Sunday, October 18, 2015

A LA ORILLA DE LOS FUEGOS…


*Foto de Alfred Cheney Johnston.







Regalos peligrosos*



*Por Alejandro Badillo. badillo.alejandro@gmail.com



Las celebraciones se acumulan en el calendario. Recuerdo que, en mi niñez, las fiestas se reducían a cumpleaños y a las navidades. Conforme fui creciendo el mundo se amplió y también las oportunidades para participar en algún evento para convivir y, sobre todo, intercambiar regalos. Graduaciones, días inventados para mover las ventas, mesas de regalos para recién casados, reuniones laborales que aparecen de la nada; aquel compañero que se cambia de ciudad y que convoca a un último convite que genera, casi por inercia, un intercambio de objetos comprados a última hora y que, pensamos, le pueden servir en su nueva aventura. En la actualidad el regalo se ha convertido en un compromiso constante e ineludible. Ya no más afectos desinteresados. Lo que rige es un compromiso, una regla silenciosa en la que un regalo tiene que ser correspondido con otro. Uno de los mayores dilemas surge cuando no conocemos a la persona a quien le debemos comprar algo. Hay un supuesto importante: ambos regalos deben conservar un precario equilibrio, es decir, deben ser equivalentes en calidad y, sobre todo, en precio. ¿Cómo reaccionar cuando nos regalan algo demasiado fastuoso mientras nosotros, a veces por avaricia o porque simplemente no tenemos dinero, correspondemos con cualquier chuchería esperanzados de que las expectativas no sean muy altas? Si nosotros somos los espléndidos nos sentimos traicionados al recibir una cartera de plástico comprada en un puesto ambulante o una tarjeta de regalo con la mínima denominación. Extendemos los brazos y sonreímos lo mejor que podemos a los bienhechores mientras algo hierve en nuestro interior. Quizás, una de las ventajas de los intercambios navideños es que se pierde esa reciprocidad inmediata. Se reta a la suerte y se extrae de una caja un papelito con un nombre. Si nuestro regalo es mediocre queda la posibilidad de que nuestra víctima no haya invertido mucho en el suyo y la justicia impere. Si el destino es cruel no tendremos que enfrentar, al menos de inmediato, la amarga mueca del agasajado. Por eso, pienso, en el mundo moderno, en el que la despersonalización de internet y otras maravillas nos sumergen en una burbuja cómoda y aislada, podemos ir a una mesa de regalos en la tienda departamental y comprar el regalo más barato de la lista. Total, los festejados se enterarán después o, tal vez, es nuestro más ferviente deseo, estén tan ocupados con los preparativos de la celebración que apenas reparen en los objetos envueltos que se acumulan en la sala. Un día después, en una especie de juicio sumario, abrirán uno por uno los presentes y pondrán, a los que no cumplieron con las expectativas, en una lista negra.

Sin embargo, a pesar de todo este contexto, los peores regalos, los más peligrosos, son los que nos damos a nosotros mismos. Si el trabajo nos exprime o aparece en el horizonte una tarea demasiado ominosa, nos recompensamos con pequeños placeres, victorias efímeras que nos dan, aunque sea por un momento, una sensación de paz. Son los peores regalos porque funcionan como placebos. El acto arcaico de comprar una película o –su reemplazo– la suscripción a un proveedor de video por internet, funcionan como velos que ocultan aspectos de nuestras vidas que son incómodos. ¿Para qué pensar en aquella planeación que nos pidieron desde hace mucho en el trabajo si podemos concentrar nuestra atención en aquella camisa que nos tienta atrás de un aparador? Son esos regalos que se rompen de inmediato (alguna vez compré un reloj de pared –“made in China”, por supuesto– que funcionó un día antes de averiarse por completo), que pronto pasan de moda, que consumimos casi de inmediato, que permanecen por años en un rincón de la casa, acumulando polvo, estoicos y burlones, los que recuerdan nuestras miserias.











A LA ORILLA DE LOS FUEGOS…








La ausencia de abejas sobre Chernóbil *
(a Svetlana Alexievich)


Algunos ya no lo recuerdan,
fue en la infancia de nuestros días
cuando el frío invierno nuclear
nos acobijaba a todos en el temor.

Algunos ya no lo recuerdan,
llevan una máscara en la memoria.
Fue cuando la Gran Madre Rusia
era roja y excluía los pueblos blancos.

En bellos los jardines de Prípiat
había abejas y ruidos cotidianos,
pero desde esa noche de abril
los días semejaron tumbas mudas.

En las huertas del cercano koljós
las cosechas de papas están listas,
pero desde esa noche de abril
todo fue ausencias y cesio, y curios.

En el cuartel de bomberos de Kiev
un puñado de hombres jóvenes canta,
pero desde esa noche de abril
serán héroes muertos con medallas.

En los campos, en las frondas de pinos
había trabajadores sanos y leñadores,
pero desde esa noche de abril
solo un bosque rojo y suelo infértil.

Porque las abejas fueron las primeras
en abandonar las flores quemadas y partir,
el resto de nosotros aún saludábamos
la promesa vacía del Átomo para la Paz.

La ausencia de abejas sobre Chernóbil
nos enterró a todos en la profunda tierra
y abrió portal a un cercano futuro azul
a una guerra sin disparos y al silencio.

Algunos ya no lo recuerdan,
fue en la infancia de nuestros días
cuando el frío invierno nuclear
nos acobijaba a todos en su seno.


*De Jorge Lacuadra. jorgelacuadra@hotmail.com
- 2015 -






Medusa*



Ahora que la noche
nos protege
deja que las serpientes de mi pelo
repten desde los márgenes
al centro.

Que recorran las plantas de tus pies,
serpenteen las falanges,
uña y ligamento,
metatarso y cuboide.

Yo que no sé del aire
que llena tus pulmones
y no he visto a Tiresias,
adivino tu nombre

en cada sueño mío.
No miraré tus ojos
de impulsiva mirada
y nunca será roca

la fibra de tu cuerpo;
pero si así lo hubieren
de signar los oráculos,
déjame que te mire

con mi vista de hielo,
seré piedra en tu piedra
y hoguera en la fogata
y no habrá dios ni Olimpo

que entorpezca a los hados.
Déjame que te repte,
que te impregne en veneno,
que lo oscuro proteja
tu secreto y el mío.


*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
Villa Gesell






*


Nacimos atados
al signo del hombre.

Ser o no ser,
pensar para evidenciarse,
para hacerse uno más
entre los que murmuran
su reflexión
sobre el asfalto.

Siglos de civilización
pesan
en nuestras frentes.
Pájaros negros
entre el cielo
y los ojos,
ávidos de mirar
estrellas.



*De MARIANA FINOCHIETTO. mares.finochietto@gmail.com







Espanto*



Cuando la noche se iba, su vestido

se enredó en el filo

de la luz primera.

Su latido de pánico alcanzó mi corazón.


*De Miryam Colombotto de Seia. miryamseia@cablenet.com.ar








La pirámide del Hechicero*



En las sierras del Puuc, en Uxmal,
donde las piedras vuelan de noche
y las voces de los jaguares negros
tienen cruel comercio con la luna.

La vieja bruja remueve los huesos
y entre esos presagios encuentra
el huevo del que nacerá el Enano
que podrá ver el futuro del mundo.

Un mal sueño ha poseído al rey
y se inquieta el trono de Uxmal.
El tunkul retumba en la espesura
anunciando el fin de su dominio.

Entre chanzas y pruebas de un día
repudia un rey la razón del Enano,
hasta que su cabeza ya no soporta
y con su muerte, otorga el mando.

Y en una sola noche de canícula
los sortilegios doblegan la piedra.
Del ritmo, de ceremoniales voces
florece la pirámide del Hechicero.

En las sierras del Puuc, en Uxmal,
donde las piedras vuelan de noche
y las voces de los jaguares negros
tienen cruel comercio con la luna.


*De Jorge Lacuadra. jorgelacuadra@hotmail.com
- 2015 -






*


Tal vez
porque crecí
a la orilla de los fuegos
temo
al crepitar de la madera.


Hay un engaño,
en la tibieza del leño,
en la levedad
naranja
de la llama:
una fiesta encendida
en los ojos del hombre.


Cuando el fuego
encuentra
el viento propicio,
la hoguera
desmadra.


Y quema los pájaros,
las tardes,
los talas.
los nidos,
el pasto.
Quema las palabras.


Tal vez
porque crecí
oliendo a cenizas
temo
-tanto temo-
mi cuerpo de agua
convertido en brasa..


*De MARIANA FINOCHIETTO. mares.finochietto@gmail.com










Y será sobre la piel...*

Hoy voy a pasar por la palabra para hablarle
a mis sueños, decirles que no avancen
porque el dolor desciñe sus figuras danzantes.
-y la tarde acongoja cuando aborda esta nave-
Debo protegerlos porque la vida abrevia
y en la mía, atardece.
Voy a pedirles que no avancen
aunque sé que ellos van a entrar en mi alma
sin pedirme la llave...
...y será sobre la piel como la caricia del agua
cuando es tibia y abraza.


*De Miryam Colombotto de Seia. miryamseia@cablenet.com.ar










Autobiografía*



No soy más
que una sombra de la china
proyectada en el tiempo
una palabra escrita,
otra palabra
una canción de cuna
que me cantó mi madre
la trenza de la abuela
Robinson
mi padre en su sillón de ruedas
tomado de mi mano
un hijo
un amor que se fue
para toda la vida
mis hermanos
una amiga
que traigo desde niña
otros amigos
mis perros
tres aves
errores y desiertos
un éxito, un fracaso
y esta alegría que crezco
cada vez que estoy triste.


*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
Villa Gesell







Voces*



Las de siempre.
Las nuevas.
Las perennes...
Tienen sed, igual a la sed de piedad
que sacude mi corazón.

Algunas cantan, otras balbucean
muchas gritan
y me agiganto en madre.
También yo las abrazo.

Pero esperan más.
Es tan grande la impotencia
con tantas voces hablando ahora juntas
sin entenderse, acusando, desmintiendo.

Tienen sed, igual a la sed de piedad
que sacude mi corazón.

Mis magras fuerzas no alcanzan para nada.
Quiero parir pero no puedo
hasta que no se oiga un canto.


Voces... ¡Canten! ¡Salven!


*De Miryam Colombotto de Seia. miryamseia@cablenet.com.ar







*


¿Adónde vamos,
ávidos y errantes.
buscando la felicidad?

¿Acaso merecemos
por habernos
erguido en nuestros pies
algún don
distinto de los pájaros?

Estas manos
-las mismas manos-
que construyeron
y destruyeron
imperios,
no pueden sostener
el leve peso de la alegría.


*De MARIANA FINOCHIETTO. mares.finochietto@gmail.com





***


InvenTRENurbano
http://inventren.blogspot.com/






“Gerli / Avellaneda” *



Soleado amanecer de primavera. El Licenciado Alberto, psicólogo de profesión, viaja en tren rumbo a Berazategui. Debe encontrarse con Cecilia, operadora social, a fin de realizar la visita del arresto domiciliario de uno de sus chicos, menores con causas penales, del Centro de Referencia de Quilmes. Desearía poder abrir el nuevo libro de Liliana Bodoc que acaba de comprarse, pero hoy el pasaje está más que concurrido. Apenas puede mover uno de sus brazos, mientras escucha a Jamiroquai a través de los auriculares del celular.
Al llegar a la Estación Gerli, recuerda el arrebato que sufriera un par de años antes. Regresaba una tardecita desde Constitución, abstraído con la mensajería del WhatsApp, cuando un joven de buzo y gorrita, que nunca llegó a distinguir, le manoteó el teléfono a través de una ventanilla abierta, ni bien se cerraron las puertas del vagón. Oleadas de impotente bronca lo sumieron en un profundo bajón anímico. Crueles autorreproches lo torturaron hasta que descendió apesadumbrado, quince minutos después, en la Estación Lomas de Zamora: “¿Cómo pude descuidarme y ser tan boludo? ¡Encima, trabajando con menores causados!!!”
Las puertas del vagón se abren en Gerli, y el Licenciado vuelve a ponerse en guardia, quitándose un auricular de la oreja, escrutando cada detalle a su alrededor, viviendo en constante alerta ante posibles robos; la cruel realidad argentina del siglo XXI. Escasos pasajeros ascienden rumbo a Constitución, y al momento de cerrarse las puertas, a poco más de un metro de distancia de donde él se encuentra, un brazo ingresa veloz a través de la ventanilla baja, intentando apresar un celular de manos de un pasajero situado junto a la ventana. Éste, estudiante universitario, con increíbles reflejos, y soltando el teléfono, que cae al piso del vagón, aferra la muñeca del arrebatador con ambas manos, tirando hacia dentro y abajo. El adolescente de gorrita, uno de los tantos que merodean por la estación, golpea el borde de la ventanilla con su hombro y su frente, quedando atrapado, en el instante mismo en que el vagón comienza a moverse.
Varias manos aferran el brazo prisionero, solidarios de la víctima, hastiados de tanta impunidad. Al estudiante se le suman un oficinista de traje y un operario de fábrica. Un par de mujeres también amagan con retenerlo.
—¡¿A quién carajo le vas a robar, hijo de puta???!!!
La velocidad del tren aumenta, lenta pero decidida. El adolescente retenido ni siquiera consigue articular insultos. Se aferra del borde de la ventanilla con la mano libre, intentando en vano zafarse, corriendo sobre el andén, para luego tropezar, los pies apenas rebotando contra el suelo, dando extensos pasos de gigante. Los gritos dentro del vagón aumentan, excitados. Ni el chofer ni los guardas de seguridad parecen haber advertido la maniobra.
Hasta que el adolescente cae, colgado de la ventanilla, arrastrando los pies sobre el andén. El tren aumenta aún más la velocidad saliendo de la estación. Y al llegar al final de la misma, el cuerpo despatarrado del adolescente, emitiendo un agudo gemido, se estrella contra la columna enrejada y la garita de guardia, con un ruido seco y atroz. El brazo escapa de inmediato de las salvajes zarpas que lo retenían, en una lluvia de sangre que salpica a cuantas personas se encuentran alrededor de la ventanilla, tiñendo todo de rojo. Femeninos gritos de terror estallan dentro del vagón, que nunca se detiene. El estudiante, el oficinista y el operario resoplan, contemplándose las manos vacías, inspeccionándose las salpicaduras de sangre ajena, mientras el primero recoge el celular del suelo. Un extraño clima de adrenalina y satisfacción se esparce a lo largo del pasaje, en absoluto indignado.
“¿Todo esto será real?”, piensa Alberto, sorprendido tanto de las reacciones de sus semejantes como de las del personal ferroviario, invisible y pasivo. Conmovido de que situaciones horrorosas se naturalicen de esta manera.
Recién al llegar a la Estación Avellaneda y bajar del tren, observa corridas en el personal policial y de seguridad, quienes apenas indagan al pasaje, trabajando con desgano. Al parecer, la culpa por el incidente será por siempre de Fuenteovejuna…
Absorto, atraviesa el túnel de la Estación Avellaneda, realiza la combinación con el tren del nuevo ramal electrificado vía Quilmes, consigue sentarse en uno de los mullidos asientos, actuando en estado de shock, como si viviese una realidad paralela y personal. Al progresar la marcha del tren hacia Berazategui y contemplar a su izquierda el perfil a contraluz de los estadios de Independiente y Racing, el Libertadores de América y el Cilindro de Avellaneda respectivamente, lo despabila el zumbido de un mensaje en su celular. Es Cecilia, quien le informa que acaba de solicitar una carpeta médica ante una tremenda descompostura de la que no consigue desprenderse desde hace días.
Adiós visita domiciliaria. Él no se anima a viajar solo hacia allí, algún barrio humilde rodeado de asentamientos donde siempre es mejor ser baqueano o kamikaze.
Alberto putea por lo bajo. “¿Por qué no me avisó antes de salir? Habíamos pautado la visita desde la semana pasada…” Guarda con rabia el teléfono en su funda, mientras espera seguir viaje y descender en Berazategui, a fin de tomar el 603 rumbo al Cruce de Varela. De pronto, sin siquiera acordarse del libro de Bodoc o de que el MP3 de su celular hace ya rato que se ha silenciado, repara en las gotitas de sangre que se han ido secando sobre su mejilla.
¿Será la primera sangre de la mañana?



2015.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

 JOSE RAMÓN SOJO.

ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


***

Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

PARADA KM 79

ENRIQUE FYNN.  PLOMER.  
KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



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