Sunday, July 27, 2008

ENTRE MI DESEO Y LA AUSENCIA...


Incertidumbre‏*



Cuando tus ojos
Tan claros e inmensos
Color del mar sereno
Se empañan de gris
No me gustan
Tu mirada empalagada
Por el humo
Desquiciada por el pasado
Me cohíbe
No son tus ojos
Ni tu nombre
Eclipsado en tinieblas
En derrotas de un
No se qué
Ni hasta cuando
Se pierden
En mi horizonte.-



*de Azul. azulaki@hotmail.com





ENTRE MI DESEO Y LA AUSENCIA...






ALGO SOBRE LA TRAMA*



Según el Diccionario de la RAE, "Trama es un conjunto de hilos que cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela".
En la literatura, la "trama" es una metáfora que caracteriza a la ficción, cualquiera sea su género.
El narrador no es el autor sino una voz que narra, es quien enuncia, desde la ficción misma ese relato.
Entonces si yo desplazo la letra, si la voy extendiendo sobre el papel en una rugosidad extrema, allí hago estallar su colorido, su botoncito opaco, su expansión de red que cubre el intersticio entre mi deseo y la ausencia.
Cuando yo escribo, pongo esa inmensa malla en movimiento, malla que tramaron generaciones sucesivas antes que yo, que fueron tejiendo en la instancia de una paciencia infinita, casi sin esperanzas, porque lo bueno es seguir cuando ya no importe más a nadie, ni siquiera a mí.
Armo la letra entonces. Compacta a veces. No hay fisuras, no hay bordes. Está lisa, grávida sin embargo en su aspecto casi neutro. Es como una granada que al ser golpeada hace saltar todos sus dientecitos rojos y jugosos.
Tal vez esto sea mi vida: tejer sobre una superficie diluida una obsesiva red de figuras donde a veces emergen pequeños promontorios y otras veces hacen un huequito donde guardo cariñosos mentideros para seguir viviendo.
Comprendo entonces que en esa trama he intentado crear un espacio. Que puedo expandir apenitas esa malla, sacudiendo en el lienzo móvil e incierto de la memoria (siempre engañosa como sabemos): un rostro, un gesto, una palabra que suena en los oídos aunque la boca que la pronunció no esté más en el mundo de los vivos, pero dura en mí, dura en nosotros, un instante de inmovilidad que tienen los relámpagos. Fulguran en las huellas de la memoria.
He abierto allí un latido oscuro. En su devenir el intersticio arma un tembladeral de dudas, golpea como un furioso vendaval el entramado donde se aposenta la memoria.
Hace volar los pájaros que allí se habían asentado.
En mi caso esa memoria está poblada de inmigrantes, de sembrados, de sacrificios, de callejones que cruzaban los cuises solitarios, de cacerías sobre el campo lleno de cardos y de alto pájaro en el aire, de un arador que siguen las gaviotas. De las pariciones de animales, de ciclos de las cosechas que pautaban la vida rural y de los pueblos de la campaña de entonces.
Este es el pequeñísimo y humilde hilo que pretendo agregar a la inmensa narrativa de la Historia desde hace casi cuarenta años.
Como diría mi maestro don José Pedroni: "no sé para qué ".
Pido perdón entonces a ustedes, pero no puedo hacer otra cosa.



*de Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar






Carboncito: *




Niñito de Bolivia
Entre tu sombrero
Y tu mantilla de girasoles
Que cuidan tu temperatura
Y el peso tan bajo
Entraste en este hogar
Sos nuestra inquietud
Con tu carita adormecida
De mimitos con guirnaldas
Y ensueños perdidos
De ilusiones anónimas
Hasta que te cobijamos.

Conjeturamos tus deseos
Y tu capital
Esperamos encontrar
Muy pronto
Un destino caliente
Con abrazos y besos
Para tu figura que duerme
Tanto, todavía...



*de Azul. azulaki@hotmail.com







Onetti: la lección del maestro*



La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara.
En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de "El pozo", donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. "La náusea", saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano.
La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de su aparición lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares de los 500 que se habían tirado.
La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste.
En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas..
No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer.
Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio.
Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio.
La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo.
Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para comenzar su marcha, son sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos.
Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género: “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba lo mismo en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión.
Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección.
En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”.
Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces.
Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974.
Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre.
Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente lo invitó telefónicamente.
-Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite.
Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje.
Había hecho hacer un cartel que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel... y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música.
Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él.
-“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico.
Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta.
Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.




*Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar








Muerde el polvo, Carter*



*Por José Pablo Feinmann



El tipo era un traidor. Estaba en Washington. Había hablado en el Congreso.
Había propuesto bombardeos nucleares graduales sobre Irán. Una medida dura digna de un halcón como él. El era el general Scott Davis. No tenía aún cuarenta años. Graduado en West Point. Medalla de Oro. Había participado en Irak. Había ordenado instalar campos de concentración y parecería que gozara
presenciando torturas.
Los de la CIA se acomodaron en la oficina de Carter, en Los Angeles, y le dijeron: "Deberás viajar a Washington, Joe. El tipo no se moverá de ahí por un tiempo perjudicial para nuestros planes. Entre tanto, entregará información al enemigo y peligran objetivos que tenemos en torno de Irán. No nos preguntes cómo sabemos eso. Somos la CIA".
-¿Por que no lo hacen ustedes?
-Porque somos la CIA.
-Entiendo. Denme una foto.
Se la dieron.
-Es guapo el bastardo -elogió Carter. No por criterio estético alguno, sino por maldita envidia.
-Pero no es tanto lo que el sexo le interesa. Para él, lo esencial es...
-La traición. Que será esencial pero no invisible a los ojos. Lo haré partir de este mundo. Con cada traidor que parte, América avanza en su lucha contra el Mal.
-Tú lo has dicho. Toma esta carpeta. Todos sus movimientos están ahí. Tienes que matarlo en 48 hs. De lo contrario será tarde y perderemos misiles y hombres. Lamentamos lo de los misiles.
-Comprendo. Vean, muchachos, si Joe Carter no puede liquidar en 48 hs a un traidor a la causa americana es porque tengo que dedicarme al ballet clásico.
-¿Giselle?
-El lago de los cisnes.
-¿Llenarás aun con dignidad ese bulto envidiable que lucen los bailarines clásicos?
-Si no lo llenara, pondré ahí mi Browning 9 mm.
Los de la CIA se fueron.
El primer lugar fue el Senado. Scott Davis hablaría ahí en menos de 25 minutos. Carter estaba algo fatigado. El vuelo a Washington había ofrecido a sus pasajeros demasiadas turbulencias. Se sentó detrás del asiento del general. Tenía un estilete fino y penetrante. Atravesaría la butaca e introduciría curare en el riñón de Scott Davis. Oh, qué sencillo sería todo.
Pero no: Scott Davis avisó que suspendía su disertación. Un compromiso urgente había surgido.
El segundo lugar fue un fastuoso restaurante. Sabía que Scott Davis almorzaría con su secretaria en la terraza. Se ubicó en el edificio de enfrente con un rifle de tan alta precisión que mataría al general sin
necesidad siquiera de apuntarle. Esperó dos horas. El general no apareció.
Al día siguiente voló a Irak. Carter logró tomar el mismo vuelo. Envenenó el café que -sabía- solía tomar el general. Alegando una súbita acidez, ese día lo rechazó. Scott Davis debía encontrarse con el líder iraquí Amuhd Ahad.
Carter lo mató la noche anterior y estudió largamente su rostro. Luego diseñó su cara como la del líder iraquí. Al día siguiente esperó a Scott Davis. No bien éste entró dijo:
-Tú no eres Amuhd Ahad. Tu disfraz no está mal, pero tampoco está bien.
Scott Davis se reunió con Bin Laden. Carter, desde prudencial distancia, apuntó con su rifle de alta precisión. Disparó pero Bin Laden hizo un movimiento de cortesía y, maldita suerte, cubrió al general para conducirlo hasta la salida. La bala lo hirió en un hombro. Le pareció oír la voz de Bin Laden.
-No importa. Estoy acostumbrado.
Tenía el dato preciso: esa noche, en el Irak Hilton, Scott Davis tendría una cita de amor con una doble de cuerpo de Scarlett Johansson que el Departamento de Estado le había reservado para su deleite, para que olvidara por un momento los arduos problemas mundiales que sin cesar afrontaba y, casi siempre, resolvía. Eran las 2.30 de la madrugada. Habían ido a cenar y, poco antes de que el restaurante volara por los aires a causa de un eficaz operativo de la resistencia iraquí, se retiraron rumbo al hotel. Hicieron el amor como sólo es posible hacerlo en medio de la guerra, con esa sensación de tal vez nunca más esto o gocemos hasta explotar porque muy posiblemente explotemos. Desde la ventana abierta, Carter hizo fuego con su Browning.
Algún dios protegía al senador Scott Davis. Acaso -al devenir un traidor y trabajar para el bando islámico- el mismísimo Alá se había dignado velar por él. No había otra explicación. Porque Carter hizo fuego y precisamente ahí los cuerpos giraron y fue el de la rubia, el de la doble de cuerpo, el que
recibió en su espalda el impacto. El senador salió velozmente de la habitación. Antes de hacerlo dijo:
-Lo siento, Scarlett. Es triste que te ocurra esto en el mejor momento de tu carrera.
Demonios, se dijo Carter, he liquidado a Scarlett Johansson, ¿cómo le diré esto a Woody Allen? Decidió dejarle esa tarea a la CIA. Le sorprendió hasta dónde llegaba el fervor de Scarlett en su participación en la lucha contra el Mal. Con mujeres así, venceremos, se dijo.
Sólo dos días después, desde Frankfurt, Scott Davis abordaba un avión rumbo a Israel. Su misión: informar a Teherán acerca del sistema de defensa nuclear israelí. Media hora antes de la partida, disfrazado de maletero, Carter adhirió al poderoso aparato un ínfimo, cálido anillo de bodas. Era
una bomba con elementos nucleares restringidos, pero no mucho. El avión despegó. Apresurado, con claro fastidio, apareció el general Scott Davis en la pista, rodeado de diez, quince hombres de seguridad.
-¡Detengan ese avión! -exclamaba-. ¡Debo viajar en él!
Le fue imposible. Desde la torre de control le informaron que no podían detener el vuelo. Pero que prepararían uno especial para él. En ese preciso instante el avión estalló en medio de su búsqueda de las alturas. La explosión fue tan desmedida, los colores que despidió tan variados y hasta desconocidos y el pequeño, pero indisimulable, hongo atómico tan estremecedor, que todos juraron no haber visto jamás algo así en el aeropuerto de Frankfurt ni en ningún otro del planeta.
-Demonios, de la que me he salvado -dijo el general Scott Davis. Y sinceramente impresionado, añadió: -¡Qué espectáculo maravilloso! Todos esos pasajeros han muerto, no lo dudemos. Pero nos han ofrecido una visión inolvidable. ¿Tienen listo mi vuelo? No debo perder tiempo. Además, esa explosión fue bellísima pero en menos de media hora va a contaminar de radiaciones a todo el maldito aeropuerto. El que no huya de aquí despertará con tres brazos, cuatro narices y dos agujeros del culo además del que ya tiene, el único necesario.
Carter huyó hacia Londres. Desde ahí, se comunicó con la CIA. Fiel a su estilo, sus palabras fueron escasas, pero definitivas.
-Renuncio. Este hombre se me escapa siempre.
Regresó a Los Angeles. Entró en su oficina. Alguien estaba sentado en su silla giratoria. La hizo girar y se encontró, por fin, con el general Scott Davis. Tenía un orificio entre ceja y ceja y más muerto no podía estar.
-¡Maldito traidor! -exclamó Carter-. Te vengo siguiendo por medio mundo para matarte y te encuentro muerto en mi oficina. ¿Te empeñas en burlarte de mí?
No él, otros. Había un mensaje sobre su pecho, sobre sus múltiples condecoraciones. El mensaje decía: "Carter, pon tu Browning 9 mm entre tus piernas y baila lo mejor que puedas El lago de los cisnes. Tus amigos de la CIA. PD: ¿Serás capaz al menos de deshacerte prudentemente del cadáver?"
Se sirvió un whisky. Pensó: "O estos hijos de perra me han gastado una apestosa broma... o debería pensar seriamente en dedicarme a la jardinería".

Este cuento es un anticipo de Lloraré por ti, Stella Collinwood, y otras historias de Joe Carter, que publicará Planeta a inicios de 2009.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-108524-2008-07-27.html








Postales del paso del tiempo*



1


Desde el primer día / supe que te amaba
con mi alma enamorada
como un vagabundo / no me da respiro.
Porque nunca nunca serás mio
Y no me importa nada / por que no quiero nada

...y aprender como duele el alma
como un adios.
Porque tengo el corazón valiente.
prefiero amarte después de verte.

Mi hija tiene 7 años. Y acaba de cantarme su versión de la novela que protagonizan Natalia Oreiro y Facundo Arana. Al rato vuelve y me cuenta sobre el anticipo del nuevo capítulo del lunes con el cual bombardean a cualquier hora. Me dice que Martin y la Monita se van a dar el primer beso después de huir sobre un caballo blanco. Con las novelas y la televisión tengo una larga polemica, como Padre no logro evitar que mis hijos pasen demasiadas horas delante de un televisor incluso con mi compañia, quejosa pero compañia al fin. Preferible, trato de consolarme, a la soledad delante del monstruo devorador de espacio y tiempo. Trato de mantener un espacio propio de comunicación con pretexto de los programas que ven.
Entonces le pregunto a mi hija de que tratan las novelas, y su respuesta me deja con la boca abierta y desata una risa franca, un alivio ante la complejidad del mundo que tanto me abruma en estos días.

"De cuernos y secretos". -me dice.






2





Un puño cerrado sin luz. El cielo.



Llueve. Cortina fina e interminable. La luz se condensa en las gotitas guirnaldas que se quedan una tras otra en el alambre de colgar la ropa. Recién puedo ver, en mi despresente permanente ante las cosas, un brote de la parra de uva blanca, el primero de esta temporada. Otro aviso del paso del tiempo, para mi no había pasado nada desde la última poda, un domingo, los chicos jugando abajo, corriendo entre las ramas, jugando una guerra donde las escobas y los secadores eran caballos. Debe haber sido en mayo, quizá en principios de junio.

La nena galopaba sobre el secador y llevaba como ariete un palo con sopapa de goma en el extremo. Iba, golpeaba las puertas invisibles del castillo, y volvía a tomar carrera. En el camino gritaba "Esa vieja putaaaa y locaaaa". El grito de guerra había desatado un ataque de risa en el hermano, y de mí mismo que temía caerme de la escalera por la risa o por algún golpe equivocado en ese ataque al castillo.

Luego las ramas gruesas se convirtieron en pequeños atados que serán después del secado del tiempo alimento para el fuego de la parrilla. Ahora veo la cabeza de caballo en la campana de cemento, seguro mi hija se puede ver sobre ese corcel mientras golpea la pared blanca descascarada por el paso del tiempo.

La misma parra que desata la imagen de mi padre en su caminata con el trípode hasta abajo, a ver como estaba la uva negra, a decirme algo acerca de cómo cortar los racimos. Puedo verme en la escalera mirando como elevaba su mirada, temiendo quizá que perdiera el equilibrio, pero no, luego se sentó en una silla a verme cosechar desde el silencio.



Allí, justo allí donde estaba la escalera, bajo la parra de uva negra. La vida me dejo ver en este verano los pies descalzos de mi amor, que todavía no era mi amor, solo mi amiga en su primera visita al patio del fondo de casa.

Todo pasa y todo queda, canta Serrat en su voz a Machado, pero en mi breve presente nostalgioso del otro lado de la cortina de lluvia que todo lo vela, con un cielo bien bajo y gris.

Aparecen esas tres imágenes. La ultima vez que vi a mi padre bajo las ramas brazos de la parra, marzo casi otoño, en el último otoño con nosotros.

La poda con los chicos jugando y riendo en escenarios que solo la magia de la infancia puede construir sin otra escenografía que la imaginación.

Y la primera en que vi a mi amor, desnudando sus blancos pies al sol fuerte de verano.





3



Nuevamente, el tiempo pasa a la velocidad del click, me veo detenido ante cinco esquinas, viendo fugar imagenes, las cosas y la gente.
Sé, que tengo un reloj vital que es más lento que las cosas, que el tiempo externo es fugitivo, voraz, vertiginoso. Hasta su estetica tiene el paso vertiginoso. En la mirada ausente, en la moda. Mi reloj está atormentado en la velocidad de la ansiedad, la externa y la propia que son el signo de una misma temporalidad histórica. Pero ella, desarma mis pasos necesarios, los urge de fin. Y los hace fin antes del comienzo.
Estoy mudo, frente a esas fotos antiguas en blanco y negro, siempre que estoy en una encrucijada me veo repasando esas imagenes, muchas, de los abuelos y tios que nunca conoci, que son relatos tenues, otros mundos de vida que tambien son mi sentir y mi mundo.
Y, allí empiezan a faltarme las palabras para contar, para decir sin traicionarme, sin generar mito y equivoco, sin eludir las claves en el pequeño milagro de existir.
Esa mirada firme de 8 años en un libro de oraciones en la comunión, la sombra gris recorta mi figura contra la cortina, al lado del Berkeley a lamparas se ven los guantes blancos.
El moño tambien blanco, es enorme, ridículo. Trato de recordar algo de esa época y me recuerdo frente al confesionario, dentro de una iglesia fría, el sacerdote con su rostro vedado, apenás visible en poros circulares. Me pregunta cuales son mis pecados, y recuerdo mi desconcierto.... ¿pecado? traté de superar mi incomodidad y le inventé inexistente, esa confesión obligatoria generó la primer mentira de la que soy consciente. El sacerdote me absolvio despues de asignarme varios padrenuestros y avemarías. Todavía recuerdo esa situación y siento enrojecer de vergüenza ajena.
En ese tiempo, mi madre me habia explicado que el mayor compromiso de una persona era con la verdad. Y ha decir verdad, todavía no sabia que la verdad absoluta puede ser intolerable, inaceptable.

Otra foto, en la esquina de la casa de Quequén, las paredes están sin revocar, se ven partes de un andamio, mi padre en camiseta tomando a mi hermana con la mano derecha. Mi hermana y yo tomados en la mano izquierda, tengo un gorro de papel que pretende ser gorra y un palito vertical que es espada.
El tiempo es una aventura irrepetible, un acertijo que uno desafia de perdida a imagen, del estar al no estar. Intento disimular mi desencanto, mi perplejidad ante lo pasado adormecido en mi ser. Escucho los ruidos del mar, son el fondo en el fondo del presente y de arena y sal en la piel. Fui y soy.

Son once como un equipo, mi padre es el segundo a la derecha, tiene la ropa de trabajo grisada por la jornada de engrasador cumplida, el único con una gorra y las botas altas a prueba de la soda caústica. En ese taller, mi padre tenia un pequeño recinto de dos por dos, donde a las 9 de la mañana preparaba sin falta el mate cocido con leche para todos en un pequeño calentador a kerosene. Allí esta, con la misma cara de Rossano Brassi que encandilo a mi madre en ese atardecer lluvioso, cuando ella sintió que él habia salido desde una película a protegerla con su paraguas de ilusión allá por el '56.
Ya eran sobrevivientes, a la guerra, al bombardeo del centro en el '55. A perdidas tempranas y desarraigo. Y siempre los veo en la tormenta, luchando lo mejor posible.

Recuerdo esa tarde, casi al final de la vida de mi padre. Tarde cruda de invierno, ambos metidos en la cama, mi padre con un gorro de lana, muy juntitos viendo una película de Nini Marshall en canal 7, se rien, se apichonan. En un momento se dieron un beso tremulo en la boca. Me emocionaron, me sentí testigo de una dicha.


Paterno, 9 - 6 - 53. casi un año de la partida de mi viejo desde su pueblo italiano. Es una foto pequeña, única. Son los abuelos italianos posando con nieta y nieto de brazos. La abuela con el mismo rostro de mi padre en su vejez, con un pañuelo atado apenás arriba de las cejas. En su mano derecha lleva un recipiente con alimentos. Es pequeña y tremula pero fuerte. El abuelo Antonio con su gorra fiel que lo acompañaba en los senderos de montaña guiando ovejas y cabras. Atrás toda la humildad de una mesa rústica que seguro hizo el mismo. Una puerta abierta es el fondo lejano.
Trato de verme en el lejano espejo de su existencia, trato de imaginar los muñecos de nieve ,el juego de las manos de mi padre, todavía suaves antes de grasas y acidos, con esa nieve en una batalla que algún día sería cuidar la vida y el sentir.
Veo su silencio del otro lado de la vitrina, del relojero del pueblo, su asombro ante los engranajes del cucu, la técnica marcando el paso en sonidos mécanicos.
Su reloj no era digital, tenía raices concretas, sabía esperar. Sabía de siembras y cuidar animales en los senderos del bosque de los lobos camino a Padula.
Hoy, asediado por ese tiempo angustioso que nos lleva más rapido hacia la muerte.
En la inmediatez del "just do it".
Quisiera tener y sentir, al menos en parte, el reloj vital paciente, perseverante, caminante en su propia verdad de mi padre.



*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com








Penélope*


“I see no use in wondering
why I cried for you”
John Lennon


Ayer escribí un cuento.
Hoy lo rompí;
me pareció basura pura,
chatarra de primera magnitud.

Es probable
que mañana lo reescriba
para volverlo a romper
al día siguiente.

Y mi corazón
sigue sangrando
por su ausencia.
¡Y Ulises
aún sin regresar!

Y yo muriéndome
de olvido aquí en Ítaca.
¡Y Ulises
aún sin regresar!



*de María Rosa León. mrleon003@yahoo.com.ar
-De “Ayeres y otros poemas” (LEO Ediciones - 2007)







Las ciudades y la memoria. II*



Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte largavistas y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.




*de Italo Calvino. “Las ciudades invisibles”





*


Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

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