Tuesday, August 23, 2011

POR LAS TRAVESÍAS...



*Ilustración: Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera- http://galeria.walkala.eu





El deseo*



De chica tenía una bolsa de deseos en mi diario íntimo.
Allí se prendía en luces fosforescentes el poder bailar con zapatillas de punta y un mágico tutú de color blanco.
También estaba el de ser cristalina y transparente con mis emociones.
La risa estaba en un primer plano y era la protagonista de mi película de ciencia y ficción.
La curiosidad era uno de mis destinos, intentaba averiguar con ojos de científica cómo la araña tejía sus maravillosos caminos de la encrucijada.
Sus tentadores hilos vibrantes y sedosos, fascinaban mi búsqueda. Quería ser la tejedora de esas suaves y potentes líneas que reflejaban con su belleza los rayos del sol.
El amor de colores alilados me guiñaba entre las guirnaldas de las hortensias.
Los picaflores con sus enérgicas alas, parecían estar suspendidos en el aire sin la fuerza de la gravedad.
La rosa estaba enamorada del ruiseñor y el Principito podía domesticar al zorro y a mi amada perra collie.
El tobogán del pizarrón escribía los nombres de mis amigas.
La palabra futuro era tan amplia y cautivadora, que resplandecía cuando iba a jugar con mis hermanos al jardín de la paz, donde se erguía el viejo teatro argentino.
En mi anhelo de ser grande existía la palabra amistad, compañerismo, compartir y confianza.
No pensaba en la muerte, o la sentía como un hecho más y muy lejano.
No creía en la incomprensión ni en el egoísmo.

También añoraba mirando las vidrieras robarme los juguetes sin dueño. Y no sabía que significaba el valor del dinero.
Tenía admiración y respeto por los linyeras, creía que iban pidiendo limosna para poder volver a su hogar. No les tenía miedo.
El lechero que venía dos veces por semana era un señor amable y recto. Mucho no me gustaba tomar la leche. Pero me encantaba mirar la espuma que dejaba cuando vaciaba en nuestra cacerola los litros para nuestros desayunos y meriendas. Me intrigaba ver cómo hervía y subía tres veces como condición
necesaria antes de beberla.
La hora de la siesta era la peor. Mis viejos nos obligaban a dormir. Que aburrimiento.
Y así en el paso del tiempo fueron pasando ilusiones, fantasías y aventuras.

Le contaba a mi abuela ( le decía “la babi “) que: quería tener doce hijos y no entendía por qué ella me sonreía en complicidad. Aún hoy recuerdo y anhelo el color celeste de sus ojos, esa compañía que colaboró tanto en mi crianza y en mis caprichos. Ella me hacía sentir feliz con sus comentarios
cariñosos, con sus aventuras picarescas y sus mimos.
Para mí: “la babi” no tenía edad, no era joven ni vieja, era mi refugio y mi alegría. Con mi abuela pude volar en su sillón mecedor por las travesías y travesuras de mi niñez.



*De Azul. azulaki@hotmail.com
21/8/11











La Bruja*



Su sombrero puntiagudo era estándar, y sus refajos y zapatos seguían los cánones más clásicos de la moda. Podía presentarse en cualquier aquelarre sin miedo a desentonar, pero aún y así sabía que la carencia total de verrugas en su cara la convertía en una bruja de segunda.

Incluso se había encontrado en algún conjuro nocturno con niños espabilados y poco educados que le preguntaban donde tenía aquella protuberancia negra con pelo que la convertía en realmente temible.
Como no encontrara una tienda de verrugas rapidamente, acabaría teniendo complejo de inferioridad.



*De Joan Mateu. joan@cimat.es








La raíz de tu tristeza*



No sé de qué raíz envenenada
ha crecido en tu pecho la tristeza.

¿Cómo fue que germinó esa mala hierba?
¿Qué ponzoñosos elixires la nutrieron?

Dicen que se cruzó en tus calles la desdicha,
que envenenó tu sangre una ráfaga de olvido,
que ojos como serpientes estrangularon la cordura
dejando apenas una sombra en tus zapatos.

Que alguien ejecutó de golpe tu sonrisa.

¿Qué oscuros resplandores te cegaron?
¿Qué huestes de la sombra te prendieron?

Sabemos que hubo noches que te vieron
danzar bajo la luna sin disfraces
ni oropeles ni alhajas ni armaduras,
mas hoy la luna se ocultó en un rincón del universo
y tus voces nocturnas se pierden en el eco
con un deje de otoños prematuros.

Por arduos laberintos vas buscando la muerte
mas no hay un sólo manantial que te emborrache.
Tan sólo ese veneno que arraigó entre tus venas
apagando tu risa, decorando de arrugas
tu rostro y tus silencios, enterrando
de golpe entre las flores tu palabra.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com
De Destierro






*


Sentada junto a la
ventanilla
ves pasar las estaciones,
los puentes
y las esquinas
de suburbio,
como no viéndolos, o
como mirando
una película, que es
la misma
de hace un año
o parecida;
después mirás tus
manos,
tus uñas a medio
despintar,
y a los pasajeros
apiñados
con sus ojos y sus
aires,
todos con un cansancio
distinto
y semejante, hasta que
abrís
el libro que traías
en el bolso
-el tomo II de Paul
Eluard-
para cerrarlo en la
estación
entrante, y seguir
cavilando
o buscando un
detalle,
Un color, un brillo,
y todo
como en un diario
viaje
de secuencias, que
te animan
a mirar, tocar, tu
soledad
de manera cierta,
o conveniente;
tu soledad más
íntima,
que entibia y
pinta
hasta tus párpados.



*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
-De "Nidia". Ediciones del Nuevo Cántaro. Buenos Aires. 2007








El fin del mundo tal como lo conocemos*


*Por Eric Hobsbawm



No está claro hasta qué punto pueden llenar las imaginadas comunidades étnicas, religiosas, de género, de estilo de vida y otras identidades colectivas el vacío dejado por el retroceso de las viejas ideologías de la izquierda socialista. Políticamente, el nacionalismo étnico tiene más posibilidades, puesto que se aplica a las arraigadas exigencias políticas xenófobas y proteccionistas de la clase obrera que resuenan más que nunca en una era que combina la globalización y el desempleo de las masas: "nuestra" industria para la nación, no para los extranjeros; prioridad de los empleos
nacionales para los nacionales, abajo con la explotación por el extranjero rico y el pobre inmigrante extranjero, etcétera. Teóricamente, las religiones universales como el catolicismo romano y el Islam imponen sus propios límites a la xenofobia, pero tanto la identidad étnica como la religión funcionan como barreras potenciales contra la vertiginosa globalización capitalista que destruye las viejas formas de vida y las relaciones humanas sin proporcionar alternativa alguna. El riesgo de un acusado desplazamiento de la política hacia una derecha radical demagógica confesional o nacionalista es probablemente mayor en los antiguos países comunistas de Europa y Asia occidental y del Sur, y menos en Latinoamérica.
La crisis económica puede aportar un cambio relativo hacia la izquierda similar a lo ocurrido bajo F. D. Roosevelt durante la Gran Depresión en Estados Unidos, pero esto no es probable que suceda en otra parte.
Y sin embargo, algo ha cambiado para mejor. Hemos redescubierto que el capitalismo no es la (o no es la única) respuesta, sino la pregunta. Durante medio siglo su éxito se ha dado por sentado, de tal forma que su mismo nombre cambió sus asociaciones tradicionalmente negativas por otras positivas. Empresarios y políticos podían ahora disfrutar no sólo de la libertad de la "libre empresa", sino de ser francamente capitalistas. Desde la década de 1970, el sistema, olvidando los temores que le condujeron a reformarse a sí mismo después de la Segunda Guerra Mundial y los beneficios económicos de su reforma en la posterior "edad de oro" de las economías occidentales, revirtió a la extrema, o incluso podría decirse que patológica, versión de la política de laissez-faire ("el gobierno no es la solución, sino el problema") que finalmente implosionó en 2007-2008. Durante los casi veinte años posteriores al fin del sistema soviético, sus ideólogos creían que habían alcanzado "el fin de la Historia", "una imperturbable victoria del liberalismo político y económico" (Fukuyama), un crecimiento en un definitivo y permanente orden mundial político y social autoestabilizador del capitalismo, incontestado e incontestable tanto en teoría como en la práctica.
Nada de esto es ya sostenible. Los intentos del siglo XX por tratar la historia del mundo como un juego de suma cero económico entre lo público y lo privado, puro individualismo y puro colectivismo, no han sobrevivido a la manifiesta bancarrota de la economía soviética y la economía del "fundamentalismo de mercado" entre 1980 y 2008. El retorno a una de estas economías no es más posible que el retorno a la otra. Desde 1980 es evidente que los socialistas, marxistas o de otra índole, se quedaron sin su
tradicional alternativa al capitalismo, a menos que o hasta que reflexionen sobre lo que querían decir con el término "socialismo" y abandonen la presunción de que la clase obrera (manual) será necesariamente el principal agente de la transformación social. Pero también quedaron indefensos
aquellos que creían en la reductio ad absurdum de la sociedad de mercado de 1973-2008. Puede que no esté en el horizonte un sistema alternativo sistemático, pero la posibilidad de una desintegración, incluso de un desmoronamiento, del sistema existente ya no se puede descartar. Ninguna de las partes sabe qué sucedería o qué podría suceder en este caso.
Paradójicamente, ambas partes tienen interés en regresar a un gran pensador cuya esencia es la crítica del capitalismo y de los economistas que no fueron capaces de reconocer a dónde conduciría la globalización capitalista, pronosticada por él en 1848. Una vez más es evidente que las operaciones del
sistema económico han de ser analizadas históricamente, como una fase y no como el fin de la Historia, y de manera realista, es decir, no en términos de un equilibrio de mercado ideal, sino de un mecanismo intrínseco que genera crisis periódicas susceptibles de cambiar el sistema. La actual puede ser una de ellas. De nuevo resulta obvio que incluso entre importantes crisis, "el mercado" no tiene respuesta al principal problema al que se enfrenta el siglo XXI: que el ilimitado crecimiento económico cada vez más
altamente tecnológico en busca de beneficios insostenibles produce riqueza global, pero a costa de un factor de producción cada vez más prescindible, el trabajo humano, y, podríamos añadir, de los recursos naturales del globo.
El liberalismo político y económico, por separado o en combinación, no pueden proporcionar la solución a los problemas del siglo XXI. Una vez más, ha llegado la hora de tomarse en serio a Marx.


-Fragmento de Cómo cambiar el mundo: Marx y el marxismo 1840-2011. Eric Hobsbawm.
Crítica . 496 páginas

-Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/7266-1467-2011-08-17.html







LA PALABRA*

"...no nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto..."
JORGE LUIS BORGES



El viaje te ha cansado.
El saco te ha quedado grande y los zapatos chicos.
Te has extraviado en tu propia casa.
Y no encuentras, tú mesa ni tu silla.
Ios íncubos del miedo se alojan en tus huesos.
Tu pecho es un caracol vacío.
Encuentras que tu lecho, no es tu lecho
Te encuentras desnudo y con sombreo mustio.
Te enteras que el tren no ha de llegar.
Ay, no ha de llegar porque no ha partido.
No reconoces la exacta geografía de tu cuerpo.
Tu mano no es tu pié. Tus ojos, tus oídos.
No hueles con tu boca el esplendor de la rosa mosqueta.
No aspiras el sabor del durazno y de la lima.
Te arrastras en un rebuzno gris de corcel de palo.
La galaxia más cercana es tu lágrima.
y sientes que hasta la lagrima es un fracaso


Ay de mí. Ay de ti. Algo me dice que es la hora
Es la hora, mí adormecido ángel. Mi sol, espejo amado.


Tendremos que trepar por techos y azoteas.
Ser ladrones. Violentar cerraduras.
Romper a dentelladas los vitraux .Los muros de obsidiana.
Desangrarse en alambres de púas.
Romper el malecón que nos sofoca el pecho.
Hasta encontrarla, amor, hasta encontrarla.


Y cuando la encuentres. Sabrás, por fin.
Vale la pena envejecer en alfabetos.
Y conjugar, de nuevo, en azul, en trino.
En jazmín, en malva, el rayo de la palabra nueva.




*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar



*

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