Friday, August 10, 2007

AL SERVICIO DE LO IMPOSIBLE...


-Incoloro Ligero-*




puedes abrevar
aliado con el hálito del trueno
senil de esperarte
soñando espantos cotidianos
en vigilia
con luces invisibles reflejándose en tus manos
toneladas de sudor en miniatura
sobre las arrugas del gesto

las raíces del llanto
fuera de la tierra
los filos del afecto mellados
el miedo acreedor sin balanza

puedes detenerte
y luego que los negros cúmulus
desvanezcan el telón de cielo y tierra
desatarte como rey del circo del abismo
sin calles con nombre
solo agua.




*de Victor M. Falco vittoriofa9@hotmail.com





Al servicio de lo imposible





Viernes, 10 de Agosto de 2007
Entonces los trenes*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


Cuando los tiempos eran perfectos existieron los trenes.
La estación tenía las tejas rojas, la galería techada sobre el piso de lajas oscuras y yendo hacia el sector de las cargas un ancho camino de granza roja que crujía bajos los pesados botines que usaban los empleados del Ferrocarril.
La construcción era copiada de las facturas inglesas, es decir: aireadas, altas y seguras en todo sentido.
Los ingleses -como los alemanes- llevan el confort en las casas que levantan en cualquier lugar del planeta, según comenta mi hermano, y es fácil constatar. Gran parte de la vida social del pueblo pasaba por allí. Cuántos noviazgos de entonces comenzaron en los momentos febriles en que la ansiedad y el estrépito no dejaban tiempo a la razón y abría un sendero ancho a los sueños.
Los minutos previos a la llegada del tren convertían ese minúsculo reducto en una metáfora que representaba la efusión de la vida, que simplemente daba vueltas, en un carrousel de sueños, angustia y deseo, pero sobre todo en la carcaza de una presunta alegría.
En los minutos previos al arribo del tren todo era conmoción y movimiento.
El que siempre llegaba primero era Pepe Faravelli, el cartero. Montado en una pesada bicicleta italiana, de anchas llantas que ruidosamente interrumpían sobre la granza delatora, cruzada en banderola, una gran cartera de cuero crudo para transportar la correspondencia, su uniforme del correo argentino de entonces -azul oscuro en invierno (de lana) y color crema (caqui se le decía) y de lino en verano- silbando sus tangos, eran una marca perfecta, previsible y esperada antes de la llegada del tren. Porque
en la oficina de correo tenían un telégrafo que avisaba la hora exacta de llegada. Y no pocas veces el tren se retrasaba motivo por el cual veíamos ese inmenso reloj bajo la galería como un adorno. La hora exacta de llegada la daba Pepe, el cartero, ya que dos minutos antes, sin desmontar de su bicicleta, subía el veredón alto por una rampa que daba parte a la plazoleta y frenaba con un pie calzado en grandes zapatones de suela de goma.
Había que asomarse entonces al borde del andén y espiar, apostando cuando veíamos el humo y calcular dónde se encontraba. Si venía de Rosario: el "Puente de la vía" y si lo hacía de Río Cuarto, ya en "La Portada", era perfectamente visible. Antes no, porque lo tapaba la hondonada que hacía el cañadón del campo de los Luppi.
Los que éramos mirones habituales nos saludábamos con una seña imperceptible, casi como una secta de iniciados. Saludar efusivamente a alguien, incluso iniciar una conversación con él, era signo de que el otro venía a esperar un pasajero, tal vez un ignoto pariente.
Las caras más habituales las tengo en la memoria, otros rostros se me escapan y otros, sencillamente los he olvidado.
Pero todos, quien más quien menos, bromeábamos con Juan Cúcaro, empleado del Ferrocarril Bartolomé Mitre, como se bautizó al ex Central Argentino, luego de la nacionalización en gobierno del primer peronismo. Cúcaro -por lo que recuerdo- vivía allí mismo en un pequeño cuartucho cuya ventana daba a las vías y era el encargado de las cargas. Cúcaro solía repetir "el trabajo dignifica", y yo nunca supe si lo decía en serio o en broma, dado el tono de ironía que siempre ponía en su voz.
En esos pocos minutos en que el tren se detenía en la antigua estación de entonces, la nerviosa vida bullía, se concentraba alrededor de ese edificio estrictamente inglés en el corazón de la llanura que también llamaban "pampa gringa". Esos pocos momentos donde el pueblo se despertaba como un saurio
dormido: vendedores de helados, fleteros diversos, jóvenes en busca de caras flamantes para soñar esa noche, curiosos de toda laya, y en fin, toda esa densa inquietud que sacudía la modorra en que esa población aletargada y fijada al duro trabajo bullía por breves minutos.
En todos los pueblos de llanura la gente iba a las estaciones a ver pasar los trenes. Sin embargo los que siempre viajaban coincidían en que en este pueblo de mi infancia la gente concurría ansiosa en gran cantidad para ver llegar y partir los trenes sin que se supieran los motivos reales de tal afición.
Indagué a muchos mayores sobre esta inclinación ferroviaria de mis copoblanos y obtuve diversas argumentaciones, hasta una que no desecho, pero tampoco tomo demasiado en serio.
Según esta fuente, que me reservo, todo habría comenzado en los años 20 del siglo pasado con la instalación de dos prostíbulos, popularmente conocidos como "El Queco grande" y "El Queco chico", y que estaba en un rincón del pueblo, apenas separado por una calle polvorienta por donde nadie pasaba,
salvo claro está, los ocasionales clientes, o algún peón de estancia que enfilaba su oscuro hacia su lugar de trabajo.
Cada dos o tres meses venían prostitutas nuevas (que un eufemismo piadoso llamaba "pupilas" y nunca supe por qué) que reemplazaban a las que estaban. Entonces toda la población femenina se volcaba a la estación donde las esperaba un "coche de alquiler", como se llamaba a los pocos taxis que había. Allí la "madama", o encargada del establecimiento las retiraba y sin dejarla hablar con nadie, directamente las trasladaba al prostíbulo.
Tal la exótica versión que alguna vez me dio una persona mayor para justificar esa tradición de "ir al tren", como se decía vulgarmente a ese paseo a la estación del ferrocarril en mi pueblo de entonces. Tal teoría nunca fue por mí compartida, pero me parece leal comentarla.
De todos modos, a mí esta costumbre me sirvió para sostener uno de mis primeros sueños y que fue partir hacia otros lugares, conocer nuevas caras, estudiar, y pulsar el nervioso existir de otras realidades.
Y también motivó un pequeño sueño hoy casi olvidado: el rostro bello e impasible de aquella niña que tenía un lunar en la mejilla y que todos los lunes me sonreía desde una ventanilla furtiva, para luego perderse en la llanura infinita sin que yo supiera su nombre o cruzara con ella una palabra siquiera y que hoy es como el símbolo de la fugacidad de la vida.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-9767-2007-08-10.html








Viernes, 10 de Agosto de 2007
El hombre no es como el oso*




*Por Sandra Russo


El que no se dio cuenta hasta ahora es porque se colgó. Los hombres son los objetos sexuales por excelencia en una época en la que los atributos femeninos están sobrevaluados y los masculinos yacen en un basural de paradigmas. Ahora todos queremos ser femeninos: las mujeres y los hombres, porque hemos descubierto que los hombres habrán experimentado históricamente la tenencia del poder, pero las mujeres hemos entretenido nuestras sensibilidades.
Todos los hombres quieren ser sensibles. Y hacen bien. Nuestros hombres son acolchados. Son comprensivos. Son mimosos. Son expansivos. O por lo menos les gustaría serlo. Hoy es un valor masculino la sensibilidad, y no la fuerza. Se trata de un brusco y vertiginoso cambio de rasgos de género.
La sociedad de mercado nos hace así: trabajadores de nuestras identidades sexuales. Los varones ya no pueden seguir siendo proveedores y las mujeres ya no podemos esperarlos con el Martini y el pelo batido. Primero nos cedieron los gastos de la casa, después la iniciativa laboral y ahora la sexual. Y no es que lo disfruten: qué va, se espantan. Pero como ellos no hacen nada (no llaman, no se declaran, no palpitan) alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
El combo incluye, claro, la belleza como moneda de cambio afectivo. Los hombres de treinta se miran preocupados la pancita. Cotizan en Bolsa gracias a sus personalidades, pero la personalidad de un hombre hoy no se mide sólo por su carácter. Un hombre es, como una mujer, su imagen. La época,
hermanos, nos ha regalado la chance de ser objetos sexuales intercambiables, mientras sólo algunos y algunas, con suerte y sabiduría, pueden llevar vidas como sujetos responsables de sus deseos.
Los iconos tradicionales de poder masculino ya son bizarros. Con el disvalor de la fuerza, el sistema de creencias masculinas sobre la virtud de su propio género entró en crisis. Pero de algo pueden estar seguros estos hombres. No son como el oso, no pueden permitirse la fealdad. La dictadura de los parámetros estéticos de época incluye a los varones, y ellos quieren tener la piel hidratada, quieren un buen corte de pelo, quieren manos prolijas, quieren tonificarse, quieren parecer más jóvenes. Belleza y
juventud: justo los dos altares sacrificiales desde los que millones de mujeres padecieron desde un zapato que no les dejaba crecer los pies hasta el corset que les quitaba la respiración y les provocaba lipotimias.
Bienvenidos al mundo de los objetos sexuales, muchachos. Los espera un largo aprendizaje para poner el cuerpo al servicio de lo imposible.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-89469-2007-08-10.html








PRECARIEDAD*



La vio en la costanera, en un árbol todavía no brotado, torcacita parda sobre un nido penosamente construido con tres o cuatro ramitas cruzadas.
La señaló para ella con gesto infantil. Con el dedo extendido y la emoción extendida, trazó una línea cálida entre su clara mirada y la avecilla tierna.
Después siguieron caminando, y la vida transcurrió sobre sus cabezas.
Por la noche el viento fue inclemente, ululó en las antenas, con dientes de perro se aferró a los batientes de las ventanas. Las plantas se quejaron con voz vegetal. El hombre despertó en la noche.
Al día siguiente le contó a ella que le había temblado un poco el alma a la madrugada. Le dijo que había pensado en la palomita, en la fragilidad de la intemperie de varillas peladas. Los ojos le brillaban. Dijo que vio los huevitos del futuro protegidos por el cuerpo escaso, por las alas minúsculas. Dijo que la vida es fuerte en su resistencia.
Ella le dijo “te quiero”



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com







Viernes, 10 de Agosto de 2007
Los alquimistas*


*Por Horacio Fontova


Invierno. Afuera hacía mucho frío. Adentro, simplemente hermoso. Mientras mi bombón dormía en el entrepiso arrullada y protegida por calores y ronroneos de cuatro de nuestros cinco gatos (Luzbelito, Pirulo, Madre y la Rusa), sentí que estaba todo tranquilo y en orden como para ponerme a leer a Hermes Trismegisto, y su misteriosa e iluminada Tabla Esmeralda.
Me quedé colgado en eso que dice "... separarás lo sutil de lo grosero, suavemente, con mucho ingenio... así lograrás la gloria del mundo entero.
Entonces toda oscuridad huirá de ti... Así fue creado el mundo, y habrá aquí admirables adaptaciones, cuyo modo es el que se ha dicho". ¿Qué quiso decir Hermes?
Me hice un café descafeinado y me puse a examinar lo anterior a través de las paredes de mi conciencia y a tratar de encontrar ejemplos de quien o quienes pueden llevar o haber llevado a cabo esas "admirables adaptaciones de la creación" en este mundo (o mejor dicho, en lo modesto que podemos
llegar a percibir de él), y se me vino a la memoria un huracán de nombres, todos ellos de personajes inscriptos en la historia, ya sea por sus valores artísticos o humanitarios, pero finalmente toda gente harto conocida que ha trascendido el anonimato.
Y como siempre, intuí que las grandes obras no son sólo las que llegaron al candelero, entonces bajé un poco los decibeles de mi búsqueda y así pude encontrar una innumerable cantidad de personas virtuosas, que están todas a la vista, día a día, en lo cotidiano. Porque cualquiera puede entender que un ama de casa que prepara un maravilloso huevo frito con amor está realizando una de las admirables adaptaciones de la creación del mundo de las que habla la alquimia en la Tabla Esmeralda.
Pero con eso de "...: separarás lo sutil de lo grosero, suavemente, con mucho ingenio..." me pregunté ¿quién hace algo por estilo? Y nada.
Así es que decidí ir a recapacitar fumando un cigarrillo en la vereda. Hacía mucho frío y las bolsas con residuos estaban esperando apiladas. Todavía no era la hora de la recolección.
Y antes de que esto sucediera creo que algo se me aclaró, cuando como todos los días a la tardecita los vi en la otra cuadra, acercándose.
Ahí me cayó la ficha. Estaban llegando los alquimistas, los cartoneros.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-89511-2007-08-10.html







prealba*




Yo solo te observo
desde lo más alto
del árbol del cielo

qué fue lo que
transmutó
tanto
tu rostro?...
mil años mintiéndote
con tus mismos personajes?

Tu me tienes afecto ahora?
Tu me tienes lástima?
Temor?
Odio?

Yo solo te observo
desde lo mas alto
del árbol del cielo
donde está mi rama

obviamente dudas
ya verás
no importa
un día cerrarás
y abrirás los párpados
y te sentirás ser
desde mi rama
desde lo mas alto
del árbol del cielo.


*de Victor M. Falco vittoriofa9@hotmail.com




*

Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 12 de agosto del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor latinoamericano Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosin (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar





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