Saturday, October 15, 2016

ENTRE EL INFINITO Y EL INSTANTE FLUYE LA VIDA…



*Dibujo de Erika Kuhn.
http://obraerikakuhn.blogspot.mx/









La Nada le dice al Todo: “ten, antes de que nos dividan” *




No te mojes, ave de pico delgado
mira que este pueblo es un sueño lejano.

No tienen sentido tus cantos bajo esta lluvia,
tu himno triste del corazón
recrea caminos que ya no existen más.

A ti te he cantado, me dirás
y mi repugnante rostro
se hará incomprensible para ti y tu lluvia.
Sabes a dónde iremos
cuando acaben de desgranarse las nubes,
hacia dónde van los cantos,
en dónde se mece el recuerdo de las palpitaciones
que nos llevan fuera del ritual.

Sal de la lluvia que ese no es tu cuerpo,
tu plumaje se ha saciado.
Dejanos construir mitos
de donde emane nuestra existencia.
Dejame colgarlos en cada foco de la habitación,
para ir luego a hacernos cometas
con los azulejos del alma en los pies,
tus ojos, mis ojos bajo la sombra
amanecen en el frío del tiempo.

Me has dicho con voz humana
que nada en lo que creo es cierto:
que esa alma de la que hablo
no es más que un ominoso invento
que por ingenuidad he creído.

Mientras tanto,
una verdad distingo en tu canto:
El Sol se entrega al mar en sus pieles de arena,
bebe la sal de su cristal...

Pero yo no lo veo:
sólo miro arena,
un cabello como el tuyo,
sólo miro que ya te vas.


*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com










ENTRE EL INFINITO Y EL INSTANTE FLUYE LA VIDA…









LA BAILARINA*


Lo que vislumbraba entre parpadeos era un paisaje en el que nada parecía haber escapado a la más total desolación.

El Talismán
Stephen King y Peter Straub


Acaba de despertar y no recuerda nada. Desconoce su nombre, por qué ha dormido en el suelo, por qué esta enorme habitación que en vez de ventanas tiene oquedades que la miran como cuencas vacías. Se incorpora y se asoma a una de ellas. Más allá de una muralla de pequeños escombros y paredes rojizas aún en pie, sin llegar a formar parte de estructura arquitectónica alguna -piezas extraviadas de rompecabezas-, distingue la línea del océano.

Un fragmento de espejo pegado a una pared le devela su imagen. ¿Ese es su rostro y esa su edad? ¿Cuál será su nombre? Importa poco si, como presiente, es el único ser vivo, extraño remanente de una ecuación equivocada. Recorre su cuerpo con la mirada. Lleva un traje de bailarina, zapatillas… Aventura un plié, quiebra la cintura, se alza en puntas… La asalta un inmenso deseo de danzar. La música parece brotar de los retales de ciudad donde ha perdido la memoria. Salta al exterior por el mayor de los agujeros, de cuyo dintel cuelga un rótulo: “Exit”. Leve cual algodón, cabriolea entre las ruinas. Gira, salta, mueve los brazos sintiéndose libre, al fin, sin saber de qué.

Asoma entre pared y pared de las otrora fundaciones del hombre, ahora gañidos que brotan del suelo. Siguiendo el impulso de la coreografía que mana de su interior, se acerca a la costa sorteando raíles que revelan lo que fue la línea de un tren. “Las Tierras Arrasadas”, piensa, sin saber a qué rincón ha ido su alma a extraer esa frase sin sentido. Baila sobre la arena, cada vez más lejos del esqueleto de la civilización. Se acerca al líquido elemento y, justo cuando la ola acude a lamer sus pies, se arremolina dulcemente sobre sí misma, acompañando el giro de un suave balanceo de brazos. Recuerda que tiene el poder de transformarse en cisne y salta al vacío.

Un instante antes de que sea lavada su conciencia de haber llorado tanta muerte, equipaje demasiado atroz para tan largo viaje, recuerda por qué ha sobrevivido a la hecatombe: quería regalar su última danza al mar y el cielo.

En un universo lejano, el primer llanto de un recién nacido arranca la sonrisa de los presentes. Venimos entre lágrimas… y es que no todo puede ser borrado por los que manejan los hilos del destino. Algo subsiste de la mujer y del cisne, imborrable e inquieto, palpitando en la gnosis de la Creación.



*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba.








*


Grito.
Mi voz no alcanza
a rozar el aire.
Se rompe,
como el agua entre las piedras,
cae,
desde sí misma se despeña.

Palabra sola,
ramita rota
que arrastra el río.


*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
http://temblor-esencial.blogspot.com.ar/











IR AL SUEÑO*



Ir al sueño cada noche no es
sólo el reposo.
Es ir al encuentro
de una consentida omisión de luz
para entreverse uno
con rostros diversos.

Ir al sueño es corregir
las muertes que la vida nos da.
Hundirse en aguas inseguras
para volver en los relieves del sol.
Sin concesiones.

Una parte mía elige pactar.

Le creo al río onírico
y a la luz principiante
Acepto
esta alianza de ojos abiertos.
Si me miente el día
la noche regresa...
y el tema infinito recomienza.

Jugar a morir.
Y a despertar.


*De Miryam Colombotto Seia. miryamseia@cablenet.com.ar











Del amor sin esperanzas*


El hombre sale a recibir al sodero en medio del temporal de la mañana. La oscuridad del cielo se expande hacia el adentro de la casa, hace sombras en todo.

Ezequiel pregunta: -¿Estas solo?

El hombre se queda como tildado y no responde con el "Si" obvio.

-Si la ves a Mariana mientras vas de reparto, decile que venga a tomar unos mates.

El sodero pone cara de asombro.

-Como no, se lo diré, aunque puede que tarde un tiempo en descubrir cual es tu Mariana.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com
https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar/














BYE BYE LOVE*




Utilizaron una canción movida, hay una mujer que se desdobla, es muchas mujeres, baila, se esconde, se transforma en muchas porque se cambia el peinado, el color del cabello. Es un comercial de shampoo, invita a la diversión, el cambio, el juego. Nos advierte que permanentes o planchado o trenzado no afectarán al cabello gracias a ese producto milagroso que lo fortalece y repara.
La música es pegadiza y vital, como debe ser. Claro que si una la escucha con un mínimo de atención y algo de memoria puede advertir que es una versión de la que usó Bob Fosse en “All that jazz”, para ese fantástico número musical en el final, cuando se despide de la vida y saluda a cada una de sus amantes, a su hija, a sus amigos, y se alegra de haber sido perdonado por todos y alejarse hacia la muerte que sucede en otro plano, solo, sin ningún glamour, en una cama de hospital.
Toda la película es sobre la muerte, esa amante hermosa, la única de siempre, la fiel, la que lo recibirá finalmente en sus brazos y se burlará de los alardes y debilidades ocultas. La muerte, esa mujer elegante que proporciona la salida apoteótica en el escenario. La muerte, única confidente y única seguridad. Ella estará allí.
Y la canción dice adiós, adiós amor, adiós adiós felicidad, hola soledad, pienso que voy a morir.
Bob Fosse en ese film logró que casi todas las amantes fuesen sus amantes de la vida real. Y cuentan que cuando se rodaría la última escena, la ensayó él mismo en vez del actor que lo representaba, y al finalizar el ensayo se volvió hacia uno y dijo con lágrimas en los ojos “¿Viste? ¡Me perdonaron!”
Narrar la propia vida, exponerse, transformarla en ficción para actuar sobre la realidad. Hacerse perdonar con las líneas que él mismo escribió, ficcionar su propia defunción que ocurrió luego de la misma manera, cigarrillos, alcohol, pastillas, vida enajenante y el corazón que ya no soporta.
Un poco más profundo, con más significado que la propaganda del shampoo. La misma canción, diferentes aspiraciones.
Me pregunto cómo la escogieron los publicistas. Saben que en estos días pocos son los que no comprenden esas palabras en inglés, adiós, amor, soledad, muerte. Quizás saben, también, que nadie se toma el trabajo de pensar, que todo se acepta si tiene buen ritmo y hay colores y una mujer bella. Aunque esa mujer bella sea la muerte, y una muerte bastardeada.




*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com












HUIDA*


“Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.”
(Ovidio)


Este capricho mío de llorar descalza.
Esa empecinada boca de hierba que me nombra.
Pájaro negro que grazna sobre antiguos cálices.
Recién nacida. Vieja rugosa y desdentada.

¿De que múltiples rumores de espejos me arrancaron?
Yo jugaba entre lápidas. Árboles tristísimos y trigales venerables.
Y robaba flores a los muertos. Nardos y flores de papel morado.
Bravura de polleras cortas. Trenzas y largas falsedades.
Huía y huía y Dios me perseguía. No me alcanzaba
No lo consigue, aun. No lo consigue.
Fugitiva yegua con crines coloradas.
-¿Tampoco viene este domingo, madre?-
Ella alisaba los pliegues de la almohada.
Una desnudez de hierro la arropaba.
Un vaso de agua y cuatro hembras yertas.

Y el reloj se detuvo .Y la noche.
Quise beber, tirada es sus faldas de albahaca.
Sus manos de Magdalena, cruzadas sobre el pecho.
Leve brisa elevando un cansancio de años.

¿Están todos? No. No están.
¿Por qué esa soledad ¿ ¿Quien te obligó a orinar de pie?

¿Escuchas madre? Es la eterna nebulosa.
Es otra vez el mar… y un puñado de sal en mis desiertos.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@hotmail.com









*



Es posible que él salga a mirar las estrellas.
Debe tener, sin duda,
las manos cruzadas en la espalda,
como cuando camina junto a mí
y esconde sus manos de las mías,
como si se guardara para sí
alguna pertenencia que pudiera robar.
El hombre porque es hombre
debe sentirse a salvo
y él encierra en sus manos
lo que no me ha de dar.

Sin embargo, yo sé
que él está saliendo ahora a mirar las estrellas,
y sus manos
se abren como pájaros
buscándome en la oscuridad.



*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
http://temblor-esencial.blogspot.com.ar/








La epigrafista*




*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar



"La poesía tendrá siempre ojos de perro perdido, /siempre dará luz a lo imposible. (...) La poesía siempre será perder lo que consigo nombrar,/ dentro de una maleza roja./ Y una fiebre idéntica a la belleza (en su explosión). (...) La poesía: ruina de ruinas,/ la luna iluminando un descampado/ y otra vez el perro que persigo y me persigue./ Toda la crueldad del mundo en sus ojos ardientes/ (remedo de los míos en una tierra que danza)".


Estos versos los escribió mi amiga la poeta Paulina Vinderman, y nos alientan a seguir pensando en la imaginación que se mete en la realidad, que es dura y se resiste, como escribió aquel digno maestro que se llamó Raúl Gustavo Aguirre, pero que la poesía siempre habrá de vencer para dar su sombra al viajero.
A veces se me da, de puro empecinado, en pensar en todos los crepúsculos que me he perdido desde que me vine del pueblo. De ese sol inmenso que rueda agonizante tras el pinar azul de don Peralta. Y ese pelotón de terneros que como un ritual corre hacia él, hasta que el duro alambrado con sus púas lo detiene. Y entonces regresan cabizbajos y buscan con un rugido quejumbroso el balido angustiado de sus madres, porque perciben esa separación que les hurta la leche de sus ubres para ser vendida luego.
Son imágenes que deflagran, haciéndose un espacio por aparecer en lo entrevisto, o el sueño que se filtra de a poco cuando es el párpado que esconde la memoria, como la otra, la que recuerdo mientras releo estos libros que tienen sus anotaciones en los márgenes, con una breve letra que el lápiz ubicó como un pequeño fusil hacia el foco de la atención que seguramente alguien olvidará muy pronto; esa mano desconocida. Hasta que lo recuperen cuando otros ojos vuelvan a posarse en él, pero es otra la mirada, otro el destino de ese sentido que abre horizontes a otros ojos, desconocidos pero igualmente atentos.
Toda despedida es promesa y la pasión es la urgencia, que nos espera siempre para hacernos reír o llorar o simplemente no esperar nada.
Nosotros tampoco esperábamos nada al volver de nuestros días iguales, con nuestras hondas impiadosas que intentaban cortar abruptamente el vuelo de un pájaro y a veces en ese acto imperioso la vida quedaba cerrada con una mancha de sangre, un plumerío en el aire y la piedra asesina caída a un costado, olvidada en el pasto tan alto que cubría nuestras propias estaturas tan breves de entonces.
¿Ese "no esperar nada" resumía un estado de ánimo? ¿O era la sensación de vacío que se disfrazaba de distracción o de olvido de ese mundo pequeño y tan nuestro?
Asociaciones diversas como puntos de contacto que las alas de los pájaros conseguían urdir en el vacío azulado y engañoso del aire, que como sabemos bien no es cielo ni es azul y acá viene el lamento de aquel monje poeta: que pena que no sea verdad tanta belleza.



*Los poemas citados pertenecen al libro La epigrafista de Paulina Vinderman, hilos editora, Buenos Aires, 2012.

-Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-56925-2016-10-12.html










*



Duermo con vista a  un pedacito de cielo,  una lluvia de infinito cae .sobre los sueños.
Me abrigo en el arte efímero de los pequeños momentos, Entre el infinito y el instante fluye la vida.



*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar






***


InvenTREN






PARADA KM 79*




De estación en estación, y todas las estaciones vacías, y todas con lluvia, y todas con este olor a campo y algunos papeles mojados en los andenes. El campo apenas adivinado detrás de las ventanillas que no cierran bien y dejan entrar el frío, las gotas de agua en el vidrio que tiemblan y trazan recorridos oblicuos.
Y yo, finalmente, yo en este tren que se mueve irremediablemente hacia adelante y más adelante, y a medida que las estaciones se suceden se va acercando a mi apeadero, en donde detendré el viaje que para el tren continúa más y más allá, siempre más adelante y más lejos en esta noche interminable.
El viaje como una continuidad, un largo camino de aquí hasta allá, y yo que no voy de aquí hasta allá sino que me bajo antes, en un intersticio, yo que detengo mi viaje en este tren que va a continuar sin variar casi el peso, sin extrañarme. Yo que voy descontando paradas, un latido en falso en cada estación, un retorcijón en el vientre cada vez que tacho en el espacio otro nombre que me acerca a destino.
Llueve, siento humedad en el aire, abrigo mojado, pelo húmedo, ronquidos desde otro vagón. El paisaje que se va, que queda atrás, y más atrás, y fuera de alcance. No hay luna. No hay cielo hoy, sólo una negrura espesa y una lluvia inevitable.
Lluvia, lluvia y trenes, y estaciones. Y una mujer sola en un vagón con el abrigo húmedo y una sola maleta y la mano apretada contra la boca cerrada sobre los dientes apretados. Yo.
Ya casi, falta poco. Tomo mi maleta para tener algo en la mano, para convencerme de que es cierto que me voy a bajar. Me convenzo tomando la maleta y arreglándome un poco el peinado arruinado por la lluvia. Me aferro a mi maleta porque si esto no es un sueño el tren va a detenerse y en vez de seguir sentada en un viaje infinito me voy a bajar. Me voy a poner de pie con mi maleta, voy a llegar hasta la puerta, voy a bajar al andén y voy a encontrarme con Pedro después de esta larga, larguísima semana.
Va a estar ahí esperándome, ya nos pusimos de acuerdo. Con las manos en los bolsillos, seguramente. Terminando un cigarrillo o mirándome de frente con los brazos cruzados. Va a estar ahí esta noche, nos vamos a subir al auto, vamos a llegar a casa y no sé si vamos a decir algo. No lo sé.
Siento ya su cuerpo sentado al lado del mío en el automóvil, la sensación del tapizado del asiento, mis ojos fijos en el rosario que cuelga del espejito para no mirarlo a él, silencioso, a mi lado.
Ya me imagino en casa, dejando la culpable maleta en el ropero, metiéndonos rápido en la cama para dormir al menos unas horas hasta que suene el despertador. Veo el desayuno con el mate y yo otra vez usando las pantuflas y el pullover rojo que quedó en el ropero.
Otra estación, ya casi. Si fuese de día seguramente podría comenzar a reconocer parajes y alguna casita rodeada de árboles. Pero no veo nada. Nada de nada.
Mamá me dijo que una se casa para siempre y que los hombres tienen sus cosas y que la mujer tiene que aprender a manejarlos. Y dijo mamá que cada esposa con su esposo y cada carancho a su rancho y que la vida es esto y no cuentitos de princesas y zapatos de cristal. Le dio vergüenza que yo haya escapado de mi matrimonio y haya vuelto al pueblo. Se reía con las vecinas pero a mí me congeló con los ojos fríos cuando me abrió la puerta. Ella habló con Pedro por teléfono y que si, que claro, que me mandaba de vuelta que las cosas se arreglan entre marido y mujer y basta de pavadas.
Es la próxima ahora, Pedro con las manos en los bolsillos seguro, y elevo el cuello de la campera que no me tapa el moretón pero lo subo igual, no quiero que Pedro vea el moretón que es como acusarlo y recordar que me escapé.
Ahora sí, en medio de estaciones y estaciones y estaciones está la parada en el kilómetro 79, ni nombre tiene mi parada, es apenas un intersticio por donde me voy a caer para siempre para siempre. Y me veo desapareciendo por ese hueco entre campos, esa grieta entre paredes. Me veo alejándome con Pedro y el rosario colgando y el color azulado en mi cara que ya no se ve porque se aleja. Se aleja de este tren que acaba de detenerse.
Me pongo de pie, tomo la maleta, me subo de nuevo el cuello del abrigo y camino hasta la puerta del vagón. Estoy caminando en sueños, lo sé. No siento el suelo duro bajo los pies ni el olor ni los sonidos ni siento mi propio cuerpo. Esto ocurre despacio y de forma borrosa. Alguien camina con una maleta y es mujer y se acerca a una puerta del vagón de un tren detenido en una casi estación para dejarla junto a un casi hombre para que vaya a un casi hogar.
Me quedo. Me quedo y el miedo desborda, rompe, me hace transpirar en una oleada roja de pánico salvaje. Aprieto la manija de mi maleta. Me quedo.
Cuando el tren vuelve a ponerse en movimiento y se sacude, y después se empieza a apurar y al fin corre sobre sus rieles brillantes de lluvia yo, una mujer con una maleta, me pongo a alisar los pocos billetes que tengo en el bolsillo, me acomodo en el asiento e, infinitamente desamparada, sola, sin saber cuál será el futuro, duermo en una calma de feroz alegría.


*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com







***
Próxima estación para escribir por Ferrocarril Provincial:

ÁLVAREZ DE TOLEDO

POLVAREDAS.  JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


***
Próxima estación para escribir por Ferrocarril Midland:

ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.  KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.


InventivaSocial
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