viernes, diciembre 04, 2009

DE ZOOILÓGICOS...


-ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL.


SUSANA Y EL UNICORNIO*


A Eduardo Coiro y su hija Paula



Ese amanecer, cuando fue con su padre a la cuadra, se sorprendió al ver un unicornio pastando entre los caballos.

Le gustaba ir bien temprano para escoger el animal de su gusto; le complacía ver como los ensillaban y ayudaba a cepillar sus crines. Pero esa mañana se había quedado sin palabras, contemplando el brillo de nube de aquel ser de leyenda, mezclado entre los caballos que se alquilaban para hacer prácticas de equitación.

- A esta niña parece que los ratones le comieron anoche la lengua – le dijo el granjero - ¿A quién te ensillo hoy?
- Por favor, quiero que me ensille al unicornio.
- ¿Qué? – dijeron su padre y el granjero al unísono.
- Aquel blanco, brillante...

Iba a decir “del cuerno en la frente”; pero se percató de que nadie más lo veía.

- ¿El nuevo? – sonrió el granjero - No le habíamos puesto nombre; el dueño lo vendió porque no sirve como animal de tiro... las patas muy finas. Le pondremos Unicornio, si te parece bien, aunque no sé si se deje montar por una niña, es un poco rebelde.

Susana corrió junto al unicornio.

“Lo has visto, ¿verdad?”, le dijo él con voz que ella comprendió que nadie más escuchaba.

- Pero... ¿por qué yo?

“El hombre solamente puede ver aquello en lo que cree, por eso ha dejado de ver ángeles, demonios, hadas y unicornios. Al ser ignorados nos vamos adocenando, terminamos trabajando para él, hasta que un día nos llega el olvido. Cada vez somos menos, apenas quedan dos hadas, excelentes niñeras; un demonio se alquila en fiestas como tragafuegos, conozco un ángel trapecista... Soy el último de mi especie. Si alguien nos ve, nuestra tristeza aumenta, una niña que aún cree en la magia no puede torcer el rumbo de lo ya escrito”.

Susana no tenía palabras, se acercó y le acarició las crines. Él posó mansamente la cabeza en su hombro.

- ¿Quién lo diría? – dijo el granjero acercándose – ¿Probamos a ensillarlo?
- No sé... – dudó ella, mirando al unicornio.

“Acéptalo. Mejor que sea contigo”.

Hasta que el sol le anunció que era hora de regresar, cabalgó en el unicornio, sintiendo su paso que apenas rozaba la hierba, disfrutando su voz como música, descansando para verle beber del arroyuelo, sin saber como agradecer aquel regalo que le llegaba en los umbrales de su adolescencia, momento en que sería obligada a incorporarse al mundo de los mayores, mundo que su madre no supo aceptar y que ella tendría que asumir, aunque para ello tuviera que admitir que donde veía unicornios había caballos, que donde hadas, señoras paseando cochecitos de bebés, que donde ángeles vendedores de globos... “Dales lo que te pidan, amor mío”, le parecía escuchar la frase de despedida de su madre antes de emprender el vuelo.

“No querrás terminar como ella”, le decía alevosamente la vecina cuando la veía hablarle a las muñecas. Pero sabía que su madre no era aquella mujer sin expresión que languidecía en un asilo de dementes, aquello era sólo la cáscara que había quedado cuando voló su alma. Su madre, compañera de las hijas del aire, disfrutaba al verla cabalgar en un unicornio.

Su felicidad se mezclaba con lo irremediable: Al terminar sus vacaciones tendría que volver a su rutina y el unicornio sería un simple caballo de alquiler. Éste era un lujo que apenas podía permitirse dos meses al año, y esos dos meses tocaban a su fin.

- Te quiero - le dijo mientras marchaban en trote suave.

“Si de veras me amas, hay una cosa que puedes hacer por mí: trae mañana una lima resistente, de las que cortan las más gruesas cadenas”.

No dijo más, se encerró en un triste mutismo mientras era desensillado, llevado a la cuadra y encerrado en su cuartón. Allí quedó resplandeciente, inconfundible entre los caballos. Susana había comprendido.

- Vendré temprano – le susurró antes de marcharse.

Una vez en casa, comió apresurada y dijo que tenía sueño; el padre lo entendió, había estado todo el día cabalgando. Era un alivio la afición de su hija por los caballos, así podía adelantar los trabajos de mantenimiento del parque, sabiendo que ella estaba en buena compañía... La de él, a pesar de todo su amor, no era la mejor desde el día en que tomaron la decisión irrevocable.

La niña sintió los pasos alejarse de su cuarto y saltó de la cama, para ir de puntillas hacia la caja de herramientas. Tomó lo que había ido a buscar y regresó a dormir.

Era noche aún cuando abrió los ojos, sabía que los peones y el granjero llegaban al romper el alba, así que debía apresurarse. Con una linterna en la mano emprendió el camino, tan conocido que podía haberlo hecho a oscuras. Saltó la cerca con facilidad y se encaminó a la puerta por donde asomaba aquella cabeza tan distinta de las otras. No temía a las reprimendas, estaba saldando una antigua deuda del hombre con sus creaciones... Sin decir palabra, comenzó a limar la pesada cadena.

“Susana, ¿recuerdas que nuestra mayor tristeza es ser reconocidos?”

Ella asintió sin dejar de limar.

“Detente y mírame: serás el último ser humano en ver un unicornio”.

Ella obedeció, con lágrimas en los ojos, comprendiendo que la lima no estaba destinada a cadena alguna. Pensando en lo que sucedería si un poeta, un músico, un pintor, o quizás otro niño que había crecido entre cuentos de hadas, llegara un día a esta cuadra, o a cualquier otra - siempre sería atrapado - y distinguiera aquel unicornio ensillado, cabizbajo, trotando en círculos alrededor de la pista... “No se trata de ver unicornios donde caballos”, sentía la voz de su madre, “sino de ver en cada corcel el sortilegio del unicornio”.

- Entonces... – dijo, conservando aún una gota de esperanza.


“¿Te importaría cortarme el cuerno?”



*de Marié Rojas.





DE ZOOILÓGICOS...







LAS OTRAS PUERTAS*



En el umbral de la puerta
abierta por la noche,
el gato llueve.
Lo único que yo hice
fue cerrarla.
Ahora,
el gato maúlla.





LUBRICACIÓN PESADA*



Para los que convirtieron
a la espera
en una profesión
y una costumbre
acechar a lo oportuno,
a los que no se conforman
con lo que cabe
en una mano,
a los que impidieron
a los sueños
-glotones empedernidos-
a encontrar una salida,
para ellos:
lubricación pesada,
aceite de elefante.





JARABE DE ARAÑAS*



Paciencias
huecos de la realidad
para atrapar
la imagen de la eternidad,
mientras llueve
en la orilla del mundo.
Perseverancias
del acechador
de la existencia,
los inevitables límites:
el viento,
las ramitas que mueven
la tela de las esperas,
paciencia infinita,
jarabe de arañas.





POLVO DE MARIPOSAS*



Para la angustia
de las puertas abiertas
de par en par
en las casas abandonadas,
del derrumbe incesante
en las habitaciones vacías,
para los que están afuera
y todas las puertas
dan al misterio,
para aquella mesa
y esas sillas desiertas
para siempre:
golpes de vuelo,
polvo de mariposas.





LÁGRIMAS DE COCODRILO*



Para quienes
la conquista de algún ingenio
fue a expensas
de la ingenuidad
-las ilusiones
del zonzo cuidadoso-,
nada como el cinismo
de la industria
del talento:
el furtivo engaño
de las lágrimas
de cocodrilo.





CANTOS DE GALLO*




El gallo
cantó no tres
sino seis veces,
yo me quedé quieto
esperé un poco
y seguí durmiendo,
el gallo
hizo lo mismo.
Cuando desperté
la canilla permanecía
con su gotera
el pasto asomándose
por la ventana
y el gallo
picoteaba invisibles larvas
en el piso polvoriento.





ALAS DE ABEJA*



Desciende la penumbra
con sus párpados cerrados
y su inclinación
de alas quietas.
Desde una puerta misteriosa
que se abre a un paisaje
de nubes que pasan
desciende una abeja
que deposita un polen
invisible sobre los ojos
que despiertan.





CANTOS DE MURCIÉLAGO*



Poseo sombras y tinieblas
que como cataratas destilan
en el espacio
una lluvia de terciopelo
y de una oscuridad blanda
construyo mis túneles
de luces distintas
que mis ojos no ven,
transcurro cerca
de la risa de ciertos ángeles
mientras la noche
me recibe con un temblor
desnudo
cuelgo como nave de polvo
tras el espanto
que se arrastra
desde el otoño antiguo
de mis alas.





MOTIVOS DEL ZORZAL*



Me distraigo en mi canto
zurciendo mañanas imperfectas
picoteando el rostro
de la aurora
en bosques y pantanos
sin saber del propósito
de mi canción al aire
de la encendida alabanza
a la transparencia de la brisa
o al río inmemorial.
Los recuerdos y los amantes
se multiplican en el placer
de un cielo abierto.
Casi nada. La insistencia
de un canto, que, aunque breve
completa el sentido
de los días a la deriva.





EL DESVÁN DEL ORNITORRINCO*




Resabios del esplendor
de la tierra
de unicornios, dragones
y sirenas,
en su desván el ornitorrinco
con retazos diversos
entrama su compostura
y se burla de la evolución.
Se mueve feliz
y desde su ventana exigua
contempla el mundo,
pero, como en la industria
humana añora algo:
volar, poca cosa,
modestia de ornitorrinco
considerando nuestro anhelo
de eternidad
que las raciones del tiempo
disipan.






LA COMPLACENCIA DEL CAÍ*



Muy pocos aún
deambulan con organilleros
eligiendo en un azar
aparente los doblados
papelitos coloreados
de los destinos ilusorios.
No dudan, ágiles
en las orillas suburbanas.
Los que permanecen
en las horas del bosque,
vagan alegres
comiendo frutos y caracoles.
Como buenos sabios
aman los ríos
y en sus orillas
se complacen en descifrar
los diminutos guijarros
del destino.





ANIMALES DEL JARDÍN*



De poseer
un jardín privado,
albergue del ocio
y las memorias vulnerables,
lo habitaría con el bandicut,
el escuerquers, el nombats,
el tenrec que bosteza
inagotablemente
y el pequeño noolbenger
que se alimenta sólo
de polen, néctar
e insectos diminutos.
Huéspedes dilectos
para la intimidad
del murmullo de la hojarasca.






HOMO*



Mamífero que prefiere los trópicos
donde se encuentra con agrado.
Si de conductas se trata
no es muy distinto a los primates,
se halla a gusto con la poligamia
y la naturaleza para complacerlo
hace que las hembras sean más numerosas,
las crías nacen inmaduras y dependen
mucho tiempo de sus padres,
tendencia que se incrementó
con los siglos y la tecnología.
Son más cooperadores afuera
que dentro de su propia casa.
En general de naturaleza agresiva
se disipan en ambiciones y quimeras.
Construyen traiciones, olvidos,
castillos en el aire
y regresos imposibles.
Esencialmente son terrestres.






PAN DE COLIBRÍ*




Mi alimento singular
ha sido el pan
del néctar de tus sueños
en las tardes complacientes
de tus labios de fábulas
y breves abismos.
En las despedidas abiertas
he libado en el suspenso
de un tiempo diminuto
la dulzura susurrante
de un abanico de guirnaldas.
Pan de colibrí
que brota de la garganta
de la primavera
y en un aleteo inverosímil
se esparce
y me mantiene suspendido
como una canción inolvidable.



*Poemas de Santiago Bao. santinebao@gesell.com.ar

- De MEMORIAS DEL ZOO (Selección)
Ediciones Suárez, Mar del Plata, noviembre de 2005





Carnívoros*



“No sólo de pan vive el hombre……también come carne”, ironizaba Julián Bustos mientras el último ternero culminaba de trepar al último vagón jaula de “FÉNIX”. El cargamento debía llegar esa misma noche a Mercedes, ya que desde allí partirían con rumbo urgente, aunque desconocido para Bustos. Más allá de donde finalizara su misión, el destino del ganado en pie sólo era determinado por los responsables del frigorífico “Santa Anita”, quienes aguardaban con ansia aquel lote de vacunos desde hacía ya tres infinitos días.
Los terneros se agitaban inquietos a bordo de los tres vagones jaula, pero con el correr del tiempo Bustos ya se había acostumbrado a ese detalle. Con lo que no se podía familiarizar era con expresiones taciturnas y distantes como las que esa tarde presentaba el maquinista titular de “FÉNIX”, un Leandro Benítez apagado y acaso rencoroso. Bustos había oído como al pasar que Benítez la “venía piloteando” bastante mal desde hacía un par de meses, cuando comenzaron a investigarlo por un crimen que parecía no haber cometido, vinculado con su trabajo……pero que nunca se aclaró del todo. Sus compañeros habían ido apartándose de su lado, y Bustos sentía hasta cierta piedad por el pobre tipo. Sin embargo, ello no impedía que su talante sombrío le inspirara cierto temor, que crecía a medida que compartían las horas transcurridas durante los transportes.
Eran pasadas las siete cuando la formación reanudó la marcha hacia Mercedes, luego de una breve parada en Estación Pergamino. La tarde tenía un neto corte primaveral. Y Bustos disfrutaba en silencio del paisaje, mientras cebaba unos regios mates, que Benítez aceptaba sin despegar los ojos de la vía, ni acotar palabra alguna.
Lo hechos que se sucedieron a partir de la mitad del trayecto le evocaron a Leandro Benítez la siniestra repetición de una escena traumática, que lo obligó a renunciar a su puesto sin titubeos, y a Julián Bustos lo embargaron de un miedo y una indignación que –a pesar de haberlo intentado infructuosamente- no se le borraron durante lo que le quedó de vida.
Lo primero que vieron, al doblar una curva, fue un par de vetustas y oxidadas camionetas Dodge que apenas si podían moverse, cruzadas sobre los rieles. Benítez movió la palanca con destreza, deteniendo a tiempo a “FÉNIX”, haciendo chirriar los frenos con un estallido de chispas. La locomotora se quejó en un último estertor al detenerse, rozando apenas con su enorme parachoques uno de los abollados flancos de las camionetas.
-¿Pero quién mierda……? -, estalló Benítez, despertando de su letargo.
No consiguió terminar la frase. Una impensada horda de indigentes, entre quienes se hallaban varias decenas de infiltrados, evidentes punteros políticos que comandaban su errático y famélico accionar, surgió de la densa arboleda que se erigía sobre una de las cunetas y saltó hacia la formación armada de filosos cuchillos, trepando hacia los vagones jaula en medio de un colosal griterío de guerra, algunos con increíble agilidad, otros con notorias dificultades en la locomoción, producto de una vida plena de privaciones y falta de atención médica. Rostros desencajados, pieles escamadas, bocas desdentadas, miradas alucinadas… Todos ellos parecían vampiros, aunque sin la menor cuota de palidez, ávidos de sangre……y de carne, a fin de llevarse codiciosos hacia la olla o la parrilla. El ganado olfateó el peligro en el ambiente y comenzó a mugir desesperado, pataleando contra los flancos de los vagones y haciendo vibrar la formación, que al ser abordada por la horda amenazó con volcarse y descarrilar, arrastrando a “FÉNIX” consigo.
Bustos se asomó a la ventanilla de la locomotora sin conseguir articular palabra, estupefacto, dejando caer el mate recién cebado al piso de la cabina de “FÉNIX”, intimidado ante tamaña aparición espectral. Sabía que su misión era proteger el cargamento vacuno de cualquier contratiempo, pero jamás lo habían preparado para repeler un ataque como aquél, y menos aún había podido imaginar por su cuenta algo por el estilo. Así como nunca se había sentido tan impotente frente a una situación de peligro como en aquél momento. Benítez, por su cuenta, reaccionó de manera inversa; con el pavoroso recuerdo del frustrado asalto de la caja fuerte británica del siglo pasado delante de sus ojos, se desbordó de furia, no tanto frente a la injusticia de aquel acto –su responsabilidad lo limitaba exclusivamente a conducir la formación hasta destino-, como ante su propia frustración, y el funesto panorama que inconscientemente avecinaba para sí mismo.
-¡Loco!!! ¿Qué mierda se creen que están haciendo!!! -, chilló desde uno de los balcones laterales de “FÉNIX”, dando un par de pasos hacia la multitud, que ni siquiera lo oyó.
-Quedate piola, chabón, que la cosa no es con vos -, le indicó a escasos cinco metros sobre la cuneta un tipo grueso, con una visera de la Municipalidad de Mercedes calzada hasta las cejas, mientras sopesaba un enorme palo entre sus manos, a manera de garrote.
-¡Pero me están cagando el laburo!!! -, protestó Benítez, deseoso de sacarse de encima con sólo chasquear sus dedos a toda aquella gentuza.
El tipo no le contestó, ni dejó de izar y dejar caer el garrote sobre su palma izquierda, mientras contemplaba parsimonioso el vibrante y efusivo accionar de la gente que habían trasladado hacia allí desde territorios no tan vecinos. La emboscada había sido todo un éxito. Quizá, todo respondiese a un brutal política asistencialista suscripta por el municipio –o por la provincia toda, quién sabe…-; sólo que esta vez no les regalaban empaquetada la carne para el guiso o el asado, sino que se la tenían que procurar de inmediato por sus propios medios…
Los chillidos de los animales, así como de los hombres y las mujeres que asestaban cuchilladas a diestra y siniestra, parecían similares. La ferocidad de aquel ataque parecía denotar algo más que hambre; se asemejaba más a una venganza muda, cuyo destinatario principal ni siquiera era una persona o una corporación. El tren no hacía más que vibrar; varios terneros agonizantes trastabillaban y caían sobre el suelo irregular, cruzado por las vigas de acero de todo vagón jaula, generando temblores y estruendos que le ponían al maquinista y al encargado del frigorífico los nervios de punta. Luego de unos minutos, comprobaron que varias mujeres ensangrentadas se alejaban de la escena munidas por toscos trozos de carne faenada, aún con el peludo cuero pegado sobre sus costados. La sangre vacuna se derramaba indolente sobre los enrejados flancos de los vagones jaula, cayendo sobre los cantos rodados de la vía con un sello ciertamente horroroso.
Entonces, cuando la masacre parecía haber alcanzado su punto de mayor fragor, con el primaveral aire de la tarde impregnado por el fétido olor de la muerte -coronado por el de la sangre, el miedo y la bosta-, una abominación mayor tuvo lugar ante los incrédulos ojos de Julián Bustos y Leandro Benítez.
Los ángeles vengadores del sistema surgieron casi de la nada, sin que nadie reparase en su existencia, sobre la explanada opuesta a la arboleda. Cubiertos por el más cómplice de los silencios, habían llegado a bordo de sus patrulleros blancos y azules sin encender ninguna sirena o baliza, sabedores de su impunidad. Se habían apostado en hilera, protegidos detrás de sus vehículos, todos ellos enfundados en sus uniformes oficiales, sin pronunciar palabra, ejecutando órdenes tan precisas como los punteros que minutos antes comandaran el asalto. Como dos ejércitos enfrentados -uno de ellos probablemente financiado por el frigorífico “Santa Anita”, encargado de hacer un seguimiento muy próximo al cargamento, ante los reiterados rumores de un ataque de cuatreros, según los rumores de pasillo que Bustos consiguió milagrosamente evocar en aquel instante-, aunque ambos bandos sostuvieran en alto la misma bandera de la pobreza.
Alguien gritó, de pie sobre el techo de uno de los camiones jaula, queriendo alertar a sus compañeros en el último segundo. Aunque pocos lo supieran, en la barrabrava de Boca Juniors y en su barrio platense de Los Hornos lo conocían como el Gordo Nacho, muchacho dispuesto como pocos para el desorden y el beneficio sin esfuerzo alguno; extraña clase de gato salvaje que siempre caía de pie, cualquiera fuese la situación que le tocase enfrentar. Sólo unos pocos consiguieron escucharlo, demasiado tarde para reaccionar.
En aquel último instante, lo único que consiguieron distinguir el maquinista y el encargado del frigorífico, en medio del caos y la confusión generados por el griterío humano y animal –aunque ya casi no pudiesen diferenciarse entre sí-, fue el sostenido pero breve pitido de un silbato, iniciando las maniobras consistentes en repeler a los invasores. Sólo que, evocando por su ausencia a las oscuras y anchas bocas de los lanza-gases antimotines, las decenas de cañones de pistolas y escopetas que se parapetaban detrás de los patrulleros, sumados a igual número de ojos fijos a través de sus miras sobre blancos móviles precisos, presagiaban mucho más que lo peor.
Las últimas luces de la tarde agonizaron en medio de un ensordecedor y sincopado estruendo de disparos, que vomitaron fuego y muerte a discreción sobre aquel malogrado convoy ferroviario. Cápsulas y cartuchos servidos volaron por doquier alrededor de las fuerzas del orden, impregnando el espacio de la cuneta de las vías por el acre aroma de la pólvora. Fue un fusilamiento casi a quemarropa, sin contemplaciones. Nadie preguntó ni se cuestionó nada; todos obedecieron en bloque, disparando y recargando sin pensar. Mientras sus víctimas, humanas y –por desgracia, en el fragor de la contienda- también animales, caían al suelo entre alaridos de sorpresa y de dolor, cubiertos de sangre de pies a cabeza, tajeados por las cuchilladas, agujerados por los balazos, con los brazos en alto en un inútil y postrero intento de rendición, derramando vísceras sobre cada camión jaula y los cantos rodados de las vías, implorando en vano como sus congéneres entre los desolados muros del matadero.
Bustos se arrojó al suelo de la cabina ni bien sonaron los primeros disparos, que derribaron al tipo del garrote y la visera casi de espaldas, sin que se diese cuenta que estaba muriendo, mientras Benítez se zambullía detrás del encargado del frigorífico desde el balconcito lateral de “FÉNIX”. Desesperados reptaron sobre sus vientres hasta alcanzar la puerta del otro lateral, abriéndola hacia la arboleda, donde parecían querer escapar los últimos asaltantes -entre ellos, un aterrado Gordo Nacho-, seguidos de cerca por el silbido de los proyectiles. Las balas arrancaban fragmentos de corteza de los árboles en busca de los recién fugados, mientras las fuerzas policiales avanzaban en bloque, abandonando la protección de los patrulleros sin dejar de apuntar hacia la ya abatida multitud, yendo a la caza de los escasos heridos y moribundos……y de todo aquel que pudiese oficiar como solitario pero peligroso testigo del hecho.
Varios cañones los apuntaron cuando ambos se arrojaban desde “FÉNIX” hacia la cuneta de la arboleda. Sólo una milagrosa orden del oficial a cargo consiguió salvarles el pellejo, al reconocer en el último segundo a Julián Bustos como uno de los empleados del frigorífico “Santa Anita”. Algunos uniformados se adentraron entre los árboles disparando a ciegas, mientras la mayoría de los demás se encargaban de rematar a los caídos, y los pocos restantes se ocupaban de levantar a los empujones al maquinista y al encargado, apoyarlos de cara contra el costado de la locomotora, y esposarlos, a pesar de las vacilantes y quejumbrosas quejas de Benítez, sin apartar de sus cabezas los humeantes cañones de las armas.
Bustos se apoyó de espaldas contra la locomotora, dejándose caer al suelo hasta quedar sentado sobre el canto rodado, y vomitó hacia un costado, orinándose al mismo tiempo en los pantalones. Benítez temblaba, manteniéndose apenas en pie, con la mirada perdida a fin de evitar contemplar el rostro del horror, y el semblante desolado frente a su incierto futuro. Más allá, los últimos terneros mugían en estridente agonía, erizándoles la piel. Y decenas de cadáveres teñían de rojo la pampa húmeda.
Los orificios de bala de distintos calibres permanecieran sobre el lateral de “FÉNIX” durante el resto de su campaña ferroviaria, como cruel y mudo testimonio de aquella tarde de masacre. Sus eventos jamás se dieron a conocer en los medios de prensa, y sólo un par de aterrorizados testigos recordaron por siempre, aunque incapaces de relatarlos ante auditorio alguno.
“No sólo de pan vive el hombre……también come carne”, recordó –muchos meses después, con unas cuantas copas encima- haber pensado aquella misma tarde, como en un sueño, antes de emprender el viaje, el empleado Julián Bustos. “Carne de res faenada”, musitó con un inconfundible vaho etílico, sobre una anónima mesa del restorán “Fronteras”, antiguo boliche de los que se apeaban en la Estación Tambo Nuevo, dos o tres décadas antes; “carne que nos alimenta a todos, y que nos acostumbramos a comer desde bien chicos”.

Aunque, claro, rara vez esa carne faenada con la que se alimenta una nación… termine siendo humana.



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar









UNIDOS*



Yo y Platero
nos la pasamos
decepcionándonos


Ni yo ni Platero
confiamos en que
pudiera otro vínculo
animal o humano
resultarnos posible


y mucho menos
yo con otro humano
o él
con otro animal.


*De Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar






Dueño del viento*



La voz de Ray Bradbury resuena como eco lejano. La secretaria recrea y ordena sus archivos de textos mientras deja sonidos para que caigan en el aire y se pierdan en la nada, aunque algunas frases llegan a mis oídos atravesando varios metros y esa puerta cerrada que comunica su oficina con la mía.
La voz de Ray. Recuerdo difuso que aparece en mi memoria, ¿será un cuento de "El país de octubre”?
No estoy seguro. Mi mirada busca por un momento las calles. El ventanal comunica directamente con una enorme avenida por la que circulan vehículos con sus respectivas bestias clónicas de tiro.
No esta demas aclarar que en este mundo ya no hay combustible fósil, ni sólido ni líquido.
Pero la ciencia logro recrear genéticamente enormes bestias de tiro. Para construir aspecto exterior y propiedades se ha recurrido a formas y nombres de dinosaurios y a los monstruos de la mitología griega. Cada uno de ellos se ha constituido en marca registrada y logo de los grandes monopolios de la industria clónica. Los dinosaurios de mayor porte son utilizados por empresas parar tirar trenes y transportes colectivos. Minotauros para tirar coches individuales. Los Coelophysis conectan el sur y el norte de la ciudad sólo en horario de resplandor diurno.
La ciencia de la bioenergía clónica hizo posible estas bestias de tiro modificadas genéticamente para consumir solo el hidrogeno que extraen y separan del aire o el agua con sus propios organismos, filtrando el aire viciado con sus branquias y produciendo el oxigeno vital para nuestra especie mientras ellos se alimentan y beben de vientos huracanados, lluvias y mares.
El más grande Dinosaurio clónico disponible fue rebautizado como "Dueño del viento" por los habitantes de esta ciudad que producen poesía como principal ocupación globalmente reconocida.
Todos estos hallazgos se iniciaron hace muchos muchos años, cuando el Oil llegó a cotizarse a 6499 petroros por barril, entonces la bioenergia comenzó a ser económicamente viable. El costo de las guerras de ocupación por los recursos naturales se hizo imposible. Esos aviones que recuerdan a sus F18 de última generación no tenían suficiente combustible y el costo de operarlos empezó a ser superior a la riqueza posible de obtener con guerras de aniquilamiento y colonización.
Atrás pasaron todas las guerras imaginables o no.
La guerra de los bosques y la amazonia.
La guerra de los hielos y el agua.
La guerra por la conquista del fondo del mar
La exploración y conquista de la energía dormida en la fuerza volcánica del centro de la Verne Terrae.

El cielo del ocaso esta definitivamente gris. Cielos grises y huracanados preceden a noches oscuras donde solo brillan los televisores que han sido arrojados encendidos a unas calles que no conducen a ninguna parte. Después de la hora del toque de queda lumínico, el caminante solo puede desprenderse de las penumbras con el brillo de los televisores y el fuego que se desprende de enormes tambores de 200 litros, los mismos que antes llevaban combustible fósil y en los que ahora -al antiguo modo haitiano de supervivencia- los Home Less queman rezagos de papel, ramas secas, sólo cenizas de fuegos del ayer.

Esto pasa, en este año, el 3623 cuando desde cierta confusión entre realidad y virtualidad, les escribo estas improvisadas líneas.



*de Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
Copynigh. Permitida la copia y reproducción del presente texto sólo en horario nocturno.






Correo:


*

Estimado amigo:

Queremos informarle de la publicación en Candaya del libro Paseador de perros, de Sergio Galarza (Lima 1976), elegido por esta novela Nuevo Talento FNAC.
Paseador de perros es la historia de un tour de force por las calles de Madrid y su periferia, una novela sobre aquello que no se ve en las postales turísticas, el relato de una vida contaminada por el odio y la desesperanza. Pero también hay lugar para otros sentimientos. Y para la música. Sergio Galarza rescata del anonimato las tragedias y los placeres de una ciudad que tiene mucho que contar, desde Malasaña hasta Coslada, desde Alcorcón hasta La Moraleja.

El narrador, un joven inmigrante, viaja en metro y en autobús de un lado a otro para llegar a tiempo a su trabajo: pasea perros. Así sobrevive. Parece un oficio sencillo, pero el desamor y la sensación de esclavitud del que trabaja de lunes a domingo, lo hacen tan vulnerable y frágil como lo son, por otros motivos, algunos de los personajes con los que se cruza: un anciano con un mapache enjaulado, una mujer adicta a la autoayuda y aterrada por su rostro, un matrimonio que espera su final y, sobre todo, perros, de todas las razas y tamaños.

Sergio Galarza reflexiona sobre los cambios que se han producido en las grandes ciudades tras la llegada masiva de nuevos vecinos de otras latitudes. La suya no es una visión “políticamente correcta”, pero se acerca a la verdad que se respira en las calles. Paseador de perros es la primera novela de lo que Galarza ha llamado su “Trilogía Madrileña”.

Sergio Galarza Puente nació en Lima en 1976. Estudió Derecho pero nunca ejerció dicha profesión. Trabajó en una universidad, fue redactor de noticias para un canal de televisión y editor de cultura para una revista. Su primer libro de cuentos es Matacabros y el último La soledad de los aviones. El reportaje Los Rolling Stones en Perú, coescrito con Cucho Peñaloza, fue reeditado en España por la editorial Periférica (2007). Vive en el barrio de Malasaña, Madrid. Colabora con las revistas Room y Letras Libres. Los domingos se transforma en un mediocentro rabioso en una liga amateur de fútbol. Y trabaja en una librería donde se permite la entrada a los perros. Le gustan las camisas de leñador.
Si desea adquirir el libro directamente de la editorial (14€, gastos de envío gratis para toda España), sólo tiene que responder a este mensaje, indicando la dirección donde quiere recibirlo y el número de ejemplares. En http://www.candaya.com/paseadordeperros.htm puede ampliar la información, así como consultar algunas de las noticias y comentarios que vayan apareciendo en la prensa.


*Olga Martínez y Paco Robles. candaya@candaya.com
Editorial Candaya
Tfs. 654095854 / 938970376


*


Queridas amigas, apreciados amigos:


Este domingo 6 de diciembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor venezolano Víctor Varela. Las poesías que leeremos pertenecen a Gerardo Contreras (Costa Rica) y la música de fondo será de Pedro Nel Martínez (Colombia). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar
http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org
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jueves, diciembre 03, 2009

DONDE EN LO PROFUNDO DE LA NOCHE ESCUCHO UNA VOZ...


-ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL (CUBA)

OCTAEDROS*


“El mar no es mas que un pozo de agua amarga…”
IDEA VILARIÑO



Una navaja.
Raspa la garganta de la noche.


Un pensamiento de cristales octaedros
Rueda por la pendiente de la desolación.
Nítidos contornos.
Aguas claras. Amor oscuro.
Una iguana con precario equilibrio
Incrustado tatuaje de ocho triángulos equiláteros
Ocho triángulos equiláteros iguales.


Y una duda, amor, miénteme.


El pensamiento se hace carne y sangre
Atraviesa el precario equilibrio.
Afuera, solo queda la cola de la iguana.
Y una voz.


*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar






DONDE EN LO PROFUNDO DE LA NOCHE ESCUCHO UNA VOZ...




PARAÍSOS TERRENALES*



Y en cualquier piso
aquel cuarto sumado
que habita un hombre
esclavo
o esa pocilga multiplicada
de pensiones
en donde sufre una mujer
esclava
para que el poderoso
pueda permanecer
sintiendo
la brisa placentera
en los jardines
del Paraíso
y bañarse pueda
en los ríos cristalinos
no de agua no
sino de lágrimas
de todos
los que padecen.





FORTUNA*



La vida
nunca nos deja ilesos
pero el no haber extraviado
la llave que despliega
el mundo de los sueños
hace más soportable
mi permanencia
en este exilio.




BAILES *



Recuerdo cuando bailabas conmigo
«I 'be got my love» grabación de Benny Goodman
y orquesta sobre el rojo embaldosado
del patio colonial,
ahora entre algunas sombras del cuarto menguante,
recuerdas,
noche de verano,
las puertas del living abiertas
desde la que contemplaban los retratos de Apollinaire
con la cabeza vendada,
Pound con sombrero, bufanda y bastón
caminando en las calzadas de Venecia,
Fijman 1971 en el Borda
enfrentando el misterio total,
los dibujos que Sabat hizo de Cortázar y Discépolo,
las hermosas estampas japonesas.
Qué bien entraban los saxos
y respondían los metales,
2 minutos 26 segundos, contrapunto exacto
en que se deslizaban nuestros cuerpos
a una rejilla del tiempo inolvidable,
perfume de las violetas en el jardín,
recuerdas,
la grabación de la orquesta del Hotel Savoy
de Londres cantando Anne Lenard
«Buenas noches mi amor».
Islas, cuadernos envejecidos
que incendian las antiguas pastas,
tapitas de cerveza, mesas al aire libre,
«Sueño de juventud», «La puñalada»,
filo de bandoneones que iluminan geranios
y jazmines,
bailes de la noche cristalina,
tu cintura, tus manos,
la quebradiza humedad
que en espirales de rocío
se desvanecía en tu pelo.





LIBERTAD*


"La libertad es un perro vagabundo"
Millor Fernandes


un pobre perro sarnoso,
mordiéndose la cola
comiendo de las sobras
durmiendo a los sobresaltos
en la intemperie
apaleado en todos los límites
sin distinciones sociales,
que orina en troncos de utilería,
que no puede siquiera morder
porque le quitan el bozal
sólo para que rebusque
su sustento en los basurales,
que hunde sus patas
en barros demasiado humanos,
que se sacude las pulgas indecentes
en “donde empiezan los otros límites”;
la libertad es un perro abandonado
que alguna vez he visto
huyendo con la cola entre las patas,
babeando una rabia
que no contagia,
corriendo infatigable
hacia una frontera misteriosa
como la vida misma.





SOBREVIVIENTE*



No me salvé de morir
ahogado en el mar
porque nunca intenté cruzarlo
nadando y hacerlo finito
sino porque me dejé llevar
por las corrientes infinitas,
hábil nadador consecuente
con las mareas.
También me salvé del manicomio,
mar en el que casi naufragué,
cuando pude dejar a un lado
el peligroso hábito
de tratar de medir todas las cosas.
No vayan a creer,
no hay tantos poetas locos,
no es la imaginación
lo que nos pierde
sino la rutina de los inventarios,
la lógica constante,
el imperio de los balances
o el intelecto invulnerable.



*Poemas de Santiago Bao. santinebao@gesell.com.ar
-De “Pendientes”, Ed. Salido, 2002






LAS INFINITAS FORMAS DE "ENFERMAR" DE ESTOS TIEMPOS
Sobre el discurso científico*

La representación científica del cuerpo humano, creada por la comunidad científica, no es más que un modelo ideal: procura sustituir la imagen que cada uno posee de su propio cuerpo. El sujeto cautivo expresa en su organismo, la lógica del enunciado.



*Por Jorge Ballario


Si a un niño relativamente sano se lo rotula como enfermizo, probablemente lo será. Tal el sugestivo efecto de la nominación en la mente infantil, dado el desvalimiento que experimenta la criatura frente al omnipotente mundo adulto. En paralelo, muchos hombres y mujeres contemporáneos sufren de manera solapada una similar asimetría sugestiva, pero en relación al hiperjerarquizado discurso científico.
La representación científica del cuerpo humano, creada por la comunidad científica, no es más que un modelo ideal: procura sustituir la imagen que cada uno de nosotros posee de su propio cuerpo. Esa sacralizada ficción lingüística es capaz de influenciar, a través de sus enunciados, en los cuerpos concretos de los afectados. En determinadas circunstancias, el sujeto cautivo expresa en su organismo, mediante una enfermedad o disfunción, la lógica del enunciado.
Sabemos que el cerebro produce lo mental, y esto no puede reducirse a los pocos y simples mecanismos cerebrales observados por la ciencia. Procurar entender a la mente humana sólo con el estudio del cerebro, sería equivalente a pretender comprender una obra de arte valiéndose del desmenuzamiento y análisis microscópico de las partículas químicas que la componen.
Parte de la alienación actual en este terreno está vinculada a la divulgación científica sensacionalista, al exceso de importancia de ciertos descubrimientos científicos y a la megalomanía de algunos investigadores, que ven en sus trabajos resultados más abarcadores de lo que realmente son.
Es así entonces como ciertos posicionamientos cientificistas, más su habitual divulgación sensacionalista, suelen desestimar las vivencias identificatorias, y las estructurantes adquisiciones simbólicas de la
historia psicológica del sujeto.
Algunos mecanismos de influencia de la ciencia biologicista en la gente, especialmente en el terreno de la salud/enfermedad, son: la simple sugestión; el sentimiento de culpa del afectado, al sentir que transgredió algún "mandamiento" de la ciencia; la/s identificación/es con las descripciones científicas, etc.
Las infinitas formas de enfermar de estos tiempos, se deben, en parte, a las crecientemente complejas formas de "caricaturizar" al cuerpo con sus componentes y funciones, mediante el lenguaje de la ciencia. Este discurso, al resaltar y relacionar de manera causal, múltiples aspectos y procesos orgánicos con determinadas circunstancias, conductas o estilos de vida, amplía el espectro psíquico de opciones para psicosomatizar.
Ahora, frente al gran avance del saber científico, la enfermedad se vincula a la simbología que dicho saber produce mediante sus investigaciones, observaciones y conceptualizaciones. La nueva simbología haría de soporte a los antiguos mitos: lo monstruoso o diabólico ya no es la supuesta posesión demoníaca del enfermo, sino por ejemplo, un tumor maligno. El infierno ya no es un castigo posterior a la muerte, sino que se puede sufrir aquí mismo, en esta vida y en este mundo, a través de la enfermedad y/o la muerte, si desacatamos los mandamientos de la ciencia.
Además, sabemos que gran parte de la herencia genética de alguien no alcanza por sí sola a desplegarse, sino que requiere ser activada mediante determinadas vivencias significativas u otros estímulos. Es decir, que mucho de lo heredado genéticamente en cada uno de nosotros puede permanecer en estado potencial, toda la vida, sin ser nunca activado. Mucho me temo que, paradójicamente, la influencia del discurso médico haga posible que gran parte de ese potencial genético patógeno se despliegue.
Humildemente debería aceptarse que todo conocimiento científico depende siempre de un procedimiento imperfecto, y su interpretación está vinculada al paradigma de la ciencia, prevaleciente en una determinada época y cultura.


* Psicoanalista. Escritor. Mail: jballario@coyspu.com.ar

-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-21336-2009-12-03.html






Carnicería*


*De Charles Simic.


A veces caminando en la noche, tarde
me detengo ante la carnicería cerrada.
Hay una sola luz en el negocio
como la que usa el preso para cavar su túnel.
Un delantal cuelga de un gancho:
la sangre le untó un mapa
de los grandes continentes de la sangre;
los grandes ríos y océanos de la sangre.
Ahí están los cuchillos que brillan como altares
en una iglesia oscura donde traen al lisiado y al imbécil
para sanarlos.
Ahí está la tabla de madera donde se rompen los huesos,
y se pelan a fondo —el río disecado hasta su cauce
donde me alimentan,
donde en lo profundo de la noche escucho una voz.


*Fuente: http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2049/Paper%20army/Charles.html








ACERCA DEL MOBBING O ACOSO LABORAL

Trabajo del perverso*

El autor examina el acoso moral en el trabajo, "esa exposición repetida y persistente a un tenaz envilecimiento por parte de quien detenta posiciones laborales superiores": tras la imagen del acosador, discierne la figura del perverso y la acción del "elenco" que permite su accionar.




Por Carlos Enrique Barbato*


El llamado "acoso moral en el trabajo", mobbing, "psicoterror" o "violencia laboral" consiste en una exposición y sometimiento repetido y persistente a un paulatino y tenaz envilecimiento de las condiciones de trabajo por parte de quien detenta apoyo o posiciones laborales superiores. Con intención de causarle -en forma a veces sutil o poco notoria- daño, sufrimiento o lograr su deserción del ámbito del trabajo. Lo que a menudo provoca perjuicios en la subjetividad del acosado y también de forma mediata, a la organización en la que se comete. Actos que son más difíciles de advertir cuanto más alto es el nivel cultural y social de los involucrados. Tal como es afirmado desde diversos dominios, lo anterior parece ser consecuencia de cómo se han establecido globalmente las relaciones laborales en las últimas décadas: basadas en competitividad, eficientismo y lábil apego a la ética. Pero hemos reparado en el hecho de que, a pesar de la vastísima bibliografía que circula en relación con el tema, escasos aportes provienen del campo del psicoanálisis. Intentaremos sumar con este ensayo nuestra opinión al
respecto.
El proceso tiene un cierto ritmo, una cadencia, una forma bajo la cual habitualmente se presenta. En primer lugar, es escogida una víctima, la cual es aislada, segregada, hostilizada, humillada, culpabilizada y desacreditada frente a sus pares. En segundo término, hay que advertir que el acosador no puede lograr su propósito si no es con ayuda de un elenco. El acosador necesita, para segregar al sujeto así elegido, inacción o colaboración de parte del grupo, de quienes, por acción u omisión, participan en este acto de marginación. Generalmente la vergüenza o el temor a pasar él a ocupar ese lugar, en caso de no participar, vale como incentivo suficiente para permitir al acosador continuar con su tarea. Se establece de esta manera un pacto, la mayoría de las veces no explicitado, no formulado: un pacto de
hecho cuya primera cláusula es el silencio tolerante o cómplice. En tercer término, entonces, un ingrediente fundamental que acompaña todo el proceso: el silencio. La palabra es lo que permite desarticular el juego, como generalmente ocurre cuando la víctima se decide a hacer pública su
situación.
Ese proceso de acoso revela una gran eficacia para constituirse en factor desencadenante de diversos síntomas: el padecer del sujeto acosado ha sido descripto habitualmente como pérdida de interés en el trabajo y en las cosas que del mundo le interesaban, con episodios de depresión, vergüenza,
retraimiento del entorno, dolor moral, irritabilidad, insomnio, sentimientos de ira, fantasías de venganza, rencor e incluso reacciones agresivas.
Asimismo, estrés y síntomas y síndromes físicos, que pueden redundar en infartos y enfermedades graves. Como también alteraciones del confort en las relaciones sociales en general, lo cual indica que el sufrimiento nace en el ámbito de trabajo pero lo desborda, en tanto se instala sintomáticamente en
cada sujeto.

Acoso y perversión
Partimos de la suposición de que, sin perjuicio de tener en cuenta el caso por caso -lo cual es insoslayable- no cualquier sujeto actúa con persistente voluntad de infringir daño o acosar en el ámbito del trabajo. Supondremos que se trata de actos provenientes a menudo de sujetos con una estructura
psíquica perversa, los cuales se manifiestan con una "voluntad de goce" -como la designa Jacques Lacan- que es ejercida sobre un sujeto con una modalidad de posicionamiento claramente diversa en cuanto a su adhesión a la ley.
Respecto de la modalidad de estructuración perversa: recordemos que se trata de un sujeto que logra, con gran pericia, conmover al otro y movilizarlo hacia la angustia. Se desempeña con celeridad y eficacia, sin arrepentimientos y sin la torpeza y las dudas que surgen en el neurótico.
Mientras éste duda, aquél lo lleva hacia un punto que se encuentra más allá de sus deseos reconocidos. Ya que como es sabido, "la neurosis es el negativo de la perversión" tal como Freud lo planteó ya en 1896 (carta 52 a Fliess).
En el neurótico, el fantasma es esencialmente perverso; es de esta manera como se imagina asiduamente a sí mismo, pero en secreto, en su mundo privado, solitario. Un secreto modo de goce con el que no hace lazo. Para el perverso, en cambio, el fantasma es antes que nada público, compartido con otro, hace lazo con él; se relaciona para singularizarse, y lo logra si incluye un partenaire en su escenificación, en la seducción, en la corrupción o en el quiebre del otro en su convicción moral o ética, cuando le es concedido o no.
El acosador, por su parte, se plantea el problema de cómo angustiar, herir al otro, para lo cual se afana en estrategias y tácticas que sigue religiosamente. El otro elegido para acosar suele ser considerado por el agresor como un obstáculo a sus propósitos y/o como envidiable. Es decir, considera a la víctima en algún aspecto como excepcional. Pero esa "excepcionalidad" es la carnada que el neurótico muerde con deleite. La falta de reacción o la reacción demorada, procrastinada, de este último, tiene que ver con esa posición en que ha sido colocado inicialmente por el agresor pero también por otros, en los albores de su vida. Posición que espera poder conservar o recuperar.
La angustia incontrolable en que suele redundar el acoso para el neurótico es una tácita aceptación e identificación con el objeto dilecto que es para el Otro, lo cual se le presenta en este contexto sin mediación simbólica, en medio del fracaso en que ha caído cualquier intervención simbólica.
Ahora bien, si al acosado, neurótico, le corresponde actuar conforme y a sabiendas de su responsabilidad de sujeto deseante, al acosador, del mismo modo que al perverso, no siempre le queda claro a qué amo presta servicio cuando hostiga en el ámbito del trabajo. Como sostuvo Lacan, "el perverso no sabe al servicio de qué goce ejerce su actividad. En ningún caso es al servicio suyo" (Seminario "La angustia", 1963). Su sensación puede ser la de que "está liberado", pero es un engaño. Está preso de su cometido: realizar el goce del Otro, tarea que se le impone como premisa ineludible y por la que milita sin desmayo. Lacan lo designa, por esta causa, como el último gran creyente. Cree en el goce del Otro, en el goce de un Dios que exige el sacrificio; pero con esta creencia fanática, esta voluntad de goce, logra escabullirse del reconocimiento de la castración de ese Otro. Su Otro es así sin tacha, sin barra.
Es muy probable que esto mismo sea lo que ignora el acosador, quien quizá presumirá, disociándose, de que presta en su función una inestimable tarea; así puede haberlo supuesto también cualquier torturador durante la dictadura. Por otro lado, el perverso transforma su sufrimiento en goce y su falta en plenitud. Triunfa sobre las desdichadas condiciones de su nacimiento, sobre su derrota inicial; es, en definitiva, un sobreviviente, como todos, pero él, además, lo sabe.
Accede a una erotización de esa derrota inicial. La función paterna funcionó con el déficit que le propinó quien cumplió con la función materna.
Condenado a una errancia ante la Ley, se aferra a la gracia de un goce, se inventa una Ley del Goce. Se inventa un deseo de vivir donde sólo hubo para él deseo de muerte, pura pulsión de muerte. Metamorfosea las amenazas de muerte en promesa de goce y el horror a la castración -que amilana al neurótico- en más goce por venir. Esta es su desmentida ante la castración.
El que pierde, gana, podría ser su lema. No hay interrupción, hay continuidad, movimiento infinito.
Para el neurótico, se trata de la aceptación de la Ley -fidelidad- a cambio de protección. En cambio, en el perverso la protección ha fallado, lo que provoca que se afirme en su falta de fidelidad y en larenegación. El otro le es necesario para sentirse un sujeto, pero unsujeto que es militante de la
continuidad entre deseo y goce. Lo suyo es avergonzar, asquear, desmoralizar y asegurarle al otro que asco, vergüenza y moral no son construcciones firmes. Ya que para él un deseo que no termina en goce -es decir, ignorando el límite que le permitió constituirse como deseo- no es verdadero, es una mentira. De esta manera, el neurótico es subestimado y considerado como mentiroso, porque no se atreve a gozar verdaderamente, hasta el final.
El valor máximo está asentado en el goce, porque le permitió sobrevivir. Por el goce admite cualquier sacrificio y rechaza cualquier debilidad o desfallecimiento. No se trata de una Ley humana, es una ley natural que dice: es obligatorio gozar; se trata de una exigencia de goce.
"Disculpe, pero..."
El acosador así como el perverso tienen habitualmente una altísima consideración de sí mismos; suponen que el mundo y su propio entorno deberían estarle agradecidos. Esta arrogancia y esta autocomplacencia les permiten disociarse y ponerse a sostener un semblante de bien fingida comprensión del dolor ajeno. No es raro que, en momentos en que sienten máxima autocomplacencia, den lecciones de moralidad y de actos correctos, lo cual no es más que otro recurso utilizado para provocar la división subjetiva de su víctima.
Como resultado de lo anterior, suelen lograr eficacia con respecto al manejo de lo formal de las normas de la institución en la que se desempeñan. Esto nos recuerda la exterioridad que la ley tiene para el perverso. Sólo en el momento del juicio, o como consecuencia de ser increpados por el entorno, comienzan a considerar que quizás se hayan excedido, que han cometido un error de estrategia. El pedido de disculpas que pronuncian muchas veces sólo busca morigerar el entorno para continuar, infinitamente si es posible, su cometido.
El deseo de reconocimiento, admiración y protagonismo los lleva muchas veces a realizar grandes concesiones al entorno: a veces es difícil imaginarlos en su accionar agresivo.
El acoso moral constituye en todos los casos un abuso de poder, algo que afecta la ética concebida en el seno de una institución; resulta perjudicial para los sujetos que la integran y para la misma institución, por su carácter disgregante. Es la instalación de la inseguridad, la amenaza y el miedo, que se extienden eventualmente más allá de los límites de la institución. Por eso, la institución que toma recaudos con respecto a este fenómeno salvaguarda a sus integrantes, se protege a sí misma y, en forma mediata, favorece al entorno social. Es algo a lo que hay que ponerle palabras, denunciar: poner palabras al acto es la única manera de establecer una ética que permita la convivencia.


Bibliografía específica
Barbato, C., Escritos fuera de sus archivos, Ed. Universidad Nacional de Rosario (UNR), 2003.
Barreto, M., "Uma Jornada de Humilhaçoes". En: www.assediomoral.org, 2003
Braunstein, N., Goce, Argentina. Siglo Veintiuno Editores, 1990.
Fernández A., "El acoso moral en el trabajo". En: www.conaduargentina.org.ar.
Hirigoyen, MF., El acoso moral en el trabajo, Ed. Paidós, 2006.


* Psicólogo; Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Rosario.
Extractado de un artículo publicado en la Revista Argentina de Psicología, editada por la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA). www.apbarap.com.ar


-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-136334-2009-12-03.html





Guerra*


*De Charles Simic.


El dedo tembloroso de una mujer
recorre la lista de bajas
en la tarde de la primera nevada.
La casa es fría y la lista es larga.
Todos nuestros nombres están ahí.




*Fuente: http://www.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena%2049/Paper%20army/Charles.html











Correo:







PIQUETES ESTRUCTURALES*



Allá por 2003 escribí "Cuasimodos en la acera". Buscaba que entendiéramos que esas personas que reclamaban de mil maneras distintas a lo largo de las Avenidas del Centro Porteño, eran nada más ni nada menos que personas como nosotros y qué, para el caso, habían quedado mucho más afuera del Sistema que nosotros mismos a lo largo de los sucesos desde la Libertadora, el Videlato, el Menemato y otros argentinicidios intermedios.

Hoy, el reclamo piquetero para que los intendentes no manejen las cajas sociales es, nada más ni nada menos, que un reclamo K Vertical y Centralmente Estructural.

A la acción social de modo punteril y "municipalera" impuesta desde Buenos Aires hacia todos los rincones del País, y del Gran Buenos Aires en particular, necesitan fortalecerla terminando de eliminar "los impedimentos que la estructura Democrática y Federal les impone a los Gobiernos Centrales".

Sí, la más perversa y latrocínea actitud de un intendente municipal es, lejos, mas cercana a ser parte del federalismo y la democracia que la dádiva proveniente de hermosas asistentes sociales remitidas por la aerolínea estatal a sobrepasar las obligaciones de un intendente de Tinogasta, El Dorado o Río Grande. Es el camino del Gobierno central sin estructuras democráticas y federales intermedias. Es el Sistema de los Delegados Provinciales, Municipales y Barriales.

Es la estructura globalizante que solo puede funcionar con el hambre a la cintura y "el arte del manejo del hambre de los demás" como máxima filosofía del hacer politiquero.

Sí, culpables o no, inocentes o no, el reclamo vigente esta semana de puentear a los intendentes con los planes sociales es, nada más ni nada menos, que una expresión porteñamente centralista de controlar las voluntades de todos los rincones del País desde un escritorio Capitalino.





*de Jorge de Mendonça jorgedemendonca@gmail.com

- Ingeniero White - Buenos Aires















REMEMORANDO ANIVERSARIOS ESCOLARES*





Me asiste la duda, si lo que sigue es algo publicable, o si debe ser algo, digno que formar parte de aquellos diarios personales, que parecieran estar pasados de moda, al menos en nuestro entorno. Me queda claro que lo que sigue, se encuadra en aquella sentencia de Goethe, que "todo escrito es autobiográfico". Vaya pues transitando esta comunicación por el sendero de lo testimonial. Y de suyo de
lo subjetivo. Frisando los 63 años, uno tiene muchas reservas con esa asepsia que el método experimental matemáticamente formalizado, intentó imponer como monopólico camino hacia el conocimiento. Resulta que semanas atrás, vino a mi mente la circunstancia de que el 1ero de diciembre del año en curso, se
cumplirían cuarenta años de nuestra graduación universitaria. Así las cosas, lo primero que se me ocurrió fue saludar por correo electrónico al compañero con el que compartimos esa graduación ese día, a la sazón cumpliendo funciones diplomáticas fuera de Argentina; así como a otros tres compañeros de Facultad, con los que conservaba algún contacto. Me puse luego a meditar sobre esas cuatro décadas, y en el decurso de la meditación caí en cuanta que ese aniversario, coincidía con otro: el medio siglo de la
finalización de mis estudios primarios, en la Escuela Nº 1, de mi natal Ensenada de Barragán. A esta altura de mi parábola vital, al menos en lo que hace a educación, sea formal o informal, estoy persuadido de que los niveles son iguales en importancia en cuanto a la formación de cada persona. Es más;
los niveles últimos, sólo son viables por el completamiento de los anteriores. Todo se ha ido almacenando en nuestra mente, y se ha integrado dinámicamente, aunque esto recién se esta reconociendo. Y en ese sentido, ya lanzado a la meditación, caí en cuenta que no podía dejar de lado otro aniversario, tal vez obvio: con diferencia de pocas semanas al medio siglo de la finalización de los estudios primarios, se cumple medio siglo del inicio de los estudios medios, que mi familia decidió que fueran en el Liceo Naval
de río Santiago, instituto entonces "de moda", aunque hoy hasta resulta "políticamente incorrecto" decir que uno completó sus estudios medios allí. Parece una obviedad, pero caigo en cuenta que salvo alguna otra esporádica incursión; cursé los estudios primarios, medios y universitarios, en una solo institución educativa en cada ciclo. Así transcurrió mi educación formal entre 1954 y 1969. Con ese bagaje me inserté en el mundo laboral hacia fines de 1968. Con la jubilación, instalada ya sobre mi horizonte existencial, uno no puede dejar de meditar sobre este tránsito en lo que se conoce, como integrante de la "población económicamente activa", inmerso en el acontecer argentino. Si uno se toma el trabajo de leer la información censal disponible (El ultimo censo es del 2001), se percata que una pequeña minoría de la franja etárea en la que esta incluido, alcanzó la calificación formal de estudios universitarios completos. A veces la pertenencia a ciertos ámbitos laborales o localizaciones geográficas, hace perder esta perspectiva. Y eso lleva a confusiones, en la que me esfuerzo en no caer (aunque caiga...). Y lo primero que me viene a cuenta, es que ese logro, fue posible porque había familias que hacían sacrificios, pero en un contexto donde esos sacrificios, tenían traducciones prácticas. Eso es valido para el grueso de aquellos que pudimos realizar esos trayectos educativos, provenientes de familias humildes, en las que eran frecuentes abuelos analfabetos o que a duras penas habían podido completar algún año del
primario. No se trata de nostalgias de edades doradas; vivimos una realidad distinta, donde estadísticamente es creciente la cantidad de personas con calificaciones formales del sistema educativo, pero donde las posibilidades objetivas y subjetivas de realización laboral o profesional, se han achicado en manera ostensible. Uno podría conjeturar que el proyecto que tenían en mente los que desencadenaron esas oleadas de gente formalmente instruida o bien no se pudo plasmar, o bien la estimación fue exagerada. La gente que se tuvo que exiliar por diversas razones, es una suerte de mecanismo de exclusión que testimonia ese desgarrador desajuste. Las cuotas de frustración multidimensionales, que uno comparte con su franja etárea y las vecinas, es otra de las caras de ese cuadro, que es un componente de este estado de cosas que nos deja con un regusto muy amargo en nuestras sensibilidades. Tal vez quien lea esto (si finalmente decido publicarlo) dirá que estoy "tirando pálidas". Puede ser. Lo que yo percibo, considerándome un privilegiado, en cuanto a las posiciones laborales que he podido alcanzar con esos niveles de educación formal, es que en materia de conocimientos percibo un gran
desequilibrio entre lo que he podio aprender y lo que he podido hasta ahora aplicar de lo aprendido. Ya instalado en el sendero que conduce a la jubilación, hago explicito mi propósito de volcar en instituciones de bien publico (como en parte ya lo vengo haciendo) todo ese acervo de nociones, que
se ira conmigo en el momento que emprenda el viaje hacia lo insondable.







*de Alfredo Armando Aguirre. choloar47@rocketmail.com



(02/12/2009)







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lunes, noviembre 30, 2009

EN EL TERRITORIO DE LO PROFUNDO...



-ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL. (CUBA)


CUANDO NO TE PERTENEZCA*




Me pregunto cuánto durará tu amor, qué parte de mí es la amada.
Si es a mí a quien deseas o es a esta mujer que está a tu lado, que parece lo mismo pero no es igual.
Alejada ya de un hombre, me ocurre seguir preguntándome por su salud, por sus achaques, por sus afectos y su transitar por las aceras. Alejada ya definitiva, irrevocablemente, me ha ocurrido recordarlo con ternura, sonreírme en el colectivo, desearle en silencio y desde lejos un feliz cumpleaños, si necesitamos un ejemplo.
No soy afecta a recontar defectos, a caer en críticas de acero y piel desgarrada.
Me ocurre rememorar sin ira y con aprecio, me ocurre sentirme unida por un pasado común a ese ser que ya es un extraño, y que ya hizo que los días y las noches me fueran borrando de sus sábanas y del olor en los cabellos.
Y me ha ocurrido golpe tras golpe escuchar que la otra mujer, la mujer de antes de mi pareja ya no existe, no significa nada, es un fantasma, un cadáver amortajado en el extranjero. Es la madre de mis hijos dirá, es aquella con la que cometí el error de casarme, lo que sea, pero nada, nada de nada, ni un aleteo sutil de sentimiento, ni una rosa en el libro, ni una cajita de fósforos escondida en un cajón. Ni una sonrisa, por dios, para quien debe de haber reído, charlado, hecho el amor en un lejano tiempo de felicidad.
Yo no nací hoy ni me han parido ayer y sin historia. Los hombres que fueron parte de mi vida fueron queridos, y no reniego tan pronto ni tan levemente de los afectos. Quizás porque tomo tan en peso y profundidad la palabra amor es que me sea tan difícil pronunciarla. Pero yo los he amado a todos, y a todos los sigo queriendo.
No me mueve el que este hombre sea mío, que sea hoy mi pareja, novio, esposo, lo que sea pero mío. Lo quiero porque lo quiero, porque lo encuentro bueno, noble, propicio para la querencia. Puedo quererlo sin posesión e inclusive desde el abismo de las décadas o los kilómetros. Que no haya ni pueda haber un futuro compartido no quita la ternura ni la calidez de una caricia lejana.
Cuando me dicen que me aman, y cuando me lo dicen ahora mientras cocino, o escribo, o recorto una cartulina azul. Cuando me dicen que me aman, me pregunto cuánto durará este amor, cuán larga es su sombra, hasta adónde abarca. Me pregunto, mi amor, si tu cariño tiene una correa como esos perrillos volubles, que tan pronto saltan al amigo que llega, como le dan la espalda y son todo fiestas para el nuevo visitante.
Sin necesidad de que la estatua de alabastro sea de mi propiedad puedo disfrutar su belleza, sin que la magnolia presida mi jardín puedo admirar sus flores de gigante, sin que estés a mi lado puedo valorarte. Y no te negaré cuando la noche caiga, ni cuando el gallo cante hasta la tercera vez.




*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






EN EL TERRITORIO DE LO PROFUNDO...






APRENDÍ A ESPERAR*




*Por Lucía Amanda Coria. aurandaluz@hotmail.com



—Esperá, loca. Por favor— decías con voz ahogada.
Esa tarde, como tantas otras, en tu cuarto de estudiante, te arrancaba la ropa. Te besaba con pasión. No podía esperar.

— Qué haces? Espera un poco — esa vez estabas muy nervioso— Aun no es Navidad.
Yo quería tomar sidra contigo, a mi manera, aunque faltara una semana para la Nochebuena. Así que abrí la botella y empape tu cuerpo. Y me bebí las burbujas mezcladas con el sabor único de tu piel.
—Deberías haber esperado a casarte antes de entregarte a él — decían mis amigas.
— Yo no puedo esperar— les contestaba, petulante
Después casi les dí la razón. Cuando lo supe
—Voy a casarme con mi novia de toda la vida— dijiste con displicencia— Acaso esperabas que me casara contigo?
— No esperaba nada!!— dije sollozando— Y mucho menos una traición así.
Pero tampoco pude esperar a verte convertido en el feliz esposo de otra mujer.
Y en esa cruz que abría mi camino en otras cruces de dolor, decidí marcharme. Y creo que recién entonces y a partir de allí, empecé a aprender….
Pero nunca pude olvidarte. Tal vez porque me fui con el sabor de tus besos en mi labios, con el llanto estrenado por tu adiós, con mi amor intacto y despreciado
Sabía de tu vida por amigos comunes que encontraba de vez en cuando. No les preguntaba por ti. Esperaba a que ellos te nombraran. Seguía aprendiendo…
Cuando supe que venías a establecerte en esta ciudad, esperé a que pasara la novedad de tu presencia. A que todos tus amigos inauguraran con sus visitas tu nueva casa.
Esperé hasta estar segura de que estarías solo...
—Estoy tan nerviosa — decía para mi— Qué lástima no tener algún licor para beberlo en su piel como antes.

Con inconsciente coquetería arreglé mi pelo con los dedos, antes de levantar la tapa.
Mientras te contemplaba extasiada, me di cuenta de que los gusanos habían hecho muy bien su trabajo. Habían borrado la prestancia de tu figura. Sólo quedaba la bella estructura de tus huesos.
—Hace tanto tiempo que espero por ti— dije, intentando sonreir —Aprendí a esperar Sabes?








IGNORANCIA DE LA NUCA Y EL PERFIL*




Juan tiene un nombre común, un nombre casi anónimo por multiplicación de individuos. Juan, a quien le ví un rostro difusamente conocido, me pidió que le firmase un libro y le hiciera una dedicatoria.
Yo no soy una autora famosa harta de halagos y expeditiva por hartazgo.
Hablé con Juan, le pregunté "¿Y quién sos?". Me contestó que no sabe quién es. Le respondí que eso es algo que nadie sabe, que nadie sabe quién es, y dije esto siendo poco original aunque sea efectivamente cierto. A Juan, que no sabe quién es, escribí.
Nadie sabe quién es, cuál es su esencia, aquellas cosas de las cuales es capaz pero no hace por falta de oportunidad o por no estar lo bastante motivado.
Nos percatamos de que es difícil conocer nuestro interior, creo que podemos acordar con cualquiera en que hay una rápida coincidencia en que sentimos esto, pero rara vez notamos que al ver el mundo, (el universo, si queremos ser muy abarcativos), al ver el universo no nos vemos en él a nosotros mismos. Todo lo vemos, menos a nuestra propia presencia. Alguna vez un vidrio, un espejo, alguna superficie brillante nos muestra nuestra imagen, pero esa imagen nos mira de frente, alerta y posando para nuestra mirada.
Conocemos al detalle los pormenores de cómo nuestros amigos caminan, sonríen, se enojan. Podemos describir cómo éste se inclina hacia atrás, cómo ella sacude la cabeza aseverando lo que dice, cómo se pierde la vista de él cuando en medio de la reunión súbitamente se sumerge en las profundidades de
su propio reducto.
Pero a nosotros, a nosotros mismos no podemos describirnos con propiedad. Cómo caminamos, cómo nos paramos, cómo cambia la mirada cuando una oscuridad nos ensombrece. Son otros quienes nos descifran y reconocen.
Nosotros estamos condenados a ver sin vernos. Nuestra mirada va hacia delante, hacia lo exterior, lo que tenemos enfrente. Nosotros no estamos en ese mundo que nos rodea.
Cuando Myriam se topó de pronto con su imagen chocando en un comercio con un espejo, pudo verse como a una señora un poco confundida que se hacía a un lado, y por un segundo pudo darse cuenta de cómo la ven los demás. Por qué alguien le cede el asiento en el autobús, si en sus sueños sigue apareciendo la muchacha que fue y que quizás eternamente siga siendo en el territorio de lo profundo. Myriam ve una señora, y por un segundo de extrañeza vislumbra la imagen elusiva que se refleja en los ojos ajenos.
En las fotografías y en las filmaciones nos quejamos de lo mal que salimos retratados. No podemos vernos, no queremos vernos, no deseamos modificar ese personaje que vagamente se nos parece pero es una construcción de nuestra imaginación.
Entre los objetos y los seres, uno hay que no podremos conocer jamás.
Para nombrarlo, le damos el más común y el más engañoso de los apelativos.

Le decimos "yo".



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com








EL RELOJERO*



A Luisito Broglia


Cada vez que recuerdo el pueblo se me aparece navegando entre aquellos altos y coposos plátanos que una mano enemiga arrancó. A veces, en realidad pienso al pueblo de entonces como un gran barco que navega en ese mar de trigo amarillo.
La figura puede parecer rebuscada, pero fue así como se me presentó desde los altos de la “Northern Elevator” (o “La Norte”, como se le decía popularmente) a la alta torre que tenía esa empresa acopiadora de cereal, cuyo edificio totalmente de madera sucumbió a un incendio. Lo llamativo era que esa torre –la más alta por entonces y para siempre, al parecer- nos resultaba de visita obligada a los escolares de ese tiempo, llevados allí por las maestras. Y así vi a mi pueblo desde las alturas, porque siempre lo habíamos visto desde esas calles de tierra, que sumado al polen de las flores, depositaban por todas partes un fino y molesto polvillo que enrarecía el aire de mayo.
De esa torre de “La Norte” se cayó un día el “Negro” Guiñazú, padre de mi amigo Jorgito, compañero de tenidas futboleras. Cuando lo levantaron del suelo era sólo un saco de huesos.
Mejor suerte tuvo “Lolo” Arce, ya que milagrosamente se recuperó de la caída, si bien con cierta imperceptible renguera. Por una ironía del destino, la muerte se vino a cobrar esta escapada de “Lolo” cuando años después de una borrachera cayó a una pequeña zanja con agua y al no ser auxiliado por nadie, se ahogó.
Vivía en el conventillo de don José Bellcastro, justo enfrente del “Almacén Las Colonias” cuyo titular era mi abuelo. Era un hombre solo y hoy nadie se acuerda de él.
De aquél tiempo remoto y enterrado como una piedra del pleistoceno, a veces recuerdo a un viejo relojero a quien llamaban “El Ruso”, pero cuya verdadera nacionalidad nunca me quedó clara. Tal vez fuese polaco o austríaco, y la confusión popular lo tratara de ruso.
Con los únicos que no se confundía la gente era con los croatas, que pupulaban bastante por la zona entonces y hoy quedan sus descendientes. Casi todos dedicados a tareas rurales.
El “Ruso” de mi recuerdo era alto, de bigotes tal vez pelirrojos, en la cabeza siempre encasquetado un sombrero negro, llevaba –tanto en verano como en invierno- un largo piloto de color crema pálido, hablaba un castellano bastante inentendible, y vivía en la pensión de doña Elba Mitre, un conglomerado de habitaciones con el bar en la esquina, frente a las vías del ferrocarril, donde hoy está la casa del “Nin” Tonelli.
Ahí estuvo el bar “La Primavera” de don Atilio Valvazón, donde yo vi a los últimos cantores pampeanos, con las guitarras atadas con pequeñas cintas con los colores de la bandera argentina.
Una vez por año, “el Ruso” ponía a la venta un piano desafinado que había traído Dios sabe de dónde.
Allí, la banda de traviesos que formaban mis amigos Roberto Escudero, Adelqui Mansilla y Lorenzo Miranda aparecían mostrando interés y el hombre les franqueaba la puerta de su habitación, no sin ingenuidad. Allí los “vándalos” la emprendían con las teclas, a las que aporreaban con un desesperado entusiasmo.
El pobre hombre, atribulado al fin, y a los gritos trataba de desalojarlos de la habitación al grito desesperado:
-¡Cristo, no mochachos!
A duras penas mis amigos abandonaban el piano y la habitación hasta que al año próximo hacerlo caer al “Ruso” con el mismo chiste, ya que el piano nunca fue vendido y al morir él, sin descendientes a la vista, el piano terminó en un depósito parroquial. Ignoro si alguna vez alguien se tomó el trabajo de afinar y usar ese piano traído de Alemania, según oí decir a los mayores.
Lo cierto es que era un gusto verlo caminar a grandes zancadas, con sus pesados botines por las calles polvorientas, en los desérticos atardeceres de invierno, bajo una pertinaz llovizna, a veces, con su piloto claro y su sombrero oscuro, saludando a los escasos valientes que se atrevían a clima tan inhóspito.
Vestido de igual forma atravesaba los veranos entre las mariposas multicolores que se adueñaban de las anchas calles del pueblo, con sus perros vagabundos y sus niños descalzos cazando esas mariposas que el “Ruso” no eludía, o tirándole gomerazos a los pájaros que cruzaban el “cielo esplendoroso”.
Por las noches este hombre solitario, olvidado en este rincón del mundo donde nunca nadie supo cómo apareció, huyendo de no se sabe qué destino, buscando quién puede creer, en un futuro posible, enterrado en ese pueblo de agricultores trabajadores y simples, digo que por las noches buscaba un poco de compañía y se arrimaba hasta la “Fonda de Aronna”, como se llamaba el pequeño establecimiento o comedor o restaurant donde se preparaba algo de comer y algún contertulio que otro (entre los que se contaban “al Ruso” y mi padre) caían luego de cenar a tomar una copa antes de dormir.
Del relojero de mi infancia siempre ignoraré cuantos relojes arreglaba por mes, por semana o por día, lo perdí en la pensión de doña Elba, frente a las vías. Pero conversando con Luisito Broglia, me confirma un dato que hasta hace poco desconocía. En verdad el “Ruso” no había muerto todavía, cuando doña Elba mudó su pensión frente a Pepe Giuliano, quien tenía un taller con un hermano tan gordo y tan peludo como él y que respondía (creo) al nombre de Francisco.
Y me lo vuelve a ratificar casi con una anécdota personal: él fue aprendiz en ese taller terminando la primaria, porque para que no vagara por las calles por las tardes, su papá, don Segundo Broglia, lo mandaba allí. Entonces el “Ruso” debió vivir más años de los que mi memoria le adjudicaba.
En ese tiempo, yo ya no estaba en el pueblo y me perdía todo: el vuelo de los pájaros, el murmullo de las palomas, el zigzaguear de las mariposas y los anocheceres en que sus hombre solitario venido nunca sabremos ya de dónde, caminaba escasos metros hasta la “Fonda” de Aronna y se hacía servir, muy gentil, ginebra en un pocillo de café, mientras esperaba que las sombras cubrieran el pueblo en su totalidad, para tirarse en ese camastro que hacía lo posible, para atenuar ese dolor de huesos que ese pobre relojero traía desde un ignoto país, y que hacía siglos soportaba con un estoicismo digno y silencioso.






La Soledad*


A Camucha Abdallah



Detrás de cada incierta puerta
año tras año
siempre me espera
la soledad


vestida como nube de algodón
mi soledad sirve café
me observa
y muy atenta
disfruta mis silencios.


en este invierno es especial
mi soledad


ha abierto todas las puertas de mi alma
y se entregó desnuda al sol
serenita retoza en el césped del patio


escucha y disfruta
del canto de los pájaros
bebe agua fresca y me convida
me da palabras


y yo sentado
en la pradera de sus nalgas
canto con ella
me siento pájaro
vuelo sereno por el firmamento
y llego inmenso hasta la cima
de estos versos.


mi soledad es insaciable
me pide más y más incertidumbres:
¡respirá! ¡salí a pasear!
¡bañáte! ¡ve a trabajar!
¡hacé el amor! ¡sentí!


me llena el bolso y la esperanza
de palabras
y así yo. enfrento al mundo.


y el telón del amor
se cae y se levanta
y la brisa suave
se estrella contra mi alma


y sigo caminando mi destino
de letras solitarias
y manos solidarias.


inmediatamente
me tiento a abrir las puertas
de otras soledades


y vuelvo a ser
por un momento inmenso
nuevamente pájaro
canto matinal
efluvio
amante insaciable


y llego al puerto fresco
de otras soledades


les cebo un mate
les hablo
les nostalgio


les hago cosquillas en el vientre
las beso y las rebeso
les cuento un poco de mi soledad
y luego marcho.


mi soledad
es muy solicitada
y es etéreamente solitaria


y a diferencia de otras soledades
mi soledad es buena.


me goza
me disfruta
me acompaña.


siempre marchando
con otras soledades
siempre en un puente
rumbo al infinito
siempre en un puerto
donde nadie llega


siempre lo incierto
lo compacto
lo concreto


siempre en los ojos
de los niños tristes
siempre guerrera
siempre protestando


siempre en las marchas
de pan y de trabajo


siempre en un río
cristalino y puro
siempre en los ojos
de mi bienamada


siempre presentes!!!

yo
y mi soledad



*de Luis Reynaldo Vilchez lasopapaliteraria@yahoo.com.ar
-Este poema pertenece al libro inédito Epitafios de amor y desamor,







Prisión y censura I: Preso en Ushuaia*





*Por Sonia Catela. soniacatela@yahoo.com.ar



En nuestro país parece indiscutible que la censura alcanzó su clímax y orgasmo durante la peste febril del Proceso. Sin embargo, otros períodos muestran frutos del árbol de las prohibiciones a los que conviene hincarles el diente. Los anarquistas cuentan con un adherente, Rodolfo González Pacheco, sometido reiteradamente a dieta carcelaria que curara su manía de escribir y luchar en política. Durante la Semana Trágica, Yrigoyen clausuró La Obra, publicación creada por Pacheco. Alvear lo hizo encerrar seis meses debido a elogios hacia el alemán Wilckens. Pero una experiencia anterior, su reclusión en el penal de Ushuaia (1911), la vertió en Carteles permitiendo que dupliquemos la vivencia del castigo en esa penitenciaría extrema.
Narra Pacheco: "Las razones del gobierno para mandarnos a Ushuaia no se discuten aquí. En la guerra como en la guerra, dicen.
Nos remitieron a Ushuaia para no fusilarnos, dicen.
Pretendían contagiarnos sus temblores y, para esto, nos arrojaron desnudos sobre la nieve. Y ni hubo caso.
Ser presidiario, al fin, no es el destino del hombre. Y menos es su destino ser carcelero o jefe de policía".
Pacheco escribe como se escriben un himno, una epopeya. En el fragmento en que puntualiza la razón específica de su envío al penal, señala: "Arrebatado de un mitín por pedir la libertad de nuestros presos sociales... aún me sentía sacudido por un viento luminoso. Éramos 80.000, llenando calles y plazas, desde el Paseo Colón hasta las escalinatas del Congreso. Y volaban las enseñas".
Y siguiendo su narración: "Ésta es mi Ushuaia; el rincón más frío de la Argentina, adonde somos echados todos aquellos para quienes la patria no es madre, sino madrastra".
"Basta con estos recuerdos. Estaban en mí, quemándome; hasta que los manoteé y los arrastré a estas páginas. Pero no se arrastra el fuego. Verás al leer: mucho se me hizo humo".
González Pacheco relata las condiciones del viaje en el barco que lo llevaba, pero en ningún momento abandona las imágenes poéticas, cosa que difícilmente se repetirá en testimonios de presos políticos posteriores: "Para más seguridad, nos encerraron a popa, en la carbonera, a todos los presidiarios. Pequeño el barco, y el piso móvil y oscuro, íbamos como en el seno de una tormenta".
"Un día, por fin, a los muchos, nos abrieron la escotilla. El aire, la luz, el cielo (tres aves) bajaron a nuestra cueva".
"Nosotros somos del llano. Calculad nuestra sorpresa a la luz de los canales fueguinos".
"Después... Nos volvieron a la popa a los presidiarios. A nuestra nube de hollín. Hasta Ushuaia".
Sin embargo, pese al sesgo poético, Ushuaia era Ushuaia y los tonos tenebrosos comienzan a deslizarse: "A estribor se acuna el bote que nos debe llevar a tierra. Bajamos y nos conducen.
Tierra, para el caso, no es más que un modo de decir. Todo allí es nieve: el suelo, el viento, los bosques y las montañas.
¡En marcha! gritan. Marchamos. Resuena el piso y nos huye. Juega a hacernos zancadillas. Un juego como a la taba, a caer de cara o culo.
Caemos, no sé cuántas veces hasta hacer las treinta cuadras que hay del puerto hasta el presidio. Y sobre cada porrazo, el fusil del centinela, que nos apunta. Y el grito: En marcha, en marcha, marcha.
Con los brazos abiertos como alas rotas, marchamos".
Todavía González Pacheco no sufrirá torturas particulares que se propusieran arrancarle confesiones ideológicas o delaciones, como las que se descargarán en etapas ulteriores; pero reseña un episodio de brutalidad primaria y animal, sanción a una desobediencia: "El conscripto llegó allí a cumplir diez años, por una insubordinación en Campo de Mayo. Al empellón de un sargento había respondido con una lluvia de planazos, con su machete.
Todo lo que supe fue que era un gauchito entrerriano, de las selvas de Montiel. Y que, al empellón de un bruto, había respondido con una lluvia de golpes con su machete.
"¡Silencio, silencio, silencio!". Es la voz del celador que manda callar, dormir. ¡Si pudiera! Echo el cuerpo en las rodillas y me largo al sueño...
Hasta que se alzó aquel grito. Qué desolación, señor, y qué pudor, y qué miedo ululó aquel alarido: "¡Mama!"
Pegué con la cabeza en el techo, metí la cara hasta las orejas por la mirilla: ¿Qué hace?
Y el centinela me abocó su mauser: "¡Silencio, silencio, silencio!". Y llenándose la boca con una lengua de perro: "¿No ves que es el guapito ése?... El nuevo que llegó hoy... Lo están ?moviendo? los viejos..."
¿Comprendéis, madres? ... ¿Madres que paristeis machos?... Lo violaban. ¡Lo estaban haciendo hembra!"
El trabajo obligado que le tocó a González Pacheco fue el aserradero: "Entre ese mar que es pirata y aquella montaña blanca como holocausto, funciona el aserradero. Allí trabajamos los forzados. Volteamos robles y hacemos leña. ¡Mucha leña para tanto frío!"
"...Estos árboles de Ushuaia eran también presidiarios. Presidiarios de plantón. Presos de arriba y de abajo, por el hielo y por la nieve. Mas, barajé que ésa era la libertad. La libertad en la Argentina. Una selva congelada".
Los castigos que se propinaban en el penal marcan ya precedentes: "El palo, el plomo, el plantón, son las tres bombas de tiempo que te mantienen en vilo. Nunca sabes ni por qué ni cuándo van a estallar. Tampoco están en el orden en que yo las enumero; su marcha hacia el estallido puede también alterarse. El resultado es el mismo: el plantón, el plomo, el palo.
El garrote va a tu lado; te señala la tarea en que has de emplearte; te vigila. Distante cinco o seis metros, el fusil, que tú has visto gatillar, te apunta por si el del palo te erra. Pero lo que ya es difícil, casi imposible, es que del plantón escapes.
Porque éste se da por una simple mirada, que siempre se te interpreta como de protesta o de odio; o por encogerte de hombros cuando te insultan; y hasta por resbalar en la nieve y darte un golpe. ¡Plantón! Ocho o diez horas a la intemperie y de noche. De este suplicio, cuando se termina, te sacan tus compañeros en sus brazos o a la rastra".
Y así describe Pachecho una de sus experiencias como sujeto de represión: *Estoy en penitencia en el "triángulo". Esto es, de plantón, bajo la nieve, dentro de una garita con esa forma. Lo que no sé es cómo han hecho para hallarla a mi medida: justa por todos lados; hasta en el ventanuco que me enmarca el rostro. Parece mi ataúd.
Empiezo a sentir frío. Un frío en ráfagas, que me desnuda a tirones. Congelado. Un frío de bolsa de hielo.
¡Si me pudiera dormir...! Pero es como si arrastrara bajo los párpados toda la luz de los témpanos. Flamea y me quema, dentro del cráneo, el paisaje. Blanco, blanco, blanco. Soy una copa de escarcha.
Me hundí, me dormí de pie. Me despertó el centinela. Zamarreaba mi ataúd."¡Eh, vos! Callate. No se puede cantar".
Quién sabe si Pacheco cantaba dormido. Pero es cierto que para Ushuaia valía aquello que plantea Primo Levi refiriéndose al campo de Monowitz: "En este lugar está prohibido todo, no por alguna razón oculta, sino porque el campo se ha creado para ese propósito".
Personaje omnipresente, el centinela vigila con estas palabras de Pacheco: "El centinela, en Ushuaia, es un máuser con un dedo en el gatillo. Un fusilador que os mete, antes que su balazo en el pecho, su intención fusiladora en el alma".
"Se apodera de su víctima en el puerto. De aquel primer desconcierto, que fue tu primer porrazo, te sacó él apuntándote... "¡Marche!". Y tras de ti marchó el fusil gatillado.
Después... Lo inaguantable, hasta hacerse una obsesión de gritar, es él; él, acañonado a tu vida, a tu nuca o a tu frente.
¡Siempre! Hasta la asqueante letrina donde la puerta, cortada transversalmente, deja tu rostro en la línea de su fusil gatillado".
González Pacheco logró salir vivo de Ushuaia y continuó su lucha en distintos escenarios. Pero en esta saga de Argentina y censura, Argentina y prisión política, otra resistencia harto diferente será la que nos narren Nosotras, presas políticas, avanzados los 70, desde un penal "legal", Devoto. Las oiremos en una próxima.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-21291-2009-11-30.html




*

Sobre el papel de este lunes insensato digo: “ya no hay nada que decir”
Sobre el virtual papiro intelectual de la mentira visual de este lunes abotagado digo:
Hoy comienza un nuevo fin para mi historia inconclusa
El juego continúa y nada volverá a ser lo que fue
Solo la ternura de esta nunca bien amada serenidad
Comprada con el sudor de una incansable búsqueda abocada a encontrar ese porque, el gran equilibrio del mundo indica
que quizás nunca resuelva el matemático dilema existencial, el bien necesita del mal para existir, la vida es en verdad esclava de la muerte y le debe todo su valor a ella… nuestra señora guardiana …
Y sin nada mas que pensar que solo el vago ejercicio de decir y compartir estos tormentos diarios que definen quizás el totalmente pronosticable destino
Que misterioso aun se muestra errante e infinito
aplasto mis ojos cansados sobre un solo y único lugar y la vergüenza de no saber quien esta del otro lado del espejo limita una vez mas el hartazgo ocioso y suicida de cada mañana dándome una vez mas el aviso, de que aun
Sigo vivo.



*De Gastón Medina Balle. medinaballe.gaston@gmail.com








*





Queridas amigas, apreciados amigos:



Este domingo 29 de noviembre de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores argentinos José Luis Campana y Alicia Terzian, interpretada por el Grupo Encuentros (Argentina). Las poesías que leeremos pertenecen a Lina Zerón (México) y la música de fondo será de Tarpuy (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!






ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).





REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!



Freundliche Grüße / Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067







*







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