Monday, October 06, 2014

UNA EDICIÓN AZUL

*Dibujo de Erika Kuhn.








La luna*


Quisiera ver esa luna
Que transita por la mar
Canciones azules lleva
En su vientre y en su espalda

La niña de ojos cálidos
Observa la luna que viaja
Por las olas del deseo
Nadando en cada pausa

Su amado está en la otra orilla
Contemplando la luna que lleva
Los sueños de su amada
Escucha  las  canciones
En un  estuche de nácar

Con los pies hundidos
En la arena blanca
Espera la niña serena

Lleva la luna compinche
En una barcaza  de cañas
Trae a su amado de otra playa

La luna se hunde
En la mar rosada
Cuando el sol entibia
A la madrugada.

Descansa la luna
En un lecho de algas
La tarde la ira maquillando
Para ascender en estelas de plata.









UNA EDICIÓN AZUL…

-Textos de Nora Azul del Rosario Akimenco-








El robo



En un momento de placer, sentada frente al mar, le habían robado su cartera.
En un principio se sintió desnuda, desdichada y confundida. Le habían arrancado esa sensación de tener todo bajo control. Creía que sin su documentación, su dinero, su celular y sus cosméticos no era nadie.
Su obsesión por ser perfecta se había derrumbado en un segundo.
El ladrón, con sus guantes de sordina nunca imaginó el bien que le produjo.
El peso de los rituales y las caretas se fueron con él.
Ella, más liviana y natural, se sacó la carga  de su “valiosa identidad”.








Besos



Tengo en mi almacén de ventas
Besos de todos los grosores y sabores
Besos de liquidación a montones
Esos que solo rozan la mejilla

También  hay
Besos caros y caprichosos
Que buscan ser recompensados.
Pero esos cuestan demasiado

Besos insípidos e higiénicos
También inseguros y comprimidos
Tengo otros de receta recomendados
Para los que sienten la amargura de cariño

Besos de pertenencia  y voluptuosos
De sabor a frambuesa y terciopelo
Que no tienen precio estipulado

Y también ofrezco otros de mi stock
Que alborotados silban en los estantes
Espontáneos y sin miedo a ser rechazados

Esos son mis favoritos
Porque tienen valentía y son sinceros
No cuestan caro y son exclusivos
Y a esos besos los regalo.









Recuerdo



Que cuando nació mi chiquilín, a la hora del atardecer comenzaba a llorar y no se calmaba. Un día una amiga al comentarle mi preocupación me dijo que los bebes lloraban en ese tiempo  porque era las hora de las brujas. Conforme me quedé con esa explicación y  a través de mi experiencia pude consolarlo y quedarme más tranquila.

La hora de las brujas es un momento por el que he pasado tantas veces… es un período de soledad y de reencuentro con uno mismo,  la cotidianeidad pesa.
Es la confluencia de estar sintiendo que necesito de alguien con quien hablar, aunque sea con un ser que ya no está aquí, sino lejos muy lejos. No es un momento grato,  en él persisten sensaciones de inquietud, de desamparo, de que las cosas no salen como un quisiera.
Pueden aparecer ingredientes saborizados de reproches y culpas inscriptas en letras punzantes que taladran los por qué.

La otra tarde estaba compartiendo unos mates con otra compañera y de pronto empezó a relatarme que a esa hora, donde el sol comienza a caer sentía una sensación de querer estar en compañía, pues no soportaba el duelo. Su marido, un hermano del alma se ha ido al principio del verano. Ha sellado un hermoso recuerdo para ella: su esposa, su familia y todos los que lo sentimos como un verdadero caballero de la amistad.

La charla se interrumpió,  pero en mi quedó nadando nuevamente ese periodo de tiempo. En el que  se hunden el optimismo entre arenas movedizas  y la oscuridad del dolor derrama en lágrimas.  A veces hasta  no es posible suspirar por el ahogo de las perdidas y el corazón se halla comprimiendo sus latidos.
Recuerdo que le dije que me llamara cuando se encontrara allí…
Con un sentimiento de solidaridad y contención.

La hora de las brujas me ha tomado tantas veces a traición como en las más terribles películas de terror. Tan es así, que me ha convertido en una guerrera ante sus embates. En esos instantes de una insoportable levedad, he aprendido a combatirla. Y por qué no  a conquistarla o derrotarla.

Mi receta es muy dúctil y liviana, quizás a otros pueda servirle.

Comienzo a escribir guiada por la intuición, dejo que las palabras surjan sin renunciar a ninguna aunque parezca problemática o distante.
Allí en ese cielo azulino de materiales inconclusos y fuertemente cargado de afectos, una pluma blanca recubre mis manos guiándolas para que vuelen los vocablos  hacia el horizonte. El viento  autoriza a unir las frases en grupos, el mar se lleva sensaciones cabalgando sobre sus orillas.
El silencio se hace presente  en una vasija con agua fresca para beber en la pausa.

Y así fue trascurriendo  ese horario que de ser temido ha pasado a ser un compañero de plenitud.
La realidad de las letras, el lenguaje escrito se transforman en ideas cambiantes.
En ese ciclo de la ambigüedad  el sol tiñe mis enunciados de un notable calor naranja.
Con una fuerza potente, mi figura  comienza a irradiar energía. Son las mismas palabras que ubicadas en otros sitios rejuvenecen mi silueta, convierten ese instante inerte en un espacio para encontrarme frente a frente y ser azuladamente libre.-








 Cuando me duerma esta noche
Tu rostro apasionado estará sobre mis parpados
Solo deseo verte entre mis sueños
Con tus ojos tan suaves
Con  alas de colibríes azules
Soplando aromas del estío



 (Para unos ojos de azul intenso)




***







Una carta

Decidí escribir una carta como las de antaño. Con lapicera a fuente y recordar como lo hacía.


Querida Alicia:

Hace tiempo que no estamos juntas y te extraño. Me acuerdo de los momentos que pasamos juntas, teníamos todo la juventud por delante. Los novios, que lindo era esperar un llamado por teléfono y que nuestros padres no estuvieran al tanto. Nos quedábamos al lado del aparato esperando, esperando. Muchas veces hacíamos cargados por teléfono. También  cambiábamos la voz, para vigilar  si nuestro amado estaba en su casa…
Te acordás de los apuntes que luego teníamos que pasar con la maquina de escribir, y que teníamos que borrar fuerte. Con una goma de lápiz y de tinta. No había correctores como en la compu, y si había una falta de ortografía, nos fijábamos en el mataburro (el diccionario).
Cuantos borradores escribíamos antes de entregar un trabajo…
Cuando rendíamos examen teníamos un susto de aquellos se llamaba en criollo caprex  (cagazo PRE examen). No existían las fobias ni  los videos, ni se grababan las clases. Solo los machetes bajo la manga, ja
Vivíamos en un mundo de promesas y utopías. Nos prestábamos la ropa para salir, nos hacíamos la toca para tener el pelo súper lacio. No existían los baños de queratina ni la planchita.
Salíamos una vez por semana y las chicas no tomaban alcohol. Si fumábamos mucho, era una forma de sentirse más grandes. Te acordás de las propagandas de LM. Ahora están prohibidas.
La sexualidad era todo un tema. Los varones eran langas porque podían salir con varias, nosotras una pu… y había que aguantarse los cuernos, porque no les íbamos a hacer el favor y si después nos dejaban?.
Nuestra primera vez, como decía Jorge Guinzburg, el periodista que les preguntaba a los famosos.  No fue seguramente como los que hablaban por la tele, estaba bañada de culpa y de oscuridad… Nuestros padres nos decían hay que ser y parecer. La sexualidad se ocultaba…
No se usaba preservativo, y los varones debutaban con una prostituta, que no se  sacaba el corpiño y pasaban en fila india.
Bueno es que teníamos los mensajes de nuestras madres, aunque no fueran amas de casa, decían que el mejor anticonceptivo era “cerrar las piernas”.me acuerdo que yo no entendía la frase. Ja. Era otro período de la historia.
Pero sigamos con mi escritura de la carta con tinta, he borroneado tantas veces para que me salga una idea... he estado atenta a los acentos, a los modismos y a las malas palabras. No es de señorita.
Espero que la recibas con mucho cariño
Voy a ir al correo, no se si la voy a mandar simple, certificada  o urgente. Le voy a poner una estampilla y deseo  que te llegue en unos días.


P.D. espero que el cartero la lleve a tu buzón y que me respondas cuanto antes.-








*


Con mi boca de pluma
Mis oídos de jilguero
Mis manos abiertas al sol
Y mi piel bañada de miel
Me despertó esta mañana
La conversación de dos pichones
Que habitan en m jardín

Con una sonrisa ancha
Que abrasa al optimismo
Deseo que en este terso día
Tu rostro color cobrizo
Y tus dedos de pianista
Se nutran del néctar
Tonificante y vital

Si tú estas mejor y lozano
Las rosas de tu presencia
Crecerán en mí para regarlas


-Para mi hijo- 







Boletos




Soñaba que estaba en una estación de trenes, desnuda  y ansiosa por conocer distintas estaciones:
Comencé a mirar los carteles y curiosa leía: locura, destino, mujer, hombre, padres, hijos, alegrías, amor, melancolías, soledad, matrimonio, esclavos, creación, felicidad.
No sabía que dirección tomar y estaba convencida que quería viajar a todos esos lugares. Por lo cual, decidí sacar un abono y me dirigí a la boletería, allí estaba un Sr., serio, circunspecto y de pocas palabras, que vendió las series con discreción. Quise preguntarle como empezar mi aventura, pero su indiferencia me inhibió tanto, que no me animé a interrogarle.
Así, me dirigí al tren, bastante insegura y... comenzó la travesía y sin pensar demasiado, me entregué al recorrido mirando por las ventanas del enigmático convoy. Había muchos pasajeros: hombres, mujeres y niños. También ancianos que les costaba mucho estar de pie, llevaban sus años en sus maletas, de cuero manchadas, pero con dignidad.
No sabía donde bajarme y en estación locura me quedé… Haciéndome la valiente comencé a deambular sobre la acera, inquieta por la suerte que me podría tocar. Caminando despacio observé seres que detrás de sus espaldas tenían alas de verdad, no podía creer lo que mis pupilas veían y asombrada estaba a punto de gritar, no comprendía por qué en esa ciudad “estaban los locos con su capacidad de volar”. Pero no podían hacerlo, sus alas estaban atadas con una camisa de fuerza, quizás de tanto remontar. De inmediato giré asustada, horrorizada, alguien en mi espalda puso su mano y me dio tal susto que por poco me caigo. Se acercó un hombre joven, de piel blanca y de ojos grises y susurró a mi oído, hija, aquí no te quedes, es macabro este lugar. Toma el tren para otro lado no te quedes, te podés contagiar. Así, fui corriendo a la terminal y esperé a que el transporte me dejara en otro paraje. Nuevamente subí y me senté en un vagón insegura, pensando a dónde podía parar, cuando se detuvo en melancolías - como siempre- entrometida, salté y me quedé. Era un paraje de tinieblas, no tenía miedo, estaba la calle tan gris, que mis zapatos se empezaron a humedecer, aparecieron figuras con rostros cansados, sin fuerza, con los labios para abajo, sus comisuras se caían de tristeza.
Parecían derretirse en ese humo pegajoso, no me gustó. Me fui casi sin respirar. No quería empaparme de ese vaho que paralizaba mis pulmones. Nuevamente fui a buscar el ferrocarril. -Tenía boletos de sobra.
Cuando llegó, ya sabía donde me iba a quedar, cuando vi el letrero de hombres, agitada me lancé a las veredas. Me dije, esta es mi oportunidad. ¡Que contenta estaba ¡: había tantos para elegir: morochos, rubios, pelados, altos, con guiíta, deportistas, se me hacía agua la boca...de mi cartera saque un espejo y delineé mis labios con sabor rojizo, estaba sonriente y dispuesta a acercarme a un morocho de barba, muy elegante, muy atractivo, pero al descubrir mi intención me sentí presa de una inocente cobardía y me dije: aún no estás preparada, andate no busques en él lo que no encuentras en vos. Y me fui, cabizbaja hacia otra cuidad.
En las vía férreas, encontré nuevamente al vendedor de pasajes, el mismo individuo que parecía tan tranquilo, le inquirí cual era el mejor pueblo para mí, pero no contestó mi pedido. Desanimada emprendí mi traslado. Subí al coche, expectante y comprendí que debía elegir sola mi rumbo. El vehículo se puso en marcha y me quedé dormida, en ese sopor que te envuelve pero que te permite estar conciente de lo que ocurre. Estaba recorriendo mi historia en pocos segundos, pasaban los paisajes de la niñez, como si estuviese viendo una película, veía a mi abuela con sus ojos tan celestes que tanto amaba, mi perra collie que corría por el césped jugando a las escondidas, mi cara era regordeta y tenía un hoyuelo en la mejilla derecha, que la hacía re simpática. Así fui transitando mi adolescencia, repleta de amigas y de amigos y novios que bailábamos abrazados con la música de los Beatles o Gary Cooper and the Union Caps, que linda manera de conocernos y empezar a sentir el amor. La que no tenía novio estaba fuera de onda. Y el primer beso, no me acuerdo, pero se que  los besos de lengua que estaban  prohibidos. Zzzzz
Me despertó el guarda en el paraje Mujer. Bajo empujada, apresurada y cuando llego al sitio encontré un montón de maniquíes que no me gustaron. Me fui a quejar a la oficina de turismo y el mismo Sr. (El de  la boletería) me indicó con una seña, que me dirigiera a un lugar cerrado, medio sombrío…
Cuando llego al lugar, me sorprendió la calidad del silencio. Pensaba que habría mucho bullicio, pero me confundí. Abro la puerta de entrada y al pasar encuentro un salón de espejos, intrigada comencé a mirar y lo único que veía era mi cuerpo, reflejado en uno, en dos en diez y en mil retratos. Estaba de frente, de costado, de atrás, alta, gorda, petisa. ¿Que diablos hacía allí? Estaba confundida, perpleja, donde estaban las mujeres? Me habían estafado? Me quedé quieta y lentamente intenté mirar las imágenes que amanecían de a mil.
¿Quién era esa que estaba enfrente de mí? Y las otras? Tenían mis colores de ojos, mis cejas unidas, mi pelo lacio y suave como la pluma de un cisne, estaba absorta observando mis diferentes facciones y facetas de mujer. ¿Cómo podía hacer una sola? Miraba por sobre mis hombros y en cada pestañear encontraba una cara nueva, como las facetas de un diamante en bruto. Emocionada miraba mis ojos verdes, que se llovían celestes y grises y veteados de miel. Eran tan bellos, tan intensos  resplandecía tanta luz que me hizo sentir el amor. Habrá pasado un minuto, una hora, no interesaba cuanto tiempo,  había descubierto en ese espacio la delicia de ser yo. Me convencí pellizcando mis piernas si esa maravilla que sentía era real y de inmediato me di cuenta que era certeza.
Me fui, no llevaba nada más que esa sensación de concebirme mía, no quería seguir andando. Me dirigí a la calle y estaba el Sr. de los boletos, era mi analista, que sonrió al verme vestida de mujer.







Brindis


Bebo el sabor de las rompientes
en una copa empañada
por el sudor del hielo

Flotan los cubos desnudos
Saltando y estrellando con  deleite
Las burbujas  bulliciosas y perspicaces

Rozan en cada trago
Mis labios perfumados de las olas

El aire del presente respiro
Y propongo un brindis
De  sol y caracolas.









 El deseo



De chica tenía una bolsa de deseos en mi diario íntimo.
Allí se prendía en luces fosforescentes el  poder bailar  con zapatillas de punta y un mágico tutú de color blanco.
También estaba el de ser cristalina y transparente con mis emociones.
La risa estaba en un primer plano y era la protagonista de mi película de ciencia y ficción.
La curiosidad era uno de mis destinos, intentaba averiguar con ojos de científica cómo la araña tejía sus maravillosos caminos de la encrucijada.
Sus tentadores hilos vibrantes y sedosos, fascinaban mi búsqueda. Quería ser la tejedora de esas suaves y potentes líneas que reflejaban con su belleza los rayos del sol.
El amor de colores alilados me guiñaba entre las guirnaldas de las hortensias.
Los picaflores con sus enérgicas alas, parecían estar suspendidos en el aire sin la fuerza de la gravedad.
La rosa estaba enamorada del ruiseñor y el Principito podía domesticar al zorro y a mi amada perra collie.
El tobogán del pizarrón escribía los nombres de mis amigas.
La palabra futuro era tan amplia y cautivadora, que resplandecía cuando iba a jugar con mis hermanos al jardín de la paz, donde se erguía el viejo teatro argentino.
En mi anhelo de ser grande existía la palabra amistad, compañerismo, compartir y confianza.
No pensaba en la muerte, o la sentía como un hecho más y muy lejano.
No creía en la incomprensión ni en el egoísmo.

También añoraba mirando  las vidrieras robarme los juguetes sin dueño. Y no sabía que significaba el valor del dinero.
Tenía admiración y respeto por los linyeras, creía que iban pidiendo limosna para poder volver a su hogar. No les tenía miedo.
El lechero que venía dos veces por semana era un señor amable y recto. Mucho no me gustaba tomar la leche. Pero me encantaba mirar la espuma que dejaba cuando vaciaba en nuestra cacerola los litros para nuestros desayunos y meriendas. Me intrigaba ver cómo hervía y subía tres veces como condición necesaria antes de beberla.
La hora de la siesta era la peor. Mis viejos nos obligaban a dormir. Que aburrimiento.
Y así en el paso del tiempo fueron pasando ilusiones, fantasías y aventuras.

Le contaba a mi abuela “la babi”  que: quería tener doce hijos y no entendía por qué ella me sonreía en complicidad. Aún hoy recuerdo y anhelo el color celeste de sus ojos, esa compañía que colaboró tanto en mi crianza y en mis caprichos. Ella me hacía sentir feliz con sus comentarios cariñosos, con sus aventuras picarescas y sus mimos. Para mí “la babi” no tenía edad, no era joven ni vieja, era mi refugio y mi alegría. Con mi abuela pude volar en su sillón mecedor por las travesías y travesuras de mi niñez.









El día que el horizonte se evaporó




Era un atardecer poco común
La brisa no dejó rastros de su presencia
El celeste y el verde se juntaron
Dialogando en lenguaje enamorado
El espectador sorprendido admiraba
La placidez de esa tarde matizada en el silencio

Donde el cielo y el río se fundieron.-










Un personaje se escapó de mi novela


Era nítido y susceptible
No deseaba estar allí
Quería tener su propia vida
No me imaginaba que podía salirse de mis papeles
Pertenecía a mis locuras de la fantasía
Pero él se negaba a seguirla
Tenía su propio destino

Aunque intentaba aferrarlo entre signos de paréntesis
o lo engañara invitándole a participar en una estrofa poética
Él quería vivir su vida.

Como un globo soplado hasta la medianía
Tenía una gran flexibilidad
para escurrirse de mis ideas de vanidad
Entre soplos y sus desiguales formas
iba mutando para escaparse airoso
de mis impertinencias

Quería volar por los aires de la montaña
Se mecía intuitivamente franqueando las redes
Que intentaban envolverlo.

Con una viveza casi perfecta
Dejó su impresión en blanco y en suspenso…
Desperté de la pedantería y el egocentrismo
No quise detenerlo más
Un rayo oceánico expandió  mis ojos
Asombrada apacigüé mi orgullo
Y me entregué a observar el intervalo.-








Ella, la Sra. Tere



La Sra. Tere se había dado la gran vida. Era una mujer muy hermosa y de mucho carácter. Su perfil aguileño le sentaba de maravillas, y estaba orgullosa de él. Jamás pasó por su mente en hacerse una cirugía plástica de nariz, ella comentaba orgullosa que le daba "personalidad".
Rememoro sus días de fiesta y de extravagancias. Su afán de ser la más linda.
Cuando enfermó llamaron a sus familiares avisando que había fallecido, fueron de inmediato sus hijos a la sala de terapia intensiva para despedirla. Pero abrió los ojos lentamente y les dijo: "todavía no me voy a morir".
A sus allegados no les sorprendió que despertara, ¡tenía tanta personalidad!.
Los que estaban asombrados eran los médicos.
En Febrero le llegó la hora y voló para otro boliche, quería seguir de caravana tomando Whisky, fumando cigarrillos importados, llevándose los vestidos de moda hechos a medida.
Sus cenizas se las dieron a una de sus hijas, quien con un poco de impresión no quería tenerlas en su casa, por lo tanto se las proporcionó a Roxana (una amiga) y quedaron que en Semana Santa las esparcirían  en el Lago del Bosque.
Pasó esa fecha, y el cofre de Tere estaba en el cuarto Roxy.
Una noche,  Roxana empezó a sentir ruidos raros,  se levantó de la cama y al no encontrar nada, se acostó.
Nuevamente comenzó a escuchar más murmullos.
Entonces se puso frente a la urna y le inquirió: Tere que querés?  Te doy un cigarro,  un poco de champán?  El susurro siguió.
A la mañana siguiente Roxana observó que en el cuarto de baño había dejado enchufado el artefacto que derrite la cera depilatoria. Ja.
Pasaron cuatro años y Tere, luego de haberse mudado a otro departamento, después de estar en el baúl de un auto paseando por el interior del país.
Fue entregada a su hija.
Están sus cenizas en el living de su hogar. Sigue haciendo de las suyas.
Esta acompañada por una osa de peluche gris que pertenece a su nieto.
Algún día cuando su sucesora pretenda despedirse de ella,  la llevará al lago, pero mientras tanto está en compañía.






*


Ella, el y yo

Ella sabe, presume
Presiente
Más allá del silencio
Adivina
Detrás de las miradas
Escucha atrás de la ventana
Conoce reconoce reclama
Más que el sabio

Ella es niña
Ella es tierna
Y sufre y crece
La corriente crecida

Él intuye
El guarda el contenido

Ellos
También oyen
Las verdades ocultas

Y yo quizás esté
Entre ellos
Y entre el tu, el mi y el mío

Y entre tantos tules
Y adivinanzas
Estás tú y

Entretelas y a escondidas
Estamos todos
A tientas y tentados
De saber
De enigmas y entretelones
Entrecruzados.







Ojala



Ojala que tengas un día amigable
Que puedas volar por él: firme
Con tus mejores momentos
Dejando de lado la tristeza


Ojala pudieras hacer de mi
Un poema de gemas de turquesa
Que puedas mirarte en el espejo
Del lago de aguas tranquilas


Que bebas el licor de la alegría
Con tanta pasión hasta embriagarte
Que tu equipaje solo lo llenes
De entusiasmo y aventuras


Que además sepas cariño mío
Que estaré siempre a tu lado
Cobijando el costado más difícil
Sorteando las huellas del pasado.-







Bichito de Luz


 Para Gustavo mi hermano.



Magia de la noche
cálida de infancia
misteriosa lucecita
que se prende y
se apaga
Sorpresivamente,
Aún hoy, te busco
En las noches de esperanza
A hurtadillas y
Un poquito asustada
Por la oscuridad.

Luciérnaga de fantasías
De tenerte acorralado
Guardado en un frasquito
Cual trofeo ganado.

Misterioso ser
Que te enciendes
Y despiertas
Mis ilusiones más puras
Inocentes, apretujadas.

Quisiera encontrarte
En mis noches
De melancolías,
Contagiándome tu luz
Calor y energía.

Siempre escurridizo,
Te escapas, te ensombreces
Cuando presientes
El peligro
Y desapareces...

Mi bichito de luz
No me tengas miedo
Sólo quiero tenerte
Cuando no tengo
Consuelo
No te asustes de mí
No te voy a atrapar
Solo quiero mirarte

Y sentirte que estás








El piquito



Voló en la noche calma
Estaba entristecido porque rengo andaba
Tuvo un percance pensando en su amada
Se tropezó con un ángel y se enredó entre sus alas
Llevaba un recado que debía cumplir a la nochecita
Pero herido quedó por sus intenciones no santas
El ángel le preguntó
Que llevas ¿por qué tan apurado?
No se animó a decirle que era un simple beso guardado
Que tenía destinataria
Le dijo que llevaba una carta de feliz cumpleaños
De su amiga de Libra
Por la mentira se sintió sumamente acobardado
No llegó el piquito esa noche de luna clara
Se quedó en mutismo bajo el rocío en esa madrugada
Tiritando de frío con sus plumitas de abrigo
Quedó entumecido en un techo de chapas
Vino un gato peludo y con sus bigotes lo olía
Lo abrigó con su piel suave y sedosa
Mientras el piquito dormía
Le dijo al oído...
Te doy mis manos y te abrazo
Y que puedas soñar distraído...







No podía dormir


Hacía mucho tiempo que no escribía... las palabras ingeniosas se las llevaron a un terreno desconocido. Los sinónimos estaban de huelga. Las metáforas se fueron de su interior, el repiqueteo de las rimas se hundieron en la neblina del otoño. El silencio de su imaginación se hizo presente, hormigueaba por su cabeza.
Le faltaba la dicha de las oraciones y enunciados. Creo que hasta había olvidado soñar.
Se sentía insegura, tiesa. Todo lo que se le ocurría le parecía banal, ordinario. Intentaba escribir una frase acogedora, como si buscara encontrar una melodía fecunda y grata. Pero no podía, su sensibilidad se había caído por un torrente de duda y de conformismo.
No era ella la que estaba frente a la pantalla, eran los fantasmas de su pasado los que la habitaban. Ellos con su capa de gris, le susurraban al oído que ya no podría seguir. La atormentaban amonestando sus pensamientos, sus sensaciones. Querían comprimirla en un nido de medianoche, como una niñita temerosa que no podía gritar ante esas figuras horrorosas.
Pero, en un momento de furia, exorcizó a esas apariciones con una nota de su personalidad. Sacudió varias veces su cabeza, revoleó su pelo lacio para descomprimir tanto malestar y se orientó a relatar:

En esta noche de madrugada, escucho un saxo de jazz, la neblina vibra y envuelve las copas de los árboles. La calle queda amplia y hay pocos caminantes nocturnos. Es tan hermosa la ciudad cuando muchos duermen. La siento solamente mía. Las casas, los edificios están peinados de un cálido sudor. Voy por la avenida libre, orgullosa, de ver el paisaje urbano sin smog, ni ruidos. Las castañuelas de las hojas magnetizan el aire. Respiro una fuente de energía, mientras muchos están descansando. No saben lo que se pierden. La ciudad y yo. La rambla y mi ser, las plazas respiran del movimiento y las flores se desperezan. No hay bocinas, ni gritos, solo el suave recorrido del agua sobre las alcantarillas. El cielo está más cercano, lo miro, lo deseo. Está suspirando entre un puñado de estrellas. Las luces de las veredas se van juntando en una hilera continua. El futuro llega manso y tierno.








 ¿CUANDO ME VAS A CONSEGUIR UN PAPÁ Y UNA MAMÁ?

Adopción niños institucionalizados
Nora Azul del Rosario Akimenco


Contratapa del libro

La araña teje su tela, sigue una estructura, una forma singular, transparente, su hilo de seda es fuerte, flexible aunque no se lo vea, si se rompe se puede reparar.
Como ocurre con la araña, mi papel es ir observando la trama del niño: entrelazar experiencias, sucesos, unir hechos, resignificarlos, formar ideas, nombrar ausencias y reparar presencias; revisar los hilos que están endebles, buscar diferentes significados, guiar, conducir, entretejer - reparar.
El pequeño también tiene su potencial para seguir creciendo, madurando, evolucionando a pesar del abandono.






***


-Nora Azul del Rosario Akimenco.  Vive en la ciudad  de La Plata.
Es Licenciada y profesora en Psicología. Directora de Psicodrama Terapéutico y Pedagógico.-
Instructora de Hatha  Yoga
Autora del Libro "¿Cuando me vas a conseguir un papá y una mamá?" Editorial Universitaria de La Plata.
Participante  en " Palabras al viento" Antología y narrativa de Escritores de La Plata  y de "50 años de buena letra" Antología 2005, sociedad argentina de escritores/ La Plata. 2005.





***




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