Wednesday, November 20, 2013

EN BUSCA DE LO NECESARIO...

 
 

 *Obra de Claudia Marting.

 Rosario. Argentina.


 

 

 

 

 

 

 
*
 
 
el eco de mis muertes
 
la inagotable sorpresa del amor
 
su beso
derramado
 
en la porosidad
de un suelo de preguntas
 
 
(un ínfimo grano
 
esa arena).
 
 
*De Alejandra Alma.
 
 
 
EN BUSCA DE LO NECESARIO…
 
 
 
 
Claroscuro*
 
 
 
Dijo que no entendía lo que dije, sin embargo, lo que dije era tan claro como el agua clara, pero dijo que lo que dije era tan oscuro como la falta de luz en un profundo pozo en una noche oscura.
Entendí que lo que no entendía era entender que lo que dije era tan entendible y claro como el agua clara, y no tan oscuro como dijo, cuando dijo, que era tan oscuro como la falta de luz en la profundidad de un pozo en una noche oscura, por eso le dije que jamás entendería lo que dije con palabras tan precisas como era preciso decirlas en ese preciso momento, pensando, precisamente, que lo que dije era lo que debía decirle, claramente, sin oscuridades, para que entendiera lo que precisamente necesitaba que entendiera y no entendió, porque entendió, que lo que dije era tan oscuro como la falta de luz en un profundo pozo una noche oscura.
Le dije que mis palabras eran tan claras como el agua clara, que de tan clara es transparente y no se ve, y no se sabe si realmente existe hasta que uno se sumerge, se moja o se ahoga, y eso es lo que ella no entendió, por que entendió que lo mejor era desentenderse de mi y me dejó plantado sin dejarme entender por que se iba y me dejaba solo, en el sanatorio y con el psiquiatra.
 
 
*De Emilio Zepol.
 
 
 
 
 
ÚLTIMOS PASOS*
 
 
Aquí plantó la cruz
para marcar  el tiempo.
 
Con el cabello blanco
y  zanjas en el rostro.
Con papada colgante
y flácidos tendones.
Con dolor en los huesos
y ojos en el cielo.
 
Borrada la memoria como borrado el sexo.
 
Aquí llegó y plantó
sus dos últimos pasos.
Allá solo ha dejado
lo que cuentan los otros.
 
*De Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@cubarte.cult.cu
 
 
 
 
 
 
Caca de paloma*
 
 
 
Hablaban en voz baja, como si nadie pudiese escuchar lo que sucedía realmente, como si nadie debiese saber la  asquerosa y cruel verdad. Sobre la mesa color madera había un papel, el teléfono sonaba y nadie atendía, en la mano de Silvana había otro papel y ella lloraba. El jodido teléfono seguía sonando y yo estaba ahí parada como una estúpida, parecía que el sol otoñal me tenía clavada contra la pared, estaqueada. Miré las palomitas que estaban en la ventana, esas palomitas que tan simpáticamente habían cagado toda esa ventana misma. Y el teléfono seguía sonando insoportablemente. Tercer timbrazo. Estaba decidida. Abrí la puerta:
-Paso más tarde- dije, y los cuatro me miraron por una fracción de segundo. Acto seguido, volvieron a mirarse entre ellos, ignorando con naturalidad que yo estaba ahí parada hacía como 20 minutos (así como ignoraron el teléfono) y el único que se quedó mirándome con esa miel que me incita a chuparle los ojos, fue Andrés, que asintió con la cabeza. Me fui alejando de las palomitas que hacen caca por todos lados, de la espera, de mis conjeturas estúpidas y del teléfono de mierda.
Recién al día siguiente lo entendí, me acuerdo que era martes porque mi abuela me había hecho calabazas a la pizza (la comida de los martes). No hubo clases. Leí el diario por primera vez en segundo año. “SUICIDIO” cantaba la portada de “El Litoral”. Mariana se había ido. Para siempre. Chau. Se murió. Se esfumó. De ella no queda el alma, no queda ya su voz. Mariana está muerta, fría, dura, callada, blanca, pero sobre todo: está muerta. Mariana se murió y yo quejándome de las palomitas que cagaban en las ventanas, del teléfono de mierda que sonaba. Mariana se murió, y yo pensaba en la miel que tiene Andrés, y en el sol de mayo. Mariana se murió y yo escribí esto.
 
 
 
*De Clara Sosa Faccioli. Klarii.87@hotmail.com
Santa Fe
-Primer Premio Cuento. Certamen Literario para adolescentes de la Asociación Cultural El Puente.
 
 
 
 
 
 
 
 
CALLEJONES*
 
 
 
*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
 
 
 
Los únicos recuerdos que me acompañan con insistencia, como llovizna encarnizada son los de la infancia. No importa si se reiteran, si vuelven empecinados como animalitos que tiritan en la intemperie.
Por allí pasan aquellos hombres, aquellas mujeres que destriparon terrones en amaneceres con escarchas, pasan aquellos seres que no se fueron en vano a descansar bajo la tierra, aunque la realidad que llamamos real así lo testifica son sus lápidas.
Saer decía que uno debe ser fiel a una zona, en realidad lo decía Lezcano, su personaje en ese texto magistral que se llama "Discurso sobre el término zona".
Para un hombre que respiró y anduvo esa llanura despojada, lisa, con el cielo como un plato estremecido que se junta allá a lo lejos con una línea verde que el crepúsculo tiñe de violáceo, ella tiene sentido.
Para un hombre que miró el vuelo libre de los pájaros, los vio rodeando con sus alas el aire claro de diciembre.
Para un hombre que recibió ese paisaje en esa hora primigenia del existir donde todo era principio y ese aire que daba vueltas sobre él, ese cielo, ese sol y esos crepúsculos no podrán ser luego cambiados por ningún otro paisaje.
Un hombre que vivió una infancia de espacios abiertos queda marcado para siempre.
No es raro entonces que a veces lo recuerde.
Por aquella calle no pasaba nunca nadie, ni siquiera para levantar el polvo que se asentaba con toda su inclemencia.
En verdad que no era una calle cualquiera, era una que pasaba detrás de las casas últimas que quedaban como colgadas del casco del pueblo, la que detrás de unos pinos solitarios devenía en callejón, se ensanchaba y recuperaba para sí todo el aire, la luz y la plenitud del campo que la rodeaba por todos lados como a una larga isla, el mar.
Era como un espolón, una escollera, con su malecón que formaban esos pinos verdosos que lo cuidaban como para que no escapara hacia el cañadón cercado de juncos y de ruidos de pájaros acuáticos y patos y cigüeñas y garzas pensativas que se paraban largo rato en una pata y parecían dormitar desde el fondo de los tiempos.
Ese callejón entonces, el mismo que sólo suelen transitar a veces los niños con sus tramperas para cazar mistos o corbatitas, su gramilla que alimenta cuises y ese polvillo para que los hurones dejaran marcadas sus patitas diminutas.
Por ese callejón sigue trotando ese grupo de niños, con sus hondas cazadoras y sus pies descalzos, sus cuerpitos que denotan una pobreza heredada como el color de los ojos o la piel sufrida.
Trotan en un atardecer con el sol que los persigue y pinta de reflejos dorados sus cabecitas rapadas, con otros soles más depredadores y salvajes que éste que, moribundo, rastrea entre los pastos como una víbora herida.
Como su andar es errático no podemos saber hacia donde se dirigen. O hacia alguna de las taperas que resisten con sus ruinas a los vientos de agosto y a los soles de enero; o bien hacia alguno de los numerosos cañadones donde pescan bagres barrosos o mojarritas tontas y nerviosas, o, no sería raro que enfilaran hacia alguno de los tanque australianos donde zambullirán sus cuerpecitos sudorosos.
Esos chicos, como hilachas perdidas en el viento, se dispersarán con los años como esos villanos de los cardos que tocan a veces sus rostros tostados por el sol de eneros sucesivos. Esos rostros tan nuevos y ateridos de necesidades futuras que hoy circulan la costra injusta del planeta donde no eligieron vivir.
El azar los puso allí, como a esas semillas de cardo que el viento zarandea en su liviandad peregrina.
Cuando pasen los años, alguna vez si por azar también se encuentran, alguno de ellos recordará estas incursiones inocentes -aventuras módicas- que insistían en las tardes y que, agrandados en el tiempo y el recuerdo, le parecerá la felicidad alcanzada que se trae al presente con sólo memorarla.
Y tal vez sea ese momento el de las reflexiones amables, con referencia a los "paraísos perdidos" para siempre, aunque no se lo exprese así, tan contundente.
Pero algo en el tono de sus voces cansadas, que se reviven con el vino y los recuerdos que se comparten luego de mucho tiempo, los hará creer en esa tabla que viene a rescatarlos de todos los naufragios.
Ese recuerdo amable que prefieren salvar de todas las miserias no les permite razonar que es sólo un deseo de retener el tiempo -que no vuelve ni tropieza, decía Quevedo- que pasó con su indiferencia implacable sobre ellos y sobre todos los sueños que perdieron para siempre.
 
 
 
 
 
 
 
 
En otro cuerpo… en otra alma*
 
 
 
Sólo cuando vuelvas a crecer,
después que hayas perdido todas tus hojas
después que te hayas quedado sin fuerzas
y ya no puedas mantenerte aferrado al suelo
y tus raíces se desprendan una por una,
presintiendo  el gran estruendo de la caída.
Y solamente si sobrevivís al rayo,
y soportás la brisa del fuego, ardiendo sin cesar,
podrás sembrar la semilla, la última
que si sos de tronco duro,
 
vas a llamar esperanza.
 
 
*De Nicolás Osuna. nicolasosuna4@gmail.com
Santa Fe.
 
Primer Premio Poesía.
Certamen Literario para adolescentes de la Asociación Cultural El Puente.
 
 
 
 
 
 
 
 
ASCENDER*
 
 
 
La empresa se dedicaba a hacer pruebas de seguridad en automóviles. Me incorporé con el ánimo de ascender rápidamente. Miré el organigrama y vi que había bastantes niveles para escalar lo que me animó ya que los retos me gustan y los que van acompañados de dinero y poder, aun más.
 
En las reuniones de objetivos que se celebraban quincenalmente se hacía un resumen de los logros conseguidos de forma individualizada, por lo que podías darte cuenta de cual era la competencia y establecer tus estrategias para bloquear el paso a los demás y magnificar tus acciones.
 
Estas reuniones acababan siempre con el mismo eslogan: "Hay que subir hasta lo más alto"
 
En la reunión de esta primera quincena encontré a faltar un muchacho muy activo y que estaba ascendiendo rápidamente. Al preguntar por él nos dijeron que ya había alcanzado su nivel más alto, por lo que no volveríamos a verlo. En la siguiente reunión faltaba otro chico, curiosamente otro de los adelantados, y el motivo fue el mismo. A mi me gustaba eso porque veía que la progresión era posible y no tan complicada.
 
Debido a los vacíos en el escalafón por la promoción de los ausentes, me tocó pasar a la fase principal de pruebas de seguridad: Cinturones experimentales. Ahora estoy sentado en el prototipo de pruebas, un muro de hormigón me espera a cincuenta metros. Van a lanzarme. Ahora entiendo que en pocos instantes subiré a lo más alto: al cielo.
 
 
*De Joan Mateu. joan@cimat.es
 
 
 
 
 
 
 
 
Un solo manuscrito*
 
 
 
Cuando los silencios duelen,
cuando mis ojos se hartan de derramar lágrimas,
cuando el mar borra mis pisadas en la arena,
cuando mi boca se cansa de sonreír.
 
 
Son esos momentos en que voy hacia ti.
Ya no importa nada más.
Somos tú y yo que nos zambullimos
dentro de páginas en blanco esperando
con muchas emociones
y experiencias por escribir.
 
 
 
Son esos momentos donde la soledad y el
/ silencio
adornan mi melancolía reflejada
en aquellos manuscritos llenos de esperanzas
/ perdidas,
de memorias llenas de ausencia,
de sueños rotos, de ilusiones olvidadas.
 
 
Aquellas palabras entrelazadas que escribimos,
aquellos sentimientos que nadie siente,
aquellas miradas que nadie observa,
aquellas lágrimas que nadie seca,
aquellas sonrisas que a nadie alegran,
se ven reflejados ahí sobre ese par de hojas
escritas con oraciones que nadie entiende.
Aquellas tardes de lluvia,
donde las ventanas sollozan al compás
de brisas tenebrosas,
aquella luz tenue llena de vida,
alumbra nuestra inspiración que se ve reflejada
en aquellos manuscritos a los que nadie encuentra sentido.
 
 
Aquellas ganas de mostrar ilusiones
y sueños destruidos para muchos sin sentido,
para nosotros va más allá de las miradas,
de “lo que dirán”.
 
 
En ese mismo instante
donde las palabras tienen importancia
donde el amor y el espanto se unen
formando una sola cosa,
un solo momento, un solo sentimiento,
un solo manuscrito.
 
 
*De Magdalena Zuviría. dlzuviria@yahoo.com.ar
Santo Tomé.
 
-Tercer Premio Poesía
Certamen Literario para adolescentes de la Asociación Cultural El Puente.
 
 
 
 
 
 
 
*
 
 
quisiera parirte con un grito
sacarte de acá adentro
estás doliendo como si un enjambre de toros
me estuviera pisando los pies,
abrir la boca y parirte con un grito
un grito capaz de doblar puentes
de desplumar pájaros
de hacerle abrir los ojos a los muertos!
 
quisiera poder tirar mi corazón por la ventana
como se tira la yerba del mate
o el carozo de una manzana/
 
quisiera parirte con un grito
 
quisiera que algún animal
un oso
una vaca
un elefante cualquiera me tomara en brazos
para hacerme dormir mientras me acuna
 
me fui quedando tan de solo
y de tan luna y quisiera poder parirte con un grito
que quedes allí
recién nacida
 
desnuda de palabras y de derrotas
 
 
 
*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
En busca de lo necesario*
 
 
 
Todo hombre necesita ser alguien,
todo ser necesita ser algo.
Buscando saciar la sed que lo avasalla,
apagando sus llamas, llenando su vacío.
Todo hombre busca perdurar, transmutar,  /traspasar toda barrera que lo ata
Y volar
Más allá
Más allá de todo lo conocido, lo tangible, lo
/ intangible,
Lo real…
Ser más que algo efímero
Ser el todo y la nada misma
Ser lo necesario
Ser
Lo vital.
Mas todo lo que el hombre necesita
se encuentra en la esencia de su alma
donde descansa su conciencia
y se halla su voluntad…
Todo se encuentra en el simple acto de amar.
 
 
 
*De Emmanuel Galiano. Emmagaliano015@gmail.com
 
-Segundo Premio Poesía.
Certamen Literario para adolescentes de la Asociación Cultural El Puente.
 
 
 
 
 
 
 
 
SU VIVO RETRATO*
 
 
Cristina  preguntó cuando escuchó que era el vivo retrato de una antepasada muy seria en las fotos ¿Los retratos están vivos? No había sonrisas en las fotos porque de alguna forma sabían que esas presencias en el papel, eran nada más que una desaparición atenuada a lo largo del tiempo. O quizás porque eran muy caras o no había de que reírse en esas reuniones familiares de gente venida de lejos.
Ella quería retratarse en una mirada, los ojos eran los que podían mantener vivos los retratos.
 
 
*De Cristina Villanueva. cristinavillanueva.villanueva@gmail.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
JUEGOS*
 
 
El tiempo de los duendes.
Roque Sáenz Peña, 1950
 
 
 
La infancia era un afluente
un río dorado
Se deslizaban sueños por su cauce
en un tiempo sinuoso
que exaltaba
la liturgia dorada de los dioses
y en sus delirios crueles
los agobios
inquilinos de exilios implacables
y pena irreverente
y lacia angustia
parían sus descalzas floraciones
mientras
la luz maciza despeñaba
ramalazos de furia obligatoria
entre la azul complicidad del cielo
y el follaje
diabólico
del monte
y espectros lujuriosos
asediaban
en jaurías de miedos amarillos
desde los disimulos
y el silencio
la inquietante inocencia de las voces
Bajo esa esencia intacta
los veranos
-siempre ha sido verano en mi memoria-
urdían su textura de intemperie
dilapidaban todo el horizonte
 
 
 
*De NORMA SEGADES-MANIAS.
 
 
 
 
 
 
Certamen Literario para adolescentes de la Asociación Cultural El Puente*
 
 
Certamen Literario para adolescentes, que la Asociación Cultural El Puente de Santa Fe viene organizando desde el año 2000.
Los jóvenes autores premiados en esta 14ta. edición del certamen son:
 
 
POESÍA
 
1er. premio: "En otro cuerpo, en otra alma" - Nicolás Osuna
2do. premio: "En busca de lo necesario" - Emmanuel Galiano
3er. premio: "Un solo manuscrito" – Magdalena Zuviría
 
Menciones:
 
-“Proceso de olvido” - Mailen Münter
-“El rostro perfecto” – Nicolás Churchú
-“Día de lluvia – Noel Palomino
-“Relato de una búsqueda – Valentina Joerin
 
 
 
CUENTO
 
1er premio:  “Caca de paloma” – Clara Sosa Faccioli
2do. Premio: “Parábolas de piedra” – Luciana Viso
3er. Premio: “La mirada impasible” – Marcos Agretti
 
 
Menciones:
-“Señales imborrables” - Camila Maidana
-“Por siempre así” - Valentina Bianchi
-“El éxtasis narcisista” - Nicolás Churchú
 
 
-Actuaron como jurados: Oscar Agú, Teresa Guzzonato y María Alejandra Tiraboschi (en Poesía),
Mónica Laurencena, Leonardo Pez y Mónica Russomanno (en Cuento).
 
-Siendo coordinador Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@fibertel.com.ar
 
 
 
 
***
 
 
Inventren Próximas estaciones:
 
 
 
 
EMILIANO REYNOSO.
-Por Ferrocarril Provincial-
 
 
 
LA RICA
-Por Ferrocarril Midland-
 
 
 
Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.
 
 
 
 
 
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