Sunday, June 14, 2015

EL PROBLEMA ES LA HUMANIDAD...


*Dibujo de Erika Kuhn.








Leyes pilares en la propiedad privada*



Un conejo
puede saltar,
comer lechuga,
plantearse problemas
que se resuelven
dentro de aritméticas
no acumulativas
y puede hacer todas las cosas
que hacen los conejos
gracias a la propiedad de conejez
presente en todos ellos.

Del mismo modo,
la mosquitez
permite a estos dípteros
hacer todas y cada una de las cosas
que hacen los mosquitos,
como arrullar tiernamente
el nacer de las olas...

El problema
es la humanidad.

La atunez
hace que el oficio más bello
del canto de los sueños sordos
sea el de los atunes,
y les ayuda a entrar
perfectamente
dentro de las latas con verduras.

La propiedad de zanahoriez,
como todos lo saben,
hace lo propio
con aquellas hortalizas,
aunque el observador acucioso
conocerá ya de sobra,
todo lo que las zanahorias realizan.

Ahora que el problema que se tiene,
es con la humanidad.

La tlacuachez
ha permitido
aquellos complejos tratados filosóficos
que los tlacuaches escriben
en las raíces del viento,
que escupe frutos agridulces
para alimentar a las lombrices,
quienes,
dicho sea de paso,
poseen esa rara propiedad de lombricez,
que tanto escasea hoy día.

Pero aún tenemos este problema
que enuncia una discontinuidad
sobre una superficie
homeomorfa al plano euclidiano:
el problema de la humanidad...
Quizás tan sólo le falten más diéresis,
o le sobren vocales,
o quizá sea necesario
que termine en “z”.

Tal vez,
y sólo tal vez,
la humanidad se equivocó de animal,
de planta
o de tiempo.


*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com








EL PROBLEMA ES LA HUMANIDAD…








ESTACIÓN DE LOS VIENTOS DE AGOSTO*


Estación de las búsquedas


Va y viene la mujer. Busca.
El perro intenta mover su cola.
Su mitad, ha perdido su pérdida.
Sale de la noche y a la noche llega.



Estación del perdón


Los ojos vacíos de no ver.
Los pies entran en la boca del lobo.
Su piel tiene la textura del perdón.
El lobo, levemente la deposita en la leve hierba.



Estación de la tibieza.


Algo toca, roza los dedos del pié.
Nace en la planta y se arraiga. Sube por el empeine.
La tibia soporta el peso del cuerpo. El venir y el devenir
Se acurruca en la tibieza de la pantorrilla.



Estación de los vientos de agosto


El hombre y la mujer encienden un círculo de fuego.
Tiemblas los dos. Soplan.
Los vientos de agosto los empujan.
Algo, que puede ser una luz, un jazmín de aire.
Intensamente perfuman la pausa del deseo.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
-De la Serie Tiempo de las Estaciones.







*


El espacio se cruza de agua y  de sonidos, y el sabor de lo perdido que vuelve. La lluvia abrillanta el olor de las flores. Hay un sueño  a punto de aparecer y un antiguo color. El fuego irradia hasta invitar a lo íntimo. Besos  errantes, el tiempo  y una casa en el mar con chimenea. El fuego inventa imágenes. Sol que se retira, pero antes de hacerlo, despliega una revolución en el cielo. La violencia de la belleza. El crepúsculo, es la última batalla ardiente, chorros rojos. La firma de un dios que no se rinde en la hoja celeste o será diosa con sus colores cambiantes. Una diosa todavía inocente con los bolsillos que se abren  y desparraman sus hogueras brillantes. Una diosa si, dios es perfecto, y  se murió por nosotros me dijeron, pero una diosa vive y saltan sus chispas vitales a chorros imperfectos.


*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar








*


Contra el Alzheimer general de un pensamiento manipulado, contra la todopoderosa y ubicua eficacia, se dirige todo lo poético.
Por suerte los imbéciles que nos dirigen desde todos los tiempos no se han dado cuenta.


*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com











Plaza Almafuerte- Berisso (1943-2015)*



*Por Sandra Caschera.


Me gustaba ir a la plaza Almafuerte. Siempre trepaba las escaleras de la estatua. Raspaba mis rodillas pero pagaba el precio. En vano me ponían medias largas o botitas. El desafío eran las alturas. Al caer o tropezar, el suelo de conchillas no te perdonaba. En casa la plata se iba como el agua por la canaleta. Me daban gustos de algodones de azúcar, pirulines, y el helado de vainilla con el chocolate abajo. Oscar era amigo de mi abuelo. Le hacía favores. Oscar me llevaba a la plaza cuando salíamos con mi mamá. Yo recibía visitas que un juez (así me explicaron) decidía. No me gustaban. No pasaron de dos o tres y la casa olía a queso. Se cortaron...
La primera bicicleta me la regaló mi abuelo y tenía rueditas. Yo podía andar sin miedo por los caminitos de la plaza y las conchillas no me lastimaban. Un día Oscar nos llevó a todos a otra plaza porque tenía auto. Yo lloraba porque era muy lejos y no llegábamos más. Había una estatua de una virgen o santa y mis abuelos pasaron largo rato frente a ella. Mi mamá trataba que yo no me aleje mucho de ellos. Hablaba con Oscar pero no la veía contenta. Yo lo único que quería era llegar a casa para andar en la bici nueva. Aunque las veredas estaban rotas no me importaba. Le había colgado unas cintas de colores. El timbre era grande como una mandarina de plata y sonaba más fuerte que el de Paula. Tenía canasto, inflador y una cajita con llaves detrás del asiento. Era una Legnano dorada. Paula me la envidiaba por flamante. La de ella tenía raspones en la pintura. Yo estaba contenta de que le de bronca. Era mala conmigo, a veces. Su papá le iba a comprar una nueva, el último modelo y se iban de vacaciones a la playa. Voy andar en la bici por la arena, me dijo. Ojalá te caigas pensé. Siempre me ganaba con algo y nunca le terminaban de gustar mis cosas. Con toda la bronca la tiré de la bici cuando me dijo: porqué tu papá no hace lo mismo?..








*


Julián se lava las manos.
ahí en el arroyo.
él no sabe de dónde viene
ni hacia dónde va.
le alcanza con saber que esas aguas
le sacan la tierra de las manos
se las mira
el sol de la primera mañana lo toca
como si fuera el brazo de su padre.
Julián se lava la cara en el arroyo
junta ramas caídas en sus bordes
arma un fuego cotidiano
arriba apoya una pava maltrecha
se sienta sobre la Tierra
sobre el planeta Tierra
deja caer sus nalgas,
respira, toma el mate, mira la galaxia
y no puede creer
que todo eso sea suyo/


*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar










Continuidad de los parques*



*Julio Cortázar


Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.













PEQUEÑAS EPIFANÍAS*



Me miraste.
Sigues sin verme.

¿Seré acaso un proyecto inacabado?



*De Miryam Colombotto de Seia. miryamseia@cablenet.com.ar










*


¿Y si llamar
a las cosas
por su nombre
fuera
expulsarlas
de sus otros
vastos
significados?

¿por qué pájaro
es sólo pájaro
y no es vuelo,
pluma,
levedad
que quiero
para mí?

¿por qué ventana
es ventana
y no es ansiedad
de ser paisaje,
júbilo que escapa
del geométrico
entorno
que la oprime?

¿Y si el amor
fuera
más
que la suave melancolía
que me abraza
cada noche?


*De MARIANA FINOCHIETTO. mares.finochietto@gmail.com











Marx, el laburo y los psicoanalistas*



*Por Héctor Cepol. hectorcepol@gmail.com

Primero fue el silencio de la sección a la que escribimos del diario y luego que los tiempos electorales no nos abrieron espacio en el Correo de Lectores. Es una pena, siempre es bueno reflexionar sobre asuntos tal vez menos urgentes pero no menos candentes. Así que, bueno, nos damos una vuelta por acá…


No soy psicoanalista pero asistí con interés al debate de estas últimas semanas en la sección Psicología de Rosario12 sobre la dimensión humana del trabajo. Leímos que para uno de los analistas el hombre solo es hombre cuando no trabaja (sic), para otro el trabajo crea al hombre y para un tercero este crea el trabajo. Y para los tres que Marx habló del trabajo y sostuvo las tres visiones. Curioso.
Bien ¿hay lugar para un cuarto Marx? En mi opinión, al margen del juicio que se tenga sobre el marxismo y sus seguidores, la ontología que traza Marx del laburo es simplemente inobjetable. ¿Qué (me) dijo? (Aunque por suerte leo que también se los dijo a otros).
Que laburar, laburamos todos los seres vivos; que en todo caso la diferencia entre animal y hombre es que el primero despliega tareas predeterminadas y el otro es creativo (sobredeterminadamente creativo), y que si la explotación aliena al hombre no es tanto ni solo por el salario o las condiciones de trabajo como por forzarlo a una cierta tarea. En otras palabras: que el laburo desnaturaliza aun bajo un buen sueldo si no desplegamos en él una vocación.
De ahí lo grosero de empujar, sugerir o dejar que los hijos busquen por inercia carreras rentables en lugar de alentarlos, permitirles o ayudarlos a descubrir sus verdaderas inclinaciones, de transmitirles confianza en cuanto a que aquello que hagan con pasión no va a negarles el pan y les proporcionará, en cambio, otra clase de confort.
Cuestión aparte, y más que interesante aunque no para ahora es si el violinista decentemente retribuido de la sinfónica y el CEO son disímiles o ambos son tipos realizados. O si uno es un goce auténtico y el otro alienado por la internalización del poder y la dominación. Pero hay poco espacio.
Lo pertinente es que, junto a la brecha social, esto y no otra cosa es lo primordial de la explotación para Marx, no porque lo esencial no sea la plusvalía sino porque esos son sus ingredientes y sus efectos (y sin que resulte contradictorio que sea ambas cosas a la vez, porque el laburo queda subsumido en el capital, ergo, en el “afán de enriquecimiento”, bah, en la pulsión de apoderamiento…).
En otras palabras, desde el riguroso ángulo del lego, no de la ciencia, digamos que quien se quemó las pestañas en el Museo Británico tomografiando la codicia, implícitamente nos dice que el trabajo crea al hombre y el hombre crea al trabajo. Dos aspectos complementarios que liquidan cualquier paradoja. Al menos si el trabajo (a gusto) dignifica y si todos nos realizamos en trabajos distintos. Pero, sobre todo, si ambos, trabajo y hombre, hombre y trabajo no nacen tal para cual sino que se van construyendo (o intentan y podrían hacerlo mucho mejor en un sistema más justo).
Freud y Lacan quizá no nos bajarían el pulgar. En cierto sentido, ellos tampoco fueron más que sus laburos, y sus laburos qué duda cabe que fueron ellos.


*Los artículos en cuestión:




INVENTREN


(De la Estación Dudignac – Ferrocarril Midland)


EL VIEJO TREN*


Saludo a Count Basie
y Carl Sandburg



Por estas mismas vías
pasaba el viejo tren.

Desde las brumosas factorías
los obreros lo saludaban

como a una aparición de lo lejano
con los sueños y los ojos.

Por estas mismas vías,
atravesando barriadas

somnolientas y alambradas,
pasaba el viejo tren

echando densas bocanadas
contra el cielo

como un duende
que va rasgando el silencio

con un eco dolido
de trombón y clarinete.

Por estas mismas vías,
poco antes del amanecer,

pasó como una estrella
repentina,

pañuelo de gasa al cuello,
ancho sombrero

y barbilla siempre levantada,
la bella Chick Lorimer,

con una pequeña maleta,
un perfume, un libro,

y como una exhalación
de lo innombrable.

Por estas mismas vías
pasaba el viejo tren.


*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
Brooklyn, N.Y.; junio de 1998.



***
Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

GONZÁLEZ RISOS. 

PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.  PLOMER.  
KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

 JOSE RAMÓN SOJO. 

ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.



InventivaSocial
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos escribir a: inventivasocial@yahoo.com.ar


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