Wednesday, September 30, 2009

DE LUZ Y SOMBRA / ESPERANZA Y OLVIDO...




Decisión*



Estoy al borde del precipicio de tus ojos

siento que balanceo el cuerpo.


Mis pies descalzos sufren las púas de las piedras,

mis manos sangran, apretadas, tensas.

Hay en mi pecho un golpeteo de tambor rojo.

Baña mi boca un sabor a flores, a vida, a miel.

Y me duele mirarte

y no quiero.

Pero el huracán me empuja.

Y me dejo caer blandamente.



*de Elsa Hufschmid elsahuf@yahoo.com.ar






DE LUZ Y SOMBRA / ESPERANZA Y OLVIDO...





Giro astral*



Astral,
exenta de vientos y sonidos
me vuelvo cuarto creciente,
satélite en tus tormentas.
Giro sensual en torno a tus eclipses,
te sostengo en el relieve de mi pelo
sin ahogar tu grito, aunque duela.
Sirena plenilúnica de pasiones
descubro ante vos mis dos rostros:
de luz y sombra / esperanza y olvido.


*de Patricia Ortiz lacajadepandora@gmail.com







1. Esperando al plomero*


Desde el instante en que cayó al inodoro el maldito soporte plástico de Glade, en el mismo momento en que Pedro activaba la cisterna, sincronismos si los hay, todo se volvió bruma en la vida cotidiana.
Todos aquellos actos que hasta allí habían sido íntimos y recelados, se transformaron en un aviso público, comentado en su antes, su durante y sus inexcusables después.
El excusado había dejado de serlo gracias a la conjunción de una torpeza y la utilización de materiales posmodernos, que, a diferencia de la fluidez y la perentoriedad de la tan mentada revolución blanda, se estancaba incólume, perenne e indestructible entre el hacer y el deshacer.
Yo había leído a Slavoj Zizek y su interpretación de lo sublime en el sentido doble de lo duradero y lo latente, sus paralelos entre el objeto a del psicoanálisis y la plusvalía del marxismo, pero nada decía de lo inalterable de un soporte plástico atrancado y sus consecuencias en los estados de ánimo.
También había leído a Jung y sus concepciones sobre el sincronismo y tampoco hablaba del Glade.

Al principio fue el estupor.
Era un diálogo silencioso entre los bellos ojos chocolate de Pedro y mi cara de idiota infortunada.

Le siguió el reproche inevitable: ‘¿Cómo podés ser tan pelotudo?’
Sus ojos encendidos mezclados con una risa que no se atrevía a romper fueron más poderosos que mi fastidio.

Empecé por buscar la sopapa, sabiendo de antemano que sería inútil, pero como toda mujer formada en el cientificismo debía atravesar los pasos previos ineludibles para comprobar o desterrar las hipótesis.
No funcionó.
Seguí por la búsqueda de unos alambres con la forma óptima para estos menesteres.
No existen.
Decidí frente a mí misma que era capaz de desarmar un inodoro, recibí instrucciones hilarantes por correo electrónico y mensajes de texto, entrecortados e indescifrables, inmanentes a este período posmoderno tan incompatible con el plástico indestructible.
Empecé a buscar las herramientas y encomendé a todos mis ex maridos a que se les tape el tanque de nafta con todo aquello que se encontraba depositado ahora en el retrete.
Lo doloroso de la partida de los maridos es que se llevan las herramientas, la máquina de cortar el pasto y las prestobarba que sirven para depilar los pulóveres cuando se hacen pelotitas.
Fue allí que entré en un episodio depresivo y melancólico que friccionaba con la pregunta reiterada de mis hijos, ¿Y Ma, llamaste al plomero?
Yo estaba paralizada en mi mundo de lamentos y reproches retroactivos, hacia mí misma, cómo puedo permitir que me extirpen mis costados masculinos y quedarme así, tan inerme, tan mujer, yo sola con toda esta mierda.
Después de casi tres días de vulnerabilidad extrema, vi por el ventanal que, por fin, llegaba el plomero.
Mi salvador, mi desahogo, mi solución, en su coche viejo, pero con el tanque, seguro, lleno de nafta para llegar a estos parajes.
Alguien que era capaz de revolver la mierda para enfrentar los problemas y encontrar una solución; que yo lo llamaba y obedecía al llamado; qué no preguntaría qué había pasado sino que estaría presto a hacerse cargo, por la módica suma de treinta y cinco pesos, mucho más barato que cuatro asados de domingo, cremas de afeitar y cajas de preservativos.
Al abrir la puerta le dije ¿Ves por qué las mujeres siempre se van con el plomero o el electricista?, porque los maridos no sirven para nada.
El pobre tipo me miró con desconcierto más que con ganas de una cana al aire, pero no me animé a decirle que ni marido tenía, ni herramientas, ni conocimiento y que, al final, era una estúpida mujer dependiente, que se ahogaba en un tocador.
La fantasía de arrojarme a los brazos del plomero como una amante furtiva que sólo requeriría que le mantengan los caños destapados se diluyó en un mensaje de texto que recibí matuvehoralibrevoyacasa.
Mi otro hijo no había tenido historia ni geografía y estaba llegando para almorzar.
Pensé en la relatividad de la palabra ‘libre’, nunca equitativa, compartida ni equiparable.
Libre, ¿para quién?
Quise decir, de pronto, ¿por qué no se van todos a cagar?
Pero en esta oportunidad, no venía al caso.



-28 de septiembre de 2009.-





2. Cambios*


Veo el inodoro despejado después del paso del plomero. Los pisos limpios, la luz tenue del pasillo encendida, la casa nueva.
Pequeña sí, pero nueva.
Nueva para mí y para todo el dolor que he dejado tirado y apilado en las otras.
Mi hijo estrena sus diecisiete años conciliando el sueño después de un intenso y eterno abrazo entre él y yo, que dijo todas las palabras postergadas por las dudas en tantos momentos azarosos.
Tuvo miedo.
Y yo también.
De no saber si las rencillas cotidianas y pequeñas superpuestas con las grandes decisiones, habrían formado, silenciosas, una hendidura que nos impediría afirmarnos uno en los brazos del otro.
Mientras yo intento escribir, él ya duerme, lo siento respirar y me serena.
La vida es esta sola, Juan, y nos equivoquemos o no nos equivoquemos se termina igual, pensé en decirle mientras me iba acercando a esa respiración que me detuvo en el intento y me obligó a darme cuenta de que quien estaba inquieta era yo.
Habían sido más feroces mis silencios para mí misma que todos los posibles mutismos prudentes entre él y yo.
Su abrazo me había devuelto el cuerpo y, a él, el sueño templado.
La casa resplandece. Todos duermen.
La gata no ha parido pero su pelo brilla de expectativa.
Los malvones, la madreselva y los fresnos han soportado el viento del sur y han sobrevivido a la sequía.
El vecino de en frente ya guardó su catango y hasta las siete y media de la mañana no volverá a atormentarme con sus ensayos de arranque.
Los perros ya se han rascado toda su sarna y encontraron su reposo en la salida de los calefactores.
Cosa que siempre pienso, si yo fuera perro, allí pasaría mis noches.
Nunca sé si despertaré mañana pero sí sé que he dicho lo que jamás podré volver a decir.
Y si no pude decirlo, lo regalé en el abrazo más bello que jamás he sentido.
Pues bien, si despierto, mañana será otro día.
Pero otro día de verdad.



*de Lucía Cinquepalmi luciaguionbajo@gmail.com







LA CLUECA*


Anita esperaba junto a su amiga,en aquélla muy sugestiva sala de espera.


***

Había nacido en un pueblo alejado del Gran Buenos Aires,con las ventajas y desventajas que ello supone.
Mientras esperaba su turno se sumergió en los recuerdos de su niñez. El más nítido y querido que rescataba era el referente a las "cluecas" Sí , a las cluecas. Era todo un rito "echar" una gallina. Previamente se había seleccionado entre gallineros vecinos, el mejor gallo. Mejor quería decir, el màs grande, el más fuerte, el más hermoso. Sumamente importante el gallo en cuestión. Su mamá le mostró la "galladura" en los huevos de las ponedoras, parecido a un ojito pegado a la yema. Sin ese ojito, no hubiese sido posible pollito alguno. De allí la placentera y útil función del gallo.
Algo que recordaba con placer, era el ahínco con que su mamá elegía la clueca... entre las buenas madres, decía, a las otras, ¡pobres!, un buen baño de agua fría y a otra cosa.
A la elegida le preparaba un nido con pasto limpio y seco. Los huevos eran tambien elegidos concienzudamente y después a esperar ventiundías.
¡Que larga le parecía aquella espera!


***

Entraba al gallinero detrás de su mamá y ella efectuaba una proeza a la que nunca se atrevió por temor al "picotazo", consistía en introducir la mano debajo de la gallina y retirar de a uno los huevos y ¡he aquí el milagro!: llevaba éstos a su oído y luego a el de Anita...¡Dios! que sensación inefable,
se escuchaba nítida y misteriosamente al pollito que deseaba nacer; pic pic, picaba desde el interior de su encierro...y cuando nacían, eran un puñadito de alegres colores.
Jamás había visto madre tan abnegada; escarbaba la tierra y cuando aparecía una pobre lombríz, no la tomaba para sí, llamaba de una manera muy peculiar a sus pollitos y les ofrecía el sacrificio de aquélla,en aras de alimento para sus buchecitos. Es así que Anita guardaba un tierno y especial recuerdo hacia las cluecas.


***

En pocos días cumpliría diez y siete años y hacía dos que estaba en la capital trabajando como doméstica. Quiso así ayudar a capear el temporal económico que se abatía sobre su familia.


***

La voz de la amiga la trajo a la realidad .--Ana, bajá.-¿hacia donde te fuiste?-.
Y...sí, se fugó hacia los recuerdos inocentes y felices de su cercana niñez.
La amiga se impacientó.
-¿Y,ché,entramos o no,o te vas a clavar con un críosola y tan joven?- porque...-¿él se fue, no?-
-Entrá, ésta señora sabe lo que hace-.
Anita sonrió y ante la perplejidad de la amiga, acariciándose la "panza" con inmensa ternura, respondió:

-No, no voy a entrar, el gallo ya no cuenta.
No voy a entrar...quiero "sentirlo" picar.



*de Matilde Lopez Camelo caminandosignosfm@hotmail.com








La lección del caimán*



*Por Adrián Abonizio. abonizio@hotmail.com



Juntábamos las lagartijitas en las vías, que era el lugar más factible para detectarlas. Entre el pedregullo de los durmientes; por allí corrían y si uno andaba atento, las descubría para luego tras una persecución caprichosa que incluía marchas y contramarchas, capturarlas en cuanto se quedasen
quietecitas, ajenas a la mano, que como la tapa de un sarcófago les caería desde arriba para quedarse mansitas, aterradas. Lo hacíamos por depredación y porque algunos las mantenían en sus peceras secas con arena. Duraban poco, es cierto, pero era normal que se muriesen: no se había inventado una casa
artificial para ellas: o era la libertad entre el trajín de las ruedas de hierro o la mano sucia de algún pibe para llevarla encarcelada donde inevitablemente morirían de hambre, o sed o furia contenida en sus cuerpecitos hermosos de plata y pintitas negras. Yo sabía que era más bello verlas moverse libres escandilando a los mismos ángeles que tenerlas allí, abatidas, con los ojos quietos de terror mirando la nada contra el vidrio.
Pero a la perfección había que envasarla, era la costumbre, durase lo que durase. No conocíamos ni nos habían enseñado otra cosa. No era matar, hacer el daño, era tratar de conservar algo de la plenitud fosfórica de sus cuerpitos alucinantes y por el tiempo que fuese espiar al cosmos viviente, admirativos y sin culpa alguna. Café claro, con grisados perfectos ventrales, azulinas otras, leves naranjas en el lomo las menos. Una mañana de sábado capturamos una más gordita que al rato frente a nosotros, ya presa
en la cajita de cartón, empezó a largar hijitos. Seguro los traía ya consigo enganchados en algún sitio y no los vimos. Una nidada alucinante. Eran tenues, casi transparentes, movedizos y del tamaño de un fideo chico. Nos quedamos maravillados. Transportamos la cuna de cartón hasta bajo el gran paraíso, sitio de descanso y reunión. Las contamos. Eran cuatro, perfectas, rosaditas, las patas enormes en proporción a sus cuerpitos. Sin hablarlo, la cosa cambiaba: una cosa era capturar un ser y otra muy distinta cinco, madre incluida con riesgo de muerte inmediata. Perecito dijo devolverla al lugar.
Otro que no, que se la iban a comer los gatos o los perros. Otros que éramos unos boludos. Y fue el primero que cuestionó la jerarquía cinegética que creíamos poseer y sobre ella reinar. Nos avergonzó, pero nos movimos rápido.
La llevamos a Diego, el de la veterinaria que pelaba perros. El nos desagradaba pero constituía la palabra pertinente en el asunto. Alto, cabeza de cepillo, granoso y el ambo verde. Fumaba como una chimenea, mientras acariciaba distraído un conejo blanco que tenía el morro lastimado. Nos dijo
que éramos unos pendejos y que quien nos mandaba a meter la mano donde no nos correspondía. Diego era loco, famoso por sus trompadas y ermitaño.
Llévenselas a sus mamis para que las hagan asadas, pelotudos, tiró. Como no se pudo resolver el enigma, un poco humillados y en pleno centro de Echesortu, sencillamente las dejamos en un umbral y tras tocar el timbre huimos por Tres de febrero. Llegó el mediodía abrasador y paramos en el pasillo de los Chenevier a tomar agua: por el vidrio roto asomaba la cabezota del caimán un lagarto overo más austadizo que feroz que tenían ellos en su patio y vigilaba, lento, las inmediaciones. Imaginamos su
dentadura entre nuestros huevos. Alguien lo gritó y nos corrió frío por la espalda. Nos volvimos acordar del cajón de zapatos. "Madre y cría", alguno emitió.. Y era la primera vez que le poníamos categoría social al crimen. En Canal 5 daban Espartaco y su búsqueda de libertad nos recordó el secuestro:
la fuimos a buscar al umbral entonces. Estaban tiesas, como congeladas, las cinco. Corrimos hasta lo de Chenevier, el veterinario del zoológico: en su bondad científica nos perdonaría y las habría de salvar. Era la siesta y nos atendió manoteando los lentes, en calzoncillos. Su hijo acariciaba al caimán que descubrimos tenía la pata enyesada. Están muertas, muchachos, Todas. No las deben sacar de sus casas que son las vías. ¿Ven a ese lagarto? Se lo decomisamos a unos tipos que lo usaban para magia con collar de ahorque, pobrecito. Lo estamos salvando de a poco. Al rato andábamos entre los rieles, el lugar del crimen. Nadie quería jugar ni nada. Con el atardecer encima, hartos de nuestra estupidez, asqueados del homicidio apedreamos el portón de Diego, como para hacer algo, como para salvarnos y convencernos
que nunca fuimos ni éramos espartanos, sino infantiles reyes idiotas que le bajaban el pulgar a las viditas que poblaban la arena caliente.


*Fuente:http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-20428-2009-09-30.html







*

Cansada de la impiedad de esa mujer, rompió los espejos.



Despechada*


Le costaba admitirlo porque nunca fue rencorosa, era cierto estaba
despechada. Después de la ruptura se le habían quedado los pechos en la boca y las manos de él.
Tenía que ver cómo hacer para que volvieran.
El alma sin ellos que la cobijaban quedaba demasiado expuesta.



*Textos de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar








Hasta siempre*



Cuando Rosario despertó creyó que seguía adentro de ese sueño que la acompaña cada tanto desde niña. Abrió un ojo entre ruidos de alas de palomas que buscaban ventanas donde recibir el sol tibio, de una mañana de otoño. Era un sueño realmente tortuoso, ella bajaba escaleras estrechas y mal iluminadas, apenas guiada por una leve luz, quizá una candela que parecía estar unos escalones más abajo, pero que no dejaba de alejarse, se sentía siempre al despertar haciendo el recorrido por una torre de babel, pero no hacia un cielo libre, sino al fondo de la tierra, quizás a su más temido infierno. Es curioso, nunca en el sueño amagaba dar media vuelta y volver sobre sus pasos, dejar de bajar infinitos peldaños de cemento, casi a oscuras buscando una luz que se extinguía o se alejaba cuando ella más cerca creía estar. Quiso salir con alguna ironía, y solo recordó una frase atribuida a Jorge Luis Borges, que leyó hace un tiempo en el suplemento cultural de La Jornada, "todos somos no videntes, yo soy ciego", y pensó si no era justamente eso lo que ella vivía en ese sueño repetitivo, un andar a ciegas sin saber a ciencia cierta a donde iba ni para que....
Trato de olvidarse de la angustia que acompañaba su despertar después de cada vez que soñaba su descenso por las escaleras oscuras, volvió a la noche anterior, su deambular por el lobby del hotel, su indecisión expresada en cada paso... salir a cenar en una mesa de soledad entre miradas desconocidas, comer en el salón comedor del hotel en la misma situación.... pensó que seria más ella comiendo en su habitación, como lo haría cualquier mujer que ha quedado sola por las ocupaciones de su pareja, -a esta hora Daniel esta volando a Mendoza, pensó, quizás le sonríe a una azafata rubia con ojos de cielo casi mar y le pide la segunda medida de whisky. Mañana temprano organizara la agenda y luego me llamara al celular. Quizá ordene un ramo de rosas amarillas y rojas para que las reciba a primera mañana en la habitación, -para hacerme sentir su presencia después de una noche sin sentir su cuerpo cercano al mío....
Ella pensó en esta cierta dependencia en los negocios que Daniel tiene con los hoteles Hyatt que lo hacer viajar tanto por el mundo, con ella inclusive cada tanto.... recordó la luna de miel en el hotel Regency de Mérida, donde por suerte no hubo reuniones ni llamadas al celular, ni videoconferencias, ni nada de las cosas a las cuales había terminado por resignarse, tanto como a la ambición de dinero de su marido, en fin, son tres años de "matrimoño" como ella les dice a sus amigas, y en pocos años no quedan ilusiones y cada uno es como es.... alguna emoción le surge cuando aparecen las imágenes de las últimas vacaciones en el Hyatt de Casablanca, ese pueblo increíble, otra cultura... esa caminata que hicieron por callejuelas fue una aventura, Daniel la llevaba tomando fuerte su mano izquierda, con su mano derecha transpirada de emoción o de percepción de peligro, esa pregunta a los turistas franceses, la búsqueda del bar de "Rick" Bogard...
Cuando volvió al aquí y ahora, estaba casi en el mismo sitio y sintiéndose seguramente observada, expuesta, en su inseguridad. allí mismo busco al conserje y pidió una carta para cenar en su habitación , el conserje le dijo que hoy el principal chef del hotel esta sirviendo sus platos personalmente, que podría elegir tranquila en la habitación y luego de una módica espera de una hora recibir el menú.
En el ascensor, pensó si el chef sería ese hombre de uniforme blanco, casi como se visten los doctores de los hospitales, pero con ese inconfundible, hasta ridículo, gorro colorado.
Piso 12, habitación 1223, entró, una leve brisa modela fantasmas en la cortina de la ventana que mira al río. Decidió ponerse cómoda, una ducha caliente, salir goteando por la alfombra y secarse sobre la cama, ahora las medias cortas, el portaligas y esas bragas minúsculas que compro en el último viaje a Madrid, apenas una tira que deja ver sus glúteos firmes y salientes, los que las amigas mexicanas siempre le envidian... Laura, su amiga escritora le dijo una vez que le cambiaba su don por las palabras por tener un par de meses esa cola que hacia girar a los caminantes, y distraer a los conductores.... hasta sintió culpa en aquel choque, cuando el conductor del Seat se llevo puesto a un autobús detenido en el semáforo.
Ella se río, mucho, pero mucho con la ocurrencia de la Esquivel y le dijo que con gusto le cambiaba sus hermosas asentaderas por el talento de escribir un libro como "Íntimas Suculencias", su tratado filosófico de cocina, y pensó para adentro que la comida es lo único que te da placer al menos dos veces al día... (Que exagerada, esta Laura... como si fuera el culo de Jennifer López...)

luego se coloco su salida de cama sin molestos corpiños, su bata es casi un tul transparente bordado de infinitas alas de mariposa, y ella adentro casi como una crisálida con alas de noche plegadas.
Prendió el televisor de fondo, mientras miraba la carta empezó a reírse de los nombres de los platos del cocinero estrella el "chef Kabuki":

- Kanikama deconstructivo.
- Sake Confucio.
- Sushi a la Nietzsche.
- Chop - suei Socrático.
- Canelones a la Marx y Engels.
- Ñoquis gratinados con salsa Zizek.

y se detuvo a carcajadas en "Salmón Savater", quizá por que esa tarde había estado en la feria del libro de Buenos Aires y se había comprado "Los diez mandamientos en el siglo XXI". Bueno, el salmón Savater no es otra cosa que Salmón rosado de Chile, cocinado a la crema y servidos con champignon y papas noce, bueno vamos a probarlo, toco las teclas: 2, 4, 9... -puede enviarme a la suite un servicio de cena con servicio a cargo del chef...? , si, 45 minutos, Salmón Savater por favor, sin vino, solo hielo, agua mineral y ensalada de frutas de postre. -Hoy voy a tomarme el Cabernet Sauvignon que compre en la feria de vinos de Firenze.
Movió el control remoto por los canales de aire de Buenos Aires, se quedo con Susana Giménez, el programa de mayor audiencia esta hora, que bárbaro se dijo¡¡¡¡¡, todo es dinero aquí.... todos los participantes se acercan por premios en dinero o especie, un bingo, niños que llevan mascotas, incluso sapos y arañas.... ( Nueva risa que hace eco en la soledad de la habitación ) al pequeño participante se le ha escapado la tarántula del frasco y Susana Giménez escapa a la velocidad de una gacela seguida por las cámaras...
Ahora Susana llama a personas que han pagado por insertar su numero de teléfono en un enorme recipiente que desborda papelitos pequeños.... teclea, sonido de llamada...
-haayyyy.... Susana, sos divina, le pedí tanto a Dios que me llamaras....
-Como te llamas?
-Malena... , le pedí tanto a Dios por que lo necesito tanto....
-Bueno, detrás de que casillero están los 24.000 pesos...., el 23
-No querida estaban , en el 44, pero te llevas una cafetera y 1000 pesooos.
"No invoquéis mi nombre en vano", pensó Rosario siguiendo mentalmente la relectura de los mandamientos por Savater.


***

José, subía en el ascensor con el servicio exclusivo cena servida por el chef pedido por la habitación 1223, todavía se reía solo con las graciosos ademanes de los italianos, había tenido que compartir un par de rondas de vino para no ofenderlos y escuchar sus comentarios altisonantes y los ademanes que hacían sobre las maravillas que veían en las calles, mujeres argentinas, turistas brasileras.. El siciliano, estaba totalmente sacado, decía que no se iba sin "fatare una nigra"..
Ya estaba en el 12....

Rosario apago el televisor y volvió a escuchar a Luis Miguel, casi no escucha el timbre y presurosa cierra su bata por pudor y atiende la puerta con un seco y corto adelante señor...
es el mismo ? la ropa blanca el sombrero colorado que debe cuidar por su altura en cada marco de puerta, el gran Chef Kakuki es más bien alto, tiene incorporado torcer el cuerpo hacia adelante y agachar un poco la cabeza para que su gorro pintoresco de chef no caiga en cada umbral y demuestre sus pelos negros ya encanecidos.

El hombre, recibe sin duda el impacto, ha llevado el menú a una habitación de las más exclusivas del hotel, con doble ventanal, dos baños, un estar comedor separado de la cama matrimonial por una arcada, amoblada por finos muebles de roble de estilo antiguo.
La mujer que ve José es sin duda inquietante, no solo por su desnudez apenas cubierta por una especie de bata, una larga y vaporosa transparencia que cubre su cuerpo hasta la desnudez total de sus tobillos y pies menudos hundidos en la alfombra color rojo fucsia.
Esta mujer morena, de pómulos salientes y ojos pequeños, negros brillantes, quizá sea extranjera, aunque su tono de voz no es abierto, quizá sea nativa de algún punto de Centroamérica... pero no se animo a preguntar y menos a mirarla demasiado..., el servicio de chef llega en un carrito que incluye una pequeña hornalla a gas para regular la temperatura del plato al de servirse, una conservadora de bebidas, hielo, cubiertos, todo queda en la habitación hasta la mañana siguiente... es ideal para una cena íntima y sin apuros, sólo cortada por impulsos del deseo y la palabra.

Rosario, ve preparar la mesa a ese hombre fornido y callado. En una de sus momentáneas ausencias recuerda el poema de su amiga Laura

"Qué lejos estoy del suelo donde he nacido
inmensa nostalgia invade mi pensamiento,
y al verme tan sola y triste cual hoja al viento
quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento"

así se siente ella, como una hoja al viento en este destemplado otoño argentino, con lluvias y cielos oscuros, cerrados...

José ha concluido las instrucciones, la mujer lo observa desde el fondo de su mirada penetrante, el sigue evitando recorrer su cuerpo con alguna mirada, algo pueda abrir grifos de deseo en este, su lugar de trabajo.
Cuando casi no queda nada por decir sino, "buenas noches, señora, que disfrute su plato", la mujer ha girado y mueve su silueta trasparente, casi de aire, hacia la ventana angosta que mira al río...
José. puede ver los movimientos de su cuerpo por debajo del tul, el contorno de sus piernas altas y flacas y su movimiento que parece el de una modelo en la pasarela, pero más lento, como la quietud de un enorme trasatlántico en la proximidad de amarrar al puerto.
La ventana este es más bien estrecha, casi un mirador individual, unos 70 u 80 centímetros por un metro y medio de alto, la mujer recuesta levemente su cuerpo sobre el umbral de madera lustrada, saca su cabeza al viento y lo llama:
-Por favor, puede contarme algo de este paisaje....
José se acerca recorriendo la figura de la mujer, la ve casi recortada contra un cielo inmenso de estrellas, imagina incluso que su cuerpo es apenas una ilusión absoluta, un producto de su imaginación como cuando en su niñez se tiraba en el pasto de la chacra de su abuelo e inventaba figuras uniendo estrella con estrella, claro que eran otras figuras, siempre volvía con el parte de sus figuras encontradas al regazo de la abuela Anita: vi dos leones con melenas, una jirafa enorme cuyo cuello cruzaba todo el cielo y la cabeza se perdía en el sur, detrás del monte oscuro... un hipopótamo blanco, una tropilla de alazanes....
La abuela no le creía demasiado pero siempre decía, -con esa imaginación vas a llegar lejos josecito....
José se acerco a la ventana quedando al lado, casi atrás de la mujer para no cortar su visión...., ¿cómo describir esto? Toda la orilla de la ciudad contra el río se podía ver desde allí, un río iluminado por una luna plena, las luces de los faroles de la costanera , mas lejos aun las curvas de San Isidro, apenas una intuición sobre el Delta, no importaban sus palabras textuales.. Ella le preguntaba una y otra cosa, como si quisiera que ese momento no termine más que él no se vaya de allí. Como un río llamado por las mareas, ella empezó a ondular su cuerpo, a soltar el movimiento de sus caderas siguiendo, transportándose con el "contigo en la distancia" de la voz de Luis Miguel que llevaba su magia por los aires, se confundía con las luces y los sonidos de una ciudad cada vez más ausente. Y ella movía sus caderas, lentamente, la fusión de la palabras y paisajes había acercado su cuerpos a un leve roce, apenas una caricia de los glúteos de Rosario en la zona erógena de José, recién allí él se permitió descender con la mirada desde el perfil del rostro de la morena y bajar por sus cabellos que como ramas de sauce descendían por su espalda... no pudo evitar ver su cuerpo, su cola apenas cubierta del tul traslucido y una delgada línea negra de encaje por ropa interior. José apenas podía atender las señales de peligro de la conciencia, una transgresión en su lugar de trabajo le podía costar el empleo y sus ingresos relativamente altos de Chef principal de un exclusivo hotel.
Rosario tampoco podía pensar, solo dejaba llevar su cuerpo y seguía escuchando la palabra de ese hombre que le hablaba con una voz pausada desde atrás de su pelo, casi como una voz interior...
José, dejo de mirar el cuerpo de Rosario y elevo la mirada, la noche clara de estrellas lo transporto a La cocha, San José de La Cocha para ser más precisos su pueblo Tucumano, las noches con el cielo estrellado cayendo sobre el mundo, y él de espaldas al pasto soñando despierto... La Chacra del abuelo y sus frutales, el otoño era primavera y los frutales estaban florecidos, los duraznos y manzanos reventaban en flores y derramaban aromas de celo, sus 16 años, su crecer de golpe cuando Papá se fue y no volvió...
Y aquella, la primera vez con Mariana, su amiga de la infancia de la Chacra de los Enrique, ella que se colgaba de las ramas bajas y lo apretaba con sus piernas en tijera por la cintura, él levantando su pollera a cuadros y embistiendo como un toro, entrando, llenándola de leche...
Cuando bajo la vista se dio cuenta que estaba definitivamente perdido, que sus brazos abrazaban a la hermosa desconocida, que su pene plenamente erecto jugaba al mismo vaivén de ese hermoso culo.... ya no era él, José, sino un macho entregado a su instinto... Rosario, se giro, le coloco sus manos en el cuello de él y se fusionaron en un largo beso hasta perder el aire y olvidarse de la ventana y el paisaje de una ciudad anónima muriendo en sus orillas.
El la alzo con sus manos sosteniéndola desde la cola, como a Mariana, aquella vez, ella cruzo sus piernas abrazando su espalda, cerrando con un candado de talones desnudos a la altura de su coxis. Así estuvieron , largo rato, perdiendo el aire, danzando a Luis Miguel... ella abandonando pisar el suelo, sin querer pisarlo nunca más. Él sintiendo que los pechos de ella le perforaban el pecho y le hacían sangrar hasta el corazón....

Hasta que llegaron al borde de la mesa y ella dejo caer lentamente su espalda, dejando sus pelos como centro de mesa. Allí estuvieron, él empezó a penetrarla, a golpear con fuerza y lejanamente oír gemidos y un -más...., más..., con el segundo orgasmo la llevo a la cama, en los aires, sin salirse de adentro de ella, allí siguieron como una eternidad, hasta que descubrió que el sueño los vencería.... -Me tengo que ir.... sos una hembra hermosa, dijo José, Y Rosario que ni siquiera dijo que se llamara Rosario ni tuvo tiempo de inventarse un nombre de fantasía para su aventura. Hubiera querido decirle: -me sentí plena, la mujer más deseada del mundo. Pero guardó silencio.
Se acomodaron las ropas sin quitarse la mirada, y después de un silencio que podría haber significado "hasta siempre", él cerro la puerta y se fue.



*de Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar
-Texto del año 2004-







¿Qué hago ahora?
(o Dónde pongo lo hallado)*




*Silvio Rodríguez



Dónde pongo lo hallado
en las calles, los libros, las noche,
los rostros en que te he buscado.


Dónde pongo lo hallado
en la tierra, en tu nombre, en la Biblia,
en el día que al fin te he encontrado.


Qué le digo a la muerte tantas veces llamada
a mi lado que al cabo se ha vuelto mi hermana.
Qué le digo a la gloria vacía de estar solo
haciéndome el triste, haciéndome el lobo.


Qué le digo a los perros que se iban conmigo
en noches pérdidas de estar sin amigos.
Qué le digo a la luna que creí compañera
de noches y noches sin ser verdadera.


Qué hago ahora contigo.
Las palomas que van a dormir a los parques
ya no hablan conmigo.


Qué hago ahora contigo.
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.

(1969)


-Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com






Correo:



CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA
San Martin 1080 –Plaza Montenegro
CICLO:

"Del derecho y del reves de la memoria"
Octubre

Bien lo sabia Manzoni: “Los provocadores, los avasalladores, todos aquellos que, de alguna manera, cometen injusticias, son culpables no solo del mal que cometen sino tambien de la perversion que provocan en el animo de los ultrajados”.
Citado por Primo Levi en “Los hundidos y los salvados”


Lunes 05/20:00
“Miseria: ¿en que sentidos? Una aproximacion al mundo metaforico animal en la obra de Victor Hugo”
David Fuks, psicologo, docente, escritor, editor.


Lunes 19/20:00
“Miserias y memoria. Una aproximacion a la zona gris humana”
Laura Capella


Lunes 26/20:00
"Cómo mejorar los resultados en el estudio. Verdades y mentiras sobre Lectura Veloz, Comprension y Memoria. Recursos para docentes y alumnos"
Juan Carlos Paradiso, medico, profesor y licenciado en C. de la Educación, maestrando en Educación universitaria. Ha sido Decano de la Universidad del Comahue, Director regional de Educacion. Autor de libros y numerosos trabajos cientificos en temas de salud y educacion. En el exterior fue Docente invitado en las universidades de Salamanca, Murcia, Sevilla. Es Profesor por concurso de la Universidad Nacional de Rosario.


Creadora y responsable del ciclo: Ps. Laura Capella, psicoanalista
Lunes 20 hs.
Entrada libre y gratuita
Se entregan certificados con el 75% de asistencia
Consultas: delderechoreves@yahoo.com.ar

Auspician:
· Facultad de Psicologia, UNR
· Colegio de Psicologos de la Prov. de Santa Fe, 2da Circ. y su Foro en Defensa de los Derechos Humanos (FODEHUPSI)
· CEIDH (Centro de Estudios e Investigacion en Derechos Humanos-Facultad de Derecho. UNR)
· IPF (Instituto de Investigaciones en Cs. Sociales, Etica y Practicas alternativas "Paulo Freire" - Facultad de Derecho. UNR.)

CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA


*Laura Capella. elecapella@yahoo.com.ar
Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...
Alfredo Zitarrosa (Guitarra negra)








*

Inventren...Próxima estación: SAN FERMÍN.


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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

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