Saturday, March 20, 2010

BESTIAS, HOMBRES Y ADIOSES...



*Ilustración de Ray Respall Rojas. (Cuba)




SOBREVIVIR*


Cierro los ojos,
Quiero hurgar en mis abismos.
El antes libera monstruos
Que vienen detrás de mí
Con intenciones ciegas.
El después es montaña
Que crece cuando la miro
Y oculta su cumbre
Tras vapores bronceados.
El ahora es daga
Clavada en las entrañas
Sin concesiones ni credos,
Que juega a cara o cruz
La vida y la muerte
En la magia de sobrevivir.


*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar





BESTIAS, HOMBRES Y ADIOSES...





NUDO GORDIANO*


“Aquí abajo, todos las lilas mueren, y los trinos de los pájaros,
son breves .Yo sueño con estíos que no terminen jamás...”

SULLY PRUDHOMME


Amor, tengo un nudo en el pecho.
Tengo un nudo en el pecho que no me deja tregua.
Busco en las manos que brotan desde el suelo y que me llaman.
Busco en la mirada del búho. Desnudo de silencios.
Busco en amatistas, sílices, turmalinas.
Y solo encuentro profundas hullas, en mis ojos.
En tus ojos, hullas. Apagados, con un vino de luto.
Y no basta la procesión de álamos.
Ni los perros que cantan a la luna.
Ni el perfil de las azules piedras de tu nombre
Y no basta el temblor. Ni tu voz.
Ni mi carne, ni tu risa de oro, ni tus negados vientos.


Tengo un nudo. Atado por las manos de Gordias.
Trabado. Irresoluble. Encadenado.
Sin embargo yo espero, corazón, espero.
Espero la espada, el tajo y la rosa menguante.
El agua bautismal de tu frente .Los estíos.
Tu bestial galope sin jinete.
Y mis manos...anudando mi pecho.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
-San Luis- Argentina.






"El capitalismo nos impone leyes de Murphy"*



El autor de La lengua del malón publicó un libro que no tiene nada que ver con lo que venía haciendo, aunque admita algunas de sus marcas de fábrica.
Las tensiones sociales y la mirada clasista están al servicio de una historia en la que prevalecen la abyección y la humillación.



*Por Silvina Friera


Casi no cuenta el cuento. Y no es una broma. Lo dice Guillermo Saccomanno una tarde de marzo, con calma y un dejo de ironía, cuando abre la puerta de su departamento en el Bajo. Saluda y se levanta la remera, que le baila en el cuerpo. Bajó catorce kilos por una meningoencefalitis, que casi lo lleva al más allá. A principios de febrero, estaba en Gesell cuando empezó a sentirse mal. Muy mal. El resto fue "una road movie en ambulancia", desde el lugar en el mundo que eligió para vivir hace más de veinte años a Mar del Plata, donde le salvaron la vida. Mientras ganaba uno a uno los rounds de esa pelea, entonces en el cuadrilátero de un hospital de Buenos Aires, El oficinista se alzaba con el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral. La novela dejó "boquiabiertos" a José Manuel Caballero Bonald, Ricardo Menéndez
Salmón, Peré Gimferrer, Rosa Montero y Elena Ramírez, los integrantes del jurado. Ningún lector saldrá indemne de la lectura. El calvario del anónimo y gris protagonista -ese hombre que puede caminar a ciegas entre los escritorios, los archivos, los armarios y recovecos del "campo de concentración" donde trabaja- es un arañazo en la conciencia.
Se queja un poco por la fatiga que le quedó después del "tsunami"; pero cuenta que lo ayudó en la pelea su estado físico, el hecho de que en Gesell o acá siempre sale a caminar, a patear los lugares y semblantear los rostros, especialmente del "malón" de oficinistas que deambulan por la avenida Córdoba. Tiene casi dos meses más de reposo, de "mirada bucólica de la existencia", precisa y sonríe mostrando todos los dientes, como quien sabe que tendrá que domesticar al "buen salvaje" que a la primera de cambio se prende en una polémica. Mientras tanto, aprovecha el descanso y lee o relee a Shakespeare, Dostoievski, Kafka; salda las deudas que tiene con los clásicos. El oficinista transcurre aquí y ahora; aunque haya murciélagos que revolotean en los ventanales de la oficina, muchas ratas, lluvia ácida, el ronroneo constante de helicópteros que sobrevuelan sobre una ciudad asediada por ataques guerrilleros, perros clonados, un ejército de desamparados -hombres, mujeres y chicos que duermen arropados junto a las vidrieras de los negocios- y pibes zombies.
Los elementos "futuristas" de la novela, esa inflexión Ballard que por momentos exudan las páginas, son desplazados al presente para subrayar la degradación y la decadencia. Está escrita en presente, en una tercera persona que respira en la nuca de ese hombre rengo tan paranoico y desgraciado que hasta cuando decide robar se queda con un collar de piedras prometedoras que no es más que una baratija. El oficinista está casado con una mujer horripilante, "una mole con facciones equinas", agria y despótica,
y tiene un puñado de hijos a los que llama "la cría". Pero el hombre se enamora de la secretaria y cree que puede ser otro, que alcanzará la salvación a través del amor. Saccomanno escribió la primera versión de la novela en 2003. "Desde entonces no hubo año en que no hubiera una nueva versión, al costado de las otras novelas -repasa el escritor-. Era una novela de repuesto que tenía, que mandaba a concursos importantes, de acá y de España. Hasta el año pasado estuvo concursando."
-Lo que más llama la atención es un estilo radicalmente diferente. ¿Qué buscó con este cambio?
-Hubo una apuesta de estilo distinta. Cuando empecé, mi intención era escribir una novela rusa, cuyo título tentativo era La perspectiva Nevski, un mundo de no future. La estaba escribiendo a la manera de las traducciones de Sopena y de Calleja de Dostoievski, esas traducciones rebuscadas y alambicadas. Pero como del 2003 hasta acá pasó mucho tiempo, empecé a lijar y a lijar (golpea una mano contra la otra). El hueso de la trama quedó, pero me di cuenta de que cuanto más limpiara más eficaz sería; digo eficacia en términos de que la trama no paraba y no daba respiro, que era lo que me importaba. Todos venimos de Gogol; en estos años he leído bastante El capote, pero también Dostoievski, que me obligaron a revisar y replantear la novela. Me llevó a indagar en lo que podría ser una cartografía de la literatura de oficina; un género del XIX, pero que recorre y atraviesa el XX y llega hasta acá.
El escritor se entusiasma, cruza y descruza sus piernas, cambia la taza de té de mano y se explaya sobre lo que implica el trabajo en una oficina. "Se supone que dentro de una sociedad de clases es un trabajo acomodado, pero al mismo tiempo es un trabajo burocrático. Mi intención era que en la novela se respirara una situación concentracionaria", explica. "Si hay algo que uno puede leer en los rusos, es esa cosa abyecta de la pequeña burguesía y la clase media. Si hay una clase que repudio es la clase media; me dirás que es la clase a la que pertenezco. De acuerdo, es cierto, porque la conozco es la que más repudio. Es la clase que atenta todo el tiempo contra sus propios intereses. En 2001 los piqueteros eran amigos de la clase media cinco minutos antes de la masacre de Plaza de Mayo; después fueron enemigos. Ya sabemos cómo se comporta la clase media. Si lo pensamos ahora, ¿cómo está funcionando con los partidos de la oposición? o el respeto que les concede a estos politólogos golpistas que están en la tele."
Saccomanno se enoja con las "agachadas" de su propia clase. "La clase media no tiene salida. Por supuesto que hay salidas individuales y algunos zafan y consiguen encontrar un camino o elegir su destino. Pero la clase media es el universo de la traición, de la trepada, de la apariencia. No me encontraste en mi día más optimista. La novela tampoco ayuda", bromea. "Lo que me preocupaba de esta novela era que la escritura acompañara las peripecias y desgracias del oficinista, que son como leyes de Murphy. El capitalismo impone leyes de Murphy; cada vez es peor."
Saccomanno trabajó allá lejos y hace tiempo en una oficina; también estuvo en depósitos con camioneros, "que se cagaban a trompadas de manera brutal, onda Nido de ratas". Pero después de la paliza, los muchachos se daban la mano. "En cambio, en la oficina nunca se llega a las manos -compara-; siempre está latente la pequeña vileza, esa cosa de que el jefe te coge. ¡No jodamos!, quien labura en una redacción, en una agencia de publicidad, por más que se crea gran cosa -el creativo publicitario que se siente tan smart-, es un oficinista que cumple un horario. Hay una escala de humillación, por más que parezca glamoroso. Cuando veo la manada de oficinistas jóvenes que van a trabajar a Puerto Madero, digo: '¡Pobres pibes!' Hay una foto que me causó mucha gracia, la de un yuppie de Wall Street con su caja de zapatos con todas sus cosas. Un día te pegan una patada en el orto y no queda más remedio que agarrar la cajita y rajar."
-¿La novela rusa le permitió explorar mejor la humillación?
-Mi intención no fue escribir una novela social; yo quería escribir una novela donde todo funcionara cada vez peor en términos dramáticos. Admiro la novela rusa por cómo refleja la humillación, la abyección. Hay una idea de Onetti que siempre me pareció fulgurante. La frase exacta creo que es que
todo hombre tiene alguna vez una zona de pureza que le sube a la superficie.
Quería ver hasta dónde un tipo, puesto en las peores condiciones y bajo la máxima presión, podía llegar a algo de pureza. La única forma de pureza que cree que encuentra es el amor, pero se engaña porque no tiene que ver con el amor, sino con la traición. En realidad, la verdadera contradicción es entre
incluidos y excluidos, humillados y poderosos. El oficinista se agarra del amor y la secretaria se agarra del jefe. Pero todo está como descentrado: el amor no es el amor, la pureza no es la pureza. El oficinista busca situaciones de pureza, pero no las encuentra.
-Es una novela extremadamente "clasista"; todo el tiempo está atravesada por las tensiones entre las clases sociales, entre el jefe y el empleado.
-Hay un momento en que para mí este texto funciona como metáfora extrema. Me interesaba tensar la cuerda porque creo que estas situaciones que cuento todo el mundo las ha pasado de una manera o de otra; lo que sucede es que no están contadas de frente porque aterra mucho decir "me cogí al jefe", a la
mina con la que estoy garchando le falta un diente, el collar que me afané es falso, Dios no existe, el amor es una mascarada, una coartada; mis hijos me odian y yo los odio. La familia como aparece en la novela es una jauría; el tipo llega a pensar que no salvaría a ninguno de un naufragio. ¿Quién no pensó alguna vez en matar a la familia? ¿Quién no pensó alguna vez en matar al amante? ¿Quién no pensó alguna vez en robar en la oficina? Trabajemos con las malas intenciones al máximo. No creo en las buenas intenciones; sí creo en la doble moral, que está funcionando todo el tiempo. ¿Cómo empieza Los
siete locos? Con un tipo que roba. ¿Cómo termina El juguete rabioso? Con un tipo que traiciona. Pude escribir esta novela porque fui oficinista.
Recuerdo la humillación que sentía al buscar un trabajo. Hay un cuento de Roberto Mariani que es ejemplar. En "Cuentos de oficina" un tipo palma y un amigo se acerca a asistirlo; mientras lo asiste, le roba la guita al moribundo. Bajo el capitalismo las leyes del juego son despiadadas. No hay optimismo; no tiene dónde caerse muerto. Porque si lo mataba, si lo suicidaba, aliviaba la tensión. Lo insoportable es que va a seguir, que su calvario continúa. Y no hay Dios y no hay amor. La novela no es optimista (risas). Acá no se salva nadie; el personaje hasta manda el frente al único cándido que se acerca a él, su compañero de oficina, un estudioso de la literatura rusa. Si no hay justicia, no hay otra posibilidad que
resentimiento. Si el texto es clasista es porque yo soy clasista. Pero no es una novela panfletaria; me cuidé todo el tiempo de que no fuera un panfleto.
Busqué que se pudieran reír con todo lo que le pasa al oficinista. Si hay un efecto que para todos los escritores es imbatible, es el efecto Gregorio Samsa. García Márquez dice que el día que leyó La metamorfosis se dio cuenta de cómo funcionaba. No sé si lo logré, pero mi modelo es ése.
-¿Por qué un personaje tan obsesivo, que está todo el tiempo temiendo que la secretaria esté con el jefe, no puede captar por dónde hace agua su plan?
-Porque su vida es un equívoco; no es (George) Clooney, tampoco es Ben Stiller, no es Ricardo Darín (risas). Los desdichados son siempre más atractivos que los triunfadores, pero también hay que ver de qué tipo de desdichados hablamos. Este oficinista no es un tipo que pierde la mina o lo cagan a tiros en el duelo final. Toda la vida del oficinista es la de un perdedor. Nunca hizo lo que quiere ni lo va a poder hacer.
-¿El oficinista está escrito contra sus anteriores novelas?
-Sí, creo que no tiene nada que ver con lo que venía haciendo. Me divertí más escribiendo esta novela que las otras, que eran un karma, más allá de que las quiero. Uno tiene que escribir textos que lo pongan en tela de juicio. Muchos repetimos el famoso consejo de escribir sobre lo que se sabe.
Bueno, fenómeno, pero cuando te sentás, te das cuenta de que es más lo que no sabés, y que una palabra te disparó hacia una zona que vos no te imaginabas. No hay nada más subversivo que la literatura, porque cuando uno se sienta a escribir no sabe si va a lograr la historia o la prosa que busca; no sabe si va a gustar o si se va a publicar. Lo ideal en narrativa es escribir contra uno. No quiero quedarme quieto con la formulita. Cuando uno se da cuenta de que se está repitiendo, hay que saltar.
Ya no hay luz natural en el living. La tarde se achica ante la inminencia de la noche. Como los helicópteros que rondan sobre los personajes de la novela -"insectos de acero oscuro con ojos amarillos expectantes"-, el rugido de un avión ahoga la voz de Saccomanno. La deja en otra dimensión, vibrando bajito en el living, entre los libros de Kafka, Dostoievski, Gogol y Shakespeare.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-17305-2010-03-19.html






VISIONES CON AQUEL VIGÍA*



Dirás que, en pequeñas dosis,
pero Aquel Vigía de las Horas que flota
en ríos oscuros de la melanina,
ríos donde se lava la memoria dura
de cada sufrimiento, te dejó un poquito
de la luz necesaria, paso a los paraísos,
lámpara de viaje, kairós biológico,
manecillas de hebras
del reloj de amor divino.

Te dio temperatura
para que recuerdes el éter, magnitud
del prana y de zarzas ardientes
que el Ojo que Te Ve y mira hacia abajo
siempre testifica porque no te olvida
aunque estés densa y cautiva por la carne.

Te dejó la inocencia impregnada
de videncia latente para que escribas
con el dedo como ángel en desiertos
de sombra, sin luna, tu Ley, Alma mía.

Sobre Tablas del Akasha escribe el libro
sobre un mineral carbonatado, ávido de hidroxilos,
cortisol e hyroxyapatite, y admite que ganas
no te faltan de fugarte y conversar
de nuevo, cara a cara, con el Vigía.



2, Llegas de un viaje por la Estigia


Dirás que, en pequeñas dosis,
aquel Vigía está en todos y contigo
que resurges de la fosa pineal de los secretos
y hablas del Viaje, el viaje de regreso
que destina a la tierra exogénica de la piel
desde la aguda somnolencia de la melatonina.
De regreso estás, viajera del río del Olvido.

¡Cómo ama su reloj eterno
Aquel Vigía, interno maestro, adecuado cronometrador
de tus rumbos y del tránsito hacia los días biológicos!
¡Cómo domina el crepúsculo y el alba,
ese señor que distribuye el flururo
y lo coloca allí, en el centro del cerebro,
sal de los Ha Sido, metal del agua del Olvido!


Dirás que, en pequeñas dosis,
pero tiene matriz Tu alma, matriz de cristal duro,
energía que transpira todo lo Real,
lo veas o no lo vea
y el Vigía te lo da para el centro metálico
de todas la enzimas, como fluoruro orgánico
para que elevar la resistencia química y térmica
de la juventud, si la quisieras, extraerla
tú misma de la salud del espíritu.



3. El Ojo del Viviente que te ve


El Ojo del Viviente que te ve,
pequeño como un gabanzo, no te hará
cabeza de chorlito; nada es más denso.
Como teflón es el ojo de tu alma,
unida al carbono y a los flururos activados
de tu energía.

Este es el secreto del Vigía, sentado en la pineal
como sobre una peña:: Que tu ojo derecho mire hacia Arriba
donde está la vida gloriosa de Samej, y tu izquierdo
hacia Pei, providencia de mi boca cuando lees
lo que quiero para tí, la Fuerza del Aquí,
el habla del Aquí y Ahora...



4. ¿Quién cura mis ojos?


Aquel primer Padre, creyente oculto que me prohija,
quien se dio para que abriera la senda del manantial
y mis ojos, 70 años sollozó en los exilios,
con mis lágrimas rectificó pozos secos
y 70 ancianos eligió ante Moisés y por 70 naciones y lenguajes
me paseó por el mundo, antes que abriera mis ojos otra vez
y recibiera su luz, con el corazón arriba y los ojos abajo,
porque la luz no viene antes de ésto y se pierde
si no contemplas sólo al Rey, cuya Providencia
te da el Ain, letras del ciclo infinito,
visión libre de todo codiciar
porque codicia es el defecto espiritual del ojo
y la biga que lo ciega con lujuria
para que no vea el Deseo de su eretz
ni el ojo siempre abierto de Keter.




2.


El que cura mis ojos, el que ángel es del Ain,
el que me diera el secreto de Samej,
me ha dicho: «Sé sumiso al que te hablará,
guarda el silencio de Jash; sepárate de las máscaras
que los necios se ponen porque desnudo te observa
el Ojo del Anciano, Quien no tiene izquierda
ni bigas ni nube de sombras en él.
Sepárate para que te acoja en su Todo Abarcador
y en la luz trascendente del sovev kol almin.
El te dulcificará de arriba abajo;
te dirá León de Judá y tomará de tí las cualidades
que sirven, lo que has salvado y es bueno,
él sabe que vasija de materia bruta
es tu dragón y que en las canículas se inunda
tu corazón como el Valle del Nilo,
pero no seas metal de oro ni ardas para agotarte
fijamente en azufre; al oro que te llamo
es el Sol subterráneo, león alado,
fuego en la Altura donde mora el Ojo
del Viviente que te ve».


3.

Oh, ser equívoco, enmascarado de bestia luminosa,
sin mi luz, tus ojos están ciegos
y sólo percibes ilusiones, la perduración caótica
de lo que llamo a la vida, el transformismo de lo que va
cumpliendo sus etapas en la Vav del fluir
en el umbra de la Puerta de Dalet.
... pero yo dulcifico al hombre equívoco que escuchó
a Abraham, aquel primer Padre que te dí
y creyente oculto que te prohijara para Netsah,
la duración que eterniza la magestad de Hod
y el Rahamim de mi compasión divina
y mi Jesed de amor.


Quien se dio para que abriera la senda del manantial
y tus ojos, 70 años sollozó en los exilios,
con sus lágrimas rectificó pozos secos
y sus ojos te daré, ojos que me Ven
y no me confunden con lo infrahumano instintivo,
ni con fantasmas de la penumbra
ni con unicornio, ni fénix, ni tortuga, ni dragón.
No seré para tí, sino la Mashíaj en plenitud revelada.
No me sirves como planta carnívora ni vampiro lunar
ni como erizo de mar ni pez volador,
ni murciélago ni fase intermedia de ángel
o deva tenebroso... Para la visión del futuro perfeccionado
y utópico del mundo, te quiero.


Para la voluntad de superación de formas dadas,
te hago llamado; para poderosos sistemas estables
de proyección y la continuidad de la vida frente a la entropía,
te llamo... Persevera, simiente de Abraham,
gusano de Jacob, que tu ojo derecho mire hacia Arriba
donde estoy, glorioso de Samej, y tu izquierdo
hacia Pei, providencia de mi boca cuando lees
lo que quiero para tí, la Fuerza del Aquí,
el habla del Aquí y Ahora...



De libro inédito.

*de CARLOS LOPEZ DZUR. baudelaire1998@yahoo.com
-poeta residente en USA







Mañana seré Adolf*




*Por Juan Forn


Un caballo cruza a todo galope la frontera entre Rusia y Mongolia. El año es 1921. A pesar de los veinte grados bajo cero, el jinete va con el torso desnudo, salvo por una túnica amarilla hecha jirones y un puñado de talismanes que cuelgan de su cuello. Su única posibilidad de salvación es agotar a sus perseguidores y perderse en la estepa, porque tanto el Ejército Rojo como el Ejército Republicano Chino han puesto precio a su cabeza. El nombre del fugitivo es Nikolai Maximilian von Ungern-Sternberg. Es austríaco de nacimiento y ruso por adopción, pero en la estepa mongola se lo conoce
mejor como la reencarnación del Genghis Khan, o Mahakala, Señor de la Tiniebla. Budista, sádico, antropófago, asesino, antisemita y antibolchevique furioso, Ungern-Sternberg parece un perfecto villano de historieta, y de hecho Hugo Pratt le dedica un episodio fulminante en Corto Maltés en Siberia, pero el tipo existió en la vida real y fue una desgracia para todos los que tuvieron la mala suerte de cruzárselo, incluyendo a un anónimo cabo retirado del ejército austríaco en 1918 del cual hablaremos en su momento.
De no haberse producido la Guerra Ruso-Japonesa, Ungern-Sternberg habría ido a parar seguramente a un manicomio austríaco o alemán, donde su delirio místico y su sed de sangre hubiesen permanecido confinados a las cuatro paredes de su celda. Lamentablemente, su familia era parte de la aristocracia de alemanes del Báltico que durante generaciones había servido en los ejércitos del zar y, para sacárselo de encima, lo enviaron pupilo a todos los internados posibles, de los que fue expulsado una y otra vez hasta que logró graduarse (entre los peores de su camada, y algunos dicen que amenazando con un cuchillo a su tutor), en el Liceo Pavel de Petersburgo a comienzos de 1904, cuando el ejército zarista necesitaba desesperadamente oficiales de bajo rango para la guerra contra Japón.
En los sangrientos campos de batalla siberianos encontró Ungern-Sternberg su lugar en el mundo. Se destacó muy pronto por su demente temeridad, incluso mereció la Cruz de San Jorge, aunque nadie se atrevía a poner tropas a su cargo por su incapacidad para respetar la cadena de mandos. El general
Wrangel dice en sus memorias que, para no ascenderlo ("No es un soldado profesional. Es una máquina de matar, sólo útil en la guerra"), optó por estacionarlo en una remota guarnición de Siberia hasta que volvieron a necesitarlo, cuando estalló la Primera Guerra. Para entonces, Ungern-Sternberg se había fascinado con el coraje y el salvajismo de los buriatos, nómades mongoles en quienes confiaba más que en sus soldados rusos. Se casó con una princesa tártara, aprendió a hablar el mongol, estudió las tácticas de guerra de Genghis Khan y se hizo budista, de una vertiente local que celebraba por igual el panteísmo, el fervor guerrero y la crueldad sin compasión. Se enteró del triunfo de la Revolución de Octubre en el extremo oriente siberiano, más allá del lago Baikal, y junto con su superior inmediato en la región, el coronel Grigori Semenov (tan antisemita y antibolchevique como él), ofreció sus tropas al Ejército Blanco, pero su fidelidad hacia uno y otros duraría muy poco.
A Semenov lo acusó de corrupto, por aceptar ayuda financiera de los japoneses, y a los rusos blancos de meros cobardes. Con la sola ayuda de su regimiento de salvajes, Ungern-Sternberg decidió emprender desde Siberia la conquista de la Unión Soviética y de China, con el propósito de erigir un nuevo imperio tártaro. Su única victoria militar fue la toma de Urka (hoy Ulan Bator, capital de Mongolia), cuando sus seiscientos hombres pasaron a degüello a los cinco mil soldados chinos armados de ametralladoras que
defendían la ciudad. En los meses siguientes se erigió en figura suprema de la región a través del terror. Arrasó con todos los judíos y prosiguió la cacería con bolcheviques, soldados blancos, lamas o cualquier otra presencia humana que se pusiera en su camino. En su regimiento había adivinos y videntes, en quienes confiaba más que en sus lugartenientes militares. La mitad de sus hombres estaba siempre al borde de la deserción. Aliados y enemigos temían por igual su sadismo y sus dementes decisiones. Sus
campamentos dejaban pilas de cadáveres putrefactos. Fumaba cantidades industriales de opio y mantenía a su tropa con raciones diarias de hachís y vodka. Su actividad favorita era comprobar cuánto tiempo duraba vivo un hombre que había sido completamente despellejado.
Luego de que soviéticos y chinos pusieran precio a su cabeza, Ungern-Sternberg fue traicionado por su propia tropa. Logró huir en su caballo blanco, pero fue perseguido durante dos días con sus noches por los bolcheviques y un puñado de jinetes mongoles que habían formado parte de su regimiento y fueron quienes al fin lograron atraparlo. Aun desarmado y de a pie, Ungern-Sternberg se las arregló para matar a seis de ellos antes de que lo redujeran. Los bolcheviques supieron mantenerse a distancia hasta que estuvo encadenado y procedieron entonces a matar a los jinetes mongoles y trasladar a su prisionero hasta Novosibirk. En el trayecto lo exhibieron, encadenado, semidesnudo, en una jaula, en cada pueblo por donde pasaba el tren. Su aspecto era tan aterrador que ni los más curiosos se atrevían a
mirarlo a los ojos.
Sentenciado a muerte luego de un juicio sumario, Ungern-Sternberg enfrentó al pelotón de fusilamiento. Como su cabeza era muy pequeña, se ordenó a los soldados que le apuntaran al pecho. Varios disparos dieron contra los medallones metálicos que colgaban de su pecho y el rebote de la metralla mató a dos miembros del pelotón. Dicen que Ungern-Sternberg tuvo tiempo de soltar una carcajada final antes de morir. Cuando en Mongolia se supo de su muerte, el Bogd Khan ordenó plegarias a todos sus súbditos para que su espíritu no volviera nunca a la tierra. En Austria y Alemania, en cambio, si nos guiamos por una carta que escribe en 1921 D. H. Lawrence, autor de El amante de Lady Chatterley, "todos leen con fascinación el libro Bestias, hombres y dioses, un libro que cuenta las correrías y convicciones del Barón Blanco, un austríaco de nacimiento de nombre Ungern-Sternberg, que pregona el espíritu tártaro de todos los eslavos y germanos y su unión contra judíos y bolcheviques". Uno de los tantos lectores austríacos de Bestias, hombres y dioses en aquel 1921 fue el cabo retirado, fracasado aspirante a pintor y por entonces orador nacionalista en alza Adolf Hitler. Como lo demuestra el ejemplar profusamente subrayado del libro hallado entre sus papeles personales, según detalla Timothy Ryback en el ensayo recientemente publicado La biblioteca privada de Hitler y los libros que moldearon su vida.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-142271-2010-03-19.html







Diminuto*


soy un ser diminuto
pequeñísimo como un insecto apenas visible
en el fárrago desesperado del mundo
pero respiro, río y sufro
aunque muchos me ignoren
estoy aquí, frente a vos, frente a la multitud
y digo mi humilde palabra
al que quiera oir
mi palabra precaria y revolucionaria
al que no quiera oir
digo mi palabra
y la grito a los 4 vientos
y a los 7 mares
con ella hago un canto común
y les canto las cuarenta a los déspotas.-



*aldo luis novelli. aldonovelli@yahoo.com
Un abrazo impetuoso / desde los bordes del desierto.-





*


Queridas amigas, apreciados amigos:


Este domingo 21 de marzo del 2010 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Alejandro Padilla. Las poesías que leeremos pertenecen a Horacio Rossi (Argentina) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link: MP3 Live-Stream).
Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel.: 0043 662 825067


*


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