Friday, March 26, 2010

Y NAVEGANDO, SIEMPRE NAVEGANDO, EN LAS VOCES DEL VIENTO...



-Ilustración de Ray Respall Rojas. (Cuba)


LOS BUSCADORES*


“…Me gustan las nubes… las nubes que pasan…
allá abajo… Las maravillosas nubes!”
CHARLES BAUDELAIRE



Ellos, los eternos buscadores.
No se conocen. Se presagian.
Acaso nunca el espejo de uno se refleje en el otro.
Comparten, día a día.
Una canción en una lengua extraña y conocida.
No saben las formas de cada calendario.
Banales. Sustanciales.
Como respira. Como gime.
De que color son sus jadeos
El sabor de sus manos.
El color de sus albas.
El olor de sus furias.
Como camina.
Adonde va cuando viene.


Llegan al límite que les permite el otro.
Son los buscadores.


El no lo sabe.
La casa que la habita, tiene grandes ventanales.
Enrejados de miedo.
Puertos. Secretos puertos.
Un cuadro de Dalí, almendros. Durazneros.
No sabe.
Que sorbe brumas y colecciona cajas.
Que tiene la manía –peligrosa- de ser niña.


Ella no lo sabe. Lo presiente.
Que por su casa han pasado golondrinas.
Cartas no leídas.
Qué colecciona vientos. Colibríes.
Que tiraría murallas y cercados.
Que toma té color amargo.
Que su mirada ríe o brama, antes que sus ojos.


Son los buscadores.
De la caricia nueva. De la unidad y el caos.
Comparten saudades, tormentas.
Retozos animales.
Rituales…ansias, golondrinas .Vuelo de golondrinas… lejanías
Juegos.
Peligrosos juegos.
Tiernos.
Salvajes, feroces, brutales, insensatos. Vitales.
Pasión encerrada en una almendra.
Navegan desnudos en la costa.
Empeñados en el temblor y el goce.
Nacen .Enfrentan juntos las tristísimas muertes.
Se buscan… se encuentran…se extrañan…se nostalgian.
¿Qué buscan estos locos, preguntan los membrillos de cielo?

Nubes. Solo queremos nubes.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
-San Luis- Argentina.





Y NAVEGANDO, SIEMPRE NAVEGANDO, EN LAS VOCES DEL VIENTO...




*


El río me habla en silencio.
Sentado en una de sus orillas lo miro pasar hasta escucharlo.
Cuando uno cree que nada
ocurre es cuando ocurre.
Algo
chapoteó en el agua. No una, sino varias veces. Sólo veo las burbujas del
coletazo del pez. Y supongo al pez.
Un banco de camalotes se mueve lentamente, frenado por la brisa contraria a la corriente
del agua. Y supongo su viaje acuático, sus depredadores, sus habitantes minúsculos, su lejana procedencia.
Los teros,
en bandada anidando en los islotes, algo anuncian porque sus gritos de alerta y sus vuelos rasantes así acusan. Tal vez, supongo, algún pescador o mero habitante de los islotes se esté moviendo.
El cielo
espejado en el río mueve nubes con sus manos de viento, habitado por algunos pájaros que van y vienen hacia lo ignoto de mí.
Las pequeñas
hierbas costeras me muestran su vientre de sombra verde y el caudal incontable de pequeños seres que las habitan.
A mis espaldas, un arcón de arena registra pisadas y voces que lo transitan. Todo lentamente fluye. También yo, sumergido en ese fluir, me dejo mecer sin resistencia. Solo contemplo y anoto.


*de Oscar Cacho Agú. cachoagu@yahoo.com.ar







ESPEJO ROTO*

Aproximación al Haiku



La ciudad ruge,
Es un espejo roto,
La indignidad.


Veo mariposas
Dejando su capullo
Para volar.


Emigran, se van,
Rompen las consignas,
No son esclavas.


Yo no las sigo,
Enfrentaré al amo
Con mi espada.


*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar








Una conversación*




Kafka pareció sorprenderse un poco al verme.
- Creí que seguías vivo - dijo sin preámbulos. El tuteo le salió natural, como si ya nos conociéramos de antes, como si, en cualquier otro lugar o tiempo, tal vez posibles pero inequívocamente teñidos por un aura de irrealidad, hubiésemos sido amigos.
- Anoche, al acostarme, lo estaba - respondí sin mucha convicción - Así lo creo, al menos. Como sabes, no es tan fácil fijar con precisión los límites entre un estado y otro.
Se quedó pensativo unos instantes. Luego sonrió levemente antes de volver a hablar:
- Probablemente estás durmiendo y esto no es más que un sueño.
- Esa me parece la explicación más lógica. - concedí. Él sabía o sospechaba que no era eso: sólo trataba de ser amable, permitiéndome a la vez tener algo más de tiempo para adaptarme a mi nueva circunstancia. Pensé que ese gesto exigía de mí una respuesta un poco más extensa - Sin embargo, tampoco me atrevería a asegurar que sea yo el que sueña. Como ambos sabemos, en este mundo gelatinoso el cálculo de probabilidades no existe y nada es más cierto que su opuesto. Acaso en realidad (si es que hay realidad) se trate de tu sueño y no del mío.
- Podría ser... Aunque no recuerdo muy bien dónde leí, o escuché, que los muertos no soñamos, luego si es sueño ha de ser por fuerza tuyo, salvo que haya un tercero en todo esto y ambos no seamos más que meras formas que su delirio ha creado por motivos que jamás nos serán revelados. Imágenes, sonidos, sombras que danzan en la imaginación de un desconocido, sin esencia propia. Simples figurantes en un teatro que nos es ajeno.
- Esa descripción se asemeja bastante a lo que llamamos vida.
- Cierto. Y no obstante...
Ambos callamos durante unos segundos. Me miró sin sonreír, esperando mis palabras. Como si todo estuviese ya escrito desde mucho tiempo antes. Dije:
- De cualquier modo, sea sueño o no lo sea, y en el primer caso, sea uno u otro el soñador, hay dos cosas que siempre quise decirte y éste me parece el mejor momento para hacerlo. No sé si habrá otro. Quizá, después de todo, el que está soñando sea un dios sin suerte, un dios anónimo que ve llegar su hora postrera y que, como un último acto generoso, a modo de despedida, ha querido concederme este instante y estas palabras.
- Habla pues. Te escucho.
- Lo primero que he de decir es que yo, que te he leído, sé cuál fue realmente el motivo por el que ordenaste quemar tus textos. Mucho se ha escrito sobre ello, pero creo que nadie hasta ahora ha mencionado lo esencial. Puesto que ambos sabemos de qué estoy hablando y no hay aquí nadie más a quien pudiera interesar éste, nuestro pequeño secreto, me parece innecesario dedicarle una palabra más.- Hice una breve pausa, quizá algo teatral, para observar la reacción de mi interlocutor. Kafka enrojeció levemente. Después se encogió de hombros y, adoptando una pose un tanto patriarcal, dijo:
- No hay escritor que no crea saberlo. Incluso la mayoría de los lectores silenciosos. Cada uno tiene su opinión, todas igualmente respetables. Alguna de ellas, sin duda, se acercará más o menos a la verdad, lo cual tampoco importa; si lo miramos bien, verdad y mentira pueden ser sinónimos, sólo la perspectiva del que contempla o escucha o lee cambia. Pero siento curiosidad: ¿Qué es lo otro que deseas decirme?
- Lo segundo es que, gracias a tus obras no quemadas, pude finalmente hacer caso al impulso que desde niño me había estado empujando a escribir. No es probable que alguna vez sepamos si esto fue algo positivo para mí o, por el contrario, una más de las causas de mi desgracia, pero en uno u otro caso, así sucedió, y por ello, ahora que tengo la oportunidad de hacerlo, te doy las gracias.
- Agradécele a Max. Como ya sabes, yo había condenado a la hoguera hasta la última línea. Pero no comprendo del todo bien el motivo de tu agradecimiento. Por un lado, me parece que escribir no es algo que te haga demasiado feliz; por otro, tú mismo acabas de decir que acaso el hecho de haberte decidido a emprender ese camino pueda estar ligado a tu propia desdicha.
- Tienes razón. Escribir no es algo que me cause una especial satisfacción. Si bien tampoco puede decirse que me resulte detestable, en ocasiones llega a molestarme un poco tener que hacerlo. Tú sabes a qué me refiero. Me alegra poder hablar de todo esto contigo, porque a casi todo el mundo le resulta extraña, incluso incoherente, la idea de que un escritor pueda no disfrutar con lo que hace. Para la mayoría, esto debería ser una especie de juego o distracción.
- Es comprensible. Sin duda, ellos no han padecido las pesadillas, la obsesión por transformar lo indefinible en términos concretos, el irrefrenable impulso de completar aquello que, aunque no lo sepamos, es, en esencia, incompleto…
Durante un larguísimo instante escuché. Ni el más leve sonido perturbaba nuestra charla. Luego respondí:
- Y sin embargo, aunque intuyamos que hay vacíos que no se pueden llenar, no queda otra opción que seguir en el empeño.
- El camino en sí será suficiente... Creo que tú mismo dijiste eso o algo parecido alguna vez, en un poema.
- Es posible. Ya no me acuerdo.- Hice un gesto vago con la mano abierta. - Palabras escritas, reflejo de palabras leídas u oídas, reflejo al cabo. No tiene importancia... Pero me alegra que lo hayas leído.
- En realidad ya no recuerdo si lo leí yo mismo o alguien me habló de él. Como puedes imaginar, aquí todo resulta un poco confuso. En especial, los nombres. De hecho, no conozco el tuyo. - Hizo un leve gesto de impaciencia.- Pero no hace falta que te molestes en pronunciarlo; lo olvidaría en pocos segundos. Importan las obras, los nombres son tan sólo una más de las muchas máscaras que solemos usar en nuestro deambular por el mundo. Aquí carecen de importancia.
- El tuyo, no obstante, ha perdurado. Incluso ha dado para acuñar un término -kafkiano- que mucha gente utiliza sin el menor reparo -y en muchos casos de forma arbitraria- aun desconociendo por completo tu obra.
- Mero accidente. Reflejo de la superficialidad que gobierna las cosas del mundo de los vivos. Más acentuada en tu época que en la mía, según he podido escuchar por ahí.
- Creo que así es. El culto a la apariencia nos ha llevado a valorar la forma y olvidarnos casi por completo de lo importante. Somos, en esencia, lo que aparentamos ser. Lo demás es abstracción, algo que no goza de la simpatía general.
Después de un corto silencio, Kafka preguntó:
- ¿Cuál sería entonces la razón que te impulsa a escribir contra viento y arena, según tu propio testimonio?
Uno nunca está preparado para una pregunta como ésta, pero por alguna razón, no me incomodó. La respuesta surgió de forma natural, sin siquiera pensar lo que estaba diciendo.
- No es fácil saberlo con certeza. Yo mismo me lo he preguntado muchas veces y no me atrevo a afirmar que conozca la respuesta. Podría inventar algunas explicaciones más o menos verosímiles, pero ninguna de ellas sería del todo cierta; como mucho servirían, quizá, para mitigar la incomodidad de algunos lectores y disimular vagamente la impenetrable verdad. Sólo puedo decir que, mientras escribo, hay momentos en que estoy fuera del tiempo. Mientras eso dura, presiento que soy inmortal, invulnerable. Aunque entonces se viniese todo abajo, el verso que acabo de terminar es único y es mío, y yo suyo. Sólo por un instante, algo trasciende, va más allá del mero devenir inconsistente de esta parodia que habito o que me habita; por un instante, o una mera fracción del mismo, hay un resplandor. El mundo, durante esa millonésima de segundo, parece tener un sentido. Ahora mismo...
- ¿Ahora? ¿Estás, pues, escribiendo en este momento?
- En este sueño, si sueño es, escribo que tiene lugar esta conversación. Tal vez en otro seas tú quien dialoga con el fantasma de un oscuro autor no nacido. Si hay alguien más, tal vez sea ese alguien quien finalmente cuente que tú y yo, en un tiempo inconcebible, brindamos en algún lóbrego bar de una ciudad que ninguno de los dos conoció en vida.
- Sea como dices, pero ahora ¡despierta! Está amaneciendo.



*de Sergio Borao Llop.
http://sbllop.blogia.com
http://www.aragonesasi.com/sergio
http://es.groups.yahoo.com/group/Camino-Al-Andar/






Ausencia*



*Por Federico Tabares. arqftabares@gmail.com


Francisco está por ahí, dando vueltas, hinchando con la guitarra que le regalamos para Navidad, pateando una pelota adentro de la casa, con el peligro de que un rebote salga para el lado equivocado y rompa un adorno o un vidrio. A veces no se lo escucha, está arriba, en una especie de altillo transformado en tugurio mugriento al que llamé "estudio" y terminó siendo depósito y el lugar de la compu. Está jugando a los "jueguitos", navegando por la red o consultando su correo electrónico al que nunca le llega nada importante ya que sus obligaciones no van más allá de cursar el segundo grado de la escuela primaria.
Francisco es un poco más grande que lo que yo era en marzo del 76, un año y algo más. No creo haber sido yo muy distinto a él... Inquieto, hinchapelotas, ingenuo. Él pregunta, quiere saber, claro; en casa hablamos, opinamos y sobre todo puteamos. Él sabe, porque le hemos dicho, pero no sé si entiende; creo que no mucho. Yo tampoco creo haber entendido lo que pasaba en ese momento y mucho menos lo que iba a pasar casi un año después, aquel día de Reyes cuando se llevaron a César, el abuelo de Francisco.
Francisco tiene un padre de casi 40 años, el que esto escribe.
Francisco cree que soy Dios... pobre hijo. Yo seguro pensaba de la misma forma en mi papá. Pero me pusieron los pies sobre la tierra, de prepo y al mismo tiempo en que mi Dios caía asesinado sobre esa misma tierra.
Francisco pregunta, algo entiende, de a poco un poco más; pero claro, en casa se habla y mucho, se explica y se cuenta a todo el que quiera o no escuchar.
Fran sigue por ahí, cada tanto me llama "¡Paapáaa!" como me hubiera gustado poder llamarte, viejo; pero así las cosas. No callar es la forma que encuentro de estar llamándote siempre.
Francisco está aprendiendo la historia reciente de su familia y la de su país en un momento que yo nunca creí vivir. Porque ya no sólo son nuestras palabras, que se suman a la larga lucha de quienes han sostenido la memoria por muchos años; está, además, la voluntad política del Estado de poner claro sobre oscuro y juzgar a los responsables del genocidio más grande de nuestra argentina del siglo XX.
Más voces como la mía, más Franciscos que sepan, más gente que entienda y comprenda, para que NUNCA MAS tengamos que vivir -hijas, hijos; madres, padres; esposas, esposos- la ausencia, para que NUNCA MAS vacíen de conciencia al pueblo y así logren vaciar nuestra Nación.


*Hijo de César Tabares, militante peronista que fue director del penal de Coronda y está desaparecido desde enero de 1977.

-Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-22853-2010-03-24.html







POEMA PARA NO
OLVIDAR*


Hay treinta mil
razones, que no son pocas,
ahumando el
tiempo y el fin de siglo.
¡¿qué digo?!
Treinta mil. Sólo son las más cercanas.
Las más
nombradas por las flores
confirmadas cada
mañana en el barbijo del sol
y navegando,
siempre navegando, en las voces del viento.
Nombres que
siembran despertando historias
donde el dolor
es simiente y la ausencia
una brasa
ardiendo corazón adentro.



*de Oscar Cacho Agú. cachoagu@yahoo.com.ar







Conversación de otoño*


Fuera de él, pero en mi cuerpo
late
su pequeño
vivir y morir sus nervaduras
la hoja que transitó verde este verano
y saluda ahora a su otoño
y no cuestiona.

Sangre y savia: ríos interiores
cruces de espacios, tiempos y lenguajes
para decirle mundo al mundo
para habitarlo
casa.

Se filtra luz en la espesura.
Se adivinan sombras en sus juegos


Descalzos indagan texturas y colores
los pasos de la muerte y de la vida.


*de Verónica Capellino veroaleph@hotmail.com
- otoño de 2010





Que no se te olvide...*



Que no te pase inadvertido
Que no te gane el hábito, la costumbre
La inercia, el ya paso…
Que no se arraigue en la costumbre
Que no te resulte natural escuchar que fue una guerra.
Que no lo aceptes.
Que no la fue.
Que no te parezca ajeno, ni lejano
Que no se te pierda
En los tortuosos laberintos de palabras vacías
El sentido profundo
del por que marchamos
cada 24 de marzo
y somos pañuelos blancos
multiplicados en la calle.
Que no se te olviden
esos rostros de las pancartas
Que no dejes de preguntar
Que no te conformes con argumentos triviales
Que no se te olviden los nombres
Porque son mas de treinta mil
las historias por escribir.
Que no se te olviden sus banderas
Que aún están caídas y esperándote




*de Marta Goddio. martagt46@yahoo.com.ar
-24-03-10





*


La memoria de ese marzo terrible de 1976. Un marzo que resignificó una palabra del idioma castellano, hasta hacerla argentina, que se dice así en otros idiomas "desaparecido”. Los genios hacen aparecer a instancias del deseo, las historias se arman con el eros, que une. Los desaparecedores están del lado de la muerte. Para no darles ninguna victoria tenemos que actuar como "aparecedores" de palabras. Guardarlas en el bosque de la memoria. Hacer florecer la memoria como un jardín, que cree redes que nos protejan del olvido y el vacío. Flores rojas como esa sangre que no cesa de inscribirse porque no pudo ser sepultada y es presente continuo. Hojas verdes como la esperanza del Nunca más.



*De Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

( Dicen los guaraníes: "El hombre es palabra que camina" )






*

Queridas amigas, apreciados amigos:


Este domingo 28 de marzo del 2010 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Julio Estrada. Las poesías que leeremos pertenecen a Eva Durán (Colombia) y la música de fondo será de Llaqtamasi (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link: MP3 Live-Stream).
Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!! (Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel.: 0043 662 825067

*


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