Saturday, July 05, 2014

COMO SI LA POESÍA PUDIESE ANIDAR EL DOLOR...






*Obra de Walkala. Luis Alfredo Duarte Herrera (1958-2010).
-En Aurora Boreal. Walkala: un homenaje in memoriam
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lenguaje*
 
 
 
 
de tus pies crecen semillas y
conejos
que retozan cerca de la laguna
 
 
en el sur
lo más abajo que puedas imaginar
hay un volcán que alojo entre mis manos.
 
 
y después,
el silencio.
 
 
el lenguaje
no es más que un pobre intento
de significar vacíos.
 
 
 
*De Lila Biscia.
 
 
 
 
 
 
 
COMO SI LA POESÍA PUDIESE ANIDAR EL DOLOR…
 
-Poemas de Lila Biscia.
 
 
 
 
 
 
 
 
Cama.
 
 
yo soy una mentira que dice la verdad
Jean Cocteau
 
 
 
despierto.
quiero atrapar el inverso del aire con una red como de mariposas.
no sé cómo se sigue
el manual de ilusiones
por ejemplo,
abrir la cama y encontrar que él
no se fue del todo,
o escribir
en el diario de las mentiras:
la soledad que hay entre las sábanas, alcanza
para reinventar
pequeños
momentos
de dicha.
 
y no.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Lo simple
 
 
 
 
mientras nos distraemos jugando en el parque
 
esperando la nieve
 
anudando ramas al bolsillo
 
rescatando caracoles en masa, arboledas desiertas,
 
contando ornitorrincos y
 
ciempies en la vereda,
 
margaritas convalecientes,
 
 
 
eso que se nos queda ahí
 
que se termina ahí
 
es la vida
 
 
 
tan pequeño como eso.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Despedidas
 
 
 
 
el día que decidí no volver
 
la lluvia se filtró a través de las paredes de mi casa.
 
dibujó enredaderas que cubrieron las ventanas y el aire
 
fermentó la respiración de lepismas que
 
hicieron nido
 
en mis propias grietas.
 
 
 
 
en esa oscuridad inhabitable
 
los huesos de las manos astillaron
 
caricias
 
para abrir paso
 
a la construcción de mil madrigueras de humo
 
 
 
digo,
 
que sea verdad y
 
que el otoño deje peores huellas que el invierno.
 
las diásporas congeladas infiltran
 
demasiada melancolía.
 
 
el silencio nunca es inocuo.
 
 
 
el silencio,
 
amplifica el sonido ensordecedor de los dedos,
 
su movimiento incierto -desgajar ladrillos intangibles-
 
primitivas despedidas
 
y el final de un futuro juntos
 
que nunca supimos
 
cómo
 
construir.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
VI.
 
 
 
 
I
 
 
estigmas ardiendo.
un lugar cualquiera en Cracovia donde poder tomar el té.
ya perdí de mi memoria cómo se veían sus rodillas, pero
algo me dice que olía a frutas.
 
 
 
II
 
la eternidad es quizás,
la cantidad de poemas que escribimos en nombre de.
la medimos en intensidad de palabras o,
en milímetros cuadrados de desesperanza.
los restos de amor que quedan pegados en las huellas dactilares
hablan del silencio,
como la canción que nos hace repetir un rostro,
como el olvido.
 
 
 
III
 
si ahora fuésemos invierno, podríamos tejer mantas para niños huérfanos,
cocinar el hambre el cubetas de teflón.
con el calor, en cambio
estamos demasiado expuestos a la caída,
a la búsqueda desesperada de algún credo,
a la desconfianza de una cama inevitable y ajena.
 
 
 
IV
 
si pudiésemos hablar
romperíamos en llanto lo que aun nos une porque
sabemos que el dolor
continúa en la permanencia de lo invisible,
en las migas de pan que no barrimos,
en las cartas del tarot que se desacomodan como si estuviesen hechas de viento.
 
 
 
V
 
si nos sentamos en el suelo, con los ojos cerrados
vamos a percibir que la luna de hoy sabe recordarnos
la ternura.
esa que escondimos tras tantas despedidas.
 
 
 
VI
 
quizás, haya que esperar al otoño, o
quizás
sólo detenernos a imaginar el mar.
 
es allí
donde todo termina.
 
 
 
 
 
 
***
 
 
 
Fetiches
 
 
 
me plancho el pelo,
pinto mis uñas carmín.
los labios
frente al espejo del baño, el rímel.
 
 
todo lo que combina con el collar lo llamo fetiche y
todo lo fetiche
es bienvenido.
 
 
aquello que va al margen de mí
-lo inhallable-
queda flotando entre las ropas
y la cintura.
 
 
con el resto, ya no hay más que podamos hacer
 
 
 
salvo
 
doblegar amarras y
reducir a polvo
esos obscenos vestigios intraducibles
de lo que fuera
nuestra única esperanza.
 
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
 
Creer
 
 
 
cuando los cobardes despierten  y mi carne
se desintegre en el destierro de los ausentes,
susurros lejanos de un corazón amamantado por lobas
y ésta desnudez
que se hace sangre en el costado de tus penumbras,
 
 
vas a masturbarte para mí, y esta vez
del semen de tus manos crecerán amapolas arraigadas al borde del gemido.
¿dónde hallarás la lengua que recorra el secreto de tu angustia?
¿qué alquimia desgastaste en conjunción con mi saliva?
 
 
el erotismo de mi sexo entregado y sumiso perpetuará el dolor de un hierofante atormentado
“yo lameré la escritura impronunciada, yo
quitaré el manto que abran las puertas de tu deseo
yo
replicaré tu orgasmo en una sustancia infinita a la cercanía de mis piernas”
 
 
la religiosidad insípida del miedo quedará atrapada entre mis dientes
y lo que quede,
lo que quede, amor,
será creencia en la deriva.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
 
Rotos
 
 
 
 
retazos de nosotros
 
                                               deshilachados
 
hasta que sanemos
 
seamos viento
 
y nada.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Infierno
 
 
 
 
Apenas vivimos.
Como si alguna vez el infierno nos fuese a dar dentelladas, simulando el masticar del centeno fresco que se huele al mediodía en el campo.
Él se ríe de mi poca cultura campestre. Tan de ciudad, tan abatida dentro de un manual de torres edificadas una sobre otra.
a veces, la figura de un él, no es más que parte de un imaginario destinado al fracaso y a la palabra.
Es la palabra la que me exige transitar la derrota. Ella huele a suicido de realidades amorosas y de manos que tiemblan ante la posibilidad de un fuego a punto de extinguirse.
Quiero esforzarme en decir, que si supiese escribir una canción, estaría plagada de repeticiones y consonantes. Pero no. tengo una devastadora incapacidad de significar en notas musicales, la absurda necesidad de acortar los caminos que me llevan directo al vacío.
no me gusta pasar frío, ni el olor a encierro, ni tener las uñas despintadas. Son cosas que me hacen sentir muerta y a mi edad, la muerte ya no se pronuncia en voz alta.
Es decir, ahora el silencio. Ahora, la quietud de la nada.
Entonces murmuro: vengo a dejar descansar aquí mi cuerpo. Acurrucada y desprolija. Dejo que mi cuerpo se instale en donde estoy.
Cuento los escalones que restan, y mido la ciudad en cantidad de despedidas inciertas.
Me cubro.
Mastico un pan que alguien sin saber, cocinó para mí.
Tiene sabor a tristeza.
Me pesa admitirlo, pero nuestra tragedia es siempre la misma: vivimos equivocados: el peor de los infiernos no es el fuego, sino, que es tocar el momento en el que logramos sobrevivir, sin quemarnos.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Cartografías
 
 
 
 
viajo desde ninguna parte
recorro territorios como monstruos
guías de turismo diseñadas para marcar el camino
hacia ningún lugar
 
 
 
me hamaco sobre las rodillas de un amante
el viento mueve el viento
despedaza manos y palomas apareándose
como linyeras
 
 
 
 
las ciudades trazan relatos en su indecencia,
películas de un amor inacabado y
los bares que amanecen cubiertos de colillas de cigarrillos
-restos de besos gastados, como ahogados en lavandina-
 
sabiendo del  espanto de desmoronarse
 
 
corrí hasta el puente para alejarme
tan rápido como pude
buscando un amor que supere la desgracia
de tenernos
 
 
pero no.
 
 
de todos los muros que construimos
encontramos el lugar exacto donde morir
donde los hijos que no tenemos
puedan darnos las buenas noches y nos cuenten
el secreto de lo que perdimos.
 
 
sí,
 
voy a dejarte ahora
desprotegido y mágico como te recuerdo
tu sexo dispuesto y el jadeo de la piel
 
 
 
voy a dejarte ahora,
 
 
adentro de una casa
plagada de unicornios salvajes
banderines de ruinosas naciones desintegradas por la tristeza
 
tu corazón reposando desnudo y suave sobre la hierba
 
 
 
y el dolor
de un mar de saliva entre mis piernas
resucitando
-únicamente-
al final del naufragio.
 
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Precipicio
 
 
 
cuando en los suburbios se alza en armas la frontera de tu boca desnuda
el tiempo –implacable reproductor de miserias-
usa el cuerpo destrozado como escudo
tras las batallas perdidas.
 
como predestinados al hambre
rastreamos sobre la arena la ternura encubierta
-sucia y encubierta-
del desgaste de nosotros dos
apuñalados
 
nunca supe comportarme.
instintivamente
me acuno en los desbordes del amor y
trazo una línea imaginaria en la que siquiera intento mantener el equilibrio
 
no importa cuán desnuda esté.
algún día entenderás:
si subo a la montaña
es porque necesito respirar
precipicio
 
para no morir.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Derrota
 
 
 
no hay viento en el desasosiego
es como una lámpara de papel rota en donde la luz se dispersa
y las grietas
oscurecen las pupilas como si fuese incandescente
el desarraigo
 
sobre el escritorio
los blíster vacíos, las lapiceras sin tinta
nada calma el aroma al pasado de dos
impregnados en los pliegues del cuerpo
y sudor del invierno que juega a la metáfora de las hormigas hambrientas
 
 
como si la poesía pudiese anidar el dolor
escribimos sombras sobre nuestra corteza
evocamos fantasías en estado de derrota pretendiendo que la palabra
nos haga sentir
un poco menos
solos
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
Siete
 
 
 
 
I
 
 
uso mi cuerpo para detener el sol
 
 
 
II
 
 
dejo la piel tendida en el balcón junto a la ropa húmeda
 
 
 
III
 
 
mi cama tiene el aroma a cada uno de los hombres que se revolcó en ella
mi cama tiene olor a nada
mi cuerpo es devastación y hambre
 
 
 
IV
 
 
ayer, supe plantar gladiolos en la ventana
convertirme en hogar de fresas y té de hierbas
 
hoy, me ahoga el agua que cae bajo la ducha y lloro
 
 
 
V
 
 
mi casa ha muerto en la inundación
es tierra y paredes coloreadas
raíces invertidas tejiendo entre las grietas del parquet una alfombra de bienvenida mal escrita
 
 
 
VI
 
 
sólo una vez dije en voz alta:
necesito que duermas conmigo esta noche
 
al final del día, hice todo para que se fuera
 
 
 
VII
 
 
una falla endémica me constituye
soy castillo en ruinas
mi construcción no resiste permanencias
 
 
 
 
***
 
 
 
 
 
Cobarde.
 
 
 
 
ya no puedo indicar el momento en el que me volví tan distante.
 
 
traduzco en obsesión y parsimonia
la trama de lo que fue mi vida antes de partirme en dos.
 
 
pienso en la casa de ensueños que nunca tuve:
el parque detrás de los ventanales blancos,
un espacio escondido para mis pesadillas
y pasto fresco en donde pueda recostarme y plantar las semillas de jacarandá
que llevo en mi cartera.
 
 
a veces me pregunto si existirá alguien capaz de quebrar mi soledad
de escucharme llorar sin preguntar por qué
de cubrirme mientras tiemblo.
alguien que dibuje mi castillo y me alimente con la cosecha de sus manos
aunque de mi cuerpo crezcan ramas secas plagadas de habitaciones
que albergan cada uno de mis naufragios
 
 
 
ya no puedo recordar el momento en el que me volví tan cobarde.
cuando asomar a mi ventana, comenzó a ser un desfile de huesos y mentiras.
cuando empecé a tener demasiado miedo
y dejé de animarme a gritar
que yo también
necesito
ser salvada.
 
 
 
 
 
***
 
 
 
 
 
 
Pesadillas
 
 
 
ya no recuerdo cuando perdí mi inocencia
tal vez cuando nací
que mamá me tapaba la boca
para que mi llanto no atraiga las racias nocturnas que,
como larvas hambrientas de sangre
se arrastraban sobre la tierra en donde vivíamos.
 
 
no,
no te culpo, mami
ya no
la supervivencia es quien me disfrazó de fiera
 
 
nunca tuve la cara angelical de las otras nenas,
siempre irradié en mi mirada
el cerco  agobiante de la melancolía y
ese intento desesperado por acostumbrarme a las pérdidas.
tuve que aprender a reír a carcajadas
para que el miedo no consuma la totalidad de mi sistema nervioso
edificado de ausencias.
 
 
a veces, cuando me acuesto
pienso escribir un poema en el que pueda parecer etérea
pura
en el que cualquiera pudiese intuir que en mí,
hay oculta un hada radiante de luz y purpurinas, pero
 
 
la televisión encendida y sus sombras
me reflejan sobre la ventana
con mis ojeras profundas
los años que se me vinieron encima como heridas a destiempo
la lástima que me tengo entre cuerpos traslúcidos anudados a mi cuerpo
ensordecido
 
 
entonces subo el volumen para no pensar
para ya no pensar en nada
pero es tarde
es demasiado tarde
y lloro
tapándome la boca
como lo hacía mi madre
para que nadie me escuche
para que nadie me encierre
y con la ilusión de que alguna vez, la pesadilla
termine.
 
 
 
 
 
 
 
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***
 
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