Saturday, October 13, 2012

HACIA EL OTRO LADO, EL DIFERENTE...


*Foto de Verónica Abdala. http://www.lecturasenelaltillo.blogspot.com.ar





“LOS DUENDES NO CAZAN PERDICES”*

      

*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


    Las películas que don Arturo Aichino iba distribuyendo por aquellos pueblos polvorientos de entonces llevaban su cuota de fantasía.
            No era raro entonces verlo en la estación del Ferrocarril los días jueves esperando aquellos antiguos cilindros de lata donde iban los rollos que luego de apagarse las luces irían encendiendo las imaginaciones o las ilusiones fácilmente impresionables de entonces.
            Nosotros teníamos el cine La Perla, que alguna vez regenteó o fue dueño, no sé, don Carlos Sorribas, un apellido más proclive a ser ubicado en Beravebú que en nuestro pueblo, pero esos son detalles.
            Lo cierto es que esa esquina estratégica terminó comprada por las arcas del Club Huracán y todavía recuerdo esa ochava ocasionalmente pintada de amarillo, con su alta vereda y sus zanjones que vigilaban los sapos. Si mal no  recuerdo se pasaban dos películas, y había  un  intervalo que se usaba para pasar al buffet, como se llamaba  al bar, para quien lo deseara. Antes de comenzar la segunda se pasaban los sucesos argentinos o panamericanos, que no eran sino  las noticias más relevantes del mes, nacionales en primer caso y americanos en el segundo. También había funciones los sábados y domingos, siempre a partir de las 21 horas.
            Para avisar de las funciones, se tiraban algunas bombas de estruendo  a las seis de la tarde y quince minutos antes se hacía sonar una sirena para llamar obreros a  las fábricas. Hoy, que ya no hay cines, lo usa el cuerpo de bomberos voluntarios del pueblo.
            Estas funciones eran para mayores y si la película lo permitía, para toda la familia. Pero la fiesta nuestra la de los pibes era la matinée del domingo, que comenzaba a las 16 horas en punto. Se podían dar películas acordes a la edad o no. Dependía de cómo don Arturo manejaba el mercado por entonces. Pero en general veíamos películas de aventuras: cowboy generalmente, pero podían ser de piratas, de espadachines o de peleas entre gauchos e indios, éstas eran las menos.
            En mi casa, como es de suponer, se iba poco al cine y mis idas a la matinée dependían del bolsillo de mi abuela Laura si le podía hurtar alguna moneda a la caja del almacén de mi abuelo, pero todo estaba sujeto a mi disciplina semanal y rendimiento escolar.
            Estas películas según encendían nuestra imaginación era motivo o argumento para todos los juegos de la semana.
            De aquella época recuerdo un verdadero aluvión de películas de guerra donde los alemanes y los japoneses  eran malos y los norteamericanos una verdadera dulzura que sólo la maldad del extranjero los había obligado a tomar las armas contra su voluntad. La segunda guerra mundial no hacía mucho había finalizado no sin antes experimentar con la bomba atómica cuya sola pronunciación en nuestros labios nos ponía en pánico defensivo.
            Mis viejos preferían  sobre todas las otras cintas como se la llamaba popularmente aquellas donde actuaba  Luis Sandrini, preferentemente y en general las llamadas nacionales.
            Así cuando yo leía en los grandes cartelones expuestos estratégicamente en la estación del Ferrocarril, en la puerta de los Clubes o los grandes negocios esa cara de asombro exagerada, esos ojos inmensos que se abrían muy grandes y ese sombrerito mezquino, o el saquito que el personaje intentaba alisar por debajo de la cadera de ese actor inconfundible ya me sentía feliz. Era como un alivio porque las demás películas eran expuestas en el humor de mi padre como un perfecto azar. Pero las de Sandrini no. Las de Sandrini decía mi progenitor es fija que viene con calidad asegurada. Pero en verdad era mi madre quien más las disfrutaba, y las comentaba con las otras vecinas con gran regocijo, con las exclamaciones de júbilo que en otras ocasiones omitía y en el caso de aquellas películas ingenuas para tanta ingenuidad y fantasía de la época era puesta a tono.
            En un canal del recuerdo vi hace muy poco aquella que era sin lugar a dudas, la preferida de mi madre y la que yo recordaba con más unción. Se trataba  de esa obra perfecta del sentimiento más puro: Cuando los duendes cazan perdices.
            El argumento estaría sacado de un tango. El hijo bueno que cuida a la madre que se va quedando ciega, que hasta busca al hermano perdido, que es la oveja descarriada, y todo termina con la operación de la mamá y él, Eulogio, el personaje que interpreta Sandrini, saca a relucir un invento que no es otro que una bicicleta sin pedales ni cadenas: marcha con la mera suspensión.
            Él y Malvina Pastorino (su novia en la ficción) se alejan por un camino largo cantando de alegría.
            Y mientras sus risas se iban apagando en la pantalla recordé que esa noche, al salir del cine La Perla con mis viejos no pude evitar llorar, acompañando a mi madre, mientras las sombras de la noche,  traían un rocío fresco cuando cruzamos la calle de la escuela que estaba en silencio como testimoniando esas emociones fáciles de entonces.
            Y eran tal vez muy fáciles porque el mundo recién empezaba.






HACIA EL OTRO LADO, EL DIFERENTE...




MUTACIÓN DE ANA*



Estaba trabajando en el jardín. Lo hacía con talento. No se limitaba a limpiar o renovar plantas, creaba un pequeño mundo cerrado, combinando colores y formas, sintiendo la vida de cada brote en sus manos hábiles. Con cuidado y delicadeza elegía a los protagonistas para la nueva coreografía de una obra que duraría sólo unos meses. Estaba concentrada en la contemplación de las violetas, colocando a su lado dos plantas de flores amarillas, indecisa entre el tono más pálido y el más intenso. Pensó que una de ellas le daría el color, pero quizás no la perfección de forma que buscaba. Cuando se decidió y estiró la mano para tomar el pequeño recipiente con la elegida, sintió una extraña sensación que bajaba por su brazo hasta los dedos, pequeñas pulsaciones, un temblor leve, nada doloroso, pero inquietante. Por un momento detuvo su mano extendida y la contempló. Le parecía que algo estaba cambiando en su cuerpo. No se alarmó, sintió curiosidad ante el fenómeno Entonces notó las pulsaciones en todos su cuerpo, no sólo en los brazos. Toda ella parecía empujar hacia distintos lados, suave pero firmemente. Los límites de su estructura corporal parecían rebelarse. Su columna  se curvaba en un movimiento de danza exagerado. Trató por un instante de contenerse, de oponer resistencia, pero luego se entregó a esa fuerza interior que la dominaba. Sus brazos se apoyaron levemente en la tierra removida, junto a las violetas. Su cabeza se alzó grácil, y orgullosa, los ojos de amatista brillando en su cara redondeada, de un negro brillante. Por un instante, recordó sus clases de danza en la adolescencia. Su cuerpo volvía a la flexibilidad de entonces. La sensación de plenitud era total. Extendió los brazos  se estiró con blandura, apoyando la cabeza entre las manos de terciopelo. Luego se irguió en forma lenta, gozando su cuerpo sin huesos, perfecto y liviano. Recorrió despacio el jardín que había creado con sucesivas formas durante tanto tiempo. El rincón de las orquídeas la detuvo interrogante, la  cabeza ladeada hacia la izquierda, los ojos  dilatados y fijos. Trataba de entender el porqué de esa atracción casi dolorosa. Pero el recuerdo ya no estaba. Se apartó despacio hacia el muro de jazmines, tomó impulso y se sentó en lo alto. Desde allí observó el escenario que la había contenido tanto tiempo, Luego saltó grácil hacia el otro lado, el diferente.



*De Sonia Arismendi.  soniaris@adinet.com.uy
-TRANSFORMACIONES. MUTACIÓN DE ANA







Magdalena*



La que rompió altares
con torno de dentista
la que besó al hermano
con boca de selva
untada con ubres de Cleopatra
dalias secas
cuelgan de tu puerta

La que pecó
Pecó
Pecó

por amar al hombre

demasiado

¿Resucitarás el día de los muertos
hecha tumba
de rótulas y cedro?


*De Verónica Merli. poeta964@hotmail.com
(del édito por Concejo Deliberante de Rosario- 1er, premio Poesía 2006 . Memoria del cuerpo)








Blanca*



Me ocurrió algo extraño.
En mi bandeja de entrada apareció un correo que me llamó la atención.
Procedí a examinarlo. Decía: "Acabo de leer algo tuyo y te he reconocido. Nunca nos hemos visto, pero hace tiempo que te andaba buscando". Venía firmado por Blanca.
Como es natural, el escueto mensaje despertó mi curiosidad. Previsiblemente, respondí: "También yo te espero hace tiempo".
Su respuesta llegó al día siguiente: Un lugar y una hora. Era muy lejos, tuve que conducir toda la noche.

Cuando llegué al sitio, ella ya estaba allí. Un insignificante error de latitud nos separaba: Yo me hallaba arriba del acantilado; ella, magnífica, aguardaba abajo, entre las olas que rompían obstinadamente contra las rocas. Volé a su encuentro.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
http://sergioborao2011.blogspot.com/







*


vacío
y el aliento que no calienta ni las manos
ni la piel
de tanto sueño y de tanto ayer....
estábamos tratando de levantar las puertas
de todos los puentes levadizos
y es a pesar de eso que dejo resbalar mis dedos sobre esa imagen
y no me detengo,
no resbalo
ni me arrepiento.
El muro de los días
cae todo el tiempo cuando te vas
y nada hay
que se sostenga sin tu voz
ni el silencio, ni la humedad de las mañanas....
Por favor
contame un cuento
que no termine con el tiempo
de crecer y no creer más en nada.



*De Marta Giralt. giralt.marta420@gmail.com







Cada libro encuentra su título*



*Por Juan Forn



Había una vez un escritor francés que logró volverse italiano. Así quería Stendhal que lo recordaran, aunque muy en privado confesara que cuando necesitaba decirse algo importante a sí mismo se lo decía en inglés, porque hay que ser conciso para las cosas importantes. Stendhal se sabía gozosamente bocón, en una época y un lugar en que no era aconsejable ser bocón. De ahí que firmara sus libros con seudónimo: en la vida real era Henri Beyle, vicecónsul del gobierno monárquico francés en Civitavecchia, un puesto de pacotilla, la única manera que se le ocurrió a un bonapartista como él para mantenerse fuera de Francia, en los dos sentidos de la palabra mantenerse. En Italia la pasaba bomba, a su modo: todas las mujeres hermosas de su época le partieron el corazón, pero no se privó de los favores de ninguna. El las lloraba gozosamente y después escribía sobre ellas. Dije que Stendhal se sabía bocón; así fue cómo descubrió que la única manera en que alguien como él podía ser conciso era siendo digresivo: pasando de un tema a otro, para evitar decir de más y poder seguir escribiendo. Por eso, según él, había que escribir con el Código Civil siempre sobre la mesa, bien a mano, para recordarse ser concisos como un artículo de dicho mamotreto, y así cambiar de tema también.
Stendhal dejó más inéditos que obra publicada, porque cada libro que mandaba a publicar a París era la mofa del ambiente literario (es célebre que La Cartuja de Parma tuvo un solo admirador en toda Francia, pero ese admirador era Balzac). Los inéditos de Stendhal no se terminan nunca porque, además de los manuscritos que dejó, escribía como un poseso en los márgenes y en las páginas en blanco de los libros que leía, fueran de su propiedad o ajenos, de manera que hasta el día de hoy siguen desenterrando cosas de él, cada vez que va a remate la biblioteca de alguno de los castillos por donde pasó en sus febriles andanzas cortesanas (su amigo Merimée escribió: “Nadie supo nunca exactamente a qué gente veía, qué libros había escrito, qué viajes había hecho”). Todo esto viene a cuento porque el otro día me topé, hurgando en librerías de Corrientes, con un título que me paralizó de envidia: ¿Quién me defenderá de tu belleza?, decía desde su tapa color crema, y casi muero de alegría cuando vi que era un librito de Stendhal.
Imagínense en Roma, parados sobre el empedrado de la esquina donde la Via Arenula se hace ancha y muta en diagonal. Sobre esa isla de adoquines se alzaba en 1832 (y también trescientos años antes) un palazzo donde Stendhal había alquilado un piso. Nuestro personaje está de pésimo humor una mañana, ha recibido carta de una amante diciendo que no podrá ir a verlo porque tiene que amenizar al primo. “Les nacerán monstruos”, está murmurando Stendhal cuando entra Gina en la habitación, la joven mucama que vino incluida con el alquiler, trayendo el café fuerte que él acaba de pedir. Gina entra con el estrépito habitual, sin golpear la puerta, y al dejar la bandeja pregunta si se puede sentar un momento, y se pone a tocar todo lo que hay en el escritorio (tintero, plumas, reloj) mientras dice qué está tan contenta de servir al signore (Stendhal rebusca unas monedas en su bolsillo) y se da aire en los pechos desprendiéndose el escote (Stendhal busca más monedas en el bolsillo, ella las rechaza con una cómica mirada virtuosa) y cambia descaradamente de tema (Stendhal acota: “tendencia que me reprochan con frecuencia”) para decir que en esas mismas habitaciones supo dormir, en los días de gloria del palazzo, el joven Tommaso Cavalieri, el hombre más bello de su tiempo. Gina es romana: habla de trescientos años antes como si hablara de antes de ayer. Y Stendhal sabe que, precisamente en 1532, Miguel Angel esculpió La Victoria, donde un joven de desafiante belleza somete con su rodilla a un viejo que yace encorvado a sus pies, al que el escultor dio sus propios rasgos. Luego de despachar a empujones a Gina, Stendhal se abalanza a la biblioteca, encuentra una edición de las Rimas de Miguel Angel y, en los márgenes de aquel célebre poema al joven Tommaso (“Me has encadenado sin cadenas / y sin brazos ni manos me sujetas / ¿quién me defenderá de tu belleza?”) y en los espacios en blanco de las páginas siguientes, bosqueja febrilmente su versión de la historia, con las proverbiales digresiones que lo caracterizaban. Al alba siguiente parte a Civitavecchia a hacer acto de presencia en su oficina y nunca más retoma la historia, que queda olvidada entre las páginas de ese libro hasta que en 1997 es descubierta por azar en el remate de la biblioteca del conde de Waldstein en Milán.
Miguel Angel tenía 52 años cuando conoció a Tommaso el hermoso; Stendhal estaba a días de cumplir cincuenta ese otoño de 1832. No le costó nada verse como Miguel Angel: feo, viejo, plebeyo. Pero tampoco le costó nada imaginarse cómo habría sido ser Tommaso: se pasó la vida adjudicando sus fracasos amorosos a su fealdad y nada enfebrecía tanto su imaginación como el fracaso amoroso. En medio de la historia de Miguel Angel y Tomasso, Stendhal es capaz de decir, lo más campante: “No se sorprendan de verme aparecer con una máscara. Tengo la manía de pretender ser yo y de querer aparecer en mis páginas ni mejor ni peor de lo que soy. En ambos casos soy sincero. Hay que creer un poco en mi alma”. Eso a continuación de la escena en que Miguel Angel conoce al bello Tommaso, en la misma habitación donde Stendhal está escribiéndola trescientos años después, en los márgenes de un libro, sintiéndose más despechado y viejo que nunca. La escena es así: el viejo Miguel Angel espera ser recibido por el dueño de casa cuando aparece en la habitación el hijo del dueño, el joven Tomasso, que alza un damasco escarchado de azúcar de una bandeja de plata y dice: “Lástima que no sea pecado”.
En Francia hay una pomposa asociación que se hace llamar “Amigos de Stendhal”. Hay que ser pomposo para ser amigo con carnet de un escritor muerto hace siglo y medio. Por suerte, los stendhalianos italianos son todo lo contrario: publicaron alegremente el hallazgo y lo vendieron como nouvelle. Stendhal escribió La Cartuja de Parma en dos meses y tiene seiscientas páginas; esto lo había escrito en medio día y tenía nueve páginas: ¿por qué no podía calificar como nouvelle?, se dijeron stendhalianamente los italianos. Los franceses estaban que trinaban. Hicieron su engolada y plúmbea versión (aunque la edición italiana ya era bilingüe) y volvieron a odiar al mundo cuando los valencianos de la editorial Pre-Textos publicaron ¿Quién me defenderá de tu belleza? El poema de Miguel Angel decía en italiano “de tu bel volto”; los franceses lo tradujeron literal, plano: “de tu bello semblante”. El español Juan Antonio González Iglesias decía stendhalianamente que le parecía mejor traducirlo como “de tu belleza”. Dicen los que saben que desde la tumba de Henri Beyle se alzó un suspiro stendhaliano de satisfacción cuando su librito terminó encontrando el glorioso título que merecía.



*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-205377-2012-10-12.html







Sueño de León Trotsky*



profeta y desterrado


El 20 de agosto de 1940 mientras espera al visitante que le va a leer sus escritos políticos, en el estudio de la casa de Coyoacán, tuvo este sueño.
Diego Rivera escribe con flores oblicuas sobre la mesa de su cumpleaños. Él toca las flores que resbalan, dejando un espacio como un anticipo del cuerpo de Frida. Ella se desapega del dolor y alza las piernas en un vuelo exorbitante. La pollera bordada queda como un abanico borde que orilla la desmesura de un país que puede inventarlo todo, hasta el refugio..
Conejos liberados intentan distraer a la muerte que hace tiempo lo busca y que, ahora, se indicia más cercana en los murales de Siqueiros que lo apuntan como blanco, nieve, hielo, piqueta, para destruir su pensamiento.
Su cabeza es un Himalaya inaccesible. Certezas grises y descualificadas lo atacan; él pelea en rojo, asalta los inviernos. Al menos ha vivido como un hombre.
El tren se desblinda. Su amigo Bretón le alcanza una bandera de palabras. Las bolsas grises intentan abrocharle ojos en la espalda. No se deja, mira hacia adelante. La excesiva luz de México es un resplandor sobre sus libros.


*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com








El celular de los huevos de oro*



*Por César Hazaki
Psicoanalista
cesar.hazaki@topia.com.ar


En una de las ya clásicas historietas de Mafalda, Miguelito -un soñador empedernido- le solicita a Mafalda que le regale un papelito. La niña, solidaria, le entrega uno mientras le consulta si le viene bien. El muchachito la mira decepcionado y le responde que no, que quiere uno de esos papelitos que sirven para comprar cosas. Mafalda, que hace las veces de adulta o más grande, le aclara el asunto: “Eso se llama plata y no un papelito”.
La tira tiene varias lecturas, como tantas otras de la recordada serie realizada por Quino. Es eso lo que la hace atractiva para lo que nos interesa tratar. Empezaremos por decir que el niño espera un billete, lo que se denomina en lenguaje serio: papel moneda de curso legal, que le permita comprar sin adultos que intermedien su acceso al consumo. Por aquel entonces debía, para satisfacer sus deseos, salir a la calle, trasladarse hacia el kiosco de golosinas cercano, a la calesita de la plaza o a la juguetería del barrio.
Podríamos decir que Miguelito acaba de comprender claramente la lógica del dinero y su relación con los bienes de consumo, obvio que necesita terminar de procesar el asunto. Debe establecer la diferencia simbólica entre papelitos que sólo son papelitos para escribir o dibujar, por ejemplo, y aquéllos que son papel dinero. En eso colabora su inteligente amiga que le pone nombre, la denomina enfáticamente “plata” y le hace notar la diferencia con cualquier otro tipo de papelito.
Miguelito pide dinero y apoyo -en forma indirecta- para terminar de comprender, desde su mirada infantil, que hay una supremacía del dinero, dirá: “esos papelitos que sirven para comprar cosas”, con respecto al resto de los otros papelitos y, lo más importante, con relación a los bienes que le interesa obtener.
La realidad le reafirma, por vía de su amiga más grande, que para consumir hay un único y exclusivo elemento que lo permite: lo que él llama un papelito que sirve para comprar cosas -es interesante que todo comience con el diminutivo- es decir que se menciona, al dinero o billete, como papelito (que intenta remarcar lo diminuto del billete y lo enorme de su poder). Así el niño puede terminar de soldar simbólicamente la enorme importancia del papel moneda, ver cómo prima sobre el conjunto diverso y enorme de los distintos tipos de papelitos y, lo más importante, que ese “papelito - plata” reina por encima de todos los bienes materiales. Es un importante proceso de abstracción para Miguelito, en este caso y para todos los niños, entender que los bienes solo se pueden obtener si se tiene dinero.
Miguelito comprende que la autonomía en la posesión y uso del dinero lo desprende de la tutela familiar. Percibe que el dinero es el bien por excelencia, la llave que permite todos los bienes, es decir, que el mismo está en la parte más alta de la pirámide. Claro que al no saber cómo proveerse del dinero demuestra que es un niño; como tal requiere que alguien lo abastezca de los ansiados billetes.
Lejos está Miguelito de establecer las consecuencias sociales y subjetivas de esta primacía del dinero y que, en ese supuesto consumo autónomo, está inserta toda la lógica de mercado que promueve que los niños no abandonen la voracidad de los primeros tiempos evolutivos. Los insta a que  se incorporen a la sociedad como voraces consumidores lo más rápido posible (y cuanto más compulsivos mejor). Es decir la cultura del capitalismo trata de lograr que los niños tengan la supuesta necesidad de consumir como única manera de estar o ser en el mundo. No hay más que mirar cómo la televisión publicita e impone juguetes y modas infantiles.

El dinero tecnológico y los niños

Karl Marx planteaba que el dinero es el Dios de las mercancías porque las representa a todas. Nos señaló que su supremacía lo erige o lo convierte en el fetiche de la felicidad. No solo esto sino que en su fuente está o abreva la posibilidad de todos los placeres y de la avaricia. Mostró cómo el dinero no puede, en la lógica capitalista, soportar otra cosa superior a él mismo. Nos reveló cómo, en la historia de la economía mundial, el dinero se ha ido modificando incesantemente y siempre en la misma dirección: cada vez hacia formas más abstractas. Hoy estamos viendo que ese grado de abstracción sube otro peldaño, acorde con el predominio del capital financiero globalizado.
No debemos olvidar que la lógica capitalista está centrada en el consumo y por eso trata de no dejar ningún sector o aspecto de la vida sin comercializar, se trata siempre de apuntalar y promover el mercado. Por eso allí donde no hay un mercado va, por vía de su marketing descubridor de nichos económicos, a construirlo. Inventa objetos que luego intenta que se constituyan en necesidades imprescindibles para los sujetos, es decir, inventa consumidores.
El nicho económico de cómo hacer de los niños consumidores seriales es un mercado importante, cada vez más amplio y está en permanente evolución. No hay más que mirar la publicidad televisiva y sacar el porcentaje sobre el total de la misma dedicado a promover productos para niños (desconocemos si existen estudios realizados por investigadores no vinculados al mundo empresarial, no dudamos de que las agencias de publicidad y sus clientes los deben realizar. Con la mira puesta en exprimir al máximo el objetivo de vender más).
Lo cierto es que en la etapa actual del capitalismo globalizado, con absoluta primacía del capital financiero y con la evolución de la tecnología de comunicación surgen formas del dinero y su circulación, cada vez más complejas y abstractas: pagos por internet, pagos con tarjetas, transferencias bancarias, etc., que nos hacen perder el rastro de aquellos primitivos pagos con ganado o sal y nos informa que, en el tipo de sociedad capitalista (sociedad del espectáculo para Guy Debord) en que vivimos -altamente tecnificada- se requiere de un dinero acorde con esta sociedad donde predomina la imagen. El mismo es conocido como dinero electrónico.
En esta sociedad el dinero se hace cada vez más invisible como cosa concreta. La circulación del mismo es cada vez más por vía tecnológica. La revolución de las comunicaciones nos indica un nuevo proceso de simbolización y circulación del dinero.
Dentro del mismo es necesario que los niños -de esta infancia digital- lo comprendan rápidamente para insertarlos como consumidores sin tutela de los adultos. Específicamente, en este artículo, centramos nuestra atención en las compras que realizan los niños por medio de los denominados celulares inteligentes o smartphones y las variantes que de ellos se van a ir derivando.
Las empresas como Google, Apple, etc., han descubierto una ventana para apropiarse del dinero de bolsillo de los chicos, para ello lograron, por vía del uso de los teléfonos celulares, una forma autónoma de consumo de los niños que se escapa a las protecciones  de los padres. Veamos cómo ocurrió esto que, seguramente, se expandirá por todo el mundo.
En un interesante artículo, “Juegos virtuales, dinero real”, del suplemento The Wall Street Journal Americas, que publica La Nación -el 18 de junio- los autores nos indican cómo se despliega una estrategia de apropiación del mundo de los niños, de cómo este acceso se produce por vía telefónica con el objetivo empresarial de ganar dinero vendiéndole juguetes virtuales directamente a los niños sin intervención de los padres. La misma ocurre a través de los Iphones e Ipads que las mismas familias proveen a sus hijos.
La maniobra parece la misma que ofrecen, en sus inicios, los casinos virtuales: al ingresar le proveen al nuevo jugador, como bienvenida, un monto de dinero para que comience a jugar. En el caso de los niños las empresas los proveen de atractivos juegos virtuales gratis. Si el niño se entusiasma y quiere seguir jugando con “el regalo de Papá Noel Apple o Google”, se ha transformado en un ser hipnotizado para lo que viene. A partir de allí comienza el consumo y el “jueguito regalado” se convierte en un señuelo.
Cuando el chico ha sido fascinado por el juego comienza el negocio, el celular se transforma en una gallina de los huevos de oro para las empresas. Allí se inicia el negocio para las multinacionales de la web: cuando el chico ha sido fascinado con el juego. Dado que al mismo se le agregan aplicaciones que deben ser compradas usando el mismo Iphone (o cualquier otro celular inteligente de similares características) con que se está realizando el juego. Al llegar a la etapa límite -por la pericia que el jugador va desarrollando al jugar- que es regalada por las empresas, para continuar el niño debe comprar las aplicaciones que continúan.
Producido ese estado de excitación, el impulso de jugar se transforma en “debo comprar lo que sigue”, es decir un “llame ya” para niños sin adultos que los protejan y razonen con ellos sobre la conveniencia de esos gastos.
El niño solo, encerrado en su casa o en su Iphone -no importa donde esté su situación es claramente claustrofílica- supuestamente sin peligros o amenazas a su alrededor se convierte en un imperioso consumidor.
Así el 60% de los niños entre ocho y diez años que tienen estos aparatos ya ingresó al mundo de las compras instantáneas por vía de los celulares. De esta manera el niño ya comienza a ser un consumidor avezado en el nuevo diseño del dinero -dinero electrónico- que promueve la tecnología de la comunicación. Lejos ha quedado Miguelito con sus papelitos - plata y la necesidad de salir de su casa para trasladarse al kiosco o la juguetería.
Con este avance en el mundo de los juegos infantiles, las empresas multinacionales funcionan como casinos que promueven que sus clientes infantiles se conviertan en ludópatas. Esta es la dirección que lleva esta concentración de aplicaciones de los teléfonos inteligentes y es un índice más del incontrastable dominio de lo virtual; concentración que sigue expandiendo la sociedad capitalista del espectáculo. Para el año 2015 las empresas indican que se llegará a la friolera de mil millones de este tipo de aparatos vendidos.
Los juguetes reales parecen tener cada vez más corta vida en los juegos de los niños, por vía de los celulares inteligentes aparece un mundo que, por ahora, sólo los grandes monopolios conocen y aprovechan con exclusivos intereses comerciales. Todos los que tratamos de entender la infancia deberemos estar atentos a estos procesos y sus consecuencias. Corresponde recordar que aquí se anuncia el fin de los papelitos - plata y los niños son -desde muy pequeños y cada vez más- seducidos para ser partícipes directos, sin adultos intermediando que puedan poner reflexión a los impulsos, en el mundo del consumo directo. Con solo tocar una imagen con su dedo índice en el celular (recordar que es el mismo objeto con el que se está jugando), transfieren dinero para comprar estos juguetes virtuales. El dicho popular que dice: “a caballo regalado no se le miran los dientes” no es aquí nada pertinente. Son tiempos para estar atentos a todos estos procesos porque los mismos requieren nuevos conceptos para pensar la infancia y su evolución.

-Esto lo escribí para la revista Topía nro 65 que está en los kioscos. Saludos César







Ángel de la madrugada*


Ángel de la madrugada
...
esta es mi señal
la que no esperabas.
tu antena gigante
esta allí presente
cuando las cosas callan,
y se cierran despacito las ventanas del pueblo...
Allí me esperas en el teclado sin voz.
Sos la pura forma de decir las cosas
y el sonido mas pre claro
sin que el placer tenga un espacio que lo retenga.
nada esgrimo para excusar mi despedida
nada para decir que no sea "hasta luego..."
y ese beso siempre esperando
Aún cuando arrecia la lluvia
y el frío se torna un compañero lleno de luces y colores...
es tu mano sobre un cuerpo sin memoria
es tu boca, tus labios,
recortados del sentido
de estar en una esquina cualquiera de la noche,
sin recordar sino el sabor de labios suaves.
besos que tapizan la solapa del invierno
y se convierten en una primavera desteñida
con todo el aliento de no saber hasta cuando...
El amor no para en esta estación
porque se ha quedado detenido
se ha demorado en otro cuerpo
otra voz, otra historia.
Ángel de la madrugada
no preguntes¡¡¡
que no hay respuestas...
no esperes,
que nadie llega.


*De Marta Giralt. giralt.marta420@gmail.com






***


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ARAUJO.
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
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-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


 BAUDRIX.  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


BLAS DURAÑONA.   LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.




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Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.

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