Si no ha sido capaz de conservar a una, formar un hogar, establecerse, ir por el camino recto, no es culpa mía.

-Fresco es usted- Arañó el joven en inútil defensa- y…no presuma, tampoco es que ha sido tanto lo que, según afirma, me dio. Si es por eso, digo, mi problema de falta de erección ¿también es porque soy su protegido? ¿Cómo se atreve a afirmar que me lo ha dado todo?
-Deje de lloriquear, su trastorno no es permanente, es esporádico y ha disfrutado del sexo más que suficiente. – A eso lo determiné para que no se envalentone y mantenga los pies sobre la tierra.-Bien sabe que soy un ángel al que se le dio poder y faltaría que, brindándole demasiado, usted copiara mi historia. No soy tonto como el Creador, no estoy para que se me rebele. Ya le dijo el médico que lo suyo es estrés, con relajación adecuada podría haber superado su disfunción.
-Pregunto: ¿quién le hizo creer que su vida es propia? -¡No sea necio! Circule, no puede permanecer al medio del puente vida-muerte. Ya es hora de que lo cruce. Hay dos salidas: Gloria o Infierno-.Dios no quiere a los ambiciosos ni a los soberbios que no obedecen sus normas. ¿Ahora se arrepiente? ¿Quién se inclinó por este final?
-¡Vamos muchacho, sea hombre! ¡Levante ese ánimo! El cielo es tan aburrido y usted no sabe aprovechar lo que se le da. Se diría que no merece mi tutela y ahora: ¿va a entregarme su alma?, ¿va a permitir que, cumplido el pacto, lo libere de estos sentimientos contradictorios y pueda llegar, por fin, a la paz mental que tanto desea o prefiere seguir, con este estúpido desasosiego que lo consume sin ningún beneficio?


*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
Villa Gesell














Por la mañana, cuando despegamos*



nuestros cuerpos del colchón,
detenemos la mirada
frente a la ventana de tu cuarto:
un edificio está en obra.
Me contás que cuando lo terminen
nos va a tapar el sol,
esta vista privilegiada que ahora tenemos,
ver a la gente ir y venir
del trabajo a la casa
y de la casa a otros lados.
Me decís que los del consorcio
organizan una reunión para frenar la obra,
pero está difícil.
Andá a saber, capaz cuando yo vuelva
ya esté construido.
Te vas de viaje, claro,
ya lo hablamos varias veces,
no sabemos qué va a ser de nosotros,
no me gusta pensar en eso, prefiero
detenerme en tus pecas o guardar
la sensación de tus pies
que abrazan a los míos mientras duermo.
Incluso prefiero mirar tu escritorio,
que, aunque completamente
desordenado, tiene una lógica,
una permanencia, hasta el polvo
que se acumula eterno
en el vértice de tu cuarto
podría jurar que está ahí hace años.
No te lo digo, pero pienso
que es más fácil
frenar esa obra en construcción
que conservar este amor
que todo el tiempo fuga
y no tiene dueño.



*De Luciana Reif. lc.reif@gmail.com


-Luciana Reif nació en la localidad de Lanús en 1990. Es Socióloga y becaria CONICET por la Universidad Nacional de Avellaneda. Participó de la antologías El Rayo Verde (Viajero Insomne, 2014 y 2015), Rizoma (2016). Poemas suyos fueron traducidos al italiano por el Centro Cultural Tina Modotti. Coordina junto con Valeria De Vito el ciclo "Lo que tan rápido fuga" en Espacio Enjambre. "Entrada en Calor" es su primer libro publicado (El Ojo del Mármol, 2016).












*


No tenemos más que la brutalidad del ojo y la ceguera de la interpretación para mirar las cosas.


*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com







Inventren







Reflejo en la niebla*




*Por ©Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com




Yo era un buen tío. Lo que coloquialmente se entiende por un buen tío. Siempre ayudaba a mis amigos. Hacía buenas obras… Ya sabe: Dar limosna, indicaciones a desconocidos para encontrar tal o cual sitio, consejo a quien lo necesitase. Nunca volví la espalda a nadie. Nunca me faltó una sonrisa o una palabra de aliento. Igualmente fui generoso en el esfuerzo. No es por jactarme, pero fui el mejor en lo mío. En mi oficio, quiero decir. Hubo un tiempo en que no dejaba de recibir ofertas para cambiar de empresa. Acepté unas y rechacé otras, siempre en busca de algo mejor, en el más amplio de los sentidos. Pero ocurrió como tantas veces: Llegó el cambio de siglo y mi oficio empezó a desvanecerse. Hoy apenas quedan unas pocas empresas del gremio, en las que, como es natural, importan mucho más los resultados económicos que la calidad del trabajo en sí. Por eso un día amanecí desempleado y pobre. Y, para peor, viejo. Otros venden su cuerpo o venden su alma. Quizá ni siquiera aprecian la diferencia entre una cosa u otra. Pero yo no sirvo para eso. De haber servido, otro hubiera sido sin duda mi destino. Oportunidades no me faltaron. Pero hace falta un talante especial para mirarse en el espejo la mañana siguiente y no arrojarse de cabeza contra el propio reflejo. Sé que usted me comprende. Y sabe que sólo por eso  le estoy apuntando con esta pistola, instándole a que me dé su dinero y objetos de valor. No hay nada personal en ello. Son negocios, como suele decirse.
Me cuenta todo esto mientras me mira con unos ojos que no delatan a un criminal, sino, más bien, a una persona atrapada en un pantano o encerrada en una prisión de barrotes invisibles. Así que le doy cuanto me pide (no todo lo que llevo, sino más o menos la mitad, siguiendo sus instrucciones: Un poco de dinero y un reloj de escaso valor) y el tipo me agradece, guarda la pistola, dice que ha sido un placer tratar conmigo, que no me mueva de ahí hasta que él haya desaparecido por la esquina de la plaza.
Miro en la dirección que señala. De allí viene un eco sordo: el estrépito lejano de un tren a poca velocidad, tal vez entrando en la estación, sonido que irremediablemente me recuerda “Bailando en la oscuridad”, la estremecedora película de Lars Von Trier.
Todavía estoy atontado por el sobresalto de verle aparecer frente a mí con el arma en la mano. Quizá por eso me pregunto qué tren, qué estación. No recuerdo que haya una cercana. Él sigue hablando, con la misma calma. Me aconseja no denunciarle. No por posibles represalias suyas, que desde ese momento se compromete a que no las haya en cualquier caso, sino por la conocida inefectividad de la policía. "Perderá usted una mañana entera poniendo la denuncia y no recuperará nada de esto. Y no se le ocurra preguntar por la causa de tanta espera. Si lo hiciera, lo mismo termina usted investigado o algo peor", me dice. Luego se disculpa, hace un gesto que podría significar cualquier cosa y se aleja hacia la estatua medio oculta entre la bruma.
Al principio me sentí enfadado. No mucho, pero lo bastante como para haberle dado un buen mamporro al tipo si no hubiese sido por el contundente detalle de la pistola. Pero mientras lo veía alejarse, me invadió una especie de nostalgia inexplicable y pensé que tal vez, en el fondo, ambos éramos la misma luz descuartizada por el tiempo y las circunstancias. Pensé que, en un país como éste, repleto de desempleados y azotado por la injusticia social y la corrupción del poder, casi era una suerte haber topado con este individuo y no con otro más violento, o peor: Una multinacional dispuesta a extraerme hasta la última gota de sangre para venderla en el mercado y después arrojar mi cadáver a las alcantarillas de la miseria.
Comencé a frecuentar el parque todos los días, me habitué al ruido de los trenes -había una estación, después de todo-, me convertí en una presencia habitual, como tantas otras irreconocibles al otro lado de la niebla, acaso esperando repetir el encuentro, tener la oportunidad de explicar con detalle -y ser escuchado- las circunstancias de mi propia deriva, de la resaca que me va llevando, lentamente, hacia lo tenebroso.




- Publicó “El alba sin espejos”






-Próximas estaciones de escritura:

PLOMER    
-Por Ferrocarril Midland-

JUAN ATUCHA.  
–Por Ferrocarril Provincial-


***
El recorrido por venir del tren literario en el Ferrocarril Provincial:

JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.   FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.  
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN. GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY. GOBERNADOR OBLIGADO.  
ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.    D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.   
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA.  GOBERNADOR GARCIA. 
LA PLATA.

***

El recorrido por venir del tren literario en el Ferrocarril Midland:

KM. 55.    ELÍAS ROMERO.    KM. 38.   MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.   LIBERTAD.  
MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.    ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS. 
JOSÉ INGENIEROS.   MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.   KM 12.   LA SALADA.   
INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.  VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



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