Thursday, November 08, 2007

RATAS, ESCARABAJOS Y SOLEDADES...


El día feliz que está llegando*



*Silvio Rodríguez


Se está arrimando un día feliz
como hace un barco tras sus meses.
Se está arrimando un día de abril,
un día de abril se va a arrimar
a los finales de noviembre.

Y yo me apego más al mar,
me hermano doble de los peces.
Yo enciendo leña en el hogar
que vio brillar la tempestad
que guía el curso de estos meses.

Se está arrimando un día de sol,
un día de duendes en añejo.
Se acerca un pájaro feroz
zumbando al goce de tu olor:
se acerca un tiempo de conejos.

Y a mí me escarba la ansiedad,
me escarba hondo, acá, en lo blando;
me escarba simple, de escarbar,
como para que se hunda más
el día feliz que está llegando.


1975.
*Fuente: http://www.patriagrande.net/cuba/silvio.rodriguez/discografia/rabo.de.nube.html#rabo.de.nube





RATAS, ESCARABAJOS Y SOLEDADES...




Jueves, 08 de Noviembre de 2007
LA SITUACION DE PERSONAS "SIN TECHO" Y LA LOCURA


El hombre y su rata*


El caso de un hombre sin techo, un "fugado" de un neuropsiquiátrico que, en rara compañía, vivía en Plaza Congreso, le permite a la autora una reflexión acerca de las condiciones de la internación y, sobre todo, de la externación psiquiátrica. Su pregunta es cómo "dar alojamiento a la locura".


*Por Patricia Malanca patmalanca@yahoo.com



Lo llamaré Jesús, aunque no tenía la edad de Cristo. Se parecía más a uno de los bandidos que acompañan a Jesucristo en la estampa de la crucifixión.
Vivía desde hace años a la intemperie, en la Plaza Congreso. Vivía sobre colchones viejos, frazadas, trastos, siempre alcoholizado. Allí, en su morada, lo entrevistábamos, desde el Programa Buenos Aires Presente (BAP).
Este programa pone a disposición de las personas en situación de calle -sin obligarlas- recursos habitacionales: paradores nocturnos, hogares de tránsito.
Esto pasó hace cinco años. El deliraba: decía que era Cristo, que era el Redentor. Flaco, huesudo, lo seguía una banda de apóstoles tan desangelados como él, hermanos de la calle que convivían ahí, podando ramas del ombú para hacer la fogata de cada noche, fortaleciendo y reafirmando su pertenencia al
lugar. Pero no era una ranchada como otras de los que duermen en la calle, donde a menudo hay cierto nivel de diálogo y de organización: uno "manguea", otro va a buscar el tetrabrik. En ésta no, no había comunicación, sino gritos, sinsentidos, parloteo de lo real, alguno saltaba con un delirio y todos lo seguían, la locura en la calle; y Jesús era el líder.
La técnica de los encuentros periódicos consiste en un acercamiento paulatino para crear algún vínculo de confianza y de reconocimiento mutuo, brindar un espacio de filiación, un lugar de identidad, un nombre, algún alojamiento posible en las preguntas para elaborar alguna estrategia de abordaje institucional. Una vez, después de muchos encuentros, me dijo cuál era su número de DNI, que no había olvidado. Con ese dato pude saber que había padecido una prolongada internación en el hospital Borda. De allí, según la historia clínica, se había "fugado". Un día de verano después de varios meses de visitas, me llamó la atención una gran cantidad de lastimaduras en el pecho y los brazos. ¿Qué eran? Fue inútil preguntarle.
Jesús hizo lo mejor que podía hacer: irse, "fugarse" del manicomio. La locura es loca pero no tonta y, hacía un año, había ido a buscar en la calle el alcohol y alguna identidad.
Y recuperó identidad en esa plaza. Allí, en aquel grupo fue líder y fue redentor.
Una noche, en el marco de un gran operativo municipal de limpieza y puesta a punto de espacios y paseos públicos, le tocó a la Plaza Congreso: convocaron al BAP para atender a las personas que dormían bajo el ombú, mientras se realizaba la tarea. Supuse que el despliegue iba a descompensar a Jesús.
Despertarlo en medio de tantos vehículos oficiales, máquinas y luces iba a ser difícil. Me acerqué. Dormía. Vi que estaba abrazado, como con cariño, a un objeto que no alcancé a distinguir. Entonces Jesús despertó: "¿¡Qué pasa!?". Se levantó, con la sorpresa se destapó y, entre los empleados municipales boquiabiertos, pude ver lo que Jesús abrazaba: una rata gigante.
El animal no se movió de su lado, mientras Jesús nos increpaba a los gritos.
La rata estaba como domesticada, pero recordé las lastimaduras de Jesús: eran mordeduras. El animal se estaba comiendo al hombre. El objeto al sujeto.
Jesús, "el fugado" del Borda, armó un mono con todos sus derechos vulnerados y se fue a recuperar algo debajo del ombú de Plaza Congreso. La distancia entre irse al ombú y quedarse en la cama de un pabellón del Borda puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Frente a la Institución con
I mayúscula que fagocita, la fuga de Jesús, con su cruz, muestra el síntoma institucional. El acto de fuga parece ser en sí mismo una suerte de delimitación o rechazo: crear un afuera que devuelva subjetividad frente al goce institucional. Una sublevación. Ahí la fuga actúa como defensa, y Jesús pudo adueñarse de un séquito de apóstoles en el Congreso y domesticar un roedor. Entre la Institución que fagocita identidad y la rata que lo devora a él, hay una ecuación de lo real que en el acto del fugarse intenta ser
domesticada.
La institución psiquiátrica no le ofreció una filiación y no le permitió una salida articulada en forma tal que Jesús no terminara en la calle. Esto se hubiera obtenido simplemente por el cumplimiento de la Ley 448 de Salud Mental de la ciudad de Buenos Aires, que requiere internaciones breves y detalle el proceso de externación que incluye el ofrecimiento de lugares de albergue (ver recuadro). No hubo para Jesús una ayuda profesional que lo contuviera y lo permitiera construir un proyecto que lo integrara a la vida. Entonces, "fugado".
En el lugar de la plaza donde Jesús eligió asentarse, casi cien años atrás, hubo una revuelta de los anarquistas, que fue reprimida con una matanza a manos de las fuerzas policiales comandadas por el entonces jefe de policía Ramón Falcón. La consigna anarquista que obraba en el diario La protesta
decía: "Esto no puede morir en silencio. No, y mil veces no, el pueblo no ha de dejarse matar como mansa bestia. Incendiad y destruid sin miramientos. ¡Vengaos, hermanos!"
Las casas de convivencia y los recursos sociales no bastan por sí solos, no bastan, si los profesionales no somos capaces de adecuar nuestras prácticas.
Frente a la domesticación institucional, sostener el concepto de lazo social. Ser capaces de armar redes, sostenerlas y darles continuidad a esas redes. Ser creativos a la hora de pensar recursos para esas redes informales que los sujetos nos proponen y que trascienden lo institucional. La persona que está ahí, cronificada en las Instituciones, entregó sus derechos para ser asistida por el Estado. El lazo social permite habilitar preguntas, un ¿por qué no? que permita, a un "cualquiera", recuperar su singularidad, su condición de ser alguien.
Una premisa fundamental es no expulsar lo que incomoda. Que el Estado, a través de quienes somos sus agentes, otorgue filiación a ese a quien se pretendió, ferozmente, desafiliar. Debemos reconocer que, muy probablemente, el Estado deba acompasar los tiempos de estas personas, a veces, durante
todas sus vidas. Ellos se quedarán, pero no se trata de que se queden en las instituciones; ése es el pensamiento más desafiliatorio. Se quedarán en nuestra práctica profesional. Esa es una forma de dar alojamiento a la locura. Afiliar ha de ser una tarea cotidiana y perseverante con ese prójimo que, si se cansa de esperar, nos denuncia con su fuga.


* Psicóloga. Ex coordinadora del Programa Buenos Aires Presente (BAP).
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-94288-2007-11-08.html




"Ciudadanos de pleno derecho"*


*Por Patricia Malanca

Entre el año pasado y éste se inauguraron dos casas de convivencia, una de mujeres y otra de hombres, que albergan cada una a ocho convivientes, personas externadas de instituciones psiquiátricas. Su creación estuvo de acuerdo con la Ley 448 de Salud Mental de la ciudad de Buenos Aires, que detalla el proceso que debe seguir una persona desde su ingreso hasta su salida de la red de los hospitales de la ciudad, en la perspectiva de su externación. Después del paso del paciente por las áreas terapéuticas de
rehabilitación del Ministerio de Salud, el artículo 15 de la ley compromete al área de acción social a disponer "establecimientos" de albergue para aquellos que no posean familia continente ni recursos propios para autosolventarlos. El año pasado la Secretaría de Desarrollo Social pasó a ser Ministerio de Derechos Humanos y Sociales, lo cual facilitó el criterio de concebir a todo potencial beneficiario de un servicio social como ciudadano con derechos sociales vulnerados a ser restituidos.
Las casas de convivencia son una alternativa a los dispositivos convencionales e institucionales con los que se contó hasta el momento y pretenden una atención focalizada en lo convivencial hacia lo comunitario, mientras que el área de la ex Desarrollo Social poseía instituciones macro, con un promedio de cien camas. Estas casas, que no forman parte de la terapéutica de rehabilitación, son novedosas al proponer un tratamiento social que promueve la autonomía, con el objetivo de fomentar la convivencia
dentro del concepto de ciudadanos de pleno derecho en la recuperación de su ser social, participativo, que toma decisiones transformadoras sobre sí, sobre su barrio de su convivencia y sobre la comunidad en general.
Los usuarios venían con un promedio de internación de cinco años en hospitales como el Borda y el Moyano. En las casas no hay conviviente profesional: se autoadministran, organizando entre los usuarios -ex pacientes- las pautas de convivencia de acuerdo con la identidad grupal de quienes la integran. La única obligación es la asamblea semanal, conducida entre los usuarios y el plantel profesional del Programa de Externación Asistida para la Integración Social (Preasis).


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/subnotas/94288-29878-2007-11-08.html






Confesiones de invierno*


*Sui Generis. Charly García



Me echó de su cuarto gritándome:
"No tienes profesióon"
Tuve que enfrentarme a mi condición,
en invierno no hay sol.
Hace frío y me falta un abrigo
y me pesa el hambre de esperar...

Quién me dará algo para fumar
o casa en que vivir?
Sé que entre las calles debes estar
pero no se partir.

Y la radio nos confunde a todos
sin dinero la pasaré mal,
si se comen mi carne los lobos
no podré robarles la mitad.

Dios es empleado en un mostrador
da para recibir
Quién me dará un crédito, mi Señor?
sólo se sonreir.

Y tal vez esperé demasiado,
quisiera que estuviera aquí
cerrarán la puerta de este infierno
y es posible que me quiera ir.

Conseguí licor y me emborraché
en el baño de un bar.
Fui a dar a la calle de un puntapié
y me sentí muy mal.

Y si bien yo nunca había bebido
en la cárcel tuve que acabar,
la fianza la pagó un amigo,
las heridas son del oficial.

Hace cuatro años que estoy aquí
y no quiero salir.
Ya no paso frío y soy feliz
mi cuarto da al jardín.
Y aunque a veces me acuerdo de ella
dibujé su cara en la pared
solamente muero los domingos
y los lunes ya me siento bien...



*Fuente: http://www.rock.com.ar/letras/1/1958.shtml






Jueves, 08 de Noviembre de 2007

Hacerse cargo de la historia*



*Por Luis Bruschtein


Si extiendo la mano -solamente con extender la mano- en este lugar frente al río, me vuelve una cita en el bar La Fragata con una piba de ojos claros que cantaba tangos, eso lo supe después. Y si cierro los ojos, aquí en este lugar donde los reflejos saltan del río a los muros de granito, aparece un verano de mochilero en Valeria, compañeros de facultad y entre todos ellos, una sonrisa luminosa que surge de un rincón remoto, una sonrisa que hace tanto tiempo no me iluminaba.
El río respira y se agita como si guardara todas las vidas, los millones de conversaciones y trillones de risas y cuatrillones de miradas y palabras que hacen miles de vidas que fueron, como seres de agua que hacen ondas y reflejan el sol o se sumergen para hacer corrientes marinas. Una persona, porteño, argentino o extranjero, puede estar en silencio frente a esos muros y hablar con el río.
La mano puede apoyarse en cualquiera de los miles de nombres que están escritos en los muros, ordenados por año y por orden alfabético, y sentir una vida que parece provenir del río. Es un susurro en el viento o una gran carcajada entre los truenos de una tormenta. Es un instante brillante, vociferando en una manifestación, o una imagen fugaz, el último rostro de alguien que se fue escurriendo en el tiempo, o apenas una mano en el hombro, un abrazo, que son los materiales que forman los recuerdos que hacen la memoria.
Para todos esos nombres de las filas infinitas sobre los muros no hubo despedidas, no hay cementerio, no hay inscripción en una lápida sobre sus restos. No hay restos. Solamente hubo lugar en la memoria de madres, amigos y hermanos o hijos que los llevan ya como si fueran una parte de sus cuerpos. Ahora que hay un lugar con sus nombres, un lugar fuera de los cuerpos y cabezas que se han empecinado en retenerlos, resulta difícil transferirlos, soltarlos, y además aparecen otros y otros, desconocidos por
casualidad, hermanados, compartidos, que nos hablan. Los que eran portados no se quedan en la piedra. Más aún, los desconocidos por casualidad que están en esos muros se acercan y se suman. Y tras el primer agobio -extrañamente- hay alivio.
Todos son de todos, igual que los nuestros, escritos en la piedra, quiere decir algo así como que ellos vivieron, ellos lucharon, ellos no fueron un podrido demonio, una lacra que no merecía nada, ni vida, ni hijos ni memoria ni nada. Quiere decir que no fueron rusos ni marcianos, que fueron nuestros, lo mejor de una generación que tomó un camino que había demarcado el devenir histórico perverso de esta misma sociedad como el único posible para construir un país justo y digno. Se puede criticar ese camino, pero para eso hay que mirar hacia dentro y no hacia fuera y hacerse cargo de esa historia.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-94344-2007-11-08.html






Jueves, 08 de Noviembre de 2007
Dios, el Tipo y la Compu*



*Por Enrique Medina


Convencido de su verdad, el Tipo arremete contra Dios con todo el rosario de insultos aprendidos desde la infancia más marginal. El nexo es la Compu.
Compu que hasta hace unos días era un balazo y ahora es un festival de pésimas y espeluznantes sorpresas. Sorpresa como el pito que suena inesperadamente, pito-alarma-ambulancia. Algo inusual y que el Tipo jamás en su vida de usuario había experimentado con tanto espanto. Recuerda el Tipo que el mismo sudor sufría cuando se colaba en el colectivo y justo llegaba el inspector con la maquinita de agujerear boletos legales. Y no es vana ni extrapolar la relación. No es vana porque hay un común denominador que enlaza la circunstancia: lo ilegal. Lo sabe el Tipo y por eso le retruca a Dios, porque éste no entiende que ciertos requisitos son puramente formales, como este programa insertado en la Compu, que nunca puede actualizarse. Buen argentino, al Tipo no le sería complicado explicar o exponer la filosofía del "derecho-social-adquirido-para-territorios-en-desarrollo", pero por mejor que lo hiciera sabe que el Sumo Hacedor no lo aceptaría.
Aparece San Pedro y le impone a Dios requerimientos más urgentes: la baja del precio del petróleo, la escasez del agua, los incendios naturales, la tercera guerra mundial. Y Dios le dice que sí, pero con reticencia, que ya va, pero no, se queda mirando al Tipo que aprovecha los segundos de vida natural de la Compu para escribir el texto que con suma urgencia debe ofrecer para ganarse el pan. Y la Compu (seguramente para quedar bien con Dios) se vuelve a detener y vuelve a reiniciarse. Y así está el Tipo desde hace días luchando. Lejos de la desidia y nada desaprensivo, al contrario: ha llevado la Compu a reparación, ha quitado el Vista que tanto lo ha abrumado con mil problemas, y ha reinstalado el XP pero sin mucha suerte ya que el misterioso defecto que apaga y reinicia la Compu de manera indiscriminada ha sido tomado en cuenta por varios service que han cobrado lo suyo sin detectar el origen del error. Y por eso el Tipo putea y reputea a todo ser viviente y al mismísimo Dios que lo está mirando con ceño adusto
y ahora extiende su índice de Michelángelo obligando a la Compu a ponerse en negro y volver a pitar-alarma-ambulancia. El Tipo se serena, no es boludo, sabe que Dios lo está controlando. Y aunque este jueguito esté justificado por la desprolijidad del Tipo, a éste no deja de darle en las bolas la perversidad impuesta por el Mandamás. Le da bronca que Dios no tenga en cuenta la configuración global del Tipo, que cada tanto da propinas, que respeta a los demás y que se ha mantenido por años hincha de un cuadrito de fútbol de mala muerte, en fin... Así que se calma, respira hondo, cuenta
hasta diez, espera que la Compu termine el reinicio y abre rápido la página y sigue escribiendo y guardando, segundo a segundo. Así avanza, renglón a renglón; y guarda y guarda por si se corta la buena racha que sólo dura lo que una ilusión ambiciosa. Le han dicho que el equipo estaba sucio, lo limpiaron y pagó, le han dicho que el ventilador, que esto, que lo otro, nadie dio pie con bola, y encima de la impericia de los service ignorantes ahora debe, el Tipo, aguantar que el mismísimo Dios le haya echado el ojo. Y esto lo escribe, y guarda rápido para que quede constancia de su tenacidad y de la lucha desigual. De suerte, San Pedro reaparece y le dice a Dios que hay cosas importantes, gente importante esperando. Dios dice que sí, que ya va, pero antes apunta con el índice sixtino y la Compu vuelve a pitar-y-repitar como cuando San Pedro le pisó el dedo gordo a Dios y éste lo puteó y reputeó como lo hace el Tipo ahora que, rápido como el miedo injusto, pone papel para imprimir el texto así, apenas se reinicie la Compu,
salva el trabajo; aprovechando que San Pedro se lo lleva de un brazo a Dios quien, humano al fin, no deja de apretar las cejas ni de mirar por sobre su hombro al pobre Tipo frente a la Compu.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-94328-2007-11-08.html





De "Composición"*


Un escarabajo patas arriba se mecía tontamente en el agua de la palangana.
Ferroni lo miró con cierta aprensión y resolvió que lo más adecuado sería volcar el agua con el escarabajo en el desagüe de la pileta. Enjuagó la palangana y dejó correr el agua de la canilla; se lavó la cara pensando en lo bien que se sentía cada vez que el agua helada golpeaba sus mejillas. El agua lo despertaba, lo ponía en guardia, le activaba las neuronas.
Ferroni pensó en el escarabajo y lo imaginó caminando por el caño del desagüe, tratando de escapar de esa prisión oscura y tubular. De pronto, ahí, parado en el patio, junto a la pileta de lavar la ropa, sintió frío. Se dio cuenta de que era arriesgado salir en camiseta, a horas tan tempranas.
Podía resfriarse. No estaba acostumbrado a esas mañanas tan frescas en pleno verano.
En Buenos Aires era diferente. No bien uno se despertaba, también salía al patio, pero para poder respirar, para no seguir ahogándose en la pieza, para despegarse de una vez por todas de ese colchón caliente que se adhiere a la espalda y oprime desde abajo. Si seguía así se iba a resfriar. En pleno mes
de enero. Ferroni entró a la pieza decidido a vestirse.
Alguien tiene que ir, le había dicho su superior cuando él le preguntó por qué no mandaban a otro, por qué tenía que ser él. Alguien tiene que ir, vos o cualquier otro es lo mismo; te tocó a vos. Y después: alegrate, te va a hacer bien, necesitás cambiar de aire. Mentira; él no necesitaba cambiar nada. Uno cambia de aire en vacaciones, no mientras trabaja. Y su trabajo estaba en Buenos Aires. Además, las vacaciones se las iban a dar en marzo; faltaba poco. Ya tenía todo arreglado con Paulino, que le prestaba el departamento de Mar del Plata y lo iba a reemplazar en los interrogatorios durante los quince días de sus vacaciones. Dos meses más de trabajo intenso, una quincena descansando en Mar del Plata y otra vez a Buenos Aires, a la rutina de los interrogatorios, el almuerzo con los compañeros de tareas, la siesta en la oficina de su superior. Lo suyo; su trabajo, su lugar. Pero lo mandaban a Jujuy en pleno mes de enero, con ese calor inmundo y tenía que alegrarse. ¿De qué? Un tipo como él, cumplidor, meticuloso, eficiente. Su superior lo había dicho; no a él, claro, no era amigo de andar haciendo
alabanzas, y mucho menos a los que estaban bajo su mando. Pero Paulino lo había escuchado por casualidad y se lo dijo. Muy eficiente. Para mí, el mejor, dijo que había dicho. El mejor y lo mandaban a Jujuy a buscar a alguien que quién sabe dónde carajo estaba. O tal vez lo mandaban por eso mismo, porque era el más eficiente, el más prolijo, el único capaz de encontrar a la mina esa. Pero entonces por qué su superior le había dicho que le iba a venir bien cambiar de aire y que si alguien tenía que ir, él u
otro era lo mismo. Si lo mandaban por ser el mejor, no tenía sentido que le dijera eso. Y si lo que querían era alejarlo de los interrogatorios, tampoco tenía sentido. «él era el más eficiente. Lo había dicho su superior. Paulino lo escuchó. Mejor tomarse las cosas con calma, se dijo. Después de todo, esa era otra de sus cualidades: la calma. «él sabía esperar como nadie, sin exasperarse. Tranquilo y eficiente. Todos lo sabían.


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/11/08/sociedad/s-04302.htm
-Fragmento de "COMPOSICION" de Norma Huidobro



Norma Huidobro, de 58 años, ganó el Premio Clarín de Novela
El relato transcurre en Jujuy, en 1977, con el trasfondo de las persecusiones políticas de los años de la represión ilegal. La autora, de Lanús, ya publicó escribió ficciones policiales y libros para chicos.

http://www.clarin.com/diario/2007/11/08/sociedad/s-04201.htm







Testamento*



*Silvio Rodríguez


Como la muerte anda en secreto
y no se sabe qué mañana,
yo voy a hacer mi testamento,
a repartir lo que me falta
pues lo que tuve ya está hecho,
ya está abrigado, ya está en casa.
Yo voy a hacer mi testamento
para cerrar cuentas soñadas.

Le debo una canción a la sonrisa,
a la sonrisa de manantial, esa que salta:
le debo una canción a toda prisa
para que quede que estuvo cerca, agazapada.

Le debo una canción a lo que supe,
a lo que supe y no pudo ser más que silencio:
le debo una canción, una que ocupe
la cantidad de mordazamor de un juramento.

Les debo una canción a los pecados,
a los pecados que no gasté, los que no pude:
les debo una canción, no como hermano,
sólo de sal que el delectador también alude.

Le debo una canción a la mentira,
a la mentira pequeña, frágil, casi salva:
le debo una canción endurecida,
una canción asesina, bruta, sanguinaria.

Le debo una canción al oportuno,
al oportuno mutilador de cuanta ala:
le debo una canción de tono oscuro
que lo encadene a vagar su eterna madrugada.

Le debo una canción a las fronteras,
a las fronteras humanas, no a las del misterio:
les debo una canción tan poco nueva
como la voz más elemental de los colegios.

Le debo una canción a una bala,
a un proyectil que debió esperarme en una selva:
le debo una canción desesperada,
desesperada por no poder llegar a verla.

Le debo una canción al compañero,
al compañero de riesgos, al de la victoria:
le debo una canción de canto nuevo,
una bandera común que vuele con la historia.

Le debo una canción, una, a la muerte,
una a la muerte voraz que se comerá tanto:
le debo una canción en que hunda el diente
y luego esparza con la explosión fuegos del canto.

Le debo una canción a lo imposible,
a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza:
le debo una canción indescriptible
como una vela inflamada en vientos de esperanza.


1977

*Fuente: http://www.patriagrande.net/cuba/silvio.rodriguez/discografia/





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