Thursday, October 08, 2015

A LA BIENVENIDA DEL OTRO…


*Dibujo de Erika Kuhn.







AL OÍDO*


Hay, sobre lo real, una costra
que las palabras no logran
disolver.
Ahora lo sé. No hubiera podido
decirlo antes.
Pero las palabras
no deben endurecerse
o fingir una luz
más líquida que la miel
que siempre ha dado cuerpo
a tu voz.
Las palabras toman su cuerpo
de tu cuerpo:
coraje, mi amor,
toma el cuerpo de tus ojos.
Es la ley de la poesía
que quiebra toda ley de lenguaje.


*De Javier Foguet
(Tucumán, 1977)







A LA BIENVENIDA DEL OTRO…







Prueba de amor*



Hay una escena en Cinema Paradiso en la que Alfredo ya ciego le cuenta a un poco creíble Salvatore adolescente (quien ha perdido toda la magia de Totó) un relato. Es el de un soldado que se enamora de una princesa y ella le pide una prueba de amor, que la espere bajo su balcón 100 días. Él lo hace, es interesantísimo cómo el viejo va contando el proceso, cómo dibuja lágrimas escénicas con sus manos. El día 99 el soldado, el muchacho, después de una espera eterna y desgastante y a punto de recibir el reconocimiento de su amada, se va.
Salvatore no entiende el final de ese relato, es un adolescente; el viejo, quizás más sabio, tampoco, pero sabe que es necesario que le explique al muchacho los misterios de ciertos amores.
Especulamos sin saber a ciencia cierta durante años si el relato es de Kafka. Merecería serlo, Kafka maneja un registro profundo e inquietante de ciertos sentimientos que muchas veces me hizo pensar en la pintura metafísica y sus espacios despojados.
Estos días, mientras soñaba, parecieron años largos, eternos, el vaivén de un péndulo pesado y enloquecido en el corazón. Soñé con esa espera, y entendí que irse, muchas veces, en el borde mismo de la orilla, es el verdadero acto de amor.


*De Alejandra Inés. elmomoeditor@gmail.com










Revelaciones*



Revelaciones que no están en los candados
que condenan puertas hacia el cielo
ni en las encrucijadas de la nieve.

(Acaso en el sopor de las guillotinas oxidadas,
en el silencio avergonzado del patíbulo)

Nombres en penumbra golpean la memoria.
Palabras prendidas al dorso de una brisa
que nadie pudo poner en letra impresa.
Sangres incendiadas, sueños desgarrados.
Amaneceres grises hijos del insomnio,
albas bastardas preñadas de tristeza
por el suicidio de los pájaros azules
y el destierro de los últimos castores.

Allende el recuerdo, gritos.

Pero hoy
                                         las orillas del mar
                                                                                           están calladas.


*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com












“Creo que somos muy inválidos en soledad” *

Entrevista a Carlos Skliar
(Una conversación de ojos abiertos y húmedos)


*Por Alejandra Alma. almaalma3h@gmail.com



-Carlos Skliar, 1960. Es educador, poeta, ensayista e investigador de FLACSO  y CONICET.  Ha publicado textos académicos y libros de poesía, en castellano, italiano y portugués, además de artículos que han sido traducidos a más de cinco lenguas.
Posee un extenso currículo docente, aquí y en el extranjero así como la broma oportuna para quitar solemnidad a su presentación.
Habla de sí y de su obra con la humildad de quien prefiere enseñar la intensidad de la hondura más que su propio relieve.
Me recibe en sede de Flacso vistiendo jean, zapatillas y sonrisa (gesto que sólo se perturba cuando el sabor amargo del mundo viene a su boca).
Skliar no escatima tiempo, amabilidad, ni voz serena para responder precisamente, lo que quiere.



“El lenguaje del cielo”



-Hoy cumple años tu madre. ¿Cómo ha alojado ella a un hijo poeta?

-Ella es Esther, de padres rusos, con los que solía quedarme a dormir.
A través de mi madre, mis abuelos entraron en mis sueños con esa suerte de melancolía de la estepa -que nunca conocí- pero llevo genéticamente trazada.
Mi madre cumplió años hoy, y al enterarse que había escrito en facebook algo que la mencionaba, le resultó tan raro que me pidió que se lo leyera.
Así que esta mañana, un poco como regalo de cumpleaños, leí un párrafo acerca de lo que para mí es más importante en una época en que se nos están yendo los padres, que hay otra relación corporal y mental con ellos. Es lo que llamo “la lengua cielo de mi madre”. No la lengua de la teoría sino la que te da tu madre de verdad: esa lengua ventral, oceánica, con la que te trae al mundo.
Siempre he relacionado a mi madre con esa lengua cielo; de mirar el cielo, sentir el cielo y haber aprendido de ella una forma muy bonita de prestar atención: Mi madre es de esas personas cuya gestualidad dice todo el tiempo que sí.
Dice que sí mientras escucha, y en ese sentido te da confianza; te da la seguridad de que no te está juzgando, no te está poniendo a prueba. Y en eso de probar la lengua, de probar lo que querés decir, sentir que mi madre está cerca, con esa lengua cielo que dice que sí todo el tiempo, es muy afirmativo.



“Ella (…) decide quién vuelve
y quién no vuelve”



-¿Y tu padre?

-Literariamente estoy más pegado a mi padre. Mi papá, en su juventud, era un cuentista y periodista de crónica política que abandonó todo como jefe de familia. Se dedicó a los números. Pero la biblioteca viene por él así como la lectura y la severidad. Es decir, por un lado, la lengua cielo de mi madre que afirma pero por otro, la severidad de mi padre, con respecto a la relación seria con la escritura. Cuando lee mis escritos, lo primero que mira es la ortografía y claridad de las frases, y lo hará con esa severidad propia de una época, donde el mensaje era lo más importante, y no el darle vueltas a las palabras.
Hay una linda relación porque comentamos mucho los libros que le llevo. Ahora soy su biblioteca de alguna manera.
Él siempre quiso volver a escribir una vez que se jubilara pero no lo pudo hacer. Y esa experiencia es de mucho cuidado para mi propia vida.  Yo también pasé años sin escribir, creyendo que sólo era cuestión de decidirlo y aprendí que no es uno el que decide cuándo va a volver a la Poesía, sino ella, la que probablemente decide quién vuelve y quién no vuelve.


- Has vuelto, y solés narrarlo en relación a la poeta Chantal Maillard. ¿Cómo retorna tu voz poética?


-Sí, Chantal es el reencantamiento con la poesía al leerla, y un encuentro fraterno que permitió decirnos cosas. Entre ellas, mi añoranza por la poesía en una posición muy melancólica y poco efectiva. Luego de 27 años sin escribir, sentía la poesía como aquella novia que me dejó. De alguna manera ella dice: -¿Por qué no la llamás, a ver qué es de su vida, a ver si piensa de vos lo mismo que vos pensás de ella? Es decir, volver a esa relación de tú a tú, sobre todo con el lenguaje, que es la materia con la que uno tiene que trabajar.
Cuando la vida se pone más académica te impone un formato, un cierre, una lógica. Te vas distanciando de esa relación de tú a tú, y el respeto se vuelve tal, que no hay forma de volver al juego.



“La esencia siempre es
la desnudez del alma”



-¿Te referís al respeto por la Academia?

-No. Respeto por la lengua. A la Academia la respeto pero a mi manera.
A esta altura de la vida hay una relación de mucha más liviandad con todo, incluso con uno mismo: uno se quita trascendencia. Te das cuenta  que la trascendencia estará en otra parte, que la esencia es siempre la desnudez del alma y que lo importante es existir.


-Accediste sin trámite a realizar esta entrevista. Hablás de alojar, enseñar a cualquiera ¿Hay algo de esa habilitación que recibieras, que a la vez buscás multiplicar?

-Creo que somos muy inválidos en soledad, que necesitamos mucho -cuando no es impostura- de las palabras de otros. En ese sentido yo soy muy grato a muchísima gente que me ha recibido. Muchos han dicho sí, tal como otros han dicho no. Y de los dos he aprendido.
Siento que el mundo me ha habilitado, y entonces intento formar parte de esa cofradía, que entiende la escritura, la lectura, la educación, como gestos de hospitalidad.
No lo he estudiado en ningún lado, no sé cómo se pasa una experiencia de habilitación, pero sí sé que estoy muy pendiente de algo que podríamos llamar generosidad. Prefiero ese mundo del sí, de la habilitación, del no amistoso, como lección del que sabe más, del anciano, del que guía.
Elijo la generosidad aunque entiendo que este mundo no es ese, y de allí la perspectiva que ya noto, de que no estoy muy en este mundo.



-¿Cómo se vincula esta percepción del mundo con tu escritura?


-Le pasará a mucha gente cruzando cierta edad, que le parece que el mundo ya es de otros, y eso está muy bien. Aunque ese mundo que veo, que ya no es mío, tiene cosas que definitivamente no me gustan. Y no es un gusto banal, no es apenas “no me gusta porque no cuenta conmigo”. No me gusta en su apariencia, en su capitalismo, en su forma de relacionarse con el tiempo, en su trato con la infancia, en su trato con los ancianos.
Y en este punto, surge la hipótesis que desarrollo en Desobedecer el lenguaje, mi último libro, que ya salió en portugués y ahora, en castellano.
Mi intención allí es -dada tanta infección de época-  recuperar la conversación en sus dos extremos etarios: Conversar con los niños y conversar con los ancianos como las únicas conversaciones más o menos posibles, honestas... Aun considerando que los niños ya están tomados por la hipocresía, la mentira y el consumo y que los ancianos cargan consigo también, el veneno y el remedio de toda su vida. Una conversación de ojos abiertos como la llamo en la infancia, o de ojos húmedos como la llamo en la vejez.
Y creo que en esta época yo soy ambas cosas. Rechazo la idea del adulto, que me parece la edad más infernal, más imbécil; un tiempo que no me ha gustado nunca, ese de tener seguridades, proyectos, y me refugio mucho, en intentar volver a alguna figura de la infancia, imaginando ya, el tránsito hacia lo viejo, claro. Creo que ahí descubro un poco mi propia vida y la vida del mundo.


-Harás un próximo viaje. ¿Nos contás?


-Sí, para esta época voy a Barcelona, donde está la editorial Candaya que edita mis textos de fragmentos. Con ellos hacemos un ciclo para una posible trilogía de libros. Así fue con No tienen prisa las palabras y Hablar con desconocidos.  De año en año, realizamos las presentaciones inaugurales en librerías, en ferias de libro, y en otras ciudades ya que también he publicado en italiano.
Son viajes estrictamente literarios y de reencuentro con amigos y amigas que juegan a retomar conversaciones cada vez.
Es siempre estar tomando un tren, yendo de ciudad en ciudad, leer mucho en voz alta, presentar libros de amigos. Es un tiempo que me permite tomar aire. Un aire fresco, siempre.



-¿Qué estás leyendo y cómo leés?

-La lectura siempre viene de conversaciones con amigos, donde el tema permanente es: qué hay de nuevo y qué hay de viejo, dos preguntas que siempre nos hacemos para no caer en la trampa de la industria editorial.
Soy muy lector de novelas, fanático. Me encantaría tener la capacidad de escribirlas. Ya terminé tres y de verdad no sirven para nada.
Tengo como un proceso: leo mucho de noche, me gusta esa hora para leer y reescribo por la mañana.
Marco suavemente en mis lecturas, algo que voy a retomar. Y lo voy a retomar para no sé qué... tal vez como inspiración, como concepto que aparecerá en algún texto mío, para pensarlo, en fin.
Tengo editoriales preferidas a las cuales les creo, como Anagrama, Tusquets, Salamandra, Impedimenta. Sé que allí hay un tesoro por descubrir.
Y la última lectura vino por el correo de Roberto Valencia, un amigo de Pamplona:-“Tendrías que leer a Ana Blandiana, una rumana que te va a encantar”. Puso punto y se fue.
No encontré nada aquí, pero la traductora de Blandiana en Salamanca, a quien le gusta mi escritura me envió sus textos. Así que ahora estoy muy afectado por esa mujer rumana.



“Pasa algo: O te parte un rayo
o lo que pasa, es que te cambia la respiración”



-La disposición espacial de tus poemas ha variado notablemente. ¿Cómo se da ese cambio de respiración?

-La poesía que escribía antes era un poquito artificiosa, como si uno tuviera una política de finales efectivos o efectistas y con mucha dificultad para la puntuación. Siempre he trabajado como muy despojado, no comprometiéndome con el lector.
Se dio un cambio, a partir de un viaje que hice a Barcelona, luego de un no muy claro de la editorial, a un tercer libro de poesías que venía en secuencia luego de Hilos después y Voz apenas.
En ese momento, estaba experimentando en una vida muy diferente. Había salido de la dirección del Área de Educación de Flacso y de pronto pasé a vivir en Barcelona, con todo el día libre. Hacía mucho que no tenía ese grado de espontaneidad, esa falta de cuidado; me sentía como si tuviera toda la vida disponible.
Así que me la pasaba anotando en un cuaderno, como instantáneas, reflejos de sentarme en un bar o en una plaza. No tenía método.
Estaba leyendo a Peter Handke; su escritura perceptiva, a flor de piel. Tenía también la influencia de Biblioteca de Gonzalo Tavares, un libro escrito por fragmentos que había usado mucho para leer en radio.
Recordando todo eso, me di cuenta además, de que mis pensadores preferidos (Nietzsche, Jean Luc Nancy, Cioran), también eran fragmentarios.
En fin. Se dio esa conjunción. Como todas ellas, se dan, pasa algo; o te parte un rayo, o lo que pasa es que te cambia el trazo, te cambia la respiración.
Y  lo más sorprendente fue, que al enviarle el nuevo material a Candaya, la respuesta inmediata fue: -“Esto sí te lo publicamos”.



“Quien no conoce la estructura de la lengua,
no puede desobedecerla”.


-Desobedecés el lenguaje, abrís sentidos en poemas. También, padecés dolores óseos.
Considerando la lengua en tanto gramática, ¿cómo pensás esta distribución de afecciones en relación con el propio cuerpo?

-Debido a un estrechamiento del canal medular, mis vértebras se tocan de vez en cuando y cada dos años tengo un episodio de esos. En ese momento siento una fragilidad muy especial. Te deja prácticamente inválido y esa invalidez se parece mucho a la escritura.
Ante cada inicio de algo, de verdad yo siento una fragilidad enorme, porque me parece que el movimiento con la lengua es obediencia y desobediencia al mismo tiempo. Hay que aprender la lengua para desaprenderla, quien no conoce la estructura de la lengua no puede desobedecerla.
No sé si es un principio, pero en mí funciona. A veces sale un párrafo muy recto, muy erguido, muy señorial, y mi reescritura es la desobediencia.
Necesito ese momento en el cual desobedecer. Ese disparate que de pronto surge y hace que la escritura sea escritura y no traducción servil de la realidad.





**

La mano que escribe acaba de dejar una oración desobediente en el aire. El poeta irá a buscarla con la otra en un gesto suave que le entrelaza los dedos.
Mientras tanto, el tiempo obedece su curso y la conversación encuentra en el silencio su fin provisorio.

Minutos después, camino a paso lento por Callao que parece despojada del ruido habitual. Miro el océano celeste, abierto sobre el frío de junio; y el lenguaje, viene a rodear la ocurrencia:
¿Cómo sería el mundo, si toda humanidad apenas conjugara sus asertos?



-Alejandra Alma, es Psicopedagoga. Escribidora. Soñante.











Preguntas*



*De Teresa Iturriaga Osa.



*

A esta hora
se despereza el silencio.
Su lomo recorre las cuerdas,
miles de vientres vacíos.

*

Tiembla a patadas el alma
con una mancha de sudor.
Y así, día tras día,
nace el abismo.

*

¿Ese es el hombre?

*


-Teresa Iturriaga Osa. España. Doctora en Traducción e Interpretación. Publicaciones: Mi playa de las Canteras (2005). Traducción al español del libro Modou Modou, del senegalés Seydi Ababacar Mbaye (2005); traductora de textos africanos entre el 2005 y el 2007. Hurto blanco en Orillas Ajenas (2005), Namoe en Hilvanes (2006), El violín y el oboe en Fricciones (2007), Tu nombre es Véronique en el libro Que suenen las olas. Juego astral, (2009), Yedra en vuelo en la colección Acordes armoniosos, El mandala de Malick (2009), Tumulto de trazo y latido (2009). En 2010 edita Revuelto de isleñas, una colección de relatos sobre la escritura y la cocina. Desvelos (2010), poemario Gata en tránsito (2011), Lavirotte al azar (2012), Rosas rojas para María Walewska (2013) y Leonora, la divina loca (2014) y Campos Elíseos (2014) en Aurora Boreal®.

-Link para leer Campos Elíseos. –Descarga gratuita-











El amor después del amor*



*Por Derek Walcott



Llegará el día
en que, exultante,
te vas a saludar a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado
toda tu vida, a quien ignoraste
por otro, y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor de los estantes,
las fotos, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.


-Traducción de Héctor Abad Faciolince y Alex Jadad-








*


De pronto (súbita, subrepticiamente) conocemos a alguien, o un fragmento de alguien, o un instante junto a alguien, y nuestra vida parece desconocernos en su pasado, en su aparente y convencional fisonomía: una cierta mirada, una gestualidad distinta, la punta de los pies o el modo de la voz, nos indica hacia un lugar desconocido, lejos de la patria de uno, fuera de toda astucia y estrategia.
De pronto (inesperada, reveladoramente) alguien, o un fragmento de alguien, o un instante junto a alguien, ofrecen senderos o abismos o encrucijadas que bien pudiésemos tomar, sin haberlo nunca imaginado antes: la vida deja de ser la que era para dar paso a una imaginación abierta, ilimitada, en cierto modo impune.
De pronto, también (rápida, precipitadamente) alguien, o un fragmento de alguien, o un instante junto a alguien, abre las infinitas puertas del preguntar, de la voluntad naciente y creciente de preguntar, del deseo de preguntar; y la marea comienza y se toma voz o permanece agazapada: ¿de dónde has venido? ¿Qué cielos, qué tierras te han habitado? ¿Hacia dónde irás en el segundo siguiente? ¿Qué te conmueve, qué te hiela, qué te une y qué te separa del mundo? ¿Amas a Clarice Lispector, a Virginia Woolf, a Blake, a Whitman, a Cortázar, a Borges, o tus ojos se posan más bien en pinturas, partituras, o en pájaros sin rumbo? ¿Es el mar o es la pendiente la que ha dado paso a tu modo de andar? ¿En qué crees, porqué lo haces, es necesario creer para percibir? ¿Es ésta la vida que te fue dada o la que te fue negada?
Y de pronto, quizá, alguien, o un fragmento de alguien, o un instante junto a alguien, se acaba en el umbral del silencio y ninguna pregunta puede ser dicha o hecha, pues alguien, o un fragmento de alguien, o un instante junto a alguien se pierde o se vacía o se desencuentra, y es que nada en el mundo puede ser simétrico o matemático, y lo que parecía cercano, esa suerte de bienvenida que damos a quien el deseo o la intuición nos impulsa a conocer, cae en un pozo sin luz, en una suerte de jaula desierta, sin nadie dentro, sin nadie fuera.
Por eso a veces vamos, o somos, o nos sentimos, o nos hacemos cuerpos callados.
Y por eso a veces vamos, o somos, o nos sentimos, o nos hacemos cuerpos deseantes.


(A Fernando Bárcena, y a quien así lo considere, por todas las conversaciones posibles e imposibles).

*Texto de Carlos Skliar.








FLORECIDO*



El hombre la había arrancado de su vida como se arranca a un yuyo indeseable en el jardín.
Con la misma brutalidad en el tirón, tratando de arrancar la raíz de cuajo. Sin sentir nada. Al otro día, justo al otro día. El hombre plantó en su lecho a una muchacha bella como una azalea. La mujer se marcho prontamente sin echar raíces en su vida.
No se quedo quieto. Siguió plantando bellas mujeres que se marchitaban antes del amanecer. Nadie pudo crecer ni florecer en ese lugar. Su vida era un jardín desierto al que regaba inútilmente antes de anochecer.
Hasta que percibió esos movimientos adentro. Esos pujos que sintió por todo su cuerpo y que se ramificaban de noche a día con la velocidad implacable de la naturaleza. Y eran la luz y esa tibieza que anuncian una primavera cercana.
El hombre se vio a la siguiente mañana en el espejo, comprendió lo que sucedía.
No había logrado extirpar bien las raíces.
Sus brotes se abrían paso poro a poro y estaban a punto de estallar en flor.

-Sólo pido que las flores sean del color de sus ojos. Pensó resignado.


*De Eduardo Francisco Coiro.








*


la soledad no escribe sola
por la noche se parece al amor
sueña caer
en la emoción de un rostro


*De Alejandra Alma. almaalma3h@gmail.com





***

INVENTREN



(DE LA ESTACIÓN GONZÁLEZ RISOS – FERROCARRIL MIDLAND)



Desear amor es desearlo todo*



Ya me acostumbré a deambular por los vagones. Los recorro mirando a esa gente que dormita o come. Veo a una mujer descargando el mate por la ventanilla, y me digo que la yerba está irremediablemente perdida, que se fue para siempre, siento una extraña sensación de ausencia y de algo indefinible, esa yerba arrojada para toda la eternidad, sin ceremonia, sin despedida. Una ventanilla que se abre, el salto fatal.  Me alejo con una náusea entre las manos.
En el siguiente vagón dos hombres hablan fuerte. El de ojos claros intenta convencer al alto de alguna cosa. No me ven. Me pregunto qué dirán.
Llegan frases aisladas, la conversación se me pierde como la yerba. Estoy inmóvil, las cosas suceden a mí alrededor. El mismo tren es algo que sucede sin mi compromiso.
Sigo caminando.
La yerba y los hombres quedan a mis espaldas. Estoy sola.
Hallar el vagón de cineclub es un retorno. Sigo sin rostro ni voz, pero acaso que esto sea físico, que la obscuridad me borre, es tranquilizador. Si no existo, al menos no existo en la negrura que me devora.
La pantalla iluminada me presta el resplandor para ocupar mi sitio, siempre el mismo aunque el vagón cambie.
Reconozco "Sweet Charity" allí adelante. La prostituta ingenua se deja engañar por el novio, vive su ilusión de ser amada, se deja engañar, desea y propicia la mentira que le otorgue un respiro a la desesperación.
Está tan sola con su ropita y su cara mal maquillada. Lloro. La veo tan preparada para regalarse, tan deseosa de hacer feliz a cualquier hombre que le preste los ojos y las manos un momento. Qué frágil esta mujercita alegre toda imposibilidad, si tiene marcado, tatuado, el fracaso.
A pesar de que sepa el final, hasta el último momento pienso que el hombre común que se equivoca, que cree que es una mujer decente y ordinaria, cuando se entere de su pasado la va a aceptar igual. Si no ocurre en la vida real, debiese ocurrir en el cine.

Y las coreografías de Bob Fosse son deliciosamente vitales. Dicen con el cuerpo, y lo que dicen se expresa sin fisuras, en bloque. Música, canto, baile, el desenlace inevitable de la fatalidad agazapada.
La prostituta es una buena persona, el novio es una buena persona. Sin embargo el hombre no podrá hacer otra cosa que destrozarla, para que no sufra. ¿Cómo condenarla a un futuro en el que por fuerza habrá de reprocharle suciedades? La va a abandonar.
Ella sólo desea amor. Pobrecita, no sabe aún y a pesar de su experiencia que la palabra "sólo" en esa frase no cuadra. Desear amor es desearlo todo.
Me voy antes de que finalice la película. Sé que habrá una sonrisa final, una esperanza forzada, la sugerencia de que la vida sigue y que quizás. Pero la yerba desechada continuará su vida, también, junto a las vías, integrándose lentamente a la gramilla, desapareciendo de sí y del mundo.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com




***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

 JOSE RAMÓN SOJO.

ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

PARADA KM 79

ENRIQUE FYNN.  PLOMER.  
KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



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