Thursday, January 27, 2011

DESDE LA TORRE OSCURA...




-DIBUJO: DEJA QUE NAVEGUE LA GUITARRA
De Ray Respall Rojas. La Habana. Cuba.




Ofrenda*


Tu guitarra se ha llevado mi sonrisa.
Te he buscado en las colinas, pero las nubes te ocultan.
Bebí la espuma, granos de arena,
(Mis recuerdos son ofrenda a Jemanjá)


Tu guitarra sigue sonando bajo el agua,
en cada bruma.
Vaivén de algas, brisas.
Una sonata a la luna, a la Gran Madre.


Y yo en la orilla, escuchando.
Sin labios que se curven.
Sin ti.



*de Yordán Rey Oliva. cartasylibelulas@gmail.com
La Habana, Cuba





OFRENDA*


Amo el viento subterráneo que acuna mis insomnios,
La rosa que no muere, el vuelo de la luna,
El rumor de las fuentes, eco de mil guitarras.
Amo el oscuro rostro que se oculta en el abismo.

Pero, qué hacer, si también amo tu sonrisa
De óleo inacabado, boceto de ángel triste
Prisionero de tus hilos.
Si sé que pude romper el hechizo, y no lo hice.

Volverás, dueño de todos los olvidos, como si solo fuera ayer,
Cuando yo sólo sea el canto de la caracola...
En otra playa, sin saberlo, presenciarás mi nacimiento.



*De Marié Rojas.
La Habana. Cuba









NO LES CREAS*



Hay gente que gusta de confundir, y utiliza argumentos banales, pueriles, pero que cavan un hoyo profundo en el subconsciente, pues apelan a lo más básico de las supersticiones y ese fondito tufiento que compartimos a nuestro pesar y en el que se mezcla un aroma a xenofobia, una cosita pegada que recuerda al racismo, algún animal muerto parecido al miedo ancestral a quién sabe qué cosa que no alcanzamos a nombrar.
Y estas gentes, con acceso a los medios, pagados por sabemos quiénes, explican la situación de miseria de los países de la América hispana recurriendo a capciosas fórmulas llenas de vericuetos y derivaciones confusas.
Explican con seriedad y exhibiendo títulos universitarios y doctorados o maestrías que los países de la pobre América de basurales y niños famélicos son consecuencia de siglos en que una confluencia de desgracias construyeron el desastre. Hablan entonces sin ruborizarse de la trata de esclavos, del regalo de las tierras a los latifundistas traidores, de una oligarquía poderosa apátrida que vivía en Europa y poseía los medios de producción americanos, hablan de gobiernos corruptos y de multinacionales corruptoras, de la CIA, del robo de materias primas, del bloqueo de los productos con valor agregado en el país productor, hablan de una organización de los países del primer mundo manteniendo su estándar de vida por la necesaria dominación del patio trasero. En fin, mezclan política, historia, sociología. Nos confunden, infiltrados estratégicamente en noticieros y documentales por la izquierda internacional, cuando la verdad es nítida, simple, y no es necesario transitar universidades para desentrañarla. Implican, además, una especie de confabulación de los blancos venidos de Europa para dominar a los nativos, lo cual es muestra de una discriminación abominable, los blancos civilizamos y acristianamos a los salvajes quienes nos desprecian por nuestro desvaído color de piel.
La revelación me llegó frente al televisor. Un hombre franco, agradable, bien vestido y correctamente afeitado y peinado, un señor de traje, a la vez confiable pero cercano, sin tanto título ni necesidad de validaciones mentirosas. Un SEÑOR, como dijera la Juanita, hombre cálido pero vehemente, explicó en dos o tres minutos el por qué de tanto sufrimiento, de tanta mortalidad infantil y tanta indigencia.
Haití es el país con mayor pobreza porque allí se practica el vudú. Porque allí se practica el vudú, seis palabras y se revela el sentido de cientos de años de tragedias y desgracias. En América Latina en general es donde se practica la santería. Y, allí vino la sonrisa cómplice, el tono de “pero claro”, subrayado por los brazos abiertos en cruz, el pastor nos dijo, nos hizo notar, que en NUEVA ORLEANS es donde también se practica mucho la santería. Ni falta hizo nombrar a los negros o los morenos, que estaban implícitos. Hasta en EEUU, país electo por el Señor para derramar sus dones, hasta en la Gran Tierra de los Sueños, Bendita y Sagrada, hasta allí hay gentes despreciables que merecen ser castigados porque, como explicó con su enorme capacidad de clarificar los conceptos y verterlos a la gente modesta, los pobres son pobres porque lo merecen, se consagraron a Satán y Dios castiga su maldad y estupidez. Hasta que Haití no renuncie al Demonio, por ejemplo, seguirá sufriendo catástrofes.
Por eso hermano mío, cuando te sientas inclinado a estudiar en la facultad, cuando hables en el café con tus amigos, a solas con tu familia o donde sea, no cedas a la fácil tentación de las teorías y los estudios científicos. Las tretas de Satán son muchas y distraen de lo obvio, de lo que brilla y resplandece por su limpieza y sencillez. El pobre es pobre por malo y porque seguramente le gusta, sabemos de la necedad asociada a ciertas razas.
No podemos corregir el plan divino, no podemos arrogarnos el derecho de enmendar las acciones del Señor. A los pobres les compete la tarea de renunciar al Malo. Nosotros en nuestra impotencia no podemos hacer nada salvo abrir una cuenta en el banco, aunque sea pequeña, comprar a plazos la parcela en el barrio privado, debemos juntar las manitas y cantar aleluyas a nuestro (nuestro) Dios.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






Haití: la maldición Blanca*



*Por Eduardo Galeano.


El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de
comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que "confinar la peste en esa isla". Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.
Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería.
Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias.
Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del
Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: -¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
-El anterior.
-Pues, que se restablezca.
Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron "la deuda francesa". Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21.700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.
A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación.
Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.
En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro.
Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad.
Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.


*Fuente: http://www.larepublica.es/spip.php?article18218







Poesía del Harlem*

Algunos poemas referenciales




Countee Cullen
(1903-1946)

DESDE LA TORRE OSCURA


No siempre sembraremos mientras otros recogen
El dorado aumento del fruto a punto;
No siempre el semblante abyecto y mudo
Para que los hombres menores sujeten
a sus hermanos despreciables;
No eternamente mientras otros descansan
Nosotros encantaremos con flautas dulces
sus limbos;
No siempre nos inclinaremos ante lo sutil y
brutal;
No fuimos hechos para llorar eternamente.






Arna Bontemps
(1902-1973)

LOS DESPUNTADORES DEL ALBA



No venimos a librar una batalla
con espadas sobre esta colina,
No es el deseo desolar la vida
ante una obstinada voluntad.
Aunque bien moriríamos como algunos
murieron
Agitando un camino hacia el sol
renaciente.






Langston Hughes
(1902-1967)

JUSTICIA


Esa Justicia es una diosa ciega,
Una cuestión de la cual nosotros somos entendidos:
Su venda esconde dos llagas que supuran
Donde quizás en algún tiempo hubo ojos.





YO TAMBIEN SOY AMERICA



Yo también canto, América.

Soy el hermano más oscuro.
Ellos me mandan a comer a la cocina
Cuando vienen invitados.
Pero yo me río
Y me alimento bien
Y crezco fuerte.

Mañana
Me sentaré a la mesa
Cuando vengan invitados.
Nadie se animará
A decirme
"Ve a comer a la cocina".

Entonces,
Ellos además verán qué hermoso soy
Y se sentirán avergonzados.

Yo también soy América.








James Baldwin
(1924-1987)


TÚ ESCRIBES…



Tú escribes para cambiar el mundo, sabiendo
perfectamente bien que probablemente no puedas
hacerlo, pero también sabiendo que la literatura
es indispensable para el mundo ... El mundo cambia
de acuerdo a la forma en que la gente lo ve, y
si tú modificas, aunque sea por un milímetro,
el rumbo, la gente lo vería como una realidad;
entonces tú puedes cambiarlo.








June Jordan
(1936-2002)


7 DE ABRIL, 1999



Nada es más cruel
que los soldados que
ordenan
a la viuda
que esté agradecida
de estar viva todavía.





LLAMANDO A LAS MINORÍAS SILENCIOSAS


Hey

Vengan
Salgan

Dondequiera que estén
Necesitamos tener un encuentro
en torno de este árbol
Que no ha sido
plantado
todavía.




*

Estando en las calles del Harlem no podía dejar de pensar y sentir que ese barrio inmenso tiene una mayor afinidad de tonos, gentes y climas, con los barrios de las afueras de Caracas que con la misma ciudad de Nueva York, a la que este sector de la comunidad negra pertenece. Por otra parte, una historia de movilizaciones y de luchas, de gente segregada, que la connotan como una localidad cercana a nuestra realidad continental y a nuestra contingencia. Una vez, uno de sus poetas, Countee Cullen, en los años '20, planteó públicamente la necesidad de afirmar una cercanía con los movimientos de lucha del continente y del mundo. Conocido es también el diálogo de otro de sus prestigiosos creadores, Langston Hughes, con Nicolás Guillén y con Miguel Hernández, a quienes abrazó cuando aproximó la solidaridad del Harlem a la causa de la República, en Madrid y en Valencia, en tiempos de la Guerra Civil. Momentos, en fin, de una historia que se fue modelando en legítima defensa y humanidad, y en sueños y derechos propios. Algunos recuerdan con emoción la visita de Fidel Castro, en 1960, a escasos meses del triunfo de la Revolución Cubana. Otros, a la vez, refieren la estadía del líder Nelson Mandela, y su visita a escuelas públicas e instituciones. Las luchas, las encrucijadas, el conjunto de signos profundos del Harlem, confirman una historia tan sostenida como estremecedora. Hay una literatura, un fundamento, una raíz cultural, inclusive una muy firme producción artística, que va desde la música hasta la pintura, y que alientan la evidencia de una vida comunitaria que nunca renunció a ser, aun estando en vecindad —con unas pocas avenidas entremedio— de las calles del mayor centro financiero de Occidente. A veces ignorados, otras veces, tantas, perseguidos, los poetas del Harlem encarnan uno de los tramos o capítulos más singulares del espíritu y de las letras y las poéticas del continente. "Yo sueño un mundo/ donde el hombre no desprecie al hombre", dice uno de los poemas recordados de Langston Hughes, a lo que nosotros damos nuestra memoria y también nuestro saludo.



*Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar

*Poemas tomados del libro “Harlem: los blues de la historia”, de Eduardo Dalter; Ediciones del Nuevo Cántaro, Buenos Aires, 2010. Traducción de los poemas al español: Eduardo Dalter y Nidia Santa Cruz.







Correo:



CURIOSIDAD FERROVIARIAMENTE ECOLÓGICA*


¿Sabías que allá por los años 40 se plantaron millones de eucaliptos en las estaciones ferroviarias de la mayor parte del País?
La verba popular cuenta que eran para reemplazar con eucaliptus tratado los durmientes del ferrocarril en el futuro. Es más, el Ferrocarril Provincia de Buenos Aires había realizado por sí algo similar a principios del Siglo XX, cuando fuera puesto en marcha su servicio.

Bueno, pero todo eso no es el cuento sobre lo que les voy a comentar.

Si tomamos en cuenta el poder de mitigación de Dióxido de Carbono (CO2), que, según estándares internacionales, posee un eucaliptus adulto y lo multiplicamos por los miles de hectáreas ferroviarias QUE EN LA DÉCADA DE 1980 todavía quedaban con esos árboles en pie, nos encontraremos que ese
volumen de carbono eliminado naturalmente por los viejos eucaliptus del ferrocarril, eran suficientes para llevar a cero la contaminación de todos los trenes diesel que tenía en marcha la entonces Ferrocarriles Argentinos.

En síntesis, aquel supuestamente pésimo ferrocarril de hasta 1990, movilizaba millones de personas y millones de toneladas sin siquiera contaminar el ambiente, pues anulaba lo emitido con los árboles que mantenía en pie.


26 de Enero de 2011
*De Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
- Ingeniero White - Buenos Aires



*


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