Saturday, February 16, 2008

EL ARQUETIPO DE LA COSA...


Contestador*





Soy Yósefin

en este momento no estoy

sería usted incapaz de interrumpirme

de hacerme calentar, llorar o sonreír

una perfecta sorda



y sin embargo lo estimulo

con mis más frescas, alígeras y electrónicas

[buenas ondas

a grabar desde restallantes halagos

hasta chuics

después de la señal.



*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar






EL ARQUETIPO DE LA COSA...





Sábado, 16 de Febrero de 2008
Entre esperanzas y violencias*




*Por Osvaldo Bayer
desde Bonn, Alemania


Por fin –y seamos optimistas pese a todas las derrotas– se está tomando conciencia de que las armas no solucionan nada. Aquí, en Alemania, ha provocado optimismo, aplauso y seguridad como nación la actitud del gobierno alemán de responderle con un no rotundo a Bush, por la exigencia de Estados Unidos dentro de la NATO, de más tropas germanas en Afganistán para enviarlas a la zona más peligrosa, donde luchan los talibán. Desde la primera ministra Merkel hasta su ministro de Defensa le han contestado en el mismo tono alzado que usó oficialmente Estados Unidos. No señor, Alemania no va a aumentar sus tropas ni va a abandonar su zona norte ni marchar al sur afgano como exige Estados Unidos.
Este episodio me hizo acordar a uno de los días más luminosos de mi vida: cuando salimos todos a la calle, en Alemania, con carteles en los que figuraba la palabra PAZ. La palabra clave, la palabra más significativa y más digna. Fue para oponernos a la participación de Alemania en la guerra de Irak. Y Alemania no participó.
Alemania se cubrió de Paz, pese a su historia. Fue emocionante ver a esos miles de jóvenes alemanes, con la paz en los ojos y en las sonrisas, nietos y bisnietos de aquellos miles y miles y miles de jóvenes que cayeron en la guerra pasada. Sí, ver esa fantasía real llenó de optimismo a los que creen todavía en la racionalidad y en los sentimientos nobles.
Fantasías reales, como esto increíble que estamos viendo: Obama, el negro nieto de africanos, está a un paso de vencer en las internas demócratas para postularse a presidente de Estados Unidos. ¿Cómo? ¿Un negro puede llegar a presidente en el país más racista del mundo? Sí. No todos piensan que las cosas se arreglan con más policía. O más bombas atómicas. Sino así: promoviendo la no violencia y la antiviolencia. Nada menos que un descendiente de esos pueblos africanos que fueron explotados hasta el hartazgo por el blanco, a latigazos y cadenas, ahora puede tener la posibilidad de gobernar a esos blancos, nada menos.
Esto representaría un salto en la ética de la humanidad. Por eso sería muy generoso de Hillary Clinton que renunciara ya a su candidatura y apoyara con toda fuerza a Obama. Ese gesto le valdría en el futuro ser elegida también ella. La grandeza siempre recibe su premio. Dar la mano y ayudar a subir la escalera del triunfo a quienes siempre estuvieron en el último peldaño. (Y esto serviría además para obligar moralmente a Obama a cumplir con lo que se espera de él, que de la agresión entre los pueblos pase a la solidaridad nacional y a la solidaridad entre los pueblos.)
Pero vayamos a lo nuestro. El martes pasado, uno de los diarios más leídos en Alemania, Frankfurter Rundschau, publicó una nota, de página entera, de Wolfgang Kunath, titulada “El éxtasis de los pobres”. Sí, habla de nuestras villas miseria. Las villas miseria argentinas. Las fotos que trae son nuestra realidad: niños revolviendo la basura, y vista de una villa, de esas que vemos hasta en la propia capital, o ciudad autónoma como se la llama ahora. Buenos Aires. No para todos.
Pero la nota no nos habla sólo de la miseria sino también del “paco”, palabra porteña que vale para la abreviatura de “pasta base” mezclada con “cocaína”. Pa-co. La dosis vale entre dos y tres pesos. Paco es la droga de los pobres, la califica el cronista. Les sirve a los pobres para olvidar y vivir mejor en el éxtasis, en los sueños, en el olvido por varias horas. Y el autor añade que la Argentina está atrasada por lo menos veinte años para enfrentar este problema bien dramático, principalmente en la prevención y en la terapia de los adictos.
Para salir de la realidad, el paco. El periodista alemán deja una esperanza. Informa que se ha conformado el grupo “Madres contra el paco”, en las villas. Las madres, siempre.
Nos preguntamos después de sentirnos desnudos ante la opinión extranjera: ¿y qué hemos hecho los argentinos para terminar para siempre en nuestras ciudades con las villas? Y aquí debemos decirlo nuevamente: las únicas que se han empeñado en esto y se empeñan son las Madres de Plaza de Mayo. Las madres de los desaparecidos. Toda esa parte de la juventud desapareció, pero las villas quedaron. Videla, Massera, Agosti, Viola, Galtieri, Bignone. Y los de antes y los de después.
Pero ya las villas habían comenzado a crecer como hongos hace más de siete décadas. Se las llamaba y todavía hoy “villas de emergencia”, cuando resultaron ser villas miseria, tal cual las llama el pueblo. Su nombre auténtico y veraz. Las villas miseria argentinas. Argentina, Argentina.
Cuando era un chico, mi padre me llevó a ver a “los desocupados de Puerto Nuevo” como se los llamaba. Eran los fines de los treinta. Allí estaban centenas de hombres sin trabajo. Cada uno de ellos se había construido una choza de madera y ofrecía en venta artesanías. Luego, ese ejemplo fue creciendo y más tarde se formaron las villas de la miseria y la humillación absoluta.
Han pasado siete décadas. Y son cada vez más grandes. Pero, claro, no hay que quejarse demasiado. De ahí, justo, donde existe una de esas villas eternas, en Retiro, vamos a poder salir muy pronto, en el tren bala. Vale la pena ser argentino.
Se nos enseñó siempre que el capitalismo, por sí solo, iba a solucionar los problemas del mundo. Se nos dijo que para eso se necesitaba libertad de acción empresaria. Más libertad para el capital, más rápidas vendrían las soluciones. Pero cómo, entonces, se preguntaría un alumno crédulo e inocente: ¿y Martínez de Hoz no pudo solucionar el problema de las villas “de emergencia”? No, vayamos más allá, dejemos los países del Tercer Mundo. En la Alemania actual, primer país exportador del mundo –hasta ahora, pero muy pronto ese título pasará a China–, se ha producido un caso que deja todo en claro. La fábrica finlandesa de teléfonos manuales Nokia abandona Alemania para instalarse en Rumania. Motivos, los obreros alemanes cobran un sueldo entre 1900 y 1500 euros y tienen sindicatos. En Rumania en cambio, se paga 200 por mes (aunque hay denuncias de parte de los obreros de que ganan apenas 100 euros mensuales). Un motivo claro. Porque los empresarios piensan que la vida está para ganar todo lo que se pueda. Si no, ¿para qué venimos al mundo? Los alemanes están indignadísimos porque Nokia para instalarse en Alemania recibió gran ayuda en préstamos del Estado alemán. Y ahora, de la noche a la mañana, se retira. Se instalan en Jucu, cerca de la ciudad de Cluj, en Rumania. Ya la empresa ha comprado, además de los terrenos para la fábrica, otras fracciones de tierra para una cancha de golf para los ejecutivos. Es decir, piensan en todo. En Alemania han quedado cesantes 2200 obreros. Se hacen todos los días grandes marchas. El handy de Nokia se vende ahora sólo a un euro, en liquidación absoluta, porque ya nadie en Alemania compra esa marca, consideran de por sí “una vergüenza” que un aparato así lo acompañe en todo el día. Lo ocurrido ya no es para calificarlo como “un chiste” finlandés sino más bien como una tragedia wagneriana. El director de la nueva fábrica de Nokia en Rumania, un joven norteamericano de Texas, en su presentación ante los nuevos políticos rumanos los llamó fraternalmente “mis hermanos”. Son gajes del oficio. Los desocupados de Alemania son para él ya cosas del pasado. Porque las cosas son así.
Obama, el no a más tropas a Afganistán, nuestras villas miseria argentinas y el golpe de furca de una empresa. Cuatro sucesos de la actualidad para pensar. Porque la “cosa” no es que algunos puedan viajar en tren bala y otros jugar al golf en Rumania. Ya que así empieza la definición del vocablo “violencia”.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-98988-2008-02-16.html





...el nombre es arquetipo de la cosa*


¿Quién no fantaseó alguna vez con cambiarse de nombre?
¿A quién no lo sedujo, aunque sea un tanto así, la posibilidad de elegir soberanamente el nombre por el cual habrían de llamarlo?
¿Cuántas veces no hemos lamentado el malhado que torció nuestro destino cuando nuestros padres nos "nombraron"? Es decir, nos impusieron la más fuerte de las marcas.
Y así como de sus ijares echaron nuestra materia al mundo, fué de sus bocas el aliento transfundido que creó nuestras almas.
Nos "nombraron", nos definieron y recortaron del resto de la humanidad. Insuflaron en nosostros esa pequeñísima cuota de divinidad que - paradójicamente - nos humaniza.
Nos reconocemos en nuestro nombre, somos nuestro nombre, hasta que tomamos conciencia que - al igual muchas otras cosas - no lo elegimos. Nos lo "impusieron".
Normalmente esta percepción nos asalta en esa época de la vida en la que empezamos a cuestionar todo lo que durante nuestra infancia fue certeza y hasta artículo de fe.
Nada casualmente - sostengo - es también por esos años que la emergencia de nuestros sentidos, la potencia de nuestros deseos, y la urgencia por obtenerlos nos hacen renegar de todo lo que nos pudiesen haber impuesto: mandatos, tabúes, interdicciones y hasta el nombre con el que alguna vez nos "dijeron".
"El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo..."
En estas palabras inconfundibles, e incomparables, se confirma la presunción; somos cuando nos nombran. La existencia, antes de ser nombrados, es un limbo de indiferenciación, un magma primigenio, un mainstream de potencia. De ella emergemos cuando nos nombran, y la voz que aprendimos a reconocer aún antes de ver la luz nos llama.
Así, elegir un nombre es - aunque sea parcialmente - renunciar a aquel que nos dieron, y rechazar, así sea sin reconocerlo, a quienes nos nombraron, o bien, dicen otros, sería comenzar un camino que en algún momento nos llevará a poner en su justa medida lo que heredamos y lo que construimos. Crecer lo llaman, también.
¿Será?
Sea así, o asá, la elección de un nombre para uno mismo no es poca cosa. Encierra, cómo no, el deseo de ser - aunque sea en parte - "otro". Ahora bien, ¿Cuán "otro" será?.
Si consideramos que el material sobre el cual tomaremos la decisión es el reservorio de nuestros recuerdos: caricias recibidas, gritos soportados, triunfos pasajeros, derrotas pertinaces, juegos excitantes, trabajos aburridos, proyectos truncados, coitos salvajes, cópulas rutinarias, goles malogrados, asistencias perfectas, plazas frecuentadas, bares trajinados, playas concurridas, músicas disfrutadas, lecturas inconclusas, miedos persistentes, dolores agudos, goces fugaces, sábanas transpiradas, noches interminables, sonrisas falsas, llantos genuinos, ternuras vergonzantes, orgullos estúpidos, vergüenzas obstinadas, amores enconados, traiciones abyectas...considerando todo esto - decía - ¿será nuestro nuevo nombre más ajustado a nuestra esencia, o - vaya paradoja - ya nadie nos reconocerá en él?



*De Udi. udi.cuatro.catorce@gmail.com
febrero de 2008







La tierra incomparable*


(fragmento)

*de Antonio Dal Masetto






DIECISIETE


Bordearon el muro lateral de la iglesia, cubierto de musgo y plantas colgantes, y llegaron al frente. A través de la puerta semiabierta se veían los bancos y, al fondo, el al­tar en sombra.
-En mi época estaba siempre cerrada -dijo Agata-. Sólo un par de veces por año venía un cura a celebrar misa.
Pegado en la puerta había un afiche que decía: "La iglesia necesita de tu ayuda; ayúdala ya con una oferta deducible”.
-¿Deducible de qué?-preguntó Agata.
-De los impuestos -dijo Silvana.
-¿Entramos a mirar?
-Vaya, yo la espero.
Agata entró, caminó hasta la primera hilera de bancos y se detuvo. No había nadie. Por dentro la iglesia parecía aún más pobre que por fuera. Recibía algo de claridad por unas aberturas altas, con vidrios de colores opacos, casi pegadas al techo. Las paredes estaban desnudas. Había algunas flores blancas en el altar, algunos cirios eléctricos a los pies de un crucifijo de madera. También esto formaba parte de la historia de Agata. Y también acá esperaba que le llegara una señal. Avanzó unos pasos más y volvió a de­tenerse. Entonces comenzó a sonar un órgano. Sorprendi­da, Agata buscó el origen de la música. Descubrió, allá ade­lante, en un costado, la espalda del organista. Era una figura negra, confundida con la sombra, oscilaba de dere­cha a izquierda y después de izquierda a derecha, en un movimiento siempre igual, corno un péndulo invertido. La música era grave, crecía, se adueñaba del lugar y Agata sintió que se apropiaba también de ella. La música, aquella espalda negra y su movimiento monótono, los muros des­pojados, el crucifijo oscuro, la cargaban de congoja y la pa­ralizaban. No era esto lo que Agata buscaba. Las voces que reconocía como suyas, con las que se identificaba, eran las de un rato antes, sentada sobre una piedra, mirando la co­rriente. Esas voces estaban hechas de claridad y de fuerza. Allá abajo, frente al río y la montaña, con los recuerdos y las pérdidas, Agata se había sentido sin embargo viva. Esta otra voz, la que resonaba acá adentro, le llegaba como una exigencia de abandono y resignación, tenía un peso de fa­talidad. Agata sintió miedo de esa música. Se desprendió del banco donde tenía apoyada la mano, retrocedió unos pasos, dio media vuelta y caminó rápido hacia la puerta como quien huye de un encantamiento. Salió buscando el aire y la luz del sol. Silvana la estaba esperando sentada sobre un pilarcito de piedra.
A un costado de la iglesia nacía una construcción de planta baja y primer piso. Se fueron por ahí y oyeron una voz que les hablaba desde arriba.
— ¿Son de acá?
Levantaron la cabeza y vieron un cura asomado a una de las ventanas altas. Era un hombre de edad, canoso, gor­do, sonrosado.
— ¿Son de acá? —preguntó por segunda vez.
Parecía tener cierta dificultad en la pronunciación, se le trababan las palabras. En la cara redonda lucía una sonri­sa exagerada. Fue Agata la que contestó:
—Ella sí. Yo viví acá hace muchos años.
— ¿Ahora dónde vive?
—En la Argentina.
—Tengo parientes allá. ¿Ya estuvo antes o es la primera vez que vuelve?
—La primera.
— ¿Cómo encontró esto?
—Está diferente.
—Cambió mucho —dijo el cura con un gesto de resig­nación y sin perder la sonrisa—. También la gente cambió.
—Todavía no tuve tiempo de ver demasiado, llegué hace dos días.
—Ya se dará cuenta. Estamos mal. La juventud está per­dida. Alcohol, droga. Acá hubo demasiado bienestar, vivie­ron bien muchos años, ahora no saben qué hacer con sus vidas, ahora hay que pagar. Son malos tiempos, muy malos.
—En mi época esta iglesia estaba casi siempre cerrada.
— ¿Usted venía?
—Algunas veces, para Navidad, cuando era chica, me traía mi padre. La recordaba más grande.
—No es grande —dijo el cura—, aun así no se llena nunca. Y eso que hay mucha gente alrededor. Ahora esta­mos rodeados de casas.
—Ya vi —dijo Ágata—, casi no reconozco la mía entre tantas construcciones nuevas.
—Construyeron mucho y construyeron mal.
— ¿Usted es de acá?
—De Tersaso.
—Entonces conoce la zona. Había una represa en el río. ¿La recuerda?
—Claro que me acuerdo.
—Había un lugar que se llamaba el Pozo, donde la gen­te se bañaba.
—Exacto. A estos ríos los conozco bien. Iba a pescar cuando era muchacho.
— ¿Qué pasó con la represa?
El cura levantó una mano y dijo:
—Esperen un minuto, ya vuelvo.
Desapareció y apareció segundos después, chupándose los labios.
—A la represa la destruyó una crecida. Después dinami­taron lo que había quedado. Total, no servía más para na­da. El desvío del río era para una fábrica que ya no funcio­naba.
— ¿Qué pasó con la fábrica?
—Tuvo que cerrar. Culpa de los sindicatos.
— ¿Por qué de los sindicatos?
—Acá hubo demasiado comunismo y socialismo. Esta es una zona de rojos. Arruinaron todo, hicieron desastres. Ahora están muertos y enterrados, pero siguen haciendo más daño que antes. Los socialistas peor que los comu­nistas.
Hizo una pausa, dijo:
—Un momento, no se vayan.
Igual que antes, regresó enseguida:
—Los terrenos que rodean la iglesia por suerte todavía no han sido tocados, pertenecen a la comuna. Nosotros es­tamos haciendo lo posible para preservarlos tal como están, queremos convertir este lugar en un santuario. Pero no me escuchan, no quieren escucharme.
— ¿Por qué?
—El intendente es socialista. ¿Entiende lo que le digo?
—Entiendo—dijo Agata.
— ¿Y allá en Argentina, cómo se vive? ¿La Iglesia está fuerte?
Agata no supo qué contestar y dijo que le parecía que sí.
—Leí que hay mucha invasión de sectas asiáticas y afri­canas.
—Puede ser.
—También leí que realizan sacrificios humanos, sobre todo con chicos.
Ahora Agata no dijo nada. Nuevamente el cura hizo una seña pidiendo que lo disculparan:
—Ya vuelvo.
— ¿Qué hace? —preguntó Agata a Silvana.
—No sé —dijo Silvana—. Para mí que tiene una botella ahí atrás.
El cura volvió:
—Acá también tenemos nuestras rarezas. Días atrás vi­no a verme una señora de Tersaso. La conozco desde hace mucho, yo antes estaba a cargo de esa parroquia. Escuche bien esta historia, para que tenga una idea de lo perdida que anda la gente en estos tiempos. Esta mujer aparece y me dice que dejó de concurrir a aquella iglesia. "¿Por qué?", pregunto. "Porque se corrió la voz de que el cura es homosexual y contrajo el Sida", me contesta. "¿De dónde sacaron semejante calumnia?", le pregunto. "Se comenta", dice ella. "Así que usted deja de cumplir con sus obligacio­nes religiosas por unos comentarios perversos; nos esta­mos volviendo todos locos". "En realidad no voy por mie­do a contagiarme", me confiesa ella. "Pero, señora mía, suponiendo que esos disparates tuvieran algo de cierto, ¿cómo podría contagiarla un sacerdote que está celebran
do misa en el altar?" "Por la comunión", dice ella. "¿Qué pasa con la comunión?" "Una piensa que el cura toma la hostia con la mano y la imaginación empieza a volar: una lastimadura, una gota de sangre". "¿Pero de qué me está hablando?", digo yo, "durante la misa la hostia deja de ser lo que era para convertirse en el cuerpo de Nuestro Señor, ¿o nunca oyó hablar del sacramento de la Eucaristía? Lo que usted está insinuando es que Nuestro Señor puede contagiarse y luego transmitir una enfermedad, ¿no se da cuenta que está blasfemando?".
El cura calló y pareció esperar el efecto que la historia había producido. Mientras la contaba, su cara había mante­nido el mismo aspecto risueño del comienzo. Ni Agata ni Silvana hicieron comentarios.
—Esperen un momento—dijo el cura.
Volvió a retirarse de la ventana. Cuando regresó dijo:
—Así que ya ve cómo anda el mundo, señora.
—Ya veo—dijo Agata.
—Le puedo contar tantas historias. Agata asintió.
—No se sorprenda si se encuentra con cosas raras —dijo, el cura.
—Voy a estar preparada.
Silvana la tomó del brazo.
—Nos tenemos que ir —dijo Agata.
—Celebramos misa todas las mañanas. Venga.
Se despidieron.
—Ese cura está muy necesitado de hablar —dijo Silvana cuando se alejaron—. Si nos quedamos, nos da charla todo el día.
Regresaron hacia el centro. Silvana se desvió, cruzaron el río San Giovanni y subieron durante un trecho. Se detu­vieron después de una curva. Estaban sobre el pueblo y abajo se veía la extensión de techos rojos que moría en la orilla del lago. Se quedaron sentadas en el coche.
—Mañana y pasado no voy a estar —dijo Silvana—. Por un par de días se va a quedar sin acompañante.
—No hay problema. Ya te dije que no quiero causarte tantas molestias. Además el albergue no está lejos de la casa de Carla.
Silvana señaló un pueblo del otro lado del lago:
—Voy a Coseno. Ahí está mi marido.
—No sabía que estuvieras casada.
—Me casé hace seis años.
— ¿Cuánto hace que te separaste?
—No nos separamos.
—Pero no están viviendo juntos.
—Estamos y no estamos.
—Me dio la impresión de que vivías con tu abuela.
—Estoy un poco acá y un poco allá. Voy y vengo.
Silvana dijo que eso facilitaba la relación, la distancia ayudaba a que los enojos se diluyeran más rápido. Agata no dijo nada.
—Nos peleamos mucho —siguió Silvana.
— ¿Por qué se pelean tanto?
—Por todo. Cualquier argumento sirve: el trabajo, la po­lítica, los hijos.
— ¿Tienen hijos?
—No.
Silvana hizo una pausa y agregó:
—No vinieron.
A Agata le resultó curiosa esa respuesta en una mujer jo­ven como Silvana.
— ¿No vinieron? —preguntó.
Silvana metió una mano en la guantera y sacó un cigarrillo.
—En realidad no los buscamos. Más bien los evitamos.
Presionó el encendedor del tablero, esperó a que saltara y después encendió el cigarrillo. Dio un par de pitadas y agregó:
—Yo los evité.
Agata percibió la dureza repentina de la voz. Silvana se estiró, apoyó la nuca contra el respaldo y habló mantenien­do el cigarrillo entre los labios:
—No quiero tener hijos.
Ahora a Agata le pareció que estaba con una nueva Sil­vana, diferente de la que la había acompañado a la casa, al río y le había hablado de los anocheceres en el bar de la costa. Hubiese querido verle la cara en ese momento, pero evitó girar la cabeza.
—Aquel cura dice muchas tonterías, pero hay cosas en que le doy la razón —dijo Silvana.
— ¿Cuáles?
—A usted le tocaron tiempos difíciles, pero éstos no son mejores.
Permanecieron en silencio, mirando al frente. El lago to­davía brillaba con el último sol.
— ¿Es por eso?—preguntó Agata.
— ¿Qué cosa?
—Esa idea sobre los hijos.
—También es por eso.
— ¿Te da miedo?
—Algo así.
— ¿De qué?
—No estoy segura.
Volvieron a callar. En el coche se había instalado un clima de gravedad. Silvana fumaba y Agata miraba los techos y los coches que cruzaban el puente. Sentía que aquellas confesiones no habían sido fáciles ni eran gratuitas. Pensó que tal vez Silvana esperaba que ella opi­nara.
—A mí me tocaron tiempos muy difíciles —dijo por fin—, pero tuve hijos y los crié y no me arrepentí. Estoy orgullosa de haberlos tenido.
—La veo a mi abuela, la veo a usted, y me parece que eran otra raza de mujeres.
— ¿Tu marido piensa igual que vos?
—Vito sí quiere tener hijos. Quiere una gran familia. Esa es una de las razones por las que vivo un poco acá y otro poco allá. No es la única, pero es una de las razones.
— ¿A qué se dedica él?
—Es médico. El más joven de toda esta región. Obtuvo una distinción por eso. Una gran persona, el mejor hombre que conocí.
— ¿Te quiere?
—Dice que soy la mejor mujer que conoció.
— ¿Entonces por qué no están juntos?
—No es tan fácil. ¿Cómo se hace?
Siguió un silencio largo y después Silvana dijo:
—Soy yo la que falla.
— ¿En qué?
—Alguno de estos días voy a tratar de contárselo.
— ¿Y él qué dice?
—Me conoce bien. Me conoce mejor que yo. A veces se ríe. Pero también sufre. Dice que juego con él porque sé que es fuerte, que puede aguantar cualquier cosa, que pue­do pegarle y nunca se cae.
— ¿Es así?
— ¿Lo de jugar? A lo mejor sí. No es deliberado. No soy tan cínica. Me gusta apoyarme en él. Es como un árbol. Cruzo el lago y allá está, esperándome.
—Es cómodo.
—Demasiado cómodo. No es justo.
Silvana arrancó el coche y pegó la vuelta.
Estacionó frente al edificio donde vivía Elvira, ayudó a Agata a bajar, miró la hora y dijo:
—Paso a las ocho y la llevo al albergue.
Agata subió, golpeó, no contestó nadie y usó la llave. Aparecieron los dos chicos, anduvieron por la cocina y se fueron de nuevo. Agata quedó sola, se asomó a la ven­tana y se quedó mirando el movimiento de la calle. Ha­bía una casa de antigüedades enfrente, con una armadu­ra en la vidriera. De vez en cuando pasaba un coche. Oscureció. Pensó en Silvana. Aquella charla todavía la turbaba. La reconstruía paso a paso, dominada por una mezcla de irritación y pena, le parecía que hubiese podi­do decirle muchas cosas y lamentaba haber perdido la oportunidad.
Se abrió la puerta y entró Elvira. Saludó sin acercarse, se quitó el abrigo, lo tiró sobre un sillón y preguntó:
— ¿Qué hizo hoy?
—Dimos unas vueltas.
—En este pueblo no hay nada para ver.
—Para mí sí hay mucho para ver.
Elvira se metió en el baño, después fue a su dormitorio y cerró la puerta. Agata se sentó a esperar que saliera. Miró la hora, pensó que Silvana estaría por llegar y fue a golpear.
— ¿Sí?—dijo Elvira desde adentro.
—Soy yo.
— ¿Necesita algo?
—Quiero hablarte.
Elvira abrió. Se había puesto una bata y se estaba pasan­do un peine por el pelo.
—Decidí mudarme a un hotel —dijo Agata.
— ¿Por qué a un hotel?
—Es mejor. Acá hay poco lugar y soy una incomodidad liara todos.
—Yo le ofrecí lo que tengo, más no puedo hacer.
—Lo sé.
— ¿Cuándo quiere mudarse?
—Ya tomé una habitación.
Elvira se quedó pensando. Sacó algunos pelos del peine.
—Como le parezca —dijo—. Le avisé que la casa era chi­ca. ¿Dónde va a estar?
—En el albergue Monasterio.
Agata fue a la habitación y trajo su cartera.
—Te pago los dos días.
Había preparado el importe. No le dio los billetes en la mano, los puso sobre la mesa, colocó la llave encima. Elvira no los tomó, pero tampoco los rechazó.
—Tengo que bajar—dijo Agata.
— ¿Tanto apuro tiene?
—Viene Silvana a buscarme.
Elvira la ayudó con la valija y se quedaron en la puerta de calle, sin nada que decirse. Silvana llegó unos minutos después.
—Venga el domingo a comer con nosotros —dijo Elvira al despedirse.
Mientras se alejaban, a Agata le pareció que acababa de dejar un lugar de reclusión. Pensó en aquel cuarto lumino­so del hotel y sintió alivio.



*de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.







EL LENGUAJE DIALOGAL*



*Por Juan Francisco Campos. jfcampos@ujmd.edu.sv




Dedico este trabajo en especial a mis hermanos con quienes las distancias, el tiempo y otras circunstancias nos privaron del diálogo.
También dedico este trabajo a mis amigos, aquellos con quienes compartí mis alegrías porque en mi vida nunca hubo tristeza y mis pasos siempre han sido para adelante.
Cicerón el gran orador romano en su tratado “De amiscitia” señala que la amistad es sagrada, viene de Dios y que por eso debemos cuidar de los amigos; señala que con el hermano nos une la sangre y que aunque nos disguste tenemos obligación de defenderlos si alguna vez nos enteramos que algún peligro les amenaza , no así con los amigos porque con estos nos une Dios.
Así que cuando hablamos de la dialogicidad nos referimos al diálogo positivo, porque el diálogo es hiriente, le tememos porque sólo queremos oír lo que nos gusta y nunca sobre nuestros errores; nos duele que nos señalen nuestras debilidades.
Sócrates decía: “homo, noscete te ipsum” (hombre conócete a ti mismo); conocerme significa que tengo que dialogar con el “tú” que llevo dentro, sólo el monólogo interior me lleva a descubrirme y eso me permitirá conocerme para después conocer a otros .
Una amiga brasileña me obsequió un libro “El Principito” y en su dedicatoria decía: “Este livro dedico a você porque sabendo de tu sensibilidade e de tua beleza espiritual se tamben que es capaz de comprender a mensagen que ele leva até você . E meu livro preferido. Tenha o com carinho”. Al final de la dedicatoria cita una frase del libro que yo descubrí más tarde: “....nao existen lojas de amigos si tú queres un amigo cativalo eres responsabel por el que cativas”
Cada vez que leo el Principito recuerdo esa bonita y sencilla dedicatoria que me hace pensar en aquella amiga que compartió conmigo su libro preferido, para recordarme que la amistad es un don maravilloso que hay que cultivar y como no hay tiendas de amigos no podemos tener más amigos, porque estos no se venden en las tiendas.
El filósofo brasileño Antonio Sidekum, publicó en 1979 el libro titulado “La intersubjetividad en Martín Buber”, Caxias de Sul; Universidad de Caxias 1979,107 pp.; en el Capítulo 2 enfoca el tema del lenguaje dialogal y plantea que “ el lenguaje introduce al hombre en su existencia”., para Buber “ el lenguaje es portador del ser en la reflexión inicial del yo y tú, la palabra se presenta como dialógica”.
Para Buber la palabra proferida no es un simple desempeño de la capacidad humana, o sea un simple fenómeno, sino una actitud efectiva ,eficaz y actualizadora del ser del hombre. La palabra es un acto del hombre a través de la cual éste se hace hombre y se sitúa en el mundo con los otros; por tanto es ella una realidad que está íntimamente ligada a la esencia del ser humano, pues la palabra principio una vez proferida fundamenta la existencia del hombre.
El lenguaje es para el hombre el comienzo de su existencia , su afirmación en el orden social y moral , pues hablar es entrar en contacto con el mundo, con el otro; afirma la existencia del hombre, del otro y del mundo. El hombre realiza su lenguaje en la intersubjetividad total; la relación del hombre con el otro o con el mundo es la que da dimensión a la palabra que será proferida; proferir, pronunciar la palabra principio significa, desenvolver una actitud frontal a un ser.
Buber no pretende presentar un análisis lingüístico sino dar una nueva concepción filosófica del lenguaje; “la palabra sitúa de una nueva manera al hombre en el mundo”.
Sólo en el lenguaje es que descubrimos el mundo e imprimimos su sentido; en el se ofrece la totalidad de una cosmovisión y es solamente en esa totalidad que se da la objetividad y el hombre se revela.
El lenguaje constituye la esencia del mundo y la esencia del hombre; cada palabra nos orienta en el mundo, este mundo es descubierto y significado por el hombre; así al mismo tiempo en que cada palabra es adquirida, crece el universo del hombre, lo que es una contribución a la existencia.
La palabra principio por su contenido y su intencionalidad es realmente principio de la existencia humana; es por tanto a través de la palabra que el hombre se introduce en la existencia humana.
Buber representa la palabra con una función totalmente existencial; no es el hombre quien conduce la palabra, más es ella que se mantiene en el ser. Buber quiere a través de la palabra quitar el velo, el sentido existencial de la propia palabra lenguaje por la intencionalidad que anima a la misma palabra. Es el principio ontológico del hombre como ser dialogal y consecuentemente diapersonal.
El lenguaje es actualizador del hombre: este principio es comprendido como fundamentalmente existencial de apelo a la existencia, a la realidad del ser hombre.
La palabra fundamenta la relación del hombre; el hombre hace presente su existencia en la palabra; las palabras instauran la potencialidad, la intencionalidad y el ser presente del hombre; es a través de la palabra que el hombre se introduce en la existencia. El hombre establece a través de la palabra una relación existencial con el otro, esta relación es a su vez fundamentada por el lenguaje, subsiste en el propio lenguaje humano; tenemos un relacionamiento propio entre nosotros los seres humanos, el que difiere del relacionamiento que tenemos con los animales y con el mundo.
El hombre mediante el lenguaje establece una relación vivencial existencial con el otro.
La base de la obra “Yo Y TÚ” no es constituida por conceptos abstractos, sino es la propia experiencia existencial que se revela. Nosotros establecemos relaciones y es la palabra la que nos introduce en las relaciones; hacemos de la palabra un diálogo; este dialogo es sobretodo un diálogo existencial; aquí podemos hablar de una fenomenología de la relación cuyo principio ontológico es la manifestación del ser del hombre que intuye inmediatamente por la contemplación. La palabra como portadora del ser es el lugar donde el ser se instaura como revelación; sin palabra no existiría la razón, no existiría el mundo; la palabra es el principio, es el fundamento ontológico de la relación que se establece en lo interhumano.
El “YO” de la palabra principio YO – TÚ es diferente de aquel de la palabra principio YO-ESO. Cuando el hombre dice YO, quiere decir uno de los dos. El YO al cual él se refiere está presente . La actualidad de la palabra principio implica la latencia de otro; las dos actitudes se suceden continuamente, así podemos observar que es en la palabra que el ser humano encuentra su fundamento y su principio.
“El lenguaje que constituye la actitud fundamental del hombre en la existencia, manifiesta la soberanía del hombre. El lenguaje no crea el mundo, el mundo objetivamente esta delante de nosotros. A través del lenguaje , el hombre comienza a nombrar y dominar el mundo” (Werke I ,p 341).

EL LENGUAJE ACTUALIZADOR DEL HOMBRE
En Buber por la palabra principio el hombre se descortina en aquello que es existencialmente constitutivo de su ser, como es la dotación de sentido. El lenguaje esta íntimamente vinculado a la totalidad de la existencia humana: revela las potencialidades de la trascendencia del hombre, revela la actualidad del ser del hombre , por eso se puede afirmar que el lenguaje trata de la realidad del hombre, del hombre que es un ser en relación; el lenguaje del hombre y su relación con su autoconciencia, con el mundo y con el TÚ.
El lenguaje requiere la presencia del otro, lo que es indispensable para nuestra realización humana. La necesidad de la existencia del otro, del TÚ es esencia para la constitución del lenguaje, así surge el diálogo, inicialmente como una necesidad existencial, este diálogo se transforma en plenitud humana.
EL lenguaje no es simple medio de expresión que se puede poner de lado y cambiar como un disfraz, pues en el lenguaje aparece y se manifiesta en su totalidad aquello que nosotros somos: el hombre en su esencia humanista siempre esta en relación... para Buber, el lenguaje es contemporáneo a la creación del mundo, del cual es operario.
Es por el habla que el hombre viene al mundo y el mundo viene al pensamiento; el habla manifiesta el ser del mundo, el ser del hombre , el ser del pensamiento. Toda el habla llena los horizontes del pensamiento y del mundo. Creación del mundo, creación del hombre, vocación de la humanidad. El hombre con todo su significado, sus valores y sus aspiraciones se encuentra en el lenguaje y habla del sello del lenguaje. “e lenguaje pertenece a la constatación existencial del ser ahí (Dasein) como comprehensivo ser en el mundo”. (En sobre el humanismo” Heidegguer (1973,p.357) expresa sobre el lenguaje: ““La única cosa que el pensar que, por la primera vez procura expresarse en SER Y TIEMPO, me gustaría alcanzar eso que es algo simple, como tal el ser permanece misteriosamente en la proximidad de un imperar que no se impone a la fuerza. Esta proximidad desdobla su ser como el propio lenguaje; mas el lenguaje no es apenas el lenguaje en el sentido que lo concebimos, cando mucho como la unidad de fonema, melodía, ritmo y significación. Pensamos fonema y grafema como el cuerpo de la palabra; melodía y ritmo como el alma y lo que posee significado adecuado, como el espíritu del lenguaje: pensamos comúnmente el lenguaje a partir de la correspondencia a la esencia del hombre en la medida de que esta es presentada como animal racional, esto es como la unidad de cuerpo, alma y espíritu.
Todavía así como la maldad del hombre, la experiencia permanece oculta y a través de ella, la relación de la verdad del ser con el hombre; así encubre la interpretación metafísica animal del lenguaje, su esencia ontológica histórica; de acuerdo con ella es el lenguaje la casa del ser manifestada y apropiada por el ser; por eso se trata de pensar la esencia del lenguaje a partir de la correspondencia del ser al ésto, en cuanto tal correspondencia, lo que quiere decir como habitación de la esencia del hombre”.
El hombre es mucho más de lo que apenas es un ser vivo; él posee el lenguaje, Heidegger considera el lenguaje la casa del ser ; el hombre existe en cuanto que pertenece a la verdad del ser. La filosofía del lenguaje procura profundizar y extraer la concepción del lenguaje; esta profundización significa entender el lenguaje por el ser, esto es, querer comprenderlo substrayéndolo del dominio de la subjetividad a partir del acontecimiento histórico del ser que se manifiesta y se oculta y nos habla del lenguaje, la voz del ser.
El lenguaje en si mismo significa cierto destino que nos es históricamente impuesto al implicarnos un determinado espacio de auto-comprensión histórica; comprender el lenguaje es tomarlo como un acontecimiento vivo y originariamente único en el cual el mundo se abre para el hombre, es la concreta plenitud y totalidad de un horizonte de nuestra autocomprensión del mundo; Entonces el lenguaje se torna auto-realizador del hombre. Es en el lenguaje que el hombre estando junto a otros se hominiza; porque el hombre cambia su experiencia de ser humano junto a otro en el mundo; esta comunicación es constante, brota de la genuina relación humana del verdadero lenguaje.
El lenguaje es la fundamentación del hombre que se revela en el mundo al otro; la actitud que el hombre toma delante del par de palabras principio YO- TÚ es para martín Buber instauradora de la intersubjetivdad histórica; por el diálogo es propulsora de la cultura humana, por la práxis que es traducción antropológica de la actitud fundamental instauradora de la palabra principio YO_ ESO.

LA VIDA DIALÓGICA DEL HOMBRE
La comprensión del lenguaje en Buber tiene por esencia una estructura fundamentalmente dialógica. El hombre que afirma el mundo y lo domina, el hombre que se comunica con el otro y establece la relación; el hombre dentro de la conciencia cósmica; en todo eso entra necesariamente el lenguaje dialogal.
La forma primaria de la comprensión humana, acontece antes de todo en el diálogo; comprendo todo lo que el otro me dice y nos comprendemos; aprendemos lo que es pensado en la palabra, el sentido de lo que me es hablado; el diálogo acontece en la comprensión humana; es preciso tener una apertura de ser para esta vida dialógica.
El intercambio del habla no significa gran cosa para el hombre cuando éste no fuera basado en el reconocimiento del otro.
Yo hablo porque no estoy solo; asimismo en el soliloquio no estoy solo en el lenguaje, me refiero a mi mismo como otro, lo que puedo llamar mi conciencia,
El lenguaje desde su forma más rudimentaria anuncia la existencia del ser personal fuera de si mismo; un niño cuando sonríe y cuando llora apela para los que le rodean y de ellos espera una respuesta: el ser humano no se contiene en si mismo, el contorno del ser cuerpo configura una línea de límites pero no es una demarcación absoluta de su comunicación e interacción con el otro.
:::::::::::::::::::Martín Buber (1878-1965) Filósofo religioso y escritor de origen judío, nació en Viena ; en 1898 se adhirió al sionismo y comenzó a divulgar conceptos éticos y culturales que sirvieran como para motivar un renacimiento espiritual del judaísmo. En 1923 publica el libro “YO Y TÚ” obra central de su pensamiento sobre la comunicación humana con el mundo y con Dios, como una experiencia íntima, única y trascendente.
Buber plantea que los seres humanos logramos en la comunicación en el “YO-TÚ” una interacción de dos dialogantes tocándonos, interviniendo el uno en el otro; somos la palabra fundamental YO_TÜ .
“ En la esencia el lenguaje no es de uno sino de muchos; cada uno está entre los otros... el lenguaje manifiesta el ser relacional del hombre: Los órganos sensoriales motoros anticipan el esquema de un universo sobre el cual todo comportamiento se apoyará de la misma forma que la realidad psicobiológica, el lenguaje a partir de este punto de partida consolida y multiplica la comunicación. Ella hace de la comunicación un verdadero mundo nuevo, que es el mundo verdadero (Gusdorf, 1997, p. 54” .
La substancia del mundo es la relación , y el lenguaje completa la relación.
El lenguaje es el acto originario del espíritu, que traza la plenitud de la existencia humana.






Correo:


¿Contamina Botnia?*


Como en tantos otros temas, la respuesta no es unívoca, pero - y aquí está la distinción - tampoco es científica.
La respuesta, como tantas otras veces, es política.
La ciencia me asegura que a tal tenor de concentración de "dioxinas", digamos, mueren los mosquitos. ¿Esto es aceptable?
Un poquitín más y ya resultan fatalmente perjudicados peces y batracios.
Bueno, ¿Qué futuro tendrían los sapos sin los mosquitos, base de su dieta? Me dirán. Aceptado.
Un poco más, pero no mucho ¿Eh?, y ya son las aves, entre ellas los flamencos, tan vistosos ellos. ¿Es tolerable?Aumentemos un pelito el meneado tenor, o índice, o como se llame, y ya - al fin - se mueren algunos mamíferos; cuises, carpinchos, roedores varios, ornitorrincos. Ya sé, no hay ornitorrincos en Gualeguaychú, pero de haberlos se morirían. ¿Se soportaría?
A los fines meramente especulativos, entonces, supongamos que aumentamos apeniiiiiiiiiiiitas, un poquitito nomás, el famoso tenor (que no es ninguno de los "3 tenores") de dioxinas. A propósito: ¿Serán estas dioxinas tan dañinas como los glúcidos y lípidos cortazarianos?
Volviendo, ahora sí, ya empiezan a morir algunos humanos. Pero no todos, ¡eh!. Primero los más chicos y los peor alimentados. ¿Será tolerable?
Esquematizando un poco los "niveles" de concentración de dioxinas y su efecto mortífero, la tabla de quienes se morirían primero queda mas o menos así:
Moscas y Mosquitos
Sapos y peces
Aves que vuelan
Mamíferos varios
Niños, jubilados, pobres en general
Gente como uno
Hasta aquí, con Ustedes, la ciencia, en su majestuosa imparcialidad. Ella sí que no está contaminada, parecería...
Ella, señora de ojos bien abiertos, no emite juicios de valor. Desgraciados de nosotros, agregaría, a riesgo de parecer comprometido, si nos abstenemos también de hacerlo.
La respuesta, que es ética, por lo tanto política, cada cual la resolverá a su leal saber y parecer: ¿Dónde trazar la raya?, o - más radicalmente aún, por disonante que suene en épocas de corrección política - ¿Debemos trazar un raya en algún nivel?
¿O acaso será ya la hora de decir: Basta de falsas opciones?

Preguntarnos, quizás, cuántas muertes son tolerables en el altar del crecimiento económico.
Cuestionar, tal vez, el concepto mismo de crecimiento. ¿Crecer para qué? ¿De cualquier modo? ¿A cualquier precio?
Reivindicar ¿Por qué no? nuestro derecho a vivir y morir como mejor nos gusta y podemos, y no cuando el capital lo decida.



*De Udi. udi.cuatro.catorce@gmail.com


*

Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 17 de febrero del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores brasileros Sergio Nogueira, Zoltan Paulinyi y Ernani Aguiar, interpretada por el Duo Magyar (Brasil). Las poesías que leeremos pertenecen
a Yamil Díaz Gómez (Cuba) y la música de fondo será de Tarpuy (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067


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