Wednesday, October 31, 2012

LA SEMILLA DE DÓNDE NACEN LAS ALAS...

*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.




OTROS JUEGOS*



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


A veces viene una alegría que no se bien qué es, pero se pasa pronto. Siquiera un vientito que airea aquellos penachitos que tienen muy alto los álamos carolina, pero a lo mejor es el recuerdo, craso, simple, al que cualquier hombre tiene derecho.
Yo no tuve cama hasta que pude comprármela, pero dormí diecisiete años en la cama de hierro que era de mi padre y que le había comprado a Antonio Frontera, cuando aún él, mi viejo, era soltero. Una de las camas que aún queda en la casa paterna es ésa. Claro sin el elástico que fue comido por el óxido de los años sucesivos por los orines de mi primera niñez y por el mero tiempo. Tampoco quedan los respaldares de hierro Pero no deja de ser una cama que tuvo que ver con aquella, cuya historia se pierde en la historia familiar tan pequeñísima.
Don Antonio Frontera tenía la única bicicletería del pueblo, en la esquina muy estratégica donde nos arracimábamos los pibes a mirar esas deseadas bicicletas que nuestros padres nunca nos podrían comprar. Esa casa ya no existe y ese local siempre iluminado de noche, tampoco. Ahora Juan Carlos Marinozzi tiene su supermercado, porque hasta allí llegó el progreso.
Las bicicletas, ya cuando nos empezamos a ganar el peso nos las compramos nosotros. Por eso la mayoría aprendió a andar en ellas salidos de la primaria cuando vimos rodar las primeras monedas.
Eran los tiempos en que aparecían otros intereses y se mutaban las bolitas, los trompos y las figuritas, por las revistas de historietas y la rutina del atardecer a la biblioteca del club y con sólo traspasar un par de puertas estábamos en el reino de los mayores: el bar con sus mesas de billares donde también se jugaba al casín. El pool sería muy posterior y yo, a fuerza de sinceridad, nunca lo jugué.
De todos modos en ese tiempo había muchos mayores que jugaban muy bien y que era un espectáculo verlos. Así que nuestras posibilidades de tocar un taco eran remotas. Sí teníamos más acceso a la pieza de ajedrez o los naipes. Pero sólo para el truco porque al chinchón se jugaba por plata y en esos tiempos remotos y casi limpios los juegos de azar –traían redadas policiales- que en sí misma completarían un tono con sus anécdotas y sus picarescas. Como cuando el Triaca saltó una noche una ventana del club y se pasó a la casa de un vecino y se metió en la cama con el consiguiente permiso y al llegar los agentes lo encontraron con gripe. Es lo que se cuenta todavía en el pueblo. Conociendo al personaje uno puede creer en la veracidad de tal anécdota.
En la planta alta del club había unos boxes que en determinadas noches se jugaba fuerte. Eran tan secretas al principio como una reunión de carbonarios, pero luego debían emigrar a otros clubes, a otros pueblos y a alguna chacra que era prestada por el dueño para que tan interesante juego como el del monte se corría el riesgo de ir preso. Algo de adrenalina habrá corrido y cómo. De todos modos a mí, los juegos de azar nunca me interesaron, no me llamaban la atención sino para enterarme de los desbandes que se armaban cuando caían los uniformados y los contertulios ganaban los campos de trigo o de maíz donde a veces pasaban el resto de la noche. O en el corral techado de las ovejas, o refugiados a la vera de una inmensa parva que de día protegía a los gorriones.
Esto que estoy tratando de narrar son los rescoldos que quedan de las brasas de otro tiempo.
Otro tiempo que tuvo aristas no exentas de lejana simpatía o recuerdo amable en el fragor de los años sucesivos.
Porque en verdad la mayoría de los habitantes de ese pequeño lugar todavía tenían una nutrida colonia afincada a la tierra y a las tareas agrícolas, con muy poco espacio para la diversión que era no bien mirada por los mayores, Aquellos sufridos inmigrantes que cruzaron el mar sabiendo que cualquier sacrificio valía más que el hambre de la guerra de la que recién salían.
Yo recuerdo a mi abuela y sus hermanas que no había superado el trauma de los aviones y cuando alguno de ellos, muy pequeño y en tareas civiles cruzaban pacíficamente el cielo, ellas se metían en las casas hasta que el ruido pasara. No podían entender que ahora vivían en un país pacífico o el miedo era más grande.
Esos pequeños avioncitos que alguna vez cruzaron la formación marcial de las gaviotas blancas sobre un fondo celeste a morir, con mucho trigo amarillo por debajo.
Que se parecía a un mar, decía mi padre.






LA SEMILLA DE DÓNDE NACEN LAS ALAS...






ARABESCOS*



Si copio el río
beberé agua de sal
al llegar al mar.


Si rozo el hoy
mataré el mañana
con mi espada.


Cuando te culpo
por no ser como deseo
te aniquilo.


Quiero unir río,
mar, el hoy y mis deseos
en nido de paz.


*De Emilce Zorzut.  zorzutemilce@gmail.com








CARTONERA*


Mi sangre es un milagro que, desde mis venas cruza el aire de mi corazón al tuya
Frida Kahlo



Mi sangre es de papel, cartonera.
Cruza los derrames cloacales
Y los jardines sacros.
Yo también cartonera, yo también.
He dejado en soledad mis niños.
Si apenas llegaban a la mesa.
Y han quedado sin pan y sin nombre del padre.
Con aguas bautismales han calmado su sed.
Yo también cartonera, he mojado mis pies en escarcha.
En orines tibios, en vómitos de borrachos alegres.
También yo me he inyectado – absolutamente fatalista-
La impiedad, la apostasía y el repudio.
Yo también, he ocultado en un tetra mis años albos.
Yo también cartonera he llorado en azul y en morado.
Como vos, cartonera, como vos


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar


 




‎16 veces 16 . Breves*



1.

Comprende mi silencio;
trae el rumor de los pàjaros


2.

Contesta un àrbol
la tragedia de los pàjaros muertos
Llora la mano verde
llora de ojos, llora sus pies


3.


Confunde la ventana
la musicalidad de la mañana
con el lento perfume de la lluvia


4.

No son ángeles asistiendo el duelo de los bosques
es el viento padre, que nos reprende
bramando úes.


5.

voy por mi quinta muerte
galopando
un sueño caballo


6.


Reviso el pan
con la suspicacia
de los que no llevan hambre
aùn cuando en mis manos
tiemblan bocas.


7.


Un amanecer sedujo mi cortina
y dio a luz sobre mi almohada,
ahora los pàjaros despiertan
mis cabellos.


8.


Tenìa cuatro miradas
una para cada silla,
una herida en la madera
me comiò los ojos.


9.


La boda de las sombras
es el poema que quemo
con el impacto de luz
sobre mis ojos noches.


10.


Rotos animales
se desprenden de mis cejas,
en un intento de reparar el sueño
aletean mis ojos hacia el techo.
El ùltimo gesto me renuncia
al bajar los pàrpados.


11.


Valiente el viento
cuando viene a llevar
aùn sabiendo que nada trae.


12.


Sobre la recta final
todos los muertos
lloran lo mismo.


13.


Ruedan en el aire sedas de gitana...
La mùsica me enciende un pentagrama
donde suelo trepar
a la ùltima hora de cada noche.


14.


Empuja mi raza
la sed de los paraguas,
fracturando gotas
voy bebiendo muerte.


15.


Un ojo que es ojo
porque es vaso
sabe la gota
que sobra;
siempre detras de las máscaras
caben màs piedras


16.

Evocando al rìo
elevè mis manos
y pequeños peces
salpicaban viento.


*De Marcela Lokdos. lokdos1@yahoo.com.ar






EL HADA CARTUJA*



Cuando el bosque se cubría de niebla el hada se volvía transparente. El único referente para encontrarla era buscar el manchón del pelo en el aire mojado. El gato aunque no creía demasiado en estos cambios, se divertía al desconcertar a los demás seres del bosque. Con la niebla se mimetizaba con las gotas suspendidas y para sorpresa de los descuidados se ponía a maullar música celta en forma tan fantasmal que todos apresuraban el paso si estaban en el camino o buscaban refugio en sus hogares, trancando todas las puertas
y ventanas. Hasta la tortuga escondía la cabeza en su caparazón  y corría la cortina, porque siempre sentía algo de culpa por el destino del hada y el gato y temía que ésta la atrajera con su música para enfrentarla con la niebla infinita. Pero el hada y el gato no tenían ningún resentimiento contra la tortuga. Para decir la verdad, no lo tenían hacia  nadie en el bosque, Ni siquiera reparaban en ellos si no sucedía algo que les llamara mucho la atención, como cuando los pájaros comenzaron a volar hacia algún punto desconocido por todos, cubriendo el cielo con un telón de alas hasta desaparecer poco a poco y no volver nunca más. Los dos vivían en una sucesión de cambios que respondían a sus recuerdos del mundo de afuera, el que conocieron cuando cruzaron el límite. Podría pensarse que no habían
logrado cruzar la frontera totalmente, que habían dejado una mitad del otro lado y las mitades se tironeaban furiosas desde ambos mundos. El hada cambiaba de forma con cada tirón. A veces no tenía tiempo de completar un cambio, cuando ya se estaba produciendo el siguiente. Eso la cansaba y muchas veces lloraba sin llanto, pero el gato lo percibía porque el aire comenzaba a llenarse de luciérnagas. Entonces él se ponía a cantar con maullidos ríspidos que ponían a todos malhumorados y temerosos.


*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy






*


Los incapaces de volar
tenemos la manía de soltar pájaros
y dormirnos seguros en sus jaulas
con una pluma en la mano
creyendo
que tenemos la semilla
de dónde nacen las alas


*De Alejandra Morales.






 Y únicamente un cuerpo.*


*Cuento de Eduardo Pérsico. epersico@telecentro.com.ar


Al final un gemido bien ajeno del mundo y el recóndito y
lacio volver hacia uno mismo.


   Bajo un sol de verano en Buenos Aires la mujer ordenaba el tránsito en la esquina más céntrica. De blusa blanca sin mangas, ceñida falda azul y subiendo y bajando de vereda a calzada, le extrañó que alguien le dictara una frase al oído y al repetirse el turno de los autos, volviera al abordaje. Quizá ella pensara apenas 'qué descaro' aunque al siguiente cruce de personas, el mismo de camisa abierta de lucir piel tostada y pantalón ceñido la abordaría de frente, y ella casi moviera una mano al responderle.
Y ya en el próximo cuadro y más cercanos, ambos rodearían cierta negociación acaso absurda y al venidero cruce de los autos tras un trance más tenso y demorado, rumbearían a un edificio por la misma vereda.
      A la mujer tal vez la impulsara alguna inconfesable fantasía mientras subían a una oficina del primer piso, ámbito sombreado y una tenue luz de computadora sobre un escritorio más dos o tres sillas separadas. La mujer quizá ni imaginara comentar con nadie ese juego adolescente y temerario por el cual su marido quizá la mataría, cuando el muchacho aquel sin dejar de besarla ya le destrababa los cierres de su ropa. Y desde allí transitaría un inesperado territorio a medio vestir de nalgas descubiertas, junto a ese hombre que la conmoviera con su aroma de novedosa piel más aquella rotunda visita entre sus piernas. Así que los dos ya sin remilgos entrarían al  más antiguo entresueño conocido y en ese instante exacto, - eso nadie lo sabe-  ansiando ambos ser amados de verdad y hondamente una vez en la vida. Los dos únicamente un cuerpo ya con la mutua boca de saborear profundo y al final de un gemido bien ajeno del mundo, el recóndito y lacio volver hacia uno mismo.
      Al separarse quizá no se dijeran nada. El muchacho ausentado en la silla quitándose el condón y la inspectora apurada en volver al trabajo, habrían imaginado muchas veces ese amorío furtivo. Más quizá y en algún infinito de los cielos, los precursores del encuentro se felicitarían por el episodio según ellos eternamente lo hacen, sin ninguna palabra. Y fieles a su estilo, el diablo apenas sugirió un canchero guiñar de ojo y dios, enarcando las cejas, mostró en silencio su habitual sonrisa.


   -Eduardo Pérsico nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
         www.eduardopersico.blogspot.com





***


Juan Carlos Cena (*)
presenta su nuevo libro


FERROCARRILES
                 ARGENTINOS

DESTRUCCIÓN/
          RECUPERACIÓN

 
Viernes 2 de noviembre - 18 hs


en la Estación del FFCC Provincial, CC Meridiano V.
17 y 71 , La Plata.


Acompañan al autor:

Centro Cultural Meridiano V
Los Okupas de Andén


(*) sus libros anteriores: Memorias de un Ferroviario; El Cordobazo, una Rebelión Popular; El Guardapalabras; El Ferrocidio;
Crónicas del Terraplen; Sinfonía de Acero y Lucha.








***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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Thursday, October 25, 2012

EL LLANTO VACÍO DE LOS PÁJAROS...


*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba.






Si los tiempos*



Amábamos las hojas que el rocío
besaba en las mañanas.
Amabamos sin saber siquiera
que todo era tan efímero
tan sin cielos por delante.
Eran tiempos
en donde un vendaval de hojas secas
caía a cegar alcantarillas
a quebrarse bajo el paso
solitario
de un viejecito comido por la noche.

Los juguetes eran de verdad escasa
o inexistente.
Amábamos la muchacha rubia
con su trenza flotándole en la espalda,
la pienso como era: esquiva, clara, desgarbada
y con sus manos inquietas de jazmines y de rosas.


Luego vinieron dudas
resquemores
odios
sospechas
y un porvenir plagado de agujeros
y botellas rotas.



Otoño, 1999

*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
A los amigos y otros poemas. Editorial Ciudad Gótica.


          



EL LLANTO VACÍO DE LOS PÁJAROS...





TRANSFORMACIONES*



Trabajaba con intensidad, concentrado como siempre en lo que hacía, pero sin placer. Estaba de mal humor. Sus ojos fijos en la pantalla luminosa, donde se mostraba un mapa coloreado por sectores, tenían un brillo tenso. Los dedos golpeaban las teclas con precisión, pero con demasiada fuerza. La boca se contraía mostrando el brillo de los dientes en una mueca irónica. Hacía todo con perfección natural, sin esfuerzo, pero hoy no se encontraba bien. Sentía una furia contenida hacia los directores del proyecto. Era la tercera modificación que le pedían, sin razones válidas para hacerlo. Se detuvo un momento y se dirigió a la pequeña cocina anexa al estudio. Se sirvió una copa de vino y tomó un sorbo todavía apoyado en la mesada,. Pensó que esto no era su estilo. Cuando bebía una copa de vino lo hacía en la atmósfera adecuada, la música sonando suavemente, la copa apoyada con cuidado en la mesa redonda al lado del sillón rojo. Pequeños rituales que llenaban sus espacios, siempre jugados en el ambiente perfecto. Se molestó consigo mismo y se dirigió de nuevo al estudio, pero no siguió trabajando. Se sentó despacio en el sillón con la copa en la mano, la mirada recorriendo sus libros ordenados con cuidado. Sonrió. Eran demasiados. Quizás tendría que dejarles la casa para ellos. Luego se fijó en el ordenador con el mapa desplegado dentro de él como una pintura primitiva. Se sintió agotado, pero con un deseo incontrolable de cambio, de movimiento, de reversión total. Pensó con una mueca en las veces que había soñado con mutaciones totales. Estoy harto, se dijo. Bebió el resto del vino y se adormeció en el sillón, las manos laxas apoyadas a los lados, la cabeza erguida contra el alto respaldo con los ojos cerrados. Mucho más tarde, los abrió, mirando fijamente, hacia la luz que lo atraía. Luego los entrecerró como ranuras, comenzó a mover su cuerpo con suavidad, despacioso y silente. Se movió hacia la luz del ordenador. Se apoyó en el suelo con sus brazos elásticos cubiertos de pelos dorados, las garras ocultas, el lomo estirándose con sus manchas negras, las patas apoyadas con firmeza. Reconoció el lugar lentamente, deteniéndose en la contemplación de cosas que lo llamaban., pero no lograba identificar. Se movió hacia la luz del ordenador con un impulso de ira. Trepó de un salto a la silla y aplastó el vidrio con furia. La luz se apagó. Todavía inquieto, siguió su recorrida. Lo detuvo la figura de madera de un muñeco articulado y un pájaro de lata que picoteaba el piso sin parar. Los husmeó y gruñó amenazador. Se sentó frente a  ellos preguntando con los ojos. Algo parecía surgir en su memoria, pero desapareció. Con un golpe rápido aplastó al pájaro. Moviéndose despacio se desplazó a lo largo de las bibliotecas atestadas. Algo allí era importante para él. Husmeó los libros con placer,  oliendo especialmente algunos estantes. Algo le molestaba como un dolor. Se revolvió nervioso, sentándose luego totalmente inmóvil con los ojos fijos en los libros. Pero fue inútil. Se levantó sintiéndose cansado y se dirigió hacia el otro ambiente. En el dormitorio el tatami lo esperaba y él lo aceptó como propio. Se sentó encima afirmando su posesión. Se sentía agotado. Se estiró con suavidad, colocó la pesada cabeza entre las patas y se durmió con la luna llena en el vidrio de la ventana.



*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy








DESMURANDO*


 “...Ah si el cielo no se da prisa... para domar los feroces e ingratos, no tardaran los hombres, en devorarse unos a otros, como los monstruos del océano...”
Williams Shakespeare (Rey Lear)



Ya no quiero más muros, corazón
Pircas, de ideas, de silencios
¡Tantos muros, tantos!
Condenada al muro de lamentos:
A un campo santo de ausencias y distancias.
A una horda de olvidos. A manos separadas,
a un pañuelo blanco.
A la esquizofrenia. A un basilisco multicéfalo.
A la placidez embriagada de la adormidera verde.
A un yacuzi sin agua,  algas babosas y ojos de pescado.
A un galeote. Sin remos. Sin rumbo. Sin bandera.
A un buitre con cara de rectángulo.
Convidada a comer entre los muertos:
A un viejo verso aprendido en mi infancia
“Piden pan, no le dan; piden queso, les dan hueso
y les cortan el pescuezo”
A una torre de Babel.
Ignorado. Ignorante. Ignoto.
A un feroz león domesticado,
Con su lacia melena peinada por Giordano.
A una vaca cansina, ubres repletas y el ternero muerto.
A una actual Sodoma en el mar muerto
Sin Viagra. Sin Champagne. Sin siliconas.
A un pastor sin rebaño. A una noche sin luna.
A un poeta sin versos.
Cansada de los muros, corazón.
Vida me diste y vida te devuelvo.
Desmuremos mi sol.
Desmuramos.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar







¿Qué pasa en una familia cuando hay problemas mentales?*





*Por Alejandra Zina.  alejandra.zina@gmail.com
Escritora. Entre Sus Libros Destacan “barajas” Y “LO Que Se Pierde”.


Delirios y dolores de una madre. Un registro del mundo que se torna incomprensible para los otros genera situaciones de pesar y de tensión. Una escritora comparte la historia que sufrió su mamá, que incluye la sorpresa ante la enfermedad, el desánimo, una cierta lógica insidiosa de algunos conocidos. Y subraya el valor del acompañamiento signado por el afecto, más allá del trastorno.

20/10/12



Muchas veces me pregunté si existía un día en que alguien enloquece, pierde la cabeza, se trastorna. Si se trata de un estado de shock que permanece y atrofia o si es como una guerra o una revolución que se viene gestando con hechos invisibles durante años. ¿Cuándo empieza todo?
Cuándo empieza para mí.
Una noche cálida del 93, verano o principios del otoño. Mis amigos y yo andábamos por los 18 años. Esa noche estábamos bailando en la terraza de una casa donde no faltaba nada, ni siquiera la complicidad de los viejos que se iban y nos dejaban solos hasta tarde. Me gustaría acordarme qué temas estaban sonando, ¿ Tráfico por Katmandú ? ¿ Ala delta ? ¿ Mi perro dinamita ?
Corrían las primeras botellas, los primeros puchos, los primeros besos. Hasta que algo se detuvo y no fue la música, sino yo misma adentro de la música, como si una cámara me hubiese congelado mientras los demás seguían bailando, tomando, fumando. Era la dueña de casa gritando mi nombre desde la escalera: que bajara, tenía teléfono.
Adiviné que había pasado algo antes de atender. De otro modo, mi hermana no me hubiese llamado. Me hablaba con frases entrecortadas, le temblaba la voz, yo no entendía nada y ella tampoco, pero trataba de explicarme: se repetía, gemía, bajaba el volumen . Cuando corté, la fiesta era algo que había pasado hacía mucho tiempo.
Llegué a mi casa en un auto prestado. Entré, vi, volví a salir y les pedí a mis amigos que se fueran. Creo que no llegué a contarles lo que había visto adentro. No había sido un robo, ni un accidente, ni las tragedias que uno se imagina en mitad de la noche.
Tardé años en pedirles que se quedaran , para cuando lo hice ya había estado demasiadas veces sola.
Adentro, mi hermana me esperaba acurrucada en el sillón del living, los ojos aterrados, como si hubiese visto un monstruo, mientras mamá, los ojos fanatizados , nos hablaba de un mundo peligroso y apocalíptico con espías siniestros que conspiraban del otro lado de la pared. Empezó esa noche. O empezó la mañana en que mamá decidió quedarse en la cama y no salir por meses. O quizás mucho antes, cuando yo le hablaba y ella no me miraba a mí , sino un punto que no era ningún objeto del ambiente en donde estábamos. Como los gatos, que miran hacia una pared pero en realidad están mirando algo que no sabemos qué es.
Cuando nos dimos cuenta de que la cosa empeoraba, fuimos a revisarle la agenda. De ahí sacamos varios teléfonos: su psicóloga, su abogado, sus pocas amigas, compañeras de trabajo.
A escondidas, llamamos a uno por uno.
Con algunos llegamos a encontrarnos. Queríamos hablar con todos los que la conocían, contar sus delirios y provocar alarma, escuchar explicaciones, seguir instrucciones, atajar el naufragio que se venía. Pero no recibimos nada de eso. Mi mamá hacía tiempo que se había alejado y ellos no la conocían tanto como creíamos.
Además, la locura daba miedo. No la locura del que puede volver, sino la locura del que nada hasta lo hondo y se ahoga. Del miedo me fui dando cuenta de a poco. Primero vi el de los demás, después el propio.
El miedo de mis abuelas, tíos, padre, vecinos, conocidos, se nos vino encima como una ola de ataques, excusas y silencios .
Todas las adolescentes creen que su casa es un infierno. Será que las chicas se quieren quedar con los bienes, por eso la internan. Ella siempre fue así de nerviosa. La señora no me quiso abrir la puerta. Tu mamá nunca las cuidó muy bien que digamos . Los hijos tienen que hacerse cargo de los padres, es la ley de la vida. En una esquina, la locura. En la otra, el miedo.
Para bien y para mal, mi hermana y yo nos endurecimos. Si queríamos sobrevivir, teníamos que salir guerreras. Y cuando no era contra los otros, era entre nosotras. Varias veces nos amenazamos mutuamente con abandonar todo y desaparecer , pero nunca nos animamos, salvo cortas temporadas.
Después de la ronda de llamados, vino la consulta con un psicólogo, la primera de una larga lista de tratamientos, citas, internaciones y denuncias. Me los fui olvidando, pero en una época me sabía nombres y apellidos de memoria: Outes, Toranzo, Milius, Ferrazano, la hermana Teodora, Mari, Vidiella, Tenaglia, como la formación de un equipo de fútbol. Médicos, psicólogos, psiquiatras, oficiales de justicia, secretarias, enfermeros, monjas, a todos los recordaba por si pasaba algo . Como si así pudiera repartir mejor las responsabilidades. O como una memoria de esa larga procesión clínica, de quiénes la vieron, quiénes diagnosticaron, quiénes la medicaron.
Una sola vez estuvo en el Moyano. Fueron pocos días, un tránsito obligado después de la intervención de un juzgado y la policía. Internación compulsiva le dicen, cuando el enfermo no quiere atenderse y hay que llevarlo a la fuerza.
Me acuerdo del olor penetrante de la lavandina con la que limpiaban el piso de la guardia y del jardín que debía atravesar para llegar al edificio del fondo. Cuando pasaba caminando, varias mujeres de distintas edades se me acercaban en una corrida torpe, balbuceando esa lengua patinosa del dopado , para preguntarme si había traído ropa y zapatos. Yo no las dejaba acercarse tanto, solo negaba con la cabeza y trataba de avanzar sin mirar las bocas desdentadas, los pies descalzos, las rigideces de la cara. Mi mamá la pasaba mejor, además sus compañeras en la guardia fueron amables con ella. Le cebaban mate y estaban pendientes de que no se retrajera. Cuando la trasladamos del Moyano a una clínica privada, volví. Había juntado en una bolsa ropa y zapatos de su placard y del mío.
Estuvimos varios años vaciando placares y cajones , sacando bolsas de basura, donando al Cottolengo Don Orione, vendiendo al mercado de pulgas, regalando a nuestros amigos. Cuando pusimos en venta la casa donde me crié, contratamos un container para meter todo lo que íbamos tirando, desde bicicletas oxidadas hasta las enormes ramas del gomero. Los vecinos se acercaron, primero se asomaron al container, después empezaron a llevarse cosas. Los veía a cada uno irse con algo. Como si la casa fuese un animal muerto al que destripan otros animales.
Tuve que aprender a vender y comprar inmuebles, sacar plazos fijos, pasar cuentas a mi nombre, discutir con bancarios, escribanos y contadores, denunciar a los que querían estafarnos. Mi papá me asesoraba o me acompañaba personalmente, estando con él me hacía respetar, además zorro viejo huele la trampa . De plata y papeles podíamos hablar. Lo demás era complicado. Mi mamá hacía años que había dejado de ser su esposa, ahora era una extraña para él y para nosotras también. Hay familias signadas por la enfermedad. En la mía, los trastornos mentales bajan y suben por el árbol genealógico.
Yo misma pasé por ataques de pánico, temblores, canas prematuras, bajada y subida de peso, insomnio, crisis nerviosas. Después, mucho después, me fueron llegando las palabras. Y me fui contando una historia que me ayudara a saber contra qué enloqueció ella.
Mi mamá nació en 1945, hija de inmigrantes pobres, venidos de Galicia y Andalucía a mediados de los años 30. Mi abuela, mucama de una familia acomodada, conoció a mi abuelo en su lugar de trabajo. Yo solo lo vi en una foto carnet, me dijeron que se pegó un tiro el año que nací. Él era cadete de Gath & Chaves y parece que le tocó llevar un pedido a la casa en donde trabajaba su futura mujer. Así empezaron. Ellos y sus cinco hijos vivieron apretados en pensiones de mala muerte hasta que pudieron mudarse a una casaquinta de La Reja. Desde allá venía mi abuelo a comprar fruta y verdura en el viejo Mercado del Abasto para luego revender a los comercios de la zona oeste. Pero la historia familiar está llena de agujeros , secretos, hechos confusos. Lo que sí se sabe, sin mucho detalle, es de la pobreza que les tocó vivir, la muerte trágica de un hijo en las vías del tren, el internado religioso donde estuvieron pupilas mi mamá y mi tía, las relaciones extramatrimoniales de mi abuelo y su suicidio.
Mi mamá y su hermana mayor eran las que más deseaban irse de allá. Estudiar, trabajar, alquilar un departamento en Capital y más tarde formar una familia distinta a la suya . Y lo hicieron. Tuvieron marido, hijos o mascotas, casa y carrera. Así pasaron de la estrechez a una holgada clase media. Consiguieron mucho y, sin embargo, no fue suficiente.
Mi tía murió de cáncer y mi mamá enloqueció .
¿Habrá sido contra este pasado o contra lo que siguió? El divorcio, la nueva vida de su ex marido, el cansancio de criar a dos hijas, la vejez, la soledad, la falta de trabajo, la poca plata, que todo vuelva al mismo lugar en dónde empezó.
Pobreza, culpa, separaciones, vejez. Entonces a cualquiera le puede pasar. Sí. No. Tal vez. Por las dudas, preguntármelo era una forma desesperada de prevenir, no fuera cosa que yo también. No fuera cosa que esa herencia maldita , como la catalepsia, se despertara en mí o me enterrara viva. Un terapeuta me dijo una vez que me quedara tranquila, que a mí no iba a pasar.
Hace dos años la llevamos a un geriátrico en Mercedes, provincia de Buenos Aires, donde hay arroyo, campo y vacas que ella no puede ver porque cuando la visitamos nos quedamos en la ciudad. El lugar es tranquilo y en el fondo hay gallinas, como las que tenían en la casaquinta de La Reja. No me sale la palabra agradable para un geriátrico , pero es amplio, luminoso y económico. En Capital cuestan una fortuna y son una caja de zapatos, oscura, cuando no sucia, y deprimente.
Voy y vuelvo en el día, y es más el tiempo que estoy viajando en el Sarmiento o el 57 que las horas que comparto con ella. La paso a buscar en un taxi, vamos a la consulta médica y después la llevo a La Recova, un bar enfrente de la plaza principal.
Mi mamá siempre pide lo mismo : té con leche y tres alfajorcitos de maicena. Le cuento algunas cosas de mi vida, ella me da consejos sobre mi salud, me pasa recetas de cocina, lee lo que escribo. Me entrega notas en las que dispone cuáles van a ser nuestros regalos de cumpleaños o de Navidad.
Pienso en cómo se dan las cosas. Ella que quiso dejar la provincia para ir a la gran ciudad vuelve a la vida provinciana, ella que se imaginaba como una profesional exitosa a los 50 está encerrada en un geriátrico con mujeres y hombres que le llevan 20 y 30 años, achacados pero longevos, que le cuentan sus vidas de pueblo. Con los viejos siempre hizo buenas migas.
Hubo mejoras, retrocesos y mesetas, pero nada volvió a ser como antes. Sus palabras cambiaron, su cara cambió, su pelo, sus ojos, su piel suave, ahora escamosa por la medicación y la edad, su cuerpo, sus hábitos; lo único que quedó inalterable fue su voz . Su voz y su olor. La misma voz y el mismo olor que yo iba a buscar en las noches de miedo, cuando me sentaba en su falda y me contaba otras historias. Historias hermosas.


*Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/pasa-familia-problemas-mentales_0_795520631.html








Cinco.en.Cinco / breves*



En viento



El viento me trajo hasta acà
...
llovida entre mis horas rotas
y aùn no me han crecido los nombres
para llamarte.



---


Amanecida



Esta locura de andar aplaudiendo
la diferencia de los tobillos
Esta forma extraña
de arrimar el vèrtigo
hacia el precipicio de la duda

Esta manera mìa
de caminar a oscuras
cuando el amanecer golpèa
mi ventana.


---


Anochece que no es sombra



El llanto vacío de los pájaros
empapó mis ojos
cuando anoche
se enjuagaban de tu sombra


---


Subibaja


un paso atràs,
para subir
hasta donde me lleguen las manos.



---


Insomne

Un crimen se me detiene
con su aliento de plomo
sobre el relámpago de un sueño
cuando mi mano
suelta las sobras.


*De Marcela Lokdos. lokdos1@yahoo.com.ar







Ensueños*



*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com



Imagínense ustedes, ser atrapados en plena calle por un ensueño. Estirar la mano para detener el colectivo y desaparecer del mapa antes o después de pagar el boleto. Imagínense llevarse un cigarrillo a los labios mientras espera que la secretaria del abogado de su divorcio le abra la puerta, y evaporarse en el mismo instante en el que entra. Imagínese de pronto ser el mismo siendo otro. Ser producto de un ensueño y parecer viviente. Dar la mano viviente al abogado viviente y firmar cualquier cosa con tal de dejar de ser cuanto antes esa mano viviente para sentirse un todo sensible. Imagínense. No es poco.
Por momentos sospecho que la lluvia es el mejor momento para el accionar arremetedor de los ensueños, porque una o uno se distrae al limitar el campo de acción a los propios pasos, donde las cosas se centran en divisar baldosas flojas, sostener el paraguas con todo el poder de una mano para contrarrestar los efectos arrasadores del viento mientras con otro brazo se abrazan los libros de Silvina, de Olga, de Alejandra o cualquier otro destello sobrehumano.
En una de esas mañanas diluviantes, yo misma fui capturada por el ensueño. Sospecho que no se trató de un secuestro al azar, de un secuestro exprés, para hablar como corresponde desde la página de un diario, porque no hay modo de elegir correctamente entre la gente atrincherada bajo un paraguas, a la cual sólo se le ven la cintura rígida y las piernas titubeantes. Si analizo con objetividad los hechos, como corresponde en cualquier página del diario, aunque sea la última, mi captor me había hecho un seguimiento, para no confundirme con otra transeúnte agazapada bajo el paraguas.
Mi captor sabía bien que los lunes hago cosas de lunes, que los martes hago cosas de martes, que los miércoles coloco las piernas en todo el territorio del miércoles, que los jueves soy absolutamente incapaz de hacer a simple vista cosas de viernes, que los viernes me coloco en el territorio de los viernes, que los sábados, de la mañana a la noche, existo en un día sábado y que los domingos discurro por el perímetro de los domingos sea desnuda, sea descalza. Mi captor sabía bien que, aunque pierda la memoria de los días, dejo señuelos a lo largo de la casa o del olvido para transitar eficazmente el inviolable dictamen de las horas. Estoy segura también, de que conocía mis recursos para no dejar rastros cuando decido transgredir las fronteras del tiempo, del alma, del cuerpo o del espacio.
Por todas estas razones, mi competencia metódica me ha permitido ver que el ensueño me venía persiguiendo. Más aún si presto atención al detalle de que esa mañana llevaba un paraguas tan grande que debajo de él podía extraviarme en mi propio universo.
Para que sepan, para que entren en pánico o en espera, les confieso que ser atrapada por un ensueño es de una dicha terrorífica, de un terror dichoso, porque una se reconoce en su fase más alejandrina, a la vez que se va desmaterializando su fase más escéptica.
Naturalmente, los ensueños no necesitan más que un lapso incalculable para descomponer el espacio en tiempo, el tiempo en aire. Eso es fácil de comprender. Pero no sé cómo ni por qué nos eligen. O si es una la que se hace elegir por ellos. O si el cósmico cubilete de las constelaciones suelta al azar los dados que nos explican.
Sin embargo sé muy bien, por ejemplo, que los pájaros se les acercan, a los ensueños, con una lentitud vertiginosa y que una voz propia les arde en cada hueso. Una voz por vez. Una voz interna que les viene de los huesos de sus huesos. Pero estos hechos reales comparados con los hechos irreales de mi captura, no me impiden recordar que sobre el umbral del infinito rodaba yo a la par de las cosas imposibles.
También sé que una vez tomada por el ensueño, un viento furibundo me fue empujando hacia los mismos lugares, y con la misma gente, toda vez que era lunes, o martes, o viernes, y que a la hora de tomar la K pude volver a estirar la mano viviente sin sentirme como una ciudadana a merced de un estado punitivo que la obligaba a viajar a lo largo de la calle Mendoza cuando en verdad quiere viajar por un sendero celeste.
Pero empecemos como siempre por el principio de la sombra. Cuando una regresa a su casa, por una razón u otra, su noche o su crepúsculo vuelve también. Ese es el momento favorito del ensueño para viajar por los techos de las casas sobre corceles wagnerianos hasta encontrarnos. Y si seguimos la causalidad de las palabras, estaremos en condiciones de entender que cuando el ensueño dice "arre, arre" nos compromete a cabalgar los precipicios. Un cartesiano podría decir que el ensueño es la glándula pineal de la esperanza; un marxista que el soñador es el opresor de lo soñado. Pero la ideología de los ensueños es más horizontal, enraizada en profundas bases anarquistas.
Y no crean que mi rapto se debió a que vivo en una pequeña localidad, no se dejen llevar de las narices por esos comentarios acerca de que los que vivimos en provincia, bla, bla, bla, puesto que sé de amigos que fueron atrapados por el ensueño en plena Capital Federal. Es más, luego de debatir con un grupo de eruditos porteños, hemos llegado a la conclusión de que ni siquiera se puede circunscribir el fenómeno a un contexto latinoamericano, como un procedimiento de realismo mágico llevado hasta sus últimas consecuencias, dado que contamos con datos fehacientes los cuales confirman que en la mismísima Europa hay gente que hace como que existe, pero en verdad, flota.



*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-35974-2012-10-13.html








***



cuarto de costura

poemas

Ediciones del Dock


Dice Cristina Piña, en  la contratapa:

Una mujer en un cuarto de costura: creo que es difícil encontrar una metáfora que convoque de manera más clara y culturalmente sancionada la femineidad. Y sin embargo, en manos de Liliana Souza, como ya ocurrió en esa otra forma, su libro anterior, los lugares comunes -no tanto en su sentido peyorativo de cosas repetidas y huecas, sino como índice de lo  familiar y conocido-  se ponen a temblar.
Así, en este cuarto de costura, la costurera lejos de unir, armar, hacer labores a través de las cuales establece un diálogo con su interioridad, deshila y desanuda el tiempo, recorre con empeño implacable el camino hacia la desaparición, recuerda lo no ocurrido, escribe lo que no ocurrirá.



***


Liliana Souza

Los invita a la presentación de su libro:


Cuarto de Costura.


Presenta Roxana Palacios.

Vino de honor.

Músico invitado.

Los ejemplares serán firmados por la autora.


Viernes 9 de noviembre - 19.30 horas.

Auditorio del Círculo Médico de Quilmes.

Brandzen 302 esquina Alvear.
Confirmar asistencia al 4251-5003
o vía mail.


* Liliana Souza. liliana_souza@yahoo.com.ar




***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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Monday, October 22, 2012

LAS PALABRAS DE IR Y LAS DE VOLVER...

*Tapa de "Cuarto de Costura" de Liliana Souza.




*



I



inhóspita

           soy la única

                           que es

                          y no es





II



las gotas

           llagan

                    los ojos


huesos de agua

como agujas

                    penetran



he perdido

                    el surco

                    y la lluvia

                    arrastra






III



las palabras de ir

       y las de volver

                        dejan de ser cautas



las palabras

              abren

              cierran

                        según




IV



mientras sucede

                     un aluvión preverbal

                     es engaño y trampa



labriego

en sí

       fuera de sí

                     contra vallas mudas






V



mujer que limpia sombras

      no merece impostura



sucesivas napas de arena y abrojo

                me hacen inmune

                a señas particulares



la intrusa

esa que habita

                 en mí

                 se pinta los labios

                 me pudre la boca



*De Liliana Souza. liliana_souza@yahoo.com.ar
(Poema incluido en "Cuarto de Costura)

-Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda,  Pcia. de Bs. As.
Obtuvo 16 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU. Sus poemas se incluyen en antologías, diarios, revistas, sitios web y en libros publicados en Méjico y España. Difunde poesía editando los espacios Quilmespoesía, poemás y poemás o menos.
Coordina Talleres Literarios infantiles y juveniles. También, Talleres de Memoria para adultos mayores.
En 2010 publicó "esa otra forma".






LAS PALABRAS DE IR Y LAS DE VOLVER...







UN CIELO DE TORMENTA CENIZA*



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
           

El pueblo se desdibuja cada vez más en la distancia y en el tiempo, que se funden entre sí y sólo aparece en los sueños.
            Cuando en uno de ellos vengo caminando desde el lugar donde estuvo el pino más alto del pueblo, y saludo al gringo Bonifachini, con su cara redonda y sus ojos enormes, y cuando me aproximo a la esquina del Nene Croatto, veo sobre lo alto del horizonte una luna muy roja sobre un cielo de tormenta ceniza. Bajo la constitución de esa tormenta se mezclan las imágenes que enseñorean ese campito que hoy por hoy contiene dos arquitos donde los pibes juegan algún esporádico partido de fútbol pero sin dejar de cruzarse con el espacio que en mi niñez rebosaba de grandes tomatales ya que allí don Manolo Gómez hacía su quinta con toda parsimonia.
            Hoy el pueblo aparece más cuidado y prolijo, pero me gustaría porun instante volver a aquellas calles anchas de polvo y mariposa donde en los veranos se cruzaban los vendedores de hielo (o los hieleros, como los llamábamos), el ciego Camiscia con su carrito a caballo y al francés Bureau con su forcito color celeste y sus barandas pintadas con flores espléndidas, obra del inolvidable Pato Jeremías, de sonrisa tan ancha que abarcaba el verano donde él siempre ganaba los premios  en que competían las carrozas ingenuas. En esos trabajos preparatorios, previos a los carnavales se trabajaba con un énfasis ilimitado como eran las ilusiones de entonces.
            En esa casa que en algún momento la compró don Amadeo Croatto, había  vivido la familia Godoy, muy numerosa. Yo compartí mi primer grado con una de las hijas que recuerdo con parte del rostro y un brazo con grandes quemaduras producto de un accidente doméstico con una pava de agua hirviendo. Es lo que creo recordar, tal vez, las cosas no hayan sido exactamente así.  No tengo el menor registro de la fisonomía del matrimonio y tampoco recuerdo el nombre de sus hijos, que eran como dije antes: muchos y de ambos sexos.
            Aunque tenían fama de belicosos seguramente serían gente de trabajo como todo el mundo en ese tiempo.
            Una imagen me queda del mayor de los Godoy. Un día que venía yo de un mandado,  él estaba en la esquina de su casa discutiendo fuertemente con Tato Míguez. Como los dos eran muy mayores que yo, bajé a la calle por precaución. Estaban casi tocándose, muy cerca uno del otro, y en un momento Godoy lo amenazó con un gran cuchillo que tenía en la mano y lo golpeó varias veces con esa hoja inmensa en el pecho. Pero Tato Míguez no retrocedió un milímetro.
            Allí me asusté y salí corriendo y se lo conté a mi madre, quien me calmó con ese su estilo entre silencioso y dulce que usaba todo el tiempo.
            Por un momento fui el héroe relator frente a la barrita de mis amigos, en la esquina donde nos juntábamos. Cuando me hubieron escuchado atentamente inquirieron más detalles, y como yo no los tenía, perdieron el interés y pasamos a otra cosa.
            Cuando la familia Godoy, se mudó a Rosario nunca más se supo de ellos y pronto fueron olvidados, como sucede casi siempre.
            En esa casa también vivió, antes de los Croatto, Ismael Caferata casado con Mila Valeri. El Ismael, como le decíamos, jugaba en Huracán de puntero derecho y era tan flaco que se ganó el mote de Viento. Era silencioso, pelirrojo y muy trabajador.
            Como Mila era oriunda de Beravebú, en un tiempo vivieron allí y luego emigraron a Rosario también.
            Mila tenía un hermano que jugaba de marcador de punta en 9 de julio de Beravebú a quien llamaban Tucuta.
            Se me hace que el Flaco Caferata era pariente de los Godoy pero no estoy seguro y no tengo ahora a quien preguntarle.
            Cuando pienso en aquellos tiempos tan lejanos que terminan siendo tal vez una construcción imaginaria, si no fuera porque de vez en cuando un memorioso de los que nunca faltan corrobora o agrega alguna anécdota o aporta un dato, pensaría que soy presa de un delirio.
            Pero no. Aquellos veranos lentos como un inmenso saurio existieron, con los vendedores de hielo y los soderos a quien llamaban también licoreros, que trasegaron esas calles de Norte a Sur y de Este a Oeste tratando de mitigar el calor con sus líquidos más o menos bebibles, más o menos amables para esas gargantas tal vez no tan exigentes.
            El verano traía muchas cosas, además del calor. Las torcazas por ejemplo que avisaban la canícula sofocante de ese día y las cigarras que ensordecían  el aire y se escondía entre las hojas de los fresnos y las mariposas.
            Las mariposas que abrían siempre las puertas de todos los veranos.







EL HADA CARTUJA*


Un día plomizo en el cual todo el bosque se encontraba en una sola dimensión quieta y gris, el hada y el gato se miraban mutuamente cuando creían que el otro estaba distraído. Cuando se cansaron de simular no verse, de fingir bostezar mientras se estiraban elásticos en el suelo, el hada dijo con voz neutra examinando con ojos críticos la cinta anudada a una de sus trenzas: me voy, me voy ya, si quieres puedes venir conmigo….El gato cerró los ojos y murmuró irónico: otra vez…..Ella contestó mientras seguía examinando la cinta: lo necesito. Pero será diferente esta vez. Ahora ya lo sabemos todo. Lo sabes pero no lo entiendes, maulló casi mudo el gato, mostrando sus ojos de burla aburrida algo pensativos. Lo entenderé si salgo de aquí, le contestó el hada levantándose rápidamente. Caminó decidida hacia donde se encontraba la tortuga confundida en la piedra. Ésta la sintió llegar y murmuró sin palabras, “no otra vez, porqué no se puede ser viejo y sabio sin ser molestado…”, pero era una reflexión resignada, casi risueña. Observó como el hada iba hacia ella sin tocar el musgo húmedo y sintió un poco de lástima, como la que se siente por los que sabemos van a  morir, mientras ellos no lo saben. Escucha tía, dijo  el hada. Siempre hablaba como los humanos cuando se sentía insegura. Te escucho dijo la otra sin asomar la cabeza fuera de su caparazón, mostrando sólo un ojo apagado. Me voy, me voy y no volveré. Quieres decirme algo? El hada hablaba muy rápido, afectando gran seguridad, porque se sentía desdichada y absurda. Claro que volverás tonta, dijo la tortuga en voz baja, sólo que cuando vuelvas habrás visto tanto que tus poderes no te ayudarán. Será tu última elección. Puedes conservar tu ojo, ya no te servirá si vuelves.



*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy








La hora de las palabras*


La lectura es un puerto de partida, un viaje, una aventura, una ventana, un horizonte. Los libros nos hacen por dentro, aún los que no leímos forman parte de nuestra subjetividad. Se derraman en adjetivos en nuestras charlas: quijotesco, dantesco, kafkiano. Se entrelazan con las imágenes del cine y con los cuentos que nos narraron. Se hacen amigos nuestros que comparten el hastío de la espera. Descubrimos que hay autores, personajes que pensaron y sintieron como nosotros y pueblan nuestra soledad. Nos vuelven detectives que buscan lo escondido del iceberg. La literatura tiene muchas formas de nombrar y contar los pocos temas elementales. Los libros son escaleras para escaparse de la banalidad. Instrumentos para reflexionar. Maneras de salir de un mensaje único que la sociedad de masas (a través de los medios de comunicación) tiene preparado para nosotros. El sentido de la vida puede estar en la línea de un libro, o quizás el sentido sea su búsqueda. Ese viaje nos dará el placer de encontrar fulgores dormidos en sus páginas que algunas veces se despiertan con nuestra mirada.

*de Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com




Sueño*

He caído en un enjambre de palabras
Quién diría que esta rama
Tan alta me sostiene,
Que esta sombra, que este olvido.

*De  Rubén Sevlever.
Rosario. (1932-2011)






RUBEN SEVLEVER: Poemas elegidos y otros escritos.*

           

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


Hay hombres a los que nunca se recuerdan, hay hombres que son recordados muy de vez en cuando y hay hombres a los que se recuerda siempre. Éstos son los necesarios, éstos son los que han servido a otros en su paso por la vida. Y a éstos últimos pertenece el poeta Rubén Sevlever.
            Dueño de un tono bajo, de un perfil aproximándose todo lo que podía a lo desapercibido no le eran ajenas las discusiones cuando de arte se tratara y defendía sus convecciones con una pasión tan firme que se asombraba a quienes no le conocían esa faceta.
            Su andar algo abstraído entre los hombres y las mujeres era una prueba para mí de que esa concentración y ese ensimismamiento escapaban al resto de los mortales pero no los ignoraba.
            De estas distracciones Juan José Saer me refiere una anécdota. Cierta vez baja de Santa Fe a visitar en la pensión de la Cortada Barón de Mauá donde Rubén vivía en sus épocas de estudiantes.
            En esos tiempos –siempre según el relato de Saer-  Sevlever incursionaba en la pintura y había que esconderle las camisas, sobre todo las ajenas, ya que limpiaba el pincel en el primer género que encontraba.
            Y una mañana antes de salir Rubén para su trabajo, se estaba afeitando en la punta de una gran mesa. En la otra Saer tomaba su café y fumaba. En la tarea del afeite estaba tan concentrado que mientras mojaba la brocha en una taza y lavaba la máquina allí mismo, al finalizar se tomó el contenido antes los ojos atónitos de Saer. Quien terminó el relato diciéndome:
            -Sevlever es el primer poeta que se tomó sus propias barbas.
            Hay otras anécdotas donde fui testigo como empleado de su librería. Iba con los viajantes a hacer los pedidos al Laurak Bat y no era raro que volvieran riendo, ya que Rubén se tomaba su café con leche y luego proseguía con el otro. Sin embargo, ese aire abstraído no lo impugnaba para ayudar a los demás como dijo el amigo Antonio Cofré y yo puedo dar prueba palmaria de ello. Antonio integró las “huestes arianas” también, como le habría  agradado decir a Rubén. Es sabido que ciertos poetas tienes sus filiaciones, es decir, su aire de familia y sus escrituras en algún punto se juntan, se encuentran tal vez en  aquello que Borges denominaba “una estética”.
            Como no podía ser menos el poeta Juan Manuel Inchauspe, quien había dicho que la palabra  debe ser trabajada en el tiempo, era un admirador incondicional al de  Sevlever como también lo era de aquel otro grande, es decir, Raúl Gustavo Aguirre. El mismo que escribió “En ese supremo instante en que salto o me pudro”.
            Ese aire de familia, esa casi complicidad donde sin dejar de lado sus singularidades que sólo logran los grandes poetas, pueden ser reconocidos por su manera de plantarse ante la poesía y la vida  con la misma coherencia incontrastable.
            Hoy venimos a celebrar, gracias al Centro de Publicaciones de la UNL, de sus escritos inéditos que él habrá revisado seguramente en incontables relecturas y aún reescrituras,
            Hoy seguramente será un día para recordar, porque no me queda ninguna duda que estos textos integrarán más temprano que tarde el caudal vivo de la poesía argentina.
            Como fue antes, con sus libros anteriores, cuando  su paso lento y querido era visto por nosotros como una prueba que la poesía podía encarnarse en ese hombre empecinado en cultivar el más bajo de todos los perfiles, convencido que la palabra y su trabajo paciente y ponderado era lo verdaderamente importante.
            Desde Posadas mi amigo, el arquitecto Cárdenas, el inefable Negro a quien conocí en Aries en nuestras épocas estudiantiles me escribió estas palabras, que cito: “En cuanto a mí, me enseñó el valor del silencio que no aprendí, quizás no quise o no pude. A buscar libros también me enseñó”.
Para concluir este homenaje que no paga la deuda al amigo, diré que siempre quiso pasar desapercibido, tanto que eligió para morirse el último día de enero a última hora de la tarde.
            Una semana antes lo vi desde un ómnibus. Iba vestido de bermudas azules y zapatillas, caminando distraído entre la gente.



-Jorge Isaías leyó este texto en la presentación del Libro de Rubén Sevlever: "Poemas elegidos y otros escritos", publicado por la UNL., dentro del Festival de Poesía el 20/09/12.







Laberinto*


La noche está callada.
Los trenes ya no ruedan.
Solo el zumbido de la carretera orbital
rompe el silencio.

Mientras sueño
con un turbante de rosas
duermo
en un nido de abejas.

¿Qué será la reina? ¿una espina?
¿un soplo del destino?
¿una venganza? O apenas
el roce de tu ausencia.


*De Marta Zabaleta, mzabaletagood@gmail.com
-cerca de la carretera de circunvalación de Londres, M25, 15 de octubre 2012








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cuarto de costura

poemas

Ediciones del Dock


Dice Cristina Piña, en  la contratapa:

Una mujer en un cuarto de costura: creo que es difícil encontrar una metáfora que convoque de manera más clara y culturalmente sancionada la femineidad. Y sin embargo, en manos de Liliana Souza, como ya ocurrió en esa otra forma, su libro anterior, los lugares comunes -no tanto en su sentido peyorativo de cosas repetidas y huecas, sino como índice de lo  familiar y conocido-  se ponen a temblar.
Así, en este cuarto de costura, la costurera lejos de unir, armar, hacer labores a través de las cuales establece un diálogo con su interioridad, deshila y desanuda el tiempo, recorre con empeño implacable el camino hacia la desaparición, recuerda lo no ocurrido, escribe lo que no ocurrirá.



***


Liliana Souza

Los invita a la presentación de su libro:


Cuarto de Costura.


Presenta Roxana Palacios.

Vino de honor.

Músico invitado.

Los ejemplares serán firmados por la autora.


Viernes 9 de noviembre - 19.30 horas.

Auditorio del Círculo Médico de Quilmes.

Brandzen 302 esquina Alvear.
Confirmar asistencia al 4251-5003
o vía mail.


* Liliana Souza. liliana_souza@yahoo.com.ar




***


Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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CAE EN LOS BRAZOS DEL COLOR COMO UNA FLOR VENCIDA...

*Dibujo: Ray Respall Rojas.
La Habana. Cuba





LA DONCELLA EN PELIGRO*


Trilce se esmeró en criar una gatita blanca, bien cepillada, esterilizada por un buen veterinario, collarín rojo con
cascabel al cuello, mimada, remolona, poco dada a procurarse alimento… para que al final la gata se fuera a instalar muy a gusto en
casa de un vecino, Abelardo. No ha habido modo de moverla de ahí, si intentan llevársela a la fuerza, espera la menor oportunidad y
regresa. Decidió que ese era su hogar.

Abelardo tenía dos perros, pero la gata se acomodó entre ellos, comparten paseos – los perros atados por una correa y ella
caminando libremente -, cojines de la sala para dormir noches y siestas, desayunos y cenas. Trilce se resignó a ir a verla de vez en
cuando y asegurarse de que está cómoda en la situación que eligió.

Como si esto fuera poco, la gata ha tomado un hábito, destinado a llamar la atención de su nuevo dueño, porque no existe
otra explicación para su conducta: Entre la casa de Abelardo y la de al lado hay un patio techado, lo suficientemente al alcance de
la ventana de la sala como para no morir en el intento de lanzarse.

Una vez por semana la gata salta al techo del patio y comienza a maullar lastimeramente, sin parar, hasta que Abelardo le
lanza una cesta atada a una cuerda. Ella se sube, con mucho estilo, y se deja aupar.

La primera vez que sucedió, los vecinos corrieron asustados, la pobre gatita atrapada en ese altillo era el centro de la
atención; su dueño acudió desesperado a auxiliarla, ella colaboró con la inteligencia que tienen los de su especie… Pero a estas
alturas, como la doncella ha tomado el gusto a ser rescatada por su noble caballero, si él no se percata de los maullidos, alguien
debe tocar a su puerta y advertirle que es hora de buscar la cesta.

El público, que inicialmente se agolpaba en la escalera, ha ido mermando. ¿Comprenderá ella que es hora de cambiar de
número, o nos tendrá contemplando su rescate hasta el cansancio?


*De Marié Rojas Tamayo.
La Habana. Cuba






CAE EN LOS BRAZOS DEL COLOR COMO UNA FLOR VENCIDA...





BUFFON Y LOS OTROS*


Buffón, negro como la noche, con enormes ojos fijos que no cambian, que registran todo como el disco duro de una computadora, Buffón con la belleza salvaje de la selva, vive parte de su tiempo conocido por los humanos en la casa de Marcos, sea la casa de la madre de Marcos o en la casa de Diego cuando Marcos se lo deja como un recuerdo de sí mismo. Siente distintas atmósferas en cada casa que nadie percibe. El se desliza suavemente, ojos fijos de pantera encerrada en un pequeño apartamento francés. Se regodea con los almohadones de seda rústica del sofá de Diego, los usa para su bienestar hasta que siente el grito de que se le ha descubierto.

En casa de la madre de Marcos, que decidió un día reconocer sólo a su hijo y a Buffón en su mundo en el cual todo los demás se envuelve en un desvaído y desinteresado quién es Ud…. qué curioso, no lo recuerdo..… Maravillosa memoria selectiva que le permite separarse de todo lo que no entiende o decide no aceptar. Allí Buffon observa sus homenajes sin cambiar de expresión, burlándose por dentro. Pero disfrutando sus privilegios y la exclusión que sufren los demás.

Con Marcos se comporta sabiamente, sin abusar demasiado, porque lo reconoce como su dueño en este período. Lo contempla para tratar de comprender que los atrajo mutuamente. Cuando Marcos lo amonesta, el lo acepta con cierta sorna, sabiendo que después podrá vengarse en casa de Diego sin consecuencias mayores.

Tiene sus momentos de ira. Cuando Diego recibe a otra gente que él no conoce, decide que los otros lo abruman y sale repentinamente como una figura de tinta, corre hacia la noche que ve a través de una ventana para sumergirse en lo oscuro.

Pero la ventana está cerrada. Frustración que ya no se traduce en maullidos sino en secreto furor que lo lleva a esconderse de los que lo invaden, detrás del espejo del baño, separación virtual donde estableció su otro mundo. El mundo de los diferentes. Cuando decide salir, porque los extraños partieron, hace primero una parada delante del espejo. Allí está el otro, el que lo mira. Se contemplan largamente, Buffón contra Buffón, con sus ojos duros llenos de ansias de otros lugares que recuerdan.
 Se separa lentamente abandonando al otro y sale del baño con sus pisadas blandas, algodonosas, elegante y negro, lleno de preguntas que no tendrán respuesta en ninguna de sus casas, la de Diego, la de Marcos, la de la mujer que se aisló de los demás para ocultar sus sospechas, solo en el pretil de la ventana mirando la noche, ojos amarillos interrogando.




*De Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy
- LOS DIFERENTES. BUFFON Y LOS OTROS








Arbolada*



Desde mi arbol auténtico
el llamador es un colgante
en el armario abierto
por el lado del muelle

Toda esta revolución
se hamaca en la silla
como una muñeca
sentada sobre el vaivén de la mente

Mi boca, un volquete azul
Mi lengua, un brazo apuntando en dirección al desnudo de su cama

¿hay alguna otra manera de sentir la voluntad del corazón
que abrirle una copa para que él me beba?

He puesto mi deseo en el ojo de una vela
el día en que una ciruela
coronaba el festejo
del inicio de las cuatro estaciones

He visto un espejo en una taza llena de té
el día que sumergí mis labios
para oir el aroma a menta

He abierto el músculo de mi camiseta
porque mi agua dulce ama a los peces
y él lo sabe

Ya sé que sus ojos son tan profundos
que siento la noche llevando sus manos hacia las mías
cuando las puertas zumban
para contarme el descuido de sus zapatos

Ya se que su hombro tiene la forma de un almohadón
donde poner a descansar al mundo
del vino sin nombre
y de los pecados sin mandalas

Mi lápiz es creer
en la intención de seis cenas
construidas sobre la cara limpia
del reloj

Sobre la hoja de un viernes
donde el jazz
canta el enlace de las carreteras

Sobre la hora en que la apertura de las jaulas
se manifiesta con el estruendo de la nieve
cuando cae sincera
sobre nuestros pies sin candados.


*De Marcela Lokdos.  lokdos1@yahoo.com.ar








Tembladerales*



*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com



Hay gente a la que le ocurre todo el tiempo: tiembla cuando hace calor. Cuando no hay qué respirar o lo que se respira es un aire salado como las lágrimas que brotan y salpican las hojas de un libro. Entonces, temblando de calor se lleva el cigarrillo a los labios y espera que el hombre que está cerca se lo encienda. Agradece con un movimiento breve de cabeza que no es tal, porque en verdad tiembla. Luego vuelve a las páginas del libro y con un gesto rosado coloca la mano sobre la falda en forma de camelia.



*


Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: ante el color rojo, tiembla. Reserva su existencia como diástole y su inexistencia como sístole. Cae en los brazos del color como una flor vencida, como un mínimo ser que no olvida sus cataclismos. La verdad no es esta que digo, la verdad es el temblor y el cataclismo que finalmente queda en el cuerpo como algo razonable, cuando en verdad es una cosa enloquecida.


*


Hay gente a la que le ocurre todo el tiempo. Tiembla en los autos ajenos. En el auto propio no tiembla porque ya no tiene auto propio. Hay gente a la que el auto ajeno la causa claustrofobia. Prefiere el transporte público que se detiene en todas las esquinas y se llena de rumores. Los autos ajenos le resultan pequeñas cárceles en las que luego hay que agradecer al carcelario que la deja en la propia casa, al tiempo que el carcelario estaciona el auto, baja a beber café, y la gente tiembla, tiembla, tiembla porque la última vez que tuvo un auto propio, el carcelero vivía en la propia casa y dormía en la propia cama, y miraba con esos ojos duros y la gente se sentía un espanto, entonces sobrevenían temblores de la más oscura especie, desde la médula espinal provenían, desde el fémur, desde el omóplato, desde la nuca. Temblores de esternón y de hígado. Y la gente que ha temblado desde el hígado no distingue bien un auto ajeno del auto propio. A la sazón, hace las cosas mal con sus temblores. Por eso anda en transporte público. Para no confundirse.


*


Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: tiembla a las once de la mañana cuando una mujer le guiña el ojo. Temblando pasa de largo, cruza la calle, agita sus cuidados como una negligencia, ignora el vello de su pubis, ignora el quejido que nace del esternón, pero la mente sigue con la mujer que le guiñó el ojo. Hay gente que espera a que venga la noche para que le borre de la memoria el temblor del ojo, pero cada frase que dice se prolonga como un río sin palabras que desemboca en medio de su pecho que lo mira fijamente.


*


Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: tiembla cuando mete la mano por debajo de la blusa y siente el corazón bordado de nervaduras. Entonces cierra postigos, cortinas, puertas, cierra boca, alma, piernas. Anuncia con un suspiro el movimiento eréctil de los músculos. El ojo espejado lame el tornasol de la penumbra que se mete en los repliegues de la noche, cuatro, piernas, calambres, poses, lluvias. Hay gente que desaparece durante semanas en los repliegues de la noche, poses, piernas, cuatro, lluvias, calambres, lengua.


*

Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: tiembla cuando lee a Bolaño. Gente enamorada de las palabras. Gente para quien las palabras han sido sus únicos amores. Si no fuera por esa horrible manía de existir entre una cosa y otra, hay gente que se hubiera pasado la vida en una habitación llena de ecos, sin más que hacer que escuchar palabras y adormecerse en los brazos de Bolaño.


*


Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: cuando le sonríen, tiembla. Lleva un vestido de lavandas y azucenas, debajo del vestido lleva elásticos de seda y lleva encajes, debajo de los elásticos, dos lavandas y una azucena. Hay gente a la que le pasa todo el tiempo: camina por la costanera y cuando le sonríen tiembla con el vestido de lavandas y azucenas, tiembla hasta las lavandas, hasta el encaje, y lleva a su azucena al cine, la sienta en la butaca, la hace participar en sus alegrías y le promete que luego la llevará a comer. Después del cine, hay gente que se va a comer con su azucena y hablan toda la noche, cada cual con sus labios, cada cual con su temblor de lavanda y seda.



*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-36075-2012-10-20.html








MUJER QUE BUSCA AMANTE*

( Inédito para Inventiva Social)



"La poesía no quiere adeptos, quiere amantes."
FEDERICO GARCIA LORCA



Te he buscado  más allá de aquella piel oscura de una noche.
Como esa sola vez que la encontró: virgen temblorosa y pálida.
Soledosa virgen de los dolores.
Y se que he de tenerte porque eres hija del dolor, del amor, de la duda.
Del deseo, ah, del deseo del Hombre.
Y si la niña, pese a toda la indiferencia del mundo vio la luz.
Porque no has de ser tu, la que alumbre el hueco de mis manos.


Alguna vez, en la noche.
Alguien o algo, me despierta. Un oleada de fuego, una dolencia.
Y creo que has llegado  y siento el “arrebol de la paloma”
Y el espejo en cambio me devuelve, un rostro polvoriento.
Y rostros y mas rostros muertos y me digo para que.
Para que han llegado, quien allí los ha puesto, tan serios y tan quietos.


Otra vez siento un resuello de potros en mi nuca.
Y creo que han parido las yeguas. Y hay pasiones que desbordan
Rebasan el deseo y no hay límites, ni puertas, ni cancelas
Y me muerdo la boca ahogando palabras abortadas.
Y solo encuentro esta feroz costumbre. Este hastío.
Un desencuentro, un miedo conocido.


Alguna noche, aun dormida,  descansas en el hueco tibio de mis pechos.
Y luego, maldiciones de heladas madrugadas.
Y este hartazgo, este soñar despierta.
Esta sensación de vuelos que huyen de la muerte.
Y se que quizás ya no vengas, si, la duda, el amor, el dolor.
Esta certeza, mi única verdad.
Mi única verdad esta certeza.
No te encontrado… o no me has buscado, poesía.



*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar








PERFUMADA NOCHE*


( A mi tía Haydée, para que nunca se muera )



*de Haroldo Conti.


La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas. Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de ese hombre es una luz deslumbrante. El señor Pelice tuvo ese minuto y esa luz. Pocos lo recuerdan en este pueblo. Algunos, los más concisos, piensan que murió realmente de vejeces. La muerte es según, como la vida. Es otra vida, justo, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, nada absoluto, ninguna cosa extravagante porque también es de ser, aunque en artículo mortis. De modo que el señor Pelice sigue siendo todavía. La muerte, ya que viene al caso, es suceso chiquito, desdibujo, entreluces. Este pueblo no fue así desde el comienzo, como uno imagina. En su momento fue pueblo niño. Antes no estaba el molino de Rodríguez ni la fábrica de fideos de Basile era como es ahora con un alto letrero encendido en la punta, sino de madera bien seca y engrasada, es decir, lista para encenderse en cualquier momento como finalmente sucedió bien solemne y entonces, después, sobre las cenizas vino esta otra, de fuerte cemento y letrero penachudo, ni estaba siquiera esta estatua de San Martín que cabalga sereno entre las copas de los árboles, ni el blanco palacio de la Municipalidad tan gobernante, ni aun la avenida Alsina de cemento liso embanderada de letreros a los costados. Esto es, hay otro pueblo por debajo de éste, y otro y otro más con tapialitos amarillos de sol y callecitas de tierra. Y por una de esas callecitas ahí viene el señor Pelice con sus botines de becerro, su traje de gabardina negra y su panamá copudo, a los pasitos, muy de cuerpo presente. Viene. Y ése fue el minuto y la luz del señor Pelice. Porque no va que ve por primera vez a la señorita Haydée Lombardi en la puerta de su casa, en la calle Saavedra, al lado de la confitería "Renacimiento" , que está en la esquina de Pueyrredón y Saavedra, aquella opulenta casa con un tejado a la Mansard con espiga, tragaluces, cresta, veleta, buharda y chimenea, que se ennegrecía al atardecer y boyaba como un barco en el alto cielo y ella allí, en la puerta, para siempre desde ahora, blanca y frágil y perfumada, figurín, Haydée Lombardi, para sueño y música. Al señor Pelice le hizo un ruido el corazón y la amó desde ese mismo momento. Jamás cruzaron palabra pero él desde entonces se quitaba puntualmente el panamá frente a aquella puerta a las seis de la tarde en invierno y a las ocho en verano, y ella inclinaba apenas la cabeza y casi sonreía. Para el señor Pelice fue el momento más brillante de su vida lo cual es bastante textual porque, como se sabe, el señor Pelice era el cohetero más reputado de la zona. ¿Quién no recuerda, eso sí, las cascadas, abanicos, glorias y soles fijos que hacía estallar para la fiesta de San Donato, por ejemplo, aparte de las consonantes bombas de estruendo que reventaba en procesiones y remates y que se oían hasta Irala o Cucha-Cucha, según soplase el viento, y era el propio mundo que saltaba en pedazos? Aquel año del encuentro engendró para la fiesta de San Isidro Labrador, de este pueblo protector, sus famosas piezas pírricas de formidable combustión. Las piezas pírricas mediante fuegos fijos, esto es, que hacen su efecto sin dar vueltas, según se conocían hasta entonces, eran fáciles de prender mediante el simple recurso de mechas de comunicación. El maestro Pelice, en cambio, que era un verdadero artista creativo, prosiguiendo y mejorando los fogosos estudios del maestro Ruggieri, perfeccionó in extenso los fuegos pírricos alternando piezas fijas con piezas giratorias, lo cual es de suma perfección si se tiene en cuenta que el movimiento de rotación se opone per se a que se establezca la comunicación entre las piezas. El sutil rebusque se basaba en una fuerte broca colocada horizontalmente sobre un sólido poste de madera y que servía de eje a todas las piezas, de las más simples a las más complicadas, combinando en ajustada competencia de ingenio soles fijos, estrellas, glorias, patas de ganso, aspas de molino y las maravillosas espuelas de fuego de su exclusiva invención. Inspirado por la alada figura de la señorita Haydée, el señor Pelice llegó incluso a fabricar aquella atronadora pieza en espiral, compuesta de fuegos giratorios y de una hilera de lanzas que sube circularmente y forman, cuando la pieza gira, una espiral de fuego, de enorme pasmo y majestuoso incendio, que disparó para la noche del 9 de julio de 1935. Esa misma noche, en la casita que habitaba en las afueras del pueblo sobre el camino de tierra a las Aguas Corrientes, después de encender cuantas velas y lámparas tenía y distribuirlas por toda la casa y aun en el jardín, el señor Pelice se estableció frente a su escritorio de persiana y tras suspirar largamente mientras se rascaba la cabeza con una lapicera de pluma de pavo escribió con su hermosa letra bastarda de curvas rotundas y el sesgo conexivo de 30º, como se prescribe, la misma con la que copiaba las fórmulas del maestro julio Rossignon, autor del Nuevo Manual del Cohetero y Polvorista editado por la librería de la Vda. de Ch. Bouret, su primera carta a la señorita Haydée, inspirada libremente en el Corresponsal del Amor, Estilo Moderno de Cartas Emotivas y Pasionales. Como, según las apariencias, sobrepasaba en varios años a la señorita le pareció atinente utilizar como modelo la carta de un viudo pidiendo relaciones a una soltera, aunque él, con propiedad, no fuese viudo de mujer sino más bien viudo de costumbre.
Releyó un par de veces la carta a la luz de la lámpara de aceite de tubo alto y luz espesa, que era su preferida y que cuando se adormecía lo despertaba con breves y susurrantes chisporroteos de la mecha, como si chamuyara. La plegó con cuidado, la besó ladeando sus bigotes de manubrio y la metió en un sobre perfumado. A esta carta nocturna siguieron otras muchas, puntualmente una por semana, pero el señor Pelice no llegó a despachar ninguna. Prefería rellenar con ellas las bombas de estruendo, que ahora sonaban un poco más apagadas o huecas, aunque sólo él lo notase, y desparramarlas en mil pedacitos sobre los techos del pueblo. Algunos de esos pedacitos cayeron en el patio de canteros elevados de la casa de la señorita Haydée Lombardi, aunque lamentablemente el día de la carrera de las Doce a Bragado, cuando disparó una bomba para la largada, un papel chamuscadoque decía "Mi adorada Haydée" cayó con tan mala leche que fue a dar en el patio de la señora Haydée Bonsignore y más precisamente casi a los pies del señor Bonsignore, que tenía la sangre caliente, y se armó una podrida de calendario.
El señor Pelice seguía transcurriendo exacto, puntual todas las tardes por frente a la casa de la calle Saavedra y allí estaba siempre la señorita de visu, cada día más blanca y leve, casi transparente.
La señorita Haydée Lombardi murió de tabardillo el 8 de mayo de 1946. El señor Pelice redactó esa noche la única carta que en todos esos años remitió por correo. "Mi estimada señorita: en momentos tan especiales deseo expresarle a usted mi invariable afecto y la seguridad de mi perdurable compañia en esa otra vida de tránsito que ha iniciado usted y que me impongo yo en este mismo momento. Su leal servidor P." El señor Pelice echó la carta al día siguiente y no volvió a salir de la casa por el resto de sus días. Solamente lo hacía cada 8 de mes, por la tardecita, para depositar un sobre perfumado en el nicho de la señorita que luego se llevaba el viento o algún curioso o bien lo chamuscaba y descoloría el tiempo. Coincidió que para entonces los festejos de estruendo fueron cayendo en desuso y se convocaba a remate por edicto judicial. Al tiempo, los vecinos lo dieron por muerto o simplemente lo olvidaron. Ya estaba el asfalto, se habían construido varios molinos, el Expreso Rojas llegaba hasta Buenos Aires y sobre el pueblo de tapiales amarillos había surgido otro pueblo. La casa de la calle Saavedra se convirtió en un local de compra y venta de propiedades.
A todo esto el señor Pelice envejecía suavemente detrás del último tapial como un fuego que se apaga con lentitud. Al caer la noche encendía todas las velas y las lámparas y daba de comer a unos pececitos de colores que criaba en un acuario y que eran su única y silenciosa compañía. Tenía una colisa labiosa, dos ángeles que parecían dos pajaritos rígidos, un betta splendens, un labeo bicolor, un telescopio renegrido de ojos saltones que semejaba un gato, una ninfa, un cometa y dos besadores chatos y blancos que colgaban del agua como dos papelitos. La luz del atardecer penetraba por la puerta-ventana que daba al jardín y revestía el cuarto de una claridad dorada que encendía pálidamente la pecera. Los pececitos flotaban en el agua dorada como suaves pájaros de lento vuelo, desplazándose majestuosamente entre las ramitas de elodea o de helecho japonés. El señor Pelice inclinaba su cabeza encanecida sobre los vidrios y sus pensamientos se desplazaban tan lentos y suaves como aquellos pececitos ánimas. Detrás del tapial amarillo que con las sombras se cubría de caracoles, el señor Pelice se hinchaba y arrugaba un poco más cada año. Ahora podía salir y pasar entre los vecinos sin ser reconocido. El pueblo seguía progresivo, casi capital. Altas luces de mercurio alumbraban las calles avenidas, el asfalto había llegado hasta la calle Magallanes, en las afueras, había dos semáforos en el centro que saltaban bonitamente del verde al rojo y a la viceversa y de los que don Pelice no entendió muy bien su significancia, aunque imaginó que eran tramoyas de estación. La iglesia de San Isidro, tan altiva, tan de lejos visible apuntando al cielo entre los árboles sobre los buenos campos, había sido vaciada por dentro, ya no consistía aquel brillante altar con columnas al pan de oro y la santa imagen, muy carnal de su contexto, de Santa María bendita, todo color y vestes y brillos y ojos de vidrio y el niño desnudo, barrigoncito, sino que ahora era una especie de agudo galpón blanqueado, con una mesada en alto. Quedan de los otros tiempos, y por allí la reconoció, los grandes ventanales con vidrios a franjas blancas y violáceas que según la disposición del sol azulaban a cierta hora el aire, las gentes, las imágenes de bulto, en cuya luz vio una mañana sobreandar,  flotante, a la señorita Haydée con un tul que le velaba el rostro y de cuyos entrepaños florecían ambas manos como de cera. Nada de eso prevalecía ya. El mismo no era el Pelice de entonces pues nadie se volvió a reconocerlo cuando avanzó por el medio de la nave con el panamá en la mano haciendo crujir los resecos botines de becerro. De regreso pasó por la calle Saavedra y hundidaentre dos vidrieras que resplandecían descubrió trabajosamente la negra silueta de la casa con un afrentoso letrero sobre la puerta. Haciendo visera con la mano, sus ojos repasaron el imbatible tejado a la Mansard que se recortaba contra el resplandor de las luces de mercurio. Esa noche escribió una larga carta a la señorita Haydée dándole cuenta de los adelantos habidos y de las altas y frías luces que hubiesen quitado brillo aun a las cascadas de cuatro brazos, de once metros de alto con 20, 16, 12 y 8 cartuchos detonantes respectivamente más otros 4 en el extremo superior del palo que construyó para el sesquicentenario y que fue su más colosal de facto.
Ahora es noviembre. En la profunda noche perfumada al señor Pelice, ya decididamente viejo y por lo tanto insomne, le cuesta una barbaridad conciliar el sueño. Casi no duerme. Se aquieta sobre el catre y hacia el amanecer se adormece un poco. En esas largas horas divaga por el jardín con la lámpara de aceite en la mano o se echa en una mecedora e impulsada por el aire dulzón que despide el ligustro humedecido por el rocío, su cabeza se vuela como un globo o una pajarita de papel que planea sobre el viejo pueblo con los tapialitos amarillos y las calles de tierra y tanta cosa que se desapareció u ocultó, no visible a prima facie, que eso es la muerte, olvido, oscuridades, suma y suma, tiempo y tiempo, distancia inmóvil.
En la madrugada acercó la lámpara a la pecera y comprobó ya sin dolor que el pez telescopio, ese lento pajarito renegrido que lo observaba con sus grandes ojos saltones a través del cristal y con el que casi había llegado a entenderse, de un mundo a otro, pez-hombre, pez-pez, flotaba inerte en uno de los rincones. Al principio, cuando instaló la pecera, eran doce movedizos pececitos pero, iletrado en aguas, el exceso de comida o alteraciones en la temperatura o defectos en la aireación y filtración redujeron el lote rápidamente. La primera muerte fue una catástrofe. El señor Pelice extrajo el cuerpecito finado, una vez que comprobó en forma absoluta que no se movía ni aun empujándolo con un dedo, con la redecilla de tul y lo depositó sobre una hoja de hortensia en el medio del escritorio y lo veló algunas horas con la lámpara de aceite. Con una cuchara cavó un hoyo al pie de una magnolia foscata y enterró allí al pececito. No se había aún recuperado de aquella sensible pérdida cuando murió un macropodus opercularis que comenzó boqueando en la superficie y luego se acurrucó en un rincón con el vientre hinchado. Lo sepultó al pie del ciruelo de jardín de aladas hojas marrones. Así fueron muriendo uno tras otro y el viejo enterrándolos al pie de esta planta, aquella. Al telescopio lo plantó junto a su arbolito más querido, un jazmin japonés de flores carnosas que reventaban justamente para fines de noviembre y se removían en la noche como avecitas blancas bombeando intensas ondas perfumadas que traspasaban la oscuridad hasta el catre o la mecedora del señor Pelice, que ya prácticamente no duerme. A ratos lee, a ratos escribe pero sobre todo piensa. Eso es la vejez seguramente, una desvelada memoria. Por lo general reconstruye el pueblo desde su infancia mezclando o, mejor dicho, combinando los tiempos, las personas. Desfilan contra un mismo tapial o por la penumbra amarilla del cuarto el padre Doglia, previniéndolo en cocoliche sobre las tentaciones de este mundo mientras se pone y se quita el bonete francés, nervioso con la presencia del demonio a quien imagina una especie de comisario de la provincia con el uniforme colorado, el viejo Ponce, que habla solo, Bimbo Marsiletti que agita los brazos frente a una banda invisible, Oreste Provenzano que levanta una ristra de billetes de lotería o los tanos Minervino, Visiconti y Ciminelli que pasan tocando la gaita en fila india igual que en la procesión de la Virgen del Carmen.
Desde que se marchó la señorita Haydée ha tomado por costumbre colgar un farol de viento en medio del jardín. El viento lo agita y remueve las densas sombras que cambian pesadamente de lugar. Su luz anaranjada semeja la lechosa claridad de la pecera. Y en esa luz submarina ve brotar en la punta de una ramita al macropodus opercularis o a labeo bicolor o al scatophagus argus o a los puntius arulius que murieron a dúo. Se agitan como flores o pajaritos o caireles, casi transparentes, muy navegantes. Esta noche de noviembre florecerá sin duda el telescopio, pez pajarito de negros velos, en la cresta del jazmín japonés.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, el señor Pelice escuchó desde el catre el volteo de las campanas que convocaban a la misa solemne de primera comunión con la lámpara de aceite todavía encendida a un lado, sobre la silla. Pensó en la virgen de cemento que erigieron las Hijas de María en el atrio de la iglesia y que viera la última vez con el rostro y las manos de color carne y las hileras de chicos con brazaletes y túnicas que atravesaban la plaza y estarían ingresando en este mismo momento por la puerta puntiaguda a través de la cual se alcanzaba a ver el altar colmado de luces. Pero su hinchado cuerpo no obedeció al impulso. Tenía los brazos adormecidos y las piernas envaradas. Recién a la tardecita, arrastrándose por el piso, pudo dar de comer a los pececitos. Angelita Alori, que venía dos veces por semana a asear la casa, lo encontró al día siguiente tumbado en el piso de ladrillos y lo acomodó en el catre para finales. Como por otro item padecía el mal de orina, Angelita le preparó un cocido a base de raíz de rábano con una mata de perejil y un puñado de hojas de berro, endulzando el conjunto con azúcar de cande. Se abreva una copa para extraer la orina y los humores que vienen de acompañamiento, aconsejándose un Pater para refuerzo. El señor Pelice mejoró de la orina pero total que era casi lo mismo pues no podía transportarse para expulsarla, debiendo ayudar al efecto la Angelita con la vista vuelta hacia otra parte. El 8 de enero puntual, el señor Pelice emprendió su tránsito con el traje de gabardina, el sombrero panamá y los botines de becerro a la hora justa en que los pececitos se brotaban en las ramas. Según la Angelita, que depuso para constancia, hizo una buena muerte, al natural, y fue enterrado de oficio, sin luto ni comparsa, en la mera tierra.
Ahora bien, y a propósito del señor Pelice que pasó, pregunto: ¿cuál es, cuál el verdadero pueblo de la ciudad de Chacabuco, cuál rige? Este de ahora encumbrado en adelantos o aquel otro de los tapialcitos amarillos y las calles de tierra, cuando el camión de riego asentaba el polvo al atardecer y todo era más viejo y simple pero más dulce, y bastaba con estirar el cogote para ver al fondo de la calle las primeras quintas y que por la calle Saavedra en este momento se acerca gravemente el señor Pelice, se detiene frente a la casa de los Lombardi, ya medio en sombras, se quita el panamá y saluda a la señorita Haydée que dice por primera vez con su voz de pajarito:
-¿Habrá calor este año, no cree usted?
-El sol está fuerte para noviembre -responde per oblicua el señor Pelice.
-¡Hermoso atardecer!
-Sopla algo de viento, por suerte.
-¿Hacia dónde va usted tan incontinenti?
-Al prado -improvisa temerario el señor Pelice.
-Muy buena idea. ¡Me gustaría mucho ir hasta ahí! -canturrea la señorita.
El señor Pelice le ofrece el brazo y la señorita Haydée con una risita se aparta de la puerta y enlaza el brazo del maestro cohetero. Las dos figuras se alejan entre tapiales amarillos y penachos de sombras rumbo al Prado Español mientras sobre el pueblo desciende la perfumada noche.



*de Haroldo Conti.
-LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA -tomoI- Biblioteca Página/12 nº20
-Enviado para compartir por Sonia Arismendi. soniaris@adinet.com.uy






Piedra negra*
      


 A veces se descorre
la luz cae a raudales
     o se cuela en pedacitos
La mujer no sabe
qué azar la pone
del lado de la sombra
o de la vida.


*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com





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Juan Carlos Cena (*)
presenta su nuevo libro


FERROCARRILES
                 ARGENTINOS

DESTRUCCIÓN/
          RECUPERACIÓN


Viernes 2 de noviembre - 18 hs


en la Estación del FFCC Provincial, CC Meridiano V.
17 y 71 , La Plata.


Acompañan al autor:

Centro Cultural Meridiano V
Los Okupas de Andén


(*) sus libros anteriores: Memorias de un Ferroviario; El Cordobazo, una Rebelión Popular; El Guardapalabras; El Ferrocidio;
Crónicas del Terraplen; Sinfonía de Acero y Lucha.





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Inventren Próximas estaciones:


BAUDRIX
-Por Ferrocarril Midland-


BLAS DURAÑONA.
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
http://inventren.blogspot.com/


Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.


-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:


  EMITA.  INDACOCHEA.  LA RICA.

SAN SEBASTIÁN.  J.J. ALMEYRA.  INGENIERO WILLIAMS.

GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.

PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.

KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.

LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI. 

KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.

 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.  

PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:


 LUCAS MONTEVERDE.   EMILIANO REYNOSO.

SALADILLO NORTE.   GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.

JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.

JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.

FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.

ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.

D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.

  ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.

ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.


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