Sunday, March 29, 2009

TODOS LOS DÍAS SON VIAJES...


PEREGRINAJE*



Todos los días son viajes
Y la casa misma es viaje

BASHÓ




Vuelan los días,
Por las puertas abiertas
Viaja mi casa.


El sol saluda,
Llega en la mañana,
Viaja a la noche.






La vida rueda
Por la pendiente suave
De estaciones.

Fue primavera
Entre los nenúfares
Que lleva el río.





Es el invierno
En el cabello blanco
Mis sienes blancas.

Viaja la vida
En las gotas de lluvia
En el verano.




Somos viajeros
Eternos en el vuelo
Y sin ocaso.

Armamos rutas
Sin horizontes fijos
Ni limitados.




Aventuramos
Búsquedas en el tiempo
Que vuela alto.

Hoy me despido
Del viento y la lluvia,
De mis árboles.




A la mañana
Saludo con un adiós
Sin un retorno-

Pero volveré
Los caminos que viajan
Al fin se unen.




Sobre la escarcha
Giro hacia el este
Rumbo al calor.

La trayectoria
La elije el Tao,
Yo la recorro.





Cada estación
Me reserva sus sueños
En su destino.

Me acompañan
Los amores que dejo
En el cerezo.






El río viajero
Conduces los misterios
Al infinito.

El amanecer
Nos dirá su futuro
Con gran cautela.




Viaja la ruta
Entre verde y grises
De la arboleda.

Mis manos tienen
Los eternos adioses
Del caminante.




Soplo de viento,
Eterno peregrino
Busca su nido.

Nos encontramos
Tarde el viento y yo
En la rivera.





No me esperes,
Amor, voy rumbo al río
A beber sueños.

La barca está
Preparando su viaje
Al amanecer.




La leve brisa
Perfumará tu boca
Con mi aliento.

Viaja mi alma,
El paisaje que nos une
Queda contigo.




A la distancia
Flechas de arboledas
Marcan mi ruta.

Nada es quietud,
El universo mueve
Sus engranajes.




Se abren puertas
A manantiales níveos
Que limpian miedos.

Dejo ensueños
Al borde del camino
Y surgen flores.




Nada estará
Donde lo dejé ayer,
Se fue de viaje.

Sólo tengo hoy
Y será mi escudo
En mi mañana.





Mis huella dejo
Sobre arenas lisas
Que moja el mar.

Mi senda sin fin
Planta flores silvestres
Que me saludan.




Me dicen adiós
Los pájaros que buscan
Hallar su casa.

Le pido perdón
Por no ver sus flores
A los cerezos.




Soy como viento
Que empuja el Tao
Por mi sendero.

Siento tristeza
Al ver girar el tiempo
Hacia el ayer.




Danzan sin miedo
Las horas que se lanzan
Hacia la muerte.

Oprimo el hoy
Entre mis manos tercas
Para que viva.




Sólo mi sombra
Será la compañera
En mi sendero.

El alto bosque
Cederá a mi paso
Con bienvenidas.





Copio el color
De cada amanecer
En mis pupilas.

Cuando regrese
Ya se habrá concluido
Mi peregrinar.





*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar






TODOS LOS DÍAS SON VIAJES...











ARTURO CARRERA

"La poesía es arte de esperanza; restaurar una estación de tren, también"



A veces , los sueños y los deseos no quedan sólo atrapados en la escritura.
En el caso de Arturo Carrera, involucrado en cuerpo y alma en el rescate de la cultura de un pueblo de la pampa húmeda, las utopías son posibles.



*de Claudio Martyniuk. cmartyniuk@clarin.com



Algunos pueblos chicos conservan el gesto antiguo, una luminosidad tenue, un ritmo marcado por el contraste insistente de la pausa. Antes el silencio y la geografía eran cortadas por el tren. Pero las estaciones vacías se convirtieron en monumentos nostálgicos. Aunque no siempre, no en todos los pueblos, ya que algunas han encontrado nuevas formas de respirar, con poéticas y políticas que desde la nada residual prefiguran otros modos posibles de existir. La recuperación, el aliento vital, tienen procedencias a veces extrañas, que rozan lo imposible y toman por asalto las ruinas.

El poeta Arturo Carrera es protagonista de la historia de una estación que atravesó su infancia

-Quiñihual, en la zona agrícologanadera de la Provincia de Buenos Aires-, se hizo poesía y ahora deviene espacio cultural, centro de traducción, lugar de hospitalidad.

El ferrocarril ha sido un emblema de la civilización. En medio de ramales clausurados o que apenas son transitados, quedan estaciones, como Coronel Pringles o Quiñihual. Estos espacios, ¿qué guardan, qué conservan, qué alimentan?

Estos últimos años, en mi recorrido por las cuatro estaciones que signaron mi infancia (Lartigau, Quiñihual, Pringles y Krabbe), todas en ruinas (abandonadas, saqueadas, vacías), experimenté, acaso tarde, lo que me pone en alerta contra la poesía como "trabajo artístico". Contra la poesía como
la leí en ciertos contemporáneos. Contra la poesía alejada de la vida. Como si la comprensión, para mí, al evaluar el sentido de un lugar donde hubo un "atisbo de civilización" -vos hablás de emblema de la civilización y las estaciones lo eran- llegara desde ese vacío. Es lo que el poeta Giorgos Seferis vivió en Asiné, el lugar de cuyo rey se habla una sola vez en la Ilíada, y donde Seferis concluyó que aquel páramo, después de la civilización, como aquel otro que había visto en Seleucia, no era para él sino una "invigorating emptiness", el vigor que da el vacío, y la posibilidad que éste abre para el que busca una verdad nueva. En mi caso, esa verdad es la poesía de la acción.

¿Por ejemplo?

La comprensión de esa idea nueva también se la debo a Chiquita Gramajo -musa o Gradiva para mí- quien desplazándose por entre las ruinas de la estación Quiñihual dijo: "aquí hay que hacer un centro de traductores". Y eso fue como buscar en la herrumbre, una vez más, el ferrocarril, su movimiento; e
insistir como la poesía misma, contra la memoria de lo "ignoto". Fue como nutrir allí, en Quiñihual, el aoristo de los momentos e "ilusión poética", el deseo simple de ser.

Aoristo, un tiempo verbal del griego, significa "sin horizonte". ¿Pero todavía puede haberlo?

La poesía, como yo no la entiendo pero es, en esta distracción discontinua de los días, es un arte de esperanza, o para utilizar el título de un poema de Yves Bonnefoy, es la tarea de la esperanza. De las utopías. Las utopías están sobre todo como el polvo vestigial sobre las cosas, sellando imperceptiblemente su apariencia. Fourier y sus mundos utópicos parecían disolverse y desaparecer al cerrar sus libros; pero fue el efecto de esa disolución lo que creó luego la magnífica cita de Italo Calvino cuando escribe: "La utopía que yo busco hoy no es más sólida que gaseosa: es una utopía pulverizada, corpuscular, en suspensión." Las utopías actuales quizá sean eso: pura energía corpuscular en suspensión.

¿Cómo es esta utopía suya?

Nuestra asociación Estación Pringles, que presido con Juan José Cambre, fue planteada como una utopía corpuscular, una utopía realizable en la pampa húmeda. El abanico de proyectos que impulsa incluye actividades con escuelas rurales, otra utopía que está en marcha.

¿Por qué habría que ir a Pringles, si no es Delfos?

Esa es la conclusión de mi poema: "Vengan a Pringles; ya sé, no es Delfos."
Claro, no es Delfos pero al escribir ese poema, Casa del fauno, pensé en la idea del xenófilo (el que ama al extranjero) opuesto al xenófobo (el que odia a los extranjeros). Para los griegos la palabra 'xenos' quiere decir a la vez extranjero e invitado, amigo que se recibe por hospitalidad en la casa de uno. En eso pensé para nuestro lugar, en Pringles, como un anhelo.
Que lleguen invitados, que lleguen extranjeros. La diferencia con Pringles está en la ausencia de templos para un oráculo, como fue el caso de Delfos.
Siempre me gustaron esas palabras de Eurípides cuando dice que para los griegos es costumbre recibir a los "arruinados por el mar" y entregarles regalos de hospitalidad, incluso ropas. Me contó el poeta Arnaldo Calveyra (en Pringles) que visitando Delfos de muy joven quiso pasar la noche al lado
del templo, y así lo hizo. Al despertar, alguien había dejado a sus pies una bandejita con leche, pan y queso de cabra.

¿Una posta poética puede ser popular?

Es interesante tu pregunta porque a veces suele confundirse nuestra apuesta con una invasión, con una "colonización". Entender todo el proyecto como una estetización de lo popular es un error o una tergiversación maliciosa. Desde el comienzo buscamos todo lo contrario. Una acción poética que no descontara la vida. Acaso porque la cultura y lo popular como entendieron también Eliot o Pasolini o Giacometti no son sino la manera de volver a centrar nuestra conciencia en los gestos mínimos de la vida humana.

¿El compromiso con Pringles es un modo de hacer justicia con el pasado?

No se trataría de eso. La escritura, según creo, trabaja con el aoristo. El aoristo era el tiempo verbal que le asignaba un valor instantáneo al ahora, como una especie de carpe diem, cosecha el momento. ¡Carpe el día, piensa vagamente en el venidero! Pero aquí se trata de momentos: ¡Carpe el momento!
El aoristo convierte todo en momentos, es decir, considera la acción como un momento: mira una acción entera como algo que sencillamente ha sucedido para siempre, como la infancia para Pavese. Ahora, en la acción, este verano, trabajamos en el aoristo de las tareas de restauración de la estación
Quiñihual. ¿El aoristo puede apartarse de la acción verbal? A mi juicio, sí.
La tarea misma de la infancia revisitada continuamente es eso. El aoristo está allí donde no hay horizonte, pero alguien habla. Donde bastaría dibujar el invisible horizonte en diferentes mapas, como lo hacía Joyce según su hermano Stephen.

Los trenes, las estaciones, ¿qué pueden decir de esa infancia que desapareció?

El tren, para todos, las estaciones, para nuestras infancias, si puedo decirlo así, fueron lo maravilloso mismo, una especie de linterna mágica lentísima sobre la ajena velocidad de los caminos y los viajes. Me acuerdo de mi primer viaje en tren, con mi padre, a Bahía Blanca. Había visto su partida tantas veces desde la terraza de mi casa, con el humo de la locomotora del tren que lo llevaba a Lartigau, entre el azul de las sierras, al atardecer y me entristecía. Pero ahora estaba yo en la boca de esa giganta de hierro que escupía vapor. Estaba en ese ruido, en esa despedida sospechosa y feliz, en esa inquietud de la llegada, en la campana y silbato de cada estación. En fin, hasta el coche mateo y su caballo que tomamos al llegar a Bahía Blanca son la infancia y el ferrocarril.

¿Qué se hace en Quiñihual?

El nombre Quiñihual proviene del arroyo que surca las tierras donde está la estación y donde dicen que vivió y murió el cacique Quiñihual, un indio fuerte y tozudo que no quiso abandonar su lugar ante el embate cristiano.
Hacia los años 30, Quiñihual contaba con varias viviendas, una escuela, destacamento policial, comercios de diversos rubros y dos herrerías. Después del cierre del ferrocarril se produjo un despoblamiento del lugar. En la actualidad sólo funciona un antiguo almacén atendido por Pedro Meier.
Nuestra "utopía realizable", porque ya se está realizando, es crear un centro descentrado: ni Buenos Aires ni Bahía Blanca sino Quiñihual, prueba de soledad en el paisaje. El Espacio Quiñihual, como se llama, se propone fomentar la producción literaria y artística y el intercambio creativo con la comunidad. También estimular la producción de los jóvenes escritores de la provincia de Buenos Aires (lo que está ya sucediendo con nuestro Premio literario Indio Rico) y generar (con la estación y sus viviendas) un lugar físico para recibir visitantes nacionales y extranjeros mediante un programa
de residencias.

Aira, Piglia, usted ..., ¿por qué la escritura argentina más exquisita se compromete en esta "fijación efímera" del proyecto que promueven?

Creo que tanto ellos como asimismo Daniel Link, Sebastián Freire, Edgardo Cozarinsky, Diana Aisenberg, Prior, María Moreno, Alan Pauls, Sergio Chejfec, Mario Bellatin, Kuitca entre los "amigos famosos" que nos ayudan con su presencia, comprendieron que no sólo a los "insignes artistas" roza
este proyecto, sino que sus diferentes ramales (valga la metáfora ferroviaria) han producido ya muchísimo interés y participación en la región y en el exterior.

Este compromiso que vincula y hace de manera muy local, ¿es un culto a la amistad?, ¿es una forma mínima y posible de política?

Todo eso junto. Si esto fuera más que un sueño escrito, cabría recordar esas palabras de Barthes de que todo adjetivo lleva, como una hormiga, su carga de ideología. Y esto es un baile en piso de tierra para el hormiguero de los adjetivos: ¡Qué maravilla inmigrante! ¡Qué utopía descamisada! ¡Cuánta felicidad irrefutable!



Copyright Clarín, 2009.

Señas particulares

NACIONALIDAD: argentino ACTIVIDAD: poeta. "Las cuatro estaciones" (Mansalva, 2008) es su ultimo libro . Su infancia y adolescencia transcurrieron en Coronel Pringles. A través de la Asociación Estación Pringles y del Espacio Quiñihual despliega proyectos culturales. "Utopías realizables", las llama.

Declamadoras y relatos de viajes en zorras

Una parte del recorrido cultural es, enuncia Carrera, "la Caravana de Declamadoras que todos los años se repite en Pringles, se renueva con matices eficaces para valorar ese decir 'en voz alta' la poesía. Las
declamadoras es la teatralización de una antigua práctica que también fue abandonada, como la estación Quiñihual. La inventó y agotó la famosa Berta Singerman. Tratamos de reactivarla con la intervención de la dramaturga Vivi Tellas y sus 'teatros fuera del teatro'. Porque aún queda mucho por obtener
en el terreno de la 'declamación'. Aunque todo se instala en las convenciones del kitsch, cada nuevo poema exige inevitablemente una revisión de los recursos sensibles y técnicos de su dicción."Además, "Julia Colombo y Julián Carrera -ambos historiadores- iniciaron un archivo histórico-poético
mediante entrevistas a los antiguos pobladores de Quiñihual, que aportaron dichos, fotos, recuerdos, sensaciones, detalles del pueblito que se gestaba y desapareció; sus casas, sus jardines, sus flores, los granos, las estibas y hasta un "catango" del ferrocarril del tramo Las Mostazas-D'Orbigny ofreció sus relatos de viajes en zorras visitadas a menudo por zorrinos..."

Textuales

"Hacia los 30, Quiñihual contaba con varias viviendas, una escuela, destacamento policial, comercios y dos herrerías. Después del cierre del ferrocarril, se despobló"

"El tren y las estaciones, para nuestras infancias, fueron lo maravilloso mismo, una especie de linterna mágica lentísima sobre la ajena velocidad de caminos y viajes"



*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2009/03/29/z-01886888.htm
















EN EL CIELO LA MUERTE*





Miro el suelo debajo de los grandes árboles y el guano de pájaro es realmente una alfombra blanca con olor a gallinero.
Hay muchos pájaros en la plaza de la Municipalidad. Yo, que vivo cerca, contribuyo seguramente a la proliferación de gorriones, torcazas y negruchos, cuando con mi mamá les ofrecemos arroz para que traigan un poco de cielo al jardín.
Comprendo que son muchos, que es insalubre tanto guano allá debajo de la arboleda.
Pero estos hermosos, limpios, mortales halcones encapuchados que trajo el intendente no me provocan simpatía. Como los asesinos a sueldo de las películas, me causan impresión, me parecen peligrosos y bellos, pero mi sentimiento profundo está del lado de las avecillas desprotegidas, que comen sus semillas y sus bichitos, y tienen picos y patas amables, no afiladas guadañas ni feroces tijeras.
Comprendo que habría que controlar de alguna forma el número de los pájaros. Me respondo que los que somos demasiados y hemos proliferado hasta el extremo de exterminar a los otros seres somos los humanos, y que el guano en el piso no puede compararse ni remotamente a las enormes montañas de
nuestros basurales. De allí sí que surgen enfermedades, pestes, olores nauseabundos. Lo uno no quita a lo otro, me dirán, y puedo acordar con la lógica, no con el corazón.
Se que el envenenamiento u otros medios son menos ecológicos para mantener el número de aves, pero no me convence ninguna de las formas civilizadas del exterminio.
Escucho el escalofriante chillido de las rapaces de ojos de cuenta de vidrio. Me imagino, tiemblo, me estremezco si me imagino gorrión.
Nos han traído la muerte encapuchada, nos introducen sanitariamente el concepto de la matanza. Dicen que no los matan sino que los ahuyentan.
¿Adónde? Eso dijeron de los aborígenes cuando les sacaban las tierras. Los llevaban simplemente a otro lugar, no los mataban. No era para tanto. Claro que en ese otro lugar no había comida, ni tierra fértil, ni nada de nada.
Pero no los mataban. No. Sólo los corrían del lugar que ocupaban.
Escucho un chillido en el cielo repentinamente tan helado. Mi madre que ama a los pájaros sueña ahora con escopetas.







*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

















PERSECUCIÓN*




No es fácil determinar en qué momento apareció; tampoco sabría decir cuándo adquirí la seguridad de que venía siguiéndome, pero desde que soy consciente de ello me siento levemente incómodo y con el paso del tiempo, esta situación ha empezado a resultar extremadamente molesta.
Mentiría si dijese que hay algo irregular en su comportamiento. En realidad, lo único que hace es caminar detrás de mí, a unos pasos de distancia. Nada que no pueda verse en cualquier otra ciudad, a cualquier hora del día. Nunca antes la he visto, ni es probable que ella me conozca, lo cual acaso fuese un motivo, siquiera remoto, para caminar en pos de mí por toda la ciudad.
Si lo miramos bien, no puede decirse que sea una niña, aunque así me lo pareció al principio. Alguna vez he aprovechado el reflejo de un escaparate para observarla, siquiera un segundo: su rostro no refleja en absoluto ninguno de los síntomas característicos de toda persecución. Por el contrario, parece completamente tranquila, como entregada a la meditación o al olvido. Un espectador casual acaso pudiera sospechar que su itinerario es tan arbitrario como el mío, y que el hecho de ir delante o detrás es tan
irrelevante como, por ejemplo, los nombres de las calles que atravesamos en nuestro coincidente tránsito. Pero si entro en una tienda o en un bar, ella permanece afuera, esperándome sin impaciencia, y reanuda la marcha en el momento en que vuelvo a salir a la humedad que impregna las calles.
No se me malinterprete: En ningún momento ella ha hecho nada que pudiera molestarme. Se limita a imponerme su presencia a una distancia razonable. No voy a ocultar que en algunos momentos, en determinadas calles poco transitadas, saber que ella estaba ahí, unos pasos más atrás, me ha resultado reconfortante, ya que no soporto la visión de las paredes grises que la soledad oscurece aun más y el silencio multiplica implacablemente.
Podría pensarse que todo es producto de mi imaginación, que me invento estas cosas, que los médicos no erraron al diagnosticar mi enfermedad.
También podría ser que para ella todo esto no fuese más que un juego inocente. ¿Por qué, entonces, son infructuosos todos mis esfuerzos por despistar su vigilancia? Si avanzo lentamente, ella camina despacio; si lo hago más deprisa, ella acelera la marcha; si corro, corre también. Siempre se mantiene a la misma distancia. No parece interesada en alcanzarme, pero tampoco permite que me aleje demasiado. Me pregunto cuánto durará esto, y si en verdad es posible concebir un final que pueda satisfacernos a ambos.

(Aunque es un hecho perdido en mi confusa memoria, he de confesar que yo también, en mi lejana juventud, fui siguiendo a alguien durante algún tiempo. Quizá supe quién era, pero ahora ya no recuerdo su rostro, ni su forma de caminar, ni las calles por las que transitábamos. No era un juego: Esa persecución, aunque pueda parecer un disparate, determinó mi futuro.)

Tal vez por eso me siento tan apenado ahora que, al girar con disimulo la cabeza frente a uno de los multiplicados zaguanes que salpican el incomprensible itinerario, he podido constatar, acaso sin sorpresa, que la niña ha dejado de seguirme. Probablemente ha encontrado por fin su propio camino y ya no me necesita. A pesar de la aparente incomodidad que me provocaba su presencia, ahora echo de menos sus pasos leves a mi espalda.
Pero la esperanza también es una forma de rebeldía; por eso, de cuando en cuando, al volver cualquier esquina, echo un rápido vistazo hacia atrás: No es imposible que alguna vez mis ojos me muestren una sombra, o la vaga sospecha de una sombra siguiéndome, justificando así, de uno u otro modo, mi errático caminar por estas calles que se me antojan eternas.







*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com









Correo:





¿Los Maestros de la Política?*



Desde el costo del Pan, la hipoteca que no conseguís, el chorito de la vuelta, el capanga del "comercio", o hasta el curita que no te gusta y las Krises, los Turquis, los Alfonsix, los Delaruina y los Vilela, tienen mucho que ver con esto que aquí me pongo a contar.

En sentido absolutamente literal, la única verdad es la realidad y, sin necesidad de ser positivistas, hay límites en que podemos llegar a decir que, lo que realmente cuenta, son los resultados.

Arranqué la Carta escribiendo la Firma y, en estos casos, "da cosa" iniciar en la fecha el año con un "2", pues me recuerda que estamos en el Siglo XXI, aquel en el que "La Razón - Futuro" nos contaba sobre maravillas que vendrían en el Siglo XXI. Sí, casi todo cumplido, salvo vivir en Marte y dignamente aquí, sobre la faz de la Tierra ("Futuro" era un suplemento del diario La Razón de Buenos Aires que salía en el fin de los '60).

Durante la Dictadura Militar, ante la presencia y palabras de una "autoridad", sean de la pintarrajeada inspectora del Industrial o de los primeros "Funcionarios de Estado" con los que conversé personalmente (1979 en adelante), pericibía un dejo de información "que no era para mi uso o arbitrio". Una especie de compartimento en el que no me correspondía penetrar ni debía ser informado.

Con la apertura política y ya trabajando en ámbitos en los que cada vez más tenía contacto que "esas personas", esa percepción ya se me presentó como un código de separación de castas. "Déjennos solos que vamos a hablar de política" "Bien, tienen razón, pero es una decisión política" "Usted (o vos, con el devenir menemista), no comprendés esto porque sos técnico" "Vos no entendés porque esto es política". En esto no se salvaron ni del más derechosos al más izquierdoso, estuvieran o no en el Poder o la "rosca" del mismo.

Uno tras otros los conocidos "de la casta común y silvestre", es decir, seres humanos, fueron ratificándome esa misma percepción comprobada: de que los dirigentes (Políticos, Fomentistas, Clubes, Asociaciones, Sindicatos, ONG's varias, Centro de Estudiantes, Colegios Profesionales, etc, etc y más etc), sabían algo más que el resto de los mortales. Son tan perfectos que pierden elecciones, son tan perfectos que deben gastar millones para ganar elecciones, son tan perfectos que nunca necesitan que alguien les diga que se están equivocando. Son tan perfectos que nunca, jamás, necesitan que alguien les diga "...y, no le dije que se estaba equivocando?...".

Veinte millones de personas Argentinas que no logran comprar por sí mismos sus viviendas. Millones de personas que, sin alcanzar un ingreso suficiente, superan las 350 horas mensuales de trabajo. Resultados probados ¿No?.

Intendentes que quieren tener "mucho cuidado" de no hacer enojar al Gobernador o al Presidente o a un Ministro, mientras culminan sus mandatos sin que jamás les hayan tirado un hueso (Ni a ellos ni, mucho menos, a sus municipios). gobernadores flácidamente correctos que son estrellados a la hora de darles espacio "arriba".

Todos se expresan y comportan como soldados "ante la superioridad" y como generales ante el Pueblo, mientras que eso no les sirve (A LA MAYORÍA DE ELLOS), para nada. Siguen sin entender, "porque ellos saben muuuucho de Política", que si se comportan como Generales "hacia los de arriba" y como soldados ante SU PUEBLO, al final del camino, esos fatales cuatro años, por lo menos les quedará el reconocimiento popular, aunque pierdan las elecciones.

Sí, ya se que algunos parece que se comportan como generales "hacia arriba" y así les va. No me refiero a inútiles fascistas y reaccionarios, me refiero a personas cerebral y moralmente normales (Y hay algunos de los buenos que sí lo hicieron y hacen).

Claro que, en Política (Gremio, Partido, Asociación, Club, ONG, etc), los Maestros Ciruela que hasta ahora tenemos -unas 5 décadas-, solo son posibles mientras los alumnos SIGAN SIN IR A CLASE A DESHABILITARLOS COMO Falsos Docentes que son.

Como siempre digo, hay que empezar por participar en el barrido de la vereda, la Cooperadora de la escuela, el Comité, la Unidad Básica, el Club, la ONG y empezar a subir a los estrados a los verdaderos y potenciales maestros, ESOS QUE SIGUEN ESCONDIDOS EN EL SER DE UNOS CIENTOS DE MILES DE ARGENTINOS.





*de Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com

Marzo 28 de 2009 - Ingeniero White - Buenos Aires










*



Queridas amigas, apreciados amigos:



Este domingo 29 de marzo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Pedro Arturo Reino Garcés (Ecuador) y la música de fondo será de Wayna Picchu
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!




ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!




REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




*


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