Thursday, October 16, 2014

ES UNA BALLENA VARADA EN MI MEMORIA...


*Obra de Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010).

-En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam






*


"Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes"
Roberto Juarroz



Quisiera que al mirar un pájaro
al tomar entre tus manos un grano de azúcar
al escuchar en mitad del día
el ruido convaleciente
de una locomotora me miraras
por primera vez en la vida
me miraras interrogándome
acerca del lenguaje
acerca del tiempo
quisiera que lo nombremos todo
como si hasta ahora la mujer y el hombre
hayan estado haciendo ruidos
para acercarse a las cosas
que nombres conmigo el sol
que digamos vaca perro gallina
estiércol agua
porque tenemos el duro camino
el lúcido y amoroso camino de la palabra
por delante nuestro van los caballos
y los delfines
y el pan
y la muerte
quisiera que al mirar el mar
señalaras mi boca
inventaras mi lengua/


*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar







ES UNA BALLENA VARADA EN MI MEMORIA…






Hermanos de la soledad*



Vengo de una casa llena de gatos. De aburrida me puse a pensar que los escritores que admiro tuvieron un gato. Ese felino misterioso transfiere una magia que otra especie no logra. Tienen mala fama lo sé. Traen mala suerte si son negros y no son confiables con sus garras atentas al menor descuido, etc, etc.
Los gatos en casa no hacían hogar, se traían para prevenirnos de las ratas. Eran fantasmas de paso urgidos por batirse a duelo en época de celo. El gato no se llevaba bien con los niños. El gato era cosa de adultos... así como la traición…
Nucha tenía un gato. Vivía en casa a causa de la tuberculosis. Era la hermana mayor de mi abuela y la menos agraciada. La madre para conservar el “status” familiar, tras una gran mentira, la privó de un gran amor. Era común por esas épocas. Al cabo de un tiempo, se hizo tísica y los tratamientos en las sierras solo prolongaron su amargura. Por una serie de razones, nadie compartía contacto cercano. El gato gris de ojos amarillos era el único ser de la casa con quien, ella pudo ronronear sus penas.

(Me encantan los gatos por esa complicidad hermana de la soledad)


*De Sandra Caschera.







*


Cuando era muy niña, escuchaba a papá hacer dormir al menor todas todas las noches con cuentos que inventaba en el instante... Aún compartíamos por esos años la misma pieza los tres. Lejos estaba de las manos "la casa grande". Mamá andaba mientras haciendo las últimas tareas de la casa y seguramente alimentando de sueños sus ojos pájaros, como conozco de esos tus ojos de cuando andas soñando.
Decía que papá contaba los cuentos que nunca encontré en ninguna biblioteca y eran los cuentos más mágicos del universo


*De Paz Bongiovanni. pazbongio@hotmail.com










Inocencia*
                          


Any era dulce como la brisa de primavera, tenía una voz tenue y delicada. Femenina, vestidita con polleras y puntillas que le hacía su propia madre.
Caminaba y jugaba con sus primos donde sus padres estaban de reunión.
Era un día soleado de esos donde la luz ilumina hasta los rincones.
Queriendo compartir las charlas con los grandes, tocaba a su padre en el brazo para preguntarle cualquier cosa sin importancia. El padre en su intento de sacársela de encima,  le dijo: “Any andá a la esquina a ver si llueve”. Y salió...
Pasaron los minutos, las conversaciones de adultos iban y venían, la abuela con las tías, la madre con la cuñada, los chicos que jugaban.
Al rato Any entra por la puerta de calle y vuelve a tocar el brazo de su padre, y le dice: “Papi, papi” con insistencia; él otra vez tratando de que lo dejara tranquilo en su diálogo, le pregunta casi a los gritos, “Qué querés”; a lo que ella le contesta, “No Papi, no llueve nada”.

Se hizo un silencio y se escucharon las risas familiares prolongadas.


*De Cecilia E. Collazo. psic_collazo@hotmail.com










Yo no sabía*




*De Victoria Mora. mvictoriamora@yahoo.com.ar


Hacía unos seis meses que mi hermano Federico se había ido de viaje. Mi vieja intentaba cubrir con sus versiones el vacío que había dejado. Sin embargo, a mi corta edad me daba cuenta de que no eran más que sus deseos: estaba en la costa con una chica que conoció, se fue allá porque la familia de la chica está muy bien y el padre le va a dar trabajo a Fede ¿sabes?
A mi las preguntas me rebotaban en  la cabeza ¿Por qué se fue sin saludar? ¿Cómo nunca conocimos a la chica? (que para ese entonces ya tenía nombre: Liliana) ¿Va a llamar alguna vez? ¿Va a volver?, hasta que mi viejo pegaba un grito
–Acabála de una vez, no preguntes, ¿no te das cuenta de que a tu madre le hace mal?, y mi vieja, secándose las lágrimas con el delantal, seguía haciendo lo que fuese que estaba haciendo.
Yo Necesitaba saber, el tiempo pasaba y de mi hermano ni noticias.
La verdad yo lo extrañaba horrores, Federico tenía diez años más que yo, era mi ídolo, lo sigue siendo. Todo lo que hacía o me enseñaba, para mí, era parte de un culto personal. Lo que más compartíamos era el fútbol. Los domingos a la mañana me despertaba  con un dale cabezón arriba, y nos íbamos derecho al jardín a patearnos penales hasta la hora del almuerzo. Éramos fanáticos de Boca. Íbamos a la cancha desde que teníamos edad para salir sin mamá. Era nuestra salida sagrada. La única que hacíamos los tres hombres solos. El fútbol era nuestra pasión compartida. La casa, después del viaje de mi hermano, cambió demasiado. Mis viejos estaban tristes y amargados. Yo lo atribuía a su ausencia y a cuanto lo extrañábamos los tres. Era Junio del setenta y ocho y yo tenía doce años.
Recuerdo la conmoción en la escuela. Todos hablando de fútbol sin parar, maestras y chicos. Juan Gómez era mi mejor amigo y estaba fascinado por que se venía el mundial.  Él era el más fanático del grado, el segundo era yo
─ ¿Viste como va a armar Menotti el equipo? (y ahí recitaba de memoria) Fillol, Olguín, Pasarella, Tarantini, Gallego, Kempes, Bertoni, Luque y Ortiz.
En el patio de la escuela no se hablaba de otra cosa, y en el aula tampoco. Las maestras pedían que escribiéramos narraciones y trabajos prácticos sobre el mundial y la Argentina unida  y en paz.
Yo no podía evitarlo: el mundial era una fiesta para mí también. Fiesta que se terminaba cuando cruzaba el umbral de mi casa.
Mi viejo me despertó una mañana, más precisamente la del primero de Junio, día que empezaba el Mundial. Se sentó en la cama vacía de Fede y me dijo que tenía algo muy importante que decir. Escuchame Manuel, tenés totalmente prohibido ver o hablar del mundial en esta casa ¿estamos? Su tono y su gesto tenían tal firmeza que la pregunta por el por qué no salió de mi garganta. Todo lo que me escuché decir fue, sí papá. Se levantó, los hombros caídos y el paso lento, y salió de la habitación. Entendía que estuviera triste pero ¿acaso era mi culpa? ¿Qué tenía que ver yo con que Fede se enamorara y se fuera? Lo odiaba, tanta admiración que había sentido por mi hermano se empezaba a transformar en bronca, él se había ido a la mierda y era yo el me quedaba sin mundial. ¿Cómo iba a hacer para ver y poder comentar con mis amigos los treinta y ocho partidos si no me dejaba verlos?
Los de Argentina eran los que me quitaban el sueño. Literalmente esa noche no dormí: necesitaba una excusa para poder estar en la casa de Juan al día siguiente a las siete de la tarde para ver Argentina- Hungría. No era fácil encontrar una explicación válida que mi viejo aceptara. Nunca llegué a hablar estos detalles con él. Creo que lo convenció mi vieja, él habrá elegido creer: el nene se va a quedar en lo del amiguito a hacer un trabajo para la escuela, lo invitaron a cenar y a quedarse a dormir. A cenar sí a dormir no, a la hora que terminen de comer lo busco
El partido en lo de Juan fue una experiencia rara. El padre de Goméz me produjo una extraña impresión. Me enteré esa noche que el tipo era policía. Juan nunca hablaba del padre. Si alguna vez le había preguntado a que se dedicaba evitó la respuesta. Me enteré porque lo primero que me llamó la atención fue un arma arriba de la mesa: mi papá es policía, todo lo que dijo mi amigo. El tipo conmigo era atento, intentando todo el tiempo que este cómodo: nene vení, comete algo, sentate acá, ¿así que en tu casa no ven fútbol?, y yo, gracias señor, no señor, sí señor, ¿Qué le iba a explicar? Ni yo tenía la menor idea de porque mi viejo, que había amado toda la vida el fútbol, se perdía ahora la posibilidad de ver los partidos, incluso de ir a la cancha.
Junto con el entusiasmo por el fútbol el Señor Gómez trataba muy mal a su mujer. Cosa que hasta entonces yo nunca había visto. Le gritaba todo el tiempo la tenía de sirvienta, y lo que más me llamaba la atención era que la Señora Gómez agachaba la cabeza y ni contestaba, y Juan se reía.
Por lo demás, el partido fue un éxito: dos a uno triunfo para nosotros, con goles de Luque y Bertoni. El viejo de Gómez gritaba los goles: Para ustedes, putos; ahora vengan a decir que la argentina no es una fiesta, vayan a Europa a decir que no se vive en paz acá ¡vamos carajo! y otras cosas como esa que yo escuchaba por primera vez y no entendía en lo más mínimo. A las diez de la noche mi papá me fue a buscar. Cuando subí al auto traté de disimular la alegría pero al final cuando llegamos a casa  me preguntó como la había pasado y si había salido todo bien,  incluso creo recordar que me palmeó el hombro y esbozo una sonrisa.
Durante ese mes me  las ingenié como pude. Algunos partidos no me quedó más remedio que perdérmelos. A lo de Juan no pude volver. A los pocos días del primer partido de Argentina le comenté algunas cosas a mi vieja sobre los Gómez, entre ellas que el tipo era policía, mi vieja pálida: Ahí no volvés más. Y otra vez, eso fue todo, no dijo nada más.
El gran tema era la final. Con el transcurso de los días del mes de junio la situación en casa estaba cada vez más densa. Había clima de velorio, visitas de familiares, charlas que se interrumpían cuando yo entraba, llamados telefónicos a abogados. Todo el tiempo me mandaban a mi habitación para que no escuchara lo que se hablaba. Argentina seguía ganando, la final se acercaba, y yo me quedaba sin argumentos.
La final fue el domingo veinticinco de junio, no me lo olvido más, de un plumazo armé un rompecabezas cuyas piezas habían danzado alrededor mio y yo me había negado a ver. Rogué a mi vieja que me dejara ir a lo de Juan, se mantuvo inflexible. Como era domingo mi papá no abría la ferretería y eso hacia más difícil  encontrar algún lugar con televisión o radio que no llegara a sus oídos. De afuera, de la calle, de las casas vecinas, se escuchaba puro silencio y transmisiones lejanas de periodistas deportivos que no llegaba a entender. Almorzamos en silencio nadie emitió sonido. Mis papás habían envejecido años de golpe. Se les notaba en los movimientos, los gestos, las palabras, y los silencios. Terminamos de comer y se fueron a dormir la siesta. Una idea me atravesó como un rayo: me iba a escapar. Mi viejo dormía como un tronco, Juan vivía a diez cuadras, ya lo tenía decidido para cuando se levantaran y me encontraran ya iba a ser tarde: yo habría visto el partido. Me quedé en silencio en el living fingiendo leer mientras el corazón me latía a ritmos imposibles, cuando empecé a escuchar los ronquidos de mi viejo, dejé el libro, busqué la campera y  trepé a una silla para buscar la llave en el porta llaves que habíamos comprado el verano anterior en Mar del Plata con Federico. Bajé en puntas de pie, corrí la silla, puse la llave en la cerradura y cuando giré el picaporte la voz de mi viejo me envolvió como un viento de tormenta próxima a estallar. − ¿Adonde te crees que vas?, y entonces empezó a gritarme de todo a un milímetro de distancia, al tiempo que mi vieja se acercaba corriendo para ponerse en el medio. Él jamás me había pegado y muy pocas veces gritaba: esta fue la primera vez que lo vi tan furioso. Los gritos terminaron cuando agarró el diario que estaba arriba de la mesa, se veía una multitud de gente con banderitas y al lado una foto grande de Videla
-¿No sabés lo que estos hijos de puta están haciendo? ¿Qué querés? ¿Ir a festejar con los asesinos de tu hermano?
Me senté en el sillón y empecé a llorar. Mi papá pegó un portazo y se encerró en la habitación. Mi mamá, en un mar de lágrimas, se acercó y me abrazó.
- No –dije- yo no sabía.

Nunca más pude disfrutar un mundial. Solo sigo a Boca. Lo lamento. Pero no puedo. Así fue para mí, los milicos me robaron, un hermano, un país, la infancia y la selección nacional de fútbol.










El chico de Henderson*



Aparece una vez más la imagen de la placita frente a la estación Henderson.
El hombre era un niño aprendiendo a andar en bicicleta y Reynaldo su hermano mayor iba corriendo a la par de su bicicleta para prevenir que no perdiera el equilibrio.
Cada tanto veían llegar al tren.

Fue en 1977 el último tren. En septiembre porque fue días antes de su cumpleaños.

 Se ve corriendo al costado del último tren que se va a Buenos Aires.
La gente que agita las manos por la ventanilla, sopla besos.
Se cerraba el tren. Se llevaron hasta los rieles. Había sido testigo en una tarde a la salida de la escuela del paso de esa máquina levanta vías que a su paso solo dejaba marcas de ausencia en el terraplén.
Tarde o temprano hay mucho pasado en la vida de cualquier persona.
De la universidad le quedo aquella enseñanza que decía "la vida de las personas transcurre entre lo imprevisible y lo irreversible".
Y la ciudad de Henderson que se llama así en honor a Frank Henderson, el ciudadano inglés que desde su cargo en el ferrocarril completo las obras para que el Midland llegara a Carhué.

Frank Henderson que además jugaba al golf, al ajedrez y hasta tuvo tiempo en la vida para la fundación del club de golf en Mar Del Plata -El que pudieron conocer en aquellas vacaciones de familia en el 79-.

Después ocurrió lo irreversible, aunque aun hoy le cueste aceptarlo. Reynaldo fue sorteado para hacer el servicio militar en la Armada. Reynaldo destinado arriba del Phoenix CL 46.

El hombre se niega por un momento a llamarlo por su nombre a ese barco de guerra. ¿Porque no lo hundieron los japoneses en Pearl Harbor? Todo hubiera sido distinto, se ilusiona en vano, jamás hubiera llegado a ser el Crucero General Belgrano.

En algún limbo Frank Henderson golpea su palo de golf una y otra vez. Las pelotas se pierden al infinito cielo. Como en el azar, son un misil sin blanco.
Reynaldo sigue allí. En el barco, presintiendo o no lo que vendrá y sin poder cambiar el curso de las cosas.

El hombre preferiría que nada de eso hubiera ocurrido. Que la estación siga siendo estación de trenes. Que su padre no hubiera muerto de tristeza hace 10 años.

Que a nadie se le hubiera ocurrido poner en la estación -ya sin vías- una terminal de ómnibus. Tampoco que a esa terminal la bautizaran con nombre de su hermano, un héroe del pueblo hundido en el crucero.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com








La casa de la nona...*



no tiene nada es cierto
ni vereda adobada con flores
ni ventanales de amplitud traga mariposas
ni puertas labradas por artesano alguno
es humilde como una abeja
como el trigo o el arroz
como la canción popular en las trincheras del grito
es la antigua casa donde mi viejo y mi nona me tejieron
una infancia extraordinaria
como la bufanda que abriga al escolar
en su tierra.
esa casa es una ballena varada en mi memoria.


*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar











CUANDO NO TE PERTENEZCA*



Me pregunto cuánto durará tu amor, qué parte de mí es la amada.
Si es a mí a quien deseas o es a esta mujer que está a tu lado, que parece lo mismo pero no es igual.
Alejada ya de un hombre, me ocurre seguir preguntándome por su salud, por sus achaques, por sus afectos y su transitar por las aceras. Alejada ya definitiva, irrevocablemente, me ha ocurrido recordarlo con ternura, sonreírme en el colectivo, desearle en silencio y desde lejos un feliz cumpleaños, si necesitamos un ejemplo.
No soy afecta a recontar defectos, a caer en críticas de acero y piel desgarrada.
Me ocurre rememorar sin ira y con aprecio, me ocurre sentirme unida por un pasado común a ese ser que ya es un extraño, y que ya hizo que los días y las noches me fueran borrando de sus sábanas y del olor en los cabellos.
Y me ha ocurrido golpe tras golpe escuchar que la otra mujer, la mujer de antes de mi pareja ya no existe, no significa nada, es un fantasma, un cadáver amortajado en el extranjero. Es la madre de mis hijos dirá, es aquella con la que cometí el error de casarme, lo que sea, pero nada, nada de nada, ni un aleteo sutil de sentimiento, ni una rosa en el libro, ni una cajita de fósforos escondida en un cajón. Ni una sonrisa, por dios, para quien debe de haber reído, charlado, hecho el amor en un lejano tiempo de felicidad.
Yo no nací hoy ni me han parido ayer y sin historia. Los hombres que fueron parte de mi vida fueron queridos, y no reniego tan pronto ni tan levemente de los afectos. Quizás porque tomo tan en peso y profundidad la palabra amor es que me sea tan difícil pronunciarla. Pero yo los he amado a todos, y a todos los sigo queriendo.
No me mueve el que este hombre sea mío, que sea hoy mi pareja, novio, esposo, lo que sea pero mío. Lo quiero porque lo quiero, porque lo encuentro bueno, noble, propicio para la querencia. Puedo quererlo sin posesión e inclusive desde el abismo de las décadas o los kilómetros. Que no haya ni pueda haber un futuro compartido no quita la ternura ni la calidez de una caricia lejana.
Cuando me dicen que me aman, y cuando me lo dicen ahora mientras cocino, o escribo, o recorto una cartulina azul. Cuando me dicen que me aman, me pregunto cuánto durará este amor, cuán larga es su sombra, hasta adónde abarca. Me pregunto, mi amor, si tu cariño tiene una correa como esos perrillos volubles, que tan pronto saltan al amigo que llega, como le dan la espalda y son todo fiestas para el nuevo visitante.
Sin necesidad de que la estatua de alabastro sea de mi propiedad puedo disfrutar su belleza, sin que la magnolia presida mi jardín puedo admirar sus flores de gigante, sin que estés a mi lado puedo valorarte. Y no te negaré cuando la noche caiga, ni cuando el gallo cante hasta la tercera vez.


*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com










ALFONSINA Y EL BAR*


*De Reynaldo García Blanco. regabla@cultstgo.cult.cu


No es posible que te llames así
y que vengas a este sitio

Los parroquianos cantan en desorden
y tú humedeces el cristal

¿Lágrimas
o escorpiones?

Esto ya lo contaré a mi regreso
por lo pronto lo escribo

Que te llames Alfonsina
y vengas en las noches a llorar
donde los hombres vienen a reírse de la muerte
de la muerte.



- Reynaldo García Blanco (Venegas, Cuba, 1962). Escribe para CMKC Radio Revolución los espacios Andar la librería y Comentarios de SuperShow. Ha obtenido los premios José María Heredia, América Bobia, Pinos Nuevos, Calendario y La Gaceta de Cuba, entre otros. En el 2006 apareció su poeario Campos de belleza armada ( Unión). Actualmente coordina el Centro de Promoción Literaria José Soler Puig y el Taller Literario Aula de Poesía.




***


INVENTREN
Próximas estaciones:

J.J. ALMEYRA.
-Por Ferrocarril Midland-


GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.

-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.
PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO. 
KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.

-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:

 JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.



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