Thursday, June 19, 2008

POR UN PUÑO DE PIEDRA...





*Dibujo de Florencia Soler Abbate. florencia_soler_77@hotmail.com


Sin maquillaje‏*




En soledad
Y también en la noche
Quizás con las dos juntas
He descubierto la profundidad
Del abismo,
La pesadilla de ser yo
No me animo a mirar
En el espejo
No quiero asustar a mi rostro
Él aunque esté triste
No puede transmitir
Esa la pura soledad
De estar con uno mismo
Y sin maquillaje.-



*de Azul. azulaki@hotmail.com






El náufrago*


El náufrago sentía una enorme necesidad de compañía. Cada mañana se contaba las costillas para ver si le faltaba una y podía, por fin, tener compañera.



*de Joan Mateu joan@cimat.es






POR UN PUÑO DE PIEDRA...







REESCRIBIENDO NOTICIAS*



Esta mi madre afectada casi como si fuera un hijo suyo, "De Lules como Palito Ortega pero este chico no vino a cantar sino a morir por un estúpido acto".
Por un estúpido acto me repito.
Y es lo que siento. Un estúpido acto que no debía desatar una muerte por más "accidental" que quiera verse con esa falta absoluta de culpa que tienen los políticos de hoy y de siempre.
Casi como si fueran los "daños colaterales" de una guerra, donde las muertes son casi invisibles.
Un minuto de silencio.
Y que siga la función.
El teatro político. Los políticos y su neurosis de acción. No pueden dejar de representar su papel y su libreto, por algo menor. Una muerte.



*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com







CARLOS MARRIERA, 21 AÑOS
La historia del joven militante tucumano que murió en la Plaza*

Visitaba por primera vez Buenos Aires. En el acto pidieron por él un minuto de silencio.

HORROR. EL CUERPO DE MARRIERA YACE EN LA PLAZA, HERIDO POR UN FAROL DE
BRONCE. EL JOVEN, TENÍA 21 AÑOS.


Un joven de 21 años murió ayer por el tremendo golpe que le produjo en la cabeza, un farol que se desprendió de una columna de alumbrado público en Plaza de Mayo. Carlos Marriera había llegado desde Tucumán para participar del acto que tuvo a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, como
única oradora. El militante peronista fue homenajeado con un minuto de silencio antes de comenzar el acto.
Anoche, fuentes del gobierno tucumano informaron a Clarín que esperaban la orden del fiscal, para que, terminada la autopsia, permitiera trasladar el cuerpo de Marriera a su provincia. Temprano se informó que el gobernador José Alperovich había dispuesto "todo lo necesario" para colaborar con la familia del joven.
El accidente se produjo pasadas las 11 de la mañana. Marriera recibió el golpe al desplomarse desde siete metros la farola, de unos 10 kilos. Ocurrió sobre Hipólito Yrigoyen, cerca de la Rosada. Marriera murió una hora después, en el hospital Argerich.
"Con esto entendemos que a Carlos le esperaba un destino trágico que nos podía haber tocado a cualquiera de nosotros. Hace un rato estábamos todos juntos caminando en Plaza de Mayo a la espera del acto, pero ahora ya no lo tenemos a nuestro lado", dijo angustiado Facundo Marena, uno de sus amigos.
Según mostraron las cámaras de seguridad de la Plaza, la farola se habría desprendido de la columna de luz, por la fuerza ejercida por un pasacalle atado a ella que embolsó el fuerte viento de la mañana.
"Nunca me gustaron los actos políticos", se lamentó anoche Rubén Marriera, repartidor de diarios de 51 años y padre de Carlos. "Fue el destino el que me arrebató a mi hijo", dijo el hombre a Clarín mientras todo Lules, desfilaba por la humilde casa familiar del barrio El Oratorio.
Según su padre, el muchacho "no era afiliado peronista ni tenía militancia política alguna". Fue al acto invitado por un primo y por amigos con quienes jugaba habitualmente al fútbol. El viaje había sido organizado por el PJ.
Carlos vivía con su padre, su madre, Lucía (42), y sus tres hermanos: Rubén (28), Jonathan (17) y Lucía (10). Fue empleado temporario de la municipalidad de Lules hasta fines del año pasado. "Como la mayoría de los chicos de por acá, estaba ahora sin trabajo, había repartido su currículum por todos lados y tenía que presentarse la semana que viene en un empacadora a ver si lo tomaran", contó el padre.
Sus amigos dijeron ayer que Carlos pasó parte de la última noche de su vida cantando folklore en la quinta fila del micro. Luego durmió profundamente hasta el amanecer. Entrevió la ciudad por las ventanillas, a las cinco y media de la mañana, y bajó con sus compañeros cerca del Congreso. Juntos
desandaron hacia el río la Avenida de Mayo y dejaron correr la mañana fría.
Cinco horas después, el muchacho estaba muerto.
Jugador de vóley del club de Lules, Almirante Brown, Carlos debía dos materias del secundario, cursado en una escuela técnica y, hace poco, en una nocturna acelerada. Su padre recordó: "Lo que más le gustaba era el deporte.
Su sueño era ser profesor de Educación Física".

Colaboró: Rubén Elsinger. Tucumán


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2008/06/19/elpais/p-00601.htm






LA OCTAVA MARAVILLA*



*De Vlady Kociancich.


37



La lluvia hace que uno vea el mundo con ojos de miope. Las calles, las casas, los árboles, reverberaban bajo el agua, perdían y recuperaban la forma en un constante temblor gris. Nunca habría encontrado la casa si Juan Pablo Miller, de jeans y campera de cuero, protegido por un inmenso paraguas, no se hubiera apostado en la puerta.
-Qué asco de clima -dijo, ofreciéndome la mano, sonriendo alegremente-. Pero los muchachos ya llegaron, tenemos todo listo.
Ni un comentario sobre mi decisión de acudir a la cita. me había llevado tiempo resolverme y él lo tomaba con naturalidad.
-¿Es aquí? -pregunté, perplejo.
-Aquí mismo.
Cruzamos la puerta de entrada de una casa muy vieja, con balcones que daban a la calle. La puerta y los balcones -antiguos, sólidos, con aparatosas volutas y guirnaldas en las rejas- eran, en realidad, un falso muro. No había piezas detrás.
Había un patio inmenso y bien al fondo un semicírculo de habitaciones. El patio tenía una extraña desnudez. Me refiero a la ausencia de cosas propias de un patio, como una fuente o una hilera de macetas, como un juego de sillas de jardín o al menos esos trastos que absorben los lugares vacíos. Nada. Sólo el esqueleto de una glorieta, de una parra extinta. El piso era de baldosas blancas y negras. Un gigantesco tablero de ajedrez que parecía roto a golpes por un puño de piedra. En los huecos se juntaba el agua.
Juan Pablo iba adelante, esquivando los charcos con agilidad. Yo, en cambio, medía la distancia, el puente seco entre baldosa y baldosa, torpe, indeciso, como la pieza movida por el jugador inexperto en un torneo de maestros.
-Eh, no pierdas el tiempo mirándolo, porque está parado.
Yo miraba, bajo la lluvia y con medio pie en un charco, el reloj de hierro que colgaba de una viga gruesa a un costado del patio y marcaba las diez.
-Claro que es una coincidencia. Mirá vos, son las diez. Qué puntualidad, che, no parecés argentino. ¿Y esa cara? Ya sé. Te desalienta la escenografía. Puro cartón, pero un buen iluminador te lo convierte en un palacio. Lo que importa es la obra.
El Estudio A (así llamaban a una de las piezas del fondo) y el equipo técnico (dos hombres ateridos, envueltos en una nube de humo de cigarrillos), parecían reunirse junto a un enfermo grave. Todo el tiempo que duró el encuentro lo pasé sentado en la misma silla, tratando de mostrarme animoso, fingiendo un interés que no sentía.
-Muchachos, la mejor de las noticias. Alberto Paradella se suma al equipo -dijo Miller.
-Yo no...
-Yo también dije no. pero uno tarda poco en dejarse ganar por la tentación europea. La tecnología de avanzada, el apoyo económico, a cambio de la inspiración y del genio. Y cuentan los potentes marcos, ¿eh carlitos? Carlitos te lo dice. Sufre como un cochino lejos de la señora y de los pibes. Pero guarda, embolsa, gira a Buenos Aires. Acá lo tenés. El mejor compaginador en plaza. haciendo guita y fama. ¿Eh, Carlitos?
Un hombre minúsculo, muy morocho, de bigotes caídos, con una cara tristísima y un cigarrillo que no se sacaba de los labios, murmuró algo ininteligible desde su sitio junto a una máquina grande, pintada de gris.
-Y este es Ramón Segura. Un genio del sonido. La clase de tipo que afirma el prestigio del técnico argentino en el exterior.
El genio del sonido estaba hundido en un sillón. No le veía bien la cara porque arriba y hacia los costados le brotaba una exuberante melena canosa y luego había bigotes y luego un matorral de barba gris que sujetaba con las dos manos como para ayudar al equilibrio de esa pobre cabeza. Tenía anteojos ahumados. los anteojos, la pelambre, la postura de abandono en el sillón, le daban un aire de actor retirado, de vieja celebridad sin chance de papel protagónico. A lo que menos se parecía era a un técnico.
El sonidista, en un gesto de lánguida generosidad, estiró el brazo hacia una silla próxima y me la acercó.
-Mejor sentate.
Me senté.
-Eso es, eso es, no perdamos tiempo que a nadie le sobra -exclamó el director con vivacidad.
Se quitó la campera, la arrojó a un rincón, buscó una silla Segura.
-¿Querés? Te aviso que son negros.
-Fumo rubios.
-Un error. aunque quién sabe, che. Yo los tengo que encargar a Buenos Aires.
Y aspiró el humo con una energía y un deleite que duplicaban la mala luz, el frío, el olor a humedad y la profunda apatía que emanaba de su equipo técnico.
-A ver, Carlitos, poneme el rollo uno.
Carlitos suspiró, se acercó a unas pilas de latas redondas. Algunas de las latas estaban abiertas y puntas de celuloide se asomaban, negras y brillantes como anguilas recién pescadas.
Carlitos tomaba una punta, se la ponía delante de los ojos, suspiraba, la dejaba caer, levantaba otra, la examinaba, suspiraba. No devolvía los rollos a sus latas; anidaban entre serpientes descartadas.
-Está bien, está bien -lo interrumpió Miller, impaciente-. Agarrá cualquiera que tenga un primer plano, para que Paradella lo vea. Mirá ese cuadrado, Alberto. Es la pantalla de la moviola.
Carlitos puso un rollo en la máquina, se sentó frente a ella y con una mirada desbordante de melancolía, esperó la orden del director.
-Ahí lo tenés. Nuestro primer protagonista. Fijá la imagen, Carlitos. Sin sonido.
Juan Pablo Miller se puso de pie. Con el dorso de la mano golpeó ligeramente la imagen en colores que ocupaba toda la pantalla.
-Francisco Uriaga -dijo.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-








Tecnicismos*



*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona


UNO El chiste en la portada de la revista humorística El Jueves lo dice todo con las palabras justas. Ahí, Zapatero camina junto a Luis Aragonés –el un tanto rupestre DT de la selección de fútbol española– y le aconseja: “Si la cosa va mal, no digas que hemos perdido. Di que ha habido un reajuste a la baja de las expectativas influido por la coyuntura exterior”.
Y concluye: “¡A mí me va de puta madre!”.


DOS Decir “reajuste a la baja de las expectativas influido por la coyuntura exterior” es, claro, la forma “técnica” de decir crisis: palabra en boca de todos los españoles y de los que no son españoles pero quieren serlo y de los que no son españoles y no pueden serlo pero viven por aquí. El sueño de más de una década ha terminado y ahora llega el despertar de las lagañas, la resaca con las persianas bajas y el insomnio de encuestas y porcentajes económicos. Se acabó lo que se daba y se acumulan los datos en las primeras planas de los diarios: media España es pesimista, Zapatero baja y Rajoy (quien este fin de semana se presenta en el tan anunciado como definitivo para su carrera congreso del Partido Popular y donde, atención, se materializará para lanzar un discurso José María “Darth Vader” Aznar) sube por inercia, el PSOE y el PP están hoy empatados en intención de voto, paros sorpresa, desocupación, piquetes, aumento de los precios, desabastecimiento, desempleo, ayudas para los inmigrantes sin trabajo que elijan irse de aquí para no volver en unos cuantos años, subida de la electricidad, y el crujido de una Europa que –otra vez, ahora desde Irlanda– se niega a ser única e indivisible, y de un lado está China y del otro Estados Unidos y, ¿habrá que aumentar las horas de la jornada laboral para poder oponer cierta resistencia y competencia? Y los hombres de Zapatero insisten con tecnicismos para justificar un “de crisis, nada; esto es nada más que una contracción inevitable luego de un gran período de expansión”, aseguran que los malos pronósticos desde Bruselas son “exagerados” y hasta explican que “cuanto más rápido se caiga, más rápida será la recuperación”. Jerga técnica mientras todos se preguntan qué va a hacer aquel que, una vez en el suelo del fondo, descubra que ya no puede levantarse y salir a flote.


TRES Y es que –se sabe– las segundas legislaturas no son fáciles para ningún gobierno. La primera de Zapatero arrancó refulgente, aprobando leyes revolucionarias y hasta imaginando una tregua con ETA que parecía al alcance de la mano para, después, acabar derivando en una virulenta lucha en las bancadas con el PP. Fueron cuatro años de tecnicismos dialécticos con mucho de duelo de bar entre guapos y payadores. El reciente autoderrumbe del PP (con múltiples deserciones y traiciones para derrocar a Rajoy) hizo pensar en que se había ganado la batalla, que todo el asunto pasaba por vencer en duelo a la oposición. Pero no. Resulta que ahora hay que ocuparse de otros asuntos y ya a nadie entusiasman los proyectos líricos del tipo “Alianza de Civilizaciones” o el paseo del Quijote como símbolo patrio. Y “novedades” como la de la línea telefónica exclusiva para que los maltratadores de mujeres llamen cuando se sientan nerviosos y con ganas de arrojarles el auricular a esposas y novias producen, la verdad, una sonrisa triste. Así, Zapatero reprueba por primera vez en las encuestas y lo cierto es que ahora la gente está cabreada. Y poco y nada le importa su lugar en el mundo, prefiriendo concentrarse en su sitio en España. El índice de confianza del consumidor se desplomó más de 7 puntos para que subiera el índice de desconfianza del consumido. Y los especialistas internacionales advierten que esto no es nada y que lo peor está por llegar en este 2008 y en 2009. Y hay algo terrible en el hecho de que las malas noticias se comuniquen, siempre, en un idioma tan claro y sencillo y con palabras inapelables. Nada de tecnicismos para informar que se viene una lluvia pesada.


CUATRO Y, por supuesto, como siempre, ahí está el siempre útil oasis/espejismo del fútbol. España –una vez más– intenta quebrar el maleficio que le impide superar los cuartos de final. Y aquí viene la histeria triunfalista con publicidades televisivas en las que los jugadores de la selección se convierten en una especie de acerados e implacables transformers/terminators que proceden a destrozar a sus rivales. Muy lindo, muy deportivo. Lo importante no es ganar sino destruir, parece. Pero –por debajo de la cuchilla de titanio y el rayo láser– se comprende que aquel lema/slogan un tanto bárbaro y hooligan del último Mundial (el sanguinario “¡A por ellos!”) ha sido reemplazado por el un tanto más cauto y contemplativo “Podemos”, entonado con la misma pasión operística de aquel “Bizmillah!” en la “Bohemian Rapsody” de Queen. Los locutores del magno evento ofrecen tecnicismos varios para explicar por qué España es favorita para ganar el torneo que, digamos, no resultan del todo convincentes cuando se ve jugar a Holanda. En cualquier caso, ahí están ellos, mirando el cielo cada vez que suena un himno nacional al que todavía le falta la letra, más corderos que androides, conducidos por el ya mencionado Luis Aragonés. El tipo más primitivo que he visto. Alguien para quien –para bien o para mal– el lenguaje técnico se reduce a un “ahora hay que patear para allá”.


CINCO Y con el fútbol se vacían los cines y yo aproveché para meterme en un doble programa apocalíptico: La niebla, de Frank Darabont, y The Happening, de M. Night Shyamalan. Dos películas findemundistas en las que no se explican del todo los motivos para que se entreabran las puertas del Apocalipsis. En la primera la culpa la tiene, parece, un fallido experimento militar e interdimensional. En la segunda, todo parece reducirse –para reducirnos– al cansancio de un planeta cansado de nosotros. Una y otra película tratan, en realidad, de lo mismo: cuando la cosa se ponga de verdad complicada, cuando nos toque jugar la final del campeonato, no habrá tecnicismo que valga. Vamos a perder por goleada. Y nadie nos va ayudar a recuperarnos rápidamente. Pero quedará un tibio y breve consuelo: tampoco quedará nadie para explicarnos qué fue lo que pasó.


SEIS Y mientras escribo todo esto escucho por primera vez Viva la vida or Death and all his Friends, el nuevo álbum de la banda Coldplay, quienes anduvieron por aquí el pasado martes por la noche para presentarlo en un recital gratuito ante selecto público de fans. Y desconcierto primero y tristeza después: ¿a dónde se han ido todas esas canciones simples y redondas que hacían de tu living una especie de iglesia pop? Ahora, todo parece tormentoso y atormentado y pensado como para sonorizar estadios incómodos. Y aquella alegre melancolía de Coldplay como si de pronto quisiera parecerse a la depresiva euforia de Radiohead o algo así. Nubes negras y ruido blanco y hasta es posible que las lindas canciones estén, sigan estando, ahí: sepultadas bajo asfixiantes frazadas y colchones de sonido, cortesía del paisajista sónico Brian Eno.
Tecnicismos otra vez.
Mientras tanto, en otra parte, vuelve a oírse el metálico sonido de... (continuará...). Pero a no preocuparse: a todos nos va de puta madre.
Siempre y para siempre.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-106258-2008-06-19.html







Correo:

Para el amigo Udi*


Udi en la firma escribió mordazmente “haciendo amigos”, presuponiendo ya lectores escandalizados. Como lectora, es difícil escandalizarme, pero si me sentí molesta. La confrontación es directa y feroz. No trata de convencer o dar argumentos sino de arrojar generalizaciones a la cara como ladrillazos.
Es una pena. Yo creo que el sistema capitalista sustentado por la derecha trae desigualdad y miseria. La izquierda tiene el deber de convencer, dar el ejemplo, crear planes serios y concretos, poner como adalides a personas capaces e intachables. De otra manera, trabaja para la oligarquía contra la que quiere luchar.
Estar con el pueblo no es comerse un choripán en la plaza, hasta Macri se come un choripán y lo disfruta. Estar con el pueblo, para mi, es buscar el bien de todos los sectores racional y sostenidamente. Con un acto y unos discursos sentimentales no hacemos nada.
Trato en este conflicto de ser cauta. De los dos lados hay quien saca su tajada y genera adhesiones por emotividad pura, sacando lo peor de todo el mundo.
Mis enemigos son los corruptos, los que dicen mucho y hacen poco, los que viran con el viento, los que favorecen a los que no lo necesitan. Yo no tomo partido hasta mancharme, eso hicieron los militares cuando tiraban al río a los subversivos, la izquierda que fue a vitorear a Galtieri a la plaza, los que con el sayo partidista son utilizados como peones sin inteligencia y cometen vilezas. Todo partido o asociación necesita crítica interna y que quienes la integran no sean seres sin intención de ser responsable de los propios actos fuera de la obediencia ciega.
Creo que con Udi debemos de compartir muchos ideales. El tema es la coyuntura y las adhesiones.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






EL PAÍS EN LA PELOTA*


Hace un par de días comencé a procesar en mi mente otra de mis cartas sobre las cosas que nos pasan, pero esta mañana decidí dejarla para más adelante, porque la ronda del mate mañanero (en el trabajo), me llevó a 1982. A Junio de 1982.

Esa carta "mental" se refería (espero, se refiera), al espíritu latente de los argentinos sobre la POLÍTICA. Cualquiera sea la interpretación de la realidad, nadie puede negar que el SER POLÍTICO continúa latente en los argentinos y eso sí que es bueno.

Pero, como siempre tenemos un "PERO", bastó un PARTIDO DE FUTBOL como para que todos se olviden, distiendan y ninguneen el tema en su momento más crítico. En el momento de más urgencia que es el momento de las definiciones. Anoche fue un momento de definiciones.

Aquel mediodía de 1982, mientras en un ala de las oficinas de ENTel estábamos dos técnicos a los que no les interesaba el fútbol y menos cuando teníamos a nuestros soldados muriendo en la Guerra, el otro ala del Sector estaba HIPNOTIZADO por el partido Argentina - España del Mundial de Fútbol de ese momento.

Ya no importaba si Goose Green fue perdido o recuperado. Ya no importaba si la Presidenta metía presos a los dirigentes agrarios o estos le hacían Juicio al Estado. Ya no importaba si Menéndez estaba escondido bajo la cama o encaramado a un TAM acometía al frente de la Batalla de Puerto Argentino. Ya no importaba si Sola se abría de la decisión del Gobierno o si algún Ministro Fernández encontraba la fórmula mágica que destrabara el conflicto.

Ya importaba el gol del Diego. Ya importaba si el referí era manso o agresivo. Ya importaba un rábano el hambre de los soldados. Ya importaba un rábano la desesperación de la Sociedad por el conflicto político.

La pelota tiene una ventaja. Una ventaja muy grande. Todos aplauden cuando la patean y cuanto más fuerte mejor. Pero si pateamos algo en un conflicto, muchos salen lastimados.

Sí, la PASIÓN POLÍTICA está latente en los argentinos, pero pareciera que solo importa cuando patean a la de cuero.



*Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
Ingeniero White - Buenos Aires




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