Sunday, August 03, 2014

EL LUGAR ENCALLADO EN EL PECHO...




*Obra de Walkala. Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010).
-En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL VALLE DE LOS LIRIOS*
 
 
La conocí en un orfanato, acaso en un hospicio.
Un sepulcro inconcluso. Arenas movedizas.
Un serpentario. Un prostíbulo. Una iglesia.
Musitó serenamente, en voz azur, silente.
Susurró  de ausencia y  niños disecados.
De la soledad del gusano, padre nuestro.
Me habló quedamente. Al oído.
Me subyugó, al instante. Como en aquel enero.
 
Yo contesté llorando:
Ven, amada, embriágame la boca.
Pon en ella el color de los lirios.
Hunde mis ojos en tus oquedades.
Apriétame. Amárrame. Agriétame.
No dejes que me escape, soy la mujer de Loth.
Ya todos han partido. Las madreselvas negras.
Los perros flacos, los azules potros.
Han huido las aldeas despobladas de peces.
Ven, no ceses, degüéllame los fresnos.
Márcame con tus dientes, dulcemente.
 
Estoy cansada amor. De bocas agrias.
De dardos pestilentes. De hospitales.
De la morfina y de  drogas de oro.
Llévame a la tierra de cipreses.
Todo lo que se me ha legado lo he cumplido.
La norma, la ley, la regla y  los relojes.
He mamado de los pechos de la loba.
He besado con ardor, los labios helados del Bautista.
He bebido cicuta y miel con Judas.
Barrabas ha yacido en mi lecho.
 
He buscado, agua, solo agua.
En los parapetos de mi sangre.
En pilas bautismales. En artesas.
Y no hay dioses, ni demonios, ni ángeles caídos.
Hasta el Río de Heráclito está frígido.
Tampoco está la niña, ni las trenzas, ni pechos desangrados.
Ni líneas circulares. Ni el semen de los soles negros.
 
No, no te detenga mi humana, mi vulgar tristeza.
Ven amada, bésame en la boca.
Pon en ella el valle de los lirios.
De los lirios, el valle.
 
 
*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL LUGAR ENCALLADO EN EL PECHO…
 
 
 
 
 
 
 
También el mar*
 
 
 
También el mar empuja dócilmente
antiquísimos mundos diminutos,
de noche, cuando el sueño
atraviesa los muros, profanando
las sílabas errantes de los cuentos.
 
Es, entonces, la luna, burladero,
refugio de las hadas y los ogros
que en consorcio planean sin rubores
la ruptura del viejo pergamino.
 
En otro lugar duermen
su sueño sin sonidos ni esperanza
los héroes del pasado
en un tálamo de cruces, vómitos y olvido.
 
Antiguos mensajeros, mientras tanto,
se despojan del tedio acumulado
y vierten sobre el agua y en el viento
viejas plagas, del tiempo rescatadas.
 
La iniquidad ensombrece el firmamento.
Bandadas subterráneas afloran como fuentes
emponzoñando ríos y acuarelas.
Flores de plástico y metal se adueñan de los bosques
y un rapsoda es lapidado por castores
bajo una luz violácea que desdibuja el orbe.
 
La razón nos confiesa que todo está perdido.
 
Pero el pequeño ladronzuelo
ataviado con la sangre de sus muertos
y el barro primordial que le sustenta,
ha conseguido hacerse con la llave
que conduce a la aurora o al destierro.
 
 
 
*Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
-De Extrañamientos y rescates.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LILÍ*
 
 
 
A mí la Lilí me gustaba desde que éramos chiquitos y un día se lo dije pero ella me contestó que no porque el padre la molestaba. Yo había entendido que se fastidiaba si tenía novio porque era muy chica y que por eso no podía salir para ninguna parte conmigo y por un tiempo prudencial, no le dije más pero después, cuando se le empezaron a notar las tetitas debajo de la camisa, me pareció que ya estaba grande y se lo volví a decir.
Se le llenaron los ojos de lágrimas y me gritó que el padre era celoso y que no la quería ver con nadie y que dejara de hablar pavadas de una vez por todas y ahí es donde yo empecé a darme cuenta, porque bobo no soy, de que algo raro pasaba y una tarde que estaba toda linda, en la puerta de la casa, casi una señorita, le dije que me explicara bien que no entendía lo que había querido decir y me preguntó si era tonto o qué y que no la martirizara más.
Quedé desolado y dando vueltas las palabras por la cabeza, pensaba y pensaba y no le daba en la tecla ni loco. La Lilí me quería, de eso estaba seguro porque un día, sin que viera nadie, en el barco que dejaron al lado del ferrocarril, me dio un beso y yo nunca olvidé ese beso y me enamoré y me prometí que me iba a casar con ella, como Dios manda. Se lo dije y todo pero la Lili no aceptó- no puedo- me dijo y se fue corriendo.
Para ese entonces nosotros vivíamos en los terrenos expropiados, detrás de la estación, al lado, no sé cómo, había un barco abandonado, junto a las vías. Parecía un fantasma y un día le susurré al oído si quería que le mostrara el fantasma y ella se mató de la risa. Yo no creo en los fantasmas- dijo. Cuando el padre se descuidó, escapamos de la mano y le enseñé el barco y ahí es donde me dio el beso, de agradecimiento porque nunca había visto un barco y los barcos andan por la mar y no por las vías y vaya a saber cómo llegó a ese lugar.
Cuando subimos, el sol se filtraba entre las grietas y el óxido y las sombras producían claroscuros atemorizantes .Había un cartel que advertía del peligro - Prohibido subir- decía pero nosotros desafiamos al miedo y nos trepamos por una escalerita de sogas, medio podridas que colgaba a un lado. No se rompió ¿qué se iba a romper si la Lili tenía las patitas más flacas que la soga?
Fuimos varias veces, cuando nos casemos vamos a escondernos acá, prometí pero yo nunca la toqué, lo juro y lo recontra juro, sin embargo la Lili, quedó embarazada y dejó el colegio y no la volví a ver.
Lloré a más no poder. Los pocos que dijeron algo cuando pregunté, fue que se había ido en el tren porque era una desorejada y que nadie supo más de ella.
La busqué, la sigo buscando y la espero, tal vez, una tarde de estas, regrese.
 
 
 
*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
Villa Gesell
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Villtur.*
 
 
 
*De María Sotomayor.
 
 
 
Aprendo los gestos de los relojes
mientras nacemos de una cajita de música
también la madera y su estructura de bailarina
danzan la frágil cura de nana en la habitación
 
las ciudades conocen la podredumbre del párpado sucio
pero afuera de las manchas de los tejados
hay cuatro manos creciendo del codo
y los dedos no niegan su voz de líquido escrupuloso
 
paso las noches con el pecho aplastado de ballenas
nadando en el color que acaricia la ternura de la pared
y mis ojos con restos de día no dejan de mirar
los últimos barcos rojos aferrarse a la nieve
 
o a la arena mojada del estómago
 
más allá de las mareas alguien sopla la hoja del cuchillo
el corte exacto en la mandíbula de la roca
para dormir exacto en el último mordisco de azul
 
y no es la persiana golpeando la ventana
 
es el ruido de las raíces
abriendo el estruendo de las profundidades
el lugar encallado en el pecho
donde las sirenas empezaron a ser     los árboles del mar
o su condición de esqueleto salvaje hacia dentro.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Hijo de quién*
 
 
 
*Por Juan Forn.
 
 
Una parejita llega a las islas Seychelles. Es el año 1991. Todavía no explotaron los resorts, ni el turismo cinco estrellas, ni es un paraíso fiscal. Las Seychelles, como Mozambique, eran socialistas hasta la caída de la URSS, y acaban de abrir sus fronteras para que el turismo hormiga cubra al menos en parte la ayuda soviética que recibían hasta ayer. Las Seychelles son un puñado de islas minúsculas en el Océano Indico, al norte de Madagascar y las Mauricio. Se llega en avión a la más grande, y después se cruza en bote de una a otra, cortesía o changa de algún pescador. No hay casi hoteles en las islas en 1991. El plan original de la parejita era Madagascar, pero al presentarse a embarcar en el aeropuerto de Nairobi se enteran de que la península malgache está en cuarentena por una epidemia de cólera y que la única opción para no perder el pasaje es Seychelles. El es italiano, ella argentina, llamémosla Penélope, llevan apenas tres meses juntos, se conocieron en Marruecos y se confesaron la primera noche que el lugar que más querían conocer los dos en el mundo era Madagascar: bajo ese auspicio se desarrolló el romance, y cuando supieron que no habría Madagascar para ellos, se dejaron convencer y aterrizaron en Mahé, capital de Seychelles, con la ilusión aún entera.
En Mahé no consiguieron hospedaje, así que cruzaron a Praslin, la segunda isla, pero tampoco. Entonces ella se empezó a sentir mal, porque estaba embarazada de dos meses, y le dijo al italiano que cruzara él solo a la siguiente isla y viniera a buscarla después, mientras ella descansaba un poco a la sombra del único chiringuito de la playa de Praslin. El italiano partió en un bote, el bote lo dejó en un muelle y le dijeron que en un par de horas pasaría otro a recogerlo. La isla se podía recorrer entera caminando a pesar de la vegetación, pero tampoco había hospedaje. El italiano enderezaba para el muelle cuando se desató un diluvio tropical. No aparecía ningún bote y empezaba a hacerse de noche, así que el italiano volvió a recorrer la isla, que a oscuras y bajo la lluvia parecía más inhóspita todavía, y de pronto vio luz en una casa. Le había pasado delante cuando aún era de día y no llovía, y había visto otra exactamente igual en la primera isla, y otra en la segunda, siempre iguales, siempre diferentes a todas las demás, con su noble madera oscura y esa hermosa veranda que recorría todo el perímetro de la casa. En la primera isla le habían dicho que era la residencia presidencial y que había una en cada isla.
El italiano se acerca bajo la lluvia a la casa iluminada, golpea las manos, no hay respuesta, se aventura por los escalones a la veranda y ve, sentado en un enorme sillón de cáñamo, a un viejo en guayabera, que le señala un toallón. El italiano se seca, explica cómo llegó hasta ahí mientras en el fondo de su cabeza empieza a relacionar la cara agria del viejo con la omnipresente foto del presidente vitalicio en cada uno de los establecimientos públicos de las Seychelles que recorrió a lo largo del día, desde el aeropuerto hasta aquel chiringuito en la playa de Praslin donde dejó a Penélope. El italiano ve que no hay luz eléctrica, sólo velas. Después de secarse un poco, está pasando la toalla por las pertenencias de su mochila. Cuando el viejo lo ve secar un walkman, le pregunta si sirve para grabar. El italiano dice que sí. El viejo pregunta si tiene cintas. El italiano dice que sí. El viejo le dice que ese grabador puede ser su salvoconducto y pasa a explicarle que no fue la tormenta la causa del corte de energía: es un golpe de Estado. Las fuerzas amotinadas han de estar rastreando isla por isla las residencias presidenciales en su busca. La lluvia les concederá unas horas. El va a dejar su testamento político grabado en esos casetes y ésa será la garantía de supervivencia para el italiano, dice el viejo. Y con eso da por terminado su introito y empieza a hablar en su lengua al grabador. Y así se quedan los dos sentados frente a frente, uno en silencio y el otro perdido en su monólogo, hasta que amaina la lluvia y al rato oyen motores y voces y pasos atropellados, y de golpe tienen enfrente a un grupo de soldados armados, empapados de la cabeza a los pies y con los ojos rojos de ira.
El presidente vitalicio fue fusilado al amanecer. El italiano cayó en la volteada junto con los sirvientes de la casa. De nada sirvió que ofreciera desesperado, llorando a gritos, las cintas que tenía en sus manos. Las escucharon cuando ya era tarde. Al principio tampoco supieron qué hacer con Penélope. El nuevo gobierno necesitaba validación internacional, léase occidental, y la muerte de un ciudadano italiano no iba precisamente a estimularla, así que le explicaron a Penélope que había sido un desgraciado equívoco, que su novio era para ellos un mártir de la revolución, una revolución por otra parte pacífica, una revolución capitalista, no había nada que temer: ella y su futuro hijo tendrían todo lo que necesitaran en Seychelles. Pero lamentablemente no podían dejarla ir, no se podía ventilar internacionalmente lo que había pasado.
Cuatro años más tarde, por puro azar, llega otro argentino a las islas. Vino a una convención de empresarios de turismo, ése es su rubro en Buenos Aires. También es, por inverosímil que parezca, un viejo compañero del secundario de Penélope, su primer noviecito de la adolescencia. Caminando por la playa, al atardecer de su última jornada en la isla, el único momento libre en tres días, se topa con ella. Hace más de quince años que no se ven. Ella no lo puede creer, se pone a llorar y no para, le cuenta entre sollozos todo lo que he contado, lo lleva a ver a su hijito, le explica que están presos, que no les falta nada, pero que están cautivos en esa isla, sin documentos, sin derecho a salir. El le asegura que va a encargarse de todo y, asombrosamente hasta para él mismo, lo logra: la gente del congreso lo pone en contacto con las autoridades pertinentes y éstas le informan que Penélope puede partir con él cuando quiera. Las nuevas Seychelles son puro futuro, el gobierno es el primer interesado en dejar atrás los difusas horas iniciales de su mandato. Lo único que le piden es que, antes de irse, se case con Penny y acepte darle paternidad y apellido al hijo. No hay mucho tiempo para pensarlo. El único vuelo semanal, el que se lleva a la gente de la convención, sale a la mañana siguiente. El acepta sin pensarlo dos veces y corre a avisarle a Penélope. Ella llora de felicidad y empieza a hacer su equipaje. Los casan en el mismo aeropuerto, antes de subir al avión. Finalizado el trámite, le dan los documentos de Penélope y del hijo, con el apellido de él. Recién entonces él cae en la cuenta de que nadie ha dicho una palabra del italiano. De la manera más sutil que puede, le pregunta al funcionario que ha sido el portavoz del gobierno en toda la negociación. De qué italiano me habla, dice el funcionario. El le explica de qué italiano le habla. El funcionario lo mira perplejo y, después de una larga pausa, le informa que no había ningún italiano: según los registros oficiales, Penélope llegó sola a las Seychelles.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
METAMORFOSIS DEL DESEO*
 
 
 
 
El telón ha caído. Las falacias. Los sofismas.
-Ay amor mío quédate en mi-
Tucanes. Ciegos. Maniquíes.
Los espectros se llevan los aplausos.
Genuflexos. Títeres sin cabezas.
Tiresias separa las serpientes apareadas.
“¿Cual es la mejor manera de vivir?”
-Ay amor que fría está la noche-
Poco a poco se apagarán las luces.
Vendo y compro. Aúllame.
Huyen las calles. No saben donde van.
No saben donde nacen. Rosa o celeste.
-Dicen que lloverá, vamos a los pinares-
El desamor se disuelve en un vaso con agua.
Dios no confió en nosotros. Brámame.
Déjame la boca con sabor a sal.
-Ambigüedad es mi nombre y así me amas-
Soy lo que soy. Apasionadamente.
Metamorfosis del deseo. Vinagre y hiel.
Ambrosía. Néctar en tus huesos. Ciégame.
Hay hambruna. Quiero morder. Perra rabiosa, soy.
¿Cuál es la mejor manera de morir?
Cae el telón, otra y otra vez. Y los mitos
Las ficciones. Las fábulas.
Caracol. Tulipán. Flor de ceibo.
Dos y uno. Yo y vos. Vos y yo. Uno y dos.
 
 
 
*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
*
 
 
 
la luz se filtra entre los cuerpos
 
perturba la textura de otra piel
 
no invade
 
ensaya como el tacto que desea
 
apenas ser caricia
 
 
 
*De alejandra alma. almaalma3h@gmail.com
 
 
 
 
***
 
INVENTREN
Próximas estaciones literarias:
  
SALADILLO NORTE.
-Por Ferrocarril Provincial-
 
 
J.J. ALMEYRA. 
-Por Ferrocarril Midland-
 
-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar
 
 
Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.
 
-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:
 
 
INGENIERO WILLIAMS.
 
GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.
 
PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO.
 
KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
 
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
 
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
 
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
 
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 
VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 
PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.
 
 
 
-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:
 
 
 
GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS.
 
JOSE RAMÓN SOJO. 
 
ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
 
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
 
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
 
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
 
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 
D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
 
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
 
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.
 
 
 
 
 
 
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Para compartir escritos escribir a: inventivasocial@yahoo.com.ar
 




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