Wednesday, November 02, 2011

EN LA DERIVA DE UNA ISLA...



-Foto: Eduardo Coiro.
Fuente diario La Unión. http://www.launion.com.ar/?p=67204





MUJER MIRANDO EL MAR*



El mar ríe en mi
como burbujas que desembarcan
en la deriva de una isla.

Me mira mirarlo. Me nada.

Pone en la mesa sal
adorna con estrellas la cama.
Envuelve con algas el regalo de su olor.
Urde la paz agitada del deseo
mientras me llama.


*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com










Alimento de sonrisas*


El hombre tropieza con el billete guardado de vez en cuando.
El perenne gusto de la tristeza en su boca retrocede por un rato con ese recuerdo que le brinda una curiosa alegría privada que no necesita espejo ni testigos.
Ya llego a una edad donde se escurren precisiones y fechas.
Pero puede verse en la cola del supermercado para pagar e irse a su casa con alimentos para que la heladera no se vea generosa en vacío. Reconstruye su asombro al descubrir el sistema de tubo aspiradora por el cual las cajeras envían dinero dentro de un recipiente similar a una lata a un lugar invisible desde la línea de cajas.
Una imagen rara que da para pensar en la velocidad de circulación del dinero que inquieta a los economistas.
Que el hombre haya decidido quitar de circulación tiempo atrás un billete de 2 pesos y lo haya incorporado como un objeto portador de significado, justifica contar la historia.

El hombre toma ese objeto inerte: observa cara de un Bartolomé Mitre casi anciano, y le parece percibir una mirada preocupada hacia el futuro.
Lee la numeración: 12836859 J.
Lo gira y lee el mensaje escrito en birome azul.

Puede ver como si fuera ahora mismo a la morena de la caja que demuestra una amabilidad poco usual con los clientes.
Recuerda la sonrisa enorme mientras el hombre colocaba las cosas en la cinta que acerca los productos a la lectora de códigos que serán precios a pagar.
El hombre recibió la sonrisa de la chica y dijo "gracias".
Vio una tenue expresión de desconcierto y se sintió obligado a explicarse:
"Gracias, porque a esta altura de mi vida me alimento de sonrisas"
La cajera le volvió a regalar una sonrisa grande como luna llena.
El hombre pagó. Colocó los productos en bolsas.
Mientras le daba el cambio, ella tomó un billete de dos pesos y escribió en él un mensaje veloz.
El hombre guardo el vuelto y la cuenta como un manojo en el bolsillo.
Le dio un inesperado beso en la mejilla a la chica y se fue con sus cosas.
Cuando caminaba hacia la calle -que él percibe como un desierto urbano o una isla perdida en el océano- se ilusionaba con que hubiera en ese billete un número de teléfono para hablarle. Que ese billete no fuese una anónima promesa de pago que pasa de mano en mano con indiferencia sino un puente hacia una gota de ternura compartida.
Cuando llego a su casa lo leyó. Sin expresar un previsible desencanto decidió quedarse con el billete para no olvidarla y leer de vez en cuando el mensaje que dejó escrito:

Nunca te des por vencido
Lucha...
Romi.


*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






BOLSILLOS*




Los bolsillos llenos
Las aves cantan, la familia inmensa,
amigos revolotean en bandadas
y la primavera muestra dientes de perla

¡Ah!, qué dulce

Los pies caminan senderos sin piedras
y todos hacen venia,
las palabras son música dulce a los oídos,
son caricias a la conciencia enferma

¡Ah!, qué dulce

El amor en cada esquina ofreciendo sus brazos,
abiertos y cálidos brazos
y la soledad se embriaga,
el dolor compra pasaje de ida en primera clase
y los sentidos se embelesan,
en especie de amargo néctar,
adictivas sensaciones plasman la piel
y las manías vuelan,
sí, sí, vuelan superiores a los pájaros,
superiores a las tormentas

Los ojos flotan en dulce sacra hiel soñada
y pierden el juicio,
no perciben el hambre más allá de la puerta,
el despojo de cuerpos ajenos

el alma mutada en piedra, áspera y fría piedra,

¡Ah!, cómo pesan los bolsillos.



*De Ruth Ana López Calderón©. anilopez20032000@yahoo.es
01-05-2011





Pequeña hemorragia*


En la tintorería no sabían como sacar las pequeñas marcas que dejaron las gotas de sangre en el sombrero blanco. Fue por una repentina hemorragia de imágenes. Ella quería tapar las huellas de esa desavenencia entre el cuerpo y las ideas.

Una ausencia escapando para siempre, estallando primero, derramándose después, casi dulce, suave, por los imperceptibles intersticios, como una tristeza coloreada. Recordó el momento en que sintió uñas escarbando en su cabeza. Pensó en todas las sangres que llevaron a esa pequeña rosita licuada. La sangre enjaulada como trofeo, en las sábanas de los recién casados, del otro lado del tiempo y del mar. La que se mezcla con el placer y la curiosidad de la primera vez. Las sangres menstruales que siempre traen un mensaje. La que vio en la mañana del golpe, que no salió en los diarios, muda, sin cuerpo, sombra sólida, amenaza, vendavales del miedo. Las que la antecedieron. La que vino después, deslucida sangre morena de los márgenes, caída en tiroteos, enfermedades curables, inundaciones. La sangre de los partos, contundente y laboriosa, la de los abortos de las mujeres pobres crucificadas en la hipocresía.
La de los actos temerarios. La que guarda en tubitos las incógnitas del cuerpo.Pensó ella que después de todo, las gotitas que mancharon su sombrero, fueron algo distinto, como el romperse de una idea sin adornos, así vestidas de palabras las ideas no sangran, sonrió retocándose el rouge en el espejo.


*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com






LAS ENTREVISTAS DE CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ
LA VISIÓN DE UN ARTISTA "SIMPLE"


Eduardo Coiro: “Me asombra el heroísmo de la gente común”



*Por CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ. parodizlaunion@gmail.com


El escritor motorizó ”Inventiva social”, un soporte a los proyectos solidarios.



Vago es una calle en Temperley, que alberga un pasajero poco común. Editor de Inventiva Social, un medio literario de prestigio y alcance global, el escritor y sociólogo Eduardo Coiro habla de sus intentos solidarios, de una obra difundida y de los puentes tendidos hacia la sociedad, con la que ha construido una comunidad virtual donde los desafíos y la palabra cobran sentido. Una libertad de 10 años creativos.


–¿Quién sos, de dónde venís, de qué barrio sos?


–Soy de acá, de Temperley, hijo de padres que dieron hasta la camiseta por sus hijos. He estudiado sociología quizás por un azar, pero puse en una perinola, una equivalencia en carreras, tiré la perinola y salió sociología, como podría haber salido psicología, antropología, periodismo y fui consecuente, me anoté, cursé y me recibí.

–¿Cuestión de respetos?

–Respeté a esa decisión azarosa; la idea de “Inventiva social”, que es un poco lo que quería contarte, surgió de querer crear un banco de ideas, que pudiera acercar soporte virtual a proyectos solidarios, con el aporte de voluntarios competentes en cada tema, pero siempre sobre la base de proyectos sociales y respaldar de alguna manera, la actividad de la gente.


–¿Y cómo te fue?


–Estuve un tiempo intentándolo hasta que llegué a la conclusión de que eso es algo que era inalcanzable con mis posibilidades de ese momento, y si empecé a ver que había un montón de personas que estaban en la misma situación que yo.
Personas que necesitaban escribir, necesitaban expresarse, que escriben muy bien, hay muchísima gente que escribe muy bien y no tiene difusión, y empezó a ser lo que es “Inventiva Social”. Es el momento fundante de “Inventiva Social”. Estamos hablando del 1999 – 2000.


–¿Los contactos con los escritores son virtuales?


–Conozco escritores de Santa Fé, he tenido el honor y el gusto de conocer a muchísima gente que escribe muy bien en Santa Fe y hay gente a la que he conocido sólo por correo, hay amigos cubanos que escriben, un querido amigo que falleció el año pasado, en Austria, que tenía también su propia revista literaria y que aportó muchísimo con sus escritos y su obra plástica, que sigo difundiendo, Luis Alfredo Duarte Herrera, un destacado artista residente en Salzburgo.


–¿Qué desafíos tiene “Inventiva social”?


–Uno de los grandes desafíos es primero seguir con el Inventren, un proyecto realmente ambicioso. Si uno piensa en lo que es tomar un recorrido de trenes que ya no van a volver, como ahora que estamos haciendo un recorrido:
Carhué y Puente Alsina, son muchas estaciones, imaginación que hay que poner en cada estación, mucho esfuerzo para poder escribir líneas surgidas del viaje de los recuerdos de cada cual o de lo que sugiere el nombre de la estación. En algunos casos no queda absolutamente nada.
Ni siquiera testimonios de lo que fue. Una especie de rescate simbólico de lo que fue el tren, y mantenerlo vivo desde el relato y la literatura, es un desafío impresionante, para mi es el desafío más grande. Que estén escribiendo en un recorrido argentino amigos de Méjico o de España, para mi es un orgullo y un desafío.


–¿Tenés algo publicado?


–Lo que hay publicado: “Viendo al oeste del andén tres”, un ensayo dedicado a Kosteki (Maximiliano), publicado en Salzburgo, en Austria; una crónica sobre el Foro Social Mundial, publicada en campo grupal, otra pequeña ponencia, el problema de la verdad en la constitución del sujeto, publicado en un libro de compilación llamado el pensamiento de los umbrales del siglo XXI, hay otra ponencia, “Proceso de globalización”, “Nuevas tecnologías de la comunicación e identidad cultural”, en otra compilación de Susana Vellegia, la Gestión Cultural en la ciudad ante el próximo milenio.
Y un pequeño escrito llamado la reinvención del ferrocarril, un proyecto de articulación social, que fue publicado en un libro de síntesis.
Después hay escritos editados en Internet, Resonancia.org en Francia, Estrella errante en Salzburgo, y otros lugares. Un armado de página para el Inventren se hizo en La Unión, uno de los primeros recorridos que hicimos, que salió de La Plata y llegó a Mercedes, siguiendo el recorrido del Provincial o del Belgrano.


–¿El común de la gente también puede publicar?

–Cuando uno va al supermercado porque trata de comer y ve el heroísmo de la gente, una de las cosas que más me asombra es ese heroísmo de la gente común y corriente como yo, el heroísmo de vivir en la adversidad.
Hay un montón de cuestiones por las cuales la gente pelea con la adversidad, donde es heroico que una persona sale a la calle va llega a su trabajo y cumple con su trabajo y vuelve, ese tipo de cuestiones, ojalá la gente pudiera escribir sobre lo que le pasa todos los días. Yo sería feliz.



Él escribe...


Creo en el saludo del Zapatero sin clientes.
En la bendición del mendigo ciego.
En la mirada sin padre del cura bueno
al que llamamos -de pura costumbre- "Padre".
No creo en ninguna institución que administre la palabra "Dios".


*Fuente: La Unión Espectáculos y Cultura 31/10/11
http://www.launion.com.ar/?p=67204






PESCA AL POR MAYOR*

Arroyos del Norte Santafesino;
Una época en la que todo abundaba.



El tractor naranja, ya bastante baqueteado, hacía sonar su estridente marcha, rompiendo la quietud de la siesta en la vastedad de la colonia; tartamudeando en los cambios, tosiendo cada tanto con arcadas de humo, arrastrando un acoplado lleno de muchachos que iban a pescar, aquel sábado a la tarde, de pleno sol otoñal.
El gavilán que sobrevolaba sus dominios chilló advirtiendo al extraño espécimen reptante, de anaranjada cabeza, que osaba desconocer su territorio, y viendo que aquel avanzaba indiferente, optó por volar encima y asegurarse que no fuera una amenaza para los suyos, y describía extensos giros planeando por encima, una y otra vez, vigilante, señudo, y alerta…
No faltó alguien del acoplado que levantó una carabina y disparó contra el gavilán, pero con el temblequeo de la marcha era difícil apuntar medianamente bien; detrás lo imitaron otros dos o tres, con sendas armas calibre 22, pero el gavilán siguió planeado, haciendo apenas un leve alabeo, sin variar casi su trayectoria. Si hubiera sido con una escopeta, que abre un haz de municiones, otra habría sido la suerte del ave.
Pensé que como no se podía apuntar con precisión, lo que correspondía era tirar a pálpito, a ojo de buen cubero… Y así probé, tirando algo adelante y al bulto, con tanta acierto que el gavilán, sorprendido en su planeo, comenzó a caer revoleando sus alas, en un desordenado tirabuzón, finalmente hasta el suelo…
En el silencio de observar la caída, nos pareció escuchar el rebote sordo del cuerpo inerte, en el final de su último y truncado vuelo…
No sentí alegría para nada, pero era chico y tenía la vanidad de querer lucirme, ante una media docena de preadolescentes como yo mismo, que íbamos atrás, más dos muchachos adultos en el tractor; uno conduciéndolo, y el otro sentado malamente en el guardabarros, saltando en los barquinazos, mas aún que los que íbamos en el remolque.
-¡Vamos a ver si para pescar sos tan bueno!...- bromearon a mi costa.
Rato antes habíamos cargado todos los elementos, así como comestibles y bebidas en cantidad abundante, y salido de la casa de mi tío; que era siempre el punto de inicio o partida, para cualquier evento que fuera importante en la colonia.
A principios de la década del cincuenta estaba en todo su esplendor. Las tierras eran casi vírgenes y rebosaban de sembrados lozanos y las cosechas eran abundantes, de buenos rindes; por lo que los colonos progresaban felizmente, y trabajaban fieramente alentados por esa generosa recompensa.-
El trabajo era la ley, pero llegado el sábado, y más el domingo; sagrado descanso, fiesta. Fiesta era Truco, boliche, baile, fútbol, pesca, caza, y en gran parte diversión en familia. A menos que estuvieran en momentos cruciales, como sembrar o cosechar, y había que aprovechar el buen tiempo. Ahí sí, trabajaban incluso de noche.
Marchamos una media hora y cruzamos un puente pequeño hecho con troncos, pero que aguantaba firmemente el paso de vehículos, tractores y máquinas, desde décadas atrás, cuando por necesidad, se juntaron los colonos para construirlo; y soportó además los embates de muchas crecidas de la cañada, que por épocas se pone muy correntosa…
Mis primos me contaban que en ocasiones habían cazado yacarés, de cierto tamaño; ya que era casi un estero, rodeado de monte…
Pasando el puente, entramos en un camino vecinal, cruzamos tres o cuatro casas de colonos, casi precarias, con pequeñas quintas de frutales y alguna planta para sombra, sobre un patio pelado; con gallinas picoteando en el suelo, y algún chancho hurgando de aquí para allá. Franqueando sus tranqueras, cruzamos varias chacras y finalmente nos encontramos en un bajo pronunciado, tupido de ceibos, entre altos y amarillentos pajonales.
Luego una limpiada, rodeada de plantas de Tala, y allí nos detuvimos. Calló el tractor, y era tan grande el silencio imperante, que todo nuestro bochinche bajando las cosas, parecía que no lograba alterarlo.
A metros, un arroyo angosto y poco profundo, corría viboreando entre grandes bancos de arena, y algún trecho de barrancas bajas.
Enseguida estábamos metidos en el agua, que a lo sumo nos llegaba a la cintura, aunque en el centro iban los dos mayores por ser un poco más hondo. Todos en hilera, empujando una red con cinco o seis parantes, que había que sostener para mantenerla vertical, mientras lo hacíamos, avanzábamos en el agua; así un trecho, y cada tanto girábamos sobre una punta, avanzando con la otra hasta llegar a juntar los dos extremos en una orilla, sacando así todos los peces atrapados fuera del agua, al desplayado de arena.
En cada tirada sacábamos docenas de sábalos de dos o tres kilos, que coleteaban y saltaban por safar y volver al agua, muy pocos lo conseguían… Salían también algunos Moncholos o Bagres; que juntábamos con los demás.- Sólo devolvíamos de inmediato al agua a los más chicos.- En un momento un Dorado, mediano, al verse acorralado saltó del agua, sobre la red, tan vigorosamente que dio contra la frente de Chiani, un corpulento muchacho, que aturdido, cayó por un momento de espaldas en el arroyo… Así estuvimos pasando y repasando la red, capturando centenares de piezas, buena parte de la tarde.-
Para el atardecer todos los pescados estaban abiertos, limpios y salados; listos para freír…
Comenzó a llegar gente. A caballo, en volanta. Familias enteras, varones y mujeres, chicos y grandes; que habrían sido invitados previamente, supongo. Todos eran amigos. Se armó alguna ronda de mate, alguna mesa de truco, aparecieron una guitarra y un bandoneón, y un jovencito con una flauta que maravillaba entreverado en el conjunto; mientras algunos encendían fogatas con leñas, aprestándose a cocinar el pescado, en varias ollas negras “de tres patas”…
Entretanto, con la última luz del día, yo me aparté, y tentado me tiré al agua fresca, para cruzar ida y vuelta, un tramo angosto, que resultó ser hondo… Me cansé antes de llegar a la otra orilla… Y agotada, me volví, pensando por momentos que no llegaba. Estaba sólo y me asusté. Sin aliento, alcancé finalmente regresar y salir medio muerto del agua…
Mi primo Titín me había visto y percatado de mi trance, se acercó presuroso. Al verme salir bien, aunque bufando, me dijo entre risas de alivio…:
-¡Ufa…! ¡Qué susto, compañero!- Los dos nos sentamos juntos, y reímos con ganas…, pensando cada uno en silencio, el momento que acababa de pasar…
Conseguí reponerme tras un buen rato, y pude reintegrarme al grupo, y después colaborar con los cocineros, junto a mis otros primos.
Apenas oscurecido, empezó a correr el vino y la cerveza, con las primeras fuentes de sábalo frito, que repartíamos a decenas de comensales; medianamente acomodados en mesas y sillas, que ellos mismos habían traído.-
Todo bajo la techumbre de las Talas, la luz de los faroles, y los acordes de la música litoraleña; que brotando en la noche silenciosa, flotaba sobre el inmenso y agreste paraje, de ceibos y pajonales, en los meandros del Toba, el arroyo generoso…
Hubo risas, cuentos, alegría; y siguió la fritanga con música, hasta muy tarde. Al final sobró tanto pescado aún sin cocinar, que hubo para que todos llevaran a sus casas la cantidad que quisieran…
Cuando todos se habían marchado, y apagamos el último farol, la noche volvió a quedar en el más puro y virginal silencio… sólo perforado por una miríada de grillos y otros bichos nocturnos, que ahora reanudaban sus coros, librados al fin de la irrupción de los intrusos, y de su molesto y ruidoso barullo…




II


Otro tío mío vivía muy cerca, y ya en el verano, un día me invitó también a pescar, en un lugar cercano y en el mismo arroyo, pero esta vez donde éste desagua su cauce, en un delta de canales ramificados, ya en los bajos del gran estero.
El transporte fue una volanta toda negra, un carruaje descubierto, típico entonces, con un tiro de dos caballos; atrás con dos ruedas grandes y rayos de madera, las de adelante igual, pero bastante más chicas.
Pero lo curioso fueron los elementos. Un par de horquillas de las que se usaban para emparvar lino. Un largo mango de madera con tres o cuatro dientes finos y filosos de acero; y un bulto con varias bolsas de arpillera. Nada de redes, ni espineles; sólo eso…
Iban además dos primos mayores, y el mismo Chiani, el forzudo.-
El monte quedó atrás, en la altura, se lo veía lejano, casi en el horizonte. El lugar era desolado, bajo y llano; y estaba cruzado por varios canales, o riachos, que se iban bifurcando, de unos tres o cuatro metros de ancho, recortados en la tierra, sin arenales en las orillas. Todo limpio, sin siquiera una mata de paja, o gramilla en el suelo.
De los jóvenes, dos se metieron con el agua hasta la cintura, llevando cada uno su horquilla a modo de fija, el otro caminaba cerca de la orilla, para ir juntando los peces fijados. El agua turbia no permitía ver para apuntar, por lo que tiraban horquillazos a diestra y siniestra, para ensartar los peces que tuvieran la mala suerte de acercarse en su camino, y al paso avanzaban despacio, aguas abajo. Cada pez ensartado hacía sacudir la horquilla al retorcerse entre los dientes de acero.
Parece mentira, pero era raro el tiro que no ensartaran al menos uno, tal era la proliferación de peces, sábalos casi en su totalidad, y todos de buen tamaño.
Golpe de horquilla y pez afuera. A veces dos o tres tiros en falso. El otro iba juntando y limpiando, de uno en uno…… poniéndolos en una bolsa, de las que habíamos llevado para eso.
Me fui a sentar al lado de mi tío en el suelo, que había llevado una línea con su anzuelo, y estaba pescando como Dios manda.-
Desde allí yo miraba la hazaña.-
-Tío, no puedo creer lo que veo… ¡sacar peces de esta manera!-
Mi tío me miró divertido, con una sonrisa bonachona.
-¡Vas a ver la cantidad que llevaremos, dentro de un rato!-
-Pero; ¿Qué van a hacer con tanto pescado?...Pregunté sin conocer cómo harían para aprovechar tanta pesca.
-¡Ohh! –suspiró divertido- Primero, convidar a los vecinos, como ellos hacen con nosotros. Apartar algo para comer en casa, y finalmente lo que reste lo conservaremos en sal… Se pone una buena capa de sal gruesa en el fondo de un barril de madera, que usamos para eso; una capa de pescados abiertos y limpios, luego otra capa gruesa de sal, y así hasta que al final, se cierra siempre con abundante sal…
Bueno, ahora estaba claro.
Seguí observando:
Las orillas donde iban, quedaban regadas de sábalos capturados, que se retorcían, reflejando como hojas de plata al sol de la tarde. Los dos fijadores tiraban tantos peces afuera del agua, que el juntador no alcanzaba a hacer toda la tarea, y se atrasaba. Los pescados se iban amontonando, y eso, a los otros, les permitía cada tanto tomarse un respiro, pero antes de continuar tenían que ayudarlo, y luego volvían a la excepcional captura…
Llenaban las bolsas hasta la mitad y las iban cargando al coche, o “carrito” como se lo conocía. Cargaron al menos siete u ocho medias bolsas.
Al regresar notábamos que el peso era excesivo, si bien no era demasiado lejos el viaje a la casa; pero el piso era de por sí algo blando, y ahora parecía menos parejo…
Avanzábamos muy lento, y el carruaje parecía quejarse. Apenas habíamos salido, y de golpe hubo un crujido seco, y una rueda trasera se rompió en pedazos. Se desarmaron y se rompieron los rayos, y el carruaje se fue ladeando hasta el suelo de ese lado, mientras nosotros saltábamos, desprevenidos…
Quedamos mirándonos unos a otros, y también mirábamos la rueda. Al cabo, se desataron los caballos, y fueron a buscar ayuda a una estancia cercana.
Mi tío y yo nos quedamos a esperar el auxilio, que llegó en una hora; un tractor que nos llevó de regreso.
La pesca se salvó casi en su totalidad, ya que la trajimos un poco en los caballos, y otro poco en el tractor.
.La volanta quedó un par de días en el estero, hasta que le reemplazaron la rueda rota.
Rota por el descomunal peso de semejante pesca.
Pesca con horquillas, y en tal cantidad, que traíamos bolsas llenas de Sábalos…
-¡Cosa de no creer!-


*De Celso H. Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda (Santa Fe), -Texto incluido en "Los días felices" 21 julio 2005




Correo:


Cannes: Tierra y rocas en la Valija del Espacio Vital*

¿Cuál es el lugar de un pequeño en la ronda de los gigantes económicos?

Los 8 más grandes necesitan más espacio vital, pues su población y su velocidad económica supera holgadamente la capacidad de su suelo como para dar nutrientes, minerales, AGUA y nichos contaminables que les permitan seguir creciendo mientras fabrican un celular para ser tirado al año siguiente o un alimento con sustancias nocivas para la salud.

En algunos años sabremos qué llevaba la Valija a Cannes. Qué pato para esa boda de 20 entre algunos grandes festejando la entrega de unos chiquitos que quieren ser iguales y otros, como nosotros..., que están dispuestos a seguir el designio de los rendidos sin pelea.

Quizá Ghana llevó alguna vez tal Valija y hoy es un depósito de basura electrónica y química de las superpotencias. Un verdadero orgullo (¿???).

Hoy la extraña Valija viaja a Cannes y no me pueden pedir que aplauda por lo que le podrán robar a mis nietos. No me pueden pedir que aplauda la entrega de su futuro con, cada vez, más muros que encierran barrios de hiperricos para protegerse de los miserables.

Sí, es la Valija de los miserables en oferta para ampliar el espacio vital que pronto considerarán que es de ellos. Cuando alguien se revele y diga ¡Basta! saldrán a decirle al Mundo que los miserables les quieren sacar sus tierras fértiles y sus montañas. Dirán que es una lástima que nuestros hijos y nietos estén sentados sobre sus riquezas.

La Valija va sonriente. Las tierras de la Argentina Profunda se abren ante la tentación de ser explotadas, exfoliadas, ensuciadas, aniquiladas en pos de la felicidad de los shoppings de gentes de otras tierras. De otras tierras que enarbolan ser civilizadas luego de haberse matado entre vecinos por 3.000 años y de haber destruído civilizaciones milenarias en ese mismo tiempo, especialmente las nuestras en lo últimos 500 años.

La Valija traerá menos que baratijas. El yanaconazgo será poca cosa frente a ese pasado que se reinventa. La Guerra de Zapa será más difícil en ese entonces, pero esperemos que esta vez no sea librada por un Empleado de las Logias de la Civilización de la Barbarie.

Se estremece el Alma al enterarme de la felicidad de la Valija que tendrá oportunidad especial de abrir su contenido para entregar la Tierra y el Futuro de nuestros bisnietos.




*De Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
- Ingeniero White - Buenos Aires
Noviembre 1ero de 2011 -



*


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