Saturday, October 11, 2014

¿SERÁ ENTONCES LA AUSENCIA MI PATRIA VERDADERA?



*Obra de Walkala. -Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010).

-En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam






TRES ESTACIONES Y UNA MENOS*



I. ESTACIÓN DE LOS FUEGOS.


Un joven se masturba, en un estanque con agua congelada.
La mujer, detrás de cristales rosados, lo mira.
El fuego de la escarcha, la quema.
La alondra se abre como fúlgido puñal.



II. ESTACIÓN DE LA SOMBRAS


Un hombre inclinado, sobre su fatiga.
Escribe sus ficciones.
La mujer, detrás de un vidrio empañado lo mira.
Siente que la sombra que la refleja no es de ella.



III. ESTACIÓN DE LA ENVIDIA.


Un varón, le recuerda a su padre.
Juega con sus perros, amorosamente.
La mujer, detrás de unos vidrios húmedos.
Levanta las orejas y mueve la cola.



IV. ESTACIÓN DEL CALVARIO


La mujer prohibida. Desnuda en la hierba.
Yace, más triste que la muerte.
El hombre, detrás de unos vidrios espejados.
Se observa a si mismo.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar










¿SERÁ ENTONCES LA AUSENCIA MI PATRIA VERDADERA?









HOTEL ANTIGUO*



*Eugenio Montejo


Una mujer a solas se desnuda,
pared por medio, en el hotel antiguo
de esta ciudad remota donde duermo.

Abren las sedas un rumor disperso
que se mezcla al follaje
de los helechos en el aire.

Se oyen llaves que giran en un cofre,
jadeos ahogados, prendas,
la inocencia de gestos solitarios
que beben los espejos.

A su tiempo la noche se desnuda
y las calles apiladas se doblan
en un vasto ropaje
con la fatiga de un final de fiesta.

Una mujer a solas tras los muros,
unos pasos, un oscuro deseo,
hasta mí llega de otro mundo
como alguien que he amado y que me habla
desde un ataúd lleno de piedras.



-Eugenio Montejo nació en Caracas en 1938. Poeta, ensayista y docente. Fue cofundador de la “Revista Poesía” de la Universidad de Carabobo, de su país. En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura, y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz. En 1974 se editó su ensayo La ventana oblicua y en 1983 su trabajo El taller blanco. Entre sus poemarios se destacan: Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Trópico absoluto (1982), Alfabeto del mundo (1986) y Partitura de la cigarra (1999). Falleció en Valencia, aquejado por el cáncer, en 2008.

*Fuente: Un manojo de flores siempre vivas. Antología breve de poesía latinoamericana. Selección de Eduardo Dalter.










Minotauro al sol*


J.L.B.



¿Será entonces la ausencia
mi patria verdadera?

¿Será la arena inmóvil
el único paisaje?

El laberinto no es como contaban
las antiguas leyendas.

Es sólo una extensión interminable,
un cielo gris sin puertas;
sólo tiempo y distancia,
entrevisiones
de algo que nunca está,
esperanzas truncadas
y un viento frío. Ecos
de nombres ya olvidados.

Cierto: No hay muros, pero
la libertad es también un espejismo.



*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com

-De Por si mañana no amanece











La pluma adjetiva*



Si sólo pudiera alivianar mi pluma
hacerla volátil,
sutil, delicada
nada perversa.


Viene cargada de peso
es cortante,
punzante,
acusadora.


Cómo aliviar mi pincel
para escribir poesía
si lleva colores
del óleo firme
de mis penas habidas.


*De Cecilia E. Collazo. psic_collazo@hotmail.com
-De Poética Despiadada . Editorial Imaginante 2013










*


¿Qué sería
de nosotros,
si un día
yo te abriera
el corazón?

Si pudieras ver,
en carne viva,
ese lugar oscuro
donde habito,
ese rincón,
árido y hostil
donde
suelo flagelarme
con alguna felicidad...

¿Abrirías
para mí
las puertas
de tu infierno?

¿Me mirarías con piedad?



*De MARIANA FINOCHIETTO.











El grito de la mandrágora*



Nosotros jugábamos en el campito, a veces era a la pelota, a veces cavábamos trincheras y las naranjas eran granadas que volaban sobre yuyos crecidos. Había árboles achaparrados, una alambrada vencida que nos permitía un ingreso con amenaza de invasión al lugar prohibido.
Cada tanto era el hallazgo de un sapo, la persecución desde lejos y temerosa de una iguana prehistórica. Y las nenas que hacíamos tortitas de barro y poníamos la mesa de latas oxidadas sobre el redondo tocón de un árbol talado hacía décadas.
El lugar no era por completo tranquilizador, pero en eso estaba parte del encanto. Solos no íbamos. Cruzábamos el hueco del perímetro en bandada parloteante, de a tres o de a cinco, a veces más; cuando el sol legalizaba con sombras definidas esa amenaza que se manifestaba en los atardeceres y se afianzaba por las noches. Nunca de noche al campito. Alguna que otra vez nos quedamos en el crepúsculo, pero el avance de la oscuridad ponía rostros en las cortezas, sonidos en los matorrales, y ni siquiera la bulla era tranquilizadora, sonaba falsa, y terminaban provocándonos más miedo esas nuestras voces forzadas que el silencio que se adivinaba por debajo.
Entonces cada carancho a su rancho, desbandada y retorno a las casas iluminadas, a mamá y la mesa puesta y los deberes todavía pendientes. Calcar un mapa, resolver un problema esquivo. Y el campito oscuro dejaba de existir porque ya no era el lugar de juegos sino el lugar donde la muerte se pasea bajo la luz fría de la luna.

Y una tarde encontramos al ahorcado.
Nosotros lo encontramos pendiendo del árbol. Ya no era un ser humano sino una cosa como un maniquí, algo parecido a una bolsa o un muñeco de trapos.
Vino la policía, desde la vereda asistimos al enjambre de vecinos y escuchamos al nivel de las cinturas las historias encontradas que iban formando la historia final del suicidio, la que se repetiría para siempre; y en la que figuraba una novia y un abandono, y esa cosa dramática de la juventud.
A los pocos días estábamos de vuelta. Era nuestro lugar, y aunque vigilábamos el árbol por el rabillo del ojo en medio del juego de la mancha, nada nos atemorizó, ningún bulto fantasmagórico se materializó bajo la rama.

Fui yo la que descubrió la plantita.
Justo en el lugar, debajo del espacio vacío ahora donde había pendido el hombre. Justo allí asomaba una ramita vertical, verde y erecta.
Uno de los chicos nos habló de la mandrágora. Quién se había ocupado de contarle semejantes historias, no lo recuerdo; pero él nos dijo que antes, cuando ahorcar a los ladrones o asesinos era una costumbre bastante usual, ocurría que en el momento terrible de la asfixia el hombre eyaculaba, y tal condenado riego sobre la tierra producía una planta infernal. La mandrágora.
El sonido de ese nombre mágico nos enturbió los paladares. Comenzamos a imaginar el bulbo monstruoso que se gestaba debajo de la superficie, tubérculo con forma humana, raíz maravillosa y llena de secretos poderes.
Veíamos crecer nuestra mandrágora, y por esos raros aconteceres ninguno dio en ir con el cuento a sus padres. Era nuestro secreto.
La ramita solitaria se abrió en hojas afiladas; oculto por debajo percibíamos con el estómago el ser enterrado, maligno, hecho de muerte y luna.
Tampoco recuerdo quién habló por vez primera de la cosecha. Se fue instalando la idea como aparecen las primeras nubes antes de la tormenta, inadvertidamente, en forma difusa, hasta que el cielo está cubierto y uno no sabe cuándo desapareció el último manchón celeste.
Las discusiones tenían la ingenuidad de nuestros pocos años. Entre los argumentos y las estrategias aparecían disputas por una figurita, o de pronto se armaba un picadito con la pelota y la cosecha quedaba momentáneamente olvidada.
Había un grave problema, y era que al arrancar la mandrágora la planta produce un fuerte grito, y quien la desentierra muere instantáneamente. Eso decía nuestro amigo, y para nosotros él era el hechicero y no se cuestionaba la verdad de su sabiduría. Tampoco dudábamos de que si un hombre le pasaba
el dedo medio por la palma a una mujer, ésta se le entregaría "mansita mansita"; recuerdo especialmente la expresión porque me hacía ver una mujer como un perrito panza arriba, la cara borrada, el cuerpo exánime, igual al de las monjas en éxtasis retratadas en las vidas de santos. Y un mago sostenía su mano, y le pasaba una y otra vez el dedo obsceno por el hueco ofrecido de la mano.
Entonces decidimos traer a un chico de afuera, un extraño, que sin noticia del peligro nos proporcionase la raíz maravillosa.
Para qué propósito deseábamos la mandrágora, no lo se. La aventura estaba en la acción y en la muerte, que justificaban los desvelos.
Confusamente algunos tejieron aspiraciones fabulosas, diciendo que podríamos vender por cifras millonarias el prodigio a los gitanos, otros hablaron de la NASA, y alguno mezcló la historia con los cuentos de hadas, y proponía pedir deseos como si en vez de una mandrágora hubiésemos hallado la lámpara de Aladino.
Por qué tentar al destino, la finalidad de lo que haríamos no importaba. Queríamos que sucediese algo. No sabíamos qué, pero algo.
Uno de los chicos era de esas familias numerosas y extendidas. En su casa habitualmente salían colchones de la piecita del fondo, y parientes del campo brotaban de la nada estacionando un automóvil o una camioneta embarrada y rellenando los espacios de las habitaciones con voces que hablaban con tonadas raras.
Hubo un primito, primo segundo creo, una de esas relaciones por parte del abuelo o la abuela, vaya a saber qué grado de parentesco, pero a ellos les bastaba con descender de Adán para ser de la familia.
El chico era un gringuito de dientes enormes, todo sonrisa y pies descalzos, que andaría por los seis o siete años y tenía la ingenuidad intacta, la confianza sincera y esa fidelidad canina hacia los chicos más grandes.
Nos citamos al atardecer debajo del árbol.
Podría describir con notas lúgubres el campito, pero en realidad y llegado el momento fue como si no se jugase nada. En su lugar seguían las piedras que marcaban el arco para los partidos de pelota, no había espíritus tenebrosos escondidos detrás de los arbustos.
Alguien le dijo que arrancase la plantita, así, sin ceremonia ni preparación, y con solicitud el gringuito aferró el tallo y las hojas, dio el tirón exacto con el que desmalezaba la quinta de su madre. Todos gritamos. No puedo asegurar que el aullido aterrador proviniese de la mata arrancada o fuese la unión de nuestros agudos chillidos infantiles. Después aseguramos haber escuchado el grito, pero quién sabe.
En la mano sostenía limpiamente un tubérculo gordo y con ramificaciones que se asemejaba vagamente a un ser humano.
El nene murió, pero después. Vuelto al campo supimos que lo tomó una fiebre y apenas duró unos días. A la raíz la cortamos en pedazos y cada uno se llevó su parte. La porción que me pertenecía se secó, quedó como una pasa resumida, y fue olvidada en el cajón de la mesita de luz hasta que se perdió en alguna limpieza.  Después vinieron cocineros televisivos y supe del jengibre.

No hablamos más del asunto. La magia se niega a acontecer con claridad, y nos permite darla al olvido y la duda. Afortunadamente.


*De  Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com











Soy (somos) *



Soy (somos) todo lo que ya he leído,
lo sabes tú, mi querido y viejo amigo.
Al recorrer juntos todas las palabras,
declaras mi camino de pulso y letras.

Como el actor que declama ese verso,
frente al cráneo del bufón de su niñez,
así mis manos frente al libro abierto,
son la espada mellada o la impostura.

He sido Athanasius Pernath en Praga,
probando el sombrero de Athanasius Pernath.
Y Lord Jim ya convertido en leyenda,
acarreando los dos cañones sobre su espalda.

He sido ese primer oficial Starbuck,
en su mano la pistola y el destino del Pequod.
Y el orgulloso príncipe Sandokan,
en las últimas luces del atardecer en Mompracem.

He sido Aronnax retorciendo mis dedos,
al ver el hundimiento del último barco sin nombre.
¿Qué sombríos pensamientos tendría Nemo?
¿Qué dolor y que destino oscuro, su tripulación?

He sido el poderoso profesor Challenger,
emocionado ante la fauna insólita de Maple White.
Y hasta Jonathan Harker, en el Borgo,
huésped o prisionero en ese castillo transilvano.

Y Robinson mirando el pie desnudo en la arena.
Y Miguel Strogoff llorando, su injusta ceguera.
Y Sherlock Holmes en el 221B de Baker Street
Y Long John Silver, contando todas sus guineas.

He visto también la rosa tatuada en la mano,
del hombre en esa tarde bochornosa en Wisconsin.
Y esas dos flores blancas ya marchitas
que el viajero a través del tiempo extrajo de su bolsillo.

Soy (somos siempre) las páginas de un libro,
¿Me entiendes ahora, mi querido y viejo amigo?
Y en la declinación de los colores de esta tarde
leerás mi poema y me encontrarás en ese espejo.



*De Jorge Lacuadra. jorgelacuadra@hotmail.com











LA SALVAJE ESPERANZA*



*Gonzalo Arango


Eramos dioses y nos volvieron esclavos.
Eramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Eramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Eramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá a nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.



-Gonzalo Arango nació en Andes, Antioquia, Colombia, en 1931. Poeta, narrador y autor de encendidos manifiestos. Fue el hijo menor de una familia muy numerosa. En 1958 fundó con otros jóvenes poetas colombianos el movimiento poético Nadaísta, el cual tuvo importante repercusión, inclusive en el continente. Entre otros libros, se cuenta Obra negra (1974), que incluye una amplia selección de poemas y narraciones. Murió en 1976 en un accidente automovilístico en la localidad de Tocancipá, en su país.

*Fuente: Un manojo de flores siempre vivas. Antología breve de poesía latinoamericana. Selección de Eduardo Dalter.







*


"que la lluvia te acaricie con la sensualidad de su cuerpo y te insinúe la piel de lo que escribe en el agua"



*De alejandra alma. almaalma3h@gmail.com



***


INVENTREN
Próximas estaciones:

J.J. ALMEYRA.
-Por Ferrocarril Midland-


GOBERNADOR ORTIZ DE ROZAS
-Por Ferrocarril Provincial-

-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

Al salir de la Estación de empalme Ingeniero de Madrid, el Inventren sigue un doble recorrido por vías del ferrocarril Midland con destino a Puente Alsina, y por vías del ferrocarril provincial con destino a La Plata.

-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.  ENRIQUE FYNN.
PLOMER.   KM. 55.   ELÍAS ROMERO. 
KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.
KM 12.  LA SALADA.  INGENIERO BUDGE.
 VILLA FIORITO. VILLA CARAZA.  VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.

-las estaciones por venir en el ferrocarril  Provincial:

 JOSE RAMÓN SOJO.  ÁLVAREZ DE TOLEDO.    POLVAREDAS.
JUAN ATUCHA.   JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.
FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.
 ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.   GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.   ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
 D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.



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Para compartir escritos dirigirse a: inventivasocial@yahoo.com.ar





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