Saturday, March 22, 2008

A LA VERA DE LAS COSAS...


A LA VERA DE LAS COSAS...




Pretendido Paro Patronal Propagandístico*




A ver : De qué paro me hablan, o acaso el trigo deja de crecer, las vacas de dar leche y los cerdos de aparearse (felices de ellos, ya que estamos) por que el "dueño" del campo se instale con su 4x4 a la vera de una ruta, reclamando por su rentabilidad. El mismo que si va a la ciudad y un piquete lo demora saca a relucir su tolerancia solicitando "mano dura".
Esto bucólicos "productores agropecuarios" son los mismos que utilizan chicos de 10 y 11 años como "banderilleros" para guiar la fumigación, tarea que - por si alguien no lo sabe - implica exponerse a un baño completo y penetrante de esos productos que favorecen el crecimiento de la soja y la muerte de todo lo que la rodea ???
Son acaso los que venden el 30 % (o mas) de su producción en efectivo a "culata de camión". Ya saben, "plata en mano, culo en tierra".
Serán, por ventura, los que calculan su rentabilidad en función del valor de la hectárea de tierra ?
Por que si son esos, y más allá de no compartir nada con el actual gobierno, tengo en claro de qué lado de la trinchera de clase me pongo. Por que el llanto de los máximos beneficiarios de este modelo depredador de la tierra y concentrador de la riqueza no me aflige. Preferible que a ellos les duela su mezquino bolsillo antes que a mi el poco pelo que me queda (si admitimos que el pelo puede doler).
Asi que, amigos, a sacarse las mascaritas ! Quieren capitalismo sin pagar impuestos ?
Que vayan a hacer piquetes a los shoppings en los que arrasan con todos los símbolos de prestigio social que el capitalismo propone!
Ojo con hacerles el juego, prevengo, por que de esta burguesía "nacional" salen los cuadros que nutren a todas las dictaduras, y mañana a este mismo gobierno, claro, si "abrochan".
Pensar que denunciar el carácter parasitario y rentístico de los capitalistas agrarios es ser "oficialista" es lo mismo que creer que el que denunció a Saddam Hussein como dictador es automáticamente un sostenedor de la política fascista y genocida de Bush.
Aquellos que pretendan hacer un análisis económico exhaustivo deberían estudiar los cambios producidos en la estructura social de la pampa húmeda, el formidable proceso concentrador de la tierra en cada vez menos manos, las formas que asume la producción agrícola capitalista en la Argentina, y la distribución de la renta diferencial que el agro produce, y no darle credibilidad a notas de color que procuran generar simpatía en la "opinión pública urbana" con descripciones pintorescas.
Todo esto, claro, sin mella a una vocación por diferenciar al pequeño capital agrario, que más que verse perjudicado por la carga impositiva es rehén de el monopolio de la semilla y fertilizantes y del poder de compra de las 5 hermanas.


Insisto en que llamar "paro" al lock-out patronal es, de parte de quién se denomine "progresista", un despropósito, y por parte de los medios de comunicación (opositores u oficialistas) una maniobra de intoxicación deliberada. En ese sentido es tan "pinguinesco" repetir el discurso que parte de Puerto Madero como el que emite la "tribuna de doctrina". Esto desde el punto de vista semántico. Desde el económico, un tanto mas concreto, el campo no "para", solo pospone la realización de activos, es decir, y aplicando los preceptos del viejo Carlitos, al que todos pretenden haber leido, pero parece que pocos entienden: la producción no se interrumpe, se sigue trabajando, agregando valor. Su capital variable se transforma; merced a la laboriosidad de sus trabajadores y la potencia reproductiva de especies animales y vegetales incorpora trabajo humano concreto, que luego se trocará por la mercancía suprema. Si, adivinaron. Sólo que unos dias después, exponiéndose a que las condiciones del mercado puedan cambiar y los precios de su producción bajar (ejem). A diferencia, incluso, del concepto tradicional de lock-out, en el que los capitalistas, abroquelados sobre una montaña de beneficios previa, deciden "interrumpir" la producción, como forma de sitiar a los trabajadores por el hambre y asumen las pérdidas que ello conlleva, en pos de ganancias futuras, aquí los capitalistas agrarios ni siquiera pierden un día de producción. Resumiendo: llamar paro a lo que ni siquiera es un lock-out es un error desde una mirada de buena leche, o una hijaputez de los medios.
El monocultivo - cualquiera sea - conlleva las conocidas consecuencias en lo que respecta a la dependencia de un solo mercado, poder de decisión soberano, etc. Todos esto males muy bien descriptos por los teóricos de los '60, como T. Dos Santos, H. Jaguaribe, A. G. Franck, etc. y tan poéticamente explicados por E. Galeano en "Las venas abiertas...". En ese sentido es tan perjudicial, más allá de una coyuntura excepcional de precios, la soja como los eucaliptus, el sorgo, el chocolate o el café. La acción depredadora de la soja reproduce, por ejemplo, lo ocurrido durante el "ciclo del cacao" en el nordeste brasileño, o los fabulosos ingresos que trajo el caucho, posibilitando la construcción de un teatro de fábula íntegramente importado en canoa y a lomo de burro en Manaos. A veces miro la fachada del teatro "El círculo" de Rosario, remozada para el patético y carnestolendo "Congreso de la Lengua" en el 2004 y hasta siento verguenza ajena. La oligarquía segundona del interior del país se permitió edificar ese teatro, mientras que los actuales "capitanes de la soja" entienden como "cultura" asistir a los recitales de la emperatriz de la soja, el "tifón de Arequito". El proceso de concentración de la tierra y centrifugación social que está produciendo el "ciclo de la soja" permite avizorar un futuro pleno de esperanzas para las fabulosas ganancias que están realizando los beneficiarios del modelo, y campos desertificados para los angurrientos propietarios que se limitan a vivir de la renta que le proporciona el alquiler de sus campos a los "pools de siembra". El capitalismo agrario argentino, en ese sentido, opera según la lógica histórica del capital, en la incesante búsqueda de mejores condiciones para contrarrestar la ley de hierro del rendimiento decreciente de la tasa de ganancia, tan bien descripta, por otra parte en...bueno, en un libro del viejo Carlitos que ya me voy a acordar el nombre. Alguien de seguro lo conocerá...
En resumen, la "protesta del campo" tiene toda las características de conflicto intraburgués, distintas fracciones de la burguesía se disputan la renta diferencial que los excepcionales precios internacionales permiten ingresar al país. Apasionante novela, en la que los personajes principales son el gran capital agrario, por una parte y el gran capital industrial y de servicios por otra. ¿Como? ¿A este personaje no lo conocían? Ah ! es que lleva puesta la careta del gobierno, que vela por su interés de mantener controlado el costo de reproducción de la mano de obra. Claro que están aquellos que suponen que los subsidios al vetusto, indigno e inhumano sistema de transportes ferroviarios del Gran Buenos Aires constituyen un "negociado" infame entre algunas áreas del gobierno y empresarios corruptores, y lo son, claro, pero esas son las migajas.
En esta saga, frotándose las manos, aparece el capital multinacional en las dos puntas del negocio: en el monopolio de la semilla transgénica, sus agroquímicos específicos y cobrando regalías por el uso del grano destinado a semilla. En el otro extremo las exportadoras de cereal y las aceiteras, pagándole IVA a empresas truchas y subfacturando exportación.
Por último la comparsa del gran capital, los pequeños propietarios de la pampa gringa, que no han podido - por razones de economía de escala - sostener la competencia con el gran capital y disfrutan de la renta de sus campos, como generalmente perciben el arriendo en quintales de cereal u oleaginosas no ven con mucho agrado lo que ellos denominan la política confiscatoria del gobierno.
Otra cosa, por supuesto, son las pequeñas explotaciones por fuera del área de la soja, cuya viabilidad es cada vez más problemática, debido a la expansión de la frontera agrícola.
Sigo sin ver como desde posiciones "progresistas" puede apoyarse un movimiento que tiene más que ver con el lock-out de los propietarios de camiones en Chile en 1972-73 (sin ver en este gobierno nada de aquel de Allende, claro) que con el "Grito de Alcorta", como dijera sin ponerse colorado un dirigente de Federación Agraria. El Dr. Netri se debe estar revolviendo en su tumba, y hasta Lisandro de la Torre, siendo como era un pequeño ganadero, se pegaría un tiro de nuevo.
Todo esto, como ya he dicho, sin perjuicio de entender que el rol del gobierno sigue siendo asegurar la rentabilidad de todas las fracciones del capital mas concentrado.
Pero quizás ahí radica mi error, el "progresismo" argentino está lejos de ser anticapitalista, y todas sus expectativas se centran en mejorar la "calidad institucional", y su más digno representante es el empresario periodístico Lanata. Sin olvidar a Clarín (con su sucursal psico: Página) y La Nación.
Quizás - dentro de todo - sea un avance respecto a las épocas en que la estrella periodística era Neustadt, pero en este momento seguramente ambos estarían de acuerdo.



*Udi, udi.cuatro.catorce@gmail.com
desde Rosario, "Capital de los cereales", marzo de 2008








Hola y adiós*


*Ray Bradbury



Pues claro que se iba, qué otra cosa podía hacer, el tiempo se había agotado y se iba, se iba muy lejos. Tenía ya hecha la maleta, había sacado brillo a los zapatos; se había cepillado el pelo y se había lavado expresamente detrás de las orejas. Tan sólo faltaba bajar las escaleras, salir por la puerta y subir la calle hasta la estación del pueblo, donde el tren se detendría exclusivamente para recogerlo a él; entonces Fox Hill, Illinois, quedaría atrás, muy atrás en su pasado. Y él proseguiría su camino, quizá a Iowa, tal vez a Kansas, quién sabe si a California; un chiquillo de doce años, en cuya maleta un certificado de nacimiento acreditaba que lo había hecho hacía cuarenta y tres.
-¡Willie! -exclamó una voz en la planta baja.
-¡Ya voy! -Alzó del suelo la maleta. Vio en el espejo de su cómoda un rostro formado por dientes de león de junio, manzanas de julio y leche de cálida mañana de verano. Allí, como siempre, se reflejaban el ángel y el inocente, aquella efigie que tal vez nunca, en todos los años de su vida, llegase a cambiar.
-Casi es la hora -llamó la voz de mujer.
-¡Ahora mismo! -Y descendió por la escalera, al tiempo gruñón y sonriente. En la sala de estar, sentados, Anna y Steve, las ropas dolorosamente pulcras.
-¡Aquí estoy! -exclamó Willie desde el umbral de la sala.
Daba la impresión de que Anna fuese a romper a llorar.
-¡Oh, Dios mío! No es posible que vayas a dejarnos, ¿verdad, Willie?
-La gente está empezando a murmurar -dijo Willie tranquilamente-. Hace ahora tres años que estoy aquí. Pero cuando la gente se pone a murmurar, sé que ha llegado la hora de ponerme los zapatos y sacar un billete de tren.
-Todo es tan extraño, no lo entiendo. ¡Y así, tan de pronto! -se lamentó Anna-. Willie, te vamos a echar muchísimo de menos.
-Yo les escribiré todas las Navidades. Por favor, ayúdenme. No me escriban ustedes.
-Ha sido un gran placer y una satisfacción -dijo Steve, allí sentado, demasiado ampulosas las palabras, palabras que cuadraban mal en su boca-. Es una vergüenza que esto haya de acabar así. Es una vergüenza que hayas tenido que contarmos tu caso. Es una condenada vergüenza que no puedas quedarte.
-Ustedes son los parientes más agradables que he tenido nunca -dijo Willie, desde su metro veinte de estatura, barbilampiño, radiante el sol en su rostro.
Y entonces Anna se echó a llorar.
-Willie, Willie -gimió. Se sentó. Parecía querer abrazarlo, pero abrazarlo le daba miedo ahora; lo miró con sorpresa y desconcierto, vacías las manos, sin saber qué hacer.
-No resulta fácil irse -dijo Willie-. Se acostumbra uno a la situación. Desea uno quedarse, pero no puede ser. En una ocasión probé a quedarme después de que la gente comenzase a desconfiar. "¡Qué cosa más horrible!", decían. "¡Tantos años jugando con los inocentes de nuestros niños -decían-, y nosotros sin enterarnos!" "¡Qué espanto!", dijeron. Y al final, una noche tuve que huir de la ciudad. No resulta fácil, no. Saben perfectamente bien cuánto los quiero a ambos. ¡Gracias por estos tres años fabulosos!
Fueron todos juntos hasta la puerta delantera.
-Willie, ¿adónde piensas ir?
-No lo sé. Sencillamente, me pongo a viajar. Cuando veo una ciudad que promete ser verde y agradable, me quedo.
-¿Volverás algún día?
-Sí -dijo con toda formalidad su vocecilla aguda-. Dentro de unos veinte años debería empezar a reflejarse la edad en mi rostro. Cuando así sea, pienso hacer un gran recorrido y visitar a todos los padres y madres que he tenido.
Permanecieron en pie en el fresco balcón veraniego, reacios a decirse las últimas palabras. Steve tenía tozudamente clavada la mirada en un olmo.
-¿Con cuántas familias has estado, Willie? ¿Cuántas veces has sido adoptado?
Willie hizo el cálculo de bastante buen grado:
-Me parece que han sido unas cinco ciudades y cinco los matrimonios con quienes he estado. Han pasado más de veinte años desde que empecé mi peregrinaje.
-Bueno, no tenemos motivo para quejamos -dijo Steve-. Más vale tener un hijo durante treinta y seis meses que ninguno en absoluto.
-Bien... -dijo Willie. Se despidió de Anna con un beso rápido, asió el equipaje y se marchó calle arriba, penetrando en la verde luz del mediodía, bajo los árboles... un chiquillo muy joven en verdad, sin volver atrás la mirada, corriendo.
Los chicos estaban jugando en el verde diamante del parque cuando pasó. Permaneció un ratito bajo la sombra de los robles, observándolos lanzar la blanca, nívea bola de béisbol que hendía el aire cálido del verano; vio volar sobre la hierba, como un pájaro oscuro, la sombra de la bola; vio cómo se abrían las manos, como bocas voraces, para atrapar aquel raudo fragmento de estío que ahora parecía tan importante asir. Gritaron los chicos. La bola aterrizó en la hierba, cerca de Willie.
Al avanzar con la bola, saliendo de los árboles umbrosos, pensó en los tres últimos años, ahora gastados hasta el céntimo, y en los cinco años anteriores, y así, remontando el hilo de su vida, hasta el año en que cumplió verdaderamente los once años y los doce y los catorce; pensó en las voces que decían: ("¿Qué le pasa a Willie, señora?" "Señora B., ¿no está Willie retrasado en su crecimiento?" "Willie, ¿has estado fumando cigarrillos últimamente?" Los ecos se extinguieron en luz y colores veraniegos. La voz de su madre: "¡Willie cumple hoy los veintiuno!". Y un millar de voces repitiendo: "Hijo, vuelve cuando cumplas quince años; tal vez entonces podamos darte trabajo".
Se quedó mirando fijamente a la pelota de béisbol que sostenía en su mano temblorosa, imagen de su vida, una bola interminable de años bobinados y rebobinados una y otra vez, pero siempre conducentes a su duodécimo cumpleaños. Oyó a los chicos venir hacia él; sintió que le tapaban el sol, los vio mayores que él, rodeándolo.
-¡Willie! ¿Adónde vas? -Le dieron una patada a su maleta.
¡Qué altos, allí plantados, en el sol! Era como si en aquellos últimos meses, el Sol hubiera pasado una mano sobre sus cabezas, reclamándoles, y ellos fueran cálido metal fundente atraído hacia lo alto; como si fueran trigo dorado halado hacia el cielo por una inmensa fuerza gravitatoria; ellos, con sus trece, catorce años, mirando a Willie desde las alturas, sonrientes todavía, pero ya comenzando a tenerlo por un cero a la izquierda. Aquello había empezado hacía cuatro meses.
-¡Formemos equipos! ¿Quién quiere a Willie en el suyo?
-¡Bah!, Willie es demasiado pequeño; no queremos "niños" con nosotros.
Y lo aventajaron en la carrera, atraídos por la Luna y el Sol y por la sucesión turnante de estaciones de hoja y de viento; él siguió teniendo doce años, pero ninguno de los otros volvió a tenerlos jamás. Y las voces, las otras voces comenzaron de nuevo a repetir el manido estribillo, frío y aterradoramente familiar: "Más vale que le des vitaminas a ese chico, Steve". "¿Qué pasa, Anna, es que en tu familia hay una rama de bajitos?" Y el frío puño que vuelve a golpearte el corazón, el conocimiento de que será preciso volver a arrancar las raíces después de tantos años buenos con los "parientes".
-¿Adónde vas, Willie?
Sacudió bruscamente la cabeza. Volvía a encontrarse en medio de aquellas torres humanas, de aquellos mocetones que le hacían sombra, que pululaban en torno a él, como gigantes inclinados a beber en la fuente de un parque.
-Me voy unos días a casa de un primo.
-Oh. -Hubo un día, hace un año, en que eso les hubiera importado mucho. Pero ahora tan sólo sentían curiosidad por su equipaje. No era más que la fascinación de los viajes y los trenes y los lugares distantes.
-¿Qué les parece si echamos un par de partidas rápidas? -dijo Willie.
Su aspecto era más bien dubitativo pero, dadas las circunstancias, accedieron. Dejó caer la bolsa y corrió; la blanca pelota de béisbol estaba allá en lo alto, en el sol, distante de sus figuras de blanco ardiente en la lejanía del prado, de nuevo en el sol, apresurada, la vida yendo y viniendo, como obedeciendo a un patrón. ¡Aquí, allí! ¡El señor y la señora Robert Hanlon, de Creek Bend, Wisconsin, 1932, la primera pareja, el primer año! ¡Aquí, allí! ¡Henry y Alice Boltz, Limeville, Iowa, 1935! ¡Vuela, pelota! ¡Los Smith, los Eaton, los Robinson! ¡1939! ¡1945! Marido y mujer, marido y mujer, sin niños, sin niños. Una llamada a esa puerta, una llamada a esa otra.
-Disculpe usted. Me llamo William. Me pregunto si...
-¿Un bocadillo? Pasa, siéntate. ¿De dónde vienes, hijo?
El bocadillo, el vaso largo de leche fresca, la sonrisa, el gesto acogedor, la conversación cómoda, distendida.
-Hijo, das la impresión de haber estado viajando. ¿Te has escapado de algún sitio?
-No.
-Chico, ¿eres huérfano?
Otro vaso de leche.
-Siempre quisimos tener hijos, pero nunca hemos podido. Jamás supimos por qué. Cosas que pasan. Bueno, bueno. Se está haciendo tarde, hijo. ¿No crees que sería mejor que te fueras a casa?
-No tengo casa.
-¿Un chico como tú? ¿Con lo limpias que tienes las orejas? Tu madre estará preocupada.
-No tengo casa ni parientes en todo el mundo. Me pregunto si... me pregunto... ¿me permitirían pasar aquí esta noche?
-Bueno, hijo, verás, no sé qué decir. Nunca habíamos pensado en admitir... -dijo el marido.
-Esta noche tengo pollo para cenar -dijo la mujer-, y hay bastante para repetir, bastante para las visitas...
Y los años que pasan, que vuelan; las voces, y los rostros, y las gentes; las primeras conversaciones, siempre las mismas. La voz de Emily Robinson, en su mecedora, en la oscuridad de la noche veraniega, la última noche que estuvo con ella, la noche en que ella descubrió su secreto, su voz, al decir:
-Miro las caras de todos los niñitos que pasan. Y a veces pienso: ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza que todas esas flores hayan de ser cortadas, que sea preciso extinguir el fulgor de esos fuegos! Qué vergüenza que éstos, todos esos que vemos en las escuelas o correteando por ahí hayan de tornarse altos y desagradables; que luego lleguen las arrugas, la sal y la pimienta en el pelo, o la calvicie, para luego, finalmente, puros huesos y resuellos, tener que morir, enterrados y olvidados. Cuando oigo reír a los niños, me resulta imposible creer que hayan de recorrer la misma senda por la que yo camino. Y sin embargo, ¡vienen! Aún recuerdo aquel poema de Wordsworth: "...cuando de pronto vi una multitud, una hueste de dorados lirios, cerca del lago, bajo los árboles, lirios que se agitan y se mecen en la brisa". Eso es lo que a mí me parecen los niños, pese a lo crueles que son a veces, a pesar de saber cuán malvados pueden ser. Pero no les asoma todavía la maldad en torno a los ojos, aún no se lee la malicia en su mirada, sus ojos aún no se han saturado de cansancio. ¡Es tanta el ansia que sienten por todo! Me imagino que eso es lo que más echo a faltar en las personas mayores, que en nueve de cada diez casos han perdido ese ansia, esa frescura, a quienes se les ha escurrido desagüe abajo tanta de su energía vital... Adoro ver cómo salen cada día los niños de la escuela; es como si sus puertas lanzasen florecillas a la calle. ¿Qué se siente, Willie? ¿Qué siente uno al ser eternamente joven? ¿Cómo es parecer una moneda de plata recién acuñada? ¿Eres feliz? ¿Te encuentras tan estupendamente como dice tu aspecto?
La bola de béisbol llegó zumbando desde el cielo azul; le dio a su mano un picotazo, como un gran insecto pálido. Mientras se la acariciaba, Willie oyó a su memoria decir:
"Trabajé con lo que tenía. Después de morir mis parientes, tras descubrir que no podía encontrar en ningún sitio trabajo de adulto, probé suerte en las ferias, pero sólo conseguí que se rieran de mí. "Hijo -me dijeron-, no eres un enano, e incluso aunque lo seas, ¡tu aspecto es de un chico normal! Queremos enanos con cara de enanos. Lo siento, hijo, lo siento." Así que me fui de casa, y eché a andar pensando: ¿Qué era yo? Un niño. Tenía aspecto de niño, tenía voz de niño, así que podría perfectamente seguir siendo un niño. De nada valía luchar contra ello. De nada serviría gritar. ¿Qué podía hacer, pues? ¿Qué trabajo tenía a mi alcance? Y un buen día vi a un hombre en un restaurante mirar las fotografías que de sus hijos le enseñaba otro hombre. "Claro que me gustaría tener hijos -decía-, ya lo creo que me gustaría." No hacía más que mover con desánimo la cabeza. Y yo sentado allí, a unos pocos asientos de él, con una hamburguesa entre las manos. Me quedé allí sentado, ¡helado! En aquel mismo instante supe cuál iba a ser mi trabajo durante el resto de mi vida. Sí, había trabajo para mí, después de todo: hacer felices a gentes solitarias. Mantenerme ocupado. Jugar eternamente. Me di cuenta de que tendría que jugar eternamente. Repartir unos cuantos periódicos, hacer recados, segar unos cuantos céspedes. Quizá. Ahora, ¿trabajos pesados? Jamás. Todo cuanto tendría que hacer consistiría en ser hijo de una madre y orgullo de un padre. Me dirigí al hombre que se encontraba un poco más abajo que yo en la barra. "Discúlpeme", le dije, y le sonreí..."
-Pero Willie -le había dicho hacía mucho la señora Emily-, ¿nunca te has sentido solo? ¿Nunca has querido... esas cosas que los adultos desean?
-Esa batalla la tuve que librar yo solo -dijo Willie.
"Soy un chiquillo -me dije-, tendré que vivir en un mundo de chiquillos, leer libros para niños, jugar a juegos de niños, desconectarme de todo lo demás. No puedo ser las dos cosas. Yo sólo tengo que ser una cosa: joven. Así que hice mi papel. ¡Oh, no fue fácil! Hubo momentos..." Se interrumpió y se sumió en el silencio.
"Y la familia con la que vivías, ¿no llegó a saberlo nunca?"
"No. Decírselo hubiera estropeado todo. Les conté que me había escapado; les dejé comprobarlo por conducto oficial, por la policía. Después, cuando no apareció ninguna ficha ni denuncia, dejé que solicitasen mi adopción. Eso era lo mejor de todo, siempre y cuando no sospechasen nada. Pero, entonces, después de tres años, o de cinco, se imaginaban lo que pasaba, o llegaba un viajante que me conocía, o me tropezaba con un feriante, y aquello se acababa. Siempre tenía que acabar."
"¿Y tú eres muy feliz? ¿Es agradable seguir siendo niño durante cuarenta años?"
"Como suele decirse, es una forma de ganarse la vida. Y cuando uno hace felices a otras personas, casi se es feliz también. Sea como fuere, dentro de unos cuantos años estaré ya en mi segunda infancia. Habré doblado el cabo de las tormentas, habré olvidado las insatisfacciones y casi todos los sueños. Tal vez entonces pueda comportarme con naturalidad y representar mi papel hasta el final."
Lanzó una última vez la bola de béisbol y rompió el ensueño. Corrió a coger su equipaje. Tom, Bill, Jamie, Bobb, Sam; sus nombres se movieron sobre sus labios. Percibió el embarazo de los muchachos al irles estrechando la mano.
-Bueno, Willie, después de todo no es como si te fueras a China o a Tombuctú.
-Así es, ¿verdad? -Willie no se movió.
-Hasta pronto, Willie. Nos veremos la semana que viene.
-Hasta pronto, hasta pronto.
Y fue alejándose con la maleta, mirando a los árboles, alejándose de los muchachos y de la calle en la que había vivido. Al doblar una esquina aulló el silbato de un tren, y echó a correr.
Lo último que vio y oyó fue una blanca bola de béisbol lanzada a lo alto de un tejado, atrás y adelante, atrás y adelante, los gritos de dos voces (la bola lanzada hacia arriba, y luego abajo y otra vez a través del cielo). "¡Annie, Annie, basta! ¡Basta, Annie, basta!", gritos como los de los pájaros al volar hacia el lejano sur.
Se despertó de madrugada, una madrugada con olor de la neblina y del frío metal, envuelto en el olor ferroso del tren que lo rodeaba, los huesos sacudidos, entumecidos los miembros por toda una noche de viaje. Se despertó con olor de sol tras el horizonte; su vista se tendió sobre una pequeña villa recién surgida del sueño. Se estaban encendiendo las primeras luces, murmuraban quedas las voces; una señal roja oscilaba adelante y atrás, atrás y adelante, en el aire frío de la mañana. Había ese silencio somnoliento en el cual los ecos están dignificados por la claridad, en el cual los ecos se encuentran desnudos, nítidos y solitarios. Pasó un mozo de tren, una sombra entre las sombras.
-Señor -dijo Willie.
El mozo se detuvo.
-¿Cómo se llama esta ciudad? -susurró el chico desde la oscuridad.
-Valleyville.
-¿Cuántos habitantes tiene?
-Diez mil. ¿Por qué lo preguntas? ¿Te bajas aquí?
-Parece verde. -Willie permaneció largo rato escrutando la ciudad sumida en la madrugada-. Parece agradable y tranquila -añadió.
-Hijo -dijo el mozo-, ¿de verdad sabes a dónde vas?
-Aquí -respondió Willie. Y se levantó tranquilamente en la madrugada tranquila, fría, saturada de olor a hierro, en la oscuridad del tren, con un rozar de ropas, perturbando el silencio.
-Chico, confío en que sepas lo que te haces -dijo el mozo de tren.
-Sí, señor, sé lo que me hago. -Y descendió al oscuro andén, con el equipaje en pos, en manos del mozo; salió a la mañana que recibía las primeras luces, la mañana humeante y fría que condensaba el aliento. Permaneció un instante con la vista alzada hacia el mozo y hacia el negro tren de metal, contra el fondo de las pocas estrellas que aún quedaban. El tren exhaló un gran soplido aullante en su silbato, los mozos del tren gritaron a lo largo de toda la hilera de vagones, los coches saltaron, y su mozo sonrió y ondeó la mano en señal de saludo al chico que allí se quedaba, a aquel chico pequeñín con su maletón que le estaba gritando algo, a pesar de que la máquina volvía a soltar su silbido.
-¿Qué? -gritó el mozo, con la mano haciendo pabellón en la oreja.
-¡Deséeme suerte! -gritó Willie.
-¡La mejor del mundo, hijo! -exclamó el mozo, saludando, sonriendo-. ¡Muchacho, la mejor del mundo!
-Gracias -dijo Willie en mitad del estrépito del tren, en el vapor y el rugido.
Permaneció mirando al negro tren hasta que se fue completamente y se perdió de vista en la lejanía. No se movió durante todo el tiempo que tardó en irse. Allí se estuvo, quietecito en el fatigado andén de madera, doce años de chiquillo, y sólo después de pasados tres minutos completos se volvió para, por fin, encararse con las calles desiertas.
Después, mientras el sol se alzaba, echó a andar a toda prisa para guardar el calor, bajando de la estación, entrando en la nueva ciudad.


*Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bradbury/holayadi.htm









Sábado, 22 de Marzo de 2008
Quince ciudades del Alto Valle pelean por recuperar el ferrocarril desmantelado por Menem


Una batalla por el tren perdido*



Son municipios de Río Negro y Neuquén, que quedaron sin tren de pasajeros en 1993. Desde hace un año se vienen organizando para recuperarlo. Ya juntaron doce mil firmas y consensuaron un "Manifiesto del Valle". Y esperan que el tren vuelva en los próximos meses.

El 20 de septiembre de 2006 un grupo de vecinos de Río Negro y Neuquén comenzó a impulsar el proyecto.

El andén está vacío. Ningún hormigueo de personas. Nadie llega a la estación. Ningún guarda uniformado asoma, nadie llama por los altoparlantes. Pero sí se escuchan las bocinas ruidosas de un tren, que no se ha detenido.
Una formación que sigue de largo con su carga de cemento, carnes, granos y sustancias químicas varias. Cuando el ex presidente Carlos Menem desmanteló, en 1993, la red ferroviaria, el servicio de pasajeros brindado por Ferrosur Roca en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén pasó a convertirse en transporte de cargas. En las viejas estaciones los pobladores de la región reclaman que regrese el servicio. El proyecto, que consiste en poner en funcionamiento un tren urbano a través de los 15 municipios que integran esa región patagónica, podría convertirse en realidad en pocos meses.
En las próximas semanas, la Secretaría de Transporte de la Nación formalizaría una propuesta para concretar la iniciativa. Según estimaciones oficiales, son necesarios alrededor de diez millones de dólares para poner en funcionamiento el tren, rehabilitar vías y estaciones y construir pasos a
nivel.
El 20 de septiembre de 2006 un grupo de vecinos de Río Negro y Neuquén comenzó a impulsar el proyecto. Crearon una comisión y subcomisiones en las localidades del Alto Valle. Se promovió y difundió el proyecto. Y se forjó el "Manifiesto del Valle", un documento que sintetiza los argumentos para que regrese el tren. "Hay un grave problema de seguridad en la red vial que queda evidenciado por los continuos accidentes sobre la ruta nacional 22. El ferrocarril, además de ser por sí más seguro como medio de transporte, redunda en descongestionar la red vial. También brinda mayor seguridad y
eficiencia. Y además es más económico y menos contaminante", argumenta el documento. En otro párrafo, señala que "se cuenta con la ventaja de que en la región ya existe la infraestructura ferroviaria y está en uso, para transporte de cargas". Por el momento, doce mil firmas apoyan el manifiesto.
"La única traba que existía era que parte de las vías están bajo el uso de la potestad de la provincia de Río Negro, no así en el tramo neuquino. Este uso de potestad se convierte en un escollo, ya que la concesión de este servicio sería brindado por la rama estatal nacional de ferrocarriles. En este sentido, la propuesta es que Río Negro ceda la Línea Norte de sus ferrocarriles a Nación y se quede con la concesión de la Línea Sur", explicó a Página/12 Edmundo Griffoi, titular de la Comisión Pro Tren del Valle. La iniciativa cuenta con el respaldo de la Cámara de Diputados de la Nación, todos los municipios de la región y ambas legislaturas provinciales.
El servicio uniría las localidades neuquinas de Senillosa, Plottier, Neuquén capital, con las rionegrinas de Cipolletti, General Fernández Oro, Allen, Guerrico, General Roca, Padre Stefenelli, Cervantes, Mainque, Ingeniero Huergo, General Enrique Godoy, Villa Regina y Chichinales. Allí funcionarían trenes importados de Portugal, con capacidad para 150 pasajeros por vagón.
Cada uno cuenta con un motor diesel y pueden realizar un recorrido de ida y vuelta sobre el mismo riel.
Cuando se privatizaron los trenes, Río de Negro se hizo cargo del Tren Patagónico -que une las ciudades de Viedma y Bariloche-, a través de una sociedad estatal y también del transporte de pasajeros en el Alto Valle. Sin embargo, en el norte de la provincia no se puso en marcha un servicio ferroviario de pasajeros.
"La decisión del gobernador Miguel Saiz es que si el gobierno nacional formaliza la propuesta y se hace cargo de las inversiones de infraestructura, del material rodante y lo gerencia y controla, la provincia
está dispuesta a cederle la concesión del transporte de pasajeros de la Línea Norte", explicó a Página/12 Bautista Mendioroz, vicegobernador de la provincia de Río Negro. "Nosotros además planteamos como requisito la creación de una comisión integrada por Nación, Río Negro, Neuquén y los
municipios del Alto Valle junto a la Comisión Pro Tren del Valle para regular el servicio", agregó Mendioroz.
El martes pasado, Mendioroz acordó con el subsecretario de Transporte Ferroviario, Antonio Luna, la cesión del ramal norte. En los próximos 30 días el gobernador Saiz firmaría un decreto para traspasar la concesión a Nación. "Si fuese necesario se enviaría un proyecto a la Legislatura y sería tratado y aprobado inmediatamente, porque hay consenso en la provincia sobre la necesidad de contar con ese servicio", señaló el vicegobernador. Tras la cesión, el gobierno nacional deberá formalizar la propuesta para poner en marcha el tren.
La propuesta del gobierno nacional estaría enmarcada en el reordenamiento del sistema ferroviario, aprobado por el Congreso. El gobierno de Néstor Kirchner ya había prometido arreglar y reconstruir las vías troncales en manos de los concesionarios de transporte de carga, reparar el material
rodante, rehabilitar talleres y rieles. Hasta el momento, los trenes reparados han sido pocos y precarios.
"En la zona es necesario que haya otro medio de transporte, ya que los colectivos son muy costosos aquí, y mucha gente no puede pagar el boleto de un colectivo. Además, es necesario que haya un tren que una la zona con Buenos Aires, porque los micros están cada vez más caros: hace seis años gastaba 70 pesos en un viaje ida y vuelta a la Capital; en diciembre del año pasado gasté 270", comentó a este diario Silvina Campidoglio, una joven vecina de Cipolletti. Al respecto, Griffoi se lamentó porque "el ferrocarril en la época de (Julio Argentino) Roca llegaba a Bahía Blanca y a fin de siglo XIX se discutió la extensión hasta Neuquén y en dos años se construyó ese tramo, y ahora con las vías no hay ferrocarril".
Por esa región, la empresa de transporte de cargas Ferrosur Roca, que pertenece a la cementera Loma Negra, en manos del grupo brasileño Camargo Correa, atraviesa con trenes de cargas. La concesión de los ramales de lo que fuera Ferrocarril Roca data de marzo de 1993. El traspaso había incluido un total de 53 locomotoras y 4000 vagones en concesión al holding de Amalia Lacroze de Fortabat, entre otros grupos económicos, para cubrir una red de 3300 kilómetros de extensión. Esos rieles atraviesan -además del Alto Valle- todo el norte de Río Negro y llegan hasta Zapala, en Neuquén.
Mientras tanto, los habitantes de la región imaginan gente en los andenes que desaparecerán dentro de las formaciones. Altoparlantes que llamen para abordar el tren. Trenes que comiencen a moverse, que partan a través del valle.

Informe: Esteban Vera


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-101105-2008-03-22.html





MUNDUS Y QUIMERA*



*de Héctor Murena


Uno de los momentos fundamentales del rito tradicional de fundación de ciudades es aquel en que se procede a la apertura del mundus. Se trata de un vasto pozo que era cavado en la tierra y tapado luego, con lo que quedaba convertido en una cámara subterránea, la cual, por su aspecto abovedado similar al cielo, era denominada mundus, universo. Sin embargo, mundus, de mundare, es lo limpio, lo purificado. Un tercer sentido le asignan Varron y Macrobio al identificar mundus con mundo infernal, infierno. Y, por
pertenecer a la tierra, era de índole estrictamente femenina. Los cuatro sentidos concurren al significado del mundus de fundación. Colocado bajo la advocación de Ceres, la diosa de la fertilidad, indicaba reverencia al principio femenino; inaugurado con frutos del nuevo lugar y con terra patrum, servía para purificar de la culpa de haber abandonado viejos lares; además, por ser entrada a los infiernos, mostraba un contacto vigilante y propiciatorio con las potencias de éstos -que en suma podrían identificarse con una Ceres (ímpetu vital) adversa o perturbada-. El mundus constituye el
vientre, el locus genitalis maternal, la matrix de la que depende la existencia misma le la ciudad.
Resulta oportuno comparar estas nociones con las de otra gran tradición.
Se trata de la concepción budista del hara. Hara significa literalmente vientre, la zona que se halla debajo del ombligo, la cual es para el budismo el centro del cuerpo humano, el centro de gravedad psicofísico del hombre, en el cual debe éste apoyarse si desea vivir una vida no mutilada. Esa zona
es desde el punto de vista biológico tanto el reino de la fertilidad, gobernado por Ceres, pues en él se cumplen las funciones de gestación y asimilación, como también el plutónico imperio inferior, porque allí se desarrollan la descomposición y la muerte. "El hecho de anclarse en el centro de su cuerpo procura al hombre el goce de una fuerza que le da la posibilidad de enseñorearse de su existencia" (Graf Karlfried von Durckheim). Hara. Dicha fuerza es la vida cósmica que atraviesa el vientre y a la que el hombre puede propiciarse si aprende a no ser víctima de su cerebro, su corazón o su voluntad, si aprende a descender a sus raíces. El esfuerzo propiciatorio indica reconocimiento por parte del hombre del cordón umbilical que lo une al gran ritmo de la naturaleza. "Lo que importa es la fuerza primordial y universal de la vida que atraviesa a grandes oleadas el bajo vientre del hombre, similar a un torrente de agua que viniendo de la eternidad pasase rumbo a la eternidad" (op. cit).
Según esta percepción, al mundus externo, cuya apertura le resulta al hombre ineludible para habitar humanamente la tierra, corresponde un mundus interno cuya ocupación le resulta al hombre imprescindible para habitar humanamente en el hombre. Y es de presumir que se trata de dos versiones en distinto estilo del mismo fenómeno. Pero lo que debe retenerse como significativo es el hecho, de que dos tradiciones sin ningún contacto atestiguen del mismo modo respecto a la necesidad a la que debe someterse el hombre de dar testimonio de las fuerzas sobrehumanas de la naturaleza, de las que nunca -bajo pena de muerte- podrá liberarse. El europeo que puebla América ha olvidado la noción de mundus y carece de sentido del hara. Sus ciudades, trazadas en forma de damero, en las que cada punto es
cualitativamente igual a los demás, denotan una quimera de la razón.
Ciudades y templos clásicos adoptan a veces la forma de damero, pero en ellos cada punto, a pesar de ser topográficamente igual a los restantes, difiere de ellos por completo en su valor cualitativo: a través de la totalidad de los puntos se busca reproducir en la ciudad como unidad orgánica una imagen del universo que sea protectora y regenerativa. En el Campamento americano, sin mundus -o sea, implantado el desafío a la naturaleza-, se vive una vida trivial, carcomida por la irrealidad, utópica.
Es que el fundamento de una vida humana real y cumplida lo constituye el esfuerzo inicial por reconciliarse con la naturaleza, por trabarse en lucha con sus manes creadores y destructores, a fin de incorporarse al juego cósmico de sus potencias, o, por lo menos, el vivir esa vida en una comunidad que en algún momento de su pasado cumplió tal esfuerzo, cuyas consecuencias siguen impregnando sus diversos estratos. Y el supuesto a partir del cual se funda América es justamente la negación de ese esfuerzo.
La ratio de la quimera americana es la Fiebre del Oro, que toma las potencialidades del individuo aventurero en forma parcial y le permite así la ilusión de que no debe empeñarse en luchas más hondas. Tales potencialidades no desarrolladas pasan a cumplirse en una ensoñación cuyo motivo principal es la patria ultramarina. Se sueña con lo que allá se ha vivido y dejado, con lo que allá se vivirá cuando se regrese con el oro que se coseche. Pero ocurre que esas ensoñaciones de una vida pasada y futura en
la patria ultramarina conforman el presente de una vida americana, la cual se convierte así en fantaseo irresponsable, salvo en lo que concierne al oro. Puesto que de entrada se ha huido de las potencias de la creación y la destrucción, se cree que en América todo es posible. Pero para construir algo es menester que los cimientos encuentren una resistencia que falta cuando se elude lo profundo: el aventurero afronta esta verdad ineludible al descubrir que uno a uno se estrellan contra la realidad esos locos proyectos a los que se ha lanzado tras comprobar que el oro no existe y que desdichadamente no puede volver a la patria ultramarina.
Así se aprende el juego de simular profundidad con lo trivial; así se aprende a convertir lo que era fantaseo sobre la patria ultramarina en compensatorias quimeras sobre uno mismo en tierra americana; así se aprende a culpar y odiar a la realidad por el propio fracaso; así se aprende un estilo de vida fantasmalizado, vida de segundo grado, cuyos momentos más intensos están dados por el relampaguear del resentimiento. Y tal como el habitante de Roma posterior en muchas generaciones a la fundación sabía, al marchar por el camino llamado decumanus, que estaba siguiendo el curso del sol, del misma modo el habitante de los campamentos americanos en muchas generaciones posterior a la fundación repite el mismo estilo de vida de segundo grado, empobrecida por el fantaseo, que el espíritu del campamento
sin mundus impone. Quimera es tanto planear la coronación de un monarca de estirpe inca para solucionar los problemas que en América originó hacia 1810 la desaparición del monarca español, como la fundación hacia 1950 de Brasilia, en un inútil esfuerzo por arrancar la sede del gobierno del
Campamento originario en Río de Janeiro. Quimera es tanto una literatura y un arte latinoamericanos que, incapaces de radicarse lo hondo de la realidad, resultan sujetos a modelos europeos hasta el punto de que -salvo contadísimas excepciones- no alcanzan una expresión propia, como lo es también el proyecto de Bolívar de formar una confederación sudamericana, sin considerar que la realidad de la anarquía vedaba a la sazón pensar incluso en formar naciones.
...En los habitantes de la ciudad sin mundus lo único real y profundo es la Fiebre del Oro. Y cuando la Fiebre del Oro mantiene su dominio en la cruda forma primaria todo lo que signifique salir de los límites del propio ego, ir más allá de sí por causa de una preocupación por los otros, renunciar a algo por el bienestar general, expresar algo que concierne a todos, etc., se produce de modo débil, caricaturesco o falso, como un rito que se practica pero sin entender su sentido. Así se explica, por ejemplo, el hondo y malsano conservadorismo que afecta a la totalidad de los miembros de las sociedades latinoamericanas, incluyendo a aquellos más desposeídos.
Nadie se siente jamás tan "sin nada que perder" como para exigir o desear una revolución o un cambio en la sociedad: incluso el esclavo que no cuenta más que con la cadena que lo ata tiene la Fiebre del Oro y, a la espera de satisfacerla, no quiere un cambio de cosas que lo ponga en el riesgo de perder siquiera su cadena. Por ello no hay en tales países fuerzas políticas de izquierda verdaderas con respaldo eficaz. En el actual mundo de masas, de acelerado crecimiento demográfico y de singulares cambios, izquierda
política significa la orgánica articulación de las mayorías de individuos menos afortunados a los efectos de obligar a la sociedad a cumplir las modificaciones necesarias para la salud de ésta y prevenir de tal forma los estallidos destructores que sobrevienen cuando no se realizan dichas modificaciones. En un mundo donde la intercomunicación entre los diversos países resulta compulsiva, izquierda política significa poseer la antena necesaria para captar, interpretar y asimilar las modificaciones que se
producen en la gran sociedad de masas actual, a fin de no condenarse a desempeñar un papel dependiente y lesivo en la intercomunicación. Ese instrumento de cambio e inteligencia falta en los países latinoamericanos.
Como pendant -en apariencia mitigatorio pero en realidad exacerbante- de esa falta surgen los pequeños grupos de intelectuales extremistas a ultranza.
Esos grupos se adueñan de universidades y otros puntos claves y realizan desde allí su agitación en pro de la reforma social. Pero tanto lo exagerado y utópico de sus demandas como lo histérico de sus actitudes y gritos denuncian la falta de solidez de sus convicciones y la falta de apoyo verdadero por parte de cualquier sector del país. Y a la larga el papel que desempeñan tales grupos de utopistas -que si fuesen reformadores reales actuarían con mucho más sigilo y eficacia- es el de servir como los mejores pretextos que la Prehistoria encuentra para sentirse o simular sentirse convocada a restaurar la pureza del Origen amenazada por los "subversores".
La verdad que los extremistas gritan es la de la impotencia de la Fiebre del Oro -debida la trivialidad e irrealidad final por su falta de mundus- para manejar al país y la de su desesperada apelación a la Prehistoria...
...Existe sin duda la posibilidad de superar ese destructor movimiento de péndulo entre la Prehistoria y la Fiebre del Oro, incluso en naciones que carecen de mundus, esto es, en naciones implantadas en desafío a la naturaleza. Existe la posibilidad de lograr que una nación arranque en forma definitiva por el camino de la Historia de la Fiebre del Oro y de que a partir de entonces las reapariciones de la Prehistoria sean aisladas, de escasa repercusión en el conjunto, y de que hasta se llegue al caso de que
contribuyan a la más rápida marcha de la Fiebre del Oro. Una sociedad de ese tipo -a la que tienden o quisieran tender todos los países latinoamericanos- es la que forman los Estados Unidos de América. Allí la trivialidad y la irrealidad de la vida en la Fiebre del Oro fueron tomadas con pasmosa seriedad para organizar un sólido estilo de existencia nacional que el mundo entero conoce con el nombre de tecnocracia. La tecnocracia toma las vidas de quienes viven a ella sometidos según un estilo "estadístico", por así llamarlo, que aprovecha siempre especialidades técnicas parciales de los
individuos y los ignora siempre como las totalidades humanas que son, por lo que los condena a llevar una existencia tan superficial y fantasmal, tan de segundo grado, como la que distingue siempre a la de la Fiebre del Oro. La Prehistoria puede volver en carácter de oposición "refundadora" a través de
incidentes -como los asesinatos de Lincoln y Kennedy, el espíritu del Sur, el mundo que revelan las novelas de Faulkner, el maccarthysmo, etc.- a los que la Fiebre del Oro vestida de Tecnocracia consigue sobreponerse, pero son más importantes los aspectos en que se presenta como aliada -la Conquista
del Oeste, el espíritu militarista que a cañonazos abre y mantiene mercados para los productos de la Tecnocracia, etc.- Este "ideal" -al que de algún modo con el tiempo los países latinoamericanos se acercarán en variada medida- constituye el máximo de intensidad vital -basadas en la eficacia,
nunca en la plenitud, a la que la primera se opone -que pueden alcanzar las sociedades sin mundus ni hara, es decir, formadas por criaturas que se han enajenado los manes tanto externos como internos.
Por lo demás, en una humanidad progresiva y generalizadamente desencadenada del nutricio orden cósmico por la razón, este modelo se aparece como el más adecuado para la mayoría de las naciones, aunque debe notarse que en aquellas que en el pasado contaron con un nombre secreto, con un mundus, las influencias del modelo tecnológico no logran nunca penetrar demasiado hondamente y son por ello menos ostensibles y menos nocivas.



(*) Héctor Murena, en El nombre secreto, Monte Ávila Editores, Caracas, 1979.
-FUENTE: http://www.temakel.com/texolvmurena.htm






Correo:


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Me conmueve, que haya citado a Murena. El suicidio de Murena en 1975, se suma a los suicidios por asqueamiento moral que empezaron con Alem, siguieron con Lisandro de laTorre y continuaron con Lugones (aunque la lista puede que sea incompleta). Murena es deliberadamente desconocido, particularmente por sus colegas (los suyos) a los que Murena anatemizó. La autora de la nota, tal vez no leyó cuando Murena, estigmatiza a las dirigencias argentinas, por su "mentalidad de campamento". Y eso coincide con un articulo publicado en Infobae, hace dos o tres días, acerca de los ciento cincuenta mil
millones de dolares que los argentinos "campamentistas" tienen en el exterior, en especial en los paraísos fiscales. Y los cincuenta mil millones de esa moneda que se esta devaluando tramposa y aceleradamente en los colchones, aquí. Si están en dólares se van a joder en forma. Pero no hay que
alegrarse porque seguro ya cambiaron de divisas y huyeron roedoramente como es su especialidad. Es una minoría decreciente, pero interim ha jodido mucho a las mayorías de una Argentina crecientemente latinoamericanizada, para disgusto de los "campamentistas".



*de Alfredo Armando Aguirre. choloar@rocketmail.com



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Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 23 de marzo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, El milagro de Guadalupe, del San Antonio Vocals Ensemble. Las poesías que leeremos pertenecen a Lina Zerón (México) y la música de fondo será de Indoamérica (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067


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