Thursday, July 05, 2012

NI LA ILUSIÓN NI EL CIELO...


*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.



*


Ya no entraremos
a las ciudades
con la paciencia
ardiente

Ya no asaltaremos
ni la ilusión
ni el cielo.

Apenas viviremos
atados a ese recuerdo
niño
que sólo se agiganta
en la memoria.



*De JORGE ISAÍAS. jisaias46@yahoo.com.ar
-Lluvia de marzo. Colección de Poesía  ÍCONO nº4. Editorial Ciudad Gótica.





NI LA ILUSIÓN NI EL CIELO...




ESTACIONES*



*De JORGE ISAÍAS. jisaias46@yahoo.com.ar


                                                           a Pichón Bucelli,
que sabe de estas cosas


Los inviernos de entonces eran largos, lluviosos, con el intenso frío que
arreciaba en las casas sin ninguna comodidad, dejaba tristeza y soledad en
la intemperie de los campos.
Los perros se arremolinaban en los galpones y en lo posible acercaban sus
cuerpos empapados, sus hocicos fríos, cerca de los fogones o las cocinas
económicas. Acurrucados, miraban llover con sus ojos tristes con su pizca de
impotencia indiferente. Tal vez algún potrillo saltara, ágil, y no exento de
alegría, con su joven pasión llena  de juguetona vitalidad en el mismo
centro de la llovizna..
Pero era una excepción que cortaba la tarde con algo de acontecimiento, de
cosa absolutamente inesperada, pero a no dudar era sumamente grata su
manifestación.
Claro que las otras estaciones tenían también su encanto que en principio no
traían un poco de tristeza.
El otoño, el otoño en el campo por ejemplo. El que iba vistiendo de ocres
los árboles es decir no sólo los que solitariamente circundaban los caminos,
sino los montes que rodeaban las antiguas casas con su patio pletórico de
mandarinos, naranjos, sin que faltara el limonero orgulloso, con dispendio
de ocres y amarillos.
El camino que cruzaba el paso a nivel más alto, es decir el que pasaba por
la capillita de Carmelo Mosso, Beto Delmachio y llegaba hasta la tupida
alfombra de retamas de Mingo Giuliano, frente a aquellas casuarinas y esos
fresnos con sus hojas que mutaban del ocre al color ferroso, allí donde don
Juan Dalllosta doblada con su arado al que uncía ocho percherones blancos y
blancas eran las gaviotas, que lo seguían toda la mañana en procura de su
festín de isocas también blancas, gusanillos y lombrices, alimento de esa
voracidad que compartían chorlitos y bandurrias.
En el camino que viene de Beravebú y termina de Marquicih, justo en el cruce
del que lleva a Colonia Terrasón se produjo un accidente allá por el año
cincuenta. Un camión que traía un equipo de fútbol del pueblo y su hinchada,
volcó, con tanta mala suerte que aplastó con una de sus barandas el cuello
de un muchacho quien murió en el acto. Era uno de los hermanos del mismísimo
Mingo Giuliano, según me han dicho siempre los más antiguos o memoriosos.
Voy a eludir la primavera en aquellos  campos de la infancia. ¿Por qué? Tal
vez por demasiado obvio o porque podré tratar el tema más adelante.
Pero sí voy a entrar en el verano. El verano de Haroldo Conti que sentía su
presencia como si fuera humana. El verano de los poetas, que me precedieron
en el pueblo, el Flaco Enrique Naly y Mauricio Trenti. Y el verano mío, por
qué no.
            En fin, como escribió Cesare Pavese: "el hermoso verano."
El verano del sol como una gran lámina de acero que aplastaba el mundo con
esa magnificencia de oros sobre  los tamariscos, las retamas y las
enredaderas trepadoras, el vuelo libre de las abejas con su silencio
detenido, el agrupamiento sobre toda flor silvestre y que en su vuelo
dirigido chocaban con el errático andar de las mariposas que incendiaban
todo, que bailoteaban -blancas, amarillas, y alguna de alas negras- sobre el
alfalfar con sus florcitas blancas como botoncitos de dicha, y también se
metían en los patios, volando a media altura, chocaban con las tacuaritas y
los tordos.
En el verano también cruzaban los callejones las avispas alargadas y  los
abejorros panzudos con su remolonear zumbón, con ese ruido que parecía coser
con hilo grueso los flecos de los veranos más dorados para que el cielo no
cayera sobre nosotros como una sopa hirviendo.






Historias Bancarias

 EXTRAÑO SUEÑO*



En la primera etapa de nuestros tiempos, en el inicio mismo del banco; me
refiero a quienes ingresamos en el primer grupo de origen, tuvimos entonces
un verdadero bautismo de fuego.- Las tareas nos superaban, las jornadas se
tornaban complicadas y apenas podíamos desenvolvernos; y era mucho decir,
más bien apenas nos defendíamos, y eso a los ponchazos.-
Más adelante se fue incorporando personal, y  estacionando las exigencias de
nuestras tareas, mermando el vertiginoso crecimiento.- Esto era lógico.- Al
principio tuvimos un cúmulo de vinculaciones y aperturas de todo tipo de
cuentas y operaciones, y pasado cierto tiempo eso se fue aquietando,
mientras al mismo tiempo, mejorábamos en nuestra capacitación y en nuestra
estructura.-
Digamos que le fuimos tomando la mano.-
Los días pasaron a ser cada vez más normales, y hasta teníamos algunos casi
aliviados, especialmente ciertos días del mes, o de la semana.-
Aunque siempre continuaron habiendo cada tanto, por H o por B, días picos,
de mayor afluencia donde se nos venía encima una avalancha de operaciones.-
Por ejemplo, los días lunes ya lo asumíamos, así como los días sándwiches,
entre feriados; pero peor era tras un feriado como el día "del bancario", el
seis de noviembre, por lo general hábil para todas las actividades tanto
civiles como oficiales, pero feriado bancario en todo el país.-
Encima nuestro primer festejo nos cayó en lunes.-
Todo el comercio, industria y servicios y demás sectores económicos
trabajaban como día normal, y nosotros de camping festejando con asado y
vino, conmemorando por primera vez lo que desde allí sería "nuestro día".-
Pero al día siguiente teníamos doble o triple trabajo.- Días verdaderamente
complicados, especialmente en la caja.-
Yo todavía estaba sólo en toda el área, salvo la ayuda después del cierre
que podía darme el gerente.-
Una de estas jornadas, terminamos bastante tarde de armar el efectivo y
cotejar las cifras contables.- La caja acusaba una diferencia espantosa,
pero aún había que revisar las sumas.-
Nos fuimos a almorzar, bien tarde, y a descansar un momento; volviendo
enseguida a continuar con el cierre y determinar mejor las partidas.- La
diferencia se fue estableciendo en un faltante tan grande, que no podía ser
ningún error de pago ni de recepción, debía ser otra cosa.- Quizás
inversiones de números.- Analizamos todos los movimientos, y nada, la
diferencia persistía.-
A la larga tuvimos que convencernos, estaría faltando dinero.- Una cifra
disparatada, algo imposible, pero no obstante, todo indicaba que había un
tremendo faltante.-
No teníamos más donde buscar.-
Se acabó el día.- Ya tarde de noche me fui a casa, destruido.- Abrumado y
desorientado.- No sabía en qué iba a terminar.- ¿Qué más podía hacer? ¿Qué
estaría pasando? Ni se me pasaba por la mente que podría haber cometido un
descuido tan grande.- Si embargo, esa noche, mientras manejaba las cincuenta
cuadras hasta mi casa, sentía en mis venas un torrente de adrenalina y por
momentos escalofríos de terror, y trataba de convencerme de no dejarme
llevar por el pánico, y que todo se iba a resolver.
¿Pero cómo? ¿Cuándo?, mañana temprano empezaríamos una nueva jornada y ya
tendríamos que ocuparnos de ésta, cada momento se me iría consolidando la
diferencia, y cada vez se me haría más difícil encontrarla.-
Al llegar a casa, con todo ese peso a cuestas, pensé en cenar algo, tratar
de relajarme, descansar, y en última instancia, me llegué a imponer
resignadamente: ¡Qué sea lo que Dios quiera!
Había llegado de visita una prima muy querida que no veíamos desde hacía
mucho, y me pidió un favor, al que yo no podía negarme: Qué la llevara para
saludar a otros primos al campo a unos cuarenta kilómetros.- No pude decir
que no.- Fuimos todos, también mi esposa y mis dos pequeños, el más chico en
brazos.- Caminos de tierra y bastante polvareda.- Una cubierta del auto se
rompió cuando volvíamos, sin consecuencias, la reemplacé, y llegamos bien,
sin otros contratiempos.- Pero se hizo muy tarde, estaba muerto de
cansancio.- Había tenido un día muy largo y tenso, no conseguía zafar de mi
mar de fondo; mi drama seguía acechándome y ni siquiera pude charlarlo con
mi mujer para tener al menos el alivio de compartirlo, como siempre que uno
busca ese apoyo en la compañía de quienes más nos quieren.-
Así con esa tensión fui a dormir.- Dormí como un tronco, pero un tronco en
un río turbulento, tuve pesadillas afiebradas, alocadas, soñé disparates;
pero uno de esos disparates me hizo dar un salto.- Serían las cinco o cinco
y media de la mañana, ¿Qué disparate había soñado el último minuto que me
hizo saltar en la cama?...
Soñé que había encontrado el dinero.
Fue una verdadera pesadilla.- Soñaba con un viejo almacenero de cabello y
bigotes blancos, parecido a Einstein, que había vivido cerca de casa cuando
éramos muy niños, entonces solía jugar conmigo y yo sentía como que me
quería y me protegía.- Hacía más de dos décadas que había muerto.- Pero yo
soñé con que él me mostraba dónde estaba el dinero que faltaba.
En el sueño yo era un niño pequeño, como entonces, y estaba con él; me tenía
tomado de la mano y trataba de convencerme que lo siguiera, que no tuviera
miedo.- Debíamos pasar sobre unas tablas que tapaban un pozo que estaba bajo
una galería de una casona de antaño.- Yo no me animaba.- Entonces pasó
primero él y desde allí me tendió las manos para que pudiera pasar sin
temores.- Pasé, y allí había una habitación semi oscura donde se veía la
caja número dos del banco, la que yo tenía a mi derecha   durante mis
jornada de trabajo, pero nunca la habilitábamos.- Me aproximé, la abrí y
allí, había billetes y fajos de todos los valores, casi lleno el cajón y las
gavetas.
Desapareció el anciano, y yo me desperté, ¡y se me hizo una luz en las
tinieblas!
De algún modo que yo no podía entender, ¿Podría estar allí el dinero que me
faltaba?
Enseguida lo iba a saber.- ¡Desde ese momento me aferré desesperadamente a
esa ilusión!  Faltaba una hora o más para ir al banco, pero no me podía
aguantar.- Hacía frío pero yo estaba transpirando.- El gerente solía ir
temprano, así  que sin esperar más me fui volando.
Entré como una tromba., no me fui a ver a la caja, no, lo fui a buscar a él,
y excitadísimo le trataba de explicar, pidiéndole alborotadamente que
viniera a ver conmigo lo que yo esperaba encontrar, lo que tan patente había
visto en sueños.- Me miraba asombrado sin entender, y yo cada vez más seguro
que allí estaba nuestro tremendo faltante.- Además yo no me permitía
siquiera tener dudas, me aferré a que aquello era posible, ya quizás como
nuestra última alternativa...-
Abrimos la caja. Y tal cual lo había soñado, apilados del mismo modo, de
costado como los había visto, allí estaban fajos completos y  a medio hacer,
por docenas, y saldos de billetes sueltos; en idéntico volumen, que en
cuanto contamos era exactamente la cantidad justa y total de lo que nos
estaba faltando.
¿Qué había pasado?
¿Cómo no sabía yo que todo eso estaba en esa caja?
Lo que pasó es que el gerente vino a ayudarme, en un día en que había mucho
dinero para contar, armar fajos, y recontar; así que ayudándome trabajaba
sobre la mesada de la caja número dos, la de al lado, a mi derecha.- Yo casi
no lo veía porque teníamos una divisoria entre ambas cajas, además yo estaba
concentrado en lo mío estableciendo arqueos y el resto del dinero.-
Nunca guardaba dentro de los cajones y gavetas; porque me los iba pasando a
medida que los acondicionaba, pero esa tarde en un momento tuvo que
retirarse para volver después, casi enseguida, y entretanto sí los puso,
aunque transitoriamente.- Cuando volvió se había olvidado y siguió con otra
partida nueva de lo que yo tenía.- Para nada se acordó después, de lo que
había apartado; hasta que ahora abierto el cajón, cayó en la cuenta de lo
que había hecho.-
De una cosa estoy seguro, yo ni inconscientemente pude saber que todo eso
había pasado, ni que el dinero podía haber estado allí.-
¿No será que tengo realmente un protector?
Pero nunca pude superar el convencimiento, de qué sin poderlo explicar, tuve
alguna ayuda desconocida.-
Sea lo que sea, me sigue asombrando.-


*De Celso H. Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
*Texto incluido en La raíz del BAMBÚ.  Edición de autor. Avellaneda. Santa
Fe. 2012






*


Arboladuras quietas
cada tarde ardían
en aquel crepúsculo
lento.
Arboladuras arduas
en el señuelo denso
en el olvido
en la quietud
rebelde
en que lloramos juntos.


*De JORGE ISAÍAS. jisaias46@yahoo.com.ar
-Lluvia de marzo. Colección de Poesía  ÍCONO nº4. Editorial Ciudad Gótica.







Cuadernos y Palabras Nº 18



NORI ISABEL BRUNORI
Canto Ilimitado




Canto ilimitado


Soy una mujer que mira los campos. Que los observa minuciosamente en todo su
ancho; los cercanos, los de distintas provincias y de otros países. Los
terrenos ajenos y el propio, que ya no será, cuando la evolución
generacional cambie.
Me gusta dejarme llevar por el aire que recorre mi cuerpo, flamea mis ropas
y juega despeinando cabellos, enredándolos.
Me gusta la tierra mojada de lluvia; su olor inimitable. El rocío que se
descuelga por las noches reviviendo las hojas que el sol marchitó durante el
día. El canto de los grillos, no hay comparación con el sonido que producen
ellos. La luna nunca es más hermosa que cuando se la ve desde la inmensidad
de
una pradera, solo tierra y cielo. No hay nada parecido al brillo de Selene
en su período de cuartos; llena, sobre las hojas verdes, en la oscuridad
nocturna. Y ver todas las estrellas
¿Y las noches nubladas, cuando la luna está paseando del otro lado del
mundo? No se ven ni las sombras más cercanas.
Se oyen los latidos del corazón y el correr de la sangre por las venas; es
escucharse a si mismo en el inmenso silencio. Pueden respirarse aromas que
de día estaban ocultos. Los que se renuevan en la quietud de la fronda
dormida. En el respirar de un pájaro. Cuando exudan los poros del planeta,
con finísimos
hilos de tramas invisibles, fecundas, bañadas en espermas primordiales,
eternas, frágiles. Soy campesina, tomo su cuerpo terroso ilimitado cual mi
cama, en comunión con ella, escucho el latido de su vientre inconmensurable
fundirse con el mío. Es madre dadivosa, la tierra. Entiende mi meditación
callada; ella escucha, yo oigo con perplejidad su idioma. La entiendo porque
es madre en parto permanente, en cada espacio de semillas. Son sus atributos
de mujer clarificada en matrimonio
con la Naturaleza de espléndido destino. Coronada señora preñada inagotable,
esparciendo Amor, que es alimento, que es pan, es leche y miel.
Es mi misión cantarle. Soy mujer de arrorrós diseminados sin límites. De
canciones de cuna.
Es mi tarea decir lo que dentro de mí bulle cual canto indefinido; es mi
trabajo hacer ver la ondulación del trigo en espigas verdes, día a día
dorándose mansamente hasta lograr el tono del pan; de ese pan que reina
sobre la mesa, crocante y tierno. El quehacer de la palabra pintará la
tierra con colores
inusuales para el lector desprevenido. La búsqueda será fecunda y en el
magín solitario creará maravillas.
Ella, conmigo, hermanada. Pintándola. Esculpiéndola en surcos de maíz y
esperanzas. Prudencia y cansancio. Por la Tierra. Por el futuro, que es
ahora. Por Natura, que es Dios.
Escudriñando el cielo desde este lugar, veo en el camino del aire bandadas
de gorriones peleadores, palomas torcazas, calandrias silbadoras, lechuzas
sentenciosas, teros vigilantes.
Y una cinta de bandurrias barriendo las alturas, mirando donde aterrizar, en
que parcela están los bichos; donde está el mejor almuerzo. Y se van ahítas,
su labor cumplida.
Los olores de manzanilla salvaje enredándose en los pies, adornados de
pétalos blancos y botones amarillos. El aroma dulzón de las flores de cardo
color violeta pálido, para ver y no tocar, por su ejército de espinas
defensoras. Fragancias verdes son liberadas por los brotes nuevos del pasto
tierno. Brotan las aguas en el arroyo tranquilo de planicies extensas; olor
de paz, de sosiego entre libélulas transparentes, soñolientas; aire vivo
posado en juncos dóciles. Junto al clima, el trabajo y la probidad con
reflejo de humedades y tareas.
Ante la mirada incrédula del ser humano urbano que no atina a ver esas
maravillas, quiero compartirlo. Lo hago desde aquí. Desde las palabras.
Desde la ciudad, sigo mirando el campo, con los ojos del alma.




Como un bosque


Soy un árbol de amplia copa que ya no admite podas. No hacen falta.
En este bosque tengo un buen lugar, de hecho, para mí. Se hizo, alojé
retoños que conquistaron sus lugares, sus propios sitios. Cuando este árbol
dé por consumada su labor seré leña, y los brotes nuevos ensancharán sus
frondas, como deba ser.
Miro la cosecha. Anoto en sus hojas, lo que aprendí, lo que sigo
aprendiendo, cada día. Satisfecha, hoy. Veo árboles plenos, con sus propios
retoños que remontan, a su vez, otros capullos; otras estaciones de frío, de
cobijo; primaveras de brotes tiernos, bichos, mariposas, vientos, lluvias. y
frutos. Les
llegará el otoño. Y ojalá se aprecien consagrados, en Paz, en su lugar en el
monte, en su Vida consumada. En la belleza, en la delicia del momento.
Herederos del respeto. Legatarios del Cariño. Alimentados de Sol. Y ver la
suntuosa sonrisa bañándoles las caras, los abrazos, el amor. . La alegría
consagrada.
La risa, sonando, cual campanas de victoria.
El Amor como bandera y su asta brillando tolerancia.
Agradezco.




Teros


Los teros lucen un garbo especial. Gritan su canto de imitación a su nombre.
Se anuncian llegando. Vigilan su predio. Lo hacen con vuelos cortos,
rasantes, valientes. Los miro desde mi casa pueblerina, al otro lado de la
ruta de acceso; ellos están enfrente, en un terreno vacío de casas. Un gran
baldío
que me ofrece recuerdos de la vida bucólica de amplias tierras.
Sembradíos y potreros donde ellos anidaban, en magnífica comunión con el
ganado vacuno y caballar. Nadie molestaba a nadie.
Desde el fondo de mi patio viaja un intenso aroma de azahares.
Lo arrea el viento costero. En el suelo, las flores blancas aún tiernas,
exhalan su fin. Está nublado y oscuro; el cielo presagia tormenta. Es
octubre y aún cuelgan de las ramas unas naranjas suculentas, pesadas,
luminosas de color.
Ahora llueve. Después de una prolongada sequía, chispea despacio y brillan
los charcos en el campo baldío. Allí donde sobrevuelan los teros. Hoy su
juego es distinto; los miro asombrada.
Caminan desfilando, con sus alas pegadas al cuerpo. Marchan vivamente,
siguiendo un laberinto sólo palpable para ellos.
Pisan con deleite el suelo mojado; con sus dedos y patitas finas, disfrutan
del frescor del agua limpia entre el pasto. Van y vienen con el cuerpo
erguido, al compás de su propia canción.
Pocas veces los he visto así, jugando a correr porque sí. De pronto todos
juntos rayan el aire con su grito agudo que al final es un gorjeo, cual
alegre entendimiento jubiloso.
Consagran la lluvia, los teros. Agradecen.





Gentes


La gente pasa y pasa, corren, gritan, evaden, se detienen, charlan un
momento, quizás pregunten "como te va" y no escuchen la respuesta. Después
se van urgiendo no se sabe qué, ni porqué, ni dónde. Ellos miran su reloj,
no miran la vida; siguen, a sus casas, a sus trabajos, llena papeles y
formularios.
Todos quieren vender, pocos compran.
Y sigue la maratónica carrera hasta que se apaga la última velita de su
pastel de cumpleaños.
Sin darse cuenta...





Ángeles


Los ángeles se divierten a su modo. No nos piden permiso, ni se identifican.
Sencillamente andan entre la gente con formas diversas; pueden ser con
perfiles de mujeres, niños, ancianitos o quizás algún hombre del cual uno
nunca sospecharía.
Y es justamente por eso, porque no se sospecha de ellos. Quizás lleguen en
el momento adecuado en que uno flaquea, desfallece o está perdido...
De pronto alguien se nos cuza en la calle, o quizás toque la puerta y, ¡Oh,
milagro...! eso hace que nuestro ánimo cambie.
No nos damos cuenta, pero nos tocó un aire incomparable.
Cambió, tal vez, nuestro parecer con respecto a cierta persona que unos
momentos antes no nos gustaba... Quizás nos llegue de una carta con la
dirección equivocada, o alguien pregunta por un lugar que no encuentra...
Parece casualidad, cuando en realidad es causalidad. Todo sucede por algo.
Todo responde a un orden armónico.
Cuando te dicen "tiene ángel" y... sí, la respondes, "tiene ángel", y en
realidad no tiene nada especial, no es lindo ni feo, ni joven ni viejo. Es
una mujer o un hombre tan común, similar a los demás, pero te impacta; no
sabes porqué, pero se te prende del magín y se empecina como un duende en
ocupar tu memoria.
Entonces el tiempo pasa y te das cuenta de que no podrás olvidarlo. Te das
cuenta de que lo extrañas, de que te gustaría escucharlo. Estás apropiándote
de un ángel o él se adueña de ti: Tu ángel. La risa de ese ángel, su andar,
sus palabras y su voz.
Le llamas amigo, le llamas compañero de aventuras, de estudios, de
confidencias... Son mensajeros que vienen de otro ámbito y suelen tener
ideas muy ricas, asombrosamente claras.
No le busques en las espaldas para ver si tiene alas: No las tienen; sólo la
imaginación popular los dibujó así. Esos seres tienen brazos para abrazar,
manos para sostener, hombros para lo que te hagan falta.
Hay quienes les dicen amigos. Pero son ángeles.





Digo de mí.


Digo que llegué hasta aquí, estoy tranquila, o feliz, si ese es el término
para hacerme entender. Ojalá pueda.
Recorrí el lugar adjudicado en esta infinita rueda del planeta; lo recorrí,
creo, sin molestar, sin gastar en boatos. Solo en algo útil.
Digo que es un hermoso lugar, una parcela de tiempo, de cielo, de tierra, de
aromas sobre la piel, sabores, sensaciones totales a mi pequeño alcance.
Pude vivir mi estremecimiento de niña, adolescente soñadora de novelas
rosadas, mujer, madre.
Madre plena de vientre tirante y sangre latiendo en el milagro repetido
desde siempre. Para mí fue el primer milagro; no el de siempre. Y feliz, a
pesar de qué, no hubo pesares. hubo vida, encadenada existencia que seguirá
del vientre de otras que abrirán caminos similares, no iguales. Nunca es
igual.
Reflexiono. Y digo que.
Ya madura cual fruta, soy resultado, aún, amoroso, vibrante de años a su
temporada en el ciclo perpetuo. Semilla consagrada, cumplida, y ahora blanda
materia sosegada. Sigo con pasos tranquilos, no hay apuros... El otoño hace
maravillas en mi piel, la viste de suaves pliegues y marcas color pardo. Me
aventuro a decir: Gracias. Y lo digo porque estoy segura del regalo
concedido. Es una perpetua fiesta de amor sublimado, merecido. He agregado
eslabones nuevos a la cadena de la vida. Lo han envuelto en papeles de
colores de estrellas diurnas; con moños de arco iris y brillos de rocíos. En
el destiempo
diligente del orden universal que no sabemos. Digo de las bendiciones
salpicadas sin orden ni pensares. Digo de los años vividos en tal prisa sin
saber del camino devorado, inexorable en su marcha milenaria, el destino
cierto, plausible. Verdadero.
Digo que: la fruta cumple un ciclo. También lo cumplo. Su semilla será
árbol, dará sombra y abrigo; flores y frutos en su debido espacio. Nada
cambia, sólo rota en costumbres y modas pasajeras. Y la sabiduría crece.
¡Por favor, que siga prosperando!
Para mejor que ascienda, con bienaventuranza, con sol sonriente y lluvia
plena. En buena tierra, abonada de amor.
¡Que la sabiduría cubra sus cabezas! Ya el sueño hace su ciclo en mis
párpados. Debo obedecer el mandato de las horas nocturnas.
Amén.




Verdes


Hoy realiza el viaje. Está segura de que es absolutamente necesario.
Por eso sube al coche con la certeza de que su mochila se aliviará. Esa
insoportable carga debe diluirse, debe hacer lugar para nuevos sucesos,
nuevos sentimientos.
La ciudad queda atrás y se ve más pequeña y lejana mientras el coche avanza.
Ella respira ese aire verde, disfruta del plano y luminoso borde del
horizonte, donde se pierde la vista. Ahora suspira.
El tiempo ido es como energía que vuelve... que está aquí. Mira todo con
ojos nuevos.
Es solemne el silencio que se amalgama con las gárgaras del agua en las
cunetas, y resbala por los juncos largos inclinados, que reciben su húmeda
caricia.
También sus mejillas se humedecen con dos lágrimas largas que van camino a
la garganta. Un momento místico la envuelve, la traspasa y ella acepta ese
estado singular.
El aire verde pinta el centro de su pecho. La iridiscencia de sus ojos
acerca y atrapa un mundo de recuerdos. Esos recuerdos que, como las
mariposas amarillas del verano elegían los alfalfares, ahora eligen su
soledad hambrienta.
Hambre de volver atrás... y saber que no se puede. Estar consciente de esa
realidad y sufrir el hambre, aún. Siente que este es su momento, un momento
sagrado de descargar lo antiguo, lo ajado, y restaurar lo bueno y hermoso
que fue alguna vez y guardarlo como una joya muy valiosa y querida. Colocar
un bien ya disfrutado en el precioso lugar intangible del recuerdo.
Su blusa late con el viento; su corazón aletea el cansancio del pasado unido
a un presente difícil.
Un hervidero de alas amarillas y blancas se adueña del brillante charquito
del camino. Nadie molesta a las mariposas y nadie transita ya esa huella.
Sólo quedan señales, allá lejos, de árboles altos y espesos, dueños de tapar
galpones, bretes, corrales y la casa ya saqueada. Y las aspas de un molino
que en vano
gira y gira moliendo el óxido que avanza, victorioso.
Quizás, algún día, algún aciago día de tormenta, su rueda caerá como una
flor ya seca, entre el pasto verde y el gran bebedero resquebrajado y vacío.
No molestará a nadie la rueda del molino y podrá dormir su sueño de tarea
cumplida, mientras las hormigas lo sepulten con su labor constante. Quedará
como señal la torre de hierro apuntando al cielo, igual a las ramas desnudas
de un árbol en invierno.
Tampoco hay razón para desalojar a las abejas mieleras que cortinaron de
panales la ventana. Esta última ventana no fue saqueada; las dueñas del
dulzor guardado en ellas impidieron a los ladrones la intención de
acercarse.
El néctar de los recuerdos descorrió en ella el telón de las nostalgias.
Vive de nuevo las corridas, los abrazos, las peleas, las mañanas luminosas,
los rayos del sol perforando las ramas trenzadas de las moras blancas con el
jazmín blanquiazul. Las madreselvas cubriendo el cerco de tejido, las
achiras y los ramos de novia, custodiados por abejas y picaflores.
Detrás del segundo telón de la añoranza, vio los bolsos repletos de ropa
limpia y las carpetas, rumbo a las residencias de los colegios, los domingos
por la noche, luego volverían para el fin de
semana, y estarían acompañadas nuevamente las láminas de autos, muchachas y
músicos rebeldes.
Su pecho tiembla y rebasa, ahora, de tanta vida acumulada.
Un suspiro entra en ella, vaciando hasta el fondo de las vísceras, hasta
exhumar por los poros todas las pesadumbres, trasmutando la tristeza en
alegría agradecida, en fe aceptada por causa, consecuencia y premio. Y no
sería un "adiós" sino un "hasta siempre", a esas paredes donde habitó y
fructificó el
amor. Archivaría esas hojas escritas allí, en un lugar de privilegio.
Podría, de ese modo, comenzar otra historia. Otra bellísima historia de
vuelos altos llenos de verdes. Siente que en su mochila ya no hay peso. La
siente liviana, dispuesta, limpia...
Ahora sí, volvería plena, restaurada; volvería a su asfalto gris, al frío y
terco ronroneo de motores y rejas en las ventanas.
Pero todo se revertiría de algún modo...También habría amigos luminosos,
abrazos, poemas y caricias para el alma.





Burbujas


Penetré de nuevo en ese mundo tan mío, muy privado, ese lugar que no sé si
llamarlo ámbito, intimidad, o no sé qué término utilizar para definirlo.
Sin necesidad de resolver eso me di cuenta, después de darle muchas vueltas
a la idea, de que tampoco es un lugar determinado.
Es un estado mental que nos atrapa.
Puede ser mi habitación, el lavadero, el ómnibus, sentada en un banco de la
plaza o el cementerio.
Porque es en ese estado cuando las imágenes, la fantasía, un recuerdo
antiguo de pronto emergen, nos atrapa cuando no se lo busca.
Es ese momento tan trivial como cuando pienso si pondré la pavita para tomar
mate, me dedicaré al jardín, que buena falta le hace, o saldré a caminar con
los perros, pobrecitos, que siguen sin entender mis idas y vueltas
erráticas.
Eso que se forma como un globo onduladito que flota sobre las historietas
impresas; eso que es más intangible y etéreo que una nube de humo
De pronto nos hace sonreír, a tomar una birome y... ¡¡¡escribirlo ya!!! ;
ahora, enseguida.
Si por casualidad tocan a la puerta, suena el teléfono, o no encuentro la
birome, ese globito suele fallecer como una pompa de jabón. Sabemos que la
idea estuvo, que era brillante y hermosa, pero que es imposible de
recuperar.
Una combinación de conceptos, un término concreto especial, un lugar en el
tiempo, en el estado de ánimo, en el pensamiento; poder encontrar la palabra
justa que describa la vaga idea que acaba de atraparnos, de transformarla en
frases que contengan la suficiente coherencia como para que otra persona,
leyendo, pueda imaginar lo mismo que nosotros terminamos de ver en nuestra
mente y darle cuerpo, sensación y existencia.
Esa vida que después forma la parte interna de otro ser que tuvo la suerte
de enamorarse de la lectura.





NORI ISABEL BRUNORI

San Genaro me vio nacer un 19 de noviembre, en tiempo de trigales maduros.
Fui educada por un maestro que me enseñó, aparte de las materias, a ser
autodidacta. Luego de cumplir mi destino de esposa y madre, escribo. Desde
Casa de la Cultura, con concursos literarios infantiles, recordamos a una
docente
extraordinaria; por medio de Certámenes Literarios honramos al Maestro
Maritano. Siendo miembro del Rotary Club, creamos un certamen de cuento y
poesía honrando a un poeta profesor rotario. Me asignaron numeroso premios
en poesía y narrativa; eso me facilitó publicar el poemario "Entre
Tierra y Erotismo", y "Los invito a pasar: San Genaro, leche y trigo",
narrativa. Colaboro en páginas literarias de periódicos, revistas zonales,
programas radiales y visito escuelas. Asisto a Encuentros Literarios
nacionales e internacionales. Desde el año 2008 presido S.A.L.A.C. filial
San Genaro; desde este ámbito procuro estimular la producción literaria de
la zona. Fui nombrada miembro honorario de S.I.P.E.A. en Hermosillo, Sonora,
México.
Se me puede encontrar en: noribrunori@hotmail.com



-Cuadernos y Palabras
Edición Cooperativa de los Autores
Coordina: Oscar A. Agú. oscarcachoagu@yahoo.com.ar

Colección LuzAzul




*

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ORTIZ DE ROSAS.
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y
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Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
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