jueves, enero 03, 2013

VIAJAREMOS A ESE MUNDO CON TRES SOLES....


*Obra de Walkala. Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010) http://galeria.walkala.priv.at/main.php

                 -En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam

                                             http://www.auroraboreal.net/index.php?option=com_content&view=article&id=1367%3Awalkala&catid=94%3Apintura&Itemid=160

 

 

 

 

 

EL HACEDOR DE MILAGROS*

 

 

Ese amanecer apareció instalado en el centro de la plaza. Algunos dijeron que surgió de la nada, otros que vino volando en su baúl, estos que lo trajo la lluvia de estrellas de la noche anterior, aquellos que lo dejó abandonado el último circo ambulante... La mayoría, simplemente, ignoró su presencia.

José, el escribano, fue el único que espió sus movimientos a través de las doce horas de luz que le regaló el verano. Al caer la noche lo vio intentando acomodarse en su vieja arca de madera y se le antojó un sacrificio mayor que el que un humano pudiera soportar. Acercándosele, lo invitó a compartir su choza y su cena de pan y té de hierbas.

Al romper el alba había alguien tocando a su puerta. No puedes monopolizar al hacedor de milagros, le dijo, señalando una larga línea a sus espaldas, llena de enfermos, contrahechos, mendigos, madres con hijos sin zapatos y viejas tirando de animales con el vientre hinchado de parásitos.

¿Pero de dónde sacan que él...? No tuvo necesidad de terminar. Señalaron al unísono a un despintado cartel que ostentaba el baúl,

que habían dejado en la puerta - en la choza no cabían más que dos hombres acostados y la tosca mesa que utilizaba para escribir poemas y mensajes de amor en hojas secas -: “HACEDOR DE MILAGROS”, rezaba la inscripción.

La cola se iba alargando, sus integrantes mostraban impaciencia, repetían que José, el escribano, no podía acaparar los milagros para él solo. Él les hizo seña de esperar, despertó al mago y a falta de pan, compartieron una galleta dura, que mojada en té de anís mejoraba su consistencia y sabor.

Toda una jornada curando males y cumpliendo deseos, el último fue el cura del pueblo, que  pidió ganar la lotería. No se había puesto aún el sol cuando lo vieron partir en una lujosa limosina, llevando consigo a su amante. Los demás protestaron porque les había sido dado poco, e intentaron ponerse de nuevo en la fila, ahora querían millones, olvidando la vista restaurada, las reses curadas, la cosecha saneada de plagas y el hijo que había vuelto a andar.

Pero el fabricante de portentos volteó el baúl y les mostró un segundo cartel, que nadie había advertido por las prisas: “SOLO UN

MILAGRO POR PERSONA”. Tanto él como el escribano estaban exhaustos. Uno por tanto prodigio, el otro por la búsqueda de hojas,

hierbas y flores con que hacer tisanas para aplacar los estómagos rugientes por la espera.

No has pedido nada, le dijo al quedar a solas. Me dio pena con usted, respondió José con un encogimiento de hombros, tanta gente

exigiendo y ni siquiera uno le preguntaba si estaba cansado o hambriento.

Por otro lado, no se me ocurre qué desear. Mientras escuchaba pedir milagros ajenos, más comprendía que soy feliz.

Al escuchar esta respuesta, el otro rió. ¿Sabes que este pueblo es el último de mi recorrido? - José negó con la cabeza a modo de

respuesta - Hace años busco a un hombre perfecto, para nombrarlo mi heredero. Sólo si encuentro a alguien que ha alcanzado la

felicidad plena seré librado del castigo que me impuse cuando la soberbia y la falta de humildad me cegaron, llevándome a perder lo

que más amaba. He visto pasar las eras viajando con este baúl que no porta más equipaje que los recuerdos acumulados. Cuando

encontrara este imposible, volvería a mi trono y él se sentaría a mi diestra para ayudarme en el difícil oficio de reinar.

Estudié los Arcanos, la Energía Universal, los secretos de la Alquimia, redescubrí verdades olvidadas, lloré por la falta de amor de

los hombres, por su ausencia de fe, por su incapacidad de reír, por su ambición. Aprendí tanto de mendigos y moribundos como de

reyes que, a pesar de tener el poder, buscaban siempre algo más allá de lo que les había sido otorgado. Pensé que al recrear la

felicidad ajena a partir del cumplimiento de sus deseos, lograría mi objetivo, pero nunca vi en un rostro de los que me solicitaban

favores, la expresión de dicha plena que deseaba encontrar. Creí que mi búsqueda era en vano cuando llegué a éste, el último pueblo

de la Tierra… José, el escribano que llena hojas secas de poemas y esquelas amorosas para complacer a otros que no encuentran las

palabras, te pido humildemente disculpas, mi vista ha estado tan nublada que apenas acabo de descubrirte, cuando expresabas tu

ausencia de deseos. Sólo aquel que no espera nada es libre de sus propias ataduras.

Entró al cofre e hizo un gesto, invitándolo. No te preocupes por el espacio, este baúl es como la mente del hombre, puede guardar

más de lo que por su visión externa llegas a imaginar. Si tienes algún equipaje, puedes traerlo, será un viaje sin retorno.

José, el escribano, recogió algunas hojas secas, aseguró en su bolsillo la estilográfica y el pincel fino, y subió a bordo, sintiéndose a sus anchas.

El baúl se elevó por los aires, mientras los aldeanos, cabizbajos e infelices por su mala suerte al pedir deseos tan ínfimos, ignoraban que de nuevo se estaba produciendo una lluvia de estrellas.

 

 

 

*De Marié Rojas.

La Habana. Cuba


 

 

 

 

 

 

 

 

VIAJAREMOS A ESE MUNDO CON TRES SOLES…

 

 

 

 

 

Vamos a contar mentiras*

 


Acababa de ingresar en el nuevo colegio y estaba en aquel período de observación prudente en el que uno está a la expectativa para saber como funcionan las cosas. Durante las primeras clases estuvo tomando posiciones para ver los alumnos que podían ser más afines a él, y de forma muy gradual fue entablando conversación con los de los pupitres de su lado.

Era un colegio de mucho nivel al que acudían los hijos de gente pudiente. Políticos, industriales, rentistas y nuevos ricos dejaban la formación de sus vástagos en manos de la institución que, dicho sea de paso, estaba reconocida como una de las mejores en la educación de jóvenes.

En el primer recreo se le acercaron un grupo de compañeros que le invitaron a jugar con ellos, a lo que el nuevo se avino con satisfacción por tener una acogida tan cálida como inesperada.

- ¿Quieres jugar con nosotros?
- Claro, muchas gracias, ¿A qué jugáis?
- Jugamos a "vamos a contar mentiras" - le respondió uno espigado.
- Yo no sé jugar a eso...
- Es fácil todo el mundo sabe. A mi me enseñó mi padre.
- Es que en el otro colegio yo jugaba a fútbol, básquet, balonmano…
- Aquí no jugamos a esas cosas, aquí jugamos a "vamos a contar mentiras"
- ¿Sólo jugáis a eso?
- Ten en cuenta que nos estamos preparando para ocupar los puestos de nuestros padres.
- ¡Ah, claro! ¿Y como se juega?
- Es fácil, únicamente basta con hablar. Se aprende con la práctica fácilmente.

Y el grupo entabló una conversación muy animada sobre como conseguir la confianza de los demás.

 

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

 

 

 

 

 

 

 

 

MUERTE*

 

 

¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda el  hombre

Que ya ha habido demasiados muertos?

BOB DYLAN

 

 

Yo, podría decirte muchas cosas.

Muchas cosas, dulce, pequeña  inmensa, tan temida.

Tan anhelada, tan odiada.

Los ángeles han caído en tus espejos de agua.

Torpes criaturas sin pupilas.

Yo podría decirte que se que me buscabas y me buscas.

Sé, de tu espera ansiosa en aquella tarde de verano sediento.

Hubo un tiempo en que acechabas como reptil hambriento.

En la concavidad del tajo consagrado  me escondía.

Vos traías la cabellera larga de los tiempos.

Las uñas chamuscadas con la congoja del ardiente enero.

 

Yo venía de un vértice encendido, de un planisferio oscuro.

Y fui hembra, resucitada y bautizada por el polvo.

Vos, en cambio, no sabes la geografía exacta de tu nombre.

Tu nombre es de mujer, como la justicia, la vida, la utopía.

Como la bandera, la patria, la palabra.

La libertad, la negación del no, la rosa.

Que cruel designio te persigue, compañera.

Quien mutila tus pechos. Quien te castra. ¿No te cansas?

 

Te he visto trepar por los balcones y los nidos vacíos.

 

 

Te he observado, absorta, en la mirada de los gatos negros.

Testigo he sido de la transmutación de tus manos.

He contemplado tus rituales de danza en los patíbulos.

He  percibido los poetas sentarse en tu huesudo pubis.

He escuchado el llanto de las madres y los hijos.

Te oí mil veces pasar por la puerta de mi casa.

He visto a Belcebú y a vos y a un niño con pupilas sangrantes.

Y te has equivocado una y otra vez .Setenta veces siete.

 

Y me preguntas, incisivamente, al borde del abismo.

Porqué el poeta, ante tanto tormento.

Ante los albores terribles de las guerras.

Ante la fetidez de un sol alquitranado.

Porqué el poeta se baña en la clepsidra  el deseo.

Porqué se empapa en la penumbra del amor.

 

Yo podría decirte muchas cosas…

Y digo, se, que parece fútil, banal, invertebrado.

Los poetas cantan al amor y a la luna.

Y llenan oquedades y agujeros de bala.

Y yo, entre ellos…

Saco la flecha del cervatillo y la clavo en mi pecho.

Hondo, muy hondo, hasta los confines del barro.

Y me despojo y me bebo y me amordazo en besos.

Y celebro. Celebro ser mortal, jubilosamente…

Vos, en cambio, amada, pequeña inmensa, tan temida.

Llevas la carga tan pesada de los dioses. Por siglos de los siglos.

Ser inmortal, una y otra vez, inmortal.

Inmortal. Una y otra vez.

 

 

*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

RITUAL DEL TIEMPO*

 

 

El sol cumple su ritual, lo vemos
a través de nuestro tiempo,
le damos el tono del abismo
o el arco iris hecho resplandor
en sueños.
¿Qué todo es igual?
Es imposible porque nunca
apoyamos nuestro pie
en la misma huella,
al desear “buenos días”
el tono cambia según el instante
y el estado de la casa interna.
Lo mismo el ir a la meta,
no es siempre lineal,
da muchas vueltas.
Si sabemos ver
los árboles saludan
cuando al pasar
rozamos su sombra
y un pájaro canta en nuestro honor.
¡Cuántas ofrendas!
Somos como el arroyo
que a cada minuto alberga
agua nueva en su cuenca.

 

 

*de EMILSE ZORZUT. zorzutemilce@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

YO, LE DIRÍA A UD*

 

 

“Canto…

Y tus pasos no ya no vuelven a rodar por mi camino…”

Tango: “Canto de ausencia”. HOMERO MANZI.

 

 

Yo, le diría a Ud. mi primer arquitecto.

Que se marchara, como siempre lo hizo.

Que  cargara consigo, los jinetes muertos

(Aquellos, decapitados con mi mano)

Que se llevara un satélite, un cadáver, un crucifijo

(La luna, el burro y el niño dios)

 

Yo, le diría que aleje el desamparo que dejó en mi pecho.

Que cargue con sus periódicos y plátanos.

Con su risa, sus tangos y su padre.

Que  se lleve  la ausencia de su madre.

Sus labios encendidos en vino y mi niñez sin calendarios.

Sus palabras de amor incendiadas en tinta. Su sombrero.

 

Yo le diría a Ud que  distancie sus pasos.

Pasos que anunciaban madrugada de salmos.

Que se llevara mis largas miradas…

Y las suyas, mirándome larga y fijamente.

Diciendo sin voz, lo que el oído de niña no escuchaba.

(O no quería, o no podía oír)

 

Yo, le pediría que  aleje  mis fervientes cantos.

Y el azoe de miel, hablando  en extranjera voz.

Y el  sudor de su frente bajo el sol de enero.

Y el son persuasivo de la flauta.

Que dejara las ratas de Hamelín.

Y los ciento treinta niños que llevó a la cueva.

 

Le rogaría a Ud, que me niegue su  única herencia:

La trasgresión, la norma no cumplida. El pecado.

Los  hambrientos  sueños  que huyen en la madrugada.

La abstención de un dios ignoto y riguroso.

Las ramas de cuatro soledades menos una.

Las letras, el alfabeto en Morse.

 

Yo, le diría a Ud, que por última vez le susurre.

Su voz infiel, diciéndole al oído: rosa mía.

Y otra vez, renacida, déjeme...vaya y no vuelva.

 

 

*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

*

 

 

 

Te pienso

 

En esta noche tan intima

Las luces del reloj

Titilan en un ritmo más lento

 

Recorro tu cuerpo

Con esmero

Tratando de retener

Cada detalle de tu piel

 

Palpo cada cuota de besos

Que nos brindamos

En algunas madrugadas

 

Afuera no hace frío

Están las estrellas pendientes

De nuestros abrazos

 

La hora de dormir

No llega a inquietarme

Hay demasiado recorrido

Por inventar todavía.-

 

 


 

 

 

 

 

 

 

CADA PRIMERA VEZ*




Me resigno a que sea ésta la última vez en que el milagro se de, en que la maravilla acontezca. Buscaré tus ojos, y será tu mirada, será la primera vez en que sea mirada, será la constatación de la correspondencia, y tu voz dirá las palabras, y tus manos me acariciarán con la perfecta seguridad del deseo. Todo lo guardaré como acto inicial, como justificación de mi existencia. Me buscaré en tu cuerpo, me encontraré en vos completa y feliz, imagen minúscula de camafeo, miniatura atesorada de mi reflejo en tus ojos.
Seremos felices recontando para el otro los saldos de nuestras vidas, evocando niñeces y sucesos olvidados. Te hablaré de aquella vez que, y de aquella otra en que, y me escucharás ávidamente, agradeciendo mi confidencia.
La vida en común será la exploración de una selva virgen, entre los dos cortaremos las lianas que cierren los caminos, desmontaremos el lugar de la edificación de nuestro hogar. Levantaremos paredes contra la intemperie, crearemos bromas y palabras sólo para nosotros, nos asiremos con un lenguaje compartido y prescindiremos de las explicaciones.
En lo cotidiano llegará la dulzura del abrazo, la confortable costumbre del cuerpo recién descubierto y casi ajeno pero milagrosamente próximo. Dibujaré mis brazos en torno a tu figura, serán mis brazos nuevos.
Después la costumbre será costumbre. Ya no estaré en tus ojos, será el fastidio de oir otra vez la misma conocida historia, la broma repetida que ya no causa gracia.
Después vendrá la inútil repetición, la furiosa búsqueda de lo que fue y no puede volver. Noche tras noche agotaremos las ansias de aprehender la felicidad, retorceremos la cuerda, mentiremos instantes que no son el instante, pero fingiremos creer que creemos.
Cuando ya no sea posible, cuando el engaño sea tan evidente que las repeticiones se vuelvan vergüenza y traición, será el momento de encontrar de nuevo la mirada la caricia el completo ser en otros ojos, otras manos, otra voz.

 

 

*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

 

 

 

 

 

CITA*

 

 

Te veré a la hora sin sombras
Bajo el árbol cuya presencia convocamos.

Viajaremos a ese mundo con tres soles
Que visitamos cuando unimos nuestros sueños.

Danzaremos, triples siluetas crepusculares,
Mecidos en cantos de cigarras…

La vieja fuente acogerá en sus aguas nuestros nombres.


*de Marié Rojas.

La Habana. Cuba.

 

 

 

 

 

 

*

 

 

Filigrana blanca: una niña o muñeca o pintura habla, no sé si consigo entenderla. Desde su maceta, en el blanco banco que juega a los vacíos con el aire,  las hojas  le salen como pensamientos, dice algo acerca de la vida y la belleza. Me gusta que esté en casa como una búsqueda quieta. Le saqué una foto por temor a que un día se rompa. No la podría  recuperar, muerto el que la pintó y  el que la ideó, ella y yo  frágiles, todavía  creamos climas. O es ella la que viene del mundo de los sueños y yo sólo me abrazo a la íntima calidez de su barro  ¿Por qué ahora que estoy sola temo por esta sobreviviente de una casa con niños y perros, le saco la foto, le escribo? A lo mejor porque ahora, recién ahora, creo que debe ser verdad ese asunto de la muerte. Es que entre ladridos, gritos, llantos y risas solamente se vive, no se piensa en la vida ni en la muerte…

 

 

*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com

 

 

 

 

 

 

***


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