miércoles, julio 16, 2008

BIENAVENTURADOS LOS QUE NO ENCUENTRAN PUERTA NI CAMINO...







IMPROBABLE*



Bienaventurados los locos
los sedientos
los que no encuentran puerta ni camino
los que comulgan ritos de niebla
entre fantasmas
los militantes del miedo
o de la sombra.


Bienaventurados los atormentados
los que no confían en el Padre
ni conocen al Hijo
los que no han recibido más Palabra
que un silencio porfiado
y dos preguntas.


Bienaventurados los menesterosos
de ternura
los que han aprendido de memoria
la rutina de sufrir

los que ejercen su eterno desencuentro
los que postulan el absoluto
de la contradicción.



Bienaventurados los harapientos
limosneros de la paz
los que fuerzan con llaves obsoletas
las muertas cerraduras.


los miserables
los que rasgan la carne para hallar
el cero de la vida
los que mienten para acertar
los que se atreven a decir
que son inútiles


los ignorantes
los que no saben ni aspiran a saber
los desahuciados de toda ideología

los que transcurren sin pena ni gloria
y diluyen sus días en agua de misterio.



Bienaventurada la vulgaridad
de ser prosaicamente igual
a los que nombro

y el escándalo de andar anónima
arrullando mis dudas con un himno



a los próceres de algún mañana neutro,

si es que llega.




*De Martha Valiente puertopegaso@gmail.com








BIENAVENTURADOS LOS QUE NO ENCUENTRAN PUERTA NI CAMINO...







Pantallitas*



*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona


UNO Veo en las noticias las últimas novedades de la crisis, de la caída de la Bolsa, del tipo ese que asesinó a golpes a un bebé porque interrumpió su partida de Mortal Kombat ("Yo amaba al niño; pero hizo que me mataran", se disculpó), de los inmigrantes muertos a bordo de pateras y ahí aparece, en
los titulares, como uno de los grandes hitos del día: una cola de varios metros y varias horas, unas 300 personas llegadas desde varios puntos del país, una puerta que se abre, todos entrando al negocio de la Gran Vía de Madrid sonriendo como zombies (algunos cámara de video en mano para filmar el magno evento) y el primero de los compradores que sale a la calle y saluda a los periodistas allí apostados sosteniendo un aparatito en la mano.
"Me lo regalaron por haber sido el primero", sonríe y alza los brazos disfrutando de sus quince pulsos de fama. Y agrega: "Por fin". El tipo se llama Carlos, es colombiano, es el primero en España en conseguir su iPhone y más de uno, al verlo, habrá pensado que ya hay demasiados extranjeros viviendo en España; porque semejante honor le correspondía a un llamado local y no a uno de larga distancia, ¿no?


DOS Y Carlos lo quería de color blanco. Pero no había. Nada más que iPhones negros por el momento. No importa. Lo importante era tenerlo, hacerlo suyo, ser parte de asunto. "Lo tenía pensado desde que vi el anuncio", suspiró.
Después entrevistan a un nerd granulado que explica con voz metálica las múltiples desventajas del producto. No entiendo nada, parece que son muchas.
Tomo nota: batería de escasa autonomía, poca calidad del GPS, falta de cámara de video y de mensajes multimedia. Pero el nerd cuestionador se lo compra lo mismo.


TRES Enseguida, el cronista explica que el contrato que obliga a firmar Telefónica para recibir "gratis" el engendro es un tanto leonino, que compromete a una fidelidad de dos años (con multas si uno quiere desengancharse antes) y que asociaciones de protección al consumidor ya han advertido a los adictos en cuanto a lo poco ventajoso de la maniobra comercial. Aunque allí todos sonríen. "Lo hago por amor", dice uno. "Tengo todo lo de Apple", explica otro. Y tal vez era a ellos a quienes se refería
Zapatero cuando dijo, días atrás, eso de "en esta crisis hay gente que no va a pasar ninguna dificultad".
Al caer la tarde -en un año en el que, por primera vez, por los aumentos, casi nadie hace caso de las rebajas-, el iPhone se había agotado en todas las tiendas de la península ibérica, uno de los 22 países donde la semana pasada comenzó a comercializarse el invento. En Tokio, las colas tenían un kilómetro de largo. Para la noche, los sociólogos teorizaban ya sobre el artefacto en cuestión como "icono anticrisis". Así, el consuelo de un pequeño tótem exclusivo. La historia será otra, advirtieron, cuando haya que
afrontar los gastos extras de un aparatito en mano que, como viene la mano, sólo servirá para comunicar y difundir noticias no muy buenas.


CUATRO Y lo cierto es que me cuesta entender que el teléfono haya ascendido a la categoría de objeto de lujo y símbolo de status. Yo fui educado y crecí en la idea de que una de las verdaderas e incontestables señales de haber triunfado en la vida era la posibilidad de no tener que atender el teléfono, de que no supieran cómo encontrarte, de convertirte en alguien inaccesible e inalcanzable.
El teléfono móvil -que seguramente le habría inspirado a Julio Cortázar alguna de sus "instrucciones" como aquella del reloj que no te regalan sino al que te regalan- no ofrece otra cosa que una forma futurísticamente actual de esclavitud a un amo sin piedad alguna para el que, incluso, ya se ofrecen
servicios como los telones de fondo sónicos ("Querida, estoy en el aeropuerto. Escuchá los aviones...") para así esconder el verdadero y tramposo paradero.
Antes, cuando el teléfono sonaba en el centro de la oscuridad, uno sabía que algo había sucedido. Ahora, en cualquier momento, el móvil suena y del otro lado se oye la voz de un promotor invitándote a cambiar de marca y de modelo, a que te vayas con otro a cambio de un teléfono mejor y más moderno y con más botones.


CINCO Y el teléfono probablemente sea el ingenio que más ha evolucionado en los últimos tiempos. Los primeros móviles hoy parecen herramientas prehistóricas que sólo servían para hablar por teléfono. Ahora, todo entra ahí, se lo usa para todo, de seguir la cosa así, pronto el teléfono será nuestra casa y he visto a gente desesperada como si se le hubiera muerto un ser queridísimo cuando se les rompió o perdieron o les robaron el móvil. Y el teléfono móvil es aquello que más ha cambiado a la ficción y la
no-ficción en los últimos tiempos. Las novelas policiales, las historias de amor, los films catástrofe, las comedias de enredo, las telenovelas, las intrigas políticas... Ya nada es lo que era y, cuando uno se encuentra con una película donde marcar un número es una ceremonia larga y reflexiva, resulta imposible no preguntarse si las cosas no eran mejor entonces. Si ayer uno no pensaba un poco más antes de hacer cada llamada telefónica. Si no se decían menos estupideces en ese aire cargado de mucha menos electricidad y ondas invisibles. Si Naomi Campbell no tendría entonces muchos menos problemas con la Justicia, porque cuesta mucho más arrojar por la cabeza uno de esos contundentes y antiguos engendros de baquelita. Negra.
Porque los teléfonos blancos no se arrojaban nunca y, a lo sumo, se cortaban con fuerza y un mohín de diva caprichosa y el mayordomo se los llevaba lejos, más lejos.
Bendito sea Maxwell Smart, todavía fiel a su zapatófono.


SEIS Y el número a marcar es 2015. Ese es el nombre del año -leo- en que, se calcula desde este 2008, la mitad de los seres humanos -4000.000.000 de personas- tendrán teléfono móvil. Y la otra mitad no. Será una útil y muy huxleyana forma para separar a los que "pertenecen" de los que no, a los que
podrán llamar y recibir llamadas de los que no tendrán línea. Un mundo feliz y, ya que estamos, por qué no fantasear para entonces con los móviles directamente implantados en nuestros oídos y bocas para que así sean, sí, verdadera y totalmente móviles.
2015 será, también, el año en que recién se publicarán los primeros estudios médicos que determinarán los efectos que produce hablar por teléfono móvil.
Y parece que no son -serán- efectos agradables. Las leyendas urbanas hablan ya de racimos de tumores cerebrales o cabezas explotando en plan Scanners.
Rumores menos extremos diagnostican arritmias cardíacas si se lo lleva en el bolsillo izquierdo del saco y esterilidad e impotencia si se lo lleva en el bolsillo del pantalón. Exageraciones y llamadas equivocadas, esperemos. Pero ya han trascendido filtraciones de los experimentos con ratas que -tal vez
desesperadas por comunicarse con Mickey Mouse o con Jerry o con Firmin o con Willard- han sufrido pérdida de memoria y de reflejos y de coordinación.
Mientras tanto y hasta entonces -antes de que nos encuentren hablando solos por las calles y con los zapatos contra las orejas- aquí estamos, pensando que son ellos los que suenan cuando los que sonamos somos nosotros.
Y -nos vemos, nos oímos- haciendo fila cuando salga el próximo modelo.
Llamando por móvil desde la cola para contarle a alguien que estamos por comprarnos el nuevo móvil.
Por amor, por supuesto.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107904-2008-07-16.html







De lo que nada y gesta*




El pez por la boca muere
-dice mi analista.
Pero muere más aún
-digo yo-
en oídos clausurados.
No preparados
para pescar
alguna verdad que nade
entre palabras.


Y no sólo son las palabras
por sí mismas.
Sino lo que ellas
arman y desarman
en nuestras vidas.


Temo por el efecto de las palabras
las dichas y las no dichas.
Más por las no dichas
que como veneno lento
van matando por dentro.


Intuyo efectos
de las que portan deseo
en un oído demasiado fértil.
¿Serán embarazantes
esas palabras tras una larga
gestación de meses?

¿Será doloroso un parto de oído?
¿Tendrá vida y muerte propia esa criatura desprovista de cordón umbilical?

¿O una criatura sin tiempo como una buena novela?




*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
http://urbamanias.blogspot.com






El país de Bombita Rodríguez*



Una parte de nuestro trabajo es entender lo que sucede. La otra, contarlo. Debo reconocer que no entiendo nada.



*Por Jorge Lanata

16.07.2008


Acaso el humor sea la única manera de combatir al nuevo invitado que llegó para quedarse: el odio. Se discute con odio, se argumenta con odio, se pregunta con odio.
Una parte de nuestro trabajo es entender lo que sucede. La otra, contarlo. Debo reconocer que no entiendo nada. No entiendo el tono apocalíptico de estos días, no entiendo la sensación de abismo, no entiendo por qué el Gobierno siente que en este aumento de retenciones se le va la vida. No entiendo el tono épico del oficialismo, que parece bajar desde la Sierra Maestra para liberar ¿a quién? Decisiones muchísimo más trascendentales en la vida argentina no han tenido ni la mitad de esta repercusión social: las leyes de impunidad, la reforma de la Constitución, las privatizaciones. Estamos discutiendo el monto de una alícuota. ¿Quién lo transformó en una cuestión de vida o muerte?

Hay un 30% de inflación, hay concentración insólita de la economía, hay uno de los funcionarios más sospechados del Gobierno a punto de renacionalizar una compañía aérea y seguimos hablando de las retenciones. El Gobierno compra voluntades, entrega aportes del Tesoro a diputados y senadores, arregla lo que sea con quien fuere para conseguir la mayoría en el Legislativo. ¿Está por repudiar los 170.000 millones de dólares de deuda externa? ¿Va a pedir que la transferencia de acciones de las empresas pague impuesto a las Ganancias? ¿Va a dejar de entregar subsidios a las empresas de transporte que brindan un pésimo servicio y se quedan con la diferencia? ¿Va a reducir el IVA y aumentar Ingresos Brutos o Bienes Personales?

¿Va a poner un impuesto a los plazos fijos, hoy exentos de impuesto a las Ganancias? No. Sólo piensa aumentar las retenciones al agro; no digo que el tema sea menor, pero... ¿por qué visto desde afuera da la impresión de que estamos discutiendo el comienzo del socialismo en la Argentina? Y si es así, ¿por qué tardamos cinco años en comenzar a hacerlo? ¿Qué parte del gobierno K va a llevarlo adelante? ¿Moyano? ¿Ishi? ¿Saadi? ¿D’Elía? He escuchado las sentencias más increíbles:

–Si el Gobierno pierde en el Senado, la estabilidad democrática está en riesgo.
¿Quién tomará el poder? ¿Darán un golpe por cinco puntos de retenciones? ¿Avanzará con las tropas el general De Angeli?
–No –dicen con ingenuidad los chicos de la Cámpora–, pero la derecha terminará fortalecida.

¿Cuál derecha? ¿La de las petroleras que apoyan a K?

¿La de las compañías testaferros que salieron a comprar empresas? ¿Las de la industria pesquera o minera? ¿Cristóbal López es un comandante sandinista? ¿Rudy Ulloa, su lugarteniente? ¿De Vido viene de trabajar en un koljos? ¿Felisa será Felisa Luxemburgo? Tuve, como todos, el mismo escozor ante la foto del campo con Barrionuevo. ¿La de Kirchner con Moyano es distinta? ¿Hay chorro bueno y chorro malo? ¿Qué tienen de distintos Reutemann y Scioli o Alperovich y De la Sota? ¿En qué momento Luis Juez, o Claudio Lozano o Víctor De Gennaro pasaron a ser parte de un complot golpista y Aldo Rico un demócrata que asesora al Frente para la Victoria en el Senado bonaerense? ¿Felipe Solá es un “traidor hijo de puta” por votar distinto? ¿Hay escrache bueno y escrache malo? Ver a Juan Cabandié, ex miembro de HIJOS, despotricar contra los escraches fue igual de desolador. También escuchar que estos escraches son violentos y los otros no. ¿Meterle el pie a Alemann o tirarle huevos a un milico eran sólo pasos de danza clásica? La lógica del escrache descansa en la idea del repudio social: es arbitraria y anónima, y muy susceptible de ser manipulada, pero es buena para todos o mala para todos. Que Kirchner sea admirado y escuchado por “intelectuales” es también una novedad. El trabajo académico e intelectual del Presidente, su aporte al mundo de las ideas, no parece haber superado la ejecución hipotecaria durante la 1.050. Ahora, sin embargo, un grupo de “intelectuales” –dentro de los cuales se encontraban muchos funcionarios del Gobierno– decide iluminarse con sus razonamientos, y le regala –como informó anteayer Página/12– una serie de aforismos. Horacio “Bombita Rodríguez” Verbitsky pareció divertirse con el juego, de modo que se nos ocurrió acercarle algunos otros:

“Si seguís con De Vido, Horacio, estás jodido.”
“El Perro con Rudy bien se lame.”
“De robo para la Corona a servir a la Reina.”
“Desde Ezeiza a Calafate Horacio banca el remate.”
“De los soldados de Perón a defender a Felisa fue HV sin cortapisas.”

Bombita Rodríguez, el Palito Ortega montonero, personaje creado por Diego Capusotto, se ha transformado en un documental.

Acaso el humor sea la única manera de combatir al nuevo invitado que llegó para quedarse: el odio. Se discute con odio, se argumenta con odio, se pregunta con odio. Asistimos a la remake del término “gorilas”, como si el Gobierno fuera “peronista”. D’Elía llama “oligarca” a Fernando Peña y milita en un partido cuyo líder declaró, en blanco, unos cinco millones de dólares y acaba de construir un hotel en Calafate de 500 dólares por noche, eso sin hablar del gasto en carteras de Madame. El Gobierno habla de democratizar la democracia, pero espera tres meses de conflicto para llevar las retenciones al Congreso, y mientras tanto el secretario Guillermo “Poronga” Moreno trata de convencer a los golpes a los opositores (con la ayuda de su esposa y jefa de asesores). Me están contando una pelea que no es tal. Así como Kirchner supo, durante su primer gobierno, que no había nada mejor que pelearse contra enemigos imaginarios, propone ahora, en su segunda administración, abismos inexistentes.

¿Qué pasará si el Gobierno pierde en el Senado? Nada. Seguirá gobernando hasta completar su período, y ojalá le sirviera para sacudirse la soberbia que se vuelve cada día más violenta.



*Fuente: Crítica Digital
http://200.82.82.211/index.php?secc=nota&nid=7508







Año Nuevo*



Cada noche de Año Nuevo recuerdo, aunque sea por un instante, la última que vivió mi padre. Estaba envuelto en una bata raída, en la puerta de la casa que alquilaba en la calle Santo Tomé. El pucho seguía en sus labios pero ya lo estaba matando. Levantaba un brazo para saludarme mientras alrededor estallaban petardos y bengalas de colores. Nos habíamos peleado, creo, porque yo odiaba las fiestas tanto como él y no sé qué estúpida costumbre nos hacía reunirnos a brindar y desearnos cosas en las que no creíamos.
Me parece que ya habíamos discutido antes de comer. Mi padre estaba sin trabajo y deambulaba por la ciudad en busca de una changa. Había perdido el Gordini y ya no le quedaba nada por empeñar. Mi madre presentía que el final estaba cerca pero cuando supimos que hasta se le podía poner una fecha, ella se negó a aceptarlo. Salimos al patio de baldosas y ahí se puso a llorar. Afuera, detrás de los cohetes, López Rega gobernaba el alma del General. Si lo menciono es porque en esos últimos días de 1973, uno de mis tíos, que era un tarambana, fue a visitar a mi padre para empujarlo a entrar en la guerrilla.
Era un disparate: mi padre tenía sesenta y dos años y era radical. Ni siquiera había aceptado que Balbín se abrazara con Perón. El Jefe podía perdonar y hacer política por su cuenta, él no. Me contó la ocurrencia de mi tío con una sonrisa. "Quiere que me gane la vida como bandolero", me dijo, y empleaba esa palabra para herirme porque sabía que algunos de mis amigos eran montoneros y no lo habían aceptado como fotógrafo en el diario Noticias. Ya estaba grande para trances de guerra y de algún modo se lo dieron a entender. En mi cabeza, el episodio es tan confuso: mi padre necesitaba trabajo y en el único lugar donde yo conocía gente con posibilidad de dárselo era en el diario de los montoneros. Le expliqué a uno de ellos que se trataba de darle una oportunidad, algo en el laboratorio de fotografía. Me preguntó qué sabía hacer y no supe explicarle. Le dije, sí, que mi padre era antiperonista por lo menos desde el 17 de octubre del cuarenta y cinco.
Seguro que eso no lo ayudó a conseguir trabajo y fue una pena: andaba tan bajoneado que no tenía nada que perder. Igual, en la entrevista enseguida metió la pata: oyó la palabra "compañero" y empezó a cagarse en Perón como si estuviera en sus mejores tiempos, allá por los años cincuenta. Después me contó que habían sido amables con él y le dijeron que lo citarían a la brevedad. Yo quedé mal con mi amigo por mandarle un gorila y con mi padre porque nunca lo llamaron a revelar las fotografías del General.
Creo que todo eso pesó para que discutiéramos aquella noche. A mí no me levantaba la voz, pero al hablar se le notaba el disgusto. En esos días le había dado un relato mío para que lo pasara en limpio y lo hizo mal. Se lo dije y, súbitamente, se entristeció. Lo había juzgado desde mi pedantería juvenil y ni se me ocurrió pedirle perdón. Nunca lo había hecho y no iba a empezar esa noche, aunque mi madre presintiera que aquél era el último Año Nuevo que pasábamos juntos. Mi padre dijo algo así como "si no te gusta hacételo vos" y se levantó a buscar otro paquete de cigarrillos. La bata que llevaba parecía salida de una novela de Gogol y el piyama, abajo, tenía tantos años como su inquina por Perón. Tal vez ya he escrito lo suficiente sobre él y tal vez no. Nadie conoce el instante en que muere de verdad. Tengo una fotografía que mi padre se tomó a sí mismo en la que está reclinado sobre una gran regla de cálculos. Esa es la imagen que quería dejarme de él. años después, en Brasil, un funcionario me contó que de joven había aprendido dibujo industrial a su lado. "Me hablaba todo el tiempo de vos", deslizó después para congraciarse. Uno de mis primos, que fue su dependiente en una oficina de Morón, se me acercó en la feria del libro para decirme que era un gran tipo mi viejo. Entonces, ¿dónde está su parte oscura? ¿Cómo adivinar su lado odioso? Acaso cometo el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños. No estoy seguro de que mi padre haya sido digno de elogio. Hacía su deber de controlar el agua corriente por puro orgullo y de hecho siempre permaneció en el más rotundo anonimato. Resulta triste admitir que mi padre era un don nadie. Un tipo de cuarta perdido en las provincias. Un oso de invierno jugando a la escondida.
Para las fiestas de fin de año y para los carnavales, algún comando hacía saltar la red de agua para demostrar que había resistencia y ahí iba él, de noche y en bicicleta, a recoger peones y restablecer el servicio. Como a esas horas los tipos eran remolones y se negaban a trabajar en nombre de la familia y la religión, mi padre acordonaba la bicicleta en la vereda, avanzaba unos pasos y en voz alta, para que escucharan los vecinos, les enumeraba las veinte verdades del buen peronista. Eran pocos los que se resistían. A veces la disputa giraba en torno de si mi padre decretaba San Perón para el día siguiente o si lo dejaba para el lunes de la semana siguiente. Cuando llegaba la ocasión todos eran felices menos él. A veces, con otros chicos, en lugar de asistir a clase nos íbamos a nadar o a jugar a la pelota y al otro día, si la maestra me pedía el justificativo, yo me ponía de pie y respondía que en la víspera Obras Sanitarias había festejado la fiesta del General. Nadie tenía nada que objetar, salvo el cura que era más contrera que mi padre. Antes del cincuenta y cinco, a los gorilas se los llamaba contreras y Enrique Santos Discépolo los gastaba con un personaje al que llamaba "Mordisquito" , Entre el cura que lo criticaba desde el púlpito y Discepolín que lo cargaba por radio, mi padre vivía atormentado en busca de una identidad. Todavía faltaban veinte años para que mi tío lo tentara con la guerrilla y yo lo mandara a buscar trabajo en el diario montonero, pero él ya estaba tironeado por los símbolos de nuestras discordias. Cómo iba a imaginar que un día Alfonsín, urgido por figurar, iría a rendir el pabellón radical a la puerta de un caudillo riojano.
Pero volvamos al Año Nuevo del setenta y cuatro. El relato que ha pasado en limpio trataba sobre la guerra entre peronistas y eso debe haberlo sobresaltado un poco, lo suficiente como para hacerlo tipiar algunos párrafos a la bartola. No había computadoras en ese tiempo y cada teclazo dejaba una marca indeleble. No guardé aquella copia suya: nadie piensa que lo que hoy tiene entre sus manos con indiferencia será mañana un recuerdo. Y aquellas páginas anunciaban el final. Cuando a uno le vienen ganas de morirse puede elegir la forma que le venga mejor. Mi padre era de la época del tango, de cuando había peronistas y radicales, así que decidió sufrir.
Yo me empecino en discutir con mi padre aquel Año Nuevo en el barrio de Versalles. Siguen los buscapiés, las estrellitas y los rompeportones. Zumban las saetas y se nos ponen los pelos de punta. Cualquier aficionado a las letras podría describir la desazón de esas horas. Al filo de la medianoche se desata un tiroteo y enseguida, desde el centro, llega la sirena de La Prensa. No recuerdo con qué vino brindamos, pero él y yo tenemos el estómago revuelto. Todos los malos augurios se cumplen ese año. Se mueren mi padre y el General. Buenos o malos, esos hombres me tienen, todavía, en vilo. Desde el fondo de los tiempos mi padre me saluda en la puerta de su casa, con la bata raída, mientras el General escucha por última vez esa música maravillosa que es la voz de su pueblo.




*De Osvaldo Soriano.
"Piratas, fantasmas y dinosaurios" editorial Norma, Bs. As, edición de 1996.





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sábado, julio 12, 2008

DIOS NOS ABANDONÓ. PERO ESTÁS VOS Y ESTOY YO. VAMOS VOLANDO...



*Foto de Valeria Marioni y Florencia Soler Abbate. hijasdelviento@hotmail.com



El Control*




Controlar había sido siempre lo mío. En el colegio siempre sabía lo que hacía cada compañero e influía, sin que se dieran cuenta, en sus decisiones. En los primeros trabajos ascendí gracias al control que tenía sobre el resto de compañeros. Tener el dominio de la situación era determinante para triunfar.

Cuando conocí a Luisa, vi claramente que, si quería casarme con ella y tener una vida feliz debía seguir los mismos métodos; debía tener su mente controlada, debía tener su corazón en mis manos. Ése era el objetivo: Tener su corazón en mis manos.

Cuando lo logré, ella quedó pálida y quieta frente a mi, con una mirada fija de sorpresa en sus ojos, mientras yo miraba alternativamente la herida en su pecho y mis manos llenas de sangre.



*Joan Mateu. joan@cimat.es






DIOS NOS ABANDONÓ. PERO ESTÁS VOS Y ESTOY YO. VAMOS VOLANDO...








NADA TRAIGO*


yo no traigo a este sitio del poema
ni ruiseñor de Keats ni tigre Willam Blake
ni río de Juanele o gato de Girri

no he domesticado a la palabra
ni le puedo al silencio ni a la ausencia

águila ni serpiente de Zoroastro traigo

disculpen
yo no traigo
a la ventana abierta a los lectores
ni la maga de Julio
ni el musical infierno de Alejandra
ni el burrito de plata de Juan Ramón Jiménez
ni aquel cuervo de Poe
ni la rana de Basho ni las cosas
que giannuzzi versara contra la muerte

no he fracasado más que cualquier otro
no he bebido mejores licores
no me alcanzó la luz que a elegidos alcanza
ni me comí la sombra mayor ni la menor

¿con qué derecho vengo a oficiar de poeta?

no hice más feliz a la que hice feliz
que lo que otro bien pudiera hacerla

no maté a ser humano con mis manos
no fui padre ni esposo

no moriré en París no estuve en Autzwich
no me piden permiso para ser
la lluvia, el viento, el mar;
el sol para brillar
la flor para aromar en el desierto

¿con qué derecho quiero,
señoras y señores,
que lean mis disculpas o pretextos
y olvidables argucias de poetastro?

disculpen
no se bien a qué venía
no estoy seguro ni de mi silencio
¿con qué derecho trazo o borroneo
sobre la hoja en blanco?

yo no he visto el aleph ni el falso aleph
no estuve en la frontera al borde de la guerra
no me ha excomulgado la iglesia en que no creo
no he ganado una estrella en el cielo del marxismo
no amasé una fortuna en el mercado

sólo que aquí y ahora me atraviesa
este atardecer gris de medio invierno
y estoy solo en mi cuerpo
no más solo que antes o que otros
y está todo tan frío tan inmóvil
que estirando la mano con que escribo
quise alzar esa piedra que es mi alma
y no puedo y me duele

no consigo arrancarme a ser un grito
a ser un vuelo azul un viento negro
un pozo ciego un puñal una rosa
un pedazo de pan en la vereda

disculpen
hoy no sé con qué derecho
vengo a buscarme o a perderme así




*de Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar








Ultimos días de Marilyn*



*Por Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
Sábado 12 de julio de 2008



Las célebres "fotos prohibidas" de Bert Stern fueron exhibidas hace dos años en el museo Maillol, en París Foto: Newscom

No hay brújula tan certera como el azar para encontrar lo inesperado. Quien se deja llevar por el azar y pasa por alto las relaciones de causa a efecto descubre siempre -o casi- una realidad desconocida, que estaba a la vista desde hacía mucho sin que nadie lo advirtiera. Es lo que me pasó hace algunas semanas con Marilyn Monroe, que fue uno de los íconos sexuales e intelectuales de mi juventud y cuya historia resume por sí sola los afanes de libertad y la pasión por cambiar el mundo que encendieron la década de
1960.
Hacía mucho que no me acordaba de ella cuando de pronto, en uno de los canales de cable de Nueva York, pasaron un excelente documental sobre sus últimos días, que retuvo mi atención durante horas. Era una pequeña joya que recuperaba las imágenes nunca vistas de su película inconclusa, Something s
Got to Give , las devastaciones que dejaban sobre su cuerpo los excesos del alcohol y de las píldoras para dormir, los provocativos desnudos con que trastornó las rutinas de los técnicos y uno de los momentos cumbres del final de su vida, cuando, a fines de mayo de 1962, abandonó la filmación y
tomó un avión a Washington para cantarle el feliz cumpleaños al presidente John F. Kennedy con una intensidad erótica que todavía empaña las imágenes.
Ver aquel documental hizo caer sobre mí el peso de una entrañable melancolía. Cada uno de aquellos años -los años en que empezaron los fuegos artificiales de los 60- regresaron intactos a mi memoria con la misma fuerza que tuvieron en el pasado. Al día siguiente, fui a caminar sin rumbo por Manhattan y, como otras veces, terminé mi paseo en Strand, la librería de viejo más grande del mundo, cuyos trece kilómetros de estantes y tres millones de libros no cesan de crecer. Allí, en una de las mesas del fondo,
volvió a salirme al paso Marilyn. Estaba en la biografía que le dedicó Donald Spotto, en la cual los últimos días de la diosa -así la llama- están enturbiados por la desesperación y los mismos personajes siniestros de Rebeca , la película de Hitchcock. Y estaba también en un libro de Bert Stern, The Last Sitting ("La última sesión"), agotado desde hace mucho pero no en Strand, donde quedaban tres o cuatro ejemplares.
En junio de 1962, Marilyn aceptó posar (desnuda y no) para el fotógrafo Bert Stern, a quien había contratado la revista Vogue . Tres o cuatro de esas tomas aparecieron en las ediciones del mes siguiente. Las otras fueron archivadas en un desván. Stern las ocultó la mañana misma en que Marilyn murió, el 5 de agosto de aquel año, y las resucitó poco después en su libro, que conserva las imperfecciones y las marcas rojas de todo borrador. Algunas de esas fotos pueden verse ahora en Internet, donde la frialdad digital les deja poco de la magia de sus orígenes, o de lo que Stern llamaba "la imposibilidad de captar una luz que no cesa de moverse".
Las que vi en el ejemplar de Strand me dejaron una impresión extraña. Se tiene todo el tiempo la idea de estar espiando por la cerradura una muerte inevitable y, lo que es peor, se entiende por qué la muerte estaba allí.
En la biografía de Spotto, Marilyn aparece sometida a la voluntad del siniestro e irresponsable psicoanalista Ralph Greenson y a las astucias de la enfermera Eunice Murray, que también manejaba a la actriz a su antojo.
Eunice tenía 58 años. Aunque se mostraba indefensa y angelical era, en verdad, un demonio posesivo e insolente. Aisló a Marilyn de sus viejas amistades y la mantuvo a raya con inyecciones de Nembutal, clorohidratos, vitaminas y anfetaminas, todas ordenadas por Greenson y por Hyman Engelbert, un médico de Los Angeles, que actuó como deus ex machina de la tragedia. "A ustedes les hará bien estar juntos -les decía Engelbert-. Todos están enfermos de narcisismo."
Según Spotto, Marilyn no se suicidó: la mató accidentalmente Eunice con una sobredosis de barbitúricos, aplicada en forma de enema el 4 de agosto de 1962, entre las seis y las siete de la tarde. Varios testigos la vieron irradiar alegría esa misma mañana. Proyectaba casarse de nuevo con Joe
DiMaggio. Dejó inconclusa una carta de amor que resumía sus ambiciones de niña inmadura: "Querido Joe. Si sólo pudiera hacerte feliz, lograría la más grande y más difícil de las cosas: hacer a otra persona completamente feliz.
Tu felicidad sería mi felicidad". A partir de allí el silencio, el vacío, la mano tendida desesperadamente hacia la nada.
La versión de Spotto parece demasiado armada, demasiado teatral. Stern insiste en que la actriz ya nada esperaba de nadie. Basta observar sus fotos para advertir que quizá tiene razón. En el dormitorio donde Marilyn se suicidó no quedaron sombras de asesinos solitarios ni de amantes furtivos.
En vísperas del final, se vislumbra que ella no tenía fuerzas ni para llamar a Dios por teléfono y que jamás había salido de la infancia.
Pese a lo cual envejecía. Tal era el drama. La Marilyn que desenmascaran las fotos de Stern es la de la perfección violada: la imagen de la carne incorruptible e imperecedera que, sin embargo, siente su propio desvanecimiento. Las poses del libro exhiben voluntad de vida: Marilyn con una gasa entre los dedos, fingiendo pudor por su desnudez, cubierta de strass o de diamantes, mordiendo las cuentas de un collar o diciendo adiós con el cuerpo a un abrigo de pieles. Todo lo demás es violencia contra sí
misma, conversación con un ser que está adentro de ella, pero que la mantiene lejos.
Oírla cantar Happy Birthday, Mr. President en la fiesta de gala que los demócratas ofrecieron a Kennedy para celebrar su 45º cumpleaños, el penúltimo, es -tal como lo revela el documental que vi en el canal de cable- otra ceremonia de destrucción. Marilyn quizá supiera que se estaba despidiendo del hombre que había sido su amante de una sola noche y que le había dejado, como único recuerdo, un fugaz elogio a los músculos de sus pantorrillas. En el documental es visible el desinterés o el desdén del
presidente, y también el deslumbramiento de su hermano Bob, al que se ve erguido sobre la butaca del Madison Square Garden -escenario del recital-, pendiente del cuerpo pálido y aéreo de la actriz, subyugado por el vaho de sexualidad que ella sigue exhalando aún, pese a la polvareda de los años.
En las imágenes de Stern, Marilyn vuelve a ser la maravillosa criatura muerta que se esfuerza por aferrar la vida. El implacable fotógrafo no le disimula los aguijones de las arrugas en torno de los ojos, la oscura línea de una cicatriz sobre el vientre, las zarpas de la edad clavadas en los codos, los días que no se quieren vivir y que, sin embargo, llegan en las penumbras de la mirada. En la mitad de las fotos Marilyn está desnuda, como no lo había estado desde los dieciocho años, cuando posó para el almanaque
que iba a iniciarla en la fama.
Desnuda, pero sin el menor encanto. Ella se revuelve el pelo, se cubre la cara, se dobla como una púber sobre los pechos pequeños (también de púber: el único bastión de la adolescencia que no había caído), y nadie podría hacer otra cosa que compadecerla, pasarle la mano por la espalda y preguntarle de dónde Spotto cuenta que, hacia el final de las sesiones con Stern, Marilyn dejó caer el echarpe de seda con el que se cubría y le preguntó: "Bert, ¿no te parezco joven para mis 36 años?".
No parecía joven, pensó el fotógrafo. Parecía anciana y recién nacida, inocente y perversa, vacilante como la primera mujer en el primer día del universo. Se le acababa el ser y no lo sabía. Todas las desventuras del pasado se le asomaban de repente a la cara, como a un balcón en el vacío. Si algo sobrevive todavía de los 60 hay que buscarlo, sin duda, en los pliegues de esa cara menguante.
Fue de eso que murió, de no poder soportar a la que ya no era y que, no obstante, persistía en su ser: a la imperfecta, a la que se venía, a la que ningún Bert Stern querría volver a fotografiar. Los románticos solían decir que cada quien carga la propia conciencia como una cruz. Hay quienes -Marilyn era una- sobrellevan a duras penas el propio cuerpo, hasta que se vuelve ajeno y pesa demasiado, demasiado.


*Fuente: La Nación.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1029428&pid=4729154&toi=6277&pid=4729154&toi=6277








Banderas*



*Por Sandra Russo


Hace algún tiempo comenté una idea del escritor británico John Berger que leí en una entrevista. Decía que él descree de la palabra "amor", porque supone un desenlace feliz. Y agregaba que él prefiere esos momentos en los que, a solas con otra persona o colectivamente, está pasando algo que todavía no puede ser conceptualizado pero se vive, se siente, se entra de lleno en ellos. Lo individual se disuelve y se abre el túnel que nos separa de los otros. Hay comunión. Son momentos de contacto pleno. Todo esto último
es interpretación mía de lo que desde ese momento llamo "Momentos Berger".
Sí recuerdo perfectamente que él terminaba ese párrafo diciendo: "Probablemente sean los únicos momentos por los que vale la pena vivir".
Colectivamente, desde hace cuatro meses vivimos sin aliento. Angustia, fricción, impotencia son algunos de los sentimientos que muchos experimentamos. Pero las cosas no son lineales ni van en una sola dirección.
Y también, junto a la angustia por el mañana incierto y la impotencia por la evidente manipulación mediática de los hechos, hay un despertar a un tipo de pertenencia que hasta hace cuatro meses no se planteaba. Están asomando banderas. Motivos de peso para agruparse, para defenderse, para participar de la vida política de este país. Esto que empezó imprevistamente y que hizo estallar una época argentina para darle paso a la siguiente está cada día sacando más tripas afuera.
A la oposición política de radicales y símil radicales, se ha sumado ahora el peronismo que protagonizó los noventa, que durmió su siesta y ahora vuelve radiante, como si fueran debutantes con aires renovados. Vuelven como quien se ha quedado sentado en el cordón de su vereda, esperando el momento
propicio para pasar facturas. En el bolonqui todos reman para el mismo lado, aunque es incomprensible que un peronista, aunque sea de derecha, deje pasar conceptos como los que se le escuchan a Carrió: el jueves aseguró que a la marcha de la Avenida del Libertador irá "la gente libre", y que a la Plaza del Congreso irá "la gente obligada". ¿Coincidirá Barrionuevo? Esta etapa nos demanda increíbles coincidencias y asociaciones. En el combo lo vi a Llambías ironizando sobre el zoológico, y la palabra "aluvión" cayó sola, por su propia inercia, con su carga de racismo típicamente argentino. A ese
borde llegaron los que ya no disimulan civilización y se hunden en la barbarie de sus propios criterios para calificar a los otros.
Los '90 fueron una década de gente por el estilo. Ahora mismo estoy escuchando en la tele a un senador radical estallar en ira con lo de Aerolíneas. Parece el abogado defensor de la empresa. Dice que así no van a venir inversiones. La palabra inversión fue tan pronunciada en el menemato, fue tan impregnada de una vaga virtud, que algo de eso ha quedado. Está hablando de un grupo que no cumplió el contrato y dice que si se le exige que lo cumpla corremos el riesgo de que otros inversores no vengan. La Argentina conservadora, a la que desde principios del siglo XX el poder político jamás le importó mientras le obedeciera, vuelve a tirar la garra.
Es todo muy confuso. Pero no tanto, vamos. Duhalde sí pensaba volver, y volvió acompañado. El peronismo ya tiene su ala derecha bien armada. Nos resta ver si esa derecha peronista es ahora democrática. No lo fue antes. Y, sin embargo, veremos, ahora esa gente no será tan terrible ni tan corrupta para las otras derechas que pueblan el Parlamento. Unas y otras se sienten representantes de los intereses de la renta. Hablan de los pequeños y medianos productores, pero ni en el Parlamento ni en los grandes medios quedó claro, a lo largo de todo este conflicto, a qué intereses específicos responden Miguens y Llambías. Se lo pasan hablando de los pequeños y medianos productores, como si ellos también fueran dirigentes de la
Federación Agraria. Los movileros como los conductores de los programas periodísticos de la televisión actual los dejan. Este debe haber sido el conflicto con menos repreguntas de la historia.
El viejo peronismo que baila con la más fea no escandaliza tampoco a la clase media. El clientelismo puro y la corrupción a escalas innegables no mueven a las señoras caceroleras a indignarse. Dicen que detestan al peronismo, pero parecen más bien detestar que los de abajo suban algún peldaño. En rigor, ése es el peronismo al que temen, el que puede mover algo de lugar. Esa es la parte más ruin de la clase media a la que pertenecemos tantos: se siente más clase media si hay miseria alrededor.
Decía al principio que están apareciendo banderas. Llamo aquí banderas a las convicciones que nos han animado siempre. La equidad, la justicia social, la defensa de los intereses nacionales. Apenas se conoció la inminencia del conflicto de Aerolíneas, Canal 13 sacó a un excitado Joaquín Morales Solá que ya antes de tiempo y sin que nadie se lo pida, montaba guardia en defensa de los intereses de un grupo español privado. Recuerdo perfectamente cuando Aerolíneas fue privatizada. Recuerdo la vergüenza y la rabia que generó aquel remate que sin embargo no sacó a multitudes a la calle.
En la Carta Abierta se habla de la emancipación. Es una idea que suena romántica, naturalmente, entre billikinesca y militante. Ningún aparato de poder, como es la lengua, permitiría que la idea de emancipación llegue límpida al oído de alguien. Para escucharla, hay que afinar el oído. La emancipación, según me la imagino, es la soga desatándose. Es un esfuerzo.
Pero es también el sueño de muchos que se conectan a través de ese deseo que los abre. Un deseo de dignidad ante los poderosos, de política ante la chicana, de pasión ante el interés. Algo de esto circula. Se siente.


*Fuente: Página/12.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-107708-2008-07-12.html







Cuando hemos perdido todo*




En su última novela, Pablo de Santis escribe a propósito de un personaje que se ve obligado a decir cierta verdad a la persona que ama: "dudó, porque toda verdad es una forma de despedida". Como ese personaje, siento que la terrible crisis argentina es la hora de decirnos la verdad; que es la despedida de todo aquello que creímos ser, engañados por una ficción política que muchas veces no tuvimos el valor o la lucidez de desbaratar. Y que asumir el casi insoportable dolor de esta despedida, utilizarlo como acicate para nuestra creatividad y nuestra solidaridad, es nuestra única posibilidad de sobrevivir.
Quizá porque todo lo que construimos en la adultez parece a punto de destruirse definitivamente, a menudo creo revivir situaciones de infancia que me cuesta mucho recordar con precisión. Los primeros días, por ejemplo, creía reconocer aquel momento de la misa en que uno se sentía mirado por un Dios al que era imposible mentir y sobornar; pero de inmediato me corregía, porque el temor de Dios entrañaba una fe en su bondad de padre. Hasta que hace unos meses, en un bar al que llego todos los fines de semana por las calles de Buenos Aires entre asaltos y mendigos, mi amigo Pablo Pérez el equilibrista me dio una clave: "¿Sabés? Una noche, en Mendoza, a los once o doce años, soñé que despertaba y saltaba de la cama y al abrir la puerta de mi casa sólo encontraba una inmensa llanura, y allá, a lo lejos, una casilla cerrada que corrí a abrir y en donde estaba Dios. Estaba encogido y tembloroso, Dios, con unos ojos enormes que parecían pedir piedad. cuando le pregunté por qué estaba asustado, Dios me dijo que ya no podía volar. Y desde que me desperté", termina Pablo, "yo mismo empecé a treparme a los árboles y a aprender este oficio que todavía no sabía que existiera". De alguna manera todos nosotros, aun los que no creemos, sentimos que "Dios está asustado" porque nuestra imagen del mundo y de la historia, la que justificaba hasta ahora todas nuestras acciones, nos ha mostrado para siempre sus propios límites, sus incapacidades de entender y actuar. Sí: hemos asumido que Dios está demasiado asustado para ayudarnos. Y en el dolor del abandono, sentimos que sólo nos quedan dos posibilidades: o morir o vivir. Y sobrevivir es mirar valientemente aquello con que todavía contamos, y sobre todo, como aquel chico en los árboles de Mendoza, disponerse a aprender. Porque, ¿qué nos queda cuando parecen habernos robado todo? En principio, aunque suene a lugar común, nos queda la memoria, pero no ya como mero sitio de homenaje, ni siquiera como utopía realizada y perdida, ese paraíso de los padres fundadores que nos inmoviliza en veneración y nostalgia. La lección de los tiempos es, incluso, contraria: no somos una identidad inmutable, sino los sujetos de una historia de inevitables mutaciones que debemos tener siempre presente para que el cambio no derive en traición.
Tenemos la memoria, digo, como sitio del presente repleto de herramientas todavía utilizables. Impedidos de comprar CDs, resucitamos las bandejas y los wincos y vamos por la ciudad rebuscando discos de vinilo que familias en bancarrota salen a vender o a trocar a las plazas: así resucita, casi intacta, la música de una argentina empeñada en escucharse a sí misma y a hacer escuchar sus voces, desde los alumnos del Mozarteum a los bagualeros de Yala, desde los baladistas del Di Tella a la gota de agua o el silbido de un barco que Leda Valladares perseguía por la ciudad con un diminuto grabador Geloso: Una Argentina que de pronto sabemos que sonaba para hoy y para nosotros. En las reuniones, ya cantamos distinto.
Muchos de mis amigos, escritores y foniatras, cantores y hasta reparadores de electrodomésticos, se han puesto a escribir manuales: no ya para aprovechar tal o cual demanda de las editoriales, todas al borde de la quiebra. Todos tenemos la misma urgencia de compartir esos saberes que creíamos haber olvidado simplemente porque nadie nos lo requería, porque nos habíamos acostumbrado a hacer nuestros trabajos según órdenes ajenas o extranjeras o porque, en fin, nos habíamos resignado a que nos hubieran arrebatado nuestro puesto de trabajo. Una de esas amigas me dice que en los talleres de escritura, por ejemplo, han sido muy pocas las deserciones: lo que era, hasta diciembre una actividad secundaria se ha revelado como el último lugar en que un pueblo defiende la posibilidad de decirse, de imaginarse, de elaborar, contra la alienación, un lenguaje nuevo y propio. Por supuesto, no confundo estas formas de resistencia con ninguna victoria final, ni siquiera la auguro; pero las señalo como lo que son, luces imprevistas que nos permiten seguir dando pasos en medio de esta oscuridad, apostando a que nos suceda lo mismo que al protagonista de aquel cuento danés que, después de toda una vida de aventuras durísimas, subió a la cima de una colina y vio que su itinerario por la comarca había dibujado una figura precisa: la figura de una cigüeña. Y que esa figura le daba, porque había sido fiel a su deseo, un premio más cierto y profundo que la felicidad: el premio de la comprensión.
En verdad, escribo estas vivencias y me doy cuenta de que en medio de la tragedia aprendimos a aprender de todo y de todos: y que el cuidado de una planta o un animal, de pronto tanto menos frágiles que nosotros, o la escritura de una novela, tanto más espaciosa y acogedora que nuestra propia vida, me han enseñado mucho sobre el tiempo, en estos meses que he vivido con la intensidad de los muy viejos, incapaz de concebir la idea del futuro.
Por eso, contra esa obligación "políticamente correcta" de estar tristes, me parece urgente contraponer esta evidencia, obvia desde siempre en todas las militancias, aun -y acaso especialmente- en las que surgen como respuesta a una de las tragedias más horrendas; esa evidencia obvia, digo, en el increíble fenómeno de las asambleas populares o del movimiento piquetero: el dolor, en lo que tiene de verdad, abre camino siempre a la belleza, "porque la belleza es verdad, la verdad es belleza y nada más importa saber sobre la tierra". Más aún: el dolor exige convivir con la alegría, nunca con la tristeza, que es negación y muerte. La alegría de crear, la alegría de servir, la alegría de saberse útiles.
Y si no, fíjense en esta última historia verdadera. Mi amigo Ivo Machado, que es poeta y controlador aéreo en Portugal, recibió una noche la llamada de un piloto que volaba solo en medio del océano Atlántico. cuando el piloto le describió su situación, Ivo le dijo lo que el otro quizá no se atrevía a admitir: que carecía de combustible suficiente como para llegar a cualquier costa, y que debería prepararse para acuatizar. Durante unos minutos, el piloto siguió haciendo preguntas vacilantes, preguntas que eran excusas para no quedarse en el silencio del mar y que Ivo respondía con precisión y solidaridad: no, en esas latitudes no había tiburones; sí, claro, la temperatura de esas aguas, aun en invierno, no representaban peligro alguno. Creo que el piloto mandó entonces algún mensaje, y que Ivo prometió retransmitirlo. pero cuando ya no hubo más que decir, el piloto intentó despedirse. Ivo, sin saber por qué, le preguntó si, en lugar de quedarse en silencio, no quería oír poesía. El piloto dijo sí, y durante casi una hora, hasta que finalmente el piloto se perdió en el silencio final, la voz de Ivo cruzó la inmensidad llevando los versos que había amado durante toda su vida. Ivo nunca me contó si el piloto era portugués: en tal caso, el piloto habrá sentido que toda la cultura de su pueblo acudía en su ayuda; si no era portugués, y aunque el sentido se le escapara, igualmente habrá podido percibir que el ritmo de los versos se plegaban dócilmente al del mar y al de la luna, y que ésa es la conquista de la aventura humana.
Pienso en Pablo, el equilibrista, planeando sobre las mesas del bar y en Ivo diciendo sus poemas. Pienso en el chico que fui y en el que, de algún modo, somos todos en medio de esta tragedia y me parece oír, en todos los casos, el mismo silencio, y es el silencio de una ceremonia, y es un silencio sagrado. El comienzo de un rito, sí, que repetiremos siempre para saber que una vez nos salvó esta verdad: "Dios nos abandonó, y cae la noche. Pero estás vos y estoy yo. Vamos volando".




*de Leopoldo Brizuela.
-Publicado en la edición del diario Clarín del jueves 6 de junio del 2002.-














Urbano Powell*





Año 3623. El Papa Urbano Powell IV acaba de concluir su intervención en el concilio, la aprobación de las uniones virtuales es un hecho. Él es, el tercer clon de Urbano, el primer Papa negro de la historia, y es hoy conocido popularmente como el Papa "Sociólogo" por la Orden Teológica del Saber de la que proviene.

La humanidad marcha, se acerca a la concreción paso a paso de sus antiguas utopías. Pero, ¿qué mundo es este? Todo ha cambiado mucho en el último milenio, de muchas cosas solo queda el uso inadecuado y melancólico de las palabras que alguna vez designaron esa realidad. Pero las palabras durmientes han resistido más que las cosas, más que la gente que las sostenía con cuerpos y prácticas reproducibles. No hubo discusiones apasionadas, el mundo del amor virtual hace rato que se ha impuesto como forma dominante de intercambio entre seres y sexos. Quizá, la pregunta de hacia donde vamos, nunca tuvo tal penuria, tanta falta de destino como en este presente continuo.

El amor solo se concibe como una relación de imaginarios, y hace ciento de años que perdió cualquier relación con la necesidad hormonal y física de intercambio carnal.

Estaba previsto, había sido profetizado a fines del siglo XX. El Papa sociólogo, lleva en sus maletas los documentos originales que fundaron su hermandad del saber. Los escritos fundacionales, que ahora son leídos con cierta decepción, con cierta forma de naturalidad: De La Seducción, de Jean Baudrillard, La Historia de la Sexualidad de Michel Foucault, y muchos otros escritos por apellidos como Castoriadis, Beck, Lipovetsky, Todorov, todos datan del momento en que la humanidad luchaba por entender y alterar un destino por entonces desconocido.

En este mundo, muchas cosas han cambiado, el amor ha quedado emancipado de cualquier decepción y la reproducción de los humanos abandono la sede corporal de los úteros para ser una cuestión de Estado, que se realiza bajo estrictos códigos de manipulación genética.

Ya nadie engendra a sus propios niños con un intercambio directo de fluidos corporales. Desde la imposición masiva de la concepción extrauterina con manipulación genética, los humanos solo pueden donar esperma y óvulos para los bancos de gestación de hijos de la humanidad, luego pueden adoptar de
forma casi inmediata hijos de crianza, aunque los sectores del privilegio en general prefieren clonarse en descendientes casi idénticos, en un proceso al que se denomina mismidad caracterológica, pues no solo se clonan sus formas corporales, sino que también su memoria, sus recuerdos y emociones pueden
transferirse desde archivos virtuales a la edad necesaria.

El mundo de las regulaciones se ha desplazado notoriamente, el control de la natalidad, las características deseables de las futuras generaciones de habitantes e hijos de la humanidad monopolizan el conjunto de debates y casi toda la energía disponible en las instituciones para dedicarla al área del conflicto.

El FMI, ha abandonado las prácticas de control de intercambios digitales y su institución principal es el control del cumplimiento de la cuota de natalidad prevista para cada Estado miembro. Una formula polinómica que permite solo pequeños desequilibrios ha de reunir año tras año, el incremento de la población con el incremento de la producción de los recursos transgénicos necesarios para alimentarla y sostenerla en el mundo.

Solo restan algunos bolsones de resistencia. Grupos de apocalípticos se reproducen libremente en las montañas de Afganistán, en las selvas montañosas del Perú, en grietas y lugares inaccesibles de pequeñas islas volcánicas del Pacifico. Bajo condiciones extremas de marginalidad esa población primitiva disminuye año tras año, cuando alguno de ellos es rescatado por las fuerzas de la civilización es tomado como población de ensayos y finalmente desactivado para la reproducción directa de la especie.

Existen principios importantes que han logrado ser normalizados, y extendidos con un fuerte consenso democrático, como una ideología del sentido común que otorga verdad a todos los intercambios.
"El cuerpo es un lugar de desencanto", dice Urbano Powell IV una y otra vez en sus encíclicas, y la realidad de la gente parece darle para siempre la razón: ya nadie podrá decir que ha engendrado hijos sin deseo, por pura necesidad de contacto sexual, es más cada vez es más extendido que las mujeres y hombres, ya sean clones o hijos de la humanidad desistan de las complicaciones del contacto físico sexual, el conjunto de la vida emocional se produce en Comunidades de sexo virtual, donde se estimulan y surgen donantes para los bancos de reproducción de la especie.

El mundo se emancipo para siempre de las debilidades y tentaciones de las que prevenía San Agustín, se libero de la culpa por ceder al deseo que describió Lacan, logro como lo profetizaba Baudrillard, expulsar su parte maldita.

Las gentes han logrado imponer lentamente desde finales del siglo XXII una ética del Preferiría no hacerlo, y las emociones se buscan en viajes virtuales en la reversibilidad de las partículas de luz, que permiten ver y sentir las otras épocas donde la soberanía del acontecimiento era absoluta.

Los ciclos de revisión del cine son muy populares, antes de tomar la decisión del día, los miembros del consejo directivo de la hermandad, participaron de un debate teológico después de la exhibición de la película La Guerra del Fuego.

El asistente principal de Urbano, Udi Tucker, lloraba de emoción al ver las imágenes donde el macho poseía a su hembra sosteniéndola por detrás, sin duda inspirado en la visión naturalizada que tenían nuestros más primitivos antepasados de la copula de otros mamíferos de cuatro patas. La película de
Anaud, termina por sellar las cosas, el mundo no puede retroceder a sus orígenes, a sus instintos más animales.

Hemos superado para siempre la edad mítica, razonó en voz alta Urbano, en la mesa, todos nuestros mitos se han realizado en la vida virtual y real de La humanidad, Eros y Thanatos no coexisten más adentro de cada uno.
El Arzobispo Horatio Vagus Engels recordaba las mesas cuando todavía se consumía la carne de cadáveres de seres vivos, como aves y carne de mamíferos. Reían todos al imaginar a esos animales que pastan hoy en reservas naturales servidos en platos cocidos después de largos períodos de enfriamiento.

Después de todo, el discurso del Papa ha sido mundialmente aceptado, el mundo ha logrado la reducción paulatina de su obscenidad y la no-convalidación de la unión monogámica virtual seria un retroceso en la
credibilidad.

Quien verdaderamente ama, concluye el Papa Sociólogo, debe estar liberado para siempre de buscar complacerse en lo concreto con otro.





-2004-





*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






*

Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 13 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Matías Giuliani. Las poesías que leeremos pertenecen a Lucas Duarte (Colombia) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





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jueves, julio 10, 2008

TU MIRADA DE INTEMPERIES...






Niñez anónima*



Otra vez ese dolor de bandera a media asta
en esta plaza de pochoclo y molinillos
en la desolación aburrida del subte
tu hambre ajeno se vanagloria
al lado de mi indiferencia
amputo mis ganas de hablarte
no me comprendas
ellos dirán:
el frío es porque viene el invierno
tu dolor no tiene medicina
tus mañanas llegaron muy tarde
tu escuela cerró por derrumbe
no aceptes mi vergüenza
que no te expliquen el asombro ni la calle
no acuses recibo de mi impotencia
que no te detengan estas,
mis palabras tembleques
este afán por arroparte un solo día
el cartel que contenga tu mirada de intemperies
tu soledad anciana de cuatro años
Aquí no leemos indigentes
aunque lleguen desde tu obcecado silencio
desde tu mano extendida en calendarios
desde tu rosita prensada en celofán
creo que es insoportable,
aunque tenga el color de la patria
este dolor de bandera a media asta.




*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar






TU MIRADA DE INTEMPERIES...




De la renta sojera*


El 22 de marzo pasado, a 11 días de iniciado "el conflicto", escribí :

"El proceso de concentración de la tierra y centrifugación social que está produciendo el "ciclo de la soja" permite avizorar un futuro pleno de esperanzas para las fabulosas ganancias que están realizando los beneficiarios del modelo, y campos desertificados para los angurrientos propietarios que se limitan a vivir de la renta que le proporciona el alquiler de sus campos a los "pools de siembra". El capitalismo agrario argentino, en ese sentido, opera según la lógica histórica del capital, en la incesante búsqueda de mejores condiciones para contrarrestar la ley de hierro del rendimiento decreciente de la tasa de ganancia, tan bien descripta, por otra parte en...bueno, en un libro del viejo Carlitos que ya me voy a acordar el nombre. Alguien de seguro lo conocerá... En resumen, la "protesta del campo" tiene toda las características de conflicto intraburgués, distintas fracciones de la burguesía se disputan la renta diferencial que los excepcionales precios internacionales permiten ingresar al país. Apasionante novela, en la que los personajes principales son el gran capital agrario, por una parte y el gran capital industrial y de servicios por otra. ¿Como? ¿A este personaje no lo conocían? Ah ! es que lleva puesta la careta del gobierno, que vela por su interés de mantener controlado el costo de reproducción de la mano de obra. //
// En esta saga, frotándose las manos, aparece el capital multinacional en las dos puntas del negocio: en el monopolio de la semilla transgénica, sus agroquímicos específicos y cobrando regalías por el uso del grano destinado a semilla. En el otro extremo las exportadoras de cereal y las aceiteras, pagándole IVA a empresas truchas y subfacturando exportación.
Por último la comparsa del gran capital, los pequeños propietarios de la pampa gringa, que no han podido - por razones de economía de escala - sostener la competencia con el gran capital y disfrutan de la renta de sus campos, como generalmente perciben el arriendo en quintales de cereal u oleaginosas no ven con mucho agrado lo que ellos denominan la política confiscatoria del gobierno."

Hubo quién quiso ver en estas líneas un activismo "pro-k". Bueno...
Así las cosas este escriba, a quién en algún blog calificaron de "marxista rococó" (ver en: http://homo-economicus.blogspot.com/2008/06/ir-la-plaza.html) sigue sosteniendo que el camino hacia lo "mejor" desde lo "malo" difícilmente pase por lo "pésimo".
Sólo agregaría, desde el punto de vista económico, no político, que el papel de las retenciones móviles - de nuevo: más allá de la corrupción y connivencia del gobierno con las exportadoras - va mucho más allá de sus aportes a las arcas del fisco (insaciables, por definición).
Y aquí, posiblemente, aparezca mi costado populista, con perdón. Sostuve, y seguiré sosteniendo, por que en ningún texto leído en los últimos tres meses ha aparecido argumento alguno que me haga cambiar de opinión, que más allá de las intenciones maquiavélicas (en su peor acepción) que se le puedan - con justicia - aplicar al gobierno con relación a su alianza con el capital multinacional y el capital industrial (cerealeras, agroindustria, automotrices, ¡petróleo!) la política de subsidiar el alimento y expandir el universo de trabajadores (por la vía de bajar los salarios) ha permitido a varios millones de argentinos acceder a un ingreso que "arrima" a una canasta alimentaria.
De no existir las retenciones, que deprimen el precio de los productos alimentarios básicos, "bienes salario", el costo de la mano de obra - crítico para una formación económico-social con bajos niveles de reinversión, valorización financiera, sin una escala de mercado que permita la introducción de tecnología de punta y baja productividad - impediría la mayor parte de las actividades económicas industriales.
Contrariamente a lo que sostienen aquellos que no diferencian quién "empuña el látigo con el que me azotan", postulo que el capital industrial promueve de forma más eficiente el "desarrollo de las fuerzas productivas" y genera - aún a su pesar - el "germen de su propia destrucción".
Dentro de este marco teórico, al que muchos adscriben...teóricamente, el desarrollo y complejización de las fuerzas productivas adquiere un status axial al permitir no sólo la creación de riqueza sino su distribución en un universo mucho más amplio. Veamos unos datos:
Comparación entre aportes al sistema de previsión social, como se ve a continuación el salario promedio de la industria triplica al que se paga en la producción agrícola. :
Todo tiene que ver con todo




La recesión en EEUU, negada durante el 2007, y asumida como inevitable luego de la caída de las "hipotecas basura", es el corolario de más de 12 semestres consecutivos de emisión salvaje por parte de la reserva federal para financiar las acciones tendientes a mantener el control sobre los flujos internacionales de petróleo, actividad que algunos economistas calificaron de "neo-keynesianismo de guerra".

Tamaña superpoblación de dólares fue regulada por el atesoramiento que de ellos hicieron los bancos centrales de aquellos países que exportan a EEUU; China, Japón y los "tigres asiáticos", sobre todo luego de las crisis de pagos del sudeste asiático y rusa del fines de los '90, están sentados sobre una masa incalculable de dólares (bah, sí es mensurable), atrapados en el dilema de lanzarlos al mercado y depreciar aún más la divisa estadounidense, o seguir conservándolos, financiando de este modo el consumo y despilfarro - sobre todo energético - de los yanquis, a cambio de poder mantenes sus flujos de intercambio comercial superavitario con ellos. La primera opción, atractiva políticamente y que remite a aquella visionaria definición de EEUU como un "tigre de papel", empujaría probablemente a la ya muy cercana "Operación Irán", por parte del gobierno de Bush, que demasiadas pruebas ha dado de su vocación de "huir hacia adelante". ¿A qué precio se dispararía el barril de petróleo en este caso? La segunda opción, aplicada hasta el momento, y articulada con la compra de bonos usamericanos, tiene la ventaja de mantener el nivel de ocupación de la mano de obra, en China sobre todo, muy atareada ensamblando pelotudeces electrónicas y plásticos inyectados.
Pero el capitalismo no se detiene, mis estimados, y el vertiginoso crecimiento de las fuerzas productivas en China conspira contra las condiciones que posibilitaron su propia existencia. Años de acumulación y diversificación han llevado a la emergencia de una burguesía - sí que férreamente regulada por el PC chino - que de exportar juguetitos ha comenzado a fabricar máquinas herramienta, por ejemplo, para lo cual ha debido desarrollar y capacitar un proletariado cualitativamente distinto al que arma calculadoras atado a la pata de la mesa y comiendo un plato de arroz.
Este proletariado, insidioso germen dentro del organismo burgués, impulsa una demanda interna que comienza - ¡Ay, amigos , lo que puede el egoísmo ! - por aquellos productos que posibilitan la recuperación de las energías utilizadas en la generación de plusvalor, conocidos genéricamente por el nombre de alimentos.
Recapitulando: devaluación de la moneda-patrón, escalada en el precio del oro, devaluación de los productos industriales frente a los minerales y productos agropecuarios básicos...Hummm ¿No suena conocido?
Pues, claro, venimos hablando de la cara de la moneda hace tres meses, y a nadie se le ocurrió mirar la cruz (o la ceca). A la tan comentada suba de los precios internacionales de los alimentos le corresponde la devaluación de los precios de los productos industriales, o - lo que es lo mismo - una típica crisis de sobreproducción.
Frente a estas condiciones una de las salidas tradicionales a esta condición inherente al capitalismo suele ser la destrucción de stocks. La guerra, sin ir más lejos.
Este método de intervención en la libertad de los mercados se viene practicando a escala globlal por parte de la "casa central" del capitalismo mundial, los EEUU.
Es decir, vuelta la burra al trigo, que el aumento de los precios de los alimentos en detrimento de los industriales vendría a ser algo así como una "Recomposición de los términos de intercambio". ¿Se acuerdan cuando se hablaba del "deterioro" de esos mentados términos?
Así pues, los productos que le vendemos al mundo valen cada vez más, y los que le compramos, menos. La conclusión lógica sería: ¡A plantar soja que chocan los planetas! Y eso propone la patria sojera, por supuesto, su "house organ": Clarín Rural, y toda la superestructura político-sojeril y ganadera, incluida su "izquierda sensible", la que gobierna Santa Fe. De los oligofrénicos que pululan en el trotzkysmo y maoísmo vernáculos ni vale la pena hablar, su papel al lado de la "carpa verde" viendo "sujetos revolucionarios" vestidos de Cardón es suficientemente explícito.
Este "modelo de país" tiene un inconveniente: le sobran entre 10 y 15 millones de argentinos.
Retomando el hilo, si los productos industriales que el mundo nos vende son más baratos, la lógica - Ah, esa señora - indicaría que no conviene fabricarlos aquí. Argumento que sostiene, debe reconocérsele constancia en eso, la Sociedad Rural hace más de 100 años, cuando reprocha a los gobiernos, ojo: no a todos, lo gravoso que resulta para la patria, es decir: ellos, sostener "industrias artificiales". Estas últimas vendrían a ser casi todas, o por lo menos aquellas que no utilicen materias primas de origen agropecuario y nacional.
Da lo mismo producir acero que caramelos ¿Se acuerdan?
Como habrán apreciado, mis pacientes y escasos lectores, hasta ahora no se han introducido en este modesto análisis categorías muy alambicadas. Sólo se propondrá, a modo de hipótesis, que ante la puja intra-burguesa por la apropiación de la renta diferencial de la tierra el interés de los trabajadores es generar su propia política. Claro que a este desiderátum bien puede achacársele una escasa dosis de realismo político, en función de la relación de fuerzas existente entre clase dominante y clases subordinadas. Aceptando una relativa debilidad de las clases subordinadas frente al bloque de la burguesía, agropecuaria, industrial, comercial, financiera, habrá entonces que pensar tácticas para aprovechar la coyuntura de temporario enfrentamiento entre fracciones de la burguesía.
Ante tamaña disyuntiva cabría considerar si los intereses inmediatos de los trabajadores no pasan por una reflexiva y condicionada oposición a las propuestas que impliquen bucólicos paraisos campestres, con ganancias para muy pocos y trabajo (mal) remunerado para...pocos también.
¿Cuál es, entonces, la importancia, para el colectivo de los asalariados, de la existencia o no de "derechos de exportación"?
La cacareada declamatoria del gobierno respecto a su preocupación por la "mesa de los argentinos" debe entenderse como la necesidad de mantener acotado el costo de la mano de obra para que el capital industrial pueda competir en la producción de bienes transables, cuyos precios - ya vimos - bajan constantemente.
Para los asalariados, que miden su ingreso no en unidades de "moneda dura", sino en kg y litros de alimentos, principalmente, sostener deprimidos el precio de estos es una cuestión estratégica.



*de udi, udi.cuatro.catorce@gmail.com
julio de 2008







Fumar mata*




El hecho de que una señora fume no es nada sorprendente en estos tiempos pero es que mi suegra lleva enganchada al tabaco desde antes de casarme, cuando aún era una "futura suegra" agradable y simpática. Con la boda, en lugar de agradecerme que la hubiera liberado de su hija, inició una campaña de acoso y derribo contra mi. Pasó de ser una suegra adorable a una suegra de sainete. Un horror.

Llegó un momento en que no la pude soportar más por lo que urdí un plan genial para quitarla de en medio. La idea me la dio la leyenda de un paquete de tabaco: "Fumar puede matar". ¡Eso era!. Ella fumaba, por lo que era la víctima propiciatoria y además, nadie podría acusarme.

Me dediqué a promocionar su vicio, regalándole toda suerte de artilugios que aceleraran su muerte. Pipas de todo tipo, cajas de puros, boquillas (sin filtro), ceniceros de diseño, suscripciones a "El tabaco, ese amigo"… Me gasté un dineral. ¡Si hasta tuve que dejar de fumar para seguir el plan!

Así llevamos 18 años y ella ni tose. Creo que ha llegado el momento de empezar a plantearme una forma más rápida y con menos humos.



*Joan Mateu. joan@cimat.es







LA MUERTA*



Sentada sobre los restos de una pared que jamás se concluiría la muerta miraba como el viento norte hacía caer una a una las hojas verdes del nogal. Asi como fueron cayendo las hojas de almanaques suicidas que mutaron la muchacha que era, en esto.
Su cara era pálida, cara de virgen antigua, y sus labios ahora lucían levemente combados por la prótesis mal hecha. No tenía ni un diente propio.
Ella sabía que estaba muerta y como tal no le interesaba y obraba y sentía como un muerto.
La muerta…….ahí viene la muerta – decían sus compañeras de primaria en la escuela de monjas, con la crueldad e inconciencia propia de los niños – al verla tan blanca, tan arregladita y tan quieta.
Parecía que los chicos se habían adelantado al futuro: la profecía estaba cumplida.
Tenía 56 años, pero parecía de mucha más edad, era flaca y alta y los años no le habían hecho perder la altanería al caminar pese a la leve deformación de la columna. Sus pechos se desparramaban sin forma, secos de tanto amamantar el niño que no tuvo.
Miró hacia el cielo que empezaba a mostrar sus primeras estrellas:
Una estrella, dos estrellas, tres estrellas……
El contar le había servido como método de supervivencia.
Toma un pedazo de ladrillo y automáticamente empieza a hacer cruces en un tablón.
Una cruz, dos cruces, tres cruces,……
1977, 1978, 1979……..
Entre las estrellas una nube, una cara maligna,
Una cara, dos caras, tres caras…..
Hace un gesto como para espantar el moscardón de los recuerdos, se levanta prende la luz del patio y se pone a sacar los pulgones de las rosas.
Un pulgón, dos pulgones, tres pulgones……..
Un barrote, dos barrotes, tres barrotes……..
Quita las hojas más infectadas, hace un hueco en el suelo con los dedos y las entierra.
Una hojita, dos hojitas, tres hojitas………
Un cadáver, dos cadáveres, tres cadáveres……
Se encamina al lavadero, descalza, para hacer agua jabonosa con la que intentará eliminar los pulgones. El patio esta unido al lavadero por un caminito de piedras irregulares. Están calientes por el sol.
Una piedra, dos piedras, tres piedras…..
Un hombre, dos hombres, tres hombres….
En una palangana de plástico azul jabona un trapo blanco para hacer espuma, le viene, urgente el recuerdo, un guardapolvo blanco que remojaba en ese mismo recipiente.
Cuando vuelve observa que al costado hay un caminito de hormigas
Una hormiga, dos hormigas, tres hormigas…….
Un pinchazo, dos pinchazos, tres pinchazos…..
Una nuez le pega en la cabeza. Le duele. Siente el ruido de nueces verdes que hace caer el viento y le parece escuchar ruido de aviones.
Una nuez, dos nueces, tres nueces…….
Un diente, dos dientes, tres dientes………
¡Hay que acabar con estas plagas malditas!
La voz le sale descontrolada y ronca. Resuena en la soledad del viejo patio y solo la escuchan el nogal, los rosales, y una que otra araña escondida en la grietas de la pared. Las hormigas huyen despavoridas, las patea, las pisotea, las entierra con grandes puñados de tierra que lastiman sus manos y sus uñas. Deja la palangana en el piso y cae extenuada por el esfuerzo.
Los yuyos le molestan. Se rasca la cabeza.
Un piojo, dos piojos, tres piojos….
El amanecer la encuentra dormida en posición fetal.
Se encamina a la cocina pone el agua para el mate y se va al baño. Sentada en el inodoro, observa como la canilla gotea
Una gota, dos gotas, tres gotas….
Un chorro, dos chorros, tres chorros…
La mujer se estremece es agosto y en La Plata el hielo quema.
Un paso, dos pasos, tres pasos……..
Un diciembre cálido la recibe en la cocina.
Se sienta en una vieja silla de paja y comienza a cebar el mate. Coloca la yerba.
Toma la azucarera y con una cuchara de madera coloca el azúcar.
Una cucharada, dos cucharadas, tres cucharadas…
30 días, 29 días, 28 días………
Prende Radio Universidad, escucha el pronóstico del tiempo, va a cambiar el dial cuando la noticia la deja atónita.
Su cara tiene el color de la cera.
Toma la hoja del almanaque que reza: Diciembre de 1990
La arranca, la hace un bollo y la tira al piso.
Va al baño saca un frasquito.
Una pastilla, dos pastillas, tres pastillas……

PALOMA MUERTA



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar









¡...QUE MENTIRAS GRANDES FUERON NUESTRAS VIDAS...!!*



El mundo se mueve entre grandes mentiras.
Las grandes mentiras de la historia, las mentiras morales, las sociales, las religiosas, las sentimentales y las gigantescas mentiras de la prensa servil y la de los políticos tradicionales que en las campañas pre-electorales, sin el más mínimo pudor rayando en la inmoralidad, derraman en los numerosos estrados.
Hay mentiras que aún sabiendo que lo son, queremos creer que son verdades. Y si no, ¿porque durante ciento setenta años votamos las mismas pesadas mentiras de los políticos tradicionales?.
Sabemos de las mentiras de los grandes amores de la historia, de los amores de los libros y del cine, pero seguimos creyendo en el amor eterno.
Sin embargo la historia y los hechos cotidianos, no hacen más que afirmar que el "amor eterno" es una verdad limitada por corto tiempo, nace, crece y luego se estabiliza brevemente para iniciar un acelerado proceso de muerte, como todo lo naturalmente humano, porque salvo honrosas excepciones el amor envejece y se deteriora, y por lo tanto es una verdad a medias, y una verdad a medias, técnicamente no es otra cosa que la fachada de una gigantesca mentira.
Pero no solo en el amor hay mentiras.
Geobbels decía que una gran mentira, si se repite muchas veces por personas influyentes se transforma en verdad.
Y Discépolo, en su poética bohemia dice que “no hay verdad que se resista frente a diez mangos moneda nacional.”
La verdad en definitiva es vulnerable, fácil de derrotar por cualquier mentira que genere intereses. Hay mentiras necesarias y mentiras piadosas, analgésicas y socialmente tolerables en aras de “la buena educación”.
“La buena educación” no tiene nada que ver con la sinceridad, ni con la verdad, más bien con la elegancia y la hipocresía o las relaciones sociales.
El noventa y nueve y medio por ciento de los halagos y cumplidos, no son más que eso; cumplidos falsos y mentirosos, solo con el fin de quedar bien, pero el destinatario del halago también sabe que es mentira, pero su ego tan mentiroso, también se lo hace creer.
En la libertad y la democracia hay dolorosas mentiras.
¿Acaso hay libertad sin libertad económica?.
La verdadera libertad es posible solamente cuando se respeten las bases y se fortifiquen los derechos aunque a muchos les resulte más conveniente ignorarlos o destruirlos.
Y los derechos que habilita el ejercicio de la democracia ¿son verdaderos sin educación, salud y trabajo?. En condiciones de pobreza, de enfermedad e incultura, es una monstruosa mentira la justicia y los derechos.
Es mentira que a alguien le importe la matanza de los negros en Haití, o palestinos, judíos e irakíes, en Africa o en cualquier otra parte.
Es mentira que a alguien le importe los niños que en nuestras calles revuelven las basuras para buscar comidas, o hacen un arrebato para fumar un “porro”, o las adolescentes que ejercen la prostitución.
La justicia y el bienestar son mentiras, o no existen para los que no tienen poder, dinero o "padrinos" políticos, que el paternalismo de la idiosincrasia ciudadana, ha creado para gozar de comodidades inmerecidas.
La persecución de la corrupción en áreas del estado es otras de las pesadas mentiras del gobierno.
Borges dijo una vez: "Habría que oficializar la corrupción y con sus beneficios, el país podría pagar en poco tiempo la deuda externa".
A veces me pregunto, si sería posible que los grandes traficantes y contrabandistas, tengan un gesto de simpatía y repartan un diezmo de sus estupendas ganancias entre el pueblo necesitado.
Pero la más gigantesca de las mentiras, es la mentira de la democracia.
Los griegos que fueron sus inventores, basaron el éxito del sistema en los botines de guerra y en la gran masa de esclavos.
Y caramba! ¡Que coincidencia!
En las grandes “democracias del norte”, también el éxito del sistema, está basado en el injusto intercambio comercial, en el derrame de la sangre de muchos pueblos, en los intereses de los préstamos, en el colonialismo perverso de la cultura, en la exportación de sus modas y sus vicios.
Y que si no se ajustan a las reglas de los poderosos, prontamente pueden bajar las legiones pretorianas y pondrán a su servicio a los políticos serviles, locales para “encarrilar democráticamente a los pueblos desviados”.
tras Otras Otras veces me pregunto; ¿será la democracia el sistema más eficiente para definir lo correcto?, ¿ Es válido decir que la verdad se define por una preferencia mayoritaria?. Sería lógico decir entonces, que la democracia no es un sistema que proponga determinar una verdad objetiva, sino las preferencias subjetivas de las mayorías.
Fuere como fuere, son mentiras lo que dice el presidente, son mentiras las del ministro de economía, son mentiras los postulados de la oposición, los precios bajos de los supermercados, las bondades de los productos que la televisión, mostrando bellísimos culos femeninos, te incitan a comprar.
Son mentiras las ilusiones, los buenos propósitos, las esperanzas, los deseos de “feliz año nuevo” y de “feliz cumpleaños”.
Muy pocos héroes se salvan de las mentiras históricas, es mentira el amor a los niños que los administradores políticos de la educación proclaman y son mentiras el respecto y la tolerancia por los ancianos.
Hay mentiras en las campañas de beneficios de hospitales y fundaciones sociales, hay mentiras en las rifas de autos viajes y cabañas con el cometido de recaudar fondos con fines de beneficencia.
¿Cuánto de mentira hay el amor, en la democracia, en la libertad, en la historia, en la felicidad y en la vida misma?.
Pero la criatura humana, siempre tratará de escapar de su propia trampa, cabalgando en el potro de la esperanza, para alcanzar la verdad y patear a su compañera; la mentira.



*de Gabriel Segovia. lebriga32@hotmail.com








EXCUSAS*
(casi un poema de amor)

"Explicar, con palabras de este mundo,
que partió de mí un barco, llevándome..."
Alejandra Pizarnik.


Porque intuyo que hace mucho
que en esta pesadilla insomne
se gastaron las palabras
porque apenas son jirones
los que quedan del silencio
ahogado en este río de letras espantadas
porque decir no vale nada
cuando la voz es una flor que nace
desde el vacío de unos labios muertos
por eso / no puedo
escribir sin salpicar con sangre
mis poemas.

Porque esta piel está reseca de silencios
y ajada la mirada que la arrastra
contra el viento salado de la angustia
porque resulta poco menos que imposible
depositar los huesos miserables
en algún sueño que no sea
un insondable callejón de ausencias
porque habría que inventar otros sonidos
un alfabeto cósmico que pueda
representar el fuego que abrasa mi cabeza
por eso / no puedo
hablar sin vomitar mi asco
sobre el mundo.

Porque no alcanzan los siglos que nos quedan
y el infinito no es dado a los mortales
sino a los dioses que pintan armonías
entre las sombras que nacen de los párpados
en este mar que regurgita pesadillas
en los cristales que estallan en la sangre
para iluminar el alma de los ciegos
porque prefiero acariciar el cielo palpitante
en los contornos de tu cuerpo húmedo
en la respiración salvaje de tus poros
por eso / no puedo
decirte con palabras de este mundo
que te quiero.



*Dante Schettini. dante.sch@gmail.com








De estatua a mariposa*




Fue ayer cuando estaba en la cola del banco. Larga cola para cobrar la pensión de mi madre y otra igual de larga para pagar un impuesto.
Justo atrás mio estaba una señora joven con una nena de unos dos o tres años, la nena le pide de ir al baño, -ya fuiste recien, Laurita.. -dice la madre. Al rato un olor inconfundible la delata mientras va y viene en un carretel de jugar a cerca o lejos con su madre.

-Chancha, te hiciste caca ¡¡¡¡

-Viene el perro y te come la cola...¡¡¡¡.

Para ese entonces el único interes para la larga fila de personas de diferentes historias y mundos eran madre e hija, la madre con comentarios ocurrentes, casi diria asombrosos o siniestros.

la nena una negrita de ojos grandes y saltones, se saca las ojotas y comienza a caminar con los pies desnudos en el piso reluciente del banco provincia.

La madre: -lauri, ponete las ojotas. (sin resultado)

-Viene el viento y te come los pies..¡¡¡¡¡.

Cierto que fue una pequeña brisa, pero de los pies ausentes crecieron alas para seguir jugando en el aire.

Pensé, que mejor homenaje para Julio Cortázar, que contar estas cosas mágicas de la vida misma.




*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






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miércoles, julio 09, 2008

HASTA QUE LA HISTORIA NOS ALCANCE...



*Foto de Valeria Marioni y Florencia Soler Abbate. hijasdelviento@hotmail.com




*


Siguieron amándose.

A pesar de ellos mismos.

Hasta que la historia
-tan presente-
de cada cual.

Los alcanzó
de una vez por todas
en un mismo día.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com







HASTA QUE LA HISTORIA NOS ALCANCE...







Declaración*



Te dije a los ojos que te quería.
Tenía que habértelo dicho a los oídos porque no te enteraste de nada.



*Joan Mateu. joan@cimat.es








Miércoles, 9 de Julio de 2008
TEATRO EL GRUPO CATALINAS SUR CUMPLE 25 AñOS EN ESCENA

Intimidad y secretos de los más queridos por el barrio*



Con sede en La Boca, la compañía de Adhemar Bianchi viene reivindicando desde 1983 un teatro vecinal, hecho de improvisación y lazos fraternales entre sus miembros, con un entusiasmo que entrecruza generaciones y trayectorias.


*Por Facundo García


En las escuelas de teatro nadie enseña a hacer choripanes. Y si bien éste no es el lugar para discutir esa ausencia, sí vale la pena señalar el respeto que los vecinos del Grupo Catalinas Sur de La Boca tienen por ese ritual parrillero que los reunió por primera vez y que justamente hoy, cuando cumplen veinticinco años en escena, sigue siendo el prolegómeno de las obras que presentan en el teatro que construyeron y están a punto de agrandar. Gracias a esa perspectiva amplia de lo que significa la cultura en un barrio, quienes se acercan diariamente al local de Benito Pérez Galdós 93 presencian postales de otra Argentina posible. Alrededor del galpón, los viejos hablan con los adolescentes, los pobres debaten con los conchetos y los intelectuales intercambian opiniones con los obreros. “Es que vos no sabés la fuerza que da el hacerse famoso en el barrio”, invita a pensar Adhemar Bianchi, el dramaturgo uruguayo que coordina desde la primera hora.
Quién hubiera pensado que la kermés que la comisión de padres de una escuela armó en la plaza Malvinas allá por 1983 iba a terminar en algo tan grande, con trescientas personas involucradas y reconocimiento internacional. “Lo que hemos conquistado no tiene nada que ver con esa farsa efímera que promocionan en la tele –sintetiza Bianchi–. La fama vecinal se asocia con la posibilidad de armar, alrededor de casa, una existencia más humana.” Nada menos. Si uno entra al baño de la sede, aparece una joven rubia que concentra dos ojazos azules a la altura del cinturón del visitante. A no apurarse: es un graffiti que conserva su perfección gracias a la limpieza y organización minuciosa de cada uno de los espacios. Ambitos que, por otra parte, se multiplican cada vez más, ya que después de haber terminado de pagar una hipoteca de seis mil dólares mensuales en 2001, el plan del equipo es extender las instalaciones propias para independizarse del alquiler de un tinglado que hace las veces de depósito. De todas formas el núcleo, la verdadera riqueza de Catalinas, está en una dimensión que no tiene nada que ver con las finanzas.

Una forma de crecer
En estas dos décadas y media, el elenco ha sido un tobogán por el que se desplazaron varias generaciones. Incluso hay chicos que juntan voces con abuelos, padres y hermanos. ¿Un caso típico? El de la rubia Gilda, que se acerca ondulando alegría poco antes de que se abra el telón. Oriunda de Ciudadela, la actriz y cantante es una de esas princesas del conurbano que de un solo guiño son capaces de cambiarle el día a toda la barra de la esquina. Para economizar descripciones, basta con mencionar su nombre completo: Gilda Arteta Ortelli. “Así, guarango como suena, y me la banco”, sonríe. Más tarde se transporta a la noche en que su mamá –que hacía el mismo rol que ahora cubre ella en la obra El Fulgor Argentino– le confeccionó el vestidito para su primera interpretación. A simple vista se nota que el tiempo pasó, y hoy aquel papel de nena está a cargo de una hermana menor, y quizá más adelante sea para una hija o una sobrina. Así viene la mano en este rincón boquense.
Catalinas se ha revelado como semillero de los lazos más impredecibles. “Lo que pasa es que antes, en los barrios, vos tenías dónde interactuar –aporta Bianchi–. El cine, la plaza, los ateneos anarquistas, los clubes. Hoy todo eso está en crisis.” La misma arquitectura de las urbes modernas favorece el aislamiento. “Fijate cómo son los hogares ahora. Departamentos para una o dos personas, donde casi se garantiza que no te vas a cruzar con otro. Exactamente lo opuesto a lo que proponían las casas chorizo –añade el dramaturgo–. Y te agrego algo, acá ya hemos formado varias familias, con bebés y todo.”

Usina de anécdotas
Desde aquellas reuniones fundacionales, el grupo ha ido navegando las agitadas aguas de la historia con las velas de la buena onda siempre desplegadas. Tras algunos tropezones, llegaron a ser unos noventa y hasta ciento veinte compañeros frente al público, y ese número se ha mantenido desde entonces. Con altibajos, claro. “En realidad –sostiene Stella Giaquinto, una señora de Boedo que se incorporó para actuar y ya se anima a la dirección– nosotros reproducimos en una escala micro las mismas tensiones que tiene la sociedad.” Bianchi asiente, y destaca la preeminencia de la clase media pauperizada en el proyecto: “Cuando arrancamos éramos treinta y cinco. Para viajar de un lado a otro de la ciudad teníamos veinte autos. Al presente somos más de noventa y tenemos únicamente seis coches. Sacá tus conclusiones”.
Retomando, Stella confiesa que una de las razones por las que decidió acercarse fue la soledad que se vive en la selva de asfalto. “Yo también soy uruguaya –revela–, y empecé a sentir que no me sentía contenida ni allá ni acá. Hoy te puedo decir que toda esta gente es mi familia.” No ha sido la única. “Lo mío no es nada –avisa la mujer–. Acá ha habido gente que se cruzaba el Río de la Plata. Se tomaban el barquito y se venían al ensayo.”
Todo esto es menos de la centésima parte de todo lo que guarda la esquina que a las ocho y pico vigilan los bomberos voluntarios, encargados de cuidar los coches del público. Esa variedad no impide, sin embargo, que haya seres cuya huella se recuerda permanentemente. La de Luba, por ejemplo. Era una viejita rusa que atendía un bazar y que se integró a los ochenta años, para largar recién a los noventa y nueve, y no por voluntad propia, sino porque se la llevó la parca. “Luba tenía su propio bloque en el show –boceta Stella–, y siempre era muy puntual. Una vuelta faltaban cinco minutos para empezar y no había llegado. La llamamos por teléfono y nada. Nos empezamos a poner nerviosos y la fuimos a buscar.” El camino fue corto, porque la veterana vivía en una de las torres. Tocaron el timbre. Ni un murmullo. Había que prepararse para lo peor. Entonces los rescatistas abrieron la puerta por su cuenta y encontraron a Luba en la cama. “Ay, tocala vos a ver si está viva”, pidió Stella a otra vecina. Justo en ese momento la anciana abrió los ojos y se asustó al ver tanta gente dentro de su pieza. Se había quedado dormida. “A los diez minutos estaba recitando sus líneas”, rematan los vecinos, a las carcajadas.
No hay pachorra ni bajón en este costado del Riachuelo. La agenda siempre abunda en visitas a otras iniciativas comunitarias, o en actuaciones gratuitas en plazas y comedores. Cada tanto un notición rompe la rutina. En 2001, por citar un hito entre tantos, los rumores de lo que se estaba haciendo acá cruzaron el Atlántico y llegaron hasta las orejas de los directores del Festival de Teatro El Grec de Barcelona. El problema era que, si invitaban a España, había que pagar el pasaje a una gran cantidad de personas que encima no eran profesionales. Finalmente, los europeos se pusieron con cien pasajes en avión, y no hubo allí acomodos ni casualidades, sino la cosecha lógica de haber peleado.
“Esto es algo nuevo, todavía no definido –interpretan–. No somos teatro off, ni partidario ni nos parecemos a otras iniciativas independientes ¿Qué sala tiene hoy dos estrenos por año, un repertorio que llena todas las semanas, festivales cada dos por tres y capacidad operativa para hacer la escenografía que quiera?” La pregunta trae voces desde adentro. “A ensayaaar”, se escucha. Los chicos que no actúan van a la guardería donde los cuidarán mientras dure el espectáculo. Los espectadores ya merodean con sanwiches y vino, cerveza o gaseosas. Faltan diez minutos para demostrar por enésima vez que aunque la vida no dé a todos el cuerpo ideal o una voz gardeliana, vale la pena hacer el intento de expresarse y tentar a la magia.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-10574-2008-07-09.html



Consejos para independientes


Se estima que hay más de veinticinco grupos de teatro comunitario funcionando en distintos puntos del territorio nacional. Como uno de los más antiguos, Catalinas Sur tiene la posibilidad de compartir algunas lecciones aprendidas hasta aquí: es importante fortalecer las raíces en un territorio. Eso significa que el elenco debe articularse con la comunidad donde se desarrolla, en vez de optar por el proverbial aislamiento que eligen tantos artistas. No es indispensable ubicarse dentro de los centros de alta cultura. Partiendo de los conceptos de Memoria e Identidad ya se puede empezar a armar una obra.
Un eje clave es mantener las puertas abiertas a la participación. El derecho a las actividades culturales no debe ser entendido como un acceso de meros espectadores, sino como una senda para producir actividades propias. Es acertado conseguir el compromiso de alguien que conozca la técnica teatral. Igual, los que más saben tienen la responsabilidad de empezar a transmitir conocimientos inmediatamente, para evitar depender de una sola persona. Las autoridades deben ser elegidas democráticamente. En Catalinas han utilizado como herramienta legal la asociación mutual que crearon cuando eran una cooperadora escolar. El financiamiento puede venir de vender comida, de una cuota social pequeña que aporten los promotores de la movida o de mil cosas más.


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/10574-3326-2008-07-09.html



Un polo de incansable actividad


En el Galpón de Catalinas Sur (Benito Pérez Galdós 93, La Boca) se hace casi de todo. Un buen principio es concurrir a alguna de sus puestas teatrales. Los viernes está Venimos de muy lejos, el resultado de un trabajo recopilatorio que se hizo entre varias familias del barrio para contar las peripecias por las que pasaron los abuelos inmigrantes al llegar al país. Los sábados, en cambio, está El Fulgor Argentino, una recorrida histórica que toma las idas y vueltas de un Club Social en clave sainetesca, y sobrevuela la historia entre 1930 y 2030. Los domingos a las 16.30 hay títeres: La niña de la noche es una versión de un cuento de Ray Bradbury en el que un muchachito aprende que la oscuridad, más que una situación a temer, es una celebración de los sentidos.
Por otra parte, se pueden cursar talleres. Hay teatro para adolescentes, para adultos, circo y teatro dedicado a los niños, circo para jóvenes y adultos, baile de candombe y títeres. Paralelamente, acaba de formarse una orquesta de música popular y en la próxima temporada el área circense se reforzará con un proyecto social que buscará poner los malabares al servicio de la inclusión. Desde agosto, habrá actividades todos los domingos en la Plaza Malvinas. Se estrenarán dos nuevas obras, y por más que en octubre y noviembre se cierren las puertas de la sala –para agregarle un primer piso–, está planeado que por esa fecha se desarrolle un Primer Encuentro de Teatro Comunitario.



http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/10574-3327-2008-07-09.html

*Fuente: Página/12.






LA OCTAVA MARAVILLA*




*De Vlady Kociancich.



48


El ómnibus se detuvo en el puesto fronterizo de Berlín Oriental y pasajeros y equipajes fuimos minuciosamente registrados durante una hora.
El campo siempre tiene algo de opresivo y a esta llanura gris la agobiaba doblemente su destino de surco abierto para separar, sin siembra ni cosecha. Cuando el gendarme me pidió los papeles y comenzó a interrogarme en alemán, su prepotencia no me conmovió. Tampoco la furia que le iba ganando la cara y que yo observaba con la misma curiosidad que me despertaban las siniestras torres de vigilancia, cargadas de soldados, de armas y reflectores.
Un pasajero, un alemán de edad mediana, me defendió ante el guardia. La contenida indignación lo estremecía. Hablaron los dos, el gendarme de pie en el pasillo del ómnibus, el otro sentado, alzando la cabeza hacia él y señalándome. Por fin, de mala gana, el gendarme me devolvió los papeles. El pasajero, en inglés, se disculpó por la actitud del guardia.
-No sé por qué lo hacen. No sé. No hay necesidad.
Sacudía la cabeza con excesivo azoramiento, porque el silencio de la gente en el ómnibus cuando lo registraban, era una sola cuerda tensa y las caras tenían la dureza inexpresiva que otorga el hábito de la amenaza. Le agradecí su intervención. No por mí, sino por él, que pertenecía a alguno de esos dos bandos (no averigüé a cual), y que todavía temblaba de temor, de humillación o de vergüenza. El hombre asintió una vez, brevemente, y se puso a mirar por la ventanilla.
Yo estaba afuera. afuera y cansado y triste, en la madeja de mi propia confusión. Todo lo que deseaba era salir de Berlín, llegar a cualquier otra parte. También yo volví la cabeza hacia la ventanilla.
En el aeropuerto, un empleado de Intourist que sólo hablaba ruso y alemán, se hizo cargo de mí y de mi equipaje y fue realmente como si, convertido por la ignorancia de la lengua y del lugar en un chico muy chico, me dejara cargar en brazos, transportar al avión que partía hacia Moscú. Dormí durante todo el viaje.
Mi estadía en la URSS abarcó unos veinte días. Permanecí en Rumania otros quince. Luego una semana en Belgrado y otra en Praga. Una conversación telefónica con el editor de la revista me envió a un congreso en París. Asistí al congreso, tomé notas, vendí publicidad. Un funcionario del turismo italiano me aconsejó trasladarme a otra importante reunión en Roma. Jamás había hecho un viaje tan extenso.
¿Deseaba volver a Buenos Aires? No lo sé. De todos modos, no hubiera podido hacerlo. Una especie de demonio caprichoso se ocupaba de que todo saliera bien. Mis envíos de material periodístico llegaban puntualmente; los avisadores pagaban, encargaban más páginas, reemplazaban un cuarto o un medio por un lleno a color, solicitaban notas promocionales. El éxito me obligaba a permanecer más tiempo en una ciudad y a visitar otras que no figuraban en el itinerario. El editor de ALAT aplaudía desde Buenos Aires, me conminaba a seguir, a aprovechar esa rara racha de suerte. Yo subía y bajaba de aviones, me registraba en hoteles, firmaba recibos, cobraba en bancos, asistía a un cocktail, me sentaba a sucesivas mesas de sucesivos restaurantes, dormía, me afeitaba, leía el International Herald Tribune.
Una mañana, en un café de Roma, frente al Panteón, tuve conciencia de que además de ese largo viaje estaba haciendo otro.
Bebía mi café distraídamente, no muy despierto aún, cuando un rayo de sol entró por la ventana y me deslumbró. Volví la cabeza hacia el Panteón.
Las redondas columnas era azules todavía, pero la leyenda en el arquitrabe comenzaba a absorber el amarillo de la luz, que ya doraba el nombre de Marco Vipsanio Agripa. Miré cómo resbalaba el sol por las columnas, en camino a la plazoleta y a la fuente allá abajo. Una mano hábil y silenciosa borraba sombra a sombra, azul a azul, volvía de oro a un pez de mármol verde y ponía chispas en el agua que brotaba de su gran boca abierta, antes negra e inerte en la oscuridad.
"La primavera", me dije, inmediatamente feliz. Esté donde esté, la primavera siempre me conmueve. Pero esta mañana traía otro mensaje además del primitivo alivio de un sol que regresa. Me decía que empezaba a alejarme de Berlín, me prometía olvido. Pagué y salí a la calle.
Toda Roma se ponía en puntas de pie para atrapar a ese gran pájaro de colores que planeaba sobre la ciudad. Cada rincón, cada muro, cada fuente, lo asían fugazmente para perderlo y recuperarlo en un alegre juego amoroso. No concurrí a mis citas. Caminé y caminé. Devoré los amarillos y los ocres y los verdes secos e infinitos de Roma, hambriento de sol, de tibieza, de libertad. Y al concluir el día, por primera vez me sentí a salvo, por primera vez me atreví a explicarme la aventura, la pesadilla de Berlín:



Un hombre enfermo, un hombre exhausto y triste, tuvo un sueño.
Llegaba a una ciudad desconocida y esa ciudad le era hostil. Encontraba a su padre muerto y lo negaba por cobardía. En la ciudad soñaba el barrio de su infancia y en él una casa que pobló con sus temores, sus obsesiones, sus deseos. Un falso amigo le abría una puerta. La puerta era el cine y podía negarse a trasponerla. Soño entonces que la elección confería dignidad y sentido de ser a una indigna, insensata existencia. Que era consciente del peligro y por ello capaz de coraje. Pero se sentía tan solo que tuvo que inventar la compañía de personajes secundarios y apuntalar la escena con trastos de utilería de una vieja obra: un patio, un reloj de hierro detenido en las diez; su mujer, que nunca lo quiso, en la figura de una joven de pelo negro y ojos verdes, sentada con un libro sobre la falda; el olor de eucaliptos en una calle, una pérgola vacía, un mosaico roto; una muchacha rubia, que lo amaba y que perdió antes de amarla; un poeta dibujado en la pantalla de una moviola, una historia que le hubiera gustado escribir. Soñó todo esto el hombre y luego despertó, acompañado por un testigo a quien, con la elocuencia de los soñadores, lograría trastornar.
Protegido por la luz terrena de Roma, caminando hacia el sol que regresaba, pude evocar ahora, sin aprensión alguna, la inquietud de Safet. Safet, que había recaído en las supersticiones del otro lado del mundo, a quien compadecí en el recuerdo de nuestra despedida, Safet estrechándome la mano largamente, pidiéndome que lo aceptada con serenidad. Una vez más de esas sombras azules que huían de Roma ante la invasión del sol.
Volví a Buenos Aires. No me importó que me recibiera el otoño porque estaba en casa, ni que llegara el invierno porque de todos modos, desde la mañana en Roma, sabía que hora a hora, minuto a minuto, me alejaba de la pesadilla y de Berlín.
Decidido a olvidar, olvidé. Trabajaba rutinariamente en la editorial, vivía rutinariamente en mi casa. El encierro y la soledad me protegían como el abrazo de una madre. Cuando las pesadillas me asolaban, salía al balcón y miraba el jardín, la firme palmera, las plantas. O bajaba al barrio y apuntalaba mi serenidad con una charla en el almacén, con una broma al chico de la playa de estacionamiento. Por miedo de perjudicar esa convalecencia, me prometí no salir de Buenos Aires. Con diversas excusas fui postergando viaje tras viaje hasta que designaron a otro periodista para la tarea. Nadie comprendió cuánto me aliviaba la pérdida de un puesto tan envidiado.
Estaba solo en una ciudad inmensa y sin embargo, no me sentía solo. Buenos Aires me acompañaba. Yo era parte de esas calles, de esa gente que hablaba como yo, de esas costumbres, esos vicios, esos caprichos que compartíamos. Parte de Victoria, que la habitaba secretamente, parte de los amigos que había tenido y volvería a tener cuando cicatrizaran las heridas.
Tan unidos estábamos Buenos aires y yo, que no advertí que juntos hicimos el viaje hacia el 23 de febrero, que juntos agotamos mi pobre plazo de trescientos sesenta y cinco días.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-







Nueces y lágrimas*



Tengo chuchos de empezar el día en esta quietud gris. El cielo ceniza cerrado. Los países de nubes frías marchando lento al oeste, corriendo al sol a la pequeña utopía del después.
El aire es una esponja de angustia, y más allá del vaivén de los brazos de la parra, algunas gotas se resisten a perder su luz y su forma en una irreversible caída.
Quizá sea sólo mi imagen estirando la mano en el aire, buscando aquellos frutos del nogal donde las grietas anuncian la inminente caída de la nuez. Esta será una pequeña cosecha.
O, es mi incompetencia para atravesar las murallas de la memoria, como en esta mañana cuando las gotas son lágrimas jamás llovidas.
Pero estoy acá, abajo del viejo nogal, resistente a muchas calamidades, la raíz cortada por el caño de Aguas Argentinas, la poda equivocada que hice el año pasado, y la siguiente sangría de savia que no pude parar en varios meses.
Pero allí esta, obstinado como la mano que lo plantó, haciendo rodar por el aire las nueces antes de Semana Santa.
Seguro tiene más de 30 años, aunque es una época nebulosa y no puedo afirmar nada con justeza, aun en un día como hoy donde he mirado de ausencia las cosas, impregnadas de soledad, quietas para siempre, sin sentido.

Mientras escribo surge una imagen del pasado, allí mi padre tiene más de cincuenta años, son las dos de la tarde, lo veo sentado de espaldas con su campera de cuero negra, ha llegado hace un rato de la fábrica a la que entra a trabajar a las cuatro de la mañana. Puedo ver que mira algo sostenido en su mano derecha a la altura del pecho. En la mano izquierda tiene un vaso de vino blanco a medio llenar. Esta frente al armario, donde se guardan las copas y vajillas de casamiento de dos generaciones. Donde Hoy mi madre ha encendido una vela y me encarga que me fije si se apaga.
Pero él esta allí de espaldas y yo lo veo en silencio, quizás con el mismo silencio nos prodigamos durante muchos años, yo lo veo sin querer interrumpirlo, la mirada no sale de ver hacia la palma de su mano derecha, la mano izquierda inmóvil en el aire con el vaso de vino.
Así, estuvimos un rato, suspendidos en el tiempo, viéndolo mirar algo en silencio, hasta que él intuyo mi presencia y me brindo su rostro. Sus ojos estaban hundidos en lágrimas, en la mano derecha llevaba una billetera de cuero negro donde se veía en una foto tipo carnet la imagen de su madre, igual antes del tiempo al rostro de su vejez, 20 años después.
Lo veo hablándome en su media lengua, casi italiano, y no recuerdo sus palabras, pero ese día le había llegado la noticia de la muerte de su madre, no teníamos teléfono y solo recibíamos cartas escritas por su sobrina menor a la que no había visto nacer. Sé que no pude expresarle emoción alguna, ni abrazarlo, así de cerrados estaban los sentimientos.
Imagino, que habré sentido el mismo chucho frío que siento ahora, en ese verlo solo, llevando su dolor en silencio, cerrado, solo chorreando lágrimas.
Lo veo en esa soledad que siempre llevaba con él y que ahora yo comparto de palabras sobre un cuaderno, y en letras sin voz del teclado.
Sólo dos veces en la vida vi. llorar a mi padre, la segunda fue en último cumpleaños, a los 78. Ya había llorado en el hogar de día, no estaba acostumbrado a emocionarse, se conmovió "con tantos viejitos que me besaron". Ese atardecer era un día oscuro y frió. Fuimos a visitarlo con mis hijos y mi ex mujer. Él siguió llorando mientras los nietos soplaban la velita por segunda vez.
Nunca podré remediar no haber podido transmitirle alegría ese día, un 4 de abril de tres años atrás, lo veía mal y me sentía incapaz de mejorar las cosas.

Nunca le dije que lo quería, y pensé que no podría expresarme.
Fue así, hasta que desgarre el silencio sagrado de esa terapia.
Pero él, ya no podía oírme.


-2004-


*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






*



No por mucho madrugar
se amanece.


*


A resultados grandes...
por vías intestinales.


*


De rodillas y contrito
arribaré más bajito.


*


Por las calendas
griegas y romanas nos darán bola.


*


Suelen las fieras domesticadas
ser melómanas.


*


Que es nada
lo que sé
sólo sé.


*


Corromper
y dejarse.


*


Pindongas clericales
atiborran arrabales.


*


A la madre de todos los vicios
la sirve regularmente el padre
de todos los fornicios.


*


El hombre más fuerte
es el que está.


*


Los viejos del futuro
ahora últimos
(con mucha suerte)
serán los primeros.


*


Dícese del buey
lamiéndose solo:
¡qué bien lo hace!


*


Más vale pájaro en mano
que sin destino.




*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar








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